eucaristia

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 24.1.2021, III Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
«Jesús nos llama a seguirlo»

El Evangelio presenta el momento en el cual Simón y su hermano Andrés son llamados.

Notemos en detalle que dicho seguimiento es, en un primer momento, iniciativa de Jesús. Esta llamada viene a nosotros en forma de invitación, tal y como sucedió en el Antiguo Testamento con los profetas.

Por ser iniciativa divina, tenemos que imaginar que en la antigüedad, un rabino elegía a sus discípulos, es decir, los maestros elegían a aquellos en quienes podían confiar y heredar sus conocimientos. Del discípulo se espera que su respuesta sea libre y con tal fuerza que esté dispuesto, incluso, a romper los lazos afectivos, sean de su núcleo familiar, social, de amistad, o de cultura, con tal de responder a la llamada con todas sus capacidades.

El seguimiento no quita o desarraiga. En el caso de Simón y Andrés, dos hermanos que siguieron inmediatamente a Jesús, llevan ese vínculo afectivo de hermandad hacia otras personas. El Señor los llama a ellos, con su nombre propio, y esto nos indica que es desde la singularidad y desde nuestra cotidianidad que el Señor nos llama.

Simón y Andrés, junto a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, abandonan lo que tienen para pescar en otros mares. Están dispuestos a navegar en tierra firme, recorrer aldeas, calles y templos, para proclamar que el tiempo ha llegado, que es momento de volcarse con fe a la construcción del Reino de Dios. Esta llamada no es una carga, sino un momento glorioso en el cual se anuncia con esperanza la Buena Noticia del Reino de Dios.

Francisco Díaz SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: – «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: – «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 24,4-5ab.6-7bc.8-9
R/. 
Señor, enséñame tus caminos

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo
a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: – «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: – «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

COMENTARIO
El nacimiento del Reino

“Establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos” (Papa Francisco). 

El Domingo de la Palabra que hoy celebramos es una invitación a acercarnos a ella como Palabra de Vida, transformadora, que nos interpela, que espera de nosotros una respuesta, que nos hace de algún modo contemporáneos y protagonistas de lo que en ella se nos narra. Vamos a intentarlo con el Evangelio de hoy.

Lo primero es darnos cuenta que la escena de hoy no es «simplemente» la presentación de unos personajes que van a acompañar a Jesús en su tarea misionera. Tampoco es «simplemente» la descripción histórica de cómo comenzó todo, de manera que nosotros quedaríamos como espectadores lejanos de lo que allí les ocurrió a algunos llamados por Jesús. Uno de los objetivos de los evangelistas es ayudar a las futuras generaciones a conocer y seguir a Jesús, y con ese criterio (no sólo) redactan los evangelios.

Y es significativo que en los primeros pasos de Jesús en su tarea misionera busque unos discípulos, unos compañeros que irán siendo transformados por él, y que interactúan también entre ellos. O sea: que el Reino que trae Jesús comienza por formar una comunidad, y que sus seguidores le responden personalmente, claro está, pero su respuesta supone aceptar y caminar con otros que el Señor va escogiendo.

También es relevante que el «escenario» que elige Jesús para dar comienzo a su misión no es el sagrado Templo ni en la Ciudad Santa, ni en un contexto religioso: es en el lago, en Galilea, en el lugar de la vida cotidiana de las gentes. Como lo es también qué «perfil» busca Jesús: no son especialistas en la Ley, no están especialmente formados intelectualmente, no consta que sean «fieles cumplidores» de los muchos preceptos judíos, ni forman parte de ninguna de las castas político-religiosas de la época: son gente normal. De algunos sabemos que eran pescadores, o un cobrador de impuestos (mal visto y despreciado por su profesión). De otros no sabenos gran cosa. No era lo habitual que el Rabino eligiese a sus discípulos. Era justamente al revés. Y además Jesús les invita a seguirle sin explicaciones, sin proyecto (bueno: ser «pescadores de hombres», pero seguramente no lo entendieron mucho de momento), sin promesas… y sin excusas, en exclusividad (dejando redes, mostradores de impuestos…). No busca «seguidores» a tiempo parcial, ni quiere que los trabajos, la familia, etc estorben en su seguimiento. Se trata de «estar con él» como prioridad absoluta.

Poco antes de estas llamadas, y como un eco de la predicación de Juan Bautista, proclama: «Convertíos y creed en el Evangelio». Pero es un eco y un tono diferente al del Precursor: Está encabezado por una Buena Noticia (=Evangelio) de Dios, no hay asomo de amenazas (como las de Juan o de Jonás, por ejemplo: la ciudad será destruida…). Se trata de que Dios (su Reino) está cerca y eso despierta la esperanza, las expectativas, la alegría, el consuelo de las gentes, sobre todo de los que están peor.

Esa cercanía de Dios no está «atada» a un lugar, ni a unas prácticas religiosas, ni a una doctrina, ni tiene más condiciones que «creer» en esa presencia cercana y bondadosa de Dios. Jesús aquí no reprocha ni menciona el pecado o el arrepentimiento. Su llamada a la conversión significa y supone un cambio de mentalidad, capaz de abrirse a la novedad que Jesús trae con su presencia y su Evangelio.  Es lo mismo que le decía a Nicodemo: «hay que nacer de nuevo», hay que hacer limpieza mental y vital de muchas cosas que se han aprendido y bloquean o condicional o limitan el auténtico encuentro con Dios. Precisamente los que no quisieron cambiar su mentalidad, para seguir con lo de siempre y como siempre y defenderlo y protegerlo a toda costa… serán precisamente los que le lleven a la cruz.

En cuanto al «acento» y contenido principal de su misión es la preocupación primordial de su Padre Dios por el hombre. Y habrá de ser la preocupación y tarea principal de sus seguidores de entonces y de todos los tiempos: los hombres, ser «pescadores de hombres». Buscar las «ovejas perdidas», acoger a los «hijos pródigos», poner la tierra patas arriba hasta que aparezca la moneda que se perdió. Por tanto, su Evangelio no será una colección de doctrinas, ni ritos, ni prácticas, ni… ¡Será la «cercanía», «acercarse» en el nombre de Dios al que tiene hambre, sed, falta de justicia, está desnudo, enfermo, el marginado, el que no tiene derechos…! Esta es la Buena Noticia. Esto es lo que Jesús «hará», del verbo «hacer», acompañado por sus palabras: buscar, perdonar, sanar, bendecir… Y el grupo de discípulos que le acompañan tendrán que «visibilizar» con sus hechos, actitudes, prioridades y palabras («ved cómo se aman») la propuesta de vida de Jesús.

Pues… nada más (¡y nada menos!). Ahora se trata de ver qué me dice personalmente esta palabra en estos momentos de mi vida: orarla, aceptarla, asumirla en la propia vida y… caminar con otros por las nuevas Galileas.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de José María Morillo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
( Marcos 1, 14-20 )
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos!

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio…”

Jesús de Nazaret comienza su misión independiente después de que Juan el Bautista es entregado, un verbo que en la tradición evangélica está muy vinculado a la pasión de Jesús.  Ya desde el inicio, el evangelio va dando pistas al lector sobre el destino que le espera a Jesús. Su ministerio, sin embargo, se distingue del de Juan. Mientras que aquel consistía sobre todo en predicar la conversión para el perdón de los pecados, el de Jesús estará centrado en creer en la buena noticia de la venida del Reino de Dios.

Jesús quiere suscitar esta confianza, que está acompañada de transformaciones personales y sociales que visibilizan parte de ese Reino que viene. A este proyecto se suman muy rápidamente los cuatro primeros discípulos. Estas dos parejas de hermanos, subraya Marcos, no necesitan grandes explicaciones ni garantías por parte de Jesús. Jesús les invita y ellos aceptan de manera inmediata.

No estamos, lógicamente, ante una crónica histórica, sino ante un relato muy elaborado teológicamente. Lo decisivo es, dice el evangelio, decidirse a seguir a Jesús dejando padre y oficio, es decir, abandonando los roles sociales y formas de concebir el mundo que no encajan en la realidad imaginada por Jesús: el Reino de Dios.

Y ahora, amigos… reanudemos nuestra oración en familia para esta semana… :

“Que tu Santa Iglesia, Señor, nos recuerde siempre la importancia del Evangelio en nuestra vida, de todo lo bueno que nos aporta. Que todos los habitantes del mundo se conviertan al Señor y que tengamos profetas, como Jonás, que nos recuerden la importancia de mejorar y cambiar cada día. Que en familia podamos vivir rodeados del amor que Tú nos tienes, cada uno desde su papel de padre, madre, hermanos, abuelos… Que seamos buenos y rectos, para que sepamos enseñar un cambio correcto a los demás con nuestro testimonio”.

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