eucaristia

Hoja Parroquial 1190 Eucaristía del 10.11.2019, Domingo XXXII del Tiempo Ordinario

ES UN DIOS DE VIVOS
Lc 20,27-38

“Dios te espera,
te abraza, y si no te sabes el camino,
te va a buscar”

Papa Francisco

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los MACABEOS 7,1-2.9-14

En aquellos días, sucedió que arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
Uno de ellos habló en nombre de los demás:
–¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.
El segundo, estando a punto de morir, dijo:
–Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Después se burlaron del tercero. Cuando le pidieron que sacara la lengua, lo hizo en seguida, y presentó las manos con gran valor. Y habló dignamente:
–Del Cielo las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.
Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba a la muerte, dijo:
–Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la esperanza de que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (16,1.5-6.8 y 15)
R: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los TESALONICENSES 2,16-3,5

Hermanos:
Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.
Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada, como lo fue entre vosotros, y para que nos veamos libres de la gente perversa y malvada, porque la fe no es de todos.
El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.
En cuanto a vosotros, estamos seguros en el Señor de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos mandado.
Que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciencia en Cristo.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo es el primogénito de entre los muertos;
a él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 20,27-38

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
–Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer.
Jesús les dijo:
–En este mundo hombres se casan y mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán, ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de  la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.

COMENTARIO
¿ES RIDÍCULA LA ESPERANZA?
para Él todos están vivos
Lc 20,27-38

Los saduceos no gozaban de popularidad entre las gentes de las aldeas. Eran un sector compuesto de familias ricas pertenecientes a la elite de Jerusalén, de tendencia conservadora, tanto en su manera de vivir la religión como en su política de buscar un entendimiento con el poder de Roma. No sabemos mucho más.

Lo que podemos decir es que «negaban la resurrección». La consideraban una «novedad» propia de gente ingenua. No les preocupaba la vida más allá de la muerte. A ellos les iba bien en esta vida. ¿Para qué preocuparse de más?

Un día se acercan a Jesús para ridiculizar la fe en la resurrección. La presentan en caso absolutamente irreal, fruto de su «fantasía machista». Le hablan de siete hermanos que se han ido casando sucesivamente con la misma mujer, para asegurar la continuidad del nombre, el honor y la herencia a la rama masculina de aquellas poderosas familias saduceas de Jerusalén. Es de lo único que entienden.

Jesús critica su visión de la resurrección: lo ridículo es pensar que la vida definitiva junto a Dios vaya a consistir en reproducir y prolongar la situación de esta vida y, en concreto, de esas estructuras patriarcales de las que se benefician los varones ricos.

La fe de Jesús en la otra vida no consiste en algo tan ridículo e injusto: «El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no es un Dios de muertos sino de vivos». Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo sus criaturas; Dios no vive por toda la eternidad rodeado de muertos. Tampoco puede imaginar que la vida junto a Dios consista en perpetuar las desigualdades, injusticias y abusos de este mundo.

Cuando se vive de manera frívola y satisfecha, disfrutando del propio bienestar y olvidando a quienes no saben lo que es vivir, es fácil pensar sólo en esta vida. Puede parecer hasta ridículo alimentar otra esperanza.

Cuando se comparte un poco el sufrimiento de las mayorías pobres, las cosas cambian: ¿qué decir de los que mueren sin haber conocido el pan, la salud ni el amor?, ¿qué decir de tantas vidas malogradas o sacrificadas injustamente? ¿Es ridículo alimentar la esperanza en Dios?

Ed.  BUENAS NOTICIAS

FORMACIÓN
Sin ti no hay presente.
CONTIGO hay futuro.

Queridos hermanos y hermanas: como todos los años, en el segundo domingo del mes de noviembre, celebramos la Jornada de la Iglesia Diocesana, que nos recuerda con su lema que «Somos una gran familia contigo». Una familia en la que cada miembro cuenta y está llamado a dar y a compartir cuanto es y cuanto tiene para enriquecer a todos. Dios, Padre de esta gran familia, no nos ha pensado como islas, sino como un cuerpo vivo, donde cada miembro recibe de los demás y aporta a todos.

Acabamos de celebrar, junto con toda la Iglesia, el mes extraordinario misionero. Aquí, en Madrid, estamos poniendo en marcha el Plan Diocesano Misionero, que quiere ser el instrumento con el que seguir concretando y llevando a la práctica las muchas propuestas que los grupos hicieron tras los trabajos del Plan Diocesano de Evangelización. Caminemos como esa comunidad que comparte una misma fe, a la que le mueve la misma esperanza y está unida por una misma caridad, unidos profundamente a Jesucristo.

Hoy os quiero invitar a colaborar económicamente en el sostenimiento de la Iglesia diocesana. La Iglesia que vive en Madrid «somos una gran familia», las comunidades cristianas que la forman son diversas, con situaciones y necesidades diferentes. Ayudémonos unos a otros. Mostremos con obras que somos una gran familia.

Este gesto que hoy os pido, tan sencillo pero tan necesario, de contribuir a sostener la Iglesia diocesana, es un gesto de fe, de esperanza y de amor, al que la Iglesia quiere servir con la contribución generosa de cada uno de sus miembros. Es un gesto de caridad, porque estamos mostrando que nuestro amor se traduce en obras, porque lo único que cuenta es saber que somos hermanos y que nos ocupamos los unos de los otros.

Gracias por cuanto ya hacéis. Os invito a renovar la alegría de creer, que es la que nos ha de seguir empujando para continuar dando el testimonio que el mundo necesita.

Que la santísima Virgen María en su advocación de la Almudena, nos mueva a dar una respuesta generosa a esta petición que os hago en la Jornada de la Iglesia Diocesana.

Con gran afecto os bendice.
† Carlos Osoro Sierra
Cardenal Arzobispo de Madrid

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