eucaristia

Hoja Parroquial 1180. Eucaristía del 1.9.2019, Domingo XXII del Tiempo Ordinario

EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENSALZADO
Lc 14,1.7-14

Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas…
Sigue aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que, en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
¡Pero nunca te detengas!

Madre Teresa de Calcuta

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del ECLESIÁSTICO 3,17-18.20.28-29

Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres y te querrán más que al hombre generoso.

Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor.
Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos.
Porque grande es el poder del Señor   y es glorificado por los humildes.
La desgracia del orgulloso no tiene remedio,  pues la planta del mal ha echado en él sus raices.
Un corazón prudente medita los proverbios, un oído atento es el deseo del sabio.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (67,4-5ac.6-7ab.10-11)
R: Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su nombre;
su nombre es el Señor.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.

Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh, Dios,
preparó para los pobres.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los HEBREOS 12,18-19.22-24a

Hermanos:
No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a miríadas de  ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 14,1.7-14

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
–Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
«Cédele el puesto a este».
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
«Amigo, sube más arriba».
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Y dijo al que lo había invitado:
–Cuando des una comida a una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos.

COMENTARIO
Cuestión de segundos

Querido Fausto.

No quiero meterte prisa; de hecho, nada tiene que ver el título de esta carta con el reloj. Tu carácter tranquilo, tu voz y costumbres parecen estar lejos del ajetreo, las agendas y los relojes. Pones en primer lugar a las personas y su situación concreta, por difícil que sea. Pareces vivir el tiempo como un regalo diario que sólo tiene valor cuando se reparte entre las personas y las tareas que llevas entre manos. Imagino que los años pasados en América del Sur te habrán ayudado a vivirlo así.

En estas líneas me refiero a los otros segundos, a los que van detrás de los primeros. Tú sabes mucho de ellos. Son hombres y mujeres que no se ven, de quienes nos olvidamos pronto; parecen tener un papel intrascendente, o no son aplaudidos. Los segundos son importantes. Muy importantes. Son prueba de humanidad y sino de proyectos comunes. Sin ellos no hay una autentica comunidad; son garantes de pluralidad y manifestación de la igualdad de toda persona. Curiosamente, sin segundos no hay «primeros», lo triste es que encontramos a muchos segundos que quieren ser primeros, y son pocos los primeros que aspiran a segundos.

Sin embargo, el Evangelio nos presenta una ideología de los segundos o, mejor, de los últimos. Son aquellos que no ansian los primeros sillones sino que se sientan «en el último puesto», y no por estrategia, sino por convencimiento. Son los que no aspiran a premios terrenos, porque saben que han hecho «lo que tenían que hacer». Son los niños y los humildes, aquellos que no cuentan y, sin embargo, son quienes «entrarán en el reino de Dios». Son aquellos que se ciñen la toalla y se ponen a lavar los pies, y no por buscar la «foto solidaria». Son los valientes, capaces de «bajarse de su cabalgadura» y detenerse junto al herido, sin prisas, sólo por aliviar al prójimo. Son aquellos que dan de comer al hambriento o beber al sediento, gratis, sin esperar nada a cambio. Son los que no tienen problema de acoger, junto a sí, a los nadies del mundo, a los pecadores y publicanos, a las prostitutas, a los niños… a tantos que nos adelantarán en el reino de los Cielos.

El mismo Jesús, Dios, «no hizo alarde de su categoría», se despojó, se deslindó de las apariencias y se bajó del pedestal divino para entender a los últimos y para recordarnos que toda persona tiene la misma dignidad. Dios se hizo secundo, tercero… último, para poner las cosas en su sitio. No por apariencia, no por estrategia, no por interés. Quemó las naves por las personas, sin esperar nada a cambio. A los segundos, los hizo primeros, a los últimos les aseguró el primer lugar. Sentó en los primeros puestos a quienes estaban despojados de dignidad y de oportunidades. Y, además, nos lo recordó y nos lo recuerda: no ambicionéis los mejores puestos, que no sea así entre vosotros, poneos a lavar los pies…

Parece que aún no nos sabemos bien la lección, los primeros asientos aún se cotizan caros. También en la Iglesia. ¡Cuánto nos queda por aprender!

Santiago Aparicio

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