El Papa abraza a refugiados y personas sin hogar

Alegría y emoción esta tarde en el Atrio del Aula Pablo VI, donde el Papa habló a un centenar de personas invitadas a ver el documental «Francisco».

Ciudad del Vaticano, 7 de septiembre 2021.- Más de 100 refugiados y personas sin hogar asistieron esta noche a la proyección de la película «Francisco» en el Aula Nueva del Sínodo, entre ellos dos familias de refugiados de Afganistán recientemente evacuados de Kabul. El acto fue organizado por la Fundación Laudato si’ y por el director Evgeny Afineevsky, que dirigió su saludo personal a los asistentes, recordando la historia migratoria de su familia, originaria de Rusia, que luego huyó a Israel y finalmente se instaló en Estados Unidos.

La proyección tuvo lugar en un ambiente de fuerte emoción para los presentes, que encarnaban las tragedias de más de 30 pueblos, víctimas de guerras, emergencias medioambientales y persecuciones. Una tensión que se diluyó al final de la película cuando el Papa Francisco abrazó personalmente a los refugiados en el atrio del Aula Pablo VI.

En un ambiente informal y de gran afecto, cada persona, cada grupo familiar, pudo recibir unas palabras de consuelo directamente del Papa, en medio del asombro de los más pequeños, incrédulos al encontrar frente a ellos al protagonista de la película que acababan de ver.

El encuentro con los 20 refugiados afganos recién escapados del caos del aeropuerto de Kabul fue muy intenso. El Papa -como precisó un comunicado del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni- dirigió “palabras de afecto y consuelo». Entre ellos había cuatro hermanos de entre 20 y 14 años, que llegaron a Italia gracias al apoyo de la Comunidad de San Egidio. Fueron confiados a un tío que fue expatriado desde hace unos años y que tuvo que abandonar a sus padres, atrapados en campos de refugiados en Irán.

Bismillah, el mayor de los cuatro, contó a Vatican News lo importante que fue para ellos sentirse acogidos, escuchados y comprendidos por el Papa Francisco y cómo su presencia esta tarde fue importante para darles una nueva esperanza para el futuro.
Al final del encuentro, los refugiados, en un ambiente festivo y de gran empatía, acompañaron al Papa Francisco hasta el coche que le esperaba fuera del Aula Pablo VI para llevarle de vuelta a la Casa Santa Marta. Los organizadores repartieron luego paquetes de alimentos para todos.

Stefano Leszczynski (Vatican News)
Imagen: El encuentro del Santo Padre con las personas sin hogar y refugiados afganos,
tras la proyección del film-documentario «Francesco», el lunes 6 de setiembre

El Papa a la Fundación Arché: “gracias por crear historias y rostros bonitos”

Los miembros de la Fundación italiana Arché junto a su fundador, el padre Giuseppe Bettoni, se reúnen con el Pontífice en la Sala Clementina del Vaticano.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- Pasado mañana la Fundación Arché inaugurará una casa en Roma que albergará una nueva comunidad. Ha sido este el motivo principal por el que el Papa se ha reunido con los miembros de dicha fundación esta mañana en la Sala Clementina del Vaticano. “Que sea un lugar donde se viva el estilo de Dios, que es cercanía, ternura y compasión. Y que la estructura esté siempre al servicio de las personas, no al revés” ha sido el deseo que el Santo Padre ha expresado a sus miembros, a la vez que daba sus agradecimientos por dicha obra, tanto por parte suya, como por parte de la diócesis de Roma.

Entre los agradecimientos, Francisco se ha dirigido al fundador, Don Giuseppe Bettoni, para elogiar su trabajo durante estos treinta años, desde que comenzó su compromiso de acoger a las madres con hijos: “Lo has llamado «Arché», que recuerda el origen, el principio, y sabemos que en el principio está el Amor, el amor de Dios. Todo lo que es vida, todo lo que es bello, bueno y verdadero viene de ahí, de Dios que es amor, como la vida humana viene del corazón y del vientre de una madre, y como Jesús, que es el Amor hecho carne, vino del corazón y del vientre de una madre” ha dicho el Papa.

Un signo de esperanza
“En esta lógica – ha continuado el Santo Padre – al principio están los rostros: para ustedes son los rostros de esas madres y niños que han acogido y ayudado a liberarse de las ataduras de la violencia y el maltrato. Incluso las mujeres migrantes que llevan en sus carnes experiencias dramáticas”. Es por ello que el Papa describe a las comunidades de acogida de la fundación como un signo de esperanza: “en primer lugar para estas mujeres y sus hijos, pero también son un signo de esperanza para vosotros mismos al compartir vuestras vidas con ellos; y para los voluntarios, los jóvenes, las parejas jóvenes que en estas comunidades experimentan el servicio no sólo para los pobres – una cosa muy buena – pero mas bueno es con los pobres”.

El icono de una Madre y un Niño
“El icono de la Madre y el Hijo es tan familiar para nosotros los cristianos, y para ustedes no se ha quedado sólo en una imagen bonita: la han traducido en una experiencia concreta, hecha de historias y rostros concretos” ha asegurado el Papa. De hecho – ha concluido – “esto significa ciertamente problemas, dificultades, penurias… Pero al mismo tiempo significa alegría, la alegría de ver que el compartir abre caminos de libertad, renacimiento y dignidad”.

Mireia Bonilla (Vatican News)
Imagen: El Papa con algunas madres y niños de la Fundación Arché
(Foto: Vatican Media)

El Papa, en la COPE, tras su operación: “Ni se me pasó por la cabeza renunciar”

Francisco es entrevistado por Carlos Herrera en Radio COPE. Por primera vez habla de su intervención médica y también de Afghanistan, China, eutanasia, reforma de la Curia.

Bueno, le debo preguntar en primer lugar, Santo Padre, ¿cómo se encuentra?
Todavía vivo. [Risas]

Su operación reciente, que fue una operación de envergadura, nos dejó una cierta preocupación…
Y sí, estas cosas que nacen de los divertículos… y qué sé yo… por ahí se deforman, se necrosan… pero gracias a Dios fue tomada a tiempo, y ya me ve.

Tengo entendido, además, que la acción de un enfermero fue la que le señaló, la que le alertó en primer lugar.
¡Me salvó la vida! Me dijo: “Usted tiene que operarse”. Había otras opiniones: “No, que con antibiótico…” y él me explicó muy bien. Es enfermero de acá, del servicio sanitario nuestro, del hospital del Vaticano. Hace treinta años que está aquí, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida.

¿Cuándo fue la primera?
La primera vez fue en el año 57, cuando pensaban que era una gripe, una epidemia de esas de gripe en el seminario, y me curaba el enfermero del seminario con aspirina. Y para los otros iba bien, pero conmigo no andaba y me llevaron al hospital, y me sacaron agua del pulmón. El médico dijo, no me acuerdo cuánto, digamos un millón de unidades de penicilina y tantas de estreptomicina –eran los únicos antibióticos de la época—y, cuando se fue, la enfermera dijo: “El doble”.

¿Y eso le salvó?
Sí. Porque si no, no hubiera…

Uno de los… no diré de los secretos mejor guardados del Vaticano, pero una de las cuestiones que tradicionalmente más interesa es la salud del Papa.
Sí, evidentemente.

No ha habido ninguna sorpresa, estaba todo programado…
Estaba todo programado y se avisó… Después del Ángelus me fui directamente, eso sería casi a la una, y se avisó a las 15.30h, cuando ya estaba en los preliminares.

Usted ha dicho, Santidad, que “mala hierba nunca muere”…
Así es, así es, y eso vale para mí también, vale para todos.

¿Los médicos [sic] le han prohibido algo, hay algún ultimátum? ¿Hay algo que Su Santidad no pueda hacer y a lo que no esté dispuesto?
No entiendo.

¿Algo le han prohibido los médicos?
PF: ¡Ah, los médicos! Perdón, le había entendido “los medios”.

[Risas] Bueno, los medios ya sabe que también tienen tentaciones. Pero los médicos en este caso.
Ahora puedo comer de todo, cosa que antes con los divertículos no se podía. Puedo comer de todo. Todavía tengo las medicinas posoperatorias, porque el cerebro tiene que registrar que tiene 33 centímetros menos de intestino. Y todo me lo maneja el cerebro, el cerebro maneja todo nuestro cuerpo, y le lleva tiempo registrarlo. Pero vida normal, llevo una vida totalmente normal.

Come lo que quiere…
Lo que quiero.

Camina, hace esfuerzo…
Hoy toda la mañana en audiencias, toda la mañana.

Ahora se va a un viaje a Eslovaquia y a Hungría. Tengo entendido que es el 34º viaje de su Pontificado.
No me acuerdo bien del número, pero debe de ser.

¿El programa va a ser igual de intenso? Yo creo que a los papas, Santidad, les hacen hacer una auténtica yincana. Yo siempre me he preguntado por qué los papas no van dos días más y reparten el trabajo en dos días más, porque son de las 24 horas 18 aproximadamente haciendo cosas. ¿Va a tener que medir más sus fuerzas después de la operación o no?
Quizás en este primer viaje un poco más, porque uno tiene que reponerse del todo, ¿no?, pero al final va a ser igual que los otros, ya lo va a ver. [Ríe]

¿Teme Su Santidad que una de las cosas más insistentes con las que los medios, esencialmente italianos, le distinguen a usted, Santo Padre, es que cuando se pone en duda la salud del Papa muchos piensan o insisten en el viejo argumento de la renuncia, el me voy a casa, no puedo más…? Es una constante permanente, yo creo, en su vida como Papa, ¿no?
Sí, incluso me dijeron que la semana pasada estuvo de moda eso. Eva [Fernández] me dijo eso, incluso me lo dijo con una expresión argentina muy linda, y yo le dije que no tenía idea porque yo leo un solo diario acá en la mañana, el diario de Roma. Lo leo porque me gusta el modo de titular que tiene, lo leo rápido y punto, no entro en el juego. Televisión no veo. Y recibo, sí, el informe más o menos de las noticias del día, pero de eso me enteré mucho después, algunos días después, que había una cosa de que yo renunciaba. Siempre que un Papa está enfermo corre brisa o huracán de cónclave. [Risas].

¿Cómo ha sido el confinamiento del Papa? El tiempo en el que hemos estado confinados en casa. ¿Qué ha hecho el Papa durante el confinamiento?
Primero aguantarme a mí mismo, ¿no?, que no es fácil. Es una ciencia que todavía tengo que terminar de aprender. Es difícil aguantarse a sí mismo.

Lleva mucha costumbre, lleva muchos años…
Sí, pero es difícil. Uno a veces es caprichoso consigo mismo, y quiere que las cosas salgan en automático. Después empecé a retomar las cosas de a poco y, hoy día, estoy llevando vida normal. Esta mañana, toda la mañana de audiencias; hoy es la segunda audiencia de la tarde (empecé a las 15.30h) y sigo adelante.

Aunque la meta de su próximo viaje es a Eslovaquia, muchos van a estar pendientes de su encuentro con el primer ministro de Hungría, Víctor Orban, con quien no comparte algunos puntos de su programa de gobierno, especialmente lo relativo al cierre de fronteras. ¿Qué le gustaría decirle si tuviese la ocasión de encontrarse con él a solas?
Yo no sé si me voy a encontrar con él. Sé que autoridades van a venir a saludarme. Yo no voy al centro de Budapest, sino al lugar del Congreso [Eucarístico], y hay un salón donde me reuniré con los obispos y ahí recibiré a las autoridades que vengan. No sé quién vendrá. Al presidente lo conozco porque estuvo en la misa en Transilvania, esa parte de Rumanía donde se habla en húngaro, una misa preciosa en húngaro, y vino con un ministro. Creo que no era Orban… porque al final de la misa se saluda formalmente… yo no sé quién vendrá…

Y una de las cosas que yo tengo es no andar con libreto: cuando estoy delante de una persona la miro a los ojos y dejo que salgan las cosas. Ni se me ocurre pensar en qué le voy a decir en el caso de estar con él, son una serie de futuribles que a mí no me ayudan. Me gusta lo concreto; lo futurible te enreda, te hace mal.

El nuevo mapa político que afronta Afganistán, Su Santidad lo sigue de cerca. Se ha dejado a su suerte al país tras muchos años de ocupación militar. ¿El Vaticano puede mover hilos diplomáticos para intentar que no haya represalias contra la población, para tantas otras cosas?
Sí. Y, de hecho, estoy seguro de que la Secretaría de Estado lo está haciendo porque el nivel diplomático del Secretario de Estado es muy alto y el de su equipo, también el de Relaciones con las Naciones. Realmente el cardenal Parolin es el mejor diplomático que yo he conocido. Diplomático que suma, no de esos que restan, que siempre busca, un hombre de acuerdo. Estoy seguro que está ayudando o al menos ofreciéndose. Es una situación difícil. Yo creo que como pastor debo llamar a los cristianos a una oración especial en este momento. Es verdad que vivimos en un mundo de guerras, (piense en Yemen, por ejemplo). Pero esto es algo muy especial, tiene otro significado. Y yo voy a tratar de pedir lo que pide siempre la Iglesia en los momentos de mayor dificultad y de crisis: más oración y ayuno. Oración, penitencia y ayuno, que es lo que en los momentos de crisis se pide. Y respecto al hecho de 20 años de ocupación y después se deja, yo recordé otros hechos históricos, pero me tocó una cosa que dijo la canciller Merkel, que es una de las grandes figuras de la política mundial, en Moscú, el pasado 20 [de agosto]. Traduzco. Espero que la traducción sea correcta: “Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera y de construir en otros países la democracia, ignorando las tradiciones de los pueblos”. Lapidaria. Creo que esto dice mucho, que cada uno lo interprete. Pero ahí me sentí con una sabiduría delante de esto que dijo esta mujer.

El hecho de que Occidente renuncie, fundamentalmente la coalición que encabeza EE.UU. y la propia UE… ¿al Santo Padre le desalienta o cree que es el camino adecuado? ¿Hay que dejarles a su suerte?
Son tres cosas distintas. El hecho de renunciar es lícito. El eco que tiene en mí es otra cosa. Y lo tercero, usted dijo “dejarlos a su suerte”; yo diría el modo de cómo renunciar, el modo en cómo se negocia una salida, ¿no es cierto? Por lo que se ve, aquí no se tuvieron en cuenta –parece, no quiero juzgar–, todas las eventualidades. No sé si habrá una revisión o no, pero ciertamente hubo mucho engaño de parte quizás de las nuevas autoridades. Digo engaño o mucha ingenuidad, no entiendo. Pero yo aquí vería el modo. Y esto de la señora Merkel creo que subraya.

El Papa yo me imagino que se puede permitir desengaños como cualquier cristiano. ¿Cuál ha sido el mayor desengaño como Santo Padre que ha tenido, Santidad?
Tuve varios. Tuve varios desengaños en la vida y eso es bueno porque los desengaños te hacen aterrizar de emergencia. Son aterrizajes de emergencia en la vida. Y el asunto está en levantarse. Hay una canción alpina que a mí me dice mucho: “En el arte de ascender lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído’. Y vos, delante de un desengaño, tenés dos caminos: o te quedas ahí diciendo que esto no va –como dice el tango: “Dale que va, que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar”– o me levanto y apuesto de nuevo. Y creo que delante de una guerra, delante de una derrota, hasta de un desengaño propio o un fracaso propio o el propio pecado, hay que levantarse y no permanecer caído.

El diablo siempre se dice que está encantado de que la gente crea que no existe. ¿El diablo también corretea por el Vaticano?
[Ríe] El diablo corretea por todos los lados, pero yo a quien le tengo más miedo son a los diablos educados. Esos que te tocan el timbre, que te piden permiso, que entran en tu casa, que se hacen amigos…

¿Pero Jesús nunca habló de eso?
¡Sí que habló! Sí que habló. Cuando dice esto: cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, cuando alguien se convierte o cambia de vida, va y empieza a dar vueltas por ahí, en lugares áridos, se aburre… y después de un tiempo dice “voy a volver para ver cómo está aquello”, y ve la casa toda ordenada, toda cambiada. Entonces busca a siete peores que él y entra con otra actitud. Por eso digo que son los diablos educados, los que tocan el timbre. La ingenuidad de esta persona lo deja entrar y el fin de ese hombre es peor que el principio, dice el Señor. Tengo pavor a los diablos educados. Son los peores, y uno se engaña mucho. Uno se engaña mucho.

En marzo se van a cumplir nueve años del inicio de su Pontificado, que no ha sido aquel pontificado breve de 4-5 años que dijo Su Santidad. ¿Se encuentra satisfecho de los cambios emprendidos o le queda alguna cosa pendiente que quisiera rematar de forma inminente? Es decir, ¿tiene la sensación de que Dios le ha dado un tiempo extra por algo?
Evidentemente que a mí el nombramiento me agarró por sorpresa porque vine con una valijita. Porque yo acá tenía la sotana. Me habían regalado una cuando me hicieron cardenal y la dejé en casa de unas monjas para no tener que… Yo pertenecía a cinco o seis congregaciones acá y entonces tenía que viajar, para no venir con eso… Vine como siempre. Y dejé preparadas las homilías de la Semana Santa allá en el obispado. Es decir, me agarró por sorpresa. Pero no hay nada mío inventado, lo que hice desde el principio es procurar poner en marcha lo que los cardenales dijimos en las reuniones precónclave para el próximo Papa: el próximo Papa tiene que hacer esto, esto, esto, esto. Y esto es lo que yo empecé a poner en marcha. Creo que quedan varias cosas por hacer todavía, pero no hay nada inventado por mí. Yo estoy obedeciendo a lo que se marcó en aquel momento. Quizás algunos no se daban cuenta de lo que estaban diciendo o pensaban que no era tan grave, pero algunos temas provocan escozor, es verdad. Pero no hay una originalidad mía en el plan. Y mi proyecto de trabajo, ‘Evangelii Gaudium’, es una cosa en la que traté de resumir lo que los cardenales dijimos en ese momento.

Es decir, cuando salió usted de Buenos Aires, ¿en ningún momento contempló la posibilidad de que no iba a volver?
No, para nada. Para nada. Si tuve que atrasar cosas para allá esenciales. Por la edad mismo no se me ocurrió. Cuando no se te ocurren cosas, no más. Pero yo lo único que hice fue tratar de resumir todo; pedí las actas de esas reuniones –en que yo estaba presente, pero para no olvidarme– y poner en marcha eso.

Uno de los últimos terremotos en el Vaticano, al menos en los medios, es el macroproceso por corrupción en el que está imputado el cardenal Becciu. Él asegura que va a quedar demostrada su inocencia. Desde fuera da la impresión de que la reforma de las finanzas vaticanas es como ese caracol que trepa por el pozo y cada vez que avanza un metro retrocede dos. ¿Hay esperanza? ¿Cómo cree que acabará este asunto? En todos los organismos la corrupción es un pecado inherente, inevitable, pero ¿en qué manera puede ser evitable dentro del Vaticano?
Hay que poner todos los medios para evitarlo, pero es una historia vieja. Mirando hacia atrás, tenemos la historia de Marcinkus, que la recordamos bien; la historia de Danzi, la historia de Szoka…Es una enfermedad en la que se recae. Creo que hoy día se ha progresado en la consolidación de la justicia del Estado Vaticano. Desde hace tres años se fue avanzando de tal manera que la justicia fuera más independiente, con los medios técnicos, incluso con declaración de testigos grabados, las cosas técnicas actuales, nombramientos de jueces nuevos, del ministerio público nuevo… y esto fue llevando adelante las cosas. Y ayudó. La estructura ayudó a enfrentar esta situación que parecía que no iba a existir nunca. Y todo empezó con dos denuncias de personas que trabajan en el Vaticano y que en sus funciones vieron una irregularidad. Hicieron una denuncia y me preguntaron qué se hace. Yo les dije: si quieren ir adelante tienen que presentarlo al fiscal. Era un poco desafiante la cosa, pero eran dos personas de bien, estaban un poco acobardadas y entonces como para darles ánimos metí mi firma debajo de la de ellos. Para decir: este es el camino, no le tengo miedo a la transparencia ni a la verdad. A veces duele, y mucho, pero la verdad es lo que nos hace libres. Así que esto fue simplemente. Ahora, que de aquí a algunos años aparezca otro… Esperemos que estos pasos que estamos dando en la justicia vaticana ayuden a que cada vez menos sucedan estos hechos que… Sí, usted usó la palabra corrupción y en este caso obviamente que, al menos en la primera vista, parece que la hay.

¿Qué teme más, que [Becciu] sea declarado culpable o inocente, habida cuenta que usted mismo dio permiso para llevarle a juicio?
Él va a juicio según la legislación vaticana. En una época, los jueces de los cardenales no eran los jueces de Estado como hoy día sino el jefe del Estado. Yo quiero de todo corazón que sea inocente. Además, fue un colaborador mío y me ayudó mucho. Es una persona a la que tengo cierta estima como persona, o sea que mi deseo es que salga bien. Pero es una manera afectiva de la presunción de inocencia, vamos. Además de la presunción de inocencia, tengo ganas de que salga bien. Ahora, la justicia es la que va a decidir.

No sé si el Papa Francisco es muy de dar un puñetazo con fuerza encima en la mesa. ¿Quizá el último golpe sobre la mesa ha sido el documento pontificio en el que se limita la celebración de las ‘misas tridentinas’? Y le pido además que le explique a mi audiencia qué es la ‘misa tridentina’, qué tiene la misa tridentina que no sea preceptiva.
Yo no soy de dar golpes sobre la mesa, no me sale. Más bien soy tímido. La historia de ‘Traditionis custodes’ es larga. Cuando primero San Juan Pablo II –y después Benedicto ya más claramente con ‘Summorum Pontificum’–, hizo esta posibilidad de que se pudiera celebrar con el misal de Juan XXIII (anterior al de Pablo VI, que es el postconciliar) para aquellos que no se sentían bien con la liturgia actual, que tenían una cierta nostalgia… me pareció de las cosas pastorales más bellas y humanas de Benedicto XVI, que es un hombre de una humanidad exquisita. Y así empezó. Ese fue el motivo. A los tres años él decía que había que hacer una evaluación. Se hizo una evaluación y parecía que todo andaba bien. Y andaba bien. De esa evaluación a ahora pasaron diez años (o sea, trece desde la promulgación) y el año pasado vimos con los responsables del Culto y de la Doctrina de la Fe que convenía hacer otra evaluación a todos los obispos del mundo. Y se hizo. Llevó todo el año. Después se estudió la cosa y, en base a eso, la inquietud que más aparecía era que una cosa hecha para ayudar pastoralmente a quienes han vivido una experiencia anterior, se fuera transformando en ideología. O sea, una cosa pastoral a ideología. Entonces había que reaccionar con normas claras. Normas claras que pusieran un límite a aquellos que no habían vivido esa experiencia. Porque parecía que estaba de moda en algunos lados que sacerdotes jóvenes “ah, no, yo quiero…” y por ahí no saben latín, no saben lo que dice. Y por otro lado, apoyar y consolidar lo de ‘Summorum Pontificum’. Hice más o menos el esquema, lo hice estudiar y trabajé, y trabajé mucho, con gente tradicionalista de buen sentido. Y salió ese cuidado pastoral que hay que tener, con algunos límites pero buenos. Por ejemplo, que la proclamación de la Palabra sea en un idioma que todos lo entiendan; si no, es reírse de la Palabra de Dios. Pequeñas cositas. Pero sí, el límite es muy claro. Después de este motu proprio, un sacerdote que quiera celebrar no está en las condiciones de los otros –que era por nostalgia, por deseo, etc– y ahí sí tiene que pedir permiso a Roma. Una especie de permiso de bi-ritualismo, que solamente lo da Roma. [Como] un sacerdote que celebra en rito oriental y rito latino, es bi-ritual pero con permiso de Roma. O sea, hasta el día de hoy, los anteriores siguen pero un poco ordenados. Más aún, pidiendo que haya un sacerdote que esté encargado no solamente de la liturgia sino de la vida espiritual de esa comunidad. Si usted lee bien la carta y lee bien el decreto, va a ver que simplemente es reordenar constructivamente, con cuidado pastoral y evitar un exceso a quienes no están…

¿Le quita el sueño a Su Santidad el camino sinodal que ha iniciado la Iglesia Católica Alemana?
Sobre eso, yo me permití mandar una carta. Una carta que la hice yo solo en castellano. Un mes me llevó hacer eso, entre rezar y pensar. Y se la mandé en su momento: original en castellano y traducción al alemán. Y ahí expreso todo lo que siento sobre el sínodo alemán. Ahí está todo.

No es una protesta nueva la del sínodo alemán… se repite la historia…
Sí, pero no me pondría tampoco demasiado trágico. En muchos obispos con los que hablé no hay mala voluntad. Es un deseo pastoral, pero que por ahí no tiene en cuenta algunas cosas que yo explico en la carta que hay que tener en cuenta.

Hay cosas que están instaladas en el imaginario popular. Una de ellas, de la que más se habla, es de la crisis del teatro. Su Santidad sabe que el teatro está en crisis desde que Su Santidad y yo habíamos nacido. Otra de las cosas es la reforma de la curia. Permanentemente se dice “hay que reformar la curia”, pero la curia parece irreformable. Es como una selva espinosa en la que es imposible entrar, o eso se dice desde fuera. ¿Sigue soñando el Papa con una Iglesia muy distinta de la que ve ahora?
Bueno, si usted ve desde el principio que se empezó a poner en marcha lo que dijeron los cardenales en el precónclave hasta ahora, la reforma está andando paso a paso y bien. El primer documento que marca la línea, tratando de reasumir lo de los cardenales, es ‘Evangelii Gaudium’. Que ahí hay un problema en ‘Evangelii Gaudium’ que yo lo quisiera señalar, que es el problema de la predicación. Someter a los fieles a largas clases de teología, de filosofía o de moralismo, que no es la predicación cristiana. Ahí en la ‘Evangelii Gaudium’ pido una reforma seria de la predicación. Algunos hacen, otros no entienden… Por poner un punto, ¿no? Pero ‘Evangelii Gaudium’ trata de resumir en general como actitudes lo de los cardenales en el precónclave. Y respecto a la constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’ que se está trabajando en esto, y el último paso es que yo la lea –debo leerla porque la tengo que firmar y la tengo que leer palabra por palabra–, no va a tener nada de nuevo de lo que se está viendo ahora. Quizás algún detalle, algún cambio de dicasterios que se juntan, dos o tres dicasterios más, pero ya está anunciado: por ejemplo, Educación se va a juntar con Cultura. ‘Propaganda Fide’ se va a juntar con el dicasterio de la ‘Nueva Evangelización’. Está anunciado. No va a haber nada nuevo respecto a lo que se prometió que se iba a hacer. Algunos me dicen: “¿Cuándo saldrá la constitución apostólica de la reforma de la Iglesia, para ver la novedad?”. No. No va a haber nada nuevo. Si hay nuevo, son pequeñas cositas de ajuste. Está en su última parte, que se atrasó con esto de mi enfermedad. Se está cocinando a fuego lento, de tal manera que tome todo esto. Tenga claro que la reforma no será otra cosa que poner en marcha lo de los cardenales, lo que pedimos en el precónclave, y que se está viendo. Se está viendo.

En la primera visita al departamento de comunicación del Vaticano, el Santo Padre mostró su preocupación porque el mensaje no estaba llegando donde debería. Los números de audiencia eran escasos. ¿Eso era un rapapolvo en toda regla?
A mí me causó gracia la reacción. Yo dije dos cosas. Primero, una pregunta: ¿cuánta gente lee el L’Osservatore Romano? No dije si lo leían mucho o poco. Una pregunta. Creo que es lícito preguntar, ¿no? Y la segunda pregunta, que más bien fue un tema, [la hice] cuando después de haber visto todo el nuevo trabajo de unión, el nuevo organigrama, la funcionalización, hablé de la enfermedad de los organigramas, que da a una realidad un valor más funcional que real. Y digo: con toda esta funcionalidad, que es para que funcione bien, no [hay que] caer en el funcionalismo. Que el funcionalismo es el culto a los organigramas prescindiendo de la realidad. Estas dos cosas que dije parece que alguno no las entendió o por ahí a alguno no le gustó, o no sé qué, y la interpretó como un rapapolvo. Es una cosa normal, es una pregunta y una advertencia. Sí… Por ahí alguno se sintió en orsay y…. Creo que el dicasterio promete mucho, es el dicasterio que tiene más presupuesto en la Curia en este momento, que tiene a la cabeza un laico –espero que pronto haya otros que tengan a la cabeza un laico o una laica– y que está despegando con nuevas reformas. L’Osservatore Romano, al que yo llamo “el Diario del Partido”, ha progresado muchísimo y es una maravilla cómo está haciendo los esfuerzos culturales que está haciendo.

Hace años me impresionó una cosa que contó, Santidad, cuando años atrás por las calles de Buenos Aires unos padres gritaron a su hijo que no se le acercara porque usted iba vestido de cura y podría ser un pederasta.
Tal cual.

Aún parece haber dudas sobre todos los sacerdotes que durante esta pandemia, por ejemplo, han demostrado que se dejan la piel con los últimos. ¿Los obispos de todos los países están haciendo los deberes que usted les mandó cuando les convocó a Roma para que dejen de existir pederastas entre sus filas?
Antes de contestar a su pregunta quiero rendir homenaje a un hombre que empezó a hablar de esto con coraje, aunque era una piedra en el zapato, en la organización, mucho antes de que se hiciera la organización sobre este tema, que es el cardenal O’Malley. A él le tocó arreglar el asunto en Boston y no fue nada fácil. Se han dado pasos muy claros sobre esto, ¿no es cierto? La Comisión de Defensa de Menores, que fue invención del cardenal O’Malley, hoy día está funcionando y ahora debo renovar a la mitad de la gente porque cada tres años se renueva la mitad. Gente de primera agua de varios países distintos con problemas de estos. Y creo que se juegan bien. Creo que es clave en esto las estadísticas que di a los periodistas en el encuentro de los presidentes de Conferencias Episcopales, por un lado, y después el discurso final que tuve al finalizar la misa en ese encuentro. —Que alguno dijo “al fin y al cabo el Papa dijo que es un problema de todos, le echó la culpa al diablo y se lavó las manos”. Eso fue el comentario de un medio–. Que le eché la culpa al diablo, sí. Como incitador de esto. Pero se la eché cuando hablé de la pedopornografía. Dije que abusar a un chico para filmar un acto pedopornográfico es demoniaco. No se explica sin la presencia del demonio. Eso sí lo dije. Bueno, ahí en ese discurso un poco marqué todo, unido a las estadísticas. Creo que las cosas se están haciendo bien. De hecho, se ha progresado y cada vez se progresa más. Ahora, es un problema mundial y grave. Yo me pregunto a veces cómo ciertos gobiernos permiten la producción de pedopornografía. Que no digan que no se sabe. Hoy en día con los servicios de inteligencia se sabe todo. Un gobierno sabe quién en su país produce pedopornografía. Para mí esta es de las cosas más monstruosas que he visto.

Hace tiempo confesaba, Santidad, que hace unos años las cuestiones ecológicas no le interesaban nada. Ahora ha mudado Su Santidad porque es uno de los líderes mundiales que más hablan de este asunto, de los abusos cometidos contra la Tierra. ¿La opción ecológica le ha generado enemigos? ¿Estará usted en Glasgow para la COP26? Son dos preguntas en una.
Voy a hacer historia: [La V Conferencia General del CELAM en] Aparecida creo que fue en el 2007 si no me equivoco. Se me pierden un poco las fechas. En Aparecida yo oía que los obispos brasileños hablaban de conservar la naturaleza, el problema ecológico, la Amazonía… Insistían, insistían, insistían, y yo me preguntaba qué tenía que ver eso con la evangelización. Sentía yo eso. No tenía ni la más pálida idea. Estoy hablando de 2007. Eso me chocó. Cuando volví a Buenos Aires me empecé a interesar, y lentamente fui entendiendo algo. Ya estando aquí, ¿eh? Yo soy un convertido en esto. Y ahí entendí más. Y de alguna manera me di cuenta de que tenía que hacer algo y ahí me vino la idea de escribir algo como magisterio porque la Iglesia delante de esto… así como yo era, como decimos en Argentina, un salame que no entendía nada de esto, hay tanta gente de buena voluntad que no entiende… Entonces, dar unas catequesis sobre esto. Convoqué a un grupo de científicos que me expusieran los problemas reales, no las hipótesis, lo real. Me hicieron un lindo catálogo y con razón. Se lo pasé a teólogos que reflexionaron sobre eso. Y así se fue gestando ‘Laudato Si’.
Una anécdota linda: cuando fui a Estrasburgo, el presidente Hollande mandó a recibirme y a despedirme a la ministra del Ambiente, que en aquel momento era la señora Ségolène Royal. Y en la conversación que tuve con ella, me dijo “¿Es verdad que usted está escribiendo algo?”, la ministra del Ambiente entendía. Y yo le dije: “Sí, estoy en esto”. “Por favor, publíquelo antes de [la cumbre de] París porque necesitamos apoyos”. Volví de Estrasburgo y aceleré. Y salió antes del encuentro de París. Que el encuentro de París para mí fue el summum en tomar conciencia mundial. ¿Después qué pasó? Entró el miedo. Y, lentamente, en los encuentros posteriores fueron retrocediendo. Espero que Glasgow ahora levante un poco la mira y nos ponga más en línea.

¿Pero estará Su Santidad?
Sí, en principio el programa es que vaya. Todo depende de cómo me sienta en ese momento. Pero, de hecho, ya se está preparando mi discurso, y el programa es estar.

Hablemos de China si le parece, Santidad… Dentro de sus propias filas hay quienes insisten en que no debería renovar el acuerdo que el Vaticano ha firmado con ese país porque pone en peligro su autoridad moral. ¿Tiene la sensación de que hay mucha gente queriéndole marcar el camino al Papa?
Yo también cuando era laico raso y cura me encantaba marcarle el camino al obispo, es una tentación hasta yo diría lícita si se hace con buena voluntad. Lo de China no es fácil, pero yo estoy convencido de que no se debe renunciar al diálogo. Te pueden engañar en el diálogo, puedes equivocarte, todo eso… pero es el camino. La cerrazón nunca es camino. Lo que se ha logrado hasta ahora en China fue al menos dialogar… alguna cosa concreta como nombramiento de nuevos obispos, lentamente… Pero también son pasos que pueden ser cuestionables y los resultados por un lado o por el otro. Para mí la figura clave de todo esto y que me ayuda y me inspira es el cardenal Casaroli. Casaroli fue el hombre al que Juan XXIII le encargó tender puentes con Centroeuropa. Hay un libro muy lindo, ‘El martirio de la paciencia’, donde él cuenta un poco sus experiencias allí. O se cuentan las experiencias de él, el que compiló todo. Y era pasito pequeño tras pasito pequeño, creando puentes. A veces teniendo que dialogar al aire libre o con la canilla abierta en momentos difíciles. Lentamente, lentamente, fue logrando reservas de las relaciones diplomáticas que en el fondo suponían nombramiento de nuevos obispos y cuidado del pueblo fiel de Dios. Hoy en día, de alguna manera tenemos que seguir esos caminos de diálogo pasito a pasito en las situaciones más conflictivas. Mi experiencia en el diálogo con el Islam, por ejemplo, con el Gran Imán de Al-Tayeb fue muy positiva en esto, y se lo agradezco mucho. Fue como el germen de ‘Fratelli Tutti’ después. Pero dialogar, dialogar siempre o estar dispuestos a dialogar. Hay una cosa muy linda. La última vez que se encontró San Juan Pablo II con Casaroli, le fue a informar por dónde iban las cosas… (Casaroli iba todos los fines de semana a un penal de menores. Creo que era Casal del Marmo, no estoy seguro. Y estaba con los chicos e iba de sotana como un cura. Nadie sabía… Algunos no sabían quién era)… Y cuando se despidieron y ya estaba en la puerta Casaroli, San Juan Pablo II lo llamó y le dijo: “Eminencia, ¿sigue yendo donde aquellos muchachos?” “Sí, sí”. “No los deje nunca”. El testamento de un papa santo a un diplomático muy capaz: seguí por este camino de la diplomacia, pero no te olvides que sos cura, como lo estás haciendo. Esto para mí es inspirador.
Santidad, en España se ha legalizado la eutanasia, en función de lo que llaman el “derecho a una muerte digna”. Pero eso es un silogismo falaz, porque la Iglesia no defiende el sufrimiento encarnizado, sino la dignidad hasta el final.

¿Hasta dónde el hombre tiene poder real sobre su vida? ¿Qué cree el Papa?
Situémonos. Estamos viviendo una cultura del descarte. Lo que no sirve se descarta. Los viejos son material descartable: molestan. No todos, pero vamos, en el inconsciente colectivo de la cultura del descarte, los viejos… los enfermos más terminales, también; los chicos no queridos, también, y se los manda al remitente antes de que nazcan…

O sea, hay una cultura…
Después, miremos las periferias, pensemos en las grandes periferias asiáticas, por ejemplo, para irnos lejos y no pensar que uno está hablando de cosas de acá. El descarte de pueblos enteros. Piense en los rohingyas, descartados, gitaneando por el mundo. Pobrecitos. O sea, se descartan. No sirven, no van, no sirven.
Esa cultura del descarte nos ha signado. Y signa a los jóvenes y a los viejos. Influye mucho sobre uno de los dramas de la cultura actual europea. En Italia la edad media es 47 años. En España creo que es mayor. O sea, la pirámide se ha invertido. Es el invierno demográfico en el nacimiento, en el que haya más casos de aborto. La cultura demográfica está en pérdida porque se mira el provecho. Se mira al de adelante… ¡y a veces usando la compasión!: “que no sufra en el caso de…” La Iglesia lo que pide es ayudar a morir con dignidad. Eso siempre lo ha hecho.
Y respecto al caso del aborto, a mí no me gusta entrar en discusiones que si hasta aquí se puede, que hasta allí no se puede, pero digo esto: cualquier manual de embriología de los que le dan a un estudiante de Medicina en la Facultad dice que a la tercera semana de la concepción, a veces antes de que la madre se dé cuenta [de que está embarazada], ya están perfilados todos los órganos en el embrión, incluso el ADN. Es una vida. Una vida humana. Algunos dicen: “No es persona”. ¡Es una vida humana! Entonces, delante de una vida humana yo me hago dos preguntas: ¿Es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema?, ¿es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema? Y con estas dos preguntas que se resuelvan los casos de eliminación de gente –por un lado o por el otro– porque son un peso para la sociedad.
Yo quisiera recordar algo que en casa nos contaban. Que una familia muy buena con varios hijos y el abuelo vivía con ellos, pero el abuelo se va poniendo viejo y en la mesa comenzaba a babearse. Entonces, el papá no podía invitar gente por vergüenza de su padre. Entonces se le ocurrió poner una linda mesa en la cocina y explicó a la familia que desde el día siguiente el abuelo iba a comer en la cocina y así podían invitar gente. Y así fue. A la semana, llega a casa y encuentra a su hijito de 8 años, 9 años, uno de los hijos, jugando con maderas, clavos, martillos, y le dice: “¿Qué estás haciendo?” “Estoy haciendo una mesita, papá”. “¿Para qué?” “Para vos, para cuando seas viejo”. O sea, lo que se siembra con el descarte, se va a recibir después.

Santidad, vámonos a otro escenario. En la sociedad española, usted sabe que se han producido algunas fracciones y algunas fracturas concretas. El referéndum en Cataluña llevó a una situación particularmente delicada. Y usted ha dicho que el soberanismo es una exageración que siempre acaba mal. ¿Qué actitud cree que debemos adoptar ante un planteamiento de ruptura?
Yo diría mirar la historia. En la historia hubo casos de independencia. Son países de Europa que hoy en día están incluso en proceso de independencia. Mira el Kosovo y toda esa zona que se están rehaciendo. Son hechos históricos que están caracterizados por una serie de particularidades. En el caso de España, son ustedes los españoles los que tienen que juzgar, dando bien su actitud. Pero para mí, lo más clave en este momento en cualquier país que tiene este tipo de problemas, es preguntarme si se han reconciliado con la propia historia. Yo no sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo la historia del siglo pasado. Y, si no lo está, creo que tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia, lo cual no quiere decir claudicar de las posturas propias, sino entrar en un proceso de diálogo y de reconciliación; y, sobre todo, huir de las ideologías, que son las que impiden cualquier proceso de reconciliación. Además, las ideologías destruyen. Unidad nacional es una expresión fascinante, es verdad, la unidad nacional, pero nunca se valorará sin la reconciliación básica de los pueblos. Y creo que en esto cualquier gobierno, sea del signo que sea, tiene que hacerse cargo de la reconciliación y ver cómo llevan adelante la historia como hermanos y no como enemigos o al menos con ese inconsciente deshonesto que me hace juzgar a otro como enemigo histórico.

Bueno, España vivió un proceso de reconciliación muy intenso y admirable en el mundo entero en la década de los setenta del siglo pasado. El problema es que el revisionismo histórico haya pretendido inutilizar aquella reconciliación admirable en el mundo que fue la Transición española, que yo me imagino que ustedes la conocieron en Argentina y no será extraña para el Papa. El nacionalismo, el soberanismo ha sembrado Europa de muertos y de inmigrantes. Y eso me lleva a preguntarle: ante la inmigración provocada por diversos fenómenos en el que estamos ahora mismo inmersos, ¿qué postura tomamos? ¿Qué pasa cuando el número de los que piden acogida supera las posibilidades de acogida de un país? ¿No debe haber fronteras? ¿Todos en cualquier parte, donde queramos y como queramos? ¿Los estados tienen derecho a poner sus rígidas normas o menos rígidas?
Mi respuesta sería esto: primero, delante a los migrantes cuatro actitudes: acoger, proteger, promover e integrar. Voy a la última: si uno acoge y los deja ahí sueltos en casa y no los integra son un peligro, porque se sienten extraños. Piense usted en la tragedia de Zaventem. Quienes hicieron ese acto de terrorismo eran belgas, eran hijos de inmigrantes no integrados, guetizados. Yo tengo que lograr que el migrante se integre y para esto este paso de, no solo acogerlos, sino protegerlos y promoverlos, educarlos, etcétera. Segundo (más hacia su pregunta): los países tienen que ser muy honestos consigo mismos y ver cuántos pueden aceptar y hasta qué número, y ahí es importante el diálogo entre las naciones. Hoy día, el problema migratorio no lo resuelve un país solo y es importante dialogar, y ver “yo puedo hasta aquí…”, “me da el cuero”, o no; “hasta aquí las estructuras de integración valen, no valen”, etcétera. Estoy pensando en un país que a los pocos días de llegar un migrante ya recibía un sueldo para ir a la escuela a aprender la lengua, y después se le conseguía trabajo y se le iba integrando. Esto fue durante la época de la integración de la inmigración por las dictaduras militares de Sudamérica: Argentina, Chile, Uruguay. Estoy hablando de Suecia. Suecia fue un ejemplo en estos cuatro pasos de acoger, proteger, promover e integrar.

Y después también hay una realidad ante los migrantes, ya me referí a ella, pero la repito: la realidad del invierno demográfico. Italia tiene pueblos casi vacíos.

Y España también
“No, nosotros nos preparamos” ¿Qué esperás, quedarte sin nadie? Es una realidad. O sea, la migración es una ayuda en la medida en la que se cumplan nuestros pasos de integración. Esa es mi postura. Pero eso sí, un país tiene que ser muy honesto y decir: “hasta aquí puedo”.

El próximo año se van a cumplir cuarenta años de aquel discurso de San Juan Pablo II sobre la identidad europea. Yo le quiero preguntar por los lugares a donde puede ir el Papa siempre que su salud y su buen aspecto le permitan. No sé si Haití, no sé si su tierra, no sé si Santiago [de Compostela]. [Fue allí] cuando dijo Juan Pablo II “vuelve a encontrarte, sé tú misma, descubre tus orígenes”. Sería un magnífico recuerdo recordarlo junto a usted aprovechando el Año Santo Xacobeo…
Al presidente de la Xunta de Galicia le prometí pensar el asunto. O sea, no lo saqué de una eventual agenda. Para mí la unidad de Europa en este momento es un desafío. O Europa continúa perfeccionando y mejorando en la Unión Europea, o se desintegra. La UE es una visión de hombres grandes —Schumann, Adenauer…— que la vieron. Yo creo que dije seis discursos sobre la unidad de Europa. Dos en Estrasburgo, uno cuando me dieron el Premio Carlo Magno y ahí el discurso que dijo el alcalde de Aquisgrán yo lo recomiendo porque es una maravilla de criticidad sobre el problema de la UE. Pero no podemos renunciar. Uno de los momentos más felices que tuve fue en uno de los discursos, cuando vinieron todos —o jefes de Estado o jefes de gobierno— de la UE. No faltaba ninguno y nos sacamos una foto en la Capilla Sixtina. Esto no me lo olvido. No podemos ir atrás. Fue un momento de crisis y reaccionó bien la UE ante la crisis. Pese a las discusiones, reaccionó bien. Tenemos que hacer lo posible por salvar esa herencia. Es un legado y es una tarea.

Santidad, claro, si yo no le pregunto cuándo vendrá el Papa a España, pues me dirán “cómo no le has preguntado al Santo Padre…” Yo me atrevo a sugerirle que Su Santidad no conocerá la Semana Santa hasta que no venga un Martes Santo a Sevilla a ver a la Virgen de la Candelaria. ¿No tiene siquiera curiosidad?
Mucha. Mucha. Pero mi opción hasta ahora de viaje a Europa son los países chicos. Primero fue Albania y luego todos los países eran pequeños. Ahora está en programa Eslovaquia, después Chipre, Grecia y Malta. Quise tomar esa opción: primero a los países más chicos. Fui a Estrasburgo pero no fui a Francia. A Estrasburgo fui por la UE. Y, si voy a Santiago, voy a Santiago pero no a España, que quede claro.

Al Camino de Europa.
Al Camino de Europa. Una Europa. Pero eso está por decidir todavía.

¿Hay algo por lo que Papa haya llorado en el último año, aparte de la pandemia, o el Papa no es de lágrima fácil?
Yo no soy de lágrima fácil, pero de vez en cuando me viene esa tristeza frente a algunas cosas, que yo tengo mucho cuidado de no confundirla con una melancolía a lo Paul Verlaine: aquel “Les sanglots longs, de l’automne, blessent mon coeur”. No, no. No quiero que se confunda con eso. A momentos, viendo ciertas cosas, me tocan el corazón y… y eso me sucede a veces.

Se le ha calificado como “el Papa pop” o “el Papa Superman”, que sé que no le gusta además. ¿Quién es en realidad Francisco, cómo le gustaría que le recordaran?
Como lo que soy: un pecador que trata de hacer el bien.
Bueno, somos dos pecadores en esta mesa entonces…
Somos dos.

Pero usted tiene más mano allí arriba. [Ríe] Siempre me ha llamado la atención su relación con el escritor Jorge Luis Borges. ¿Por qué le hacía tanto caso a ese joven jesuita?
Yo no sé por qué. Yo me acerqué a él porque era muy amigo de su secretaria. Y después una simpatía… Yo no era cura cuando lo conocí. Tendría 25 o 26 años cuando le conocí, y enseñaba en Santa Fe como jesuita, en esos tres años que enseñamos en colegio los jesuitas, y le invité a venir a hablar a mis alumnos de Literatura. Y vino, y tuvo su curso… Yo no sé por qué. Pero era un hombre muy bueno. Muy bueno

Le hemos oído mucho hablar de su abuela paterna, de la abuela Rosa, pero le hemos escuchado menos hablar de su madre, o quizás directamente no le hemos escuchado…
Ahí lo que sucede son dos factores. Somos cinco hermanos muy abueleros todos. Dios nos ha conservado los abuelos hasta grandes. El primer abuelo, el más lejos de todos, yo lo perdí cuando tenía 16 años y la última abuela cuando yo era provincial de los jesuitas. O sea que los abuelos nos acompañaron. En casa había además una costumbre, las vacaciones las pasábamos los cuatro mayores, porque la menor vino seis años después, las vacaciones las pasábamos con los abuelos, así papá y mamá descansaban un poco. Era divertido. Hay mucho de esa cosa abuelera. De la abuela Rosa lo que yo cuento son las mismas anécdotas de siempre, algunas son muy divertidas. De la otra abuela también cuento anécdotas, como la lección que me dio el día de la muerte de Prokófiev, sobre el esfuerzo en la vida. Cuando yo le pregunté a ella cómo habrá hecho ese hombre para llegar. Yo era un adolescente. Y de mamá sí, también recuerdo muchas cosas que también las digo. Pero por ahí llama la atención más lo de la abuela porque me repito con algunas cosas curiosas de la abuela, algunas irrepetibles por carta, por programas de radio… algunos dichos que nos enseñaron mucho. Pero, aparte de que éramos muy abueleros, los domingos a casa de los abuelos y después a la cancha a ver al San Lorenzo. Pero los abuelos incidieron mucho en nuestra vida.
No ha vuelto a ver San Lorenzo porque no quiere ver la televisión desde hace años…
Sí. Yo hice una promesa el 16 de julio de 1990. Sentí que el Señor me pedía eso, porque estábamos en comunidad viendo una cosa que terminó chabacana, desagradable, mal. Yo quedé mal. Era un 15 de julio a la noche. Y al día siguiente, en la oración, le prometí al Señor no verla. Evidentemente, cuando asume un presidente lo veo, cuando hay un accidente aéreo, lo veo, esas cosas… pero no soy adicto a ello.

No ha visto la Copa América, por ejemplo.
No. Para nada.

Hay una vieja leyenda que dice que algún Papa se ha escapado del Vaticano. ¿Francisco ha realizado alguna escapada que hasta ahora no haya sabido nadie?
No. El que se escapaba a esquiar era San Juan Pablo II. A una hora y pico había una pista de esquí, y él lo tenía en el alma. Y hacía bien en escaparse, iba cubierto. Pero un día mientras él estaba en la cola para subir y un chico le dijo: “¡El Papa!”. No sé cómo lo descubrió. Y se volvió enseguida, y procuró tomar más precauciones. Las casas de familias donde yo he ido a visitar, que recuerde, son tres: un medio convento de las teresianas donde quise visitar a la profesora Mara, ya de 90 años, una gran mujer que enseñó en la Universidad de la Sapienza y después enseñó en el Agustinianum, y quise ir a celebrarle misa. Después, a dar las condolencias probablemente a mi mejor amigo, un periodista acá italiano, a la casa de él. Y la tercera casa que visité fue la de Edith Bruck, la señora, 90 años cumplió ahora, que estuvo en el campo de concentración. Húngara ella. Judía. Esto fue este año al principio o el año pasado, no recuerdo bien. Son las tres únicas casas a las que fui de escondido, y después se supo. Me encantaría andar por la calle, me encantaría, pero me tengo que privar, porque no podría caminar diez metros.

¿Ha tenido alguna vez la tentación de vestirse de civil…
No, para nada. No. No.

…con un gorro y unas gafas?
[Ríe] No, no, para nada.

¿Cómo combate la nostalgia el Papa francisco, quién le cocina los palitos de anís o lo que desayunaba siempre en La Puerto Rico?
La nostalgia mía trato que no sea de tipo melancólico, otoñal, aunque una cosa linda del otoño argentino, de Buenos Aires, eran los días nublados, de mucha niebla, donde no se veía a diez metros desde la ventana, y yo escuchando a Piazzola. Eso sí un poco lo extraño, pero Roma tiene sus días de niebla también. Nostalgia, no. Ganas de ir de una parroquia a otra caminando, sí; pero nostalgia, no.

¿Se acabó la etapa de dolores de cabeza por palabras que se le iban de más o que le atribuían que se le iban de más y que tenían consecuencias con cosas que usted no contaba?
El peligro siempre está. Una palabra puede ser interpretada de un lado o de otro, ¿no es cierto? Eso son cosas que suceden. Y qué sé yo… ¡Yo no sé de dónde han sacado la semana pasada que yo iba a presentar mi renuncia! ¿Qué palabra habrán tomado en mi patria? De ahí salió la noticia. Y dicen que fue un revuelo, cuando a mí ni se me pasó por la cabeza. Delante de interpretaciones que nacen un poco distorsionadas de alguna palabra mía yo me callo, porque aclarar es peor.

¿Se habla mucho de fútbol aquí en Santa Marta?
Sí, del fútbol italiano. Estoy aprendiendo a conocer un poco las cosas. Se habla mucho de fútbol, sí.

¿Qué tal jugador de fútbol era usted, Santidad?
Yo era un palo. Me llamaban ‘el pata dura’, por eso me metían siempre al arco, ahí me defendía más o menos bien.

Nuestro programa ‘Tiempo de juego’, nuestros compañeros, cuando les decía que iba a venir a ver al Papa, “por favor, que te diga el papa qué piensa del fichaje de Messi, se ha ido a Francia”. ¿Qué se le antoja de todo el mundo de fútbol, lo sigue de cerca?
Yo escribí una pastoral sobre el deporte. Una pastoral que no era una pastoral. En dos pasos. Primero fue el artículo que publicó la Gazzetta dello Sport el 2 de enero de este año y en base a eso se hizo después –lo corregí yo– la pastoral. Un artículo entrevista. Yo digo solo esto: para ser un buen futbolista hay que tener dos cosas: saber trabajar en equipo y no ser como decimos en Buenos Aires en nuestro argot, uno que se ‘morfa’ la pelota, sino siempre en equipo. Y segundo, no perder el espíritu amateur. Cuando en el deporte se pierde ese espíritu de amateur se empieza a comercializar demasiado. Y hay hombres que han sabido no dejarse manchar por esto y derivar sus ganancias y todo para obras de bien y fundaciones. Pero trabajar en equipo, que es una escuela de equipo el deporte, y no perder el espíritu de amateur.

Santidad, le agradezco mucho esta hora inolvidable que ha dado a los oyentes de COPE.
Un saludo grande a los que están escuchando y les pido que recen por mí para que el Señor me siga protegiendo y cuidando, porque si me deja solo soy un desastre.

Normalmente es usted el que nos lo diría pero hoy somos nosotros: que Dios le bendiga
Igualmente a todos ustedes, que Dios les bendiga. Gracias.

Gracias.

Vatican News
Imagen: El Papa Francisco en coloquio con Carlos Herrera de COPE
(Foto: Cope)

El «gracias» de Nadia Murad al Papa Francisco

La conversación de ayer entre el Papa y el Premio Nobel de la Paz 2018 estuvo marcada por la estima y la gratitud. Era el tercer encuentro entre ellos. En el pasado, Francisco dijo que quería visitar Iraq después de leer el libro de Nadia Murad, en el que la joven relataba su secuestro por el Isis en 2014. Hoy ha expresado su agradecimiento en un tuit.

Ciudad del Vaticano, 27 de agosto 2021.- «Doy las gracias al Papa por acogerme una vez más en el Vaticano». Así lo dijo la joven Premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, en Twitter al día siguiente de su encuentro con Francisco en el Vaticano. «Hablamos de la importancia de apoyar a los yazidíes y a otras minorías en Iraq. A la luz de los trágicos acontecimientos de Afganistán, hablamos de la necesidad de defender a las mujeres y a las supervivientes de la violencia sexual».

Recordamos que Nadia Murad, en agosto de 2014, fue secuestrada y mantenida como rehén por el autodenominado Estado Islámico. En el ataque a su pueblo yazidí, perdió a sus seis hermanos y a su madre. Durante tres meses fue maltratada y esclavizada, luego con su huida recuperó la libertad, trasladándose a Alemania y comenzando su importante compromiso social. Desde septiembre de 2016, se convirtió en embajadora de la ONU por la dignidad de las supervivientes de la trata de personas y en 2018 recibió el Premio Nobel de la Paz y luego fundó Nadia’s Initiative, una organización para ayudar a las mujeres víctimas de la violencia. En febrero de 2021, enterró los restos de dos de sus hermanos en su ciudad natal, Kocho.

Junto con su marido, Nadia Murad mantuvo el jueves un encuentro con el Papa Francisco. Esta era la tercera vez tras la participación de la Nobel de la Paz en la audiencia general del 3 de mayo de 2017 y tras su encuentro privado del 20 de diciembre de 2018. En esta última ocasión, Murad había regalado al Pontífice su libro autobiográfico «La última muchacha», centrado en su terrible experiencia en manos del Isis.

Esa historia, marcada por el sufrimiento y el dolor, impulsó al Papa Francisco a ir a Iraq el pasado mes de marzo. Él mismo lo confesó en un diálogo con periodistas en el vuelo de regreso a Roma.

“Nadia Mourad ahí cuenta esa cosa terrorífica, terrorífica… Les aconsejo que lo lean. En algunos puntos, como es biográfico, puede parecer un poco pesado, pero para mí este es el telón de fondo de mi decisión. Ese libro trabajaba dentro, dentro… Y también cuando escuché a Nadia, que vino aquí a contarme las cosas… ¡Terrible! Después, con el libro todas estas cosas juntas han hecho la decisión, pensándolas todas, todas las problemáticas, tantas… Pero al final ha venido la decisión y la he tomado.”

«Me alegro de que mi historia se quedara con él y de que se sintiera llamado a llevar este mensaje a Iraq». Así lo ha manifestado Nadia en una entrevista concedida a Vatican News en la que ha recordado cómo la defensa de la causa de los yazidíes por parte del Papa Francisco es «un ejemplo para que otros líderes religiosos de la región amplíen el mensaje de tolerancia hacia las minorías religiosas como los yazidíes».

Pensamientos para las mujeres afganas
Hoy en día, en el corazón de Nadia, como se reitera en las redes sociales, sigue habiendo preocupación por las mujeres afganas. Ya el 16 de agosto expresó en Twitter su dolor por lo ocurrido en el país. «Kabul -escribió- cayó el mismo día que mi pueblo cayó en manos de Isis hace 7 años. La comunidad internacional debe ocuparse de las repercusiones antes de que se repita la tragedia». Ese mismo día renovó su llamamiento a los talibanes para que no priven a las mujeres de sus derechos y libertades. «Sé lo que ocurre cuando el mundo pierde de vista a las mujeres y niñas en crisis. Cuando se mira hacia otro lado, se hace la guerra al cuerpo de las mujeres. Esto no debe ocurrir en Afganistán».

En Vatican News, Nadia también quiso enviar un mensaje a las mujeres víctimas de la guerra y la violencia. Estas palabras son una invitación, también a la luz de los acontecimientos actuales, a no sentirse abandonadas:

“También me gustaría decir: «No están solas». Más de un tercio de las mujeres de todo el mundo sufren violencia sexual. Esto no significa que tengamos que aceptarla. En todas las comunidades hay mujeres que sobreviven, se oponen y denuncian. Cuando nos unimos para luchar por nuestros derechos, el cambio es imparable.”

Benedetta Capelli (Vatican News)
El Papa Francisco encuentra a Nadia Murad, Premio Nobel de la Paz, con su marido
(26 de agosto de 2021)

El Papa: erradicar el atroz flagelo de la esclavitud

Hoy se celebra el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición. Con un tuit desde su cuenta @Pontifex, Francisco nos invita a trabajar juntos para liberar a millones de personas de la deshumanidad y la humillación.

Ciudad del Vaticano, 23 de agosto 2021.- El objetivo del Día de hoy, establecido por las Naciones Unidas, es imprimir en la memoria de todos los pueblos el recuerdo de la tragedia de la trata de esclavos. Pero también para conmemorar lo sucedido en la noche del 22 al 23 de agosto de 1791. En esa coyuntura histórica, en la isla de Santo Domingo, actual Haití y República Dominicana, comenzó la revuelta liderada por el general Toussaint Louverture, un antiguo esclavo, que marcó un punto de inflexión en la batalla por la abolición de la trata transatlántica de esclavos.

«El levantamiento de Santo Domingo sacudió de forma radical e irreversible el sistema esclavista, y estuvo en el origen del proceso de abolición de la trata transatlántica de esclavos» (Kōichirō Matsuura, ex director general de la UNESCO).»

La esclavitud, un enorme crimen
La revuelta encabezada por el general Louverture fue el primer acto de una serie de acontecimientos que condujeron al fin de una época oscura en la que se compraban y vendían hombres, mujeres y niños. Entre los siglos XV y XIX, millones de jóvenes africanos fueron arrancados de su tierra y deportados a América. Se les hacina en barcos en condiciones deshumanas. Muchos mueren durante la travesía, otros muchos se ven obligados a trabajar en las plantaciones de café, algodón y caña de azúcar. La trata de esclavos es una herida indeleble. El Papa Pío II, escribiendo en 1462 a un obispo que partía para una misión en la actual Guinea Bissau, calificó el comercio como un «enorme crimen», «magnum scelus».

Víctimas de un comercio vergonzoso
Todavía hoy, nuestra mirada, desde África hasta las Américas, es quebrada por el doloroso recuerdo de la trata de personas. Visitando la «casa de los esclavos» en la isla de Gorée, en Senegal, en 1992, San Juan Pablo II recuerda con estas palabras aquellas oscuras páginas de la historia: «Durante todo un período de la historia del continente africano, hombres, mujeres y niños negros fueron traídos a este pequeño lugar, arrancados de su tierra, separados de sus parientes, para ser vendidos allí como mercancía». «Vinieron de todos los países y, encadenados, partieron hacia otros cielos, guardando como última imagen de su África natal la masa de la roca basáltica de Gorea. Se puede decir que esta isla permanece en la memoria y el corazón de toda la diáspora negra. Esos hombres, mujeres y niños fueron víctimas de un comercio vergonzoso».

Nuevas formas de esclavitud
Ese vergonzoso comercio ha sido abolido, pero hoy en día las nuevas formas de esclavitud están extendidas por todo el mundo. El Papa Francisco ha denunciado este atroz flagelo en varias ocasiones durante su pontificado. En 2014, durante la ceremonia de firma de la declaración contra la esclavitud por parte de los líderes religiosos, el Pontífice recordó que «a pesar de los grandes esfuerzos de muchos, la esclavitud moderna sigue siendo un flagelo atroz que está presente a gran escala en todo el mundo, incluso como turismo. Este crimen de lesa humanidad se enmascara en aparentes costumbres aceptadas, pero en realidad hace sus víctimas en la prostitución, la trata de personas, el trabajo forzado, el trabajo esclavo, la mutilación, la venta de órganos, el mal uso de la droga, el trabajo de niños. Se oculta tras puertas cerradas, en domicilios particulares, en las calles, en automóviles, en fábricas, en campos, en barcos pesqueros y en muchas otras partes». Se calcula que actualmente hay más de 40 millones de personas en el mundo que son víctimas de nuevas formas de esclavitud. Una cifra tres veces superior a la del periodo de tráfico transatlántico.

“Trabajemos juntos para erradicar el flagelo atroz de la esclavitud moderna que aún hoy encadena a millones de personas a la deshumanidad y a la humillación. Cada ser humano es imagen de Dios y es libre, y está destinado a existir en igualdad y fraternidad”. – @Pontifex_es»

Amedeo Lomonaco (Vatican News)
Imagen: El comercio de esclavos (François-Auguste Biard, 1840)

El Papa: emergencia climática y crisis humanitaria crean pobreza, urge solidaridad

En un tuit, Francisco compartió el tema del Día de la Ayuda Humanitaria de la ONU, recordando que los pobres son más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos. Caritas Internationalis pide seguridad y apoyo para la población de Afganistán y Haití y el suministro de productos de primera necesidad para la población del Líbano.

Ciudad del Vaticano, 19 de agosto 2021.- El mundo, cada vez más amenazado por el cambio climático, se encuentra en una encrucijada y el Papa lo recuerda con un tuit el día en que la ONU celebra el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. «La emergencia climática», reza el breve mensaje de Francisco, «genera cada vez más crisis humanitarias y los pobres son los más vulnerables a los fenómenos meteorológicos extremos. Es urgente una solidaridad basada en la justicia, la paz y la unidad de la familia humana».

También para las Naciones Unidas, la humanidad puede salir victoriosa o derrotada de la encrucijada que representa el cambio climático. Así lo subraya el Secretario General, António Guterres, en su mensaje para el Día, fijado el 19 de agosto para conmemorar un dramático atentado: el que tuvo lugar el 19 de agosto de 2003 en Bagdad y que costó la vida a 22 trabajadores humanitarios, entre ellos el Representante Especial de las Naciones Unidas en Iraq, Sergio Vieira de Mello. La Jornada de hoy pretende, por tanto, fomentar la reflexión sobre el cambio climático que, como escribe el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’, es «un problema global con graves implicaciones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas». Se calcula que para 2021, también debido a la pandemia, más de 235 millones de personas necesitarán asistencia y protección humanitaria.

Líderes de la UE: «Salvar vidas no debe costar más vidas».
Pero el aniversario de hoy es sobre todo una ocasión para honrar a «todos los trabajadores humanitarios que salvan vidas y ayudan a los más vulnerables en las crisis de todo el mundo», según una declaración conjunta del Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, y el Comisario Janez Lenarčič. «El compromiso y los esfuerzos desinteresados de los trabajadores humanitarios y médicos, que se esfuerzan cada día, a menudo en condiciones difíciles, por aliviar el sufrimiento de millones de personas necesitadas, han sido aún más notables desde el comienzo de la pandemia de coronavirus. Sin embargo, el virus no es la peor amenaza a la que se enfrentan. Lamentablemente, 108 cooperantes perdieron la vida y 125 fueron secuestrados en 2020. En 2021, se han producido hasta ahora 105 ataques graves contra trabajadores humanitarios». Los políticos de la UE condenan estos ataques: «Salvar vidas nunca debe costar más vidas: los trabajadores humanitarios no pueden ser un objetivo». «Exacerbada por la pandemia de coronavirus y el cambio climático, la respuesta humanitaria se enfrenta a retos sin precedentes», escriben Borrell y Lenarčič. «El problema de la financiación se está ampliando…. Al mismo tiempo, el suministro de ayuda es cada vez más difícil y peligroso. En este sentido, la Comisión Europea aportará una financiación humanitaria de casi 11.500 millones de euros en el periodo 2021-2027. Juntos, allanaremos el camino para el futuro de la Agenda 2030 de la ONU, sin dejar a nadie atrás.»

Caritas Internationalis hace un llamamiento
En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Caritas Internationalis insta a los líderes políticos a tomar «medidas valientes para hacer frente al cambio climático, la pandemia y sus consecuencias, y los disturbios políticos en Afganistán y el Líbano». Las catástrofes naturales que afectan negativamente a las naciones más empobrecidas, dijo Caritas Internationalis en un comunicado, son también «una llamada a la acción política decidida y concertada para proteger, defender y salvar vidas». El reciente terremoto de Haití, que se produjo en medio de una crisis política y económica en el país, representa un reto humanitario importante». Además, las sequías, la degradación del medio ambiente, la subida del nivel del mar, los tifones, las inundaciones y los incendios forestales -de los que 2021 está registrando globalmente una de las peores temporadas en décadas- son fenómenos «desencadenados por la falta de cuidado del medio ambiente, que ha provocado el cambio climático y la crisis ecológica». Sin una fuerte voluntad política, la vida humana está en peligro y donde una parte de la humanidad sufre, toda la familia humana sufre». Marta Petrosillo, directora de comunicación de Caritas Internationalis, subraya que el único camino es la ecología humana integral.

Caritas Internationalis, insta a los líderes políticos a abordar las consecuencias del cambio climático y las provocadas por la pandemia. La única respuesta a la emergencia climática es la de una ecología humana integral que ponga a la persona humana en el centro. Nuestro llamamiento de cara a la conferencia del 26 de Cop», explica Marta Petrosillo, «es abordar las dramáticas consecuencias de este fenómeno como una prioridad. Necesitamos una «fuerte voluntad política» para adoptar políticas económicas e industriales inmediatas, a nivel mundial, destinadas a «minimizar el impacto sobre el calentamiento global y la degradación de los ecosistemas».

El Papa y los cooperantes
En 2019, con motivo del Día Mundial de la Ayuda Humanitaria, el Papa Francisco escribió en un tuit: «Hoy recordamos a todas las mujeres valientes que salen al encuentro de sus hermanos y hermanas necesitados. Cada uno de ellos es un signo de la cercanía y la compasión de Dios». Las trabajadoras humanitarias están en primera línea en varios frentes marcados por múltiples dramas. Ofrecen apoyo a los civiles atrapados en las crisis para hacer frente a las epidemias. Están presentes en los países devastados por la guerra y asolados por el hambre y las catástrofes. Dirigiéndose a los participantes en la Conferencia sobre Derecho Internacional Humanitario, el 28 de octubre de 2017, el Pontífice también recordó la tragedia de las poblaciones sacudidas por la guerra y expresó un deseo: «Que las organizaciones humanitarias actúen siempre de acuerdo con los principios fundamentales de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia». Espero que estos principios, que están en el corazón del derecho humanitario, sean recibidos en las conciencias de los combatientes y de los trabajadores humanitarios y se traduzcan en la práctica».

Amedeo Lomonaco (Vatican News)
Imagen: Haití. Damnificados por el terremoto y el ciclón Grace
(Foto: EDGARD GARRIDO)

El Papa dona respiradores para el Hospital Católico de Eswatini, África

El material sanitario fue destinado al Hospital Católico del Buen Pastor de Siteki, en el estado de Eswatini, al sur de África, para que pueda combatir la pandemia de la mejor manera posible. El obispo de Manzini (la capital) monseñor José Luis Ponce de León, agradeció al Papa su papel activo y orientador en esta difícil etapa de la vida humana.

Ciudad del Vaticano, 13 de agosto 2021.- Dos respiradores pulmonares portátiles, diez cajas de mascarillas quirúrgicas, diez cajas de mascarillas N95 y algunos saturómetros: esta es la donación realizada por el Papa Francisco al Hospital Católico «Buen Pastor» de Siteki, en Eswatini (una pequeña monarquía sin litoral del sur de África) para que pueda luchar mejor contra la pandemia del Covid-19. La noticia fue difundida el 11 de agosto por el obispo de Manzini (Suazilandia) monseñor José Luis Ponce de León, quien en su blog personal escribió: «Desde el inicio de esta pandemia que afecta a todo el mundo, el Papa Francisco ha tomado un papel activo y protagonista, ya sea suspendiendo las audiencias generales como lanzando un llamamiento al mundo para la oración.

Monseñor de León recordó en particular la «Statio Orbis» presidida por el Pontífice, completamente solo, en la Plaza de San Pedro el 27 de marzo de 2020: «Era la imagen de un mundo que vive aislado -explicó-, pero al mismo tiempo la imagen de un pastor que permanece cerca de su rebaño».

Cuando las vacunas estuvieron disponibles -añadió el prelado- el Papa «recibió la vacuna e instó al mundo a hacer lo mismo, definiendo la vacunación no sólo como un salvavidas, sino también como una opción ética».

El Pontífice, además, dijo Monseñor de León, pidió reiteradamente el «acceso universal a las vacunas», instando a una «suspensión temporal de los derechos de propiedad intelectual». «La oración, las vacunas y la solidaridad» fueron, por tanto, los instrumentos invocados por el Santo Padre contra la pandemia, subrayó el prelado: indicaciones por las que «le estamos profundamente agradecidos» -añadió- «así como por el material que nos ha sido donado».

«En este punto -concluyó monseñor Manzini- me vienen a la memoria las palabras de Jesús al final de la parábola del buen samaritano: «Ve y haz tú lo mismo»». El ejemplo del Papa Francisco, de hecho, «no es sólo para los líderes religiosos, sino para todos nosotros: como buenos samaritanos de hoy, estamos llamados a la oración, a respetar los protocolos antivacunas, a vacunarnos, a animar a otros a hacer lo mismo y a apoyar a los necesitados». Por último, el prelado impartió una bendición a todos los trabajadores sanitarios y médicos del hospital católico de Siteki.

Cabe recordar que, hasta la fecha, se han producido más de 34.000 casos de coronavirus en Eswatini, con más de 900 muertes. En enero, con la explosión de la llamada «variante sudafricana» del virus, entraron en vigor durante quince días las medidas restrictivas contra el coronavirus, que llevaron a la suspensión de las misas con concurrencia de personas. Mientras tanto, la campaña de vacunación avanza lentamente: hasta la fecha, sólo algo más del 7% de la población ha recibido la doble dosis de la vacuna.

Vatican News
Imagen: Material sanitario donado por el Papa Francisco

#YouthDay El Papa: Jóvenes innovadores para realizar el sueño de un mundo fraterno

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Juventud, el Papa Francisco recuerda la contribución fundamental de las nuevas generaciones para responder a las necesidades de los demás, especialmente de los más vulnerables.

Ciudad del Vaticano, 12 de agosto 2021.- “Con la ayuda de los jóvenes y de su espíritu innovador podemos realizar el sueño de un mundo en donde el pan, el agua, las medicinas y el trabajo fluyan en abundancia y lleguen primero a los más menesterosos”, lo escribe el Papa Francisco en un Tuit con motivo del Día Internacional de la Juventud, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999 con el objetivo de involucrar a los jóvenes en la promoción de la paz y la lucha contra el extremismo, y destacar la importancia de la participación de los jóvenes en el desarrollo de la sociedad. El Día Internacional de la Juventud se conmemora todos los años el 12 de agosto para llamar la atención de la comunidad internacional sobre los problemas de la juventud y para ayudar a desarrollar el potencial de los jóvenes como socios de la sociedad actual.

Jóvenes comprometidos con los más vulnerables
En este sentido, el Papa Francisco había exhortado a los jóvenes participantes en el encuentro “La Economía de Francisco”, a quienes envió un video mensaje, en el cual los invitaba a seguir el ejemplo del joven Francisco de Asís, ya que los jóvenes tienen una especial sensibilidad y preocupación por identificar los temas cruciales que nos desafían. Lo han hecho desde una perspectiva particular: la economía, que es su campo de investigación, estudio y trabajo. Saben que es urgente una narrativa económica diferente capaz de tomar nota responsablemente del hecho de que «el sistema mundial actual es insostenible desde diferentes puntos de vista» y afecta a nuestra hermana tierra, tan maltratada y despojada, y al mismo tiempo a los más pobres y excluidos.

Los jóvenes y los sistemas alimentarios
La celebración de este año se centra en el tema «Transformar los sistemas alimentarios: innovación juvenil para la salud de los seres humanos y del planeta», y pone de relieve el éxito de ese esfuerzo mundial que no se logrará sin la participación significativa de los jóvenes. Durante el Foro de la Juventud del Consejo Económico y Social de 2021, la juventud que participó planteó, entre otras cuestiones y prioridades, el impacto de la pandemia del Covid-19 y su efecto en la salud, el medio ambiente y los sistemas alimentarios. También se planteó que para que la juventud pueda tomar correctas decisiones sobre su alimentación debe haber más educación en todo el mundo sobre las opciones más saludables y sostenibles tanto para las personas como para el medio ambiente.

La innovación juvenil parte de la educación
A través de la educación de la juventud, el compromiso, la innovación y las soluciones empresariales, el Día Internacional de la Juventud de este año tiene como objetivo proporcionar una plataforma para que los jóvenes continúen el impulso que se inició el Foro Europeo de la Juventud en el período previo a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios. Este año, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales convoca virtualmente el Día Internacional de la Juventud en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y el Grupo Principal de la Infancia y la Juventud.

La juventud y el Covid-19
El Covid-19 afecta a todos los segmentos de la población, y la juventud desempeña un papel fundamental en la gestión de esta pandemia y en la recuperación tras esta. Aunque todavía no se sabe con seguridad cómo afecta la enfermedad a los jóvenes, el Programa de Acción Mundial para los Jóvenes (WPAY) establece que los gobiernos deben asegurar que sus servicios satisfacen las necesidades de la juventud. Este programa considera también fundamental reforzar la capacidad de los jóvenes para tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades en materia sanitarios. En este contexto, la educación en temas de salud, la promoción de la salud pública y la información basada en pruebas son fundamentales para combatir la propagación y los efectos de la Covid-19, sobre todo para combatir la propagación de la desinformación en la red.

Una juventud innovadora está dando respuesta al virus
Los jóvenes también están desarrollando varias iniciativas para fomentar y aprovechar los esfuerzos por generar y ayudar a las poblaciones en situación de riesgo o afectadas por la pandemia. Aunque la mayoría de estas iniciativas son de carácter voluntario, como las de jóvenes que van a comprar y entregar alimentos a personas mayores o en situación de riesgo, también las hay en forma de empresas sociales. Muchos centros de innovación tecnológica impulsados por jóvenes ofrecen apoyo a empresas emergentes para desarrollar soluciones efectivas para abordar el Covid-19.

Vatican News
Imagen: El Papa Francisco con algunos jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia, 2006

El Papa Francisco: la Transfiguración, signo concreto del amor de Dios

Hoy, la Iglesia hace memoria de lo que sucedió «en un monte alto» con Jesús revestido de luz y de gloria. Repasamos algunas de las reflexiones del Santo Padre sobre la Transfiguración y su invitación a convertirnos en lámparas para llevar la paz y la serenidad a la vida de las personas.

Ciudad del Vaticano, 6 de agosto 2021.- «Una aparición pascual anticipada», pero también «un regalo de amor infinito de Jesús» que muestra la gloria de la Resurrección, «un atisbo del cielo en la Tierra». En su magisterio, el Papa Francisco se ha detenido muchas veces en el significado de la Transfiguración, fiesta que cae el 6 de agosto, porque según la tradición tuvo lugar 40 días antes de la crucifixión, 40 días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, el 14 de septiembre.

La Cruz no es sólo sufrimiento

Destellos de luz
Subiendo a la montaña con Pedro, Santiago y Juan, Jesús mostró su gloria, transfigurándose y brillando con luz, para luego entrar en diálogo con Moisés y Elías. Una luz que es «la luz de la esperanza, la luz para atravesar las tinieblas». El Papa Francisco, en el Ángelus del 28 de febrero de 2021, explica que las tinieblas no tienen la última palabra, que ante «los grandes enigmas» de la vida, estamos llamados a detenernos y volver la mirada a Cristo:
“Necesitamos, pues, otra mirada, una luz que ilumine en profundidad el misterio de la vida y nos ayude a ir más allá de nuestros propios esquemas y de los criterios de este mundo. También nosotros estamos llamados a subir a la montaña, a contemplar la belleza del Resucitado que enciende destellos de luz en cada fragmento de nuestra vida y nos ayuda a interpretar la historia a partir de la victoria pascual”.

El cristiano es una pequeña lámpara del Evangelio

La oración para buscar a Dios
«El Señor – afirma el Papa en el Ángelus del 17 de marzo de 2019 – nos hace ver el final de este camino que es la Resurrección, la belleza, cargando con su propia cruz, nos invita en la Transfiguración a seguir el camino de los discípulos, la «perspectiva del sufrimiento cristiano» que no es un «sadomasoquismo», es un «paso necesario pero transitorio» hacia la luz.

“Subamos a la montaña en oración; oración silenciosa, oración del corazón, oración… Siempre buscando al Señor. Permanezcamos unos instantes en el recogimiento, cada día un rato, fijemos nuestra mirada interior en su rostro y dejemos que su luz nos impregne e irradie en nuestra vida”.

La misión del cristiano
Es al volver de la montaña, lleno de la luz recibida, cuando se realiza la misión del creyente. En efecto, es en el rostro luminoso de los que rezan, en la llama que se ha encendido en sus corazones, donde se puede irradiar en la vida de los demás, dando testimonio de la verdad y de la fe.

“Encender pequeñas luces en el corazón de la gente; ser pequeñas lámparas del Evangelio que lleven un poco de amor y esperanza: ésta es la misión del cristiano”

«Transformados por la presencia de Cristo y el ardor de su palabra, seremos – subraya el Papa en el Ángelus del 6 de agosto de 2017 – un signo concreto del amor vivificante de Dios por todos nuestros hermanos, especialmente por los que sufren, por los que se encuentran en la soledad y el abandono, por los enfermos y por la multitud de hombres y mujeres que, en distintas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia».

Benedetta Capelli (Vatican News)

Francisco: Para la resurrección del Líbano se necesitan gestos concretos del mundo

El llamamiento del Papa al final de la audiencia general, un año después de la explosión en el puerto de Beirut: muchos han perdido la ilusión de vivir, invoquemos la esperanza de Dios «para superar la dura crisis».

Ciudad del Vaticano, 4 de agosto 2021.- «Un año después de la terrible explosión acaecida en el puerto de Beirut, capital del Líbano, que causó muerte y destrucción, mi pensamiento se dirige a ese querido país, especialmente a las víctimas, a sus familias, los numerosos heridos y los que han perdido la casa y el trabajo. Y muchos han perdido la ilusión de vivir». Es lo que dijo el Papa Francisco al final de la audiencia general, recordando la tragedia del pasado 4 de agosto, cuando la ola destructiva provocada por la detonación de un almacén de explosivos en el puerto causó la muerte de más de 200 personas y más de seis mil heridos. Más de 300.000 personas fueron también desplazadas después de que casas y barrios enteros fueran arrasados por lo que se considera una de las explosiones no nucleares más potentes de la historia.

Luz de esperanza para superar la crisis
La atención del Pontífice sigue centrada en el país de Oriente Medio, tras la Jornada de Oración y Reflexión por el Líbano del pasado 1 de julio, en la que Francisco recibió en el Vaticano a los patriarcas y jefes de las Iglesias orientales del País de los Cedros. Ese día, recordó, «junto con los líderes religiosos cristianos acogimos las aspiraciones y expectativas del pueblo libanés, cansado y decepcionado, e invocamos la luz de esperanza de Dios para superar la dura crisis».

Gestos concretos, no sólo palabras
Una crisis económica, social y política que dura desde 2019 y que ha llevado a la mitad de la población, denuncia Médicos Sin Fronteras, a vivir en la pobreza extrema con menos de un dólar al día. Por ello, el Papa también hace un llamamiento a la comunidad internacional, «pidiendo que se ayude al Líbano a emprender un camino de la resurrección con gestos concretos, no sólo con palabras». «Espero», continúa, «que en este sentido sea fructífera la Conferencia en curso promovida por Francia y las Naciones Unidas». Se espera recaudar 350 millones de dólares mediante donaciones e inversiones en la reunión de hoy, mientras el país sigue sin gobierno, con el Primer Ministro Najib Mikrati intentando limar asperezas entre las fuerzas políticas.

El deseo de Francisco de visitar el Líbano
Mientras tanto, la reconstrucción de Beirut avanza y la gente comienza a regresar a sus hogares, gracias en parte a los esfuerzos de Cáritas, las organizaciones internacionales y la extraordinaria contribución de los jóvenes y la sociedad civil. Un lugar que el Papa querría abrazar de cerca. «Queridos libaneses», concluye, «mi deseo de venir a visitarlos es grande y no me canso de rezar por ustedes para que el Líbano vuelva a ser un mensaje de fraternidad, un mensaje de paz para todo Oriente Medio».

Michele Raviart (Vatican News)
Imagen: El puerto de Beirut destruido por la explosión un año atrás