Catequesis sobre la Oración. El Papa: del corazón humano a la misericordia de Dios

Con la Audiencia General de este 16 de junio, se cierra el ciclo iniciado el 6 de mayo de 2020. Las reflexiones del Papa Francisco representan casi una «encíclica» sobre la oración y trazan un itinerario sobre la relación que todo ser humano puede establecer con el Señor. Una guía razonada para recorrer el camino con la voz del Pontífice.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración se divide en 38 etapas. El último, el 16 de junio, concluye un denso recorrido en el que se entrelazan páginas de la Biblia con el camino del pueblo de Dios, testimonios de los santos con «miradas» a la vida cotidiana. La oración, nos recuerda el Papa, es una relación, un diálogo, un «encuentro entre el yo y el tú».

1.- El misterio de la oración
Era el miércoles 6 de mayo de 2020. El mundo está sacudido por la difícil situación mundial provocada por la pandemia. Durante la Audiencia General, en la Biblioteca del Palacio Apostólico, el Papa Francisco se detiene en el «misterio de la oración». «Hoy -subraya el Pontífice- iniciamos un nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oración.

La oración es el aliento de la fe, es su expresión más propia. El Papa recuerda la historia de Bartimeo, un personaje del Evangelio. Es ciego y se sienta a mendigar al lado del camino. Se da cuenta por la multitud de que Jesús no está lejos y grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!».

Más fuerte que cualquier argumento en contra, en el corazón del hombre hay una voz que clama. Todos tenemos esa voz interior. Una voz que sale espontáneamente, sin que nadie se lo ordene, una voz que cuestiona el sentido de nuestro camino aquí abajo, especialmente cuando nos encontramos en la oscuridad: «¡Jesús, ten piedad de mí! Jesús, ten piedad de mí». Esta es una hermosa oración.

2.- La oración del cristiano
El 13 de mayo de 2020, el Papa reflexionó sobre las características de la oración cristiana. «La oración del cristiano -recuerda el Pontífice durante la catequesis- entra en relación con el Dios del rostro más tierno, que no quiere infundir ningún miedo a los hombres». «Dios es el amigo, el aliado, el cónyuge. En la oración se puede establecer una relación de confianza con Él».

La oración -subraya el Papa- es de todos y «nace en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales suelen llamar el corazón».

La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo más profundo de nuestra persona y llega, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad, más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un «yo» que va a tientas, que procede a tientas, en busca de un «tú». El encuentro entre el «yo» y el «tú» no se puede hacer con calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces procedemos a tientas para encontrar el «tú» que mi «yo» está buscando.

3.- El misterio de la Creación
En su tercera Audiencia General dedicada a la oración, el 20 de mayo de 2020, el Papa Francisco destacó que el misterio de la Creación debe generar en nosotros un canto de alabanza. La oración, dice, «es la primera fuerza de la esperanza».

«La belleza y el misterio de la Creación -subraya Francisco- generan en el corazón del hombre la primera moción que suscita la oración.

La oración del hombre está estrechamente ligada al sentimiento de asombro. La grandeza del hombre es infinitesimal en comparación con las dimensiones del universo. Sus mayores logros parecen muy poco… Pero el hombre no es nada. En la oración se afirma poderosamente el sentimiento de misericordia. Nada existe por casualidad: el secreto del universo está en la mirada benévola que alguien encuentra en nuestros ojos.

4.- La oración del justo
En la Audiencia General del 27 de mayo de 2020, el Papa Francisco recordó que mientras el mal se extiende como un incendio, la oración de los justos es capaz de devolver la esperanza y es «una cadena de vida.»

«La oración abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón, tantas veces de piedra, en un corazón humano». La señal de la cruz, subrayó el Papa, es la primera oración.

La oración es una cadena de vida, siempre: tantos hombres y mujeres que rezan, siembran vida. La oración siembra vida, la pequeòa oración: por eso es tan importante enseñar a los niños a rezar. Me duele cuando encuentro niños que no saben hacer la señal de la cruz. Hay que enseñarles a hacer bien la señal de la cruz, porque es la primera oración. Es importante que los niños aprendan a rezar. Luego, tal vez, se olviden, tomen otro camino; pero las primeras oraciones aprendidas de niño permanecen en el corazón, porque son una semilla de vida, la semilla del diálogo con Dios.

5.- La oración de Abraham
El Papa dedica la Audiencia General del 3 de junio de 2020 a la oración de Abraham. Del Patriarca, afirma Francisco, hay que aprender a rezar con fe, «a dialogar hasta discutir con Dios».

«Hay una voz -recuerda el Papa- que de repente resuena en la vida de Abraham. Una voz que le invita a emprender un viaje que parece absurdo: una voz que le insta a desarraigarse de su tierra, de las raíces de su familia, para ir hacia un nuevo futuro, un futuro diferente».

Y Abraham se pone en marcha. Escucha la voz de Dios y confía en su palabra. Esto es importante: confía en la palabra de Dios. Y con su partida nace una nueva forma de concebir la relación con Dios; por eso el patriarca Abraham está presente en las grandes tradiciones espirituales judías, cristianas e islámicas como el hombre perfecto de Dios, capaz de someterse a Él, incluso cuando su voluntad resulta ardua, si no incluso incomprensible. Abraham es, pues, el hombre de la Palabra. Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde ésta pide encarnarse.

6.- La oración de Jacob
En la Audiencia General del 10 de junio de 2020, el Papa continúa su reflexión sobre la oración hablando de la figura de Jacob que «lucha con Dios» una noche entera y sale cambiado: de ser un hombre astuto «impermeable a la gracia», se descubre frágil y envuelto por la misericordia divina.

«Jacob -recuerda Francisco- no tiene nada que presentar a Dios sino su fragilidad y su impotencia, incluso sus pecados. Y es este Jacob quien recibe la bendición de Dios.

Jacob, antes, estaba seguro de sí mismo, confiaba en su propia astucia. Era un hombre impermeable a la gracia, refractario a la misericordia; no sabía lo que era la misericordia. «¡Aquí estoy, yo mando!», no creía que necesitara piedad. Pero Dios salvó lo que estaba perdido. Le hizo ver que era limitado, que era un pecador que necesitaba misericordia, y lo salvó.

7.- La oración de Moisés
En la Audiencia General del 17 de junio de 2020, el Papa recorre la vida de Moisés. «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de todas sus fragilidades, pertenece siempre a Dios.» «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de toda su fragilidad, pertenece siempre a Dios.»

La Escritura, recuerda el Papa, representa habitualmente a Moisés «con las manos extendidas hacia arriba, hacia Dios, casi como para hacer de puente con su propia persona entre el cielo y la tierra».

Incluso en los momentos más difíciles, incluso el día en que el pueblo repudió a Dios y a sí mismo como su guía para hacerse un becerro de oro, Moisés no tuvo ganas de dejar de lado a su pueblo. Son mi gente. Son su gente. Son mi gente. No niega a Dios ni al pueblo. Y le dice a Dios: «Este pueblo ha cometido un gran pecado: se ha hecho un dios de oro. Pero ahora, si quieres perdonar su pecado…. Si no, bórrame de tu libro que has escrito». (Ex 32:31-32). Moisés no hace un trueque con el pueblo. Él es el puente, el intercesor. Ambos, el pueblo y Dios, y él está en el medio. No vende a su gente para hacer carrera. No es un escalador, es un intercesor: por su pueblo, por su carne, por su historia, por su gente y por Dios que lo llamó. Él es el puente.

8.- La oración de David
Es una fuerte exhortación a la oración en cualquier circunstancia la que el Papa dirige en la Audiencia General del 24 de junio de 2020 siguiendo los pasos de la figura de David. «La oración nos da nobleza: es capaz de asegurar una relación con Dios, que es el verdadero Compañero de viaje del hombre, en medio de las miles de adversidades de la vida, buenas o malas».

En la vida de David -subraya el Papa- hay un hilo rojo «que da unidad a todo lo que sucede: su oración».

David el santo, reza; David el pecador, reza; David el perseguido, reza; David el perseguidor, reza; David la víctima, reza. Incluso David, el verdugo, reza. Este es el hilo rojo de su vida. Un hombre de oración. Esa es la voz que nunca se apaga: tanto si adopta los tonos del júbilo, como los del lamento, es siempre la misma oración, sólo cambia la melodía. Y así David nos enseña a dejar que todo entre en diálogo con Dios: la alegría como la culpa, el amor como el sufrimiento, la amistad como la enfermedad. Todo puede convertirse en una palabra dirigida al «Tú» que siempre nos escucha.

9.- La oración de Elías
Con la Audiencia General del 7 de octubre de 2020 el Papa Francisco retoma sus catequesis sobre la oración, interrumpidas por aquellas sobre el cuidado de la creación. Las palabras del Pontífice giran en torno a «uno de los personajes más convincentes de toda la Sagrada Escritura: el profeta Elías». «Cuánta necesidad -dice Francisco- tenemos de creyentes, de cristianos celosos, que actúen frente a las personas que tienen responsabilidad de liderazgo con la valentía de Elías, para decir: ‘¡Esto no se debe hacer! Esto es un asesinato».

La historia de Elías, recuerda el Papa, «parece escrita para todos nosotros».

Algunas noches podemos sentirnos inútiles y solos. Es entonces cuando la oración vendrá a llamar a la puerta de nuestro corazón. Todos podemos recoger un trozo del manto de Elías, como su discípulo Eliseo recogió la mitad de su manto. Y aunque hayamos hecho algo malo, o nos sintamos amenazados y con miedo, si volvemos a Dios con la oración, la serenidad y la paz volverán como por milagro. Esto es lo que nos enseña el ejemplo de Elías.

10 y 11.- La oración de los Salmos
En la Audiencia General del 14 de octubre de 2020, el Papa dedicó su catequesis al Libro de los Salmos, el libro que enseña a rezar. En los Salmos, subraya Francisco, «el creyente encuentra una respuesta».

Quien reza -recuerda el Papa- no se engaña: sabe que tantas cuestiones de la vida aquí abajo quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada una batalla, habrá otras que nos esperan. Sin embargo, si se nos escucha, todo se hace más llevadero».

Lo peor que puede pasar es sufrir en el abandono, sin ser recordado. La oración nos salva de esto. Porque puede ocurrir, y a menudo, que no entendamos los planes de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: se elevan hasta Aquel que tiene un corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y muere. Te diré algo: me hace bien, en los malos momentos, pensar en las lágrimas de Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén, cuando lloró ante la tumba de Lázaro. Dios lloró por mí, Dios llora, llora por nuestras penas.

En la catequesis de la Audiencia General del 21 de octubre de 2020, el Pontífice concluyó su reflexión sobre los Salmos subrayando que el Salterio nos enseña a invocar a Dios por nosotros, pero también por nuestros hermanos y por el mundo. Atraer la atención del Santo Padre, durante la catequesis, es en particular el llanto de un niño. «Es la voz -afirmó el Papa- que atrae la ternura de Dios» hacia nosotros y con nosotros.

12.- Jesús, el hombre de la oración
En la Audiencia General del 28 de octubre de 2020 el itinerario de la catequesis sobre la oración, después de haber pasado por el Antiguo Testamento, llega a Jesús. «El comienzo de su misión pública -recuerda Francisco- tiene lugar con su bautismo en el río Jordán». «Si nos parece que la vida ha sido completamente inútil -añade el Papa-, debemos suplicar en ese instante que la oración de Jesús se convierta también en la nuestra.

Jesús, subraya el Pontífice, «reza con nosotros». Y al rezar, «abre la puerta del cielo, y de esa brecha desciende el Espíritu Santo».

En el torbellino de la vida y del mundo que vendrá a condenarlo, incluso en las experiencias más duras y tristes que tendrá que soportar, incluso cuando experimenta que no tiene dónde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20), incluso cuando el odio y la persecución se desatan a su alrededor, Jesús nunca se queda sin el refugio de una morada: habita eternamente en el Padre. Esta es la grandeza única de la oración de Jesús: el Espíritu Santo toma posesión de su persona y la voz del Padre atestigua que él es el amado, el Hijo en el que se refleja plenamente.

13.- Jesús Maestro de Oración
En su Audiencia General del 4 de noviembre de 2020, el Papa Francisco insta a redescubrir a Jesucristo como maestro de oración. El Pontífice subraya que «toda persona necesita un espacio para sí misma, donde pueda cultivar su vida interior, donde las acciones encuentren sentido». «Durante su vida pública», añade, «Jesús recurre constantemente al poder de la oración.

«La oración de Jesús -recuerda el Papa- es el lugar donde se percibe que todo viene de Dios y vuelve a Él.

A veces los seres humanos nos creemos dueños de todo, o por el contrario perdemos toda la autoestima, vamos de un lado a otro. La oración nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación. Y la oración de Jesús es finalmente el abandono en las manos del Padre, como Jesús en el Huerto de los Olivos, en aquella angustia: «Padre, si es posible…, pero hágase tu voluntad». Abandono en las manos del Padre. Es hermoso cuando estamos agitados, un poco preocupados, y el Espíritu Santo nos transforma por dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: Padre, que se haga tu voluntad.

14.- Oración perseverante
«Continuamos la catequesis sobre la oración. Alguien me dijo: Hablas demasiado de la oración. No es necesario. Sí, es necesario. Porque si no rezamos, no tendremos fuerzas para seguir adelante en la vida. La oración es como el oxígeno de la vida». «La oración es atraer sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos lleva adelante. Por eso hablo tanto de la oración». Con estas palabras se abre la catequesis del 11 de noviembre de 2020. «El cristiano que reza -subraya el Papa- no teme nada.

«Jesús -recuerda el Papa- dio un ejemplo de oración continua, practicada con perseverancia.

Cristo lo es todo para nosotros, incluso en nuestra vida de oración. San Agustín lo dijo con una expresión iluminadora, que también encontramos en el Catecismo: Jesús «reza por nosotros como nuestro sacerdote; reza en nosotros como nuestra cabeza; es rezado por nosotros como nuestro Dios. Reconozcamos, pues, en Él nuestra voz, y en nosotros la suya». Por eso, el cristiano que reza no teme nada; se confía al Espíritu Santo, que nos ha sido dado como don y que reza en nosotros, suscitando la oración. Que el mismo Espíritu Santo, Maestro de la oración, nos enseñe el camino de la oración.

15.- La Virgen María, una mujer que reza
En la Audiencia General del 18 de noviembre de 2020, el Papa reflexionó sobre María, sobre su estilo al dirigirse a Dios con un corazón humilde: «Señor, lo que quieras, cuando quieras y como quieras».

«Todo lo que le sucede a María -subrayó Francisco- acaba teniendo un reflejo en lo más profundo de su corazón: los días llenos de alegría, así como los momentos más oscuros, en los que también ella se esfuerza por comprender por qué caminos debe pasar la Redención.

Alguien ha comparado el corazón de María con una perla de incomparable esplendor, formada y pulida por la paciente aceptación de la voluntad de Dios a través de los misterios de Jesús meditados en la oración. ¡Qué maravilla si nosotros también pudiéramos parecernos un poco a nuestra Madre! Con un corazón abierto a la Palabra de Dios, con un corazón silencioso, con un corazón obediente, con un corazón que sabe recibir la Palabra de Dios y la deja crecer como una semilla para el bien de la Iglesia.

16.- La oración de la Iglesia naciente
En la Audiencia General del 25 de noviembre de 2020, el Papa se detuvo en la primera comunidad cristiana descrita en los Hechos de los Apóstoles. Una comunidad que vive y «persevera en la oración». «La Iglesia -afirma- es obra del Espíritu Santo».

«La vida de la Iglesia primitiva -recuerda el Papa- está jalonada por una continua sucesión de celebraciones, convocatorias, tiempos de oración tanto comunitaria como personal. Y es el Espíritu el que da fuerza a los predicadores que se ponen en marcha, y que por amor a Jesús surcan los mares, afrontan los peligros, se someten a la humillación».

Dios da amor, Dios pide amor. Esta es la raíz mística de toda la vida creyente. Los primeros cristianos en la oración, pero también nosotros, que llegamos varios siglos después, vivimos la misma experiencia. El Espíritu lo anima todo. Y todo cristiano que no tenga miedo de dedicar tiempo a la oración puede hacer suyas las palabras del apóstol Pablo: «Esta vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20). (Gálatas 2:20). La oración te hace consciente de ello. Sólo en el silencio de la adoración experimentamos la plena verdad de estas palabras. Debemos retomar el sentido de la adoración. Adorar, adorar a Dios, adorar a Jesús, adorar al Espíritu. El Padre, el Hijo y el Espíritu: adorar. En silencio.

17.- La bendición
En la catequesis del 2 de diciembre de 2020 el Papa Francisco se detiene en una dimensión esencial de la oración: la bendición. «En los relatos de la creación -recuerda el Pontífice- Dios bendice continuamente la vida, siempre. Bendice a los animales, bendice al hombre y a la mujer, y finalmente bendice el sábado, el día de descanso y disfrute de toda la creación. Es Dios quien bendice». Francisco insta a no maldecir, sino a bendecir.

«No podemos sólo bendecir -dice el Papa- a este Dios que nos bendice, debemos bendecir todo en Él, a todos los hombres, bendecir a Dios y bendecir a los hermanos, bendecir al mundo: ésta es la raíz de la mansedumbre cristiana, la capacidad de sentirse bendecido y la capacidad de bendecir.

Este mundo necesita bendiciones y nosotros podemos dar y recibir bendiciones. El Padre nos ama. Y lo único que nos queda es la alegría de bendecirle y la alegría de agradecerle, y de aprender de Él a no maldecir, sino a bendecir. Y aquí sólo una palabra para la gente que está acostumbrada a maldecir, la gente que siempre tiene en su boca, incluso en su corazón, una palabra fea, una maldición. Cada uno de nosotros puede pensar: ¿tengo esta costumbre de maldecir así? Y pedir al Señor la gracia de cambiar este hábito porque tenemos un corazón bendito y de un corazón bendito no puede salir una maldición. Que el Señor nos enseñe a no maldecir sino a bendecir.

18.- Oración de petición
No debemos escandalizarnos si sentimos la necesidad de rezar, no nos avergoncemos. Y, sobre todo, cuando estamos necesitados, pide…. Este es uno de los pasajes centrales de la catequesis del 9 de diciembre de 2020 centrada en la «oración de petición». La alabanza y la súplica, subraya el Papa, son los dos elementos que tienen cabida en la oración cristiana.

«Incluso nuestras preguntas balbuceantes, aquellas que permanecen en lo más profundo de nuestro corazón, que incluso nos avergüenza expresar -añade Francisco-, el Padre las escucha y quiere darnos el Espíritu Santo, que anima toda oración y lo transforma todo.

Es una cuestión de paciencia, siempre, de aguantar la espera. Estamos en el tiempo de Adviento, un tiempo típicamente de espera de la Navidad. Estamos esperando. Esto se puede ver bien. Pero toda nuestra vida está también en la espera. Y la oración siempre espera, porque sabemos que el Señor responderá. Incluso la muerte tiembla cuando un cristiano reza, porque sabe que todo orante tiene un aliado más fuerte que él: el Señor Resucitado. La muerte ya ha sido derrotada en Cristo, y llegará el día en que todo será definitivo, y ella ya no se burlará de nuestra vida y nuestra felicidad.

19.- Oración de intercesión
Es la oración de intercesión que centra la reflexión del Papa Francisco en la Audiencia General del 16 de diciembre de 2020. Francisco se detiene en la oración de intercesión. «La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. Quien no ama finge que ora, o cree que ora, pero no ora, porque le falta el espíritu mismo que es el amor». La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. El que no ama finge que reza, o cree que reza, pero no reza, porque le falta el mismo espíritu que es el amor».

«Tratemos -subrayó el Santo Padre- de ser hombres y mujeres que hagan suyas las alegrías y los sufrimientos, las esperanzas y las angustias de la humanidad, en la oración de intercesión».

La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, intercediendo por los demás. En particular, es el deber de todos los que tienen un papel de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidades… Como Abraham y Moisés, a veces deben «defender» ante Dios a las personas que les han sido confiadas. En realidad, se trata de mirarlas con los ojos y el corazón de Dios, con su propia e invencible compasión y ternura. Orar con ternura por los demás.

20.- Oración de agradecimiento
«No dejemos de dar las gracias: si somos portadores de gratitud, incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para darle un poco de esperanza. Todo está unido y vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está». En su audiencia general del 30 de diciembre de 2020, el Papa Francisco centró su catequesis en la oración de acción de gracias e instó a cultivar la «alegría» alimentada por la «alegría del encuentro con Jesús.» «El diablo, en cambio, después de habernos engañado, siempre nos deja tristes y solos».

«Si somos portadores de gratitud», dice el Papa, «incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para transmitirle un poco de esperanza». El mundo necesita esperanza.

Y con la gratitud, con esta actitud de dar las gracias, transmitimos un poco de esperanza. Todo está unido, todo está vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está. El camino de la felicidad es el que describe San Pablo al final de una de sus cartas: «Orad sin cesar, dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu» (1T 5,17-19). No apaguen el Espíritu, ¡un hermoso programa de vida! No apagar el Espíritu dentro de nosotros nos lleva a la gratitud.

21.- Oración de alabanza
Es la oración de alabanza en el centro de la catequesis del Papa Francisco en la audiencia general del 13 de enero de 2021 el Papa Francisco subraya la importancia de alabar a Dios incluso en los momentos oscuros de la vida.
«Jesús -añade Francisco- alaba al Padre porque prefiere a los pequeños. «Es lo que Él mismo experimenta, predicando en las aldeas: los «doctos» y los «sabios» permanecen recelosos y cerrados, hacen cálculos; mientras que los «pequeños» se abren y acogen el mensaje.»

También nosotros debemos alegrarnos y alabar a Dios porque la gente humilde y sencilla acepta el Evangelio. Me alegro cuando veo a estas personas sencillas, a estas personas humildes que peregrinan, que van a rezar, que cantan, que alaban, personas que quizás carecen de muchas cosas, pero su humildad les lleva a alabar a Dios. En el futuro del mundo y en las esperanzas de la Iglesia están siempre los «pequeños»: aquellos que no se consideran mejores que los demás, que son conscientes de sus límites y de sus pecados, que no quieren dominar sobre los demás, que, en Dios Padre, se reconocen como hermanos.

22.- Oración con las Sagradas Escrituras
En la Audiencia General del 27 de enero de 2021, el Papa se detuvo en la oración que se puede hacer «a partir de un pasaje de la Biblia». «Las palabras de la Sagrada Escritura no fueron escritas para quedar aprisionadas en el papiro, el pergamino o el papel, sino para ser recibidas por una persona que reza, haciéndolas brotar en su propio corazón.» «La Biblia -explica el pontífice- no está escrita para una humanidad genérica, sino para nosotros, para mí, para ti, para hombres y mujeres de carne y hueso, hombres y mujeres que tienen nombre y apellido, como yo, como tú.
«La Palabra de Dios -añade el Santo Padre- se hace carne en quien la acoge en la oración.

En algún texto antiguo surge la intuición de que los cristianos se identifican tanto con la Palabra que, aunque quemaran todas las Biblias del mundo, podrían salvar el «molde» de la misma por la huella que ha dejado en la vida de los santos. Esta es una hermosa expresión. La vida cristiana es una obra, al mismo tiempo, de obediencia y de creatividad. Un buen cristiano debe ser obediente, pero también debe ser creativo. Obediente, porque escucha la Palabra de Dios; creativo, porque tiene el Espíritu Santo en su interior que le impulsa a practicarla, a llevarla a cabo.

23.- Rezar en la liturgia
La Audiencia General del 3 de febrero de 2021 está dedicada a la oración en la liturgia «Un cristianismo sin liturgia, me atrevería a decir que quizás – subraya Francisco – es un cristianismo sin Cristo. Sin el Cristo total. Incluso en el rito más escueto, como el que algunos cristianos han celebrado y celebran en lugares de reclusión, o en el escondite de una casa en tiempos de persecución, Cristo se hace verdaderamente presente y se entrega a sus fieles.»

«La oración del cristiano hace suya la presencia sacramental de Jesús». Francisco también recuerda el vínculo entre la oración y la liturgia.

La vida está llamada a convertirse en culto a Dios, pero esto no puede ocurrir sin la oración, especialmente la litúrgica. Este pensamiento nos ayuda a todos cuando vamos a misa: voy a rezar en comunidad, voy a rezar con Cristo que está presente. Cuando vamos a la celebración de un bautismo, por ejemplo, es Cristo allí, presente, quien bautiza. «Pero, padre, esto es una idea, una forma de decir»: no, no es una forma de decir. Cristo está presente y en la liturgia rezas con Cristo que está a tu lado.

24.- Rezar en la vida cotidiana
La oración diaria es el tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 10 de febrero de 2021. «La oración tiene lugar en la actualidad. Jesús viene a nuestro encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y es la oración la que transforma este hoy en gracia, o mejor dicho, nos transforma a nosotros: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar».

«La oración -dice el Santo Padre- nos ayuda a amar a los demás, a pesar de sus errores y pecados.

La persona es siempre más importante que sus acciones, y Jesús no juzgó al mundo, sino que lo salvó. Es una vida fea la de aquellas personas que siempre están juzgando a los demás, siempre condenando, juzgando: es una vida fea, infeliz. Jesús vino a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los demás, comprende, tú también acércate a los demás, ten compasión, ten ternura como Jesús. Es necesario amar a todas y cada una de las personas, recordando en la oración que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva en sí un fragmento del misterio de Dios.

25 y 26.- La oración y la Trinidad
«¿Por qué el hombre debe ser amado por Dios?». En la audiencia general del 3 de marzo, 2021 Francisco plantea esta y otras preguntas cruciales. ¿Qué Dios está dispuesto a morir por la humanidad? ¿Qué Dios ama siempre y con paciencia, sin esperar ser correspondido? ¿Qué clase de Dios acepta la tremenda falta de gratitud de un hijo que pide su herencia por adelantado y se va de casa despilfarrando todo?.

«Gracias a Jesucristo -afirma el Papa- la oración nos abre de par en par a la Trinidad -al Padre, al Hijo y al Espíritu- al inmenso mar de Dios que es Amor».

Es Jesús quien nos abrió el Cielo y nos proyectó a una relación con Dios. Fue Él quien lo hizo: nos abrió esta relación con el Dios Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es lo que afirma el apóstol Juan al concluir el prólogo de su Evangelio: «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado» (1,18). Jesús nos ha revelado la identidad, esta identidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En su Audiencia General del 17 de marzo de 2021, el Papa Francisco completa su catequesis sobre la oración como relación con la Santísima Trinidad, particularmente con el Espíritu Santo. «El primer don de toda existencia cristiana -dice el Santo Padre- es el Espíritu Santo. No es uno de los muchos dones, sino el don fundamental. El Espíritu es el don que Jesús prometió enviarnos. Sin el Espíritu no hay relación con Cristo y con el Padre».

27.- Orar en comunión con María
En la Audiencia General del 24 de marzo de 2021 el Papa se detiene en la oración en comunión con la Madre de Jesús. «María -subraya el Pontífice- estuvo y está presente en los días de la pandemia, cerca de las personas que desgraciadamente terminaron su camino terrenal en una condición de aislamiento, sin el consuelo de la cercanía de sus seres queridos. María está siempre ahí, a nuestro lado, con su ternura maternal».

Las oraciones dirigidas a María, afirma Francisco, «no son en vano».

Mujer del «sí», que aceptó de buen grado la invitación del Ángel, también responde a nuestras súplicas, escucha nuestras voces, incluso las que permanecen cerradas en el corazón, que no tienen fuerza para salir pero que Dios conoce mejor que nosotros. Los escucha como una madre. Como y más que cualquier buena madre, María nos defiende en los peligros, se preocupa por nosotros, incluso cuando nos enredamos en nuestras cosas y perdemos el sentido de la orientación, y ponemos en peligro no sólo nuestra salud sino nuestra salvación. María está ahí, rezando por nosotros, rezando por los que no rezan. Para rezar con nosotros. ¿Por qué? Porque es nuestra Madre.

28.- Orar en comunión con los santos
«Cuando rezamos, nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa tras nosotros». El Papa Francisco pronunció estas palabras en su audiencia general del 7 de abril de 2021. «El primer modo -dice el Papa- de afrontar un momento de angustia es pedir a nuestros hermanos, a los santos, sobre todo, que recen por nosotros. El nombre que se nos da en el bautismo no es una etiqueta ni una decoración. No se trata más que de «echarnos una mano» en la vida, de echarnos una mano para obtener de Dios las gracias que más necesitamos».

«Cuando rezamos -subraya el Papa- nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa después de nosotros.

En las oraciones que encontramos en la Biblia, y que a menudo resuenan en la liturgia, hay un rastro de historias antiguas, de liberaciones prodigiosas, de deportaciones y exilios tristes, de retornos conmovedores, de alabanzas que fluyen ante las maravillas de la creación… Y así estas voces se transmiten de generación en generación, en un continuo entrelazamiento entre la experiencia personal y la del pueblo y la humanidad a la que pertenecemos. Nadie puede desprenderse de su propia historia, de la historia de su propio pueblo; siempre llevamos esta herencia en nuestras costumbres y también en nuestras oraciones.

29.- La Iglesia como maestra de oración
«La Iglesia es una gran escuela de oración. Muchos de nosotros aprendimos a rezar nuestras primeras oraciones sentados en las rodillas de nuestros padres o abuelos. Tal vez apreciamos el recuerdo de nuestra madre y nuestro padre, que nos enseñaron a recitar oraciones antes de dormir». El Papa Francisco pronunció estas palabras al centrar su catequesis del 14 de abril de 2021 en el tema: la Iglesia maestra de la oración. «Todo en la Iglesia -añade- nace en la oración, y todo crece gracias a la oración.

El Papa señala también una tarea esencial de la Iglesia: «rezar y educar para rezar».

Transmitir de generación en generación la lámpara de la fe con el aceite de la oración. La lámpara de la fe que ilumina, que dispone las cosas tal como son, pero que sólo puede encenderse con el aceite de la oración. Si no, se apaga. Sin la luz de esta lámpara, no podríamos ver el camino para evangelizar, es más, no podríamos ver el camino para creer bien; no podríamos ver los rostros de los hermanos para acercarnos y servir; no podríamos iluminar la sala donde nos reunimos en comunidad… Sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se apaga.

30.- Oración vocal
En la catequesis de la Audiencia General del 21 de abril de 2021, el Papa reflexiona sobre el valor de la oración vocal. «No caigamos en el orgullo de despreciar la oración vocal», porque «despierta hasta el más adormecido de los corazones».

«La oración -recuerda el Pontífice- es diálogo con Dios; y toda criatura, en cierto sentido, «dialoga» con Dios».
En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía…. El Verbo divino se hace carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración. Las palabras son nuestras criaturas, pero también son nuestras madres, y en cierta medida nos dan forma. Las palabras de una oración nos llevan a salvo a través de un valle oscuro, dirigiéndonos a verdes praderas llenas de agua, haciéndonos festejar ante los ojos de un enemigo, como nos enseña a recitar el salmo.

31.- Meditación
En la Audiencia General del 28 de abril de 2021, el Papa se detuvo en «esa forma de oración que es la meditación». «Para un cristiano ‘meditar’ -afirma el Santo Padre- es buscar una síntesis: significa ponerse ante la gran página de la Revelación para tratar de hacerla nuestra, asumiéndola completamente.»

«No hay página del Evangelio -añade el Papa- en la que no haya lugar para nosotros».

Meditar, para nosotros los cristianos, es una manera de encontrarnos con Jesús. Y así, sólo así, encontrarnos de nuevo. Y esto no es un repliegue sobre nosotros mismos, no: ir a Jesús y desde Jesús encontrarnos con nosotros mismos, curados, resucitados, fuertes por la gracia de Jesús. Y conocer a Jesús, salvador de todos, incluso de mí. Y esto gracias a la guía del Espíritu Santo.

32.- Oración contemplativa
En la catequesis del 5 de mayo de 2021, el Papa se detiene en la oración de contemplación. «Ser contemplativo no depende de los ojos, sino del corazón. Y aquí entra en juego la oración, como acto de fe y de amor, como «aliento» de nuestra relación con Dios». «La oración -afirma Francisco- purifica el corazón y, con ella, ilumina también la mirada, permitiendo captar la realidad desde otro punto de vista.

El Papa recuerda también que «la dimensión contemplativa del ser humano -que todavía no es la oración contemplativa- es un poco como la «sal» de la vida: da sabor, da gusto a nuestros días.

Se puede contemplar viendo salir el sol por la mañana, o los árboles que se cubren de verde en primavera; se puede contemplar escuchando música o el canto de los pájaros, leyendo un libro, ante una obra de arte o esa obra maestra que es el rostro humano… Carlo Maria Martini, enviado como obispo a Milán, tituló su primera carta pastoral «La dimensión contemplativa de la vida»: De hecho, quienes viven en una gran ciudad, donde todo -podemos decir- es artificial, donde todo es funcional, corren el riesgo de perder la capacidad de contemplación. Contemplar no es ante todo una forma de hacer, sino que es una forma de ser: ser contemplativo.

33.- La batalla de la oración
En la Audiencia General del 12 de mayo de 2021 El Papa vuelve a presidir la Audiencia General en presencia de los fieles. Sus palabras resuenan, entre los rostros de peregrinos de varios países del mundo, desde el Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico. «Estoy contento de filmar esta reunión cara a cara, porque te digo una cosa: no es agradable hablar delante de la nada, delante de una cámara». Dirigiéndose a los fieles y peregrinos, se detiene en el combate de la oración. Hablando con distancia, volvió a un episodio ocurrido en Argentina. Recordó la historia de una familia. A un padre le dijeron que su hija estaba gravemente enferma a causa de una infección. Según los médicos, no podría pasar la noche. El hombre, llorando, deja a su mujer y a su hija en el hospital. Se sube a un tren y se dirige a la Basílica de Luján donde pasa la noche en oración. Una vez en casa, le dicen que su hija se ha curado inexplicablemente. «La Virgen lo escuchó». «La oración -subrayó el Papa recordando este episodio- obra milagros.

«Siempre -añade el Pontífice- es necesario combatir en la oración para pedir la gracia».

La oración es un combate y el Señor está siempre con nosotros. Si en un momento de ceguera no somos capaces de ver su presencia, tendremos éxito en el futuro. También nos ocurrirá repetir la misma frase que dijo un día el patriarca Jacob: «Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía» (Gn 28,16). Al final de nuestra vida, mirando hacia atrás, también nosotros podremos decir: «Pensé que estaba solo, pero no: Jesús estaba conmigo». Todos podremos decir esto.

34.- Distracciones, aridez, pereza
En la Audiencia General del 19 de mayo de 2021, el Papa reflexionó sobre su experiencia de oración. Y recuerda «algunas dificultades muy comunes». Se detiene especialmente en la distracción, la aridez y la pereza. «Orar», dice, «no es fácil: hay muchas dificultades que se presentan en la oración. Hay que conocerlos, identificarlos y superarlos». «Hay que aprender a caminar siempre». «El verdadero progreso en la vida espiritual -subraya- no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en ser capaz de perseverar en los momentos difíciles.

El Papa Francisco también nos insta a dirigir la oración del «por qué» al Padre, como hace un niño con su papá.
No olvides la oración del «¿por qué?»: es la oración que hacen los niños cuando empiezan a no entender las cosas y los psicólogos la llaman «la edad de los porqués», porque el niño pregunta a su padre: «Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…?». Pero cuidado: el niño no escucha la respuesta del papá. El padre empieza a responder y el niño viene con otro por qué. Sólo quiere atraer la mirada de su padre hacia él; y cuando nos enfadamos un poco con Dios y empezamos a decir por qué, estamos atrayendo el corazón de nuestro Padre hacia nuestra miseria, hacia nuestra dificultad, hacia nuestra vida.

35.- La certeza de ser escuchado
La catequesis del 26 de mayo de 2021 gira en torno a un tema: la certeza de ser escuchado. El Pontífice exhorta a tener la «humilde paciencia de esperar la gracia del Señor, de esperar el último día». «El mal -dice- es señor del penúltimo día: en el último día -afirma el Papa- hay resurrección. «Muchas veces, el penúltimo día es muy malo, porque el sufrimiento humano es malo. Pero el Señor está ahí y en el último día lo resuelve todo».

«Cuando rezamos -explicó el Pontífice- debemos ser humildes: ésta es la primera actitud para ir a rezar.
Cuando oramos debemos ser humildes, para que nuestras palabras sean realmente oraciones y no un vaniloquio que Dios rechaza. También podemos rezar por razones equivocadas: por ejemplo, para derrotar al enemigo en la guerra, sin preguntarnos qué piensa Dios de esa guerra. Es fácil escribir en una pancarta «Dios está con nosotros»; muchos están ansiosos por asegurar que Dios está con ellos, pero pocos se molestan en comprobar si realmente están con Dios. En la oración, es Dios quien debe convertirnos; no somos nosotros quienes debemos convertir a Dios. Es la humildad. Voy a rezar, pero Tú, Señor, convierte mi corazón para pedir lo que es conveniente, para pedir lo que será mejor para mi salud espiritual.

36.- Jesús, modelo y alma de toda oración
«Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros intentos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí». El Papa Francisco en su audiencia general del 2 de junio de 2021 destacó que «el amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intensa y estamos en el centro de su oración.»

«Lo que sostiene a cada uno de nosotros en la vida -dice el Pontífice- es la oración de Jesús por cada uno de nosotros.
Aunque nuestras oraciones fueran sólo tartamudeantes, si se vieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él, yo no sé rezar, pero Él reza por mí. Apoyadas en la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones descansan en alas de águila y se elevan al cielo. No lo olvides: Jesús está rezando por mí – ¿Ahora? – Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús con tanto amor está rezando por mí.

37.- Perseverar en el amor
En la penúltima catequesis sobre la oración, el Papa Francisco, en la Audiencia General del 9 de junio de 2021, reflexiona sobre la perseverancia en la oración. «Es una invitación, más aún, un mandato que nos viene de la Sagrada Escritura. El itinerario espiritual del peregrino ruso comienza cuando encuentra una frase de San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses: «Orad sin cesar, dad gracias en todo» (5,17-18). Las palabras del Apóstol impresionaron al hombre y se preguntó cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en tantos momentos diferentes, que no siempre permiten concentrarse». «A partir de esta pregunta comienza su búsqueda, que le llevará a descubrir lo que se llama la oración del corazón. Consiste en repetir con fe: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!».

«Una oración que nos aleja de la concreción de la vida -afirma el Pontífice- se convierte en espiritualismo, o peor, en ritualismo».

Recordemos que Jesús, después de haber mostrado su gloria a los discípulos en el monte Tabor, no quiso prolongar aquel momento de éxtasis, sino que bajó con ellos del monte y reanudó el camino cotidiano. Porque esa experiencia debía permanecer en sus corazones como luz y fuerza para su fe; también como luz y fuerza para los días que estaban por venir: los de la Pasión. Así, los tiempos dedicados a estar con Dios revitalizan la fe, que nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene vivo el fuego del amor cristiano que Dios espera de nosotros.

El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración concluyó el miércoles 16 de junio. Después de algo más de un año, completa un camino de oración que comenzó el 6 de mayo de 2020. Una oportunidad para meditar en la oración, para acoger la voz del Padre en el corazón.

Amedeo Lomonaco (Vatican News)

Última catequesis sobre la oración: en Jesús encontramos salvación total

El Papa Francisco termina hoy su ciclo de catequesis sobre la oración cristiana durante la audiencia general en el patio de San Dámaso y exhorta a tener el valor y la esperanza de sentir la presencia de Cristo en nosotros: que nuestra vida sea «para dar gloria a Dios».

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- Después de varios meses en los que el Pontífice ha reflexionado sobre la oración cristiana, Francisco recuerda hoy, en su última catequesis sobre este tema, cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús: “Jesús rezaba y rezaba tanto – ha dicho el Papa – y durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el diálogo con el Padre es el núcleo incandescente de toda su existencia”.

De hecho – continúa el Papa – “los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte”, asegurando que estos sucesos culminantes constituyen el núcleo central de la predicación cristiana, el kerygma: “esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la muerte y resurrección arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús”.

Jesús no ofrece salvación episódica, sino la salvación total
Francisco después ha explicado que Jesús no fue “un filántropo” que se hizo cargo de los sufrimientos y de las enfermedades humanas: “fue y es mucho más” dice el Papa. “En Él no hay solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una salvación episódica – la que me salva de una enfermedad o de un momento de desánimo – sino la salvación total”.

La oración de Jesús es intensa, constante y única
Después, el Papa enumera una serie de acontecimientos en los que vemos a Jesús rezando: “Son las horas decisivas de la pasión y de la muerte, en las que vemos una oración intensa, única y que se convierte en el modelo de nuestra oración” asegura el Papa.

“Él reza de forma dramática en el huerto del Getsemaní, asaltado por una angustia mortal. Reza también en la cruz, envuelto en tinieblas por el silencio de Dios. Es la oración más audaz, porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los otros, por todos, también por aquellos que lo condenan, sin que nadie, excepto un pobre malhechor, se ponga de su lado. Todos estaban en contra de Él o eran indiferentes. Sólo ese malhechor reconoció el poder. En medio del drama, en el dolor atroz del alma y del cuerpo, Jesús reza con las palabras de los salmos; con los pobres del mundo, especialmente con los olvidados por todos. Sintió el abandono; y rezó”.

Al final, en la cruz “se cumple el don del Padre – dice el Papa – que ofrece el amor, es decir, se cumple nuestra salvación”.

Jesús nunca nos abandona, siempre reza por nosotros
Al final de su reflexión, Francisco recuerda que incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, “nunca estamos solos” y “la oración de Jesús está con nosotros para que su palabra nos ayude a avanzar”.

“Recordad – dice el Papa – la gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la comunión del Espíritu Santo”. Y no olvidemos – prosigue – que “Jesús reza por mí, incluso en los peores momentos”.

La exhortación final del Pontífice es a “tener coraje y esperanza para sentir fuertemente la oración de Jesús y seguir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios sabiendo que Él reza por mí”.

Mireia Bonilla (Vatican News)

Corpus Christi. El Papa: la Eucaristía, soporte en medio de las dificultades

En vista de la celebración de la Solemnidad de Corpus Christi, el Santo Padre invito en la Audiencia General de este miércoles, 2 de junio, a que esta celebración “nos haga más conscientes de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.

Ciudad del Vaticano, 3 de junio 2021.- “Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean para cada uno de ustedes una presencia y un soporte en medio de las dificultades, un consuelo sublime en el sufrimiento de cada día y una prenda de resurrección eterna”, lo dijo el Papa Francisco al final de su catequesis, en la Audiencia General de este miércoles, 2 de junio, al saludar a los fieles de lengua italiana, con ocasión de la celebración de la Solemnidad de Corpus Christi, que en Italia y otros países se traslada al próximo domingo.

Eucaristía, misterio de amor y de gloria
El Santo Padre también invitó a todos los fieles – que participaban en la Audiencia General en el Patio de San Dámaso y a quienes seguían su catequesis a través de los medios de comunicación – a “encontrar en la Eucaristía, misterio de amor y de gloria, esa fuente de gracia y de luz que ilumina los caminos de la vida”. Asimismo, el Pontífice saludando a los fieles de lengua inglesa dijo que, “la inminente celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos haga más conscientes de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.

Junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús
Finalmente, el Papa Francisco saludando a los fieles de lengua española recordó que, “este mes de junio, está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús”, y en vísperas de celebrar la Solemnidad del Corpus Christi invitó a que, “pidamos al Señor que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y audacia filial, así también como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y también unidos entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”.

Renato Martinez (Vatican News)

Michael, activista climático: Con muletas va al Polo Norte bendecido por el Papa

«Decidí caminar porque la tierra está en silla de ruedas», afirma este libanés, paralizado desde los seis años por una lesión medular. Hoy es embajador del medio ambiente de las Naciones Unidas y fue bendecido por el Santo Padre antes de emprender su próximo reto: caminar 100 kilómetros por el Ártico.

Ciudad del Vaticano, 2 de junio 2021.- El 75% de su cuerpo quedó paralizado cuando tenía seis años, pero su voluntad de vivir, no, eso nunca sufrió una parálisis. Michael Haddad, libanés de la zona del Monte Líbano, deportista profesional y embajador de buena voluntad de la ONU para cuestiones medioambientales, se reunió hoy con el Papa Francisco al final de la Audiencia General. Era solo un niño cuando un accidente de moto acuática le causó una lesión medular que lo inmovilizó del pecho para abajo. Desde entonces, ha perdido tres cuartas partes de sus funciones motoras.

«La discapacidad es solo un estado mental»
Ese trágico evento, que probablemente habría sumido a cualquiera en una espiral de desesperación, fue en cambio el comienzo de una nueva vida, aunque nada fácil. El trabajo fue muy duro, la fatiga inmensa, los retos muchos y, en un principio, la silla de ruedas se presentó como única posibilidad de movimiento. Luego vinieron las muletas y los primeros pasos inciertos. Sin embargo, Michael ha superado todos los obstáculos bajo el lema personal “La discapacidad es solo un estado mental».

Gracias a la medicina y a la investigación científica, ahora puede esquiar y escalar libremente una montaña, ostentando tres récords mundiales. Gracias a su fe, mantiene la llama encendida, lo que le lleva a ser no solo un hombre sereno, sino también un testigo en numerosas campañas de sensibilización y un ejemplo para muchos otros en su misma condición. «Como persona incapaz de caminar, levantarse y sentarse de forma autónoma, decidí explorar mi potencial. Descubrí que nada es imposible. Esto se debe a dos cosas: la fe y la determinación. Fe en nuestro Creador, fe en nosotros mismos. Determinación, en la certeza de que dentro de nosotros hay potencialidades ilimitadas para avanzar y vencer todas las barreras», afirma con total convicción.

Un exoesqueleto le permite caminar
Haddad se mueve gracias a un exoesqueleto, desarrollado especialmente por un equipo de ingenieros, médicos e investigadores, que estabiliza su tronco, hombros y brazos. Así logra empujar su cuerpo hacia adelante y avanzar un paso a la vez. Levantarse de la silla de ruedas, sobre todo después de estar mucho tiempo sentado, le cuesta esfuerzo, pero Michael no se rinde y, de hecho, concedió esta entrevista en la plaza de San Pedro estando todo el tiempo de pie. «Soy fuerte», asegura. Estira primero la pierna derecha, luego la izquierda, se levanta y se arregla la corbata. Ni una sola vez durante estos esfuerzos hace una mueca de dolor. Siempre sonríe, con un rostro que, a los 40 años, todavía tiene rasgos infantiles. «Sonreír, eso también es una misión. Es un síntoma de la felicidad que llevo dentro. Uno de los propósitos en la vida es ser feliz, Jesús nos dijo que transformáramos el miedo en alegría», puntualiza.

La ayuda de la fe
Michael es creyente: «Soy cristiano, creo en Jesucristo», dice. Y añade que la fe le ha ayudado en todas las batallas, incluyendo la que lleva a cabo a diario y que él llama «mi gran misión», es decir, crear conciencia en el mundo acerca de los problemas medioambientales. «Decidí caminar, explica, porque la tierra está en silla de ruedas. Debemos unirnos para salvarnos a nosotros mismos y al planeta. Lo hago bajo una bandera, la de las Naciones Unidas, con la que intentamos en todo el mundo hacer este cambio. Y debemos hacerlo ahora».

Una rama de un cedro y una foto de un bosque junto a una iglesia
fueron los regalos que Michael le dio al Papa

Escalada, esquí, maratones y ahora el Polo Norte
Michael ha escalado montañas, esquía, ha cruzado desiertos y también ha participado en dos maratones: una en El Cairo y otra en Beirut, en su Líbano natal, para recaudar fondos para la reconstrucción del hospital devastado por la explosión del puerto en agosto de 2020.

Ahora tiene otra misión: recorrer 100 kilómetros en el Polo Norte. Una aventura que debía enfrentar en 2020 y que se saltó por la pandemia. Ahora está prevista para febrero o marzo de 2022. «Ciertamente es un reto”, comenta Haddad, quien añade que «recorrer 100 kilómetros hasta el Polo Norte no es solo un mensaje, sino una contribución a la ciencia. Trabajo con un gran equipo científico y me han considerado una de las pocas personas en el mundo que puede hacer algo así en mi condición. Por ende, todo lo que estamos planeando antes, durante y después de esta caminata contribuirá a la investigación científica para ayudar a que otras personas vuelvan a caminar».

El Papa: «Reza por mí en el Polo Norte»
Este miércoles, en la primera fila de la Audiencia General en el Patio de San Dámaso, acompañado por Theresa Panuccio, representante oficial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), saludó al Papa, conversó con él y le pidió una bendición para su misión en el Ártico.

«Cuando le conté al Santo Padre mi historia, posó su mano sobre mi cabeza. Le dije que intentamos llevar un mensaje de humanidad, a favor de la tierra y del medio ambiente. Me bendijo y le pedí: ‘Padre, reza por mí’. Y él me respondió: ‘Reza por mí en el Polo Norte’. No puedo quitarme esta frase de la cabeza. Me ha dado fuerzas y mucho que pensar. Me siento más comprometido, ya no solo, sino junto con el Papa para intentar hacer este cambio».

Dos regalos, símbolos del Líbano
A Francisco, Michael le trajo dos regalos: la ramita de un cedro, símbolo de su patria, el Líbano, un país al que Juan Pablo II llamó ‘un mensaje’. «Es un árbol eterno, que se menciona varias veces en la Biblia, y se llama el Cedro de Dios», detalló. El Papa también recibió una foto de una iglesia rodeada de uno de los bosques de cedros más antiguos. «La madera de esos cedros se conectó a la tierra hace diez mil años. Así que hay un doble significado: la historia y la estrecha relación del hombre con el planeta. Antes vivíamos en los bosques, es hora de recordarlo, porque sin un planeta sano no hay humanidad sana. Debemos enviar este mensaje al mundo».

«Gracias», repitió el Papa varias veces. Y Michael le pidió al Pontífice que se tomaran un selfie. Una foto que ahora muestra con orgullo desde su teléfono inteligente.

El Papa Francisco le pidió que lo recordara en sus oraciones cuando esté en el Ártico.

Salvatore Cernuzio y Felipe Herrera-Espaliat (Vatican news)
Imagen de portada: Michael Haddad obtuvo una «selfie» junto al Santo Padre

El Papa en la catequesis: debemos ser conscientes de que Jesús reza por nosotros

«Sostenidas en la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y se elevan al cielo»: lo aseguró el Santo Padre en la Audiencia General del miércoles 2 de junio, en su catequesis dedicada a la oración. Francisco exhortó a no olvidar que Jesús reza por nosotros al Padre, «aún en el momento de la prueba y en el momento del pecado». Debemos «ser conscientes», pidió el Santo Padre, de que «Jesús reza» por nosotros.

Ciudad del Vaticano, 2 de junio 2021.- Nunca dejar de confiar en Jesús, porque Él reza por nosotros ante el Padre: lo aseguró el Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 2 de junio, presidida en el Patio de San Dámaso del Vaticano. En su catequesis dedicada a la oración, precedida por la Lectura del Evangelio de San Lucas, (22,28-29) se refirió a la importancia de la oración en la vida de Jesús y en su relación con los discípulos.

Jesús siempre dispuesto a esperar la conversión del discípulo
Haciendo presente que eligió a sus discípulos tras una noche de oración y diálogo con el Padre, a pesar de los errores y las caídas que ellos mostrarían en el futuro, el Santo Padre puso en evidencia cómo Él esperó «con paciencia» su conversión rogando a Dios por ellos, para que permanezcan a su lado en las pruebas y no pierdan la fe. Esto porque el Maestro, incluso en sus errores y caídas, “así como los recibió del Padre tras Su oración, así los lleva en Su corazón”.

Es impresionante saber que, en el momento del desfallecimiento, el amor de Jesús no cesa. “Pero Padre, si estoy en pecado mortal, ¿el amor de Jesús sigue ahí? – Sí – ¿Y Jesús sigue rezando por mí? – Sí – Pero si he hecho cosas feas y cometido muchos pecados… ¿Jesús sigue amándome? – Sí”. El amor de Jesús, la oración de Jesús por cada uno de nosotros, no cesa, no se detiene, al contrario, se hace más intensa y nosotros estamos en el centro de su oración. Esto debemos tenerlo siempre presente: Jesús está rezando por mí, está rezando ahora ante el Padre y le está mostrando las heridas que lleva consigo, para hacer ver al Padre el precio de nuestra salvación. Es el amor que nutre por nosotros.

Rezar intensamente, Jesús no nos abandona
Como escribimos, Jesús espera “con paciencia” la conversión de los discípulos y “ruega” por ellos al Padre, “para que permanezcan a su lado en las pruebas y no pierdan la fe”. Lo hace, recordó el Papa, “en un momento crucial de su camino”, es decir, en la verificación de su fe, cuando les dice: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Haciendo presente cómo “las grandes decisiones» de la misión de Jesús están siempre precedidas por la oración «intensa y prolongada”, y no por una oración pasajera, afirmó que Él es el «modelo perfecto de la persona que ora», pero que además «quiere que aprendamos a orar como Él», enseñándonos «con sus palabras y su ejemplo».

Siguiendo con el repaso del Evangelio, el Santo Padre señaló que, aunque «la verificación de la fe» de los discípulos parecía ser una meta, fue un punto de partida renovado para ellos, porque, a partir de entonces, fue como si Jesús «subiera de un tono en su misión», hablándoles abiertamente de su pasión, muerte y resurrección. Y en esta perspectiva de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo, “que suscita instintivamente repulsión, tanto en los discípulos como en nosotros que leemos el Evangelio”, es cuando la oración “es la única fuente de luz y fuerza”. De ahí que, según el Sumo Pontífice, sea necesario «rezar más intensamente, cada vez que el camino se hace cuesta arriba”.

Jesús nos asegura que, aún cuando sintamos que nuestras oraciones parezcan vanas o ineficaces, Él no nos abandona, está siempre a nuestro lado. Reza en nosotros y con nosotros. Intercede a nuestro favor, nos alienta a que perseveremos en la oración, sobre todo en los momentos más difíciles de nuestro camino, porque Su oración es la que hace que nuestras humildes peticiones sean eficaces y lleguen al cielo.

En la manifestación anticipada ante Pedro, Santiago y Juan de la gloria del Señor, que tuvo lugar en la oración (cfr. Lc 9,28-31) surge una “Palabra clara” para los discípulos, a saber, la voz del Padre que les dice: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo». Por eso Francisco recalcó que «de la oración surge la invitación a escuchar a Jesús».

Seamos conscientes, Jesús reza al Padre por nosotros
El Obispo de Roma finalizó su catequesis pidiendo hacer un ejercicio de memoria: recordar que “Jesús reza” por nosotros

Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros intentos de oración fuesen completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes – exhortó – : Jesús reza por mí.

No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros con nombre, apellido, ante el Padre, mostrándole las llagas que son el precio de nuestra salvación.
“Aunque nuestras oraciones fueran sólo balbuceos, si estuvieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él: yo no sé cómo rezar, pero Él reza por mí.”

En el saludar a los fieles de lengua española, invitó a pedir al Señor en este mes de junio dedicado al Corazón de Jesús, y también en vísperas celebrar la Solemnidad del Corpus Christi, que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y audacia filial, así también como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y también unidos entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.

Vatican news

Francisco: El Padre Celestial siempre escucha nuestras oraciones

En la audiencia general de esta mañana, celebrada ante un número reducido de fieles en el Patio de San Dámaso, el Santo Padre prosiguió con su catequesis sobre la oración que centró en “la certeza de ser escuchados”. Al referirse a “la lección del Padrenuestro”, el Papa dijo que lo contrario “sería una suerte de magia que busca satisfacer los propios deseos e intereses sin verificar si son o no conformes al proyecto de Dios”.

Ciudad del Vaticano, 26 de mayo 2021.- El Papa Francisco reanudó esta mañana la tradicional audiencia general de los miércoles, también en esta ocasión en el Patio de San Dámaso de la Ciudad del Vaticano, donde se congregó un número reducido de fieles y peregrinos de diversas nacionalidades para escuchar sus enseñanzas. En su 35ª catequesis sobre la oración, centrada en “la certeza de ser escuchados” el Santo Padre explicó que “Jesús nos llama a crecer en la fe, de modo que sea esta virtud la que guíe nuestra oración y todos nuestros deseos tengan como fin la mayor gloria de Dios”.

La audiencia comenzó con la lectura del Evangelio según San Marcos (Mc 5, 22-24.35-36), que relata la intervención del Señor en favor del jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, quien suplicó la curación de su hija que, sin embargo, había fallecido y a la que Jesús despertó del sueño de la muerte, tras haberle dicho que no temiera, sino que tuviera fe. Este pasaje evangélico le dio la oportunidad al Papa de reflexionar sobre una dificultad que supone para muchos una verdadera piedra de tropiezo en su vida espiritual:
“¿Es verdad que Dios me escucha? Y si lo hace, ¿por qué no obtengo lo que pido?”

Nuestra mirada sobre las cosas es limitada
“Dos respuestas – dijo Francisco – se pueden dar a esta cuestión, la primera y más obvia es que nuestra mirada sobre las cosas es limitada y en la oración deberíamos intentar escuchar su voz y conformarnos a su designio de amor”. Y explicó que ésta es “la lección del Padrenuestro que en sus tres primeras peticiones nos llama a ponernos de parte de Dios: para que se haga su voluntad, venga su reino y sea santificado su nombre”.

“Mientras lo contrario `sería una suerte de magia que busca satisfacer los propios deseos e intereses sin verificar si son o no conformes al proyecto de Dios’”

Dios no siempre responde como esperamos
En cuanto a la segunda respuesta, el Papa dijo que es la más delicada, puesto que muchas personas rezan de forma humilde y piden cosas buenas, pero “Dios no siempre responde en la forma que esperamos”. Por esta razón conviene fijarnos en la lección que nos da el Evangelio:
“Jesús recibe muchas peticiones de multitud de fieles que se acercan a Él, a veces la respuesta es inmediata”
El Señor nos llama a la perseverancia

Sin embargo, en otras ocasiones – afirmó el Papa – “el Señor nos llama a la perseverancia, como a la mujer cananea que pedía por su hija, o a embarcarnos en un viaje de fe”. Y en el caso de Jairo, el jefe de la sinagoga, “primero siente que Jesús se detiene para atender otra petición, después recibe la noticia de que ya no hay esperanza”. De ahí que Francisco haya recordado que: “En todas estas situaciones Jesús nos llama a crecer en la fe, de modo que sea esta virtud la que guíe nuestra oración y todos nuestros deseos tengan como fin la mayor gloria de Dios”.

Saludos del Papa
Como es costumbre, después de saludar a los fieles en diversas lenguas y antes de rezar el Padrenuestro en latín, el Santo Padre impartió a todos su bendición apostólica, bendijo los rosarios que los peregrinos llevaban consigo y se detuvo unos minutos con todos ellos con muestras de cariño antes de regresar a sus actividades.

“Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Los animo a dejarse guiar por el Espíritu que clama en nuestro interior ‘Abba, Padre’. Pidamos crecer en la fe, la esperanza y la caridad, para en todo y por todo buscar la gloria de Dios y la salvación de los hombres. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias”

Al saludar a los fieles de lengua portuguesa el Santo Padre los animó a vivir siempre bajo la mirada de nuestra Madre del Cielo. “Ella – les dijo – consuela a todos los que están en la prueba y mantiene abierto el horizonte de la esperanza”. A los peregrinos francófonos Francisco les sugirió que, tras haber celebrado la fiesta de Pentecostés, deben dejar que el Espíritu Santo actúe y suscite la oración que conviene dirigir al Padre para “entrar generosamente en su voluntad”.

Al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de habla alemana, el Papa les recordó que María, Madre de la Iglesia, “es el ejemplo luminoso de la oración perseverante que el Espíritu Santo inspira a los fieles”, por lo que manifestó su deseo de que Ella les obtenga “la gracia de no cesar nunca en la oración y en la acción de gracias”.

El Padre siempre nos escucha
A los fieles de lengua árabe el Papa también les recordó la celebración del domingo pasado de la fiesta de Pentecostés en la que Jesús envió el Espíritu Santo sobre nosotros, el Paráclito que fortalece nuestra fe y sostiene nuestra oración. Y los invitó a repetir la oración que el Señor nos enseñó: «Hágase tu voluntad» y no la nuestra.

Mientras a los fieles de habla inglesa el Santo Padre les dijo: “en este mes de mayo, unidos a la Virgen, crezcamos en la certeza de que nuestro Padre Celestial siempre nos escucha en nuestras oraciones”.

Memoria de San Felipe Neri
Al saludar cordialmente a los peregrinos italianos Francisco recordó que Hoy se celebra la memoria litúrgica de San Felipe Neri, comúnmente llamado el «santo de la alegría». Por eso les deseó que “la alegría tranquilizadora, don del Señor, los acompañe y enriquezca el camino de cada uno de ellos.

Por último, el pensamiento del Santo Padre se dirigió a los ancianos, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, a quienes exhortó “a cultivar la oración, porque es el único modo de alimentar la fe, en cuya luz todo puede ser comprendido y acogido”.

Vatican News

El beso del Papa en el brazo de Lidia, superviviente de Auschwitz

Lidia Maksymowicz, una mujer polaca de origen bielorruso que sobrevivió a los campos de concentración nazis y a los experimentos de Mengele, mostró hoy al Papa Francisco, en la audiencia general, el número de su deportación al campo de concentración tatuado en su brazo. Lidia entregó tres regalos para el Pontífice que simbolizan la memoria, la esperanza y la oración. Asimismo comentó a Vatican News: «Con el Santo Padre nos entendimos con una mirada, no hicieron falta palabras».

Ciudad del Vaticano, 26 de mayo 2021.- «70072». Cuando Lidia Maksymowicz, una mujer polaca de origen bielorruso que sobrevivió a los campos de concentración nazis, dejó su brazo al descubierto hoy en la audiencia general, mostrando su tatuaje de ex prisionera de Auschwitz, el Papa Francisco la miró durante unos instantes. Luego se inclinó y le dio un beso en ese mismo número que después de 76 años le recuerda a diario el horror que vivió. Sin palabras, como ya hizo el Pontífice en aquella visita a Auschwitzal en 2016, sólo un gesto espontáneo, instintivo y afectuoso. Un gesto que, explica Lidia a Vatican News, mientras su voz (entre el cansancio y la emoción) se apaga ligeramente, «me ha fortalecido y me ha reconciliado con el mundo».

En Italia para contar su testimonio

«Con el Santo Padre nos entendimos con los ojos, no tuvimos que decirnos nada, no hacían falta las palabras», explica la mujer, una de las últimas supervivientes en Europa, que ahora vive en Cracovia, y que actualmente se encuentra en Italia como invitada de la asociación «La Memoria Viva de Castellamonte» (Turín) para contar a los jóvenes su testimonio, ahora recogido en un documental dedicado a ella, «La niña que no sabía odiar».

Lidia quiso aprovechar su visita a Italia -ya planeada pero luego pospuesta varias veces a causa de la pandemia- para pasarse por Roma, acogida por la Embajada de Polonia en Italia, y conocer al Papa al que dice querer profundamente: «Después de Juan Pablo II, quiero al Papa Francisco. Sigo sus ceremonias por televisión, rezo por él todos los días, le soy fiel y le profeso un profundo cariño».

Las dos madres: la que perdió en Auscwhitz y la adoptiva
Un encuentro muy esperado que tiene lugar en un día especial para esta anciana señora que irradia vida: el Día de la Madre en Polonia. «Para mí es un aniversario especial, porque he tenido dos madres: la que me dio a luz, y que me robaron en el campo de concentración cuando tenía tres años, y la madre polaca que me adoptó una vez libres y a la que debo mi salvación».

Tres regalos para el Pontífice: memoria, esperanza y oración

El Papa saludó durante su Audiencia General a Lidia Maksymowicz, superviviente de Auschwitz

En esos pocos instantes al final de la audiencia, Lidia no pudo contarle al Papa toda su historia, pero le entregó tres regalos que simbolizan lo que ahora son las piedras angulares de su vida: la memoria, la esperanza, la oración. La memoria, representada por el pañuelo con una franja azul y blanca con la letra «P» de Polonia, sobre un fondo triangular rojo, que todos los prisioneros polacos utilizan en las ceremonias de conmemoración.

Esperanza, con un cuadro pintado por su asistente Renata Rechlik que la retrata de niña, de la mano de su madre, mientras observan de lejos desde las vías la entrada al campo de Birkenau, símbolo del principio del fin para millones de judíos y otros prisioneros. Por último, la oración: en las manos del Pontífice, Lidia colocó un rosario con la imagen de San Juan Pablo II, bendecido por su ahijado el sacerdote P. Dariusz. «Es el que uso cada día para rezar», añadió.

Deportada a la edad de 3 años
De hecho, Lidia no dejó de creer en Dios, a pesar del mal que se vertió sobre ella cuando sólo tenía tres años y, en 1941, fue arrancada de su hogar y de sus afectos, junto con su madre y sus abuelos maternos, deportados por ser sospechosos de colaborar con los partisanos. «Era pequeña, era muy joven, pero ya tenía una gran experiencia tras haber vivido escenas de guerra en la antigua Unión Soviética. Estaba preparada para el dolor, para el mal hecho por los hombres contra otros hombres, pero no esperaba experimentar lo que viví en Auschwitz».

«Fui deportada en un tren sólo apto para animales, quizá ni siquiera para eso. Cuando las puertas se abrieron, vi escenas terribles. Mis abuelos fueron separados de nosotros y de los demás, y luego enviados a un barracón con una chimenea de la que salía un humo con un hedor atroz. Mi madre y yo, sucias, hambrientas, asustadas, obedecíamos a los soldados que gritaban palabras incomprensibles mientras los perros ladraban. No entendíamos nada, hacíamos todo lo que nos decían, estábamos aterrorizadas».

Los experimentos de Mengele
Identificadas ambas en el campo como prisioneras polacas, con la «P» cosida en sus uniformes a rayas, la madre fue trasladada a los barracones de los trabajadores. Lidia, en cambio, a una «casa llena de niños de diferentes edades y nacionalidades». Era el barracón en el que trabajaba el médico Josef Mengele, el hombre que ya entonces era apodado el «ángel de la muerte».

Esa casa era el depósito que Mengele utilizaba para llevar a cabo sus experimentos con mujeres embarazadas, bebés gemelos y personas con malformaciones. Le habían enviado a Lidia porque era una «niña bonita y sana». Después de casi ochenta años, no recuerda lo que Mengele hizo con su cuerpecito, pero sí recuerda bien «el dolor» y su mirada: «Era una persona atroz, sin límites ni escrúpulos. Día tras día, muchas personas perdieron la vida en sus manos. Después de la guerra, se encontraron libros con referencias a números tatuados, incluido el mío».

El encuentro con su madre biológica después de 17 años
Una vez liberada, Lidia vivió una vida rocambolesca: fue acogida por una pareja polaca que representaba a su verdadera familia, luego fue trasladada a Rusia, a Moscú, donde explica que quisieron utilizar su historia con fines políticos, y finalmente regresó a Cracovia. En 1962, encontró a su madre natural a través de la Cruz Roja: «Nunca dejé de buscarla, aunque la creía muerta. Nos reencontramos después de 17 años».

Mientras tanto, su afecto se había fundido en las arenas del tiempo, al igual que los recuerdos de esos tres años que vivieron juntas antes de que el campo de concentración rompiera su vínculo. Después de tantos años, para Lidia aquella mujer -que entretanto había creado una nueva familia- era una figura del pasado a la que, sin embargo, debía mostrar gran respeto. Se abrazaron, lloraron, intercambiaron algunas palabras, pero Lidia decidió quedarse con su familia adoptiva, reconociéndola siempre como «mi primera madre».

Un llamamiento a los jóvenes: «Nunca más vuelva esta atrocidad»

Lidia Maksymowicz afirma hoy que está cansada, pero se aferra a la vida con todas sus fuerzas porque quiere cumplir una misión: mantener viva la memoria de las nuevas generaciones que crecen en una época en la que los fantasmas del racismo y el nacionalismo parecen resurgir. Lidia pide hacer un llamamiento a través de Vatican News y Radio Vaticano:
«En sus jóvenes manos está el futuro del mundo. Escuchen mis palabras, vayan a visitar Auschwitz – Birkenau y asegúrense de que esta atrocidad no vuelva jamás. Esa historia no debe repetirse jamás».

Salvatore Cernuzio
Imagen de portada:
Francisco besa el brazo de Lidia Maksymowicz, que lleva tatuado su número de prisionera

Catequesis del Papa. Las dificultades en la oración: distracción, sequedad y acedia

En su 34ª catequesis dedicada a la oración, el Sumo Pontífice reflexionó sobre algunas de las dificultades que encontramos cuando oramos. En particular, siguiendo la pauta del Catecismo de la Iglesia Católica, se centró en la distracción, la sequedad y la acedia. Y recordó que “protestar ante Dios” es también “una forma de rezar”, pues es una manera del hijo de relacionarse con su padre.

Ciudad del Vaticano, 19 de mayo 2021.- El Papa Francisco presidió la Audiencia General de este miércoles 19 de mayo en el Patio de San Dámaso del Vaticano, y reflexionó sobre las distracciones, la sequedad y la acedia en la oración, siguiendo la pauta del Catecismo de la Iglesia Católica.

La distracción y la vigilancia en la oración
Rezar no es fácil, comenzó diciendo el Papa, pues “hay muchas dificultades que surgen en la oración” y debemos conocerlas, individuarlas y superarlas. El primer problema que se le presenta a quien reza – señaló – es la distracción:
Empiezas a rezar y entonces tu mente da vueltas, da vueltas por todo el mundo; tu corazón está ahí, la mente está allí… la distracción de la oración. La oración convive a menudo con la distracción. De hecho, a la mente humana le cuesta detenerse durante mucho tiempo en un solo pensamiento. Todos experimentamos este constante torbellino de imágenes e ilusiones en continuo movimiento, que nos acompaña incluso durante el sueño. Y todos sabemos que no es bueno seguir esta inclinación desordenada.

Hablando en italiano el Sumo Pontífice indicó que la lucha por conseguir y mantener la concentración no se limita a la oración, pues “si no se alcanza un grado de concentración suficiente, no se puede estudiar con provecho, ni se puede trabajar bien”. Y así puso el ejemplo de los deportistas, que “saben que las competiciones se ganan no sólo con el entrenamiento físico, sino también con la disciplina mental”, es decir, “sobre todo, con la capacidad de mantener la concentración y la atención”. Así, es necesario combatir las distracciones, y por ello en el patrimonio de nuestra fe hay una virtud “que a menudo se olvida”, y que se llama “vigilancia”:
El Catecismo lo menciona explícitamente en su instrucción sobre la oración (cf. nº 2730). Jesús llama a menudo a los discípulos al deber de una vida sobria, guiados por el pensamiento de que tarde o temprano Él volverá, como un novio de una boda o un señor de un viaje. Sin embargo, al no conocer el día y la hora de Su regreso, todos los minutos de nuestra vida son preciosos y no deben desperdiciarse en distracciones. En un instante que desconocemos, resonará la voz de nuestro Señor: en ese día, bienaventurados los siervos que Él encuentre laboriosos, todavía centrados en lo que realmente importa.

En la oración, – dijo el Santo Padre en su resumen en español – cuando caemos en la cuenta de nuestras distracciones, lo que nos ayuda a combatirlas es ofrecer con humildad el corazón al Señor para que lo purifique y lo vuelva a centrar en Él.

La sequedad y el corazón abierto al Señor

Otra dificultad es la sequedad, que puede depender de nosotros mismos, o también de Dios, que permite ciertas situaciones exteriores o interiores. Incluso “un dolor de cabeza o una dolencia hepática» impide entrar en la oración, y a menudo «no sabemos realmente la razón». Pero la sequedad “nos hace pensar en el Viernes Santo, en la noche y en el Sábado Santo», cuando «Jesús no está, está en el sepulcro; Jesús está muerto», y «estamos solos”: este es “el tiempo de la desolación y de la fe más pura, – afirmó Francisco -porque se mantiene firme junto a Jesús”.

Los maestros espirituales describen la experiencia de la fe como una continua alternancia de tiempos de consuelo y de desolación; tiempos en los que todo es fácil, mientras que otros están marcados por una gran pesadez. Muchas veces, cuando encontramos un amigo, decimos: «¿Cómo estás?» – «Hoy estoy de bajón». Muchas veces estamos «decaídos», es decir, no tenemos sentimientos, no tenemos consolaciones, no podemos más. Son esos días grises… ¡y hay tantos en la vida! Pero el peligro es «tener» un corazón gris: cuando este «estar decaído» llega al corazón y lo enferma… y hay personas que viven con el corazón gris. Esto es terrible: ¡no se puede rezar, no se puede sentir consuelo con el corazón gris!

Para que entre la luz del Señor, “el corazón debe estar abierto y luminoso”, indicó entonces el Santo Padre, animando a esperar esa luz “con esperanza” y sin “encerrarla en lo gris”.

La acedia y la humilde perseverancia
La acedia es la tercera dificultad que encontramos en la oración: es un “defecto”, dijo el Santo Padre, “otro vicio”, y constituye “una verdadera tentación” contra la oración y contra la vida cristiana. Se trata, tal como enseña el Catecismo, de “una forma de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón”. Es uno de los siete “vicios capitales” porque, alimentado por la presunción, puede conducir a la muerte del alma, aseguró el Papa Francisco.

Entonces, ¿qué debemos hacer en esta sucesión de entusiasmos y desalientos? Hay que aprender a caminar siempre. El verdadero progreso de la vida espiritual no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en ser capaces de perseverar en los tiempos difíciles: camina, camina, camina… Y si estás cansado, detente un rato y vuelve a caminar. Pero con perseverancia.

Recordemos la parábola de San Francisco sobre la perfecta alegría: no es en las infinitas fortunas llovidas del Cielo donde se mide la capacidad de un fraile, sino en caminar con constancia, incluso cuando no se es reconocidos, incluso cuando se es maltratados, incluso cuando todo ha perdido el sabor de sus comienzos. (…) Debemos aprender a decir: «Aunque Tú, mi Dios, parezcas hacer todo lo posible para que deje de creer en Ti, yo sigo rezándote». ¡Los creyentes nunca apagan la oración!

El valor del “¿por qué?”
Aunque nuestra oración a veces «pueda parecerse a la de Job, que no acepta que Dios le trate injustamente, protesta y le llama a juicio”, el Papa puntualizó que, sin embargo, “muchas veces, protestar ante Dios es también una forma de rezar”: esto porque “porque muchas veces el hijo se enfada con su padre”, pues es “una manera de relacionarse con su padre”:
Sabemos que al final, al término de este tiempo de desolación, en el que hemos elevado al cielo gritos mudos y muchos «¿por qué?», Dios nos responderá. No olvidar la oración del «¿por qué?»: es la oración que hacen los niños cuando empiezan a no comprender las cosas, y los psicólogos la llaman «la edad del por qué», porque el niño pregunta a su padre: «Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…?». Pero estemos atentos: él no escucha la respuesta del papá. El papá comienza a responder y él sale con otro por qué. Sólo quiere atraer la mirada de su padre hacia él; y cuando nos enfadamos un poco con Dios y empezamos a decir los «por qué», estamos atrayendo el corazón de nuestro Padre hacia nuestra miseria, hacia nuestra dificultad, hacia nuestra vida.

De ahí que el Pontífice concluyese su catequesis animando a tener el valor de decirle a Dios: “pero, ¿por qué?”. Porque – afirmó él – a veces, enfadarse un poco es bueno, porque nos hace despertar esa relación de hijo a Padre, de hija a Padre, que debemos tener con Dios.

“Incluso nuestras expresiones más duras y amargas, Él las recogerá con el amor de un padre, y las considerará como un acto de fe, como una oración. Gracias.”

Durante sus saludos a los fieles, el Papa Francisco dirigió un pensamiento particular a los de lengua francófona: «A la espera de Pentecostés, como los Apóstoles reunidos en el Cenáculo con la Virgen María pidamos fervientemente al Señor el Espíritu de consuelo y de paz para los pueblos martirizados», dijo. Y saludando a los fieles de lengua española, animó a que en estos días de preparación a la Solemnidad de Pentecostés, pidamos al Señor «que nos envíe los dones del Espíritu Santo para poder perseverar en nuestra vida de oración con humildad y alegría, superando las dificultades con sabiduría y constancia».

Catequesis del Papa: “rezar no es fácil; es un combate alegre y fatigoso”

El Pontífice asegura que el momento de oración no es fácil y por eso muchos de nosotros “escapamos” de la oración. También habla de la otra cara de la oración, que no es siempre alegría, a veces también es fatiga y molestia y explica que por eso muchas veces es una “lucha” que tenemos que combatir.

Ciudad del Vaticano, 12 de mayo 2021.-Hoy el Papa Francisco ha continuado su ciclo de Catequesis sobre la oración cristiana, y ha asegurado que “rezar no es algo fácil” y que ninguno de los grandes oradores que encontramos en la Biblia y en la historia de la Iglesia “ha tenido una oración cómoda”, de hecho, ha dicho: “se puede rezar como los loros – bla, bla, bla – pero eso no es rezar”.

Durante la Audiencia General de este miércoles 12 de mayo, el Pontífice ha querido mostrar el otro lado de la oración, ese del que no se suele hablar, y que es ese “combate interior, a veces duro – dice el Papa – que puede acompañar también periodos largos de la vida”. “Rezar no es fácil, ha dicho Francisco, y por eso escapamos de la oración”.  También ha explicado que todos los hombres y las mujeres de Dios mencionan no solamente la alegría de la oración, sino también la molestia y la fatiga que puede causar. “Algún santo la ha llevado adelante durante años sin sentir ningún gusto, sin percibir la utilidad” ha expresado el Papa, explicando que el silencio, la oración y la concentración “son ejercicios difíciles, y alguna vez la naturaleza humana se rebela”. “Preferiríamos estar en cualquier otra parte del mundo, pero no ahí, en ese banco de la iglesia rezando” continúa el Santo Padre, y recuerda que quien quiere rezar “debe recordar que la fe no es fácil, y alguna vez procede en una oscuridad casi total, sin puntos de referencia”.

El Catecismo enumera una larga serie de enemigos de la oración

Después, se ha centrado en “los enemigos de la oración” que cita el Catecismo, aquellos que hacen que sea difícil rezar y que nos ponen en dificultad, como por ejemplo “que algunos dudan de que esta pueda alcanzar verdaderamente al Omnipotente”; otros, en cambio – dice el Papa – “sospechan que la oración sea una mera operación psicológica; algo que quizá es útil, pero no verdadera ni necesaria: se podría incluso ser practicantes sin ser creyentes”. El Papa asegura que los peores enemigos de la oración “están dentro de nosotros” y el Catecismo los llama así: “desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes”, decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la oración, etc.”.

En la historia de la espiritualidad encontramos ejemplos útiles para hoy
Ante esta situación en la que la oración no es siempre de “color rosa”, el Papa invita a explorar la historia de la espiritualidad, en la que notamos enseguida cómo los maestros del alma tenían bien clara la situación que hemos descrito y para superarla, cada uno de ellos ofreció alguna contribución que mostraba la importancia de resistir y de perseverar en la oración. “Sería interesante repasar al menos algunos de estos consejos – dice – por ejemplo, los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola que enseñan a poner en orden la propia vida. Hace entender que la vocación cristiana es militancia, es decisión de estar bajo la bandera de Jesucristo y no bajo la del diablo, tratando de hacer el bien también cuando se vuelve difícil”.

Francisco también pone de ejemplo a San Antonio abad, el fundador del monacato cristiano, en Egipto, quien “afrontó momentos terribles en los que la oración se transformaba en dura lucha” dice el Papa. “Su biógrafo San Atanasio, obispo de Alejandría, narra que uno de los peores episodios le sucedió al Santo ermitaño en torno a los treinta y cinco años, mediana edad que para muchos conlleva una crisis. Antonio fue turbado por esa prueba, pero resistió. Cuando finalmente volvió a la serenidad, se dirigió a su Señor con un tono casi de reproche: «¿Dónde estabas? ¿Por qué no viniste enseguida a poner fin a mis sufrimientos?». Y Jesús respondió: «Antonio, yo estaba allí. Pero esperaba verte combatir»”.

Esto son solo ejemplos con los que el Pontífice ha querido transmitir ánimos, pero lo mas importante es recordar que Jesús siempre está con nosotros: “si en un momento de ceguera no logramos ver su presencia, lo lograremos en un futuro”.

Luchar en la oración para pedir la gracia
Al final de la Audiencia General, el Santo Padre ha puesto un ejemplo más, esta vez, basado en una experiencia que vivió bien de cerca cuando estaba en una diócesis la Argentina. Se trata de la historia de un matrimonio que tenía una hija de nueve años con una enfermedad que los médicos no sabían qué era y que diagnosticaron como incurable. Los médicos dijeron a los padres que a la pequeña le quedaban horas de vida. “Puede que el hombre no fuera a misa todos los domingos – ha dicho el Papa – pero tenía una gran fe”. Francisco continúa narrando que el padre de la niña, tras la noticia, tomó un tren e hizo un viaje de setenta kilómetros hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján, la Patrona de Argentina. Cuando llegó, la Basílica ya estaba cerrada, eran casi las diez de la noche, pero el hombre se aferró a las rejas de la Basílica y durante toda la noche rezó a la Virgen, luchando por la salud de su hija. “Esto no es una fantasía; ¡lo he visto! Lo he vivido” dice Francisco. Finalmente, a las seis de la mañana, se abrió la iglesia y entró a saludar a la Virgen y se fue a casa. “Estuvo toda la noche luchando”. Cuando llegó, vio a su mujer sonriendo y diciendo: «No sé qué ha pasado, los médicos dicen que ha cambiado así y que ya está curada». “Aquel hombre que luchaba con la oración tenía la gracia de la Virgen, la Virgen le escuchó. Y lo he visto: la oración hace milagros” ha puntualizado el Papa, recordando con este ejemplo la importancia de la lucha en la oración para pedir la gracia.

Memoria Litúrgica de la Santísima Virgen María de Fátima
Tras la catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los polacos, recordando que mañana se celebra la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María de Fátima. «Pongámonos con confianza -dijo Francisco- bajo su maternal protección, especialmente cuando encontremos dificultades en nuestra vida de oración».

Aniversario del atentado a San Juan Pablo II
Al saludar a los polacos, el Papa recordó que también mañana se cumple «el 40º aniversario del atentado a San Juan Pablo II». «Él mismo -dijo el Pontífice- subrayó con convicción que debía su vida a la Señora de Fátima. «Este acontecimiento nos hace conscientes de que nuestras vidas y la historia del mundo están en manos de Dios. Al Corazón Inmaculado de María confiamos la Iglesia, a nosotros mismos y al mundo entero. Pedimos en la oración por la paz, el fin de la pandemia, un espíritu de penitencia y nuestra conversión».

Mireia Bonilla

Audiencia General: “Déjense mirar por el amor infinito y paciente de Jesús»

“Tenemos la capacidad de ver el mundo con los ojos del corazón”, afirmó el Papa Francisco durante la Audiencia general de este 5 de mayo.

Ciudad del vaticano, 5 de mayo 2021.-El Papa Francisco en la catequesis de la Audiencia General de este 5 de mayo se refirió al tema de la oración de contemplación. Más que un método para rezar, la contemplación, afirmó, “es una íntima condición del ser humano que debemos descubrir. Somos contemplativos, tenemos la capacidad de ver el mundo con los ojos del corazón, que van más allá del simple examen de la realidad, mirando desde el amor y la fe”.

“Nuestra oración contemplativa nos pone delante de un Dios que nos mira con amor”, dijo Francisco, quien añadió: “La luz de esa mirada ilumina nuestro espíritu, le da ojos de misericordia para contemplar el mundo”.

Jesús, modelo de la oración contemplativa

Francisco subrayó que Jesús es el modelo de oración contemplativa: “El mismo Señor es modelo de esta oración, una oración que no se desentiende de la realidad y el sufrimiento, sino que, por el contrario, se acrecienta ante la inminencia de su Pasión”.

Seguir a Jesús en el camino del amor
“La llamada del Evangelio es seguir a Jesús en la vía del amor. Esto es el culmen de toda la vida cristiana. Caridad y contemplación son sinónimos, se refieren a la misma realidad”, dijo Francisco.

El Papa, subraya la unidad entre caridad y contemplación con una cita de San Juan de la Cruz, de quien dijo: “San Juan de la Cruz afirmaba que un pequeño acto de amor es más útil a la Iglesia que todas las demás acciones juntas. Un acto de amor, purificado en la oración para que no nazca de nuestra presunción y de nuestro egoísmo, es el mayor milagro que un cristiano pueda alcanzar”.

Invitación a los fieles
El Papa al saludar a los fieles de lengua española les dijo: “Los animo a que hagan una pausa para ir a la iglesia más cercana, a sentarse un rato delante del sagrario. Déjense mirar por el amor infinito y paciente de Jesús, que allí los espera, y contémplenlo con los ojos de la fe y del amor. Él les dirá muchas cosas al corazón”.

En este mes de mayo unirse a los fieles de todo el mundo con el rezo del Rosario
El Papa Francisco invitó a todos los fieles a ser parte de la Iglesia que reza el Rosario en todo el mundo:

Guiados por los Santuarios de todo el mundo, en este mes de mayo rezamos el Rosario para invocar el fin de la pandemia y la reanudación de las actividades sociales y laborales. Hoy, el Santuario de la Santísima Virgen del Rosario de Namyang, en Corea del Sur, dirige esta oración mariana. Nos unimos a los reunidos en este Santuario, rezando especialmente por los niños y adolescentes.

A los fieles de lengua italiana, el Papa les invita a unirse espiritualmente a la Súplica a la Virgen del Rosario que se celebrará el próximo sábado 8 de mayo a mediodía en el Santuario de Pompeya. A todos, y sobre todo a los ancianos, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa renueva su exhortación a rezar a María, «modelo de fe y testigo operante de la palabra de Cristo, para obtener el vigor cristiano en las opciones y dificultades de la vida».