El Papa al mundo del trabajo: «Enfrentemos la crisis buscando el bien común»

A través de un video mensaje el Papa Francisco pide a la Organización Internacional del Trabajo (OIL) y a las autoridades competentes, que busquen soluciones para salir de la actual crisis laboral «buscando el bien común», dando prioridad, a la hora de dar respuestas concretas, «a los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo» y que todavía se ven afectados por la pandemia del Covid-19.

Ciudad del Vaticano, 17 de junio 2021.- El jueves 17 de junio, el Papa Francisco envió un video mensaje a la Organización Internacional del Trabajo (OIL) que está celebrando su cumbre anual en Ginebra, en un momento crucial de la historia social y económica en el que el mundo se enfrenta a grandes desafíos, especialmente en el marco de la actual pandemia.

En su mensaje, el Santo Padre destaca la «labor encomiable» que ha desarrollado la OIL a través de sus informes, en los últimos meses poniendo especial atención en las personas más vulnerables.

Ante la crisis «tomar decisiones cuidadosas»
Durante la persistente crisis, «deberíamos seguir ejerciendo un especial cuidado del bien común» -afirma el Pontífice- indicando que muchos de los trastornos posibles y previstos «aún no se han manifestado, por lo tanto, se requerirán decisiones cuidadosas».

El Papa analiza el fuerte impacto causado por la disminución de las horas de trabajo en los últimos años, un hecho que se ha traducido «tanto en pérdidas de empleo como en una reducción de la jornada laboral de los que conservan su trabajo», y subraya las tremendas dificultades que han tenido las empresas para salir adelante, «algunas corriendo el riesgo de quiebra total o parcial», ya que en este 2020 se ha producido «una pérdida de empleo sin precedentes».

Los riesgos del consumismo y la cultura del descarte
Por otra parte, teniendo en cuenta las prisas por volver a una mayor actividad económica al final de la pandemia del Covid-19, el Santo Padre pone en guardia sobre los riesgos de caer nuevamente «en las pasadas fijaciones del beneficio, el aislacionismo y el nacionalismo», así como en «el consumismo ciego y la negación de las claras evidencias que apuntan a la discriminación de nuestros hermanos y hermanas considerados «desechables» en nuestra sociedad».

Generar trabajo digno y humano
Por ello, Francisco invita a hacer frente a este panorama global buscando soluciones que ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo «fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva, y que promueva el bien común», logrando, en definitiva, que el trabajo sea verdadera y esencialmente humano.

Recordando el papel fundamental que desempeñan la Organización Internacional del Trabajo y su Conferencia como promotores del diálogo constructivo, el Papa pide que se dé prioridad, a la hora de dar respuestas concretas, «a los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo» y que todavía se ven afectados por la pandemia del Covid-19.

“Los trabajadores poco cualificados, los jornaleros, los del sector informal, los trabajadores migrantes y refugiados, los que realizan lo que se suele denominar el trabajo de las tres dimensiones: peligroso, sucio y degradante. Muchos migrantes y trabajadores vulnerables junto con sus familias, normalmente quedan excluidos del acceso a programas nacionales de promoción de la salud, prevención de enfermedades, tratamiento y atención, así como de los planes de protección financiera y de los servicios psicosociales”

No dejar de lado a los más vulnerables
Asimismo, el Pontífice hace hincapié en que la falta de medidas de protección social frente al impacto del COVID-19 «ha provocado un aumento de la pobreza, el desempleo, el subempleo, el incremento de la informalidad del trabajo, el retraso en la incorporación de los jóvenes al mercado laboral, el aumento del trabajo infantil», sumado a la «vulnerabilidad al tráfico de personas, la inseguridad alimentaria y una mayor exposición a la infección entre poblaciones como los enfermos y los ancianos».

Al respecto, Francisco comparte algunas preocupaciones y observaciones clave, destacando, en primer lugar, que la misión esencial de la Iglesia «es apelar a todos a trabajar conjuntamente, con los gobiernos, las organizaciones multilaterales, la sociedad civil y también las organizaciones de carácter religioso, con el fin de cuidar el bien común y garantizar la participación de todos en este empeño», sin dejar de lado a los más vulnerables «los jóvenes, los migrantes, las comunidades indígenas, los pobres».

En segundo lugar -continúa el Papa- también es esencial para la misión de la Iglesia garantizar que todos obtengan la protección que necesitan según sus vulnerabilidades: enfermedad, edad, discapacidades, desplazamiento, marginación o dependencia.

Por último, el Santo Padre puntualiza que debe garantizarse la protección de los trabajadores mediante el respeto de sus derechos esenciales, incluido el derecho de la sindicalización: «Sindicarse es un derecho», dice Francisco y añade:
“La actual pandemia nos ha recordado que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren. Todos somos frágiles y, al mismo tiempo, todos de gran valor. Ojalá nos estremezca profundamente lo que esta ocurriendo a nuestro alrededor. Ha llegado el momento de eliminar las desigualdades, de curar la injusticia que está minando la salud de toda la familia humana”.

Elementos para entender correctamente el trabajo
Con el objetivo de promover esta acción común, para el Papa «es necesario entender correctamente el trabajo», y en ese sentido propone dos elementos:

El primer elemento para la correcta comprensión del trabajo -afirma Francisco- nos llama a focalizar la atención necesaria en todas las formas de trabajo, incluyendo las formas de empleo no estándar: «El trabajo va más allá de lo que tradicionalmente se ha conocido como empleo formal, y el Programa de Trabajo Decente debe incluir todas las formas de trabajo».


El segundo elemento -explica el Obispo de Roma- es recordar que el trabajo es una relación, por lo tanto tiene que incorporar la dimensión del cuidado, porque ninguna relación puede sobrevivir sin cuidado: «Un trabajo que no cuida, que destruye la creación, que pone en peligro la supervivencia de las generaciones futuras, no es respetuoso con la dignidad de los trabajadores y no puede considerarse decente».

Dirigentes: «Inspírense en la caridad política»
En este contexto, el Santo Padre pide a los participantes de la 109 Conferencia Internacional del Trabajo que respondan al desafío al que nos enfrentamos: «Su responsabilidad es grande, pero aún es más grande el bien que pueden lograr».
También solicita a los dirigentes políticos y a quienes trabajan en los gobiernos que se inspiren siempre en esa forma de amor que es la caridad política: «Un acto de caridad igualmente indispensable es el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria”.

Empresarios: «Produzcan riqueza al servicio de todos»
En el video, el Papa alienta a los empresarios a que no olviden su verdadera vocación: producir riqueza al servicio de todos.

«La actividad empresarial es esencialmente una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos», asevera el Santo Padre recordando – como ya lo hizo en su encíclica Fratelli Tutti- que junto al derecho de propiedad privada, «existe el derecho previo y precedente de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso».

«La propiedad privada -reitera- es un derecho secundario, que depende del derecho primario, que es la destinación universal de los bienes».

Dos desafíos para los sindicalistas
Además, el Pontífice invita a los sindicalistas y a los dirigentes de las asociaciones de trabajadores a que se enfoquen en las situaciones concretas de los barrios y de las comunidades en las que actúan, haciendo frente a dos desafíos trascendentales:
“El primer desafío es la profecía, y está relacionada con la propia naturaleza de los sindicatos, su vocación más genuina. Los sindicatos son una expresión del perfil profético de la sociedad. Los sindicatos nacen y renacen cada vez que, como los profetas bíblicos, dan voz a los que no la tienen, denuncian, desnudan a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables”

El segundo desafío -especifica Francisco- es la innovación: «Los profetas son centinelas que vigilan desde su puesto de observación. También los sindicatos deben vigilar los muros de la ciudad del trabajo, como un guardia que vigila y protege a los que están dentro de la ciudad del trabajo, pero que también vigila y protege a los que están fuera de los muros».

La Iglesia camina al lado de los trabajadores
Finalmente, el Papa asegura a la Organización Internacional del Trabajo y a los participantes de esta Conferencia Internacional del Trabajo que la Iglesia los apoya y camina a su lado: «La Iglesia pone a disposición sus recursos, empezando por sus recursos espirituales y su Doctrina Social. La pandemia nos ha enseñado que todos estamos en el mismo barco y que sólo juntos podremos salir de la crisis», concluye.

Sofía Lobos (Vatican News)

Día del Niño Africano, cuando la educación es vida

El aniversario se celebra cada 16 de junio, en recuerdo de la masacre de Soweto, en 1976, cuando los jóvenes salieron a la calle para exigir una educación de calidad. La africanista Anna Pozzi: «En comparación con el siglo pasado, se han dado pasos importantes, pero queda mucho por hacer».

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El «Día del Niño Africano» conmemora la marcha que tuvo lugar en 1976 en Soweto (Sudáfrica), en la que miles de escolares salieron a la calle para protestar contra la escasa calidad de la educación de los negros bajo el régimen del apartheid. Los jóvenes también se manifestaron para exigir que se les permita estudiar en sus lenguas maternas. El régimen ordenó disparar contra los manifestantes, masacrando a cientos de chicos y chicas. En las dos semanas de enfrentamientos que siguieron, un millar de personas resultaron heridas y al menos un centenar murieron. Para honrar su memoria, desde 1991, cada 16 de junio se celebra un día – primero por la Organización para la Unidad Africana (OUA) y luego también por las Naciones Unidas – para llamar la atención sobre las condiciones de vida de los niños y jóvenes del continente. La jornada ha llegado a su 31ª edición.

El estudio, un derecho jamás adquirido
«Algunas de las reivindicaciones que los estudiantes de entonces hicieron con fuerza respecto al derecho a la educación, siguen estando muy presentes hoy en día en muchos Estados africanos». Lo afirma la africanista Anna Pozzi en una entrevista con Radio Vaticano – Vatican News.

«Hay que decir que en Sudáfrica se han dado muchos pasos adelante en comparación con el día que hoy conmemoramos -continúa-, basta pensar que en el país se reconocen 11 lenguas oficiales, mientras que en aquella época los jóvenes tenían que estudiar sólo en la lengua hablada por los blancos, principalmente el afrikáans». El derecho a la educación es, por tanto, «una hipoteca sobre el futuro de este continente y sigue siendo una cuestión central que nos obliga a no considerarlo jamás como un derecho adquirido».

Los efectos de la pandemia
Por segundo año, el Día del Niño Africano se celebra en un momento de pandemia. «El Covid-19 – especifica Pozzi – ha tenido enormes repercusiones y no sólo desde el punto de vista sanitario. La educación y la economía han pagado un alto precio, el coronavirus ha mostrado fragilidades ya presentes en el continente, acentuándolas y a veces haciéndolas dramáticas. El acceso a la atención sanitaria para cualquier tipo de enfermedad se ha visto dificultado por la pandemia, «por lo que hoy en día -añade- los niños mueren mucho más si se ven afectados por la malaria y la neumonía y la desnutrición ha aumentado». Citando el caso de Uganda, la académica explica además cómo el reciente cierre ha provocado también el cierre de escuelas y el consiguiente bloqueo de comedores. «En algunos casos, no esporádicos», señala, «esa comida proporcionada al alumno se convierte en una comida segura que no puede ser sustituida».

Matrimonios forzados
Con la pandemia, también han aumentado los matrimonios forzados y los embarazos precoces. «Se trata de un gran problema que hay que frenar y que, en cambio, ha ido en aumento en el último año», denuncia la experta africanista. «Conocí a una mujer en Malawi que lleva años luchando por ganar esta batalla, permitiendo el acceso de niñas muy jóvenes a la educación. Es una jefa de aldea, así que tiene un papel importante y está en primera línea contra este fenómeno porque, como dicen en África, la educación de una niña es la educación de una aldea, de una comunidad, de un país».

Educación y trabajo infantil
La cuestión del derecho a la educación es aún más actual a la vista de las dramáticas cifras sobre el trabajo infantil publicadas el mes pasado. Tras una tendencia a la baja que duró dos décadas, la lacra del trabajo infantil ha vuelto a crecer a nivel mundial en 2020, según denuncian la Organización Internacional del Trabajo y Unicef, en un informe titulado «Trabajo infantil: estimaciones mundiales para 2020, tendencias y camino a seguir» publicado con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el pasado 12 de junio. Según los datos recogidos en la investigación, el número de niños que trabajan se ha elevado a 160 millones en todo el mundo, lo que supone un aumento del 5% respecto a hace cuatro años. El África subsahariana es la zona donde más ha aumentado el número de niños explotados laboralmente.

El llamamiento del Papa
Tras la oración mariana del Ángelus del domingo 13 de junio, el Papa lanzó un enérgico llamamiento para luchar contra la lacra del trabajo infantil y restablecer el derecho de los niños a jugar y estudiar. Estas fueron las palabras de Francisco:

Ayer se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. No es posible cerrar los ojos ante la explotación de los niños, privados del derecho de jugar, de estudiar y de soñar. Según los datos estimados por la Organización Internacional del Trabajo, los niños explotados hoy para trabajar son más de 150 millones: ¡una tragedia! 150 millones: más o menos como todos los habitantes de España, Francia e Italia juntos. ¡Esto sucede hoy! Tantos niños padecen esto: son explotados para el trabajo infantil. Renovemos todos juntos el esfuerzo para eliminar esta esclavitud de nuestros tiempos.

Andrea De Angelis (Vatican News)
Imagen: La escolarización, un derecho muy a menudo negado a los niños africanos

El Papa recibe en audiencia a Monseñor Cabrejos, presidente del CELAM

Tal como informa el Episcopado peruano a través de un comunicado, el encuentro se realizó este 16 de junio en el Palacio Apostólico de la Santa Sede. Durante las conversaciones el Papa Francisco expresó a Monseñor Cabrejos su ilusión y alegría ante la próxima realización de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, cuyo Proceso de Escucha ya se ha puesto en marcha en las 22 conferencias episcopales del continente.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El Papa Francisco recibió este 16 de junio en audiencia privada en el Vaticano a Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

Tal como informa el Episcopado peruano a través de un comunicado, el encuentro se realizó en el Palacio Apostólico de la Santa Sede. En un ambiente de fraternidad, Monseñor Cabrejos llevó al Santo Padre el afectuoso saludo de todo el pueblo peruano, así como el del pueblo latinoamericano y caribeño.

Durante la reunión, el presidente del CELAM compartió con el Pontífice la aprobación del Proceso de Renovación y Reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano que se llevó a cabo durante la 38ª Asamblea General de este organismo, organizada recientemente de manera virtual y presencial en la Arquidiócesis de Trujillo.

Por su parte, el Papa expresó a Monseñor Cabrejos su ilusión y alegría ante la próxima realización de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, cuyo Proceso de Escucha ya se ha puesto en marcha en las 22 conferencias episcopales del continente.

Finalmente, el prelado manifestó a Francisco el importante apoyo que ha ofrecido (y sigue ofreciendo) la Iglesia peruana a todo el pueblo en el marco de la actual pandemia del Covid-19.

Sínodo: «Escuchar a todos, incluso a los que no vienen a la Iglesia»

Monseñor Zbigņevs Stankevičs, arzobispo metropolitano de Riga, en Letonia, habla sobre los encuentros entre la Secretaría General del Sínodo y los episcopados del mundo que se están celebrando en estos días: «En otoño empezaremos con el nuevo itinerario, utilizaremos un lenguaje no filosófico ni teológico, sino más práctico y comprensible», afirma.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- Una Iglesia en camino debe implicar a todo el Pueblo de Dios, pero también a todas las realidades sociales, incluso a las más alejadas, para promover un diálogo constructivo dentro del proceso sinodal, que necesariamente deberá recoger las peticiones de todos. Así lo declaró a Vatican News monseñor Zbigņevs Stankevičs, arzobispo metropolitano de Riga, en Letonia, quien en estos días participa en los encuentros entre la Secretaría General del Sínodo y los obispos de todos los continentes.

Excelencia, ¿cuáles son los puntos más destacados del debate de estos días?
En primer lugar, sabemos que el próximo 17 de octubre debemos abrir oficialmente el proceso sinodal en nuestras diócesis. En septiembre recibiremos de la Secretaría General del Sínodo unas preguntas que, según nos dijo el cardenal Grech, serán pocas, precisas y comprensibles.

No serán formuladas en lenguaje filosófico o teológico, sino más práctico y comprensible, popular. Estas cuestiones serán analizadas en nuestras diócesis y crearemos un equipo, en el que debe estar el obispo, al menos un sacerdote, una persona consagrada, una familia, un laico y un joven, porque este Sínodo quiere escuchar a toda la Iglesia. San Benito escribe en la Regla monástica que Dios puede hablar a menudo incluso a través del hermano más pequeño.

Volviendo al discurso de ayer, el cardenal Grech dijo que es importante escuchar también a los que no vienen a la iglesia, o a quienes no vienen a menudo. Y pensé que también sería útil escuchar a una persona totalmente seglar, que ni siquiera viene a la iglesia, incluso a un ateo, para saber cómo percibe a la Iglesia y cuáles son las razones que le llevan a no estar atento a nuestro mensaje. Creo que este camino sinodal planteará preguntas serias y será realmente una respuesta a la invitación del Concilio Vaticano II, donde está escrito que la tarea de la Iglesia, la tarea de los cristianos, es ante todo saber leer los signos de los tiempos y encontrar respuestas a partir del Evangelio.

¿Cómo enriquece este procedimiento al proceso sinodal?
Este proceso se desarrollará en tres etapas. Antes, normalmente nos enviaban las líneas guía y luego las iglesias locales encontraban sugerencias y respuestas para enviarlas a la Secretaría General del Sínodo, pero ahora habrá, digamos, momentos distintos: a nivel diocesano será un proceso que realmente implicará no sólo, por ejemplo, al obispo y a sus asesores. Ahora los temas tendrán que pasar por el pueblo de Dios. Este proceso se llevará a cabo en el cuerpo de la Iglesia a nivel de las diócesis, luego estará el nivel de las conferencias episcopales donde se volverá a poner todo junto para reformular y optimizar el material recogido. Luego, finalmente, el nivel continental y, la última etapa, el nivel de la Iglesia universal, en el que todos los prelados se reúnen en el Vaticano.

Así que se trata de escuchar atentamente al pueblo de Dios…
Sí, demuestra que la Iglesia es realmente el pueblo de Dios. Los obispos y los sacerdotes son también el pueblo de Dios, con una función y una vocación particular, pero también ellos son el pueblo de Dios y debemos escucharlos.

Giancarlo La Vella (Vatican News)

Catequesis sobre la Oración. El Papa: del corazón humano a la misericordia de Dios

Con la Audiencia General de este 16 de junio, se cierra el ciclo iniciado el 6 de mayo de 2020. Las reflexiones del Papa Francisco representan casi una «encíclica» sobre la oración y trazan un itinerario sobre la relación que todo ser humano puede establecer con el Señor. Una guía razonada para recorrer el camino con la voz del Pontífice.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración se divide en 38 etapas. El último, el 16 de junio, concluye un denso recorrido en el que se entrelazan páginas de la Biblia con el camino del pueblo de Dios, testimonios de los santos con «miradas» a la vida cotidiana. La oración, nos recuerda el Papa, es una relación, un diálogo, un «encuentro entre el yo y el tú».

1.- El misterio de la oración
Era el miércoles 6 de mayo de 2020. El mundo está sacudido por la difícil situación mundial provocada por la pandemia. Durante la Audiencia General, en la Biblioteca del Palacio Apostólico, el Papa Francisco se detiene en el «misterio de la oración». «Hoy -subraya el Pontífice- iniciamos un nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oración.

La oración es el aliento de la fe, es su expresión más propia. El Papa recuerda la historia de Bartimeo, un personaje del Evangelio. Es ciego y se sienta a mendigar al lado del camino. Se da cuenta por la multitud de que Jesús no está lejos y grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!».

Más fuerte que cualquier argumento en contra, en el corazón del hombre hay una voz que clama. Todos tenemos esa voz interior. Una voz que sale espontáneamente, sin que nadie se lo ordene, una voz que cuestiona el sentido de nuestro camino aquí abajo, especialmente cuando nos encontramos en la oscuridad: «¡Jesús, ten piedad de mí! Jesús, ten piedad de mí». Esta es una hermosa oración.

2.- La oración del cristiano
El 13 de mayo de 2020, el Papa reflexionó sobre las características de la oración cristiana. «La oración del cristiano -recuerda el Pontífice durante la catequesis- entra en relación con el Dios del rostro más tierno, que no quiere infundir ningún miedo a los hombres». «Dios es el amigo, el aliado, el cónyuge. En la oración se puede establecer una relación de confianza con Él».

La oración -subraya el Papa- es de todos y «nace en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales suelen llamar el corazón».

La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo más profundo de nuestra persona y llega, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad, más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un «yo» que va a tientas, que procede a tientas, en busca de un «tú». El encuentro entre el «yo» y el «tú» no se puede hacer con calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces procedemos a tientas para encontrar el «tú» que mi «yo» está buscando.

3.- El misterio de la Creación
En su tercera Audiencia General dedicada a la oración, el 20 de mayo de 2020, el Papa Francisco destacó que el misterio de la Creación debe generar en nosotros un canto de alabanza. La oración, dice, «es la primera fuerza de la esperanza».

«La belleza y el misterio de la Creación -subraya Francisco- generan en el corazón del hombre la primera moción que suscita la oración.

La oración del hombre está estrechamente ligada al sentimiento de asombro. La grandeza del hombre es infinitesimal en comparación con las dimensiones del universo. Sus mayores logros parecen muy poco… Pero el hombre no es nada. En la oración se afirma poderosamente el sentimiento de misericordia. Nada existe por casualidad: el secreto del universo está en la mirada benévola que alguien encuentra en nuestros ojos.

4.- La oración del justo
En la Audiencia General del 27 de mayo de 2020, el Papa Francisco recordó que mientras el mal se extiende como un incendio, la oración de los justos es capaz de devolver la esperanza y es «una cadena de vida.»

«La oración abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón, tantas veces de piedra, en un corazón humano». La señal de la cruz, subrayó el Papa, es la primera oración.

La oración es una cadena de vida, siempre: tantos hombres y mujeres que rezan, siembran vida. La oración siembra vida, la pequeòa oración: por eso es tan importante enseñar a los niños a rezar. Me duele cuando encuentro niños que no saben hacer la señal de la cruz. Hay que enseñarles a hacer bien la señal de la cruz, porque es la primera oración. Es importante que los niños aprendan a rezar. Luego, tal vez, se olviden, tomen otro camino; pero las primeras oraciones aprendidas de niño permanecen en el corazón, porque son una semilla de vida, la semilla del diálogo con Dios.

5.- La oración de Abraham
El Papa dedica la Audiencia General del 3 de junio de 2020 a la oración de Abraham. Del Patriarca, afirma Francisco, hay que aprender a rezar con fe, «a dialogar hasta discutir con Dios».

«Hay una voz -recuerda el Papa- que de repente resuena en la vida de Abraham. Una voz que le invita a emprender un viaje que parece absurdo: una voz que le insta a desarraigarse de su tierra, de las raíces de su familia, para ir hacia un nuevo futuro, un futuro diferente».

Y Abraham se pone en marcha. Escucha la voz de Dios y confía en su palabra. Esto es importante: confía en la palabra de Dios. Y con su partida nace una nueva forma de concebir la relación con Dios; por eso el patriarca Abraham está presente en las grandes tradiciones espirituales judías, cristianas e islámicas como el hombre perfecto de Dios, capaz de someterse a Él, incluso cuando su voluntad resulta ardua, si no incluso incomprensible. Abraham es, pues, el hombre de la Palabra. Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde ésta pide encarnarse.

6.- La oración de Jacob
En la Audiencia General del 10 de junio de 2020, el Papa continúa su reflexión sobre la oración hablando de la figura de Jacob que «lucha con Dios» una noche entera y sale cambiado: de ser un hombre astuto «impermeable a la gracia», se descubre frágil y envuelto por la misericordia divina.

«Jacob -recuerda Francisco- no tiene nada que presentar a Dios sino su fragilidad y su impotencia, incluso sus pecados. Y es este Jacob quien recibe la bendición de Dios.

Jacob, antes, estaba seguro de sí mismo, confiaba en su propia astucia. Era un hombre impermeable a la gracia, refractario a la misericordia; no sabía lo que era la misericordia. «¡Aquí estoy, yo mando!», no creía que necesitara piedad. Pero Dios salvó lo que estaba perdido. Le hizo ver que era limitado, que era un pecador que necesitaba misericordia, y lo salvó.

7.- La oración de Moisés
En la Audiencia General del 17 de junio de 2020, el Papa recorre la vida de Moisés. «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de todas sus fragilidades, pertenece siempre a Dios.» «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de toda su fragilidad, pertenece siempre a Dios.»

La Escritura, recuerda el Papa, representa habitualmente a Moisés «con las manos extendidas hacia arriba, hacia Dios, casi como para hacer de puente con su propia persona entre el cielo y la tierra».

Incluso en los momentos más difíciles, incluso el día en que el pueblo repudió a Dios y a sí mismo como su guía para hacerse un becerro de oro, Moisés no tuvo ganas de dejar de lado a su pueblo. Son mi gente. Son su gente. Son mi gente. No niega a Dios ni al pueblo. Y le dice a Dios: «Este pueblo ha cometido un gran pecado: se ha hecho un dios de oro. Pero ahora, si quieres perdonar su pecado…. Si no, bórrame de tu libro que has escrito». (Ex 32:31-32). Moisés no hace un trueque con el pueblo. Él es el puente, el intercesor. Ambos, el pueblo y Dios, y él está en el medio. No vende a su gente para hacer carrera. No es un escalador, es un intercesor: por su pueblo, por su carne, por su historia, por su gente y por Dios que lo llamó. Él es el puente.

8.- La oración de David
Es una fuerte exhortación a la oración en cualquier circunstancia la que el Papa dirige en la Audiencia General del 24 de junio de 2020 siguiendo los pasos de la figura de David. «La oración nos da nobleza: es capaz de asegurar una relación con Dios, que es el verdadero Compañero de viaje del hombre, en medio de las miles de adversidades de la vida, buenas o malas».

En la vida de David -subraya el Papa- hay un hilo rojo «que da unidad a todo lo que sucede: su oración».

David el santo, reza; David el pecador, reza; David el perseguido, reza; David el perseguidor, reza; David la víctima, reza. Incluso David, el verdugo, reza. Este es el hilo rojo de su vida. Un hombre de oración. Esa es la voz que nunca se apaga: tanto si adopta los tonos del júbilo, como los del lamento, es siempre la misma oración, sólo cambia la melodía. Y así David nos enseña a dejar que todo entre en diálogo con Dios: la alegría como la culpa, el amor como el sufrimiento, la amistad como la enfermedad. Todo puede convertirse en una palabra dirigida al «Tú» que siempre nos escucha.

9.- La oración de Elías
Con la Audiencia General del 7 de octubre de 2020 el Papa Francisco retoma sus catequesis sobre la oración, interrumpidas por aquellas sobre el cuidado de la creación. Las palabras del Pontífice giran en torno a «uno de los personajes más convincentes de toda la Sagrada Escritura: el profeta Elías». «Cuánta necesidad -dice Francisco- tenemos de creyentes, de cristianos celosos, que actúen frente a las personas que tienen responsabilidad de liderazgo con la valentía de Elías, para decir: ‘¡Esto no se debe hacer! Esto es un asesinato».

La historia de Elías, recuerda el Papa, «parece escrita para todos nosotros».

Algunas noches podemos sentirnos inútiles y solos. Es entonces cuando la oración vendrá a llamar a la puerta de nuestro corazón. Todos podemos recoger un trozo del manto de Elías, como su discípulo Eliseo recogió la mitad de su manto. Y aunque hayamos hecho algo malo, o nos sintamos amenazados y con miedo, si volvemos a Dios con la oración, la serenidad y la paz volverán como por milagro. Esto es lo que nos enseña el ejemplo de Elías.

10 y 11.- La oración de los Salmos
En la Audiencia General del 14 de octubre de 2020, el Papa dedicó su catequesis al Libro de los Salmos, el libro que enseña a rezar. En los Salmos, subraya Francisco, «el creyente encuentra una respuesta».

Quien reza -recuerda el Papa- no se engaña: sabe que tantas cuestiones de la vida aquí abajo quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada una batalla, habrá otras que nos esperan. Sin embargo, si se nos escucha, todo se hace más llevadero».

Lo peor que puede pasar es sufrir en el abandono, sin ser recordado. La oración nos salva de esto. Porque puede ocurrir, y a menudo, que no entendamos los planes de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: se elevan hasta Aquel que tiene un corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y muere. Te diré algo: me hace bien, en los malos momentos, pensar en las lágrimas de Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén, cuando lloró ante la tumba de Lázaro. Dios lloró por mí, Dios llora, llora por nuestras penas.

En la catequesis de la Audiencia General del 21 de octubre de 2020, el Pontífice concluyó su reflexión sobre los Salmos subrayando que el Salterio nos enseña a invocar a Dios por nosotros, pero también por nuestros hermanos y por el mundo. Atraer la atención del Santo Padre, durante la catequesis, es en particular el llanto de un niño. «Es la voz -afirmó el Papa- que atrae la ternura de Dios» hacia nosotros y con nosotros.

12.- Jesús, el hombre de la oración
En la Audiencia General del 28 de octubre de 2020 el itinerario de la catequesis sobre la oración, después de haber pasado por el Antiguo Testamento, llega a Jesús. «El comienzo de su misión pública -recuerda Francisco- tiene lugar con su bautismo en el río Jordán». «Si nos parece que la vida ha sido completamente inútil -añade el Papa-, debemos suplicar en ese instante que la oración de Jesús se convierta también en la nuestra.

Jesús, subraya el Pontífice, «reza con nosotros». Y al rezar, «abre la puerta del cielo, y de esa brecha desciende el Espíritu Santo».

En el torbellino de la vida y del mundo que vendrá a condenarlo, incluso en las experiencias más duras y tristes que tendrá que soportar, incluso cuando experimenta que no tiene dónde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20), incluso cuando el odio y la persecución se desatan a su alrededor, Jesús nunca se queda sin el refugio de una morada: habita eternamente en el Padre. Esta es la grandeza única de la oración de Jesús: el Espíritu Santo toma posesión de su persona y la voz del Padre atestigua que él es el amado, el Hijo en el que se refleja plenamente.

13.- Jesús Maestro de Oración
En su Audiencia General del 4 de noviembre de 2020, el Papa Francisco insta a redescubrir a Jesucristo como maestro de oración. El Pontífice subraya que «toda persona necesita un espacio para sí misma, donde pueda cultivar su vida interior, donde las acciones encuentren sentido». «Durante su vida pública», añade, «Jesús recurre constantemente al poder de la oración.

«La oración de Jesús -recuerda el Papa- es el lugar donde se percibe que todo viene de Dios y vuelve a Él.

A veces los seres humanos nos creemos dueños de todo, o por el contrario perdemos toda la autoestima, vamos de un lado a otro. La oración nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación. Y la oración de Jesús es finalmente el abandono en las manos del Padre, como Jesús en el Huerto de los Olivos, en aquella angustia: «Padre, si es posible…, pero hágase tu voluntad». Abandono en las manos del Padre. Es hermoso cuando estamos agitados, un poco preocupados, y el Espíritu Santo nos transforma por dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: Padre, que se haga tu voluntad.

14.- Oración perseverante
«Continuamos la catequesis sobre la oración. Alguien me dijo: Hablas demasiado de la oración. No es necesario. Sí, es necesario. Porque si no rezamos, no tendremos fuerzas para seguir adelante en la vida. La oración es como el oxígeno de la vida». «La oración es atraer sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos lleva adelante. Por eso hablo tanto de la oración». Con estas palabras se abre la catequesis del 11 de noviembre de 2020. «El cristiano que reza -subraya el Papa- no teme nada.

«Jesús -recuerda el Papa- dio un ejemplo de oración continua, practicada con perseverancia.

Cristo lo es todo para nosotros, incluso en nuestra vida de oración. San Agustín lo dijo con una expresión iluminadora, que también encontramos en el Catecismo: Jesús «reza por nosotros como nuestro sacerdote; reza en nosotros como nuestra cabeza; es rezado por nosotros como nuestro Dios. Reconozcamos, pues, en Él nuestra voz, y en nosotros la suya». Por eso, el cristiano que reza no teme nada; se confía al Espíritu Santo, que nos ha sido dado como don y que reza en nosotros, suscitando la oración. Que el mismo Espíritu Santo, Maestro de la oración, nos enseñe el camino de la oración.

15.- La Virgen María, una mujer que reza
En la Audiencia General del 18 de noviembre de 2020, el Papa reflexionó sobre María, sobre su estilo al dirigirse a Dios con un corazón humilde: «Señor, lo que quieras, cuando quieras y como quieras».

«Todo lo que le sucede a María -subrayó Francisco- acaba teniendo un reflejo en lo más profundo de su corazón: los días llenos de alegría, así como los momentos más oscuros, en los que también ella se esfuerza por comprender por qué caminos debe pasar la Redención.

Alguien ha comparado el corazón de María con una perla de incomparable esplendor, formada y pulida por la paciente aceptación de la voluntad de Dios a través de los misterios de Jesús meditados en la oración. ¡Qué maravilla si nosotros también pudiéramos parecernos un poco a nuestra Madre! Con un corazón abierto a la Palabra de Dios, con un corazón silencioso, con un corazón obediente, con un corazón que sabe recibir la Palabra de Dios y la deja crecer como una semilla para el bien de la Iglesia.

16.- La oración de la Iglesia naciente
En la Audiencia General del 25 de noviembre de 2020, el Papa se detuvo en la primera comunidad cristiana descrita en los Hechos de los Apóstoles. Una comunidad que vive y «persevera en la oración». «La Iglesia -afirma- es obra del Espíritu Santo».

«La vida de la Iglesia primitiva -recuerda el Papa- está jalonada por una continua sucesión de celebraciones, convocatorias, tiempos de oración tanto comunitaria como personal. Y es el Espíritu el que da fuerza a los predicadores que se ponen en marcha, y que por amor a Jesús surcan los mares, afrontan los peligros, se someten a la humillación».

Dios da amor, Dios pide amor. Esta es la raíz mística de toda la vida creyente. Los primeros cristianos en la oración, pero también nosotros, que llegamos varios siglos después, vivimos la misma experiencia. El Espíritu lo anima todo. Y todo cristiano que no tenga miedo de dedicar tiempo a la oración puede hacer suyas las palabras del apóstol Pablo: «Esta vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20). (Gálatas 2:20). La oración te hace consciente de ello. Sólo en el silencio de la adoración experimentamos la plena verdad de estas palabras. Debemos retomar el sentido de la adoración. Adorar, adorar a Dios, adorar a Jesús, adorar al Espíritu. El Padre, el Hijo y el Espíritu: adorar. En silencio.

17.- La bendición
En la catequesis del 2 de diciembre de 2020 el Papa Francisco se detiene en una dimensión esencial de la oración: la bendición. «En los relatos de la creación -recuerda el Pontífice- Dios bendice continuamente la vida, siempre. Bendice a los animales, bendice al hombre y a la mujer, y finalmente bendice el sábado, el día de descanso y disfrute de toda la creación. Es Dios quien bendice». Francisco insta a no maldecir, sino a bendecir.

«No podemos sólo bendecir -dice el Papa- a este Dios que nos bendice, debemos bendecir todo en Él, a todos los hombres, bendecir a Dios y bendecir a los hermanos, bendecir al mundo: ésta es la raíz de la mansedumbre cristiana, la capacidad de sentirse bendecido y la capacidad de bendecir.

Este mundo necesita bendiciones y nosotros podemos dar y recibir bendiciones. El Padre nos ama. Y lo único que nos queda es la alegría de bendecirle y la alegría de agradecerle, y de aprender de Él a no maldecir, sino a bendecir. Y aquí sólo una palabra para la gente que está acostumbrada a maldecir, la gente que siempre tiene en su boca, incluso en su corazón, una palabra fea, una maldición. Cada uno de nosotros puede pensar: ¿tengo esta costumbre de maldecir así? Y pedir al Señor la gracia de cambiar este hábito porque tenemos un corazón bendito y de un corazón bendito no puede salir una maldición. Que el Señor nos enseñe a no maldecir sino a bendecir.

18.- Oración de petición
No debemos escandalizarnos si sentimos la necesidad de rezar, no nos avergoncemos. Y, sobre todo, cuando estamos necesitados, pide…. Este es uno de los pasajes centrales de la catequesis del 9 de diciembre de 2020 centrada en la «oración de petición». La alabanza y la súplica, subraya el Papa, son los dos elementos que tienen cabida en la oración cristiana.

«Incluso nuestras preguntas balbuceantes, aquellas que permanecen en lo más profundo de nuestro corazón, que incluso nos avergüenza expresar -añade Francisco-, el Padre las escucha y quiere darnos el Espíritu Santo, que anima toda oración y lo transforma todo.

Es una cuestión de paciencia, siempre, de aguantar la espera. Estamos en el tiempo de Adviento, un tiempo típicamente de espera de la Navidad. Estamos esperando. Esto se puede ver bien. Pero toda nuestra vida está también en la espera. Y la oración siempre espera, porque sabemos que el Señor responderá. Incluso la muerte tiembla cuando un cristiano reza, porque sabe que todo orante tiene un aliado más fuerte que él: el Señor Resucitado. La muerte ya ha sido derrotada en Cristo, y llegará el día en que todo será definitivo, y ella ya no se burlará de nuestra vida y nuestra felicidad.

19.- Oración de intercesión
Es la oración de intercesión que centra la reflexión del Papa Francisco en la Audiencia General del 16 de diciembre de 2020. Francisco se detiene en la oración de intercesión. «La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. Quien no ama finge que ora, o cree que ora, pero no ora, porque le falta el espíritu mismo que es el amor». La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. El que no ama finge que reza, o cree que reza, pero no reza, porque le falta el mismo espíritu que es el amor».

«Tratemos -subrayó el Santo Padre- de ser hombres y mujeres que hagan suyas las alegrías y los sufrimientos, las esperanzas y las angustias de la humanidad, en la oración de intercesión».

La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, intercediendo por los demás. En particular, es el deber de todos los que tienen un papel de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidades… Como Abraham y Moisés, a veces deben «defender» ante Dios a las personas que les han sido confiadas. En realidad, se trata de mirarlas con los ojos y el corazón de Dios, con su propia e invencible compasión y ternura. Orar con ternura por los demás.

20.- Oración de agradecimiento
«No dejemos de dar las gracias: si somos portadores de gratitud, incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para darle un poco de esperanza. Todo está unido y vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está». En su audiencia general del 30 de diciembre de 2020, el Papa Francisco centró su catequesis en la oración de acción de gracias e instó a cultivar la «alegría» alimentada por la «alegría del encuentro con Jesús.» «El diablo, en cambio, después de habernos engañado, siempre nos deja tristes y solos».

«Si somos portadores de gratitud», dice el Papa, «incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para transmitirle un poco de esperanza». El mundo necesita esperanza.

Y con la gratitud, con esta actitud de dar las gracias, transmitimos un poco de esperanza. Todo está unido, todo está vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está. El camino de la felicidad es el que describe San Pablo al final de una de sus cartas: «Orad sin cesar, dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu» (1T 5,17-19). No apaguen el Espíritu, ¡un hermoso programa de vida! No apagar el Espíritu dentro de nosotros nos lleva a la gratitud.

21.- Oración de alabanza
Es la oración de alabanza en el centro de la catequesis del Papa Francisco en la audiencia general del 13 de enero de 2021 el Papa Francisco subraya la importancia de alabar a Dios incluso en los momentos oscuros de la vida.
«Jesús -añade Francisco- alaba al Padre porque prefiere a los pequeños. «Es lo que Él mismo experimenta, predicando en las aldeas: los «doctos» y los «sabios» permanecen recelosos y cerrados, hacen cálculos; mientras que los «pequeños» se abren y acogen el mensaje.»

También nosotros debemos alegrarnos y alabar a Dios porque la gente humilde y sencilla acepta el Evangelio. Me alegro cuando veo a estas personas sencillas, a estas personas humildes que peregrinan, que van a rezar, que cantan, que alaban, personas que quizás carecen de muchas cosas, pero su humildad les lleva a alabar a Dios. En el futuro del mundo y en las esperanzas de la Iglesia están siempre los «pequeños»: aquellos que no se consideran mejores que los demás, que son conscientes de sus límites y de sus pecados, que no quieren dominar sobre los demás, que, en Dios Padre, se reconocen como hermanos.

22.- Oración con las Sagradas Escrituras
En la Audiencia General del 27 de enero de 2021, el Papa se detuvo en la oración que se puede hacer «a partir de un pasaje de la Biblia». «Las palabras de la Sagrada Escritura no fueron escritas para quedar aprisionadas en el papiro, el pergamino o el papel, sino para ser recibidas por una persona que reza, haciéndolas brotar en su propio corazón.» «La Biblia -explica el pontífice- no está escrita para una humanidad genérica, sino para nosotros, para mí, para ti, para hombres y mujeres de carne y hueso, hombres y mujeres que tienen nombre y apellido, como yo, como tú.
«La Palabra de Dios -añade el Santo Padre- se hace carne en quien la acoge en la oración.

En algún texto antiguo surge la intuición de que los cristianos se identifican tanto con la Palabra que, aunque quemaran todas las Biblias del mundo, podrían salvar el «molde» de la misma por la huella que ha dejado en la vida de los santos. Esta es una hermosa expresión. La vida cristiana es una obra, al mismo tiempo, de obediencia y de creatividad. Un buen cristiano debe ser obediente, pero también debe ser creativo. Obediente, porque escucha la Palabra de Dios; creativo, porque tiene el Espíritu Santo en su interior que le impulsa a practicarla, a llevarla a cabo.

23.- Rezar en la liturgia
La Audiencia General del 3 de febrero de 2021 está dedicada a la oración en la liturgia «Un cristianismo sin liturgia, me atrevería a decir que quizás – subraya Francisco – es un cristianismo sin Cristo. Sin el Cristo total. Incluso en el rito más escueto, como el que algunos cristianos han celebrado y celebran en lugares de reclusión, o en el escondite de una casa en tiempos de persecución, Cristo se hace verdaderamente presente y se entrega a sus fieles.»

«La oración del cristiano hace suya la presencia sacramental de Jesús». Francisco también recuerda el vínculo entre la oración y la liturgia.

La vida está llamada a convertirse en culto a Dios, pero esto no puede ocurrir sin la oración, especialmente la litúrgica. Este pensamiento nos ayuda a todos cuando vamos a misa: voy a rezar en comunidad, voy a rezar con Cristo que está presente. Cuando vamos a la celebración de un bautismo, por ejemplo, es Cristo allí, presente, quien bautiza. «Pero, padre, esto es una idea, una forma de decir»: no, no es una forma de decir. Cristo está presente y en la liturgia rezas con Cristo que está a tu lado.

24.- Rezar en la vida cotidiana
La oración diaria es el tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 10 de febrero de 2021. «La oración tiene lugar en la actualidad. Jesús viene a nuestro encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y es la oración la que transforma este hoy en gracia, o mejor dicho, nos transforma a nosotros: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar».

«La oración -dice el Santo Padre- nos ayuda a amar a los demás, a pesar de sus errores y pecados.

La persona es siempre más importante que sus acciones, y Jesús no juzgó al mundo, sino que lo salvó. Es una vida fea la de aquellas personas que siempre están juzgando a los demás, siempre condenando, juzgando: es una vida fea, infeliz. Jesús vino a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los demás, comprende, tú también acércate a los demás, ten compasión, ten ternura como Jesús. Es necesario amar a todas y cada una de las personas, recordando en la oración que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva en sí un fragmento del misterio de Dios.

25 y 26.- La oración y la Trinidad
«¿Por qué el hombre debe ser amado por Dios?». En la audiencia general del 3 de marzo, 2021 Francisco plantea esta y otras preguntas cruciales. ¿Qué Dios está dispuesto a morir por la humanidad? ¿Qué Dios ama siempre y con paciencia, sin esperar ser correspondido? ¿Qué clase de Dios acepta la tremenda falta de gratitud de un hijo que pide su herencia por adelantado y se va de casa despilfarrando todo?.

«Gracias a Jesucristo -afirma el Papa- la oración nos abre de par en par a la Trinidad -al Padre, al Hijo y al Espíritu- al inmenso mar de Dios que es Amor».

Es Jesús quien nos abrió el Cielo y nos proyectó a una relación con Dios. Fue Él quien lo hizo: nos abrió esta relación con el Dios Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es lo que afirma el apóstol Juan al concluir el prólogo de su Evangelio: «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado» (1,18). Jesús nos ha revelado la identidad, esta identidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En su Audiencia General del 17 de marzo de 2021, el Papa Francisco completa su catequesis sobre la oración como relación con la Santísima Trinidad, particularmente con el Espíritu Santo. «El primer don de toda existencia cristiana -dice el Santo Padre- es el Espíritu Santo. No es uno de los muchos dones, sino el don fundamental. El Espíritu es el don que Jesús prometió enviarnos. Sin el Espíritu no hay relación con Cristo y con el Padre».

27.- Orar en comunión con María
En la Audiencia General del 24 de marzo de 2021 el Papa se detiene en la oración en comunión con la Madre de Jesús. «María -subraya el Pontífice- estuvo y está presente en los días de la pandemia, cerca de las personas que desgraciadamente terminaron su camino terrenal en una condición de aislamiento, sin el consuelo de la cercanía de sus seres queridos. María está siempre ahí, a nuestro lado, con su ternura maternal».

Las oraciones dirigidas a María, afirma Francisco, «no son en vano».

Mujer del «sí», que aceptó de buen grado la invitación del Ángel, también responde a nuestras súplicas, escucha nuestras voces, incluso las que permanecen cerradas en el corazón, que no tienen fuerza para salir pero que Dios conoce mejor que nosotros. Los escucha como una madre. Como y más que cualquier buena madre, María nos defiende en los peligros, se preocupa por nosotros, incluso cuando nos enredamos en nuestras cosas y perdemos el sentido de la orientación, y ponemos en peligro no sólo nuestra salud sino nuestra salvación. María está ahí, rezando por nosotros, rezando por los que no rezan. Para rezar con nosotros. ¿Por qué? Porque es nuestra Madre.

28.- Orar en comunión con los santos
«Cuando rezamos, nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa tras nosotros». El Papa Francisco pronunció estas palabras en su audiencia general del 7 de abril de 2021. «El primer modo -dice el Papa- de afrontar un momento de angustia es pedir a nuestros hermanos, a los santos, sobre todo, que recen por nosotros. El nombre que se nos da en el bautismo no es una etiqueta ni una decoración. No se trata más que de «echarnos una mano» en la vida, de echarnos una mano para obtener de Dios las gracias que más necesitamos».

«Cuando rezamos -subraya el Papa- nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa después de nosotros.

En las oraciones que encontramos en la Biblia, y que a menudo resuenan en la liturgia, hay un rastro de historias antiguas, de liberaciones prodigiosas, de deportaciones y exilios tristes, de retornos conmovedores, de alabanzas que fluyen ante las maravillas de la creación… Y así estas voces se transmiten de generación en generación, en un continuo entrelazamiento entre la experiencia personal y la del pueblo y la humanidad a la que pertenecemos. Nadie puede desprenderse de su propia historia, de la historia de su propio pueblo; siempre llevamos esta herencia en nuestras costumbres y también en nuestras oraciones.

29.- La Iglesia como maestra de oración
«La Iglesia es una gran escuela de oración. Muchos de nosotros aprendimos a rezar nuestras primeras oraciones sentados en las rodillas de nuestros padres o abuelos. Tal vez apreciamos el recuerdo de nuestra madre y nuestro padre, que nos enseñaron a recitar oraciones antes de dormir». El Papa Francisco pronunció estas palabras al centrar su catequesis del 14 de abril de 2021 en el tema: la Iglesia maestra de la oración. «Todo en la Iglesia -añade- nace en la oración, y todo crece gracias a la oración.

El Papa señala también una tarea esencial de la Iglesia: «rezar y educar para rezar».

Transmitir de generación en generación la lámpara de la fe con el aceite de la oración. La lámpara de la fe que ilumina, que dispone las cosas tal como son, pero que sólo puede encenderse con el aceite de la oración. Si no, se apaga. Sin la luz de esta lámpara, no podríamos ver el camino para evangelizar, es más, no podríamos ver el camino para creer bien; no podríamos ver los rostros de los hermanos para acercarnos y servir; no podríamos iluminar la sala donde nos reunimos en comunidad… Sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se apaga.

30.- Oración vocal
En la catequesis de la Audiencia General del 21 de abril de 2021, el Papa reflexiona sobre el valor de la oración vocal. «No caigamos en el orgullo de despreciar la oración vocal», porque «despierta hasta el más adormecido de los corazones».

«La oración -recuerda el Pontífice- es diálogo con Dios; y toda criatura, en cierto sentido, «dialoga» con Dios».
En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía…. El Verbo divino se hace carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración. Las palabras son nuestras criaturas, pero también son nuestras madres, y en cierta medida nos dan forma. Las palabras de una oración nos llevan a salvo a través de un valle oscuro, dirigiéndonos a verdes praderas llenas de agua, haciéndonos festejar ante los ojos de un enemigo, como nos enseña a recitar el salmo.

31.- Meditación
En la Audiencia General del 28 de abril de 2021, el Papa se detuvo en «esa forma de oración que es la meditación». «Para un cristiano ‘meditar’ -afirma el Santo Padre- es buscar una síntesis: significa ponerse ante la gran página de la Revelación para tratar de hacerla nuestra, asumiéndola completamente.»

«No hay página del Evangelio -añade el Papa- en la que no haya lugar para nosotros».

Meditar, para nosotros los cristianos, es una manera de encontrarnos con Jesús. Y así, sólo así, encontrarnos de nuevo. Y esto no es un repliegue sobre nosotros mismos, no: ir a Jesús y desde Jesús encontrarnos con nosotros mismos, curados, resucitados, fuertes por la gracia de Jesús. Y conocer a Jesús, salvador de todos, incluso de mí. Y esto gracias a la guía del Espíritu Santo.

32.- Oración contemplativa
En la catequesis del 5 de mayo de 2021, el Papa se detiene en la oración de contemplación. «Ser contemplativo no depende de los ojos, sino del corazón. Y aquí entra en juego la oración, como acto de fe y de amor, como «aliento» de nuestra relación con Dios». «La oración -afirma Francisco- purifica el corazón y, con ella, ilumina también la mirada, permitiendo captar la realidad desde otro punto de vista.

El Papa recuerda también que «la dimensión contemplativa del ser humano -que todavía no es la oración contemplativa- es un poco como la «sal» de la vida: da sabor, da gusto a nuestros días.

Se puede contemplar viendo salir el sol por la mañana, o los árboles que se cubren de verde en primavera; se puede contemplar escuchando música o el canto de los pájaros, leyendo un libro, ante una obra de arte o esa obra maestra que es el rostro humano… Carlo Maria Martini, enviado como obispo a Milán, tituló su primera carta pastoral «La dimensión contemplativa de la vida»: De hecho, quienes viven en una gran ciudad, donde todo -podemos decir- es artificial, donde todo es funcional, corren el riesgo de perder la capacidad de contemplación. Contemplar no es ante todo una forma de hacer, sino que es una forma de ser: ser contemplativo.

33.- La batalla de la oración
En la Audiencia General del 12 de mayo de 2021 El Papa vuelve a presidir la Audiencia General en presencia de los fieles. Sus palabras resuenan, entre los rostros de peregrinos de varios países del mundo, desde el Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico. «Estoy contento de filmar esta reunión cara a cara, porque te digo una cosa: no es agradable hablar delante de la nada, delante de una cámara». Dirigiéndose a los fieles y peregrinos, se detiene en el combate de la oración. Hablando con distancia, volvió a un episodio ocurrido en Argentina. Recordó la historia de una familia. A un padre le dijeron que su hija estaba gravemente enferma a causa de una infección. Según los médicos, no podría pasar la noche. El hombre, llorando, deja a su mujer y a su hija en el hospital. Se sube a un tren y se dirige a la Basílica de Luján donde pasa la noche en oración. Una vez en casa, le dicen que su hija se ha curado inexplicablemente. «La Virgen lo escuchó». «La oración -subrayó el Papa recordando este episodio- obra milagros.

«Siempre -añade el Pontífice- es necesario combatir en la oración para pedir la gracia».

La oración es un combate y el Señor está siempre con nosotros. Si en un momento de ceguera no somos capaces de ver su presencia, tendremos éxito en el futuro. También nos ocurrirá repetir la misma frase que dijo un día el patriarca Jacob: «Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía» (Gn 28,16). Al final de nuestra vida, mirando hacia atrás, también nosotros podremos decir: «Pensé que estaba solo, pero no: Jesús estaba conmigo». Todos podremos decir esto.

34.- Distracciones, aridez, pereza
En la Audiencia General del 19 de mayo de 2021, el Papa reflexionó sobre su experiencia de oración. Y recuerda «algunas dificultades muy comunes». Se detiene especialmente en la distracción, la aridez y la pereza. «Orar», dice, «no es fácil: hay muchas dificultades que se presentan en la oración. Hay que conocerlos, identificarlos y superarlos». «Hay que aprender a caminar siempre». «El verdadero progreso en la vida espiritual -subraya- no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en ser capaz de perseverar en los momentos difíciles.

El Papa Francisco también nos insta a dirigir la oración del «por qué» al Padre, como hace un niño con su papá.
No olvides la oración del «¿por qué?»: es la oración que hacen los niños cuando empiezan a no entender las cosas y los psicólogos la llaman «la edad de los porqués», porque el niño pregunta a su padre: «Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…?». Pero cuidado: el niño no escucha la respuesta del papá. El padre empieza a responder y el niño viene con otro por qué. Sólo quiere atraer la mirada de su padre hacia él; y cuando nos enfadamos un poco con Dios y empezamos a decir por qué, estamos atrayendo el corazón de nuestro Padre hacia nuestra miseria, hacia nuestra dificultad, hacia nuestra vida.

35.- La certeza de ser escuchado
La catequesis del 26 de mayo de 2021 gira en torno a un tema: la certeza de ser escuchado. El Pontífice exhorta a tener la «humilde paciencia de esperar la gracia del Señor, de esperar el último día». «El mal -dice- es señor del penúltimo día: en el último día -afirma el Papa- hay resurrección. «Muchas veces, el penúltimo día es muy malo, porque el sufrimiento humano es malo. Pero el Señor está ahí y en el último día lo resuelve todo».

«Cuando rezamos -explicó el Pontífice- debemos ser humildes: ésta es la primera actitud para ir a rezar.
Cuando oramos debemos ser humildes, para que nuestras palabras sean realmente oraciones y no un vaniloquio que Dios rechaza. También podemos rezar por razones equivocadas: por ejemplo, para derrotar al enemigo en la guerra, sin preguntarnos qué piensa Dios de esa guerra. Es fácil escribir en una pancarta «Dios está con nosotros»; muchos están ansiosos por asegurar que Dios está con ellos, pero pocos se molestan en comprobar si realmente están con Dios. En la oración, es Dios quien debe convertirnos; no somos nosotros quienes debemos convertir a Dios. Es la humildad. Voy a rezar, pero Tú, Señor, convierte mi corazón para pedir lo que es conveniente, para pedir lo que será mejor para mi salud espiritual.

36.- Jesús, modelo y alma de toda oración
«Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros intentos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí». El Papa Francisco en su audiencia general del 2 de junio de 2021 destacó que «el amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intensa y estamos en el centro de su oración.»

«Lo que sostiene a cada uno de nosotros en la vida -dice el Pontífice- es la oración de Jesús por cada uno de nosotros.
Aunque nuestras oraciones fueran sólo tartamudeantes, si se vieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él, yo no sé rezar, pero Él reza por mí. Apoyadas en la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones descansan en alas de águila y se elevan al cielo. No lo olvides: Jesús está rezando por mí – ¿Ahora? – Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús con tanto amor está rezando por mí.

37.- Perseverar en el amor
En la penúltima catequesis sobre la oración, el Papa Francisco, en la Audiencia General del 9 de junio de 2021, reflexiona sobre la perseverancia en la oración. «Es una invitación, más aún, un mandato que nos viene de la Sagrada Escritura. El itinerario espiritual del peregrino ruso comienza cuando encuentra una frase de San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses: «Orad sin cesar, dad gracias en todo» (5,17-18). Las palabras del Apóstol impresionaron al hombre y se preguntó cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en tantos momentos diferentes, que no siempre permiten concentrarse». «A partir de esta pregunta comienza su búsqueda, que le llevará a descubrir lo que se llama la oración del corazón. Consiste en repetir con fe: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!».

«Una oración que nos aleja de la concreción de la vida -afirma el Pontífice- se convierte en espiritualismo, o peor, en ritualismo».

Recordemos que Jesús, después de haber mostrado su gloria a los discípulos en el monte Tabor, no quiso prolongar aquel momento de éxtasis, sino que bajó con ellos del monte y reanudó el camino cotidiano. Porque esa experiencia debía permanecer en sus corazones como luz y fuerza para su fe; también como luz y fuerza para los días que estaban por venir: los de la Pasión. Así, los tiempos dedicados a estar con Dios revitalizan la fe, que nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene vivo el fuego del amor cristiano que Dios espera de nosotros.

El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración concluyó el miércoles 16 de junio. Después de algo más de un año, completa un camino de oración que comenzó el 6 de mayo de 2020. Una oportunidad para meditar en la oración, para acoger la voz del Padre en el corazón.

Amedeo Lomonaco (Vatican News)

Última catequesis sobre la oración: en Jesús encontramos salvación total

El Papa Francisco termina hoy su ciclo de catequesis sobre la oración cristiana durante la audiencia general en el patio de San Dámaso y exhorta a tener el valor y la esperanza de sentir la presencia de Cristo en nosotros: que nuestra vida sea «para dar gloria a Dios».

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- Después de varios meses en los que el Pontífice ha reflexionado sobre la oración cristiana, Francisco recuerda hoy, en su última catequesis sobre este tema, cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús: “Jesús rezaba y rezaba tanto – ha dicho el Papa – y durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el diálogo con el Padre es el núcleo incandescente de toda su existencia”.

De hecho – continúa el Papa – “los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte”, asegurando que estos sucesos culminantes constituyen el núcleo central de la predicación cristiana, el kerygma: “esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la muerte y resurrección arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús”.

Jesús no ofrece salvación episódica, sino la salvación total
Francisco después ha explicado que Jesús no fue “un filántropo” que se hizo cargo de los sufrimientos y de las enfermedades humanas: “fue y es mucho más” dice el Papa. “En Él no hay solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una salvación episódica – la que me salva de una enfermedad o de un momento de desánimo – sino la salvación total”.

La oración de Jesús es intensa, constante y única
Después, el Papa enumera una serie de acontecimientos en los que vemos a Jesús rezando: “Son las horas decisivas de la pasión y de la muerte, en las que vemos una oración intensa, única y que se convierte en el modelo de nuestra oración” asegura el Papa.

“Él reza de forma dramática en el huerto del Getsemaní, asaltado por una angustia mortal. Reza también en la cruz, envuelto en tinieblas por el silencio de Dios. Es la oración más audaz, porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los otros, por todos, también por aquellos que lo condenan, sin que nadie, excepto un pobre malhechor, se ponga de su lado. Todos estaban en contra de Él o eran indiferentes. Sólo ese malhechor reconoció el poder. En medio del drama, en el dolor atroz del alma y del cuerpo, Jesús reza con las palabras de los salmos; con los pobres del mundo, especialmente con los olvidados por todos. Sintió el abandono; y rezó”.

Al final, en la cruz “se cumple el don del Padre – dice el Papa – que ofrece el amor, es decir, se cumple nuestra salvación”.

Jesús nunca nos abandona, siempre reza por nosotros
Al final de su reflexión, Francisco recuerda que incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, “nunca estamos solos” y “la oración de Jesús está con nosotros para que su palabra nos ayude a avanzar”.

“Recordad – dice el Papa – la gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la comunión del Espíritu Santo”. Y no olvidemos – prosigue – que “Jesús reza por mí, incluso en los peores momentos”.

La exhortación final del Pontífice es a “tener coraje y esperanza para sentir fuertemente la oración de Jesús y seguir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios sabiendo que Él reza por mí”.

Mireia Bonilla (Vatican News)

Consejo Mundial de Iglesias comparte esperanza de paz en encuentro Biden-Putin

En vísperas de la cumbre de los presidentes de Rusia y EEUU, los líderes religiosos rezan porque tenga frutos de esperanza y de paz frente a las tensiones geopolíticas y los desafíos del mundo para abordar los impactos sociales y económicos de la pandemia y el cambio climático.

Ciudad del Vaticano, 15 de junio 2021.- El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) dirige una carta abierta y se une en oración, con motivo del encuentro entre los presidentes del Estados Unidos (EEUU) y Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin, que tendrá lugar, mañana 16 de junio, en Ginebra, donde se encuentra la sede de la organización religiosa. Firmada por el secretario general del CMI, Rev. Ioan Sauca la misiva expresa las esperanzas de paz de los líderes religiosos en vísperas de esta primera cumbre donde se tratarán temas que van desde la estabilidad estratégica y la lucha contra la pandemia, hasta asuntos como la cibercriminalidad, la crisis de Ucrania y los derechos humanos.

«Aun luchando por superar la pandemia de COVID-19, el mundo enfrenta desafíos mayores en el futuro para abordar los impactos sociales y económicos más amplios de la pandemia y para enfrentar la amenaza existencial que representa la aceleración del cambio climático a la intrincada red de la vida en nuestro planeta», afirma el rev. Sauca en la carta publicada en el portal de CMI. El líder religioso también señala el “espectro” persistente y una vez más creciente de un conflicto nuclear catastrófico, particularmente en el contexto de la disminución de la cooperación en el control de armas y el aumento de las tensiones geopolíticas.

El secretario general del CMI subraya que, como líderes de dos naciones, con sus historias particulares y roles actuales en los asuntos mundiales, tienen la responsabilidad especial de reducir las tensiones y lograr una relación estable y predecible, a fin de mejorar, en lugar de disminuir, las perspectivas de una cooperación mundial eficaz para abordar las múltiples y complejas crisis que enfrenta el mundo hoy.

Desde su sede en Ginebra, donde se llevará a cabo la cumbre de Biden y Putin, el CMI asegura las a oraciones de todos sus miembros alrededor del por los signos de esperanza de su encuentro. “Oramos para que el Dios de la vida y la paz los inspire y los guíe en esta tarea esencial, por el bien de sus propios pueblos, por nuestra comunidad humana interdependiente y por la creación única y preciosa de Dios”, escribe el líder de la Iglesia ortodoxa en Rumania.

El CMI también compartió una oración por los presidentes Biden y Putin, así como por todos los líderes de todas las naciones del mundo. “Que los guíes por los caminos de la paz y la justicia”, dice la oración. Pide además que conceda sabiduría a todos los que tienen autoridad para que, a medida que gobiernan, seamos librados del pecado que resulta de la guerra y la violencia». Y añade: «Que esta reunión y otras similares, pongan fin al mal que se está infligiendo unos a otros de diversas formas».

Alina Tufani (Vatican News)
Foto de archivo (AFP)

La misión: despertar la fuerza de los laicos

Los Dicasterios de la Santa Sede contados desde dentro: historia, objetivos y el «presupuesto de misión», cómo funcionan las estructuras que apoyan el ministerio del Papa. Conocemos el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en la entrevista con el Prefecto, el cardenal Kevin Joseph Farrell.

Ciudad del Vaticano, 14 de junio 2021.- Tiene solo cinco años de existencia y tres «áreas» de competencia tan grandes como el mundo, resumidas en una palabra: «laicado». El deseo de acoger en un abrazo a hombres y mujeres de toda condición, cultura y origen geográfico, impulsó al Papa Francisco para la creación de esta nueva estructura dentro de la Santa Sede. El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida es el lugar y el observatorio privilegiados para discernir y promover todo lo que pueda dar relieve a la vocación laical en la Iglesia y en el mundo. Un dicasterio en el que trabajan sobre todo laicos, con un presupuesto de misión de dos millones de euros (otorgados en 2021) y que tiene en el corazón -como explica el cardenal Kevin Joseph Farrell, que lo dirige- el bien de la familia con todos sus miembros, no solo los cónyuges, por tanto, también los niños, los jóvenes, los abuelos, las personas con discapacidad, y que anima todo tipo de reflexión -antropológica, moral, filosófica- o de acción -política, económica, ética- que pueda proteger y promover la dignidad de la vida humana.

Dicasterio Laicos Familia Vida. Cardenal Kevin Farrell

Creado por el Papa Francisco en agosto de 2016, el dicasterio ha fusionado en una sola institución las competencias relativas a los laicos, la familia y la vida, antes distribuidas en diferentes organismos. ¿Cuál es el hilo conductor que mantiene unidas estas tres realidades?
Yo diría que el elemento común que une estas diversas áreas como un hilo conductor se puede ver en el papel principal de los fieles laicos en la Iglesia: los laicos en primera persona están llamados a formar a otros laicos en la vida cristiana y a asumir una mayor responsabilidad en sus propias parroquias y diócesis. Son los laicos, especialmente los jóvenes, los que están llamados a aportar su contribución creativa y «visionaria» a la Iglesia y a convertirse en misioneros de sus semejantes. Son los laicos casados quienes pueden, mejor que nadie, asumir la responsabilidad de preparar para el matrimonio y acompañar a otras parejas. Son los laicos los que deben estar presentes en el mundo de la política para orientar a los gobiernos a adoptar medidas adecuadas en defensa de la vida, a favor de las familias, de los ancianos, de los jóvenes, de las personas con discapacidades o que experimentan muchas otras formas de fragilidad. Este es también el deseo del Papa para nuestro Dicasterio: ser un organismo de la Santa Sede que promueva a los laicos en todos los ámbitos, civiles y eclesiales, superando las formas estériles de clericalismo o elitismo, que aún subsisten, especialmente en algunos países. El Papa quiere despertar este protagonismo de todos los laicos, de toda condición social.

¿Cómo se articula concretamente el trabajo del dicasterio?
La actividad del Dicasterio en relación con los laicos, como decía, pretende sobre todo promover su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo, tanto como individuos como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos y comunidades. Durante su visita al Dicasterio el 30 de octubre de 2017, el Papa Francisco había expresado el deseo de que los laicos trabajen aquí predominantemente y estén al servicio de otros laicos. Por lo tanto, se presta especial atención a la formación de los laicos en todos los niveles. Quisiera decir, a este respecto, que la formación de los laicos anima de manera transversal todo el trabajo del Dicasterio, en el sentido de que es una dimensión presente en todas nuestras actividades. De hecho, todo el trabajo que se realiza con los jóvenes, con las familias, con los movimientos eclesiales, incluye aspectos esenciales de la formación de los laicos: formación en la fe y en la vida espiritual, formación para el apostolado, formación para el testimonio cristiano en la sociedad, en la cultura y en la política.

Una reunión de trabajo

Por mencionar algunas iniciativas más concretas, tras un estudio sobre el tema junto con todas las Conferencias Episcopales, se organizó una reunión de trabajo bajo el título «Promoción y formación de los fieles laicos. Buenas Prácticas», con la participación de unos 40 representantes de diversas Conferencias Episcopales del mundo, con el objetivo de identificar las mejores iniciativas destinadas a formar a los fieles laicos para que puedan expresar plenamente su vocación y misión bautismal según la diversidad de culturas y tradiciones de cada país. También se buscaron formas de ayudar, apoyar y animar a las diócesis y Conferencias Episcopales que aún no han desarrollado iniciativas de formación más allá de las vinculadas a la preparación sacramental. Siguiendo una propuesta hecha durante esta conferencia, el Dicasterio también creó una página web, llamada laityinvolved.org, que presenta iniciativas y “best practices” de evangelización, formación y promoción de los fieles laicos que ya están en funcionamiento en diversas partes del mundo, que han resultado fructíferas en un país concreto y que pueden proponerse en muchos otros lugares. Se trata, pues, de un instrumento que el Dicasterio quiere poner al servicio de los agentes de pastoral, de los movimientos laicales y de todos aquellos que estén interesados en comprometerse en este campo vital de la formación de los laicos. También quiero añadir que la primera Asamblea Plenaria del Dicasterio, celebrada en 2019, tuvo como tema precisamente: «Los fieles laicos, identidad y misión en el mundo». Durante las jornadas de trabajo de la Plenaria solicitamos la ayuda y la colaboración de nuestros miembros y consultores, que aportaron al Dicasterio una interesante visión de los objetivos a abordar en los próximos años.

Entre los fieles laicos de los que se ocupa el Dicasterio están los numerosos laicos que, en todas las partes del mundo, forman parte de asociaciones. Por lo tanto, el Dicasterio lleva a cabo una considerable cantidad de trabajo en relación con la erección o el reconocimiento de asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales internacionales, para la aprobación de sus estatutos, y para el examen de los recursos administrativos relacionados con asuntos de su competencia.

El cardenal Farrell en la capilla del dicasterio

En el ámbito de los laicos hay también dos oficinas particulares, también poco conocidas, pero de gran importancia pastoral: la «Oficina de la Mujer», llamada a profundizar en la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de la mujer en la Iglesia y en la sociedad -preocupación muy presente en el Papa Francisco- y la oficina «Iglesia y Deporte», que se propone ser una especie de «observatorio» del mundo del deporte para suscitar en las iglesias locales una renovada sensibilidad hacia la pastoral de los ambientes deportivos.

Vinculado al amplio mundo de los laicos, un lugar especial lo ocupan los jóvenes. El Dicasterio, en este sentido, se hace intérprete la preocupación de la Iglesia por los jóvenes, promoviendo las iniciativas del Santo Padre en el campo de la pastoral juvenil. En este ámbito, se requiere una gran inversión de energía y trabajo por parte del Dicasterio para la organización de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

En el otro gran ámbito de competencia del Dicasterio, el de la Familia y la Vida, se pone en el centro la pastoral de la familia, la protección de su dignidad y su bien, a partir del sacramento del matrimonio; se promueven sus derechos y su responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad civil. El Dicasterio promueve conferencias y eventos internacionales sobre la familia. También supervisa las actividades de los institutos, asociaciones, movimientos eclesiales y organizaciones católicas, tanto nacionales como internacionales, cuya finalidad es servir al bien de la familia. También supervisa la profundización de la doctrina sobre la familia y su difusión mediante una catequesis adecuada. Con el deseo de ofrecer instrumentos formativos concretos, favorece los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y de la familia, ofrece directrices para los programas orientados a los novios y a las parejas jóvenes, y apoya a las familias en la formación de los jóvenes en la fe y en la vida eclesial y civil, con especial atención al diálogo intergeneracional, así como a los pobres y a los marginados. Por último, favorece la apertura de las familias a la adopción y acogida de niños y al cuidado de ancianos.

Participantes en el Foro sobre Amoris laetitia

El objetivo del Dicasterio es también apoyar y coordinar todas las iniciativas para la protección de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, teniendo en cuenta las necesidades de la persona en las distintas fases del desarrollo; promover y animar a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a acoger y valorar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el recurso al aborto; apoyar los programas e iniciativas destinados a ayudar a las mujeres que han abortado. También es tarea del Dicasterio estudiar y promover la formación de los fieles sobre la base de la doctrina moral católica y del Magisterio de la Iglesia, en lo que respecta a los principales problemas de la biomedicina y del derecho relativo a la vida humana, así como a las ideologías inherentes a la vida humana y a la realidad del género humano.

Su actividad está marcada, en particular, por eventos de gran resonancia a nivel mundial, como las Jornadas de la Juventud y los Encuentros de las Familias. ¿Qué papel desempeña el dicasterio en la promoción y coordinación de estas iniciativas?
La preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) requiere un notable esfuerzo de organización y coordinación entre la Santa Sede, el comité organizador local y las diócesis de cada continente, que se desarrolla prácticamente «en un ciclo continuo», es decir, sin apenas interrupción entre una JMJ y otra. A lo largo de los años, la JMJ se ha convertido en un acontecimiento de resonancia mundial, no solo a nivel eclesial sino también social, especialmente para los países organizadores. En concreto, el Dicasterio se encarga de la preparación de los momentos catequéticos que caracterizan los días previos al encuentro con el Papa, seleccionando a los ponentes y organizando los encuentros por grupos lingüísticos. Por otra parte, la logística del encuentro, que incluye la preparación de los espacios de celebración y reunión y toda la compleja gestión de la recepción, se deja en manos de la diócesis local que acoge la JMJ, pero el Dicasterio también desempeña un importante papel de asistencia al comité local, poniendo a su disposición su larga experiencia acumulada a lo largo de los años en las pasadas ediciones de este evento. Como es sabido, la JMJ internacional suele tener lugar cada tres años, mientras que en las iglesias particulares se celebra anualmente. El objetivo del Dicasterio es hacer de las JMJ un proceso continuo de formación, evangelización y acompañamiento de los jóvenes, para que estas jornadas no se reduzcan a un interludio intenso y emocionante que permanece aislado, pero que no deja huella en la vida concreta de los jóvenes, sino que representan el momento culminante, alegre y festivo, de un proceso gradual y profundo que permite a los jóvenes crecer y madurar, año tras año, dejando en ellos frutos duraderos. En este sentido, precisamente como parte de este «camino continuo» con los jóvenes y para los jóvenes, el Dicasterio está trabajando para sensibilizar a las Conferencias Episcopales para potenciar las JMJ diocesanas con el debido énfasis pastoral, a raíz de la reciente indicación del Papa Francisco, que ha decidido trasladar esta celebración local, tradicionalmente ligada al Domingo de Ramos, al domingo en que cae la Solemnidad de Cristo Rey, a partir de 2021. El subsidio titulado «Orientaciones pastorales para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en las Iglesias particulares» ya está disponible en varias lenguas en la página web del Dicasterio, e ilustra a los pastores de las iglesias locales sobre la JMJ diocesana, da indicaciones sobre cómo celebrarla y anima a su organización allí donde aún no está prevista.

Trabajando para el Congreso Mundial de las Familias 2022

Al igual que la JMJ, el Encuentro Mundial de las Familias ha cobrado a lo largo de los años tal importancia y trascendencia que ha requerido un largo y laborioso proceso de preparación, también en plena sinergia con la diócesis anfitriona. Al Dicasterio se le confía principalmente la preparación del Congreso Teológico-Pastoral Internacional, que tiene lugar en los primeros días del evento, con la participación de los Obispos encargados de la pastoral familiar y de la vida, de los matrimonios delegados por las Conferencias Episcopales y por las Diócesis, de los expertos, de los representantes de los movimientos y de las asociaciones familiares y, en general, de todas las familias que deseen vivir unas jornadas de formación y de intercambio, en un ambiente de amistad, de fiesta y de oración. El 10º Encuentro Mundial de las Familias del próximo año, que marcará la conclusión del «Año de la Familia Amoris laetitia», será de especial importancia.

¿Qué recursos se utilizan para apoyar un compromiso tan amplio? ¿Y cuáles son los puntos más significativos de su «declaración de misión» específica?
Una parte importante de nuestro trabajo es de carácter pastoral y se realiza en continuo diálogo con los grupos de laicos, y en estrecha colaboración con los responsables de la pastoral familiar y juvenil. Diría, por tanto, que el principal recurso del Dicasterio son precisamente las personas que trabajan en él, porque permiten mantener viva esta red de relaciones, que es vital para nosotros, y, con sus competencias, hacen posible llevar a cabo con eficacia esta tarea de animación, orientación y acompañamiento pastoral. En cuanto a los recursos económicos, el Dicasterio se beneficia de algunas donaciones procedentes de Asociaciones o Fundaciones que apoyan parcialmente nuestras iniciativas, especialmente con motivo de los congresos internacionales que organizamos. Las principales partidas de gastos son las de alquiler, los sueldos de los funcionarios y el resto del personal. El Dicasterio también gestiona un «Fondo de Solidaridad» especial, alimentado por una contribución que pagan los jóvenes al inscribirse en la JMJ. Este fondo se utiliza para ayudar a los jóvenes con menos recursos a pagar el viaje y el alojamiento, para que puedan participar lo más ampliamente posible en la JMJ.

Presupuesto de la Santa Sede 2021, la incidencia de los gastos de los distintos dicasterios

Entre las competencias del Dicasterio está el rico y variado mundo de las asociaciones y movimientos eclesiales. ¿Cuál es el estado de salud de las asociaciones de laicos hoy y cuáles son las perspectivas de futuro, también a la luz de las indicaciones del reciente Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes?
El mundo del asociacionismo laical es rico y variado, hasta el punto de que es difícil definir genéricamente el estado de salud de realidades tan diferentes entre sí. Hay asociaciones internacionales nacidas antes del Concilio Vaticano II, algunas con una historia centenaria; otras nacieron en el ámbito de las congregaciones religiosas; luego están los movimientos eclesiales, que después del Concilio han tenido un enorme desarrollo. Algunas realidades eclesiales están experimentando el «desconcierto natural», como lo llama el Papa Francisco, que marca el período que sigue a la muerte de sus fundadores. Algunas, tras décadas de gran expansión, están experimentando en los últimos años un cierto descenso en su número, otras son más jóvenes y, por tanto, están en pleno desarrollo. Algunas ya han alcanzado la plena «madurez eclesial», otras todavía tienen que crecer en este aspecto.

En cualquier caso, estas realidades constituyen un gran recurso para la Iglesia y sus métodos de evangelización contribuyen a realizar de diversas maneras el deseo del Papa Francisco de una Iglesia en salida, dirigida a las periferias sociales y existenciales. Los caminos y las etapas de formación que se desarrollan en su ámbito interno los convierten en verdaderos laboratorios en los que los jóvenes, los adultos y los mayores pueden hacer experiencia la fe y testimoniarla en los contextos de la vida cotidiana, el trabajo y el compromiso social.

Es tarea del Dicasterio acompañar a estas realidades en su camino de crecimiento y supervisar que, fieles a su propio carisma, maduren según los criterios de eclesialidad que las distinguen. Es un acompañamiento que el Dicasterio lleva a cabo a través de una densa red de contactos, correspondencia, encuentros anuales sobre temas importantes de la vida de la Iglesia, visitas de los responsables de las realidades asociativas internacionales al Dicasterio o la participación de los Superiores en sus eventos.

En primer plano el texto de Amoris laetitia

En los próximos meses los focos de la Iglesia se centrarán especialmente en la familia, después de que el Papa anunciara el año especial inspirado en Amoris laetitia. ¿Qué tipo de respuesta espera y en qué iniciativas piensa concentrar el compromiso del dicasterio?
El Año «Familia Amoris laetitia», inaugurado por el Santo Padre el 19 de marzo de 2021, solemnidad de San José y quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica, pretende ofrecer una oportunidad de reflexión y profundización para aplicar en la pastoral la riqueza de la Exhortación. La intención es poder llegar a todas las personas y a todas las familias cristianas del mundo, para anunciar lo precioso que es el don del matrimonio y fomentar el protagonismo de las propias familias en la evangelización. Esta intención quisiera traducirse en un renovado impulso pastoral, orientado a ofrecer una preparación matrimonial y un acompañamiento a los matrimonios adecuado a los desafíos de los tiempos, con especial referencia a la educación de los hijos, a la implicación activa de los cónyuges en la Iglesia junto a los sacerdotes, para ayudar a las parejas y a las familias en crisis o que atraviesan dificultades particulares.

El Dicasterio ya ha iniciado varias iniciativas en ese sentido: la publicación mensual de unos vídeos en los que el Santo Padre se detiene sobre los capítulos de Amoris laetitia y con algunas familias de todo el mundo que cuentan su experiencia de vida cotidiana concreta. Justamente la semana pasada se realizó un foro de cuatro días con los responsables de la pastoral familiar de las Conferencias Episcopales, los movimientos y las asociaciones internacionales, para compartir los retos y las estrategias en la aplicación de Amoris laetitia. El cuarto domingo de julio de este año se celebrará la primera Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, y están previstas otras muchas iniciativas, también de carácter académico, en colaboración con redes de universidades y centros familiares, para promover la cultura del matrimonio y la familia en la sociedad civil. El Año concluirá con la celebración del 10º Encuentro Mundial de las Familias en Roma (22-26 de junio de 2022), cuyo tema es «El amor familiar: vocación y camino de santidad».

Se trata de favorecer el trabajo, en algunos contextos eclesiales ya muy intensos, de las Conferencias Episcopales, las Iglesias locales, los movimientos y las asociaciones familiares, de las academias y las universidades, para compartir contenidos y estrategias pastorales en un espíritu de auténtica comunión eclesial.

Una conexión a distancia

En este tiempo de pandemia han tenido un gran eco las campañas que ustedes han promovido para llamar la atención sobre la situación de las personas mayores. ¿Cómo piensan dar continuidad a estas iniciativas para que se conviertan en un compromiso pastoral permanente para toda la Iglesia?
La opción de valorar a los abuelos -como llama el Papa a las personas mayores- no nació con la pandemia ni termina con ella, sino que es un rasgo que distingue al pontificado del Papa Francisco. Nuestro Dicasterio, como indica su mismo estatuto, se dedica específicamente a la pastoral de las personas mayores y estamos pidiendo a todas las realidades eclesiales a crear una oficina específicamente destinada a la pastoral de los mismos. La institución de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, para la que ya estamos trabajando, va en la misma perspectiva: los mayores son una parte relevante del laicado católico y serán los protagonistas del futuro de la Iglesia.

La pandemia les ha golpeado con especial dureza, sobre todo a aquellos que se han encontrado sin un entorno familiar. A raíz de esta experiencia, nuestras iniciativas se inscriben en el marco de la pastoral familiar, con la intención de fomentar una actitud de acogida por parte de las familias hacia las personas mayores que están más solas.

¿Cómo puede contribuir el reciente motu proprio del Papa sobre el acceso de las mujeres al ministerio instituido del lectorado y del acolitado a mejorar la dignidad y la misión de la mujer en la Iglesia?
La posibilidad de conferir los ministerios de acólito y lector también a las mujeres no resuelve en sí misma la cuestión relativa a las mujeres y su presencia en la Iglesia. Sin embargo, la medida deseada por el Papa Francisco, además de superar una discriminación que no tenía justificación teológica, llama la atención sobre la valoración de las mujeres en la Iglesia no como sustitutas para realizar determinadas tareas, sino como portadoras, ellas mismas, de su propia vocación eclesial, en virtud del bautismo y según los dones que las hacen apóstoles en los contextos eclesiales y no eclesiales en los que viven y trabajan.

Alessandro De Carolis (Vatican News)

Opinión: «El escándalo de los abusos y la reforma en la Iglesia» (Andrea Tornielli)

Las notables indicaciones contenidas en la carta con la que el Papa Francisco rechazó la renuncia ofrecida por el Cardenal Marx.

“La reforma en la Iglesia la han hecho hombres y mujeres que no tuvieron miedo de entrar en crisis y dejarse reformar a sí mismos por el Señor. Es el único camino, de lo contrario no seremos más que ‘ideólogos de reformas’ que no ponen en juego la propia carne”. Este es un pasaje de la carta con la que el Papa rechazó la oferta de dimisión del cardenal Reinhard Marx de la conducción de la diócesis de Múnich y Frisinga. Es un texto papal lleno de notables indicaciones, que van mucho más allá del caso particular para centrarse de nuevo en lo esencial, indicando la mirada y la actitud cristiana ante la realidad. Esa mirada y esa actitud se olvidan a menudo cuando -incluso en la comunidad eclesial- se corre el riesgo de atribuir un valor salvífico a las estructuras, al poder de la institución, a las normas legislativas cada vez más detalladas y estrictas, a las best practices empresariales, a la lógica de la representación política trasplantada en los caminos sinodales, a las estrategias de marketing aplicadas a la misión, al narcisismo comunicativo de los efectos especiales.

Afirmar, como hace el Obispo de Roma, que ante el escándalo de los abusos «no nos salvarán las encuestas ni el poder de las instituciones. No nos salvará el prestigio de nuestra Iglesia que tiende a disimular sus pecados; no nos salvará ni el poder del dinero ni la opinión de los medios (tantas veces somos demasiado dependientes de ellos)», significa una vez más indicar el único camino cristiano. Porque, escribió el Papa a Marx, «nos salvará abrir la puerta al Único que puede hacerlo y confesar nuestra desnudez: ‘he pecado’, ‘hemos pecado’…». Es en el camino de la debilidad donde la Iglesia vuelve a encontrar la fuerza, cuando no confía en sí misma ni se siente protagonista, sino que pide perdón e invoca la salvación del Único que puede darla.

El Papa emérito Benedicto XVI, en sus notas preparadas para la cumbre de febrero de 2019 para la protección de los menores y publicadas dos meses después, preguntándose cuáles eran las respuestas adecuadas a la lacra de los abusos había escrito: «El antídoto contra el mal que nos amenaza últimamente a nosotros y al mundo entero solo puede consistir en el hecho de que nos abandonemos» al amor de Dios. «Si reflexionamos sobre lo que hay que hacer, está claro que no necesitamos otra Iglesia inventada por nosotros». Hoy en día «la Iglesia es vista en gran medida solo como una especie de aparato político» y «la crisis provocada por muchos casos de abusos a manos de sacerdotes nos empuja a considerar a la Iglesia incluso como algo malo que debemos tomar definitivamente en nuestras manos y formar de una manera nueva. Pero una Iglesia hecha por nosotros no puede representar ninguna esperanza».

En 2010, en medio de la tormenta provocada por el escándalo de los abusos en Irlanda, el Papa Ratzinger había señalado el camino penitencial como el único viable, diciendo que estaba convencido de que el mayor ataque a la Iglesia no provenía de enemigos externos, sino de su interior. Hoy su sucesor, Francisco, con una consonancia de miradas y acentos, nos recuerda que la reforma, en la Ecclesia semper reformanda, no se realiza con estrategias políticas, sino con hombres y mujeres que se dejan “reformar por el Señor”.

Andrea Tornielli
Imagen: Francisco reflexiona sobre la crisis de los abusos:
«Nos salvará abrir la puerta al Único que puede hacerlo y confesar nuestra desnudez:
‘he pecado’, ‘hemos pecado’…». (Vatican Media)

Fisichella: la violencia contra las mujeres, una forma bárbara de pobreza

Presentado en la Oficina de Prensa del Vaticano el Mensaje del Papa para la V Jornada Mundial de los Pobres del 14 de noviembre. Están previstas nuevas iniciativas para los más débiles. Presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización: las teorías sobre la superpoblación como causa de la pobreza están influenciadas por las ideologías.

Ciudad del Vaticano, 14 de junio 2021.- Además de la falta de alimentos y de productos de primera necesidad, así como de la precariedad de la salud, existe hoy en día otra pobreza que no debe subestimarse y es la violencia contra las mujeres: «Una barbarie que hace del mundo de las mujeres un escenario de auténtica pobreza». Condena el fenómeno monseñor Rino Fisichella, presentando en la Oficina de Prensa del Vaticano el mensaje del Papa Francisco para la V Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el próximo 14 de noviembre con una misa en la Basílica de San Pedro presidida por el Pontífice.

Todavía hay formas de desigualdad y falta de dignidad
«Ante los sucesos cotidianos de violencia contra las mujeres, no se puede dejar de condenar esta barbarie que hace del mundo de las mujeres un escenario de auténtica pobreza», afirma el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, que organiza la Jornada Mundial por quinto año, a partir de su institución en 2016 al concluir el Jubileo de la Misericordia. «De forma aún más incomprensible para una cultura que ha alcanzado las formas más maduras de igualdad, se está obligado a constatar expresiones de desigualdad y de falta de dignidad que hieren no sólo a las pobres víctimas, sino a toda la sociedad, a menudo demasiado impotente y afónica como si se resignara a renunciar a las conquistas obtenidas con dificultad a lo largo de las décadas».

Nuevas expresiones de la pobreza
Monseñor Fisichella se detiene luego en el tiempo actual marcado por la pandemia de Covid, marcado por «formas de injusticia que se hacen cada vez más evidentes a medida que surgen nuevas expresiones de pobreza». «El Santo Padre es muy consciente de las consecuencias que están ante los ojos de todos cada día, hasta el punto de que «las personas más vulnerables se ven privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro».

No a los hábitos que se convierten en indiferencia
En este trágico escenario, el mensaje que el Papa quiere subrayar con su documento es que «ante los pobres no se puede permitir ningún acostumbramiento que se convierta en indiferencia». Ellos, reitera Fisichella, «no son personas ‘externas’ a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación»; tampoco los pobres y su condición son «fruto de la fatalidad», sino «un signo concreto» de la presencia de Cristo entre los hombres. Por ello, los cristianos deben «redescubrir el entusiasmo necesario para volver a hacer creíble su presencia en el mundo».

Apelar a los gobiernos e instituciones para una «planificación creativa»
En estos puntos, el magisterio de Francisco es fuerte y puntual, sin caer en la retórica. También es fuerte el llamamiento del Pontífice a los gobiernos e instituciones mundiales «para que se sientan comprometidos con la construcción de un mundo mejor basado en la justicia» y para que lo construyan con una «planificación creativa» que lleve a soluciones a largo plazo. De hecho, se espera que los gobiernos y los gobernantes no sólo escuchen las palabras del Papa – que siempre tienen un gran eco- sino que pongan en práctica sus indicaciones: La pobreza no afecta sólo a un grupo de naciones, es un fenómeno planetario que toca a todo el mundo. Dar la espalda y vivir como si el problema no existiera hace que el Papa diga una hermosa expresión: a menudo hablamos de los pobres en nuestras políticas, pero luego nos encontramos como incompetentes, señaló Fisichella.

La superpoblación como causa de la pobreza, una teoría ideológica
Finalmente, el prelado respondió a las preguntas de los periodistas, incluida una sobre las teorías de que la sobrepoblación es una de las principales causas de la pobreza. Teorías de larga data, señala el prelado, que definen ciertos análisis “no exentos de opciones ideológicas que conducen inevitablemente a una regulación de la natalidad y a formas sectoriales de presencia social”. «Cuestiones de este tipo -añade- deben ser analizadas desde diversas perspectivas y factores, pero no se puede hacer una lectura única y unívoca sobre las causas y las consecuencias de las mismas. Por ejemplo, la pobreza puede ser causada por los países ricos que en su riqueza quieren más productos, más consumo y así crean situaciones de pobreza». Por ello, una «lectura plural» es útil para «no caer en opciones ideológicas» que «alejen el análisis y las consecuencias».

Iniciativas para el 14 de noviembre
El presidente del Dicasterio para la Nueva Evangelización anunció finalmente que también este año, con motivo de la Jornada de los Pobres, se pondrán en marcha diversas iniciativas como en 2020, cuando se logró distribuir 5.000 paquetes para familias necesitadas en las parroquias de Roma y 350.000 mascarillas para las escuelas de la periferia. Por el momento no hay indicaciones precisas porque cada evento y proyecto estará sujeto a las decisiones que se tomen a nivel internacional para combatir la pandemia. En cualquier caso, ya están pensando en «dar una señal» después del verano: «El descubrimiento de la vacuna, la posibilidad de que se distribuyan lo más posible a todos, en todas las partes del mundo, especialmente a los marginados y pobres, se convierte en la meta con la que retomar el camino diario interrumpido por Covid».

Salvatore Cernuzio (Vatican News)
Imagen: Mons. Rino Fisichella (Foto de archivo)