Jóvenes: Francisco anuncia nuevo organismo asesor internacional

Palabras después del Ángelus.

(ZENIT).- «El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha puesto en marcha un nuevo órgano asesor internacional de la juventud», dijo el Papa Francisco después de rezar el Ángelus este domingo, 1 de diciembre de 2019, en la plaza de San Pedro.

Este consejo –explicó el Papa– está «compuesto por veinte jóvenes de diferentes orígenes geográficos y eclesiales». Así, ha indicado que «es una respuesta concreta a la solicitud del Sínodo dedicado a los jóvenes el año pasado» (ver Documento Final , 123).

Luego, el Santo Padre dio a conocer la misión de este nuevo organismo: «La tarea de este organismo es ayudar a comprender la visión de los jóvenes sobre las prioridades del Ministerio de la Juventud y otros temas de interés más general. Oren por eso».

En la Solemnidad de Cristo Rey, 24 de noviembre, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida anunció la creación de esta «Organización Consultiva Internacional de Jóvenes«, compuesta por 20 jóvenes de diferentes regiones del mundo, incluido un francés, y algunos movimientos, asociaciones y comunidades internacionales.

El documento final del Sínodo de 2018 pedía la creación de dicho cuerpo para fortalecer la actividad de la Oficina Juvenil del Dicasterio.

AB

Palabras del papa Francisco después del Ángelus

Ángelus 1 diciembre 2019 (Foto: © Vatican Media1)

Queridos hermanos y hermanas!

Me preocupa la situación en Iraq. Supe con dolor que las manifestaciones y protestas de los últimos días han provocado una reacción dura, que ha causado docenas de víctimas. Rezo por los muertos y por los heridos; Estoy cerca de sus familias y de todo el pueblo iraquí, pidiéndole a Dios paz y armonía.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida creó un nuevo Organismo internacional de asesoramiento para la juventud compuesto por veinte jóvenes de diferentes orígenes geográficos y eclesiales. Esta es una respuesta concreta a la solicitud del Sínodo dedicado a los jóvenes el año pasado (ver Fin., 123). La tarea de este organismo es ayudar a comprender la visión de los jóvenes sobre las prioridades del Ministerio de la Juventud y otros temas de interés más general. Oramos por eso.

¡Los saludo a todos, romanos y peregrinos de diferentes países! Especialmente a los fieles polacos y el coro de niños de Bucarest.

Saludo a los grupos de Giulianova Lido, Nettuno y Jesi; así como los peregrinos de Cavarzere con el coro «Serafin» y la asociación rumana en Italia.

Esta tarde iré a Greccio, lugar donde San Francisco hizo el primer pesebre. Allí, firmaré una carta sobre el significado y el valor del pesebre. El pesebre es un signo simple y maravilloso de la fe cristiana. Es una carta corta que puede ser buena para Navidad. Acompáñenme con la oración en este viaje.

Les deseo a todos un buen domingo y un buen viaje de Adviento. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y adios.

ANITA BOURDIN


Ángelus: «Jesús viene a nuestras vidas cada día»

Palabras del Papa antes de la oración.

(ZENIT – 1 diciembre 2019).- El Papa Francisco se asomó a a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, este domingo, 1 de diciembre de 2019, al finalizar la celebración eucarística para la comunidad católica congoleña en Roma.

El Santo Padre celebró la Misa con los fieles africanos en la Basílica de San Pedro con motivo del 25º aniversario de la fundación de la Capellanía de la comunidad católica congoleña de Roma.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Ángelus 1 diciembre 2019 (Foto: © Vatican Media)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, primer domingo del tiempo de Adviento, comienza el nuevo año litúrgico. En estas cuatro semanas de Adviento, la liturgia nos lleva a celebrar la Navidad de Jesús, al tiempo que nos recuerda que Él viene a nuestras vidas cada día, y regresará gloriosamente al final de los tiempos. Esta certeza permitirá nos lleva a mirar al futuro con confianza, como el profeta Isaías nos invita a hacer, que con su voz inspirada acompaña todo el camino del Adviento.

En la primera lectura de hoy, Isaías profetiza que «al final de los días, estará firme el monte del templo del Señor en la cumbre de las montañas mas elevado que las colinas; hacia el confluirán todas las naciones». (2,2). El templo del Señor en Jerusalén se presenta como punto de convergencia, como punto de encuentro de todos los pueblos. Después de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesús mismo se reveló como el verdadero templo.

Por lo tanto, la maravillosa visión de Isaías es una promesa divina y nos impulsa a asumir una actitud de peregrinación, de camino hacia Cristo, sentido y fin de la historia. Los que tienen hambre y sed de justicia sólo pueden encontrarla recorriendo los caminos del Señor; mientras que el mal y el pecado provienen del hecho de que los individuos y los grupos sociales prefieren seguir caminos dictados por intereses egoístas, causando conflictos y guerras. El Adviento es tiempo favorable para acoger la venida de Jesús, que viene como mensajero de paz para mostrarnos los caminos del Señor.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos exhorta a estar preparados para su venida: «Velen, pues, porque no saben en qué día vendrá el Señor» (Mt 24, 42). Velar no significa tener materialmente los ojos abiertos, sino tener el corazón libre y orientado en la dirección correcta, es decir, dispuesto al don y al servicio, esto es velar. El sueño del que debemos despertar está constituido por la indiferencia, por la vanidad, por la incapacidad de establecer relaciones genuinamente humanas, por la inacapacidad de hacerse cargo del hermano solo, abandonado o enfermo.

La espera de Jesús que viene debe traducirse, por tanto, en un compromiso de vigilancia. Se trata, en primer lugar, de maravillarse ante la acción de Dios, ante sus sorpresas, y de darle a Él la primacía. La vigilancia significa también, concretamente, estar atentos a nuestro prójimo en dificultades, a dejarnos interpelar por sus necesidades, sin esperar a que él o ella nos pida ayuda, sino aprender a prevenir, a anticipar, como hace Dios siempre con nosotros.

Que María, la Virgen vigilante y Madre de la esperanza, nos guíe en este camino, ayudándonos a para dirigir nuestra mirada hacia la «montaña del Señor», imagen de Jesucristo, que atrae hacia sí a todos los a los hombres y a todos los pueblos.

RAQUEL ANILLO


Santa Marta: “La muerte es un encuentro con el Señor”

El Santo Padre invita a vivir con “esperanza”.

(ZENIT).- La certeza de la muerte está escrita en la Biblia y en el Evangelio, ha recordado el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina en Santa Marta, “pero el Señor siempre nos la presenta como un ‘encuentro con Él’ y la acompaña con la palabra ‘esperanza’”.

A primera hora de la mañana del viernes, 29 de noviembre de 2019, el Obispo de Roma ha reflexionado sobre la muerte y la descrito como el momento del abrazo con el Señor, invitando a prepararnos para ese momento, y a orar los unos por los otros, ha informado Vatican News en español.

Misa en Santa Marta, 29 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” es la cita del Evangelio de San Lucas, propuestas para la liturgia de hoy, en la última semana del año litúrgico. La Iglesia invita a reflexionar sobre el fin, el fin del mundo, el fin de cada uno de nosotros, en este mes de noviembre, mes de los difuntos.

“El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él”, ha explicado. “¡No quisiera que este simple sermón sea un aviso de funeral! Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día”.

Todos somos vulnerables

“Todos tenemos esta debilidad de vida, esta vulnerabilidad”, ha aclarado el Papa. Todos somos vulnerables y en algún momento esta vulnerabilidad nos conduce a la muerte. Por esto, vamos al médico para ver cómo va mi vulnerabilidad física, otros van donde el psicólogo para curar alguna vulnerabilidad psíquica”.

En la homilía, Francisco ha contado que ayer estaba meditando sobre esto, en un hermoso artículo que ha salido en la Civiltà Cattolica, “que nos dice que lo que todos tenemos en común es la vulnerabilidad: somos iguales en la vulnerabilidad”.

“¿Cuándo moriré?”

Francisco ha recordado que es necesario prepararse bien “para el momento en que tocará el timbre, el momento en que el Señor llamará a nuestra puerta”, y ha animado a rezar “los unos por los otros”.

“De todas las cosas que hemos reunido, que hemos ahorrado, legalmente buenas, no nos llevaremos nada”, ha advertido. “Pero sí, llevaremos el abrazo del Señor. Piensa en tu propia muerte: ¿cuándo moriré? En el calendario no está arreglado, pero el Señor lo sabe”. Así, el Santo Padre ha recomendado orar al Señor: “Señor, prepara mi corazón para morir bien, morir en paz, morir con esperanza”.

ROSA DIE ALCOLEA


Tailandia y Japón: Discursos del Papa Francisco

Para leerlos online.

(ZENIT – 27 nov. 2019).- Los lectores de zenit tienen la posibilidad de leer todos los discursos y homilías que el Papa Francisco pronunció durante su reciente viaje apostólico a Asia, que tuvo lugar del 19 al 26 de noviembre de 2019 y en el que visitó Tailandia y Japón.

Así, a continuación se ofrecen todos los enlaces a ellos para poderlos leer online en la página de zenit, seleccionando el que se desee.

Tailandia

Discurso a las autoridades y el Cuerpo Diplomático de Japón (Foto: © Vatican Media)

Japón


La “pérdida del sentido de la vida” es la “grave amenaza” en los países más desarrollados

Catequesis del Papa.

(ZENIT).- “Hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida”, ha anunciado el Papa en la audiencia general, en la que ha compartido con los peregrinos los momentos más relevantes de su 32º viaje apostólico internacional, a Tailandia y Japón.

En la plaza de San Pedro se han congregado este miércoles, 27 de noviembre de 2019, miles de visitantes y peregrinos, procedentes de Italia y de otros países para escuchar al Santo Padre en la audiencia general.

“Esta visita ha aumentado mi cercanía y afecto por estos pueblos: Dios los bendiga con abundancia de prosperidad y paz”, ha indicado Francisco, al mismo tiempo que ha agradecido a los pueblos tailandés y japonés, a las autoridades y a las personas que han hecho posible este viaje.

El pueblo Thai, pueblo de la sonrisa

En Tailandia, “un antiguo reino que se ha modernizado fuertemente”, se encontró con el rey, el primer ministro y otras autoridades, y rindió homenaje “a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, el pueblo de la ‘hermosa sonrisa’”, ha señalado. “Allí la gente sonríe”.

En este país, el Pontífice alentó el “compromiso” de “lograr la armonía entre los diferentes componentes de la nación”, también “para que el desarrollo económico beneficie a todos” y “se curen las llagas de la explotación, especialmente de las mujeres y los niños”, ha advertido.

Asimismo, el Papa ha recordado los momentos más importantes del viaje, así como la Misa celebrada en el Estadio Nacional de Bangkok, el encuentro con los enfermos del hospital Sant Louis y las diferentes reuniones fraternas con los sacerdotes, religiosos, obispos y jesuitas.

Japón, proteger y amar la vida

Al llegar a Tokio, ha contado el Papa, fue recibido por los obispos del país, con los que “inmediatamente compartimos el reto de ser pastores de una Iglesia muy pequeña, pero portadora de agua viva, el Evangelio de Jesús”.

El Santo Padre ha señalado que el lema de su visita a la isla fue Proteger cada vida, un país que lleva las “cicatrices del bombardeo atómico” y que es para todo el mundo el “portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz”. Asimismo, narró su paso por Nagasaki e Hiroshima, donde rezó y se encontró con algunos supervivientes y víctimas, y “reiteró la firme condena de las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos bélicos”.

Después de esa tragedia, el Japón “ha demostrado una extraordinaria capacidad para luchar por la vida”, ha observado, “y lo ha hecho incluso recientemente, después de la triple catástrofe de 2011: terremoto, tsunami y accidente en una central nuclear”, momento que también conmemoró con algunas víctimas en Tokio.

“Para proteger la vida hay que amarla, y hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida”, ha explicado. En este sentido, Francisco se reunió con los jóvenes, las “primeras víctimas del vacío del sentido de vivir”, ha descrito, escuchando “sus preguntas y sus sueños”.

Tras haber repasado otros momentos de especial importancia en su viaje, el Pontífice ha encomendado a todos los peregrinos presentes en la audiencia a “confiar los pueblos de Tailandia y Japón a la bondad y  a la providencia de Dios”.

ROSA DIE ALCOLEA

Miércoles 27 de noviembre de 2019
Catequesis del Papa Francisco

El Papa bendice a una niña en la Audiencia General (Foto: © Vatican Media)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ayer volví de mi viaje apostólico a Tailandia y Japón, un regalo por el que estoy muy agradecido al Señor. Deseo renovar mi gratitud a las autoridades y a los obispos de estos dos países, que me invitaron y recibieron con gran esmero, y sobre todo manifestar mi agradecimiento al pueblo tailandés y al pueblo japonés. Esta visita ha aumentado mi cercanía y afecto por estos pueblos: Dios los bendiga con abundancia de prosperidad y paz.

Tailandia es un antiguo reino que se ha modernizado fuertemente. Durante el encuentro con el rey, el primer ministro y otras autoridades, rendí homenaje a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, el pueblo de la “hermosa sonrisa”. Allí la gente sonríe. Alenté el compromiso de lograr la armonía entre los diferentes componentes de la nación, también para que el desarrollo económico beneficie a todos y se curen las llagas de la explotación, especialmente de las mujeres y los niños. La religión budista es parte integrante de la historia y de la vida de este pueblo; por eso fui a visitar al Patriarca Supremo de los Budistas, continuando el camino de estima mutua iniciado por mis predecesores, para que la compasión y la fraternidad crezcan en el mundo. En este sentido, el encuentro ecuménico e interreligioso que tuvo lugar en la universidad más grande del país fue muy significativo.

El testimonio de la Iglesia en Tailandia pasa también por obras de servicio a los enfermos y a los últimos. Entre ellas, destaca el  hospital Saint Louis que visité animando al personal sanitario y conociendo a algunos pacientes. También dediqué momentos específicos a los sacerdotes y a las personas consagradas, a los obispos y también a los hermanos jesuitas. En Bangkok celebré la misa con todo el pueblo de Dios en el Estadio Nacional y luego con los jóvenes en la catedral. Allí experimentamos que en la nueva familia formada por Jesucristo están también los rostros y las voces del pueblo Thai.

Luego me desplacé a Japón. Cuando llegué a la nunciatura de Tokio, fui recibido por los obispos del país, con los que inmediatamente compartimos el reto de ser pastores de una Iglesia muy pequeña, pero portadora de agua viva, el Evangelio de Jesús.

“Proteger cada vida” fue el lema de mi visita a Japón, un país que lleva las cicatrices del bombardeo atómico y que es para todo el mundo el portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz. En Nagasaki e Hiroshima recé, me encontré con algunos supervivientes y familiares de las víctimas, y reiteré la firme condena de las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos bélicos. Después de esa tragedia, el Japón ha demostrado una extraordinaria capacidad para luchar por la vida, y lo ha hecho incluso recientemente, después de la triple catástrofe de 2011: terremoto, tsunami y accidente en una central nuclear.

Para proteger la vida hay que amarla, y hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de la vida.

Las primeras víctimas del vacío del sentido de vivir son los jóvenes, por eso les dediqué un encuentro en Tokio. Escuché sus preguntas y sus sueños; los animé a oponerse juntos a todas las formas de bullying, y a superar el miedo y los cierres abriéndose al amor de Dios, rezando y sirviendo a los demás. Conocí a otros jóvenes en la Universidad de Sophia, junto con la comunidad académica. Esta Universidad, como todas las escuelas católicas, es muy apreciada en Japón.

En Tokio tuve la oportunidad de visitar al Emperador Naruhito, a quien renuevo la expresión de mi gratitud; y me encontré con las autoridades del país y con el cuerpo diplomático. Manifesté el deseo de una cultura de encuentro y diálogo, caracterizada por la sabiduría y la amplitud de horizontes. Permaneciendo fiel a sus valores religiosos y morales, y abierto al mensaje evangélico, Japón podrá ser un país líder para un mundo más justo y pacífico y para la armonía entre el hombre y el medio ambiente.

Queridos hermanos y hermanas, confiemos los pueblos de Tailandia y Japón a la bondad y  a la providencia de Dios. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano


Viaje a Tailandia y Japón: “Un don que agradezco al Señor”, describe el Papa

Resumen de la catequesis.

(ZENIT).- Tras regresar del viaje apostólico a Tailandia y Japón, donde el Papa Francisco ha estado del 20 al 26 de noviembre de 2019, ha compartido su experiencia con los visitantes y peregrinos en la audiencia general este miércoles, 27 de noviembre, a las 9:30 horas, en la plaza de San Pedro.

Para el Pontífice, el 32º viaje apostólico internacional que ha realizado a Asia ha sido “un don que agradezco al Señor, y a todos los que lo han hecho posible”, ha expresado.

En primer lugar, ha narrado cómo se desarrolló su visita a Tailandia, primera fase del viaje, donde quiso “rendir homenaje a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, y animar el compromiso por la armonía entre los diferentes componentes de la nación”, ha recordado el Santo Padre.

Allí, visitó al Patriarca supremo de los budistas, siendo la religión budista “parte integrante de la historia y de la vida de ese pueblo”. Además, participó en el encuentro ecuménico e interreligioso. Posteriormente visitó el Hospital Saint Louis, ha narrado, y tuvo un tiempo con sacerdotes, religiosos y obispos, como también con los jóvenes en la Catedral.

Japón, portavoz del derecho por la vida

La visita pontificia continuó en Japón, bajo el lema “Proteger todo tipo de vida”, un mensaje “significativo en aquella tierra que lleva las heridas del bombardeo atómico y del triple desastre de 2011”, ha descrito el Papa en la audiencia general, “es una nación que se ha hecho portavoz del derecho fundamental por la vida y la paz”.

En Nagasaki y en Hiroshima “condené nuevamente las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz cuando se construye y se vende material bélico”, ha contado Francisco.

En estos lugares, recordó además la memoria de los mártires san Paolo Miki y los 25 compañeros, el beato Justo Takayama y tantos hombres y mujeres que “han conservado la fe en los momentos de persecución”.

Finalmente, ha señalado, el Santo Padre tuvo en Tokio encuentros con los jóvenes, con la comunidad académica de la Universidad de “Sophia”, y terminó su estadía con la visita al Emperador Naruhito y a las autoridades del país, “ante los que pude manifestar mi deseo de promover una cultura de encuentro y diálogo, caracterizada por la amplitud de miradas y la sabiduría”, ha recordado.

ROSA DIE ALCOLEA

Audiencia General, 27 Noviembre 2019 (Foto: © Vatican Media)

Asia: Finaliza el 32º viaje apostólico internacional del Santo Padre

Despedida en el aeropuerto de Tokio.

(ZENIT).- El 26 de noviembre de 2019, ha finalizado el 32º viaje apostólico fuera de Roma del Papa Francisco.

El Santo Padre llegó el pasado 20 de noviembre a Bankok, capital de Tailandia, primera etapa de su viaje apostólico a Asia, que ha tenido lugar del 19 al 26 de noviembre y en el que también ha visitado Japón del 23 al 26.

Ceremonia de despedida
En torno a las 11:20, hora local (3:20 h. de Roma), Francisco llegó al aeropuerto de Tokio, donde tuvo lugar la ceremonia de despedida del Pontífice de Japón.

Allí, al salir de la sala VIP, saludó a los obispos japoneses y a las delegaciones presentes en el aeródromo para después subir a bordo del vuelo 8787-9 de la compañía All Nippon Airways, con destino Roma.

Despedida en el aeropuerto de Tokio, Japón (Foto: © Vatican Media)

El avión con el Santo Padre a bordo despegó del aeropuerto a las 11:43, hora local (3:43 h. en Roma). La llegada al aeropuerto de Roma- Fiumicino está prevista para las 19:05, hora local.

A su salida de Japón, el Obispo de Roma ha mandado un telegrama al al emperador Naruhito. En él expresó su agradecimiento al emperador, a su familia y a todo el pueblo japonés, por su “cálida bienvenida y generosa hospitalidad”, asegurándoles sus oraciones e invocando “abundantes gracias divinas” para ellos.

Nagasaki e Hiroshima

En estos días de estancia en Japón, el Pontífice ha visitado Tokio, Hiroshima y Nagasaki.

En Nagasaki, el Santo Padre acudió al parque del epicentro de la bomba atómica y al Monumento a los Mártires japoneses y celebró la Misa en el Estadio de Béisbol de la ciudad. En Hiroshima, presidió un Encuentro por la Paz en el que dos supervivientes de la explosión nuclear de 1946 ofrecieron su testimonio.

Tokio
En Tokio, por su parte, Francisco celebró la Eucaristía en el Estadio Tokyo Dome y tuvo encuentros oficiales con el emperador Naruhito, el primer ministro del país, Shinzō Abe, así como con las autoridades y el Cuerpo Diplomático.

Igualmente, se reunió con los obispos japoneses, con los jóvenes y con las víctimas de la triple catástrofe en 2011, el terremoto de magnitud 9 en la prefectura de Miyagi, que generó el tsunami y el posterior accidente de la central nuclear de Fukushima).

De forma privada, hoy, el Papa celebró la Misa con algunos miembros de la Compañía de Jesús, compartió el desayuno con ellos y visitó a los sacerdotes ancianos y enfermos.

Desarme nuclear
A lo largo de esta visita, el Papa Francisco ha pronunciado dos homilías públicas y siete discursos. A lo largo de los mismos, el Papa ha transmitido un fuerte mensaje por la abolición de las armas nucleares, ya que, como dijo en Hiroshima, “la verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”.

En esta línea, en su discurso a las autoridades y diplomáticos japoneses, también expresó que el diálogo es “la única arma digna del ser humano y capaz de garantizar una paz duradera”.

El Santo Padre también se refirió al lema de su visita en la homilía en Tokio, expresando que estamos “invitados a proteger toda vida” a abrazarla y recibirla como se presenta ‘con toda su fragilidad y pequeñez’ (…)” y a “desarrollar una pedagogía que acoja a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro o destilado, pero no por eso menos digno de amor”.

Esperanza
También habló de esperanza y fraternidad, al dirigirse a las víctimas de la triple tragedia, pues “nadie se ‘reconstruye’ solo, nadie puede volver a empezar solo”, y resulta “imprescindible encontrar una mano amiga, una mano hermana, capaz de ayudar a levantar no sólo la ciudad, sino la mirada y la esperanza”.

Asimismo, Francisco exhortó a los jóvenes a ser “testigos de que la amistad social es posible” y remitió a la esperanza en un “futuro basado en la cultura del encuentro, la aceptación, la fraternidad y el respeto a la dignidad de cada persona, especialmente hacia los más necesitados de amor y comprensión”.

Regalos a la Nunciatura Apostólica en Tokio

El Obispo de Roma ha ofrecido una Medalla del Viaje Apostólico como regalo a la Nunciatura Apostólica de Tailandia, en Tokio, realizada por la artista Daniela Longo

A la izquierda de la medalla hay una imagen de María Asunta al Cielo, patrona de la Iglesia en Tailandia y, a la derecha, la de la Virgen María con el Niño Jesús, venerada en Japón con el título de Virgen de Inventione Christianorum.

En el centro de las dos figuras se encuentra la cruz y, sobre ella, una hoja de palma que simboliza el martirio.

Alrededor del borde de la medalla hay 33 semillas, cada una de las cuales contiene la inicial del nombre de uno de los mártires: 26 de Japón y 7 de Tailandia.

En la parte inferior se encuentra la inscripción del Viaje Apostólico y la fecha.

Mosaico del pontificado

El Pontífice también ha regalado a la Nunciatura un mosaico que representa el escudo de armas de su pontificado.

En la parte superior del mismo se encuentra el símbolo de la Compañía de Jesús, compuesto de un sol radiante y ardiente, en el que se encuentra el acrónimo IHS y, sobre él, una cruz con tres clavos en su base.

El acrónimo IHS puede interpretarse como Iesus Hominum Salvator (Jesús, Salvador de la Humanidad), o In Hoc Signo (Vinces), de la memoria constantiniana. Posteriormente los jesuitas lo consideraron como Habemus Iesum Socium (Tenemos a Jesús como Compañero) y Societas Iesu Humilis (Sociedad Humilde de Jesús).

Además del símbolo de la Compañía de Jesús, se localizan una estrella, que simboliza a la Virgen María, y la flor de nardo, que en la iconografía hispana alude a la castidad de san José.

El lema que acompaña al escudo de armas del Papa Francisco, Miserando atque eligendo, constituye un homenaje a la misericordia divina. Está tomado de las homilías de san Beda el Venerable, que comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribió: “Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme”.

LARISSA I. LÓPEZ


Japón: “Proteger toda vida”, abrazarla y recibirla “como se presenta”

Homilía del Santo Padre en Tokio.

(ZENIT).- Frente a la realidad actual, como cristianos, el Santo Padre indicó que “somos invitados a proteger toda vida y testimoniar con sabiduría y coraje un estilo marcado por la gratuidad y la compasión, la generosidad y la escucha simple, capaz de abrazar y recibir la vida como se presenta ‘con toda su fragilidad y pequeñez’ (…)”.

El jueves 25 de noviembre de 2019, en torno a las 16, hora local (8 h. en Roma), el Papa Francisco ha presidido la Misa ofrecida por el don de la vida humana en el estadio Tokyo Dome, Tokio (Japón).

En su homilía, Francisco se refirió al evangelio, en el que se relata parte del “Sermón de la montaña” de Jesús, una montaña que representa “el lugar donde Dios se manifiesta y se da a conocer”

Misa en Tokio, 25 Nov. 2019 (Foto: © Vatican Media)

“En Jesús encontramos la cima de lo que significa ser humanos y nos muestra el camino que nos conduce a la plenitud capaz de desbordar todos los cálculos conocidos; en Él encontramos una vida nueva donde experimentar la libertad de sabernos hijos amados”, explicó.

“No se inquieten por su vida”

No obstante, indicó el Papa, esa libertad puede ser asfixiada cuando nos encerramos en la ansiedad y la competitividad o al centrar nuestra atención y energías en la productividad y el consumismo: “¡Cuánto oprime y encadena al alma el afán de creer que todo puede ser producido, conquistado o controlado”, lamentó.

Por otro lado, el Pontífice resaltó cómo en su encuentro de hoy con los jóvenes, estos les habían transmitido que, a pesar del desarrollo económico de Japón, “no son pocas” las personas aisladas y marginadas de la sociedad, “incapaces de comprender el significado de la vida y de su propia existencia”.

Así, el Obispo de Roma propuso “como bálsamo reparador”, las palabras del Señor, que insiste tres veces “No se inquieten por su vida… por el día de mañana (cf. Mt 6,25.31.34)”. Una invitación que no implica desentenderse o llama a la irresponsabilidad, sino que constituye “una provocación a abrir nuestras prioridades a un horizonte más amplio de sentido y generar así espacio para mirar en su misma dirección: ‘Busquen primero el Reino de los cielos y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura’ (Mt 6,33)”.

“Un nosotros compartido”

Con esto, explicó el Santo Padre, el Señor no exige concebir las necesidades básicas como menos importantes, sino que incita “a reconsiderar nuestras opciones cotidianas para no quedar atrapados o aislados en la búsqueda del éxito a cualquier costo, incluso de la propia vida”.

De manera que, frente al “yo aislado”, propone el ser “un nosotros compartido, celebrado y comunicado”, sabiendo que es necesario “consentir jubilosamente que nuestra realidad sea dádiva, y aceptar aun nuestra libertad como gracia”. Se trata de concebir el mundo como algo ofrecido y “no como dueños o propietarios. sino como partícipes de un mismo sueño creador”.

Todos somos dignos de amor

Igualmente, se invita a ser una comunidad capaz de desarrollar una pedagogía que acoja “a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro o destilado, pero no por eso menos digno de amor”, pues, “¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor?, ¿alguien, por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión, no es digno de amor?”, subrayó el Papa.

Para él, el anuncio del Evangelio impulsa y exige como comunidad “que nos convirtamos en un hospital de campaña, preparado para curar las heridas y ofrecer siempre un camino de reconciliación y perdón”, ya que, para el cristiano, “la única medida posible con la cual juzgar cada persona y situación es la de la compasión del Padre por todos sus hijos”.

LARISSA I. LÓPEZ

Homilía del Santo Padre

El evangelio que hemos escuchado es parte del primer gran sermón de Jesús; lo conocemos como el “Sermón de la montaña” y nos describe la belleza del camino que estamos invitados a transitar. Según la Biblia, la montaña es el lugar donde Dios se manifiesta y se da a conocer: «Sube hacia mí», le dijo a Moisés (cf. Ex 24,1). Una montaña donde la cima no se alcanza con voluntarismo ni “carrerismo” sino tan sólo con la atenta, paciente y delicada escucha del Maestro en medio de las encrucijadas del camino. La cima se hace llanura para regalarnos una perspectiva siempre nueva de todo lo que nos rodea, centrada en la compasión del Padre. En Jesús encontramos la cima de lo que significa ser humanos y nos muestra el camino que nos conduce a la plenitud capaz de desbordar todos los cálculos conocidos; en Él encontramos una vida nueva donde experimentar la libertad de sabernos hijos amados.

Pero somos conscientes de que, en el camino, esa libertad de hijos puede verse asfixiada y debilitada cuando quedamos encerrados en el círculo vicioso de la ansiedad y la competitividad, o cuando concentramos toda nuestra atención y mejores energías en la búsqueda sofocante y frenética de productividad y consumismo como único criterio para medir y convalidar nuestras opciones o definir quiénes somos y cuánto valemos. Una medida que poco a poco nos vuelve impermeables o insensibles a lo importante impulsando el corazón a latir con lo superfluo o pasajero. ¡Cuánto oprime y encadena al alma el afán de creer que todo puede ser producido, todo conquistado y todo controlado!

Aquí en Japón, en una sociedad con la economía altamente desarrollada, me hacían notar los jóvenes esta mañana en el encuentro que tuve con ellos, que no son pocas las personas que están socialmente aisladas, que permanecen al margen, incapaces de comprender el significado de la vida y de su propia existencia. El hogar, la escuela y la comunidad, destinados a ser lugares donde cada uno apoya y ayuda a los demás, están siendo cada vez más deteriorados por la competición excesiva en la búsqueda de la ganancia y la eficiencia. Muchas personas se sienten confundidas e intranquilas, están abrumadas por demasiadas exigencias y preocupaciones que les quitan la paz y el equilibrio.

Como bálsamo reparador suenan las palabras del Señor a no inquietarnos, a confiar. Tres veces con insistencia nos dice: No se inquieten por su vida… por el día de mañana (cf. Mt 6,25.31.34). Esto no significa una invitación a desentendernos de lo que pasa a nuestro alrededor o volvernos irresponsables de nuestras ocupaciones y responsabilidades diarias; sino, por lo contrario, es una provocación a abrir nuestras prioridades a un horizonte más amplio de sentido y generar así espacio para mirar en su misma dirección: «Busquen primero el Reino de los cielos y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura» (Mt 6,33).

El Señor no nos dice que las necesidades básicas, como la comida y la ropa, no sean importantes; nos invita, más bien, a reconsiderar nuestras opciones cotidianas para no quedar atrapados o aislados en la búsqueda del éxito a cualquier costo, incluso de la propia vida. Las actitudes mundanas que buscan y persiguen sólo el propio rédito o beneficio en este mundo, y el egoísmo que pretende la felicidad individual, en realidad sólo nos hacen sutilmente infelices y esclavos, además de obstaculizar el desarrollo de una sociedad verdaderamente armoniosa y humana.

Lo contrario al yo aislado, encerrado y hasta sofocado sólo puede ser un nosotros compartido, celebrado y comunicado (cf. Audiencia general, 13 febrero 2019). Esta invitación del Señor nos recuerda que «necesitamos “consentir jubilosamente que nuestra realidad sea dádiva, y aceptar aun nuestra libertad como gracia. Esto es lo difícil hoy en un mundo que cree tener algo por sí mismo, fruto de su propia originalidad o de su libertad”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 55). De ahí que, en la primera lectura, la Biblia nos recuerda cómo nuestro mundo, lleno de vida y belleza, es ante todo un regalo maravilloso del Creador que nos precede: «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (Gn 1,31); belleza y bondad ofrecida para que también podamos compartirla y ofrecérsela a los demás, no como dueños o propietarios sino como partícipes de un mismo sueño creador. «El auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» (Carta enc. Laudato si’, 70).

Frente a esta realidad, como comunidad cristiana somos invitados a proteger toda vida y testimoniar con sabiduría y coraje un estilo marcado por la gratuidad y la compasión, la generosidad y la escucha simple, un estilo capaz de abrazar y recibir la vida como se presenta «con toda su fragilidad y pequeñez, y hasta muchas veces con toda sus contradicciones e insignificancias» (Jornada Mundial de la Juventud, Panamá, Vigilia, 26 enero 2019). Se nos invita a ser una comunidad que pueda desarrollar esa pedagogía capaz de darle la «bienvenida a todo lo que no es perfecto, puro o destilado, pero no por eso menos digno de amor. ¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor?, ¿alguien, por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión, no es digno de amor? Así lo hizo Jesús: abrazó al leproso, al ciego, al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz e inclusive abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando» (ibíd.).

El anuncio del Evangelio de la Vida nos impulsa y exige, como comunidad, que nos convirtamos en un hospital de campaña, preparado para curar las heridas y ofrecer siempre un camino de reconciliación y de perdón. Porque para el cristiano la única medida posible con la cual juzgar cada persona y situación es la de la compasión del Padre por todos sus hijos.

Unidos al Señor, cooperando y dialogando siempre con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y también con los de convicciones religiosas diferentes, podemos transformarnos en levadura profética de una sociedad que proteja y se haga cargo cada vez más de toda vida.

© Librería Editorial Vaticana


Japón: 50.000 personas participan en la Misa dedicada al don de la vida

En el Estadio “Tokyo Dome”.

(ZENIT).- 50.000 personas, según las autoridades japonesas, han participado en la histórica celebración eucarística presidida por el Papa Francisco en el “Tokio Dome”. La Misa ha estado dedicada al “don de la vida humana”, en el marco de la visita apostólica del Pontífice a Japón, bajo el lema Proteger toda vida.

Como cristianos “somos invitados a proteger toda vida y testimoniar con sabiduría y coraje un estilo marcado por la gratuidad y la compasión, la generosidad y la escucha simple, capaz de abrazar y recibir la vida como se presenta”, ha exhortado Francisco en su homilía.

Misa en Tokio, presidida por el Papa Francisco (Foto: © Vatican News)

La liturgia se ha celebrado en rito latino. La Primera Lectura, del Libro del Génesis 1, 1. 26-31b, la ha leído una joven en portugués, y el pasaje del Evangelio Mateo 6, 24-34. Un gran coro de finas voces japonesas ha acompañado la celebración. El Salmo responsarial 32 ha sido cantado por una joven religiosa en japonés. “Los ojos del Señor están puestos sobre el que lo teme sobre el que espera en su amor”, dice la estribillo.

En Japón, los 540.000 católicos representan el 0,42% de los 126 millones de habitantes. Tokio es una de las ciudades más pobladas del mundo, cuenta con nueve millones y medio de habitantes. La Archidiócesis de Tokio cubre 20 millones de habitantes, siendo solamente 95.400 los católicos.

Para la oración universal, hombres y mujeres han leído las intenciones en inglés, en vietnamita, en japonés, en coreano, Tagalog (lengua que se habla en Filipinas) y en español.

Tokyo Dome

El Tokyo Dome fue inaugurado en 1988 es un estadio cubierto situado en el barrio de Bunkyō en Tokio. Fue construido sobre los terrenos del recinto deportivo de Kōrakuen e inaugurado el 17 de marzo de 1988. Desde entonces es utilizado para albergar grandes conciertos y competiciones deportivas, siendo la sede de los Yomiuri Giants de la Liga Japonesa de Béisbol Profesional.

El aforo del domo es de 45 600 espectadores en partidos de béisbol, ampliable hasta las 52 000 localidades en otras competiciones deportivas como lucha libre profesional, boxeo, artes marciales mixtas y fútbol americano. Para conciertos tiene una capacidad máxima superior a los 57 000 espectadores.


Francisco exhorta a los jóvenes de Japón: “¡Sean testigos de que la amistad social es posible!”

Encuentro en la Catedral de Tokio.

(ZENIT).- “Escuchen esto: Ustedes van a ser felices, ustedes van ser fecundos, si mantienen la capacidad de celebrar la vida con los demás”, ha recomendado el Papa Francisco a los jóvenes de Japón, reunidos hoy en la Catedral de Santa María Inmaculada, en Tokio, para escucharlo.

En su tercera jornada en Japón, dedicada a Tokio, Francisco ha dirigido un duro e intenso discurso a los jóvenes, con palabras improvisadas y provocaciones a la risa y la alegría. El encuentro ha tenido lugar a las 11:45 hora local (3:45 horas en Roma) en la Catedral de Santa María Inmaculada, en Tokio.

Cultura del encuentro

“¡Sean testigos de que la amistad social es posible!”, les ha exhortado el Pontífice, quien ha expresado la esperanza en un “futuro basado en la cultura del encuentro, la aceptación, la fraternidad y el respeto a la dignidad de cada persona, especialmente hacia los más necesitados de amor y comprensión”. Dado el alto porcentaje de bullying que se da en Japón, Francisco ha añadido: “Sin necesidad de agredir o despreciar, sino aprendiendo a reconocer la riqueza de los demás”.

Una joven japonesa regala unas flores al Papa (Foto: © Vatican Media)

“No es tan importante focalizarse y cuestionarse para qué vivo, sino para quién vivo. Las cosas son importantes pero las personas son imprescindibles”, ha indicado. “Sin ellas nos deshumanizamos, perdemos rostro, nombre, y nos volvemos un objeto más, quizás el mejor de todos, pero objetos al fin”.

“Es habitual ver que una persona, una comunidad o incluso una sociedad entera pueden estar altamente desarrolladas en su exterior, pero con una vida interior pobre y encogida, con el alma y la vitalidad apagada”, ha dicho el Papa Francisco a los jóvenes japoneses.

“Parecen muñequitos, ya terminados, que no tienen nada dentro. Todo les aburre, hay jóvenes que no sueñan. Es terrible un joven que no sueña, un joven que no hace espacio en su corazón para que entre Dios”, ha alertado.

Soledad, la mayor pobreza

“La soledad y la sensación de no ser amado es la pobreza más terrible”, ha parafraseado el Papa de la Madre Teresa de Calcuta. “¡Cuánta gente en todo el mundo es materialmente rica, pero vive esclava de una soledad sin igual!”.

Conocedor de este gran problema social en el gigante asiático, el Papa ha recordado la soledad que experimentan “tantas personas, jóvenes y adultas, de nuestras sociedades prósperas, pero a menudo tan anónimas”. Y ha invitado a los chicos a preguntarse: “¿Cuál sería para mí el mayor grado de pobreza mayor?”.

“Dediquen tiempo para su familia y amigos, pero también para Dios, orando y meditando. Cada uno en su propia creencia”, les ha pedido Francisco. “Si no donamos y ‘ganamos tiempo’ entre las personas, lo perderemos en muchas cosas que, al final del día, nos dejarán vacíos y aturdidos”.

ROSA DIE ALCOLEA

Discurso completo del Papa Francisco

Queridos jóvenes:

Gracias por venir, gracias por estar aquí. Ver y escuchar vuestra energía y entusiasmo me da alegría y me da esperanza. Les estoy agradecido por esto. También agradezco a Leonardo, Miki y Masako sus palabras de testimonio. Se necesita gran coraje y valentía para compartir lo que se lleva en el corazón como ustedes lo hicieron. Estoy seguro de que sus voces fueron eco de muchos de sus compañeros aquí presentes. ¡Gracias! Sé que en medio de ustedes hay jóvenes de otras nacionalidades, algunos de ellos buscan refugio. Aprendamos a construir juntos la sociedad que queremos para mañana.

Cuando los miro, puedo ver la diversidad cultural y religiosa de los jóvenes que viven en el Japón hoy, y también algo de la belleza que vuestra generación ofrece al futuro. La amistad entre ustedes, su presencia aquí recuerda a todos que el futuro no es monocromático, sino que es posible si nos animamos a mirarlo en la variedad y en la diversidad de lo que cada uno puede aportar. Cuánto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos. No nos hicieron a máquina, todos en serie. Cada uno viene del amor de sus padres y de su familia, por eso somos todos distintos, cada uno trae una historia para compartir. (Cuando yo digo algo que no está traducido, lo va a traducir él, ¿de acuerdo?) Necesitamos crecer en fraternidad, en preocupación por los demás, en respeto por las diferentes experiencias y puntos de vista. Este encuentro es una fiesta porque estamos diciendo que la cultura del encuentro es posible, que no es una utopía, y que ustedes, los jóvenes, tienen esa sensibilidad especial para llevarla adelante.

Me impresionaron las preguntas que hicieron, porque reflejan vuestras experiencias concretas, y también vuestras esperanzas y vuestros sueños para el futuro.

Gracias, Leonardo, por compartir la experiencia de bullying y discriminación que sufriste. Cada vez más los jóvenes encuentran el valor de hablar sobre experiencias como la tuya. En mi edad, cuando yo era joven, nunca se hablaba de cosas como las que dijo Leonardo. Lo más cruel del bullying, del acoso escolar, es que hiere nuestro espíritu y nuestra autoestima en el momento en que más necesitamos fortaleza para aceptarnos a nosotros mismos y poder encarar nuevos retos en la vida. En ocasiones, las víctimas de bullying incluso se culpan a sí mismas por haber sido blanco “fácil”. Pueden sentirse fracasados, débiles y sin valor, y llegar a situaciones altamente dramáticas: “Si tan solo yo fuera diferente…”. Sin embargo, paradójicamente, son los acosadores los que hacen el bullying, los verdaderamente débiles, porque piensan que pueden afirmar su propia identidad lastimando a los demás. Algunas veces atacan a cualquiera que consideran diferente, que representa algo que los amenaza. En el fondo, los acosadores, los que hacen el bullying tienen miedo, son miedosos que se cubren en la apariencia de fortaleza. Y en esto —presten atención—, cuando ustedes sientan, vean que alguno tiene necesidad de herir a otro, de hacer el bullying a otro, de acosarlo, ese es el débil, el acosado no es el débil, es el que acosa al débil porque necesita hacerse el grandecito, el fuerte para sentirse persona. Yo le dije a Leonardo recién: “Cuándo te digan que sos obeso, decíle, es peor ser flaco como vos”. Debemos unirnos todos contra esta cultura del “bulismo”, todos juntos contra esta cultura del “bulismo”, y aprender a decir: ¡Basta! Es una  epidemia donde la mejor medicina la pueden poner entre ustedes mismos. No alcanza con que las Instituciones educativas o los adultos usen todos los recursos que están a su alcance para prevenir esta tragedia, sino que es necesario que entre ustedes, entre amigos, entre compañeros, puedan unirse para decir: ¡No! No al “bulismo”, no a la agresión al otro. Eso está mal. No hay mayor arma para defenderse de estas acciones que la de poder “levantarse” entre compañeros y amigos, y decir: Esto que estás haciendo, el “bulismo”, es grave.

El que hace “bulismo” es un miedoso, y el miedo siempre es enemigo del bien, por eso es enemigo del amor y de la paz. Las grandes religiones, todas las religiones que cada una de nosotros practica, enseñan tolerancia, enseñan armonía, enseñan misericordia; las religiones no enseñan miedo, división o conflicto. Para nosotros los cristianos, escuchamos a Jesús que constantemente les decía a sus seguidores que no tuvieran miedo. ¿Por qué? Porque si estamos con Dios y amamos con Dios y a nuestros hermanos ese amor expulsa el temor (cf. 1 Jn 4,18). Para muchos de nosotros, como bien nos lo recordaste Leonardo, mirar la vida de Jesús nos permite encontrar consuelo, porque Jesús mismo sabía lo que significaba ser despreciado y rechazado, incluso hasta el punto de ser crucificado. También sabía lo que era ser un extraño, un migrante, uno “diferente”. En cierto sentido —y acá estoy hablando a los cristianos y a los que no son cristianos, véanlo como modelo religioso—, Jesús fue el más “marginado”, un marginado lleno de Vida para dar. Leonardo, podemos siempre mirar todo lo que nos falta, pero también podemos descubrir la vida que somos capaces de dar y donar. El mundo te necesita, nunca te olvides de eso; el Señor te necesita, tiene necesidad de ti para que puedas darle el coraje a tantos que hoy piden una mano que los ayude a levantarse. Les quiero decir una cosa a todos, que les va a servir en la vida: mirar con desprecio, menosprecio a una persona es mirarla de arriba hacia abajo, es decir, yo soy superior y vos sos inferior,  pero hay una sola manera que es lícita y que es justa de mirar a una persona de arriba hacia abajo, para ayudar a levantarla. Si alguno de nosotros, y me incluyo, mira a una persona de arriba hacia abajo con desprecio, es poca cosa; pero si alguno de nosotros mira a una persona de arriba hacia abajo para tenderle la mano y ayudarla a levantarse, ese hombre o esa mujer es un grande. Así que cuando miren a uno de arriba hacia abajo pregúntense: ¿Dónde está mi mano, está escondida o está ayudándolo a levantarse?; y van a ser felices. ¿De acuerdo? ¿De acuerdo o no?. Están todos mudos.

Y esto implica aprender a desarrollar una cualidad muy importante, pero devaluada: la capacidad de aprender a donar tiempo para los demás, a escucharlos, a compartir con ellos, comprenderlos; y sólo así vamos a abrir nuestras historias y nuestras heridas a un amor que nos va a transformar y comenzar a cambiar el mundo que nos rodea. Si no donamos, si no perdemos tiempo, ganamos tiempo” entre las personas, lo perderemos en muchas cosas que, al final del día, nos dejarán vacíos y aturdidos —en mi tierra natal dirían nos llenan de cosas hasta que nos empachan—. Así que, por favor, dediquen tiempo para su familia, dediquen tiempo a los amigos, y también para Dios, orando y meditando, cada uno según su propia creencia. Y, si les resulta difícil, rezar; no se rindan. Un sabio guía espiritual dijo una vez: la oración se trata principalmente de estar simplemente allí. Estate quieto, hacé espacio para que entre Dios, déjate mirar y Él te va a llenar de su paz.

Y esto es exactamente lo que Miki nos decía; preguntó cómo pueden los jóvenes hacer espacio para Dios en una sociedad frenética, enfocada en ser solamente competitiva y productiva. Es habitual ver que una persona, una comunidad o incluso una sociedad entera pueden estar altamente desarrolladas en su exterior, pero con una vida dentro pobre y encogida, con el alma y la vitalidad apagada, parecen muñequitos ya terminados que no tienen nada dentro. Todo les aburre, hay jóvenes que no sueñan, es terrible un joven que no sueña, un joven que no hace espacio para soñar, para que entre Dios, para que entren las ilusiones y sea fecundo en la vida. Hay hombres o mujeres que se olvidaron de reír, que no juegan, que no conocen el sentido de la admiración y la sorpresa. Hombres y mujeres que viven como zombis, su corazón dejó de latir. ¿Por qué? Por la incapacidad de celebrar la vida con los demás. Escuchen esto, ustedes van a ser felices, ustedes van a ser fecundos si mantienen la capacidad de celebrar la vida con los demás. ¡Cuánta gente en todo el mundo es materialmente rica, pero vive esclava de una soledad sin igual! Pienso aquí en la soledad que experimentan tantas personas, jóvenes y adultas, de nuestras sociedades prósperas, pero a menudo tan anónimas.

La Madre Teresa, que trabajaba entre los más pobres de los pobres, dijo una vez algo que es  profético, algo que es rico: «La soledad y la sensación de no ser amado es la pobreza más terrible». Quizás nos hace bien preguntarnos: Para mí, ¿cuál es la pobreza más terrible, cuál sería para mí el grado de pobreza mayor? Y si somos honestos nos vamos a dar cuenta que la pobreza más grande que podemos tener es la soledad y la sensación de no ser amado. ¿Entienden? Está demasiado aburrido el discurso o puedo seguir. ¿Está aburrido? [Jóvenes responden: No] Falta poco.

Combatir esta pobreza espiritual es una tarea a la que todos estamos llamados, y ustedes, los jóvenes tienen un papel especial que desempeñar, porque exige un cambio importante en nuestras prioridades, en nuestras opciones. Implica reconocer que lo más importante no radica en todas las cosas que tengo o puedo conquistar, sino a quién tengo para compartirlas. No es tan importante focalizarse y cuestionarse para qué vivo, sino para quién vivo. Aprendan a hacerse esa pregunta: No, para qué vivo; sino para quién vivo, con quién comparto la vida. Las cosas son importantes pero las personas son imprescindibles; sin ellas nos deshumanizamos, perdemos rostro, perdemos nombre, y nos volvemos un objeto más, quizás el mejor de todos, pero objetos, y no somos objetos, somos personas.

El libro del Eclesiástico dice: «Un  amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra encontró un tesoro» (6,14) . Por eso, es siempre importante preguntarse: «¿Para quién soy yo? Ciertamente para Dios, Pero Él quiso que seas también para los demás, y puso en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para otros» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 286), para compartir con otros, no sólo vivir la vida sino compartir la vida. Compartir la vida.

Y esto es algo hermoso que ustedes pueden ofrecer a nuestro mundo. Los jóvenes tienen que dar algo al mundo. ¡Sean testigos de que la amistad social, la amistad entre ustedes, es posible! Esperanza en un futuro basado en la cultura del encuentro, la aceptación, la fraternidad y el respeto a la dignidad de cada persona, especialmente hacia los más necesitados de amor y comprensión. Sin necesidad de agredir o despreciar, sino aprendiendo a reconocer la riqueza de los demás.

Un pensamiento que nos puede ayudar, para mantenernos vivos físicamente, tenemos que respirar, es una acción que realizamos sin darnos cuenta, todos respiramos automáticamente. Para mantenernos vivos en el sentido pleno y amplio de la palabra, necesitamos también aprender a respirar espiritualmente, a través de la oración, la meditación, en un movimiento interno, mediante el cual podemos escuchar a Dios, que nos habla en lo profundo de nuestro corazón. Y también necesitamos de un movimiento externo, por el que nos acercamos a los demás con actos de amor, con actos de servicio. Este doble movimiento nos permite crecer y descubrir no sólo que Dios nos ha amado, sino que nos confió a cada uno una misión, una vocación única y que la descubriremos en la medida en la que nos demos a los demás, a personas concretas.

Masako nos habló sobre estas cosas desde su propia experiencia como estudiante y maestra. Preguntó cómo se puede ayudar a los jóvenes a que se den cuenta de la propia bondad y valor. Una vez más, les quisiera decir que, para crecer, para descubrir nuestra propia identidad, la propia bondad y la propia belleza interior, no podemos mirarnos en el espejo. Se han inventado muchas cosas, pero gracias a Dios todavía no existen selfies del alma. Para ser felices, necesitamos pedirle ayuda a los demás, que la foto la saque otro, es decir, salir de nosotros mismos, ir hacia los demás, especialmente hacia los más necesitados (cf. ibíd., 171). Les quiero decir una cosa, no se miren demasiado a ustedes mismos, no se miren demasiado en el espejo de ustedes mismos, porque corren el riesgo de que de tanto mirarse se rompa el espejo. Y ya termino, ¡era hora! De modo particular, les pido que extiendan los brazos de la amistad y reciban a quienes vienen, a menudo después de un gran sufrimiento, a buscar refugio en su país. Con nosotros está aquí presente un pequeño grupo de refugiados; vuestra acogida testimoniará que para muchos pueden ser extraños, pero para ustedes pueden ser considerados hermanos y hermanas.

Un maestro sabio dijo una vez que la clave para crecer en sabiduría no era tanto encontrar las respuestas correctas, sino descubrir las preguntas correctas. Cada uno de ustedes piense:¿Yo sé responder a las cosas? ¿Y yo sé responder bien a las cosas, hacer las respuestas correctas. Si alguno dice que sí, te felicito, pero hacete la otra pregunta: “¿Yo sé hacer las preguntas correctas? Yo tengo el corazón inquieto que me lleva a preguntar continuamente a la vida, a mí mismo, a los demás, a Dios?”. Con las respuestas correctas ustedes pasan el examen, pero sin las preguntas correctas no pasan la vida. No todos ustedes son maestros como Masako, pero espero que puedan hacerse muy buenas preguntas, cuestionarse y ayudar a otros a hacerse buenas y cuestionadoras preguntas sobre el significado de la vida, de cómo podemos dar forma a un futuro mejor para quienes vendrán después de nosotros.

Queridos jóvenes: Gracias por vuestra amistosa atención, y gracias por la paciencia, por todo este tiempo que me regalaron y poder compartir un poco de vuestras vidas. No tapen los sueños, no aturdan sus sueños, den espacio a los sueños y anímense a mirar grandes horizontes, y anímense a mirar lo que les espera si se animan a construirlos juntos. Japón los necesita, el mundo los necesita despiertos, no dormidos, los necesita generosos, alegres y entusiastas, capaces de construir una casa para todos. Yo les prometo que voy a rezar por ustedes, para que crezcan en sabiduría espiritual, para que sepan hacer las preguntas correctas, para que se olviden del espejo y sepan mirar los ojos de los demás.

A todos ustedes, y a sus familias y amigos les hago llegar mis mejores deseos, mi bendición, y les pido que se acuerden también de mandarme buenos deseos y mandarme bendiciones.

Muchas gracias.

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