eucaristia

Hoja Parroquial 1147. Eucaristía del 13.1.2019, El Bautismo del Señor

ÉL OS BAUTIZARÁ CON ESPÍRITU SANTO
Lc 3,15-16.21-22

COMENTARIO
INICIAR LA REACCIÓN
mantener vivo el Espíritu…
Lucas 3,15-16.21-22

El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy “la mediocridad espiritual”. La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los “signos de los tiempos”.

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son “espíritu y vida”.

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

Ed.  BUENAS NOTICIAS

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta ISAíAS 42,1-4.6-7

Esto dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos,  saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

SALMO RESPONSORIAL
(28,1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10)
R: El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno.

SEGUNDA LECTURA
Lectura del libro de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES 10,34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Aleluya, aleluya, aleluya.
Se abrieron los cielos y se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san LUCAS 3,15-16.21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan, si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. ÉI os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cunado todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado, y, mientras oraba, se abrieron los cielo, bajó el Espíritu Santo sobre éI con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

«EL ESCÁNDALO DE JESÚS»

¿Dónde va Jesús a orillas del Jordán?
¿Un profeta entre los pecadores?
¿Un salvador manchado?
¿Un redentor culpable?

Nos sorprende Jesús y nos supera.
Nos gustaría corregirle como a un hijo
y decirle «estás equivocado».

Jesús se pone a la fila,
guarda su turno para ser bautizado.
Al lado de los pecadores,
quién no tiene pecado.

Jesús comienza su misión .
no en el Templo, ni en palacios,
sino metido en el río;
Dios dice: «Es mi Hijo amado».

Pedro Fraile

FORMACIÓN
Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos
Actúa siempre con toda justicia
(Deuteronomio 16,18-20)

Tradicionalmente, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paúl Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo.

En 1910 tuvo lugar en la ciudad de Edimburgo la celebración de una Conferencia Misionera Mundial. En ella los participantes tomaron conciencia del gran escándalo que significaba para el mundo la división de los cristianos. Esta fecha y este lugar quedaron vinculados para siempre al nacimiento del movimiento ecuménico.

El Octavario son unos días de oración pidiendo el pleno cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús: “Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño con un sólo pastor” (Juan 10,16).

En el Octavario por la Unión de los Cristianos pedimos por nuestros hermanos de las distintas confesiones cristianas; hemos de buscar lo que nos une y avanzar en la comprensión de lo que nos separa. Junto a la unidad en lo esencial, la Iglesia promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. Por eso, fomentar la unidad supone al mismo tiempo respetar la multiplicidad, que es también demostración de la riqueza de la fe cristiana.

El Octavario concluye conmemorando la conversión de San Pablo. El martirio de San Esteban, dice San Agustín, fue la semilla que logró la conversión del Apóstol. Dice textualmente: “Si Esteban no hubiera orado a Dios la Iglesia no tendría a Pablo” (cfr. S.Agustín, Serm, 315,7).

Sin oración y sin conversión no hay ecumenismo. Mucho se ha avanzado en el diálogo de las Iglesias en busca de la unidad. El camino que queda por recorrer es aún muy largo y tenemos que mantener viva la utopía ecuménica frente al escepticismo y al desánimo.

Por nuestra parte tenemos que hacer el esfuerzo de que los acuerdos alcanzados en el diálogo ecuménico tengan resonancia en nuestra vida concreta.

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