eucaristia

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 7.3.2021, III Domingo de Cuaresma

INTRODUCCIÓN
Hacia la Luz de la Resurrección

Tras el desierto, que nos pone a prueba, y la montaña, en la que vemos la luz, la cuaresma nos encamina al templo, el espacio sagrado. Pero lo que debía ser lugar de encuentro con Dios, nos lo encontramos invadido de otros intereses, bien mundanos, que dificultan, incluso impiden, ese encuentro que veníamos buscando. 

Es una experiencia que hacemos con frecuencia con la Iglesia. Buscamos en ella la experiencia de Dios, un espacio de santidad y pureza, y nos encontramos con conflictos, envidias, chismes… La imagen de Jesús en el Templo no relata sólo un episodio puntual de la biografía de Cristo, sino una realidad que, como amenaza, nos afecta siempre.

El templo es la Iglesia, formada por seres humanos, con todas sus limitaciones y miserias. Pero esto no es una invitación a la resignación. Jesús entra y purifica. La purificación es un proceso difícil, puede ser traumático, pero es necesario. Pero el templo somos también cada uno de nosotros, templos del Espíritu Santo. También ahí hay que realizar esa purificación, dejar que Jesús la lleve a cabo. Sólo así estaremos avanzando en el camino cuaresmal hacia la purificación por el misterio de la Cruz y hacia la luz de la Resurrección. 

José María Vegas, cmf.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA 
Lectura del libro del Éxodo 20,1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

SALMO RESPONSORIAL 
Sal 18,8.9.10.11
R/. 
Señor, tú tienes palabras de vida eterna

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor
es fiel e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor
es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados –judíos o griegos–, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

COMENTARIO
La purificación del templo

Se pueden decir muchas cosas sobre la necesidad de la existencia de un mercado cercano al templo de Jerusalén, en el que se podían adquirir animales para el sacrificio y cambiar monedas para presentar la ofrenda. Pero, aquel mercado parce que había ido ocupando el espacio del templo. Y tras el gesto de Jesús podemos intuir también que se había producido una cierta falsificación del verdadero culto. Por eso dice Jesús “Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

La Cuaresma es tiempo de purificación y también de encuentro con el Señor. La imagen de Jesús expulsando el mercado del templo nos recuerda la necesidad que también nosotros tenemos de renovar nuestro corazón. Limpieza que sólo puede ser realizada plenamente por Cristo. Señaló el Papa Francisco: “¿Vosotros sabéis cuál es el látigo de Jesús para limpiar nuestra alma? La misericordia. Abrid el corazón a la misericordia de Jesús. Decid: “Jesús, mira cuánta suciedad. Ven, limpia. Limpia con tu misericordia, con tus palabras dulces; limpia con tus caricias”.

En el gesto del Señor se nos descubre también su corzón. Los discípulos recuerdan un texto: “el celo de tu casa me devora”. También los judíos piden una explicación, como si intuyeran que detrás del gesto de Jesús se escondía algo más grande. También nosotros descubriremos en la cruz como Jesús lleva hasta el extremo el celo que hoy le impulsa a purificar el templo. Su amor le devorará consumando el verdadero sacrificio del que eran imagen los que se ofrecían en el templo. También entonces se cumplirá lo que hoy anuncia: “destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Vendrá la realidad nueva y, a través de su humanidad resucitada, tendremos acceso a Dios Padre. La figura del antiguo templo deja paso a la realidad nueva.

En este tiempo de Cuaresma, la escena nos lleva a fijarnos en lo esencial de nuestra relación con Cristo. Por el bautismo tenemos acceso a Dios a través de Jesús. Es un buen día para pensar si nuestra vida religiosa pasa por el encuentro personal con Jesús. Jesús nos llama a la purificación interior y a descubrir el verdadero culto que es el que encontramos en él. Su cuerpo es el nuevo templo. Jesús se ofrecerá en la cruz por todos nosotros y su entrega amorosa nos reconciliará con el Padre. Esa nueva realidad es la que ha de mover nuestra vida. Todo lo que después la acompañe no será superfluo si nos acerca más a él o nos ayuda a seguirlo mejor.

Dios nos ha abierto su La para que entremos en lo más profundo de su amor y nos da la fuerza para que nuestro culto no quede reducido a lo ritual sino que se extienda a toda nuestra vida mediante la vivencia de la caridad. El celo (amor) con el que Jesús purifica el templo es el mismo que nos da a nosotros, para que nosotros ardamos en su amor y nuestra vida sea una ofrenda agradable a Dios.

San Pablo nos lo recuerda en la segunda lectura. Por encima de cualesquier signo o sabiduría nos dice el apóstol que continuamente hemos de buscar a Cristo crucificado. Casi sin darnos cuenta buscamos de continuo señales que garanticen nuestra fe (como el signo que le piden a Jesús), o queremos encontrar seguridad en una pretendida sabiduría religiosa. San Pablo nos dice que miremos a Jesús crucificado y que allí descubriremos la fuerza y la sabiduría de Dios. Continuamente hemos de ser limpiados por el Señor para descubrir un amor que siempre es más grande de lo que imaginamos. Ese amor que se nos muestra en Jesús crucificado.

Archidiócesis de Madrid

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 2,13-25)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos! …

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesus subió a Jerusalén… y echó a los vendedores y cambistas del templo, diciendo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

El episodio de Jesús en el templo es narrado por los cuatro evangelios. La característica principal de la versión de Juan es que está contado, no al final de la obra, como pórtico del relato de la Pasión, sino al inicio del ministerio público de Jesus. Lógicamente, esto influye en el significado que tiene la escena en el conjunto.

Mientras que en los evangelios sinópticos constituye el detonante de la Pasión, en el cuarto evangelio es uno de los varios acontecimientos que, ya desde el inicio de la obra, van adelantando a los lectores que el ministerio de Jesús acabará con una muerte injusta.

El Templo de Jerusalén había sido convertido en un negocio para que los peregrinos no tuvieran que llevar la ofrenda desde sus lugares de origen. Con el signo del látigo, Jesús da un sentido nuevo del templo; “En tres días lo levantaré”. Él hablaba del templo de su cuerpo.

Con la Resurrección de Cristo Jesús, el acceso a Dios Padre será. Es, Él mismo. El evangelista convierte el Templo de Jerusalén, único lugar donde se podían ofrecer sacrificios expiatorios de pecados, en el Cuerpo de Jesús Resucitado. De esta forma, el acceso a Dios Padre pasa por la relación personal y amorosa de Cristo Jesús.

Queremos dar gracias a Dios por el regalo de este tercer domingo de Cuaresma. Damos gracias también porque no es el Templo en sí mismo sino la realidad propia del mismo Cristo Jesús que,  a través de su Pasión y Resurrección, nos comunica el mensaje de conversión y amor de Dios con todos nosotros, de su valentía, de fidelidad. Y por último damos gracias por este tiempo de Cuaresma, de cambio, de mejora, de aprovechar mejor nuestro tiempo… Estamos aprendiendo a vivir, a sentir, a amar… Gracias. 

Celebrada la Eucaristía del domingo, seguimos viviendo la fe. Como los discípulos, también nosotros “bajamos de la montaña” para seguir los pasos del Maestro en nuestra familia, en nuestros trabajos y en nuestro entorno.

 Todo ello nos motiva para orar en la semana:

* Que la santa Iglesia siempre tenga clara su misión en el mundo, que es anunciar con palabras y obras el Reino de Dios.

* Que los mandamientos de vida que Dios nos dio, los tengamos siempre presentes para que tengamos vida en abundancia.

* Que los niños, jóvenes y mayores en nuestra comunidad parroquial, consideremos siempre a Cristo Jesús como el verdadero Templo de Dios.

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