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Con una Eucaristía de Acción de Gracias, Santa María despide a su vicario Enrique y da la bienvenida a Pablo, su nuevo sacerdote

La Eucaristía de Acción de Gracias fue concelebrada por todo el equipo sacerdotal, presidido por el Padre Enrique: José Fernando, Kouamé y Pablo, el sacerdote que se incorpora a nuestra parroquia y a quien este acto le ha servido de presentación. A la misa, celebrada el pasado 15 de septiembre al mediodía, asistieron personas que participan en distintas actividades de la parroquia llenando el templo sin dejar claros.  

Al concluir la Eucaristía, el Padre Enrique visiblemente emocionado dirigió unas palabras a las personas que llenaban el templo y al finalizar, ante las muestras de cariño, de los feligreses, estuvo a punto de llorar. El aplauso con el que despidió la Comunidad Parroquial Santa  María al Padre Enrique Pérez Bañón fue caluroso, nutrido y largo.

Enrique, ha estado con nosotros durante los dos últimos años  acompañándonos desde sus responsabilidades como vicario parroquial. Con su buena disposición para atender a cuantos le requerían, su humildad y trabajo, especialmente con los más jóvenes, se fue ganando la simpatía y el aprecio de quienes le trataron.

Ahora le encomiendan una nueva y delicada misión al nombrarle párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia y Nuestra Señora de la Piedad en Vallecas. Su toma de posesión será dentro de unos días, antes de que finalice el mes de septiembre.   

Al mismo tiempo este acto ha servido de presentación del nuevo sacerdote, Pablo Sierra López, quien en unas breves palabras mostró su disposición a servir con dedicación a la Comunidad Parroquial. Pablo tiene 47 años, muchos de ellos dedicados a la enseñanza, principalmente en el Colegio Nuestra Señora de los Infantes Ha estado destinado en varias parroquias de Toledo, la última de ellas San Julián.

Resumen de las palabras del Padre Enrique
“Hasta pronto”

No es fácil despedirse, ni siquiera cuando se tiene la certeza de que la despedida es solamente un hasta pronto. Son muchos los sentimientos que se agolpan en el corazón, así como tantos y tantos recuerdos y tantas y tantas personas.

Es la hora, siempre lo es, de fiarnos de Dios y de sus planes para con nosotros. Es el momento, siempre lo es, de ponernos bajo el manto de la Madre para que ella nos ampare. Es el momento, siempre lo es, de crecer como comunidad y como creyentes.

En estos dos años he vivido con vosotros muchas experiencias de muy diverso tipo. En primer lugar, el día a día de esta comunidad tan viva, tan plural y tan diversa. No enumero los grupos y realidades de la parroquia porque seguramente tendría algún despiste.

En segundo lugar los momentos fuertes del año, convivencias, confirmaciones, Navidad, Cuaresma, Pascua, Comuniones, Unción de los enfermos, Comuniones, campamentos y seguro que me dejo momentos intensos sin mencionar.

Y por último momentos extraordinarios como la partida a la casa del Padre de diversos miembros de la parroquia, la ordenación sacerdotal de Jesús, la visita pastoral, el nacimiento de mi sobrina Miryam o el fallecimiento de mi tío Jesusín.

Quiero, finalmente, volver a compartir las tres palabras que subrayé cuando anuncié mi marcha hace ya dos meses y que creo resumen muy bien lo vivido estos dos últimos años en Santa María. Esas palabras son gracias, perdón y por favor.

Gracias por cada gesto de cariño, de aliento y de cercanía.

Perdón por mis faltas y fallos; y por lo que no he podido o no he sabido hacer.

Y, por favor, seguid pidiendo por mí, que yo seguiré pidiendo por vosotros.

Hasta pronto.

Los jóvenes cantaron en la Eucaristía de Acción de Gracias

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