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Papa Francisco: “La misericordia”, el mejor testimonio de los cristianos

Entrevista de la revista serbia ‘Politika’.

(zenit – 3 nov. 2020).- El Papa Francisco ha afirmado en una entrevista que “lo mejor que podemos testimoniar con nuestra vida es que los cristianos somos hombres y mujeres encontrados y perdonados por Jesucristo, la misericordia del Padre. Y es Él quién nos impulsa siempre a ir más allá para que a nadie le falte la caricia de este anuncio”.

Con motivo del centenario de la presencia de la Nunciatura Apostólica en Serbia, el Santo Padre ha dirigido unas palabras en exclusiva al diario de Belgrado Politika, el periódico más influyente del país y más antiguo de todos los Balcanes, señalando que “la injusticia nunca puede resolverse con prácticas injustas”.

Para Francisco, “los cristianos no podemos mirar para el lado y hacernos los distraídos de lo que pasa a nuestro alrededor, es más, estamos llamados a hacernos prójimos de todos y de todas las situaciones en nombre de esa solidaridad que nace de la compasión del Señor”.

Salir de la crisis 

Papa Francisco (Foto: © Vatican Media)

Con respecto a la situación actual de pandemia de COVID-19, insiste nuevamente en que de una crisis “no se sale igual; podemos salir mejores o peores, pero nunca iguales”. Las crisis pueden “amplificar las injusticias existentes a las que nos habíamos acostumbrado” o “potenciar las mejores prácticas y reacciones entre nosotros”.

Durante este tiempo de coronavirus el Papa distingue dos actitudes: la de los “auténticos ‘héroes urbanos’ armados con la solidaridad y la entrega silenciosa”; y la de los “especuladores” que sacan “rédito de la desgracia ajena” o de aquellos que “pensaban sólo en sí mismos, protestaban y se lamentaban de determinadas medidas restrictivas” para enfrentar la pandemia.

Del mismo modo, apunta cómo la emergencia sanitaria “puso en crisis nuestros modelos de organización y desarrollo, puso al descubierto muchas inequidades, graves silencios y omisiones sociales y sanitarias con muchos hermanos nuestros sometidos a procesos de exclusión y degradación”.

Nueva normalidad como misión
Las transformaciones “siempre tienen un costo y debemos preguntarnos quiénes lo están pagando”. Como Iglesia “estamos llamados a convocar a otros actores y estimular procesos que nos ayuden a liberar la mirada cautiva de un mundo que se organizó en torno al poder, la riqueza y la codicia”.

El Pontífice convoca entonces a crear una “(nueva) normalidad” vivida como “misión”: “Aprender a asumir y abrirnos al dolor y a la vulnerabilidad del prójimo humanizará nuestras comunidades y nos regalará una (nueva) normalidad donde la dignidad de las personas no sea una declaración de principios sino una convicción que se traduce en prácticas y estilos de vida bien concretos”.

Pérdida de identidad
Al ser cuestionado sobre la pérdida de identidad cristiana, cultural y personal de la sociedad actual, el Pontífice explica que son varias las generaciones “que crecieron en un mundo en cenizas de promesas incumplidas, de violencias de distintos tipos y del crecimiento exponencial y hasta obsceno de beneficios para algunos y de grandes privaciones para muchos“.

Prueba de ello es la dificultad que tienen para encontrar trabajo los jóvenes: “Sin trabajo les privamos a ellos y a la sociedad toda de la capacidad transformadora y de la oportunidad de sentirse activos protagonistas de un futuro que nos involucra y necesita a todos”. Una cultura “se vuelve estéril cuando no logra abrir espacios para que las generaciones más jóvenes se desarrollen por medio de la acción y del trabajo”, remarca.

Así, “sutilmente” se instala “un manto de orfandad social, comunitaria y espiritual: jóvenes y adultos sin referencias, sin hogar, sin comunidad”, un terreno “fecundo para el crecimiento de los populismos e integrismos”.

Volver a las raíces
En este sentido, el Obispo de Roma vuelve a tratar la importancia de “volver a las raíces, al rico patrimonio histórico, cultural y espiritual que cada tierra supo gestar”, pues ahí se encuentra “un antídoto natural y cultural a los nacionalismos y a todos los procesos de fragmentación y enfrentamiento”.

“Porque las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas, sino que son un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos”, agrega.

A lo largo de la entrevista, el Papa Francisco habla también sobre cómo “caemos con rapidez en la tentación de creer que el odio y la violencia son una manera rápida y eficaz para la resolución de conflictos”, pero, finalmente “lo único que terminan por generar es un espiral de mayor violencia”.

Para él, “los conflictos no se resuelven en el olvido, en la ignorancia o en el borrón y cuenta nueva, sino en el diálogo que implica el reconocimiento del otro y la aceptación gozosa que estamos invitados a ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos”.

Dialogar para amar
A continuación, expone que “el diálogo es uno de los instrumentos más privilegiadas que poseemos no solo contra la COVID, sino contra todos los demás conflictos a encarar. En este sentido las religiones tenemos una misión ineludible a desarrollar”, dijo remitiendo al Documento por la Fratenidad.

“Hay esperanza porque en muchos rincones de nuestras ciudades y pueblos se respira la sana virtud de la amistad y la buena práctica de la vecindad; condición básica para romper todo tipo de repliegue ideológico de una cultura o religión”.

Lampedusa, llegar a las periferias
Refiriéndose al motivo de elección de sus viajes a otros países, Francisco ha indicado que intenta “priorizar aquellos lugares donde todavía no habían recibido la visita de un Papa, inclusive en aquellas regiones en las que la presencia de la Iglesia Católica era casi nula”.

También relata cómo que su primer viaje apostólico fuera a la isla de Lampedusa en 2013: “Al leer una carta de un párroco que cuenta la historia de los supervivientes del Mediterráneo que se acercaron en situaciones dramáticas”, describe, “sentí la presencia del Señor que me mostró el camino”. Se trataba de ir allí “para unirme al grito de estos hermanos”.

Lampedusa “será un signo de lo que el Señor me invitaba a mirar y priorizar”, continúa el Pontífice: “ir a la periferia para ver mejor, para comprender mejor no solo el Evangelio sino también nuestra propia humanidad”. De este modo, en sus viajes, privilegió las regiones donde la presencia de la Iglesia estaba menos presente: “¿esos hermanos nuestros por ser pocos tienen menos derechos que el resto?”, respondió a los objetores.

Por ello, desde el comienzo de su pontificado, a menudo ha puesto de relieve a los “exiliados ocultos” que, por tener discapacidades son “tratados como cuerpos extraños en la sociedad”, a los ancianos que son considerados una “carga” porque no son “útiles”, a los migrantes que son “estigmatizados” y empleados como “chivos expiatorios” para justificar políticas discriminatorias, así como las personas que viven en las prisiones.

GABRIEL SALES TRIGUERO/ Con Larissa I. López

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