eucaristia

Majadahonda. Hoja Parroquial 1197, Eucaristía del 29.12.2019: «Solemnidad de la Sagrada Familia»

… Y PARTIÓ HACIA EGIPTO
Mt 2,13-15.19-23

JORNADA DE LA SAGRADA FAMILIA
29 de diciembre de 2019
ORACIÓN

Jesús, María y José,
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
Que todos seamos conscientes
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad y acoged nuestra súplica.
Amén.

Papa Francisco

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del ECLESIÁSTICO 3,2-6.12-14

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecados, y el que respeta a su madre es como quien acumula tesoros;.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante la vida no le causes tristeza.
Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (127,1bc-2.3.4-5)
R: Dichosos los que temen al Señor, y siguen sus caminos

Dichoso el que teme al Señor,
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los COLOSENSES 3,12-21

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Aleluya, aleluya, aleluya.
La paz de Cristo reine en vuestro corazón;
la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san MATEO 2,13-15.19-23

Cuando se retiraron los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
«Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».
José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:
«De Egipto llamé a mi hijo».
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:
«Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.
Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

COMENTARIO
HIJO DE EMIGRANTES
Huye a Egipto…
Mt 2,13-15.19-23

De ordinario los cristianos imaginamos a María y José disfrutando en su casita de Nazaret de su hijo Jesús en un clima de paz y felicidad envidiables. No es ésta la imagen que nos ofrece el evangelista Mateo de la «sagrada familia». Su sombrío relato de los primeros años de Jesús rompe toda la «poesía» que nosotros le ponemos a la Navidad.

Según Mateo, la familia de Jesús no ha podido vivir tranquila. Herodes quiere acabar con el niño para que no le arrebate un día su poder. José tiene que actuar con rapidez. El peligro es inminente. Coge al niño y a su madre «de noche», y, sin esperar un nuevo amanecer, «huye a Egipto».

La ruta es dura y peligrosa. María y José recuerdan las penalidades sufridas por su pueblo en aquel mismo desierto. Ahora las están reviviendo con su hijo Jesús. Los tres buscan asilo en un país extraño, lejos de su tierra y de los suyos. Todo es incertidumbre e inseguridad. No saben cuándo podrán volver. Ya se les avisará.

Muerto Herodes, la familia respira y emprende el viaje hacia su hogar. Pero en Judea «reina Arquelao» un hombre conocido, según Flavio Josefo, por su crueldad y tiranía. José «siente miedo». No es un lugar seguro para Jesús. Se desplazarán a Galilea y se establecerán en Nazaret, una aldea perdida entre montañas, que de momento parece un lugar menos peligroso.

Así vive la «sagrada familia»: defendiendo a su hijo para que pueda sobrevivir, emigrando de un lugar a otro en busca de pan y trabajo, sin hogar seguro en medio de una tierra dominada por «reyes» poderosos como Herodes o Arquelao.

Ésta es la gran noticia de la Navidad. Dios no ha nacido para que los privilegiados de la tierra lo celebremos con cenas abundantes y regalos superfluos. Ha nacido para compartir nuestra vida, poniendo esperanza en quienes no pueden esperar gran cosa de nadie si no es de Dios.

Según el evangelio de Mateo, Dios se ha hecho hijo de emigrantes. Desde niño ha vivido amenazado, como tantos niños y niñas, amenazados hoy por el hambre, la miseria, las guerras y los abusos. El Dios de Belén es de ellos, antes que de nadie. Que nadie pretenda apropiarse de este Dios olvidando a sus hijos e hijas más pequeños.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

FORMACIÓN
LA FAMILIA

Honrar el nacimiento de Jesús tiene que ver con poder honrar nuestras raíces y nuestro modo concreto de acontecer. Dar las gracias en este día a aquellos que nos tomaron en brazos al nacer, nuestros primeros cuidadores: nos alimentaron, nos educaron, nos acompañaron con lo mejor de ellos mismos y también con sus heridas. Como el «sí» de María y de José, el suyo nos permitió crecer y ocupar nuestro lugar en el mundo. Hoy es un día para traer sus nombres al corazón y dar un lugar a todos aquellos que hicieron sitio por nosotros y nos sostienen desde atrás. Nos reconocemos hijos de nuestros padres y nos inclinamos ante sus vidas con gratitud, y ante aquellos que, a su vez, se la dieron a ellos, y al mismo tiempo nos reconocemos unidos por un vínculo mayor: «¿De qué me serviría si Jesucristo hubiera nacido de Dios y yo no?», se preguntaba Eckhart.

Hoy es también un día para orar por todas aquellas familias cuyas relaciones se han visto fracturadas, cuya trama está herida, y necesitan encontrar modos de reparar y sanar ese tejido relacional. Las ponemos bajo la bendición de la familia de Nazaret: acogida, perdón, paciencia.

Los evangelios no recurren al «maravillosismo» ni a la dulzonería idílica –como hacen los evangelios apócrifos– para describir la familia de Jesús en Nazaret; ni esquivan las apreturas, viajes forzados, huidas, exilios, vueltas a empezar, «espadas» que se clavan en el corazón… que acompañaron a aquella familia, como están presentes en toda familia. Ciertamente, aquella familia vivió en un marco cultural que no es el nuestro. Pero en ella había un «espíritu de Nazaret», que podemos hacer nuestro, sin mimetismos, en nuestro aquí y ahora. Ese «espíritu» está bien descrito por san Pablo cuando enumera los elementos esenciales para que cuaje una familia cristiana: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el perdón; y, por encima de todo, el amor, que es el que consuma una estrecha unión entre todos los miembros de la familia.

Ese es el desafío que tienen hoy por delante las familias cristianas. A pesar de los cambios profundos que se han producido –y se están produciendo– en la estructura familiar, es tarea de los padres e hijos cristianos vivir hoy desde la fe esos rasgos imperecederos. Se trata de aplicar el «espíritu de Nazaret» a los modos nuevos de vivir la familia cristiana hoy.

Mariola López Villanueva, rscj

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