El Papa recuerda a 21 mártires cristianos asesinados: ¡Gracias por testimoniar a Jesús!

20 cristianos coptos ortodoxos egipcios y un ghanés fueron brutalmente asesinados por el autoproclamado Estado Islámico (ISIS) el 15 de febrero de 2015. Con motivo de su conmemoración, se celebra hoy un encuentro organizado de manera online a causa de la pandemia, en el que participó el Papa Francisco a través de un video mensaje: «¡Veintiún Santos cristianos de todas las confesiones, gracias por testimoniar a Jesús hasta con la vida!», dijo el Pontífice.

Ciudad del Vaticano, 15 de febrero 2021.-El Papa Francisco ha enviado un video mensaje con motivo de la conmemoración del martirio de 21 cristianos (20 coptos ortodoxos egipcios y un ghanés) asesinados en Libia por los terroristas del autoproclamado Estado Islámico. El video de la masacre se publicó hace seis años, el 15 de febrero de 2015.

En la conmemoración, que se celebra hoy de manera online, participan, entre otros, el patriarca copto ortodoxo Teodoro II  y el primado de la Iglesia anglicana, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

Traducción del mensaje integral del Santo Padre
pronunciado en el video, en italiano

En el día de hoy tengo en mi corazón, ese febrero de 2015. Tengo en mi corazón ese bautismo de sangre, estos veintiún hombres bautizados como cristianos con el agua y el Espíritu, y aquel día bautizados también con sangre. Son nuestros Santos, los Santos de todos los cristianos, los Santos de todas las confesiones y tradiciones cristianas. Son aquellos que han blanqueado sus vidas en la sangre del Cordero, son aquellos… del pueblo de Dios, del pueblo fiel de Dios.

Han ido a trabajar al extranjero para mantener a sus familias: hombres corrientes, padres de familia, hombres con la ilusión (el deseo) de tener hijos; hombres con la dignidad de trabajadores, que no sólo buscaban llevar el pan a casa, sino llevarlo a casa con la dignidad del trabajo. Y estos hombres dieron testimonio de Jesucristo. Degollados por la brutalidad del ISIS, murieron diciendo: «¡Señor Jesús!», confesando el nombre de Jesús.

Es cierto que hay una tragedia, que estas personas dejaron sus vidas en la playa; pero también es cierto que la playa fue bendecida por su sangre. Pero es aún más cierto que de su sencillez, de su fe simple pero coherente, recibieron el mayor regalo que un cristiano puede recibir: testimoniar a Jesucristo hasta dar la vida.

Doy gracias a Dios, nuestro Padre, porque nos ha dado estos valientes hermanos. Agradezco al Espíritu Santo porque les dio la fuerza y la coherencia de llegar a la confesión de Jesucristo hasta con la sangre. Doy gracias a los obispos, a los sacerdotes de la Iglesia hermana copta que los han educado, les han enseñado a crecer en la fe. Y agradezco a las madres de estas personas, de estos veintiún hombres que los «alimentaron» en la fe: son las madres del santo pueblo de Dios que transmiten la fe «en dialecto», un dialecto que va más allá de las lenguas, el dialecto de la pertenencia.

Me uno a todos ustedes, hermanos obispos, que están en esta conmemoración. A ti, gran y amado Teodoro, hermano y amigo obispo. A ti, Justin Welby, que también quisiste venir a este encuentro. Y a todos los demás obispos y sacerdotes, pero sobre todo me uno al santo pueblo fiel de Dios que con su sencillez, con sus coherencias e incoherencias, con sus gracias y pecados; lleva adelante la confesión de Jesucristo: Jesucristo es el Señor.

Agradezco a ustedes, veintiún Santos, Santos cristianos de todas las confesiones, por su testimonio. Y doy gracias a ti, Señor Jesucristo, por estar tan cerca de tu pueblo, por no olvidarlo. 

Oremos juntos, hoy, en esta conmemoración de estos veintiún mártires coptos: que intercedan por todos nosotros ante el Padre.

Amén.

Mensaje del Papa en Cuaresma: «Fe, esperanza y caridad para nuestra conversión»

En su mensaje para la Cuaresma 2021, el Santo Padre Francisco alienta a los cristianos a prepararse para la celebración de la Pascua, recorriendo un camino de conversión basado en tres puntos clave: La fe, la esperanza y la caridad, expresadas en tres gestos concretos que podemos aplicar en nuestra vida diaria: el ayuno, la oración y la limosna.

Ciudad del Vaticano, 11 de febrero 2021.-El Papa Francisco ha dado a conocer hoy su mensaje con motivo de la Cuaresma 2021, que lleva como título «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, el Santo Padre invita a los fieles a vivir plenamente este tiempo de conversión, «renovando nuestra fe, saciando nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibiendo con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo».

Caminando hacia nuestra conversión

Y en este camino de preparación para la noche de Pascua, en la que -recuerda Francisco- renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, «para renacer como hombres y mujeres nuevos»; resulta fundamental consolidar tres pilares que nos ayudan en nuestra conversión: El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18).

“La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos
Asimismo, en su mensaje el Pontífice señala que la fe nos llama en este tiempo litúrgico, «a acoger la Verdad y a ser testigos», ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

“Es por ello que en este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo, significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida”

En este sentido, Francisco subraya que el ayuno vivido como experiencia de privación (para quienes lo viven con sencillez de corazón), «lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento», porque ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que la abarrota, «incluso de la saturación de información -verdadera o falsa- y de productos de consumo», para permitir que Dios habite en nosotros.

La esperanza como “agua viva” en el camino
Por otra parte, el Santo Padre destaca el elemento de la esperanza como «agua viva» que nos permite continuar nuestro camino de conversión.

“La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19)”

«Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par», continúa Francisco: «Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor».

El Papa también hace hincapié en las grandes dificultades que atravesamos como humanidad, especialmente en este tiempo de pandemia, «en el que todo parece frágil e incierto» y donde «hablar de esperanza podría parecer una provocación».

“El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo”

Sentir que Dios “hace nuevas todas las cosas”
Por tanto, para Francisco, vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, «somos testigos del tiempo nuevo» en el que Dios “hace nuevas todas las cosas”.

Pero… ¿Dónde encontrar esa esperanza? Precisamente «en el recogimiento y el silencio de la oración«, que es donde -dice el Pontífice- se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: «Por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura».

Caridad vivida tras las huellas de Cristo
Como último punto de su mensaje, centrándose siempre en el proceso de conversión al que estamos llamados a vivir como cristianos en esta Cuaresma, el Papa destaca la caridad, «vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona»,  ya que se trata de  la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

“La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión. La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad”

Ayuda a los necesitados en esta pandemia
«Y así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez», añade el Sucesor de Pedro indicando que vivir una Cuaresma de caridad «quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19».

Antes de finalizar, Francisco recuerda que cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar.

«Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre», concluye el Santo Padre pidiendo a la Virgen María, «que nos sostenga con su presencia solícita, y que nos acompañe en el camino hacia la luz pascual».

*El mensaje del Papa está firmado en Roma, San Juan de Letrán, el 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

Sofía Lobos

Mensaje del Papa para la Cuaresma

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino   

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’3233;4344). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual. 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

Francisco

El Papa: oración por los enfermos y por quienes cuidan de ellos en la pandemia

El Pontífice expresa su pensamiento a través de twitter en la Jornada Mundial del Enfermo, que cae en la memoria de la Santísima Virgen María de Lourdes. Invita a prestar especial atención a los que sufren, especialmente a los pobres, y a rezar por los que se gastan en la asistencia, especialmente en esta emergencia sanitaria debida a Covid-19. La hermana Maria Chiara Ferrari, franciscana alcantarina, volvió a ser médico en Piacenza durante la pandemia. «El servicio que el sufrimiento ofrece a nuestras vidas es que te devuelve a lo esencial».

Ciudad del Vaticano, 11 de febrero 2021.-Es a la Virgen de Lourdes a la que el Papa Francisco dirige su mirada para pedir «salud del alma y del cuerpo» para los que también sufren la pandemia y para dar «fuerza» a los que los cuidan. También en un tuit, el Papa expresa a continuación su cercanía a los enfermos, especialmente a los más pobres.

Area Covid-19 del Hospital San Filippo Neri de Roma

El Papa Francisco subraya así los temas fuertes del Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, centrados en el cuidado y la cercanía. Recordando que la pandemia «sacó a la luz tantas insuficiencias en los sistemas sanitarios y deficiencias en la atención a los enfermos», el Papa destacó «la dedicación y la generosidad de los trabajadores sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas, que con profesionalidad, abnegación, sentido de la responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, atendido, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familias». Los definió como «una hueste silenciosa de hombres y mujeres que eligieron mirar esos rostros, asumiendo las heridas de los pacientes que sentían cercanos en virtud de su común pertenencia a la familia humana».

Dos meses en urgencias
La hermana Maria Chiara Ferrari, de 37 años, franciscana alcantarina que vive en el monasterio de Maglie, cerca de Lecce, Italia, también ha visto muchas caras. Los demás no pudieron reconocerla con el traje anti-Covid, pero ella tiene marcados en su mente a todos los enfermos a los que ha tratado de atender en la más absoluta emergencia. Como otras religiosas, no dudó en ponerse la túnica de médico, que había dejado de lado durante algunos años, para dar lo que podía al servicio de las Urgencias del hospital de Piacenza. Médico y religiosa juntos: un todo que no se puede separar, dos partes de un todo que se fortalecen porque experimentar el dolor de un paciente que inevitablemente te deja refuerza tu llamada a vivir tu servicio entre tus hermanos de una manera más verdadera y sentida.

El Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo se centra en el tema de la relación en la base del cuidado de los enfermos. Es imposible no pensar en esta pandemia que ha complicado precisamente la relación…
R. – Precisamente en este momento en que la relación ha sido tan difícil, quizás todos nos hemos dado cuenta de lo importante y básica que es. También diría que, paradójicamente, hemos experimentado que es lo único que queda. De los enfermos sabemos que quizás lo más desgarrador fue la gran soledad a la que también se vieron obligados, y sin embargo la relación fue capaz de traspasar todos los límites. Se han utilizado tanto los medios de comunicación que a menudo consideramos herramientas que restan tanto a la relación cara a cara o a la cercanía física pero que por otro lado dicen exquisitamente que podemos renunciar a todo menos a comunicarnos entre nosotros, que esto ha sido capaz de traspasar las fronteras del distanciamiento, las fronteras de los muros de un hospital que eran inaccesibles para los familiares. Al mismo tiempo, creo que muchos enfermos y personal sanitario, especialmente durante la primera emergencia sanitaria, han tocado con sus propias manos, en la impotencia de la propia medicina, la importancia de las relaciones, es decir, de «estar ahí» para el otro.

Pensemos en un médico o en una enfermera cubiertos por el traje anti-Covid que se convierten en presencias familiares incluso sólo a través de los ojos que se buscan en un momento de tan grave dificultad. El Papa Francisco habla de un precioso «bálsamo» en un momento de enfermedad y alejamiento de la propia realidad….
R. – Exactamente, creo que nos hemos dado cuenta de que todo habla de nosotros porque realmente estamos hechos para esto, hemos nacido para esto, somos constitutivamente relacionales. Esto es lo que nos ha dicho la pandemia, y tal vez no lo hayamos asumido, no hayamos utilizado los métodos que siempre hemos considerado viables, pero, en mi opinión, este tiempo nos ha dicho que el deseo de llegar a los demás, de comunicarse, es vital incluso cuando se pasa por el sufrimiento. La pandemia fue un poderoso recordatorio de esto.

¿Hay algún pasaje del Mensaje del Papa que te haya impactado de manera particular y que sientes como propio?
R. – Sí, cuando el Papa habla de los trabajadores que han elegido la cara. Esta frase es muy hermosa. En los primeros meses de la pandemia hubo una creatividad muy bonita por parte de todos porque de alguna manera todos elegimos la cara. Si tuvieras que elegir una profesión, a veces ante el fracaso, ante la inutilidad no la elegirías. Pero cuando hay una cara al otro lado, todos, cada uno en su ámbito, son capaces de algo más. Y este creo que es el gran secreto, sobre todo para nosotros los cristianos que nos alcanzamos por un rostro y que seguimos un rostro, pero también para toda la humanidad porque dice la verdad que todo hombre tiene en su corazón. Cuando al otro lado, en una situación de dolor, de tragedia, se vislumbra el rostro, éste tiene la capacidad de transformar el mayor sufrimiento. Lo que es una maldición – como me dijo un sacerdote antes de irse – puede convertirse en una vocación, en una llamada. Y creo que de esta manera todo dolor se abre.

El Papa habla de la cercanía, del consuelo de los que viven con la enfermedad. ¿Buscar este rostro le empujó a dejar su vida cotidiana como franciscano para volver a las salas de un hospital?
R. – Ciertamente sí, no dejé mi vida religiosa, sino que la viví plenamente en una gran normalidad. Mucha gente se preguntaba entonces qué podía hacer y yo soy médico, tengo una competencia y lo que podía hacer era ponerla a disposición. Así como había muchas de mis hermanas que también tenían el mismo deseo de irse, enfermeras y médicos y lo que podían hacer, por ejemplo en ese momento de sus vidas, era cuidar a muchas de nuestras hermanas mayores que en cambio no tenían la asistencia adecuada porque todo estaba cerrado, no había personal. Así, al igual que los pasteleros cocinaron para los enfermos y los médicos, todos fuimos hombres y mujeres hasta el final, comprendiendo que el dolor es un servicio para cada uno de nosotros, nos dice que el verdadero sentido de nuestra vida es pasarla más allá de la forma y la situación. Esta creencia se aplica a todos y que hacemos con lo que somos y podemos.

Benedetta Capelli

El Papa: una economía sin trata es una economía valiente

En el video mensaje, con motivo de la VII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el Pontífice describe tres acciones concretas para lograr una economía sin trata: una economía del cuidado, que ofrezca oportunidades de empleo, una economía con reglas de mercado que promuevan la justicia, una economía valiente capaz de conjugar el beneficio con la promoción del empleo y las condiciones dignas de trabajo.

Ciudad del Vaticano, 8 de febrero 2021.-En la VII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el Papa Francisco se dirigió a través de un video mensaje a  “todos los que trabajan contra la trata de personas”, a “todas las personas de buena voluntad que rezan, se comprometen, estudian y reflexionan” así como a “quienes han experimentado la tragedia de la trata en sus propias vidas”. La ocasión fue la Maratón Mundial de Oración virtual contra la Trata de Personas, que hoy, en la memoria litúrgica de Santa Josephina Bakhita, símbolo universal del compromiso de la Iglesia contra la esclavitud, une al mundo entero, desde Oceanía hasta las Américas, en oración en línea por una «Economía sin trata de personas”, tema elegido por la Red Internacional contra la Trata de Personas, Talitha Kum.

Oración y gestos concretos
“Me complace saber que este año varios momentos de oración son interreligiosos, uno de ellos también en Asia”, dijo el pontífice interviniendo en el momento central de la Maratón Mundial de Oración virtual contra la Trata de Personas. Esta jornada es importante – aseguró – porque “nos  anima a no dejar de rezar y de luchar juntos. Que la reflexión y la toma de conciencia vayan siempre acompañadas de gestos concretos, que abren también vías de emancipación social” para que “cada persona esclavizada vuelva a ser protagonista libre de la propia vida”.

Queridos amigos, este es un Día de Oración. Sí, hay que rezar para apoyar a las víctimas de la trata y a quienes acompañan los procesos de integración y reinserción social. Tenemos que rezar para que aprendamos a acercarnos con humanidad y valentía a quienes están marcados por tanto dolor y desesperación, manteniendo viva la esperanza. Necesitamos rezar para ser centinelas capaces de discernir y tomar decisiones orientadas al bien. La oración toca el corazón y nos impulsa a acciones concretas, a acciones innovadoras, valientes que saben asumir el riesgo, confiando en el poder de Dios (cf. Mc 11,22-24).

“La memoria litúrgica de Santa Bakhita es un fuerte recordatorio de esta dimensión de la fe y de la oración es un llamamiento a poner en el centro a las víctimas de la trata, sus familias y sus comunidades”, afirmó también el Santo Padre compartiendo a continuación algunas ideas para la reflexión y la acción en relación con el tema elegido: la «Economía sin trata”.

Una economía del cuidado
Una economía sin trata – subrayó el Papa en el video mensaje en la  VII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas – es una economía de cuidados, hacia las personas y hacia la naturaleza, es una “economía solidaria”:

El cuidado puede entenderse como la atención a las personas y a la naturaleza, ofreciendo productos y servicios para el crecimiento del bien común. Una economía que cuida el trabajo, creando oportunidades de empleo que no explotan al trabajador mediante condiciones laborales degradantes y horarios extenuantes. La pandemia de Covid ha exacerbado y agravado las condiciones de explotación laboral; la pérdida de puestos de trabajo ha penalizado a tantas víctimas de la trata en proceso de rehabilitación y reinserción social. En estos momentos donde todo parece diluirse y perder consistencia, nos hace bien apelar a la solidez que surge de sabernos responsables de la fragilidad de los demás buscando un destino común (Enc. Fratelli tutti, 115). Por lo tanto, una economía del cuidado significa economía solidaria: trabajamos por una solidez que se conjuga con la solidaridad. Estamos convencidos de que la solidaridad, bien administrada, da lugar a una construcción social más segura y firme (cf. ibíd.).

Una economía que busque la justicia
Una economía sin trata – precisó a continuación el Pontífice – es una economía disciplinada con reglas de mercado que promueven la justicia y no exclusivos intereses particulares:

La trata de personas encuentra un terreno fértil en el planteamiento del capitalismo neoliberal, en la desregulación de los mercados que pretende maximizar los beneficios sin límites éticos, sin límites sociales y sin límites medioambientales (cf. ibíd., 210). Si se sigue esta lógica, existe sólo el cálculo de ventajas y desventajas. Las elecciones no se hacen en función de criterios éticos, sino secundando los intereses dominantes, a menudo hábilmente revestidos con una apariencia humanitaria o ecológica. Las elecciones no se hacen mirando a las personas: las personas son uno de los números, incluso para ser explotados.

Una economía valiente, no miope
Una economía sin trata – concluyó Francisco –  es una economía valiente:
Se necesita valor. No en el sentido de imprudencia, de las operaciones arriesgadas en busca de ganancias fáciles. No, en ese sentido no; por supuesto no es éste el valor que se necesita. Por el contrario, es la audacia de la construcción paciente, de la planificación que no mira siempre y sólo al beneficio a corto plazo, sino a los frutos a medio y largo plazo y, sobre todo, a las personas. La valentía de combinar el beneficio legítimo con la promoción del empleo y las condiciones dignas de trabajo. En tiempos de fuertes crisis, como la actual, este valor es aún más necesario. En la crisis, el tráfico prolifera, lo sabemos todos: lo vemos todos los días. En la crisis la trata prolifera, por lo que hay que reforzar una economía que responda a la crisis de forma no miope, de manera durable, de manera sólida.

“Queridos hermanas y queridos hermanos, finalizó el Santo Padre – pongamos todo esto en nuestra oración, especialmente hoy, por la intercesión de Santa Bakhita”.

El Papa: la armonía de la voz de Dios, conduce a la sinfonía de la fraternidad universal

“La Palabra de Dios y la comunidad; voces, instrumentos musicales y composiciones, es decir, textos y contextos que se han visto afectados por la pandemia”, son los temas al centro del Mensaje del Santo Padre a los participantes en el 4° Congreso Internacional de Música Sacra, organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura.

Ciudad del Vaticano, 4 de febrero 2021.- “La Palabra es la fuente de sentido, ilumina y guía el camino de la comunidad. Sabemos lo necesario que es narrar la historia de la salvación en idiomas y lenguajes que puedan ser bien comprendidos. También la música puede ayudar a que los textos bíblicos hablen en contextos culturales nuevos y diferentes, para que la Palabra divina pueda llegar efectivamente a las mentes y los corazones”, lo dijo el Papa Francisco en su video mensaje a los participantes en el 4° Congreso Internacional de Música Sacra, organizado por el Consejo Pontificio de la Cultura, sobre el tema “Iglesia y música: textos y contextos”. El evento organizado en colaboración con el Pontificio Instituto de Música Sacra y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo San Anselmo se desarrolla de modo virtual, del 4 al 5 de febrero de 2021.

La Biblia ha inspirado innumerables expresiones musicales
En sus saludos, el Santo Padre alentó a los participantes que sus reflexiones, que tienen como tema: «Textos y contextos», puedan enriquecer a las comunidades eclesiales y a quienes trabajan en el campo de la música, un ámbito – precisó el Pontífice – muy importante para la liturgia y la evangelización. Comentando el texto del profeta Isaías (42,10), el Papa Francisco recordó que, “la Biblia ha inspirado innumerables expresiones musicales, entre las cuales páginas fundamentales de la historia de la música – precisó el Papa – ha inspirado una gran variedad de composiciones en los cinco continentes; e incluso varios compositores contemporáneos han estudiado los textos sagrados”.

Valorizar el patrimonio y seguir nuevas formas musicales

Asimismo, el Papa Francisco recordó que en las últimas décadas, muchas comunidades eclesiales, han sabido interpretar estos textos siguiendo las nuevas formas musicales, así como también valorizando el patrimonio antiguo. “De hecho – subrayó el Pontífice – el patrimonio musical de la Iglesia es muy variado y puede servir, además que a la liturgia, también en la interpretación en un concierto, en la escuela y en la catequesis, e incluso en el teatro”.

La pandemia ha reducido la actividad musical
La actividad en el campo de la música y la pandemia del Covid-19, fue otro aspecto que mencionó el Santo Padre en su mensaje, actividad que se ha reducido considerablemente en este tiempo. Por ello, el pensamiento del Papa se dirige a todos los afectados: a los músicos, que han visto su vida y su profesión trastocadas por las exigencias del distanciamiento; a quienes han perdido su trabajo y el contacto social; a quienes han tenido que hacer frente, en contextos difíciles, los necesarios momentos de formación, educación y vida comunitaria. Muchos han dedicado importantes esfuerzos para seguir ofreciendo un servicio musical dotado de nueva creatividad. Se trata de un compromiso válido no sólo para la Iglesia, sino también para el horizonte público, para la propia «red», para quienes trabajan en las salas de conciertos y otros lugares donde la música está al servicio de la comunidad. “Espero que también este aspecto de la vida social pueda renacer – alentó el Papa – que volvamos a cantar y tocar y a disfrutar de la música y el canto juntos”.

Texto y contexto: La Palabra de Dios y la comunidad
Continuando con su reflexión sobre el pasaje del profeta Isaías, el Papa Francisco señaló que, un buen músico conoce el valor del silencio, el valor de la pausa. La alternancia entre el sonido y el silencio es fructífera y permite la escucha, que desempeña un papel fundamental en todo diálogo. En este sentido, el Pontífice invitó a los músicos a afrontar un desafío común, el de escucharse unos a otros. “En la liturgia estamos invitados a escuchar la Palabra de Dios. La Palabra es nuestro texto, el texto principal; la comunidad nuestro contexto. La Palabra es la fuente de sentido, ilumina y guía el camino de la comunidad. Sabemos lo necesario que es narrar la historia de la salvación en idiomas y lenguajes que puedan ser bien comprendidos. También la música puede ayudar a que los textos bíblicos hablen en contextos culturales nuevos y diferentes, para que la Palabra divina pueda llegar efectivamente a las mentes y los corazones”.

Narrativas atractivas al servicio de la evangelización
En este sentido, el Santo Padre resaltó que en el Congreso han decidió prestar atención a las más diversas formas de música: ya que estas expresan la variedad de las culturas y comunidades locales, cada una con su propio ethos. Pienso especialmente en las civilizaciones indígenas, en las que el enfoque de la música se integra con los demás elementos rituales de la danza y la celebración. En este contexto, pueden surgir narrativas atractivas al servicio de la evangelización. De hecho, la experiencia integral del arte musical incluye también la dimensión de la corporeidad.

La armonía conduce a la sinfonía, a la fraternidad universal
Antes de concluir su mensaje, el Papa Francisco dirigió una pregunta a los participantes, que surge espontáneamente provocada por la pandemia: ¿el silencio que vivimos está vacío o estamos en proceso de escucha? ¿Permitiremos, después, la aparición de un canto nuevo? Que el texto y el contexto, ahora presentes en una nueva forma, concluyó el Pontífice, nos estimulen a reanudar nuestro camino juntos, porque «la unidad de los corazones se hace más profunda por la unidad de las voces». Que las voces, instrumentos musicales y composiciones sigan expresando, en el contexto actual, la armonía de la voz de Dios, que conduce a la «sinfonía», es decir, a la fraternidad universal.

Renato Martinez

El Papa: “evitar que la globalización imponga un nuevo colonialismo”

El Papa Francisco envía un mensaje a los organizadores y participantes en la 5.a Reunión del Foro de los Pueblos Indígenas, organizada por el FIDA y asegura que “sólo con humildad de espíritu podremos ver la derrota total del hambre y una sociedad basada en valores perdurables”.

Ciudad del Vaticano, 2 de febrero 2021.-Arranca hoy la quinta Reunión del Foro de los Pueblos Indígenas, promovida por el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola) y que se desarrollará los días 2, 3, 4 y 15 de febrero de 2021. Una ocasión en la que el Pontífice ha querido expresar su cercanía y el compromiso de la Iglesia “para seguir caminando juntos” a través de un mensaje dirigido a los organizadores y participantes. Ante ellos, Monseñor Fernando Chica Arellano, Observador Permanente ante la FAO, ha pronunciado el mensaje del Papa, manifestando su convencimiento de que la globalización “no puede significar un uniformismo que ignore la diversidad e imponga un nuevo tipo de colonialismo”.

Desarrollar un consumo que vele por el entorno

Visita del Papa al FIDA

En dicho mensaje, el Papa además ha explicado cual es el desafío al que nos enfrentamos hoy a favor los pueblos indígenas: “el desafío consiste en crear alternativas desde la solidaridad para que nadie se sienta ignorado, pero tampoco imponga avasalladoramente la propia dirección, considerándola como la única correcta”. De hecho – dice – “sabemos bien que, cuando las diversidades se articulan y se enriquecen mutuamente, la comunión entre los pueblos florece y se vivifica. En realidad, se trata de promover un desarrollo que no lleve el consumo como medio y como fin, sino que verdaderamente vele por el entorno, escuche, aprenda y dignifique”. “En esto consiste la ecología integral” señala, “en la que la justicia social se conjuga con la protección del planeta”.

Francisco asegura que sólo con esta humildad de espíritu “podremos ver la derrota total del hambre y una sociedad basada en valores perdurables, que no son fruto de modas pasajeras y sesgadas, sino de la justicia y la bondad”.

Las claves dadas por el Papa: Altruismo y generosidad
Al final de su mensaje, expresa su confianza en que el trabajo del FIDA en estos días “esté lleno de amor por el mundo que queremos construir entre todos y que deseamos entregar a los que vienen detrás de nosotros como un tesoro y no como un cúmulo de desechos y despojos”. El Papa Francisco pide dos cosas: altruismo y generosidad. Dos expresiones que si las ponemos en práctica respetaremos la naturaleza, “la obra que salió de las manos del Señor”.

Mireia Bonilla
Vatican News

El Papa pide rezar en febrero por las mujeres que son víctimas de la violencia

El Video del Papa de febrero lanza un contundente mensaje contra los diferentes tipos de violencia hacia las mujeres. Frente a esta “degradación para toda la humanidad”, el Santo Padre pide que sean protegidas por la sociedad y que su sufrimiento sea escuchado.

1 de febrero 2021.- Tal como dice la nota de prensa que acompaña la difusión del Video del Papa de febrero, la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de su Red Mundial de Oración es un contundente mensaje contra los distintos tipos de violencia hacia las mujeres, ya sea “psicológica, verbal, física o sexual”. Para el Papa Francisco, esta realidad es una “cobardía y una degradación para toda la humanidad”, por lo que nos pide rezar por las víctimas, “para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos”. Éstas sus palabras:

“Hoy, sigue habiendo mujeres que sufren violencia. Violencia psicológica, violencia verbal, violencia física, violencia sexual. Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas. Las distintas formas de malos tratos que sufren muchas mujeres son una cobardía y una degradación para toda la humanidad. Para los hombres y para toda la humanidad. Los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar. No podemos mirar para otro lado. Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos.”

Millones de mujeres sufren diariamente distintos tipos de violencia

El Video del Papa de este mes busca hacer visible el drama de este tema también a través de la narración con imágenes, la violencia que cada día sufren millones de mujeres en el mundo. Gracias a la colaboración de Hermes Mangialardo -creativo italiano, ganador de premios internacionales y profesor de diseño de animación-, el video representa con ilustraciones animadas la historia de una mujer víctima de la violencia, que encuentra el coraje para escapar del túnel de los abusos, gracias a su propia fuerza y a la ayuda de la comunidad.

La violencia contra las mujeres en cifras
“Es impresionante el número de mujeres golpeadas, ofendidas, violadas”, dice el Santo Padre en El Video del Papa. En efecto, las estadísticas que recoge la ONU Mujeres, actualizadas desde noviembre de 2020, son impactantes: cada día, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia; las mujeres adultas representan casi la mitad de las víctimas de la trata de seres humanos detectadas a nivel mundial; a escala mundial, una de cada tres mujeres ha experimentado alguna vez violencia física o sexual (y 15 millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo). El año pasado, además, contó con el agravante de la pandemia: la restricción de movimiento, el aislamiento social y la inseguridad económica elevaron la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia en el ámbito privado en todo el mundo. Aunque al menos 155 países han aprobado leyes sobre la violencia doméstica, y 140 cuentan con legislación sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo, por poner dos ejemplos, no significa que estas se ajusten siempre a las normas y recomendaciones internacionales, ni que se apliquen y hagan cumplir – se lee en la nota de prensa.

El comentario del padre Frédéric Fornos S.J.
El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, hizo la siguiente observación sobre esta intención: “La llamada del Santo Padre es muy clara: ‘No podemos mirar para otro lado’. Es decir, no podemos quedar de brazos cruzados ante tantos casos de violencia contra las mujeres, que se manifiesta de múltiples formas, desde lo más visible e incalificable a lo más insidioso e inconsciente; en todos los casos, como producto de esquemas mentales y paradigmas culturales y sociales arraigados, que las desvalorizan. Es lo que vemos en el Evangelio, por ejemplo, en el pasaje de la mujer adúltera, que era acusada por todos, pero a quien Jesús da una vida nueva (Juan 8, 2-11). La violencia contra las mujeres en todas sus formas es un grito al cielo. Francisco lo dijo varias veces: ‘Toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer. La salvación para la humanidad vino del cuerpo de una mujer: de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad’. Recemos juntos por todas las mujeres víctimas de violencia, incluidas las niñas y adolescentes, y luchemos por una sociedad más justa, para que las proteja, las escuche y alivie su sufrimiento”.

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Misiones

“No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”, es el lema y título del mensaje del Santo Padre hecho público hoy con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre y que se conoce como DOMUND.

29 enero 2021 .- “Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído”. Con estas palabras comienza el mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre y que firmó el pasado 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, en San Juan de Letrán.

Francisco recuerda que “la relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias”. Y añade:

“Todo en Cristo nos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena y nos convoca también a sentirnos parte activa de esta misión: `Salgan al cruce de los caminos e inviten a todos los que encuentren’. Nadie es ajeno, nadie puede sentirse extraño o lejano a este amor de compasión”

La experiencia de los apóstoles
Tras recordar que “la historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad”, el Papa escribe “el amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador”.

Fratelli tutti
El Santo Padre escribe que “con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes”. Y agrega que “Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: `Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor’. Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social”.

“La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero. Esa ‘predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro – por su propia naturaleza – no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí”

Después de aludir a los tiempos difíciles que atravesaron los primeros cristianos cuando comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado, el Obispo de Roma recuerda que “los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor”.

“Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador”

Refiriéndose al libro de los Hechos de los Apóstoles el Papa escribe que “nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos”.

Difícil momento actual de nuestra historia
“Así también nosotros – prosigue el Papa en su mensaje – tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran.

“Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas”

Y ante la pregunta de: “¿Para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta – escribe Francisco – permanece siempre la misma:

“Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo”

Implicación total y pública en la transformación del mundo
También escribe que “los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación”.

Una invitación a cada uno de nosotros
Al recordar el lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”, el Papa afirma que “es una invitación a cada uno de nosotros a `hacernos cargo’ y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Y escribe que “en la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio”.

“Recordamos especialmente a quienes fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición”

“Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana”. “Que su amor de compasión – escribe el Papa al final de su mensaje – despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros”. Y concluye invocando a la Madre de Dios:

“Que María, la primera discípula misionera, haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser sal y luz en nuestras tierras”

Vatican News

Jornada Mundial del Enfermo, Papa: «Dar al que sufre el bálsamo de la cercanía»

En el marco de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el póximo 11 de febrero, el Papa Francisco ha publicado un mensaje en el que recuerda la importancia de apoyar a quienes sufren una enfermedad «con el bálsamo de la cercanía», respetando su dignidad como Hijos de Dios y evitando caer en el «mal de la hipocresía».

El Pontífice también dedica un pensamiento especial a «quienes padecen en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus», particularmente «a los más pobres y marginados».

El Papa Francisco ha dado a conocer su mensaje con motivo de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el póximo 11 de febrero, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, cuyo tema «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo», inspirado  en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). 

En su escrito, el Santo Padre afirma que esta Jornada «es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, ya sea en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades» y dedica un pensamiento especial a «quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus», particularmente «a los más pobres y marginados».

Nadie es inmune al mal de la hipocresía

«La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía», explica Francisco subrayando que se trata de un mal muy grave que nos impide vivir la fraternidad universal a la que estamos llamados como Hijos de Dios.

En este sentido, el Pontífice puntualiza que ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía: «Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio».

Por otra parte, el Papa hace hincapié en que la experiencia de la enfermedad «hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad» y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro: «Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios».

“La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa”

La enfermedad siempre tiene un rostro
Asimismo, en su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2021 marcada por la pandemia, el Santo Padre recuerda que la enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: «Tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22)».

Francisco expresa que, por un lado, la pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas: «Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa».

La pandemia desata crisis y también generosidad
Y por otro, esta crisis sanitaria «ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares»: «Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana», escribe el Papa.

El bálsamo de la cercanía
Y en este punto, el Pontífice destaca que la cercanía humana, «es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad».

“Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35)”

En este contexto, Francisco recuerda la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo: «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo».

En este compromiso -continúa el Papa- cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles y buscar la promoción del hermano».

La importancia de la buena terapia y la relación de confianza
Otro de los aspectos que profundiza el Santo Padre en su mensaje es la importancia de que haya una buena terapia para el paciente enfermo. El Papa afirma que es decisivo el aspecto relacional, «mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma».

“Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza. Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes”

Francisco finaliza su mensaje enfatizando que el mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos: «Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado», exhorta Francisco y concluye encomendando a «María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos», a todas las «personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren».