eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial de Santa María. Eucaristía del 12.7.2020: XV Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

Después de contar la parábola de El Sembrador, Jesús concluye así: «el que tenga oídos, que oiga». Cuando pasa a explicar a los discípulos su narración, le dice: «oíd lo que significa». Y por fin, al concluir el relato: «lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra».

Esto significa que la clave para comprender el mensaje de Jesús tiene que ver con el oído, con la escucha de su palabra, de la PALABRA del Reino. Él está preocupado porque el corazón de su pueblo está «embotado», son «duros de oído». Y por eso proclama una nueva bienaventuranza: «Bienaventurados vuestros oídos porque oyen».

Imagen de José María Morillo

Evidentemente que Jesús no se refiere a la «capacidad auditiva» de captar unas palabras y enterarse, informarse de su contenido. Sino a permitir que esas palabras sean comprendidas (cabeza), afecten al corazón (a la propia vida: sentimientos, valores, opciones…) y a las manos: hacer, transformar, dar frutos.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mí boca: no volverá a mi vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

SALMO
Sal 64,10.11.12-13.14
R/. 
La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

Tú cuidas de la tierra,
la riegas y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:
Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: -«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

COMENTARIO
“Sembrar con ilusión”

«El Sembrador» ( Vincent Van Gogh)

Con frecuencia me pregunto si los textos tan sencillos, rurales y naturales que nos presenta Jesús dicen algo al mundo de hoy. Hemos pasado en pocos años de ser un pueblo netamente rural a ser pueblo citadino. Y qué bueno si esto redundara solamente en beneficios, en cierta comodidad, en seguridad y estabilidad. Pero con frecuencia no es así, perdemos los valores de la familia rural y no hemos encontrado los valores de la ciudad. ¿Tiene valor hoy esta parábola contada por Jesús? ¿Somos capaces de entenderla y de vivirla? Me sorprende el gran cariño de algunos campesinos arraigados y prendidos a la tierra, mientras muchos mexicanos la abandonan y la pierden, y se arriesgan en la inseguridad de la migración.

Si todo sembrador siembra con esperanza e ilusión, el sembrador que nos presenta Jesús tiene muchas más razones para estar alegre y optimista, siembra la Palabra. Pero es un sembrador muy especial. “Debe estar un poco loco este sembrador para sembrar en los caminos o entre piedras y espinas” me comentaba un día un campesino. Y es verdad: está loco este sembrador, loco de amor, loco de ilusión. No quiere que nadie escape a su amor, no le importa si son los de cerca o los de lejos, si son los oportunistas o los arriesgados. Un poco como nos dice el Papa Francisco que el Evangelio es derecho de todos, justos y pecadores. A todos quiere dar la oportunidad que se siembre la Palabra en su corazón. Para él no hay tierras estériles ni corazones cerrados, a todos da la oportunidad. Pero la Palabra para que dé fruto debe tener la oportunidad de germinar, necesita un espacio de acogida y calor para romper la vida que lleva dentro y hacerla crecer. ¿Damos esta oportunidad a la Palabra? ¿La guardamos en nuestro corazón acogiéndola y meditándola? Cristo mismo explica el sentido de su parábola. Hay varias clases de “tierra”.

Tierra dura del camino, tierra de paso, tierra estéril. Nada mejor para describir nuestro mundo de la superficialidad, la inconstancia y las conveniencias. El hombre moderno nace de prisa, camina de prisa y muere de prisa, casi sin darse cuenta. No hay tiempo para nada. No hay tiempo para crecer y se adelanta en sus experiencias, no hay tiempo para la familia porque está muy ocupado, no hay tiempo para los hijos, para los amigos… Siempre está de prisa, de aquí para allá, llevando su superficialidad. Es cierto, gusta de los valores, del amor y de la Palabra, pero no los deja entrar en su corazón. Siempre está dejando para después las cosas importantes. Y también dejamos para después la Palabra de Dios, nos acercamos pero no la recibimos. ¿Seremos camino donde todo pasa y nada se queda? 

El dolor y las agresiones,  la inseguridad y la vida moderna nos han hecho duros e insensibles, con corazón de piedra. Pasamos junto a las personas como desconocidos, no sonreímos, no nos detenemos, no saludamos. Nos escabullimos rapidito para no dar la oportunidad a que “el otro” entre  en el corazón y más si está en un problema o situación difícil. Cada quien su mundo y cada quien sus problemas. El respeto al derecho ajeno es la paz es un principio que con frecuencia se convierte en indiferencia y egoísmo. No me meto con nadie y nadie se mete conmigo. Y con Cristo y su Palabra nos pasa igual, lo saludamos pero no le permitimos que entre a nuestro corazón; lo escuchamos con agrado pero no queremos comprometernos ¿Tendremos el corazón tan endurecido que no permitimos entrar en él la Palabra de Dios?

Otro tipo de tierra son las espinas. La vida fácil es el ideal de muchos de nosotros: no al dolor, no al sufrimiento, no al esfuerzo, no a cualquier tipo de espina. Y los comerciantes bien que se aprovechan de esta sed de comodidad y nos ofrecen una felicidad basada en los bienes, en el placer y en el poder. Estas espinas ahogan el Evangelio, que es ante todo servicio, fraternidad y amor. Frente a las riquezas mueren muchos ideales, ante el placer se sofocan nuestros propósitos y ante el egoísmo fracasan los proyectos del Reino. ¿Cuáles son las espinas que no me permiten dar el fruto que Cristo espera de mí?

Dice el Papa Francisco que nadie emprende una batalla si de antemano se siente derrotado. El sembrador tiene esperanza y sus sueños alcanzan recompensa. Para quien creyera que la semilla no da fruto, Cristo nos recuerda que hay muchas personas generosas, que dan fruto. Es muy realista y habla de diferentes proporciones de fruto: treinta, sesenta, cien. Cada quien es diferente en su respuesta, cada quien es diferente en su amor. Solamente recordemos que los frutos en la Biblia casi siempre se expresan en relación con la justicia, con la atención al hermano y con el acompañamiento al que sufre. La Palabra de Dios debe fecundar nuestras vidas, darles sentido, hacerlas fértiles y producir mucho fruto. La parábola del sembrador es una parábola de esperanza, de confianza y de compromiso. ¿A qué me compromete? ¿Cómo y cuando escucho la Palabra? ¿Qué frutos estoy dando?

Señor, semilla del Padre, que te has sembrado en nuestra carne para darnos vida y amor, haz de nuestro corazón la tierra buena y fecunda que dé frutos de justicia y de paz. Amén.

Monseñor Enrique Díaz Díaz

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mateo 13, 1-23 )
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos … todos!

“Salió el sembrador a sembrar”. La parábola del sembrador es el comienzo del Discurso de las parábolas del Reino en el Evangelio de Mateo, A lo largo de este capítulo 13, Jesús va dando a conocer los misterios del reino de Dios, su presencia y crecimiento callado, su acogida y comprensión por parte de los discípulos y de quienes se abren a la Buena noticia, y el rechazo de aquellos que “aunque miran no ven, aunque oyen no escuchan ni comprenden”.

“Salir” es el verbo que más describe la actividad de quien ama, de quien considera su confianza en Dios una riqueza que compartir. Curiosamente, el confinamiento en nuestras casas nos lo ha puesto de manifiesto: no nos podíamos reunir en los templos, pero era el tiempo de experimentar que la Iglesia está allí donde un bautizado vive su fe. La semilla que se esparce en el hogar, en tu comunidad de vecinos, en tu grupo de WhatsApp, en tu barrio, en tus redes sociales, en tu entorno.

“Un poco cayó al borde del camino”. No toda la semilla se aprovecha. La dureza de la tierra impide que le semilla pueda germinar. En nosotros puede haber zonas duras en las que la semilla del Evangelio no ha entrado. Las piedras tienen unas cualidades que no hacen posible que la semilla dé su fruto. Por otra parte, a veces parece que todo va bien pero enseguida las esperanzas se quedan en nada. Parece que el proceso de fe va creciendo, pero nos ahogan otras circunstancias.

“El resto cayó en tierra buena”. Generar una sociedad nueva y buena es la misión de la Iglesia que no sólo tiene que sembrar, sino hacer nacer una cultura que haga posible que fructifique el Evangelio, que se vaya haciendo realidad el Reino de Dios.

Amigos… el año 2020 va avanzando y no hemos podido ofrecer a los niños el mejor regalo que Jesús les tiene preparado. Sus catequistas no les han dejado solos y han intentado en este tiempo continuar con la preciosa labor de la Catequesis gracias a la colaboración de sus padres. Estamos deseosos de celebrar con ellos por primera vez el Sacramento del Perdón y el Sacramento de la Eucaristía. Como ya se les anunció, las fechas para la Primera Comunión serán los sábados días 12, 19 y 26 de Septiembre. Los padres recibirán en estos días una carta con todos los detalles. De momento, les aconsejamos ver con ellos el Video de “Catequezis” de Juan Manuel Cotelo: “¿Qué significa comunión?”  htttps://www.youtube.com/watch?v=Wt2mBloqqPll.

¡Gracias, niños, padres y catequistas! y ¡Gracias … siempre a ti, Señor!

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