En la fiesta de la Anunciación, una llamada a decir «sí» sin vueltas

Hoy celebramos la fiesta de la Anunciación de la Virgen María. El Papa Francisco en su intervención durante la vigilia en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019, se refiere a este momento. Ofrecemos algunos fragmentos de su mensaje.

Los fragmentos del mensaje del Papa Francisco que te ofrecemos a continuación están dirigidos a todos aquellos que queramos convertirlos en parte de nuestra vida, así como María hizo suyas las palabras del Ángel.

Queridos jóvenes, ¡buenas tardes!

Vimos este hermoso espectáculo sobre el Árbol de la Vida que nos muestra cómo la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada ‘en la nube’ esperando ser descargada, ni una ‘aplicación’ nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco la vida que Dios nos ofrece es un ‘tutorial’ con el que aprender la última novedad. La salvación que Dios nos regala es [una invitación para] formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir ‘sí’ a nuestra vida, Él siempre va primero, es el primero a decir ‘sí’ nuestra historia, y quiere que también digamos ‘sí’ junto a Él. Él siempre nos primerea. Es primero. Y así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor.

La joven de Nazaret no salía en las redes sociales
Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las ‘redes sociales’ de la época. Ella no era una influencer, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. Le podemos decir con confianza de hijos: María, la influencer de Dios. Con pocas palabras se animó a decir ‘sí’ y a confiar en el amor, a confiar en las promesas de Dios, que es la única fuerza capaz de renovar, de hacer nuevas todas las cosas. Y todos nosotros hoy tenemos algo que hacer nuevo adentro, hoy tenemos que dejar que Dios renueve algo en mi corazón. Pensemos un poquito: ¿Qué quiero yo que Dios renueve en mi corazón?

Anunciación del Ángel a María 

Siempre llama la atención la fuerza del ‘sí’ de María, joven, la fuerza de ese «hágase» que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada, fue algo distinto a un ‘sí’ como diciendo: «bueno, vamos a probar a ver qué pasa». María no conocía esa expresión, «veamos a ver qué pasa». Era decidida, supo de qué se trataba y dijo sí, sin vueltas. Fue algo más, algo distinto, fue el ‘sí’ de quién quiere comprometerse y arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Le pregunto a cada uno de ustedes, ¿se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante?

María sin dudas tendría una misión muy difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir ‘no’. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano. María no compró un seguro de vida, María se jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios. El ‘sí’ y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades.

Arriesgar guiados por una promesa
Esta tarde también escuchamos cómo el ‘sí’ de María hace eco y se multiplica de generación en generación. Muchos jóvenes a ejemplo de María arriesgan y apuestan guiados por una promesa. Gracias, Erika y Rogelio, por el testimonio que nos han regalado. Fueron valientes estos, merecen un aplauso. Gracias.

Compartieron sus temores, las dificultades, todo el riesgo vivido ante el nacimiento de Inés. En un momento dijeron: «A los padres, por diversas circunstancias, nos cuesta aceptar la llegada de un bebé con alguna enfermedad o discapacidad», eso es cierto, es comprensible. Pero lo sorprendente fue cuando agregaron: «al nacer nuestra hija decidimos amarla con todo nuestro corazón». Ante su llegada, frente a todos los anuncios y dificultades que aparecían, tomaron una decisión y dijeron como María «hágase», decidieron amarla. Frente a la vida de vuestra hija frágil, indefensa y necesitada la respuesta de ustedes, Erika y Rogelio, fue ‘sí’ y ahí tenemos a Inés. ¡Ustedes se animaron a creer que el mundo no es solo para los fuertes! ¡Gracias!

Decir ‘sí’ al Señor, es animarse a abrazar la vida como viene con toda su fragilidad y pequeñez y hasta muchas veces con todas sus contradicciones e insignificancias con el mismo amor con el que nos hablaron Erika y Rogelio. Asumir la vida como viene. Es abrazar nuestra patria, nuestras familias, nuestros amigos tal como son, también con sus fragilidades y pequeñeces. Abrazar la vida se manifiesta también cuando damos la bienvenida a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro ni destilado, pero por eso no es menos digno de amor. ¿Acaso alguien por ser discapacitado o frágil no es digno de amor? Les pregunto, ¿un discapacitado, una persona discapacitada, una persona frágil, es digna de amor? Sí. Entendieron.

Otra pregunta, a ver cómo responden: ¿Alguien por ser extranjero, por haberse equivocado, por estar enfermo o en una prisión, es digno de amor? Y así lo hizo Jesús: abrazó al leproso, al ciego, al paralítico, abrazó al fariseo y al pecador. Abrazó al ladrón en la cruz, e incluso abrazó y perdonó a quienes lo estaban crucificando.

¿Por qué? Porque solo lo que se ama puede ser salvado. Vos no podés salvar una persona, vos no podes salvar una situación si no la amas. Solo lo que se ama puede ser salvado. ¿Lo repetimos? Solo lo que se ama puede ser salvado.

Decir “sí” como María
Decir ‘sí’ como María a esta historia de amor es decir ‘sí’ a ser instrumentos para construir, en nuestros barrios, comunidades eclesiales capaces de callejear la ciudad, abrazar y tejer nuevas relaciones. Ser un influencer en el siglo XXI es ser custodios de las raíces, custodios de todo aquello que impide que nuestra vida se vuelva gaseosa, que nuestra vida se evapore en la nada. Ustedes los mayores sean custodios de todo aquello que nos permita sentirnos parte los unos de los otros, custodios de todo aquello que nos haga sentir que nos pertenecemos.

El Papa pide seguir el ejemplo misericordioso de San Alfonso María de Ligorio

El Santo Padre envía un Mensaje al Superior General de la Congregación del Santísimo Redentor y Moderador General de la Academia Alfonsiana con motivo del 150 aniversario de la proclamación de San Alfonso María de Ligorio como Doctor de la Iglesia.

Ciudad del Vaticano, 23 de marzo 2021.-Fue hace ciento cincuenta años cuando Pío IX, el 23 de marzo de 1871, proclamó Doctor de la Iglesia a San Alfonso María de Ligorio. “La bula de proclamación del doctorado de San Alfonso destaca la especificidad de su propuesta moral y espiritual, al haber sido capaz de mostrar «el camino seguro a través de la maraña de opiniones contrapuestas de rigorismo y laxismo» escribe el Papa Francisco en su mensaje con motivo del 150 aniversario de la proclamación de San Alfonso María de Ligorio como Doctor de la Iglesia. Sin embargo, ciento cincuenta años después de este gozoso aniversario, el Papa asegura que el mensaje de san Alfonso María de Ligorio, patrón de los confesores y moralistas, y modelo para toda la Iglesia en la proyección misionera, “sigue indicando con vigor el camino principal para acercar las conciencias al rostro acogedor del Padre, porque «la salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia»”.

Escuchar la realidad

San Alfonso María de Ligorio

Francisco recuerda que la propuesta teológica de Alfonso “nace de la escucha y la acogida de la fragilidad de los hombres y mujeres más abandonados espiritualmente”. De hecho – dice – “la experiencia misionera en las periferias existenciales de su tiempo, la búsqueda de los alejados y la escucha de las confesiones, la fundación y dirección de la naciente Congregación del Santísimo Redentor, le llevaron a convertirse en padre y maestro de misericordia”.

En este sentido, la progresiva conversión hacia una pastoral decididamente misionera, capaz de acercarse a la gente, “llevó a Alfonso a revisar, no sin esfuerzo, incluso el enfoque teológico y jurídico que había recibido en los años de su formación”. Es por ello que Alfonso, defensor de los últimos, los frágiles y los descartados por la sociedad de su tiempo “defiende – dice el Papa – el «derecho» de todos, especialmente de los más abandonados y de los pobres”.

“San Alfonso, por tanto – asegura el Papa – no es ni laxo ni riguroso”, sino que es “un realista en el verdadero sentido cristiano» porque comprendió bien que «en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los demás».

Invitación a seguir el ejemplo de Alfonso
El Papa después explica que toda acción pastoral “tiene su raíz en el encuentro salvífico con el Dios de la vida, nace de la escucha de la vida y se nutre de una reflexión teológica que sabe hacerse cargo de las preguntas de las personas para indicar caminos viables”. Es por ello que invita a los teólogos morales, a los misioneros y a los confesores a “seguir el ejemplo de Alfonso”, a “entrar en una relación viva con los miembros del pueblo de Dios” y a “mirar la vida desde su perspectiva, para comprender las dificultades reales que encuentran y ayudar a curar sus heridas”.

Además, dice el Papa, “la teología moral no puede reflexionar sólo sobre la formulación de principios, de normas, sino que necesita hacerse cargo propositivamente de la realidad que supera cualquier idea” y esto – subraya “es prioritario” porque “el conocimiento de los principios teóricos por sí solo, como nos recuerda el mismo San Alfonso, no es suficiente para acompañar y apoyar a las conciencias en el discernimiento del bien que hay que hacer”.

Conciencias maduras para una Iglesia adulta
“Siempre es necesario encontrar un camino que no aleje, sino que acerque los corazones a Dios, como hizo Alfonso con su enseñanza espiritual y moral” continúa el Santo Padre y asegura que la atención religiosa debe tener como prioridad “la opción preferencial por los pobres” porque «la inmensa mayoría de los pobres poseen una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y maduración en la fe”.

Además, para el Papa, salir al encuentro de la gente como comunidad apostólica que sigue al Redentor entre los abandonados “ayuda a superar la ética individualista y a promover una madurez moral capaz de elegir el verdadero bien”. También permite “luchar contra la lógica de la competitividad y la ley del más fuerte que considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede utilizar y luego desechar, dando lugar a «la cultura del descarte»”.

Propuestas de Alfonso frente los retos de la sociedad  
“En los últimos tiempos, los retos a los que se enfrenta la sociedad son innumerables” dice el Papa para después enumerarlos: “la pandemia y el trabajo en el mundo post-covid, los cuidados que hay que prestar a todos, la defensa de la vida, los inputs que nos llegan de la inteligencia artificial, la salvaguarda de la creación, la amenaza anti-democrática y la urgencia de la fraternidad”, pero explica que no podemos separar “el grito de los pobres» del «grito de la tierra». En este sentido, siguiendo el ejemplo de Alfonso, el Papa nos invita a abordar seriamente en el plano de la teología moral «el grito de Dios que nos pregunta a todos: ¿Dónde está tu hermano?, ¿Dónde está tu hermano esclavizado? ¿Dónde está el que estáis matando cada día en la pequeña fábrica clandestina, en la red de prostitución, en los niños que utilizáis para mendigar, en el que tiene que trabajar en secreto porque no ha sido regularizado?

Es por ello que Francisco invita, como hizo San Alfonso, “a salir al encuentro de los hermanos y hermanas frágiles de nuestra sociedad”. Algo que implica “el desarrollo de una reflexión teológica moral y de una acción pastoral, capaz de comprometerse con el bien común, que tiene su raíz en la proclamación del kerigma, que tiene una palabra decisiva en defensa de la vida, hacia la creación y hacia la fraternidad”.

Mireia Bonilla

Día Mundial del Agua. El Papa: Actuar sin dilatación para no desperdiciar y contaminar

En un mensaje a nombre del Papa Francisco y firmado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, con motivo del Día Mundial del Agua, el Pontífice reitera el valor de este recurso indispensable, la urgencia de modificar los estilos de vida y el lenguaje para la tutela y la necesidad de una colaboración global para permitir una justa distribución de este recurso.

Ciudad del Vaticano, 22 de marzo 2021.-“Para garantizar el justo acceso al agua es de vital urgencia actuar sin dilación, para acabar de una vez por todas con su desperdicio, mercantilización y contaminación. Es más necesaria que nunca la colaboración entre los Estados, el sector público y privado, así como la multiplicación de iniciativas por parte de los Organismos intergubernamentales”, lo dijo el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado Vaticano, en el Mensaje enviado a nombre del Papa Francisco con motivo del Día Mundial del Agua 2021.

Sin agua no habría vida

En el Mensaje, el Cardenal Secretario de Estado puso en evidencia el tema elegido para el Día Mundial del Agua de este año: “Valorar el agua”. El mismo que nos invita a ser más responsables en la tutela y utilización de este elemento tan fundamental para la preservación de nuestro planeta. “Sin agua – precisa el Cardenal Parolin – no habría habido vida, ni centros urbanos, ni productividad agrícola, forestal o ganadera. Con todo, este recurso no ha sido cuidado con el esmero y la atención que merece. Desperdiciarlo, desdeñarlo o contaminarlo ha sido un error que continúa repitiéndose también en nuestros días”.

Todos tienen derecho a acceder al agua
En nuestro tiempo, en la era del progreso y de los avances tecnológicos, señala el Secretario de Estado, el acceso al agua potable y segura no está al alcance de todos. El Santo Padre nos recuerda que el agua es “un derecho humano básico, fundamental y universal,  […]condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”; un bien al que todos los seres humanos, sin excepción, tienen derecho a acceder de forma adecuada, de modo que puedan llevar una vida digna. De manera que “este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarle el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”.

Fenómenos que perjudican la calidad del agua
A esta triste realidad, precisa el Cardenal Parolin, se añaden hoy los nocivos efectos del cambio climático: inundaciones, sequías, aumento de las temperaturas, variabilidad repentina e impredecible de las precipitaciones, deshielos, disminución de las corrientes de los ríos o agotamiento de las aguas subterráneas. “Todos estos fenómenos – subraya el Purpurado – perjudican y merman la calidad del agua y, por consiguiente, impiden una vida serena y fecunda. También contribuye a este estado de cosas la difusión de la cultura del descarte y la globalización de la indiferencia, que llevan al hombre a sentirse autorizado para saquear y esquilmar la creación”. Sin olvidar la actual crisis sanitaria, que ha agrandado las desigualdades sociales y económicas existentes, poniendo en evidencia el daño causado por la ausencia o la ineficiencia de los servicios hídricos entre los más necesitados.

Terminar con la contaminación de las fuentes de agua
Por ello, pensando en cuantos hoy carecen de un bien tan sustancial como el agua, así como en las generaciones que nos sucederán, recuerda el Cardenal Parolin, invito a todos a trabajar para terminar con la contaminación de los mares y los ríos, de las corrientes subterráneas y los manantiales, a través de una labor educativa que promueva el cambio de nuestros estilos de vida. la búsqueda de la bondad, la verdad, la belleza y la comunión con los demás hombres en aras del bien común. Que sean estos los planteamientos que determinen las opciones del consumo, del ahorro y de las inversiones.

Hacer un uso sensato del agua
En este sentido, “Valorar el agua”, como reza el tema de este año, significa, por tanto, cambiar nuestro propio lenguaje. En lugar de hablar de su “consumo”, debemos referirnos a su “uso” sensato, en función de nuestras necesidades reales y respetando las de los demás. Porque si alguien tiene agua de sobra, y sin embargo la cuida pensando en la humanidad – nos dice el Santo Padre – es porque ha logrado una altura moral que le permite trascenderse a sí mismo”. Si vivimos con sobriedad y ponemos en el centro de nuestros criterios la solidaridad, emplearemos el agua racionalmente, sin despilfarrarla inútilmente, y podremos compartirla con quienes más la necesitan.

Un recurso esencial para la vida
Además, “Valorar el agua” puede significar igualmente reconocer que la seguridad alimentaria y la calidad del agua están íntimamente vinculadas entre sí. De hecho, este recurso juega un papel esencial en todos los aspectos de los sistemas alimentarios: en la producción, procesamiento, preparación, consumo y, en parte, también en la distribución de alimentos. El acceso al agua potable y al saneamiento adecuado reduce el riesgo de contaminación de los alimentos y de propagación de enfermedades infecciosas, que afectan al estado nutricional y a la salud de las personas. Muchas, si no la mayoría, de las patologías provocadas por alimentos se originan, de hecho, en la mala calidad del agua utilizada en su producción, procesamiento y preparación.

Es necesaria la colaboración entre los Estados
Finalmente, el Secretario de Estado dijo que, para garantizar el justo acceso al agua es de vital urgencia actuar sin dilación, para acabar de una vez por todas con su desperdicio, mercantilización y contaminación. Es más necesaria que nunca la colaboración entre los Estados, el sector público y privado, así como la multiplicación de iniciativas por parte de los Organismos intergubernamentales. Es igualmente urgente una cobertura jurídica vinculante, un apoyo sistemático y eficaz para que a todas las zonas del planeta llegue, en cantidad y calidad, el agua potable.

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

Se ha publicado el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, en el día en que la Iglesia celebra a San José. «La vocación -dijo Francisco- es la llamada divina que siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente sí a Dios”.

Ciudad del Vaticano, 19 de marzo 2021.-Ha sido publicado el mensaje del Papa Francisco en la fiesta dedicada a San José, en el mensaje, Francisco recuerda la figura de San José, el sueño de la vocación.  Y recuerda, la vocación es la “llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios”. San José sugiere tres palabras claves para la vocación: sueños, servicios y fidelidad.

Desde el pasado 8 de diciembre, con motivo del 150.º aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia universal, el Papa Francisco, por medio del Decreto de la Penitenciaría Apostólica, dio comienzo al Año dedicado especialmente a este Santo. Además, el Pontífice escribió la Carta apostólica Patris corde para «que crezca el amor a este gran santo». En su mensaje, el Papa afirma que la figura de San José es “extraordinaria, y al mismo tiempo «tan cercana a nuestra condición humana». San José no impactaba, tampoco poseía carismas particulares ni aparecía importante a la vista de los demás. No era famoso y tampoco se hacía notar, los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya. Sin embargo, con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios”.

Las vocaciones: regeneran la vida cada día
Más adelante, en el mensaje, Francisco recuerda que “Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere forjar corazones de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza”.

Y hoy día, en tiempos marcados por “la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, donde nos invade la incertidumbre y el miedo al futuro, lo que necesita el sacerdocio y la vida consagrada es a San José que viene a su “encuentro con su mansedumbre, como santo de la puerta de al lado; al mismo tiempo, su fuerte testimonio puede orientarnos en el camino”.

Tres palabras clave para la vocación

Representación artística de San José

Francisco señala en su mensaje que San José nos sugiere tres palabras clave para nuestra vocación. La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse. Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos.

Y el mayor sueño de la humanidad: “amor”. Porque como afirma el Papa, es “el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don”.

En el Mensaje, el Pontífice explica que los Evangelios narran cuatro sueños. Eran llamadas divinas, “pero no fueron fáciles de acoger. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente. Y el Papa nos pregunta: “¿Qué era un sueño nocturno para depositar en él tanta confianza?”. Aunque en la antigüedad se le prestaba mucha atención, seguía siendo poco ante la realidad concreta de la vida. A pesar de todo, san José se dejó guiar por los sueños sin vacilar”, porque confirma el Papa, “su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante “oído interno” sólo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. Esto también se aplica a nuestras llamadas”.

“A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. Y así, como hizo con san José, nos propone metas altas y sorprendentes”.

La vocación: la llamada divina que impulsa a entregarse
Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca habría imaginado. El primero, afirma en su mensaje, desestabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el tercero anunciaba el regreso a su patria y el cuarto le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la proclamación del Reino de Dios. “En todas estas vicisitudes, afirma el Papa, la valentía de seguir la voluntad de Dios resultó victoriosa. Así pasa en la vocación: la llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios. Y cada “sí” da frutos, porque se adhiere a un plan más grande, del que sólo vislumbramos detalles, pero que el Artista divino conoce y lleva adelante, para hacer de cada vida una obra maestra. En este sentido, san José representa un icono ejemplar de la acogida de los proyectos de Dios”.

San José es un icono de la acogida de los proyectos de Dios, pero es una “acogida activa, nunca renuncia ni se rinde, «no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte». Que él ayude a todos, señala Francisco, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir “sí” al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona”.

Servicio 
La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio, escribe el Papa y explica que se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo. «El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las generaciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Iglesia. También es patrono de la buena muerte, él que supo encarnar el sentido oblativo de la vida. Sin embargo, su servicio y sus sacrificios sólo fueron posibles porque estaban sostenidos por un amor más grande: «Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio»

Y este tipo de madurez, afirma, es lo que se requiere en el sacerdocio y la vida consagrada. «Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración».

El Pontífice explica que «para san José el servicio, expresión concreta del don de sí mismo, no fue sólo un ideal elevado, sino que se convirtió en regla de vida cotidiana», San José, dijo el Papa, «se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de quien vive para servir. Con este espíritu, José emprendió los numerosos y a menudo inesperados viajes de su vida: de Nazaret a Belén para el censo, después a Egipto y de nuevo a Nazaret, y cada año a Jerusalén, con buena disposición para enfrentarse en cada ocasión a situaciones nuevas, sin quejarse de lo que ocurría, dispuesto a echar una mano para arreglar las cosas. Se podría decir que era la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. Por eso, no puede más que ser un modelo para todas las vocaciones, que están llamadas a ser las manos diligentes del Padre para sus hijos e hijas»

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones
Francisco, expresó que le gusta pensar en san José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. «Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir. «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14), dice el Evangelio, señalando su premura y dedicación a la familia. No perdió tiempo en analizar lo que no funcionaba bien, para no quitárselo a quien tenía a su cargo. Este cuidado atento y solícito es el signo de una vocación realizada, es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios. ¡Qué hermoso ejemplo de vida cristiana damos cuando no perseguimos obstinadamente nuestras propias ambiciones y no nos dejamos paralizar por nuestras nostalgias, sino que nos ocupamos de lo que el Señor nos confía por medio de la Iglesia! Así, Dios derrama sobre nosotros su Espíritu, su creatividad; y hace maravillas, como en José».

La fidelidad
«Además de la llamada de Dios —que cumple nuestros sueños más grandes— y de nuestra respuesta —que se concreta en el servicio disponible y el cuidado atento—, hay un tercer aspecto que atraviesa la vida de san José y la vocación cristiana, marcando el ritmo de lo cotidiano: la fidelidad. José es el «hombre justo» (Mt 1,19), que en el silencio laborioso de cada día persevera en su adhesión a Dios y a sus planes. En un momento especialmente difícil se pone a “considerar todas las cosas” (cf. v. 20). Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas. Cultiva todo con paciencia. Sabe que la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones», esto dijo el Pontífce corresponde a la laboriosidad serena y constante con la que «desempeñó el humilde oficio de carpintero (cf. Mt 13,55), por el que no inspiró las crónicas de la época, sino la vida cotidiana de todo padre, de todo trabajador y de todo cristiano a lo largo de los siglos. Porque la vocación, como la vida, sólo madura por medio de la fidelidad de cada día».

La fidelidad afirma Francisco se alimenta «a la luz de la fidelidad de Dios. Las primeras palabras que san José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20). y a continuación el Pontífice se dirige a cada uno de estos hermanos que desean seguir su vocación: 

«No temas: son las palabras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te encuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Son las palabras que, como un estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la fidelidad de cada día».

Y es esta fidelidad el secreto de la alegría, como dice un himno litúrgico, dice por último Francisco, en la casa de Nazaret,  había «una alegría límpida». Era la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la alegría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo. Y exclama su esperanza que hermoso sería si la misma atmósfera sencilla y radiante, sobria y esperanzadora, impregnara los seminarios, institutos religiosos, casas parroquiales.  Y es la alegría que desea a todos los que «generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría».

El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia

Mensaje del Santo Padre a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.

Ciudad del Vaticano, 19 de marzo 2021.-“Apoyemos a la familia, defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”, lo dijo el Papa Francisco en su mensaje a los participantes en el webinar sobre “Nuestro amor cotidiano”, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con la Diócesis de Roma y el Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II, en la apertura del Año dedicado a la Familia, con ocasión del V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal “Amoris laetitia”.

Hoy es necesaria una nueva mirada a la familia
En su Mensaje, el Santo Padre recordó que, hace años se promulgó la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris laetitia sobre la belleza y la alegría del amor conyugal y familiar. “En este aniversario – señaló el Pontífice – los he invitado a vivir un año de relectura del Documento y de reflexión sobre el tema, hasta la celebración de la X Jornada Mundial de las Familias que, si Dios quiere, tendrá lugar en Roma el 26 de junio de 2022”. Durante este quinquenio, Amoris laetitia ha marcado el inicio de un camino tratando de impulsar un nuevo enfoque pastoral de la realidad de la familia. “La intención principal del Documento – subrayó el Papa – es comunicar, en un tiempo y una cultura profundamente cambiados, que hoy es necesaria una nueva mirada a la familia por parte de la Iglesia: no basta con reiterar el valor y la importancia de la doctrina, si no nos convertimos en custodios de la belleza de la familia y si no cuidamos con compasión su fragilidad y sus heridas”.

Dos aspectos que están en el corazón de la pastoral familiar

VII Encuentro Mundial de las Familias

Por ello, es importante afirmó el Papa Francisco estos dos aspectos que están en el corazón de toda la pastoral familiar: la franqueza del anuncio del Evangelio y la ternura del acompañamiento. “Por un lado, anunciamos a las parejas, a los esposos y a las familias una Palabra que les ayude a captar el auténtico sentido de su unión y de su amor, signo e imagen del amor trinitario y de la alianza entre Cristo y la Iglesia”. Por otra parte, esta proclamación no puede ni debe darse nunca desde arriba o desde fuera. La Iglesia está encarnada en la realidad histórica como lo estuvo su Maestro, e incluso cuando anuncia el Evangelio de la familia lo hace sumergiéndose en la vida real, conociendo de cerca las labores cotidianas de los esposos y de los padres, sus problemas, sus sufrimientos, todas esas pequeñas y grandes situaciones que pesan y a veces obstaculizan su camino.

“Nuestro amor cotidiano”
Este es el contexto, les dijo el Papa a los participantes en el seminario web, se trata del amor generado por la sencillez y el trabajo silencioso de la vida de pareja, por ese compromiso cotidiano y a veces agotador que llevan a cabo los cónyuges, las madres, los padres, los hijos. Un Evangelio que se propone como una doctrina caída de lo alto y no entra en la «carne» de esta vida cotidiana, corre el riesgo de quedarse en una bella teoría y, a veces, de ser vivido como una obligación moral. Estamos llamados a acompañar, a escuchar, a bendecir el camino de las familias; no sólo a trazar la dirección, sino a hacer el camino con ellas; a entrar en los hogares con discreción y con amor, para decir a los esposos: la Iglesia está con ustedes, el Señor está cerca de ustedes, queremos ayudarles a conservar el don que han recibido.

Ayudar a la familia a realizar su misión
El Santo Padre precisa que, es fundamental anunciar el Evangelio acompañando a las personas y poniéndonos al servicio de su felicidad: así podemos ayudar a las familias a caminar de una manera que responda a su vocación y misión, conscientes de la belleza de los vínculos y de su fundamento en el amor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. “Cuando la familia vive bajo el signo de esta Comunión divina, que he querido explicitar en sus aspectos existenciales en Amoris laetitia, entonces se convierte en palabra viva de Dios-Amor, hablada al mundo y para el mundo”. En efecto, la gramática de las relaciones familiares -es decir, de la conyugalidad, de la maternidad, de la paternidad, de la filialidad y de la fraternidad- es la vía por la que se transmite el lenguaje del amor, que da sentido a la vida y calidad humana a toda relación.

Los lazos familiares dan estabilidad a la comunidad humana
En esta época de pandemia, recuerda el Pontífice, en medio de tantas dificultades tanto psicológicas como económicas y sanitarias, todo esto se ha puesto de manifiesto: los lazos familiares han sido y siguen siendo duramente probados, pero al mismo tiempo siguen siendo el punto de referencia más firme, el apoyo más fuerte, el guardián insustituible para la estabilidad de toda la comunidad humana y social. “¡Así que apoyemos a la familia! Defendámosla de todo lo que comprometa su belleza. Acerquémonos a este misterio del amor con asombro, discreción y ternura. Y comprometámonos a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos: hijos, padres, abuelos… Necesitamos estos vínculos para vivir y vivir bien, para hacer la humanidad más fraterna”.

Renato Martinez


El Papa: “La elevación del Santuario de Knock es una gran responsabilidad”

El Papa Francisco envía un video-mensaje al pueblo irlandés con motivo de la elevación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Knock a Santuario Internacional de especial devoción eucarística y mariana.

Ciudad del Vaticano, 19 de marzo 2021.-El Santo Padre ha querido estar presente en este momento tan importante de la vida del Santuario de Knock, para el que el Papa declaró oficialmente hace unos días que pasaría de ser considerado Nacional a Internacional de Especial Devoción Eucarística y Mariana justamente hoy, el día de San José. Por ello, a través de un video-mensaje, Francisco ha querido dirigirse al pueblo irlandés, recordándole que son un pueblo que, desde la aparición del 21 de agosto de 1879, cuando la Santísima Virgen María se apareció a unos aldeanos en Knock junto con San José y San Juan Apóstol, “han expresado su devoción allá donde ha ido” y han sido “un pueblo de misioneros”.

Francisco también ha querido recordar “cómo muchos sacerdotes dejaron su tierra para convertirse en evangelizadores” y “a los muchos laicos que han emigrado a tantas tierras y han mantenido viva su devoción a Nuestra Señora de Knock”. Sin olvidarse de las familias: “Cuántas familias, a lo largo de casi un siglo y medio – dice el Papa – han transmitido la fe a sus hijos y han reunido sus labores cotidianas en torno al rezo del Rosario con la imagen de Nuestra Señora de Knock en el centro”.  

La importancia del silencio para la fe

Santuario mariano de Knock en Irlanda

“En la aparición de Knock, la Virgen no dice una palabra. Sin embargo, su silencio es también un lenguaje; de hecho, es el lenguaje más expresivo que se nos da”. El Papa ha resaltado en su video-mensaje que el mensaje que se desprende de Knock “es el gran valor que tiene el silencio para la fe”. Y, deteniéndose en “el silencio” ha recordado que “es el silencio ante el misterio que no significa renunciar a la comprensión, sino la comprensión sostenida y ayudada por el misterio del amor de Jesús que se ofreció por todos nosotros como Cordero sacrificado para la salvación de la humanidad”.

También ha dicho que “es el silencio ante el gran misterio del amor que no encuentra otra posibilidad de respuesta que la de abandonarse con confianza a la voluntad del Padre misericordioso”. Por último, ha explicado que “es el silencio que pidió Jesús cuando nos enseñó: ‘Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará’. Y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará”. De hecho, el Papa aconseja que cuando recemos, no desperdiciemos nuestras palabras como los paganos y hace suyas las palabras de Mateo: “No seáis, pues, como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis incluso antes de que se lo pidáis».

Una elevación que es una gran responsabilidad
“La elevación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Knock a Santuario Internacional de Especial Devoción Eucarística y Mariana es una gran responsabilidad” ha dicho el Papa Francisco al pueblo irlandés, porque esto conlleva – continúa – “que os comprometéis a estar con los brazos siempre abiertos en señal de acogida a todo peregrino que venga a vosotros desde cualquier parte del mundo, sin pedirles nada, sino sólo reconociéndoles como hermanos que desean compartir la misma experiencia de oración en común hermandad”. Además, les pide que esta “acogida” se combine con “la caridad” y se convierta “en un testimonio eficaz de un corazón que se abre para recibir la Palabra de Dios y la gracia del Espíritu Santo que da fuerza”.  

El Papa a sacerdotes: no ignorar la historia de las comunidades, amar gratuitamente

Siguiendo el ejemplo de la paternidad de San José, Patrono de la Iglesia Universal, el sacerdote está llamado a ser un custodio atento y listo para cambiar, según lo que la situación requiera; a no ser «monolítico», rígido y como enyesado en un modo de ejercer el ministerio, que quizás sea bueno en sí mismo, pero que no es capaz de captar los cambios y las necesidades de la comunidad. Son las palabras del Papa Francisco en su discurso entregado al Pontificio Colegio Belga con motivo de su 175° aniversario.

Ciudad del Vaticano, 18 de marzo 2021.- “El nuevo párroco debe amar primero a la comunidad, gratuitamente, sólo porque ha sido enviado a ella; y poco a poco, amándola, la conocerá a fondo y podrá contribuir a encaminarla por nuevos senderos”: es un ejemplo concreto, puesto en evidencia por el Santo Padre Francisco, de la “identidad de pastor y del modo de ejercer la paternidad” que enseña San José, maestro de vida espiritual y de discernimiento.

Al recibir con motivo del 175° aniversario a miembros del Pontificio Colegio Belga, que tiene como patrono al “Custodio del Redentor” y del cual fue alumno San Juan Pablo II, el Papa Francisco entregó su discurso, centrado, precisamente, en la paternidad de San José, tema principal de su Carta Apostólica Patris corde, en la víspera de su Solemnidad, este 19 de marzo.

No ignorar la historia de las comunidades

San José

En primer lugar – dijo el Santo Padre – San José es un padre que acoge: “superada toda rebelión y dejando a un lado sus legítimos planes personales, amó y acogió a María y a Jesús, una esposa y un hijo muy diferentes de la visión de la vida familiar que él podía desear, pero por ello tanto más apreciados y amados por él”. En otras palabras, – añadió – José no buscó explicaciones para la sorprendente y misteriosa realidad a la que se enfrentaba, sino que la acogió con fe, amándola tal como era. 

Es en ese sentido, según el Papa Francisco, que San José es un maestro de vida espiritual y de discernimiento, y así, se lo puede invocar para que “libere de las ataduras de demasiadas reflexiones en las que a veces acabamos perdiéndonos, incluso con las mejores intenciones”. Es el ejemplo concreto, nombrado más arriba, del sacerdote que llega a “una nueva parroquia”: el párroco llega a una comunidad que “le preexiste”, que “tiene su propia historia, hecha de alegrías y de heridas, de riquezas y de pequeñas miserias”. No puede ser ignorada en nombre de ideas y de planes pastorales personales que uno no ve la hora de aplicar, dice el Pontífice.

De ahí la recomendación del Papa a “amar primero a la comunidad, gratuitamente, sólo porque ha sido enviado a ella”, porque así, “poco a poco, amándola, la conocerá a fondo y podrá contribuir a encaminarla por nuevos senderos”.

Saber hacerse servidores de todos
La actitud del pastor es puesta de manifiesto en la segunda parte del discurso del Santo Padre: San José – expresó – es un padre que custodia, y esa es una tarea que vivió «con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aún cuando no comprende». También con “atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio».

Para todo sacerdote que se inspira en la paternidad de San José, custodiar “significa amar con ternura” a quienes les han sido confiados, “pensar ante todo en su bien y en su felicidad, con discreción y con perseverante generosidad”. Se trata de “una actitud interior” que lleva a “no perder nunca de vista a los demás”, evaluando “cada vez” cuándo hay que retirarse y cuándo hay que hacerse próximos, y manteniendo siempre “un corazón vigilante, atento y orante”, como el del pastor, que nunca abandona a su rebaño: “se coloca en una posición diferente en relación a él según las necesidades concretas del momento: adelante para abrir el camino, en medio para alentar, atrás para recoger a los últimos”.

Un sacerdote está llamado a esto en su relación con la comunidad que le ha sido confiada, es decir, a ser un custodio atento y listo para cambiar, según lo que la situación requiera; a no ser «monolítico», rígido y como enyesado en un modo de ejercer el ministerio que quizás sea bueno en sí mismo, pero que no es capaz de captar los cambios y las necesidades de la comunidad.

Cuando un pastor ama y conoce a su rebaño, “sabe hacerse el servidor de todos”, recuerda el Papa Francisco: no se pone a sí mismo y a sus propias ideas en el centro, sino el bien de aquellos a los que está llamado a custodiar, evitando las tentaciones opuestas de la dominación y la despreocupación.

Es necesario “saber soñar” con la comunidad que se ama
Siguiendo el ejemplo de San José, “padre que sueña”, en el sentido que “sabe mirar más allá de lo que ve”, también para los sacerdotes “es necesario” saber soñar “con” la comunidad que se ama, no limitándose a querer conservar lo que existe, puesto que “conservar y custodiar”, advierte el Papa, “no son sinónimos”.  Se trata de mirar “con mirada profética” sabiendo “reconocer el plan de Dios donde otros no ven nada”, con una “meta clara” hacia la cual tender. 

San José supo ver en María y en Jesús no sólo a una joven esposa y a un niño: siempre vio en ellos la acción de Dios, la presencia de Dios. Así, velando por la fragilidad del Niño y de su Madre, José miró más allá de sus deberes de padre de familia y, prefiriendo creer en Dios más que en sus propias dudas, se ofreció a Él como instrumento para la realización de un plan más grande, en un servicio prestado en el escondimiento, generoso e incansable, hasta el silencioso final de su propia vida.

Por todo ello el Papa exhorta al “deber” de “estar dispuestos”, a partir de la historia concreta de las personas, a “promover la conversión y la renovación en sentido misionero, y a hacer crecer una comunidad en camino, formada por discípulos guiados por el Espíritu e impulsados por el amor de Dios”.  

En el año dedicado a San José, por último, el Obispo de Roma invita a los sacerdotes a “redescubrir de modo particular en la oración la figura y la misión de san José, dócil a la voluntad de Dios, humilde autor de grandes empresas, siervo obediente y creativo”. 

“Les hará bien poner a ustedes mismos y a sus vocaciones bajo su manto y aprender de él el arte de la paternidad, que pronto serán llamados a ejercer en las comunidades y en los ámbitos y servicios ministeriales que les serán confiados.”

El Papa: La reflexión de Fratelli tutti fomente el diálogo entre las religiones

Este 3 de marzo, en el Centro Cultural «Pokrovskie vorota» de Moscú, se llevó a cabo la presentación de la Encíclica “Fratelli tutti”, en lengua rusa. El Santo Padre ha enviado un mensaje en el cual invita a todos los hombres de buena voluntad a confrontarse con este texto con el fin de acrecentar el diálogo entre las religiones.

Ciudad del Vaticano, 3 de marzo 2021.-“Creo que la reflexión y el diálogo sobre esta Encíclica pueden ser de ayuda no sólo para la Federación Rusa, donde el diálogo entre cristianos y musulmanes está llamado a crecer, sino para toda la familia humana”, lo escribe el Papa Francisco en su mensaje con ocasión de la presentación de la Encíclica “Fratelli tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social, en lengua rusa, en el Centro Cultural «Pokrovskie vorota» de Moscú, este 3 de marzo, a las 14 horas en Roma, con la participación del Arzobispo católico de Moscú, Monseñor Paolo Pezzi, junto con el Nuncio Apostólico Giovanni D’Aniello.

Vivimos en un mundo interconectado

El Papa Francisco firma la Encíclica “Fratelli Tutti” en Asís

En su mensaje, el Santo Padre manifiesta su alegría porque, la Encíclica “Fratelli tutti”, ha sido traducida al ruso, “de este modo – afirma el Pontífice – se pondrá a disposición de un gran número de hombres y mujeres de buena voluntad que deseen confrontarse con este texto”. Además, el Papa manifiesta su satisfacción porque ha sido el Muslim International Forum, el encargado de editar esta traducción al ruso. “Creo que la reflexión y el diálogo sobre esta Encíclica – señala el Papa – pueden ser de ayuda no sólo para la Federación Rusa, donde el diálogo entre cristianos y musulmanes está llamado a crecer, sino para toda la familia humana. De hecho, en el mundo globalizado e interconectado en el que vivimos, un gesto realizado en un rincón tiene repercusiones en todos los demás”.

Fomentar el diálogo entre las religiones
Además, el Papa Francisco confía en que un debate abierto y sincero sobre los temas de la “Fratelli tutti”, pueda fomentar el diálogo entre las religiones. De hecho, la fraternidad proviene del hecho de reconocer a un solo Padre. Y, si todos somos hijos de un mismo Padre, entonces podemos llamarnos hermanos y, sobre todo, vivir como tales. “Con estos sentimientos de gratitud – concluye el Papa – les deseo a todos un estudio fructífero de este texto y que puedan beneficiarse de él en su vida personal y social”.

En marzo, el Papa invita a pasar de la miseria a la misericordia con la confesión

En el video con la intención de oración para el mes de marzo, Francisco invita a rezar para “vivir el sacramento de la reconciliación con renovada profundidad y para saborear el perdón y la infinita misericordia de Dios”.

Ciudad del Vaticano, 2 de marzo 2021.-“Cuando yo voy a confesarme es para sanarme, para curar mi alma. Para salir con más salud espiritual. Para pasar de la miseria a la misericordia. El centro de la confesión no son los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos. El centro de la confesión es Jesús que nos espera, nos escucha y nos perdona”. Es el mensaje lleno de esperanza  del Papa Francisco en El Video del Papa de mes de marzo, publicado hoy con la intención de oración que el Santo Padre confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa. El video de este mes se abre con el ejemplo del pontífice que va a confesarse, “para sanarme, para curar mi alma” – dice – e invita a redescubrir la fuerza de renovación personal que tiene el sacramento de la confesión en nuestra vida:

“Recemos para que vivamos el sacramento de la Reconciliación con renovada profundidad y para saborear el perdón y la infinita misericordia de Dios”

“Jesús nos espera, nos escucha y nos perdona”

“En el corazón de Dios estamos nosotros antes que nuestras equivocaciones», asegura también el Santo Padre, destacando una vez más la fuerza que tiene el amor de Dios sobre nuestro ser y nuestro actuar. Recibir este sacramento no se trata de erigirse ante un juez, sino de acudir a un encuentro de amor ante un Padre que nos recibe y nos perdona siempre. “El centro de la confesión no son los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos”, agrega Francisco. Y ese amor está antes que todo, antes que los errores, las reglas, los juicios y las caídas.

Sacerdotes misericordiosos
El P. Frédéric Fornos S.J., Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, recordó las últimas palabras de Francisco: “Recemos para que Dios dé a su Iglesia sacerdotes misericordiosos y no torturadores”. Y precisó que “no es la primera vez que el Papa pide esta gracia. Como el buen pastor conoce el sufrimiento de la gente, sus pecados, su necesidad de encontrar ‘ministros de la misericordia’. Es el tiempo de la misericordia. En su carta apostólica Misericordia et misera, al concluir el Jubileo extraordinario de la misericordia, invitó a los sacerdotes a ser como Jesús, llenos de compasión y pacientes. Es un camino de conversión para cada sacerdote, ‘ser testigos de la ternura paterna’, ‘prudentes en el discernimiento’, y ‘generosos para dispensar el perdón de Dios’. Pide que el corazón sea cercano al corazón de Jesús, y es una gracia”. 

En el Ángelus del pasado 14 de febrero, Francisco dirigió palabras especiales por tantos “buenos sacerdotes confesores” que atraen a la gente y lo hacen con ternura, con compasión, “no están con el látigo en la mano, sino que están sólo para recibir, para escuchar y para decir que Dios es bueno y que Dios siempre perdona, que Dios no se cansa de perdonar”. Además, pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro un aplauso para estos «confesores misericordiosos».

El Obispo de Roma concluye su video con la intención de oración para el mes de marzo, diciendo:

“Recuerden esto: en el corazón de Dios estamos nosotros antes que nuestras equivocaciones. Y recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación con renovada profundidad y para saborear el perdón y la infinita misericordia de Dios. Y recemos para que Dios dé a su Iglesia sacerdotes misericordiosos y no torturadores.”

Cecilia Mutual

El Papa al Congreso de Educación Religiosa: en las crisis se revela el corazón

“El anuncio y la realización de la promesa de Dios se ha visto en los tantos testimonios de amor generoso y gratuito que hemos presenciado durante todos estos meses de pandemia”. Lo ha afirmado el Papa Francisco en su video mensaje dirigido al Congreso de Educación Religiosa organizado por la Archidiócesis de Los Ángeles sobre el tema «¡Proclamad la promesa!», que tiene lugar de forma virtual del 18 al 21 de febrero de 2021.

Ciudad del Vaticano.-“Qué pertinente, en este contexto, es la llamada de este Congreso: ¡Proclama la promesa!  Necesitamos anunciar y recordar que tenemos la promesa de Dios y que Dios siempre cumple sus promesas”. Lo ha dicho el Pontífice a través de un video mensaje que ha sido publicado durante la ceremonia de apertura del Congreso de Educación Religiosa 2021 organizado por la Archidiócesis de Los Ángeles del 18 al 21 de febrero, con motivo de su 65 aniversario y el 50 aniversario del “Día de la Juventud”. En el video mensaje, pronunciado en español, el Papa además pide que se debe recordar que “cada mujer, cada hombre y cada generación encierra en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales”.

También ha hablado de este periodo de pandemia, asegurando que “ha marcado profundamente la vida de las personas y la historia de nuestras comunidades”. Por eso – dice – “ante esta y otras realidades es necesario construir el mañana y para ello hacen falta el compromiso, la fuerza y la dedicación de todos. Hace falta actuar con estilo del Samaritano, que implica dejarse golpear por lo que veo, sabiendo que el sufrimiento me va a cambiar y con el sufrimiento del otro me debo comprometer”. Además – subraya – el anuncio y la realización de la promesa de Dios se ha visto en los tantos “testimonios de amor generoso y gratuito que hemos presenciado durante todos estos meses” y los cuales “han dejado una huella imborrable en las conciencias y en en el tejido social, enseñando cuán necesaria es la cercanía, el cuidado, el acompañamiento y el sacrificio para alimentar la fraternidad”.

Recordando estos testimonios, Francisco pide que no olvidemos un principio universal: “de la crisis nunca se sale igual, se sale mejor o se sale peor, pero nunca se sale igual”. Y es precisamente en las crisis donde “se revela el propio corazón – dice – su solidez, su misericordia, su grandeza o su pequeñez”.

Al final del mensaje, se ha dirigido a los jóvenes, a quienes les ha pedido que el impulso que vivan y compartan en este Congreso de Educación Religiosa debe ser soñar juntos y mirar hacia delante: “Los sueños se construyen juntos. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, pero sí, todos hermanos”. Además, les ha invitado “a la esperanza” y  a ser “los poetas de una nueva belleza humana, una nueva belleza fraterna y amigable”.

Mireia Bonilla