Obispos japoneses: La importancia de la trascendencia asiática para Occidente

Diálogo con Francisco en Tokio.

(ZENIT).- “La Iglesia asiática es una Iglesia con una dimensión de trascendencia, porque en la cultura de estos países hay un indicar que no todo termina acá. Esa dimensión de trascendencia hace bien a los países occidentales. Necesitamos eso”, afirmó el Santo Padre.

Ayer, 23 de noviembre de 2019, tras el discurso a los obispos de Japón con los que se reunió en la Nunciatura Apostólica de Tokio, el Papa Francisco pidió que le dirigieran preguntas y dialogó una media hora con ellos, indica Vatican News.

Deseo del joven Bergoglio
La primera pregunta, de acuerdo a la misma fuente, aludía al sueño del sacerdote Jorge Bergoglio, que deseaba ser misionero en Japón: “Yo quería venir de misionero cuando estudiaba filosofía. Me atraía. Me atraía mucho… no sé por qué me atraía Japón. Era un lugar de misión que quizás por la belleza, deseaba. Después, durante los tres años de magisterio, hice el pedido formal al padre general que en ese momento acababa de ser elegido, el padre Arrupe. Y como me habían sacado una parte del pulmón, él respondió: ‘no, su salud no es para eso’”, contó Francisco.

Encuentro del Papa con los obispos de Japón (Foto: © Vatican Media)

Y señaló que tuvo que canalizar su celo apostólico hacia otro lado, “un poco me hizo pensar que iba a vivir pocos años. Pero me tomé mi venganza y cuando fui Provincial me ‘vengué’ mandando cinco jóvenes a Japón. Así que, eso fue”.

Los niños de Nagasaki
Otro de los prelados japoneses le preguntó al Santo Padre sobre dónde había encontrado la fotografía del niño de Nagasaki que esperaba para llevar al crematorio a su hermano asesinado por las radiaciones de la bomba atómica.

Se trata de una imagen que el Pontífice mandó imprimir y difundir por todas partes: “No me acuerdo bien, pero fue siendo ya Papa. Alguien me la mandó, creo que fue un periodista y cuando la vi, me tocó el corazón. Recé mucho mirando esa foto, y se me ocurrió publicarla y usarla como tarjeta mía para distribuir. Solamente añadí un título: ‘El fruto de la guerra’. Y la reparto por todos lados. Cada vez que podemos las mandamos y hace mucho bien”, explicó.

Caminar siempre
Al ser preguntado sobre cuál es el mensaje principal que desea hacer llegar al pueblo de Japón en su visita, el Obispo de Roma apuntó que el primero se lo transmitió a unos jóvenes en el aeropuerto: “Caminá, siempre caminando, y ojalá te caigas porque así vas a aprender a levantarte y cayendo y levantándote vas a progresar en la vida. Después me di cuenta que el inconsciente me había traicionado porque era un mensaje contra el perfeccionismo de los jóvenes y el desánimo cuando no logran lo que quieren y hay tantas depresiones, suicidios y problemas que ustedes conocen”.

Asimismo, subrayó que otra palabra clave de sus mensajes en Japón es “cercanía”, pues, “para la familia, y sobre todo, a los sacerdotes, consagrados y consagradas y catequistas que no se desanimen, que estén cerca del pueblo de Dios para que el mensaje llegue”.

Por otro lado, Francisco adelantó que durante las visitas a Nagasaki e Hiroshima condenaría el uso de las armas nucleares.

Transmitir la fe
El Santo Padre se refirió, de nuevo al papel de las institutrices filipinas como transmisoras de la fe a los niños de padres cristianos que no se la comunican: “Buscan institutrices filipinas porque hablan inglés, entonces los chicos aprenden inglés. Pero estas institutrices no se limitan a enseñar inglés, transmiten la fe. Y enseñan a los niños la señal de la cruz que sus padres no les enseñaron”.

El obispo de Hiroshima regaló al Papa una camiseta de fútbol con el número 86, como recuerdo de la fecha (el 6 de agosto) de la explosión atómica que devastó la ciudad.

Evangelii nuntiandi
Además, informa el citado medio vaticano, el Papa Francisco recibió en regalo un “balero”, un juego con una pelota atada a una manija de madera con la que este jugaba en su infancia. Francisco contó que practicaba mucho el fútbol porque le apasiona, pero que no era un gran jugador: “Me llamaban ‘pata dura’ porque jugaba mal. Entonces me ponían siempre de arquero”.

Finalmente, Francisco invitó a los obispos a releer el número 80 de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de San Pablo VI, que habla sobre lo que distingue el buen evangelizador del mal evangelizador.

LARISSA I. LÓPEZ


Francisco: Alzar la voz por la “libertad religiosa” y contra la manipulación de las religiones

Homenaje a los Mártires en Nagasaki.

(ZENIT).- Con respecto a las personas que hoy en día sufren martirio por su fe, el Papa Francisco ha pedido: “levantemos la voz para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta” y “contra toda manipulación de las religiones”.

El 24 de noviembre de 2019, en torno a las 10:45, hora local (las 2:45 en Roma), el Santo Padre se ha dirigido al cerro Nishizaka, donde se encuentra el monumento a san Pablo Miki y otros 25 mártires para presidir un homenaje a los mismos.

San Pablo Miki y compañeros mártires

Homenaje a los Santos Mártires de Nagasaki, 24 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

San Pablo Miki nació en Kyoto 1556 en una familia acomodada y es bautizado. Asistió a un colegio de la Compañía de Jesús y a los 22 años se hizo novicio, convirtiéndose así en el primer religioso católico japonés.

Experto de la religiosidad oriental, se le encargó la predicación. El cristianismo había llegado a Japón en 1549, con san Francisco Javier y Pablo Miki vivió años fecundos hasta que, a finales de 1500, el shogun Toyotomi Hideyoshi inició una persecución contra los cristianos, ordenando la expulsión de los sacerdotes.

Crucifixión

En diciembre de 1596 Pablo Miki, junto con algunos misioneros extranjeros y otros cristianos japoneses, fueron detenidos en Osaka y obligados a recorrer a pie el camino hacia Nagasaki. Este lugar fue escogido para su ejecución debido a la significativa presencia cristiana en esa ciudad.

El viaje, 800 km, duró un mes, y el 5 de febrero de 1597 Pablo Miki y sus compañeros fueron crucificados en el cerro Nishizaka. Antes de expirar, Pablo exhortó a todos a seguir la fe de Cristo y perdonar a sus camaradas.

Monumento a los Mártires
La muerte de Pablo y sus compañeros marcó, de hecho, el inicio de un largo periodo de dos siglos de dura persecución antricristiana en Japón.

Todos ellos fueron beatificados en 1627 y canonizados en 1862. Cien años después, sobre ese mismo lugar, en 1962, se erigió un monumento de ladrillo rojo que presenta, engastadas formando una cruz, las estatuas de bronce de tamaño natural de los 26 mártires.

Santuario y Museo de los Mártires

El papa Juan Pablo II visitó como peregrino este Monumento de los Mártires de Nagasaki el 26 de febrero de 1981. Posteriormente, este lugar, que tiene vistas a la catedral de Oura, también dedicada a los mártires, fue designado como monumento santuario nacional japonés.

Detrás del monumento se encuentra el Museo de los Mártires, que custodia la historia del cristianismo en Nagasaki a través de una colección de objetos cotidianos, como, por ejemplo, una carta de san Francisco Javier.

Homenaje a los mártires
A su llegada, Francisco fue acogido por el director del Museo de los Mártires, por un sacerdote y por un hermano de la Compañía de Jesús. Después de un canto inicial, una familia entregó unas flores al Papa, que este depositó delante del memorial.

El Obispo de Roma encendió una vela ofrecida al mismo por un descendiente de los cristianos perseguidos para después iniciar un momento de oración en silencio frente al Monumento de los Mártires y se han incensado las reliquias.

A continuación, el Papa Francisco pronunció un saludo y rezó el Ángelus con los presentes.

Regalo del Papa

El Santo Padre ofreció como regalo una lámpara de pie fabricada especialmente para esta visita del Obispo de Roma a Japón. Fundida en latón plateado, mide 120 cm de altura. Consta de una base con tres bandas, con el símbolo “PAX” en relieve.

También tiene un tallo cilíndrico con un nudo que lleva una medalla con el escudo de armas del Papa Francisco. En la parte superior, hay un escudo de cera con tres velas que sostienen la lámpara.

Palabras de Francisco
En sus palabras, el Papa Francisco ha señalado que esperaba “con ansias” este momento y que acudía “como peregrino a rezar, a confirmar, y también a ser confirmado por la fe de estos hermanos, que con su testimonio y entrega nos señalan el camino”.

De este modo, se refirió a las muertes de Pablo Miki y los 25 mártires en 1597, “que consagraron este campo con su sufrimiento y su muerte”. No obstante, para el Pontífice, este lugar “más que de muerte, nos habla del triunfo de la vida” porque, como consideraba Juan Pablo II esta colina es un “Monte de las Bienaventuranzas, donde podemos tocar el testimonio de hombres invadidos por el Espíritu Santo, libres del egoísmo, de la comodidad y del orgullo (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 65)”.

Discipulado misionero
“Su testimonio nos confirma en la fe y ayuda a renovar nuestra entrega y nuestro compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese ‘martirio’ del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados”, subrayó Francisco.

Asimismo, remarcó que en este lugar también nos unimos a los cristianos que hoy viven el martirio por causa de la fe: “Mártires del siglo XXI que nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas. Recemos por ellos y con ellos (…).

LARISSA I. LÓPEZ

Saludo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.

Esperaba con ansias este momento. Vengo como peregrino a rezar, a confirmar, y también a ser confirmado por la fe de estos hermanos, que con su testimonio y entrega nos señalan el camino. Les agradezco la bienvenida.

Este santuario evoca las imágenes y los nombres de los cristianos que fueron martirizados hace muchos años, comenzando con Pablo Miki y sus compañeros, el 5 de febrero de 1597, y la multitud de otros mártires que consagraron este campo con su sufrimiento y su muerte.

Sin embargo, este santuario, más que de muerte, nos habla del triunfo de la vida. San Juan Pablo II vio este lugar no sólo como el monte de los mártires, sino como un verdadero Monte de las Bienaventuranzas, donde podemos tocar el testimonio de hombres invadidos por el Espíritu Santo, libres del egoísmo, de la comodidad y del orgullo (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 65). Porque aquí la luz del Evangelio brilló en el amor que triunfó sobre la persecución y la espada.

Este lugar es ante todo un monumento que anuncia la Pascua, pues proclama que la última palabra —a pesar de todas las pruebas contrarias— no pertenece a la muerte sino a la vida. No estamos llamados a la muerte sino a una Vida en plenitud; ellos lo anunciaron. Sí, aquí está la oscuridad de la muerte y el martirio, pero también se anuncia la luz de la resurrección, donde la sangre de los mártires se convierte en semilla de la vida nueva que Jesucristo, a todos, nos quiere regalar. Su testimonio nos confirma en la fe y ayuda a renovar nuestra entrega y compromiso, para vivir el discipulado misionero que sabe trabajar por una cultura, capaz de proteger y defender siempre toda vida, a través de ese “martirio” del servicio cotidiano y silencioso de todos, especialmente hacia los más necesitados.

Vengo hasta este monumento dedicado a los mártires para encontrarme con estos santos hombres y mujeres, y quiero hacerlo con la pequeñez de aquel joven jesuita que venía de “los confines de la tierra”, y encontró una profunda fuente de inspiración y renovación en la historia de los primeros mártires japoneses. ¡No olvidemos el amor de su entrega! Que no sea una gloriosa reliquia de gestas pasadas, bien guardada y honrada en un museo, sino memoria y fuego vivo del alma de todo apostolado en esta tierra, capaz de renovar y encender siempre el celo evangelizador. Que la Iglesia en el Japón de nuestro tiempo, con todas sus dificultades y promesas, se sienta llamada a escuchar cada día el mensaje proclamado por san Pablo Miki desde su cruz, y compartir con todos los hombres y mujeres la alegría y la belleza del Evangelio, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14,6); que podamos cada día liberarnos de todo aquello que nos pesa e impide caminar con humildad, libertad, parresia y caridad.

Hermanos: En este lugar también nos unimos a los cristianos que en diversas partes del mundo hoy sufren y viven el martirio a causa de la fe. Mártires del siglo XXI nos interpelan con su testimonio a que tomemos, valientemente, el camino de las bienaventuranzas. Recemos por ellos y con ellos, y levantemos la voz para que la libertad religiosa sea garantizada para todos y en todos los rincones del planeta, y levantemos también la voz contra toda manipulación de las religiones, «por políticas integristas y de división y por los sistemas de ganancia insaciables y las tendencias ideológicas odiosas, que manipulan las acciones y los destinos de los hombres» (Documento sobre la fraternidad humana, Abu Dabi, 4 febrero 2019).

Pidamos a Nuestra Señora, Reina de los Mártires, a san Pablo Miki y a todos sus compañeros que a lo largo de la historia anunciaron con sus vidas las maravillas del Señor, que intercedan por vuestra tierra y por la Iglesia toda, para que su entrega despierte y mantenga viva la alegría por la misión.

Angelus Dómini nuntiávit Mariae…


Nagasaki: Gratitud al Papa por su “fuerte mensaje” de abolición de las armas nucleares y de paz

35.000 personas en la primera Misa en Japón.

(ZENIT).- El arzobispo de Nagasaki, en nombre del pueblo japonés ha agradecido esta visita del Papa al país y a la ciudad, especialmente por haber enviado “un fuerte mensaje por la abolición de las armas nucleares, en favor de la paz”.

El 24 de noviembre de 2019, en torno a las 14:00, hora local, (6:00 h. en Roma), el Papa Francisco ha presidido la celebración eucarística con los jóvenes en el Estadio de Béisbol de Nagasaki, Japón.

En esta jornada el Santo Padre se encuentra visitando las dos ciudades afectadas por las bombas atómicas, Nagasaki e Hiroshima.

Estadio de Beisbol

Este estadio de Nagasaki, construido en los colores rojo ladrillo y blanco, fue terminado en julio de 1997.

Cuenta con cuatro plantas, un campo de entrenamiento cubierto y una sala de exposiciones sobre la historia del béisbol local. El Nagasaki Saints juega sus partidos en casa en este estadio.

En la celebración de la Eucaristía se han registrado alrededor de unas 35.000 personas. Entre ellas, ciudadanos de China y de Corea.

Asistentes

Algunos fieles han estado esperando en el estadio desde las 9 de la mañana, empapados por la lluvia que ha dado algo de tregua durante la Misa.

Los asientos de las gradas estaban distribuidos por ciudades y provincias. En el suelo, a la izquierda, había una cuarta parte reservada para los miembros de las fuerzas armadas estadounidenses destinadas en Japón.

Entre los asistentes se encuentra, Thi Gonoo, de 35 años, procedente de Hyogo, que viajó en coche con sus tres hijos, su hermana y sus padres: “Nagasaki representa una imagen dura para mí. Pero este es un día muy especial con mis hijos para ver al Papa”, contó.

Arquidiócesis de Nagasaki

La arquidiócesis de esta ciudad japonesa cuenta con 61.242 católicos y en el último año se bautizaron 402 personas.

Los sacerdotes diocesanos son 91, y, además hay 44 sacerdotes regulares, y 5 seminaristas. Los institutos religiosos masculinos cuentan con 60 miembros y los femeninos, por su parte, con 682 religiosas.

Nagasaki también presenta 37 instituciones de enseñanza y 91 de beneficiencia, 72 parroquias y 2 iglesias.

La Virgen

La Misa, en la que se ha celebrado la solemnidad de Cristo Rey, ha sido acompañada por los cantos de un coro.

El altar estuvo presidido por la cabeza de una estatua de la Virgen, realizada en madera, fabricada en España y copiada de un cuadro de Murillo, que milagrosamente sobrevivió al calor nuclear de la bomba atómica que explotó en Nagasaki en 1945.

Homilía

Francisco celebra la Misa en Nagasaki (Foto: © Vatican Media)

Durante su homilía, el Papa Francisco  reflexionó sobre las palabras del buen ladrón a Cristo: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Allí, en el monte Calvario, “muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe”, apuntó.

También señaló que “está en cada uno de nosotros la decisión de callar, burlar o profetizar” y exhortó a alzar las voces en una plegaria común “por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz”.

Participación de los fieles

Las lecturas, 2 Sam 5, 1-3: “David, es escogido rey de Israel”, en japonés, y Col 1, 12-20: “Nos ha transferido al reino del Hijo de su amor”, en inglés, fueron realizadas por  una señora y una chica joven, respectivamente. Una religiosa ha sido la encargada de entonar el salmo responsorial.

La oración de los fieles, por su parte, fue llevada a cabo en español, coreano, tagalo, japonés y vietnamita por 5 fieles, entre los que se encontraba un niño.

En cuanto a las ofrendas, un grupo de personas, incluidos varios niños y dos mujeres ataviadas con trajes tradicionales, entregaron las mismas al Santo Padre ante el altar.

Agradecimiento

Antes de la bendición final, el arzobispo de Nagasaki, Mons. Joseph Mitsuaki Takami, en su saludo, agradeció también al Pontífice su visita al Monumento de los Mártires, que ha inspirado su “fe y empeño misionero”.

Después de las palabras del prelado, el Papa Francisco ha entregado al arzobispo un cáliz como recuerdo de su visita apostólica a Nagasaki.

LARISSA I. LÓPEZ


Misa del Papa en Nagasaki: “Cristo está vivo y actúa en medio nuestro”

Homilía del Pontífice.

(ZENIT).- “Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida”, así ha exhortado el Papa Francisco a más 35.000 personas que han asistido a la Misa en Nagasaki, Japón.

“Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza”, ha asegurado el Pontífice, en el marco de la visita a Japón, cuyo lema es Proteger toda vida. “Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor”.

A las 13:20 hora local (5:20 horas en Roma), el Papa ha dejado el Arzobispado de Nagasaki, donde ha almorzado. Tras saludar a 16 personas empleadas por la Curia, se ha dirigido en coche al Estadio de Baseball de la misma ciudad para celebrar la Santa Misa. Aquí, se ha montado en el papamóvil y ha pasado entre los fieles para saludarlos antes de presidir la Eucaristía, que ha comenzado a las 14 (6 hora de Roma).

En este último domingo del año litúrgico, solemnidad de Cristo Rey, Francisco ha hecho una reflexión en torno a la figura del buen ladrón: “Unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey”.

El Papa ha recordado a los japoneses en Nagasaki: “Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano”. Por eso, como el buen ladrón, ha dicho, “queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente”.

“Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’”.

Asimismo, el Santo Padre no ha dejado de mencionar a san Pablo Miki y sus compañeros mártires: “Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión”.

ROSA DIE ALCOLEA

Homilía del Papa Francisco

Francisco celebra la Misa en Nagasaki (Foto: © Vatican Media)

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42).

En este último domingo del año litúrgico unimos nuestras voces a la del malhechor que, crucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey. Allí, en el momento menos triunfal y glorioso, bajo los gritos de burlas y humillación, el bandido fue capaz de alzar la voz y realizar su profesión de fe. Son las últimas palabras que Jesús escucha y, a su vez, son las últimas palabras que Él dirige antes de entregarse a su Padre: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23,43). El pasado tortuoso del ladrón parece, por un instante, cobrar un nuevo sentido: acompañar de cerca el suplicio del Señor; y este instante no hace más que corroborar la vida del Señor: ofrecer siempre y en todas partes la salvación. El calvario, lugar de desconcierto e injusticia, donde la impotencia y la incomprensión se encuentran acompañadas por el murmullo y cuchicheo indiferente y justificador de los burlones de turno ante la muerte del inocente, se transforma, gracias a la actitud del buen ladrón, en una palabra de esperanza para toda la humanidad. Las burlas y los gritos de ¡sálvate a ti mismo! frente al inocente sufriente no serán la última palabra; es más, despertarán la voz de aquellos que se dejen tocar el corazón y se decidan por la compasión como auténtica forma para construir la historia.

Hoy aquí queremos renovar nuestra fe y nuestro compromiso; conocemos bien la historia de nuestras faltas, pecados y limitaciones, al igual que el buen ladrón, pero no queremos que eso sea lo que determine o defina nuestro presente y futuro. Sabemos que no son pocas las veces que podemos caer en la atmósfera comodona del grito fácil e indiferente del “sálvate a ti mismo”, y perder la memoria de lo que significa cargar con el sufrimiento de tantos inocentes. Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano. Por eso, como el buen ladrón, queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y el servicio del Señor, el Inocente sufriente. Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Salvación y certeza que testimoniaron valientemente con su vida san Pablo Miki y sus compañeros, así como los miles de mártires que jalonan vuestro patrimonio espiritual. Sobre sus huellas queremos caminar, sobre sus pasos queremos andar para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión; es capaz de vencer sobre todo pesimismo inoperante o bienestar narcotizante, que termina por paralizar cualquier buena acción y elección. Nos lo recordaba el Concilio Vaticano II, lejos están de la verdad quienes sabiendo que nosotros no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, piensan que por ello podemos descuidar nuestros deberes terrenos, no advirtiendo que, precisamente, por esa misma fe profesada estamos obligados a realizarlos de una manera tal que den cuenta y transparenten la nobleza de la vocación con la que hemos sido llamados (cf. Const. past. Gaudium et spes, 43).

Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida. Él está vivo y nos quiere vivos, es nuestra esperanza (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 1). Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor. Y al hacerlo queremos también que nuestra vida y nuestras acciones se vuelvan una alabanza. Si nuestra misión como discípulos misioneros es la de ser testigos y heraldos de lo que vendrá, no podemos resignarnos ante el mal y los males, sino que nos impulsa a ser levadura de su Reino dondequiera que estemos: familia, trabajo, sociedad; ser una pequeña abertura en la que el Espíritu siga soplando esperanza entre los pueblos. El Reino de los cielos es nuestra meta común, una meta que no puede ser sólo para el mañana, sino que la imploramos y la comenzamos a vivir hoy, al lado de la indiferencia que rodea y silencia tantas veces a nuestros enfermos y discapacitados, a los ancianos y abandonados, a los refugiados y trabajadores extranjeros: todos ellos sacramento vivo de Cristo, nuestro Rey (cf. Mt 25,31-46); porque «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 49).

En el Calvario, muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe. Está en cada uno de nosotros la decisión de callar, burlar o profetizar. Queridos hermanos: Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz1.

Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.


Nagasaki: Francisco pide una respuesta “colectiva y concertada” a la amenaza de las armas nucleares

Mensaje desde el epicentro de la bomba atómica.

(ZENIT).- “Nuestra respuesta a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, basada en la construcción ardua pero constante de una confianza mutua que rompa la dinámica de desconfianza actualmente prevaleciente”, ha reiterado el Papa Francisco desde Nagasaki, frente al lugar donde cayó la bomba atómica en 1945, que mató a 40.000 personas.

En medio de una intensa lluvia, el Papa Francisco ha llegado este segundo día en Japón, domingo, 24 de noviembre de 2019, a Nagasaki, “testigo de las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales de un ataque nuclear”, según ha descrito el Santo Padre.

A las 10:15 hora local (2:15 horas en Roma), el Papa ha sido recibido en el Parque del Epicentro de la Bomba Atómica, por el gobernador y el alcalde de Nagasaki, y dos víctimas de la bomba atómica de 1945 en este mismo lugar, han ofrecido al Santo Padre unas flores, que él a su vez ha colocado al pie del monumento. Minutos después, el Papa ha encendido una vela y ha rezado unos minutos en silencio delante del epicentro de la bomba atómica, que tuvo un impacto de 500 metros por debajo del suelo.

Simbólica foto del niño

Junto al podio donde el Papa ofreció el mensaje, se podía ver la simbólica foto del niño japonés que esperaba en la cola para el crematorio llevando en su espalda a hermano pequeño muerto a causa de la explosión en Nagasaki.

“Un mundo en paz, libre de armas nucleares, es la aspiración de millones de hombres y mujeres en todas partes”, ha subrayado Francisco, quien ha cuestionado en numerosas ocasiones este tema desde el Vaticano y viajes papales. “Convertir este ideal en realidad requiere la participación de todos: las personas, las comunidades religiosas, la sociedad civil, los Estados que poseen armas nucleares y aquellos que no las poseen, los sectores militares y privados, y las organizaciones internacionales”.

Miedo a la mutua destrucción

La paz y la estabilidad internacional “son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total”, ha anunciado; “sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana”.

El Pontífice ha calificado de “atentado continuo que clama al cielo” el hecho de en el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero se gaste en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas.

Líderes a la altura

Con el convencimiento de que un mundo sin armas nucleares es “posible y necesario”, el Papa ha pedido  a los líderes políticos “que no se olviden de que las mismas no nos defienden de las amenazas a la seguridad nacional e internacional de nuestro tiempo”.

Por todo esto, ha recordado, resulta “crucial” crear herramientas “que aseguren la confianza y el desarrollo mutuo”, y “contar con líderes que estén a la altura de las circunstancias”. Tarea que –ha insistido– a su vez, “nos involucra y reclama a todos”.

El acto ha terminado con un canto final entonado por todos los presentes, mientras el Papa ha saludado a la mujer y al hijo del fotógrafo Joe O’Donnell, autor de la imagen simbólica de la explicación atómica en Nagasaki. Después el Santo Padre se ha trasladado al lugar de homenaje a san Pablo Miki, asesinado allí,  y 25 compañeros mártires, en el monte Nishizaka.

Instrumentos efectivos de paz

“Uno de los anhelos más profundos del corazón humano es el deseo de paz y estabilidad”, ha asegurado Francisco. A pesar de que no todos los presentes en el acto eran católicos –ha comentado–, ha invitado a unirse con él a la oración por la paz atribuida a San Francisco de Asís “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz”.

En este contexto, ha anunciado: “En este lugar de memoria, que nos sobrecoge y no puede dejarnos indiferentes, es aún más significativo confiar en Dios, para que nos enseñe a ser instrumentos efectivos de paz y a trabajar también para no cometer los mismos errores del pasado”.

ROSA DIE ALCOLEA

Mensaje sobre Armas Nucleares
que el Papa ha leído en el Parque del Epicentro
de la Bomba Atómica, en Nagasaki

Mensaje del Papa sobre las armas nucleares en Nagasaki (Foto: © Vatican Media)

Queridos hermanos y hermanas:

Este lugar nos hace más conscientes del dolor y del horror que los seres humanos somos capaces de infringirnos. La cruz bombardeada y la estatua de Nuestra Señora, recientemente descubiertas en la Catedral de Nagasaki, nos recuerdan una vez más el indescriptible horror sufrido en su propia carne por las víctimas y sus familias.

Uno de los anhelos más profundos del corazón humano es el deseo de paz y estabilidad. La posesión de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva no son la respuesta más acertada a este deseo; es más, parecen continuamente ponerlo a prueba. Nuestro mundo vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo.

La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total; sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana.

Aquí, en esta ciudad, que es testigo de las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales de un ataque nuclear, serán siempre pocos todos los intentos de alzar nuestra voz contra la carrera armamentista. Esta desperdicia recursos valiosos que podrían, en cambio, utilizarse en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para la protección del ambiente natural. En el mundo de hoy, en el que millones de niños y familias viven en condiciones infrahumanas, el dinero que se gasta y las fortunas que se ganan en la fabricación, modernización, mantenimiento y venta de armas, cada vez más destructivas, son un atentado continuo que clama al cielo.

Un mundo en paz, libre de armas nucleares, es la aspiración de millones de hombres y mujeres en todas partes. Convertir este ideal en realidad requiere la participación de todos: las personas, las comunidades religiosas, la sociedad civil, los Estados que poseen armas nucleares y aquellos que no las poseen, los sectores militares y privados, y las organizaciones internacionales. Nuestra respuesta a la amenaza de las armas nucleares debe ser colectiva y concertada, basada en la construcción ardua pero constante de una confianza mutua que rompa la dinámica de desconfianza actualmente prevaleciente. En 1963, el Papa san Juan XXIII en la Encíclica Pacem in terris, solicitando también la prohibición de las armas atómicas (cf. n. 112), afirmó que «una paz internacional verdadera y constante no puede apoyarse en el equilibrio de las fuerzas militares, sino únicamente en la confianza recíproca» (n. 113).

Es necesario romper la dinámica de desconfianza que prevale actualmente, y que hace correr el riesgo de conducir al desmantelamiento de la arquitectura internacional de control de las armas. Estamos presenciando una erosión del multilateralismo, aún más grave ante el desarrollo de las nuevas tecnologías de armas; este enfoque parece bastante incongruente en el contexto actual marcado por la interconexión, y constituye una situación que reclama una urgente atención por parte de todos los líderes, así como dedicación.

La Iglesia Católica, por su parte, está irrevocablemente comprometida con la decisión de promover la paz entre los pueblos y las naciones. Es un deber al que se siente obligada ante Dios y ante todos los hombres y mujeres de esta tierra. Nunca podemos cansarnos de trabajar e insistir con celeridad en apoyo a los principales instrumentos jurídicos internacionales de desarme y no proliferación nuclear, incluido el Tratado sobre la prohibición de armas nucleares. En julio pasado, los obispos de Japón lanzaron un llamado para la abolición de las armas nucleares, y cada agosto la Iglesia nipona celebra un encuentro de oración de diez días por la paz. Que la oración, la búsqueda infatigable en la promoción de acuerdos, la insistencia en el diálogo, sean las “armas” en las que pongamos nuestra confianza y también la fuente de inspiración de los esfuerzos para construir un mundo de justicia y solidaridad que brinde garantías reales para la paz.

Con el convencimiento de que un mundo sin armas nucleares es posible y necesario, pido a los líderes políticos que no se olviden de que las mismas no nos defienden de las amenazas a la seguridad nacional e internacional de nuestro tiempo. Es necesario considerar el impacto catastrófico de un uso desde el punto de vista humanitario y ambiental, renunciando al fortalecimiento de un clima de miedo, desconfianza y hostilidad, impulsado por doctrinas nucleares. El estado actual de nuestro planeta reclama, por su parte, una reflexión seria sobre cómo todos esos recursos podrían ser utilizados, con referencia a la compleja y difícil implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y alcanzar así objetivos como el desarrollo humano integral. Así lo sugirió ya, en 1964, el Papa san Pablo VI, cuando propuso ayudar a los más desheredados a través de un Fondo Mundial, alimentado con una parte de los gastos militares (cf. Discurso a los periodistas, Bombay, 4 diciembre 1964; Carta enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 51).

Por todo esto, resulta crucial crear herramientas que aseguren la confianza y el desarrollo mutuo, y contar con líderes que estén a la altura de las circunstancias. Tarea que, a su vez, nos involucra y reclama a todos. Nadie puede ser indiferente ante el dolor sufriente de millones de hombres y mujeres que hoy siguen golpeando a nuestras conciencias; nadie puede ser sordo ante el grito del hermano que desde su herida llama; nadie puede ser ciego ante las ruinas de una cultura incapaz de dialogar.

Les pido unirnos en oraciones cada día por la conversión de las conciencias y por el triunfo de una cultura de la vida, de la reconciliación y de la fraternidad. Una fraternidad que sepa reconocer y garantizar las diferencias en la búsqueda de un destino común.

Sé que algunos de los aquí presentes no son católicos, pero estoy seguro de que todos podemos hacer nuestra la oración por la paz atribuida a san Francisco de Asís:

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya duda, ponga yo fe;
donde haya desesperación, ponga yo esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo luz;
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

En este lugar de memoria, que nos sobrecoge y no puede dejarnos indiferentes, es aún más significativo confiar en Dios, para que nos enseñe a ser instrumentos efectivos de paz y a trabajar también para no cometer los mismos errores del pasado.

Que ustedes y sus familias, y toda la nación, puedan experimentar las bendiciones de la prosperidad y la armonía social.


Japón: “Una Iglesia martirial puede hablar con mayor libertad”, el Papa a los obispos

470 aniversario de la llegada de Francisco Javier.

(ZENIT).- Se cumplen 470 años de la llegada de san Francisco Javier al Japón, quien marcó el comienzo de la difusión del cristianismo en esta tierra. “Hoy, el Señor me regala la oportunidad de estar entre ustedes como peregrino misionero tras los pasos de grandes testigos de la fe” ha dicho el Papa a los obispos japoneses en un acogedor encuentro al llegar a Tokio.

Tras su visita de tres días a Tailandia, El Santo Padre comienza hoy, sábado 23 de noviembre de 2019, la segunda etapa de su 32º viaje internacional a Asia. El domingo 24 iré a Hiroshima y Nagasaki y los dos días posteriores permanecerá en Tokio, desde donde volverá a Roma el martes, 26 de noviembre, tras llevar a cabo algunas celebraciones.

El Papa se ha mostrado “muy contento” con los 29 prelados “por el don de visitar Japón”y “por la bienvenida que le han brindado”, ha expresado. “La siembra confiada, el testimonio de los mártires y la paciente expectativa de los frutos que el Señor regala a su tiempo, caracterizaron la modalidad apostólica con la que han sabido acompañar la cultura japonesa”, les ha dicho.

Mártires y “cristianos ocultos”

Encuentro del Papa con los obispos de Japón (Foto: © Vatican Media)

En memoria del misionero jesuita Francisco Javier, el Papa ha querido unirse a ellos “para dar gracias al Señor por todos aquellos que, a lo largo de los siglos, se dedicaron a sembrar el Evangelio y a servir al pueblo japonés con gran unción y amor; esta entrega le dio un rostro muy particular a la Iglesia nipona”.

Así, ha nombrado a los mártires san Pablo Miki y sus compañeros, y al beato Justo Takayama Ukon, y a los los “cristianos ocultos”, de la región de Nagasaki. “Esta entrega para mantener viva la fe a través de la persecución ayudó a la pequeña comunidad cristiana a crecer, consolidarse y dar fruto”, ha asegurado Francisco. “Ustedes son una Iglesia viva” ha apreciado. “El ADN de vuestras comunidades está marcado por este testimonio, antídoto contra toda desesperanza, que nos señala el camino hacia donde poner la mirada”.

“Proteger toda vida”

El Papa ha hecho referencia al lema de su visita apostólica a Japón: “Proteger toda vida” y ha recordado que el obispo “es aquel a quien el Señor llamó de en medio de su pueblo, para devolverlo como pastor capaz de proteger toda vida, lo que determina en cierta medida el escenario a donde debemos apuntar”.

A pesar de que la Iglesia en Japón “es pequeña y los católicos son una minoría”, esto “no debe restarle valor a vuestro compromiso con una evangelización”, ha exhortado a los obispos, “que, en vuestra situación particular, la palabra más fuerte y clara que pueden brindar es la de un testimonio humilde, cotidiano y de diálogo con otras tradiciones religiosas”.

Proteger toda vida y anunciar el Evangelio “no son dos cosas separadas ni contrapuestas: se reclaman y necesitan”, ha explicado. “Ambas significan estar atentos y velar ante todo aquello que hoy pueda estar impidiendo, en estas tierras, el desarrollo integral de las personas confiadas a la luz del Evangelio de Jesús”.

ROSA DIE ALCOLEA

Discurso del Papa a los obispos

Queridos hermanos Obispos:

Primero de todo tengo que excusarme y pedir disculpas porque entré sin saludar a nadie. ¡Qué mal educados que somos los argentinos! Disculpen por eso. Es un gusto estar aquí entre ustedes. Y, los japoneses, tienen fama de ser metódicos y trabajadores, y la prueba es esta: ¡El Papa baja del avión y lo hacen trabajar enseguida! Muchas gracias.

Y estoy contento por el don de visitar Japón y por la bienvenida que me han brindado. Agradezco especialmente al Arzobispo Takami por sus palabras en nombre de toda la comunidad católica de este país. Estando aquí con ustedes, en este primer encuentro oficial, quiero saludar a cada una y a todas vuestras comunidades, laicos, catequistas, sacerdotes, religiosos, personas consagradas, seminaristas. Y también quiero extender el abrazo y mis oraciones a todos los japoneses en este período marcado por la entronización del nuevo Emperador y el inicio de la era Reiwa.

No sé si sabrán, pero desde joven sentía simpatía y cariño por estas tierras. Han pasado muchos años de aquel impulso misionero cuya realización se hizo esperar. Hoy, el Señor me regala la oportunidad de estar entre ustedes como peregrino misionero tras los pasos de grandes testigos de la fe. Se cumplen 470 años de la llegada de san Francisco Javier al Japón, quien marcó el comienzo de la difusión del cristianismo en esta tierra. En su memoria, quiero unirme a ustedes para dar gracias al Señor por todos aquellos que, a lo largo de los siglos, se dedicaron a sembrar el Evangelio y a servir al pueblo japonés con gran unción y amor; esta entrega le dio un rostro muy particular a la Iglesia nipona. Pienso en los mártires san Pablo Miki y sus compañeros y en el beato Justo Takayama Ukon, que en medio de tantas pruebas dio testimonio hasta su muerte. Esta entrega para mantener viva la fe a través de la persecución ayudó a la pequeña comunidad cristiana a crecer, consolidarse y dar fruto. También pensemos en los “cristianos ocultos”, de la región de Nagasaki, que mantuvieron la fe por generaciones a través del bautismo, la oración y la catequesis; auténticas Iglesias domésticas que resplandecían en esta tierra, quizás sin saberlo, como espejo de la familia de Nazaret.

El camino del Señor nos muestra cómo su presencia se “juega” en la vida cotidiana del pueblo fiel, que busca la manera de seguir haciendo presente su memoria; una presencia silenciosa, memoria viva que recuerda que donde dos o más estén reunidos en su Nombre ahí estará Él, con la fuerza y la ternura de su Espíritu (cf. Mt 18,20). El ADN de vuestras comunidades está marcado por este testimonio, antídoto contra toda desesperanza, que nos señala el camino hacia donde poner la mirada. Ustedes son una Iglesia viva, que se ha mantenido pronunciando el Nombre del Señor y contemplando cómo Él los guiaba en medio de la persecución.

La siembra confiada, el testimonio de los mártires y la paciente expectativa de los frutos que el Señor regala a su tiempo, caracterizaron la modalidad apostólica con la que han sabido acompañar la cultura japonesa. Como resultado, forjaron a lo largo de estos años un rostro eclesial muy apreciado, en general, por la sociedad nipona, gracias a sus numerosas aportaciones al bien común. Este importante capítulo de la historia del país y de la Iglesia universal, ha sido ahora reconocido con la designación de las iglesias y pueblos de Nagasaki y Amakusa como lugares de Patrimonio Cultural Mundial; pero, sobre todo, como memoria viva del alma de vuestras comunidades, esperanza fecunda de toda evangelización.

Este viaje apostólico está marcado por el lema «proteger toda vida», que bien puede simbolizar nuestro ministerio episcopal. El obispo es aquel a quien el Señor llamó de en medio de su pueblo, para devolverlo como pastor capaz de proteger toda vida, lo que determina en cierta medida el escenario a donde debemos apuntar.

La misión en estas tierras estuvo marcada por una fuerte búsqueda de inculturación y diálogo, que permitió el desarrollo de nuevas modalidades independientes a las desarrolladas en Europa. Sabemos que, desde el inicio, se usaron escritos, el teatro, la música y todo tipo de medios, en su gran mayoría en idioma japonés. Este hecho demuestra el amor que los primeros misioneros sentían por estas tierras. Proteger toda vida significa, en primer lugar, tener esa mirada contemplativa capaz de amar la vida de todo el pueblo que les fue confiado, para reconocer en él ante todo un don del Señor. «Porque sólo lo que se ama puede ser salvado. Sólo lo que se abraza puede ser transformado» (XXXIV Jornada Mundial de la Juventud, Panamá, Vigilia de oración, 26 enero 2019). Principio de encarnación capaz de ayudar a posicionarnos ante toda vida como un don gratuito, por sobre otras consideraciones, válidas pero secundarias. Proteger toda vida y anunciar el Evangelio no son dos cosas separadas ni contrapuestas: se reclaman, se necesitan. Ambas significan estar atentos velar ante todo aquello que hoy pueda estar impidiendo, en estas tierras, el desarrollo integral de las personas confiadas a la luz del Evangelio de Jesús.

Sabemos que la Iglesia en Japón es pequeña y los católicos son una minoría, pero esto no debe restarle valor a vuestro compromiso con una evangelización que, en vuestra situación particular, la palabra más fuerte y clara que puedan brindar es la de un testimonio humilde, cotidiano y de diálogo con otras tradiciones religiosas. La hospitalidad y el cuidado que muestran a los numerosos trabajadores extranjeros, que representan más de la mitad de los católicos de Japón, no sólo sirve como testimonio del Evangelio en medio de la sociedad japonesa, sino que también certifica la universalidad de la Iglesia, demostrando que nuestra unión con Cristo es más fuerte que cualquier otro vínculo o identidad, y es capaz de llegar y alcanzar a todas las realidades.

Una Iglesia martirial puede hablar con mayor libertad, especialmente al abordar cuestiones urgentes de paz y justicia en nuestro mundo. Mañana visitaré Nagasaki e Hiroshima donde rezaré por las víctimas del bombardeo catastrófico de estas dos ciudades, y me haré eco de vuestros propios llamados proféticos al desarme nuclear. Deseo encontrar a aquellos que aún sufren las heridas de este trágico episodio de la historia humana, así como a las víctimas del “triple desastre”. Su sufrimiento continuado es un recordatorio elocuente a nuestro deber humano y cristiano de ayudar a los que sufren en el cuerpo y en el espíritu, y de ofrecer a todos el mensaje evangélico de esperanza, curación y reconciliación. Recordemos que el mal no hace acepción de personas y no pregunta sobre pertenencias; simplemente irrumpe con su vehemencia destructora, como ha sucedido recientemente con el devastador tifón que ha provocado tantas víctimas y daños materiales. Encomendemos a la misericordia del Señor a los que han muerto, a sus familiares, y a todos los que han perdido sus casas y bienes materiales. Que no tengamos miedo a desarrollar siempre, aquí y en todo el mundo, una misión capaz de levantar la voz y defender toda vida como un don preciado del Señor.

Los animo, pues, en sus esfuerzos para garantizar que la comunidad católica en Japón ofrezca un testimonio claro del Evangelio en medio de toda la sociedad. El apreciado apostolado educativo de la Iglesia representa un gran recurso para la evangelización, y demuestra el compromiso con las más amplias corrientes intelectuales y culturales; la calidad de su contribución dependerá naturalmente del fomento de su identidad y misión.

Somos conscientes de que existen diversos flagelos que atentan contra la vida de algunas personas de vuestras comunidades, que están marcadas, por diversas razones, por la soledad, la desesperación y el aislamiento. El aumento del número de suicidios en vuestras ciudades, así como el “bulismo” (ijime), y diversas formas de auto exigencia, están creando nuevos tipos de alienación y desorientación espiritual. ¡Cómo afecta esto especialmente a los jóvenes! Los invito a que les presten especial atención a ellos y a sus necesidades, busquen priorizar espacios donde la cultura de la eficacia, el rendimiento y el éxito se vea visitada por la cultura de un amor gratuito y desinteresado capaz de brindar a todos, y no sólo a los que “llegaron”, posibilidades de una vida feliz y lograda. Con su celo, ideas y energías, así como con una buena formación y bien acompañados, vuestros jóvenes pueden ser una fuente importante de esperanza para sus contemporáneos, y dar un testimonio vital de la caridad cristiana. Una búsqueda creativa, inculturada e ingeniosa del kerigma puede tener mucho eco en tantas vidas anhelantes de compasión.

Sé que la mies es mucha y los obreros son pocos. Los estimulo a buscar, desarrollar y fomentar una misión capaz de involucrar a las familias y a promover una formación capaz de alcanzar a las personas allí donde se encuentren, asumiendo siempre la realidad: el punto de partida para todo apostolado nace del lugar donde las personas están en sus rutinas y quehaceres, no en lugares artificiales. Allí, tenemos que llegar al alma de las ciudades, de los trabajos, de las universidades para acompañar con el Evangelio de la compasión y la misericordia a los fieles que nos fueron confiados.

Nuevamente gracias por la oportunidad que me regalan de poder visitar y celebrar con vuestras Iglesias locales. Pedro quiere confirmarlos en la fe, pero Pedro también viene a tocar y a dejarse renovar en las huellas de tantos mártires testigos de la fe; recen para que el Señor me regale esta gracia.

Y pido al Señor que los bendiga y, en ustedes, bendiga a vuestras comunidades. Muchas gracias.

© Librería Editorial Vaticano


Viaje a Asia: Francisco llega a Japón como misionero, cumpliendo su sueño de juventud

Segunda etapa del viaje.

(ZENIT).- El Papa Francisco ya está en Japón. El segundo pontífice en pisar la tierra del nacimiento del sol –tras el viaje de Juan Pablo II en 1984–, cumple su sueño de juventud de visitar en misión el país asiático, inspirado por los primeros misioneros jesuitas que llevaron el anuncio del Evangelio.

A su llegada al aeropuerto de Tokio-Haneda, a las 17:45 hora local en Tokio (9:40 horas en Roma), el Santo Padre ha sido acogido por el primer ministro, Sr. Tarō Asō, al bajar del avión, en medio de un gran tormenta con lluvia y viento, muy diferente al cálido clima de Tailandia, donde estuvo previamente.

El Papa es recibido en el aeropuerto de Tokio, Japón (Foto: © Vatican Media)

Dos niños vestidos con trajes tradicionales han regalado al Papa unas flores, ante la presencia de 100 estudiantes de escuelas católicas. A continuación, tras los respectivos saludos entre las delegaciones vaticana y japonesa, y después de haber pasado delante de la Guardia de honor, el Papa y el primer ministro han entrado juntos a la sala VIP 3 del aeropuerto para conversar en privado.

Telegramas
Durante el viaje aéreo de Bangkok a Tokio, el avión A330 de Thai Airways International ha sobrevolado volando sobre Laos, Vietnam, China, Hong Kong y Taiwán, países a cuyos respectivos jefes de estados el Papa ha enviado mensajes telegráficos invocando sus mejores deseos de paz y prosperidad para todos ellos.

Al final de la ceremonia de bienvenida celebrada en el aeropuerto de Tokio-Haneda, el Papa ha sido trasladado en coche a la Nunciatura Apostólica de Tokio, donde a su llegada, ha sido recibido por un grupo de 200 fieles en el patio, y en la entrada de la casa del personal de la Nunciatura.

ROSA DIE ALCOLEA

Viaje a Asia: El Papa Francisco se despide de Tailandia

Y parte hacia Japón.

(ZENIT).- Hoy, 23 de noviembre de 2019, el Papa Francisco se ha despedido de Tailandia en el aeropuerto de Bangkok y ha partido hacia Tokio, Japón.

Francisco llegó el pasado 20 de noviembre a la capital tailandesa, primera etapa de su viaje apostólico a Asia, en curso del 19 al 26 de noviembre y en el que, efectivamente, también visita Japón.

Esta ha sido la segunda vez que un Pontífice acude al país tailandés, ya que Juan Pablo II también lo hizo en el año 1984, con motivo del viaje apostólico a Corea, Papua Nueva Guinea, Islas Salomón y Tailandia

Despedida

Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, a las 9:15, hora local (3: 15 h. de Roma), el Obispo de Roma llegó al aeropuerto de Bangkok para la ceremonia de despedida de Tailandia, que no ha sido retransmitida.

Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Bangkok, 23 Nov.2019
(Foto: © Vatican Media)

Allí, indica la misma fuente, el Papa fue recibido por un miembro del Consejo de la Corona y, juntos, antes de cruzar la Guardia de Honor, han saludado a los 11 los obispos, al séquito local y algunas autoridades tailandesas presentes.

El Santo El Padre, después de recibir un regalo floral del viceprimer Ministro de Tailandia, se dirigió a bordo de un A330 de Thai Airways International a Tokio, desde donde ha despegado a las 9:54, hora local (3:54 h. de Roma), a Japón.

Inmediatamente después de la salida en avión de Bangkok, Francisco envió al rey de Tailandia, Maha Vajiralongkorn Rama X, un telegrama en el cual expresó su agradecimiento al monarca y al pueblo de Tailandia “por su calurosa bienvenida y generosa hospitalidad”.

Visita a Tailandia

En estos días de estancia en la capital de Tailandia, el Pontífice celebró la Eucaristía en el Estadio Nacional de Bangkok y en la catedral de la Asunción, en esta última ocasión con los jóvenes.

Han tenido lugar varios encuentros, como es el caso del establecido con el primer ministro y las autoridades civiles, con el rey Rama X, así como con los consagrados y consagradas, sacerdotes, seminaristas y catequistas tailandeses, con los obispos del país y los asiáticos, y con el personal médico del Hospital San Luis.

En un país mayoritariamente budista y en el que impera la libertad religiosa y la convivencia armoniosa entre personas de distintos credos, también ha habido espacio para el ecumenismo y el diálogo interreligioso, ya que Francisco visitó al patriarca supremo de los budistas y se reunió con 18 líderes religiosos.

Salir al encuentro de Cristo

A lo largo de esta visita, el Papa ha pronunciado dos homilías y seis saludos/discursos. Durante sus palabras en la primera Eucaristía, habló sobre lo que significa ser “discípulos misioneros” e invitó a salir al “camino” para “encontrar, descubrir y reconocer alegremente” a las personas a nuestro alrededor, “madres, padres y hermanos, que el Señor nos quiere regalar”.

En su segunda y última homilía, igualmente, exhortó a los jóvenes a “salir al encuentro de Cristo, el Señor que viene”, animándoles a no tener miedo al futuro ni dejarse “achicar”: “sepan que ahí el Señor los está esperando para preparar y celebrar la fiesta de su Reino”, indicó.

Diálogo interreligioso y futuro del país

El Papa Francisco también ha hablado del papel de las religiones como “promotoras y garantes de fraternidad” y de que es tiempo “de atreverse a imaginar la lógica del encuentro y del diálogo mutuo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento recíproco como método y criterio”, ofreciendo “un nuevo paradigma para la resolución de conflictos” conjuntamente.

A las autoridades tailandesas, por su parte, les recordó que “el futuro de nuestros pueblos está unido, en gran medida, al modo como le garanticemos a nuestros niños un futuro en dignidad”.

Regalos a la Nunciatura Apostólica de Bangkok

El Santo Padre ha ofrecido una Medalla del Viaje Apostólico como regalo a la Nunciatura Apostólica de Tailandia, realizada por la artista Daniela Longo

A la izquierda de la medalla hay una imagen de María Asunta al Cielo, patrona de la Iglesia en Tailandia y, a la derecha, la de la Virgen María con el Niño Jesús, venerada en Japón con el título de Virgen de Inventione Christianorum.

En el centro de las dos figuras se encuentra la cruz y, sobre ella, una hoja de palma que simboliza el martirio.

Alrededor del borde de la medalla hay 33 semillas, cada una de las cuales contiene la inicial del nombre de uno de los mártires: 26 de Japón y 7 de Tailandia.

En la parte inferior se encuentra la inscripción del Viaje Apostólico y la fecha.

Mosaico del pontificado

El Pontífice también ha regalado a la Nunciatura un mosaico que representa el escudo de armas de su pontificado.

En la parte superior del mismo se encuentra el símbolo de la Compañía de Jesús, compuesto de un sol radiante y ardiente, en el que se encuentra el acrónimo IHS y, sobre él, una cruz con tres clavos en su base.

El acrónimo IHS puede interpretarse como Iesus Hominum Salvator (Jesús, Salvador de la Humanidad), o In Hoc Signo (Vinces), de la memoria constantiniana. Posteriormente los jesuitas lo consideraron como Habemus Iesum Socium (Tenemos a Jesús como Compañero) y Societas Iesu Humilis (Sociedad Humilde de Jesús).

Además del símbolo de la Compañía de Jesús, se localizan una estrella, que simboliza a la Virgen María, y la flor de nardo, que en la iconografía hispana alude a la castidad de san José.

El lema que acompaña al escudo de armas del Papa Francisco, Miserando atque eligendo, constituye un homenaje a la misericordia divina. Está tomado de las homilías de san Beda el Venerable, que comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribió: “Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme”.

LARISSA I. LÓPEZ

Tailandia: Los religiosos son “como una pequeña vela encendida por Cristo”

Saludo de Mons. Jose Pradhan.

(ZENIT – 22 nov. 2019).- El obispo Jose Pradhan, responsable de los religiosos del país, ha agradecido al Papa Francisco su visita: “Es un gran honor para mí presentarle esta asamblea compuesta de alrededor de mil personas”, entre las que se encuentran sacerdotes, religiosos y religiosas, personas consagradas, seminaristas, novicios y catequistas.

El grupo de consagrados tailandeses se han encontrado con el Pontífice en la parroquia de San Pedro, en el distrito de Vat Roman, en Tha Kham, en Bangkok. Fundada en 1840, originalmente construida con bambú, fue reconstruida en 1970 en un estilo moderno, y de nuevo en 1989 a causa de un incendio.

Desde los primeros comienzos de la Iglesia, “cuando dos misioneros dominicos sembraron las semillas de la fe en nuestra madre patria, religiosos y religiosas, tanto locales como misioneros, han ido jugado un papel importante en la vida de la iglesia”, ha narrado el prelado.

“Vela encendida por Cristo”
“Son como una pequeña vela encendida por Cristo en favor de los pobres, la gente vulnerable y excluida”, ha descrito Mons. Pradhan. La evangelización empezó en el año 1669 y “ha continuado a responder a los signos de los tiempos hasta el momento presente”.

Actualmente, hay 35 congregaciones de religiosas con 1.378 miembros, 22 congregaciones de religiosos con 456 miembros, 7 Sociedades de Vida Apostólica con 41 miembros, además de 3 órdenes monásticas con 164 miembros.

“Humildemente le pedimos que comparta con nosotros sus palabras llenas de sabiduría para iluminarnos y guiarnos en nuestro caminar sirviendo a Dios y a su pueblo con el ejemplo que nos da la vida de Cristo Jesús, su hijo”, ha agradecido al Santo Padre su visita a Tailandia, para conmemorar el 350 aniversario de la fundación de la Iglesia Católica en Siam.

Como católicos tailandeses, somos parte del continente asiático en el que la gente se siente orgullosa de sus valores religiosos y culturales, que incluye el aprecio al silencio y a la contemplación, la simplicidad de vida, la armonía, el desapego de lo material, el amor por la paz y la no violencia, el trabajo duro, la disciplina, la vida frugal, la sed por el saber y el cuestionamiento filosófico.

Cambios en la sociedad
Mons. Jose Pradhan ha destacado dos factores que la sociedad tailandesa ha experimentado en estos últimos años, con “efectos positivos y negativos”. Muchas personas se enfrentan con dificultades económicas, culturales y morales debidas a razones que tienen que ver con la pobreza, la falta de oportunidades y otras dificultades personales de varios tipos. Este contexto afecta a las familias y sus valores.

El segundo factor es que Tailandia se está convirtiendo en una sociedad de personas mayores con todos los todos los desafíos que este cambio social trae consigo. “Así que debemos prestar más atención al trabajo pastoral con la gente mayor, especialmente con aquellos que se quedan solos en sus casas”, ha observado.

Sociedad de Misiones Extranjeras
La Iglesia de Tailandia se está enfrentado a una situación similar a la otros países en el mundo, “es la crisis de una disminución de vocaciones”, ha comentado. “A pesar de ello, seguimos trabajando juntos como Iglesia en la proclamación de la Buena Nueva”.

En este sentido, ha añadido, la Conferencia Episcopal de Tailandia ha tenido la satisfacción de establecer la Sociedad de Misiones Extranjeras de Tailandia (Thai Mission Society: TMS) para aliviar con nuestros sacerdotes y religiosos las necesidades de los países vecinos. Es interesante notar que contamos con un creciente número de candidatos en esta sociedad misionera.

Talitha Kum Tailandia
Vemos que la Iglesia hace una labor educativa importante, tanto formal como informal, tanto con la gente de la ciudad como con la gente del campo. Vemos cómo la Iglesia trabaja de una manera efectiva en la promoción de la dignidad humana enfrentándose al desafío del tráfico de personas por medio de la asociación Talitha Kum Thailand. Vemos cómo la Iglesia presta una atención especial a los niños, especialmente los que son pobres o han sido abandonados. Vemos cómo la Iglesia promociona y ayuda a las mujeres, especialmente a madres solteras, trabajadoras en el comercio sexual, y aquellas que sufren abusos. Vemos a la Iglesia ofreciendo atención médica, sirviendo con compasión expresada de muchas diferentes maneras. Vemos a la Iglesia acompañando a la juventud, reconociendo que son un grupo esencial en nuestras comunidades y que reclaman nuestra atención para ser ayudados en la construcción de la iglesia del futuro.

“Santidad, la Iglesia de Tailandia presta sus servicios en una gran variedad de ministerios”, ha apreciado el obispo tailandés. “Lo mucho que hacemos no es lo que importa, lo que importa es que somos testimonio vivo del amor de Dios, de su compasión y de su justicia en medio de la sociedad”.

ROSA DIE ALCOLEA

Sacerdotes y Consagrados de Tailandia (Foto: © Zenit/Deborah Castellano Lubov)

Tailandia: Los jóvenes, “peregrinos de la fe”, el “ahora” de Dios

Última Misa con el Papa en el país.

(ZENIT).- En la última Misa del Papa en Tailandia, el cardenal Kovithavanij, arzobispo de Bangkok ha resaltado cómo “Su Santidad guarda en su corazón a estos jóvenes, ‘peregrinos de la fe’, pues ellos son el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad humana”.

El 22 de noviembre de 2019, en torno a las 16:40, hora local, (10:40 h. en Roma), el Papa presidió la Eucaristía con los jóvenes en la catedral de la Asunción en Bangkok.

Francisco se encuentra en el último día de su visita a Tailandia, que forma parte de la primera etapa de su viaje apostólico a Asia, en curso del 19 al 26 de noviembre y en el que también visitará Japón.

Misa con los jóvenes en Bangkok, 22 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

Además de los 700 jóvenes reunidos dentro de la catedral, los medios locales reportan que unos 10.000 jóvenes se encontraban congregados fuera de la misma.

Catedral de la Asunción

La construcción de la catedral de la  Asunción se debe a la iniciativa del padre y misionero francés Pascal. Concluida en 1821, posee un estilo neorrománico con ladrillo rojo y una estructura rectangular.

Durante la II Guerra Mundial, los bombardeos provocaron diversos daños, de manera que fueron necesarias restauraciones en el templo. En los años ’80 y ’90 se realizaron otras remodelaciones para reestructurarlo.

La catedral de la Asunción es considerada el corazón de la archidiócesis de Bangkok y de la evangelización en el país, ya que constituyó el centro neurálgico para los misioneros cristianos. Fue visitada por Juan Pablo II el 11 de mayo de 1984, con ocasión del viaje apostólico a Corea, Papua Nueva Guinea, Islas Salomón y Tailandia.

Iglesia Católica en Tailandia

Aunque Tailandia es un país mayoritariamente budista (95%), la comunidad cristiana supone un millón de personas, de los cuales unos 300.000 son católicos (menos de 1%).

Las relaciones entre cristianos y budistas son el resultado de un diálogo que se viene manteniendo desde hace cientos de años. Hasta la fecha hay once diócesis y archidiócesis católicas en el país.

Arquidiócesis de Bangkok

La arquidiócesis de Bangkok ostenta 121.039 fieles católicos, su arzobispo es el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij.

En ella hay 55 parroquias, dos iglesias, 148 sacerdotes regulares diocesanos, 10 seminaristas. Los institutos religiosos masculinos tienen 251 miembros y los femeninos 424. Además, existen 134 institutos de educación, 40 de beneficencia y en el último año la cifra de bautizados ha sido de 1.284 personas.

El “plan” de Dios

La Misa, que contaba con los ornamentos en color rojo, en honor al martirio de santa Cecilia, cuya memoria se celebraba hoy, ha sido acompañada por los cantos de un coro.

Durante su homilía, el Papa Francisco invitó a los jóvenes tailandeses a dar la bienvenida a Cristo “con inmensa alegría y amor”, y les habló sobre el “plan” que Dios tiene para ellos: “El Señor sabe que por medio de ustedes, jóvenes, entra el futuro en estas tierras y en el mundo, y con ustedes cuenta para llevar adelante su misión hoy”.

Asimismo, les animó a “mantener viva la alegría y a no tener miedo de mirar el futuro con confianza”.

Participación de los jóvenes

Las lecturas, (Os. 2,16b.17b. 21-22: “Te haré mi esposa para siempre y Mt. 25, 1-13: “¡Aquí está el esposo! Salid al encuentro!”) han sido realizadas por 2 chicas jóvenes en tailandés.

La oración de los fieles, por su parte, ha sido llevada a cabo por 5 chicos y chicas, ataviados con trajes tradicionales, en tailandés y en akka.

En cuanto a las ofrendas, un grupo numeroso de jóvenes todos ellos vestidos con trajes típicos y coloridos que representan a las diferentes etnias y grupos de la sociedad tailandesa, han hecho entrega de las mismas al Santo Padre.

350 aniversario de la misión de Siam

En el 350 aniversario del establecimiento del Vicariato Apostólico de Siam en Tailandia, erigido en 1669, esta Misa con los jóvenes, junto con todas actividades del viaje del Pontífice a este país, se enmarca dentro de las iniciativas organizadas con motivo de la celebración del mismo y para relanzar la evangelización en la región.

La juventud católica tailandesa se ha preparado para ello bajo el lema “Los discípulos de Cristo viven una nueva Evangelización”, reconociendo así que suponen el motor principal para el anuncio de la Buena Noticia.

Agradecimientos

Antes de la bendición final, el cardenal Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, en “nombre de todos los fieles católicos, religiosos, sacerdotes, obispos y de toda la gente de buena voluntad de Tailandia” ha agradecido esta visita del Papa.

Igualmente, confirmó el compromiso de la Iglesia tailandesa para “formarles como líderes” de la Nueva Evangelización.

Finalmente, el Papa Francisco también pronunció un mensaje de agradecimiento destinado a todos los que han hecho posible su visita a Tailandia y a los que la han preparado. Al rey, al Gobierno, a las autoridades del país, así como a los obispos, al cardenal Kovithavanij, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los fieles laicos, a los voluntarios y a todos los que le han acompañado con su oración y sacrificios, en modo especial a los enfermos y a los encarcelados.

LARISSA I. LÓPEZ