El nacimiento de María, anuncio de que la salvación estaba cerca

El 8 de septiembre es una de las fiestas marianas más antiguas, introducida en el calendario litúrgico por el Papa Sergio I en el siglo VII.

Ciudad del Vaticano, 8 de septiembre 2021.- Refugio, consuelo, ayuda, apoyo y protección. Invocar a María significa recordar todo esto, porque la madre de Jesús, para el pueblo de Dios, es el refugio seguro y el modelo de vida para todo cristiano, un ejemplo de confianza y entrega. Hoy la Iglesia conmemora la natividad de María, en el día en que se consagró en Jerusalén la basílica construida sobre la casa de Santa Ana, la madre de la Virgen.

Un poco de historia
La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor. En España y América Latina es una fiesta que se celebra con mucho fervor.

Conmemoramos el nacimiento de la madre de Jesús
Lo que hoy conmemoramos es el nacimiento de una niña judía, María, que fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesús.

Algunas personas se sorprenden de lo poco que nos cuentan los evangelios de María. Todos desearíamos saber más de ella, conocer más detalles de cómo fue su vida, cómo vivió la presencia de Jesús.

Lo que nos manifiestan los evangelios canónicos, nos muestran de María que es una presencia discreta. Esa cierta penumbra de su presencia, está justificada porque los evangelistas tienen como objetivo anunciar a Jesucristo, manifestar su condición de Hijo de Dios y los signos que muestran esa condición.

Lo que dicen los Evangelios
Lo poco que nos cuentan los evangelios es suficiente para ver determinadas actitudes que nos hablan de sensibilidad: las bodas de Caná, la visita a su prima, embarazada de seis meses. El guardar en su corazón lo que escuchaba a su Hijo, guardándolo todo en su interior, seguramente para ir descubriendo la grandeza de quien las había pronunciado y ver la realidad por los ojos de Aquel.

Una mujer que sufrió al escuchar las cosas que se decían de Él. Había muchos que alababan a Jesús por el mensaje tan humano que transmitía de Dios, pero también percibía cómo los importantes del pueblo lo despreciaban y lo acechaban a ver si podían sorprenderlo en algún fallo y poder tener motivos para acusarlo ante las autoridades. Todos sabemos que, aparentemente triunfaron en su intento. Solo aparentemente. Jesús sigue vivo.

El anuncio de que la salvación estaba cerca
El nacimiento de María fue anuncio de que la salvación estaba cerca. Con ella se cumplían lo que de antiguo había sido anunciado por los profetas. El texto de hoy nos habla del nacimiento de Jesús, pero de trasfondo nos habla de José y María. Personas confiadas en Dios que aceptan, con sorpresa, este hecho único en la historia: recibir en el seno de su familia el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Tan humano como el de cualquier niño y tan trascendente y sobrenatural, como es el nacimiento del Mesías prometido.

Hoy la Iglesia, como una gran familia, se congrega para celebrar, festejar y agasajar a María. Un día propicio para dar gracias a Dios por el nacimiento de la Madre de su Hijo y, por ello, Madre nuestra.

Hoy podemos reflexionar que, lo mismo que acompañó a Jesús en su paso por la tierra, sigue acompañándonos a los seguidores de su Hijo porque es Madre de todos.

Mensaje conjunto del Papa, el Patriarca Bartolomé I y el Arzobispo Welby

Tiempo de la Creación. El Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se unen por primera vez en un llamamiento urgente por el futuro del planeta.

7 de septiembre 2021.- Por primera vez, los líderes de la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Comunión Anglicana advierten conjuntamente acerca de la urgencia de la sostenibilidad del medio ambiente, su impacto en la pobreza y la importancia de la cooperación mundial.

Elección de la vida
El Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, instan a todos a desempeñar su papel en la «elección de la vida» para el futuro del planeta.

En una declaración conjunta, los líderes cristianos han pedido a la gente que rece, en este tiempo cristiano de la Creación, por los líderes mundiales antes de la COP26 de noviembre. En la declaración se lee:
«Hacemos un llamamiento a todos, sea cual sea su creencia o visión del mundo, para que se esfuercen por escuchar el clamor de la tierra y de los pobres, examinando su comportamiento y comprometiéndose a hacer sacrificios significativos por el bien de la tierra que Dios nos ha dado».

En la declaración conjunta los firmantes hacen una clara advertencia:
«Hoy estamos pagando el precio… Mañana podría ser peor».

Y concluyen afirmando:
«Este es un momento crítico. El futuro de nuestros hijos y el de nuestra casa común dependen de ello».

Los tres líderes cristianos aluden a la injusticia y a la desigualdad. De hecho, refiriéndose a la injusticia ante la que estamos, escriben:
“La pérdida de la biodiversidad, la degradación del medio ambiente y el cambio climático son las consecuencias inevitables de nuestras acciones, ya que hemos consumido con avidez más recursos de la tierra de los que el planeta puede soportar. Pero también nos enfrentamos a una profunda injusticia: las personas que soportan las consecuencias más catastróficas de estos abusos son las más pobres del planeta y las que menos responsabilidad han tenido en su provocación”

Economías justas y sostenibles
La declaración hace un llamamiento a la gente para que se rece:

  • Por los líderes mundiales antes de la COP26.
  • Por las personas, para que hagan sacrificios significativos por el bien del planeta, trabajando juntos y asumiendo la responsabilidad de cómo utilizamos nuestros recursos.
  • Y por los que tienen responsabilidades de largo alcance, para que elijan los beneficios centrados en las personas y lideren la transición hacia economías justas y sostenibles.

Vatican News

II Seminario Internacional Teología. Mons. Azuaje: Una fe no entendida es una fe débil

Entrevistado por Vatican News, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, comparte reflexiones ante el II Seminario Internacional de Teología, que tendrá lugar a partir del próximo 7 de setiembre. Entre los temas abordados, la importancia de la formación teologal para los cristianos y la de la participación.

3 de septiembre 2021.- «Participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella»: son palabras del Presidente del Episcopado Venezolano y Arzobispo de Maracaibo, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, entrevistado por Vatican News, refiriéndose a la importancia de participar en el II Seminario Internacional de Teología que tendrá lugar bajo el tema: «La Renovación Eclesial en Clave Sinodal y Ministerial», del 7 al 10 de septiembre de 2021, de forma virtual. El pastor señala la necesidad de «entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo». «Nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar», afirma.

En el marco de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y el próximo Sínodo de los Obispos, y con la finalidad de colaborar con los procesos formativos, el Seminario ha sido organizado por el Instituto Nacional de Pastoral de Venezuela (INPAS) de la Conferencia Episcopal Venezolana, la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela (ITER-UCAB) y la Facultad Eclesiástica de la Escuela de Teología y Ministerios de Boston College (STM), con el patrocinio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos/as (CLAR). Se contará con la participación del Cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría del Sínodo de los Obispos, y los dos Subsecretarios, la Hna. Nathalie Becquart XMCJ y Mons. Luis Marín de San Martín OSA. También presente Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, Monseñor Héctor Miguel Cabrejos OFM, Presidente del CELAM y la hermana Gloria Liliana Franco ODN, Presidente de la CLAR.

En el primer seminario, que tuvo lugar en 2019, se abordó el tema de «Reforma de estructuras y conversión de mentalidades en la Iglesia hoy». Monseñor José Luis Azuaje Ayala se refiere, para iniciar, a dicho seminario:
R.- El Papa Francisco desde que dio inicio a su ministerio petrino nos ha invitado a asumir una profunda renovación integral de y en la Iglesia, asumida desde una conversión persona, pastoral y eclesial, lo que implica un cambio de mentalidad en los cristianos con opciones prioritarias: la opción misionera, la opción preferencial por los pobres, la opción por una Iglesia pobre para los pobres; todo ello desde la centralidad en Jesucristo y en la dignidad del ser humano que no vive de forma aislada, sino en plena interrelación con todo lo existente, de allí su propuesta de integralidad porque todo está conectado en la historia.

Para que esto se dé, se necesitan profundas reformas estructurales, que venza la actitud autorreferencial de la Iglesia, al mirarse tantas veces a sí misma en defensa de sus posiciones; lo que contradice el espíritu pastoral del Concilio Vaticano II, por lo que es necesario una Iglesia que deje de contemplarse a sí, para contemplar a Jesús que camina en medio de su pueblo, de tal forma que logre desinstalarse y salir al encuentro de los hombres y mujeres que con sus propias experiencias de vida testimonian el valor de la existencia relacional y la experiencia de la esperanza en situaciones de injusticias.

Cuando hablamos de renovación eclesial, hablamos de la renovación de todos los miembros del pueblo de Dios, de una Iglesia con rostros diversos, con variadas experiencias de vida; no se trata sólo de mover cosas de un lado para otro, sino de desechar y dejar atrás acciones, tradiciones y programas que ya no sirven para la evangelización en el tiempo actual; es decir, superar el “siempre se ha hecho así”, o el “más de lo mismo”, para entrar en la dinámica de proponer nuevas realidades pastorales que den respuestas a los desafíos actuales, principalmente a este momento tan doloroso como es el de la pandemia y el de las injusticias de nuestros pueblos debido a la violencia organizada, la corrupción, la inequidad, el empobrecimiento, el populismo que resquebraja los valores democráticos y a ideologías sectarias que van haciendo presencia en nuestros pueblos.

¿Cuál es la importancia de la formación teologal para todos los cristianos, en particular en el camino sinodal que está por iniciar?
R.- Una fe no entendida es una fe débil, que se queda en los sentimientos, en las emociones y no penetra al ámbito de las decisiones de vida. Reconozco que como humanos necesitamos también los afectos, pero hay que trascender para darle sentido al creer, para poder decir como Pablo, “creí, por eso hablé” (2Cor 4,13), abrir el compás del nutriente cognoscitivo sabiendo que «la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar» (GS, 31); y esto no se improvisa.

En la Iglesia nos hemos quedado cortos en plantear una seria formación teológica a los cristianos, no solo catequética, que es una buena labor, sino que hay que apuntar más allá, a un nivel de formación teologal donde se exprese vivamente la revelación de Dios que ha querido hacer historia compartida con la humanidad, el sentido de la encarnación de un Dios que se ha anonadado, que se hace hombre, que humaniza todo su entorno, que ha servido a los pobres y ha dedicado su vida a liberar de las ataduras del pecado y de las injusticias a hombres y mujeres, que le ha dado sentido a la historia llevándola más allá de lo contingente, abierta a la resurrección.

Este camino comprensivo tenemos que hacerlo todos juntos, de forma sinodal, caminando juntos, sintiéndonos hermanos, dejando distinciones que nos separan y hasta humillan, sabiendo que somos servidores los unos para con los otros en la construcción de un nosotros. Es el momento en el que hay que sacar a relucir los compromisos del pacto de las catacumbas, de aquel otoño del 65, principalmente para el sector jerárquico, porque no es hora de presentar títulos ni de sentirnos salvadores, sino salvados a través de la humildad de la Iglesia, como signo universal de salvación, que se abre a Jesús pobre y servidor de todos. Desde esta base es creíble la palabra de Dios y el testimonio de la Iglesia, caminando juntos, en igualdad de condiciones, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, diáconos y obispos; haciendo que el clericalismo vaya esfumándose, así como las pretensiones de poder de algunos grupos de Iglesia cerrados en sus tradiciones y posesiones. Hay mucho que hacer por delante. Insisto, la imagen que nos motiva es la de Jesucristo pobre y servidor entre los pobres.

¿Puede hablarnos de los temas que abordarán los expositores?
R.- El punto focal a mi entender es que para que se dé una renovación eclesial, es decir, de todo el pueblo de Dios, debemos caminar juntos y asumir como criterio de vida el servicio a todos, sin distinción. El primer servicio de la Iglesia a la humanidad es evangelizar, como bien lo ha expresado San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (n. 14). Esta es una síntesis clara y certera de la misión de la Iglesia que hoy el Papa Francisco propone como un gran sueño, al afirmar: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG,27).

Por eso los temas a reflexionar son de sumo interés en este momento que inicia la preparación del Sínodo de la Sinodalidad y también la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. Estos temas se refieren a la Sinodalidad en América Latina y El Caribe, en una Iglesia laical, asumiendo la participación de los laicos en la gobernanza eclesial que hasta ahora ha sido muy clerical y sin mucha apertura, a pesar de los grandes carismas que están inmersos en el pueblo de Dios, por lo que queda un reto pendiente: la toma de decisiones en la Iglesia, tema que será reflexionado el tercer día. Este seminario nos pondrá a reflexionar también sobre el servicio de nuestras Conferencias episcopales y diócesis en clave sinodal, apuntando siempre a una labor de construcción del reino de Dios que tiene asidero en una Iglesia comunidad de comunidades.

Todo esto se podrá realizar si hay conciencia de la necesidad de que la Iglesia se renueve, haga un giro copernicano y no se mire a sí misma, sino que tenga una actitud de salida, con la participación y corresponsabilidad de todos en un caminar juntos, de forma sinodal, por lo que se hace necesario la reforma del ministerio ordenado fundamentada en la Sagrada Escritura como revelación y en la reflexión teológica; para ello es necesaria la contribución de las universidades y las instancias formativas en la Iglesia, que generen procesos de investigación y reflexión teológico pastoral que implique una toma de conciencia de los cambios pertinentes en una nueva época.
Las contribuciones de este seminario serán, ciertamente, de suma importancia en el camino sinodal convocado por el Papa Francisco y el objetivo del próximo seminario será ofrecer algunas claves teológicas, eclesiológicas y pastorales sobre el significado y la práctica de la sinodalidad.

¿Por qué participar?
R.- Hay que participar para ejercer el principio de la sinodalidad; es decir, caminar todos juntos, manifestar la comunión que debe haber en las instancias eclesiales; pero como estamos en un proceso reflexivo-creativo, para entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo, nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar desde sus propias palabras, cultura, sentidos, comprensiones, para adelantar un cúmulo de proposiciones que ayuden a hacer más viable el mensaje del Evangelio en medio del pueblo de Dios, un pueblo que es sujeto, que evangeliza, que es santo, que es fiel. Hace apenas unos días se cerró el tiempo de escucha hacia la Asamblea Eclesial, fue una experiencia de diálogo, de escucha, de intercambio muy fructífero donde podríamos decir, el pueblo de Dios habló y escuchó.

También participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella. Por ejemplo, en este tiempo de pandemia y de tanto sufrimiento estamos llamados a ejercer la dimensión social de la evangelización para dar sentido al sufrimiento desde la Cruz de Cristo, desde su presencia en medio del pueblo, sufriendo con él y muriendo con él, pero también dando esperanza porque no todo termina en la Cruz, sino que trasciende a la Resurrección.

Participamos porque nos sentimos Iglesia, congregación, sujetos activos. Tiene que pasar el tiempo donde unos decían y otros obedecían, hoy todos compartimos desde el “sensus fidei” nuestra responsabilidad bautismal. Abrirse al otro, acercarnos, hacerlo uno con uno, nos hace más humanos y más hermanos. Una Iglesia en salida no se construye en un escritorio, se construye en la calle, en la vida, en la experiencia cotidiana, en la experiencia espiritual del día al día, sin ritualismos, sino en la humildad de las expresiones de nuestro humilde pueblo, en la práctica de la religiosidad popular, con una mística encarnada en la cotidianidad del pueblo, sobre todo de las periferias. Esto nos da una pauta de conversión: si antes todo iba de las catedrales a las periferias, ahora el camino es a la inversa, de las periferias a las catedrales; por eso el Papa Francisco nos dice que prefiere una Iglesia herida y manchada por salir a la calle y estar en medio de la gente, sirviéndola, particularmente la más pobre, que una Iglesia centrada en sí misma (cf EG 49).

Como conclusión diría que es necesario tener una conversión teologal, es decir, revisar profundamente desde la revelación, la imagen de Dios que tenemos cada uno, para darnos cuenta si es realmente el Dios que Jesús nos reveló; de ahí podemos pasar a una conversión eclesial para darnos cuenta si la Iglesia en la que creemos y servimos es la Iglesia de Jesucristo que hoy se expresa desde el Concilio Vaticano II; para pasar a una conversión pastoral donde nos damos cuenta de nuestra responsabilidad misionera desde el bautismo y no como delegación temporal de cualquier instancia de Iglesia; estar claros y convencidos que no son los otros, sino un nosotros, los sujetos de la evangelización, un nosotros que es pueblo; de esta forma pasamos a la conversión de estructuras porque siempre son elaboraciones para tiempos determinados y se hace necesaria la renovación de las mismas para evitar la autoreferencialidad y la inercia.

“Ojalá este segundo seminario despierte el gusto por sumergirnos en lo que ha estado siempre presente aunque no activado del todo como es la sinodalidad en una Iglesia en salida en nuestra América Latina y El Caribe, sufrida pero siempre esperanzada.”

Imagen: Mons. Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana

Comece y Cec: oración, solidaridad y acción urgente por Afganistán

Una nota de los obispos europeos arroja luz sobre la difícil situación del país. La invitación es a dejar de lado la retórica y ofrecer esperanza y atención a los que tienen dificultades. En cuanto a la cuestión de los refugiados, los obispos piden la apertura de corredores humanitarios, pero también una profunda reflexión sobre el fracaso de la guerra.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- «Es hora de mostrar humanidad en medio de la crueldad a la que se enfrentan los afganos, de demostrar que los valores de la Unión Europea (UE) no son una retórica vacía, sino principios rectores prácticos que conducen a acciones basadas en normas éticas, más allá de las meras consideraciones políticas o económicas»: este es uno de los contundentes pasajes de la declaración conjunta hecha pública hoy, 2 de septiembre, por la Comece (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea) y la Cec (Conferencia de Iglesias Europeas). Firmada por sus respectivos presidentes, el cardenal Jean-Claude Hollerich y el reverendo Christian Krieger, la declaración reflexiona sobre la dramática situación en Kabul tras la vuelta al poder de los talibanes. De ahí el llamamiento «a la oración, la solidaridad y la acción urgente», especialmente para «proteger a los más vulnerables».

Trabajar por la paz
Las Iglesias europeas se declaran «profundamente conmocionadas» y «particularmente preocupadas» por el «sufrimiento y la impotencia» que experimenta la población afgana, especialmente la que aún no ha sido evacuada, y expresan su «profunda solidaridad con las mujeres, las niñas, los niños y las personas con discapacidad». Por ello, se pide a todas las partes que «trabajen incansablemente por la paz a través del diálogo y el respeto al Estado de Derecho y a los derechos humanos fundamentales de todos», mientras que se pide a la comunidad internacional que «proteja a las personas que están siendo oprimidas y cuyas vidas corren peligro». Entre ellos figuran «defensores de los derechos humanos, periodistas, artistas y miembros de minorías étnicas y sexuales, así como cristianos y otras comunidades religiosas». También se pide protección y seguridad para los trabajadores humanitarios.

Atención a los más vulnerables
Comece y la CEC recomiendan a la UE que sea cuidadosa a la hora de distribuir la ayuda, para que ésta llegue «de forma rápida y segura a la población afgana, especialmente a la más vulnerable, sin discriminaciones ni obstáculos administrativos innecesarios», gracias también a la labor de «las redes locales de confianza, incluidos los actores de la sociedad civil y de la Iglesia, que siguen presentes en el país y en la región, prestando servicios humanitarios y sociales esenciales». El pensamiento de las Iglesias europeas se dirige también a la «considerable afluencia de refugiados afganos» en los países vecinos y más allá: en esta perspectiva, se insta a la UE a «liderar los esfuerzos de solidaridad de la comunidad internacional para ayudar a los afganos que huyen de la violencia y el terror». En la práctica, se tratará de «crear corredores humanitarios para sacar a los refugiados de Afganistán» y garantizarles una residencia segura dentro de la propia Unión, poniendo así fin a las deportaciones. La declaración conjunta reitera que «no hay que confundir a los refugiados afganos con los emigrantes económicos». Por lo tanto, las decisiones sobre su estancia deberán tomarse sobre la base de «los valores fundamentales de la UE y el compromiso adquirido con el Convenio Europeo de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra».

El fracaso de la guerra
Al mismo tiempo, Comece y la CEC piden a la comunidad internacional «que reflexione profundamente sobre el fracaso de la guerra, extrayendo lecciones para las políticas exterior, de seguridad, comercial y de desarrollo». Para la UE, en particular, esto significará reorientarse hacia «la promoción de la seguridad y el desarrollo humano integral como objetivos estratégicos fundamentales» para un proyecto europeo que apunta «a la paz y la reconciliación». Condenando, por último, «el terrorismo en todas sus formas y expresiones», las Iglesias europeas piden a todos los fieles que recen por Afganistán, para que «encuentre la estabilidad y la paz, según el respeto de la dignidad humana de todos».

Isabella Piro (Vatican News)
Imagen: Pueblo afgano intentando salir del país.


Parolin en Eslovenia: construyamos Europa sobre la verdad, la justicia y el amor

Ayer por la tarde, en la ciudad eslovena de Brezje, el cardenal secretario de Estado celebró una misa en el 30º aniversario de la independencia del país y a los 25 años de la visita de San Juan Pablo II. Su homilía se centró en la importancia de dar a Europa y al mundo un fundamento sólido, el de la Palabra de Dios, que es amor con todos los frutos que de él se derivan.

Ciudad del Vaticano, 1 DE SEPTIEMBRE 2021.- Un momento espiritual para confiar Eslovenia y a todos sus habitantes a Dios, especialmente los que sufren en cuerpo y espíritu, pero también a toda Europa. Este fue el tema de la misa celebrada ayer por la tarde en el santuario mariano de Brezje, en la región eslovena de la Alta Carniola, con motivo del 30º aniversario de la independencia nacional y del 25º aniversario de la visita de San Juan Pablo II, que en aquella ocasión confió el país a la Madre de Dios. La celebración estuvo presidida por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que en su homilía entrelazó estos dos acontecimientos, deteniéndose en el valor de la patria y en su fundamento más estable e importante, que es la roca de la Palabra de Dios, hecha de verdad, justicia, libertad y amor.
La independencia, una nueva página de la historia nacional

Es cierto que nuestra patria está en el cielo -afirma el Cardenal-, pero las realidades terrenales son para nosotros auténticos valores, aunque no sean los únicos ni los más altos. Y el de una patria libre y democrática, basada en la justicia, el respeto y la fraternidad y el amor solidario es un valor sumamente grande, porque está directamente vinculado a la dignidad humana. Por otro lado», continúa explicando, «un entorno social pacífico y seguro dentro de cada país también está garantizado en la medida en que lo esté el contexto internacional que lo rodea». Así pues, paz y justicia, son los valores que estuvieron en la base del nacimiento de Eslovenia como país independiente hace treinta años, una «nueva situación» para la historia nacional que San Juan Pablo II en su visita unos años más tarde, saludó con favor, reafirmando con fuerza «el derecho de los pueblos a la autodeterminación» y animando al pueblo a «buscar en las virtudes más firmes y en la fe cristiana la fuerza para construir juntos su futuro».
La Palabra de Dios, escuchada y puesta en práctica, es nuestra roca

Este futuro es hoy una realidad que ha dado muchos pasos: de hecho, el cardenal recuerda la entrada de Eslovenia en 2004 en la Unión Europea, de la que ocupa la presidencia en este semestre, y menciona el encuentro de Bled, dedicado precisamente al futuro de Europa, que se celebra en estos días. Al igual que en el momento de su nacimiento entre fundadores cristianos «convencidos de la necesidad de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia» para que la humanidad tenga lo que necesita, también hoy, en palabras del cardenal secretario de Estado, una Europa unida necesita redescubrir el valor fundacional que le garantice poder «resistir» como una «casa sobre la roca». Esto es lo que la Iglesia en estos siglos no ha dejado de proponer, es el mensaje de Jesús: «la estabilidad del hombre y de la sociedad -dice- en sus diversas y necesarias articulaciones, debe basarse en la Palabra de Dios, escuchada y puesta en práctica».

San Juan XXIII, en su Encíclica Pacem in Terris, recuerda también los sólidos cimientos sobre los que construir nuestra casa: la verdad, la justicia, la libertad y el amor. Son -subraya el cardenal Parolin- las rocas de granito que permiten que nuestra casa no se derrumbe. Así pues, la invitación que Jesús nos dirige en el Evangelio se convierte para nosotros aquí reunidos, cada uno según su vocación y responsabilidad, en un compromiso para construir cada vez más, 30 años después de la independencia, una Europa y una comunidad internacional unidas sobre la roca de la Palabra de Dios, es decir, sobre los fundamentos de la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

La verdad, la justicia y la libertad son frutos del amor
Por lo tanto, la verdad que hay que desenmascarar allí donde se manipula, se oculta y se niega; la libertad de toda forma de esclavitud y opresión que mortifica la dignidad humana, pero también la «libertad de hacer el bien» y no el interés propio, y la «libertad religiosa», corazón de todo derecho humano:

La tutela que la Iglesia pide para ella es, por tanto, la protección del bien íntimo de la persona que, en diálogo con su Creador, encuentra las razones del ser, comprende los vínculos que la unen al cosmos y a la historia, y se hace éticamente responsable de su propia realización y de la de los demás, desplegando todas sus potencialidades. Esta tutela, cuando es reconocida y garantizada por los sistemas jurídicos estatales, «es también un indicador de una democracia sana y una de las principales fuentes de legitimidad del Estado».

Por lo tanto, la libertad apunta al amor y el primer paso del amor -recuerda el cardenal Parolin- es la justicia, otro pilar sobre el que debe fundarse «nuestra casa». La justicia es una garantía de derechos para todos, pero que el amor supera como «acto gratuito». Si las leyes regulan, pues, los derechos y los deberes, «el amor, siguiendo el modelo de Cristo, nos lleva a ofrecernos sin cálculo ni ganancia». «El amor es más exigente que el deber, pero es más suave; no se alimenta del miedo, sino de la confianza». Este amor, fruto de la verdad, la libertad y la justicia – concluye Parolin – es lo que pedimos para toda Eslovenia, Europa y el mundo.

Gabriella Ceraso (Vatican News)
Imagen: La misa presidida por el cardenal Pietro Parolin en Eslovenia,
con ocasión del 30 aniversario de la independencia del país.

Perú celebra a su Patrona: Santa Rosa de Lima

El arzobispo de Lima y Primado de Perú, Monseñor Carlos Castillo, preside la homilía en la Solemnidad de Santa Rosa de Lima: “La opción evangélica de Santa Rosa «o Dios o el dinero» es la que hace cualquiera de ustedes que sirve sin ambiciones ni corrupción al Perú”.

31 de agosto 2021.- Santa Rosa de Lima, patrona de Perú, pero también de América y Filipinas, fue la primera mujer declarada santa en todo el continente americano. En su Solemnidad, ayer 30 de septiembre, Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima y Primado del Perú, presidió la Celebración Eucarística en la que participó el presidente de la República, Don Pedro Castillo Terrones, las principales autoridades políticas del país, así como autoridades de la Policía Nacional, Fuerzas Armadas y Enfermeras.

La Solemnidad de la Patrona del Perú coincide con el día en el que se festeja el día de la Policía Nacional y de las Enfermeras y con el Bicentenario de la Independencia. En su homilía, Monseñor Carlos Castillo, aseguró que Rosa realizó su vocación evangelizadora en favor de la unidad de todos los que nacimos y vivimos en este rincón del mundo llamado Perú: “Quería que el Perú fuera una partecita del cielo” ha declarado.

Así mismo, explicó que lo que han ganado durante siglos de esperanza y de entrega generosa no puede destruirse: “ustedes han venido hoy para renovar el compromiso de hacer más ancha nuestra libertad y nuestra amistad social, como lo hizo toda su vida la hija del Arcabucero Mayor de Lima, por ello es Patrona de la Policía, y la enfermera de las hermanas angolesas parturientas que llevaba a su casa y alojaba para que dieran a luz dignamente, por eso es Patrona de las enfermeras”.

“Rosa – continúa – no fue una anécdota mas en nuestra historia, es un fundamento incontestable de nuestro ser nacional. Ella aporta al Perú, su fe viva en el Dios del Reino, desencadenando inmensidades de testigos, como ocurre en la infinidad de iglesias, capillas y grutas a lo largo y ancho del Perú y del mundo”. De hecho – dijo Mons. Castillo – “la opción evangélica de Santa Rosa «o Dios o el dinero» es la que hace cualquiera de ustedes que sirve sin ambiciones ni corrupción al Perú”.

Por ultimo, explicó que en Perú siempre se siente que ser santo, ser héroe, y ser mártir que sacrifica su vida es casi igual. “No existe en nuestro país la idea de héroe dominador e impositivo de fuerza arbitraria. Existe el héroe y heroína como hombre y mujer de honor y nobleza humana”. A este respecto, el arzobispo de Lima aseguró que en algo ayudó Santa Rosa a forjar esta gran intuición peruana y nacional: “Muchas veces son héroes derrotados pero dignos”. Al final de su homilía, condenó la violencia: “destruye la historia”, asegurando que es “la generosidad de la entrega amorosa” la que, cimentada, cimienta la patria y no la ambición desmedida disfrazada de ideología que induce a la violencia.

Imagen: Santa Rosa de Lima

Afganistán, Riccardi: el ayuno y la oración que pide el Papa, «rebelarse» contra la guerra

El fundador de Sant’Egidio comentó el llamamiento lanzado por Francisco durante el Ángelus a los creyentes y por el país herido por los atentados y la huida de civiles: «Se reza demasiado poco por la paz en las iglesias. Si los pequeños grupos pueden sembrar el terror, los pequeños grupos pueden sembrar la paz».

Ciudad del Vaticano,m 31 de agosto 2021.- “»Hago un llamamiento a todos para que intensifiquen la oración y practiquen el ayuno. Oración y ayuno, oración y penitencia, este es el momento de hacerlo. Lo digo en serio, intensificar la oración y practicar el ayuno, pidiendo al Señor misericordia y perdón».”

Con la mirada puesta en el drama de Afganistán, herido por los recientes atentados y la huida desesperada de cientos de personas, Francisco, desde el Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus y desde la ventana virtual y aún más amplia de su cuenta de Twitter @Pontifex, volvió a pedir a los fieles del mundo que se reúnan en oración y ayunen. Ya en otras ocasiones durante su pontificado, ante tragedias humanitarias, el Papa ha pedido este tipo de «acción» por parte de los fieles.

Oración y ayuno ante las tragedias humanitarias
Lo hizo el 7 de septiembre de 2013, cuando en la Plaza de San Pedro reunió a miles de personas, católicas y no catàolicas, para rezar, con antorchas y banderas, por la atormentada Siria, al borde de una posible guerra feroz, tras el ataque a civiles con gas venenoso. Con igual vigor, Francisco había pedido en 2017 rezar y ayunar por Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, azotados por el hambre, la explotación, la emigración y la violencia. Se ha celebrado una gran vigilia en la Basílica Vaticana, acompañada de marchas y manifestaciones. En ese momento, el Papa invitó a los cristianos de otras Iglesias y a los seguidores de otras religiones a unirse al evento, «de la manera que consideren más apropiada, pero todos juntos».

La misma fórmula se utilizó para invitar a los hermanos de otras confesiones a la gran jornada por el Líbano, convocada para el 4 de septiembre de 2020, cuando el mundo luchaba por recuperarse de la devastadora primera oleada de la pandemia del Covid y, exactamente un mes antes, había asistido atónito a la devastadora explosión en el puerto de Beirut.

Vigilia de oración por Siria en la Plaza de San Pedro, 7 septiembre 2013

Riccardi: deberíamos rezar un Rosario diario por los países en guerra
También en esa ocasión, el Papa pidió oración y ayuno. Dos prácticas que podrían parecer -incluso a los ojos de algunos de los mismos creyentes- obsoletas o anacrónicas ante el mar de necesidades que provienen de estos territorios desgarrados en sus bases sociales y políticas. «Pero rezar y ayunar no son en absoluto prácticas anacrónicas, y mucho menos espiritualistas», dice Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, comentando la iniciativa del Pontífice con Vatican News. «Por el contrario, creo que rezamos demasiado poco por la paz en nuestras iglesias. Los domingos apenas escuchamos oraciones por Afganistán o, por ejemplo, por el norte de Mozambique con 800.000 refugiados, o por tantas guerras olvidadas. Rezamos poco por la paz, mientras que deberíamos tener en nuestras manos cada día un Rosario con los nombres de todos los países en guerra para rezar por ellos. La oración es una fuerza. Giorgio La Pira decía: Creo en el poder histórico de la oración. Aquí, la oración, en cierta medida, se convierte en la forma de proteger a los que no pueden ser protegidos, confiándolos a la mano paternal de Dios».

Entrevista con Andrea Riccardi

No es la primera vez que el Papa, ante tragedias humanitarias, llama a los creyentes y a otras personas a reunirse en oración universal. En estas situaciones de emergencia, en las que el trabajo a realizar es enorme, ¿por qué, en su opinión, la urgencia de lanzar estas -por así decirlo- «maratones» de oración y ayuno?
Ante guerras lejanas, ante situaciones que no sabemos cómo resolver, parece que no podemos hacer nada, se crea una sensación de impotencia, y entonces de la sensación de impotencia surge la indiferencia. Lo que el Papa llamó en su discurso sobre Lampedusa una «globalización de la indiferencia». En el mundo global, de hecho, lo vemos todo, nos llegan imágenes y noticias de todo, pero luego nos quedamos indiferentes porque sentimos que no podemos hacer nada: ¿qué puedo hacer yo, un pequeño hombre o mujer, frente a Afganistán si los propios Estados Unidos no saben qué hacer? En cambio, creo que, en este mundo global, cada hombre y cada mujer pueden hacer algo. Si los pequeños grupos pueden sembrar el terror, los pequeños grupos pueden sembrar la paz. Y pueden hacerlo a través de la oración que, junto con el ayuno, que también es desprendimiento de la vida cotidiana, es una «revuelta» contra la guerra, así como una invocación al Señor, el Señor de la historia, para que abra caminos de paz y suscite, a través de su espíritu, la buena voluntad de los hombres, de los poderosos, de las instituciones.

El Papa siempre ha invitado a hermanos y hermanas de otras confesiones religiosas a unirse a él. ¿Qué valor pueden tener estas iniciativas del Papa para los no católicos?
Estuve presente en Bari en el encuentro por la paz en julio de 2018 con los patriarcas y jefes de las Iglesias de Oriente Medio y lo que me llamó mucho la atención, porque el Papa invitó a los cristianos a la unidad de la oración. Una imagen puramente evangélica. El acuerdo entre «hermanos» puede mover, puede abrir una historia de paz. Karl Barth, un teólogo protestante, nada fácil para el intimismo religioso, solía decir que nuestra oración puede cambiar la voluntad de Dios, dirigir la historia de la que Dios es Señor de una manera nueva. Por supuesto, esto implica a todos los creyentes, incluso a los de otras religiones, porque la paz es un valor de todas las religiones. La paz es el nombre de Dios: lo es en el catolicismo, en el islam, en las religiones orientales o, si pienso en el gran patrimonio común como los salmos, en el judaísmo. Es el Espíritu de Asís, la invitación a la oración por la paz, ese avance revolucionario y decisivo introducido en 1986 por Juan Pablo II: rezar juntos por los demás, no contra los demás.

Ayer por la mañana fue recibido en audiencia privada por el Papa. ¿Hablaron de la situación en Afganistán? ¿Compartió el Papa alguna preocupación o pensamiento con usted?
El Papa está profundamente preocupado por Afganistán, sigue la situación día a día, pero no ha abandonado el sueño y la visión -y ya hemos hablado de ello- de construir un nuevo mundo postcovid, en el que la solidaridad social vaya de la mano de la solidaridad internacional. Fratelli Tutti es la Carta Magna y el espíritu con el que se construye esta sociedad postcovid.

Vivimos con demasiadas emociones ligadas a las noticias, olvidando a menudo que estamos realmente en una fase histórica de grandes cambios, en la que urge construir un mundo diferente al anterior. Y ahora nos enfrentamos a un drama como el de Afganistán, que exige una solidaridad espiritual y concreta en la acogida.

Preguntémonos: ¿qué tipo de sociedad queremos construir? ¿Las sociedades de los muros y el miedo o las sociedades de la esperanza y la acogida? Esperanza y acogida que se alimentan de la oración. Porque rezar nos hace audaces y también capaces de pensar en nuevas fórmulas de convivencia.

Salvatore Cernuzio (Vatican News)
Imagen de portada: El Papa durante la vigilia de oración por Siria el 7 septiembre 2013

Ley y gracia para judíos y cristianos

Comentario, publicado por el periódico L’Osservatore Romano, del arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, sobre el cumplimiento de la Ley según las tradiciones judía y cristiana.

Cuando San Pablo habla de la justificación por la fe, en realidad está recogiendo convicciones profundas de ciertas tradiciones judías. Porque si se afirmara que la propia justificación se obtiene mediante el cumplimiento de la Ley por el propio esfuerzo, sin ayuda divina, se estaría cayendo en la peor clase de idolatría, que consiste en adorar a uno mismo, a los propios poderes y a las propias obras, en lugar de adorar al único Dios.

Es imprescindible recordar que algunos textos del Antiguo Testamento y muchos textos judíos extrabíblicos ya mostraban una religiosidad de confianza en el amor de Dios e invitaban a un cumplimiento de la ley activado en el fondo del corazón por la acción divina (cf. Jer 31, 3.33-34; Ez 11, 19-20; 36, 25-27; Os 11, 1-9, etc.) (1). La «emuná», actitud de profunda confianza en Yahvé, que activa el auténtico cumplimiento de la Ley, «está en el corazón mismo de la exigencia de toda la Torá» (2).

Un eco reciente de esta antigua convicción judía, que renuncia a la autosuficiencia ante Dios, se encuentra en la siguiente frase del rabino Israel Baal Shem Tov (principios del siglo XIX): «Temo mucho más mis buenas acciones que me producen placer que las malas que me producen horror» (3).

Las tradiciones judías también reconocen que para cumplir la Ley en su totalidad se requiere un cambio de corazón. Los cristianos y los judíos no decimos que lo que cuenta es el cumplimiento exterior de ciertas costumbres sin el impulso interior de Dios. En realidad, la teología judía coincide con la doctrina cristiana en este punto, sobre todo si partimos de la lectura de Jeremías y Ezequiel, donde aparece la necesidad de purificación y transformación del corazón.

¿Cómo no ver en Romanos 2: 28-29 una continuación y profundización de Jeremías 4: 4; 9: 24-25)? Judíos y cristianos reconocen que la ley externa no puede cambiarnos por sí sola sin la obra purificadora y transformadora de Dios (Ez 36,25-27), que ya ha empezado a hacerse presente por nosotros en su Mesías (Gal 2,20-21).
Por otra parte, recordemos que, según la profundísima interpretación de San Agustín y Santo Tomás sobre la teología paulina de la nueva ley, la esterilidad de una ley externa sin ayuda divina no es sólo una característica de la Ley judía, sino también de los preceptos que el mismo Jesús nos dejó: «incluso la carta del Evangelio mataría si no tuviera la gracia interior de la fe, que cura» (4).

Notas:

(1) El texto de Hab 2, 4, que expresa esta actitud fundamental, es de hecho citado por San Pablo cuando habla de la justificación por la fe en Gal 3, 11 y en Rom 1, 17.

(2) Véase C. Kessler, Le plus grand commandement de la Loi (cit) 97. Hay que decir aquí que las afirmaciones de Pablo sobre la «transitoriedad» de la Ley deben situarse en el contexto de la «doctrina rabínica de los eones», según la cual al final de los tiempos el instinto del mal será erradicado de los corazones humanos y la ley externa ya no será necesaria. Pablo creía realmente que vivía en los últimos tiempos y esperaba el inminente regreso del Mesías: «Pablo era un fariseo convencido de que vivía en un tiempo mesiánico»: H.J. Schoeps, Pau1. The theology of the Apostle in the light of Jewish religious history, Filadelfia, 1961, p. 113. Por eso, en 1 Timoteo, cuando la expectativa de una venida inminente había disminuido, la ley adquirió mayor importancia (cf. 8-9).

(3) Citado por E. Wiesel, Celebración jasídica, Salamanca, 2003, p. 58; Celebrazione hassidica, Milán, 1987.

(4) Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, cuestión 106, artículo 2.

Víctor Manuel Fernández

Padre Scalese: si se dan las condiciones, volveremos a Kabul

El padre Giovanni Scalese, único sacerdote en Kabul, lleva casi siete años en Afganistán. Es un barnabita que concluye una presencia en el país asiático que comenzó hace cien años a instancias del Papa Pío XI. Hoy se encuentra en Italia, repatriado como miles de personas que se vieron obligadas a huir tras la llegada de los talibanes al poder. Cuenta su historia después de estos últimos días agitados.

Ciudad del Vaticano, 27 de agosto 2021.- Nos había pedido que rezáramos por Afganistán lanzando un llamamiento a través de los micrófonos de Radio Vaticano al comienzo de la llegada de los talibanes. Hoy vuelve a hablarnos en un escenario completamente cambiado. El padre Giovanni Scalese, superior de la Missio sui iuris en Afganistán, único sacerdote católico presente en el país, ha regresado a Italia y, con él, el personal católico, como las monjas de varias congregaciones que hasta ahora han llevado a cabo su silenciosa pero fructífera labor de servicio y cuidado de los más frágiles.

En el corazón de Kabul, fue durante mucho tiempo custodio de toda la comunidad católica y compartió años de grandes dificultades relacionadas con la seguridad y al Covid. No hay ninguna motivación política en la presencia católica en Kabul, sino sólo de servicio. Estos fueron los acuerdos originales hace cien años, y así ha sido. Por eso, repite el padre Scalese, «si se nos da la oportunidad de volver, por qué no: no nos corresponde decidir quién debe gobernar el país». Y luego la encomienda con voz emocionada: «María, que ha velado por nosotros hasta ahora, tendrá la misma protección maternal para el pueblo afgano y para una nación que le hemos consagrado».

¿Pensó alguna vez el padre Scalese que tendría que abandonar Afganistán de esta manera? ¿Y cuáles son sus sentimientos hoy?.
Ciertamente, nadie imaginaba tener que abandonar el país de esta manera. Podría haber pensado que después de siete años hubiera sido predecible tener un reemplazo, pero no de esta manera, pensé de una manera más normal. Pero la vida también nos depara estas sorpresas…. Lo que más siento en este momento es la satisfacción de que todo ha salido bien, de que hemos conseguido llegar con las hermanas y los niños, y de que todos estamos bien. Damos gracias al Señor por ello. Lamentamos haber tenido que dejar un país muy necesitado y no poder continuar con nuestro servicio. Esperamos que todo se resuelva en poco tiempo y que se den las condiciones para poder reanudar el trabajo que la Iglesia realizaba en Afganistán.

¿Cómo era su vida como sacerdote en Afganistán? Usted representó a la Santa Sede en el contexto de la embajada italiana, en un Estado confesional, con la capilla como único punto de referencia para los religiosos y los fieles. ¿Qué realidad ha vivido?
Estuve a cargo de la misión católica en Afganistán, pero fueron años muy difíciles porque la misión no podía llevarse a cabo de forma pacífica. El hecho mismo de no poder salir de la embajada, no porque alguien lo impidiera, sino porque no había condiciones de seguridad para hacerlo, y luego, en los dos últimos años, a las razones de seguridad se sumaron las razones sanitarias que llevaron a un encierro total incluso en la embajada y los fieles no pudieron ni siquiera acudir a misa. Así que fueron años difíciles y ciertamente estuve presente, pero no pude llevar a cabo una labor pastoral como en otros tiempos. Las hermanas, por su parte, pudieron llevar a cabo su labor social y caritativa hasta el final, y ahora, lamentablemente, también ellas han tenido que interrumpirlo todo y lo sentimos mucho. Sin embargo, esperamos poder reanudar pronto.

En los años transcurridos, podemos hablar de «semillas» dejadas por las acciones, si no se puede hablar de «evangelización»…
Es difícil hablar de evangelización directa, está prohibida por los acuerdos de hace un siglo cuando se permitía la presencia de un sacerdote católico y una iglesia dentro de la Embajada. Hablamos de la evangelización indirecta, del testimonio de la Iglesia no sólo con un sacerdote sino con los religiosos. Antes de la presencia de las Hermanas de la Madre Teresa y de las religiosas de la ONG Pro Bambini de Kabul, de hecho, no podemos olvidar los sesenta años de presencia de las Hermanitas de Jesús que después de tanto tiempo tuvieron que dejar su trabajo.También entonces era sólo una presencia y un testimonio, pero uno extremadamente importante y fructífero.

En las imágenes de estos días, la huida de las mujeres, de las familias jóvenes, de los padres y de los niños: ¿qué significa esto para los que se quedan y para el Afganistán del futuro?
Naturalmente, nos alegramos de que muchos se hayan puesto a salvo. Esperamos que en Italia y en otros países puedan integrarse, pero ciertamente para Afganistán es un empobrecimiento, también porque son personas preparadas, con notables aptitudes de las que ahora tendrá que prescindir el país. Esperemos bien, esperemos que puedan ser sustituidos por otros, pero ciertamente la sociedad se empobrecerá.

El cambio que vemos hoy es aterrador. Ya se están cumpliendo muchas previsiones, como los atentados terroristas y la violencia. ¿Qué es lo que más teme para el país que dejó atrás y qué es lo que espera?
Se teme que se produzca una violenta degeneración, también debido a la injerencia exterior. En cambio, la esperanza es que pueda haber una colaboración interna entre los distintos componentes de la sociedad afgana, que puedan llegar a un acuerdo, colaborar entre sí y reconstruir un país atormentado por 40 años de guerra.

¿Cuál es el futuro de la Iglesia y de la presencia católica?
Estoy esperando a ver cómo evoluciona la situación: si en algún momento vemos que podemos retomar nuestras actividades, por qué no… No estuvimos ni estaremos en Afganistán por razones políticas, no nos corresponde decidir quién va a gobernar Afganistán: si se nos permite realizar nuestro servicio, estaremos disponibles.

¿Hay alguna experiencia que lleve consigo y en la que piense ahora que está lejos de Kabul?
En este momento me resulta difícil centrarme en el pasado, pero quizás el momento más importante de estos siete años fue el acto de consagración al Corazón Inmaculado de María que hicimos el 13 de octubre de 2017, al final del centenario de Fátima.

Consagramos a la Virgen la misión y juntos a Afganistán. Así que estoy profundamente convencido de que la Virgen velará por este país como ha velado por nosotros, tanto que todos hemos conseguido salvarnos. Así que confío en que se ejerza la misma protección maternal sobre el pueblo afgano.

Gabriella Ceraso (Vatican News)
Imagen: Evacuación en Afganistán
(Foto: AFP)

Mes de la Biblia: Entronizar, enaltecer y profundizar la Sagrada Escritura

El episcopado mexicano invita a promover iniciativas para que los fieles vayan a la fuente de la vida cristiana, más aún este tiempo de turbulencia causado por la pandemia, porque ayudará a caminar firmes con el Señor.

Ciudad del Vaticano, 26 de agosto 2021.- Septiembre, Mes de la Biblia es también, este año para los mexicanos, el mes del Bicentenario de la Independencia, es decir, una oportunidad para dar gracias al Señor y pedir su misericordia y su paz en este “tiempo de turbulencia” causado por la pandemia. Así lo expresa la carta de invitación de la Dimensión de Animación Bíblica de la Pastoral de la Conferencia del episcopado mexicano (CEM) para que fieles laicos y pastores de la Iglesia promuevan iniciativas que conduzcan a la fuente de la vida cristiana, la Sagrada Escritura.

“Con el profeta Ezequiel sabemos que la Palabra de Dios anima a los que se puedan sentir cansados o desalentados por el azote de la epidemia y de otros males, como la violencia y la criminalidad”, se lee en la nota firmada por mons. Adolfo Miguel Castaño Fonseca, Obispo de Azcapotzalco y responsable de la Animación Bíblica de la Pastoral.

12 formas de entronizar la Biblia
En línea con las perspectivas planteadas en el Proyecto Global de Pastoral (PGP), el episcopado mexicano quiere “presentar a Jesucristo vivo y resucitado, cercano, compañero de camino, que amplía horizontes y que nos da confianza ante las realidades tan difíciles y complejas que vivimos, incluida la pandemia del SARS-CoV-2”.

En este contexto, la Pastoral Bíblica presenta una serie de 12 subsidios que, bajo el título “Entronizando la Biblia”, busca difundir la Palabra de Dios, enaltecerla y profundizar en ella. Igualmente, a través de los Centros de Formación Bíblica se realizará una serie de diez talleres para reflexionar el «Misterio de la Redención desde el PGP» que se espera sean implementados en parroquias y demás comunidades de fe, especialmente, entre los diversos agentes de pastoral.

Imitar la fidelidad de San José al Verbo de Dios
“Deseamos que este año, dedicado a San José, sea una oportunidad para imitar la fidelidad de este santo en el cuidado que tuvo para con el Verbo de Dios encarnado en el vientre purísimo de la Virgen María y que quiso habitar entre nosotros, para compartir nuestras penas, sufrimientos y fatigas, pero también para infundirnos esperanza en nuestras luchas y esfuerzos”, concluye mons. Castaño Fonseca en su mensaje.

Alina Tufani (Vatican News)