eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial 1198, Eucaristía del 5.1.2020: «II Domingo de Navidad»

LA PALABRA SE HIZO CARNE
Jn 1,1-18

Reyes que venís por ellas, no busquéis estrellas ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas.

Mirando sus luces bellas, no sigáis la vuestra ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas.

Aquí parad, que aquí está quien luz a los cielos da: Dios es el puerto más cierto, y si habéis hallado puerto no busquéis estrellas ya.

No busquéis la estrella ahora: que su luz ha oscurecido este Sol recién nacido en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas, el Niño os alumbra ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende, no reparéis en su llanto, porque nunca llueve tanto como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas la estrella oscurecen ya, porque donde el sol está no tienen luz las estrellas. Amén.

Felix López de Vega
Himno de laudes de Epifanía

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del ECLESlÁSTlCO 24,1-2.8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloria ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel».
Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca jamás dejaré de existir.
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (147,12-13.14-15.19-20)
R: El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los EFESIOS 1,3-6.15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos.
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e intachables ante él, por amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Gloria a ti, Cristo, proclamado en las naciones;
gloria a ti, Cristo, creído en el mundo.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san JUAN 1,1-14

En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

COMENTARIO
“El Verbo era Dios”

1. Silencio de Dios
Para muchos Dios es mudo. Si en otros tiempos habló, ahora lleva demasiado tiempo en silencio, recluido en algún lugar ajeno a la vida de los hombres. Parece que ha dejado que el mundo y los hombres marchen a su aire. Incluso para los que creyentes, Dios queda desdibujado en la niebla del no-saber; alguien a quien se le podría aplicar las palabras del salmo: «Tiene boca y no habla, tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye». En este domingo, después de contemplar con los sentidos y el corazón al niño de Belén, dirigimos la mirada interior hasta el que es su origen, para descubrirle en su misma esencia. «De muchas maneras hablo Dios por los profetas; últimamente nos ha hablado en su Hijo».

Es una gracia que al comienzo del itinerario del año, la palabra de Dios nos coloque en la pista del camino a seguir para escuchar y descubrir a Dios. Dios es presentado como el Verbo personificado. «Al principio ya existía el Verbo». «El Verbo era Dios». El secreto más íntimo de Dios es la comunicación, el diálogo, la expresión, el compartir. La creación misma es una manera de expresarse porque él es así. «Por medio del Verbo se hizo todo». Es preciso hacer silencio para abrirse a su palabra y entender su secreto. «En el Verbo había vida y la vida era la luz de los hombres».

Vino y estaba en el mundo; vino a su casa, la casa de los hombres, «pero los suyos no la recibieron». Es preciso escuchar el lenguaje de los hechos. Porque Dios no compite para alcanzar una cuota de audiencia, ni por hacerse oír entre las numerosas lenguas y palabras que lanzamos los humanos.

2. «El Verbo se hizo carne»
«A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único que está en el seno del Padre nos lo ha dado a conocer». Es «el hecho mayor». No nos ofrece palabras ni nos da explicaciones. Sale al encuentro del hombre y se hace él mismo humano. Dios está en medio de los hombres (como antiguamente el tabernáculo en medio del campamento israelita) como compañero de viaje. Dios se hace corazón, risa y llanto, se hace sensible. A partir de ahí no hay que buscarlo en lo alto del cielo sino que «está con nosotros», sufriendo nuestros sufrimientos y nuestras muertes.

Sólo sabemos de Dios a través de Jesús; sólo en él hemos sabido quién y cómo es Dios, porque él es la revelación del Padre venida «en carne». «El acceso al Dios mayor y transcendente se produce en el contacto con el dios menor escondido en los pequeños». Por eso «bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios». Está precisamente donde tal vez hemos dejado de buscarlo, tan cerca y tan dentro que no le percibimos. Habla con el lenguaje de los hechos.

No hagamos de la encarnación un sistema de ideas. No busquemos a Dios donde no está. No le imaginemos a la medida de nuestros deseos. No hablemos de Dios con palabras y demostraciones sino con las obras, la vida y el espíritu. «Que el Señor ilumine los ojos de vuestro corazón para conocerlo», dice Pablo; porque nadie ama lo que no conoce pero tampoco conoce nadie lo que no ama. Jesús es nuestro libro vivo, la buena noticia de Dios, exégesis de quien es Dios y quien es el hombre.

Antonio L. García

FORMACIÓN
Hemos venido a adorarlo
(Mateo 2,2)

«Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10).

Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría.

«¿Dónde está el Rey de los judíos?» preguntaron los Magos. Su búsqueda era el motivo por el cual emprendieron el largo viaje hasta Jerusalén. Y una vez que oyeron la respuesta, «en Belén de Judá», decidieron continuar el camino y llegar hasta el final, iluminados por esta palabra.

¡Podemos imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales! Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel niño al Rey que buscaban, al Dios al que la estrella les había guiado. En Él, cubriendo el abismo entre lo finito y lo infinito, entre lo visible y lo invisible, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Misterio se ha dado a conocer, mostrándose ante nosotros en los frágiles miembros de un niño recién nacido.

El nuevo Rey era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de cómo acostumbramos a imaginarlo».

Benedicto XVI a los jóvenes en Colonia

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