eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial de Santa María. Eucaristía del 9.8.2020: XIX Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Francisco

Pedro con el arrojo que le caracteriza le pide casi una prueba: “Señor si eres tú, hazme caminar hacia ti sobre las aguas”; y Jesús le dice “¡Ven!”. Pedro baja de la barca y pone a caminar sobre el agua, pero el viento fuerte azota y comienza a hundirse. Entonces grita: “¡Señor, sálvame!”, y Jesús le tiende la mano y lo levanta.

Esta narración es una hermosa imagen de la fe del apóstol Pedro. En la voz de Jesús que le dice “Ven”, él reconoce el eco del primer encuentro orillas de aquel mismo lago y en seguida, nuevamente, deja la barca y va hacia el Maestro. ¡Y camina sobre las aguas! La respuesta confiada y pronta al llamado del Señor hace cumplir siempre cosas extraordinarias.

Jesús ahora mismo nos decía que nosotros somos capaces de hacer milagros con nuestra fe: la fe en Él, en su palabra, la fe en su amor.

En cambio, Pedro comienza a hundirse cuando que quita la mirada de Jesús y se deja influenciar por las circunstancias que lo circundan.

Pero el Señor está siempre allí, y cuando Pedro lo invoca, Jesús lo salva del peligro. En la persona de Pedro, con sus entusiasmos y debilidades, se describe nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y a pesar de todo victoriosa, la fe del cristiano camina hacia el Señor resucitado, en medio a las tormentas y peligros del mundo.

Es muy importante también la escena final: “Apenas subieron a la barca en viento cesó. Aquellos que estaban en la barca se postraron delante de Él diciéndole: ‘¡Realmente eres el Hijo de Dios!’”. 

(S.S. Francisco, Ángelus, 10 de agosto de 2014)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Ellas llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: -«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va pasar! » Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hizo trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapo el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada da la cueva.

SALMO
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
R/. 
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar.
Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: -«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» Pedro le contestó: -«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: -«Ven.» Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: -«Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: -«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: -«Realmente eres Hijo de Dios.»

COMENTARIO
UNA LECCIÓN PARA ELÍAS Y OTRA PARA PEDRO

CONTEXTO DE LA LECTURA
En esta ocasión vamos a fijarnos especialmente en la primera lectura. Se trata de un fragmento de una escena que conviene situar. El pueblo de Dios, con la reina Jezabel a la cabeza, está abandonando la fe y asumiendo costumbres, morales y religiones paganas. El profeta Elías se siente «defensor de Dios» (extraña obsesión que tantos males ha traído a nuestra civilización y a la misma Iglesia a lo largo de la historia. ¡Defensores de Dios!) y de la religión/culto (tal como Elías la entiende y cree que se debe practicar). Y para ello, no se anda con diplomacias: ha empezado por cortar el cuello (literalmente) a unos cuantos sacerdotes paganos. Para después intentar servirse del poder de Dios, y en su nombre demostrar quién es el Dios verdadero, con la intención de que el pueblo regrese a la fe verdadera. ¿Y cómo lo hace?

• Primero monta un altar enorme, se busca unos cuantos animales, y «ordena» a Dios que mande un rayo del cielo y lo queme todo. Y así ocurrirá. 

• Se burla de los rezos y ritos paganos -que no sirven para nada, porque su Dios no existe- contraponiendo los suyos. A la vez, como profeta, asume todo el protagonismo, ya que consigue que Dios se ponga a su servicio y le obedezca. A esta pretensión la podemos llamar propiamente «magia»: manejar a Dios para que me sea favorable, mediante alguna fórmula ritual. Pero resulta que la oración verdadera debiera más bien ocuparse en preguntar, y discernir lo que espera Dios de nosotros en circunstancias concretas. Esto no parece haberlo hecho Elías. 

•  Por otro lado, el profeta intenta que sus gentes vuelvan a la fe a base de milagros y fenómenos espectaculares. En esto no se diferencia nada de sus oponentes paganos. Ellos también procuran mostrar a un «Dios de lo espectacular», de lo milagroso, de lo llamativo… Pero el Dios de Israel no está de acuerdo con estos «recursos» del profeta: ni la violencia, ni los milagros espectaculares, ni las «demostraciones» sobre quién es el auténtico Dios.

•  Y después de toda aquella puesta en escena, el resultado no es el que Elías esperaba. Al contrario: recibe la incomprensión y el rechazo de sus hermanos, y termina dejándose llevar por la cólera, los insultos… y acaba teniendo que huir para salvar su vida. Solo. Tremendamente solo y dolido.

 PARECIDOS Y COINCIDENCIAS
¿En qué se parece esta historia de hace tantos siglos a nuestra realidad de hoy?

~ También hoy parece que muchos hermanos se están pasando a otros cultos (o a ninguno), a otros estilos de vida, a otros criterios morales y valores, encarnados en distintos personajes famosillos que no se llaman «Jezabel», pero tampoco hace falta que digamos sus nombres. Y nosotros a veces, para «defender» lo nuestro (nuestra verdad) y demostrarles su error, caemos en la tentación de retarles, burlarnos de ellos, atacarlos, hacer notar la fuerza de los números…

 ~  Y nos parecemos a Elías en la idea que tenemos de un Dios todopoderoso, capaz de resolver nuestros problemas en la tierra, al que podríamos convencer para que nos ayude a base de rezos, ritos, sacrificios… Estos días terribles estamos viendo algunos intentos de esto que describo. Pero si Dios es amor, y se preocupa por el hombre y quiere siempre y en todo nuestro bien… no sería necesario convencerle de nada, ni intentar influir sobre él para que nos ayude. Ya nos ha dicho Jesús: «no seáis charlatanes como los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe lo que necesitáis….». Tendremos que aprender de Él a buscar su voluntad en los momentos más duros (como en Getsemaní o en la cruz) y a contar con sus fuerzas (Dios no niega su Espíritu/fuerza/Luz a quienes se lo piden) y salir adelante del mejor modo posible. Sin huir ni dejar solos a quienes nos necesitan más que nunca. Sin hundirnos ni ahogarnos en la tormenta que amenaza nuestra barca.  

Y DIOS TUVO QUE DAR UNA LECCIÓN A SU PROFETA

En el Monte Horeb/Sinaí, derrumbado y agotado, Dios sale al encuentro de Elías y le invita a comer para reparar las fuerzas. Sin la Comida de Dios, es imposible que veamos con serenidad nuestras circunstancias. Elías desea morir. Pero no: se trata de revisar todo lo que ha venido haciendo, con muy buena intención -¡seguro!-, pero con muy poco acierto.  Sin el Pan y la Palabra de Dios… nos derrumbamos.

§A continuación Dios le hace entender que no le gustan los milagros, ni lo espectacular (el viento, el fuego, el terremoto, el huracán…). Dios no quiere imponerse por la fuerza ni por la violencia, ni enfrentándose.  Lo de Dios es el susurro, el silencio, la calma, la brisa suave. Justo ahí es cuando puede percibir la voz de Dios: «¿Qué haces aquí, Elías?» ¿Cómo te has metido en este lío? Mira dónde te llevan tus proyectos. Eran tuyos, no míos. ¿Quién te ha mandado «defenderme»? ¿Por qué te empeñas en plantarle cara a la reina Jezabel? ¿Por qué te burlas de los que no piensan como tú?

«VUELVE»… Da marcha atrás… y cambia de estrategia. Lo que yo quiero de ti es que sostengas,  apoyes, acompañes, estés cerca de los que todavía permanecen fieles al Señor y a su Alianza. Son siete mil: un número grande de hermanos que todavía permanecen fieles, sin «doblar las rodillas». Y ellos necesitan tu presencia, tu acompañamiento, tu ánimo… ahí es donde te quiero.

Dios es el que nos dice lo que tenemos que hacer y no al revés. A Elías le faltaba la calma, la escucha, el silencio, frenar su impulsividad. Y discernir los caminos de Dios. Que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Ayudados por el Pan y la Palabra.

Estos fueron los caminos del Hijo de Dios. Precisamente así empieza el Evangelio de hoy: «Despidió a la gente y subió al monte a solas, a orar».

Y como Elías y como Jesús, yo también necesito retirarme a orar a solas, apartado de la gente. Estar con quien es el centro y sentido de mi vida, hacer balance, revisar, escuchar, serenarme de todos los líos en los que yo mismo me he ido metiendo. Y de los líos y problemas de alrededor. No para huir, no para buscarme mi «cueva» en el desierto. Sino para poder experimentar, como Pedro y sus compañeros de travesía, que en medio de las tempestades, de las sacudidas fuertes de nuestra barca, del trabajo infructuoso, de la sensación de que nos hundimos…

El Resucitado nos tiende la mano y nos dice: «¡Ánimo, aquí estoy yo, no tengáis miedo!» ¡Ven, y camina firme sobre tus dificultades! ¡Puedes vencer al viento que te azota la cara! ¡Puedes caminar sobre el mar!

Y si, a pesar de todo, aún dudo, y me entra el miedo, y parece que me hundo… gritaré como Pedro: «¡Señor, sálvame!»

Y él extenderá la mano, me agarrará, y me preguntará: «¿Por qué has dudado?» ¿Por qué tu miedo y tu angustia? No mires tanto a la tormenta y a las aguas: MÍRAME A MÍ, Y VEN CONMIGO.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mateo 14, 22-33)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos… todos!

El evangelio de hoy es continuación del que escuchamos el pasado domingo. Toda la narración conduce al reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios, no como “hijo del carpintero”. Después de nuestro texto, el evangelio continúa relatando más curaciones de Jesús y un nuevo desencuentro con los fariseos.

San Mateo se preocupa otra vez de la barca que “va muy lejos de tierra, sacudida por las olas”. Ve en ella un símbolo de la Iglesia En este pasaje, narrado también por San Marcos, San Lucas y San Juan, añade San Mateo la marcha de Pedro sobre las aguas. Se nota que Pedro va a desempeñar un papel importante en la dirección de esa barca, que es la Iglesia.

La actitud del Apóstol es significativa. Al miedo inicial, siguen la duda y el grito de socorro. Termina con una profesión de fe en el Señor. También la vida del cristiano se mueve entre el miedo, la duda, la súplica y la fe. Pero sabemos que el mismo Dios, que sacó a Cristo del abismo de la tumba, con su poder convertirá nuestro miedo en valentía para para confesar en el peligro: “realmente eres el Hijo de Dios”.

Todo el pasaje nos puede hacer reflexionar sobre la calidad de nuestra fe. Cristo viene a nosotros, situados lejos de la orilla y arrastrados por un viento contrario. A veces nos gustaría habernos quedado en tierra. Otras preferimos proteger nuestro miedo dentro de la barca, o discutir la realidad de la presencia del Señor en las olas. ¿Y si Dios quisiera que saltáramos al encuentro de Jesús para redescubrir con más vigor que sólo el Señor salva y que con nadie más podemos contar?

Al comienzo del Evangelio de hoy San Mateo nos muestra la clave clara para conocer dónde Jesús encuentra la fuerza para andar sobre las aguas, calmar la tempestad del oleaje e invitar a Pedro a ir andando hacia él: “Después de despedir a la gente Jesús subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo”.

Gracias, amigos… por hacernos estas preguntas: ¿Cómo es nuestra oración? ¿Buscamos tiempos y espacios que favorezcan una profunda y genuina relación con el Padre Dios? Y a ti también, Señor, y… sobre todo… ¡Muchas gracias!

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