eucaristia

Hoja Parroquial 1175. Eucaristía del 28.7.2019, Domingo XVII del Tiempo Ordinario

¡Señor, enséñanos a orar!
Lc 11,1-13

Dios Padre Bueno y Misericordioso,
te damos Gracias y te bendecimos
porque tu Palabra enriquece nuestra vida
y porque Tú nos permites acogerla
en el interior de nuestro corazón
a pesar de las dificultades y los problemas
que surgen en nuestro camino de cada día.

Dios Padre nuestro, bendícenos a diario
con tu Presencia a través de tu Palabra.
Que tu Palabra de Vida, Dios nuestro,
llegue a nuestro corazón, lo alimente
y lo fortalezca cada día de nuestra vida
para que dé frutos abundantes en medio del mundo.

Que tu Palabra nos llene de ánimo y esperanza
para comunicarla a cada uno de nuestros hermanos,
para que Ella llegue a todo el mundo,
y esté presente en el interior de cada persona.
Ayúdanos Tú, Dios Padre^Bueno y Misericordioso,
a ser constantes en la oración con tu Palabra de Vida
y a esperar con paciencia los frutos necesarios
que Tú, Dios nuestro, quieras regalamos cada día.

Amén.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del GÉNESIS 18,20-32

En aquellos días, el Señor dijo:
–El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré.
Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.
Abrahán se acercó y le dijo:
–¿Es que vas a destruir al inocente por el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡Lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?
El Señor contestó: –Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.
Abrahán respondió:
–Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?
Respondió el Señor: –No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.
Abrahán insistió:
–Quizá no se encuentren más que cuarenta.
Le respondió:
–En atención a los cuarenta, no lo haré.
Abrahán siguió: –Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?
–No lo haré, si encuentro allí treinta.
Insistió Abrahán: –Me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran sólo veinte?
Respondió el Señor:
–En atención a los veinte, no la destruiré.
Abrahán continuó: –Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?
Contestó el Señor:
–En atención a los diez, no la destruiré.

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (137,1-2a.2bc-3.6-7 ab.7c-8)
R: Cuando te invoqué me escuchaste, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario.

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo.

Y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los COLOSENSES 2,12-14

Hermanos: Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos.
Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne, os vivifico con él.
Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 11,1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
–Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo:
–Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no  nos dejes caer en la tentación».
Y les dijo: –Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Y, desde dentro, el aquel responde: «No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos»; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo  dará el Espíritu Santo a los que le piden?

TEMA DE FORMACIÓN
TRES LLAMADAS DE JESÚS
recibir el aliento del Padre..
Lucas 11, 1-13

«Yo os digo: Pedid y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad y se os abrirá». Es fácil que Jesús haya pronunciado estas palabras cuando se movía por las aldeas de Galilea pidiendo algo de comer, buscando acogida y llamando a la puerta de los vecinos. Él sabía aprovechar las experiencias más sencillas de la vida para despertar la confianza de sus seguidores en el Padre Bueno de todos.

Curiosamente, en ningún momento se nos dice qué hemos de pedir o buscar ni a qué puerta hemos de llamar. Lo importante para Jesús es la actitud. Ante el Padre hemos de vivir como pobres que piden lo que necesitan para vivir, como perdidos que buscan el camino que no conocen bien, como desvalidos que llaman a la puerta de Dios.

Las tres llamadas de Jesús nos invitan a despertar la confianza en el Padre, pero lo hacen con matices diferentes. «Pedir» es la actitud propia del pobre. A Dios hemos de pedir lo que no nos podemos dar a nosotros mismos: el aliento de la vida, el perdón, la paz interior, la salvación. «Buscar» no es solo pedir. Es, además, dar pasos para conseguir lo que no está a nuestro alcance. Así hemos de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia: un mundo más humano y digno para todos. «Llamar» es dar golpes a la puerta, insistir, gritar a Dios cuando lo sentimos lejos.

La confianza de Jesús en el Padre es absoluta. Quiere que sus seguidores no lo olviden nunca: «el que pide, está recibiendo; el que busca, está hallando y al que llama, se le abre». Jesús no dice que reciben concretamente lo que están pidiendo, que encuentran lo que andan buscando o que alcanzan lo que gritan. Su promesa es otra: a quienes confían en él, Dios se les da; quienes acuden a él, reciben «cosas buenas».

Jesús no da explicaciones complicadas. Pone tres ejemplos que pueden entender los padres y las madres de todos los tiempos. «¿Qué padre o qué madre, cuando el hijo le pide una hogaza de pan, le da una piedra de forma redonda como las que pueden ver por los caminos? ¿O, si le pide un pez, le dará una de esas culebras de agua que a veces aparecen en las redes de pesca? ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión apelotonado de los que se ven por la orilla del lago?

Los padres no se burlan de sus hijos. No los engañan ni les dan algo que pueda hacerles daño sino «cosas buenas». Jesús saca rápidamente la conclusión: «Cuánto más vuestro Padre del cielo dará su Espíritu Santo a los que se lo pidan». Para Jesús, lo mejor que podemos pedir y recibir de Dios es su Aliento que sostiene y salva nuestra vida.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

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