Obispos tailandeses y asiáticos: Mirar “el mañana con la certeza de que no vamos solos”

Encuentro con el Papa.

(ZENIT).- Consciente de los interrogantes que los prelados asiáticos deben afrontar en sus comunidades, el Papa Francisco exhortó a mirar “el mañana con la certeza de que no vamos solos, de que no caminamos solos, de que no vamos solos, Él nos espera ahí invitándonos a reconocerlo principalmente en el partir el pan”.

En la mañana de hoy, 22 de noviembre de 2019, a las 11, hora local (las 5 h. en Roma), el Santo Padre se reunió en el santuario del beato Nicolas Bunkherd Kitbamrung con los obispos de la Conferencia Episcopal de Tailandia (CBCT) y de la Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC).

Santuario de Nicolas Bunkherd Kitbamrung

Nicolas Bunkherd Kitbamrung es el primer sacerdote mártir tailandés, evangelizador de este país. El santuario que lleva su nombre fue terminado de construir en 2003, en el distrito de Sam Phran, Bangkok, cerca del lugar donde nació y frente a la parroquia de san Pedro.

El edificio presenta una arquitectura moderna y en él se encuentran las reliquias de Kitbamrung, beatificado el 5 de marzo del año 2000, así como un museo que conmemora la vida heroica de este beato y su contribución a la comunidad cristiana tailandesa.

La CBCT y la FABC

La Conferencia Episcopal de Tailandia (CBCT) fue fundada en 1965 y está compuesta por los obispos de las dos archidiócesis y las 9 diócesis de Tailandia. Su actual presidente es el arzobispo de Bangkok, el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij.

La CBCT forma parte de la mencionada Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC), una asociación que, efectivamente, reúne a los ordinarios de los episcopados de Asia meridional, sur oriental, oriental y central.

Con sede en Hong- Kong, fue fundada en 1972 con la aprobación de la Santa Sede “para promover la solidaridad y la corresponsabilidad de sus miembros” en su obra al servicio de la Iglesia y de la sociedad en sus respectivos países, en total 19.

50 aniversario de la FABC

Antes de que el Papa Francisco pronunciara su discurso, el presidente del episcopado tailandés dirigió unas palabras de agradecimiento al Pontífice en las que ha señalado que la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia celebrará su cincuentavo aniversario con una Asamblea General, en Bangkok.

Después de la alocución del Obispo de Roma, tuvo lugar el besamanos de los obispos y la foto de grupo. El Papa se desplazó finalmente a la sala de conferencias cercana, en la que tendría lugar el encuentro con los miembros de la Compañía de Jesús.

Palabras del Papa Francisco

Francisco se refirió en su discurso al testimonio del beato Nicolás Bunkerd Kitbamrung, que dedicó su vida a la evangelización y fue martirizado. Y pidió que este encuentro “impulse en nosotros un gran celo por la evangelización en todas las Iglesias locales de Asia y podamos ser, cada vez más, discípulos misioneros del Señor”.

También aludió a la próxima Asamblea General de la citada federación de episcopados asiáticos en el cincuentenario de su fundación, “una buena ocasión para volver a visitar estos ‘santuarios’ donde se custodian las raíces misioneras que marcaron estas tierras y dejarse impulsar por el Espíritu Santo desde las huellas del primer amor (…)”.

La memoria de los misioneros

Por otra parte, el Papa Francisco resaltó el carácter multicultural y multirreligioso de Asia que a la vez es probado por la pobreza y la explotación, por problemas como las drogas, el tráfico de personas, los migrantes y refugiados, las malas condiciones laborales y la explotación y la desigualdad económica y social.

Ante ello, el Pontífice propuso la memoria de los primeros misioneros “que nos precedieron con coraje, con alegría y con una resistencia única, permitirá medir y evaluar nuestro presente y nuestra misión desde una perspectiva mucho más amplia y transformadora”.

El Espíritu Santo “primerea”

Así, para el Obispo de Roma, observando el “camino misionero en estas tierras”, una de las primeras enseñanzas nace de la confianza de que el Espíritu Santo “primerea”, llega antes que el misionero: “El impulso del Espíritu Santo sostuvo y motivó a los Apóstoles y a tantos misioneros a no descartar ninguna tierra, pueblo, cultura o situación” y “ellos eran audaces, valientes, porque sabían principalmente que el Evangelio es un don para ser derramado en todos y para todos”, explicó.

Además, remarcó que no basta con difundir el Evangelio, sino que “una Iglesia misionera sabe que su mejor palabra es dejarse transformar por la Palabra que da Vida, haciendo del servicio su nota definitiva. No somos nosotros quienes disponemos de la misión, y menos nuestras estrategias”.

El Espíritu es el verdadero protagonista que “nos impulsa y nos envía continuamente a compartir este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7); transformados por el Espíritu para transformar cada rincón donde nos toque estar”, continuó.

El pastor es parte del pueblo

Por otra parte, el Papa Francisco recordó que el pastor es una persona que, “ama entrañablemente a su pueblo, conoce su idiosincrasia, sus debilidades y fortalezas” y que forma parte de dicho pueblo, “no somos los patrones”.

Y pidió no perder de vista la evangelización realizada por los laicos, “no clericalicemos la misión y mucho menos clericalicemos a los laicos”, aclaró.

Los sacerdotes

El Pontífice llamó a los obispos a tener siempre abiertos “la puerta y el corazón” a los sacerdotes: “Estén cerca de ellos, escúchenlos, busquen acompañarlos en todas las situaciones que ellos enfrenten, especialmente cuando los vean desanimados o apáticos”, expresó.

Y agregó que lo hicieran creando un clima de confianza, “para un diálogo sincero, un diálogo abierto, buscando y pidiendo la gracia de tener la misma paciencia que el Señor tiene con cada uno de nosotros, ¡que es tanta, qué es tanta!”.

LARISSA I. LÓPEZ

Discurso del Santo Padre

Agradezco a Su Eminencia, el Cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, sus amables palabras de introducción y bienvenida. Estoy feliz de poder estar con ustedes y compartir, aunque sea de manera breve, las alegrías y esperanzas, sus iniciativas y sueños, y también los desafíos que enfrentan como pastores del santo pueblo fiel de Dios. Gracias por vuestra fraternal bienvenida.

Nuestro encuentro de hoy tiene lugar en el Santuario del Beato Nicolás Bunkerd Kitbamrung, que dedicó su vida a la evangelización y la catequesis, formando discípulos del Señor, principalmente aquí en Tailandia, también en parte de Vietnam y a lo largo de la frontera con Laos, y coronó su testimonio de Cristo con el martirio. Pongamos este encuentro bajo su mirada para que su ejemplo impulse en nosotros un gran celo por la evangelización en todas las Iglesias locales de Asia y podamos ser, cada vez más, discípulos misioneros del Señor; así su Buena Noticia pueda ser derramada como bálsamo y perfume en este bello y gran continente.

Sé que está planificando para el 2020 la Asamblea General de la Federación de Conferencias de los Obispos de Asia, en el cincuentenario de su fundación. Una buena ocasión para volver a visitar estos “santuarios” donde se custodian las raíces misioneras que marcaron estas tierras y dejarse impulsar por el Espíritu Santo desde las huellas del primer amor, lo cual permitirá abrirse con coraje, con parresia a un futuro que deben gestar, crear, a fin de que tanto la Iglesia como la sociedad en Asia se beneficien de un impulso evangélico compartido y renovado. Enamorados de Cristo, capaces de enamorar y compartir ese mismo amor.

Ustedes viven en medio de un continente multicultural y multirreligioso, de gran belleza y ,prosperidad, pero probado al mismo tiempo por una pobreza y explotación extendida a varios niveles. Los rápidos avances tecnológicos pueden abrir inmensas posibilidades que faciliten la vida, pero pueden dar lugar a un creciente consumismo y materialismo, especialmente entre los jóvenes. Ustedes cargan sobre sus hombros las preocupaciones de sus pueblos, al ver el flagelo de las drogas y el tráfico de personas, la necesidad de atender un gran número de migrantes y refugiados, las malas condiciones de trabajo, la explotación laboral experimentada por muchos, así como la desigualdad económica y social que existe entre los ricos y pobres.

Encuentro con los obispos tailandeses y asiáticos, 22 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

En medio de estas tensiones está el pastor luchando e intercediendo con su pueblo y por su pueblo; por eso creo que la memoria de los primeros misioneros que nos precedieron con coraje, con alegría y con una resistencia única, permitirá medir y evaluar nuestro presente y nuestra misión desde una perspectiva mucho más amplia, mucho más transformadora. Esta memoria nos libra, en primer lugar, de creer que los tiempos pasados fueron siempre más favorables o mejores para el anuncio, y nos ayuda a no refugiarnos en pensamientos y discusiones estériles que terminan por centrarnos y encerrarnos en nosotros mismos, paralizando todo tipo de acción. «Aprendamos de los santos que nos han precedido y enfrentaron las dificultades propias de su época» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 263), y permitamos ser despojados de todo aquello que se nos “pegó” durante el camino, y que vuelve más pesado todo el andar. Somos conscientes de que hay estructuras y mentalidades eclesiales que pueden llegar a condicionar negativamente un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga; porque en definitiva sin vida nueva y auténtico espíritu evangélico, sin “fidelidad de la Iglesia a la propia vocación”, cualquier estructura nueva se corrompe en poco tiempo (cf. ibíd., 26), y puede dificultar a nuestro corazón el importante ministerio de la oración e y la intercesión. Esto nos puede ayudar, a veces, a movernos ante los entusiasmos indiscretos de metodologías con éxito aparente pero con poca vida.

Mirando el camino misionero en estas tierras, una de las primeras enseñanzas recibidas nace de la confianza en saber que es precisamente el Espíritu Santo el primero en adelantarse y convocar: El Espíritu Santo “primerea” a la Iglesia invitándola a alcanzar todos esos puntos nodales, donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas, alcanzar con la Palabra de Jesús los núcleos más profundos del alma de nuestras ciudades y culturas (cf. ibíd., 74). No olvidemos que el Espíritu Santo llega antes que el misionero y permanece con él. El impulso del Espíritu Santo sostuvo y motivó a los Apóstoles y a tantos misioneros a no descartar ninguna tierra, pueblo, cultura o situación. No buscaron un terreno con “garantías de éxito”; al contrario, su “garantía” residía en la certeza que ninguna persona y cultura estaba de antemano incapacitada para recibir la semilla de vida, de felicidad y especialmente de la amistad que el Señor le quiere regalar. No esperaron que una cultura fuera afín o sintonizara fácilmente con el Evangelio; por el contrario, se zambulleron en esas realidades nuevas, convencidos de la belleza de la que eran portadores. Toda vida vale a los ojos del Maestro. Ellos eran audaces, valientes, porque sabían principalmente que el Evangelio es un don para ser derramado en todos y para todos: derramado a toda la gente, a los doctores de la ley, pecadores, publicanos, prostitutas, todos los pecadores de ayer como los de hoy. Me gusta señalar que la misión, antes que las actividades para realizar o proyectos para implementar, requiere una mirada y un olfato a cultivar; requiere una preocupación paternal y maternal porque la oveja se pierde cuando el pastor la da por perdida, nunca antes. Hace tres meses me visitó un misionero francés, que trabaja desde hace casi cuarenta años en el norte de Tailandia, entre las tribus, y vino con un grupo de unas 20/25 personas. Todos padres y madres de familia, jóvenes, 25 años, no más, a los cuales él había bautizado, primera generación, y ahora bautizaba a sus hijos. Uno puede pensar: perdiste la vida con 50 personas, con 100 personas. Esa fue su semilla, y Dios lo consuela haciéndole bautizar a los hijos de quien el bautizo por primera vez. Simplemente esos tribales del norte de Tailandia los vivió como riqueza para evangelizar. No dio por perdida esa oveja, la asumió.

Uno de los puntos más hermosos de la evangelización es hacernos cargo de que la misión confiada a la Iglesia no reside sólo en la proclamación del Evangelio, sino también en aprender a creerle al Evangelio. Cuantos hay que proclaman, proclamamos, a veces, en momentos de tentación, el Evangelio y no le creemos al Evangelio. Aprender a creerle al Evangelio, a dejarse tomar y transformar por él. Consiste en vivir y en caminar a la luz de la Palabra que tenemos que proclamar. Nos hará bien recordar al gran Pablo VI: «Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 15). Así la Iglesia entra en la dinámica discipular de conversión-anuncio, purificada por su Señor, se transforma en testigo por vocación. Una Iglesia en camino, sin miedo a bajar a la calle y confrontarse con la vida misma de las personas que le fueron confiadas, es capaz de abrirse humildemente al Señor y con el Señor vivir el asombro, el estupor, de la aventura misionera, sin esa necesidad consciente o inconsciente de querer aparecer ella en primer lugar, ocupando o pretendiendo vaya a saber qué lugar de preeminencia. ¡Cuánto debemos aprender de ustedes, que en tantos de vuestros países o regiones son minorías, y a veces minorías ignoradas, obstaculizadas o perseguidas, y no por eso se dejan llevar o contaminar por el síndrome de inferioridad o la queja de no sentirse reconocidos! Van adelante, anuncian, siembran, rezan y esperan. Y no pierden la alegría.

Hermanos: «Unidos a Jesús, busquemos lo que Él busca, amemos lo que Él ama» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 267), y no tengamos miedo de hacer de sus prioridades nuestras prioridades. Ustedes saben muy bien lo que es una Iglesia pequeña en personas y en recursos, pero ardiente y con ganas de ser instrumento vivo del compromiso del Señor con todas las personas de vuestros pueblos y ciudades (cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1). Vuestro compromiso por llevar adelante esa fecundidad evangélica anunciando el kerygma con obras y con palabras en los diferentes ámbitos donde los cristianos se encuentran, es un testimonio contundente.

Una Iglesia misionera sabe que su mejor palabra es dejarse transformar por la Palabra que da Vida, haciendo del servicio su nota definitiva. No somos nosotros quienes disponemos de la misión, y menos nuestras estrategias. Es el Espíritu el verdadero protagonista que a nosotros, pecadores perdonados, nos impulsa y nos envía continuamente a compartir este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7); transformados por el Espíritu para transformar cada rincón donde nos toque estar. El martirio de la entrega cotidiana y tantas veces silenciosa dará los frutos que vuestros pueblos necesitan.

Esta realidad nos impulsa a desarrollar una espiritualidad muy particular. El pastor es una persona que, en primer lugar, ama entrañablemente a su pueblo, conoce su idiosincrasia, conoce sus debilidades y fortalezas. La misión es ciertamente amor por Jesucristo, pero al mismo tiempo es una pasión por su pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo ese amor que nos devuelve la dignidad y nos sostiene, y precisamente allí mismo, si no somos ciegos, empezamos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y se dirige llena de cariño y de ardor hacia todo su pueblo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 268).

Recordemos que nosotros también somos parte de este pueblo; no somos los patrones, somos parte del pueblo; fuimos elegidos como servidores, no como dueños o amos y esto significa que debemos acompañar a quienes servimos con paciencia, y con amabilidad, escuchándolos, respetando su dignidad, impulsando y valorando siempre sus iniciativas apostólicas. No perdamos de vista que muchas de vuestras tierras fueron evangelizadas por laicos. No clericalicemos la misión, por favor. Y mucho menos clericalicemos los laicos. Ellos laicos tuvieron la posibilidad de hablar el dialecto de su gente, ejercicio simple y directo de inculturación no teórica ni ideológica, sino fruto del ardor por compartir a Cristo. El santo Pueblo fiel de Dios posee la unción del Santo que estamos llamados a reconocer, a valorar y expandir. No perdamos esta gracia de ver a Dios actuando en medio de su pueblo, como lo hizo antes, lo hace ahora y lo seguirá haciendo. Me viene una imagen, que no estaba en el programa pero…: el pequeño Samuel que se despertaba de noche. Dios respetó al viejo sacerdote, débil de carácter, le dejaba hacer, pero no le habló. Le habló a un muchacho, a uno del pueblo.

De manera particular los invito a que tengan siempre abierta la puerta para sus sacerdotes. La puerta y el corazón. No olvidemos que el prójimo más prójimo del obispo es el sacerdote. Estén cerca de ellos, escúchenlos, busquen acompañarlos en todas las situaciones que ellos enfrenten, especialmente cuando los vean desanimados o apáticos, que es la peor de las tentaciones del demonio. La apatía, el desánimo. y esto háganlo no como jueces sino como padres, no como gerentes que se sirven de ellos, sino como auténticos hermanos mayores. Creen un clima donde exista la confianza para un diálogo sincero, un diálogo y abierto, buscando y pidiendo la gracia de tener la misma paciencia que el Señor tiene con cada uno de nosotros, ¡y que es tanta, que es tanta!

Queridos hermanos: Sé que son múltiples los interrogantes que deben enfrentar en el seno de sus comunidades, tanto a diario como pensando en el porvenir. Nunca perdamos de vista que en ese futuro, tantas veces incierto como cuestionador, es precisamente el Señor mismo quien viene con la fuerza de la Resurrección transformando cada llaga, cada herida, en fuente de vida. Miremos el mañana con la certeza de que no estamos solos, de que no caminamos solos, de que no vamos solos, Él nos espera ahí invitándonos a reconocerlo principalmente en el partir el pan.

Supliquemos la intercesión del beato Nicolás y de tantos santos misioneros, para que nuestros pueblos sean renovados con esa misma unción.

Puesto que están hoy aquí numerosos Obispos de Asia, aprovecho la ocasión para extender esta la bendición y mi cariño a todas vuestras comunidades y, de modo especial, a los enfermos y a todos aquellos que estén pasando por momentos de dificultad. Que el Señor los bendiga, cuide y los acompañe siempre. Y a ustedes, que los lleve de su mano; y ustedes déjense llevar de la mano del Señor, no busquen otras manos.

Y, por favor, no se olviden de rezar y hacer rezar por mí, porque todo lo que les dije a ustedes me lo tengo que decir a mí mismo también.

Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticana


Tailandia: El Papa llama a una vida consagrada “capaz de sorprenderse todos los días”

Encuentro con sacerdotes y religiosos.

(ZENIT).- El Papa Francisco ha enseñado a la comunidad de consagrados y consagradas, sacerdotes, seminaristas y catequistas tailandeses que “Una vida consagrada que no sea capaz de sorprenderse todos los días, de alegrarse o de llorar, pero sorprenderse, es una vida consagrada a mitad del camino”.

En este tercer día del Pontífice en el país asiático –segundo día de celebraciones–, viernes, 22 de noviembre de 2019, el Papa se ha encontrado con todos ellos a las 10 hora local (4 horas en Roma) en la parroquia de san Pedro, en el santuario del Beato Nicolas Bunkerd Kitbamrung, dentro de la aldea católica Wat Roman en Tha Kham.

En esta contexto, el segundo papa en visitar Tailandia, después de Juan Pablo II, les ha alentado a “Despertar a la belleza, al asombro, al estupor, capaz de abrir nuevos horizontes y sembrar cuestionamientos”.

“Por favor, no cedan a la tentación de pensar que son pocos”, les ha pedido el Santo Padre, “piensen más bien que son pequeños, pequeños instrumentos en las manos creadoras del Señor, y Él irá escribiendo con sus vidas las mejores páginas de la historia de salvación en estas tierras”.

Inculturar el Evangelio
“No tengamos miedo de querer inculturar el Evangelio cada vez más”, les ha dicho. “Es necesario buscar esas nuevas formas para transmitir la Palabra, capaz de movilizar y despertar el deseo de conocer al Señor”.

La fecundidad apostólica “requiere” y “se sostiene” gracias a “cultivar la intimidad de la oración”, ha asegurado el Papa en su discurso, pronunciado en español. “Una intimidad como la de esos abuelos, que rezan continuamente el rosario”. Ha improvisado: “Si a ustedes les falta la oración, cualquier trabajo que hacen no tiene sentido. No tiene fuerza, no tiene valor, la oración es el centro de todo”.

Gran aplauso

A su llegada, Francisco ha hecho un recorrido en el papamóvil entre los fieles, y al entrar en la iglesia de san Pedro, el párroco le ha recibido en la entrada para entrar juntos por la nave central entre un gran aplauso de los seminaristas y consagrados.

Junto al altar, un sacerdote, una religiosa, un seminarista y un catequista han ofrecido flores que el Papa ha depositado a los pies de san Pedro. Después, ha rezado delante del Santísimo durante unos minutos en silencia, y se ha dirigido al podio. Tras el breve saludo de bienvenida de Mons. Jose Pradhan Sridarunsil, salesiano, obispo de Surat Thani y responsable de los religiosos, de un canto y del testimonio de una religiosa, el Papa ha pronunciado un discurso.

Horizonte nuevo y sorprendente
Consciente de la minoría católica en Tailandia, donde solo 0,55% de la población es católica y cuenta con 12 diócesis y 436 parroquias, el Santo Padre ha dicho a los sacerdotes y los religiosos: “El Señor no nos llamó para enviarnos al mundo a imponer obligaciones a las personas, o cargas más pesadas de las que ya tienen, y son muchas, sino a compartir una alegría, un horizonte bello, nuevo y sorprendente”.

“Preparando este encuentro pude leer, con cierto dolor –les ha indicado– que para muchos la fe cristiana es una fe extranjera, es la religión de los extranjeros”. Esta realidad “nos impulsa a buscar la manera de animarnos a decir la fe ‘en dialecto’, a la manera que una madre le canta canciones de cuna a su niño. Con esa confianza darle rostro y ‘carne’ tailandesa, que es mucho más que realizar traducciones”.

Signo de la misericordia viva
“Quiero impulsar y darles coraje a tantos de ustedes que, a diario, gastan su vida sirviendo a Jesús en sus hermanos”, ha valorado, “a tantos de ustedes que logran ver belleza donde otros tan sólo ven desprecio, abandono o un objeto sexual a ser utilizado. Así, ustedes son signo concreto de la misericordia viva y operante del Señor”.

Así, les ha invitado a “salir de sí mismo y, en ese mismo movimiento de salida, fuimos encontrados. En el rostro de las personas que encontramos por la calle podemos descubrir la belleza de tratar al otro como a un hermano”.

“Ya no es el huérfano, el abandonado, el marginado o el despreciado”, ha continuado. “Ahora tiene rostro de hermano, de ‘hermano redimido por Jesucristo’. ¡Eso es ser cristianos!”.

Ancianos
El Santo Padre dirigió un pensamiento especial hacia los “consagrados ancianos que nos engendraron en el amor y la amistad con Jesucristo”, especialmente recordando a los que no pudieron estar presentes en este encuentro.

“Demos gracias por ellos y por los ancianos de nuestras comunidades que hoy no pudieron estar acá. Díganles a los ancianos que no pudieron estar acá que el Papa les envía una bendición agradecida, y también les pide su bendición”.

ROSA DIE ALCOLEA

Discurso completo del Papa Francisco

Un grupo de religiosas y sacerdotes reciben al Papa en Tailandia (Foto: © Vatican News)

Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.

Gracias a Mons. Joseph (Pradhan Sridarunsil) por sus palabras de bienvenida en nombre de todos ustedes. Estoy contento de poder verlos, escucharlos, participar de su alegría y palpar cómo el Espíritu realiza su obra en medio nuestro. Gracias a todos ustedes catequistas, sacerdotes, consagrados y consagradas, seminaristas, por este tiempo que me regalan.

Gracias también a Benedetta, por compartirnos su vida y testimonio. A medida que la escuchaba me venía un sentimiento de acción de gracias por la vida de tantos misioneros y misioneras que fueron marcando su vida y dejando su huella. Benedetta, nos hablaste de las Hijas de la Caridad. Quiero que mis primeras palabras con ustedes sean una acción de gracias a todos estos consagrados que con el silencioso martirio de la fidelidad y entrega cotidiana se volvieron fecundos. No sé si llegaron a poder contemplar o saborear el fruto de la entrega, pero sin duda fueron vidas capaces de engendrar. Fueron promesa de esperanza. Por esto, al inicio de nuestro encuentro quiero invitarlos a tener especialmente presente a todos los catequistas, consagrados ancianos que nos engendraron en el amor y la amistad con Jesucristo. Demos gracias por ellos y por los ancianos de nuestras comunidades que hoy no pudieron estar acá. Díganles a los ancianos que no pudieron estar acá que el Papa les envía una bendición agradecida, y también les pide su bendición.

Creo que la historia vocacional de cada uno de nosotros está marcada por esas presencias que ayudaron a descubrir y discernir el fuego del Espíritu. Es tan lindo e importante saber agradecer. «El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Sólo si somos capaces de contemplar y agradecer concretamente todos los gestos de amor, generosidad, solidaridad y confianza, así como de perdón, paciencia, aguante y compasión con los que fuimos tratados, sólo así dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión» (Carta a los sacerdotes, 4 agosto 2019).

Pensemos en ellos, demos gracias y sobre sus hombros sintámonos también nosotros llamados a ser hombres y mujeres que ayudan a engendrar la vida nueva que el Señor nos regala. Llamados a la fecundidad apostólica, llamados a ser aguerridos luchadores de las cosas que el Señor ama y por las que dio su vida; pidamos la gracia de que nuestros sentimientos y nuestras miradas puedan palpitar al ritmo de su corazón y, me animaría a decirles, hasta llagarse por el mismo amor; tener esa pasión por Jesús y pasión por su Reino.

En este sentido, podemos preguntarnos: ¿Cómo cultivar la fecundidad apostólica? Es una linda pregunta que nos podemos hacer todos y cada uno responderla desde su corazón. Para mí no es fácil comunicarme con ustedes a través de un aparato. No es fácil, pero ustedes tienen buena voluntad.

Benedetta, tú nos hablaste de cómo el Señor te atrajo por medio de la belleza. Fue la belleza de una imagen de la Virgen que con su mirada particular entró en tu corazón y suscitó el deseo de conocerla más: ¿Quién es esta mujer? No fueron las palabras, ideas abstractas o fríos silogismos. Todo comenzó por una mirada bella que te cautivó. Cuánta sabiduría esconden tus palabras. Despertar a la belleza, al asombro, al estupor, capaz de abrir nuevos horizontes y sembrar cuestionamientos. Una vida consagrada que no sea capaz de estar abierta a la sorpresa es una vida que quedó a mitad de camino. Esto lo quiero repetir, no está en el texto escrito. Una vida consagrada que no sea capaz de sorprenderse todos los días, de alegrarse o de llorar, pero sorprenderse, es una vida consagrada a mitad del camino.

El Señor no nos llamó para enviarnos al mundo a imponer obligaciones a las personas, o cargas más pesadas de las que ya tienen, y son muchas, sino a compartir una alegría, un horizonte bello, nuevo y sorprendente. Me gusta mucho esa expresión de Benedicto XVI, que considero paradigmática y hasta profética en estos tiempos: la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 14). «Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas» (ibíd., 167).

Esto nos impulsa a no tener miedo de buscar esos nuevos símbolos e imágenes, esa música particular que ayude a los tailandeses a despertar al asombro que el Señor nos quiere regalar. No tengamos miedo de querer inculturar el Evangelio cada vez más. Es necesario buscar esas nuevas formas para transmitir la Palabra, capaz de movilizar y despertar el deseo de conocer al Señor: ¿Quién es este hombre? ¿Quiénes son estas personas que siguen a un crucificado?

Preparando este encuentro pude leer, con cierto dolor, que para muchos la fe cristiana es una fe extranjera, es la religión de los extranjeros. Esta realidad nos impulsa a buscar la manera de animarnos a decir la fe “en dialecto”, a la manera que una madre le canta canciones de cuna a su niño. Con esa confianza darle rostro y “carne” tailandesa, que es mucho más que realizar traducciones. Es dejar que el Evangelio se desvista de ropajes buenos pero extranjeros, para sonar con la música que a ustedes les es propia en esta tierra y hacer vibrar el alma de nuestros hermanos con la misma belleza que encendió nuestro corazón. Los invito a que le recemos a la Virgen, la primera que cautivó con la belleza de su mirada a Benedetta, y le digamos con confianza de hijos: «Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte. Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la belleza que no se apaga» (ibíd., 288).

La mirada de María nos impulsa a mirar en su misma dirección, hacia esa otra mirada, para hacer todo lo que Él nos diga (cf. Jn 2,1-12). Ojos que cautivan porque son capaces de ir más allá de las apariencias, y alcanzar y celebrar la belleza más auténtica que vive en cada persona. Una mirada que, como nos enseña el Evangelio, rompe todos los determinismos, fatalismos y estándares. Donde muchos veían solamente un pecador, un blasfemo, un recaudador de impuestos, una persona de mala vida, hasta un traicionero, Jesús fue capaz de ver apóstoles. Y esa es la belleza que su mirada nos invita a anunciar, una mirada que transforma y permite acontecer lo mejor de los demás.

Pensando en el comienzo de la vocación de tantos de ustedes, cuántos en su juventud participaron en las actividades de jóvenes que querían vivir el Evangelio y salían a visitar a los más necesitados, ignorados y hasta despreciados de la ciudad, huérfanos y ancianos. Seguro que muchos fueron ahí visitados por el Señor, haciéndoles descubrir el llamado a donarlo todo. Se trata de salir de sí mismo y, en ese mismo movimiento de salida, fuimos encontrados. En el rostro de las personas que encontramos por la calle podemos descubrir la belleza de tratar al otro como a un hermano. Ya no es el huérfano, el abandonado, el marginado o el despreciado. Ahora tiene rostro de hermano, de «hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?» (Exhort. ap. Gaudete et exultate, 98). Quiero impulsar y darles coraje a tantos de ustedes que, a diario, gastan su vida sirviendo a Jesús en sus hermanos, como bien señalaba el obispo al presentarlos —se le veía orgulloso—; a tantos de ustedes que logran ver belleza donde otros tan sólo ven desprecio, abandono o un objeto sexual a ser utilizado. Así, ustedes son signo concreto de la misericordia viva y operante del Señor. Signo de la unción del Santo en estas tierras.

Tal unción requiere de la oración. La fecundidad apostólica requiere y se sostiene gracias a cultivar la intimidad de la oración. Una intimidad como la de esos abuelos, que rezan continuamente el rosario. Cuántos de nosotros hemos recibido la fe de nuestros abuelos, y los hemos visto así, entre las tareas del hogar, con el rosario en la mano, consagrando toda su jornada. La contemplación en la acción, dejando que Dios sea parte de todas las pequeñas cosas del día. Es vital que hoy la Iglesia anuncie el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras y sin miedo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 23), como personas que cada mañana, en ese cara a cara con el Señor, vuelven a ser enviadas. Sin la oración, toda nuestra vida y misión pierde sentido, pierde fuerza y fervor.

Si a ustedes les falta la oración, cualquier trabajo que hacen no tiene sentido. No tiene fuerza, no tiene valor, la oración es el centro de todo.

Decía san Pablo VI que uno de los peores enemigos de la evangelización era la falta de fervor (cf. Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 80), lean ese número 80 de la Evangelii nuntiandi. Y el fervor para el religioso, religiosa, sacerdote, catequista, se alimenta en ese doble encuentro: en el rostro del Señor y en el de los hermanos. También nosotros tenemos necesidad de ese espacio donde volver a la fuente para beber del agua que da vida. Inmersos en miles de ocupaciones, busquemos siempre el espacio para recordar, en la oración, que el Señor ya ha salvado al mundo y que estamos invitados con Él a hacer tangible esta salvación.

Nuevamente, gracias por vuestra vida, gracias por vuestro testimonio y entrega generosa. Les pido que, por favor, no cedan a la tentación de pensar que son pocos, piensen más bien piensen que son pequeños, pequeños instrumentos en las manos creadoras del Señor, y Él irá escribiendo con sus vidas las mejores páginas de la historia de salvación en estas tierras.

No se olviden de rezar y hacer rezar por mí.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticano


Tailandia: “Miembros de la familia humana”, constructores de una cultura de “valores compartidos”

Francisco a los líderes religiosos.

(ZENIT).- “Todos somos miembros de la familia humana y cada uno, desde el lugar que ocupa, está invitado a ser actor y gestor directo en la construcción de una cultura basada en valores compartidos, que conduzcan a la unidad, al respeto mutuo y a la convivencia armoniosa”, indicó el Papa Francisco.

En la mañana del 22 de noviembre de 2019, en torno a las 15:20, hora local (las 9:20 en Roma), el Santo Padre ha llegado a la Universidad de Chulalongkorn para el encuentro con los líderes cristianos y de otras religiones.

Universidad de Chulalongkorn

La Universidad de Chulalongkorn, es el ateneo más antiguo de Tailandia y también el más prestigioso. De hecho, por tradición, en ella se gradúan los miembros de la familia real y de la nobleza del país.

Situada en el centro de Bangkok, la universidad fue fundada como tal oficialmente en 1917 por el rey Rama VI, que la intituló a la memoria de su padre, Rama V, soberano que se dedicó bastante al desarrollo de Tailandia y muy amado entre la población por haber abolido la esclavitud.

A día cuenta con 19 facultades, entre las que se encuentran la de Medicina, Derecho y Economía, así como una Escuela de especialización dedicada al estudio de los recursos agrícolas. La universidad aloja también un gran auditorio, que tiene espacio para más de 1.500 personas.

Encuentro interreligioso

En este auditorio de la Universidad Chulalongkorn, el Papa Francisco fue acogido por el cardenal arzobispo de Bangkok, el presidente de la Universidad, el presidente del Consejo de la Universidad y por dos estudiantes que le ofrecieron unas flores.

Una vez en el palco, el Santo Padre saludó personalmente a los 18 líderes religiosos presentes. En concreto, se trata de representantes del Budismo, el Islamismo, el Brahmin-Hinduismo y Sikkhism y de diferentes denominaciones cristianas, así como los líderes de la Iglesia Ortodoxa en Tailandia

En esta nación la religión más extendida es el budismo Theravada, que profesa el 94% de la población. Existe una minoría musulmana en el sur (5%) y una comunidad cristiana de un millón de personas, de los cuales unos 300.000 son católicos.

Saludos y regalos

Después, el presidente de la universidad, Dr.Bundit Eur-arporn, dedicó unas palabras de bienvenida al Pontífice y le ofreció un regalo en nombre de toda la comunidad académica. Una estudiante y una profesora, también hicieron entrega de un presente al Santo Padre.

El presidente de la Comisión para el Ecumenismo y el Diálogo Interreligioso, el obispo Joseph Chusak Sirisut, por su parte, también dirigió un saludo al Papa.

Cantos
Antes de la alocución del Obispo de Roma, un grupo de jóvenes, miembros de la comunidad universitaria, personas de las distintas religiones de Tailandia, han dedicado un canto al Pontífice que contenía un mensaje de paz entre las religiones y las culturas.

Igualmente, tras las palabras de Francisco, de nuevo, el coro ha interpretado un himno tomado de un grupo del Movimiento de los Focolares en los Estados Unidos, que precisamente habla sobre el encuentro y la fraternidad entre los diferentes credos.

Al final del encuentro, se realizó una foto de grupo y el Santo Padre saludó nuevamente a los 18 líderes religiosos presentes en el acto.

Palabras de Francisco

En su discurso, el Papa Francisco recordó que en 1897, el rey Chulalongkorn, de quien toma nombra la universidad, visitó Roma y tuvo una audiencia con el Papa León XIII. Esta fue la primera vez que un jefe de Estado no cristiano visitaba el Vaticano, un hito que “nos cuestiona y nos anima a asumir un protagonismo tenaz en el camino del diálogo y del entendimiento mutuo”.

Esto, subrayó el Pontífice, “habría que hacerlo en un espíritu de compromiso fraterno que ayude a poner fin a tantas esclavitudes que persisten en nuestros días, pienso especialmente en el flagelo del tráfico y de la trata de personas”.

Resolución de conflictos

Para él, el reconocimiento y la valoración mutua, así como la cooperación entre religiones es “aún más apremiante para la humanidad actual”, ante la globalización económica financiera y los avances, que conviven con conflictos migratorios, refugiados, hambrunas y guerras y con “la degradación y destrucción de nuestra casa común”.

De este modo, hoy “es tiempo de atreverse a imaginar la lógica del encuentro y del diálogo mutuo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento recíproco como método y criterio”, ofreciendo “un nuevo paradigma para la resolución de conflictos, contribuir al entendimiento entre las personas y salvaguardar la creación”, apuntó el Papa.

Y agregó que “estos tiempos nos exigen construir bases sólidas, ancladas en el respeto y reconocimiento de la dignidad de las personas, en la promoción de un humanismo integral capaz de reconocer y reclamar la defensa de nuestra casa común; en una administración responsable, que conserve la belleza y la exuberancia de la naturaleza como un derecho fundamental para la existencia”.

Los marginados y los ancianos

Por otro lado, el Obispo de Roma se refirió al hecho de que todas las religiones están llamados a “prestar atención” a los los marginados, los oprimidos, los pueblos indígenas y las minorías religiosas y a “a no tener miedo de generar instancias” en las que “unirnos y trabajar mancomunadamente”.

Asimismo, resaltó el valor y cuidado a los ancianos propio de la cultura tailandesa, animándoles a hacer conocer a los más jóvenes “el bagaje cultural de la sociedad en la que viven. Ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, a encontrarse con sus raíces haciendo memoria, a encontrarse con sus ancianos, es un verdadero acto de amor hacia ellos, en vista de su crecimiento y de las decisiones que deberán tomar”.

LARISSA I. LÓPEZ

Discurso completo del Santo Padre

Encuentro con los líderes religiosos, Bangkok, 22 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

Señor Cardenal,
Hermanos en el episcopado,
Distinguidos Representantes de las diferentes confesiones religiosas,
Representantes de la Comunidad Universitaria,
Queridos amigos:

Gracias por vuestra cordial bienvenida. Agradezco al Obispo Sirisut y al Dr. Bundit Eua-arporn sus amables palabras. Agradezco también la invitación a visitar esta famosa Universidad, a los estudiantes, a los docentes y personal que dan vida a esta casa de estudios, así como la oportunidad que me brindan de encontrarme con representantes de las diferentes Comunidades cristianas, y con los líderes de otras religiones que nos honran con su presencia. Les manifiesto mi agradecimiento por vuestra presencia aquí, y mi especial estima y reconocimiento por la valiosa herencia cultural y las tradiciones espirituales de las que son hijos y testigos.

Hace ciento veintidós años, en 1897, el rey Chulalongkorn, de quien toma el nombre esta primera universidad, visitó Roma y tuvo una audiencia con el Papa León XIII: era la primera vez que un Jefe de Estado no cristiano fue recibido en el Vaticano. El recuerdo de ese importante encuentro, así como el reinado llevado adelante por él, caracterizado entre tantas virtudes por la abolición de la esclavitud, nos cuestiona y nos anima a asumir un protagonismo tenaz en el camino del diálogo y del entendimiento mutuo. Y esto habría que hacerlo en un espíritu de compromiso fraterno que ayude a poner fin a tantas esclavitudes que persisten en nuestros días, pienso especialmente en el flagelo del tráfico y de la trata de personas.

La necesidad de reconocimiento y valoración mutua, así como la cooperación entre las religiones, es aún más apremiante para la humanidad actual; el mundo de hoy se enfrenta a problemáticas complejas, como la globalización económico-financiera y sus graves consecuencias en el desarrollo de las sociedades locales; los rápidos avances —promotores aparentemente de un mundo mejor— conviven con la trágica persistencia de conflictos civiles: sean conflictos migratorios, refugiados, hambrunas y conflictos bélicos; y conviven también con la degradación y destrucción de nuestra casa común. Todas estas situaciones nos alertan y recuerdan que ninguna región ni sector de nuestra familia humana puede pensarse o construirse ajena o inmune a las demás. Son todas situaciones que, a su vez, nos exigen aventurarnos a tejer nuevas formas de construir la historia presente sin necesidad de denigrar o denostar a nadie. Se acabaron las épocas donde la lógica de la insularidad podía predominar en la concepción del tiempo y del espacio, e imponerse como mecanismo válido para la resolución de conflictos. Hoy es tiempo de atreverse a imaginar la lógica del encuentro y del diálogo mutuo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento recíproco como método y criterio. Y, de este modo, ofrecer un nuevo paradigma para la resolución de conflictos, contribuir al entendimiento entre las personas y salvaguardar la creación. Creo que, en este campo, las religiones, así como las universidades, sin necesidad de renunciar a las propias notas esenciales y dones particulares, tenemos mucho para aportar y ofrecer; todo lo que hagamos en este sentido es un paso significativo para garantizar a las generaciones más jóvenes su derecho al futuro, y será también un servicio a la justicia y un servicio a la paz. Sólo así les proporcionaremos las herramientas necesarias para que sean ellos los principales protagonistas en la forma de generar estilos de vida sustentables e inclusivos.

Estos tiempos nos exigen construir bases sólidas, ancladas en el respeto y reconocimiento de la dignidad de las personas, en la promoción de un humanismo integral capaz de reconocer y reclamar la defensa de nuestra casa común; en una administración responsable, que conserve la belleza y la exuberancia de la naturaleza como un derecho fundamental para la existencia. Las grandes tradiciones religiosas de nuestro mundo dan testimonio de un patrimonio espiritual, trascendente y ampliamente compartido, que puede ofrecer sólidos aportes en este sentido, si somos capaces de aventurarnos a no tener miedo de encontrarnos.

Todos nosotros estamos llamados, no sólo a prestar atención a la voz de los pobres en nuestro entorno: los marginados, los oprimidos, los pueblos indígenas y las minorías religiosas, sino también a no tener miedo de generar instancias, como ya tímidamente se vienen desarrollando, donde poder unirnos y trabajar mancomunadamente. A su vez, se nos pide abrazar el imperativo de defender la dignidad humana y respetar los derechos de conciencia y libertad religiosa, y crear espacios donde ofrecer un poco de aire fresco en la certeza de que «no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan» (Carta enc. Laudato si’, 205).

Aquí en Tailandia, país de gran belleza natural, quisiera subrayar una nota distintiva que considero crucial, y en cierta medida parte de las riquezas a “exportar” y compartir con otras regiones de nuestra familia humana. Ustedes valoran y cuidan a sus ancianos —es una gran riqueza—, los respetan y les dan un lugar reverencial, que les garantizan a ustedes las raíces necesarias, para que vuestro pueblo no se marchite detrás de determinados slogans que terminan por vaciar e hipotecar el alma de las nuevas generaciones. Junto a la tendencia creciente de desacreditar los valores y las culturas locales, por imposición de un modelo único, también «vemos una tendencia a “homogeneizar” a los jóvenes, a disolver las diferencias propias de su lugar de origen, a convertirlos en seres manipulables hechos en serie. Así se produce una destrucción cultural, que es tan grave como la desaparición de especies» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 186). Continúen haciéndoles conocer a los más jóvenes el bagaje cultural de la sociedad en la que viven. Ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, a encontrarse con sus raíces haciendo memoria, a encontrarse con sus ancianos, es un verdadero acto de amor hacia ellos, en vista de su crecimiento y de las decisiones que deberán tomar (cf. ibíd., 187).

Toda esta perspectiva implica necesariamente el papel de instituciones educativas como esta Universidad. La investigación, el conocimiento, ayudan a abrir nuevos caminos para reducir la desigualdad entre las personas, fortalecer la justicia social, defender la dignidad humana, buscar las formas de resolución pacífica de conflictos y preservar los recursos que dan vida a nuestra tierra. Mi agradecimiento se dirige, de modo particular, a los educadores y académicos de este país que trabajan para proporcionar a las generaciones presentes y futuras las habilidades y, sobre todo, la sabiduría de raíz ancestral, que les permitirá participar en la promoción del bien común de la sociedad.

Queridos hermanos: Todos somos miembros de la familia humana y cada uno, desde el lugar que ocupa, está invitado a ser actor y gestor directo en la construcción de una cultura basada en valores compartidos, que conduzcan a la unidad, al respeto mutuo, a la convivencia armoniosa.

Una vez más, les agradezco su invitación y su atención. Ofrezco mi oración y mis mejores deseos por sus esfuerzo, que están orientados a servir el desarrollo de Tailandia en prosperidad y paz. Sobre ustedes aquí presentes, sobre sus familias y sobre aquellos a quienes sirven, invoco la bendición divina. Y les pido que, por favor, lo hagan por mí.

Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticana


Tailandia: “No le tengan miedo al futuro ni se dejen achicar”, alienta el Papa a los jóvenes

Homilía en la catedral de Bangkok.

(ZENIT).- El Papa ha alentado a los jóvenes tailandeses a “salir al encuentro de Cristo, el Señor que viene”. En la Eucaristía celebrada con ellos en la Catedral católica de Bangkok, les ha dicho: “No le tengan miedo al futuro ni se dejen achicar; por el contrario, sepan que ahí el Señor los está esperando para preparar y celebrar la fiesta de su Reino”.

La última celebración del Santo Padre en Tailandia ha estado dedicada a los jóvenes: este viernes, 22 de noviembre, después de encontrarse con los líderes religiosos del país en la Universidad de Chulalongkorn University, el Papa ha llegado a la Catedral de la Asunción, en Bangkok a las 17 hora local (11 horas en Roma), para celebrar la Misa con los jóvenes. Al llegar, Francisco se ha subido al papamóvil, en el que ha hecho un recorrido entre los jóvenes presentes, a quienes ha saludado con alegría.

La homilía de Francisco a los jóvenes, segundo papa que visita el Reino de Tailandia, después de Juan Pablo II, se ha centrado en el tema que proponer el Evangelio de hoy: “la venida definitiva de Cristo a nuestras vidas y a nuestro mundo”.

Citando en repetidas ocasiones alguna frase de su exhortación Christus vivit, el Papa ha exhortado: “¡Démosle la bienvenida en medio nuestro con inmensa alegría y amor, como sólo ustedes, jóvenes, lo pueden hacer!”. Así, ha llamado a ir adelante con alegría “porque sabemos que allí nos espera”, y ha matizado: “Antes que nosotros salgamos a buscarlo, sabemos que el Señor nos busca, viene a nuestro encuentro y nos llama desde la necesidad de una historia por hacer, por crear e inventar”.

¿Quieren mantener vivo el fuego capaz de iluminarlos en medio de la noche y de las dificultades? Queridos amigos, para que el fuego del Espíritu no se apague, y puedan mantener viva la mirada y el corazón, es necesario estar arraigados en la fe de nuestros mayores: padres, abuelos y maestros. No para quedarse presos del pasado, sino para aprender a tener ese coraje capaz de ayudarnos a responder a las nuevas situaciones históricas.

Herederos de una hermosa historia 

Asimismo, el Papa les ha recordado a los jóvenes que “son herederos de una hermosa historia de evangelización que les fue transmitida como un tesoro sagrado”, en el marco del 350 aniversario de la institución del vicariato apostólico de Siam, es decir, la fundación de la Iglesia en Tailandia.

“Esta hermosa catedral es testigo de la fe en Jesucristo que tuvieron sus antepasados: su fidelidad, profundamente arraigada, los impulsó a hacer buenas obras, a construir ese otro templo más hermoso todavía, compuesto de piedras vivas para poder llevar el amor misericordioso de Dios a las personas de su tiempo. “, ha comentado.

ROSA DIE ALCOLEA

Homilía del Papa Francisco

El Papa llama a los Jóvenes tailandeses a salir al encuentro del Señor
(Foto: © Vatican Media)

El evangelio que acabamos de escuchar nos invita a ponernos en movimiento y mirar al futuro para encontrarnos con lo más hermoso que nos quiere regalar: la venida definitiva de Cristo a nuestras vidas y a nuestro mundo. ¡Démosle la bienvenida en medio nuestro con inmensa alegría y amor, como sólo ustedes jóvenes lo pueden hacer! Antes que nosotros salgamos a buscarlo, sabemos que el Señor nos busca, viene a nuestro encuentro y nos llama desde la necesidad de una historia por hacer, por crear e inventar. Vamos hacia adelante con alegría porque sabemos que allí nos espera.

El Señor sabe que, por medio de ustedes, jóvenes, entra el futuro en estas tierras y en el mundo, y con ustedes cuenta para llevar adelante su misión hoy (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 174). Así como Dios tenía un plan para el pueblo elegido, también tiene un plan para cada uno de ustedes. Él es el primero en soñar con invitarnos a todos a un banquete que tenemos que preparar juntos, Él y nosotros, como comunidad: el banquete de su Reino en el que nadie podría quedar afuera.

El evangelio de hoy nos habla de diez jóvenes invitadas a mirar el futuro y formar parte de la fiesta del Señor. El problema fue que algunas de ellas no estaban preparadas para recibirlo; no porque se hayan quedado dormidas sino porque les faltó el aceite necesario, el combustible interior para mantener encendido el fuego del amor. Tenían un gran impulso y motivación, querían participar del llamado y la convocatoria del Maestro, pero con el tiempo se fueron apagando, se les fueron agotando las fuerzas y las ganas, y llegaron tarde. Una parábola de lo que nos puede suceder a todos los cristianos cuando, llenos de impulsos y de ganas, sentimos el llamado del Señor a tomar parte en su Reino y a compartir su alegría  con los demás. Es frecuente que, frente a los problemas y obstáculos, –que muchas veces son tantos, como cada uno de ustedes en su corazón lo sabe muy bien–; frente al sufrimiento de personas queridas, o a la impotencia de experimentar situaciones que parecen imposibles de ser cambiadas, entonces la incredulidad y la amargura pueden ganar espacio e infiltrarse silenciosamente en nuestros sueños, haciendo que se enfríe nuestro corazón, se pierda la alegría y que lleguemos tarde.

Por eso, me gustaría preguntarles: ¿Quieren mantener vivo el fuego capaz de iluminarlos en medio de la noche y en medio de las dificultades?, ¿quieren prepararse para responder al llamado del Señor?, ¿quieren estar listos para hacer su voluntad? ¿Cómo procurarse el aceite que los va a mantener en movimiento y los impulsa a buscar al Señor en cada situación?

Ustedes son herederos de una hermosa historia de evangelización que les fue transmitida como un tesoro sagrado. Esta hermosa catedral es testigo de la fe en Jesucristo que tuvieron sus antepasados: su fidelidad, profundamente arraigada, los impulsó a hacer buenas obras, a construir ese otro templo más hermoso todavía, compuesto de piedras vivas para poder llevar el amor misericordioso de Dios a todas las personas de su tiempo. Pudieron hacer esto porque estaban convencidos de lo que el profeta Oseas proclamó en la primera lectura de hoy: Dios les había hablado con ternura, los había abrazado con firme amor para siempre (cf. Os 2,16.21).

Queridos amigos, para que el fuego del Espíritu Santo no se apague, y puedan mantener viva la mirada y el corazón, es necesario estar bien arraigados en la fe de nuestros mayores: padres, abuelos y maestros. No para quedarse presos del pasado, sino para aprender a tener ese coraje capaz de ayudarnos a responder a las nuevas situaciones históricas. La de ellos fue una vida que resistió muchas pruebas y mucho sufrimiento. Pero en el camino, descubrieron que el secreto de un corazón feliz es la seguridad que encontramos cuando estamos anclados, enraizados en Jesús: enraizados en la vida de Jesús, en sus palabras, en su muerte y resurrección.

«A veces he visto árboles jóvenes, bellos, que elevaban sus ramas al cielo buscando siempre más, y parecían un canto de esperanza. Más adelante, después de una tormenta, los encontré caídos, sin vida. Porque tenían pocas raíces, habían desplegado sus ramas sin arraigarse bien en la tierra, y así sucumbieron ante los embates de la naturaleza. Por eso me duele ver que algunos les propongan a los jóvenes construir un futuro sin raíces, como si el mundo comenzara ahora. Porque es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra». Chicas y chicos: «Es muy fácil “volarse” cuando no hay desde donde agarrarse, de donde sujetarse» (Exhort. ap. postsin.Christus vivit, 179).

Sin este firme sentido de arraigo, podemos quedar desconcertados por las “voces” de este mundo que compiten por nuestra atención. Muchas de estas voces son atractivas, propuestas bien maquilladas que al inicio parecen bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente terminan dejando el vacío, el cansancio, la soledad y la desgana (cf. ibíd., 277), y van apagando esa chispa de vida que el Señor encendió un día en cada uno.

Queridos jóvenes: Ustedes son una nueva generación, con nuevas esperanzas, nuevos sueños y nuevas preguntas; seguramente también con algunas dudas, pero, arraigados en Cristo, los invito a mantener viva la alegría y a no tener miedo de  mirar el futuro con confianza. Arraigados en Cristo, miren con alegría y miren con confianza. Esta situación nace de saberse buscados, encontrados y amados infinitamente por el Señor. La amistad cultivada con Jesucristo es el aceite necesario para iluminar el camino, vuestro camino, pero también el de todos los que los rodean: amigos, vecinos, compañeros de estudio y de trabajo, incluso el de aquellos que están en total desacuerdo con ustedes.

¡Salgamos al encuentro de Cristo el Señor que viene! No le tengan miedo al futuro ni se dejen achicar; por el contrario, sepan que ahí en el futuro el Señor los está esperando para preparar y celebrar la fiesta de su Reino.

© Librería Editorial Vaticano


Francisco: Salir al “camino” para encontrar a madres y hermanos, regalo de Dios

Homilía de la primera Misa en Bangkok.

(ZENIT).- El Santo Padre ha animado a seguir “en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical”.

El jueves 21 de noviembre de 2019, memoria litúrgica de la Presentación de la Santísima Virgen María, en torno a las 18:10, hora local (12:10 h. en Roma), el Papa Francisco ha presidido la Misa en el Estadio Nacional de Supachalasai, en Bangkok.

Mi madre y mis hermanos
Durante su homilía, Francisco recordó la respuesta de Jesús a la pregunta “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”: “Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mt 12,50)”.

El Papa resaltó cómo que el Evangelio está lleno de preguntas que pretenden invitar a los discípulos “a ponerse en camino, para que descubran esa verdad capaz de dar y generar vida; y que buscan “abrir el corazón y el horizonte al encuentro de una novedad mucho más hermosa de lo que pueden imaginar”.

Salir a buscar a todos
Así les ocurrió a los primeros misioneros que llegaron a Tailandia, que al escuchar estas preguntas del Señor, “impulsados por la fuerza del Espíritu, y cargados sus bolsos con la esperanza que nace de la buena noticia del Evangelio se pusieron en camino para encontrar a los miembros de esa familia suya que todavía no conocían”, indicó el Pontífice.

Sin ese encuentro de los misioneros con Jesús “al cristianismo le hubiese faltado vuestro rostro; le hubiesen faltado los cantos, los bailes, que configuran la sonrisa thai tan particular de estas tierras”, expresó. Y apuntó que “el discípulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prosélitos, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliación que Jesús nos regala a todos”.

Asimismo, el Obispo de Roma remarcó que “el banquete está preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino”, describiendo que este envío del Señor, “es fuente de alegría, gratitud y felicidad plena”, “el manantial de la acción evangelizadora”.

Discípulos misioneros

Después, el Santo Padre se refirió a la celebración de los 350 años de la creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019) en este país. Un aniversario “que nos ayuda a salir alegremente a compartir la vida nueva, que viene del Evangelio, con todos los miembros de nuestra familia que aún no conocemos”.

Dedicando un pensamiento a las personas expuestas a la trata y a la prostitución, a los jóvenes inmersos en las drogas, a los migrantes y a todos los olvidados, el Papa Francisco describió que “ellos son parte de nuestra familia, son nuestras madres y nuestros hermanos, no le privemos a nuestras comunidades de sus rostros, de sus llagas, de sus sonrisas y de sus vidas; y no le privemos a sus llagas y a sus heridas de la unción misericordiosa del amor de Dios”.

LARISSA I. LÓPEZ

Homilía del Santo Padre

«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» (Mt 12,48).

Con esta pregunta, Jesús desafió a toda aquella multitud que lo escuchaba a preguntarse por algo que puede parecer tan obvio como seguro: ¿quiénes son los miembros de nuestra familia, aquellos que nos pertenecen y a quienes pertenecemos? Dejando que la pregunta hiciera eco en ellos de forma clara y novedosa responde: «Todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12,50). De esta manera rompe no sólo los determinismos religiosos y legales de la época, sino también todas las pretensiones excesivas de quienes podrían creerse con derechos o preferencias sobre Él. El Evangelio es una invitación y un derecho gratuito para todos aquellos que quieran escuchar.

Es sorprendente notar cómo el Evangelio está tejido de preguntas que buscan inquietar, despertar e invitar a los discípulos a ponerse en camino, para que descubran esa verdad capaz de dar y generar vida; preguntas que buscan abrir el corazón y el horizonte al encuentro de una novedad mucho más hermosa de lo que pueden imaginar. Las preguntas del Maestro siempre quieren renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad con una alegría sin igual (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).

Así les pasó a los primeros misioneros que se pusieron en camino y llegaron a estas tierras; escuchando la palabra del Señor, buscando responder a sus preguntas, pudieron ver que pertenecían a una familia mucho más grande que aquella que se genera por los lazos de sangre, de cultura, de región o de pertenencia a un determinado grupo. Impulsados por la fuerza del Espíritu, y cargados sus bolsos con la esperanza que nace de la buena noticia del Evangelio, se pusieron en camino para encontrar a los miembros de esa familia suya que todavía no conocían. Salieron a buscar sus rostros. Era necesario abrir el corazón a una nueva medida, capaz de superar todos los adjetivos que siempre dividen, para descubrir a tantas madres y hermanos thai que faltaban en su mesa dominical. No sólo por todo lo que podían ofrecerles sino también por todo lo que necesitaban de ellos para crecer en la fe y en la comprensión de las Escrituras (cf. CONC. VAT. II, Const. dogm. Dei Verbum, 8).

Sin ese encuentro, al cristianismo le hubiese faltado vuestro rostro; le hubiesen faltado los cantos, los bailes, que configuran la sonrisa thai tan particular de estas tierras. Así vislumbraron mejor el designio amoroso del Padre, que es mucho más grande que todos nuestros cálculos y previsiones, y que no puede reducirse a un puñado de personas o a un determinado contexto cultural. El discípulo misionero no es un mercenario de la fe ni un generador de prosélitos, sino un mendicante que reconoce que le faltan sus hermanos, hermanas y madres, con quienes celebrar y festejar el don irrevocable de la reconciliación que Jesús nos regala a todos: el banquete está preparado, salgan a buscar a todos los que encuentren por el camino (cf. Mt 22,4.9). Este envío es fuente de alegría, gratitud y felicidad plena, porque «le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 8).

Han pasado 350 años de la creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019), signo del abrazo familiar producido en estas tierras. Tan sólo dos misioneros fueron capaces de animarse a sembrar las semillas que, desde hace tanto tiempo, vienen creciendo y floreciendo en una variedad de iniciativas apostólicas, que han contribuido a la vida de la nación. Este aniversario no significa nostalgia del pasado sino fuego esperanzador para que, en el presente, también nosotros podamos responder con la misma determinación, fortaleza y confianza. Es memoria festiva y agradecida que nos ayuda a salir alegremente a compartir la vida nueva, que viene del Evangelio, con todos los miembros de nuestra familia que aún no conocemos.

Todos somos discípulos misioneros cuando nos animamos a ser parte viva de la familia del Señor y lo hacemos compartiendo como Él lo hizo: no tuvo miedo de sentarse a la mesa con los pecadores, para asegurarles que en la mesa del Padre y de la creación había también un lugar reservado para ellos; tocó a los que se consideraban impuros y, dejándose tocar por ellos, les ayudó a comprender la cercanía de Dios, es más, a comprender que ellos eran los bienaventurados (cf. S. JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsin. Ecclesia in Asia, 11).

Pienso especialmente en esos niños, niñas y mujeres, expuestos a la prostitución y a la trata, desfigurados en su dignidad más auténtica; pienso en esos jóvenes esclavos de la droga y el sin sentido que termina por nublar su mirada y cauterizar sus sueños; pienso en los migrantes despojados de su hogar y familias, así como tantos otros que, como ellos, pueden sentirse olvidados, huérfanos, abandonados, «sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 49). Pienso en pescadores explotados, en mendigos ignorados.

Ellos son parte de nuestra familia, son nuestras madres y nuestros hermanos, no le privemos a nuestras comunidades de sus rostros, de sus llagas, de sus sonrisas y de sus vidas; y no le privemos a sus llagas y a sus heridas de la unción misericordiosa del amor de Dios. El discípulo misionero sabe que la evangelización no es sumar membresías ni aparecer poderosos, sino abrir puertas para vivir y compartir el abrazo misericordioso y sanador de Dios Padre que nos hace familia.

Querida comunidad tailandesa: Sigamos en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical.

Misa en el Estadio Nacional de Supachalasai, Bangkok, 21 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

Tailandia: Al grito de “¡Viva el Papa!”, 60.000 personas se unen a Francisco en la Misa

En el Estadio Nacional de Bangkok.

(ZENIT).- En memoria de la fiesta litúrgica de la Presentación de la Beata Virgen María, y ante 60.000 personas, el Papa Francisco ha celebrado por primera vez la Eucaristía en Tailandia, un país de mayoría budista, convirtiéndose en el segundo pontífice que lo hace, después de Juan Pablo II en 1984.

Minutos antes de las 18 horas en el Sudeste asiático (12 horas en Roma), el Pontífice ha llegado al estadio nacional Rajamangala, y después de haber hecho el cambio de coche, ha pasado en papamóvil entre los fieles por el estadio, acogido con alegría entre vítores que decían en español: “¡Viva el Papa!”.

350 aniversario de la fundación católica 

Estadio Nacional de Bangkok, en Tailandia (Foto: © Zenit/Deborah Castellano)

Con motivo del creación del Vicariato Apostólico de Siam (1669-2019), “signo del abrazo familiar producido en estas tierras”, el Santo Padre visita este país del Sudeste asiático, antes de ir a Japón. Siam es el nombre del antiguo reino de Tailandia.

El Santo Padre ha animado en su homilía a seguir “en camino, tras las huellas de los primeros misioneros, para encontrar, descubrir y reconocer alegremente todos esos rostros de madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar y le faltan a nuestro banquete dominical”.

90% de budistas

A pesar de la poca población católica que hay en Tailandia –el 0,59% de la población–, la acogida al Santo Padre ha sido muy participativa y alegre por la mayoría. En el país, el 90% de los habitantes practican el budismo y un 5% son musulmanes.

Numerosos peregrinos de los países vecinos, como Camboya o Vietnam, han participado en esta histórica celebración eucarística. La oración de los fieles se ha hecho en tailandés y en paquistaní.

Las lecturas del Evangelio han sido las de Zacarías 2, 14-17 y Mateo 2, 46-50. Asimismo, los fieles han cantado el salmo: “Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Aleluya”.

El delicado coro que ha acompañado la liturgia eucarística estaba formado por cientos de personas, perfectamente armonizadas e integradas.

Amarillo, color de la sabiduría 

En Tailandia el color amarillo representa la enseñanza, la sabiduría y el desarrollo espiritual y mental. También es el color de la realeza, ya que el rey Rama X nació un lunes, día dedicado a este color.

Las ofrendas han sido llevadas al Santo Padre por familias con ancianos, jóvenes y niños vestidos con atuendos tradicionales, vestidos de sedas y colores, y otros trajes típicos de otras zonas del país.

Agradecimiento del arzobispo 

El cardenal Francisco Javier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok, ha agradecido al Obispo de Roma su visita: “El Señor ha otorgado el don del amor de Cristo a todos los cristianos tailandeses”, ha expresado al Papa. “Es una gracia más allá de nuestras expectativas, algo que no estaba incluido en los planes de los primeros misioneros de aquel tiempo”.

Así, recordando el motivo de la visita apostólica, ha observado que desde ese tiempo en adelante, “la iglesia católica en Tailandia se ha ido desarrollando y progresando bajo el patrocinio real hasta nuestros días”.

“Muchísimas gracias, Santidad, desde el fondo de nuestros corazones, por su constante testimonio que nos empuja a encarnar el misericordioso amor de Cristo para todos los hombres y mujeres, y para toda la humanidad siguiendo su ejemplo”, ha pronunciado.

Finalmente, terminada la celebración eucarística, decenas de niñas tailandesas han bailado para el Papa Francisco, ataviadas con tradicionales vestidos y ornamentos florales y paraguas.

ROSA DIE ALCOLEA


Jóvenes vietnamitas: “Honradez, responsabilidad y optimismo”, rasgos para dar testimonio

Mensaje por la Jornada de la Juventud.

(ZENIT).- El Papa Francisco ha propuesto tres características para dar testimonio en este tiempo: “honradez, responsabilidad y optimismo”, que “van acompañadas del discernimiento”.

El 20 de noviembre de 2019, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido un video mensaje del Santo Padre dirigido a los jóvenes de Vietnam que están celebrando la Jornada de la Juventud.

Esta jornada ha sido organizada por las diferentes diócesis septentrionales del país y bajo el tema “Vete a tu casa, a los tuyos”, un versículo del Evangelio según San Marcos.

Mensaje del Papa a los jóvenes vietnamitas (Foto: © Vatican Media)

“Vete a casa”
En su mensaje, Francisco, reflexionó sobre la palabra “casa”, que en la cultura vietnamita, como en otras asiáticas, “envuelve todo lo más querido para el corazón de una persona humana, incluye no sólo la familia, el parentesco, sino también la tierra natal y el país. Donde quiera que vayas, llevas siempre contigo tu ‘casa’”.

Además, para el Papa, de esta “casa” fluye la cultura de este país, “que expresa las tradiciones familiares, promueve el amor al prójimo, nutre la virtud de honrar a los padres y custodia un respeto extraordinario por los ancianos”. De manera que “Vete a tu casa” significa “un camino que os hace regresar a vuestra originalidad y profundizar vuestro patrimonio tradicional y cultural”.

La Iglesia, “vuestra casa”
Por otro lado, señaló que, como bautizados, son “herederos de otra ‘casa’ más grande”, la Iglesia, “vuestra casa”. “Habéis tenido la suerte de nacer del seno de una Iglesia heroica, rica en testigos luminosos. Pienso en los santos Mártires vietnamitas. Pienso en vuestros abuelos y padres que han sufrido la guerra, perdiendo casi todo excepto la fe, que os han transmitido como el legado más precioso”, compartió.

Se trata de una casa a la que “podéis volver siempre para sacar fuerza e inspiración para vuestra fe; aquí podréis formar siempre vuestra conciencia en la dignidad; aquí cada uno de vosotros podrá encontrar el camino de la vida según la llamada de Dios”.

El Pontífice pidió no olvidar que la Iglesia vietnamita nació “de misioneros generosos y entusiastas”, modelos de primeros cristianos que los deben guiar y ser “fuente de entusiasmo misionero”.

Dar testimonio
Por todo ello, el Obispo de Roma subrayó la importancia de no pensar de “’casa’ como algo cerrado y limitado”, sino como “un andar misionero” para contar “lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti (Mc 5,19)”. Y les recordó que siguen siendo una minoría en su pueblo y que “ahora os toca a vosotros construir una Iglesia-casa joven y alegre, llena de vida y de fraternidad” a través de su testimonio.

Con respecto a la cuestión de dar testimonio en la actualidad, explicó que en una sociedad mundial “guiada por el materialismo es difícil ser fiel a la propia identidad y a la propia fe religiosa sin la capacidad de discernimiento, y esto sucede en todas las ciudades y países del mundo”.

Y añadió que “puede ser que la honradez a menudo cause desventajas. Puede ser que el sentido de responsabilidad acarree dificultades y requiera sacrificios. Puede ser que el optimismo parezca extraño ante las realidades corruptas de esta sociedad mundial”.

“Antorchas en el mundo”
No obstante, el Santo Padre también apuntó que “estos mismos valores son por los que vuestra sociedad, y también vuestra Iglesia, necesitan de vosotros. ‘En medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo’ (Fil 2, 15)”, animándoles a no tener miedo a que “resplandezca vuestra hermosa identidad católica”.

Y les exhortó: “¡Amad vuestra casa! Vuestra casa familiar y vuestra casa, que es la patria. ¡Amad al pueblo vietnamita, amad a vuestro país! Sed  verdaderos vietnamitas, con amor por la patria”.

Por último, Papa Francisco confió “al Señor al Padre misericordioso, a los treinta y nueve emigrantes vietnamitas que murieron en Inglaterra el mes pasado”, resaltando que “ha sido doloroso” e invitando a rezar por ellos.

LARISSA I. LÓPEZ


EXCLUSIVA: Card. Kovithavanij de Bangkok: “El Papa Francisco nos muestra el amor de Dios por nosotros”

Libertad religiosa en Tailandia, país de mayoría budista.

(ZENIT).- “El Papa Francisco nos muestra el amor de Dios por nosotros…”. Este es el sentimiento del cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, arzobispo de Bangkok.

El presidente de la Conferencia Episcopal de Tailandia expresó esto en una entrevista exclusiva con zenit, cuya corresponsal principal del Vaticano, Deborah Castellano Lubov, se encuentra en el histórico viaje apostólico del Papa Francisco a Japón y Tailandia, del 19 al 26 de noviembre, 32º viaje del Pontífice al extranjero. Además, aunque reconoce que los católicos en su país son solo 389.000, menos del 1% de la población, aplaudió que ellos, junto con otras personas de otras religiones en su mayoría budista, pueden vivir juntos en paz.

El cardenal Francis seguirá el viaje con el Papa Francisco en todos sus eventos más importantes durante la primera etapa de la gira asiática de siete días por dos países del Pontífice, del 20 al 23 de noviembre. El Santo Padre, con su séquito papal, aterrizó en Bangkok esta tarde después de un vuelo de once horas desde Roma.

Llegada del Papa Francisco al aeropuerto de Bangkok, Tailandia, 20 Nov. 2019
(Foto: © Vatican Media)

Expresando su gratitud por este amor que reciben, el cardenal asiático explica que la Iglesia Católica tailandesa debe estar “colaborando con sus manos y sus corazones para dar testimonio del amor de Cristo”. También en la entrevista, zenit tuvo la oportunidad de hablar con el cardenal sobre este viaje, su “rebaño” y sobre la realidad cotidiana de los católicos en esta nación multiétnica y multirreligiosa.

Entrevista exclusiva al Card. Kovithavanij de Bangkok

zenit: Eminencia, algunos podrían sorprenderse de que el Papa Francisco esté de visita en Tailandia. ¿Cómo ha sido posible?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Algunos medios de comunicación me preguntaron por qué el Papa Francisco decidió visitar Tailandia. Solo el Papa puede responder a esta pregunta. No puedo responder en su nombre. Cuando todos los miembros de la Conferencia Episcopal Tailandesa realizaron la visita Ad limina al Papa Francisco el año pasado en Roma, en nombre de la Iglesia Católica en Tailandia, lo invité. Desde ese momento, no habíamos oído nada más. El Papa Francisco es conocido a menudo como un Papa de sorpresas, a menudo dejando a muchos sorprendidos….***

zenit: Hemos visto al Papa dar apoyo en el pasado a pequeños rebaños católicos en todo el mundo, como en los Emiratos Árabes Unidos, Suecia y otros países no cristianos o mayoritariamente ortodoxos…

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Hay un elemento que el Papa Francisco siempre tiene en cuenta y al que da prioridad de manera especial, a saber, los que componen “los últimos de los últimos”. Refleja lo mucho que le importan estos individuos a menudo descartados. Esto sigue siendo muy importante para él.

 zenit: Y lo demostró con varios gestos, ¿no?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Sí, desde el comienzo de su pontificado. El primer lugar que visitó fue Lampedusa, donde hay numerosos inmigrantes. Ha mostrado gran atención a las islas del sur de Italia, atento al trato de los inmigrantes. Uno de los principales objetivos de este viaje del Papa a Tailandia es mostrar su cercanía a los pobres y a todos aquellos que se encuentran con grandes dificultades cotidianas.

zenit: ¿Cómo son las relaciones entre las diferentes religiones en su país?  ¿Y cómo es que los católicos, siendo tan pocos, son normalmente bienvenidos?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: En Tailandia tenemos paz y buenas relaciones entre todas las personas de la sociedad tailandesa. La mayoría de los católicos son tailandeses. Vivimos en una sociedad multicultural, con una variedad de culturas locales y diversidad de fe. Aunque los budistas son mayoría, lo importante es que tenemos libertad para elegir la religión. Siendo solo unos pocos católicos, todos podemos vivir juntos en paz. Observando el número de nosotros los católicos, somos alrededor de 350.000 frente a una población de 67 millones de personas. Después de que la buena noticia fuera proclamada en esta tierra, la Iglesia Católica se estableció en la tierra de Siam y ha durado 350 años…

zenit: ¿Cómo acoge personalmente la visita del Santo Padre?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Puedo representar a todos los católicos tailandeses expresando mi felicidad, mi alegría y mi gratitud hacia el Santo Padre por su visita apostólica. Más que estos sentimientos, apreciamos el valor y la gracia de su visita apostólica.

zenit: ¿Y cuál es para ustedes este valor?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Estamos agradecidos por el amor y el cuidado que nos muestra el Papa Francisco. Este es el amor de Dios por nosotros, a través del Papa Francisco. Con esta gratitud por su amor, queremos responder más al amor de Jesucristo, como “discípulos de Cristo que se extenderán para ser discípulos misioneros”.

zenit: ¿Qué representa la Iglesia Católica en Tailandia? ¿Quiénes son los católicos tailandeses? ¿Son extranjeros o tienen sus raíces en el país?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Los católicos en Tailandia somos en su mayoría tailandeses, ya que somos descendientes de antepasados chinos y vietnamitas que emigraron a Tailandia. Hay algunos que son hijos de portugueses. Sin embargo, consideramos que todos somos tailandeses, porque hemos nacido en Tailandia.

Hoy en día, al estar más unidos como comunidad de la ASEAN, hay más ciudadanos de otros países de la ASEAN que son católicos y vienen a Tailandia a trabajar, especialmente de Filipinas, Myanmar y Laos. También hay otros de Europa, América, Oriente Medio, Corea y algunos países de Asia lejanos.

Pero la mayoría de los católicos en Tailandia son tailandeses. Sacerdotes, religiosos e incluso todos los obispos son tailandeses. La Iglesia Católica tailandesa ha hecho especial hincapié en la inculturación, de manera especial después del Concilio Vaticano II celebrado hace más de 55 años. La Iglesia Católica en Tailandia necesita hacer más con respecto a la inculturación, todavía hay un largo camino por recorrer. La enseñanza principal del cristianismo tiene valor universal, no pertenece a un determinado país ni a una determinada nacionalidad. Pertenece a toda la humanidad.

zenit: ¿Qué más es necesario hacer?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: El cristianismo debe pertenecer a todos. Para hacer que estos valores entren en muchas clases de personas, necesitamos entrar en la cultura de cada país, e incluso penetrar o al menos apreciar los idiomas, tradiciones, costumbres, formas de vida, mentalidad y expresión de cada país. Nos dimos cuenta de que todavía hay muchas cosas que tenemos que aprender. Necesitamos abrir nuestros corazones para escuchar y tomar esos valores como un medio para transmitir los valores del Evangelio a la gente.

zenit: Puesto que los católicos son una pequeña minoría en casi todos los principales países asiáticos, el diálogo interreligioso es fundamental para la Iglesia Católica en Asia. ¿Qué mensaje espera del Papa sobre este tema?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Las personas en Tailandia se agrupan en una sociedad multicultural. Vivimos también con nuestros países vecinos, con la comunidad de la ASEAN, también en un contexto multicultural. En general, vivimos en paz y tenemos una buena colaboración. El diálogo es esencial, ya que reúne a las personas para que se conozcan, generando una colaboración con fuerza y corazón.

zenit: ¿Podría contarnos más acerca de cómo la Iglesia Católica en Tailandia se involucra en el diálogo?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: La Iglesia Católica en Tailandia siempre ha respondido a las directrices del Concilio Vaticano II. Hemos organizado muchos programas de formación para católicos tailandeses en ecumenismo y diálogo interreligioso de manera regular y continua. El diálogo sobre estas dos dimensiones fue organizado tanto en una plataforma oficial por líderes de cada religión como a nivel de base, para los aldeanos que viven juntos en la misma comunidad.

Hubo muchas ocasiones en las que grupos de monjes budistas, representantes de cada religión y del gobierno pudieron visitar al Papa en Roma. En esta ocasión de la visita papal, el Papa Francisco hará una visita oficial al Patriarca Supremo de Tailandia. Habrá un encuentro donde alrededor de 1.500 líderes y representantes de todas las religiones, de varias denominaciones cristianas, junto con representantes de muchas universidades, incluyendo profesores y estudiantes, irán a escuchar también las palabras del Papa. Ahora, tratamos de fomentar colaboraciones entre cada Iglesia Cristiana para llevar a cabo una acción legal que apoye el estatus del cristianismo en Tailandia.

zenit: ¿Espera que la visita del Papa Francisco a Tailandia ayude a los fieles católicos a crecer en su fe y amor a la Iglesia?

Card. Francis X. Kriengsak Kovithavanij: Sus frutos espirituales y cómo puede ayudar a la gente a crecer en la fe es lo que más importa. Nos gustaría presentar la civilización del amor, si se quiere, todos unidos en Cristo como testigos en la sociedad tailandesa. En cada lugar que el Papa Francisco visite o vaya a visitar, nos gustaría que los miembros de la Iglesia Católica Tailandesa se unieran, colaborando con sus manos y sus corazones para dar testimonio de la civilización del amor de Cristo y presentarla al público, en tailandés.


Viaje a Tailandia: El Papa Francisco llega a Bangkok

Recibimiento en el aeropuerto.

(ZENIT).- El 20 de noviembre de 2019, el Papa Francisco ha llegado a Bangkok, Tailandia, primera parada de su 32º viaje apostólico internacional en el que también visitará Japón.

El Santo Padre llegó al aeropuerto de Bangkok, capital del país, en torno a las 12:05 hora local (06:05 h. en Roma). El avión A330 de Alitalia, partió desde el aeropuerto internacional de Roma-Fiumicino a las 19:16 horas de la capital italiana.

El Santo Padre llega a Tailandia para celebrar junto a los católicos el 350 aniversario del establecimiento del Vicariato Apostólico de Siam, erigido en 1669.

Durante el vuelo a Bangkok, al sobrevolar Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Bulgaria, Turquía, Irán, Afganistán, Pakistán, India y Myanmar, la Antigua República Yugoslava de Macedonia y sus Estados miembros, Francisco envió mensajes telegráficos a los respectivos jefes de Estado.

Bienvenida

El Papa a su llegada a la Nunciatura Apostólica de Bangkok (Foto: © Vatican Media)

Tras bajar del avión, Francisco fue acogido por un miembro del Consejo de la Corona que le ofreció unas flores “garland” y por sor Ana Rosa Sivori, religiosa de la Hijas de María Auxiliadora y prima del Papa, que ejercerá de intérprete en algunas reuniones en Tailandia.

Después, el Pontífice saludó a las autoridades, a los obispos tailandeses y a 11 niños vestidos con trajes tradicionales y atravesó la Guardia de Honor.

Los miembros del Consejo de la Corona acompañaron al Pontífice al coche para dirigirse a la Nunciatura Apostólica. En el aeropuerto se encontraban reunidos un grupo de fieles a los que el Papa saludó antes de partir.

A su llegada a la nunciatura, el Obispo de Roma fue acogido por algunos seminaristas, novicios y religiosos y por algunos jóvenes de la parroquia de al lado de la Nunciatura Apostólica que realizaron una danza con trajes tradicionales.

En el día de hoy, el Santo Padre tiene previsto almorzar en la Nunciatura Apostólica, donde celebrará la Misa y también cenará. Todos estos eventos son de carácter privado.

Tailandia

De acuerdo a los datos proporcionados por el Gobierno de España, Tailandia es un país situado en el sureste asiático. Limita al este con Camboya y Laos, al oeste con Myanmar y el mar de Andamán, y al sur con el Golfo de Tailandia y Malasia.

La población total de la nación es de 68,10 millones. Bangkok, capital del país, es una de las ciudades más pobladas del mundo, que cuenta con 8,2 millones de habitantes según estimaciones de 2017, 15 millones incluyendo la zona metropolitana.

La segunda ciudad del país es Chiang Mai, que presenta 1,5 millones de habitantes. Otras ciudades relevantes son: Chiang Rai, Pattaya, Nakorn Ratchasima, Chantaburi, Rayong, Songkla y Phuket, aunque Francisco solo acudirá a Bangkok en esta ocasión.

Forma de Estado, lengua y religión

Tailandia es una monarquía constitucional. El jefe del Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas es, desde el 1 de diciembre de 2017, el Rey Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavarangkun, décimo rey de la dinastía Chakri.

La lengua oficial es el tailandés. En ciudades y centros turísticos se utiliza el inglés para el comercio, los negocios y los servicios, pero su conocimiento es limitado entre la población. El uso de otros idiomas occidentales, entre ellos el español, es muy escaso.

En cuanto a la religión, la más extendida es el budismo Theravada, que profesa el 94% de la población. Existe una minoría musulmana en el sur (5%) y una comunidad cristiana de un millón de personas, de los cuales unos 300.000 son católicos.

Las relaciones entre cristianos y budistas son el resultado de un diálogo que se viene manteniendo desde hace cientos de años. Hasta la fecha hay once diócesis y archidiócesis en el país.

Archidiócesis de Bangkok

La arquidiócesis de Bangkok ostenta 121.039  fieles católicos, su arzobispo es el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij.

En ella hay 55 parroquias, dos iglesias, 148 sacerdotes regulares diocesanos, 10 seminaristas. Los institutos religiosos masculinos tienen 251 miembros y los femeninos 424. Además, existen 134 institutos de educación, 40 de beneficencia y en el último año la cifra de bautizados ha sido de 1.284 personas.

LARISSA I. LÓPEZ


Antes de viajar a Asia, Francisco reza a la Protectora del pueblo romano

Visitará Tailandia y Japón.

(ZENIT).- El Pontífice Francisco se ha encomendado a la Protectora del pueblo romano, la imagen de la Virgen Salus Populi Romani (Protectora del pueblo romano), en la Basílica de Santa la Mayor, en Roma, antes de viajar a Tailandia y a Japón, como acostumbra hacer antes de cada visita apostólica.

Este será su 32° viaje apostólico internacional, es decir, fuera de Italia. Francisco será el segundo pontífice que viaje al Reino de Tailandia y a Japón, llegará el 19 de noviembre a Bangkok, Tailandia, y del 23 al 26 de noviembre visitará Tokyo, Nagasaki e Hiroshima.

Esta basílica romana es muy amada por Francisco y desde que es obispo de Roma la ha visitado muchas veces. La primera vez, recuerda Vatican News, fue al día siguiente de su elección como Pontífice, el 14 de marzo de 2013. Ya es costumbre para el Papa visitar a la Virgen en esta Basílica cada vez que debe partir o cuando regresa de un viaje apostólico internacional.

Imagen querida por los jesuitas

El Papa visita la ‘Salus Populis Romani’ (Foto: © Vatican Media)

El icono de la Virgen Salus Populi Romani es un imagen muy valorada por los jesuitas y también por los Pontífices. San Ignacio de Loyola, por ejemplo, celebró su primera misa precisamente allí, en Santa María La Mayor, indica el medio vaticano. Pío XII le rindió homenaje cuando proclamó el dogma de la Asunción de María en 1950.

El icono estaba en Tor Vergata en agosto del 2000 con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud y en aquella oportunidad Juan Pablo II la quiso confiar a los jóvenes junto a la cruz “para que quede siempre visiblemente evidente que María es un potentísima Madre que conduce a Cristo”. Y fue precisamente Juan Pablo II quien, desde el inicio de su pontificado, quiso que una lámpara ardiera día y noche bajo el icono de la Salus, como testimonio de su gran devoción hacia la Virgen.

ROSA DIE ALCOLEA