eucaristia

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 27.9.2020: XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
No bastan las palabras, lo que cuentan son los 
hechos

Cristo, hablando a los dirigentes de los judíos, que creían que con pertenecer al pueblo elegido de Dios ya estaba todo conseguido, nos habla también a nosotros. Esta parábola, la de los dos hijos, vendrá complementada con las próximas de los siguientes domingos: la viña que el dueño tiene que arrendar a otros, y el banquete festivo al que tiene que invitar a otros, ante el rechazo de los primeros invitados. El pueblo elegido no ha sabido ver el día de la gracia, no ha sabido acoger al Enviado de Dios.

¿A cuál de los hijos nos parecemos: “Sí, pero no…No, pero sí…Sí y es sí”? ¿A cuál queremos parecernos de hoy en adelante? Pensemos en esto: ¡a cuántos santos y santas veneramos que fueron del “No, pero después fueron”: san Agustín, santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola…! Y también tenemos santos del “Sí y fueron”: santa Teresa del Niño Jesús, Teresa de Jesús, san Juan XXIII y san Juan Pablo II…Pero no tenemos santos del “Sí, pero no fue”.

Padre Antonio Rivero L.C.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Así dice el Señor: «Comentáis: “No es justo el proceder del Señor”. Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

SALMO
Sal 24,4bc-5.6-7.8-9
R/. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R/.

Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: -«El primero.» Jesús les dijo: -«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

COMENTARIO
El sí de Jesús

¡Qué difícil es cuando no se sabe si se puede contar con una persona! Qué confusiones creamos con nuestras ambigüedades frente al evangelio, frente a Jesús o a nuestros compromisos con el prójimo. Decir que sí y después decir que siempre no; o bien decir que no, y al final de cuentas resulta que siempre sí; o decir que sí, pero un sí ambiguo que más bien suena a quién sabe; o decir que no, por temor al compromiso, aunque sabemos que deberíamos decir que sí. No, no se trata de discursos políticos, ni tampoco de promesas de campaña, es Jesús que exige una clara y contundente decisión frente al Reino de Dios, una determinación que no quede en palabras bonitas pero huecas, sino que se traduzca en hechos concretos y tangibles. Es cierto que en un primer momento parece dirigir un claro reproche al pueblo de Israel porque aparentemente han dicho a Dios que sí, que es su único Dios, que cumplirán todos sus mandamientos, que le serán fieles; pero después han tergiversado sus mandamientos, los han acomodado a su propio gusto y se muestran tan felices como si de verdad los estuvieran cumpliendo. Pero también se dirige a nosotros y nos pone el mismo ejemplo para que caigamos en cuenta que primero decimos sí y después actuamos como nos da la gana. ¿No es cierto que nos decimos cristianos, pero actuamos conforme a los valores del mundo? ¿No es cierto que los juramentos y las profesiones de fe se han convertido en palabras huecas que no nos llevan al compromiso?

“Yo creo”
La fe en Dios no es un dubitativo “yo creo”, en el sentido mexicano de “no estoy seguro”, sino una firme y radical profesión de fe en un Padre que nos ama y que nos compromete a vivir como hermanos. Ya San Pablo les reclama a los cristianos de Filipos su manera contradictoria de vivir porque dicen profesar una fe y después actúan con rivalidades, presunciones y envidias que destruyen la comunidad. El ejemplo más elocuente es el mismo Jesús y les pide que tengan sus mismos sentimientos. Él no fue primero sí y después no. Asumió las consecuencias de un amor radical que lo lleva a despojarse de su condición divina, tomar la condición de siervo y hacerse semejante a nosotros al grado de morir en la cruz. Son consecuencias de una palabra dada, de una Palabra que se hace carne por amor, de una Palabra que se hace servicio y que, por lo mismo, con su Resurrección, da nueva vida. Los mexicanos nos caracterizamos por tener un facilísimo sí, que después no implica ningún compromiso. Gritamos y alabamos a la Virgen de Guadalupe, hacemos peregrinaciones y entonamos vivas a Cristo Rey, pero después pisoteamos los valores del Reino, nos mostramos intransigentes con el prójimo, rechazamos el perdón y no dudamos en herir, en humillar y en despreciar. Somos indiferentes a los valores del Evangelio e incluso nos vemos inducidos a comportamientos contrarios a la visión cristiana. Aun confesándonos católicos, vivimos de hecho alejados de la fe, abandonando las prácticas religiosas, mintiendo y cometiendo injusticias y perdiendo progresivamente la propia identidad de creyentes, con graves consecuencias morales, espirituales y sociales. Hay bastantes cristianos que terminan por instalarse cómodamente en una fe aparente, sin que su vida se vea afectada en lo más mínimo por su relación con Dios.

Un sí sostenido
Nuestra respuesta al amor de Dios nos debe llevar a un sí, sostenido y constante, que nos permita soñar metas que siempre habíamos creído inalcanzables y construir una nueva sociedad. La fe es para vivirla, y debe informar las grandes y pequeñas decisiones y se manifiesta en la manera de enfrentarse con los deberes de cada día. No basta con asentir a las grandes verdades del Credo, tener una buena formación y algunos sacramentos. Es necesario vivir nuestra palabra, practicarla, ejercerla, debe generar una “vida de fe” que sea, a la vez, fruto y manifestación de lo que se cree. Dios nos pide servirle con la vida, con las obras, con todas las fuerzas del cuerpo, traducirlo en una nueva visión que consiste en mirar las cosas, incluso las más corrientes, lo que parece intrascendente, en relación con el plan de Dios sobre cada criatura. La vida cristiana no es un revestimiento externo, debe brotar del interior y manifestarse en el ejercicio de la esperanza y de la caridad. Se expresa a través del actuar humano, al que dignifica y eleva al plano sobrenatural. Nuestro sí nos llevará a imitar a Jesús cuya vida es una continua respuesta al amor de su Padre Dios, nos conducirá a ser hombres y mujeres de temple, sin complejos, sin respetos humanos, veraces, honrados, justos en los juicios, en los negocios, en la conversación, en la política, en la familia.

Actitud de conversión y comprensión
Nuestro sí y nuestra fidelidad no están reñidos con una clara conciencia de nuestra fragilidad. No nos hacen intransigentes ni inmaculados. Estamos expuestos al error y a la caída. Por eso Ezequiel invita a estar en actitud de constante conversión pues “cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, él mismo salva su vida”. Quien se cree a salvo de pecado está más cerca de caer. La parábola de Jesús tiene también este fuerte reclamo para los que se creen justos y desprecian a los demás. Parecería un insulto afirmar que las prostitutas y los publicanos se adelantaran en el Reino de Dios. Pero cuando el orgullo y la presunción se adueñan del corazón, nos alejan de Dios y nos convierten en jueces de los hombres. Así esta parábola nos deja una seria reflexión: ¿Cómo es nuestro sí y nuestro compromiso con Jesús? ¿Cómo nos hemos dejado invadir e influenciar por un mundo de mentira y corrupción? ¿Vivimos en actitud de conversión o nos convertimos en jueces de los hermanos? ¿Quiénes nos preceden ahora en el Reino de Dios?

Dios nuestro, que con un amor siempre fiel acompañas y perdonas a tu pueblo y nos das pruebas delicadas de tu misericordia, apiádate de nosotros, pecadores, para que no caigamos en la tentación de la mentira, sino que nos mantengamos fieles a tu amor y a tu bondad. Amén.

Monseñor Enrique Díaz Díaz
Obispo Mexicano

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mateo 21, 28-32 )
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos… todos!

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: – ¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: ´Hijo, ve hoy a trabajar en la viña`…”

Hemos dado un pequeño salto en el evangelio de Mateo y nos situamos en el capítulo 21. El contexto en el que se encuentra esta parábola es de tensión y peligro. Después del discurso comunitario, Jesús inicia su viaje definitivo hacia Jerusalén para afrontar su destino.

En Jerusalén, Jesús se convierte en motivo de conflicto. Por un lado, el pueblo lo acoge con júbilo. Por otro lado, los sumos sacerdotes y escribas lo critican. La situación se va tensando, al punto que Jesús debe pasar la noche fuera de la ciudad. En Jerusalén Jesús realiza una acción sorprendente: la expulsión de los vendedores del templo y, al día siguiente, maldice una higuera, símbolo de la ciudad de Jerusalén y su templo: árbol sin fruto, solo con hojas.

Mientras está hablando llegan los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo para discutir con Él. Es a ellos a quienes Jesús les dice la parábola de hoy. El relato tiene un fuerte carácter de interpelación (“Qué os parece a vosotros”) y enormemente paradójico (“los malos, publicanos y prostitutas, van por delante de los “buenos”, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, hacia el Reino de Dios).

Estamos llamados a trabajar en la viña. Estamos llamados a vivir siguiendo a Jesús, el Maestro. Seguirlo en comunidad, en Iglesia. Sin renegar ni descafeinar en nada su mensaje de esfuerzo, humildad, comunión y entrega, su mensaje ¡de Cruz! Un mensaje que casi siempre choca con nuestros intereses y deseos. Y ahí es donde queremos mirar: a Jesús que no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que se abajó, se hizo nada para enseñarnos a vivir y servir, a servirnos unos a otros. Jesús es nuestro ejemplo para gloria de Dios Padre, para la vida del hombre.

¡Gracias, amigos todos de Santa María… por responder un curso más a la invitación que nos hace Dios a trabajar en su viña! ¡Gracias, especialmente, a los 60 niños que con tanto gusto y respeto han sabido celebrar su Primera Comunión en estas semanas! ¡Gracias, también a los padres y catequistas que, a pesar de tan grande dificultad que nos rodea, han puesto todo su empeño en ello! Y a ti, Señor… ¡Gracias, sobre todo, por tu inmensa bondad con esta comunidad nuestra de Santa María!

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