eucaristia

Hoja Parroquial 1178. Eucaristía del 18.8.2019, Domingo XX del Tiempo Ordinario

He venido a prender fuego a la tierra
Lc 12,49-53

Oración por la Paz

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado,
cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo
como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado.
Y es muriendo como se resucita a la vida eterna.

San Francisco de Asís

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de JEREMÍAS 38,4-6.8-10

En aquellos días, los dignatarios dijeron al rey:
–Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues con semejantes discursos está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente. Ese hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia.
Respondió el rey Sedecías:
–Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros.
Ellos se apoderaron de Jeremías y lo metieron en el aljibe de Malaquías, príncipe real, en el patio de la guardia, descolgándolo con sogas. Jeremías se hundió en el lodo del fondo, pues el aljibe no tenía agua.
Ebedmelek abandonó del palacio, fue al rey y le dijo:
–Mi rey y señor, esos hombres han tratado injustamente al profeta Jeremías, arrojándolo al aljibe, donde sin duda morirá de hambre, pues no queda pan en la ciudad.
Entonces el rey ordenó a Ebedmelek el cusita:
–Toma tres hombres a tu mando y sacad al profeta Jeremías del aljibe, antes de que muera.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (39.2.3.4.18)
R: Señor, date prisa en socorrerme

Yo esperaba con ansia al Señor,
él se inclinó y escuchó mi grito.

Me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos.

Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el Señor.

Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no tardes.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los HEBREOS 12,1-4

Hermanos:
Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y el pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 12,49-53

En aquel tiempo, dijo  Jesús a sus discípulos:
–He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuanto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!.
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra?. No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

COMENTARIO
FUEGO DE AMOR
He venido a prender fuego…
Lc 12,49-53

Da miedo utilizar la palabra «amor». Ha quedado tan prostituida que el amor es hoy una especie de «cajón de sastre» en el que cabe todo: lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. No digamos nada si hablamos de «caridad». Sin embargo, el amor verdadero está en la fuente de cuanto ilumina y enardece nuestro ser. El amor hace crecer, da vigor y sentido a nuestro vivir diario, nos recrea.

Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.

El amor está en el centro del evangelio, no como una ley a cumplir disciplinadamente, sino como un «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la tierra más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el profeta de Galilea, Dios está cerca buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia del Dios amante que no habla de venganza sino de amor apasionado y de justicia fraterna es lo más esencial del Evangelio.

Jesús sentía esta presencia secreta en la vida cotidiana: el mundo está lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando  la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús soñaba con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad buscando apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.

El gran pecado de los discípulos de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague. Sustituir el ardor del amor por doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (Tillich), el  alumbramiento de un nuevo hombre movido radicalmente por el fuego del amor y de la justicia.

Quien no se ha dejado quemar o calentar por ese fuego no conoce todavía lo que Jesús quiso traer a la tierra. Practica la religión pero no ha descubierto lo más apasionante del mensaje evangélico.

Ed. Buenas Noticias

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