eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial 1200, Eucaristía del 19.1.2020: «Domingo II Tiempo Ordinario»

Este es el Cordero de Dios
Jn 1,29-34

YO SOY

Soy Presencia y arrullo.
Promesa y encuentro,
llamada y grito.
Soy Palabra o Silencio,
canción y poema,
huracán o brisa.
Soy camino y refugio,
caricia y abrazo,
verdad y vida.
Soy bandera y proyecto,
libertad y reto.
Soy, en Ti, un milagro.

José María R. Olaizola

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta ISAíAS 49,3.5-6

Me dijo el Señor:
«Tú eres mi siervo Israel, por medio de ti me glorificaré».
Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo,    para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel, he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (39,2 y 4ab, 7-8a.8b-9.10)
R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor;
éI se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy».

Como está escrito en mi libro:
«Para hacer tu voluntad».
Dios mio, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo
a los CORINTIOS 1,1-3

Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Aleluya, aleluya, aleluya.
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros;
a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san JUAN 1,29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia éI, exclamó:
–Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
–He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre éI.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
«Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo».
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

COMENTARIO
DEJARNOS BAUTIZAR POR EL ESPÍRITU
éste es el Cordero de Dios…
Juan 1, 29 – 34

Los evangelistas se esfuerzan por diferenciar bien el bautismo de Jesús del bautismo de Juan. No hay que confundirlos. El bautismo de Jesús no consiste en sumergir a sus seguidores en las aguas de un río. Jesús sumerge a los suyos en el Espíritu Santo.

El evangelio de Juan lo dice de manera clara. Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios y, por eso, puede comunicar a los suyos de esa plenitud. La gran novedad de Jesús consiste en que Jesús es «el Hijo de Dios» que puede «bautizar con Espíritu Santo».

Este bautismo de Jesús no es un baño externo, parecido al que algunos han podido conocer tal vez en las aguas del Jordán. Es un «baño interior». La metáfora sugiere que Jesús comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la persona.

El Espíritu Santo es considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso, dejarnos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él. Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana, a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de verdad». Dejarnos bautizar por él es poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar caminos que nos desvían del evangelio.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de amor», capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir pensando sólo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de conversión» a Dios. Dejarnos bautizar por Jesús significa dejarnos transformar lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus actitudes, su corazón y su sensibilidad hacia todo lo que deshumaniza a los hijos e hijas de Dios.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de renovación». Dejarnos bautizar por él es dejarnos atraer por su novedad creadora. Él puede despertar lo mejor que hay en la Iglesia y darle un «corazón nuevo», con mayor capacidad de ser fiel al evangelio.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

FORMACIÓN
18-25 enero
OCTAVARIO DE ORACIÓN
POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

Papa Francisco: Hoy comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la que todos estamos invitados a pedir a Dios este gran don. Es un grave pecado empequeñecer o despreciar los dones que el Señor ha dado a otros hermanos, creyendo que no son, de alguna manera, privilegiados de Dios. Nuestro deseo será el de participar en los dones de los demás. Un pueblo cristiano renovado y enriquecido por este intercambio de dones será un pueblo capaz de caminar con paso firme y confiado por el camino que conduce a la unidad, reconocer el valor de la gracia concedida a otras comunidades cristinas.

UT UNUM SINT (Que todos sean uno)

Es la Carta Encíclica que san Juan Pablo II publicó un 25 de mayo de 1995, en la solemnidad de la Ascensión del Señor, hace ya 25 años. Trata sobre el empeño ecuménico de los cristianos. En los párrafos 102 y 103, San Juan Pablo II escribe:

La Iglesia pide al Espíritu la gracia de reforzar su propia unidad y de hacerla crecer hacia la plena comunión con los demás cristianos.

¿Cómo alcanzarlo? En primer lugar con la oración. La oración debería siempre asumir aquella inquietud que es anhelo de unidad, y por tanto una de las formas necesarias del amor que tenemos por Cristo y por el Padre, rico en misericordia. La oración debe tener prioridad en este camino que emprendemos con los demás cristianos hacia el nuevo milenio.

¿Cómo alcanzarlo? Con acción de gracias ya que no nos presentamos a esta cita con las manos vacias: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza e intercede por nosotros con gemidos inefables» (Romanos 8, 26) para disponernos a pedir a Dios lo que necesitamos.

¿Cómo alcanzarlo? Con la esperanza en el Espíritu, que sabe alejar de nosotros los espectros del pasado y los recuerdos dolorosos de la separación; Él nos concede lucidez, fuerza y valor para dar Los pasos necesarios, de modo que nuestro empeño sea cada vez más auténtico.

Si nos preguntáramos si todo esto es posible la respuesta sería siempre: si. La misma respuesta escuchada por María de Nazaret, porque para Dios nada hay imposible.

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