Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 12.9.2021, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”

El contenido de esta profesión de fe constituye el tema central de la fe cristiana: reconocer que Jesús es el “Mesías”, término hebreo que corresponde al griego “Cristos” y significa ungido o consagrado, es decir, elegido para realizar la misión de hacer presente en la tierra el reino de Dios –o sea el poder misericordioso y salvador de Dios que es Amor–. Los profetas del Antiguo Tes-tamento habían anunciado la promesa de un Salvador que sería ungido por Dios mismo como liberador del pueblo de Israel después de las experiencias dolorosas del destierro y de la opresión sufrida durante las distintas dominaciones extranjeras. Por eso existía en tiempo de Jesús la espe-ranza en un Mesías guerrero que recobraría el poder político derrotando al imperio romano. Y esta es precisamente la razón por la cual Jesús, después de ser reconocido por Pedro como el Cristo o Mesías, “les prohibió que se lo dijeran a otros”: para que no se confundiera su misión con la de un líder político. Este tipo de liderazgo era el que anhelaban muchos, por lo cual no les cabía en la cabeza a los discípulos de Jesús que Él les hablara de su pasión y muerte, aunque agregara la resurrección. Y por eso mismo Pedro se resiste a aceptar este anuncio.

Las palabras de Jesús ante la reacción de Pedro parecen a primera vista muy duras al llamarlo “Sa-tanás”, palabra proveniente del hebreo que significa adversario y corresponde al grie-go diábolos, es decir, el que se opone a la voluntad de Dios. Pero lo que quiere decir este apelati-vo es que, al resistirse Pedro a aceptar la pasión y muerte de Aquel a quien acababa de reconocer como el Mesías, ya no estaba siendo inspirado por Dios –o por el buen espíritu–, sino movido espíritu del mal, a cuyas tentaciones había tenido que enfrentarse Jesús en el desierto inmediata-mente antes del comienzo de su vida pública.

“Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz …”
Esta exhortación de Jesús es diametralmente contraria a la tentación de una vida sin esfuerzo y un éxito fácil. Por eso, si queremos ser de verdad seguidores de Cristo, tenemos que identificarnos con Él: salir cada cual de sí mismo renunciando a toda forma de egoísmo, para ponerse al servicio del Reino de Dios, reino de justicia, de amor y de paz, hasta las últimas consecuencias.

En la primera lectura, el libro que lleva el nombre de Isaías (50, 5-9) anuncia al Mesías no como un rey terreno que domina, sino como el servidor sufriente que se somete al dolor sin oponer re-sistencia. Los textos proféticos del libro de Isaías que, como este, son llamados “poemas del sier-vo de Yahvé” o del servidor de Dios, nos ofrecen un relato anticipado de la pasión redentora del Mesías prometido, la misma que Jesús les anuncia a sus discípulos inmediatamente después de la profesión de fe de Pedro.

Ahora bien, la pasión de Jesucristo y su muerte en la cruz no son presentadas por los Evangelios para que las contemplemos pasivamente, sino para que nos identifiquemos con Aquél que dio su vida por toda la humanidad, y nos dispongamos también a realizar el Reino de Dios mediante una actitud de servicio, a imagen y semejanza del mismo Jesús, quien diría más adelante también a sus discípulos después del segundo y del tercer anuncio de su pasión: “el Hijo del hombre –como solía llamase Él a sí mismo– no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10, 45).

“¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras?”
Expresar nuestra fe en Jesu-Cristo implica demostrarla con las obras. Esta relación indisoluble entre el reconocimiento de Jesús y la realización de sus enseñanzas es precisamente la que nos plantea la segunda lectura, tomada de la Carta de Santiago (2, 14-18). El ejemplo que ilustra este planteamiento es muy claro: ante la situación de quien carece de ropa y alimento, no basta con decir “que les vaya bien, vístanse y aliméntense”, sino que es preciso hacer algo para ayudar a resolver el problema.

¿Cómo es nuestra relación entre la fe por la que reconocemos a Jesús como el Cristo, y las obras con las que podemos mostrar que este reconocimiento es sincero? En definitiva, lo que cuenta son las obras. Por eso dice Santiago: “muéstrame tu fe sin las obras, que yo, con las obras, te probaré mi fe”. En la eternidad nos llevaremos sorpresas. Muchos que recitaban el Credo, pero sin llevar a la práctica lo que significa, no habrán logrado la felicidad. En cambio, quienes realizaron con sus obras más que con sus palabras lo que significa creer en Dios, que es creer en el Amor, alcanzarán la salvación prometida a quienes renunciaron al egoísmo para promover una sociedad más justa y más solidaria con los que sufren. Y por lo mismo, muchos ateos o agnósticos, si sus obras fueron acordes con la voluntad de Dios que es voluntad de Amor, lograrán le felicidad eterna. Porque quienes niegan a Dios o dudan de su existencia, lo que suelen rechazar es una falsa imagen de Él; pero si sus obras son rectas, cumplen de hecho la voluntad de Dios, aunque no profesen con pala-bras un credo religioso.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

SALMO
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R/.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.» R/.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

COMENTARIO
¿Quién es Jesús para mí?

En el esquema literario que se ha planteado Marcos, justamente en la mitad de su Evangelio, sitúa la escena que acabamos de escuchar. Jesús ya sabe que su tarea misionera tiene «fecha de cadu-cidad», pues va notando las distintas reacciones a su presencia y a su mensaje. Y decide hacer como un «balance general», planteando a los discípulos una pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? Que es algo así como si les preguntara: «¿Vosotros pensáis que la gente se está enterando de algo?».

Yo tengo la impresión de que esta pregunta le importa menos a Jesús que la siguiente: «¿Y voso-tros?». Y tengo esa impresión porque Jesús tiene una inquietud lógica: «El día que yo falte, estos serán los que me tomen el relevo. ¿Qué contarán a las gentes? ¿Qué les dirán de mí?». En defini-tiva: ¿Qué han comprendido de mí?.

Por una parte, cabría esperar que quienes pasan tanto tiempo con Jesús en público y en privado… se hayan enterado mejor que «la gente» de la identidad y las pretensiones de Jesús. Pero ya he-mos visto que…¡no! Precisamente Pedro, en el nombre de los Doce, dejar ver que sus intereses, ideas, proyectos y pretensiones… condicionan su percepción. Suele decirse que no vemos las co-sas como son, sino como somos nosotros. Y Pedro ha dado una «definición» correcta sobre Jesús, sí. Pero el contenido de la definición, lo que se esconde detrás de sus palabras… está bastante lejos de los planes de Jesús, provocando que el Maestro se enfade.

Es decir: que los que nos consideramos «cercanos», compañeros, y discípulos de Jesús tenemos el serio peligro de no captar el auténtico proyecto, las pretensiones, la identidad de Jesús de Naza-reth… y sin embargo estar convencidos de que estamos en la verdad.

Al meditar esta escena evangélica… esta vez he sentido una llamada a dar mi respuesta personal a esta pregunta. Da un cierto pudor, pero la fe siempre ha sido un asunto de compartir, de contrastar, de vivirla con otros. Parafraseando a San Agustín: «Soy sacerdote para vosotros, y soy cristiano con vosotros». Y como cristiano, sin pretender dar lecciones, y tomando nota de la metedura de pata de Pedro… os comparto algunas cosas de las que digo y vivo:

     Þ Lo primero de todo es la convicción de que no lo conozco bien todavía, soy siempre un aprendiz, un buscador. Si nunca se puede decir de otra persona «te conozco de sobra», ni siquiera de uno mismo, mucho menos se puede decir del Señor.  Me ha ayudado el estudio bíblico y teoló-gico, claro. Y lo que enseña la Iglesia. Pero sobre todo me ha ayudado mi caminar cada día, mi pro-pia experiencia personal... y los cuestionamientos y experiencias personales de los herma-nos. Escuchar, confesar, acompañar, dialogar con personas muy distintas le hace a uno repensar, revisar, replantear cosas que parecían asentadas y claras.

Recuerdo a un grupo de matrimonios con los que me reunía para tratar temas, experiencias e in-quietudes sobre la fe y la vida. No pocas veces querían saber mi opinión sobre lo que se estaba tratando, y me preguntaban. Y yo empezaba a responder… Un amigo del grupo solía darme una patada por debajo de la mesa, y me decía: No te hemos preguntado lo que «piensas» tú, o la Iglesia o lo que dice el Catecismo. Te preguntamos «¿esto cómo lo vives tú?». «Nos ayuda más saber tu vivencia (aunque sea pobre y limitada) que las ideas».. Y… ¡a menudo me costaba responder! Uno se pone en el rol de cura y tiene salidas y respuestas para todo. Pero si uno tiene que hablar desde sí mismo… Aprendí mucho de esas «patadas» por debajo de la mesa.

     Þ Me marcó mucho la experiencia del Apóstol San Pablo. Una frase que encontré en una de sus Cartas en los comienzos de mi formación como seminarista se me grabó muy dentro: «Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en mí... y vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí». Sentí que había ahí una clave «para mí». Era el reto de descubrir una Presencia interior que me acompaña y que quiere ir tomando posesión de todos los aspectos de mi vida... de modo que Él pueda actuar a través de mí. Se trata de una tarea interminable, para toda la vida. Y en ese «por mí» había un ofrecimiento generoso e incondicional suyo que aguardaba mi respuesta de amor y entrega. Él había entrado en mi vida, me llamaba y me acompaña desde en-tonces, aunque queden ámbitos de mi vida de los que aún no ha logrado apropiarse.

     Þ Mi trabajo pastoral y educativo me llevó a descubrir a Jesús como «el hombre de los en-cuentros». Esa capacidad que él tenía de acoger, sanar, reintegrar, defender, valorar, animar, com-prender, salir a buscar... a tantos como se cruzaban en el camino. La vida con sentido, la vida feliz, tiene que ver con el irse «llenando el corazón de nombres» (P. Casaldáliga) ... y dejando un poco de ti en el corazón de otros.

     Þ Me he sentido no pocas veces comprendido y perdonado por él, cuando yo me hacía mil reproches y me sentía culpable de caer en las mismas cosas una y otra vez. Y eso me ha enseñado a ayudar a los demás a que no se machaquen por sus errores y pecados, a que no se juzguen con tanta dureza, a ofrecerles de su parte misericordia, y animarles a encontrar caminos nuevos, sanar heridas.... Es que lo importante no es que seamos «perfectos», sino que, con imperfecciones in-cluidas, nos empeñemos en el amor... que es el centro del Evangelio.

Þ Me encanta poder sentarme con él a la Mesa de la Acción de Gracias y sentirme de su familia, de sus discípulos, hermanarme con los que la comparten conmigo, orar con ellos, por ellos y desde ellos. Y sobre todo recordar que yo también tengo que ser pan que se parte, cuer-po/persona que se entrega, renovando en las Eucaristías ese «Cristo vive en mí» que tan grabado se me quedó.

     Þ El Jesús que yo vivo y «digo» con mi vida es un creador de comunidad. Él no quiso reco-rrer su camino misionero en solitario, y dedicó mucha atención y esfuerzos a crear «gru-po/comunidad» de hermanos. Este es para mí hoy un gran reto, pues nuestra cultura y nuestra vivencia del seguimiento de Jesús es a menudo demasiado solitaria, individualista, «por libre», cada uno como puede. Y me resulta muy difícil. No me falta la inquietud por buscar a quienes deseen, necesiten, busquen compartir vida y fe con otros. No sé cuáles serían hoy los caminos más ade-cuados para convocar, ilusionar, contagiar ganas de construir comunidades de fe y vida. Y le sigo dando vueltas, porque pocas veces lo he conseguido.

     Þ Para más decir, el pasado viernes, con motivo de nuestro Capítulo General, el Papa Fran-cisco nos hizo estas recomendaciones:

Que es importante pensar en una vida de oración y contemplación que nos permita hablar, como amigos, cara a cara con el Señor y contemplar el Espejo, que es Cristo, para que nos convirtamos en espejo para los demás”. Nos advirtió del enorme riesgo que supone la mundanidad espiritual y en la necesidad de guardar el sentido del humor. Que nuestra mi-sión debe ser desde la cercanía y la proximidad. «No os olvidéis cuál es el estilo de Dios: proximidad, compasión y ternura. Así actuó Dios desde que eligió a su pueblo hasta el día de hoy. Y también nos ha pedido no ser pasivos ante los dramas que viven muchos de nuestros contemporáneos, sino que nos juguemos el tipo en la lucha por la dignidad huma-na, y por el respeto por los derechos fundamentales de la persona. Que seamos hombres de la esperanza que no conoce miedos, porque en nuestra fragilidad se manifiesta la fuerza de Dios.

Totalmente de acuerdo. Se ve que nos conoce bien. Y creo que estas palabras no son exclusivas para los Claretianos.
En fin, estas son algunas de las cosas que digo sobre «Jesús». Incompletas, imperfectas, con dudas, con dolor, no siempre con coherencia, y más veces son deseos que hechos. Pero siempre ilusionado y dispuesto a seguir aprendiendo y madurando. Ojalá que el Señor nunca me tenga que dar un tirón de orejas, como a Pedro, por pretender tenerlo claro, o encerrarle o adaptar-lo a mis esquemas es intereses particulares. Y convencido de que hoy más que nunca necesitamos compartir fe, vida, oración, camino… porque Jesús no sobra en este siglo XXI. Puede que sobren palabras, inercias, modos más propios de otros tiempos…. pero no sobra Jesucristo ni sobran los testimonios personales sobre Jesús, esas«obras» de las que hablaba hoy el apóstol Santiago.

         Y os dejo una tarea (de comienzo de curso): QUE CADA UNO RESPONDA A ESTA PREGUNTA DEL MAESTRO. Le interesa, le importa. Aunque cueste. ¡Y vaya si cuesta! A mí hoy me ha costado!

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 8, 27-36)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este fragmento de Marcos forma parte de la sección central del conjunto de la obra. Tiene una función literaria y teológica muy importante ya que a partir de aquí el evangelio da un giro rotundo. Si la primera parte está fundamentalmente dedicada a exponer el éxito de la misión de Jesús, en lo que sigue el capítulo 8 el centro lo va a ocupar la peculiar manera en la que Jesús entiende su mesianismo: asumiendo las resistencias humanas, el rechazo y el conflicto que suscita en muchos su evangelio; un mesianismo, por tanto, que no será glorioso ni exitoso en el plano político y social, sino todo lo contrario.

Los anuncios de la pasión, de los cuales tenemos en el texto de hoy el primero, están destinados precisamente a instruir a los discípulos sobre el difícil destino de Jesús.

Pedro no acepta la visión que tiene Jesús de su mesianismo, y se atreve incluso a recriminar al Maestro. Jesús reacciona con contundencia. La expresión “ponte detrás de mí” remite a la escena de la llamada a los primeros discípulos (Mc 1, 17-20).

La vocación de Pedro debe ser renovada a la luz del horizonte de fracaso y de muerte que se presenta. Debe aceptar el camino elegido por Jesús, dispuesto a entregar la propia vida por ser fiel al proyecto de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

PLEGARIA PARA LA SEMANA
Jesús de Nazaret

¿Cómo dejarte ser solo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz desnudas,
contradicción y paz. ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada.

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

                                       Pedro Casaldáliga

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Valoración*