eucaristia

Hoja Parroquial 1172. Eucaristía del 7.7.2019, Domingo XIV del Tiempo Ordinario

¡DESCANSARÁ SOBRE ELLOS VUESTRA PAZ!
Lc 10,1-12.17-20

Empieza otro nuevo curso cargado de ilusiones, propósitos y cierta incertidumbre… que se queda en pequeña cuando recordamos, llenos de confianza, que somos enviados, y que quien nos envía es el mismo Dios.

Dios nos envía a contagiar. Para ello, os recuerdo tres realidades estupendas que marcan nuestra vida de discípulos: Dios llama. Dios sorprende. Dios ama. Dios llama… Todas las mañanas, nos busca allí donde estamos y nos invita a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte.

Cuando la llamada de Jesús es la que orienta nuestra vida, el corazón se rejuvenece, Dios sorprende. Es el Señor de las sorpresas que no sólo invita a sorprenderse sino a realizar cosas sorprendentes. Por ello nos propone algo insólito, poniéndonos en movimiento y lanzándonos nuevamente a arriesgar. La tercera certeza es que Dios ama… Ser cristiano es una invitación a confiar en que el amor de Dios es más grande que toda limitación o pecado. He aquí el milagro de Dios que, si nos dejamos guiar por su amor, hace de nuestras vidas obras de arte.

Papa Francisco

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de ISAÍAS 66,10-14c

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.            Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado, se manifestará a sus siervos la mano del Señor».

SALMO
SALMO RESPONSORIAL (65,1-7.16.20)
R: Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera,
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios «¡Qué temibles son tus obras!».

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor.
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna eternamente.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los GÁLATAS 6,14-18

Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la inscircuncisión, sino la criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 10,1-12.17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
–La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella y decidles: «El reino de Dios ha llegado a vosotros».
Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas y decid: «Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado en los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado».
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
–Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.
Él les dijo:
–Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder para pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Destrucción de Sodoma y Gomorra, óleo sobre lienzo de Pieter Schoubroeck (1607).
Colección privada

COMENTARIO
SIN MIEDO A LA NOVEDAD
¿estamos dispuestos…
Lc 10,1-12.17-20

El Papa Francisco está llamando a la Iglesia a salir de sí misma olvidando miedos e intereses propios, para ponerse en contacto con la vida real de las gentes y hacer presente el Evangelio allí donde los hombres y mujeres de hoy sufren y gozan, luchan y trabajan.

Con su lenguaje inconfundible y sus palabras vivas y concretas, nos está abriendo los ojos para advertirnos del riesgo de una Iglesia que se asfixia en una actitud autodefensiva: «cuando la Iglesia se encierra, se enferma»; «prefiero mil veces una Iglesia accidentada a una que esté enferma por encerrarse en sí misma».

La consigna de Francisco es clara: «La Iglesia ha de salir de sí misma a la periferia, a dar testimonio del Evangelio y a encontrarse con los demás». No está pensando en planteamientos teóricos, sino en pasos muy concretos: «Salgamos de nosotros mismos para encontrarnos con la pobreza».

El Papa sabe lo que está diciendo. Quiere arrastrar a la Iglesia actual hacia una renovación evangélica profunda. No es fácil. «La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros, si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida según nuestros esquemas, seguridades y gustos».

Pero Francisco no tiene miedo a la «novedad de Dios». En la fiesta de Pentecostés ha formulado a toda la Iglesia una pregunta decisiva a la que tendremos que ir respondiendo en los próximos años: «¿Estamos decididos a recorrer caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheraremos en estructuras caducas que han perdido la capacidad de respuesta?

No quiero ocultar mi alegría al ver que el Papa Francisco nos llama a reavivar en la Iglesia el aliento evangelizador que Jesús quiso que animara siempre a sus seguidores. El evangelista Lucas nos recuerda sus consignas. «Poneos en camino». No hay que esperar a nada. No hemos de retener a Jesús dentro nuestras parroquias. Hay que darlo a conocer en la vida.

«No llevéis bolsas, alforjas ni sandalias de repuesto». Hay que salir a la vida de manera sencilla y humilde. Sin privilegios ni estructuras de poder. El Evangelio no se impone por la fuerza. Se contagia desde la fe en Jesús y la confianza en el Padre.

Cuando entréis en una casa, decid :»Paz a esta casa». Esto es lo primero. Dejad a un lado las condenas, curad a los enfermos, aliviad los sufrimientos que hay en el mundo. Decid a todos que Dios está cerca y nos quiere ver trabajando por una vida más humana. Esta es la gran noticia del reino de Dios.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

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