eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial de Santa María. Eucaristía del 2.8.2020: XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

Jesús en el evangelio de este domingo, viendo a la multitud hambrienta, se dirige a sus discípulos y les dice «dadles vosotros de comer». El desafío casi imposible se resuelve con el milagro del compartir: poner a disposición lo poco que uno tiene. Así llega para todos y sobra.

Solemos entender el cristianismo sobre todo como una exigencia de hacer, de dar. Eso es verdad. Por eso nos dice Jesús «dadles vosotros de comer». Pero no debemos olvidar la otra parte: si unos dan, otros reciben. Y estamos tanto en un grupo como en el otro. Porque me parece que tenemos también el peligro de ser muy sensibles a lo que debemos dar, pero a veces nos olvidamos de agradecer por lo mucho que recibimos de otros. La acción de gracias a Dios, pero también a los hermanos (como el amor) es también esencial a nuestra fe. No en vano la Eucaristía (acción de gracias) es «cima y fuente» de la vida cristiana. 

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.»

SALMO
Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18
R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8. 35. 37-39

Hermanos: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: -«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: -«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: -«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: -«Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

COMENTARIO
Dadles vosotros de comer

Imagen de José María Morillo

La “gente” que hoy rodea, e incluso «acosa» un poco a Jesús -cuando él necesita un lugar solitario, tranquilo y apartado-, está tan interesada en escucharle, en pasar tiempo con él, que no les ha importado darse una buena caminata hasta dar con él. No les preocupa el reloj, ni el estómago, ni alejarse de sus casas… Se han olvidado de sus propias necesidades y urgencias… O si se quiere, lo han relativizado todo poniendo en primer lugar al Señor. Y se verán gratamente sorprendidos porque Jesús, en cambio, sí que cae en la cuenta de todas esas cosas, y se ocupa ellas. No es un «predicador» al uso. No se limita a llenar la cabeza de discursos y palabras… ¡y ya está! Primero las personas y sus necesidades. Y empieza por atender a los enfermos.

O dicho de otra manera: El mensaje de Jesús, que habla de un Dios que se preocupa del hombre, le lleva al terreno práctico: esta gente tiene unas necesidades muy concretas ahora mismo. El Reino de Dios que anuncia Jesús tiene que ver con todo esto, con lo que les pasa en ese momento, con lo que necesita la gente. Las cosas de Jesús y del Reino no son simples teorías, o doctrina, ni están alejadas de su realidad concreta. Tienen que ver con su ahora. Y ahora algunos están enfermos, y muchos tienen hambre.

 Jesús está cansado. Y podemos dar por supuesto que también está triste e impactado porque acaban de matar a Juan Bautista. Y pretendía estar a solas con sus amigos más íntimos para comprender, interpretar y dejarse cuestionar por lo que ha pasado. Jesús profundiza en las cosas, en los acontecimientos. No se limita al chismorreo de la noticia, a quejarse contra Herodes, a hacer un acto público de condena: se pregunta qué significa aquello, cómo le afecta, cuál ha de ser su reacción… No le costará darse cuenta de que a partir de ahora el centro de atención y de acoso será él… 

Sin embargo, su cansancio, su tristeza y su necesidad de reflexionar y estar un poco a solas… no le impide darse cuenta de la necesidad de la gente, sentir compasión y hacer algo por ella. No dice, hace. La palabra que ha elegido Mateo no es ni «lástima» ni «pena»: es “compasión”, que significa sufrir con ellos y buscar una solución (actuar): es la misma palabra que había usado antes en unas de las bienaventuranzas.

 Los discípulos, que andaban también escuchando a Jesús, se dan cuenta de que se ha hecho tarde, y del hambre de la gente (seguramente también ellos están deseando que les dejen tranquilos) y le piden a Jesús que termine ya con actividad. Ya se ve que no se enteran demasiado de lo que Jesús quiere transmitir con sus acciones y palabras. Aunque sí podemos apreciar en ellos lo siguiente:

– Primero está el «darse cuenta». Jesús vio a la gente y se dio cuenta de que sufría. Por su parte, los discípulos se han dado cuenta de que se ha hecho tarde y hay que comer. Darse cuenta de lo que les pasa a los otros, por delante de lo que me pase a mí es algo propio de Jesús y de los seguidores de Jesús. 

– Segundo: plantear esas necesidades descubiertas al propio Jesús, y se les ocurre hacer una propuesta. No muy acertada, aunque parece de sentido común: Son muchos, nosotros/yo apenas tengo nada, o tengo el mismo problema que ellos, así que: «que se vayan a sus casas, a sus países, a sus gobiernos, al ayuntamiento, a los suyos, a donde sea…» para que puedan solucionarlo.

– Tercero: Jesús les invita a hacerse cargo para encontrar una solución: Mira a ver lo que tienes/tenéis, lo que está en vuestra mano hacer. Esto es asunto tuyo y nuestro y de todos. No es sólo un problema de la gente. Y resulta que los discípulos consiguieron mucho más de lo que creían. Aquella pobre gente necesitada también aportaría lo suyo, sus «pocos»… Entre unos y otros… Jesús ha sido la mediación necesaria para ver las cosas desde otra perspectiva.

 Los criterios de los discípulos no son los criterios de Jesús. Como los criterios de la sociedad, en general, y su modo de resolver los problemas, no son exactamente los de los cristianos. Unos conjugan los verbos «despedir» (echar, quitar de la vista, reducir personal, optimizar, devolver a sus países…) y «comprar» (que se apañe cada uno con lo que tiene, que cada cual se busque la vida), «no hay para todos» (es decir: no se puede hacer nada, no queremos repartir/compartir, primero los de casa/país)… 

Pero Jesús nos habla continuamente de comunión, de compartir, de fraternidad, de construir comunidad, de ponerse al lado de los débiles, enfermos y necesitados… Si les “echamos”, si les decimos que vayan a “comprarse” (el dinero lo primero que hace es establecer diferencias, entre quien tiene/no tiene, tiene más/tiene menos), si pensamos que no es problema nuestro… es que no nos hemos enterado de nada de lo que Jesús ofrece y pretende de nosotros. 

Por eso Jesús procura enseñar a los discípulos y también, claro a todos nosotros:

– Nada de que se vayan, de que no nos molesten, de que “no es asunto nuestro”

– Que les «demos». El verbo «dar» es un de los favoritos de Jesús

– Que pongamos a su disposición nuestros «pocos» para compartir. Cuando Jesús “levanta los ojos al cielo y pronuncia la bendición” (como en la Eucaristía) no está haciendo un gesto mágico: está reconociendo que los alimentos son de Dios, y por lo tanto son de todos, y están para ser compartidos y repartidos, de modo que todos queden satisfechos, y no se desperdicie nada («recogieron lo que sobró»). Por eso cada Eucaristía nos debiera aligerar el bolsillo y el corazón, y aumentar la solidaridad… O será cualquier cosa menos la Cena de Jesús. Aún más: esta «Pre-Eucaristía»-Multiplicación solo fue posible cuando los discípulos empezaron a hacerse cargo de la gente. Jesús ya lo había hecho antes. Pero faltaban ellos.

– Y por último: del mismo modo que en nuestras celebraciones bendecimos a Dios por los alimentos que luego compartiremos en la mesa del altar, no debiéramos perder la costumbre de bendecir a Dios antes de comer en nuestras casas; o de darle las gracias por los dones que recibimos cada día. No es que agradezcamos a Dios el tener comida, como si fuéramos mejores que quienes no la tienen,… sino de hacernos más responsables de trabajar para que a todos llegue lo mismo de lo que nosotros disfrutamos.Porque los dones de Dios son siempre para todos, para que a nadie le falte lo necesario.

No es muy difícil partir de esta reflexión para volver nuestra mirada a lo que está pasando en nuestro mundo y en nuestras comunidades, por culpa de esta pandemia: soledad, hambre, paro, abusos, injusticia, explotación… Para preguntarnos serenamente y seriamente lo que nos pide el Señor como cristianos, como comunidades, como Iglesia. No hacerlo así supondría desvirtuar el Evangelio y hacerlo «increíble» para las gentes de hoy. Y sería falsear la Eucaristía.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mateo 14, 13-21)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos… todos!

El evangelista san Mateo inicia este domingo una sección centrada en la Iglesia como realización concreta de las promesas del Reino de los cielos. Tras conocer Jesús la muerte de Juan el Bautista a manos del virrey Herodes y cómo sus discípulos habían recogido su cadáver y le habían dado tierra, mostró su dolor y se marchó en barca a un sitio tranquilo y apartado.

A partir de este momento tan decisivo, el evangelista invita a sus destinatarios y a todos nosotros a prepararnos a recibir nueva luz sobre Jesús y sobre el quehacer de los Apóstoles, Probablemente estamos ante una catequesis de la Iglesia primitiva, nacida en un medio judeo-cristiano, dada en una reunión de la comunidad a propósito del milagro de la primera multiplicación de los panes.

A Jesús le da lástima la situación de desorientación y abandono de la gente que le persigue y no le deja tiempo ni para comer. Se pone a enseñarles con calma; les manda sentarse en el verde, agrupados y les quita el hambre, dándoles de comer. Las sobras llenan doce cestos.

El texto también nos da luz sobre el quehacer de los Apóstoles. Jesús, tras escuchar las noticias que le traen sus Apóstoles a la vuelta de su misión, quiere llevarles a descansar, pero no encuentran la manera de ocultarse de la gente que les busca, Esta es la primera lección. Ante la gente que está ahí, siempre hay algo que hacer. Aunque nos cueste el descanso. La segunda lección viene a continuación: enseñar con calma, Es la costumbre de Jesús, La Palabra de Dios reúne a la gente dispersa y hace de ella un pueblo. Luego podremos compartir el pan. ¿Son esto nuestras Eucaristías dominicales y a diario? 

 “Y, después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar”.

¡Gracias amigos… por vuestra fe en la Eucaristía y el quehacer por los demás! Y… ¡Gracias a ti, Señor!

José Fernando López de Haro

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