eucaristia

Hoja Parroquial 1183 Eucaristía del 22.9.2019, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO
Lc 16, 1-13

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad,
todo mi haber y mi poseer vos me lo disteis
a vos Señor lo torno, todo es vuestro.
Disponed de todo a vuestra voluntad,
 dadme vuestro amor y gracia
que ésta me basta

San Ignacio de Loyola

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de AMÓS 8, 4-7

Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva,
para que podamos vender el grano,
y el sábado, para abrir los sacos de cereal
–reduciendo el peso y aumentando el precio,
y modificando las balanzas con engaño–
para comprar al indigente por plata
y al pobre por un par de sandalias;
para vender hasta el salvado del grano».
El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob:
«No olvidaré jamás ninguna de sus acciones».

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (112, 1b-2. 4-6.7-8.)
R: Alabad al Señor, que alza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol  San Pablo a TIMOTEO 2,1-8

Querido hermano:
Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.
Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol —digo la verdad, no miento—, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre
para enriqueceros con su pobreza.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
«¿Qué es eso que estoy oyendo de tí? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando».
El administrador se puso a decir para sí:
«¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa».
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:                                  

«¿Cuánto debes a mi amo?».
Este respondió:
«Cien barriles de aceite».
Él le dijo:
«Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta».
Luego dijo a otro:
«Y tú, ¿cuánto debes?».
Él contestó:
«Cien fanegas de trigo».
Le dice:
«Toma tu recibo y escribe ochenta».
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son mas astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quien os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

COMENTARIO
CRISTIANISMO IMPOSIBLE
No podéis servir…
Lc 16,1-13

Jesús era ya adulto cuando Antipas puso en circulación monedas acuñadas en Tiberíades. Sin duda, la monetización suponía un progreso en el desarrollo de Galilea, pero no logró promover una sociedad más justa y equitativa. Fue al revés.

Los ricos de las ciudades podían ahora operar mejor en sus negocios. La monetización les permitía «atesorar» monedas de oro y plata que les proporcionaban seguridad, honor y poder. Por eso llamaban a ese tesoro «mamona», dinero «que da seguridad».

Mientras tanto, los campesinos apenas podían hacerse con algunas monedas de bronce o cobre, de escaso valor. Era impensable atesorar «mamona» en una aldea. Bastante tenían con subsistir intercambiándose entre ellos sus modestos productos.

Como ocurre casi siempre, el progreso daba más poder a los ricos y hundía un poco más a los pobres. Así no era posible acoger el reino de Dios y su justicia. Jesús no se calló: «Ningún siervo puede servir a dos amos pues se dedicará a uno y no  hará caso del otro… No podéis servir a Dios y al Dinero» (mamona). Hay que escoger. No hay alternativa.

La lógica de Jesús es aplastante. Si uno vive subyugado por el dinero pensando sólo en acumular bienes, no puedes servir a ese Dios que quiere una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos.

Sus palabras tuvieron que sacudir la conciencia de quienes le escuchaban. Para ser de Dios, no basta formar parte del pueblo elegido ni darle culto en el templo. Es necesario mantenerse libre ante el Dinero y escuchar su llamada a trabajar por un mundo más humano.

Algo falla en el cristianismo de los países ricos, cuando somos capaces de afanarnos por asegurar y acrecentar más y más nuestro bienestar, sin sentirnos interpelados por el mensaje de Jesús y el sufrimiento de los pobres del mundo. Algo falla cuando somos capaces de vivir lo imposible: el culto a Dios y el culto al Bienestar.

Algo importante falla en la Iglesia de Jesús cuando, en vez de gritar con nuestra palabra y nuestra vida que no es posible la fidelidad a Dios y el culto a la riqueza, contribuimos a adormecer las conciencias, desarrollando una religión burguesa y tranquilizadora.

Ed. Buenas Noticias

FORMACIÓN
Sabiduría de vida
que alcanza el corazón

Ahora que ha comenzado el curso escolar en todos los niveles de enseñanza, conviene recordar que conocer y educar han sido inseparables para establecer un futuro de progreso, de justicia y de paz en nuestro mundo. A través de todos los tiempos, una educación al servicio del hombre y no de las ideas de unos pocos ha ayudado a convivir y ha dejado huellas imborrables en la cultura de todos los pueblos.

La educación es el mejor arte para construir hombres y mujeres libres, conocedores de su verdad. Cuanto más se da una adecuada formación conforme a la naturaleza del hombre, que es un ser abierto y relacional, más sabiduría se le ofrece en todos los aspectos de la vida y en todas las dimensiones que tiene y vive.

Este es un trabajo arduo, sin tregua, constante; es un trabajo como el del jardinero «que pone todos los medios para que la flor florezca también entre piedras». Es un trabajo para el cual no valen ideas preconcebidas, porque de lo que se trata es de servir al hombre y hacerlo sin escamotear ninguna de las realidades que tiene. Ello reclama determinación sin fanatismos, valentía sin exaltación, libertad para reconocer todas las dimensiones –que luego el ser humano verá si cierra o no–, tenacidad con inteligencia… Abrir la vida así supone, ya por principio, decir no a la violencia que destruye, que sea la paz la que nos hace encontrarnos con nosotros mismos y con los demás, y sí a vivir la experiencia de reconciliación con uno y con los otros.

Una educación integral garantiza abrir al ser humano a todas las dimensiones que tiene y da conocimientos y sabiduría. ¿Cómo? Nos permite reconocer y abrir la dimensión trascendente, viéndonos cada uno como una criatura que es de Dios, al que le ha sido dada la libertad incluso para negarlo. No se trata de hacerse dueño de sí mismo y de los demás, no se trata de imponer ideas, sino de reconocer realidades que van mucho más allá. Es verdad que hay unas palabras que para los que creemos tienen una fuerza extraordinaria, pero que son las que garantizan la libertad. Ese compromiso incansable de reconocer, garantizar y reconstruir continuamente y concretamente la dignidad a menudo olvidada o ignorada de quien tengo al lado, para que todos puedan ser protagonistas.

Cuando abandonamos partes de nosotros mismos y no las atendemos o las dejamos en la periferia, estas palabras adquieren más fuerza: «Y en tu sabiduría formaste al hombre, para que dominase sobre las criaturas que tú has hecho y para regir el mundo con santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón» (Sab 9, 1-3). Precisamente, cuando al ser humano se lo reconoce como alguien que viene a este mundo para estar en él sirviendo a los demás con rectitud de corazón, somos capaces de buscar por todos los medios, construir y promover la cultura para la que estamos creados los hombres: la del encuentro. No fuimos creados para la dispersión ni tampoco para el descarte. Sí lo fuimos para vivir ese proceso constante en el que todos se sientan involucrados, en reconocernos en lo que somos, estrechando lazos, con ese corazón que me hace decir a quien veo que es mi hermano. Y con él hago procesos y proyectos que van mucho más allá de las ideas, pues tienden puentes, reconociendo al otro y estrechando lazos, siempre abriendo caminos, buscando metas comunes, valores compartidos, ideas que favorezcan levantar la mirada hacia todos y al servicio de todos.

+Carlos Cardenal Osoro,
Arzobispo de Madrid

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