eucaristia

Hoja Parroquial 1176. Eucaristía del 4.8.2019, Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

¡INSENSATO!
Lc 12,13-21

Hay dos dinámicas que atraviesan el evangelio: la dinámica del acumular, del retener, del apropiarse…, que lleva a la necedad, y aquella que tiene que ver con el ofrecer, con el dar, con el hacerse don. Desde los comienzos la bendición de Dios es disputada, y las historias sobre hermanos enfrentados por la herencia atraviesan la Biblia y también la vida real. Es triste comprobar cuántas relaciones se frustran y enquistan por temas de bienes. Nos proyectamos hacia delante a través de nuestras posesiones, al igual que el hombre rico de la parábola, como si aquello que queremos retener nos diera futuro y seguridad. Se nos va la vida en acumular: reconocimiento, elogios, logros… Pero el valor de una persona no está en su éxito social; todo se nos puede retirar de un día para otro. Como decía Etty Hillesum «La grandeza de un ser humano, su verdadera riqueza, no está en lo que se ve, sino en lo que lleva en su corazón…, en lo que le queda una vez extinguido lo que le confería brillo exterior. ¿Qué le queda? Sus recursos íntimos y nada más».

Mariola López Villanueva
RSCJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del ECLESIASTÉS 1,2; 2,21-23

¡Vanidad de vanidades!, –dice Qohélet– ¡Vanidad de vanidades; todo es vanidad!.
Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave dolencia.
Entonces ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?
De día su tarea es sufrir y penar; de noche no descansa su mente. También esto es vanidad.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (89,3-4.5-6.12-13.14 y 17)
R: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tu reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna.

Si tú los retiras son como un sueño,
como hierba que se renueva;
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los COLOSENSES 3,1-5.9-11

Hermanos:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto,; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
¡No os mintáis unos a otros!: os habéis despojado del hombre viejo, con sus obras, y os habéis revestido de la nueva condición que, mediante el reconocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 12,13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
–Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le dijo:
–Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?.
Y les dijo:
–Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
–Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
«¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha».
Y se dijo:
«Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente».
Pero Dios le dijo:
«Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?»
Así es el que atesora riquezas para sí y no es rico ante Dios.

COMENTARIO
DESENMASCARAR LA INSENSATEZ
crisis de ambición…
Lc 12, 13-21

El protagonista de la pequeña parábola del “rico insensato” es un  terrateniente como aquellos que conoció Jesús en Galilea. Hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, pensando sólo en aumentar su bienestar. La gente los temía y envidiaba: sin duda eran los más afortunados. Para Jesús, son los más insensatos.

Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se ve obligado a reflexionar: «¿Qué haré?». Habla consigo mismo. En su horizonte no aparece nadie más. No parece tener esposa, hijos, amigos ni vecinos. No piensa en los campesinos que trabajan sus tierras. Sólo le preocupa su bienestar y su riqueza: mi cosecha, mis graneros, mis bienes, mi vida…

El rico no se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Sólo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material: «Construiré graneros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come y date buena vida».

De pronto, de manera inesperada, Jesús le hace intervenir al mismo Dios. Su grito interrumpe los sueños e ilusiones del rico: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Ésta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es un fracaso y una insensatez.

Agranda sus graneros, pero no sabe ensanchar el horizonte de su vida. Acrecienta su riqueza, pero empequeñece y empobrece su vida. Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, sólo acaparar. ¿Qué hay de humano en esta vida?

La crisis económica que estamos sufriendo es una “crisis de ambición”: los países ricos, los grandes bancos, los poderosos de la tierra… hemos querido vivir por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular bienestar sin límite alguno y olvidando cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre. Pero, de pronto nuestra seguridad se ha venido abajo.

Esta crisis no es una más. Es un “signo de los tiempos” que hemos de leer a la luz del evangelio. No es difícil escuchar la voz de Dios en el fondo de nuestras conciencias: “Basta ya de tanta insensatez y tanta insolidaridad cruel”. Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar.

Ed. Buenas Noticias

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