El Santo Padre a los ortodoxos: superemos rivalidades dañinas

El Papa Francisco recibió esta mañana en audiencia a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla encabezada por el Metropolita Emmanuel de Calcedonia, en la víspera de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo. «El Covid es un flagelo, pero también una lección de humildad para vivir sanos en un mundo enfermo».

Ciudad del Vaticano, 28 de junio 2021.- «Queridos hermanos, ¿acaso no ha llegado la hora, con la ayuda del Espíritu, de dar un nuevo impulso a nuestro camino para abatir viejos prejuicios y superar definitivamente rivalidades dañinas?».

Bajo el impulso de la dramática crisis provocada por el Covid, «un flagelo» pero también un «banco de prueba» que exige una «selección» entre lo que hay que seguir haciendo y lo que no hay que hacer en el futuro, el Papa Francisco sitúa a sus hermanos ortodoxos en una encrucijada sobre la cuestión de la «plena comunión”.

Dos caminos o vías

Hay «dos caminos», dijo el Papa en su discurso a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por el Metropolita de Calcedonia, Emmanuel, a quien recibió esta mañana en el Palacio Apostólico en el marco del tradicional intercambio de delegaciones para las fiestas de sus respectivos patronos (el 29 de junio en Roma para los santos Pedro y Pablo y el 30 de noviembre en Estambul para la celebración de San Andrés):

“La vía del repliegue sobre sí mismo, en la búsqueda de la propia seguridad y de las propias oportunidades, o la vía de la apertura al otro, con los riesgos que conlleva, pero sobre todo con los frutos de la gracia que Dios garantiza”.

Covid, un banco de prueba
«Más grave que esta crisis es sólo la posibilidad de desperdiciarla», subrayó el Papa, reiterando una advertencia repetida en muchas ocasiones durante este año y medio de emergencia sanitaria. Esta crisis sería un desperdicio si no aprendiéramos la «lección» que nos ofrece:

Una lección de humildad, que nos enseña la imposibilidad de vivir sanos en un mundo enfermo y de continuar como antes sin darnos cuenta de lo que no funcionaba.

Injusticias planetarias y clamor de los pobres

También ahora, el gran deseo de volver a la normalidad puede enmascarar la insensata pretensión de volver a confiar en falsas seguridades, en hábitos y proyectos que apuntan exclusivamente al beneficio y a la búsqueda de los propios intereses, sin ocuparse de las injusticias planetarias, del clamor de los pobres y de la precaria salud de nuestro planeta.
Discernimiento entre lo que permanece y lo que pasa.

El Papa se dirigió asimismo a los cristianos, «llamados seriamente a preguntarnos si queremos volver a hacer todo como antes, como si no hubiera pasado nada, o si queremos asumir el reto de esta crisis». «La crisis implica un juicio, una separación entre lo que hace bien y lo que hace mal”, como los campesinos que separan el grano bueno de la paja para tirarla.

“La crisis nos pide, pues, que hagamos una selección, que hagamos un discernimiento, que nos detengamos a examinar qué cosa, de todo lo que hacemos, permanece y qué cosa pasa”.

Para los cristianos «en camino hacia la plena comunión», se trata, pues, de partir de lo básico y preguntarse «cómo queremos proceder». ¿Seguir con los «viejos prejuicios» y las «rivalidades nefastas», o bien derribar esos muros e «inaugurar una nueva fase de relaciones entre nuestras Iglesias, caracterizada por caminar más juntos, por querer dar verdaderos pasos adelante, por sentirnos verdaderamente corresponsables unos de otros»?.

Diferencias a superar con diálogo y caridad
Para Francisco, es crucial hoy en día plantear esta pregunta, ciertamente teniendo siempre presente las «diferencias» que, sin embargo, dijo, «deberán ser superadas a través del diálogo, en la caridad y en la verdad».

“Si somos dóciles al amor, el Espíritu Santo, que es el amor creador de Dios y pone armonía en la diversidad, abrirá los caminos para una fraternidad renovada”.

El Papa, de hecho, reiteró lo que ya había afirmado a los hermanos ortodoxos en la carta enviada el 30 de noviembre de 2020, en la fiesta del Apóstol Andrés, al Patriarca Bartolomé, en la que esperaba el «restablecimiento de la plena comunión expresada mediante la participación en el mismo altar eucarístico».

Ortodoxos y católicos en diálogo con otras religiones

Además, el Papa manifestó su seguridad de que el testimonio de la creciente comunión entre los cristianos será también «un signo de esperanza para muchos hombres y mujeres, que se sentirán animados a promover una fraternidad más universal y una reconciliación capaz de remediar los males del pasado»: «Es la única vía para abrir un futuro de paz». Otro signo «profético», dijo el Pontífice, será también una colaboración más estrecha entre ortodoxos y católicos en el diálogo con otras tradiciones religiosas.

Saludo al Patriarca Bartolomé
Al término de la audiencia, Francisco envió sus afectuosos saludos al Patriarca Bartolomé, que no pudo viajar a Roma. Lo «siento como mi verdadero hermano», dijo el Papa, que nunca negó el profundo vínculo con el Primado ortodoxo.
“Dígale que lo espero con alegría aquí en Roma el próximo mes de octubre, ocasión para dar gracias a Dios en el 30º aniversario de su elección”.

Tras la audiencia con el Papa, la delegación de Constantinopla se reunió con el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dirigido por el Cardenal Kurt Koch.

Salvatore Cernuzio (Vatican News)

El Papa: Jesús nos acompaña en el camino del conflicto a la comunión

Al recibir esta mañana a los representantes de la Federación Luterana Mundial, el Pontífice animó a quienes están comprometidos en el diálogo católico-luterano a continuar con confianza en la oración incesante, en el ejercicio de la caridad compartida y en la pasión por la búsqueda de una mayor unidad entre los diversos miembros del Cuerpo de Cristo.

Ciudad del Vaticano, 25 de junio 2021.- “El camino del conflicto a la comunión no es fácil, pero no estamos solos: Cristo nos acompaña”: fue la afirmación del Santo Padre Francisco al recibir esta mañana en el Vaticano a una delegación de la Federación Luterana Mundial.

En su discurso, tras agradecer las palabras del Arzobispo Panti FIlibus Musa, Presidente de la Federación, el Santo Padre recuerda “con cariño” su visita a Lund en el 2016, ciudad fundacional de la Federación. «En esa inolvidable etapa ecuménica – evidencia –experimentamos la fuerza evangélica de la reconciliación», confirmando que «mediante el diálogo y el testimonio compartido ya no somos extraños. Ya no más extraños, sino hermanos”.

El Pontífice denota que, “en el camino del conflicto a la comunión” la visita de la Federación Luterana Mundial tiene lugar en el día de la conmemoración de la Confessio Augustana, “para que crezca la unidad entre nosotros” y expresa su esperanza de que “una reflexión común sobre la Confessio Augustana, en vista del 500 aniversario de su lectura el 25 de junio de 2030, beneficie nuestro camino ecuménico”. Dejando de lado el texto escrito, observa que el camino del conflicto a la comunión, “sólo se hace en crisis»:
“La crisis que nos ayuda a madurar lo que estamos buscando. Del conflicto que hemos vivido durante siglos y siglos, a la comunión que queremos, y para ello nos ponemos en crisis. Una crisis que es una bendición del Señor”.

A continuación, Francisco explica que la Confessio Augustana representó en su momento, «un intento de evitar la amenaza de una división en la cristiandad occidental; pensada originalmente como un documento de reconciliación intracatólica – precisa – adquirió sólo más tarde el carácter de texto confesional luterano”. Y recuerda que ya en 1980, con motivo de su 450 aniversario, luteranos y católicos afirmaron: «Lo que hemos reconocido en la Confessio Augustana como una fe común puede ayudarnos a confesar esta fe juntos de una manera nueva también en nuestro tiempo. Confesar juntos lo que nos une en la fe”. “Me vienen a la mente las palabras del apóstol Pablo cuando escribió: ‘Un solo cuerpo… un solo bautismo». Un solo Dios’», añade el Obispo de Roma.

Un solo Dios
El Obispo de Roma precisa que en el primer artículo, la Confessio Augustana profesa la fe en el Dios uno y trino, refiriéndose específicamente al Concilio de Nicea:
El credo de Nicea es una expresión de fe vinculante no sólo para católicos y luteranos, sino también para los hermanos ortodoxos y para muchas otras comunidades cristianas. Es un tesoro común: esforcémonos para que el 1700 aniversario de ese gran Concilio, que se cumplirá en 2025, dé un nuevo impulso al camino ecuménico, que es un don de Dios y para nosotros un camino irreversible.

Un solo bautismo
“Todo lo que la gracia de Dios nos da la alegría de experimentar y compartir -la creciente superación de las divisiones, la progresiva curación de la memoria, la colaboración reconciliada y fraterna entre nosotros- encuentra su fundamento precisamente en el ‘único bautismo para la remisión de los pecados’, asegura a continuación el Santo Padre.

El santo bautismo es el don divino originario, que está en la base de todo nuestro esfuerzo religioso y de todo empeño para lograr la plena unidad. Sí, porque el ecumenismo no es un ejercicio de diplomacia eclesial, sino un camino de gracia. No se apoya en mediaciones y acuerdos humanos, sino en la gracia de Dios, que purifica la memoria y el corazón, supera las rigideces y orienta hacia una comunión renovada: no hacia acuerdos a la baja o sincretismos conciliadores, sino hacia una unidad reconciliada en sus diferencias. A la luz de esto, quisiera animar a todos los comprometidos en el diálogo católico-luterano a continuar con confianza en la oración incesante, en el ejercicio de la caridad compartida y en la pasión por la búsqueda de una mayor unidad entre los diversos miembros del Cuerpo de Cristo.

Un solo cuerpo
“La Regla de Taizé – observa seguidamente el Pontífice – contiene una hermosa exhortación: ‘Tengan pasión por la unidad del Cuerpo de Cristo’”. Y explica que “la pasión por la unidad madura a través del sufrimiento que sentimos ante las heridas que hemos infligido al Cuerpo del Señor”.
Cuando sentimos dolor por la división de los cristianos, nos acercamos a lo que experimentó Jesús, que seguía viendo a sus discípulos desunidos, con sus vestidos rotos (cf. Jn 19,23). Hoy me han regalado una patena y un cáliz de los talleres de Taizé. Les agradezco estos dones, que evocan nuestra participación en la Pasión del Señor. De hecho, también nosotros vivimos una especie de pasión, en su doble sentido: por un lado, sufrimiento, porque todavía no es posible reunirnos en torno a un mismo altar; por otro, el ardor en el servir de la causa de la unidad, por la que el Señor rezó y ofreció la vida.

Cristo nos acompaña
Finalmente, el Papa exhorta a seguir “con pasión nuestro camino del conflicto a la comunión, en el camino de la crisis”, instando a comprender los estrechos vínculos entre Iglesia, ministerio y Eucaristía.

Será importante mirar con humildad espiritual y teológica las circunstancias que llevaron a las divisiones, confiando en que, si bien es imposible deshacer los tristes acontecimientos del pasado, es posible releerlos dentro de una historia reconciliada. Su Asamblea General de 2023 podría ser un paso importante para purificar la memoria y valorizar los numerosos tesoros espirituales que el Señor ha puesto a disposición de todos a lo largo de los siglos.

Y en la conclusión, asegura:
“Queridos hermanos y hermanas, el camino del conflicto a la comunión no es fácil, pero no estamos solos: Cristo nos acompaña”.

Las palabras del arzobispo Musa
Al inicio de la audiencia, precediendo el discurso del Pontífice, el arzobispo Panti FIlibus Musa, Presidente de la Federación Luterana Mundial, dirigió unas palabras al Santo Padre:

«Para nosotros la reconciliación tiene un rostro: Jesucristo, y con Jesús el rostro de nuestro prójimo. El amor de Dios nos orienta hacia el prójimo, la fe se vuelve activa en el amor. En el encuentro con los pobres y con aquellos que son olvidados y explotados por el mundo, descubrimos que Cristo sale a nuestro encuentro, nos tiende la mano y nos hace una cosa sola». “Estoy convencido de que para que nuestro camino del conflicto a la comunión pueda desplegar mejor su significado más profundo, debe transformarse siempre en un don de justicia y paz para quienes esperan un signo de esperanza en sus vidas”.

Vatican News
Imagen: El Papa Francisco durante el Viaje Apostólico a Suiza en 2016.
Oración Ecuménica Común en la Catedral de Lund.

El Papa: Diáconos no sean «medio sacerdotes» o «monaguillos de lujo» sino siervos humildes

«Es triste ver a obispos y sacerdotes pavoneándose, pero más aún a un diácono que quiere ponerse en el centro del mundo», afirma el Papa Francisco en la audiencia de esta mañana con los Diáconos de la diócesis de Roma y les recomienda que sean «buenos padres y esposos»: «Esto dará esperanza a las parejas que viven momentos de fatiga».

Ciudad del Vaticano, 19 de junio 2021.- No «medio sacerdotes», ni «monaguillos de lujo», sino siervos solícitos que se entregan para que nadie quede excluido; “humildes”, “buenos esposos y buenos padres”; “centinelas” capaces de avistar a los pobres y a los alejados: así describe el Papa Francisco a los diáconos, en su discurso a los Diáconos Permanentes de la Diócesis de Roma recibidos en audiencia esta mañana en el Aula de las Bendiciones, confiándoles el mandato del servicio.

La tradición de las diaconías
Al comienzo de la audiencia, Francisco saluda a Giustino Trincia, nombrado ayer por el cardenal vicario Angelo De Donatis como nuevo director de Cáritas diocesana en sustitución de «Don Ben», el sacerdote rumano Benoni Ambarus, a quien Francisco había nombrado a su vez obispo auxiliar de Roma. Con afecto, el Papa saluda también a Andrea Sartori, diácono de 49 años al que se le confió la parroquia de San Estanislao, en la zona de Cinecittà, en cuya casa parroquial vive con su mujer Laura y sus cuatro hijos. Es una «antigua costumbre», dice el Papa, «confiar una iglesia a un diácono para que se convierta en una diaconía». Debemos recurrir a estas antiguas tradiciones que se remontan a las raíces de la Iglesia de Roma, recomienda el Papa: «No pienso sólo en San Lorenzo, sino también en la elección de dar vida a las diaconías».

El diaconado ayuda a superar la lacra del clericalismo
A continuación, el Papa se detiene en el ministerio del diácono: «El camino principal a seguir es el indicado por el Concilio Vaticano II», en particular la Lumen Gentium, que dice que a los diáconos «se les imponen las manos no para el sacerdocio, sino para el servicio». Una diferencia «no insignificante», señala el Papa, porque el diaconado -antes reducido a una orden de paso hacia el sacerdocio- «recupera así su lugar y su especificidad». Y esto «ayuda a superar la lacra del clericalismo, que sitúa a una casta de sacerdotes ‘por encima’ del Pueblo de Dios».

“Los diáconos, precisamente por estar dedicados al servicio de este Pueblo, recuerdan que en el cuerpo eclesial nadie puede elevarse por encima de los demás”.

El poder está en el servicio
En la Iglesia debe regir una lógica opuesta, «la lógica del abajamiento», dice Francisco: «Todos estamos llamados a abajarnos, porque Jesús se abajó, se hizo siervo de todos. Si hay alguien que es grande en la Iglesia es Él, que se hizo el más pequeño y el siervo de todos». Todo empieza aquí: «El poder está en el servicio, no en otra cosa». Si no se vive esta dimensión, advierte el Pontífice, «todo ministerio se vacía por dentro, se vuelve estéril, no produce frutos. Y poco a poco se vuelve mundano».

“La generosidad de un diácono que se entrega sin buscar las primeras filas perfuma de Evangelio, relata la grandeza de la humildad de Dios que da el primer paso para ir al encuentro incluso de quienes le han dado la espalda”
No a medios sacerdotes ni monaguillos de lujo.

Hoy, sin embargo, hay otro aspecto al que prestar atención, que es la disminución del número de presbíteros, por lo que se ha multiplicado el compromiso de los diáconos «en tareas de suplencia que, aunque importantes, no constituyen la naturaleza específica del diaconado». Los diáconos, en efecto, enseña el Concilio, están sobre todo «dedicados a los oficios de la caridad y de la administración» y en los primeros siglos, cuando atendían las necesidades de los fieles en nombre del obispo, eran activos entre los pobres y los enfermos. Hoy, los diáconos romanos están muy presentes en Cáritas y en otras realidades cercanas a los pobres. Es un buen camino, dice el Papa Francisco, porque «así nunca perderán la brújula.»

“Los diáconos no serán «medio sacerdotes», ni «monaguillos de lujo», sino siervos solícitos que se desviven para que nadie quede excluido y el amor del Señor toque concretamente la vida de las personas”
No hacer que la vida gire en torno a la agenda.

La espiritualidad diaconal es, pues, la espiritualidad del servicio: «Disponibilidad dentro y apertura fuera». «Disponibles por dentro, desde el corazón, dispuestos a decir sí, dóciles, sin hacer girar la vida en torno a la propia agenda; y abiertos por fuera, con la mirada dirigida a todos, especialmente a los que se han quedado fuera, a los que se sienten excluidos», recomienda el Papa. Y ofrece «tres breves ideas» que no van en la dirección de las «cosas que hacer», sino de «dimensiones que cultivar».

Hacer todo sin lamentarse
En primer lugar, ser «humilde». «Es triste ver a un obispo y a un sacerdote pavonearse, ¡pero es aún más triste ver a un diácono que quiere ponerse en el centro del mundo! Que todo el bien que hagan sea un secreto entre ustedes y Dios. Y así dará frutos», dice el Papa. Y a continuación agrega: sean «buenos esposos y buenos padres».

«Esto dará esperanza y consuelo a las parejas que están atravesando momentos de fatiga y que encontrarán en su genuina sencillez una mano tendida. Podrán pensar: «¡Mira a nuestro diácono! Se alegra de estar con los pobres, pero también con el párroco e incluso con sus hijos y su mujer». Hacer todo con alegría, sin quejarse: es un testimonio que vale más que muchos sermones».

Centinelas para avistar a los alejados
Por último, el Papa quiere que los diáconos sean centinelas: «No sólo que sepan avistar a los alejados y a los pobres -esto no es tan difícil-, sino que ayuden a la comunidad cristiana a descubrir a Jesús en los pobres y en los alejados, mientras llama a nuestras puertas a través de ellos».

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El Papa saluda a una familia durante la audiencia a los diáconos de la diócesis de Roma

El Papa a seminaristas: el verdadero Pastor no se separa del Pueblo de Dios

El mundo necesita de pastores «que no se separen del Pueblo de Dios». Hoy más que nunca la misión del sacerdocio requiere competencia y preparación, pero principalmente, «humanidad». En extrema síntesis, palabras del Papa en su discurso a los Seminarisas y formadores del Seminario Pontificio Regional «Pío XI» de las Marcas.

Ciudad del Vaticano, 10 de junio 2021.- En el marco del año dedicado a San José, el Papa Francisco recibió cerca del mediodía a la comunidad del Seminario Pontificio Regional «Pío XI» de las Marcas, y compartió con ellos reflexiones sobre la vocación inspirada en la figura extraordinaria del padre de Jesús «tan cercana a nuestra condición humana” (Carta. Ap. Patris corde, 8 de diciembre de 2020) y a la llamada que Dios ha querido dirigirles. Inició su discurso contando que le gusta imaginar el Seminario “como la familia de Nazaret, donde Jesús fue acogido, custodiado y formado con vistas a la misión que le encomendó el Padre”. “El Hijo de Dios aceptó dejarse amar y guiar por padres humanos, María y José, enseñándonos a cada uno de nosotros que sin docilidad nadie puede crecer y madurar”, dijo. Así, quiso subrayar el aspecto de la docilidad, don que “debemos pedir” y virtud “que no sólo se adquiere, sino que se recibe”. La docilidad – afirmó – es una actitud constructiva de la propia vocación y también de la propia personalidad. Sin docilidad, nadie puede crecer y madurar. La formación del sacerdote – señaló recordando la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis – es un proceso en evolución, iniciado en la familia, continuado en la parroquia, consolidado en el seminario y que dura toda la vida.

Ser para los seminaristas lo que José fue para Jesús
En primer lugar, se dirigió a los primeros responsables de la formación de los jóvenes, pidiéndoles ser para los seminaristas “lo que José fue para Jesús”, para que puedan aprender más de su vida que de sus palabras:
Que aprendan la docilidad de su obediencia; la laboriosidad de su dedicación; la generosidad hacia los pobres, del testimonio de su sobriedad y disponibilidad; la paternidad, gracias a su afecto vivo y casto.

A ellos recordó que a San José, junto al apelativo de padre, la tradición le pone el de “castísimo”, lo que no es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario de la posesión.
La castidad es la “libertad de la posesión”, en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto, es verdaderamente amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz.

Aprender del joven Jesús
A los seminaristas, ante todo, hizo presente que la Iglesia pide que sigan el ejemplo de Jesús, que se dejó educar dócilmente por José, con todas las dificultades que comporta el camino del crecimiento: las grandes preguntas de la vida, la asunción de responsabilidades y la toma de las propias decisiones: Él, verdaderamente aprendió – subrayó Francisco. No “fingió aprender”, porque, aunque era Dios, “era un verdadero hombre”, que pasó por todas las etapas del crecimiento de un hombre.

Tal vez no hemos reflexionado lo suficiente sobre el joven Jesús, empeñado en discernir su propia vocación, en escuchar y confiarse en María y José, en dialogar con el Padre para comprender su misión.

El mundo, sediento de sacerdotes expertos en humanidad
Que el Seminario «sea», dijo Francisco, como la casa de Nazaret, «donde el Hijo de Dios aprendió de sus padres la humanidad y la cercanía”.

No se conformen con ser hábiles en el uso de las redes sociales y de los medios de comunicación para comunicarse. Sólo transformados por la Palabra de Dios podrán comunicar palabras de vida.

También hizo presente que el mundo “está sediento” de sacerdotes capaces de comunicar la bondad del Señor a quien ha experimentado el pecado y el fracaso, que sean expertos en humanidad, y estén dispuestos a compartir las alegrías y los trabajos de los hermanos, marcados por el grito de quien sufre.

Lean a quienes han sabido escrutar el alma humana
Pidió, el Santo Padre, extraer la humanidad de Jesús del Evangelio y del Tabernáculo, buscándola en la vida de los santos y de tantos héroes de la caridad, y en el ejemplo genuino de quienes les transmitió la fe. Los instó a leer a los escritores que han sabido mirar dentro del ánimo humano, por ejemplo, Dostoievski, que en las míseras vicisitudes del dolor terrenal supo revelar la belleza del amor que salva.

Pero alguno de ustedes podrá decir: ¿qué tiene que ver Dostoievski con esto? ¡Esto es para literatos! No, no: es para crecer en humanidad. Lean a los grandes humanistas. Un sacerdote puede ser muy disciplinado, puede ser capaz de explicar bien la teología, incluso la filosofía y muchas cosas. Pero si no es humano, no sirve. Que se vaya y sea profesor. Pero si no es humano, no puede ser sacerdote: le falta algo. ¿Le falta la lengua? No, puede hablar. Le falta el corazón. ¡Expertos en humanidad!

El clericalismo es una perversión del sacerdocio
Es necesario, aseguró Francisco, «no alejarse de la realidad, de los peligros ni de los demás». Al contrario, hay que ensanchar los confines del corazón al mundo entero, apasionándose por aquello que «acerca», que «abre», que «hace encontrar». Desconfíen – les advirtió – de las experiencias que conducen a estériles intimismos, de los «espiritualismos gratificantes» que parecen dar consuelo pero que, en cambio, conducen a cerrazones y a la rigidez.

La rigidez está un poco de moda hoy en día; y la rigidez es una de las manifestaciones del clericalismo. El clericalismo es una perversión del sacerdocio: es una perversión. Y la rigidez es una de las manifestaciones. Cuando encuentro un seminarista o un joven sacerdote rígido, digo: «algo malo le pasa dentro». Detrás de cada rigidez hay un grave problema, porque la rigidez carece de humanidad.

No dejar afuera del seminario la propia complejidad
Las cuatro dimensiones de la formación, es decir, la humana, la espiritual, la intelectual y la pastoral actúan “una sobre la otra”, enseñó también el Papa. Y siguiendo ese orden, les pidió primeramente que no tomen distancia de la propia humanidad, y no dejen “fuera de la puerta del Seminario la complejidad de su mundo interior, de sus sentimientos y de la afectividad”. No cerrarse en sí mismos, fue la recomendación de Francisco, “cuando vivan un momento de crisis o de debilidad”.

Ábranse con toda sinceridad a sus formadores, luchando contra toda forma de falsedad interior. Los que tienen la cara de la Beata Imelda y por dentro son un desastre… ¡no! Esta es falsedad interior. No hacerse los angelitos, no. Cultiven relaciones limpias, alegres y liberadoras, humanas, plenas, capaces de amistad, capaces de sentimientos, capaces de fecundidad.

No a la rigidez, acaba en ritualismo
En el ámbito de la dimensión espiritual, Francisco advirtió sobre la rigidez, pidió “que la oración no sea ritualismo”, sino una ocasión de encuentro con Dios. Los rígidos, dijo, “terminan en el ritualismo, siempre”. Además, pidió que “vigilen” para que la liturgia y la oración comunitaria no se conviertan en celebración de sí mismos:
Una vez fui a comprar camisas -cuando aún podía salir, ahora no puedo- a una tienda de ropa eclesiástica. Había un joven, un seminarista o sacerdote, que buscaba ropa. Yo lo miraba: se miraba en el espejo. Y me vino esta frase: se está celebrando a sí mismo, y hará lo mismo frente al altar. Por favor, que cada celebración litúrgica no sea una celebración de nosotros mismos. Enriquezcan la oración de rostros; siéntanse ya desde ahora intercesores para el mundo.

La misión requiere competencia y preparación
El estudio debe ayudar a “entrar con conciencia y competencia en la complejidad de la cultura y el pensamiento contemporáneos, a no tenerle miedo, a no serle hostiles”, siguió diciendo el Papa, que los animó a “no tener miedo”.

«Pero, Padre, vivimos en un tiempo marcado por un pensamiento ateísta» – Pero, tú tienes que entenderlo, tienes que dialogar y tienes que proclamar tu fe y anunciar a Jesucristo a este mundo, a este pensamiento. Es ahí donde debe encarnarse la sabiduría del Evangelio. Y el desafío de la misión que los espera requiere, hoy más que nunca, competencia y preparación. Hoy más que nunca: se necesita estudio, competencia, preparación para hablar con este mundo.

El verdadero pastor no se separa del Pueblo de Dios
Hablando sobre la dimensión pastoral, reiterando que se es sacerdotes “para servir al Pueblo de Dios, para cuidar de las heridas de todos, especialmente de los pobres”, señaló “la prueba cierta del sí a Dios”, a saber, la “disponibilidad para los demás”. También reiteró su “no” (ndr.) al clericalismo, puesto que “ser discípulos de Jesús significa liberarse de uno mismo y configurarse a Sus propios sentimientos, a Aquel que vino «no a ser servido sino a servir» (cf. Mc 10,45).

El verdadero pastor no se separa del pueblo de Dios: está en el pueblo de Dios, ya sea delante, para indicar el camino, o en medio, para entenderlo mejor, o detrás, para ayudar a los que se quedan un poco atrás, y también para dejar que el pueblo, el rebaño, con su olfato nos indique dónde hay nuevos pastos.

Todos los estudios y congresos que abordan diversos aspectos del sacerdocio son necesarios, – sostuvo el Pontífice – pero siempre teniendo presente que es necesario estar «enraizados en la propia pertenencia al Santo Pueblo fiel de Dios», porque de otra manera las meras reflexiones académicas, no sirven de nada.
Eres sacerdote del Santo Pueblo fiel de Dios, eres sacerdote porque tienes el sacerdocio bautismal y esto no lo pueden negar.

Buscar a los viejos que tienen la sabiduría del vino bueno
Al final del extenso discurso, y antes de impartir su bendición, Francisco se mostró complacido por el testimonio de comunión eclesial del Seminario Pontificio, y concluyó con un buen consejo: buscar a en las propias diócesis a los sacerdotes viejos, “a los que tienen la sabiduría del vino bueno”, que con el testimonio les enseñarán cómo resolver problemas pastorales, y que, siendo párrocos, conocían los nombres de todos, de cada uno de sus fieles, “hasta el nombre de los perros”.

Esto me lo dijo uno de ellos – contó el Obispo de Roma -. Pero, ¿cómo sabía -dije- teniendo cuatro parroquias? «No, sí, se puede», me dijo con humildad. ¿Pero había logrado conocerlos a todos? «Sí, me sabía el nombre de todos, también el de los perros». Es bueno. Un sacerdote tan cercano, y también tan cercano al Sagrario: miraba a todos con la fe y la paciencia en Jesús.

Viejos curas que han cargado sobre sus hombros tantos problemas de la gente y les han ayudado a vivir más o menos bien, y han ayudado a todos a morir bien. Hablen con estos curas, que son el tesoro de la Iglesia. Muchos de ellos están a veces olvidados o en una residencia de ancianos: vayan a encontrarlos. Son un tesoro.

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Imagen: Audiencia al Seminario Pío XI de Ancona

(Foto: Vatican Media)

El Papa a la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses

En el año dedicado a San José, el Papa Francisco invitó a la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses de Roma a “redescubrir el rostro de este hombre de fe, de este padre tierno, modelo de fidelidad y de abandono confiado en el proyecto de Dios”. Y pidió “que los sacerdotes sean servidores, no curas superman con sueños de grandeza”.

Ciudad del Vaticano, 7 de junio 2021.- Al recibir esta mañana a la comunidad sacerdotal de San Luis de los Franceses de Roma, el Papa Francisco agradeció a su Rector, Monseñor Laurent Bréguet, las amables palabras que pronunció en nombre de los presentes. A todos ellos, el Santo Padre les dijo que “en una sociedad marcada por el individualismo, la autoafirmación y la indiferencia, ustedes hacen la experiencia de vivir juntos con sus desafíos diarios”. Y añadió:

Fraternidad variegada y solidaria en el corazón de Roma
Su casa, situada en el corazón de Roma, con su testimonio de vida, puede comunicar a las personas que la frecuentan los valores evangélicos de una fraternidad variegada – es una linda ensalada de frutas, ¿eh? – variegada y solidaria, especialmente cuando alguien está pasando por un momento difícil. En efecto, su vida fraterna y sus diversos compromisos son capaces de hacer sentir la fidelidad del amor de Dios y su cercanía. Un signo, una señal, ¿no?.

Año dedicado a San José
Por otra parte, teniendo en cuenta que este año está dedicado a San José, el Santo Padre los invitó a “redescubrir el rostro de este hombre de fe, de este padre tierno, modelo de fidelidad y de abandono confiado en el proyecto de Dios.

José nos enseña a tener fe en Dios
Además, citando el n. 2 de la Carta apostólica Patris corde, Francisco les dijo:
“También a través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. José nos enseña así que tener fe en Dios comprende también creer que Él puede obrar incluso a través de nuestros miedos, nuestra fragilidad, nuestra debilidad”

“Con José – prosiguió diciendo el Papa – estamos llamados a volver a la experiencia de los actos sencillos de acogida, de la ternura, del don de sí mismo”. A la vez que les recordó que: “En la vida comunitaria, siempre existe la tentación de crear pequeños grupos cerrados, de aislarse, de criticar y hablar mal de los demás, de creerse superiores, más inteligentes.

“Chismorrear, es un hábito de los grupos cerrados, un hábito incluso de los sacerdotes que se convierten en solterones: van, hablan, cotillean… No ayuda. Déjalo ir. Mirar y pensar en la misericordia de Dios. ¡Y esto nos perjudica a todos! No está bien”

Acogerse siempre recíprocamente como un don
Por esta razón el Santo Padre los animó a que “se acojan siempre unos a otros como un don”. Puesto que “en una fraternidad vivida en la verdad, en la sinceridad de las relaciones y en una vida de oración podemos formar una comunidad en la que se respira el aire de la alegría y la ternura”.

Prepararse para sus futuros deberes de pastores
Y los invitó “a vivir los preciosos momentos de convivencia y oración comunitaria en una participación activa y gozosa”. Porque como dijo el Papa:
“El sacerdote es un hombre que, a la luz del Evangelio, difunde el gusto de Dios a su alrededor y transmite esperanza a los corazones inquietos. Los estudios que realizan en las distintas Universidades romanas los preparan para sus futuros deberes de pastores y les permiten apreciar mejor la realidad en la que están llamados a anunciar el Evangelio de la alegría”

Despojarse de sí mismos poniendo a Dios en el centro
El Papa también les dijo que ellos no van a aplicar teorías en su ámbito “sin tener en cuenta el entorno en el que se encuentran, así como las personas que se le confían”. Y con un concepto que expresó en su homilía del 28 de marzo de 2013, Francisco les dijo: “Deseo que sean ‘pastores con olor de ovejas’, personas capaces de vivir, de reír y de llorar con su gente. En una palabra, de comunicarse con ella”. A lo que añadió espontáneamente:
“A mí me preocupa cuando se hacen reflexiones, pensamientos sobre el sacerdocio, como si fuera una cosa de laboratorio: este sacerdote, aquel otro sacerdote… No se puede reflexionar sobre el sacerdote fuera del santo pueblo de Dios. El sacerdocio ministerial es consecuencia del sacerdocio bautismal del santo pueblo fiel de Dios. Esto, no lo olviden. Si ustedes piensan en un sacerdocio aislado del pueblo de Dios, eso no es sacerdocio católico, no; ni tampoco cristiano”

También les pidió: “Despójense de sí mismos, de sus ideas preconcebidas, de sus sueños de grandeza, de su autoafirmación, para poner a Dios y a las personas en el centro de sus preocupaciones cotidianas”. Y hablando libremente agregó:
“Para poner al santo pueblo fiel de Dios [en el centro], ser pastores: pastores. ‘No, yo querría ser sólo un intelectual, no pastor’: pero, pide la reducción al estado laico, te hará mejor, y sé un intelectual. Pero si eres sacerdote, sé pastor. Serás un pastor, en muchas formas de hacerlo, pero siempre en medio del pueblo de Dios. Lo que Pablo recordó a su amado discípulo: ‘Acuérdate de tu madre, de tu abuela, del pueblo, que te enseñaron’. El Señor dice a David: ‘Te he elegido de atrás del rebaño’, de ahí”.

Por último, el Obispo de Roma invitó a estos queridos hermanos sacerdotes a que tengan siempre grandes horizontes, a que sueñen con una Iglesia totalmente al servicio, con un mundo más fraterno y solidario. Y que tengan en cuenta que “sólo permaneciendo arraigados en Cristo podrán experimentar una alegría que los mueva a ganar corazones”.

Porque como les dijo el Papa: “La alegría sacerdotal es la fuente de su acción como misioneros de su tiempo”

La gratitud es siempre un arma poderosa
Tras invitarlos, a cultivar la gratitud al Señor por lo que son los unos para los otros, con sus propias limitaciones, fragilidades, y tribulaciones, el Papa les recordó que “siempre hay una mirada amorosa que se posa sobre ellos y que les da confianza”. La gratitud «es siempre – agregó el Santo Padre – un arma poderosa», tal como lo escribió en su Carta a los sacerdotes con motivo del 160 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, del 4 de agosto de 2019. Arma que “nos permite mantener encendida la llama de la esperanza en los momentos de desánimo, soledad y prueba”. “Encomiendo a cada uno de ustedes, a sus familiares, al personal de su casa, así como a los miembros de la Parroquia de San Luis de los Franceses, a la intercesión de la Virgen María y a la protección de San Luis. Los bendigo de corazón, y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí”.

El padre Landousies
Llegado a este punto el Papa explicó que tiene necesidad de sus oraciones, porque su ministerio no es fácil. “Y en los libros de espiritualidad – dijo – hay un capítulo – en algunos libros, pero pensemos en San Alfonso María de’ Ligorio y en muchos otros – un capítulo sobre un tema y después un ejemplo, y algunos dicen: ‘Donde se prueba lo he dicho con un ejemplo’, y ponen un ejemplo de vida. Hoy, antes de que ustedes entraran, el padre Landousies me dijo que a finales de junio dejará este cargo aquí, en la Curia: él ha sido mi traductor de francés durante mucho tiempo. Me dijo que se iría, que lo echaron: eso es importante, ¿no?”.

Tras las risas de los presentes, Francisco prosiguió: “Pero me gustaría, de lo que he dicho, hacer un resumen en su persona. Un ejemplo. He encontrado en él el testimonio de un sacerdote feliz, de un sacerdote coherente, un sacerdote que fue capaz de convivir con mártires ya beatificados – a los conoció uno a uno – y también de vivir con una enfermedad de la que no se sabía qué era: con la misma paz, con el mismo testimonio.

“Y aprovecho esto públicamente, también delante de L’Osservatore Romano, delante de todos, para agradecerle su testimonio, que tantas veces me ha hecho bien. Su forma de ser me ha hecho bien. Él se irá, pero va a hacer el ministerio en Marsella, y hará tanto bien con esta capacidad que tiene de acoger a todos; pero deja aquí el buen olor de Cristo, el buen olor de un sacerdote, de un buen sacerdote. Así que ante ustedes, gracias, gracias por todo lo que has hecho”

Vatican News

El Papa a los jóvenes: Trabajo y un sueño común para recomenzar

Francisco se reunió con un centenar de jóvenes de las empresas y cooperativas del Proyecto Policoro de la Conferencia Episcopal Italiana, que celebra su 25º aniversario, acompañado por 20 adultos del equipo nacional y el Cardenal Bassetti. El Papa indicó el camino para ser siempre un «signo de esperanza» contra el desempleo de las nuevas generaciones en Italia, un país cada vez más «viejo» con una edad promedio de 47 años.

Ciudad del Vaticano, 5 de junio 2021.- La evangelización «pasa también por el cuidado del trabajo» y para la reanudación tras la crisis generada por la pandemia de Covid-19, es necesario el valor de «soñar juntos», como hacen desde hace 25 años los jóvenes y adultos promotores del Proyecto Policoro de la Iglesia en Italia. El Papa Francisco recibió en la Sala Clementina a un centenar de jóvenes y 20 adultos del equipo nacional de este Proyecto que promueve por la Conferencia Episcopal Italiana, representada por su presidente, el cardenal Gualtiero Bassetti, y trazó el camino para seguir siendo «signos de esperanza» de una manera nueva.

Animar, habitar, apasionarse y acompañar
El Papa utilizó cuatro verbos: animar, habitar, apasionar y acompañar, para que los jóvenes de las más de 400 empresas autónomas, cooperativas y otras actividades comerciales, nacidas primero en el Sur y luego en toda Italia gracias al Proyecto, animados por el Espíritu de Cristo, ayuden a las personas a ponerse en marcha y a comprometerse «en la vida, en la familia, en la Iglesia y en la sociedad».

Dar un alma a la economía
Para Francisco, quien intervino tras la presentación del Proyecto por parte de dos jóvenes «portavoces», y que agradeció el regalo de una estatua de cartón piedra realizada por una cooperativa de personas con discapacidad en Matera, animar es «dar un alma a la economía». Como están haciendo los jóvenes de la iniciativa «Economía de Francisco», porque, y aquí el Pontífice citó su encíclica Laudato si’: “A los problemas sociales se responde con redes comunitarias”

Implicar a las parroquias y diócesis en el tema del trabajo
El Papa Francisco les recordó que están llamados a ser «animadores de comunidades», y que las comunidades «deben ser animadas desde dentro con un estilo de entrega: ser constructores de relaciones, tejedores de una humanidad solidaria”. Además, citando en este caso su encíclica Fratelli tutti, les dijo que es importante:
“Ayudar a las parroquias y a las diócesis a caminar y planificar sobre el ‘gran tema [que] es el trabajo’, haciendo germinar ‘las semillas que Dios ha puesto en cada persona, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas’”

Creatividad para un nuevo modelo de economía
Francisco subrayó que «ocuparse del trabajo es promover la dignidad de la persona», porque el trabajo nace «del ingenio y de la creatividad del hombre». A los jóvenes del Proyecto Policoro les dijo que «no son los que se limitan a quejarse de la falta de trabajo, sino que quieren ser proactivos, protagonistas, para favorecer el crecimiento de las figuras empresariales al servicio del bien común». Con el objetivo, indicado por Benedicto XVI en Caritas in Veritate, del «acceso al trabajo o de su mantenimiento para todos». Y añadió:
“A los jóvenes no les falta creatividad: los animo a trabajar por un modelo de economía alternativo al del consumismo, que produce residuos. La participación la fraternidad, la gratuidad y la sostenibilidad son los pilares sobre los que fundar una economía diferente. Es un sueño que requiere audacia, porque son los audaces los que cambian el mundo y lo hacen mejor. No es voluntarismo: es fe, porque la verdadera novedad viene siempre de la mano de Dios”

Habitar el mundo sin pisotearlo
El segundo verbo indicado por el Pontífice es habitar, porque los jóvenes pueden mostrar a todos «que es posible habitar el mundo sin pisotearlo», porque habitar la tierra no significa «poseerla, sino saber vivir las relaciones en plenitud: con Dios, con los hermanos, con la creación y con nosotros mismos», escribe el Papa Francisco en Laudato si’.

Y exhortó a los jóvenes de un Proyecto que ha dado sus primeros pasos en las regiones italianas de Apulia, Calabria y Basilicata, «a amar los territorios en los que Dios los ha puesto, evitando la tentación de huir a otros lugares». Porque son precisamente las periferias «las que pueden convertirse en laboratorios de fraternidad». De las periferias suelen nacer los experimentos de inclusión».

“Que puedan ayudar a la comunidad cristiana a vivir la crisis de la pandemia con valor y esperanza. Dios nunca nos abandona y podemos convertirnos en un signo de su misericordia si sabemos inclinarnos sobre la pobreza de nuestro tiempo: sobre los jóvenes que no encuentran trabajo, sobre los llamados Neet, sobre los que sufren de depresión, sobre los que están desmotivados y cansados en la vida, sobre los que han dejado de soñar con un mundo nuevo”.

Italia es demasiado vieja
El Papa recordó que el siervo de Dios Giorgio La Pira decía que el desempleo es «un desperdicio de fuerzas productivas». Y subrayó que entonces, hoy en Italia, «el desempleo hace que muchos jóvenes busquen la alienación» e incluso el «suicidio». En el invierno de la vida demográfica de Italia «nos faltan jóvenes y por eso los jóvenes no pueden darse el lujo de no entrar en el mundo laboral». Italia, con una edad promedio de 47 años, es vieja, no tiene futuro.

“Pero, ¿cómo voy a tener hijos si no tengo trabajo? Yo, mujer, ¿cómo voy a tener hijos, que en cuanto el jefe de la oficina me ve la panza, me echa, hasta el punto de que mi panza se ha convertido en una vergüenza? ¡Pero todo es de una manera diferente! Hay que reaccionar contra esto. Que los jóvenes empiecen a soñar, a ser padres, a tener hijos. Y para esto, que tengan trabajo. El trabajo es un poco una garantía para este futuro”

Vivir los conflictos para salir de la enemistad social
Ahora también es el momento de «habitar lo social, el trabajo y la política sin miedo a ensuciarnos las manos», les dijo el Papa. Y añadió: Los jóvenes ayudan a abrir las puertas de las parroquias «para que los problemas de la gente entren cada vez más en el corazón de las comunidades».

“Y no tengan miedo de vivir también los conflictos. Los encontramos en el mundo, pero también a nivel eclesial y social. Se necesita paciencia para transformarlos en capacidad de escucha, de reconocimiento del otro, de crecimiento recíproco. Las tensiones y los conflictos forman parte de la vida, pero sabemos que su ‘resolución en un nivel superior’ es el signo de que hemos apuntado más alto que nuestros intereses particulares, para salir de las arenas movedizas de la enemistad social”.

Apasionarse por servir a las personas
El tercer verbo utilizado por Francisco es apasionarse, porque lo que marca la diferencia es «la pasión por Jesucristo y por su Evangelio», que se manifiesta en los «más» que «ponen en acompañar a otros jóvenes para que tomen la vida en sus manos, para que se apasionen por su futuro, para que se formen competencias adecuadas para el trabajo». El Pontífice deseó que el Proyecto Policoro esté siempre al servicio de «la vida de las personas, especialmente de los pobres y de los últimos de nuestra sociedad». Y citó su exhortación tras el Sínodo de los Jóvenes, Christus vivit, cuando invita a las nuevas generaciones a preguntarse no tanto: «¿Pero quién soy yo?», sino: «¿Para quién soy yo?». Eres para Dios, sin duda, respondió el Papa Francisco, «pero Él ha querido que seas también para los demás, y ha puesto en ti muchas cualidades, inclinaciones, dones y carismas que no son para ti, sino para los demás.»

Gratuidad para levantar la vida de los descartados
El Papa los invitó a preguntarse: «¿Por quién me apasiono? ¿Qué toma mi corazón? ¿Para qué me gasto? No hemos sido creados para hacer carrera, sino para crecer en comunión con el Creador y con las criaturas». Uno se apasiona, aclaró el Papa, «cuando cuida su interioridad, si no descuida la espiritualidad, si se estudia, si se conoce a fondo la doctrina social de la Iglesia y si se esfuerza por traducirla a las situaciones concretas».

“No tengan miedo de prestarse, aunque sea gratuitamente, a levantar la vida de los descartados. Lo contrario de la pasión es la mediocridad o la superficialidad, que induce a las personas a pensar que lo saben todo desde el principio y no a buscar soluciones a los problemas poniéndose en juego”

Pasión es vibrar de dolor y de fe ante las injusticias
Francisco citó al padre Lorenzo Milani: «¡No veremos florecer a los santos hasta que no hayamos construido jóvenes que vibren de dolor y de fe pensando en la injusticia social! Y preguntó a sus invitados:
“¿Vibran de dolor y de fe ante tanta injusticia social, explotación, falta de trabajo, descarte de los ancianos? Apasionarse es vibrar con esto”.

Acompaña a los demás jóvenes
Por último, el Papa se refirió al último verbo, acompañar. Y destacó que son muchos los que se comprometen a acompañar este Proyecto.

“Sus diócesis los miran con esperanza, y cada uno de ustedes es capaz de hacerse compañero de camino de todos los jóvenes que encuentra en su camino”

Ayudar a las personas después de la crisis
El Santo Padre les dijo que su presencia en los territorios «se convierte así en el signo de una Iglesia que sabe llevar a la gente de la mano», como hizo Cristo con los discípulos de Emaús, «resignados y descorazonados por lo que había pasado en Jerusalén.» Jesús los ayuda a «releer todo a partir de la Pascua». Como recordó el obispo Tonino Bello, en el trayecto Jerusalén-Jericó «la fe se cruza con la historia, y la esperanza con la desesperación, y la caridad con los frutos de la violencia».

“La fe nos dice que la crisis puede ser un pasaje de crecimiento: el Espíritu de Cristo resucitado anima la esperanza, que se convierte en ayuda para que las personas puedan volver a levantarse, retomar el camino, volver a soñar y comprometerse en la vida, en la familia, en la Iglesia y en la sociedad”

La evangelización también pasa por el cuidado del trabajo
El Papa concluyó subrayando que los jóvenes del Proyecto Policoro, «en la escuela de la doctrina social de la Iglesia», son ya «signos de esperanza».

“Que su presencia en las diócesis ayude a todos a comprender que la evangelización pasa también por el cuidado del trabajo. Que el 25° aniversario del Proyecto Policoro sea un nuevo comienzo: los animo a soñar juntos por el bien de la Iglesia en Italia”

Alessandro Di Bussolo (Vatican News)

El Papa a Meter: sois el hogar de tantos niños cuya inocencia ha sido violada

Discurso del Santo Padre a la Asociación «Meter» que desde 1989 lucha por la protección y la defensa de los niños abusados y maltratados en el mundo. La exhortación del Papa: “Tenemos que luchar con esta vieja costumbre de encubrir”.

Ciudad del Vaticano, 15 de mayo 2021.- Esta mañana el Papa Francisco se ha reunido en la Sala Clementina del Vaticano con algunos representantes de la Asociación Meter, volcada desde 1989 en la protección y defensa de los niños abusados y maltratados. Fue fundada por monseñor Antonio Staglianò y a don Fortunato Di Noto, “cuando pocos hablaban de esta lacra – ha dicho el Papa – ellos se comprometieron en la lucha contra la pedofilia en Italia y en otros países”.

El Papa les ha dicho que gracias a su “generosa labor”, han contribuido a hacer visible el amor de la Iglesia por los más pequeños e indefensos: “¿Cuántas veces, como el buen samaritano del Evangelio, habéis tendido la mano con respeto y compasión, para acoger, consolar y proteger? ¡Cuántas heridas espirituales habéis atado!” y por todo ello, el Papa les asegura que la comunidad eclesial “les está agradecida”.

La Asociacion Meter es “un hogar de esperanza”

Después, el Papa ha comparado Asociación con una casa: “Cuando decimos «hogar» pensamos en un lugar de acogida, de refugio, de custodia. La palabra «hogar» tiene un sabor típicamente familiar, que evoca el calor, el afecto y la ternura que se pueden experimentar en una familia, especialmente en momentos de angustia y dolor. Y ustedes han sido y son el «hogar» de tantos niños cuya inocencia ha sido violada o esclavizada por el egoísmo de los adultos”. El Papa además puntualiza que han sido y son “una casa de esperanza, alentando en muchas víctimas un camino de liberación y redención”.

Desgraciadamente los abusos contra los niños continúan
El Santo Padre ha asegurado que el trabajo de la asociación Meter “es más necesario que nunca porque, desgraciadamente, los abusos contra los niños continúan”, puntualizando que se refiero, en particular, “a las solicitudes que se realizan a través de Internet y de los distintos medios sociales, con páginas y portales dedicados a la pornografía infantil”. “Se trata de una lacra que, por un lado, requiere ser abordada con renovada determinación por parte de las instituciones públicas y, por otro, requiere una concienciación aún mayor por parte de las familias y de los distintos organismos educativos”.

Acabar con la vieja costumbre de “tapar”
Durante su discurso, el Santo Padre ha recordado que hoy en día vemos cómo, a menudo, en las familias, la primera reacción es tapar todo. Y en otras instituciones, incluso en la Iglesia, siempre está ahí. “Tenemos que luchar con esta vieja costumbre de encubrir” ha exhortado el Papa.

Además, Francisco ha tachado al maltrato infantil de «asesinato psicológico» y en muchos casos – dice – es un “borrado de la infancia”. Por lo tanto, el Papa insiste en que la protección de los niños contra la explotación sexual “es un deber de todos los Estados, que deben identificar tanto a los traficantes como a los abusadores” y hace un llamamiento a la “denuncia” y “prevención” de esa explotación en los distintos ámbitos de la sociedad: la escuela, el deporte, las actividades recreativas y culturales, las comunidades religiosas y los individuos.

El logotipo de Meter tiene un significado especial

Por último, el Papa ha analizado el logotipo de la Asociación, el cual, dice, “está formado por una gran letra «M» que recuerda la idea de vientre, acogida, protección y abrazo a los más pequeños”. Y dentro de la «M» hay doce estrellas, símbolo de la corona de la Virgen María, Madre de Jesús y madre de todos los niños. “Ella, madre solícita, toda ella empeñada en amar a su Hijo Jesús, es un modelo y una guía para toda la Asociación, animándonos a amar con caridad evangélica a los niños víctimas de la esclavitud y la violencia” ha dicho el Pontífice. De hecho – continúa – “la caridad con el prójimo es inseparable de la caridad que Dios tiene con nosotros y que nosotros tenemos con él, por eso os exhorto a enraizar siempre vuestra actividad cotidiana en la relación diaria con Dios: en la oración personal y comunitaria, en la escucha de su Palabra y, sobre todo, en la Eucaristía, sacramento de unidad y vínculo de caridad”.

Mireia Bonilla

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El Papa: «Sin natalidad no hay futuro. Mujeres no escondan su vientre»

El Pontífice inaugura los Estados Generales de la Natalidad promovidos por el Foro de Asociaciones Familiares junto con el primer ministro italiano Mario Draghi. El Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

Ciudad del Vaticano, 14 de mayo 2021.-Por un lado, el «desconcierto por la incertidumbre laboral», por otro, los «temores dados por los costes cada vez menos sostenibles de la crianza de los hijos» y la «tristeza» por las mujeres «que en el trabajo se ven desanimadas a tener hijos o tienen que esconder la barriga». Todas ellas son «arenas movedizas que pueden hundir a una sociedad» y contribuyen a hacer aún más «frío y oscuro» ese invierno demográfico que ya es constante en Italia. El Papa Francisco inauguró los trabajos de los Stados Generales de la Natalidad, el encuentro promovido por el Foro de Asociaciones Familiares en el Auditorium de la via de la Conciliazione en Roma y dedicado al destino demográfico de Italia y del mundo.

Asistencia del Primer Ministro italiano Mario Draghi

El Pontífice llegó hacia las 9:00 horas al vestíbulo de la gran estructura situada a pocos pasos de la Plaza de San Pedro. El Primer Ministro, Mario Draghi, también está presente, y a su discurso le seguirá el de otros invitados en tres mesas temáticas: representantes de bancos, empresas, compañías de seguros, medios de comunicación, deportes, todos reunidos para debatir y contar de forma coral el tema de la natalidad en un país que ha visto reducirse los nacimientos en un 30% de aquí a 2020.

La mitad de los jóvenes piensa tener más de dos hijos
Esta es precisamente la tendencia que hay que «invertir» para «volver a poner a Italia en movimiento, a partir de la vida, a partir del ser humano», dice Francisco al comienzo de su discurso, en el que dirige su pensamiento sobre todo a los jóvenes cuyos sueños se han roto en el hielo de este duro invierno, desanimados hasta el punto de que «sólo la mitad cree que podrá tener dos hijos en su vida».

«Italia se encuentra así desde hace años con el menor número de nacimientos de Europa», señala el Pontífice, «en lo que se está convirtiendo en el viejo continente no ya por su gloriosa historia, sino por su avanzada edad.»

«Cada año es como si una ciudad de más de doscientos mil habitantes desapareciera, en 2020 tocó el número más bajo de nacimientos desde la unidad nacional: no sólo por Covid, sino por una tendencia continua y progresiva a la baja, un invierno cada vez más duro».

Padres desgarrados entre el hogar y el trabajo, los abuelos botes salvavidas
El Papa cita al Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, cuando reiteró que «las familias no son el tejido conectivo de Italia, las familias son Italia». A continuación, dirige su mirada a la realidad de las muchas familias que en estos meses de pandemia «han tenido que hacer horas extras, dividiendo sus hogares entre el trabajo y la escuela, con sus padres actuando como profesores, técnicos informáticos, obreros, psicólogos». Sin olvidar los «sacrificios» que se exigen a los abuelos, «verdaderos botes salvavidas para las familias», así como «la memoria que nos abre al futuro».

«Para que el futuro sea bueno, es necesario, por tanto, atender a las familias, especialmente a las jóvenes, asaltadas por preocupaciones que corren el riesgo de paralizar sus proyectos de vida».

Es triste ver cómo las mujeres se ven obligadas a ocultar su barriga en el trabajo

A propósito de parálisis, el Papa critica la situación en la que se encuentran tantas mujeres en el trabajo, temerosas de que un embarazo pueda suponer un despido, hasta el punto de llegar a ocultar su barriga.

«¿Cómo es posible que una mujer sienta vergüenza por el regalo más hermoso que la vida puede ofrecer? No la mujer, sino la sociedad debería avergonzarse, porque una sociedad que no acoge la vida deja de vivir. Los niños son la esperanza que hace nacer a un pueblo».

Un aplauso al cheque único
Por parte del Obispo de Roma, también se elogia la aprobación de la asignación única para cada niño. Se espera que «este subsidio responda a las necesidades concretas de las familias, que han hecho y hacen tantos sacrificios, y marque el inicio de reformas sociales que pongan a los niños y a las familias en el centro». Si las familias no están en el centro del presente, no habrá futuro; pero si las familias vuelven a empezar, todo volverá a empezar.

La primacía del don
El escenario es difícil y el futuro incierto, pero el Papa Francisco ya ve una «primavera» en el horizonte. Para llegar a ella ofrece tres «pensamientos». En primer lugar, el «don»:

«Todo don se recibe, y la vida es el primer regalo que cada persona ha recibido… Estamos llamados a transmitirlo. Y un niño es el mayor regalo para todos y es lo primero».

«La falta de hijos, que provoca el envejecimiento de la población, afirma implícitamente que todo acaba en nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales». La «primacía del don» se ha olvidado, sobre todo en las sociedades más acomodadas y consumistas. «De hecho, vemos que donde hay más cosas, suele haber más indiferencia y menos solidaridad, más cerrazón y menos generosidad».

Sostenibilidad generacional

El segundo pensamiento es la sostenibilidad. Sostenibilidad económica, tecnológica y medioambiental, por supuesto, pero también «sostenibilidad generacional». «No podremos alimentar la producción y proteger el medio ambiente si no estamos atentos a las familias y los niños. El crecimiento sostenible viene de aquí»: esto es lo que dice el Papa Francisco, pero es ante todo la historia la que nos lo enseña con la reconstrucción de la posguerra. «No hubo reinicio sin una explosión de nacimientos». E incluso hoy, en la «situación de reinicio» en la que nos encontramos a causa de la pandemia, «no podemos seguir modelos de crecimiento miopes, como si para prepararnos para el mañana sólo hicieran falta algunos ajustes apresurados. No, la dramática tasa de natalidad y las aterradoras cifras de la pandemia exigen un cambio y responsabilidad».

Mantenerse joven no es hacerse selfies y retocarse, sino poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos
El Papa cuestionó entonces la escuela, que «no puede ser una fábrica de nociones que se vierten sobre los individuos», sino «un tiempo privilegiado de encuentro y crecimiento humano». En la escuela, en definitiva, no sólo «notas» sino «rostros» para madurar, porque «para los jóvenes es fundamental entrar en contacto con modelos elevados, que formen el corazón además de la mente».

«Es triste ver a modelos que sólo se preocupan por aparentar, siempre guapas, jóvenes y en forma. Los jóvenes no crecen gracias a los fuegos artificiales de la apariencia, maduran si se sienten atraídos por quienes tienen el valor de perseguir grandes sueños, de sacrificarse por los demás, de hacer el bien al mundo en que vivimos. Y mantenerse joven no pasa por hacerse selfies y retocarse, sino por poder reflejarse un día en los ojos de sus hijos».

A veces, de hecho, «se transmite el mensaje de que realizarse significa ganar dinero y tener éxito, mientras que los hijos parecen casi una diversión, que no debe obstaculizar las aspiraciones personales». Esta mentalidad es, según Francisco, «una gangrena para la sociedad y hace insostenible el futuro».

Solidaridad estructural
La tercera palabra es, finalmente, «solidaridad». Una solidaridad «estructural», es decir, no ligada a la emergencia sino estable para las estructuras de apoyo a las familias y de ayuda a los nacimientos.

«En primer lugar, se necesitan políticas familiares amplias y con visión de futuro: no basadas en la búsqueda de un consenso inmediato, sino en el crecimiento del bien común a largo plazo. Aquí radica la diferencia entre gestionar los asuntos públicos y ser buenos políticos. Es urgente ofrecer a los jóvenes garantías de un empleo suficientemente estable, seguridad para sus hogares, incentivos para no abandonar el país».

Economía, empresas que promueven vidas y no sólo beneficios

Esta tarea concierne también de cerca a la economía: «¡Qué maravilloso sería ver aumentar el número de empresarios y empresas que, además de producir beneficios, promueven la vida, que estén atentos a no explotar nunca a las personas con condiciones y horarios de trabajo insostenibles, que llegen a distribuir parte de las ganancias a los trabajadores, con el fin de contribuir a un desarrollo inestimable, el de las familias!», exclamó el Papa. «Es un reto no sólo para Italia, sino para muchos países, a menudo ricos en recursos, pero pobres en esperanza».

Formar informando: una información «tamaño familiar»
La solidaridad también debe declinarse en el ámbito de la información, sobre todo hoy que «están de moda los giros y las palabras fuertes». Por otra parte, «el criterio para formar informando no es la audiencia, ni la polémica, sino el crecimiento humano». En otras palabras, lo que se necesita es una «información de tamaño familiar», en la que se hable de los demás «con respeto y delicadeza, como si fueran sus propios parientes» pero que, al mismo tiempo, «saque a la luz los intereses y las tramas que perjudican el bien común, las maniobras que giran en torno al dinero, sacrificando a las familias y a las personas».

«Sin natalidad no hay futuro»
Para terminar, una palabra sencilla y sincera: «Gracias». «Gracias a cada uno de ustedes y a todos los que creen en la vida humana y en el futuro. A veces te sentirás como si estuvieras clamando en el desierto, luchando contra molinos de viento. Pero adelante, no te rindas, porque es hermoso soñar lo bueno y construir el futuro. Y sin natalidad no hay futuro».

Salvatore Cernuzio

Papa a Acción Católica: laicos deben ser escuchados por convicción, no por concesión

Al recibir al mediodía a los miembros de la Acción Católica Italiana con motivo de su Asamblea Nacional, el Sumo Pontífice señaló que la labor de la asociación debe tener como característica la gratuidad, la humildad y la mansedumbre. Es “una experiencia de pueblo”, les recuerda, por eso les confía, en este tiempo particular, a los más afectados por la pandemia. Y les hace presente la valiosa contribución que puede venir de los laicos, pues la laicidad, señala, “es antídoto contra la autorreferencialidad”.

Ciudad del Vaticano, 30 de abril 2021.- El Papa Francisco recibió en audiencia en el mediodía de este 30 de abril, a los miembros de la Acción Católica Italiana con motivo de su con motivo de la 17ª Asamblea Nacional. En el saludarlos con afecto, el Sumo Pontífice ofreció elementos de reflexión sobre las tareas que les competen, en un tiempo como el que estamos viviendo, precisamente a partir de las palabras que los conforman.

Acción
El Evangelio – dijo el Papa – nos asegura que la acción pertenece al Señor: es Él quien tiene el derecho exclusivo de actuar, caminando «de incógnito» en la historia que habitamos. Sin embargo, “recordar esto no nos exime de responsabilidad, sino que nos devuelve a nuestra identidad de discípulos-misioneros”. Recordar que la acción pertenece al Señor, en cambio, “permite no perder nunca de vista que es el Espíritu la fuente de la misión: su presencia es la causa -y no el efecto- de la misión. Y, además, permite tener siempre presente que «nuestra capacidad viene de Dios», es decir, “que la historia está guiada por el amor del Señor y nosotros somos coprotagonistas”. Tal es así que “acoger lo imprevisto, en lugar de ignorarlo o rechazarlo, significa permanecer dóciles al Espíritu y, sobre todo, fieles a la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. 

El Santo Padre Francisco   (Vatican Media)

Hablando del Espíritu, que nos hace avanzar, y del Señor que actúa y nos acompaña, el Papa Francisco advirtió sobre la “ilusión del funcionalismo”: los programas – explicó ­- los organigramas, son útiles, pero como punto de partida, como inspiración; lo que hace avanzar al Reino de Dios es la docilidad al Espíritu. «El Espíritu, nuestra docilidad y la presencia del Señor».

Es triste ver cómo muchas organizaciones han caído en la trampa de los organigramas: todo perfecto, todas las instituciones perfectas, todo el dinero necesario, todo perfecto… Pero dime: la fe, ¿dónde está? ¿Dónde está el Espíritu? «No, lo buscamos juntos, sí, según el organigrama que estamos haciendo». Cuidado con los funcionalismos. Cuidado con caer en la esclavitud de los organigramas, de las cosas perfectas … El Evangelio es un desorden porque el Espíritu, cuando llega, hace tanto ruido que la acción de los apóstoles parece la acción de borrachos. Así decían: «¡Son borrachos!» La docilidad al Espíritu es revolucionaria, porque Jesucristo es revolucionario, porque la encarnación es revolucionaria, porque la resurrección es revolucionaria. Su envío debe ser también con esta característica revolucionaria.

Según el Santo Padre, la labor de la Acción Católica debe tener como características, ante todo, la gratuidad, pues “el impulso misionero no se sitúa en la lógica de la conquista sino en la del don”. Esa gratuidad pide dedicación a las comunidades locales, asumiendo la responsabilidad del anuncio, de la escucha y del entretejido de relaciones fraternas. Las segundas características señaladas por el Papa son “la humildad y la mansedumbre”, claves para vivir “en el servicio”, y no para “ocupar espacios”, sino “para iniciar procesos”.  Se trata, en este caso, de una presencia que “a menudo no hace ruido”, pero que es una presencia “fiel, generosa y responsable”, a la que la Iglesia está agradecida. 

Católica
La palabra «católica», que puede traducirse en “hacerse prójimo” y que “cualifica la identidad” de la Acción Católica Italiana, está a significar, como señalado por el Papa en su discurso “que la misión de la Iglesia no tiene fronteras”. Como Jesús, que alcanzó a sus discípulos “allí donde vivían y trabajaban” y “así como eran”, los miembros de la Acción católica están llamados a hacerse cercanos, y, “el tiempo de la pandemia, que ha exigido y sigue exigiendo que aceptemos formas de distanciamiento, ha hecho aún más evidente el valor de la cercanía fraterna”. “La distancia – subraya el Papa – nunca puede convertirse en indiferencia”. En este sentido, los miembros de la ACI pueden “hacer mucho”, porque son una asociación de laicos.  El “peligro”, pone en guardia Francisco, “es la clericalización de la Acción Católica». Aunque si bien “todavía está muy extendida la tentación de pensar que la promoción del laicado -frente a tantas necesidades eclesiales- pasa por una mayor implicación de los laicos en las ‘cosas de los curas'», con el riesgo de acabar “clericalizando a los laicos”, la laicidad “es riqueza para la catolicidad de la Iglesia”, y no es necesario “convertirse en algo distinto” de lo que se es “por el Bautismo”. 

En particular, dice el Pontífice, “los laicos de Acción Católica pueden ayudar a toda la Iglesia y a la sociedad a repensar juntos qué tipo de humanidad queremos ser, qué tipo de tierra queremos habitar, qué tipo de mundo queremos construir”, y están llamados a “hacer una contribución original a la creación de una nueva ecología integral”.  Además, “el gran sufrimiento humano y social generado por la pandemia corre el riesgo de convertirse en una catástrofe educativa y una emergencia económica”, por eso el Santo Padre pide cultivar “una actitud sabia” como lo hizo Jesús, que «aprendió la obediencia por las cosas que padeció», lo que significa aprender “una forma de escucha elevada y exigente, capaz de permear la acción”. En este sentido, el Papa confía a la ACI sobre todo a los más afectados por la pandemia y a los que corren el riesgo de pagar el precio más alto, es decir, los pequeños, los jóvenes, los ancianos, los que han experimentado la fragilidad y la soledad. También les pide no perder nunca el carácter popular: “su experiencia asociativa es católica- les remarca – porque implica a chicos, jóvenes, adultos, ancianos, estudiantes, trabajadores: una experiencia de pueblo”.  Y “la catolicidad» es «precisamente» la experiencia del Santo Pueblo fiel de Dios: «¡no perder nunca el carácter popular!», exhorta Francisco, en el sentido de ser pueblo fiel de Dios. 

Italiana
Por último, la ACI, siempre parte de la historia italiana, dice el Pontífice, “puede ayudar a la comunidad eclesial a ser fermento de diálogo en la sociedad”, en el estilo indicado por él mismo en el V Congreso de la Iglesia italiana de Florencia en 2015. Esto porque “una Iglesia del diálogo es una Iglesia sinodal, que escucha conjuntamente al Espíritu y la voz de Dios que nos llega a través del grito de los pobres y de la tierra”. Y el plan sinodal, puntualiza, “no es tanto un plan a programar y realizar, una decisión pastoral que tomar, sino sobre todo un estilo a encarnar”. Esto porque “la sinodalidad no es hacer parlamento” y “buscar una mayoría”: al contrario, “lo que hace que la discusión, el parlamento, la búsqueda de cosas se convierta en sinodalidad es la presencia del Espíritu», a saber, «la oración, el silencio, el discernimiento de todo lo que compartimos». «No puede haber sinodalidad sin el Espíritu, y no hay Espíritu sin oración”. La asociación, en este sentido “constituye un ‘gimnasio’ de la sinodalidad, una actitud que puede “seguir siendo un recurso importante para la Iglesia italiana, que se interroga sobre cómo madurar este estilo en todos sus niveles”. 

La contribución “más valiosa” de la ACI, concluye el Papa, puede venir de sus laicos, que son “un antídoto contra la autorreferencialidad”, pues “cuando no se vive la verdadera laicidad en la Iglesia se cae en la autorreferencialidad”.  “Hacer sínodo no es mirarse en el espejo, ni siquiera mirar a la diócesis o a la Conferencia Episcopal- señala. Es “caminar juntos detrás del Señor y hacia la gente, bajo la guía del Espíritu Santo”. Además, la laicidad es también un “antídoto contra la abstracción”, puesto que “un recorrido sinodal debe conducir a la toma de decisiones” que, “para ser factibles, deben partir de la realidad” y no “de las tres o cuatro ideas que están de moda o que han salido en la discusión”. Esto a fin de “incidir en ella, hacerla crecer en la línea del Espíritu Santo y transformarla según el proyecto del Reino de Dios”.

Deseando, finalmente, buen trabajo a la Asamblea de la Asociación, el Pontífice expresó su esperanza de que la misma “pueda contribuir a hacer madurar la conciencia de que, en la Iglesia, la voz de los laicos no debe ser escuchada ‘por concesión’”, sino “por convicción” y “por derecho”, tal como la de los obispos y sacerdotes, porque todo el pueblo de Dios es infalible in credendo.

Escuchar el grito de los pobres que resuena en nuestro interior

“Dejarse provocar por el sufrimiento de los demás y decidirse a salir a tocar sus heridas, que son las heridas de Cristo, no sólo nos hace participar en la construcción de un mundo más bello, más fraterno, más evangélico, sino que fortalece a la Iglesia en su misión de acelerar la instauración del Reino de Dios”. Lo dijo el Papa Francisco a los miembros de la organización católica FIDESCO comprometida desde hace cuarenta años en el sur del mundo en apoyo de los más pobres.

20 de marzo 2021.- El Papa Francisco recibió esta mañana audiencia a los directivos y voluntarios de FIDESCO, la Organización católica no gubernamental de solidaridad internacional. Su nombre se compone por las palabras “Fides” y “co”, para significar “fe y cooperación”. Y se ocupa de la implementación de proyectos de desarrollo en los países del sur del mundo, tras ser fundada hace 40 años, en 1981, por la Comunidad de Emmanuel. De hecho, FIDESCO envía voluntarios formados profesionalmente en respuesta a una necesidad o petición, que trabajan sin importar su religión, etnia o cultura, en una gran variedad de campos: educación, construcción, salud, agricultura, y también en dispensarios, campos de refugiados o centros para niños de la calle, además de otras realidades.

Peregrinación a las tumbas de los Apóstoles
En su discurso el Pontífice manifestó su complacencia al darles la bienvenida a estos queridos hermanos y hermanas, en el ámbito de la peregrinación a Roma con motivo del 40º aniversario de su fundación al servicio de la Iglesia y del desarrollo. Y tras agradecer a su Director las palabras de saludo y presentación, el Papa les recordó:

“Su peregrinación a las tumbas de los Apóstoles les permite enraizar aún más las acciones que realizan diariamente en su fe en Cristo muerto y resucitado y en el corazón de la misión de la Iglesia. Deseo que esta renovación espiritual que están viviendo, caracterizada por una connotación penitencial en este tiempo de Cuaresma, los haga volver a sus hermanos y hermanas aún más entusiastas y gozosos”

Desear, buscar y cuidar el bien de los demás

(Foto: Vatican Media)

Glosando un párrafo de su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, el Papa les recordó que además de dejarse amar por Dios hay que “amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (178). Y añadió:

“Es este «bien de los demás» el que buscan, impulsados por el soplo del Espíritu, cuando deciden partir por unos años con la organización FIDESCO para servir a sus hermanos y a las hermanas más lejanos, menos afortunados, más desfavorecidos, con menos oportunidades que ustedes, y sin embargo igualmente amados por Dios y dotados de dignidad”

Todo ser humano es un hermano o hermana
Además, al destacar que la Iglesia en estos días “entra en la gran meditación de la Pasión del Señor”, el Santo Padre les recordó que “el Cristo sufriente está presente en el pobre, en el excluido, en el enfermo y en el hambriento que lleva con Él el misterio de la cruz”. De manera que todos ellos se beneficiarán viviendo “plenamente este tiempo de la Pasión” para tomar de la fuente de su misma misión.

“Todo ser humano es un hermano o hermana para mí. Los invito a que, cuando estén en medio de su misión, con su relación personal con el Señor y con su vida de fe, conserven intactos el asombro, la fascinación, el entusiasmo de vivir el Evangelio de la fraternidad. Lo necesitamos en los momentos más difíciles de soledad, desánimo, desilusión…”

Acelerar la instauración del Reino de Dios
El Papa Francisco dio asimismo las gracias a FIDESCO, y agradeció al Señor el trabajo realizado en estos cuarenta años de servicio misionero, así como el testimonio dado de Cristo, que vino a salvar a todo el hombre y a todos los hombres. Y afirmó que su “acción solidaria se orienta, en efecto, hacia el desarrollo integral de las personas, hacia la atención no sólo de sus necesidades materiales, sino también de su integración social, de su crecimiento intelectual, cultural y espiritual, dando a cada uno su propia dignidad”.

“Los animo a perseverar en este camino, permaneciendo enraizados en la doctrina social de la Iglesia. Hoy es más importante que nunca que los fieles de Cristo sean testigos de la ternura y la compasión. Escuchar el grito de los pobres que resuena en nuestro interior, dejarse provocar por el sufrimiento de los demás y decidirse a salir a tocar sus heridas, que son las heridas de Cristo, no sólo nos hace participar en la construcción de un mundo más bello, más fraterno, más evangélico, sino que fortalece a la Iglesia en su misión de acelerar la instauración del Reino de Dios”

Por último, el Santo Padre subrayó el crecimiento personal que puede aportar un compromiso, aunque sea temporal, en su asociación, tanto a nivel humano como a nivel de fe. Y les dijo que quienes se comprometen con sus misiones encuentran no sólo la oportunidad de abrirse al mundo y a las culturas, sino también los medios para responder a la misericordia de Dios. Y tras destacar, una vez más, la oportunidad que ofrecen, “especialmente a los más jóvenes, de crecer en fe y en humanidad” que “es digna de reconocimiento”, se despidió con estas palabras:

“Les deseo una buena peregrinación y encomiendo a todos los miembros de FINESCO, a la protección de la Virgen María. Los bendigo de corazón y les pido, por favor, que recen por mí. ¡Gracias!”

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