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La caridad política en la Doctrina Social de la Iglesia

EDITORIAL
La caridad política

Hemos sido convocados a unas elecciones democráticas el día 26 de mayo, después de pasar por otras el 28 de abril. Muchos comentarios coinciden en la fatiga que les producen estas campañas y la sensación de que los políticos no están a la altura debida. Se preocupan más de desautorizar al adversario que de presentar propuestas para el bien común. Coincide, además, los innumerables artículos ante la muerte de Pérez Rubalcaba en el tono de “ya no tenemos políticos como los de antes”

En esta coyuntura me preocupa que el desprestigio de los políticos lleve consigo una pérdida de confianza en el valor de la política. Aunque fuese verdad que los partidos políticos y sus dirigentes no estén a la altura que les corresponde, los cristianos no podemos olvidar el sentido de la POLITICA (con mayúscula). Al contrario, debemos acudir al Magisterio de la Iglesia para recuperar la clave fundamental de la política. No sea que contribuyamos a la desesperanza y dejemos el campo libre a los principios del individualismo neoliberal en vez de la política del Bien Común. Sería como si el buen pastor abandonara a las ovejas cuando viene el lobo.

Los cristianos tenemos dentro del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia principios a los que acudir para redimir el desprestigio de la política.

“Se trata del amor eficaz a las personas, que se actualizan en la prosecución del bien común de la sociedad”. El amor que se expresa en la preocupación por los asuntos comunes. Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él.

Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común. Ésta es la vía institucional —también política— de la caridad….

Esta caridad en las instituciones, no es menos cualificada e incisiva que la caridad asistencial eclesial. (CIV 7) “En muchos aspectos, el prójimo que tenemos que amar se presenta “en sociedad”, de modo que amarlo realmente, socorrer su necesidad o su indigencia, puede significar algo distinto del bien que se le puede desear en el plano puramente individual: amarlo en el plano social significa, según las situaciones, servirse de las mediaciones sociales para mejorar su vida, o bien eliminar los factores sociales que causan su indigencia. La obra de misericordia con la que se responde aquí y ahora a una necesidad real y urgente del prójimo es, indudablemente, un acto de caridad; pero es un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia – CDSI 208).

La política es una de las formas más elevadas del amor, de la caridad. ¿Por qué? Porque lleva al bien común (Papa Francisco). Y una persona que, pudiendo hacerlo, no se involucra en política por el bien común, es egoísmo; o que use la política para el bien propio, es corrupción.

Esta expresión, caridad política, aparece ya utilizada (y muy probablemente por primera vez en el ámbito del magisterio de la Iglesia) por Pio XI, en su discurso de 18 de diciembre de 1927, a la Federación Universitaria Católica Italiana –FUCI-. Si Mussolini había acusado a la FUCI de ir más allá del apostolado e incurrir en la actividad política, Pío XI proclamará que la política, en cuanto atiende al interés de la entera sociedad constituye “el campo de la más amplia caridad, la caridad política”.

En varias de sus encíclicas, pero especialmente en Sollicitudo rei socialis, san Juan Pablo II se refiere a la solidaridad, en cuanto virtuosa preocupación por el bien común (es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común), enunciada por Pablo VI como “civilización del amor”, un concepto que ha sido reiteradamente recogido recientemente por el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, que le ha dedicado un entero y final capítulo conclusivo.

Juan Pablo II ha hablado, en el mismo sentido, de “amor social” (RH 15). Y Benedicto XVI caridad social, la caridad propia ejercida por los fieles laicos, con autonomía y bajo su responsabilidad, en la vida pública, en las instituciones y en su actividad política. (DCE 29). Esta dimensión pública de la caridad, definida como caridad social o política, está en el Compendio: “Es necesario que se muestre la caridad no sólo como inspiradora de la acción individual, sino también como fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo de hoy y para renovar profundamente desde su interior las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos. En esta perspectiva la caridad se convierte en caridad social y política: la caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une” (CDSI 207).

También construir estructuras de gracia (y justicia), es cosa de política. Y Las decisiones personales no terminan en la persona que las provoca. Estamos rodeados de estructuras que no hacen visible el proyecto salvador de Dios. Son estructuras de pecado, en cuanto que nacen de decisiones personales inmorales y, sin embargo, terminan por justificar otras decisiones inmorales. Lo malo de las estructuras de pecado es que nos llevan a considerar como normal el mal que nosotros mismos hemos generado… (SRS 38).]

MAGISTERIO

León XIII

Alienta a los católicos al compromiso evangélico en lo público, sin privatizar la fe. Se refiere a la caridad cristiana y a la solidaridad como “amistad”, la que se entrega toda entera a sí misma para utilidad de los demás y reconoce la potencialidad transformadora de la fe para cambiar la sociedad desde sus cimientos (Rerum Novarum 20-21, 41; 114-116).

Benedicto XV

Considera la caridad como fuerza motriz que obliga a practicar la justicia y a eliminar las desigualdades. “El Evangelio no presenta una ley de la caridad para las personas particulares y otra ley distinta para los Estados y las naciones, que en definitiva están compuestas por hombres particulares” (Pacem Dei 11).

Pío XI

La búsqueda de un orden basado en los “principios más elevados y más nobles: la justicia social y la caridad social”, virtudes que no son sólo personales, sino que explícitamente tienen una pretensión política “construyendo un orden social y jurídico, cuyo alma sea la “caridad social” como forma de regular y frenar la dictadura económica imperialista que somete al mundo (Quadragesimus Annus

Pío XI fue el primer Papa en utilizar literalmente la expresión “caridad política” (cuando Mussolini le acusó de exceder los límites del apostolado al incidir en la política): “El campo político abarca los intereses de la sociedad entera; y en este sentido, es el campo de la más vasta caridad, de la caridad política, de la caridad de la sociedad” (Discurso a los dirigentes de la Federazione Universitari Cattolici Italiani, 18 de diciembre de 1927).

Juan XXIII

En las Encíclicas sociales Mater et Magistra y Pacem in Terris, aparece la dimensión mundial, el carácter universal de la justicia social. Por caridad, el cristiano está llamado a buscar dentro de las instituciones “el Reino de Dios y su justicia” y se siente “vinculado a los demás para acoger como propias sus necesidades, alegrías, sufrimientos (…) con una actitud siempre cuidadosa con el interés ajeno” (MM 257).

Posteriormente, viendo la creciente socialización e interdependencia, afirmará que el amor como servicio al prójimo se expresa, de la mejor manera, en la participación en las instituciones con el fin de ponerlas al servicio de todas y cada una de las personas en todos los campos de la vida humana (Pacem in Terris 146).

Concilio Vaticano II

Sintetiza, sobre todo en Gaudium et spes, en Dignitatis Humanae y en Apostolicam Actuositatem las relaciones entre la caridad política y la ética para construir un mundo más acorde con el designio divino y una sociedad que cada vez más esté al servicio del desarrollo pleno de las personas. Mantiene una visión solidaria interdependiente de toda la humanidad, que rechaza toda ética individualista (GS 30). Se apuesta por dignificar la política, valorando el apostolado de los seglares, a modo de fermento, donde las asociaciones con finalidad social adquieren protagonismo (Lumen Gentium 31; GS 75; AA 2, 17-18). Nombra la “caridad y la fortaleza política” como actitudes del compromiso político de los cristianos (citando en nota el discurso mencionado de Pío XI el Concilio Vaticano II) (GS 75).

Pablo VI

En la Populorum Progressio extiende su mirada al conjunto del planeta y propugna una caridad universal que tenga la intención política de construir un nuevo mundo, para lo que no bastan las ayudas urgentes. Y para llegar a este cambio, exhorta al compromiso de los laicos y a la conversión de “mentalidad, costumbres, leyes y estructuras” (PP 81).

En la Octogesima Adveniens (OA 81) reflexiona sobre la acción política de los católicos; haciendo una llamada explícita a la participación política (a pesar de las dificultades), pues es ahí donde se deciden los modelos organizativos de las sociedades. Afirmará que este compromiso político es un camino serio para ejercer el deber de todo cristiano de servir a los demás, lo cual exige: -discernimiento de la realidad a la luz del Evangelio y del pensamiento social de la Iglesia (OA 1), buscando responder concretamente a la pregunta ¿qué me exige el amor al prójimo, aquí y ahora?; -la transformación de las mentalidades y estructuras que sostienen el imperialismo de las multinacionales (OA 43-45); -construir una sociedad con democracia real y protagonismo de los ciudadanos, ya que está amenazada por la tecnocracia (OA 47). En este campo del compromiso, hay pluralidad de opciones, lo cual no debe hacer olvidar que todos han de preocuparse en “perfeccionar las estructuras y acomodarlas mejor a las verdaderas necesidades actuales” (OA 50).

S. Juan Pablo II

Ante una realidad de injusticia y “estructuras de pecado” (Solicitudo Rei Socialis 36), que llega de definir como “cultura de muerte” (Evangelium Vitae 12), el Papa llama a los cristianos a la conversión y a un compromiso evangelizador para ir construyendo la Civilización del Amor y una Cultura de la Vida. Se refiere al “amor social” (Redemptor Hominis 15) y a “la «opción preferencial por los pobres»; es definida como una «forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana» (SRS 42; Centessimus Annus 11).

Benedicto XVI

Sitúa la Encíclica Deus caritas est en la larga tradición de otras encíclicas sociales, no solamente por lo que representa la virtud de la caridad, sino también porque atribuye una importancia primordial a la virtud de la justicia.

Los fieles laicos tienen el deber inmediato de actuar a favor de un orden justo en la sociedad, por eso están llamados a participar en la vida pública, según sus posibilidades y limitaciones, en alguna acción socio-política, desde lo más pequeño o cotidiano hasta lo más alto; de esta manera, la variada actividad del laico es considerada por el Papa como “caridad social” (DCE 15, 19, 29).

En Caritas in veritate hace una llamada constante al desarrollo integral de la persona que a su vez incide en la sociedad, para lo cual es necesario vivir la “caridad en la verdad” en todas las relaciones, tanto las más cercanas como las que se desenvuelven en las estructuras sociales, económicas, políticas… (nn.11, 34, 52,53 ss).

Obispos españoles

En el Documento Los católicos en la vida pública, acuñaron el término “caridad política”. La caridad política es presentada como consecuencia directa de la vida teologal, es decir, de una visión contemplativa que entiende el mundo y la historia dentro de la dinámica divina de la Creación y de la Redención y, por tanto, sin divisiones espiritualistas entre el campo de la fe y el de la política:

“Con lo que entendemos por „caridad política‟… se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres” (nn.60-61). 9

TESTIMONIO
José Luís Nieto
NN.OO. 28-12-2012

Caridad y política son dos palabras muy desprestigiadas en nuestra sociedad por una visión deformada de ambas. Por caridad se entiende frecuentemente «limosna», «asistencialismo», la mera ayuda puntual que damos a alguien y que no se plantea la lucha por la justicia, porque no ve más o porque quiere eludirla. Por política se suele entender «lo que hacen los políticos», identificándola con un entramado de intereses, privilegios, manipulaciones…, «todos son iguales», alejada de las necesidades sociales, ajena a nosotros y en la que no queremos implicarnos, lejos de nuestra vida cotidiana, algo de lo que somos espectadores y no actores.

Sin embargo, necesitamos las dos cosas como el aire que respiramos: vivir la caridad y vivir la política como algo propio, profundamente humano y necesario para construir humanidad. Pero entendidas de otra manera.

La caridad es el amor que nos hace capaces de poner por delante lo que necesita el otro, que nos lleva a poner la vida al servicio de que el otro viva, realice su humanidad y así crezcamos juntos como personas. En particular es la reacción ante el sufrimiento del otro, especialmente el sufrimiento injusto de los empobrecidos, que nos lleva a hacer todo lo posible por eliminar ese sufrimiento y a sentir que no hay excusa posible para no hacerlo.

La política es la actividad de toda la sociedad, de las personas, de las organizaciones sociales, de las instituciones…, para colaborar a construir una vida social más justa y humana, relaciones sociales de mayor fraternidad.

De esa caridad y de esa política es de la que decimos que necesitamos como del aire que respiramos. Y necesitamos vivirlas juntas, uniendo amor y justicia. Porque ese amor es el que fundamenta la lucha por la justicia y porque sin esa lucha por la justicia en realidad no hay amor. A eso es a lo que la Iglesia llamamos (y practicamos mucho menos de lo que debiéramos) «caridad política».

Necesitamos, todos, crecer en vivir la caridad política que «no se trata solo ni principalmente de suplir las deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones sea necesario hacerlo. Ni mucho menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden establecido y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo más justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres» (Conferencia Episcopal Española, «Los Católicos en la Vida Pública», 61). De esa caridad política necesita siempre una sociedad, mucho más en una crisis social y moral tan grave como la actual. A veces se contraponen, de forma indebida y estéril, caridad y lucha por la justicia. La caridad política es las dos cosas. Necesitamos compartir más los bienes que tenemos con quienes carecen de lo más básico. Y necesitamos luchar con todas nuestras fuerzas para cambiar unas políticas que están destrozando la justicia social y la vida de los pobres. Las dos cosas son necesarias para construir una sociedad más justa y fraterna. El centro de esa caridad política, que tanto necesitamos personal y socialmente, es la misericordia; el sentir como propio el sufrimiento injusto del otro y rebelarnos ante él. De esa misericordia que se hace respuesta ineludible ante el sufrimiento injusto de los empobrecidos es de lo que más necesitamos para afrontar con humanidad la actual situación; y eso implica cambios profundos en nuestra manera de vivir. «El mundo de los hombres puede hacerse cada vez más humano, únicamente si introducimos en el ámbito pluriforme de las relaciones humanas y sociales, junto con la justicia, el amor misericordioso» (Juan Pablo II, «Dives in misericordia», 14). 11

RINCÓN DE ORACIÓN
Oración de los políticos

Jesucristo, imploramos la ayuda de Tu Espíritu
para el ejercicio de la política como ciencia, arte y virtud,
para edificar la justicia social y el bien común.

Danos, Señor, la gracia de testimoniar, como Tomás Moro,
la inalienable dignidad de la conciencia,
sin abandonar la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones,
para que sepamos afirmar con nuestra vida y con nuestra muerte
que el ser humano no se puede separar de Dios,
ni la política de la moral.

Danos fortaleza para animar con el espíritu del Evangelio
el orden temporal, respetando su naturaleza y su legítima autonomía.
Infunde en nuestros corazones la humildad necesaria
para reconocernos siervos inútiles
y el valor y la perseverancia necesarios
para hacer todo como si todo dependiera de nosotros,
abandonándonos en Ti porque todo depende de Ti.

Pastoral del Trabajo Madrid

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