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Domingo de Ramos: Preparación para el Misterio Pascual

Por D. Manuel Glez. López de Lemus, sacerdote.

(zenit – 3 abril 2020).- La celebración del Domingo de Ramos es el pórtico que cierra los 40 días de oración, ayuno y limosna de la Cuaresma y nos preparan para la celebración del Misterio Pascual: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, Nuestro Señor.

Siguiendo los relatos de la Sagradas Escrituras comenzamos esta semana que culminará con el triunfo de la Resurrección de Cristo, no sin antes haber pasado por las tinieblas y el sufrimiento del Viernes Santo. Cristo muere para salvarnos, solo así puede resucitar y hacernos partícipes de su Vida eterna.

Color rojo

Domigo de Ramos (© Cathopic/Angélica Mendoza)

El color de las vestiduras que se utilizan este Domingo de Ramos son rojas. El significado, en primer lugar, es porque este color es el color de la realeza y Jesucristo en esta entrada triunfal en Jerusalén entra como Rey de Israel. Así canta la Iglesia como cantaron los judíos hace ya 21 siglos: “Hosanna al Hijo de David, Bendito el que viene en nombre del Señor, El Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!” (Mt. 21,9).

Además, como expresa muy bien el prefacio de la Misa de este día: “Cristo que siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales”. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y al resucitar, fuimos salvados (justificados). Por eso el color rojo nos advierte de la sangre que derramará por nosotros. Este es también el color de los mártires.

Procesión de Ramos
La Iglesia intenta ayudarnos con su pedagogía a revivir, en cierta manera, aquellos acontecimientos. Por eso, este domingo la celebración comienza con la procesión de Ramos. Estando en aislamiento debido a la pandemia, este día podrá ser recordado como el Domingo de Ramos del coronavirus.

Las procesiones, se pueden celebrar de dos formas: procesión solemne antes de la Misa principal o procesión simple antes de las demás Misas celebradas en las parroquias.

Procesión solemne y simple
La opción solemne comienza en un lugar adecuado con los fieles portando los ramos o las palmas en sus manos, los sacerdotes están revestidos de rojo. El sacerdote explica la bendición, bendice los ramos y después los rocía con agua bendita y proclama el Evangelio, que este año será el de san Mateo (Mt.21,1-11). Después se puede hacer una pequeña homilía si se juzga oportuno.

A continuación, comienza la procesión hacia la iglesia donde se celebrará la Eucaristía. Es adecuado usar incienso, y los ministros van con velas encendidas. Se recomienda usar cantos propios como los salmos: 23, 46… Al llegar, al altar, se venera y se comienza con la oración colecta que dice: “Oremos”. Esta fórmula también permite todo lo anterior, pero efectuado dentro de la iglesia

La opción de la entrada simple se hace con algún canto apropiado y una entrada realizada como habitualmente. No hay bendición de ramos. Esta alternativa se suele escoger cuando no hay fieles o son muy pocos los asistentes.

Evangelio de la pasión del Señor
La Misa es normal con tres lecturas, pero tiene una particularidad, y es que el Evangelio que se lee narra la Pasión del Señor. Es largo y se puede hacer con tres lectores: Jesucristo, pueblo y narrador.

Este año recitaremos el Evangelio de san Mateo (Mt.26:14-27:66), en un esfuerzo de la Iglesia para adentrarnos en los misterios Pascuales de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, incluyendo la Última cena y la oración en el huerto de Getsemaní.

D. Manuel González López de Lemus, sacerdote
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