eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial de Santa María. Eucaristía del 5.7.2020: XIV Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

Las palabras de Jesús en el evangelio de este domingo no son un alegato contra la ciencia y el conocimiento, ni una defensa de la ignorancia. Algunos pueden entenderlo así, en el sentido de que los ignorantes son más manipulables que los sabios, y por eso gozan de las preferencias de los líderes (religiosos o de cualquier otro signo). Pero no van por ahí los tiros. Los «sabios y entendidos» son, en realidad, los que se tienen por tales y, por eso, tienden a encerrarse a sus esquemas mentales y en sus fórmulas explicativas, están cerrados a «lo otro», a lo nuevo, a lo que se sale de lo que tienen por bueno y verdadero. La gente sencilla no es la que no sabe nada, sino la que es capaz de reconocer sus propios límites, que no lo saben todo, y que lo que saben no lo es todo. Están, por eso abiertos, a la novedad, dispuestos a aprender, a dejarse sorprender por lo nuevo. Un «sabio», según esta acepción, puede no haber leído un libro en su vida, y un sencillo, bien puede ser una persona llena de títulos. Los sofistas se tenían por sabios y pretendían enseñar a todos, pero a todos ellos los superaba Sócrates que, por el contrario, decía de sí «sólo sé que no sé nada», y lejos de tratar de enseñar se ponía siempre en la posición del discípulo dispuesto a aprender. 

Jesús pronuncia sus palabras sobre los sabios y entendidos y sobre los sencillos probablemente a partir de su experiencia, en la que los maestros de la ley rechazaban su palabra y a su persona, mientras que personas sin especial formación acogían con admiración esa doctrina nueva enseñada con autoridad. Pero también hubo sabios (y entendidos en lo suyo), como Nicodemo o el Centurión que le pidió por su criado enfermo, que se mostraron sencillos, capaces de reconocer en Jesús al Cristo enviado por Dios. De hecho, Jesús apela y llama a todos, porque todos estamos en algún grado cansados y agobiados, necesitados de alivio.

Todos tenemos un poco de sabios y entendidos (de tendencia a la autosuficiencia y la cerrazón) y también de sencillos, pues todos conservamos de un modo u otro, más o menos escondido, el niño que hemos sido y que somos.

La palabra de Jesús nos llama hoy a examinarnos, en qué nos comportamos como sabios y entendidos, en qué como sencillos, en qué aspectos de nuestra vida, en definitiva, todavía tenemos que abrirnos a la perenne novedad del Evangelio. 

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraím, los caballos de Jerusalén, romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones; dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.»

SALMO
Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:
Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: -«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

COMENTARIO
A la búsqueda de los cansados y agobiados

Imagen de Jose María Morillo

Se puede decir: «Dime cómo es tu Dios -tu experiencia de Dios-, y te diré cómo es tu comportamiento con los hombres». Si el rostro de Dios que has encontrado es el de un ser exigente, controlador, al margen de tu vida cotidiana, un Dios lleno de normas y obligaciones, un Dios que me pone condiciones y espera mis esfuerzos y sacrificios para hacerme caso… O si es un Dios que siempre me perdona aunque caiga una y otra vez en lo mismo, que se alegra con mis alegrías y me quiere libre y es fuente de mis alegrías y de mi paz, que me ha elegido para transformar el dolor y el mal del mundo, etc… mi conducta humana estará amasada con todos estos rasgos, y mi trato con los demás también.

Pues bien: El rostro de Dios que ha experimentado, del que vive y habla Jesucristo es alguien cercano, a quien, en cualquier momento del día, y en cualquier lugar, en medio de las cosas cotidianas, le dirige espontánea y sencillamente lo que siente y lleva en el corazón. Y este modo de sentir y vivir a Dios, le lleva a descubrirse y actuar como una persona pendiente de «los cansados y agobiados». 

Esa experiencia de libertad interior y de gozo le lleva a buscar, y convocar («venid») a quienes no la tienen para revelársela, para ayudarles a descubrirla. Su Padre se conmueve ante los perdidos y abandonados de la sociedad y de las estructuras religiosas, ante los que no tienen esperanza, ante quienes se ven sobrecargados de preceptos, normas, condiciones, ritos minuciosos, prohibiciones, condenas… incluso «en el nombre de Dios»… Por eso mismo Jesús se siente llamado a ofrecer «otra cosa». Hoy parece como si se le hubiera «escapado» delante de todos, una plegaria fresca, gozosa, agradecida. Y en ella se descubre el rostro de un Dios misericordia, consuelo, descanso, liberación…

Jesús es un profeta sobre todo «acogedor», y que ha formado un grupo de discípulos acogedores, para que salgan a buscar, como él, a quienes se sienten señalados, juzgados, rechazados, marginados, olvidados… Y los acojan con gestos, palabras, actitudes y hechos… A su lado, tienen que sentirse incondicionalmente queridos y aceptados. Por eso hoy la Iglesia -cada bautizado-, tiene que ser capaz de proclamar con mucha fuerza y claridad a los hombres de hoy y de todos los tiempos: «Venid a mí… ven a mí tú que…»

Ven a mí, tú que estás agobiado con tantas normas y prohibiciones e imposiciones religiosas, con tantas cosas que hay que cumplir para estar en regla. Tú necesitas que te alivien, que te quiten tantos fardos de encima. Sólo una «norma», una carga: la del amor.

Ven a mí, tú que estás cansado de que quienes tienen el poder saquen tajada, y redacten las leyes que les beneficien, dejando tantas veces desprotegidos a los más débiles, a los más pequeños. Ven, que te voy a enseñar la felicidad que brota de servir y cuidar a los otros, ven que te voy a mostrar quiénes son los favoritos de mi Padre del cielo, y lo que está dispuesto a hacer por ellos, por ti, por vosotros.

Ven a mí tú que tanto intentas ser mejor, que te esfuerzas en corregir tus fallos y errores sin conseguirlo o con pocos resultados, y te acabas desanimando y cansando de luchar…  Ven, que te quiero enseñar a apoyarte en mi Padre, a mirarle más a Él que a ti mismo. Él es la Fuerza de nuestra fuerza.

Ven a mí tú que te siente agobiado por tu futuro, por tus problemas, porque no te llega el dinero, porque te falta un trabajo digno, por tu salud… Ven, verás que te enseño a vivir todo eso con más paz, porque mi Padre quiere que te preocupes por otras cosas, y dejes éstas en sus manos. Él quiere que mires al cielo, que le mires a Él y descubras que ninguna de esas cosas te puede ni te debe hundir. ¡Yo las he vencido para ti!

Ven, tú que estás cansado de hacer todos los días lo mismo, que te ves envuelto en la rutina y el aburrimiento, que te faltan ilusiones para vivir, que piensas que ya «no hay nada nuevo bajo el sol», que no encuentras un sentido a tu vivir: Ven, toma mi yugo ligero, sujétate a mí con fuerza, y vamos a recorrer nuevas sendas; ya verás que aún hay mucho que hacer, que siempre hay algo más, algo nuevo que puedes hacer, alguien a quien amar…  hasta el día en que descanses definitivamente en los brazos de mi Padre.

Ven tú que estás «cargado» de convencionalismos sociales, esclavo de las modas, esclavo de tu aspecto físico, esclavo de tu historia personal, esclavo de tus limitaciones y defectos, esclavo del «qué dirán»… Acércate a mí, que te voy a ayudar a liberarte de todo eso, para que seas tú mismo, para que seas como mi Padre ha soñado que seas. Sólo tiene que asumir la carga que yo te dé, una carga ligera, porque la llevaremos juntos; una carga agradable, porque se trata de que te ocupes de tus hermanos, que hagas tuyos sus pesos y sufrimientos, que los alivies, que compartas lo que ellos quieran darte… en la medida de tus fuerzas.

Ven tú que estás triste porque entre los que se llaman discípulos míos hay «carrerismos», luchas de poder, amiguismos, oscuras alianzas con los poderosos, lejanía de mis ovejas, zancadillas, chismes… Ven tú, porque en mi Iglesia también se encuentran muchos que viven confiando, amando, sirviendo calladamente, humildemente, con sencillez. Ellos serán tu apoyo, como lo soy yo para que la cizaña no ahogue tu trigo.

No ha prometido el Señor que se van a «esfumar» las dificultades o que vamos a tener éxito. No. Ha dicho: «Yo os aliviaré… y encontraréis descanso para vuestras almas…». 

Por eso su Iglesia (cada discípulo, también tú yo) sigue llamando incansablemente: Ven… Ven… Ven… tu sitio está aquí, junto con todos nosotros… Acudamos nosotros a él continuamente para que nos alivie y descanse… y abramos también puertas, corazones, espacios, instituciones… para que tantos más «vengan».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.

 REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mateo 11, 25-30)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos …!

La oración de alabanza y acción de gracias que proclama Jesús en el texto que escuchamos este domingo es un buen reflejo de su sensibilidad y experiencia creyente. Después de unas duras palabras dirigidas con las ciudades que no han querido aceptar su mensaje, vuelve los ojos a Dios para glorificar su nombre. A pesar del rechazo experimentado por parte de sus vecinos, la revelación del Reino de los cielos es acogida por muchos.

A partir del capítulo 11 del evangelio de San Mateo, Jesús ya no se dirige a los íntimos, a los discípulos que envía al mundo a difundir su mensaje. Ahora se dirige a todos. Es decir, lo que Jesús predica como su buena noticia no es sólo para los elegidos sino para todos los seres humanos. Jesús se dirige cariñosamente a la gente que le escucha. Y da gracias a Dios su Padre porque son los sencillos los que le han entendido y no los poderosos, los escribas y fariseos.

Los “sabios y prudentes” eran los conocedores de las Escrituras y de la Ley, y, por eso, fieles cumplidores. La gente los tenía por tales y ellos mismos se consideraban así. Frente a ellos, a los pequeños se les han dado a conocer: pequeño es el niño, el lactante, el débil, ignorante, inculto, sencillo, simple… Pequeño es el que no cuenta, el excluido. A estos es a quienes Dios ha querido “mostrar los secretos del Reino”.

De alguna manera, Jesús quiere que intentemos poner el mundo del revés. Para Jesús el centro de todo es Dios y el ser humano hecho a su imagen y semejanza. Al predicar “el Reino está cerca”, no quiere decir que vaya a cambiar el régimen político. Lo que quiere comunicar es que otro mundo, otra atmósfera es posible. Que entre todos podemos lograr un planeta más habitable, más humano, más solidario y respetuoso, más justo y fraternal.

Amigos… El verano exige que hagamos algún cambio en nuestros horarios, para adaptarnos a las personas que vienen y evitar las horas de mayor calor. Así, de lunes a sábados, la Eucaristía será a las 9´30 y 20´30 h. Los domingos y festivos a las 9, 10´30, 12 y 20´30 h. El despacho parroquial está abierto de lunes a viernes, de 10 a 13 y de 18 a 21 h. Cáritas seguirá atendiendo los martes de 10 a 13, y la Bolsa de Trabajo los miércoles de 10 a 13 h.  No dudéis en poneros al habla con los sacerdotes y demás miembros de la comunidad parroquial para cualquier necesidad que podáis tener.

¡Agradecidos siempre … a Dios!


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