eucaristia

Hoja Parroquial 1181. Eucaristía del 8.9.2019, Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

SI ALGUNO QUIERE VENIR CONMIGO
Lc 14,25-33

Una señal para descubrir cómo andamos en esto de dar, de renunciar a nuestros bienes, es si nuestro tono vital, en lo cotidiano, se inclina más hacia la queja o hacia el agradecimiento. Nos movemos en ambos polos, pero si predomina la queja es que siento que doy mucho y apenas se me da a cambio, y eso nos vuelve apesadumbrados, nos hace victimizarnos y, en ocasiones, nos trae resentimiento. Hay muchos seguidores de Jesús quejosos. Si se va inclinando hacia la gratitud el fondo de nuestra vida, si con algunos vaivenes ese va siendo nuestro latir profundo, significa que somos conscientes de que si podemos dar es porque antes hemos recibido mucho; y sentimos que nadie nos lo quita, que está en nosotros el no retener, el no quedarnos con nada en la recámara. No elegimos cómo dar la vida; es ella la que nos va eligiendo a nosotros, a través del amor y del dolor.  ¿Descubriremos algún día que estas palabras de Jon Sobrino se hacen verdad?: «Una vida radicalmente libre para servir trae consigo su propio gozo, aun en medio de los horrores de la historia».

Mariola López Villanueva
RSCJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la SABIDURÍA 9,13-18

¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?, o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere?.
Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos; porque el cuerpo mortal oprime al alma, y esta tienda terrena abruma la mente pensativa.
Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, ¿quién rastreará las cosas del cielo?, ¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría, y le envías tu santo espíritu desde lo alto?.
Así se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y se salvaron por la sabiduría.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (89,3-4.5-6.12-13.14 y 17)
R: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tu reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna.

Si tú los retiras
son como un sueño,
como hierba que se renueva,
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a FILEMÓN 9b-10.12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y ahora prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien  engendré en la prisión. Te lo envío como hijo mío.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en nombre tuyo en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.
Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor que un esclavo, como hermano querido, que si lo es mucho para mío, cuánto más para tí, humanamente y en el Señor.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
–Si alguno se viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».
¿O que rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

COMENTARIO
ÍDOLOS PRIVADOS
El que no renuncia a todos sus bienes…
Lc 14, 25-33

Hay algo que resulta escandaloso e insoportable a quien se acerca a Jesús desde el clima de autosuficiencia y afirmación personal del hombre del siglo XX. Jesús es radical a la hora de pedir un adhesión a su persona. El hombre debe subordinarlo todo al seguimiento incondicional a Jesús.

No se trata de un «consejo evangélico» para un grupo cristianos selectos o una élite de esforzados seguidores. Es la condición indispensable de todo discípulo. Las palabras de Jesús son claras y rotundas. «El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

El hombre siente desde lo más hondo de su ser el anhelo la libertad. Y sin embargo, hay una experiencia que se sigue imponiendo generación tras generación: el hombre condenado a ser «esclavo de ídolos». Incapaces de satisfacernos a nosotros mismos, nos pasamos la vida entera buscando algo que responda a nuestras aspiraciones y deseos más fundamentales.

Cada uno buscamos un «dios», algo que nos parece esencial para vivir, algo que inconscientemente convertimos en lo esencial de nuestra vida. Algo que nos domina y se adueña de nosotros profundamente. Paradójicamente, buscamos ser libres, independientes y autónomos, pero, al mismo tiempo, parece que no podemos vivir sin entregarnos a algún «ídolo» que oriente y determine nuestra vida entera.

Estos ídolos son muy diversos. Dinero, salud, éxito, poder, prestigio, sexo, tranquilidad, felicidad a toda costa… Cada uno sabe el nombre de su «dios privado» al que da culto y rinde secretamente su ser.

Por eso, cuando en un gesto de «ingenua libertad» hacemos algo «porque nos da la gana», debemos preguntarnos honradamente qué es lo que en aquel momento nos domina y a quién estamos obedeciendo en realidad.

La invitación de Jesús es provocativa. Sólo hay un camino para acercamos a la libertad y sólo lo entienden los que se atreven a seguir a Jesús incondicionalmente: vivir en obediencia total a un Dios Padre, origen y centro de referencia de toda vida humana, y servir desinteresadamente a los hombres sentidos como hermanos.

Ed. Buenas Noticias

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