El Papa: «Sin natalidad no hay futuro. Mujeres no escondan su vientre»

El Pontífice inaugura los Estados Generales de la Natalidad promovidos por el Foro de Asociaciones Familiares junto con el primer ministro italiano Mario Draghi. El Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.-Por un lado, el «desconcierto por la incertidumbre laboral», por otro, los «temores dados por los costes cada vez menos sostenibles de la crianza de los hijos» y la «tristeza» por las mujeres «que en el trabajo se ven desanimadas a tener hijos o tienen que esconder la barriga». Todas ellas son «arenas movedizas que pueden hundir a una sociedad» y contribuyen a hacer aún más «frío y oscuro» ese invierno demográfico que ya es constante en Italia. El Papa Francisco inauguró los trabajos de los Stados Generales de la Natalidad, el encuentro promovido por el Foro de Asociaciones Familiares en el Auditorium de la via de la Conciliazione en Roma y dedicado al destino demográfico de Italia y del mundo.

Asistencia del Primer Ministro italiano Mario Draghi

El Pontífice llegó hacia las 9:00 horas al vestíbulo de la gran estructura situada a pocos pasos de la Plaza de San Pedro. El Primer Ministro, Mario Draghi, también está presente, y a su discurso le seguirá el de otros invitados en tres mesas temáticas: representantes de bancos, empresas, compañías de seguros, medios de comunicación, deportes, todos reunidos para debatir y contar de forma coral el tema de la natalidad en un país que ha visto reducirse los nacimientos en un 30% de aquí a 2020.

La mitad de los jóvenes piensa tener más de dos hijos
Esta es precisamente la tendencia que hay que «invertir» para «volver a poner a Italia en movimiento, a partir de la vida, a partir del ser humano», dice Francisco al comienzo de su discurso, en el que dirige su pensamiento sobre todo a los jóvenes cuyos sueños se han roto en el hielo de este duro invierno, desanimados hasta el punto de que «sólo la mitad cree que podrá tener dos hijos en su vida».

«Italia se encuentra así desde hace años con el menor número de nacimientos de Europa», señala el Pontífice, «en lo que se está convirtiendo en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad.»

«Cada año es como si una ciudad de más de doscientos mil habitantes desapareciera, en 2020 tocó el número más bajo de nacimientos desde la unidad nacional: no sólo por Covid, sino por una tendencia continua y progresiva a la baja, un invierno cada vez más duro».

Padres desgarrados entre el hogar y el trabajo, los abuelos botes salvavidas
El Papa cita al Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, cuando reiteró que «las familias no son el tejido conectivo de Italia, las familias son Italia». A continuación, dirige su mirada a la realidad de las muchas familias que en estos meses de pandemia «han tenido que hacer horas extras, dividiendo sus hogares entre el trabajo y la escuela, con sus padres actuando como profesores, técnicos informáticos, obreros, psicólogos». Sin olvidar los «sacrificios» que se exigen a los abuelos, «verdaderos botes salvavidas para las familias», así como «la memoria que nos abre al futuro».

«Para que el futuro sea bueno, es necesario, por tanto, atender a las familias, especialmente a las jóvenes, asaltadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus proyectos de vida».

Es triste ver cómo las mujeres se ven obligadas a ocultar su barriga en el trabajo

A propósito de parálisis, el Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

«¿Cómo es posible que una mujer sienta vergüenza por el regalo más hermoso que la vida puede ofrecer? No la mujer, sino la sociedad debería avergonzarse, porque una sociedad que no acoge la vida deja de vivir. Los niños son la esperanza que hace nacer a un pueblo».

Un aplauso al cheque único
Por parte del Obispo de Roma, también se elogia la aprobación de la asignación única para cada niño. Se espera que «este subsidio responda a las necesidades concretas de las familias, que han hecho y hacen tantos sacrificios, y marque el inicio de reformas sociales que pongan a los niños y a las familias en el centro». Si las familias no están en el centro del presente, no habrá futuro; pero si las familias vuelven a empezar, todo volverá a empezar.

La primacía del don
El escenario es difícil y el futuro incierto, pero el Papa Francisco ya ve una «primavera» en el horizonte. Para llegar a ella ofrece tres «pensamientos». En primer lugar, el «don»:

«Todo don se recibe, y la vida es el primer regalo que cada persona ha recibido… Estamos llamados a transmitirlo. Y un niño es el mayor regalo para todos y es lo primero».

«La falta de hijos, que provoca el envejecimiento de la población, afirma implícitamente que todo acaba en nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales». La «primacía del don» se ha olvidado, sobre todo en las sociedades más acomodadas y consumistas. «De hecho, vemos que donde hay más cosas, suele haber más indiferencia y menos solidaridad, más cerrazón y menos generosidad».

Sostenibilidad generacional

El segundo pensamiento es la sostenibilidad. Sostenibilidad económica, tecnológica y medioambiental, por supuesto, pero también «sostenibilidad generacional». «No podremos alimentar la producción y proteger el medio ambiente si no estamos atentos a las familias y los niños. El crecimiento sostenible viene de aquí»: esto es lo que dice el Papa Francisco, pero es ante todo la historia la que nos lo enseña con la reconstrucción de la posguerra. «No hubo reinicio sin una explosión de nacimientos». E incluso hoy, en la «situación de reinicio» en la que nos encontramos a causa de la pandemia, «no podemos seguir modelos de crecimiento miopes, como si para prepararnos para el mañana sólo hicieran falta algunos ajustes apresurados. No, la dramática tasa de natalidad y las aterradoras cifras de la pandemia exigen un cambio y responsabilidad».

Mantenerse joven no es hacerse selfies y retocarse, sino poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos
El Papa cuestionó entonces la escuela, que «no puede ser una fábrica de nociones que se vierten sobre los individuos», sino «un tiempo privilegiado de encuentro y crecimiento humano». En la escuela, en definitiva, no sólo «notas» sino «rostros» para madurar, porque «para los jóvenes es fundamental entrar en contacto con modelos elevados, que formen el corazón además de la mente».

«Es triste ver a modelos que sólo se preocupan por aparentar, siempre guapas, jóvenes y en forma. Los jóvenes no crecen gracias a los fuegos artificiales de la apariencia, maduran si se sienten atraídos por quienes tienen el valor de perseguir grandes sueños, de sacrificarse por los demás, de hacer el bien al mundo en que vivimos. Y mantenerse joven no pasa por hacerse selfies y retocarse, sino por poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos».

A veces, de hecho, «se transmite el mensaje de que realizarse significa ganar dinero y tener éxito, mientras que los hijos parecen casi una diversión, que no debe obstaculizar las aspiraciones personales». Esta mentalidad es, según Francisco, «una gangrena para la sociedad y hace insostenible el futuro».

Solidaridad estructural
La tercera palabra es, finalmente, «solidaridad». Una solidaridad «estructural», es decir, no ligada a la emergencia sino estable para las estructuras de apoyo a las familias y de ayuda a los nacimientos.

«En primer lugar, se necesitan políticas familiares amplias y con visión de futuro: no basadas en la búsqueda de un consenso inmediato, sino en el crecimiento del bien común a largo plazo. Aquí radica la diferencia entre gestionar los asuntos públicos y ser buenos políticos. Es urgente ofrecer a los jóvenes garantías de un empleo suficientemente estable, seguridad para sus hogares, incentivos para no abandonar el país».

Economía, empresas que promueven vidas y no sólo beneficios

Esta tarea concierne también de cerca a la economía: «¡Qué maravilloso sería ver aumentar el número de empresarios y empresas que, además de producir beneficios, promueven la vida, que estén atentos a no explotar nunca a las personas con condiciones y horarios de trabajo insostenibles, que llegen a distribuir parte de las ganancias a los trabajadores, con el fin de contribuir a un desarrollo inestimable, el de las familias!», exclamó el Papa. «Es un reto no sólo para Italia, sino para muchos países, a menudo ricos en recursos, pero pobres en esperanza».

Formar informando: una información «tamaño familiar»
La solidaridad también debe declinarse en el ámbito de la información, sobre todo hoy que «están de moda los giros y las palabras fuertes». Por otra parte, «el criterio para formar informando no es la audiencia, ni la polémica, sino el crecimiento humano». En otras palabras, lo que se necesita es una «información de tamaño familiar», en la que se hable de los demás «con respeto y delicadeza, como si fueran sus propios parientes» pero que, al mismo tiempo, «saque a la luz los intereses y las tramas que perjudican el bien común, las maniobras que giran en torno al dinero, sacrificando a las familias y a las personas».

«Sin natalidad no hay futuro»
Para terminar, una palabra sencilla y sincera: «Gracias». «Gracias a cada uno de ustedes y a todos los que creen en la vida humana y en el futuro. A veces te sentirás como si estuvieras clamando en el desierto, luchando contra molinos de viento. Pero adelante, no te rindas, porque es hermoso soñar lo bueno y construir el futuro. Y sin natalidad no hay futuro».

Salvatore Cernuzio

Papa a Acción Católica: laicos deben ser escuchados por convicción, no por concesión

Al recibir al mediodía a los miembros de la Acción Católica Italiana con motivo de su Asamblea Nacional, el Sumo Pontífice señaló que la labor de la asociación debe tener como característica la gratuidad, la humildad y la mansedumbre. Es “una experiencia de pueblo”, les recuerda, por eso les confía, en este tiempo particular, a los más afectados por la pandemia. Y les hace presente la valiosa contribución que puede venir de los laicos, pues la laicidad, señala, “es antídoto contra la autorreferencialidad”.

Ciudad del Vaticano, 30 de abril 2021.- El Papa Francisco recibió en audiencia en el mediodía de este 30 de abril, a los miembros de la Acción Católica Italiana con motivo de su con motivo de la 17ª Asamblea Nacional. En el saludarlos con afecto, el Sumo Pontífice ofreció elementos de reflexión sobre las tareas que les competen, en un tiempo como el que estamos viviendo, precisamente a partir de las palabras que los conforman.

Acción
El Evangelio – dijo el Papa – nos asegura que la acción pertenece al Señor: es Él quien tiene el derecho exclusivo de actuar, caminando «de incógnito» en la historia que habitamos. Sin embargo, “recordar esto no nos exime de responsabilidad, sino que nos devuelve a nuestra identidad de discípulos-misioneros”. Recordar que la acción pertenece al Señor, en cambio, “permite no perder nunca de vista que es el Espíritu la fuente de la misión: su presencia es la causa -y no el efecto- de la misión. Y, además, permite tener siempre presente que «nuestra capacidad viene de Dios», es decir, “que la historia está guiada por el amor del Señor y nosotros somos coprotagonistas”. Tal es así que “acoger lo imprevisto, en lugar de ignorarlo o rechazarlo, significa permanecer dóciles al Espíritu y, sobre todo, fieles a la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. 

El Santo Padre Francisco   (Vatican Media)

Hablando del Espíritu, que nos hace avanzar, y del Señor que actúa y nos acompaña, el Papa Francisco advirtió sobre la “ilusión del funcionalismo”: los programas – explicó ­- los organigramas, son útiles, pero como punto de partida, como inspiración; lo que hace avanzar al Reino de Dios es la docilidad al Espíritu. «El Espíritu, nuestra docilidad y la presencia del Señor».

Es triste ver cómo muchas organizaciones han caído en la trampa de los organigramas: todo perfecto, todas las instituciones perfectas, todo el dinero necesario, todo perfecto… Pero dime: la fe, ¿dónde está? ¿Dónde está el Espíritu? «No, lo buscamos juntos, sí, según el organigrama que estamos haciendo». Cuidado con los funcionalismos. Cuidado con caer en la esclavitud de los organigramas, de las cosas perfectas … El Evangelio es un desorden porque el Espíritu, cuando llega, hace tanto ruido que la acción de los apóstoles parece la acción de borrachos. Así decían: «¡Son borrachos!» La docilidad al Espíritu es revolucionaria, porque Jesucristo es revolucionario, porque la encarnación es revolucionaria, porque la resurrección es revolucionaria. Su envío debe ser también con esta característica revolucionaria.

Según el Santo Padre, la labor de la Acción Católica debe tener como características, ante todo, la gratuidad, pues “el impulso misionero no se sitúa en la lógica de la conquista sino en la del don”. Esa gratuidad pide dedicación a las comunidades locales, asumiendo la responsabilidad del anuncio, de la escucha y del entretejido de relaciones fraternas. Las segundas características señaladas por el Papa son “la humildad y la mansedumbre”, claves para vivir “en el servicio”, y no para “ocupar espacios”, sino “para iniciar procesos”.  Se trata, en este caso, de una presencia que “a menudo no hace ruido”, pero que es una presencia “fiel, generosa y responsable”, a la que la Iglesia está agradecida. 

Católica
La palabra «católica», que puede traducirse en “hacerse prójimo” y que “cualifica la identidad” de la Acción Católica Italiana, está a significar, como señalado por el Papa en su discurso “que la misión de la Iglesia no tiene fronteras”. Como Jesús, que alcanzó a sus discípulos “allí donde vivían y trabajaban” y “así como eran”, los miembros de la Acción católica están llamados a hacerse cercanos, y, “el tiempo de la pandemia, que ha exigido y sigue exigiendo que aceptemos formas de distanciamiento, ha hecho aún más evidente el valor de la cercanía fraterna”. “La distancia – subraya el Papa – nunca puede convertirse en indiferencia”. En este sentido, los miembros de la ACI pueden “hacer mucho”, porque son una asociación de laicos.  El “peligro”, pone en guardia Francisco, “es la clericalización de la Acción Católica». Aunque si bien “todavía está muy extendida la tentación de pensar que la promoción del laicado -frente a tantas necesidades eclesiales- pasa por una mayor implicación de los laicos en las ‘cosas de los curas'», con el riesgo de acabar “clericalizando a los laicos”, la laicidad “es riqueza para la catolicidad de la Iglesia”, y no es necesario “convertirse en algo distinto” de lo que se es “por el Bautismo”. 

En particular, dice el Pontífice, “los laicos de Acción Católica pueden ayudar a toda la Iglesia y a la sociedad a repensar juntos qué tipo de humanidad queremos ser, qué tipo de tierra queremos habitar, qué tipo de mundo queremos construir”, y están llamados a “hacer una contribución original a la creación de una nueva ecología integral”.  Además, “el gran sufrimiento humano y social generado por la pandemia corre el riesgo de convertirse en una catástrofe educativa y una emergencia económica”, por eso el Santo Padre pide cultivar “una actitud sabia” como lo hizo Jesús, que «aprendió la obediencia por las cosas que padeció», lo que significa aprender “una forma de escucha elevada y exigente, capaz de permear la acción”. En este sentido, el Papa confía a la ACI sobre todo a los más afectados por la pandemia y a los que corren el riesgo de pagar el precio más alto, es decir, los pequeños, los jóvenes, los ancianos, los que han experimentado la fragilidad y la soledad. También les pide no perder nunca el carácter popular: “su experiencia asociativa es católica- les remarca – porque implica a chicos, jóvenes, adultos, ancianos, estudiantes, trabajadores: una experiencia de pueblo”.  Y “la catolicidad» es «precisamente» la experiencia del Santo Pueblo fiel de Dios: «¡no perder nunca el carácter popular!», exhorta Francisco, en el sentido de ser pueblo fiel de Dios. 

Italiana
Por último, la ACI, siempre parte de la historia italiana, dice el Pontífice, “puede ayudar a la comunidad eclesial a ser fermento de diálogo en la sociedad”, en el estilo indicado por él mismo en el V Congreso de la Iglesia italiana de Florencia en 2015. Esto porque “una Iglesia del diálogo es una Iglesia sinodal, que escucha conjuntamente al Espíritu y la voz de Dios que nos llega a través del grito de los pobres y de la tierra”. Y el plan sinodal, puntualiza, “no es tanto un plan a programar y realizar, una decisión pastoral que tomar, sino sobre todo un estilo a encarnar”. Esto porque “la sinodalidad no es hacer parlamento” y “buscar una mayoría”: al contrario, “lo que hace que la discusión, el parlamento, la búsqueda de cosas se convierta en sinodalidad es la presencia del Espíritu», a saber, «la oración, el silencio, el discernimiento de todo lo que compartimos». «No puede haber sinodalidad sin el Espíritu, y no hay Espíritu sin oración”. La asociación, en este sentido “constituye un ‘gimnasio’ de la sinodalidad, una actitud que puede “seguir siendo un recurso importante para la Iglesia italiana, que se interroga sobre cómo madurar este estilo en todos sus niveles”. 

La contribución “más valiosa” de la ACI, concluye el Papa, puede venir de sus laicos, que son “un antídoto contra la autorreferencialidad”, pues “cuando no se vive la verdadera laicidad en la Iglesia se cae en la autorreferencialidad”.  “Hacer sínodo no es mirarse en el espejo, ni siquiera mirar a la diócesis o a la Conferencia Episcopal- señala. Es “caminar juntos detrás del Señor y hacia la gente, bajo la guía del Espíritu Santo”. Además, la laicidad es también un “antídoto contra la abstracción”, puesto que “un recorrido sinodal debe conducir a la toma de decisiones” que, “para ser factibles, deben partir de la realidad” y no “de las tres o cuatro ideas que están de moda o que han salido en la discusión”. Esto a fin de “incidir en ella, hacerla crecer en la línea del Espíritu Santo y transformarla según el proyecto del Reino de Dios”.

Deseando, finalmente, buen trabajo a la Asamblea de la Asociación, el Pontífice expresó su esperanza de que la misma “pueda contribuir a hacer madurar la conciencia de que, en la Iglesia, la voz de los laicos no debe ser escuchada ‘por concesión’”, sino “por convicción” y “por derecho”, tal como la de los obispos y sacerdotes, porque todo el pueblo de Dios es infalible in credendo.

Escuchar el grito de los pobres que resuena en nuestro interior

“Dejarse provocar por el sufrimiento de los demás y decidirse a salir a tocar sus heridas, que son las heridas de Cristo, no sólo nos hace participar en la construcción de un mundo más bello, más fraterno, más evangélico, sino que fortalece a la Iglesia en su misión de acelerar la instauración del Reino de Dios”. Lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la organización católica FIDESCO comprometida desde hace cuarenta años en el sur del mundo en apoyo de los más pobres.

20 de marzo 2021.- El Papa Francisco recibió esta mañana audiencia a los directivos y voluntarios de FIDESCO, la Organización católica no gubernamental de solidaridad internacional. Su nombre se compone por las palabras “Fides” y “co”, para significar “fe y cooperación”. Y se ocupa de la implementación de proyectos de desarrollo en los países del sur del mundo, tras ser fundada hace 40 años, en 1981, por la Comunidad de Emmanuel. De hecho, FIDESCO envía voluntarios formados profesionalmente en respuesta a una necesidad o petición, que trabajan sin importar su religión, etnia o cultura, en una gran variedad de campos: educación, construcción, salud, agricultura, y también en dispensarios, campos de refugiados o centros para niños de la calle, además de otras realidades.

Peregrinación a las tumbas de los Apóstoles
En su discurso el Pontífice manifestó su complacencia al darles la bienvenida a estos queridos hermanos y hermanas, en el ámbito de la peregrinación a Roma con motivo del 40º aniversario de su fundación al servicio de la Iglesia y del desarrollo. Y tras agradecer a su Director las palabras de saludo y presentación, el Papa les recordó:

“Su peregrinación a las tumbas de los Apóstoles les permite enraizar aún más las acciones que realizan diariamente en su fe en Cristo muerto y resucitado y en el corazón de la misión de la Iglesia. Deseo que esta renovación espiritual que están viviendo, caracterizada por una connotación penitencial en este tiempo de Cuaresma, los haga volver a sus hermanos y hermanas aún más entusiastas y gozosos”

Desear, buscar y cuidar el bien de los demás

(Foto: Vatican Media)

Glosando un párrafo de su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, el Papa les recordó que además de dejarse amar por Dios hay que “amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (178). Y añadió:

“Es este «bien de los demás» el que buscan, impulsados por el soplo del Espíritu, cuando deciden partir por unos años con la organización FIDESCO para servir a sus hermanos y a las hermanas más lejanos, menos afortunados, más desfavorecidos, con menos oportunidades que ustedes, y sin embargo igualmente amados por Dios y dotados de dignidad”

Todo ser humano es un hermano o hermana
Además, al destacar que la Iglesia en estos días “entra en la gran meditación de la Pasión del Señor”, el Santo Padre les recordó que “el Cristo sufriente está presente en el pobre, en el excluido, en el enfermo y en el hambriento que lleva con Él el misterio de la cruz”. De manera que todos ellos se beneficiarán viviendo “plenamente este tiempo de la Pasión” para tomar de la fuente de su misma misión.

“Todo ser humano es un hermano o hermana para mí. Los invito a que, cuando estén en medio de su misión, con su relación personal con el Señor y con su vida de fe, conserven intactos el asombro, la fascinación, el entusiasmo de vivir el Evangelio de la fraternidad. Lo necesitamos en los momentos más difíciles de soledad, desánimo, desilusión…”

Acelerar la instauración del Reino de Dios
El Papa Francisco dio asimismo las gracias a FIDESCO, y agradeció al Señor el trabajo realizado en estos cuarenta años de servicio misionero, así como el testimonio dado de Cristo, que vino a salvar a todo el hombre y a todos los hombres. Y afirmó que su “acción solidaria se orienta, en efecto, hacia el desarrollo integral de las personas, hacia la atención no sólo de sus necesidades materiales, sino también de su integración social, de su crecimiento intelectual, cultural y espiritual, dando a cada uno su propia dignidad”.

“Los animo a perseverar en este camino, permaneciendo enraizados en la doctrina social de la Iglesia. Hoy es más importante que nunca que los fieles de Cristo sean testigos de la ternura y la compasión. Escuchar el grito de los pobres que resuena en nuestro interior, dejarse provocar por el sufrimiento de los demás y decidirse a salir a tocar sus heridas, que son las heridas de Cristo, no sólo nos hace participar en la construcción de un mundo más bello, más fraterno, más evangélico, sino que fortalece a la Iglesia en su misión de acelerar la instauración del Reino de Dios”

Por último, el Santo Padre subrayó el crecimiento personal que puede aportar un compromiso, aunque sea temporal, en su asociación, tanto a nivel humano como a nivel de fe. Y les dijo que quienes se comprometen con sus misiones encuentran no sólo la oportunidad de abrirse al mundo y a las culturas, sino también los medios para responder a la misericordia de Dios. Y tras destacar, una vez más, la oportunidad que ofrecen, “especialmente a los más jóvenes, de crecer en fe y en humanidad” que “es digna de reconocimiento”, se despidió con estas palabras:

“Les deseo una buena peregrinación y encomiendo a todos los miembros de FINESCO, a la protección de la Virgen María. Los bendigo de corazón y les pido, por favor, que recen por mí. ¡Gracias!”

Vatican News


El Papa a los Focolares: sean testigos de la cercanía promoviendo la sinodalidad

“El periodo posterior a la fundación; la importancia de las crisis; y vivir la espiritualidad con coherencia y realismo”, fueron los tres temas al centro del discurso del Santo Padre a los participantes en la Asamblea General del Movimiento de los Focolares, a quienes recibió en audiencia, la mañana de este sábado, 6 de febrero de 2021.

Ciudad del Vaticano, 6 de febrero 2021.-“A imitación de Chiara Lubich, permanezcan siempre a la escucha del grito de abandono de Cristo en la Cruz, que manifiesta la más alta medida del amor. La gracia que procede de ella es capaz de suscitar en nosotros, débiles y pecadores, respuestas generosas y a veces heroicas; es capaz de transformar el sufrimiento e incluso la tragedia en fuente de luz y esperanza para la humanidad”, lo dijo el Papa Francisco en su discurso a los participantes en la Asamblea General del Movimiento de los Focolares, a quienes recibió en audiencia, la mañana de este sábado, 6 de febrero de 2021, en el Aula Pablo VI del Vaticano.

Tres puntos para seguir su carisma
En su discurso, el Santo Padre agradeció a Maria Voce, la Presidenta saliente, por el trabajo realizado y saludó a la nueva Presidenta del Movimiento, Margaret Karram, junto al Copresidente y los Consejeros recién elegidos por la Asamblea General que concluirá este domingo 7 de febrero. “Extiendo mi saludo a todos los miembros de la Obra de María, a la que representan  y para animarlos en su camino, me gustaría ofrecerles algunas reflexiones, que dividiré en tres puntos – señaló el Pontífice – la era post-Fundadora; la importancia de las crisis; vivir la espiritualidad con coherencia y realismo”.

Asamblea General del Movimiento de los Focolares

El periodo posterior a la fundación
El Papa Francisco recordó los miembros del Movimiento de los Focolares que, a doce años después de la partida de Chiara Lubich al Cielo, están llamados a superar el natural desconcierto y también la disminución numérica, para seguir siendo expresión viva del carisma fundacional. “Como sabemos, esto requiere una fidelidad dinámica, capaz de interpretar los signos y las necesidades de los tiempos y de responder a las nuevas exigencias de la humanidad. Se trata de mantenerse fiel a la fuente original – precisó el Papa – esforzándose por repensarla y expresarla en diálogo con las nuevas situaciones sociales y culturales. Esta labor de actualización es tanto más fructífera cuando se realiza armonizando creatividad, sabiduría, sensibilidad hacia todos y fidelidad a la Iglesia”.

“Su espiritualidad, caracterizada por el diálogo y la apertura a diferentes contextos culturales, sociales y religiosos, puede ciertamente favorecer este proceso. La apertura a los demás, sean quienes sean, debe cultivarse siempre: el Evangelio está destinado a todos, es levadura de humanidad nueva en todo lugar y tiempo”

El Santo Padre también les recordó que, esta actitud de apertura y diálogo les ayudará a evitar cualquier autorreferencialidad, que nunca procede del buen espíritu. “La autorreferencialidad impide ver los errores y las deficiencias, frena el progreso, dificulta la verificación abierta de los procedimientos institucionales y los estilos de gobierno. Es mejor, en cambio, ser valientes y afrontar los problemas con honestidad y verdad, siguiendo siempre las indicaciones de la Iglesia, que es la verdadera Madre, y respondiendo a las exigencias de la justicia y la caridad”.

“La autocelebración no hace un buen servicio al carisma. Se trata más bien de acoger cada día con asombro el don gratuito que han recibido encontrando su ideal de vida y, con la ayuda de Dios, tratar de corresponder a él con fe, humildad y valor, como la Virgen María después de la Anunciación”

La importancia de las crisis
Un segundo tema de reflexión del Santo Padre estuvo centrado en la importancia de las crisis, tema del cual ha hablado ampliamente en su reciente discurso a la Curia Romana. “Toda crisis es una llamada a una nueva madurez – afirmó el Pontífice – es un tiempo del Espíritu, que despierta la necesidad de actualizarse, sin dejarse desanimar por la complejidad humana y sus contradicciones”. Hoy en día se insiste mucho en la importancia de la resiliencia ante las dificultades, es decir, la capacidad de afrontarlas positivamente, sacando oportunidades de ellas. Por ello, es tarea de quienes ocupan cargos de gobierno, a todos los niveles, esforzarse por afrontar las crisis comunitarias y organizativas de la mejor y más constructiva manera; en cambio, las crisis espirituales de los individuos, que implican la intimidad del individuo y la esfera de la conciencia, deben ser afrontadas con prudencia por quienes no ocupan cargos de gobierno, a todos los niveles, dentro del Movimiento.

“Esta es una buena regla que se aplica no sólo a los momentos de crisis de las personas, sino en general a su acompañamiento en el camino espiritual. Es esa sabia distinción entre foro externo e interno que la experiencia y la tradición de la Iglesia nos enseña que es indispensable. De hecho, la mezcla de la esfera del gobierno y la esfera de la conciencia da lugar a abusos de poder”

Vivir la espiritualidad con coherencia y realismo
En el tercer punto de reflexión, el Santo Padre afrontó el tema de vivir la espiritualidad con coherencia y realismo. El objetivo último de su carisma coincide con la intención que Jesús presentó al Padre en su última y gran oración: que «todos sean uno» (Jn 17,21), esta intención, dijo el Papa, requiere un compromiso en una doble perspectiva: fuera del Movimiento y dentro de él.

En lo que respecta a la actuación en el exterior, el Papa Francisco los animó a ser testigos de la cercanía con el amor fraterno que supera toda barrera y alcanza toda condición humana. Este es el camino de la cercanía fraterna, que transmite la presencia del Señor resucitado a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, empezando por los pobres, los últimos, los descartados; trabajando junto a las personas de buena voluntad para la promoción de la justicia y la paz. En cuanto al compromiso dentro del Movimiento, el Pontífice los exhortó a promover cada vez más la sinodalidad, para que todos los miembros, como depositarios del mismo carisma, sean corresponsables y participen en la vida de la Obra de María y en sus objetivos específicos.

“Quien tiene la responsabilidad de gobernar está llamado a fomentar y poner en práctica una consulta transparente no sólo dentro de los órganos de gobierno, sino a todos los niveles, en virtud de esa lógica de comunión según la cual cada uno puede poner al servicio de los demás sus propios dones, sus propias opiniones en verdad y con libertad”

Renato Martinez


El Papa: Quien no sigue el Concilio no está con la Iglesia

Un discurso contundente y con amplios añadidos fue el que el Papa dirigió esta mañana a quienes colaboran con la Oficina Nacional de Catequesis en el 60° aniversario de su nacimiento. Francisco insistió en la necesidad de actuar, recordando que el Concilio es el Magisterio de la Iglesia y que debe ser seguido. E invitó a la Iglesia italiana a dar inicio a un Sínodo nacional.

30 de enero 2021.- La ocasión de la audiencia del Papa Francisco a quienes sostienen la Oficina de Catequesis de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) es el 60° aniversario del inicio de la actividad del organismo destinado a ayudar a la Iglesia italiana precisamente en el ámbito de la catequesis después del Concilio Vaticano II. Un aniversario no sólo sirve de recordatorio, sino que también es una oportunidad para «renovar el espíritu del anuncio» – les dijo el Papa en su discurso – razón por la cual quería les manifestó su intención de «compartir tres puntos que espero puedan ayudarlos en el trabajo de los próximos años».

Jesús en el corazón de la catequesis
El primer punto es: catequesis y kerygma. «La catequesis es el eco de la Palabra de Dios», dijo Francisco, y a través de la Sagrada Escritura proclamada, cada persona entra a formar parte de «la misma historia de salvación» y con su propia singularidad «encuentra su propio ritmo». Y subrayó que el corazón del misterio de la salvación es el kerygma, y que el kerygma es una persona: Jesucristo. La catequesis, por tanto, debe «propiciar un encuentro personal con Él» y, por tanto, no puede hacerse sin relaciones personales.

Audiencia del Papa a quienes sostienen la Oficina de Catequesis
de la Conferencia Episcopal Italiana  (Foto: Vatican Media)

“No existe una verdadera catequesis sin el testimonio de hombres y mujeres de carne y hueso. ¿Quién de nosotros no recuerda al menos a uno de sus catequistas? Yo lo recuerdo. Recuerdo a la religiosa que me preparó para mi primera comunión y que me hizo tanto bien. Los primeros protagonistas de la catequesis son ellos, mensajeros del Evangelio, a menudo laicos, que se ponen en juego con generosidad para compartir la belleza de haber encontrado a Jesús. ¿Quién es el catequista? Es el que guarda y alimenta la memoria de Dios; la guarda en sí mismo – es un recordador de la historia de la salvación – y sabe despertar esta memoria en los demás. Es un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para ser visto, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor, de su fidelidad”

El anuncio es el amor de Dios en el lenguaje del corazón
A continuación, el Papa indicó algunas características que debe poseer el anuncio hoy, y es que sepa revelar el amor de Dios, antes que toda obligación moral y religiosa; que no se imponga, sino que tenga en cuenta la libertad; que sea testigo de la alegría y la vitalidad. Para ello el que evangeliza debe expresar «cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena».

Y hablando del catequista, Francisco añadió de paso que «la fe debe transmitirse en dialecto», explicando que se refería al «dialecto de la cercanía», el dialecto que entienden las personas a las que se dirige:

“Me conmueve tanto ese pasaje de los Macabeos, sobre los Siete Hermanos. Dos o tres veces dijeron que su madre los apoyaba hablándoles en dialecto. Es importante: la verdadera fe debe transmitirse en dialecto. Los catequistas deben aprender a transmitirlo en dialecto, es decir, ese lenguaje que sale del corazón, que nace, que es el más familiar, el más cercano a todos. Si no hay dialecto, la fe no se transmite totalmente ni bien”

El Concilio no debe ser negociado
El segundo punto que indicó el Papa Francisco fue la catequesis y el futuro. Recordando el 50° aniversario del documento «La renovación de la catequesis», con el que la Conferencia Episcopal Italiana reconoció las indicaciones del Concilio, celebrado el año pasado, Francisco citó unas palabras del Papa Pablo VI en las que invitaba a la Iglesia italiana a mirar con gratitud al Concilio, del que decía «será el gran catecismo de los nuevos tiempos» y observaba que la tarea constante de la catequesis es «comprender estos problemas que surgen del corazón del hombre, para reconducirlos a su fuente oculta: el don del amor que crea y salva.» Por ello, Francisco reiteró que la catequesis inspirada en el Concilio debe estar «siempre con el oído atento, siempre atenta a la renovación». Y sobre el tema del Concilio añadió una amplia reflexión:

“El Concilio es el Magisterio de la Iglesia. O estás con la Iglesia y por lo tanto sigues el Concilio, y si no sigues el Concilio o lo interpretas a tu manera, a tu voluntad, no estás con la Iglesia. Debemos ser exigentes y estrictos en este punto. No, el Concilio no debería ser negociado para tener más que estos… No, el Concilio es así. Y este problema que estamos viviendo, de selectividad del Concilio, se ha repetido a lo largo de la historia con otros Concilios. A mí me hace pensar tanto en un grupo de obispos que después del Vaticano I se fueron, un grupo de laicos, grupos allí, para continuar la «verdadera doctrina» que no era la del Vaticano I. «Nosotros somos los verdaderos católicos»… Hoy ordenan mujeres. La actitud más estricta de custodiar la fe sin el Magisterio de la Iglesia, te lleva a la ruina. Por favor, nada de concesiones a los que intentan presentar una catequesis que no está de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia”

La catequesis siempre escucha al hombre
La catequesis, dijo además el Papa retomando la lectura del discurso que había preparado, debe renovarse para influir todos los ámbitos de la pastoral. Y recomendó:

“No debemos tener miedo de hablar el lenguaje de las mujeres y de los hombres de hoy. Sí, hablar la lengua fuera de la Iglesia: de esto, debemos tener miedo. No debemos tener miedo de hablar el lenguaje de la gente. No debemos tener miedo de escuchar sus preguntas, independientemente de las que sean, sus preguntas no resueltas, de escuchar sus fragilidades y sus incertidumbres: de esto no tenemos miedo. No debemos tener miedo de desarrollar nuevos instrumentos”

Redescubrir el sentido de la comunidad
La catequesis y la comunidad representan el tercer punto, un punto de especial relevancia en una época en la que, a causa de la pandemia, se ha visto crecer el aislamiento y el sentimiento de soledad.

“El virus ha socavado el tejido vivo de nuestros territorios, sobre todo los existenciales, alimentando temores, sospechas, desconfianza e incertidumbre. Ha socavado las prácticas y los hábitos establecidos y, por tanto, nos hace repensar nuestro ser comunitario. También nos ha hecho comprender que sólo juntos podemos avanzar, cuidando unos de otros. Hay que redescubrir el sentido de comunidad”

Una catequesis que acompaña y acaricia
Repitiendo lo que dijo en la Congreso eclesial de Florencia, el Papa Francisco reiteró su deseo de una Iglesia «cada vez más cercana a los abandonados, a los olvidados, a los imperfectos», una Iglesia alegre que «comprenda, acompañe y acaricie.» Y esto, continuó, “también se aplica a la catequesis”. Y exhortó a la creatividad para un anuncio centrado en el kerygma, “que mire al futuro de nuestras comunidades, para que estén cada vez más enraizadas en el Evangelio, fraternas e inclusivas».

Que la Iglesia italiana inicie un Sínodo nacional
Finalmente, cinco años después del Congreso de Florencia, el Santo Padre invitó a la Iglesia en Italia a iniciar un proceso sinodal a nivel nacional, comunidad por comunidad, diócesis por diócesis. En el Congreso de Florencia está precisamente la intuición del camino a seguir en este Sínodo. Ahora, retómenlo: es el momento. Y comiencen a caminar».

Adriana Masotti (Ciudad del Vaticano)

Concierto de Navidad en el Vaticano: Discurso del Papa a los artistas

“Guardianes de la belleza del mundo”.

(zenit – 12 dic. 2020).- El Papa Francisco ha recibido en audiencia a los promotores, organizadores y artistas del Concierto de Navidad en el Vaticano, hoy, 12 de diciembre de 2020.

La recaudación de este evento, promovido por la Congregación para la Educación Católica, será entregada a la Fundación Pontificia Scholas Occurrentes y a la Fundación Salesiana Misiones Don Bosco.

Discurso del Santo Padre

Audiencia con artistas del Concierto de Navidad, 12 Dic. 2020 (Foto: (C) Vatican Media)

Queridos artistas y amigos, ¡buenos días!

Un cordial saludo a todos y un “gracias” por estar aquí. Este año las luces algo tenues de la Navidad son motivo de oración y recuerdo de las muchas personas que han sufrido y están sufriendo a causa de la pandemia. En esta situación hemos sentido aún más fuertemente la interdependencia que nos une a todos. Este encuentro me da la oportunidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre el arte y su papel en un momento tan crítico de la historia.

En la creación artística podemos reconocer tres movimientos. El primer movimiento es el de los sentidos, capturados por el asombro y maravilla. Esta dinámica inicial, exterior, estimula otras más profundas.

El segundo movimiento, en efecto, alcanza la interioridad de la persona. Una composición de colores o palabras o sonidos tiene el poder de llegar al alma humana. Despierta recuerdos, imágenes, sentimientos…

Pero el movimiento generativo del arte no se detiene aquí. Hay un tercer aspecto: la percepción y la contemplación de la belleza genera un sentido de esperanza, que también se irradia al mundo circundante. En este punto, el movimiento exterior e interior se fusionan y, a su vez, repercuten en las relaciones sociales: generan la empatía capaz de comprender al otro, con el que tenemos tanto en común. Es una nueva socialidad, no sólo vagamente expresada sino percibida y compartida.

Este triple movimiento de asombro, de descubrimiento personal y de compartición produce una sensación de paz, que -como atestigua San Francisco de Asís- nos libera de todo deseo de dominio sobre los demás, nos hace comprender las dificultades de los últimos y nos empuja a vivir en armonía con todos (1) .Una armonía que está vinculada con la belleza y la verdad.

Este vínculo es muy rico en referencias en la tradición judía y cristiana. El libro del Génesis – al narrar a obra creadora de Dios – subraya que frente a las criaturas “vio Dios que era bueno” (Gn 1:12, 18, 25). El adjetivo “bueno” en hebreo tiene un significado mucho más amplio y también puede traducirse como “armonioso” (2). La creación nos sorprende con su esplendor y variedad y, al mismo tiempo, nos hace comprender nuestro papel en el mundo ante tanta grandeza.

Los artistas son conscientes de ello y – como escribía San Juan Pablo II – sienten “dentro de sí mismos esta especie de destello divino, que es la vocación artística” y están llamados “a no malgastar ese talento, sino a desarrollarlo, desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad” (3).

En su famoso mensaje del 8 de diciembre de 1965, al concluir el Concilio Vaticano II, San Pablo VI decía que los artistas estaban “prendados de la belleza” (4) y afirmaba que el mundo “tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”(5). También en el desconcierto causado por la pandemia, vuestra creatividad puede generar luz. La crisis ensancha “las sombras de un mundo cerrado” (cf. Encíclica Fratelli tutti 9-55) y parece oscurecer la luz de lo divino, de lo eterno. No cedamos a este engaño. Busquemos la luz de la Natividad que rasga la oscuridad del dolor y de las tinieblas.

Me dirijo a vosotros, queridos artistas, que sois de manera especial “guardianes de la belleza del mundo”. (6) Os agradezco vuestra solidaridad, que en estos tiempos resalta todavía más. La vuestra es una vocación alta y exigente, que requiere “manos puras y desinteresadas” (7) para transmitir la verdad y la belleza. Ambas infunden alegría en nuestros corazones y son un “fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración” (8), Hoy como entonces, esta Belleza se nos muestra en la humildad del Pesebre. Hoy, como entonces, la celebramos con un espíritu de esperanza.

Expreso mi agradecimiento a las Misiones de Don Bosco y a las Scholas Occurrentes por el compromiso y el espíritu de servicio con que responden a la emergencia educativa y sanitaria, a través de sus proyectos inspirados en el Global Compact on Education.

Gracias de nuevo; ¡gracias y los mejores deseos de un buen concierto! Gracias.

__________________________

[1] Cf. Cart. Enc. Fratelli tutti (3 de octubre de 2020), 4.
2] Cf. Discurso a los participantes en el Encuentro Mundial «Yo puedo», 30 de noviembre de 2019.
3] Carta a los artistas (4 de abril de 1999), 3.
4] Mensaje a los artistas (8 de diciembre de 1965), 1.
[5] Ibid., 4.
[6] San Pablo VI, Mensaje a los artistas (8 de diciembre de 1965), 5.
[7] Ibid.
[8] Ibid.

© Librería Editora Vaticana


Papa Francisco al ‘Marianum’: La mujer, “esencial para la Iglesia y el mundo”

Discurso del Santo Padre.

(zenit – 26 oct. 2020).- El Papa Francisco recibió en audiencia a los profesores y estudiantes de la Pontificia Facultad de Teología Marianum de Roma, en el Aula Pablo VI el pasado sábado, 24 de octubre de 2020, con motivo del 70º aniversario de su fundación.

“El papel de la mujer: esencial para la historia de la salvación, no puede por menos que ser esencial para la Iglesia y el mundo. ¡Pero cuántas mujeres no reciben la dignidad que se les debe! La mujer, que trajo a Dios al mundo, debe poder llevar sus dones a la historia. Se necesitan su ingenio y su estilo”, dijo el Santo Padre en su discurso.

La Virgen, escuela de fe y vida

El Papa planteó si la Mariología sirve hoy al mundo y respondió que, obviamente, “la respuesta es sí”, pues, “ir a la escuela de María es ir a una escuela de fe y de vida”. Ella, “maestra porque discípula, enseña bien el alfabeto de la vida humana y cristiana”.

Destacando la relevancia que el Concilio Vaticano II ha dado a la Mariología y el espacio dedicado a ella en la Lumen GentiumFrancisco describió que “los tiempos que vivimos son tiempos de María”.

Así, apuntó a la necesidad de redescubrir a la Virgen desde la perspectiva de este Concilio que “sacó de nuevo a la luz la belleza de la Iglesia volviendo a las fuentes y limpiando el polvo que se había depositado sobre ella a lo largo de los siglos”.

En este sentido, se refirió a dos elementos destacados por la Escritura, Nuestra Señora “es madre y mujer” y, añadió, “también la Iglesia es madre y mujer”.

Madre y mujer

Para el Pontífice, la Iglesia “necesita redescubrir su corazón materno”: “necesitamos la maternidad, la que genera y regenera la vida con ternura, porque solo el don, el cuidado y el compartir mantienen unida a la familia humana. Pensemos en el mundo sin madres: no tiene porvenir”.

Por otro lado, con respecto al hecho de que María era también mujerel Sucesor de Pedro considera que “así como la madre hace de la Iglesia una familia, la mujer hace de nosotros un pueblo. No es casualidad que la piedad popular se incline con naturaleza por Nuestra Señora”.

De este modo, “es importante que la Mariología la siga atentamente la promueva, a veces la purifique, prestando siempre atención a los ‘signos de los tiempos marianos’ que atraviesan nuestra época”.

La Mariología, agregó, “está llamada a buscar espacios más dignos para las mujeres en la Iglesia, partiendo de la dignidad bautismal común”.

El Marianum, institución fraterna

Para el Obispo de Roma el Marianum está llamado a “ser una institución fraterna, no solo por el bello ambiente familiar” que les distingue, sino también por la “apertura de nuevas posibilidades de colaboración con otras instituciones, que contribuirán a ampliar los horizontes e ir al paso de los tiempos”.

“A veces”, continúa, “hay miedo de abrirse, pero cuando uno se arriesga para dar vida y generar fruto, no se equivoca, porque hace lo mismo que las madres. Y María es una madre que enseña el arte de encontrarse y de caminar juntos”.

GABRIEL SALES TRIGUERO

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os saludo y os felicito por el 70 aniversario de la fundación de vuestra Facultad de Teología. Gracias, padre canciller, por sus amables palabras. El Marianum, desde su nacimiento, fue confiado al cuidado de los Siervos de María. Deseo, pues, que cada uno de vosotros viva su servicio siguiendo el ejemplo de María, “la esclava del Señor” (Lc 1, 38). Un estilo mariano, un estilo que será de gran beneficio para la teología, para la Iglesia y para vosotros.

Podríamos preguntarnos: ¿la Mariología, hoy, sirve a la Iglesia y al mundo? Obviamente, la respuesta es sí. Ir a la escuela de María es ir a una escuela de fe y de vida. Ella, maestra porque discípula, enseña bien el alfabeto de la vida humana y cristiana. Pero también hay otro aspecto, vinculado a la actualidad. Vivimos en el tiempo del Concilio Vaticano II.

Ningún otro concilio en la historia ha dado a la Mariología tanto espacio como el que le ha dedicado el Capítulo VIII de Lumen Gentium, que concluye y en cierto sentido compendia toda la Constitución dogmática sobre la Iglesia. Esto nos dice que los tiempos que vivimos son tiempos de María. Pero necesitamos redescubrir a Nuestra Señora desde la perspectiva del Concilio.

Así como el Concilio sacó de nuevo a la luz la belleza de la Iglesia volviendo a las fuentes y limpiando el polvo que se había depositado sobre ella a lo largo de los siglos, así las maravillas de María se pueden redescubrir mejor yendo al corazón de su misterio. Allí surgen dos elementos, bien destacados por la Escritura: ella es madre y mujer. También la Iglesia es madre y mujer.

Audiencia con la Pontificia Facultad de Teología Marianum, 24 Oct. 2020
(Foto: © Vatican Media)

Madre. Reconocida por Isabel como “madre del Señor” (v. 43), la Theotokos es también la madre de todos nosotros. En efecto, al discípulo Juan, y en él a cada uno de nosotros, el Señor en la cruz dijo: “¡He aquí a tu madre!” (Jn 19:27). Jesús, en aquella hora salvífica, nos estaba dando su vida y su Espíritu; y no dejó que su obra se cumpliera sin darnos a la Virgen, porque quiere que caminemos en la vida con una madre, más aún, con la mejor de las madres (cf. Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 285).

San Francisco de Asís la amaba precisamente porque era madre. Se ha escrito de él que “amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad” (San Buenaventura, Legenda major, 9, 3: FF 1165). Nuestra Señora hizo hermano nuestro a Dios, como madre puede hacer más fraternales a la Iglesia y al mundo.

La Iglesia necesita redescubrir su corazón materno, que late por la unidad; pero lo necesita también nuestra Tierra para que vuelva a ser la casa de todos sus hijos. La Virgen lo desea, “quiere parir un mundo nuevo, donde todos seamos hermanos, donde haya lugar para cada descartado de nuestras sociedades” (Carta. enc. Fratelli tutti, 278). Necesitamos la maternidad, la que genera y regenera la vida con ternura, porque sólo el don, el cuidado y el compartir mantienen unida a la familia humana. Pensemos en el mundo sin madres: no tiene porvenir.

Las ganancias y los beneficios, por sí solos, no tienen futuro; por el contrario, a veces aumentan las desigualdades y las injusticias. Las madres, en cambio, hacen que cada hijo se sienta como en casa y dan esperanza.

El Marianum está, pues, llamado a ser una institución fraterna, no sólo por el bello ambiente familiar que os distingue, sino también por la apertura de nuevas posibilidades de colaboración con otras instituciones, que contribuirán a ampliar los horizontes e ir al paso de los tiempos. A veces hay miedo de abrirse, pensando que se pierde la propia especificidad, pero cuando uno se arriesga para dar vida y generar el futuro no se equivoca, porque hace lo mismo que las madres.

Y María es una madre que enseña el arte de encontrarse y de caminar juntos. Es hermoso entonces que, como en una gran familia, en el Marianum, confluyan tradiciones teológicas y espirituales diferentes que contribuyan también al diálogo ecuménico e interreligioso.

Nuestra Señora – este es el otro elemento esencial – es mujer. Quizás el dato mariológico más antiguo del Nuevo Testamento dice que el Salvador “nació de mujer” (Gálatas 4:4). En el Evangelio, además, María es la mujer, la nueva Eva, que desde Caná hasta el Calvario interviene para nuestra salvación (cf. Jn 2,4; 19,26). Finalmente, es la mujer vestida de sol que cuida de la descendencia de Jesús (cf. Apocalipsis 12:17).

Así como la madre hace de la Iglesia una familia, la mujer hace de nosotros un pueblo. No es casualidad que la piedad popular se incline con naturaleza por Nuestra Señora. Es importante que la mariología la siga atentamente, la promueva, a veces la purifique, prestando siempre atención a los “signos de los tiempos marianos” que atraviesan nuestra época.

Entre ellos, está precisamente el papel de la mujer: esencial para la historia de la salvación, no puede por menos que ser esencial para la Iglesia y el mundo. ¡Pero cuántas mujeres no reciben la dignidad que se les debe! La mujer, que trajo a Dios al mundo, debe poder llevar sus dones a la historia. Se necesitan su ingenio y su estilo. Lo necesita la teología, para que no sea abstracta y conceptual, sino delicada, narrativa, vital.

La Mariología, en particular, puede contribuir a llevar a la cultura, también a través del arte y la poesía, la belleza que humaniza e infunde esperanza. Y está llamada a buscar espacios más dignos para las mujeres en la Iglesia, partiendo de la dignidad bautismal común. Porque la Iglesia, como dije, es mujer. Como María, es madre: como María.

El Padre Rupnik hizo un cuadro, que parece un cuadro de Nuestra Señora, y no es de Nuestra Señora. Parece que la Virgen está en primer plano, y en cambio el mensaje es: la Virgen no está en primer plano. Ella recibe a Jesús, y con sus manos, como si fueran peldaños, hace que baje. Es la Synkatabasis de Cristo a través de Nuestra Señora: esa condescendencia… Y Cristo se presenta como un niño, pero señor, con la Ley en su mano.

Pero también como hijo de mujer, débil, aferrado al manto de Nuestra Señora. Esta obra del padre Rupnik es un mensaje. ¿Y qué es María con nosotros? La que, para cada uno de nosotros, hace bajar a Cristo, Cristo el Dios pleno, el Cristo hombre que se hizo débil por nosotros. Cristo hombre que se hizo débil por nosotros. Veamos a la Virgen así: la que trae a Cristo, la que hace pasar a Cristo, la que dio a luz a Cristo, y que siempre permanece mujer. Es tan simple… Y pidamos que Nuestra Señora nos bendiga.

Ahora os daré la bendición a todos vosotros, pidiendo que siempre podamos tener en nosotros ese espíritu de hijos y de hermanos. Hijos de María, hijos de la Iglesia, hermanos entre nosotros.

© Librería Editora Vaticana

Papa Francisco: Dante, clave para interpretar el “viaje” de cada persona

7º centenario del poeta.

(zenit – 13 oct. 2020).- Con motivo del Año de Dante, el Papa Francisco recibió en audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano a una delegación de la archidiócesis italiana de Rávena-Cervia, el pasado sábado, 10 de octubre de 2020.

Este año marca el séptimo centenario de la muerte del gran poeta y autor de la Divina Comedia.

Durante su discurso, el Santo Padre señaló que, para Dante, el exilio “fue tan significativo que se convirtió en una clave para interpretar no solo su vida, sino el ‘viaje’ de cada hombre y mujer en la historia y más allá de la historia”.

Francisco invita a que las celebraciones del séptimo centenario de la muerte del poeta estimulen “a retomar su Comedia para que, conscientes de nuestra condición de exiliados, nos llame a ese camino de conversión ‘del desorden a la sabiduría, del pecado a la santidad, de la miseria a la felicidad, de la contemplación aterradora del infierno a la contemplación beatífica del paraíso’ (San Pablo VI, Carta Apostólica m.p. Altissimi cantus, 7 de diciembre de 1965)”.

Para el Pontífice, Dante, en efecto, “nos invita una vez más a redescubrir el sentido perdido u ofuscado de nuestro viaje humano”.

Así, aprovechando la resonancia de este artista que supera los siglos, “también nosotros -como nos invitaba san Pablo VI- podremos enriquecernos con la experiencia de Dante para atravesar las numerosas selvas oscuras aún dispersas en nuestra tierra y realizar felizmente nuestra peregrinación en la historia, para alcanzar la meta soñada y deseada por todo hombre”, expresó.

LARISSA I. LÓPEZ

Discurso del Santo Padre

¡Queridos hermanos y hermanas!

Os doy la bienvenida y os agradezco que hayáis venido a compartir conmigo la alegría y el esfuerzo de abrir las celebraciones del VII centenario de la muerte de Dante Alighieri. Doy las gracias en particular al arzobispo Ghizzoni por sus palabras de presentación.

Rávena, para Dante, es la ciudad del “último refugio” [1] -la primera había sido Verona-; de hecho, en vuestra ciudad el poeta pasó sus últimos años y completó su obra: según la tradición, allí se compusieron los cantos finales del Paraíso.

Así, en Rávena concluyó su viaje terrenal; y puso fin al exilio que tanto marcó su existencia y también inspiró su escritura. El poeta Mario Luzi ha resaltado el valor de la turbación y del descubrimiento superior que la experiencia del exilio reservó a Dante. Esto nos hace pensar inmediatamente en la Biblia, en el exilio del pueblo de Israel a Babilonia, que constituye, por así decirlo, una de las “matrices” de la revelación bíblica. De manera análoga para Dante, el exilio fue tan significativo que se convirtió en una clave para interpretar no sólo su vida, sino el “viaje” de cada hombre y mujer en la historia y más allá de la historia.

La muerte de Dante en Rávena tuvo lugar – como escribe Boccaccio – “el día en que la Iglesia celebra la exaltación de la Santa Cruz” [2]. El pensamiento va a aquella cruz de oro que el Poeta vio ciertamente en la pequeña cúpula azul noche, salpicada de novecientas estrellas, del Mausoleo de Gala Placidia; o a aquella geminada y “resplandeciente” Cristo- por usar la imagen del Paraíso – (cf. XIV, 104), de la semicúpula del ábside de San Apolinar in Classe.

Diócesis de Ravenna-Cervia por el Año de Dante (Foto: (C) Vatican Media)

En 1965, con ocasión del séptimo centenario del nacimiento de Dante, san Pablo VI obsequió a Rávena con una cruz de oro para su tumba, que había permanecido hasta entonces -como dijo- “desprovista de tal signo de religión y esperanza” (Discurso al Sacro Colegio y a la Prelatura romana, 23 de enero de 1966). Esa misma cruz, con motivo de este centenario, volverá a brillar en el lugar que conserva los restos mortales del Poeta. Que sea una invitación a la esperanza, esa esperanza de la que Dante es profeta (cf. Mensaje en el 750 aniversario del nacimiento de Dante Alighieri, 4 de mayo de 2015).

El deseo es, pues, que las celebraciones del séptimo centenario de la muerte del Poeta sumo nos estimulen a retomar su Comedia para que, conscientes de nuestra condición de exiliados, nos llame a ese camino de conversión “del desorden a la sabiduría, del pecado a la santidad, de la miseria a la felicidad, de la contemplación aterradora del infierno a la contemplación beatífica del paraíso” (San Pablo VI, Carta Apostólica m.p. Altissimi cantus, 7 de diciembre de 1965). Dante, en efecto, nos invita una vez más a redescubrir el sentido perdido u ofuscado de nuestro viaje humano.

Puede parecer, a veces, que estos siete siglos hayan cavado una distancia insalvable entre nosotros, hombres y mujeres de la era postmoderna y secularizada, y él, representante extraordinario de una edad de oro de la civilización europea. Y, sin embargo, algo nos dice que no es así. Los adolescentes, por ejemplo -incluso los de hoy- si tienen la oportunidad de acercarse a la poesía de Dante de una manera que les sea accesible, inevitablemente encuentran, por un lado, toda la distancia entre el autor y su mundo; y no obstante, por otro, sienten una resonancia sorprendente. Esto sucede especialmente allí donde la alegoría deja espacio al símbolo, donde el ser humano aparece más evidente y desnudo, donde la pasión civil vibra más intensamente, donde la fascinación de la verdad, la belleza y la bondad, en último término, la fascinación de Dios hace sentir su poderosa atracción.

Así, aprovechando esta resonancia que supera los siglos, también nosotros -como nos invitaba san Pablo VI- podremos enriquecernos con la experiencia de Dante para atravesar las numerosas selvas oscuras aún dispersas en nuestra tierra y realizar felizmente nuestra peregrinación en la historia, para alcanzar la meta soñada y deseada por todo hombre: “el amor que mueve el sol y las demás estrellas” (Par. XXXIII, 145) (cf. Mensaje con motivo del 750º aniversario del nacimiento de Dante Alighieri, 4 de mayo de 2015).

Gracias de nuevo por esta visita, y los mejores deseos para las celebraciones del centenario. Con la ayuda de Dios, el año que viene me propongo ofrecer una reflexión más amplia al respecto. Bendigo de corazón a cada uno de vosotros, a vuestros colaboradores y a toda la comunidad de Ravena. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

1] Véase C. Ricci, L’ultimo rifugio di Dante Alighieri, Hoepli, Milán 1891.
2) Trattatello in laude di Dante, Garzanti 1995 p. XIV.


OCTUBRE 13, 2020 12:32PAPA FRANCISCO

Congreso para Ancianos: Los mayores, “presente” y “mañana” de la Iglesia

Discurso del Papa Francisco.

(ZENIT).- El Papa Francisco considera que los mayores “son también el presente y el mañana de la Iglesia”, que, junto con los jóvenes, “profetiza y sueña” e insiste en la relevancia de que estas dos generaciones se comuniquen entre ellos.

En la mañana de hoy, 31 de enero de 2020, el Santo Padre recibió en audiencia a los participantes del I Congreso Internacional de Pastoral para los Ancianos cuyo tema es “La Riqueza de los Años”.

Este encuentro fue organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y se ha celebrado del 29 al 31 de enero en el Centro de Congresos “Augustinianum” de Roma.

“La riqueza de los años”

I Congreso de Pastoral para Ancianos, 31 Enero 2020 (Foto: © Vatican Media)

Para Francisco, la “riqueza de los años” es la de “cada persona que tiene a sus espaldas muchos años de vida, experiencia e historia”, “el tesoro precioso que toma forma en el camino de la vida de cada hombre y mujer, sin importar sus orígenes, procedencia, condiciones económicas o sociales”, pues “la vida es un regalo, y cuando es larga es un privilegio, para uno mismo y para los demás. Siempre, siempre es así”.

El Papa destacó cómo en el siglo XXI, “la vejez se ha convertido en una de las características de la humanidad” y cómo a ella le corresponden hoy “diferentes estaciones de la vida: para muchos es la edad en la que cesa el esfuerzo productivo, las fuerzas disminuyen y aparecen los signos de la enfermedad, de la necesidad de ayuda y del  aislamiento social; pero para muchos es el comienzo de un largo período de bienestar psicofísico y de liberación de las obligaciones laborales”.

En ambas situaciones y ante la desorientación e incluso “la indiferencia y el rechazo” social, el Pontífice indicó que es necesario definir la manera de vivir estos años y que ha acogido con gran interés este primer congreso centrado en la pastoral para mayores: “Necesitamos cambiar nuestros hábitos pastorales para responder a la presencia de tantas personas mayores en las familias y en las comunidades”.

Mirar al futuro

Al mismo tiempo, el Obispo de Roma recordó que en la Biblia, “la longevidad es una bendición” porque “nos enfrenta a nuestra fragilidad, a nuestra dependencia mutua, a nuestros lazos familiares y comunitarios, y sobre todo a nuestra filiación divina” y que el anciano, “incluso cuando es débil, puede convertirse en un instrumento de la historia de la salvación”.

También apuntó que, “consciente de este papel irremplazable de los ancianos”, la Iglesia “se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo” que “nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos”.

Revolución de la ternura

“La profecía de los ancianos se cumple cuando la luz del Evangelio entra plenamente en sus vidas; cuando, como Simeón y Ana, toman a Jesús en sus brazos y anuncian la revolución de la ternura, la Buena Nueva de Aquel que vino al mundo para traer la luz del Padre”, señaló el Santo Padre.

Por este motivo, demandó: “No os canséis de proclamar el Evangelio a los abuelos y a los ancianos” yendo a ellos “con una sonrisa en vuestro rostro y el Evangelio en vuestras manos”.

Francisco también aludió al hecho de que en las sociedades secularizadas de muchos países la mayoría de los padres no cuentan con la formación cristiana y la fe que los abuelos pueden transmitir a sus nietos, de manera que estos “son el eslabón indispensable para educar a los niños y a los jóvenes en la fe”. Es preciso, por tanto, “incluirlos en nuestros horizontes pastorales” considerándolos “como uno de los componentes vitales de nuestras comunidades”.

LARISSA I. LÓPEZ

Discurso completo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

Os doy mi cordial bienvenida a vosotros, participantes en el primer Congreso internacional de pastoral de los ancianos – «La Riqueza de los Años» – organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida; y agradezco al cardenal Farrell sus amables palabras.

La «riqueza de los años» es la riqueza de las personas, de cada persona que tiene a sus espaldas muchos años de vida, experiencia e historia. Es el tesoro precioso que toma forma en el camino de la vida de cada hombre y mujer, sin importar sus orígenes, procedencia, condiciones económicas o sociales. Porque la vida es un regalo, y cuando es larga es un privilegio, para uno mismo y para los demás. Siempre, siempre es así.

En el siglo XXI, la vejez se ha convertido en una de las características de la humanidad. En unas pocas décadas, la pirámide demográfica – que una vez descansaba sobre un gran número de niños y jóvenes y tenía  pocos ancianos en la cumbre – se ha invertido. Si hace tiempo los ancianos hubieran poblar un pequeño estado, hoy pueden poblar un continente entero. En este sentido, la ingente presencia de los ancianos es una novedad en todos los entornos sociales y geográficos del mundo. Además, a la vejez corresponden hoy diferentes estaciones de la vida: para muchos es la edad en la que cesa el esfuerzo productivo, las fuerzas disminuyen y aparecen los signos de la enfermedad, de la necesidad de ayuda y del  aislamiento social; pero para muchos es el comienzo de un largo período de bienestar psicofísico y de liberación de las obligaciones laborales.

En ambas situaciones, ¿cómo vivir estos años? ¿Qué sentido dar a esta fase de la vida, que para muchos puede ser larga? La desorientación social y, en muchos casos, la indiferencia y el rechazo que nuestras sociedades muestran hacia las personas mayores, llaman no sólo a la Iglesia, sino a todo el mundo, a una reflexión seria para aprender a captar y apreciar el valor de la vejez. En efecto, mientras que, por un lado, los Estados deben hacer frente a la nueva situación demográfica en el plano económico, por otro, la sociedad civil necesita valores y significados para la tercera y la cuarta edad. Y aquí, sobre todo, se coloca la contribución de la comunidad eclesial.

Por eso he acogido con interés la iniciativa de esta conferencia, que ha centrado la atención en la pastoral de los ancianos e iniciado una reflexión sobre las implicaciones que se derivan de una presencia sustancial de los abuelos en nuestras parroquias y sociedades. Os  pido que no se quede en una iniciativa aislada, sino que marque el inicio de un camino de profundización y discernimiento pastoral. Necesitamos cambiar nuestros hábitos pastorales para responder a la presencia de tantas personas mayores en las familias y en las comunidades.

En la Biblia, la longevidad es una bendición. Nos enfrenta a nuestra fragilidad, a nuestra dependencia mutua, a nuestros lazos familiares y comunitarios, y sobre todo a nuestra filiación divina. Concediendo la vejez, Dios Padre nos da tiempo para profundizar nuestro conocimiento de Él, nuestra intimidad con Él, para entrar más y más en su corazón y entregarnos a Él. Este es el momento de prepararnos para entregar nuestro espíritu en sus manos, definitivamente, con la confianza de los niños. Pero también es un tiempo de renovada fecundidad. «En la vejez volverán a dar fruto», dice el salmista (Sal 91, 15). En efecto,  el plan de salvación de Dios también se lleva a cabo en la pobreza de los cuerpos débiles, estériles e impotentes. Del vientre estéril de Sara y del cuerpo centenario de Abraham nació el Pueblo Elegido (cf. Rom 4:18-20). De Isabel y el viejo Zacarías nació Juan Bautista. El anciano, incluso cuando es débil, puede convertirse en un instrumento de la historia de la salvación.

Consciente de este papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos.

Cuando pensamos en los ancianos y hablamos de ellos, sobre todo en la dimensión pastoral, debemos aprender a cambiar un poco los tempos de los verbos. No sólo hay un pasado, como si para los ancianos sólo hubiera una vida detrás de ellos y un archivo enmohecido. No. El Señor puede y quiere escribir con ellos también nuevas páginas, páginas de santidad, de servicio, de oración… Hoy quisiera deciros que los ancianos son también el presente y el mañana de la Iglesia. Sí, ¡son también el futuro de una Iglesia que, junto con los jóvenes, profetiza y sueña! Por eso es tan importante que los ancianos y los jóvenes hablen entre ellos, es muy importante.

La profecía de los ancianos se cumple cuando la luz del Evangelio entra plenamente en sus vidas; cuando, como Simeón y Ana, toman a Jesús en sus brazos y anuncian la revolución de la ternura, la Buena Nueva de Aquel que vino al mundo para traer la luz del Padre. Por eso os pido que no os canséis de proclamar el Evangelio a los abuelos y a los ancianos. Id a ellos con una sonrisa en vuestro rostro y el Evangelio en vuestras manos. Salid a las calles de vuestras parroquias y buscad a los ancianos que viven solos. La vejez no es una enfermedad, es un privilegio. La soledad puede ser una enfermedad, pero con caridad, cercanía y consuelo espiritual podemos curarla.

Dios tiene un pueblo numeroso de abuelos en todo el mundo. Hoy en día, en las sociedades secularizadas de muchos países, las generaciones actuales de padres no tienen, en su mayoría, la formación cristiana y la fe viva que los abuelos pueden transmitir a sus nietos. Son el eslabón indispensable para educar a los niños y a los jóvenes en la fe. Debemos acostumbrarnos a incluirlos en nuestros horizontes pastorales y a considerarlos, de forma no episódica, como uno de los componentes vitales de nuestras comunidades. No sólo son personas a las que estamos llamados a ayudar y proteger para custodiar sus vidas, sino que pueden ser actores de una pastoral evangelizadora, testigos privilegiados del amor fiel de Dios.

Por esto doy las gracias a todos los que dedicáis vuestras energías pastorales a los abuelos y a los ancianos. Sé muy bien que vuestro compromiso y vuestra reflexión nacen de la amistad concreta con tantos ancianos. Espero que lo que hoy es la sensibilidad de unos pocos se convierta en el patrimonio de cada comunidad eclesial. No tengáis miedo, tomad iniciativas, ayudad a vuestros obispos y a vuestras diócesis a promover el servicio pastoral a los ancianos y con los ancianos. No os desaniméis, ¡adelante! El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida continuará acompañándoos en este trabajo.

Yo también os acompaño con mi oración y mi bendición. Y vosotros por favor, no os olvidéis de rezar por mí ¡Gracias!

© Librería Editorial Vaticano


Discurso a la Curia Romana: El Papa llama a «un cambio en la mentalidad pastoral»

Y para «despertar las conciencias adormecidas en la indiferencia».

(ZENIT).- «Ya no estamos en la cristiandad … Ya no somos los únicos hoy en producir cultura, ni los primeros ni los más escuchados», subraya el Papa Francisco frente a sus colaboradores en el Vaticano: «Necesitamos un cambio de mentalidad pastoral «.

En su tradicional discurso navideño a la Curia romana el 21 de diciembre de 2019, el Papa Francisco explicó las razones profundas de la reforma comprometida, en un mundo donde la fe a menudo es «negada, burlada, marginada y ridiculizada». Para servir mejor a la humanidad, dijo, no se trata de «pasar a una pastoral relativista», sino de «dejarse cuestionar por los desafíos de la actualidad y comprenderlos».

Citando al cardenal Newman, el Papa enfatizó que «el desarrollo y el crecimiento son la característica de la vida terrenal y humana». «El cambio es una conversión», agregó, «es decir, una transformación interna». La vida cristiana, en realidad, es un camino, una peregrinación … es una invitación a descubrir el movimiento del corazón que, paradójicamente, necesita salir para permanecer, cambiar para ser fiel».

El Papa se centró en la misión particular de ciertos dicasterios: la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el Dicasterio de la Comunicación y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Hablando de esto último, una vez más hizo un llamamiento a los migrantes forzados «que en este momento representan un grito en el desierto de nuestra humanidad»: la Iglesia «está llamada a despertar a las conciencias dormidas en la indiferencia ante las realidades del mar Mediterráneo convertido, para muchos, para demasiados, en un cementerio”.

RAQUEL ANILLO/ AK

Discurso del papa Francisco

Discurso en la Curia Romana, Navidad 2019 (Foto: © Vatican Media)

«Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

Queridos hermanos y hermanas:

Os doy la cordial bienvenida a todos vosotros. Agradezco al Cardenal Angelo Sodano las palabras que me ha dirigido, y sobre todo deseo expresarle mi gratitud, también en nombre de los miembros del Colegio Cardenalicio, por el valioso y oportuno servicio que ha realizado como Decano, durante tantos años, con disponibilidad, dedicación, eficiencia y gran capacidad organizativa y de coordinación. Con esa forma de actuar “rassa nostrana”, como diría Nino Costa [escritor piamontés]. Muchas gracias, Eminencia. Ahora les corresponde a los Cardenales Obispos elegir un nuevo Decano. Espero que elijan a alguien que se ocupe a tiempo pleno de ese cargo tan importante. Gracias.

A vosotros aquí presentes, a vuestros colaboradores, a todas las personas que prestan servicio en la Curia, como también a los Representantes Pontificios y a cuantos colaboran con ellos, os deseo una santa y alegre Navidad. Y a estos saludos añado mi agradecimiento por la dedicación cotidiana que ofrecéis al servicio de la Iglesia. Muchas gracias.

También este año el Señor nos ofrece la ocasión de encontrarnos para este gesto de comunión, que refuerza nuestra fraternidad y está enraizado en la contemplación del amor de Dios que se revela en la Navidad. En efecto, «el nacimiento de Cristo —ha escrito un místico de nuestro tiempo— es el testimonio más fuerte y elocuente de cuánto Dios ha amado al hombre. Lo ha amado con un amor personal. Es por eso que ha tomado un cuerpo humano al que se ha unido y lo ha hecho así para siempre. El nacimiento de Cristo es en sí mismo una “alianza de amor” estipulada para siempre entre Dios y el hombre»[1]. Y san Clemente de Alejandría afirma: «Por esta razón, el Hijo en persona vino a la tierra, se revistió de humanidad y sufrió voluntariamente la condición humana. Quiso someterse a las condiciones de debilidad de aquellos a quienes amaba, porque quería ponernos a nosotros a la altura de su propia grandeza»[2].

Considerando tanta bondad y tanto amor, el intercambio de saludos navideños es además una ocasión para acoger nuevamente su mandamiento: «Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13,34-35). Aquí, de hecho, Jesús no nos pide que lo amemos a Él como respuesta a su amor por nosotros; más bien nos pide que nos amemos unos a otros con su mismo amor. Nos pide, en otras palabras, que seamos semejantes a Él, porque Él se ha hecho semejante a nosotros. Que la Navidad, por tanto —como exhortaba el santo Cardenal Newman—, «nos encuentre cada vez más parecidos a quien, en este tiempo, se ha hecho niño por amor a nosotros; que cada nueva Navidad nos encuentre más sencillos, más humildes, más santos, más caritativos, más resignados, más alegres, más llenos de Dios»[3]. Y añade: «Este es el tiempo de la inocencia, de la pureza, de la ternura, de la alegría, de la paz»[4].

El nombre de Newman también nos recuerda una afirmación suya muy conocida, casi un aforismo, que se encuentra en su obra El desarrollo de la doctrina cristiana, que histórica y espiritualmente se coloca en la encrucijada de su ingreso en la Iglesia Católica. Dice así: «Aquí sobre la tierra vivir es cambiar, y la perfección es el resultado de muchas transformaciones»[5]. No se trata obviamente de buscar el cambio por el cambio, o de seguir las modas, sino de tener la convicción de que el desarrollo y el crecimiento son la característica de la vida terrena y humana, mientras, desde la perspectiva del creyente, en el centro de todo está la estabilidad de Dios[6].

Para Newman el cambio era conversión, es decir, una transformación interior[7]. La vida cristiana, en realidad, es un camino, una peregrinación. La historia bíblica es todo un camino, marcado por inicios y nuevos comienzos; como para Abrahán; como para cuantos, dos mil años atrás, en Galilea, se pusieron en camino para seguir a Jesús: «Sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron» (Lc 5,11). Desde entonces, la historia del pueblo de Dios —la historia de la Iglesia— está marcada siempre por partidas, desplazamientos, cambios. El camino, obviamente, no es puramente geográfico, sino sobre todo simbólico: es una invitación a descubrir el movimiento del corazón que, paradójicamente, necesita partir para poder permanecer, cambiar para poder ser fiel[8].

Todo esto tiene una particular importancia en nuestro tiempo, porque no estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época. Por tanto, estamos en uno de esos momentos en que los cambios no son más lineales, sino de profunda transformación; constituyen elecciones que transforman velozmente el modo de vivir, de interactuar, de comunicar y elaborar el pensamiento, de relacionarse entre las generaciones humanas, y de comprender y vivir la fe y la ciencia. A menudo sucede que se vive el cambio limitándose a usar un nuevo vestuario, y después en realidad se queda como era antes. Recuerdo la expresión enigmática, que se lee en una famosa novela italiana: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie” (en Il Gattopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa).

La actitud sana es, más bien, la de dejarse interrogar por los desafíos del tiempo presente y comprenderlos con las virtudes del discernimiento, de la parresia y de la hypomoné. El cambio, en este caso, asumiría otro aspecto: de elemento de contorno, de contexto o de pretexto, de paisaje externo… se volvería cada vez más humano, y también más cristiano. Sería siempre un cambio externo, pero realizado a partir del centro mismo del hombre, es decir, una conversión antropológica[9].

Nosotros debemos iniciar procesos y no ocupar espacios: «Dios se manifiesta en una revelación histórica, en el tiempo. El tiempo da inicio a los procesos, el espacio los cristaliza. Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos en curso. No es necesario privilegiar los espacios de poder respecto a los tiempos, incluso largos, de los procesos. Nosotros debemos iniciar procesos, más que ocupar espacios. Dios se manifiesta en el tiempo y está presente en los procesos de la historia. Esto hace privilegiar las acciones que generan dinámicas nuevas. Y reclama paciencia, espera»[10]. Por esto, urge que leamos los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que la dirección de este cambio «despierte nuevas y viejas preguntas con las cuales es justo y necesario confrontarse»[11].

Afrontando hoy el tema del cambio que se funda principalmente en la fidelidad al depositum fidei y a la Tradición, deseo volver sobre la actuación de la reforma de la Curia romana, reiterando que dicha reforma no ha tenido nunca la presunción de hacer como si antes no hubiese existido; al contrario, se ha apuntado a valorizar todo lo bueno que se ha hecho en la compleja historia de la Curia. Es preciso valorizar la historia para construir un futuro que tenga bases sólidas, que tenga raíces y por ello pueda ser fecundo. Apelar a la memoria no quiere decir anclarse en la autoconservación, sino señalar la vida y la vitalidad de un recorrido en continuo desarrollo. La memoria no es estática, es dinámica. Por su naturaleza, implica movimiento. Y la tradición no es estática, es dinámica, como dijo ese gran hombre [G. Mahler]: la tradición es la garantía del futuro y no la custodia de las cenizas.

Queridos hermanos y hermanas: En nuestros anteriores encuentros natalicios, os hablé de los criterios que han inspirado este trabajo de reforma. Alenté también algunas actuaciones que ya se han realizado, sea definitivamente, sea ad experimentum[12]En el año 2017, evidencié algunas novedades de la organización curial, como, por ejemplo, la Tercera Sección de la Secretaría de Estado, que lo está haciendo muy bien; o las relaciones entre la Curia romana y las Iglesias particulares, recordando también la antigua praxis de las Visitas ad limina Apostolorum; o la estructura de algunos Dicasterios, particularmente el de las Iglesias Orientales y otros para el diálogo ecuménico o para el interreligioso, en modo particular con el Judaísmo.

En el encuentro de hoy, quisiera detenerme en algunos de los otros Dicasterios partiendo desde el núcleo de la reforma, es decir de la primera y más importante tarea de la Iglesia: la evangelización. San Pablo VI afirmó: «Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar»[13]Evangelii nuntiandi, que sigue siendo el documento pastoral más importante después del Concilio y que es actual. En realidad, el objetivo actual de la reforma es que «las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 27). Y entonces, inspirándose precisamente en este magisterio de los Sucesores de Pedro desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, se consideró proponer para la nueva Constitución Apostólica que se está preparando sobre la reforma de la Curia romana el título de Praedicate evangelium. Es decir, una actitud misionera.

Por eso, mi pensamiento se dirige hoy a algunos de los Dicasterios de la Curia romana que explícitamente se refieren a esta cuestión en su denominación: la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Congregación para la Evangelización de los pueblos; pienso también en el Dicasterio para la Comunicación y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Cuando estas dos primeras Congregaciones citadas fueron instituidas, estábamos en una época donde era más sencillo distinguir entre dos vertientes bastante bien definidas: un mundo cristiano por un lado y un mundo todavía por evangelizar por el otro. Ahora esta situación ya no existe. No se puede decir que las poblaciones que no han recibido el anuncio del Evangelio viven sólo en los continentes no occidentales, sino que se encuentran en todas partes, especialmente en las enormes conglomeraciones urbanas, que requieren una pastoral específica. En las grandes ciudades necesitamos otros “mapas”, otros paradigmas que nos ayuden a reposicionar nuestros modos de pensar y nuestras actitudes. Hermanos y hermanas: No estamos más en la cristiandad. Hoy no somos los únicos que producen cultura, ni los primeros, ni los más escuchados[14]. Por tanto, necesitamos un cambio de mentalidad pastoral, que no quiere decir pasar a una pastoral relativista. No estamos ya en un régimen de cristianismo porque la fe —especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente— ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común; de hecho, frecuentemente es incluso negada, burlada, marginada y ridiculizada. Esto fue evidenciado por Benedicto XVI cuando, al convocar el Año de la Fe (2012), escribió: «Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas»[15]. Y por eso fue instituido en el año 2010 el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, para «promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación, pero que están viviendo una progresiva secularización de la sociedad y una especie de “eclipse del sentido de Dios”, que constituyen un desafío a encontrar medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo»[16]. A veces he hablado de esto con algunos de vosotros. Pienso en cinco países que han llenado el mundo de misioneros —os dije los que son—, y hoy no tienen recursos vocacionales para seguir adelante. Este es el mundo actual.

La percepción de que el cambio de época pone serios interrogantes a la identidad de nuestra fe no ha llegado, por cierto, improvisamente[17]. En tal cuadro se insertará también la expresión “nueva evangelización” adoptada por san Juan Pablo II, quien en la Encíclica Redemptoris missio escribió: «Hoy la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes, como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo» (n. 30). Es necesaria una nueva evangelización, o reevangelización (cf. n. 33).

Todo esto comporta necesariamente cambios y puntos de atención distintos tanto en los mencionados Dicasterios, como en la Curia en general[18].

Quisiera reservar también algunas consideraciones al Dicasterio para la Comunicación, creado recientemente. Estamos en la perspectiva del cambio de época, en cuanto «amplias franjas de la humanidad están inmersas en él de manera ordinaria y continua. Ya no se trata solamente de “usar” instrumentos de comunicación, sino de vivir en una cultura ampliamente digitalizada, que afecta de modo muy profundo la noción de tiempo y de espacio, la percepción de uno mismo, de los demás y del mundo, el modo de comunicar, de aprender, de informarse, de entrar en relación con los demás. Una manera de acercarse a la realidad que suele privilegiar la imagen respecto a la escucha y a la lectura incide en el modo de aprender y en el desarrollo del sentido crítico» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 86).

Por lo tanto, al Dicasterio para la Comunicación se le ha confiado el encargo de reunir en una nueva institución a los nueve organismos que, anteriormente, se ocuparon, de diversas maneras y con diferentes tareas, de la comunicación: el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, la Sala de Prensa de la Santa Sede, la Tipografía Vaticana, la Librería Editrice VaticanaL’Osservatore Romano, la Radio Vaticana, el Centro Televisivo Vaticano, el Servicio de Internet Vaticano y el Servicio Fotográfico. Sin embargo, esta unificación, en línea con lo que se ha dicho, no proyectaba una simple agrupación “coordinativa”, sino una armonización de los diferentes componentes para proponer una mejor oferta de servicios y también para tener una línea editorial coherente.

La nueva cultura, marcada por factores de convergencia y multimedialidad, necesita una respuesta adecuada por parte de la Sede Apostólica en el área de la comunicación. Hoy, con respecto a los servicios diversificados, prevalece la forma multimedia, y esto también indica la manera de concebirlos, pensarlos e implementarlos. Todo esto implica, junto con el cambio cultural, una conversión institucional y personal para pasar de un trabajo de departamentos cerrados ―que en el mejor de los casos ofrecía una cierta coordinación― a un trabajo intrínsecamente conectado, en sinergia.

Queridos hermanos y hermanas: Mucho de lo dicho hasta ahora también es válido, en principio, para el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. También este se instituyó recientemente para responder a los cambios surgidos a nivel global, reuniendo cuatro Pontificios Consejos anteriores: Justicia y paz, Cor Unum, Pastoral para Migrantes y Operadores de la Salud. La coherencia de las tareas encomendadas a este Dicasterio se recuerda brevemente en el exordio del Motu Proprio Humanam progressionem que lo estableció: «En todo su ser y obrar, la Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio. Este desarrollo se lleva a cabo mediante el cuidado de los inconmensurables bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación». Se lleva a cabo en el servicio a los más débiles y marginados, especialmente a los migrantes forzados, que en este momento representan un grito en el desierto de nuestra humanidad. Por lo tanto, la Iglesia está llamada a recordar a todos que no se trata sólo de cuestiones sociales o migratorias, sino de personas humanas, hermanos y hermanas que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada. Está llamada a testimoniar que para Dios nadie es “extranjero” o “excluido”. Está llamada a despertar las conciencias adormecidas en la indiferencia ante la realidad del mar Mediterráneo, que se ha convertido para muchos, demasiados, en un cementerio.

Me gustaría recordar la importancia del carácter de integralidad del desarrollo. San Pablo VI afirmó que «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (Carta enc. Populorum progressio, 14). En otras palabras, arraigada en su tradición de fe y remitiéndose en las últimas décadas a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, la Iglesia siempre ha afirmado la grandeza de la vocación de todos los seres humanos, que Dios creó a su imagen y semejanza para que formaran una única familia; y al mismo tiempo ha procurado abrazar lo humano en todas sus dimensiones.

Es precisamente esta exigencia de integralidad la que vuelve a proponernos hoy la humanidad que nos reúne como hijos de un único Padre. «En todo su ser y obrar, la Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio» (M.P. Humanam progressionem). El Evangelio lleva siempre a la Iglesia a la lógica de la encarnación, a Cristo que ha asumido nuestra historia, la historia de cada uno de nosotros. Esto es lo que nos recuerda la Navidad. Entonces, la humanidad es la clave distintiva para leer la reforma. La humanidad llama, interroga y provoca, es decir, llama a salir y no temer al cambio.

No olvidemos que el Niño recostado en el pesebre tiene el rostro de nuestros hermanos y hermanas más necesitados, de los pobres que «son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros» (Carta ap. Admirabile signum, 1 diciembre 2019, 6).

Queridos hermanos y hermanas: Se trata, por lo tanto, de grandes desafíos y equilibrios necesarios, a menudo difíciles de lograr, por el simple hecho de que, en la tensión entre un pasado glorioso y un futuro creativo y en movimiento, se encuentra el presente en el que hay personas que irremediablemente necesitan tiempo para madurar; hay circunstancias históricas que se deben manejar en la cotidianidad, puesto que durante la reforma el mundo y los eventos no se detienen; hay cuestiones jurídicas e institucionales que se deben resolver gradualmente, sin fórmulas mágicas ni atajos.

Por último, está la dimensión del tiempo y el error humano, con los que no es posible, ni correcto, no lidiar porque forman parte de la historia de cada uno. No tenerlos en cuenta significa hacer las cosas prescindiendo de la historia de los hombres. Vinculada a este difícil proceso histórico, siempre está la tentación de replegarse en el pasado —incluso utilizando nuevas formulaciones—, porque es más tranquilizador, conocido y, seguramente, menos conflictivo. Sin embargo, también esto forma parte del proceso y el riesgo de iniciar cambios significativos[19].

Aquí es necesario alertar contra la tentación de asumir la actitud de la rigidez. La rigidez que proviene del miedo al cambio y termina diseminando con límites y obstáculos el terreno del bien común, convirtiéndolo en un campo minado de incomunicabilidad y odio. Recordemos siempre que detrás de toda rigidez hay un desequilibrio. La rigidez y el desequilibrio se alimentan entre sí, en un círculo vicioso. Y, en este momento, esta tentación de rigidez es muy actual.

Queridos hermanos y hermanas: La Curia romana no es un cuerpo desconectado de la realidad —aun cuando el riesgo siempre esté presente—, sino que debe ser entendida y vivida en el hoy del camino recorrido por todos los hombres y las mujeres, en la lógica del cambio de época. La Curia romana no es un edificio o un armario lleno de trajes que ponerse para justificar un cambio. La Curia romana es un cuerpo vivo, y lo es tanto más cuanto más vive la integralidad del Evangelio.

El Cardenal Martini, en la última entrevista concedida pocos días antes de su muerte, pronunció palabras que nos deben hacer pensar: «La Iglesia se ha quedado doscientos años atrás. ¿Por qué no se sacude? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en lugar de valentía? Sin embargo, el cimiento de la Iglesia es la fe. La fe, la confianza, la valentía. […] Sólo el amor vence el cansancio»[20].

La Navidad es la fiesta del amor de Dios por nosotros. El amor divino que inspira, dirige y corrige la transformación, y derrota el miedo humano de dejar “lo seguro” para lanzarse hacia el “misterio”.

¡Feliz Navidad para todos!

Como preparación para la Navidad, hemos escuchado las predicaciones sobre la Santa Madre de Dios. Dirijamos a ella antes de la bendición.

[Ave María y bendición]

Ahora me gustaría daros un regalo, un recuerdo: dos libros. El primero es el “documento”, digámoslo así, que deseaba realizar para el mes misionero extraordinario [octubre 2019], y lo hice como entrevista: Sin Él no podemos hacer nada. Me inspiró una frase, no sé de quién, que decía que cuando el misionero llega a un lugar ya está esperándolo el Espíritu Santo. Esta es la inspiración de este documento. Y el segundo es un retiro para sacerdotes realizado hace poco tiempo por D. Luigi Maria Epicoco; un retiro para sacerdotes: Alguien a quien mirar. Los doy de corazón para que sirvan a toda la comunidad. Gracias.

© Librería editorial  del Vaticano

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[1] Matta El Meskin, L’umanità di Dio, Qiqajon-Bose, Magnano 2015, 170-171.
[2] Quis dives salvetur 37, 1-6.
[3] Sermón “La encarnación, misterio de gracia”, en Parochial and Plain Sermons V, 7.
[4] Ibíd. V, 97-98.
[5] Meditazioni e preghiere, G. Velocci, Milán 2002, 75.
[6] En una oración suya, Newman afirmaba: «No hay nada estable fuera de ti, Dios mío. Tú eres el centro y la vida de todos los que, siendo mudables, confían en ti como en un Padre, y vuelven a ti los ojos, contentos de ponerse en tus manos. Sé, Dios mío, que debe operarse en mí un cambio, si quiero llegar a contemplar tu rostro» (ibíd., 112).
[7] Newman lo describe así: «En el momento de la conversión, yo mismo no me daba cuenta del cambio intelectual y moral que había tenido lugar en mi mente… tenía la impresión de entrar en el puerto después de una travesía agitada; por eso mi felicidad, desde entonces y hasta hoy, ha permanecido inalterable» (Apologia pro vita sua, A. Bosi, ed. Turín 1988, 360; cf. J. Honoré, Gli aforismi di Newman, LEV, Ciudad del Vaticano 2010, 167).
[8] Cf. J. M. Bergoglio, Mensaje de cuaresma a los sacerdotes y consagrados, 21 febrero 2007.
[9] Cf. Const. ap. Veritatis gaudium (27 diciembre 2017), 3: «Se trata, en definitiva, de cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir el progreso: El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos».
[10] Entrevista concedida al P. Antonio Spadaro: La Civiltà Cattolica,19 septiembre 2013, p. 468.
[11] Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania, 29 junio 2019.
[12] Cf. Discurso a la Curia, 22 diciembre 2016.
[13] Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 14. San Juan Pablo II escribió que «la evangelización misionera es que ésta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia» (Carta enc. Redemptoris missio, 7 diciembre 1990, 2).
[14] Cf. Discurso a los participantes en el Congreso Internacional de la Pastoral de las Grandes Ciudades, Sala del Consistorio, 27 noviembre 2014.
[15] Carta ap. M.P. Porta fidei, 2.
[16] Benedicto XVI, Homilía, 28 junio 2010; cf. Carta ap. M.P. Ubicumque et semper, 17 octubre 2010.
[17] El cambio de época fue también advertido en Francia por el Card. Suhard (piénsese en su carta pastoral Essor ou déclin de l’Église, 1947) y por el entonces Arzobispo de Milán, G.B. Montini. También él se preguntaba si Italia fuese todavía una nación católica (cf. Prolusione alla VIII Settimana nazionale di aggiornamento pastorale, 22 septiembre 1958, en Discorsi e Scritti milanesi 1954-1963, vol. II, Brescia-Roma 1997, 2328).
[18] San Pablo VI, hace aproximadamente cincuenta años, presentando a los fieles el nuevo Misal Romano, evocó la ecuación entre la ley de la oración (lex orandi) y la ley de la fe (lex credendi), y describió el Misal como “demostración de fidelidad y vitalidad”. Concluyendo su reflexión afirmó: «No decimos por tanto “nueva Misa”, sino más bien “nueva época” de la vida de la Iglesia» (Audiencia general, 19 noviembre 1969). Es cuanto, análogamente, se podría decir también en nuestro caso: no una nueva Curia romana, sino más bien una nueva época.
[19] Evangelii gaudium enuncia la regla de «privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad» (n. 223).
[20] Entrevista a Georg Sporschill, S.J., y a Federica Radice Fossati Confalonieri: “Corriere della Sera”, 1 septiembre 2012.