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Francisco: «La santidad de Dios debe reflejarse en nuestras acciones, en nuestra vida»

«“Yo soy cristiano, Dios es santo, pero yo hago tantas cosas malas”; no, esto no vale. Esto también hace daño, esto escandaliza y no ayuda», ha asegurado el Papa durante la audiencia de este miércoles

En la disección que el Papa está haciendo de la oración del padrenuestro en las audiencias generales, este miércoles le ha tocado el turno a la primera de las siete peticiones presentes en esta oración: «santificado sea tu nombre».

Como idea preliminar, el Pontífice ha explicado que el primer paso en la oración cristiana es «la entrega de nosotros mismos a Dios, a su providencia». Así lo enseñó Jesús, quien «inmediatamente después de transmitir el texto del padrenuestro nos exhorta a no preocuparnos y no afanarnos por las cosas».

Foto: REUTERS/Yara Nardi

Esto, según el Santo Padre, «parece una contradicción», pero «es solo aparente: las peticiones de los cristianos expresan confianza en el Padre. Y es precisamente esta confianza la que nos hace pedir lo que necesitamos sin afán ni agitación».

Dios y los hombres en misión compartida
Aludiendo específicamente a la petición «santificado sea tu nombre», Bergoglio ha asegurado que en ella «se siente toda la admiración de Jesús por la belleza y la grandeza del Padre, y el deseo de que todos lo reconozcan y lo amen por lo que realmente es».

Sin embargo, este deseo tiene que ser compartido, de algún modo, entre Dios, que es «quien santifica», y nosotros que «a través de nuestro testimonio, manifestamos la santidad de Dios en el mundo haciendo presente su nombre». La santidad de Dios debe reflejarse «en nuestras acciones, en nuestra vida».

De esta forma, «el mal tiene los días contados, el mal no es eterno, el mal ya no puede hacernos daño: ha llegado el hombre fuerte que toma posesión de su casa. Y este hombre fuerte es Jesús, que nos da a nosotros también la fuerza para tomar posesión de nuestra casa interior».

Al contrario, según el Papa, no funciona: «“Yo soy cristiano, Dios es santo, pero yo hago tantas cosas malas”; no, esto no vale. Esto también hace daño, esto escandaliza y no ayuda», ha subrayado.

Antes de concluir, Francisco ha explicado que «la oración ahuyenta todo miedo. El Padre nos ama, el Hijo levanta sus brazos al lado de los nuestros, el Espíritu obra en secreto por la redención del mundo. ¿Y nosotros? Nosotros no vacilamos en la incertidumbre, sino que tenemos una certeza: Dios me ama; Jesús ha dado la vida por mí. El Espíritu está dentro de mí. Y esta es la gran cosa cierta. ¿Y el mal? Tiene miedo. Y esto es hermoso».

Alfa y Omega

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