«Mi tía no murió al instante, se incorporó y gritó: “¡Viva Cristo!”»

Dos años después de que el Papa firmara el decreto de martirio, Pilar, Octavia y Olga fueron beatificadas el sábado en Astorga. Las tres se ofrecieron voluntarias para atender a los heridos del frente durante la Guerra Civil.

30 de Mayo de 2021.- Cuando estalló la Guerra Civil española Pilar Gullón, Octavia Iglesias y Olga Pérez-Monteserín se apuntaron a un curso de Enfermería de la Cruz Roja en Astorga. Tras terminarlo se ofrecieron como voluntarias para partir hacia el frente. «Pilar fue la primera en ofrecerse. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera por los demás. Tenía una gran espíritu de sacrificio y de entrega», asegura Manuel Gullón, sobrino de Pilar, promotor de la causa de canonización y presidente de la Fundación Mártires de Astorga –formada por Manuel, sus cinco hermanos y el obispo de Astorga–.

Pilar Gullón

Pertenecía a una familia muy religiosa y cuidó de su padre enfermo durante años. También dedicó mucho tiempo a actividades sociales en su parroquia.

Las tres jóvenes partieron el 8 de octubre de 1936 a un hospital de sangre –así se conocía a los hospitales provisionales que se situaban cerca de la primera línea de guerra, donde se atendía a los heridos– en Pola de Somiedo. «Allí realizaron su labor con un entusiasmo y una dedicación extraordinarios hasta el punto de que, cuando tienen que ser relevadas, piden alargar su estancia en dicho hospital», subraya Gullón. «Se dedicaban a cuidar a los heridos». También «asistían a Misa todos los días. En una carta, Pilar decía que estaba cuidando a los heridos, que le daba pena, pero que estaban tocando las campanas y tenía que dejarlos un rato para ir a Misa».

Su trabajo se vio interrumpido abruptamente a los pocos días. El 27 de octubre, cuando el sol empezaba a despuntar, el hospital sufrió un ataque y fueron apresadas. Pilar, Octavia y Olga tuvieron la posibilidad de huir, pero se negaron y decidieron no abandonar a los heridos. Entonces llegaron los milicianos y acabaron con la vida de los soldados convalecientes y las tres enfermeras fueron trasladadas a Somiedo.

Olga Pérez-Monteserín

Nació en París en 1913. Era soltera, se dedicaba a sus labores y tenía una gran sensibilidad por las artes plásticas. Era hija de un conocido pintor.

«Allí las coaccionaron para que renegaran de su fe, ofreciéndoles el perdón, pero ellas rechazaron la propuesta, manteniéndose firmes en su fidelidad a Dios», explica el presidente de la Fundación Mártires de Astorga, que conserva parte del diario de Pilar Gullón en el que la enfermera relata todos estos sucesos. Antes de que su fidelidad las condujera a la muerte, las enfermeras fueron encerradas una noche en una casa del pueblo y sufrieron todo tipo de torturas y vejaciones. «Una vez que se abrió su causa de canonización, nos enteramos por el relato de varios testigos que aquella noche fueron violadas» por los milicianos.

Al día siguiente, Pilar, Octavia y Olga fueron desnudadas y conducidas a un descampado en el que las fusilaron. «Mi tía no murió al instante, se incorporó y dijo: “No estoy muerta. ¡Viva Cristo Rey!”. Una miliciana se acercó y la remató», detalla Manuel Gullón. Sus cuerpos fueron abandonados durante horas y por la noche, los milicianos obligaron a varios hombres a excavar una fosa en la que enterraron a las tres jóvenes, que tenían 25, 41 y 23 años respectivamente.
Mujeres, enfermeras y laicas.

El proceso de beatificación se inició en 2006 impulsado por los sobrinos Gullón, pero «el verdadero promotor fue nuestro padre [hermano pequeño de Pilar]. Toda nuestra vida nos habló muchísimo de ella, de lo alegre y extrovertida que era, de su profunda espiritualidad», explica Gullón. Por eso, cuando el Papa Francisco firmó el decreto de martirio el 11 de junio de 2019, los sobrinos de Pilar sintieron «una alegría inmensa» porque, de algún modo, «la Iglesia reconocía oficialmente todo lo que nuestro padre nos había contado de su hermana. Este proceso también es un homenaje a nuestro padre», asegura el presidente.

Dos años después de aquel decreto, las tres enfermeras fueron beatificadas este sábado 29 de mayo en la catedral de Astorga. «El retraso para esta celebración se ha debido a la falta de nuncio en España, a la muerte repentina del que fue obispo de Astorga –Juan Antonio Menéndez–, al largo periodo de sede vacante y también a la pandemia», concluye el sobrino de Pilar Gullón.

Octavia Iglesias

Era prima segunda de Pilar. Nació cuando su padre tenía 59 años, por lo que gran parte de su vida la dedicó a cuidar de sus padres.

En cualquier caso, espera que la beatificación sea un testimonio elocuente para los jóvenes, «que cada vez encuentran más dificultades para vivir de modo coherente con la fe»; para los laicos, pues son modelo de compromiso «eclesial, atento a las necesidades de los demás»; para las mujeres, «que en la actualidad se ven sometidas, en ocasiones, a una denigración parecida a la que ellas sufrieron», y para el mundo de la enfermería, que encuentra en el testimonio de las tres nuevas mártires un ejemplo excelente de atención a los enfermos.

José Calderero de Aldecoa (Alfa y Omega)
Fotos: Fundación Mártires de Astorga

San Isidro Labrador, piadoso devoto de Santa María de la Almudena

Estamos de fiesta: celebramos al madrileño más universal, a nuestro querido patrón, san Isidro Labrador. Nos viene sin duda a la mente, el popular estribillo «San Isidro Labrador, quita el agua y pone el sol».

Madrid, 17 de mayo 2021.- La semana anterior mencionábamos las rogativas realizadas por los madrileños a la Virgen de la Almudena en aquellas circunstancias de especial dificultad. Sin duda, uno de esos momentos era cuando la sequía amenazaba con destruir las cosechas. El pueblo, entonces, no dudaba en sacar en procesión a los dos patronos, para implorar de ellos que la lluvia cayese sobre sus campos sedientos. En otras ocasiones, el cuerpo del santo era llevado en procesión desde la iglesia de San Andrés hasta la de Santa María, y allí estaba expuesto durante días, para que mediara ante Nuestra Señora.

Desde bien antiguo, la Villa de Madrid acudió al patrocinio de San Isidro en época de sequía. Era el Ayuntamiento el encargado de llevar a cabo diversas plegarias para implorar al Todopoderoso las aguas que tanta falta hacían a los agostados campos, invitando a que todos los vecinos se unieran con sus oraciones.

Así el 16 de abril de 1868, el entonces alcalde-corregidor de Madrid, el marqués de Villamagna, dirigió un bando invitando al pueblo a que participara en una rogativa en Santa María de la Almudena junto a una procesión con la efigie del patrono hacia la parroquia:
Esta Excma. corporación, en vista de las presentes circunstancias, se ha creído nuevamente en el caso de interpretar los acendrados y tradicionales sentimientos religiosos de la población que representa, elevando otra vez sus preces al Altísimo por si se digna al final apiadarse de esta católica nación y de este pueblo, enviando a los campos la benéfica y deseada lluvia que los fertilice y fecunde.

En su consecuencia, ha acordado por unanimidad implorar la poderosa y eficaz intercesión de la Santísima Virgen, patrona de esta Villa, bajo la advocación de la Almudena, y de su santo y glorioso patrono, labrador que fue de la misma.

Al efecto ha dispuesto que la imagen de San Isidro Labrador, que de su propiedad se venera en el oratorio de las Casas Consistoriales, se traslade en público desde las mismas, en la mañana del próximo sábado, con la mayor ostentación y brillo, a la real iglesia de su advocación, en cuyo templo a las once de dicho día se celebrará una solemne misa de rogativa con sermón, del que se halla encargado el presbítero Sr. Jaime Cardona.

Que concluida esta función se traslade asimismo procesional y públicamente la santa efigie a la real iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, donde quede expuesta a la veneración de este pueblo en los días siguientes, celebrándose el lunes, martes y miércoles, a la expresada hora de las once de la mañana, solemne misa y devota rogativa, y que terminada la del miércoles, se restituya la imagen, en la misma forma en que salió, al mencionado oratorio de las Casas Consistoriales.

Uno de los extremos del acuerdo del cuerpo municipal es hacer una expresiva invitación al vecindario, como se verifica, para que tome parte en estos actos religiosos, elevando también sus fervientes preces al Todopoderoso para que, compadeciéndose de nosotros, se digne usar de su inagotable bondad y misericordia derramando sobre nuestros enjutos y áridos campos el agua que les dé lozanía.

Así de unidos han estado siempre en el alma de los madrileños, la Virgen de la Almudena y san Isidro Labrador. Con motivo de la fiesta del 15 de mayo de 1852, en el Diario Oficial de Avisos de Madrid, se publicaba esta breve reseña sobre la vida de San Isidro: «Madrid, célebre por muchos títulos, lo es particularmente por haber dado cuna a este ínclito y santo varón. Criado en el temor de Dios, y habiéndole cabido en suerte un alma buena, fue virtuoso toda su vida, ya se le considera casado con Santa María de la Cabeza, ya se le contemple labrando la tierra, en cumplimiento de su obligación o dirigiendo sus fervorosos votos al Señor y a su Santísima Madre en los templos de Atocha y Santa María de la Almudena, siempre se admirarán en él, todas las cualidades de un verdadero siervo de Dios».

Sin duda, en san Isidro sobresalió su profundo amor a María Santísima, de manera especial, en las advocaciones de Atocha y la Almudena. Como recogió Nicolás J. de la Cruz en su Vida de san Isidro (1790), los padres del santo acudían a confesarse a la iglesia de Santa María la Mayor, y así comenzó también san Isidro a tratar «con aquellos varones religiosos, que viendo en él tan buenas inclinaciones, acompañadas de una graciosa sencillez, le manifestaban mucho amor». San Isidro eligió por confesor a uno de los antiguos canónigos reglares de la iglesia Mayor de Madrid:
Atraído Isidro de la buena conversación y doctrina de aquellos sacerdotes, comunicaban con ellos sus buenos intentos, y los celestiales deseos que ponía el Señor. […] Sujetóse, a su obediencia, en cuya dirección aprendía el ejercicio de las virtudes.

En fin (como dice Bleda) en nuestra Señora de la Almudena fue instruido San Isidro entre aquellos religiosos canónigos reglares: allí aprendió tanta virtud, la costumbre de tanto orar y la devoción a nuestra Señora.

Ya en el llamado Códice de san Isidro (siglo XIII), expuesto hoy en el Museo Catedral de la Almudena, se refiere la devota costumbre que este hombre sencillo tenía de recorrer las iglesias de la Villa, todos los días al amanecer, empezando por la de Atocha, y terminando en Santa María y en San Andrés, que era su parroquia. Allí se encomendaba al santo apóstol, daba gracias a Dios y volvía a sus quehaceres de labranza.

Gerónimo de la Quintana también en su Historia de la Villa de Madrid (1629), reseñó esta costumbre. Sobre las oraciones que realizaba en Santa María de la Almudena, escribió lo siguiente: «De cuya imagen (Virgen de la Almudena) fue siempre muy devoto; oía en su capilla, misa con mucha devoción, donde se decía muy de mañana para la gente del campo […]. Acabada de oír, y aviendo en aquel soberano sacrificio ofrecido también su corazón en holocausto, deshecho en tiernas lágrimas, de quien tenía particular don, principalmente en presencia del Santísimo Sacramento, se despedía de la santa Imagen».

Nos gustaría concluir con unos versos del célebre poeta madrileño Lope de Vega dedicado a san Isidro, de su poema hagiográfico titulado con el mismo nombre (1599), donde nos transmite esta devoción del santo a la patrona de Madrid. ¡Feliz día de dan Isidro!

Los bueyes viendo la aurora
por Isidro preguntaban,
que en aquella edad hablaban
y también hablan ahora;
él en tanto a la Señora
del Almudena decía
lo que sin saber sabía,
y para más contemplar,
adrede dejaba arar
los ángeles todo el día.

Museo Catedral de la Almudena

Francisco María de la Cruz Jordán es Beato: «Anunciar a Cristo para salvar a todos»

«La intuición carismática del Beato Francisco María ha guiado a muchas mujeres y hombres de diferentes naciones y lenguas a seguir el Evangelio», dijo el cardenal Vicario Angelo De Donatis en la misa de beatificación del fundador de la Sociedad del Divino Salvador. «La labor de la familia salvatoriana ha contribuido a la difusión del mensaje de salvación en más de 50 países», añadió.

Ciudad del Vaticano, 15 de mayo 2021.- La mañana del sábado 15 de mayo fue beatificado en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, el padre Francisco María De la Cruz Jordán, oriundo de Gurtweil, Alemania; fundador de la Sociedad del Divino Salvador y cofundador (junto con la beata María de los Apóstoles), de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador.

La santa Misa fue presidida por el cardenal Vicario Angelo De Donatis, quien pronunció una emotiva homilía destacando la alegría con la que toda la comunidad diocesana de Roma recibe al nuevo beato, «una nueva estrella que ha venido a iluminar el cielo y se suma a las filas de los beatos».

“Francisco de la Cruz Jordán puede considerarse un hijo de pleno derecho de la Iglesia de Roma: aquí pasó los años de su formación; aquí recibió como don del Espíritu el carisma fundacional que le inspiró la fundación de la antigua Sociedad Apostólica el 8 de diciembre de 1881 en la plaza Farnese. Aquí, en la «Via della Conciliazione», yacen sus restos mortales. Hoy, donde todo comenzó, en la ciudad de Pedro y Pablo, donde la Sociedad dio sus primeros pasos, ¡es beatificado! La Iglesia reconoce que se transfiguró en la muerte y resurrección de Cristo y que ahora vive en él entre los bienaventurados. ¡Francisco de la Cruz vive en Cristo!”

Observando «el tapiz» que la Liturgia de la Palabra «ha tejido en nuestros corazones» – dijo el cardenal- destacan tres hilos conductores «que podemos contemplar con mayor detenimiento y que también caracterizaron la vida de Francisco Jordán, hasta convertirlo en un icono del Señor Resucitado».

Meditar en la Escritura
El primer hilo es meditar en la Escritura, ya que «él comprendió que sólo de la Palabra de Dios se puede recibir esa luz que ilumina a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte».

“La semilla de la vocación apostólica del Beato Francisco de la Cruz germinó con el estudio y la meditación de la Palabra. Entre sus propósitos personales, recogidos en su diario espiritual, destaca: ¡Leer a menudo las Escrituras! Era una recomendación que se dirigía a sí mismo, porque para él la Biblia era la fuente de la que extraía los contenidos de su formación religiosa”

Algo que también recuerda el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium -añadió De Donatis- «toda la evangelización debe alimentarse de la Palabra de Dios; se fundamenta en ella, se escucha, se medita, se vive, se celebra y se testimonia. La Sagrada Escritura es la fuente de la evangelización».

Anunciar a todos, para salvar a todos
El segundo hilo indicado por el purpurado constituye la síntesis de la obra misionera de Francisco de la Cruz: anunciar a todos, para salvar a todos.

“Anunciar y salvar son dos verbos que se repiten muchas veces en los textos del Beato Francisco. Llevaba continuamente a su corazón a los que no podían recorrer el camino del Evangelio por falta de instrucción y formación religiosa. La evangelización se convirtió, día tras día, en el objetivo principal de su vida y de su misión, y hoy se ha convertido en la misión de la familia salvatoriana”

Asimismo, el cardenal Vicario hizo hincapié en que, precisamente el tiempo en que vivimos necesita un anuncio de amor: «Necesita saber y escuchar que Dios nos ama, en primer lugar, para siempre, por su elección. Necesita una perspectiva de salvación, una mirada hacia el cielo, hacia la eternidad, para superar el vacío, el aburrimiento, la apatía, la indiferencia, la superficialidad y experimentar en nuestros ojos, en nuestros gestos, en nuestras palabras el amor de Dios».

La comunión apostólica
El tercer hilo propuesto por De Donatis es la comunión apostólica, es decir, la unidad que estamos llamados a testimoniar en nuestra vida.

“El Beato Francisco de la Cruz comprendió plenamente la fuerza evangelizadora de esa comunión apostólica, de la armonía entre las personas que anuncian el Evangelio. Al fundar la Sociedad Apostólica del Divino Salvador con el fin de anunciar a Cristo como el Revelador del único Dios verdadero que salva, quiso unir a sacerdotes, consagrados y laicos. Se inspiró para crear un grupo, una sociedad de personas en la que todos los carismas y ministerios brillaran y se expresaran y ejercieran”

Antes de finalizar su homilía, el purpurado puntualizó que desde su fundación hasta hoy, «la intuición carismática del Beato Francisco ha guiado a muchas mujeres y hombres de diferentes naciones y lenguas a seguir el Evangelio» y la labor de la familia salvatoriana, «ha contribuido a la difusión del mensaje de salvación en más de 50 países».
En este contexto, «la comunión que caracteriza a los distintos miembros de la Sociedad Apostólica -concluyó el cardenal- muestra cada vez más que la evangelización, realizada con espíritu de colaboración y complementariedad, es obra del Espíritu, que generando comunión suscita en el corazón el deseo de anunciar a todos la experiencia del Señor resucitado».

Sofía Lobos

Alegría entre los Salvatorianos por la beatificación de P. Francisco María de la Cruz Jordán

Para alegría de los Salvatorianos del mundo, tendrá lugar en la mañana de este sábado 15 de mayo, en la Basílica de San Juan de Letrán, la Santa Misa con el rito de beatificación del padre Francisco María De la Cruz Jordán, fundador de la Sociedad del Divino Salvador y cofundador (junto con la beata María de los Apóstoles), de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador. Radio Vaticana – Vatican News transmitirá en directo la celebración.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.- El vicariato de Roma, en un comunicado de prensa emitido este 13 de mayo, ha informado que en la mañana del sábado 15 de mayo a las diez y media de la mañana hora local, tendrá lugar en la Basílica de San Juan de Letrán la beatificación del padre Francisco María de la Cruz Jordán, fundador de la Sociedad del Divino Salvador (Salvatorianos) y, junto a la beata María de los Apóstoles, (Teresa von Wüllenweber) de la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador. 

El Padre Francisco María de la Cruz Jordán, fundador de los Salvatorianos y de las Hermanas Salvatorianas, será beatificado el sábado 15 de mayo. La beatificación tendrá lugar durante una solemne concelebración a las 10:30 horas en la Basílica de San Juan de Letrán, que será presidida por el Cardenal Vicario Angelo De Donatis. El rito de beatificación tendrá lugar durante la Santa Misa, antes del Gloria, en presencia del Superior General de la Sociedad del Divino Salvador Padre Milton Zonta y del Postulador General Padre Adam Teneta.

El Venerable Siervo de Dios Juan Bautista Jordán (Francisco María de la Cruz), fundador de los Salvatorianos (Sociedad del Divino Salvador) y de las Hermanas Salvatorianas (Congregación de las Hermanas del Divino Salvador), nació el 16 de junio de 1848 en Gurtweil, en la archidiócesis de Friburgo, Alemania. Debido a la incapacidad de su padre para trabajar, Juan Bautista tuvo que contribuir al mantenimiento de la familia con su trabajo después de la escuela primaria. Deseoso de seguir su vocación sacerdotal, comenzó sus estudios, primero de forma privada, luego durante cuatro años en el Gymnasium de Constanza, y finalmente con estudios de filología y teología en la Universidad de Friburgo. A los 30 años, el 21 de julio de 1878, fue ordenado sacerdote.

Su obispo le envió a Roma para estudiar lenguas orientales en el Instituto Sant’Apollinare. Desde Roma viajó a Tierra Santa y estudió en Ain Warqa, un centro de estudios maronita en el Líbano (1880). En Tierra Santa tuvo clara su vocación de fundar una obra apostólica con el fin de dar a conocer al único Dios verdadero que se reveló en su Hijo, Jesucristo, Salvador del mundo. También se sintió animado por la audiencia privada que tuvo con el Papa León XIII. El 8 de diciembre de 1881, el padre Francisco Jordán fundó la Sociedad Apostólica Instructiva en la capilla de Santa Brígida en Roma. A petición de la autoridad eclesiástica, cambió el nombre por el de Sociedad de Instrucción Católica y finalmente por el de Sociedad del Divino Salvador (Salvatorianos). Dos años más tarde fundó una comunidad femenina, que pronto se convirtió en una congregación completamente independiente de su labor apostólica (Congregación de las Hermanas de la Santísima Madre de los Dolores). El 8 de diciembre de 1888, con la ayuda de Teresa von Wüllenweber, ahora Beata María de los Apóstoles, fundó la Congregación de las Hermanas del Divino Salvador en Tívoli, cerca de Roma.

De acuerdo con su inspiración original, también logró reunir a varios grupos crecientes de laicos, interesados en cumplir la misma misión apostólica de la Iglesia. Motivado por su ardiente celo apostólico y su determinación de utilizar todos los medios y formas que el amor de Cristo pudiera inspirar para lograr el objetivo de su obra, pronto inició nuevos apostolados y su Instituto comenzó a crecer. Ya en 1890 la Congregación de Propaganda Fide le confió la prefectura apostólica de la misión en Assam, en el noreste de la India. Posteriormente, la obra del Padre Francisco Jordán comenzó su ministerio en varios países de Europa y América. En 1915, con la intensificación de la Primera Guerra Mundial, el gobierno de la Sociedad tuvo que trasladarse a Suiza. El Siervo de Dios murió el 8 de septiembre de 1918 en Tafers, cerca de Friburgo (Suiza), y fue enterrado, por orden del obispo diocesano, en la iglesia parroquial. En 1956 sus restos mortales fueron trasladados a Roma y colocados en la capilla lateral de la Casa Madre de la Sociedad del Divino Salvador. Su proceso de beatificación se inició en Roma en 1942; el padre Francisco Jordán fue declarado venerable el 14 de enero de 2011 por el papa emérito Benedicto XVI y el decreto del milagro fue aprobado el 19 de junio de 2020 por el papa Francisco.

 

Livatino es beato. El Papa: «Mártir de la justicia, ejemplo de legalidad para todos»

Ceremonia solemne hoy, en la catedral de Agrigento, en Italia, para la beatificación del joven magistrado asesinado por la organización criminal Stidda en 1990. Se le conmemora cada 29 de octubre. En este contexto, el Papa ha dedicado unas palabras al nuevo beato. Por su parte, el Cardenal Semeraro, Prefecto de las Causas de los Santos, expresa: «Murió perdonando a sus asesinos».

Ciudad del Vaticano, 9 de mayo 2021.-La plata cincelada del relicario con la camisa de cuadros azules manchada de sangre ha brillado esta mañana bajo las bóvedas barrocas y doradas de la catedral de Agrigento, donde toda Sicilia ha celebrado la beatificación de uno de sus testimonios de fe más luminosos: Rosario Livatino, el joven juez asesinado por la mafia a los 38 años, al que la Iglesia ha proclamado hoy beato y conmemorará cada 29 de octubre.

El Papa: «Mártir de la justicia y la fe»

El joven juez italiano Rosario Livatino asesinado por la mafia

El Papa Francisco, al final del Regina Coeli del 9 de mayo, rindió homenaje a este «mártir de la justicia y de la fe»: «En su servicio a la comunidad como juez recto, que nunca se dejó corromper, se esforzó por juzgar no para condenar sino para redimir», dijo el Pontífice, asomado a la ventana del Palacio Apostólico. «Su trabajo lo puso siempre bajo la protección de Dios, por eso se convirtió en un testigo del Evangelio hasta su muerte heroica. Que su ejemplo sea para todos, especialmente para los magistrados, un estímulo para ser fieles defensores de la legalidad y la libertad. Aplaudamos al nuevo beato».   

Palmas y sábanas blancas para celebrar la beatificación 
En la basílica del siglo XII de Agrigento, adornada con palmas, símbolo del martirio, y con un cuadro del magistrado vestido con toga, hubo poca gente presente en la ceremonia, presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Sin embargo, toda una población participó en esta esperada celebración a través de la televisión, Internet o simplemente orando.

Una gran fiesta para la región de Sicilia. Empezando por Canicattì, localidad donde vivía el joven magistrado y donde, en la mañana del 21 de septiembre de 1990, fue asesinado por un comando mafioso que se acercó a su Ford Fiesta en moto y, tras una huida desesperada, lo mató a tiros en medio de una pendiente.

La camisa manchada de sangre
Una escena sangrienta, de la que quedan hoy, después de 31 años, esas manchas de sangre coagulada en la camisa que hasta ahora ha sido un «hallazgo» en los distintos juicios en el Tribunal de Cuentas de Caltanissetta. La Curia de Agrigento ha solicitado y obtenido la custodia temporal de esta especie de reliquia, que permanecerá expuesta para la veneración de los fieles en su relicario de plata, donde son claramente visibles las palabras «Código Penal – Evangelio».

Semeraro: «Livatino murió perdonando»
Estas dos palabras son una síntesis de lo que fueron las pautas de vida y trabajo de Livatino: la justicia y la fe. «Una justicia apoyada en la credibilidad de quienes se gastan por la justicia hasta dar la vida», dijo el cardenal Semeraro en una profunda homilía. Recordando esas tres letras «STB, Sub Tutela Dei», que Livatino «escribía en páginas particulares y a veces sobresalía la señal de la Cruz», el cardenal dijo que «Livatino murió perdonando, como Jesús, a sus asesinos». Es el auténtico valor de sus últimas palabras donde se escucha el eco del lamento de Dios: pueblo mío, qué te he hecho. No es «un reproche», ni «una sentencia de condena», sino «una dolorosa invitación a reflexionar sobre los propios actos, a repensar la propia vida, es decir, a convertirse».

Héroe de la legalidad y mártir de Cristo
Y el testimonio del beato ha provocado muchas conversiones en estos años: «Héroe de la legalidad», ciertamente, pero sobre todo «mártir de Cristo», afirmó Semeraro. Como dijo el Papa Pablo VI: «El hombre contemporáneo escucha con más gusto a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros es porque son testigos». En este caso, Livatino fue un testigo «creíble»: «Su muerte no es sólo el sacrificio de un representante de las instituciones y fue incluso más que el asesinato de un magistrado católico. Es un testigo de la justicia del Reino de Dios que se enfrenta al mal para salvar a las víctimas y a los verdugos», dijo el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

El postulador: «Testimonio de la irreconciliabilidad entre el Evangelio y la Mafia»
Al comienzo del rito, el postulador de la causa de canonización, monseñor Vincenzo Bertolone, arzobispo de Catanzaro-Squillace, recordó la vida del nuevo beato. «Su martirio -dijo- fue y sigue siendo un testimonio de la irreconciliabilidad entre el Evangelio y la Mafia». El «silencio» que se le ha impuesto hoy es «un canto de alabanza» y «honra al poder judicial».

Montenegro: «El grito de Wojtyla sigue siendo pertinente»
Antes de concluir, el cardenal Francesco Montenegro, arzobispo de Agrigento, tomó la palabra y agradeció al Papa haber inscrito a este hijo de la tierra de Sicilia en el registro de los mártires: «Es el primer juez proclamado mártir por la fe profesada y testimoniada hasta el derramamiento de sangre».

«Lo que hemos vivido nos hace responsables de testimoniar con valentía el Evangelio con una vida de fe sencilla y creíble como la del juez Livatino», añadió el cardenal, expresando la esperanza concreta «de que esta tierra nuestra de Sicilia, que desgraciadamente aún sufre por la mentalidad mafiosa, atesore esta lección».

El pensamiento del cardenal Montenegro se dirigió a los «numerosos magistrados, agentes de la ley, políticos y todos aquellos que han sido víctimas de la violencia del hampa, incluidos aquellos a los que se dirigió el grito de San Juan Pablo II». Aquel sentido llamamiento, «Conviértete», que -recordó el cardenal Montenegro- el Pontífice polaco elevó en este mismo día, el 9 de mayo de 1993, bajo el cielo de Agrigento, en el Valle de los Templos, y justo después de encontrarse con los padres del juez Livatino.

Salvatore Cernuzio


Parolin, legado pontificio para el 1300° aniversario de la muerte de Santa Odilia

El Papa nombra al Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, como su representante para la celebración dedicada a la Patrona de Alsacia que tendrá lugar en la Catedral de la archidiócesis el próximo 4 de julio.

4 de mayo 2021.- El Papa Francisco ha nombrado al cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, como legado pontificio para presidir la misa que tendrá lugar el próximo 4 de julio en la catedral de Estrasburgo, con motivo del 1300° aniversario de la muerte de Sainte Odile (Santa Odilia), patrona de Alsacia. Así lo informó hoy la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Santa Odilia, patrona de Alsacia
Nacida hacia el año 660 y fallecida en el 720, Santa Odilia -cuyo nombre significa literalmente «Luz de Dios»- procedía de una noble familia merovingia. Ciega desde la infancia, se curó milagrosamente a los 15 años cuando fue bautizada. Luego se hizo monja y fundó un monasterio en el castillo de Hohenbourg, situado en una montaña que tomó su nombre, la montaña de Santa Odilia, un conocido lugar de peregrinación y turismo en Alsacia.

Canonizada por el Papa León IX en el siglo XI, fue proclamada patrona de Alsacia por el Papa Pío XII en 1946, un año después del final de la Segunda Guerra Mundial que había puesto a prueba especialmente a este territorio, anexionado por la Alemania nazi. A partir del 13 de diciembre de 2020, la diócesis de Estrasburgo ha iniciado un Gran Jubileo por el 1300 aniversario de la muerte de Santa Odilia.

La especificidad religiosa de Alsacia
La diócesis de Estrasburgo, al igual que la vecina diócesis de Metz, tiene la particularidad de aplicar las normas del Concordato Napoleónico. Los sacerdotes son pagados por el Estado y los obispos nombrados conjuntamente por el Papa y el Presidente de la República, con publicación en el «Journal Officiel».

Estas dos diócesis del Concordato fueron visitadas por San Juan Pablo II en 1988. Por su parte, el Papa Francisco realizó una breve visita a Estrasburgo en noviembre de 2014, para pronunciar dos discursos ante el Parlamento Europeo y en el Consejo de Europa.

Vatican News

Papa sobre Santa Catalina: «Gran figura de mujer y creyente»

Con motivo de la conmemoración litúrgica de la patrona de Italia y copatrona de Europa, en un telegrama firmado por el cardenal Parolin, el Papa Francisco recuerda la figura de la Santa de Siena que con su testimonio «recordó incesantemente los valores evangélicos».

Ciudad del Vaticano, 29 de abril 2021.-Convertirnos en testigos de la fe y la caridad a ejemplo de Santa Catalina, para construir juntos lo que ella definió repetidamente como «civilización del amor». Este es el pensamiento que el Papa confía en un telegrama firmado por el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, enviado al arzobispo de Siena-Colle di Val D’Elsa-Montalcino, Augusto Paolo Lojudice, con motivo de la conmemoración litúrgica de hoy de Santa Catalina de Siena y del inicio de las llamadas Fiestas de Catalina, muy vividas y participadas por la población local, que este año sufrirán nuevas restricciones a causa de la pandemia.

Santa Catalina de Siena. (© MET)

Además de su «saludo de buena voluntad», el Papa se asoció a la gratitud al Señor por haber dado a la Iglesia y a la humanidad «una figura tan grande de mujer y de creyente, que recordó sin cesar los valores del Evangelio». Francisco espera que, en el contexto del 560 aniversario de la canonización de la Santa, prevalezcan el ejemplo y el testimonio de esta generosa discípula de Cristo, que también fue proclamada Doctora de la Iglesia el 4 de octubre de 1970 por Pablo VI. El telegrama termina con la bendición del Papa para todos los que participarán en las celebraciones.

Para saber más sobre la vida y la obra de Santa Catalina, pulse aquí.  

Cecilia Seppia

Hace 7 años la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII

Aquel día histórico marcado por cuatro Pontífices -dos Papas santos y dos Papas concelebrantes- es también para el mundo de hoy, herido por la pandemia, una página indeleble de fe y esperanza.

Ciudad del Vaticano, 27 de abril 2021.-Son las 10:14 horas del 27 de abril de 2014. Es el segundo domingo de Pascua, el día de la Fiesta de la Divina Misericordia. En estas coordenadas se encierra una densa página de la historia de la Iglesia: es la coyuntura en la que el Papa Francisco proclama santos a Juan XXIII y Juan Pablo II, ante una multitud de fieles, al menos 800 mil. Pero el «público» es aún más amplio. De hecho, más de dos mil millones de personas están conectadas a través de los medios de comunicación: las imágenes del corazón de Roma, repleto de peregrinos, se alternan con primeros planos en los tapices con las efigies de los nuevos santos, en el rostro del Papa Francisco y en el de uno de los más de 800 concelebrantes, el Papa emérito Benedicto XVI. Es una fiesta de la fe con un río humano que serpentea por la plaza de San Pedro, la Via della Conciliazione y las zonas adyacentes. La Iglesia del Concilio y la Iglesia invitada a no tener miedo se abrazan en el tercer milenio, en el corazón del pueblo de Dios. En medio de los giros y tumultos de la historia surgen dos hombres, Angelo y Karol, que con sus vidas han ofrecido al mundo un testimonio indeleble. Son santos, modelos a seguir e imitar.

Mirando las heridas de Jesús
Sólo han pasado siete años desde aquel 27 de abril. El de hoy parece otro mundo. Pero incluso en la época actual, desfigurada por un sufrimiento planetario que paraliza muchos sectores del tejido social, se puede vislumbrar la esperanza. En su homilía, el Papa Francisco recuerda que esta esperanza está firmemente anclada en el Hombre que, a pesar de la cruz, vence la oscuridad y la muerte. San Juan XXIII y San Juan Pablo II, dice el Papa, «tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús», «de tocar sus manos heridas y su costado traspasado». Eran «dos hombres valientes», que en «cada persona que sufría veía a Jesús». Conocieron las tragedias del siglo XX, «pero no se dejaron abrumar por ellas». «Más fuerte fue en ellos Dios; más fuerte fue la fe en Jesucristo». «Más fuerte en ellos -añade el Papa Francisco- fue la misericordia de Dios. Palabras que hoy, en medio de las heridas del mundo y de las plagas de la emergencia sanitaria, exhortan una vez más a la humanidad afligida a confiar en el Señor, a volver los ojos hacia Jesús. Ver las heridas, pero no agobiarse y superar juntos, como hermanos, los dolores de la crisis.

El día de la canonización de los dos Papas

Misa de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II 

San Juan XXIII
Nacido en Sotto il Monte el 25 de noviembre de 1881, Angelo Giuseppe Roncalli se ordenó sacerdote en 1904. En 1921, fue llamado a Roma por Benedicto XV como presidente para Italia del Consejo Central de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Cuatro años después, Pío XI le nombró visitador apostólico en Bulgaria. En 1935, fue nombrado delegado apostólico en Turquía y Grecia. Nueve años después, Pío XII lo nombró nuncio apostólico en París. En 1953, fue creado cardenal y nombrado Patriarca de Venecia. Fue elegido Papa el 28 de octubre de 1958. Su magisterio social se recoge en las encíclicas Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963). Durante su pontificado, convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II. Murió la tarde del 3 de junio de 1963, el día después de Pentecostés.

San Juan Pablo II
Nacido en Wadowice, Polonia, el 18 de mayo de 1920, Karol Józef Wojtyła asistió a cursos de formación en el seminario mayor clandestino de Cracovia a partir de 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Fue ordenado sacerdote en 1946 y doce años después fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia por Pío XII. El 13 de enero de 1964 fue nombrado arzobispo de Cracovia por Pablo VI, que lo creó cardenal el 26 de junio de 1967. Fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978. Durante su pontificado, realizó 104 viajes apostólicos, el último de ellos fuera de Italia, los días 14 y 15 de agosto de 2004, a Lourdes. El 13 de mayo de 1981 sufrió un grave ataque en la plaza de San Pedro. Tras una larga estancia en el hospital, perdonó a su agresor. Murió en su apartamento del Palacio Apostólico el sábado 2 de abril de 2005, en la víspera del Domingo in Albis o de la Divina Misericordia, que él mismo había instituido.

Amedeo Lomonaco

El Papa: Santa Teresa de Ávila supo trasladar el cielo a la tierra

El ejemplo de Santa Teresa de Jesús no es solo para aquellos que sienten la llamada a la vida religiosa, sino «para todos los que desean progresar en el camino de purificación de toda mundanidad»: así, el Papa Francisco, en su Mensaje dirigido al Congreso Internacional «Mujer Excepcional» con motivo de los 50 años del Doctorado de la Santa de Ávila, se refiere a la Santa andariega, de quien afirma que «tenerla como amiga, compañera y guía en nuestro peregrinaje terrenal confiere seguridad y sosiego en el alma».

13 de abril 2021.- «Es hermoso recordar que todas las gracias místicas que recibía la trasladaban al cielo; pero ella supo trasladar el cielo a la tierra, haciendo de su vida una morada de Dios en la que todos tenían cabida»: son palabras del Papa Francisco referidas a Santa Teresa de Jesús en un Mensaje dirigido al Obispo de Ávila, Monseñor José María Gil Tamayo, con el que habló a los participantes en el Congreso Internacional que se lleva a cabo desde el 12 y hasta el jueves 15 de abril en la Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila en España, con motivo de los 50 años del Doctorado de la Santa abulense. Firmado en la Solemnidad de san José, y leído en la apertura del Congreso, el Sucesor de Pedro recorre la figura de la santa de Ávila, que recibió de san Pablo VI el 27 de setiembre de 1970 el título de Doctora de la Iglesia, siendo la primera mujer en recibir el título que, tal como escribe el Santo Padre, “reconoce el precioso magisterio que Dios nos ha regalado en sus escritos y en el testimonio de su vida”. 

Una llama que sigue brillando 

Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia, por François Gérard 

Con las palabras de Pablo VI, Francisco recuerda la excepcionalidad de esta mujer, cuyo arrojo, inteligencia, tenacidad, a los que unió «una sensibilidad para lo bello y una maternidad espiritual hacia todos aquellos que se aproximaban a su obra”, son “un ejemplo eximio del papel extraordinario que la mujer ha ejercido a lo largo de la historia en la Iglesia y la sociedad”. 

A pesar de los cinco siglos que nos separan de su existencia terrena, – dice el Pontífice – la llama que Jesús encendió en Teresa sigue brillando en este mundo siempre necesitado de testigos valientes, capaces de romper cualquier muralla, sea física, existencial o cultural. 

Ejemplo para quien quiere progresar en la purificación
El Santo Padre afirma que Santa Teresa “nos sigue hablando hoy a través de sus escritos». Su mensaje – añade – está abierto a todos, para que al conocerlo y contemplarlo nos dejemos seducir por la belleza de la palabra y por la verdad del contenido, y pueda hacer brotar dentro el deseo de avanzar en el camino hacia la perfección. 

Tenerla como amiga, compañera y guía en nuestro peregrinaje terrenal confiere seguridad y sosiego en el alma. Su ejemplo no es solo para aquellos hermanos y hermanas nuestros que sienten la llamada a la vida religiosa, sino para todos los que desean progresar en el camino de purificación de toda mundanidad, y que conduce al desposorio con Dios, a las elevadas moradas del castillo interior. 

Santa Teresa supo trasladar el cielo a la tierra
Alentando a todos los miembros de esa Iglesia particular y a los organizadores y participantes en el Congreso a seguir profundizando en el mensaje de la Santa abulense, escribe: 

Es hermoso recordar que todas las gracias místicas que recibía la trasladaban al cielo; pero ella supo trasladar el cielo a la tierra, haciendo de su vida una morada de Dios en la que todos tenían cabida. Para que nuestra sociedad sea cada vez más humana, y todos podamos vivir en la fraternidad que viene de un mismo Padre, es todo un programa escuchar su invitación a “entrar en nosotros” para encontrar al Señor, y así testimoniar que “sólo Dios basta”. 

La devoción de santa Teresa por san José
Finalmente, se despide recordando la gran devoción de santa Teresa por san José, a quien la Santa andariega “tomó como maestro, abogado e intercesor”: “a él se encomendaba, – recuerda el Papa – teniendo la certeza de que recibiría las gracias que le pedía. De su experiencia animaba a otros a que hicieran lo mismo. Tal fue su devoción que, con motivo de sus fundaciones, recorría las tierras de Castilla y de Andalucía acompañada por la imagen de san José”. 

“Los santos siempre van de la mano, y nos sostienen por la confianza puesta en su intercesión. Que ellos intercedan por ustedes.”

El mensaje está firmado en la Basílica de San Juan de Letrán, el 19 de marzo de 2021, en la Solemnidad de san José, Patrono de la Iglesia Universal. 

La fiesta de San Juan de Ávila se celebrará en toda la Iglesia

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha aprobado hoy la inscripción de la celebración de San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia en el calendario romano general.

Decreto sobre la inscripción de tres celebraciones

La santidad se vincula con el conocimiento, que es experiencia del misterio de Jesucristo, indisolublemente unido al misterio de la Iglesia. Este vínculo entre santidad e inteligencia de las cosas divinas y también humanas, brilla de modo particular en aquellos que han sido adornados con el título de “doctor de la Iglesia”. De hecho, la sabiduría que caracteriza a estos varones y mujeres no les concierne solo a ellos, ya que, al convertirse en discípulos de la Sabiduría divina, se han convertido a su vez en maestros de sabiduría para toda la comunidad eclesial. Por este motivo, los santos y las santas “doctores” son inscritos en el Calendario Romano General.

Por ello, teniendo en cuenta que recientemente han sido reconocidos con del título de doctor de la Iglesia grandes santos de Occidente y Oriente, el Sumo Pontífice Francisco ha decretado inscribir en el Calendario Romano General con el grado de memoria ad libitum:

-San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia, el día 27 de febrero,
San Juan De Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, el día 10 de mayo,-Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia, el día 17 de septiembre.

Estas nuevas memorias deben ser inscritas en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas; los textos litúrgicos que han de ser adoptados, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, tras su confirmación por parte de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales.
Sin que obste nada en contrario.

En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de enero de 2021, fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol.

Robert Card. Sarah
Prefecto

Arthur Roche
Arzobispo Secretario