El Papa reza con los abuelos y los ancianos del mundo

El Papa reza con los abuelos y los ancianos del mundo Con motivo de la primera Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebra este domingo 25 de julio, en un vídeo, Francisco une su voz a la de hombres y mujeres de distintos continentes para invocar el fin de la pandemia y de las guerras y dar gracias por el don de una larga vida hecha de alegrías y dificultades pero nunca sin el consuelo de Dios.

Ciudad del Vaticano, 23 de julio 2021.- Una voz, muchos rostros, para una oración que tiene como protagonistas al Papa y a los ancianos del mundo. Abuelos: hombres, mujeres, matrimonios, de diferentes orígenes y colores, físicamente distantes pero cercanos en la fe y en la fuerza de la oración que los hace uno con Francisco y la humanidad. De ellos surge, en un vídeo, la invocación al Señor para que calme la pandemia y acabe con todas las guerras, pero también la acción de gracias por los momentos de alegría y dificultad, por la bendición de una larga vida en la que nunca ha faltado el consuelo y la presencia viva del Señor. Así, las voces se alternan y entre ellas está también la de monseñor Laurent Noël que, a sus 101 años, es el obispo más anciano del mundo.

Misa en San Pedro y en las distintas diócesis
La oración es la oficial para la primera Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, que se celebra, por iniciativa del Papa, el próximo domingo 25 de julio con una misa en la Basílica de San Pedro a las 10.00 horas (CET) presidida por el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. El evento contará con la participación de 2.000 personas de la diócesis y de las asociaciones implicadas en la pastoral de la tercera edad.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida informa en una nota que serán en su mayoría abuelos acompañados por sus nietos, pero significativamente, habrá varios cientos de personas que saldrán, por primera vez, de las estructuras residenciales en las que viven después de más de un año de aislamiento. Al final de la celebración, los jóvenes presentes en San Pedro ofrecerán a los abuelos y ancianos presentes una flor con el mensaje del Santo Padre: «Yo estoy con vosotros todos los días», que es también el tema de la Jornada. En las diócesis y parroquias de todo el mundo se han previsto celebraciones similares en diferentes formas.

El Dicasterio Laicos Familia y Vida anima a visitar a nuestros abuelos en estos días
El Dicasterio invita a todos, especialmente a los más jóvenes, a celebrar el Día Mundial de los Abuelos y los Ancianos visitando a sus abuelos o a los ancianos solos en su comunidad en los días siguientes. La visita -que está asociada a la concesión de la indulgencia plenaria establecida por el decreto de la Penitenciaría Apostólica- puede ser una oportunidad para transmitir el mensaje del Santo Padre y recitar juntos la oración que se presenta hoy en vídeo y que se puede descargar en https://bit.ly/elderly2021.

La oración oficial

Te doy las gracias, Señor,
por el consuelo de tu presencia:
También en la soledad,
eres mi esperanza, mi confianza;
¡Desde mi juventud, eres mi roca y mi fortaleza!
Gracias por haberme dado una familia
y por la bendición de una larga vida.
Te agradezco los momentos de alegría y de dificultad,
por los sueños cumplidos y por los que aún tengo por delante.
Te agradezco este tiempo de renovada fecundidad
al que me llamas.

Aumenta, Señor, mi fe,
hazme un instrumento de tu paz;
enséñame a acoger a quien sufre más que yo,
a no dejar de soñar
y a narrar tus maravillas a las nuevas generaciones.

Protege y guía al papa Francisco y a la Iglesia,
para que la luz del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra.
Envía tu Espíritu, Señor, a renovar el mundo,
para que la tormenta de la pandemia se apacigüe,
los pobres sean consolados y toda guerra termine.

Sostenme en la debilidad,
y concédeme vivir plenamente
cada momento que me das,
con la certeza de que estás conmigo
cada día hasta el fin del mundo.

Amén.

Un día deseado por el Papa
El vídeo difundido hoy prepara y relanza, por tanto, la Jornada fuertemente deseada por el Papa, como se anunció al final del Ángelus del pasado 31 de enero, indicando la fecha como el cuarto domingo de julio, cercana a la fiesta de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús, y explicando la intención, es decir, celebrar el don de la vejez y recordar a quienes, antes que nosotros y por nosotros, custodian y transmiten la vida y la fe. Posteriormente, en el Mensaje dedicado a esta nueva Jornada, hecho público el pasado 22 de junio, el Papa destacó la vocación de la Tercera Edad, definiéndola en tres ámbitos: «conservar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los jóvenes». También en el texto guía de esta jornada, el Papa elevó su oración especial para que «cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada anciana -sobre todo los que están más solos entre nosotros- reciban la visita de un ángel», como San Joaquín, el abuelo de Jesús, apartado de la comunidad por no tener hijos. El gran tema, por tanto, de la soledad y el sufrimiento que la pandemia ha acentuado, y por el que el Papa reiteró su certeza: «Incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles, para consolar nuestra soledad y repetirnos: ‘Yo estoy contigo cada día'». Este es precisamente el tema de la Jornada y este es el concepto subyacente de la oración que también figura en el vídeo publicado hoy.

Papa a los franciscanos: «Enfrenten sus retos venciendo la ansiedad y el miedo»

El Santo Padre envió un mensaje a los participantes del Capítulo General de la Orden franciscana que recientemente han elegido a un nuevo ministro general, Fray Massimo Giovanni Fusarelli. El Papa los animó a no dejar que la ansiedad y el miedo les impidan abrir sus corazones y mentes a la renovación, mientras se enfrentan a retos como el descenso del número de religiosos o el envejecimiento de la Orden.

Ciudad del Vaticano, 17 de julio 2021.- «Ir al encuentro de los hombres y mujeres que sufren en el cuerpo y en el alma, ir hacia una creación herida; ir como hombres de diálogo, buscando construir puentes en lugar de muros y como hombres de paz invitar a la conversión a los que siembran odio, división y violencia», es una de las exhortaciones que el Papa Francisco escribe en su mensaje a los participantes del Capítulo General de la Orden franciscana que recientemente han elegido a un nuevo ministro general, Fray Massimo Giovanni Fusarelli.

En este contexto, el Santo Padre anima a los religiosos «a no dejar que la ansiedad y el miedo les impidan abrir sus corazones y mentes a la renovación», mientras se enfrentan a retos como el descenso del número de religiosos o el envejecimiento de los miembros de la Orden.

En su mensaje, Francisco le augura a Fray Fusarelli sus mejores deseos, agradeciendo también a su predecesor, el padre Michael Perry.

Además, el Pontífice expresa su cercanía a todas las comunidades franciscanas «dispersas por el mundo», recordándoles su «patrimonio espiritual de inestimable riqueza, enraizado en la vida evangélica y caracterizado por la oración, la fraternidad, la pobreza, la minoridad y la itinerancia».

Para el Papa, este es precisamente, un punto de fuerza para Orden en el presente, marcado por los «desafíos del descenso numérico y el envejecimiento», y para el futuro, en la perspectiva de la «renovación».

Asimismo, el Pontífice alentó a los religiosos a salir al encuentro de los más descartados de la sociedad, tal y como lo hizo San Francisco:

“No olvidéis que una mirada renovada, capaz de abrirnos al futuro de Dios, la recibimos de nuestra cercanía a los pobres, a las víctimas de la esclavitud moderna, a los refugiados y a los excluidos de este mundo. Son sus maestros. Abrácenlos como lo hizo San Francisco”

El Papa concluye compartiendo con los hermanos franciscanos una intención de oración especial:

“Que el Altísimo, Omnipotente y Buen Señor os haga cada vez más creíbles y alegres testigos del Evangelio; que os conceda llevar una vida sencilla y fraterna; y que os conduzca por los caminos del mundo para sembrar la semilla de la Buena Nueva con fe y esperanza. Rezo por ello y los acompaño con mi bendición”

Vatican News

El Papa Francisco: ¡No tires el plástico al mar!

El Papa Francisco recuerda la celebración anual del Domingo del Mar invitando a todos a cuidar nuestros mares y océanos.

Ciudad del Vaticano, 11 de julio 2021.- El Papa Francisco, durante la oración del Ángelus, recordó a los fieles que el domingo 11 de julio es el Domingo del Mar: «dedicado de manera especial a todos los que dependen del mar para su trabajo y sustento».

Celebrado anualmente, el Domingo del Mar, es un día para que la gente se reúna para rezar por los marinos y los pescadores y agradecerles el papel vital que desempeñan en todas nuestras vidas.

Como señala el Papa Francisco, también es un día en el que se destaca la importancia de cuidar el mar y su ecosistema.
Hablando después del rezo del Ángelus, el Papa dijo que reza por los marinos y exhortó a todos a cuidar los océanos y los mares. «Cuiden la salud del mar: ¡no al plástico en el mar!», dijo.

8 millones de toneladas de plástico entran en el océano cada año

Las cifras de la ONU muestran que 8 millones de toneladas de plástico entran en el océano cada año, matando la vida marina y alimentando la cadena alimentaria humana.

El Papa Francisco hace muchas referencias a la necesidad de cuidar los océanos y los mares en su encíclica «Laudato sì, Sobre el cuidado de nuestra casa común». En el párrafo 41, por ejemplo, dice: «Los océanos son el patrimonio común de la familia humana. Sólo con un profundo sentido de humildad, asombro y gratitud podemos hablar con razón del océano como «nuestro». Cuidar esta herencia común implica necesariamente rechazar formas de actuar cínicas o indiferentes. No podemos pretender ignorar los problemas de contaminación de los océanos derivados, por ejemplo, de los plásticos y microplásticos que entran en la cadena alimentaria y provocan graves consecuencias para la salud de la vida marina y humana. Tampoco podemos permanecer indiferentes ante la pérdida de los arrecifes de coral, lugares esenciales para la supervivencia de la biodiversidad marina y la salud de los océanos, mientras asistimos a la transformación de un maravilloso mundo marino en un cementerio submarino, desprovisto de color y vida.

En una carta dirigida a los líderes empresariales en una conferencia del Vaticano de 2018 sobre la cuarta Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, dijo: «No podemos permitir que nuestros mares y océanos estén llenos de campos interminables de plástico flotante.»

«Tenemos que rezar como si todo dependiera de la providencia de Dios, y trabajar como si todo dependiera de nosotros», dijo.

Linda Bordoni (Vatican News)

Carta por el 10º aniversario de la independencia de Sudán del Sur

Se hizo pública la Carta conjunta escrita en inglés y firmada por el Papa Francisco, Justin Welby, Arzobispo de Canterbury, y Jim Wallace, Moderador de la Iglesia de Escocia dirigida a los líderes políticos de Sudán del Sur con motivo del 10º aniversario de la independencia de esta nación.

Ciudad del Vaticano, 9 de julio 2021.- En el día en que se cumplen diez años de la Independencia de Sudán del Sur, el Papa Francisco, Justin Welby, Arzobispo de Canterbury, y Jim Wallace, Moderador de la Iglesia de Escocia dirigen una Carta conjunta a los líderes políticos de Sudán del Sur con motivo del 10º aniversario de su independencia. En este mensaje expresan:

Disfrutar de los frutos de la independencia
“Les enviamos nuestros cordiales buenos deseos, sabiendo que este aniversario trae a la memoria sus luchas pasadas y apunta con esperanza al futuro. Su nación ha sido bendecida con un inmenso potencial, y los animamos a realizar esfuerzos cada vez mayores para que su pueblo pueda disfrutar plenamente de los frutos de la independencia”.

Algunos progresos aunque el pueblo sigue viviendo en la incertidumbre
Además recuerdan que cuando les escribieron en Navidad, les pedían que experimentaran “mayor confianza” entre ellos y que fueran “más generosos en el servicio a su pueblo”. Y afirman que se complacen al ver, desde entonces, “algunos pequeños progresos”. A lo que añaden:

“Desgraciadamente, su pueblo sigue viviendo en el miedo y la incertidumbre, y no confía en que su nación pueda lograr realmente la ‘justicia, libertad y prosperidad’ que se celebra en su himno nacional”.

Queda aún mucho por hacer en Sudán del Sur
Los firmantes manifiestan que “todavía queda mucho por hacer en Sudán del Sur para dar forma a una nación que refleje el Reino de Dios, donde se respete la dignidad de todos y todos se reconcilien”.

Lo que puede requerir un “sacrificio personal por su parte como líderes”, como el ejemplo de Cristo lo muestra poderosamente:

Y hoy queremos que sepan que estamos con ustedes mientras miran al futuro y buscan discernir de nuevo cómo servir mejor a todo el pueblo de Sudán del Sur.

Cumplir las esperanzas del 9 de julio de 2011
Hacia el final de su mensaje recuerdan “con alegría y agradecimiento el histórico encuentro de los líderes políticos y religiosos de Sudán del Sur en el Vaticano en 2019 y las promesas hechas en esa ocasión”.

Y concluyen:

Rezamos para que esas promesas den forma a sus acciones, de modo que nos sea posible visitar y celebrar en persona con ustedes y su pueblo, honrando sus contribuciones a una nación que cumpla las esperanzas del 9 de julio de 2011. Mientras tanto, invocamos sobre ustedes y sobre todos en Sudán del Sur las bendiciones de Dios de fraternidad y paz.

Vatican News
Imagen: Recuerdo del retiro espiritual celebrado en el Vaticano
con los líderes de Sudán del Sur
(Foto: Vatican Media)

El Santo Padre a los ortodoxos: superemos rivalidades dañinas

El Papa Francisco recibió esta mañana en audiencia a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla encabezada por el Metropolita Emmanuel de Calcedonia, en la víspera de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo. «El Covid es un flagelo, pero también una lección de humildad para vivir sanos en un mundo enfermo».

Ciudad del Vaticano, 28 de junio 2021.- «Queridos hermanos, ¿acaso no ha llegado la hora, con la ayuda del Espíritu, de dar un nuevo impulso a nuestro camino para abatir viejos prejuicios y superar definitivamente rivalidades dañinas?».

Bajo el impulso de la dramática crisis provocada por el Covid, «un flagelo» pero también un «banco de prueba» que exige una «selección» entre lo que hay que seguir haciendo y lo que no hay que hacer en el futuro, el Papa Francisco sitúa a sus hermanos ortodoxos en una encrucijada sobre la cuestión de la «plena comunión”.

Dos caminos o vías

Hay «dos caminos», dijo el Papa en su discurso a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por el Metropolita de Calcedonia, Emmanuel, a quien recibió esta mañana en el Palacio Apostólico en el marco del tradicional intercambio de delegaciones para las fiestas de sus respectivos patronos (el 29 de junio en Roma para los santos Pedro y Pablo y el 30 de noviembre en Estambul para la celebración de San Andrés):

“La vía del repliegue sobre sí mismo, en la búsqueda de la propia seguridad y de las propias oportunidades, o la vía de la apertura al otro, con los riesgos que conlleva, pero sobre todo con los frutos de la gracia que Dios garantiza”.

Covid, un banco de prueba
«Más grave que esta crisis es sólo la posibilidad de desperdiciarla», subrayó el Papa, reiterando una advertencia repetida en muchas ocasiones durante este año y medio de emergencia sanitaria. Esta crisis sería un desperdicio si no aprendiéramos la «lección» que nos ofrece:

Una lección de humildad, que nos enseña la imposibilidad de vivir sanos en un mundo enfermo y de continuar como antes sin darnos cuenta de lo que no funcionaba.

Injusticias planetarias y clamor de los pobres

También ahora, el gran deseo de volver a la normalidad puede enmascarar la insensata pretensión de volver a confiar en falsas seguridades, en hábitos y proyectos que apuntan exclusivamente al beneficio y a la búsqueda de los propios intereses, sin ocuparse de las injusticias planetarias, del clamor de los pobres y de la precaria salud de nuestro planeta.
Discernimiento entre lo que permanece y lo que pasa.

El Papa se dirigió asimismo a los cristianos, «llamados seriamente a preguntarnos si queremos volver a hacer todo como antes, como si no hubiera pasado nada, o si queremos asumir el reto de esta crisis». «La crisis implica un juicio, una separación entre lo que hace bien y lo que hace mal”, como los campesinos que separan el grano bueno de la paja para tirarla.

“La crisis nos pide, pues, que hagamos una selección, que hagamos un discernimiento, que nos detengamos a examinar qué cosa, de todo lo que hacemos, permanece y qué cosa pasa”.

Para los cristianos «en camino hacia la plena comunión», se trata, pues, de partir de lo básico y preguntarse «cómo queremos proceder». ¿Seguir con los «viejos prejuicios» y las «rivalidades nefastas», o bien derribar esos muros e «inaugurar una nueva fase de relaciones entre nuestras Iglesias, caracterizada por caminar más juntos, por querer dar verdaderos pasos adelante, por sentirnos verdaderamente corresponsables unos de otros»?.

Diferencias a superar con diálogo y caridad
Para Francisco, es crucial hoy en día plantear esta pregunta, ciertamente teniendo siempre presente las «diferencias» que, sin embargo, dijo, «deberán ser superadas a través del diálogo, en la caridad y en la verdad».

“Si somos dóciles al amor, el Espíritu Santo, que es el amor creador de Dios y pone armonía en la diversidad, abrirá los caminos para una fraternidad renovada”.

El Papa, de hecho, reiteró lo que ya había afirmado a los hermanos ortodoxos en la carta enviada el 30 de noviembre de 2020, en la fiesta del Apóstol Andrés, al Patriarca Bartolomé, en la que esperaba el «restablecimiento de la plena comunión expresada mediante la participación en el mismo altar eucarístico».

Ortodoxos y católicos en diálogo con otras religiones

Además, el Papa manifestó su seguridad de que el testimonio de la creciente comunión entre los cristianos será también «un signo de esperanza para muchos hombres y mujeres, que se sentirán animados a promover una fraternidad más universal y una reconciliación capaz de remediar los males del pasado»: «Es la única vía para abrir un futuro de paz». Otro signo «profético», dijo el Pontífice, será también una colaboración más estrecha entre ortodoxos y católicos en el diálogo con otras tradiciones religiosas.

Saludo al Patriarca Bartolomé
Al término de la audiencia, Francisco envió sus afectuosos saludos al Patriarca Bartolomé, que no pudo viajar a Roma. Lo «siento como mi verdadero hermano», dijo el Papa, que nunca negó el profundo vínculo con el Primado ortodoxo.
“Dígale que lo espero con alegría aquí en Roma el próximo mes de octubre, ocasión para dar gracias a Dios en el 30º aniversario de su elección”.

Tras la audiencia con el Papa, la delegación de Constantinopla se reunió con el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dirigido por el Cardenal Kurt Koch.

Salvatore Cernuzio (Vatican News)

Papa a los patriarcas católicos de Oriente Medio: sean custodios y testigos de la fe

En una carta escrita con ocasión de la Jornada de la Paz para Oriente de hoy, convocada con motivo de la celebración del 130 aniversario de la Rerum Novarum, Francisco insta a la Iglesia de Oriente Medio a inspirarse en la Sagrada Familia a la que hoy se consagra, a perseverar en la fe y a vivir la profecía de la fraternidad contribuyendo a la construcción del bien común.

Ciudad del Vaticano, 27 de junio 2021.- «La Consagración a la Sagrada Familia os convoca a cada uno de vosotros a redescubrir como individuos y como comunidad vuestra vocación de ser cristianos en Oriente Medio, no sólo pidiendo el justo reconocimiento de vuestros derechos como ciudadanos originarios de esas amadas tierras, sino viviendo vuestra misión como custodios y testigos de los primeros orígenes apostólicos». Así se expresa el Papa en su Carta enviada a los Patriarcas católicos de Oriente Medio que, este domingo 27 de junio, Día de la Paz para Oriente, celebran una Divina Liturgia para consagrar su tierra a la Sagrada Familia.

Custodios del misterio hecho carne
«Jesús, José y María, de hecho, representan bien vuestra identidad y vuestra misión», explica el Papa, empezando por la custodia del «misterio del Hijo de Dios que se hace carne», de estar constituidos «en torno a Jesús y por Él». María nos lo entregó, José lo acogió dispuesto a cumplir toda la voluntad del Padre. El misterio del nacimiento en Belén fue «un misterio de humildad y expoliación», combinado con «la indigencia de las personas obligadas a emigrar» cuando María y José partieron hacia Egipto para custodiar al Hijo de Dios.

De esta manera, permanecen fieles a su vocación y anticipan inconscientemente el destino de exclusión y persecución que tendrá Jesús cuando se haga adulto y que, sin embargo, revelará la respuesta del Padre en la mañana de Pascua.
Peregrino y en oración por Oriente Medio.

A los Patriarcas, «custodios y testigos de los primeros orígenes apostólicos», Francisco les reitera también su cercanía, hoy como desde el inicio de su pontificado, tanto como peregrino, con viajes a Tierra Santa, Egipto, Emiratos Árabes e Iraq, así como invitando a toda la Iglesia a la oración y a la solidaridad, como ocurrió para el caso de Siria. Y como está previsto para el Líbano el 1 de julio, con la participación de «todos los responsables de las Iglesias del País de los Cedros» en un encuentro de oración.

Las civilizaciones caen, la Palabra de Dios permanece
En un lugar donde «las civilizaciones y las dominaciones han surgido, florecido y luego han caído», señala el Pontífice, la Palabra de Dios, a partir de «nuestro padre Abraham», «ha seguido siendo una lámpara que ha iluminado y alumbra nuestros pasos». Oriente Medio -repite Francisco, utilizando una imagen ya conocida en el momento del viaje a Iraq- es como una «alfombra», fruto del entrelazamiento de «numerosos hilos que sólo estando juntos uno al lado del otro se convierten en una obra maestra»:

“Si la violencia, la envidia, la división, pueden llegar a desgarrar incluso uno de esos hilos, el conjunto queda herido y desfigurado. En ese momento, los proyectos y acuerdos humanos poco pueden hacer si no confiamos en el poder sanador de Dios. No busquéis saciar vuestra sed en los manantiales envenenados del odio, sino dejad que los surcos del campo de vuestros corazones sean regados por el rocío del Espíritu, como hicieron los grandes santos de vuestras respectivas tradiciones: coptos, maronitas, melquitas, sirios, armenios, caldeos, latinos”.

Sed sal en vuestras tierras por el bien común
La invitación final, por tanto, a los Patriarcas católicos de Oriente Medio es a ser «sal» según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. La Jornada de Oración coincide con el 130º aniversario de la Encíclica Rerum Novarum. El Pontífice también exhorta en la carta a «vivir la profecía de la fraternidad humana», en el centro de los encuentros del Papa en Abu Dhabi y Nayaf y de la Encíclica Fratelli tutti.

Michele Raviart (Vatican News)
Imagen: El Papa Francisco durante su visita a Iraq, el pasado 6 de marzo,
junto con el cardenal Sako, Patriarca de Babilonia de los caldeos.

El Papa a los ancianos: Dios envía ángeles para consolar nuestra soledad

En su mensaje para la primera Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores que se celebra el 25 de julio, Francisco subraya que la vocación de la Tercera edad es «custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños”.

Ciudad del Vaticano, 22 de junio 2021.- “Incluso cuando todo parece oscuro, como en estos meses de pandemia, el Señor sigue enviando ángeles para consolar nuestra soledad y repetirnos: ‘Yo estoy contigo todos los días’:
“Esto te lo dice a ti, me lo dice a mí, a todos. Este es el sentido de esta Jornada que he querido celebrar por primera vez precisamente este año, después de un largo aislamiento y una reanudación todavía lenta de la vida social. ¡Que cada abuelo, cada anciano, cada abuela, cada persona mayor – sobre todo los que están más solos— reciba la visita de un ángel!”.

Lo afirma el Papa al dirigirse a los abuelos y ancianos del mundo en su mensaje para esta primera Jornada Mundial dedicada a todos ellos, que se celebra el 25 de julio. El Santo Padre lo dice también en su mensaje de vídeo.

El sueño de Joaquín
Francisco pide al Señor que envíe un ángel a consolar a los ancianos como sucedió con Joaquín, el abuelo de Jesús, “que fue apartado de su comunidad porque no tenía hijos. Su vida – como la de su esposa Ana –fue considerada inútil”.

“Pero el Señor le envió un ángel para consolarlo. Mientras él, entristecido, permanecía fuera de las puertas de la ciudad, se le apareció un enviado del Señor que le dijo: ‘¡Joaquín, Joaquín! El Señor ha escuchado tu oración insistente’”.

La pandemia: una dura prueba que ha afectado más a los ancianos
A los abuelos y a los ancianos, el Pontífice les recuerda que «toda la Iglesia está cerca de nosotros» y está cerca de ustedes. “¡Se preocupa por ti, te quiere y no quiere dejarte solo! Y se refiere a la pandemia como una «dura prueba que ha caído sobre la vida de cada persona, pero que nos ha reservado un tratamiento especial», más duro, a los ancianos. Muchos han caído enfermos y ya no están aquí:
“Muchos de nosotros se han enfermado, y tantos se han ido o han visto apagarse la vida de sus cónyuges o de sus seres queridos. Muchos, aislados, han sufrido la soledad durante largo tiempo”.

La oración del Papa para esta Jornada
El Papa afirma que “se necesitan ángeles para devolver los ‘abrazos y las visitas’ a los ancianos. Y recuerda que «en algunos lugares todavía no es posible». En la oración escrita para esta primera Jornada Mundial, el Santo Padre invita a agradecer al Señor el consuelo de su presencia, «incluso en la soledad».

“En este tiempo hemos aprendido a comprender lo importante que son los abrazos y las visitas para cada uno de nosotros, ¡y cómo me entristece que en algunos lugares esto todavía no sea posible!”.

El Señor jamás se jubila
Francisco también invita a reconocer la fidelidad del Señor que relatan los Evangelios, que se reza en los Salmos y que encontraron los profetas.

El Señor, que nos envía mensajeros y llama a los trabajadores a su viña «a todas las horas del día», como hizo con él mismo recuerda el Papa.

“Yo mismo puedo testimoniar que recibí la llamada a ser Obispo de Roma cuando había llegado, por así decirlo, a la edad de la jubilación, y ya me imaginaba que no podría hacer mucho más. El Señor está siempre cerca de nosotros – siempre – con nuevas invitaciones, con nuevas palabras, con su consuelo, pero siempre está cerca de nosotros. Ustedes saben que el Señor es eterno y que nunca se jubila. Nunca”.

La vocación de transmitir la fe a los jóvenes
Francisco introduce así el segundo tema de su mensaje, tras el del ángel consolador: la vocación de los abuelos y los ancianos. Que es la de «custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar a los pequeños». Y lo subraya:
“No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo.”

La fuerza del Espíritu supera toda duda y fatiga
A las naturales dudas de quienes ven agotadas sus energías, de quienes ven difícil empezar a comportarse «de otra manera» cuando a estas alturas «la costumbre se ha convertido en norma», o dedicarse «a los más pobres» cuando ya tienen «tantos pensamientos» para sus familias, o sienten la soledad como una «carga demasiado pesada», el Pontífice responde con una invitación a abrir «el corazón a la obra del Espíritu Santo que sopla donde quiere» y «hace lo que quiere».

Los ancianos son indispensables para construir el mundo del mañana
Francisco retoma cuanto escribió en su encíclica Fratelli tutti, esperando que esta crisis ligada a la pandemia, «no haya sido otro grave acontecimiento histórico del que no hayamos podido aprender». Para que «un dolor tan grande no sea inútil» y podamos dar «un salto hacia una nueva forma de vivir», afirma el Papa, dirigiéndose directamente al abuelo y al anciano:
“En esta perspectiva, quiero decirte que eres necesario para construir, en fraternidad y amistad social, el mundo de mañana: el mundo en el que viviremos – nosotros, y nuestros hijos y nietos – cuando la tormenta se haya calmado. Todos ‘somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas’.

Los tres pilares: sueños, memoria y oración
Una nueva construcción con tres pilares, dice Francisco, «que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar»: sueños, memoria y oración. “El profeta Joel pronunció en una ocasión esta promesa: ‘Sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones’”.

“El futuro del mundo reside en esta alianza entre los jóvenes y los mayores. ¿Quiénes, si no los jóvenes, pueden tomar los sueños de los mayores y llevarlos adelante? Pero para ello es necesario seguir soñando: en nuestros sueños de justicia, de paz y de solidaridad está la posibilidad de que nuestros jóvenes tengan nuevas visiones, y juntos podamos construir el futuro”

A lo que añade: Es necesario que tú también des testimonio de que es posible salir renovado de una experiencia difícil. Y estoy seguro de que no será la única, porque habrás tenido muchas en tu vida, y has conseguido salir de ellas. Aprende también de aquella experiencia para salir ahora de esta.

Memorias de guerras y emigración
Aquí entra en juego el segundo pilar, la memoria: del doloroso recuerdo de la guerra los jóvenes pueden aprender el valor de la paz. El recuerdo de los que tuvieron que emigrar «puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor».

“Pero sin la memoria no se puede construir; sin cimientos nunca construirás una casa. Nunca. Y los cimientos de la vida son la memoria”

Una oración que protege al mundo
En su oración, el Santo Padre cita a su predecesor, el Papa Benedicto, «un santo anciano que sigue rezando y trabajando por la Iglesia» que, dijo en el año 2012, casi al final de su pontificado: «La oración de los ancianos puede proteger al mundo, ayudándolo quizá más incisivamente que el trabajo de tantos».

La voz de Dios: «Yo estoy contigo cada día»
El ejemplo es el del beato – y pronto santo – Charles de Foucauld, quien como ermitaño en Argelia, incluso en la soledad de su propio desierto, demostró que es posible «interceder por los pobres de todo el mundo y convertirse verdaderamente en un hermano y una hermana universales».

“Que cada uno de nosotros aprenda a repetir a todos, y especialmente a los más jóvenes, esas palabras de consuelo que hoy hemos oído dirigidas a nosotros: ‘Yo estoy contigo todos los días’. Adelante y ánimo. Que el Señor los bendiga”

Vatican News

El Papa: Garantizar que los sistemas alimentarios sean resilientes e inclusivos

El Papa Francisco envía un Mensaje con ocasión de la 42ª sesión de la Conferencia de la FAO, que se celebra en Roma desde hoy hasta el viernes. “La reconstrucción de las economías pospandémicas nos ofrece la oportunidad de revertir el rumbo seguido hasta ahora e invertir en un sistema alimentario global capaz de resistir a las crisis futuras”.

Ciudad del Vaticano, 14 de junio 2021.- “Es paradójico comprobar que la falta o escasez de alimentos la padecen precisamente quienes los producen. Tres cuartas partes de los pobres del mundo viven en las zonas rurales y para ganarse la vida dependen principalmente de la agricultura”. Lo escribe el Papa Francisco en el Mensaje enviado a Michał Kurtyka, Ministro del Clima y del Medio Ambiente de la República de Polonia, Presidente de la XLII Conferencia de la FAO, en curso de manera virtual desde hoy y hasta el viernes 18 de junio.

Las palabras iniciales del Pontífice evidencian la labor que realiza el organismo de la ONU en “la búsqueda de respuestas adecuadas al problema de la inseguridad alimentaria y la desnutrición”, que en el momento actual marcado la pandemia, adquiere un “relieve particular”. De hecho, Francisco subraya que “a pesar de los logros obtenidos en las décadas anteriores, muchos de nuestros hermanos y hermanas aún no tienen acceso a la alimentación necesaria, ni en cantidad ni en calidad”.

Economía circular anclada en el bien común
Tras recordar que en el 2020 el número de personas que estaban expuestas al riesgo de inseguridad alimentaria aguda, y que tenían necesidad de apoyo inmediato para subsistir, alcanzó la cifra más alta del último quinquenio, Francisco señala que “esta situación podría agravarse en el futuro”, a causa de “los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos, las crisis económicas, junto con la crisis sanitaria actual”, fuente de carestía y hambruna para millones de personas. De aquí la invitación del Pontífice a la adopción de políticas capaces de abordar las causas estructurales que las provocan:

“Para ofrecer una solución a estas necesidades es importante, sobre todo, garantizar que los sistemas alimentarios sean resilientes, inclusivos, sostenibles y capaces de proporcionar dietas saludables y asequibles para todos. En esta perspectiva, es beneficioso el desarrollo de una economía circular, que garantice recursos para todos, también para las generaciones venideras, y que promueva el uso de energías renovables”

Cambiar el rumbo e invertir en sistema alimentario global
Para el Santo Padre, “el factor fundamental para recuperarse de la crisis que nos fustiga es una economía a medida del hombre, no sujeta solamente a las ganancias, sino anclada en el bien común, amiga de la ética y respetuosa del medio ambiente”.

“La reconstrucción de las economías pospandémicas nos ofrece la oportunidad de revertir el rumbo seguido hasta ahora e invertir en un sistema alimentario global capaz de resistir a las crisis futuras”.

De esto – explica el Santo Padre – forman parte “la promoción de una agricultura sostenible y diversificada, que tenga presente el valioso papel de la agricultura familiar y la de las comunidades rurales”.

Y aquí Francisco constata cómo “la falta o escasez de alimentos la padecen precisamente quienes los producen”:
“Tres cuartas partes de los pobres del mundo viven en las zonas rurales y para ganarse la vida dependen principalmente de la agricultura. Sin embargo, debido a la falta de acceso a los mercados, a la posesión de la tierra, a los recursos financieros, a las infraestructuras y a las tecnologías, estos hermanos y hermanas nuestros son los más expuestos a sufrir la inseguridad alimentaria”.

Cultura del cuidado versus tendencia individualista
Seguidamente, el Obispo de Roma manifiesta su aprecio y alienta “los esfuerzos de la comunidad internacional encaminados a que cada país pueda implementar los mecanismos necesarios para conseguir su autonomía alimentaria, sea a través de nuevos modelos de desarrollo y consumo, como de formas de organización comunitaria que preserven los ecosistemas locales y la biodiversidad” indicando también que se recurra “al potencial de la innovación para apoyar a los pequeños productores y ayudarlos a mejorar sus capacidades y su resiliencia”.

Fundamental para lanzar el reinicio, – precisa – es la “promoción de una cultura del cuidado, dispuesta a afrontar la tendencia individualista y agresiva del descarte, muy presente en nuestras sociedades”. Y recuerda que “mientras unos pocos siembran tensiones, enfrentamientos y falsedades, nosotros, en cambio, estamos invitados a construir con paciencia y decisión una cultura de la paz, que se encamine hacia iniciativas que abracen todos los aspectos de la vida humana y nos ayuden a rechazar el virus de la indiferencia”.

Gestos concretos y fraternidad
El simple trazado de programas no basta a impulsar la acción de la comunidad internacional – señala el Santo Padre, indicando la necesidad de “gestos tangibles que tengan como punto de referencia la común pertenencia a la familia humana y el fomento de la fraternidad”. Y concluye con una invitación:

“Aprovechemos esta prueba como una oportunidad para preparar el mañana de todos, sin descartar a ninguno: de todos. Porque sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro”.

Conflictos y crisis economicas, junto a la crisis sanitaria actual, provocan carestía y hambruna para millones de personas.

Vatican News

El Papa: quien no reconoce a los pobres traiciona a Jesús. No sólo limosna, sino justicia

En su Mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres del 14 de noviembre próximo, el Papa lanza un fuerte llamamiento a los cristianos y a los gobiernos de todo el mundo para que intervengan con urgencia y de una manera nueva, porque los pobres, también a causa de la pandemia, han aumentado de manera desproporcionada. Es necesario cambiar los estilos de vida, porque es el egoísmo el que causa la pobreza.

“Los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres on sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él”. Es lo que escribe el Papa en su Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres que se celebrará el 14 de noviembre sobre el tema: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7).

En el texto, el Papa recuerda las críticas de Judas por el hecho de que una mujer derramara sobre Su cabeza un perfume muy valioso, que valía unos 300 denarios, una suma -dice el apóstol traidor- que se podía dar a los pobres. En realidad, señala el evangelista Juan, «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). Francisco subraya con fuerza: “quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos”. Los pobres – observa – están “en el centro del camino de la Iglesia”.

El año pasado, además, – observa – se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. “Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro”. Es necesario encontrar “las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas”. En particular, “es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes”. Se necesitan solidaridad y “proyectos de promoción humana a largo plazo”.

El Papa advierte: “Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo”. El llamamiento de Francisco es contundente: “se requiere un enfoque diferente de la pobreza. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa”.

Lo que dice Jesús: «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7) -afirma el Papa- “es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien”, pero “no se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres”. De hecho, “la limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero”. “La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia”.

Francisco parafrasea lo escrito en la Evangelii gaudium donde dice “no a una economía de la exclusión y la inequidad”, “no” a una economía que mata: “para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas” los pobres, de hecho, “constituyen una carga intolerable”. Y “un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social”.

Para los cristianos -insiste el Papa- existe un “vínculo inseparable” entre “Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio”. “El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3). Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre”.

El Papa concluye su Mensaje citando las palabras de don Primo Mazzolari: “Quisiera pedirles que no me pregunten si hay pobres, quiénes son y cuántos son, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. […] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949)”.

Imagen: El Santo Padre visita a los pobres y personas sin hogar siendo vacunadas en el Vaticano
(Foto: ANSA)

MENSAJE DEL SANTO PADRE
para la V Jornada Mundial de los Pobres
14 de noviembre de 2021, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
«A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7)

  1. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.
    La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume —unos 300 denarios, equivalentes al salario anual de un obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este respecto, recordamos las contundentes palabras de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los pobres […]. Si ahora todavía hay alguien que tiene la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro, entonces, que tenga su parte junto a Judas» (Comentario al Evangelio de Mateo, XI, 9).
    La segunda interpretación la dio el propio Jesús y permite captar el sentido profundo del gesto realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo» (Mc 14,6). Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro. Esta visión va más allá de cualquier expectativa de los comensales. Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación. Y es elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia se contará lo que ella acaba de hacer conmigo» (Mc 14,9).
  2. Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio.
    El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3).
    Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre. «Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198-199).
  3. Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.
    Tenemos muchos ejemplos de santos y santas que han hecho del compartir con los pobres su proyecto de vida. Pienso, entre otros, en el padre Damián de Veuster, santo apóstol de los leprosos. Con gran generosidad respondió a la llamada de ir a la isla de Molokai, convertida en un gueto accesible sólo a los leprosos, para vivir y morir con ellos. Puso manos a la obra e hizo todo lo posible para que la vida de esos pobres, enfermos y marginados, reducidos a la extrema degradación, fuera digna de ser vivida. Se hizo médico y enfermero, sin reparar en los riesgos que corría, y llevó la luz del amor a esa “colonia de muerte”, como era llamada la isla. La lepra lo afectó también a él, signo de un compartir total con los hermanos y hermanas por los que había dado la vida. Su testimonio es muy actual en nuestros días, marcados por la pandemia de coronavirus. La gracia de Dios actúa ciertamente en el corazón de muchos que, sin aparecer, se gastan por los más pobres en un concreto compartir.
  4. Necesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,15). Esta conversión consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20).
    La enseñanza de Jesús también en este caso va a contracorriente, porque promete lo que sólo los ojos de la fe pueden ver y experimentar con absoluta certeza: «Y todo el que deje casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Si no se elige convertirse en pobres de las riquezas efímeras, del poder mundano y de la vanagloria, nunca se podrá dar la vida por amor; se vivirá una existencia fragmentaria, llena de buenos propósitos, pero ineficaz para transformar el mundo. Se trata, por tanto, de abrirse con decisión a la gracia de Cristo, que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo.
  5. El Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre nuevas formas de pobreza. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social.
    El año pasado, además, se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. Los pobres han aumentado desproporcionadamente y, por desgracia, seguirán aumentando en los próximos meses. Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro. Una mirada atenta exige que se encuentren las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas. En particular, es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes. La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura.
  6. Sin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación. Hay muchas pobrezas de los “ricos” que podrían ser curadas por la riqueza de los “pobres”, ¡si sólo se encontraran y se conocieran! Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo en la reciprocidad. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. ¡Cuántos ejemplos de compartir están ante nuestros ojos! Los pobres nos enseñan a menudo la solidaridad y el compartir. Es cierto, son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho e incluso lo necesario, pero no les falta todo, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.
  7. Por eso se requiere un enfoque diferente de la pobreza. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa, que permita aumentar la libertad efectiva para poder realizar la existencia con las capacidades propias de cada persona. Pensar que la libertad se concede e incrementa por la posesión de dinero es una ilusión de la que hay que alejarse. Servir eficazmente a los pobres impulsa a la acción y permite encontrar los medios más adecuados para levantar y promover a esta parte de la humanidad, demasiadas veces anónima y sin voz, pero que tiene impresa en sí el rostro del Salvador que pide ayuda.
  8. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien. En el fondo se puede entrever el antiguo mandato bíblico: «Si hubiese un hermano pobre entre los tuyos, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu hermano el pobre. Por el contrario, tiéndele la mano y préstale lo que necesite, lo que le falte. […] Le prestarás, y no de mala gana, porque por eso el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas. Ya que no faltarán pobres en la tierra» (Dt 15.7-8.10-11). El apóstol Pablo se sitúa en la misma línea cuando exhorta a los cristianos de sus comunidades a socorrer a los pobres de la primera comunidad de Jerusalén y a hacerlo «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría» (2 Co 9,7). No se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres.
    En este contexto también es bueno recordar las palabras de san Juan Crisóstomo: «El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. […] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia» (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).
  9. Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy.
    Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida… Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón. Hagamos nuestras las apremiantes palabras de don Primo Mazzolari: «Quisiera pedirles que no me pregunten si hay pobres, quiénes son y cuántos son, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. […] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949). Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.
    Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2021,
    Memoria litúrgica de san Antonio de Padua
    FRANCISCO

Sacerdotes «para y entre» el Pueblo de Dios

Hace 26 años se instituyó la Jornada de Santificación de los Sacerdotes, llamados a esforzarse por la santidad en el servicio al pueblo.

Ciudad del Vaticano, 11 de junio 2021.- En una Carta a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo de 1995, San Juan Pablo II estableció que la Jornada de Santificación de los Sacerdotes se celebrara en cada diócesis en la fiesta del Sagrado Corazón, o en otra fecha más acorde con las necesidades y costumbres pastorales del lugar. Un día para rezar por los sacerdotes, para que vivan «cada vez más en conformidad con el corazón del Buen Pastor».

Recordando la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, el Papa Wojtyla recordó cómo «la nueva evangelización» tiene «necesidad de nuevos evangelizadores y éstos son los sacerdotes, que se comprometen a vivir su ministerio como un camino específico hacia la santidad». Y habló del «deber de esforzarse por la santidad, de ser ‘ministros de la santidad’ para los hombres y mujeres confiados a nuestro servicio pastoral».

Pastores con olor a oveja
Eso de ser «pastores con olor a oveja», «pastores en medio del rebaño» fue, pues, la expresión del Papa Francisco, que resume eficazmente su exhortación a los sacerdotes. Lo expresó desde su primera Misa Crismal como Pontífice, en 2013. Indica concretamente la cercanía a las personas que están llamadas a expresar, incluso en las periferias existenciales de nuestro tiempo.

Emocionante, de nuevo, entre sus intervenciones, la Carta que el 4 de agosto de 2019 el Papa Francisco había enviado a los sacerdotes con motivo del 160 aniversario del Santo Cura de Ars, patrón de los párrocos del mundo. Allí destacó, como ha hecho en otras ocasiones, la importancia de volver a la primera llamada, a la memoria de la vocación, de ese paso del Señor por la vida. Allí también destacó, como exhortación específica, precisamente la de la cercanía a las personas:

«Nada es tan urgente como estas cosas: la proximidad, la cercanía, estar cerca de la carne del hermano que sufre. ¡Qué bueno es el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no se aleja de las heridas de sus hermanos! Un reflejo del corazón del pastor que ha aprendido el sabor espiritual de sentirse uno con su pueblo; que no olvida que salió de él y que sólo sirviéndole encontrará y podrá explicar su identidad más pura y plena, lo que le permite desarrollar un estilo de vida austero y sencillo, sin aceptar privilegios que no tengan el sabor del Evangelio; porque «eterna es su misericordia».

El sacerdocio ministerial: una consecuencia del sacerdocio bautismal
Un recordatorio que se repitió varias veces a lo largo del pontificado. También recientemente el Papa se ha dirigido a los sacerdotes. Al celebrar este año la misa de ordenación sacerdotal de nueve diáconos en la 58ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, les exhortó, en efecto, a ser pastores que «van con el pueblo de Dios: a veces delante, en medio, detrás del rebaño, pero siempre allí, con el pueblo de Dios». Con cuatro modos fundamentales de cercanía: con Dios, con el obispo, entre los hermanos y con el pueblo. Y de nuevo, dispensadores del perdón, «sacerdotes del pueblo, no clérigos del Estado», «no empresarios», porque el sacerdocio no es una carrera, sino un servicio.

Hace tan solo unos días, en una audiencia con la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses, el Papa volvió a tratar el tema del sacerdocio, exhortando a sustituir los «sueños de grandeza» de los «sacerdotes superman» por los sueños de «una Iglesia enteramente al servicio», abandonando toda ambición de «autoafirmación», para poner a «Dios y al pueblo» en el centro de las preocupaciones cotidianas, sin distraerse con críticas y charlas que corren el riesgo de transformar a los sacerdotes en «solterones». Arraigado en Cristo, también les invitó a tener sentido del humor que «es una de las características de la santidad, como señalé -dijo- en la Exhortación Apostólica sobre la santidad, Gaudete et exsultate.

«Me preocupa cuando la gente hace reflexiones, pensamientos sobre el sacerdocio, como si fuera una cosa de laboratorio: este sacerdote, aquel otro sacerdote… No se puede reflexionar sobre el sacerdote fuera del pueblo santo de Dios. El sacerdocio ministerial es una consecuencia del sacerdocio bautismal del santo pueblo fiel de Dios. Esto no debe olvidarse. Si piensas en un sacerdocio aislado del pueblo de Dios, eso no es un sacerdocio católico, no; ni tampoco un sacerdocio cristiano».

La cercanía al pueblo del que se procede, que no se puede olvidar: dos aspectos profundamente unidos, por tanto, en la vida sacerdotal, hasta el punto de que el Papa volvió a subrayar: «El Señor le dice a David: ‘Te he elegido de la parte de atrás del rebaño’, de ahí».

Y también ayer, en el encuentro con la comunidad del Seminario Regional «Pío XI», el Pontífice señaló a San José como modelo inspirador de la formación sacerdotal. Asimismo puso en guardia contra la rigidez, que «es una de las manifestaciones del clericalismo», «una perversión del sacerdocio». A continuación, volvió al corazón de su exhortación a estar con el rebaño, porque «el verdadero pastor no se separa del pueblo de Dios».

Debora Donnini (Vatican News)
Imagen de archivo: El Papa confiesa a un joven en la Plaza de San Pedro