eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial 1199, Eucaristía del 12.1.2020: «El Bautismo del Señor»

TÚ ERES MI HIJO AMADO
Mt 3,13-17
«EL ESCÁNDALO DE JESÚS»

¿Dónde va Jesús a orillas del Jordán?
¿Un profeta entre los pecadores?
¿Un salvador manchado?
¿Un redentor culpable?

Nos sorprende Jesús y nos supera.
Nos gustaría corregirle como a un hijo
y decirle «estás equivocado».

Jesús se pone a la fila,
guarda su turno para ser bautizado.
Al lado de los pecadores,
quién no tiene pecado.

Jesús comienza su misión .
no en el Templo, ni en palacios,
sino metido en el río;
Dios dice: «Es mi Hijo amado».

Pedro Fraile

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro  del profeta ISAíAS 42,1-4.6-7

Esto dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.
En su leyes esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé             he hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, y de la prisión a los que habitan en tinieblas».

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (28,1b y 2.3ac-4.3b y 9c-10)
R: El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo, un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno.

SEGUNDA LECTURA
Lectura del libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES 10,34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando pro Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Aleluya, aleluya, aleluya.
Se abrieron los cielos y se oyó la voz el Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san MATEO 3,13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
–Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre éI. Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

COMENTARIO
EL ESPÍRITU BUENO DE DIOS
el Hijo amado…
Mt 3,13-17

Jesús no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por aquellas  aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por diferentes intereses. Los evangelios dejan claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios».

No quiere que le confundan con cualquier «maestro de la ley» preocupado por introducir más orden en el comportamiento de Israel. No quiere que se le identifique con un profeta falso, dispuesto  a buscar un equilibrio entre la religión del Templo y el poder de Roma.

El evangelista Mateo quiere, además, que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el Hijo amado» de Dios. Sobre él  «desciende» el Espíritu de Dios. Sólo él puede «bautizar» con Espíritu Santo y fuego.

Según toda la tradición bíblica, el «Espíritu de Dios» es el aliento de Dios que crea, envuelve y sostiene la vida entera. La fuerza  que  Dios posee para renovar y transformar a los vivientes. Su energía amorosa  que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas.

Por eso, Jesús se siente enviado no a condenar, destruir o maldecir sino a curar, construir y bendecir. El Espíritu de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese «Espíritu» bueno de Dios, se dedica a liberar de «espíritus malignos», que no hacen más que dañar, esclavizar y deshumanizar.

Las primeras generaciones cristianas tenían muy claro lo que había sido Jesús.Así resumían el recuerdo que dejó grabado en sus seguidores: «Ungido por Dios con el Espíritu Santo… pasó por la vida haciendo el bien, y curando a todos los oprimidos  por el diablo, porque Dios estaba con él».

¿Qué «espíritu» nos anima hoy a los seguidores de Jesús?¿Cual es la «pasión» que mueve a la Iglesia? ¿Cual es la mística que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿Qué estamos poniendo en el mundo?. Si el Espíritu de Dios está con nosotros, viviremos «curando» a tantos oprimidos, deprimidos, reprimidos y hasta suprimidos por el mal.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

FORMACIÓN
SACRAMENTO DEL BAUTISMO
CAMINO HACIA LA FELICIDAD

Muchas personas se preguntan si tiene algún sentido bautizar a un niño que ni se entera de lo que está sucediendo, ni lo ha solicitado por sí mismo. En una cultura tan individualista y tan poco comunitaria como la nuestra, es lógica la pregunta. Por su parte, también la teología deberá mostrar en este tema una mayor creatividad teniendo en cuenta que el sujeto, en el caso del bautismo de los niños es, de alguna manera, un sujeto compartido: padres-hijo con vistas a promover más tarde un sujeto autónomo. El niño no está solo.

Todo en el niño está llamado a crecer y desarrollarse; también la fe y el modo de vivirla. De ordinario, los padres deciden lo que creen que es mejor para el niño. Esto no sólo en el plano de los cuidados físicos y el alimento, sino también en la educación de los valores que lo capacitaran para caminar después de forma personal por la vida. La cosa es importante porque se trata de ir hacia la felicidad que todo hombre busca.

En la vida de la pareja, siempre es relevante la llegada de un nuevo hijo. Es una ocasión privilegiada para que sentimientos y pensamientos –profundos e intensos– se agolpen en el interior de los padres durante los primeros meses. Contemplan el misterio maravilloso de una vida ¡del no existir al existir! de una persona que llega a este mundo especialmente ligada a ellos. Luego se da, tanto la alegría de una vida nueva querida, como la inquietud esperanzada por el futuro de ese hijo. «¿Qué será, será…? Es alguien que comienza el camino, ¿hacia dónde?. ¿Sólo crecer sano, trabajar y sobrevivir hasta la tercera edad?. ¿Hacia dónde vamos él y nosotros?. ¿Qué es la vida?. Cuando los padres desde su peculiar modo de ser (nivel cultural, formación religiosa, madurez humana, psicología particular…) relacionan con Dios este hecho de la vida, cumplen con su parte en el sacramento.

El contacto con Dios es el verdadero sacramento, dice Simone Weil. En cierto sentido, se puede decir que, por la educación en los valores trascendentales y solidarios, los padres van comunicando al hijo el «espíritu santo». Es como sembrar la Palabra de Dios en él y cultivarla. Ese es el compromiso de los padres.

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