Comece y Cec: oración, solidaridad y acción urgente por Afganistán

Una nota de los obispos europeos arroja luz sobre la difícil situación del país. La invitación es a dejar de lado la retórica y ofrecer esperanza y atención a los que tienen dificultades. En cuanto a la cuestión de los refugiados, los obispos piden la apertura de corredores humanitarios, pero también una profunda reflexión sobre el fracaso de la guerra.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- «Es hora de mostrar humanidad en medio de la crueldad a la que se enfrentan los afganos, de demostrar que los valores de la Unión Europea (UE) no son una retórica vacía, sino principios rectores prácticos que conducen a acciones basadas en normas éticas, más allá de las meras consideraciones políticas o económicas»: este es uno de los contundentes pasajes de la declaración conjunta hecha pública hoy, 2 de septiembre, por la Comece (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea) y la Cec (Conferencia de Iglesias Europeas). Firmada por sus respectivos presidentes, el cardenal Jean-Claude Hollerich y el reverendo Christian Krieger, la declaración reflexiona sobre la dramática situación en Kabul tras la vuelta al poder de los talibanes. De ahí el llamamiento «a la oración, la solidaridad y la acción urgente», especialmente para «proteger a los más vulnerables».

Trabajar por la paz
Las Iglesias europeas se declaran «profundamente conmocionadas» y «particularmente preocupadas» por el «sufrimiento y la impotencia» que experimenta la población afgana, especialmente la que aún no ha sido evacuada, y expresan su «profunda solidaridad con las mujeres, las niñas, los niños y las personas con discapacidad». Por ello, se pide a todas las partes que «trabajen incansablemente por la paz a través del diálogo y el respeto al Estado de Derecho y a los derechos humanos fundamentales de todos», mientras que se pide a la comunidad internacional que «proteja a las personas que están siendo oprimidas y cuyas vidas corren peligro». Entre ellos figuran «defensores de los derechos humanos, periodistas, artistas y miembros de minorías étnicas y sexuales, así como cristianos y otras comunidades religiosas». También se pide protección y seguridad para los trabajadores humanitarios.

Atención a los más vulnerables
Comece y la CEC recomiendan a la UE que sea cuidadosa a la hora de distribuir la ayuda, para que ésta llegue «de forma rápida y segura a la población afgana, especialmente a la más vulnerable, sin discriminaciones ni obstáculos administrativos innecesarios», gracias también a la labor de «las redes locales de confianza, incluidos los actores de la sociedad civil y de la Iglesia, que siguen presentes en el país y en la región, prestando servicios humanitarios y sociales esenciales». El pensamiento de las Iglesias europeas se dirige también a la «considerable afluencia de refugiados afganos» en los países vecinos y más allá: en esta perspectiva, se insta a la UE a «liderar los esfuerzos de solidaridad de la comunidad internacional para ayudar a los afganos que huyen de la violencia y el terror». En la práctica, se tratará de «crear corredores humanitarios para sacar a los refugiados de Afganistán» y garantizarles una residencia segura dentro de la propia Unión, poniendo así fin a las deportaciones. La declaración conjunta reitera que «no hay que confundir a los refugiados afganos con los emigrantes económicos». Por lo tanto, las decisiones sobre su estancia deberán tomarse sobre la base de «los valores fundamentales de la UE y el compromiso adquirido con el Convenio Europeo de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra».

El fracaso de la guerra
Al mismo tiempo, Comece y la CEC piden a la comunidad internacional «que reflexione profundamente sobre el fracaso de la guerra, extrayendo lecciones para las políticas exterior, de seguridad, comercial y de desarrollo». Para la UE, en particular, esto significará reorientarse hacia «la promoción de la seguridad y el desarrollo humano integral como objetivos estratégicos fundamentales» para un proyecto europeo que apunta «a la paz y la reconciliación». Condenando, por último, «el terrorismo en todas sus formas y expresiones», las Iglesias europeas piden a todos los fieles que recen por Afganistán, para que «encuentre la estabilidad y la paz, según el respeto de la dignidad humana de todos».

Isabella Piro (Vatican News)
Imagen: Pueblo afgano intentando salir del país.


El Papa a la Fundación Arché: “gracias por crear historias y rostros bonitos”

Los miembros de la Fundación italiana Arché junto a su fundador, el padre Giuseppe Bettoni, se reúnen con el Pontífice en la Sala Clementina del Vaticano.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- Pasado mañana la Fundación Arché inaugurará una casa en Roma que albergará una nueva comunidad. Ha sido este el motivo principal por el que el Papa se ha reunido con los miembros de dicha fundación esta mañana en la Sala Clementina del Vaticano. “Que sea un lugar donde se viva el estilo de Dios, que es cercanía, ternura y compasión. Y que la estructura esté siempre al servicio de las personas, no al revés” ha sido el deseo que el Santo Padre ha expresado a sus miembros, a la vez que daba sus agradecimientos por dicha obra, tanto por parte suya, como por parte de la diócesis de Roma.

Entre los agradecimientos, Francisco se ha dirigido al fundador, Don Giuseppe Bettoni, para elogiar su trabajo durante estos treinta años, desde que comenzó su compromiso de acoger a las madres con hijos: “Lo has llamado «Arché», que recuerda el origen, el principio, y sabemos que en el principio está el Amor, el amor de Dios. Todo lo que es vida, todo lo que es bello, bueno y verdadero viene de ahí, de Dios que es amor, como la vida humana viene del corazón y del vientre de una madre, y como Jesús, que es el Amor hecho carne, vino del corazón y del vientre de una madre” ha dicho el Papa.

Un signo de esperanza
“En esta lógica – ha continuado el Santo Padre – al principio están los rostros: para ustedes son los rostros de esas madres y niños que han acogido y ayudado a liberarse de las ataduras de la violencia y el maltrato. Incluso las mujeres migrantes que llevan en sus carnes experiencias dramáticas”. Es por ello que el Papa describe a las comunidades de acogida de la fundación como un signo de esperanza: “en primer lugar para estas mujeres y sus hijos, pero también son un signo de esperanza para vosotros mismos al compartir vuestras vidas con ellos; y para los voluntarios, los jóvenes, las parejas jóvenes que en estas comunidades experimentan el servicio no sólo para los pobres – una cosa muy buena – pero mas bueno es con los pobres”.

El icono de una Madre y un Niño
“El icono de la Madre y el Hijo es tan familiar para nosotros los cristianos, y para ustedes no se ha quedado sólo en una imagen bonita: la han traducido en una experiencia concreta, hecha de historias y rostros concretos” ha asegurado el Papa. De hecho – ha concluido – “esto significa ciertamente problemas, dificultades, penurias… Pero al mismo tiempo significa alegría, la alegría de ver que el compartir abre caminos de libertad, renacimiento y dignidad”.

Mireia Bonilla (Vatican News)
Imagen: El Papa con algunas madres y niños de la Fundación Arché
(Foto: Vatican Media)

El Papa: Pablo alerta sobre una religiosidad basada sólo en cumplir preceptos

Este primer día del mes de septiembre, el Papa Francisco celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI. “El apóstol dirige a los gálatas preguntas, en el intento de sacudir sus conciencias”, afirmó Francisco durante la catequesis.

Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre 2021.- El Papa Francisco continuó en la catequesis con “la explicación de la Carta de San Pablo a los Gálatas”. Relacionando las anteriores catequesis, el Obispo de Roma dijo: “En las catequesis precedentes hemos visto cómo el apóstol Pablo muestra a los primeros cristianos de Galacia el peligro de dejar el camino que han iniciado a recorrer acogiendo el Evangelio. De hecho, el riesgo es el de caer en el formalismo y renegar la nueva dignidad que han recibido”.

Interpela a los gálatas sobre sus elecciones
Francisco afirma que hoy se trata de reflexionar sobre la segunda parte de la Carta a los Gálatas. En la primera, Pablo “ha hablado de su vida y de su vocación: de cómo la gracia de Dios ha transformado su existencia, poniéndola completamente al servicio de la evangelización”. En este segundo momento, “interpela directamente a los Gálatas: les pone delante de las elecciones que han realizado y de su condición actual, que podría anular la experiencia de gracia vivida”.

El Pontífice subraya que esta interpelación no viene acompañada de expresiones corteses, sino de términos genéricos como: “gálatas” o “insensatos” y afirma:
Son insensatos porque no se dan cuenta que el peligro es el de perder el tesoro valioso, la belleza de la novedad de Cristo. La maravilla y la tristeza del Apóstol son evidentes. No sin amargura, él provoca a esos cristianos para recordar el primer anuncio realizado por él, con el cual les ha ofrecido la posibilidad de adquirir una libertad hasta ese momento inesperada.

Preguntas para sacudir conciencias
“El apóstol dirige a los gálatas preguntas, en el intento de sacudir sus conciencias”, éstas, indica el Papa son “interrogantes retóricos”, porque, los gálatas saben que “la palabra que habían escuchado de Pablo se concentraba sobre el amor de Dios, manifestándose plenamente en la muerte y resurrección de Jesús”.

“El intento de Pablo, afirma Francisco, es poner en un aprieto a los cristianos para que se den cuenta de lo que hay en juego y no se dejen encantar por la voz de las sirenas que quieren llevarlos a una religiosidad basada únicamente en la observancia escrupulosa de preceptos”.

Los Gálatas habían hecho la experiencia de la acción del Espíritu Santo
“Al comienzo de su llegada a la fe, estaba la iniciativa de Dios, no de los hombres. El Espíritu Santo había sido el protagonista de su experiencia; ponerlo ahora en segundo plano para dar la primacía a las propias obras sería de insensatos. La santidad viene del Espíritu Santo y es la gratuidad de la redención de Jesús: esto nos justifica”, subraya Francisco.

¿Y nosotros, cómo vivimos la fe?
“San Pablo nos invita también a nosotros a reflexionar sobre cómo vivimos la fe”, insiste el Papa y nos cuestiona:
¿El amor de Cristo crucificado y resucitado permanece en el centro de nuestra vida cotidiana como fuente de salvación, o nos conformamos con alguna formalidad religiosa para tener la conciencia tranquila? ¿Estamos apegados al tesoro valioso, a la belleza de la novedad de Cristo, o preferimos algo que en el momento nos atrae, pero después nos deja un vacío dentro?

Seguidamente, Francisco insiste sobre este punto: “Lo efímero llama a menudo a la puerta de nuestras jornadas, pero es una triste ilusión, que nos hace caer en la superficialidad e impide discernir sobre qué vale la pena vivir realmente”.
El Papa finaliza su alocución subrayando que “no obstante todas las dificultades que nosotros podemos poner a sus acciones, Dios no nos abandona, sino que permanece con nosotros con su amor misericordioso. Pidamos la sabiduría de darnos cuenta siempre de esta realidad”.

Grave crisis planetaria, Francisco a los cristianos: trabajemos por la casa común

En la audiencia general en el Aula Pablo VI, el primero de septiembre, el Papa recordó que hoy comienza el Tiempo de la Creación 2021 y anunció un Mensaje preparado con el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre 2021.- En estos tiempos de «grave crisis planetaria», el Tiempo de la Creación que comienza hoy con la Jornada Mundial de Oración por la Creación es una oportunidad para que los cristianos de «diferentes confesiones» recen y trabajen «por nuestra casa común». Con esta reflexión en la audiencia general en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco recuerda el tradicional momento ecuménico que cada año nos exhorta a renovar nuestra relación con Dios y con todo lo que nos rodea, anunciando un próximo mensaje preparado con el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo de Canterbury Justin Welby.

Hoy celebramos la Jornada Mundial de Oración por la Creación: es el comienzo del Tiempo de la Creación que terminará el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís. Este año el tema es: «¿Un hogar para todos? Renovando el Oikos de Dios». Con el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo de Canterbury Justin Welby hemos preparado un Mensaje que saldrá en los próximos días. Junto con nuestros hermanos y hermanas de diferentes denominaciones cristianas estamos rezando y trabajando por nuestra casa común en estos tiempos de grave crisis planetaria.

Una delegación de un centenar de personas del Movimiento Laudato si’ estuvo presente en la audiencia general, precisamente para celebrar el inicio del Tiempo de la Creación, cuyo símbolo este año es la Tienda de Abraham, que pretende representar el compromiso de salvaguardar un lugar para todos los que comparten la casa común. Con una referencia a Abraham y al Libro del Génesis, la invitación del Movimiento nacido en 2015 es a colocar una tienda de campaña en los jardines como signo de hospitalidad para los excluidos, orando con y por los más vulnerables de cada comunidad, en el signo de un compromiso para crear un hogar para todos.

El testimonio
Entre los presentes en el Aula Pablo VI estaba Daniela Manna, animadora de Laudato si’ y animadora comunitaria del Proyecto Policoro de la CEI para la diócesis de Lungro, una de las comisarias de la tienda ofrecida a Francisco. En Civita, en la provincia de Cosenza, dirige talleres de reciclaje creativo para jóvenes y personas con capacidades diferentes, encuentros temáticos sobre medio ambiente, salud y personas vulnerables.

Escuchar al Pontífice, dijo a Vatican News, fue una «gran emoción» porque, «de hecho sus palabras abrieron el Tiempo de la Creación». «Al final de la audiencia, un niño de nuestra grupo Laudato si’ entregó al Papa nuestra pequeña tienda, presentándola como nuestra ‘casa común’ y Francisco dio su bendición».

Restituir la hospitalidad
Daniela destaca que en la comunidad de Civita, «simplemente se ofrece hospitalidad».

Nosotros los Arbëreshë -afirma- llegamos a Italia a finales del 1.400; éramos un pueblo que escapaba y necesitábamos ser acogidos. Fuimos recibidos y ahora restituimos esa hospitalidad no sólo a los muchos turistas que vienen a Calabria, sino también a los migrantes y a los vulnerables, por lo que somos muy activos en el ámbito social».

Las mujeres que han colaborado en la confección de la tienda donada al Papa en el plazo de una semana, son casi todas solicitantes de asilo alojadas en el segundo centro de acogida de Civita. «Les ayudamos en su vida diaria, si tienen dificultades estamos a su lado, cualquier pregunta que nos hagan intentamos responderla», desde un viaje en coche hasta un problema de salud.

Mayor atención al territorio
El Papa ha instado a los cristianos a rezar y trabajar por la casa común, un llamamiento que para Daniela significa también prestar mayor atención al territorio. «Frente a los peligros de la explotación, observa, «intentamos que sea lo más natural posible, fomentando el reciclaje, la recogida selectiva de basuras» y, sobre todo, «apostamos por la educación de los niños, ellos son la futura generación que realmente puede hacer más». Daniela acaba de regresar del Camino Laudato si’ organizado por el Proyecto Policoro, unos 150 km a pie en Lucania, Italia.

«Fue una experiencia físicamente exigente, pero fue enriquecedora a nivel humano, incluso con gente que no conocía: juntos nos encontramos viviendo la Creación, en una conexión entre nosotros y lo que nos rodea», concluye.

Giada Aquilino (Vatican News)

Economía de Francisco: «Poner las finanzas al servicio del bien común»

¿Cómo podemos transformar la economía para que sea un instrumento de encuentro, una herramienta de desarrollo y una generadora de oportunidades? Esta es una de las cuestiones que se plantea el movimiento Economía de Francisco integrado por jóvenes de varios países que ponen sus conocimientos e ideas al servicio de un sistema económico más justo y sostenible, tal y como lo pide el Papa Francisco. Vatican News conversó con Agustina Brizuela, politóloga de 26 años y miembro de esta comunidad.

Ciudad del Vaticano, 1 de septiemb re 2021.- Trabajar juntos para sentar las bases de un sistema económico mundial que promueva la inclusión y el desarrollo integral, en lugar de aumentar la brecha de desigualdad entre ricos y pobres, es uno de los valores que promueve el movimiento The Economy of Francesco (en español Economía de Francisco) integrado por jóvenes de varios países que ponen sus conocimientos e ideas al servicio de una economía más justa y sostenible, tal y como lo pide el Papa Francisco.

Y precisamente, del 29 de agosto al 4 de septiembre, se está llevando a cabo en la ciudad italiana de Gubbio la «Escuela de verano» organizada por Economía de Francisco: un evento internacional en el que participan unas 35 personas procedentes de 14 países.

Finanzas y humanidad
Para conocer mejor cuáles son las motivaciones que impulsan la labor de este movimiento, Vatican News habló con Agustina Brizuela, una joven politóloga de 26 años que vive en Buenos Aires, Argentina; trabaja en políticas públicas de innovación digital y forma parte de la comunidad Economía de Francisco desde inicios del año 2020.

«Actualmente me ocupo de coordinar el grupo llamado Finance and Humanity (Finanzas y humanidad) en el que participan varios economistas profesionales y líderes de cambio de todo el mundo», explica Agustina, subrayando que el objetivo es promover varios proyectos, «tanto de intervención social como académicos, para poner las finanzas al servicio del bien común».

La joven argentina es también miembro de la Academia de Economía de Francisco, ya que es estudiante de un Doctorado en Ciencias políticas en el que ha presentado un proyecto de investigación para estudiar cómo las políticas de inclusión digital pueden fomentar relaciones fraternas e inclusivas entre las personas.

Transformar la economía: «ganar con el otro»
Asimismo, Agustina Brizuela hace hincapié en que los valores que caracterizan a esta comunidad de jóvenes que buscan «dar un alma a la economía del mañana», son el encuentro, el cuidado y la fraternidad:
“Desde este punto nos detenemos a analizar la economía de hoy para buscar transformarla en una economía donde no haya que ganarle al otro, sino que se pueda ganar con el otro. Una economía donde el cuidado de la casa común y de los demás sea fundamental”

Todos construimos el sistema económico cada día
Y de ahí surge -continúa argumentando nuestra entrevistada- una pregunta que todos deberíamos plantearnos: ¿Cómo podemos transformar la economía para que sea un instrumento de encuentro, una herramienta de desarrollo y una generadora de oportunidades?
La respuesta es muy compleja y amplia -añade la politóloga argentina- porque podemos pensar en distintos tipos de posibilidades: vincularnos con los espacios de decisión política, hacer presión ante los grandes decisores como lo son las grandes multinacionales y los Estados, o buscar el cambio cultural y la educación con respecto a estos temas. Pero más allá de todas estas tareas hay algo que es esencial: nuestra propia capacidad de agencia a partir de los pequeños lugares que ocupamos en este sistema económico, porque todos nosotros construimos, de alguna forma, la economía».

«Todos somos parte de ella -concluye Agustina- y por tanto, podemos cambiarla a partir de los pequeños roles que ocupamos cada día como productores, consumidores, empleadores y trabajadores».

Sofía Lobos (Vatican News)

Parolin en Eslovenia: construyamos Europa sobre la verdad, la justicia y el amor

Ayer por la tarde, en la ciudad eslovena de Brezje, el cardenal secretario de Estado celebró una misa en el 30º aniversario de la independencia del país y a los 25 años de la visita de San Juan Pablo II. Su homilía se centró en la importancia de dar a Europa y al mundo un fundamento sólido, el de la Palabra de Dios, que es amor con todos los frutos que de él se derivan.

Ciudad del Vaticano, 1 DE SEPTIEMBRE 2021.- Un momento espiritual para confiar Eslovenia y a todos sus habitantes a Dios, especialmente los que sufren en cuerpo y espíritu, pero también a toda Europa. Este fue el tema de la misa celebrada ayer por la tarde en el santuario mariano de Brezje, en la región eslovena de la Alta Carniola, con motivo del 30º aniversario de la independencia nacional y del 25º aniversario de la visita de San Juan Pablo II, que en aquella ocasión confió el país a la Madre de Dios. La celebración estuvo presidida por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, que en su homilía entrelazó estos dos acontecimientos, deteniéndose en el valor de la patria y en su fundamento más estable e importante, que es la roca de la Palabra de Dios, hecha de verdad, justicia, libertad y amor.
La independencia, una nueva página de la historia nacional

Es cierto que nuestra patria está en el cielo -afirma el Cardenal-, pero las realidades terrenales son para nosotros auténticos valores, aunque no sean los únicos ni los más altos. Y el de una patria libre y democrática, basada en la justicia, el respeto y la fraternidad y el amor solidario es un valor sumamente grande, porque está directamente vinculado a la dignidad humana. Por otro lado», continúa explicando, «un entorno social pacífico y seguro dentro de cada país también está garantizado en la medida en que lo esté el contexto internacional que lo rodea». Así pues, paz y justicia, son los valores que estuvieron en la base del nacimiento de Eslovenia como país independiente hace treinta años, una «nueva situación» para la historia nacional que San Juan Pablo II en su visita unos años más tarde, saludó con favor, reafirmando con fuerza «el derecho de los pueblos a la autodeterminación» y animando al pueblo a «buscar en las virtudes más firmes y en la fe cristiana la fuerza para construir juntos su futuro».
La Palabra de Dios, escuchada y puesta en práctica, es nuestra roca

Este futuro es hoy una realidad que ha dado muchos pasos: de hecho, el cardenal recuerda la entrada de Eslovenia en 2004 en la Unión Europea, de la que ocupa la presidencia en este semestre, y menciona el encuentro de Bled, dedicado precisamente al futuro de Europa, que se celebra en estos días. Al igual que en el momento de su nacimiento entre fundadores cristianos «convencidos de la necesidad de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia» para que la humanidad tenga lo que necesita, también hoy, en palabras del cardenal secretario de Estado, una Europa unida necesita redescubrir el valor fundacional que le garantice poder «resistir» como una «casa sobre la roca». Esto es lo que la Iglesia en estos siglos no ha dejado de proponer, es el mensaje de Jesús: «la estabilidad del hombre y de la sociedad -dice- en sus diversas y necesarias articulaciones, debe basarse en la Palabra de Dios, escuchada y puesta en práctica».

San Juan XXIII, en su Encíclica Pacem in Terris, recuerda también los sólidos cimientos sobre los que construir nuestra casa: la verdad, la justicia, la libertad y el amor. Son -subraya el cardenal Parolin- las rocas de granito que permiten que nuestra casa no se derrumbe. Así pues, la invitación que Jesús nos dirige en el Evangelio se convierte para nosotros aquí reunidos, cada uno según su vocación y responsabilidad, en un compromiso para construir cada vez más, 30 años después de la independencia, una Europa y una comunidad internacional unidas sobre la roca de la Palabra de Dios, es decir, sobre los fundamentos de la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

La verdad, la justicia y la libertad son frutos del amor
Por lo tanto, la verdad que hay que desenmascarar allí donde se manipula, se oculta y se niega; la libertad de toda forma de esclavitud y opresión que mortifica la dignidad humana, pero también la «libertad de hacer el bien» y no el interés propio, y la «libertad religiosa», corazón de todo derecho humano:

La tutela que la Iglesia pide para ella es, por tanto, la protección del bien íntimo de la persona que, en diálogo con su Creador, encuentra las razones del ser, comprende los vínculos que la unen al cosmos y a la historia, y se hace éticamente responsable de su propia realización y de la de los demás, desplegando todas sus potencialidades. Esta tutela, cuando es reconocida y garantizada por los sistemas jurídicos estatales, «es también un indicador de una democracia sana y una de las principales fuentes de legitimidad del Estado».

Por lo tanto, la libertad apunta al amor y el primer paso del amor -recuerda el cardenal Parolin- es la justicia, otro pilar sobre el que debe fundarse «nuestra casa». La justicia es una garantía de derechos para todos, pero que el amor supera como «acto gratuito». Si las leyes regulan, pues, los derechos y los deberes, «el amor, siguiendo el modelo de Cristo, nos lleva a ofrecernos sin cálculo ni ganancia». «El amor es más exigente que el deber, pero es más suave; no se alimenta del miedo, sino de la confianza». Este amor, fruto de la verdad, la libertad y la justicia – concluye Parolin – es lo que pedimos para toda Eslovenia, Europa y el mundo.

Gabriella Ceraso (Vatican News)
Imagen: La misa presidida por el cardenal Pietro Parolin en Eslovenia,
con ocasión del 30 aniversario de la independencia del país.

El Papa, en la COPE, tras su operación: “Ni se me pasó por la cabeza renunciar”

Francisco es entrevistado por Carlos Herrera en Radio COPE. Por primera vez habla de su intervención médica y también de Afghanistan, China, eutanasia, reforma de la Curia.

Bueno, le debo preguntar en primer lugar, Santo Padre, ¿cómo se encuentra?
Todavía vivo. [Risas]

Su operación reciente, que fue una operación de envergadura, nos dejó una cierta preocupación…
Y sí, estas cosas que nacen de los divertículos… y qué sé yo… por ahí se deforman, se necrosan… pero gracias a Dios fue tomada a tiempo, y ya me ve.

Tengo entendido, además, que la acción de un enfermero fue la que le señaló, la que le alertó en primer lugar.
¡Me salvó la vida! Me dijo: “Usted tiene que operarse”. Había otras opiniones: “No, que con antibiótico…” y él me explicó muy bien. Es enfermero de acá, del servicio sanitario nuestro, del hospital del Vaticano. Hace treinta años que está aquí, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida.

¿Cuándo fue la primera?
La primera vez fue en el año 57, cuando pensaban que era una gripe, una epidemia de esas de gripe en el seminario, y me curaba el enfermero del seminario con aspirina. Y para los otros iba bien, pero conmigo no andaba y me llevaron al hospital, y me sacaron agua del pulmón. El médico dijo, no me acuerdo cuánto, digamos un millón de unidades de penicilina y tantas de estreptomicina –eran los únicos antibióticos de la época—y, cuando se fue, la enfermera dijo: “El doble”.

¿Y eso le salvó?
Sí. Porque si no, no hubiera…

Uno de los… no diré de los secretos mejor guardados del Vaticano, pero una de las cuestiones que tradicionalmente más interesa es la salud del Papa.
Sí, evidentemente.

No ha habido ninguna sorpresa, estaba todo programado…
Estaba todo programado y se avisó… Después del Ángelus me fui directamente, eso sería casi a la una, y se avisó a las 15.30h, cuando ya estaba en los preliminares.

Usted ha dicho, Santidad, que “mala hierba nunca muere”…
Así es, así es, y eso vale para mí también, vale para todos.

¿Los médicos [sic] le han prohibido algo, hay algún ultimátum? ¿Hay algo que Su Santidad no pueda hacer y a lo que no esté dispuesto?
No entiendo.

¿Algo le han prohibido los médicos?
PF: ¡Ah, los médicos! Perdón, le había entendido “los medios”.

[Risas] Bueno, los medios ya sabe que también tienen tentaciones. Pero los médicos en este caso.
Ahora puedo comer de todo, cosa que antes con los divertículos no se podía. Puedo comer de todo. Todavía tengo las medicinas posoperatorias, porque el cerebro tiene que registrar que tiene 33 centímetros menos de intestino. Y todo me lo maneja el cerebro, el cerebro maneja todo nuestro cuerpo, y le lleva tiempo registrarlo. Pero vida normal, llevo una vida totalmente normal.

Come lo que quiere…
Lo que quiero.

Camina, hace esfuerzo…
Hoy toda la mañana en audiencias, toda la mañana.

Ahora se va a un viaje a Eslovaquia y a Hungría. Tengo entendido que es el 34º viaje de su Pontificado.
No me acuerdo bien del número, pero debe de ser.

¿El programa va a ser igual de intenso? Yo creo que a los papas, Santidad, les hacen hacer una auténtica yincana. Yo siempre me he preguntado por qué los papas no van dos días más y reparten el trabajo en dos días más, porque son de las 24 horas 18 aproximadamente haciendo cosas. ¿Va a tener que medir más sus fuerzas después de la operación o no?
Quizás en este primer viaje un poco más, porque uno tiene que reponerse del todo, ¿no?, pero al final va a ser igual que los otros, ya lo va a ver. [Ríe]

¿Teme Su Santidad que una de las cosas más insistentes con las que los medios, esencialmente italianos, le distinguen a usted, Santo Padre, es que cuando se pone en duda la salud del Papa muchos piensan o insisten en el viejo argumento de la renuncia, el me voy a casa, no puedo más…? Es una constante permanente, yo creo, en su vida como Papa, ¿no?
Sí, incluso me dijeron que la semana pasada estuvo de moda eso. Eva [Fernández] me dijo eso, incluso me lo dijo con una expresión argentina muy linda, y yo le dije que no tenía idea porque yo leo un solo diario acá en la mañana, el diario de Roma. Lo leo porque me gusta el modo de titular que tiene, lo leo rápido y punto, no entro en el juego. Televisión no veo. Y recibo, sí, el informe más o menos de las noticias del día, pero de eso me enteré mucho después, algunos días después, que había una cosa de que yo renunciaba. Siempre que un Papa está enfermo corre brisa o huracán de cónclave. [Risas].

¿Cómo ha sido el confinamiento del Papa? El tiempo en el que hemos estado confinados en casa. ¿Qué ha hecho el Papa durante el confinamiento?
Primero aguantarme a mí mismo, ¿no?, que no es fácil. Es una ciencia que todavía tengo que terminar de aprender. Es difícil aguantarse a sí mismo.

Lleva mucha costumbre, lleva muchos años…
Sí, pero es difícil. Uno a veces es caprichoso consigo mismo, y quiere que las cosas salgan en automático. Después empecé a retomar las cosas de a poco y, hoy día, estoy llevando vida normal. Esta mañana, toda la mañana de audiencias; hoy es la segunda audiencia de la tarde (empecé a las 15.30h) y sigo adelante.

Aunque la meta de su próximo viaje es a Eslovaquia, muchos van a estar pendientes de su encuentro con el primer ministro de Hungría, Víctor Orban, con quien no comparte algunos puntos de su programa de gobierno, especialmente lo relativo al cierre de fronteras. ¿Qué le gustaría decirle si tuviese la ocasión de encontrarse con él a solas?
Yo no sé si me voy a encontrar con él. Sé que autoridades van a venir a saludarme. Yo no voy al centro de Budapest, sino al lugar del Congreso [Eucarístico], y hay un salón donde me reuniré con los obispos y ahí recibiré a las autoridades que vengan. No sé quién vendrá. Al presidente lo conozco porque estuvo en la misa en Transilvania, esa parte de Rumanía donde se habla en húngaro, una misa preciosa en húngaro, y vino con un ministro. Creo que no era Orban… porque al final de la misa se saluda formalmente… yo no sé quién vendrá…

Y una de las cosas que yo tengo es no andar con libreto: cuando estoy delante de una persona la miro a los ojos y dejo que salgan las cosas. Ni se me ocurre pensar en qué le voy a decir en el caso de estar con él, son una serie de futuribles que a mí no me ayudan. Me gusta lo concreto; lo futurible te enreda, te hace mal.

El nuevo mapa político que afronta Afganistán, Su Santidad lo sigue de cerca. Se ha dejado a su suerte al país tras muchos años de ocupación militar. ¿El Vaticano puede mover hilos diplomáticos para intentar que no haya represalias contra la población, para tantas otras cosas?
Sí. Y, de hecho, estoy seguro de que la Secretaría de Estado lo está haciendo porque el nivel diplomático del Secretario de Estado es muy alto y el de su equipo, también el de Relaciones con las Naciones. Realmente el cardenal Parolin es el mejor diplomático que yo he conocido. Diplomático que suma, no de esos que restan, que siempre busca, un hombre de acuerdo. Estoy seguro que está ayudando o al menos ofreciéndose. Es una situación difícil. Yo creo que como pastor debo llamar a los cristianos a una oración especial en este momento. Es verdad que vivimos en un mundo de guerras, (piense en Yemen, por ejemplo). Pero esto es algo muy especial, tiene otro significado. Y yo voy a tratar de pedir lo que pide siempre la Iglesia en los momentos de mayor dificultad y de crisis: más oración y ayuno. Oración, penitencia y ayuno, que es lo que en los momentos de crisis se pide. Y respecto al hecho de 20 años de ocupación y después se deja, yo recordé otros hechos históricos, pero me tocó una cosa que dijo la canciller Merkel, que es una de las grandes figuras de la política mundial, en Moscú, el pasado 20 [de agosto]. Traduzco. Espero que la traducción sea correcta: “Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera y de construir en otros países la democracia, ignorando las tradiciones de los pueblos”. Lapidaria. Creo que esto dice mucho, que cada uno lo interprete. Pero ahí me sentí con una sabiduría delante de esto que dijo esta mujer.

El hecho de que Occidente renuncie, fundamentalmente la coalición que encabeza EE.UU. y la propia UE… ¿al Santo Padre le desalienta o cree que es el camino adecuado? ¿Hay que dejarles a su suerte?
Son tres cosas distintas. El hecho de renunciar es lícito. El eco que tiene en mí es otra cosa. Y lo tercero, usted dijo “dejarlos a su suerte”; yo diría el modo de cómo renunciar, el modo en cómo se negocia una salida, ¿no es cierto? Por lo que se ve, aquí no se tuvieron en cuenta –parece, no quiero juzgar–, todas las eventualidades. No sé si habrá una revisión o no, pero ciertamente hubo mucho engaño de parte quizás de las nuevas autoridades. Digo engaño o mucha ingenuidad, no entiendo. Pero yo aquí vería el modo. Y esto de la señora Merkel creo que subraya.

El Papa yo me imagino que se puede permitir desengaños como cualquier cristiano. ¿Cuál ha sido el mayor desengaño como Santo Padre que ha tenido, Santidad?
Tuve varios. Tuve varios desengaños en la vida y eso es bueno porque los desengaños te hacen aterrizar de emergencia. Son aterrizajes de emergencia en la vida. Y el asunto está en levantarse. Hay una canción alpina que a mí me dice mucho: “En el arte de ascender lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído’. Y vos, delante de un desengaño, tenés dos caminos: o te quedas ahí diciendo que esto no va –como dice el tango: “Dale que va, que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar”– o me levanto y apuesto de nuevo. Y creo que delante de una guerra, delante de una derrota, hasta de un desengaño propio o un fracaso propio o el propio pecado, hay que levantarse y no permanecer caído.

El diablo siempre se dice que está encantado de que la gente crea que no existe. ¿El diablo también corretea por el Vaticano?
[Ríe] El diablo corretea por todos los lados, pero yo a quien le tengo más miedo son a los diablos educados. Esos que te tocan el timbre, que te piden permiso, que entran en tu casa, que se hacen amigos…

¿Pero Jesús nunca habló de eso?
¡Sí que habló! Sí que habló. Cuando dice esto: cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, cuando alguien se convierte o cambia de vida, va y empieza a dar vueltas por ahí, en lugares áridos, se aburre… y después de un tiempo dice “voy a volver para ver cómo está aquello”, y ve la casa toda ordenada, toda cambiada. Entonces busca a siete peores que él y entra con otra actitud. Por eso digo que son los diablos educados, los que tocan el timbre. La ingenuidad de esta persona lo deja entrar y el fin de ese hombre es peor que el principio, dice el Señor. Tengo pavor a los diablos educados. Son los peores, y uno se engaña mucho. Uno se engaña mucho.

En marzo se van a cumplir nueve años del inicio de su Pontificado, que no ha sido aquel pontificado breve de 4-5 años que dijo Su Santidad. ¿Se encuentra satisfecho de los cambios emprendidos o le queda alguna cosa pendiente que quisiera rematar de forma inminente? Es decir, ¿tiene la sensación de que Dios le ha dado un tiempo extra por algo?
Evidentemente que a mí el nombramiento me agarró por sorpresa porque vine con una valijita. Porque yo acá tenía la sotana. Me habían regalado una cuando me hicieron cardenal y la dejé en casa de unas monjas para no tener que… Yo pertenecía a cinco o seis congregaciones acá y entonces tenía que viajar, para no venir con eso… Vine como siempre. Y dejé preparadas las homilías de la Semana Santa allá en el obispado. Es decir, me agarró por sorpresa. Pero no hay nada mío inventado, lo que hice desde el principio es procurar poner en marcha lo que los cardenales dijimos en las reuniones precónclave para el próximo Papa: el próximo Papa tiene que hacer esto, esto, esto, esto. Y esto es lo que yo empecé a poner en marcha. Creo que quedan varias cosas por hacer todavía, pero no hay nada inventado por mí. Yo estoy obedeciendo a lo que se marcó en aquel momento. Quizás algunos no se daban cuenta de lo que estaban diciendo o pensaban que no era tan grave, pero algunos temas provocan escozor, es verdad. Pero no hay una originalidad mía en el plan. Y mi proyecto de trabajo, ‘Evangelii Gaudium’, es una cosa en la que traté de resumir lo que los cardenales dijimos en ese momento.

Es decir, cuando salió usted de Buenos Aires, ¿en ningún momento contempló la posibilidad de que no iba a volver?
No, para nada. Para nada. Si tuve que atrasar cosas para allá esenciales. Por la edad mismo no se me ocurrió. Cuando no se te ocurren cosas, no más. Pero yo lo único que hice fue tratar de resumir todo; pedí las actas de esas reuniones –en que yo estaba presente, pero para no olvidarme– y poner en marcha eso.

Uno de los últimos terremotos en el Vaticano, al menos en los medios, es el macroproceso por corrupción en el que está imputado el cardenal Becciu. Él asegura que va a quedar demostrada su inocencia. Desde fuera da la impresión de que la reforma de las finanzas vaticanas es como ese caracol que trepa por el pozo y cada vez que avanza un metro retrocede dos. ¿Hay esperanza? ¿Cómo cree que acabará este asunto? En todos los organismos la corrupción es un pecado inherente, inevitable, pero ¿en qué manera puede ser evitable dentro del Vaticano?
Hay que poner todos los medios para evitarlo, pero es una historia vieja. Mirando hacia atrás, tenemos la historia de Marcinkus, que la recordamos bien; la historia de Danzi, la historia de Szoka…Es una enfermedad en la que se recae. Creo que hoy día se ha progresado en la consolidación de la justicia del Estado Vaticano. Desde hace tres años se fue avanzando de tal manera que la justicia fuera más independiente, con los medios técnicos, incluso con declaración de testigos grabados, las cosas técnicas actuales, nombramientos de jueces nuevos, del ministerio público nuevo… y esto fue llevando adelante las cosas. Y ayudó. La estructura ayudó a enfrentar esta situación que parecía que no iba a existir nunca. Y todo empezó con dos denuncias de personas que trabajan en el Vaticano y que en sus funciones vieron una irregularidad. Hicieron una denuncia y me preguntaron qué se hace. Yo les dije: si quieren ir adelante tienen que presentarlo al fiscal. Era un poco desafiante la cosa, pero eran dos personas de bien, estaban un poco acobardadas y entonces como para darles ánimos metí mi firma debajo de la de ellos. Para decir: este es el camino, no le tengo miedo a la transparencia ni a la verdad. A veces duele, y mucho, pero la verdad es lo que nos hace libres. Así que esto fue simplemente. Ahora, que de aquí a algunos años aparezca otro… Esperemos que estos pasos que estamos dando en la justicia vaticana ayuden a que cada vez menos sucedan estos hechos que… Sí, usted usó la palabra corrupción y en este caso obviamente que, al menos en la primera vista, parece que la hay.

¿Qué teme más, que [Becciu] sea declarado culpable o inocente, habida cuenta que usted mismo dio permiso para llevarle a juicio?
Él va a juicio según la legislación vaticana. En una época, los jueces de los cardenales no eran los jueces de Estado como hoy día sino el jefe del Estado. Yo quiero de todo corazón que sea inocente. Además, fue un colaborador mío y me ayudó mucho. Es una persona a la que tengo cierta estima como persona, o sea que mi deseo es que salga bien. Pero es una manera afectiva de la presunción de inocencia, vamos. Además de la presunción de inocencia, tengo ganas de que salga bien. Ahora, la justicia es la que va a decidir.

No sé si el Papa Francisco es muy de dar un puñetazo con fuerza encima en la mesa. ¿Quizá el último golpe sobre la mesa ha sido el documento pontificio en el que se limita la celebración de las ‘misas tridentinas’? Y le pido además que le explique a mi audiencia qué es la ‘misa tridentina’, qué tiene la misa tridentina que no sea preceptiva.
Yo no soy de dar golpes sobre la mesa, no me sale. Más bien soy tímido. La historia de ‘Traditionis custodes’ es larga. Cuando primero San Juan Pablo II –y después Benedicto ya más claramente con ‘Summorum Pontificum’–, hizo esta posibilidad de que se pudiera celebrar con el misal de Juan XXIII (anterior al de Pablo VI, que es el postconciliar) para aquellos que no se sentían bien con la liturgia actual, que tenían una cierta nostalgia… me pareció de las cosas pastorales más bellas y humanas de Benedicto XVI, que es un hombre de una humanidad exquisita. Y así empezó. Ese fue el motivo. A los tres años él decía que había que hacer una evaluación. Se hizo una evaluación y parecía que todo andaba bien. Y andaba bien. De esa evaluación a ahora pasaron diez años (o sea, trece desde la promulgación) y el año pasado vimos con los responsables del Culto y de la Doctrina de la Fe que convenía hacer otra evaluación a todos los obispos del mundo. Y se hizo. Llevó todo el año. Después se estudió la cosa y, en base a eso, la inquietud que más aparecía era que una cosa hecha para ayudar pastoralmente a quienes han vivido una experiencia anterior, se fuera transformando en ideología. O sea, una cosa pastoral a ideología. Entonces había que reaccionar con normas claras. Normas claras que pusieran un límite a aquellos que no habían vivido esa experiencia. Porque parecía que estaba de moda en algunos lados que sacerdotes jóvenes “ah, no, yo quiero…” y por ahí no saben latín, no saben lo que dice. Y por otro lado, apoyar y consolidar lo de ‘Summorum Pontificum’. Hice más o menos el esquema, lo hice estudiar y trabajé, y trabajé mucho, con gente tradicionalista de buen sentido. Y salió ese cuidado pastoral que hay que tener, con algunos límites pero buenos. Por ejemplo, que la proclamación de la Palabra sea en un idioma que todos lo entiendan; si no, es reírse de la Palabra de Dios. Pequeñas cositas. Pero sí, el límite es muy claro. Después de este motu proprio, un sacerdote que quiera celebrar no está en las condiciones de los otros –que era por nostalgia, por deseo, etc– y ahí sí tiene que pedir permiso a Roma. Una especie de permiso de bi-ritualismo, que solamente lo da Roma. [Como] un sacerdote que celebra en rito oriental y rito latino, es bi-ritual pero con permiso de Roma. O sea, hasta el día de hoy, los anteriores siguen pero un poco ordenados. Más aún, pidiendo que haya un sacerdote que esté encargado no solamente de la liturgia sino de la vida espiritual de esa comunidad. Si usted lee bien la carta y lee bien el decreto, va a ver que simplemente es reordenar constructivamente, con cuidado pastoral y evitar un exceso a quienes no están…

¿Le quita el sueño a Su Santidad el camino sinodal que ha iniciado la Iglesia Católica Alemana?
Sobre eso, yo me permití mandar una carta. Una carta que la hice yo solo en castellano. Un mes me llevó hacer eso, entre rezar y pensar. Y se la mandé en su momento: original en castellano y traducción al alemán. Y ahí expreso todo lo que siento sobre el sínodo alemán. Ahí está todo.

No es una protesta nueva la del sínodo alemán… se repite la historia…
Sí, pero no me pondría tampoco demasiado trágico. En muchos obispos con los que hablé no hay mala voluntad. Es un deseo pastoral, pero que por ahí no tiene en cuenta algunas cosas que yo explico en la carta que hay que tener en cuenta.

Hay cosas que están instaladas en el imaginario popular. Una de ellas, de la que más se habla, es de la crisis del teatro. Su Santidad sabe que el teatro está en crisis desde que Su Santidad y yo habíamos nacido. Otra de las cosas es la reforma de la curia. Permanentemente se dice “hay que reformar la curia”, pero la curia parece irreformable. Es como una selva espinosa en la que es imposible entrar, o eso se dice desde fuera. ¿Sigue soñando el Papa con una Iglesia muy distinta de la que ve ahora?
Bueno, si usted ve desde el principio que se empezó a poner en marcha lo que dijeron los cardenales en el precónclave hasta ahora, la reforma está andando paso a paso y bien. El primer documento que marca la línea, tratando de reasumir lo de los cardenales, es ‘Evangelii Gaudium’. Que ahí hay un problema en ‘Evangelii Gaudium’ que yo lo quisiera señalar, que es el problema de la predicación. Someter a los fieles a largas clases de teología, de filosofía o de moralismo, que no es la predicación cristiana. Ahí en la ‘Evangelii Gaudium’ pido una reforma seria de la predicación. Algunos hacen, otros no entienden… Por poner un punto, ¿no? Pero ‘Evangelii Gaudium’ trata de resumir en general como actitudes lo de los cardenales en el precónclave. Y respecto a la constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’ que se está trabajando en esto, y el último paso es que yo la lea –debo leerla porque la tengo que firmar y la tengo que leer palabra por palabra–, no va a tener nada de nuevo de lo que se está viendo ahora. Quizás algún detalle, algún cambio de dicasterios que se juntan, dos o tres dicasterios más, pero ya está anunciado: por ejemplo, Educación se va a juntar con Cultura. ‘Propaganda Fide’ se va a juntar con el dicasterio de la ‘Nueva Evangelización’. Está anunciado. No va a haber nada nuevo respecto a lo que se prometió que se iba a hacer. Algunos me dicen: “¿Cuándo saldrá la constitución apostólica de la reforma de la Iglesia, para ver la novedad?”. No. No va a haber nada nuevo. Si hay nuevo, son pequeñas cositas de ajuste. Está en su última parte, que se atrasó con esto de mi enfermedad. Se está cocinando a fuego lento, de tal manera que tome todo esto. Tenga claro que la reforma no será otra cosa que poner en marcha lo de los cardenales, lo que pedimos en el precónclave, y que se está viendo. Se está viendo.

En la primera visita al departamento de comunicación del Vaticano, el Santo Padre mostró su preocupación porque el mensaje no estaba llegando donde debería. Los números de audiencia eran escasos. ¿Eso era un rapapolvo en toda regla?
A mí me causó gracia la reacción. Yo dije dos cosas. Primero, una pregunta: ¿cuánta gente lee el L’Osservatore Romano? No dije si lo leían mucho o poco. Una pregunta. Creo que es lícito preguntar, ¿no? Y la segunda pregunta, que más bien fue un tema, [la hice] cuando después de haber visto todo el nuevo trabajo de unión, el nuevo organigrama, la funcionalización, hablé de la enfermedad de los organigramas, que da a una realidad un valor más funcional que real. Y digo: con toda esta funcionalidad, que es para que funcione bien, no [hay que] caer en el funcionalismo. Que el funcionalismo es el culto a los organigramas prescindiendo de la realidad. Estas dos cosas que dije parece que alguno no las entendió o por ahí a alguno no le gustó, o no sé qué, y la interpretó como un rapapolvo. Es una cosa normal, es una pregunta y una advertencia. Sí… Por ahí alguno se sintió en orsay y…. Creo que el dicasterio promete mucho, es el dicasterio que tiene más presupuesto en la Curia en este momento, que tiene a la cabeza un laico –espero que pronto haya otros que tengan a la cabeza un laico o una laica– y que está despegando con nuevas reformas. L’Osservatore Romano, al que yo llamo “el Diario del Partido”, ha progresado muchísimo y es una maravilla cómo está haciendo los esfuerzos culturales que está haciendo.

Hace años me impresionó una cosa que contó, Santidad, cuando años atrás por las calles de Buenos Aires unos padres gritaron a su hijo que no se le acercara porque usted iba vestido de cura y podría ser un pederasta.
Tal cual.

Aún parece haber dudas sobre todos los sacerdotes que durante esta pandemia, por ejemplo, han demostrado que se dejan la piel con los últimos. ¿Los obispos de todos los países están haciendo los deberes que usted les mandó cuando les convocó a Roma para que dejen de existir pederastas entre sus filas?
Antes de contestar a su pregunta quiero rendir homenaje a un hombre que empezó a hablar de esto con coraje, aunque era una piedra en el zapato, en la organización, mucho antes de que se hiciera la organización sobre este tema, que es el cardenal O’Malley. A él le tocó arreglar el asunto en Boston y no fue nada fácil. Se han dado pasos muy claros sobre esto, ¿no es cierto? La Comisión de Defensa de Menores, que fue invención del cardenal O’Malley, hoy día está funcionando y ahora debo renovar a la mitad de la gente porque cada tres años se renueva la mitad. Gente de primera agua de varios países distintos con problemas de estos. Y creo que se juegan bien. Creo que es clave en esto las estadísticas que di a los periodistas en el encuentro de los presidentes de Conferencias Episcopales, por un lado, y después el discurso final que tuve al finalizar la misa en ese encuentro. —Que alguno dijo “al fin y al cabo el Papa dijo que es un problema de todos, le echó la culpa al diablo y se lavó las manos”. Eso fue el comentario de un medio–. Que le eché la culpa al diablo, sí. Como incitador de esto. Pero se la eché cuando hablé de la pedopornografía. Dije que abusar a un chico para filmar un acto pedopornográfico es demoniaco. No se explica sin la presencia del demonio. Eso sí lo dije. Bueno, ahí en ese discurso un poco marqué todo, unido a las estadísticas. Creo que las cosas se están haciendo bien. De hecho, se ha progresado y cada vez se progresa más. Ahora, es un problema mundial y grave. Yo me pregunto a veces cómo ciertos gobiernos permiten la producción de pedopornografía. Que no digan que no se sabe. Hoy en día con los servicios de inteligencia se sabe todo. Un gobierno sabe quién en su país produce pedopornografía. Para mí esta es de las cosas más monstruosas que he visto.

Hace tiempo confesaba, Santidad, que hace unos años las cuestiones ecológicas no le interesaban nada. Ahora ha mudado Su Santidad porque es uno de los líderes mundiales que más hablan de este asunto, de los abusos cometidos contra la Tierra. ¿La opción ecológica le ha generado enemigos? ¿Estará usted en Glasgow para la COP26? Son dos preguntas en una.
Voy a hacer historia: [La V Conferencia General del CELAM en] Aparecida creo que fue en el 2007 si no me equivoco. Se me pierden un poco las fechas. En Aparecida yo oía que los obispos brasileños hablaban de conservar la naturaleza, el problema ecológico, la Amazonía… Insistían, insistían, insistían, y yo me preguntaba qué tenía que ver eso con la evangelización. Sentía yo eso. No tenía ni la más pálida idea. Estoy hablando de 2007. Eso me chocó. Cuando volví a Buenos Aires me empecé a interesar, y lentamente fui entendiendo algo. Ya estando aquí, ¿eh? Yo soy un convertido en esto. Y ahí entendí más. Y de alguna manera me di cuenta de que tenía que hacer algo y ahí me vino la idea de escribir algo como magisterio porque la Iglesia delante de esto… así como yo era, como decimos en Argentina, un salame que no entendía nada de esto, hay tanta gente de buena voluntad que no entiende… Entonces, dar unas catequesis sobre esto. Convoqué a un grupo de científicos que me expusieran los problemas reales, no las hipótesis, lo real. Me hicieron un lindo catálogo y con razón. Se lo pasé a teólogos que reflexionaron sobre eso. Y así se fue gestando ‘Laudato Si’.
Una anécdota linda: cuando fui a Estrasburgo, el presidente Hollande mandó a recibirme y a despedirme a la ministra del Ambiente, que en aquel momento era la señora Ségolène Royal. Y en la conversación que tuve con ella, me dijo “¿Es verdad que usted está escribiendo algo?”, la ministra del Ambiente entendía. Y yo le dije: “Sí, estoy en esto”. “Por favor, publíquelo antes de [la cumbre de] París porque necesitamos apoyos”. Volví de Estrasburgo y aceleré. Y salió antes del encuentro de París. Que el encuentro de París para mí fue el summum en tomar conciencia mundial. ¿Después qué pasó? Entró el miedo. Y, lentamente, en los encuentros posteriores fueron retrocediendo. Espero que Glasgow ahora levante un poco la mira y nos ponga más en línea.

¿Pero estará Su Santidad?
Sí, en principio el programa es que vaya. Todo depende de cómo me sienta en ese momento. Pero, de hecho, ya se está preparando mi discurso, y el programa es estar.

Hablemos de China si le parece, Santidad… Dentro de sus propias filas hay quienes insisten en que no debería renovar el acuerdo que el Vaticano ha firmado con ese país porque pone en peligro su autoridad moral. ¿Tiene la sensación de que hay mucha gente queriéndole marcar el camino al Papa?
Yo también cuando era laico raso y cura me encantaba marcarle el camino al obispo, es una tentación hasta yo diría lícita si se hace con buena voluntad. Lo de China no es fácil, pero yo estoy convencido de que no se debe renunciar al diálogo. Te pueden engañar en el diálogo, puedes equivocarte, todo eso… pero es el camino. La cerrazón nunca es camino. Lo que se ha logrado hasta ahora en China fue al menos dialogar… alguna cosa concreta como nombramiento de nuevos obispos, lentamente… Pero también son pasos que pueden ser cuestionables y los resultados por un lado o por el otro. Para mí la figura clave de todo esto y que me ayuda y me inspira es el cardenal Casaroli. Casaroli fue el hombre al que Juan XXIII le encargó tender puentes con Centroeuropa. Hay un libro muy lindo, ‘El martirio de la paciencia’, donde él cuenta un poco sus experiencias allí. O se cuentan las experiencias de él, el que compiló todo. Y era pasito pequeño tras pasito pequeño, creando puentes. A veces teniendo que dialogar al aire libre o con la canilla abierta en momentos difíciles. Lentamente, lentamente, fue logrando reservas de las relaciones diplomáticas que en el fondo suponían nombramiento de nuevos obispos y cuidado del pueblo fiel de Dios. Hoy en día, de alguna manera tenemos que seguir esos caminos de diálogo pasito a pasito en las situaciones más conflictivas. Mi experiencia en el diálogo con el Islam, por ejemplo, con el Gran Imán de Al-Tayeb fue muy positiva en esto, y se lo agradezco mucho. Fue como el germen de ‘Fratelli Tutti’ después. Pero dialogar, dialogar siempre o estar dispuestos a dialogar. Hay una cosa muy linda. La última vez que se encontró San Juan Pablo II con Casaroli, le fue a informar por dónde iban las cosas… (Casaroli iba todos los fines de semana a un penal de menores. Creo que era Casal del Marmo, no estoy seguro. Y estaba con los chicos e iba de sotana como un cura. Nadie sabía… Algunos no sabían quién era)… Y cuando se despidieron y ya estaba en la puerta Casaroli, San Juan Pablo II lo llamó y le dijo: “Eminencia, ¿sigue yendo donde aquellos muchachos?” “Sí, sí”. “No los deje nunca”. El testamento de un papa santo a un diplomático muy capaz: seguí por este camino de la diplomacia, pero no te olvides que sos cura, como lo estás haciendo. Esto para mí es inspirador.
Santidad, en España se ha legalizado la eutanasia, en función de lo que llaman el “derecho a una muerte digna”. Pero eso es un silogismo falaz, porque la Iglesia no defiende el sufrimiento encarnizado, sino la dignidad hasta el final.

¿Hasta dónde el hombre tiene poder real sobre su vida? ¿Qué cree el Papa?
Situémonos. Estamos viviendo una cultura del descarte. Lo que no sirve se descarta. Los viejos son material descartable: molestan. No todos, pero vamos, en el inconsciente colectivo de la cultura del descarte, los viejos… los enfermos más terminales, también; los chicos no queridos, también, y se los manda al remitente antes de que nazcan…

O sea, hay una cultura…
Después, miremos las periferias, pensemos en las grandes periferias asiáticas, por ejemplo, para irnos lejos y no pensar que uno está hablando de cosas de acá. El descarte de pueblos enteros. Piense en los rohingyas, descartados, gitaneando por el mundo. Pobrecitos. O sea, se descartan. No sirven, no van, no sirven.
Esa cultura del descarte nos ha signado. Y signa a los jóvenes y a los viejos. Influye mucho sobre uno de los dramas de la cultura actual europea. En Italia la edad media es 47 años. En España creo que es mayor. O sea, la pirámide se ha invertido. Es el invierno demográfico en el nacimiento, en el que haya más casos de aborto. La cultura demográfica está en pérdida porque se mira el provecho. Se mira al de adelante… ¡y a veces usando la compasión!: “que no sufra en el caso de…” La Iglesia lo que pide es ayudar a morir con dignidad. Eso siempre lo ha hecho.
Y respecto al caso del aborto, a mí no me gusta entrar en discusiones que si hasta aquí se puede, que hasta allí no se puede, pero digo esto: cualquier manual de embriología de los que le dan a un estudiante de Medicina en la Facultad dice que a la tercera semana de la concepción, a veces antes de que la madre se dé cuenta [de que está embarazada], ya están perfilados todos los órganos en el embrión, incluso el ADN. Es una vida. Una vida humana. Algunos dicen: “No es persona”. ¡Es una vida humana! Entonces, delante de una vida humana yo me hago dos preguntas: ¿Es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema?, ¿es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema? Y con estas dos preguntas que se resuelvan los casos de eliminación de gente –por un lado o por el otro– porque son un peso para la sociedad.
Yo quisiera recordar algo que en casa nos contaban. Que una familia muy buena con varios hijos y el abuelo vivía con ellos, pero el abuelo se va poniendo viejo y en la mesa comenzaba a babearse. Entonces, el papá no podía invitar gente por vergüenza de su padre. Entonces se le ocurrió poner una linda mesa en la cocina y explicó a la familia que desde el día siguiente el abuelo iba a comer en la cocina y así podían invitar gente. Y así fue. A la semana, llega a casa y encuentra a su hijito de 8 años, 9 años, uno de los hijos, jugando con maderas, clavos, martillos, y le dice: “¿Qué estás haciendo?” “Estoy haciendo una mesita, papá”. “¿Para qué?” “Para vos, para cuando seas viejo”. O sea, lo que se siembra con el descarte, se va a recibir después.

Santidad, vámonos a otro escenario. En la sociedad española, usted sabe que se han producido algunas fracciones y algunas fracturas concretas. El referéndum en Cataluña llevó a una situación particularmente delicada. Y usted ha dicho que el soberanismo es una exageración que siempre acaba mal. ¿Qué actitud cree que debemos adoptar ante un planteamiento de ruptura?
Yo diría mirar la historia. En la historia hubo casos de independencia. Son países de Europa que hoy en día están incluso en proceso de independencia. Mira el Kosovo y toda esa zona que se están rehaciendo. Son hechos históricos que están caracterizados por una serie de particularidades. En el caso de España, son ustedes los españoles los que tienen que juzgar, dando bien su actitud. Pero para mí, lo más clave en este momento en cualquier país que tiene este tipo de problemas, es preguntarme si se han reconciliado con la propia historia. Yo no sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo la historia del siglo pasado. Y, si no lo está, creo que tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia, lo cual no quiere decir claudicar de las posturas propias, sino entrar en un proceso de diálogo y de reconciliación; y, sobre todo, huir de las ideologías, que son las que impiden cualquier proceso de reconciliación. Además, las ideologías destruyen. Unidad nacional es una expresión fascinante, es verdad, la unidad nacional, pero nunca se valorará sin la reconciliación básica de los pueblos. Y creo que en esto cualquier gobierno, sea del signo que sea, tiene que hacerse cargo de la reconciliación y ver cómo llevan adelante la historia como hermanos y no como enemigos o al menos con ese inconsciente deshonesto que me hace juzgar a otro como enemigo histórico.

Bueno, España vivió un proceso de reconciliación muy intenso y admirable en el mundo entero en la década de los setenta del siglo pasado. El problema es que el revisionismo histórico haya pretendido inutilizar aquella reconciliación admirable en el mundo que fue la Transición española, que yo me imagino que ustedes la conocieron en Argentina y no será extraña para el Papa. El nacionalismo, el soberanismo ha sembrado Europa de muertos y de inmigrantes. Y eso me lleva a preguntarle: ante la inmigración provocada por diversos fenómenos en el que estamos ahora mismo inmersos, ¿qué postura tomamos? ¿Qué pasa cuando el número de los que piden acogida supera las posibilidades de acogida de un país? ¿No debe haber fronteras? ¿Todos en cualquier parte, donde queramos y como queramos? ¿Los estados tienen derecho a poner sus rígidas normas o menos rígidas?
Mi respuesta sería esto: primero, delante a los migrantes cuatro actitudes: acoger, proteger, promover e integrar. Voy a la última: si uno acoge y los deja ahí sueltos en casa y no los integra son un peligro, porque se sienten extraños. Piense usted en la tragedia de Zaventem. Quienes hicieron ese acto de terrorismo eran belgas, eran hijos de inmigrantes no integrados, guetizados. Yo tengo que lograr que el migrante se integre y para esto este paso de, no solo acogerlos, sino protegerlos y promoverlos, educarlos, etcétera. Segundo (más hacia su pregunta): los países tienen que ser muy honestos consigo mismos y ver cuántos pueden aceptar y hasta qué número, y ahí es importante el diálogo entre las naciones. Hoy día, el problema migratorio no lo resuelve un país solo y es importante dialogar, y ver “yo puedo hasta aquí…”, “me da el cuero”, o no; “hasta aquí las estructuras de integración valen, no valen”, etcétera. Estoy pensando en un país que a los pocos días de llegar un migrante ya recibía un sueldo para ir a la escuela a aprender la lengua, y después se le conseguía trabajo y se le iba integrando. Esto fue durante la época de la integración de la inmigración por las dictaduras militares de Sudamérica: Argentina, Chile, Uruguay. Estoy hablando de Suecia. Suecia fue un ejemplo en estos cuatro pasos de acoger, proteger, promover e integrar.

Y después también hay una realidad ante los migrantes, ya me referí a ella, pero la repito: la realidad del invierno demográfico. Italia tiene pueblos casi vacíos.

Y España también
“No, nosotros nos preparamos” ¿Qué esperás, quedarte sin nadie? Es una realidad. O sea, la migración es una ayuda en la medida en la que se cumplan nuestros pasos de integración. Esa es mi postura. Pero eso sí, un país tiene que ser muy honesto y decir: “hasta aquí puedo”.

El próximo año se van a cumplir cuarenta años de aquel discurso de San Juan Pablo II sobre la identidad europea. Yo le quiero preguntar por los lugares a donde puede ir el Papa siempre que su salud y su buen aspecto le permitan. No sé si Haití, no sé si su tierra, no sé si Santiago [de Compostela]. [Fue allí] cuando dijo Juan Pablo II “vuelve a encontrarte, sé tú misma, descubre tus orígenes”. Sería un magnífico recuerdo recordarlo junto a usted aprovechando el Año Santo Xacobeo…
Al presidente de la Xunta de Galicia le prometí pensar el asunto. O sea, no lo saqué de una eventual agenda. Para mí la unidad de Europa en este momento es un desafío. O Europa continúa perfeccionando y mejorando en la Unión Europea, o se desintegra. La UE es una visión de hombres grandes —Schumann, Adenauer…— que la vieron. Yo creo que dije seis discursos sobre la unidad de Europa. Dos en Estrasburgo, uno cuando me dieron el Premio Carlo Magno y ahí el discurso que dijo el alcalde de Aquisgrán yo lo recomiendo porque es una maravilla de criticidad sobre el problema de la UE. Pero no podemos renunciar. Uno de los momentos más felices que tuve fue en uno de los discursos, cuando vinieron todos —o jefes de Estado o jefes de gobierno— de la UE. No faltaba ninguno y nos sacamos una foto en la Capilla Sixtina. Esto no me lo olvido. No podemos ir atrás. Fue un momento de crisis y reaccionó bien la UE ante la crisis. Pese a las discusiones, reaccionó bien. Tenemos que hacer lo posible por salvar esa herencia. Es un legado y es una tarea.

Santidad, claro, si yo no le pregunto cuándo vendrá el Papa a España, pues me dirán “cómo no le has preguntado al Santo Padre…” Yo me atrevo a sugerirle que Su Santidad no conocerá la Semana Santa hasta que no venga un Martes Santo a Sevilla a ver a la Virgen de la Candelaria. ¿No tiene siquiera curiosidad?
Mucha. Mucha. Pero mi opción hasta ahora de viaje a Europa son los países chicos. Primero fue Albania y luego todos los países eran pequeños. Ahora está en programa Eslovaquia, después Chipre, Grecia y Malta. Quise tomar esa opción: primero a los países más chicos. Fui a Estrasburgo pero no fui a Francia. A Estrasburgo fui por la UE. Y, si voy a Santiago, voy a Santiago pero no a España, que quede claro.

Al Camino de Europa.
Al Camino de Europa. Una Europa. Pero eso está por decidir todavía.

¿Hay algo por lo que Papa haya llorado en el último año, aparte de la pandemia, o el Papa no es de lágrima fácil?
Yo no soy de lágrima fácil, pero de vez en cuando me viene esa tristeza frente a algunas cosas, que yo tengo mucho cuidado de no confundirla con una melancolía a lo Paul Verlaine: aquel “Les sanglots longs, de l’automne, blessent mon coeur”. No, no. No quiero que se confunda con eso. A momentos, viendo ciertas cosas, me tocan el corazón y… y eso me sucede a veces.

Se le ha calificado como “el Papa pop” o “el Papa Superman”, que sé que no le gusta además. ¿Quién es en realidad Francisco, cómo le gustaría que le recordaran?
Como lo que soy: un pecador que trata de hacer el bien.
Bueno, somos dos pecadores en esta mesa entonces…
Somos dos.

Pero usted tiene más mano allí arriba. [Ríe] Siempre me ha llamado la atención su relación con el escritor Jorge Luis Borges. ¿Por qué le hacía tanto caso a ese joven jesuita?
Yo no sé por qué. Yo me acerqué a él porque era muy amigo de su secretaria. Y después una simpatía… Yo no era cura cuando lo conocí. Tendría 25 o 26 años cuando le conocí, y enseñaba en Santa Fe como jesuita, en esos tres años que enseñamos en colegio los jesuitas, y le invité a venir a hablar a mis alumnos de Literatura. Y vino, y tuvo su curso… Yo no sé por qué. Pero era un hombre muy bueno. Muy bueno

Le hemos oído mucho hablar de su abuela paterna, de la abuela Rosa, pero le hemos escuchado menos hablar de su madre, o quizás directamente no le hemos escuchado…
Ahí lo que sucede son dos factores. Somos cinco hermanos muy abueleros todos. Dios nos ha conservado los abuelos hasta grandes. El primer abuelo, el más lejos de todos, yo lo perdí cuando tenía 16 años y la última abuela cuando yo era provincial de los jesuitas. O sea que los abuelos nos acompañaron. En casa había además una costumbre, las vacaciones las pasábamos los cuatro mayores, porque la menor vino seis años después, las vacaciones las pasábamos con los abuelos, así papá y mamá descansaban un poco. Era divertido. Hay mucho de esa cosa abuelera. De la abuela Rosa lo que yo cuento son las mismas anécdotas de siempre, algunas son muy divertidas. De la otra abuela también cuento anécdotas, como la lección que me dio el día de la muerte de Prokófiev, sobre el esfuerzo en la vida. Cuando yo le pregunté a ella cómo habrá hecho ese hombre para llegar. Yo era un adolescente. Y de mamá sí, también recuerdo muchas cosas que también las digo. Pero por ahí llama la atención más lo de la abuela porque me repito con algunas cosas curiosas de la abuela, algunas irrepetibles por carta, por programas de radio… algunos dichos que nos enseñaron mucho. Pero, aparte de que éramos muy abueleros, los domingos a casa de los abuelos y después a la cancha a ver al San Lorenzo. Pero los abuelos incidieron mucho en nuestra vida.
No ha vuelto a ver San Lorenzo porque no quiere ver la televisión desde hace años…
Sí. Yo hice una promesa el 16 de julio de 1990. Sentí que el Señor me pedía eso, porque estábamos en comunidad viendo una cosa que terminó chabacana, desagradable, mal. Yo quedé mal. Era un 15 de julio a la noche. Y al día siguiente, en la oración, le prometí al Señor no verla. Evidentemente, cuando asume un presidente lo veo, cuando hay un accidente aéreo, lo veo, esas cosas… pero no soy adicto a ello.

No ha visto la Copa América, por ejemplo.
No. Para nada.

Hay una vieja leyenda que dice que algún Papa se ha escapado del Vaticano. ¿Francisco ha realizado alguna escapada que hasta ahora no haya sabido nadie?
No. El que se escapaba a esquiar era San Juan Pablo II. A una hora y pico había una pista de esquí, y él lo tenía en el alma. Y hacía bien en escaparse, iba cubierto. Pero un día mientras él estaba en la cola para subir y un chico le dijo: “¡El Papa!”. No sé cómo lo descubrió. Y se volvió enseguida, y procuró tomar más precauciones. Las casas de familias donde yo he ido a visitar, que recuerde, son tres: un medio convento de las teresianas donde quise visitar a la profesora Mara, ya de 90 años, una gran mujer que enseñó en la Universidad de la Sapienza y después enseñó en el Agustinianum, y quise ir a celebrarle misa. Después, a dar las condolencias probablemente a mi mejor amigo, un periodista acá italiano, a la casa de él. Y la tercera casa que visité fue la de Edith Bruck, la señora, 90 años cumplió ahora, que estuvo en el campo de concentración. Húngara ella. Judía. Esto fue este año al principio o el año pasado, no recuerdo bien. Son las tres únicas casas a las que fui de escondido, y después se supo. Me encantaría andar por la calle, me encantaría, pero me tengo que privar, porque no podría caminar diez metros.

¿Ha tenido alguna vez la tentación de vestirse de civil…
No, para nada. No. No.

…con un gorro y unas gafas?
[Ríe] No, no, para nada.

¿Cómo combate la nostalgia el Papa francisco, quién le cocina los palitos de anís o lo que desayunaba siempre en La Puerto Rico?
La nostalgia mía trato que no sea de tipo melancólico, otoñal, aunque una cosa linda del otoño argentino, de Buenos Aires, eran los días nublados, de mucha niebla, donde no se veía a diez metros desde la ventana, y yo escuchando a Piazzola. Eso sí un poco lo extraño, pero Roma tiene sus días de niebla también. Nostalgia, no. Ganas de ir de una parroquia a otra caminando, sí; pero nostalgia, no.

¿Se acabó la etapa de dolores de cabeza por palabras que se le iban de más o que le atribuían que se le iban de más y que tenían consecuencias con cosas que usted no contaba?
El peligro siempre está. Una palabra puede ser interpretada de un lado o de otro, ¿no es cierto? Eso son cosas que suceden. Y qué sé yo… ¡Yo no sé de dónde han sacado la semana pasada que yo iba a presentar mi renuncia! ¿Qué palabra habrán tomado en mi patria? De ahí salió la noticia. Y dicen que fue un revuelo, cuando a mí ni se me pasó por la cabeza. Delante de interpretaciones que nacen un poco distorsionadas de alguna palabra mía yo me callo, porque aclarar es peor.

¿Se habla mucho de fútbol aquí en Santa Marta?
Sí, del fútbol italiano. Estoy aprendiendo a conocer un poco las cosas. Se habla mucho de fútbol, sí.

¿Qué tal jugador de fútbol era usted, Santidad?
Yo era un palo. Me llamaban ‘el pata dura’, por eso me metían siempre al arco, ahí me defendía más o menos bien.

Nuestro programa ‘Tiempo de juego’, nuestros compañeros, cuando les decía que iba a venir a ver al Papa, “por favor, que te diga el papa qué piensa del fichaje de Messi, se ha ido a Francia”. ¿Qué se le antoja de todo el mundo de fútbol, lo sigue de cerca?
Yo escribí una pastoral sobre el deporte. Una pastoral que no era una pastoral. En dos pasos. Primero fue el artículo que publicó la Gazzetta dello Sport el 2 de enero de este año y en base a eso se hizo después –lo corregí yo– la pastoral. Un artículo entrevista. Yo digo solo esto: para ser un buen futbolista hay que tener dos cosas: saber trabajar en equipo y no ser como decimos en Buenos Aires en nuestro argot, uno que se ‘morfa’ la pelota, sino siempre en equipo. Y segundo, no perder el espíritu amateur. Cuando en el deporte se pierde ese espíritu de amateur se empieza a comercializar demasiado. Y hay hombres que han sabido no dejarse manchar por esto y derivar sus ganancias y todo para obras de bien y fundaciones. Pero trabajar en equipo, que es una escuela de equipo el deporte, y no perder el espíritu de amateur.

Santidad, le agradezco mucho esta hora inolvidable que ha dado a los oyentes de COPE.
Un saludo grande a los que están escuchando y les pido que recen por mí para que el Señor me siga protegiendo y cuidando, porque si me deja solo soy un desastre.

Normalmente es usted el que nos lo diría pero hoy somos nosotros: que Dios le bendiga
Igualmente a todos ustedes, que Dios les bendiga. Gracias.

Gracias.

Vatican News
Imagen: El Papa Francisco en coloquio con Carlos Herrera de COPE
(Foto: Cope)

Parsons: Los atletas paralímpicos intentan cambiar el mundo

En un artículo publicado en el periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, el Presidente del Comité Paralímpico Internacional, Andrew Parsons, habla de los retos de los próximos años para cambiar el modo en que es percibido el 15% de la población mundial con discapacidad.

Ciudad del Vaticano, 31 de agosto 2021.- Apenas puedo creer que finalmente estemos en Tokio. Muchos dudaban que estos días de deporte llegaran a llevarse a cabo realmente, creyendo que era imposible organizar los Juegos Paralímpicos a causa de la pandemia. Pero gracias al esfuerzo de tanta gente, que nunca perdió la fe y la esperanza, el acontecimiento deportivo más… «transformador» del mundo ya está en marcha.

Cambio de mentalidad
“Como familia paralímpica honraremos esta confianza, daremos contenido a esta esperanza, asegurándonos de que el excepcional ‘legado’ que los Juegos dejan puntualmente al país anfitrión consista, realmente, en una nueva percepción de las personas con discapacidad. Mediante un cambio de mentalidad”

Cambiar la cultura del mundo entero
Asimismo dice: «¡Queremos mucho más! No sólo queremos cambiar la forma de ver la discapacidad en Japón. ¡Queremos cambiar la cultura del mundo entero!».

“WeThe15”
Por ello, el Comité Paralímpico Internacional y la Alianza Internacional de la Discapacidad han concebido, lanzado y apoyan ahora la campaña “WeThe15”. Que a lo largo de los próximos diez años pretende lanzar un reto continuo para cambiar la forma en que se percibe ese 15% de la población mundial con discapacidad.

Romper barreras en todo el mundo
«WeThe15» arrojará luz sobre la vida cotidiana de ese 15% de la población mundial y hará todo lo posible por romper las barreras. Para que todas las personas con discapacidad puedan desarrollar su potencial y participar activamente en una sociedad verdaderamente integradora. A lo que añade:

“Por eso, con el apoyo de muchas organizaciones internacionales, de la sociedad civil – pero también del enramado empresarial y de los medios de comunicación – queremos situar a 1.200 millones de personas con discapacidad en el centro de la agenda global de inclusión”.

Plataforma extraordinaria para el cambio
También explica que estos Juegos Paralímpicos son, sin duda, una plataforma extraordinaria para el cambio.

“Sin embargo, un evento que sólo tiene lugar cada cuatro años no es suficiente. Depende de cada uno de nosotros hacer nuestra parte, cada día, para construir una sociedad más inclusiva en cada país, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades”.

Fortaleza de la diversidad
Agrega que la diversidad que se deriva de la discapacidad “es una fortaleza, no una debilidad”.

“El nuevo mundo post-pandémico tendrá que ser construido de una manera mejor que antes. Tendrá que caracterizarse por sociedades en las que haya oportunidades para todos”.

Faro de esperanza
Recuerda también que cuando los Juegos se pospusieron hace un año, los atletas paralímpicos fueron un faro de esperanza. “Ni siquiera cuando la sombra de la incertidumbre era más oscura dejaron de entrenar, de perseguir sus sueños. Y nunca dejaron de creer que estarían aquí, en Tokio, estos días”.

Fuerza de la naturaleza
“Por eso, dice, los atletas paralímpicos son una fuerza de la naturaleza, una fuerza del bien. Su resistencia ha devuelto la esperanza a muchas personas que la habían perdido”. Y añade:

“Estos atletas no están solos. Junto a ellos están los Comités Paralímpicos Nacionales y las Federaciones Internacionales que les han apoyado en este momento sin precedentes para la humanidad”.

La fuerza del movimiento paralímpico
“Pero ésta es, precisamente, la fuerza del movimiento paralímpico: trabajar juntos para garantizar que los atletas tengan la mejor plataforma para ‘brillar’, para dar lo mejor de sí mismos”.

Sangre, sudor y lágrimas
Los atletas paralímpicos lo han dado todo para estar aquí en Tokio, prosigue: “Sangre, sudor y lágrimas. Ahora es su momento de mostrar al mundo su capacidad, su fuerza, su determinación”.

“Si el mundo los ha etiquetado como ‘discapacitados’, ahora es el momento de reetiquetarse: campeón, héroe, amigo, colega, modelo. O simplemente un ser humano”.

Atletas extraordinarios
“Estos extraordinarios atletas son lo mejor de la humanidad y los únicos que pueden decidir quién y qué ser en sus vidas, a pesar de todo. Con sus demostraciones saben que pueden cambiar su propia vida. Pero, sobre todo, saben que podrían cambiar, y para siempre, la vida de 1.200 millones de personas¨.

El poder del deporte
“Este es el poder del deporte: transformar vidas y hacer comunidad. El cambio puede comenzar realmente con el deporte. Y ahora, en Tokio, los atletas paralímpicos intentan cambiar el mundo”.

Vatican News
Imagen: Beatrice Ion, una de las jugadoras del equipo paralímpico italiano de baloncesto

Perú celebra a su Patrona: Santa Rosa de Lima

El arzobispo de Lima y Primado de Perú, Monseñor Carlos Castillo, preside la homilía en la Solemnidad de Santa Rosa de Lima: “La opción evangélica de Santa Rosa «o Dios o el dinero» es la que hace cualquiera de ustedes que sirve sin ambiciones ni corrupción al Perú”.

31 de agosto 2021.- Santa Rosa de Lima, patrona de Perú, pero también de América y Filipinas, fue la primera mujer declarada santa en todo el continente americano. En su Solemnidad, ayer 30 de septiembre, Monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima y Primado del Perú, presidió la Celebración Eucarística en la que participó el presidente de la República, Don Pedro Castillo Terrones, las principales autoridades políticas del país, así como autoridades de la Policía Nacional, Fuerzas Armadas y Enfermeras.

La Solemnidad de la Patrona del Perú coincide con el día en el que se festeja el día de la Policía Nacional y de las Enfermeras y con el Bicentenario de la Independencia. En su homilía, Monseñor Carlos Castillo, aseguró que Rosa realizó su vocación evangelizadora en favor de la unidad de todos los que nacimos y vivimos en este rincón del mundo llamado Perú: “Quería que el Perú fuera una partecita del cielo” ha declarado.

Así mismo, explicó que lo que han ganado durante siglos de esperanza y de entrega generosa no puede destruirse: “ustedes han venido hoy para renovar el compromiso de hacer más ancha nuestra libertad y nuestra amistad social, como lo hizo toda su vida la hija del Arcabucero Mayor de Lima, por ello es Patrona de la Policía, y la enfermera de las hermanas angolesas parturientas que llevaba a su casa y alojaba para que dieran a luz dignamente, por eso es Patrona de las enfermeras”.

“Rosa – continúa – no fue una anécdota mas en nuestra historia, es un fundamento incontestable de nuestro ser nacional. Ella aporta al Perú, su fe viva en el Dios del Reino, desencadenando inmensidades de testigos, como ocurre en la infinidad de iglesias, capillas y grutas a lo largo y ancho del Perú y del mundo”. De hecho – dijo Mons. Castillo – “la opción evangélica de Santa Rosa «o Dios o el dinero» es la que hace cualquiera de ustedes que sirve sin ambiciones ni corrupción al Perú”.

Por ultimo, explicó que en Perú siempre se siente que ser santo, ser héroe, y ser mártir que sacrifica su vida es casi igual. “No existe en nuestro país la idea de héroe dominador e impositivo de fuerza arbitraria. Existe el héroe y heroína como hombre y mujer de honor y nobleza humana”. A este respecto, el arzobispo de Lima aseguró que en algo ayudó Santa Rosa a forjar esta gran intuición peruana y nacional: “Muchas veces son héroes derrotados pero dignos”. Al final de su homilía, condenó la violencia: “destruye la historia”, asegurando que es “la generosidad de la entrega amorosa” la que, cimentada, cimienta la patria y no la ambición desmedida disfrazada de ideología que induce a la violencia.

Imagen: Santa Rosa de Lima

El cardenal Parolin en foro por Corea: La paz es fruto de la justicia y la caridad

El Secretario de Estado del Vaticano envía un mensaje de vídeo al Foro Global por la Paz de Corea (KGFP), en el que habla del papel de las Iglesias en la promoción de la paz en la Península de Corea.

Ciudad del Vaticano, 31 de agosto 2021.- Mientras que la justicia exige no violar los derechos de los demás, sino darles lo que les corresponde, la caridad nos hace sentir las necesidades de los demás como propias. Esto fomenta la cooperación y la amistad fructíferas. Por tanto, la verdadera paz puede establecerse en el mundo cuando la justicia encuentra su cumplimiento en la caridad o el amor.

El Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, expuso este argumento en un mensaje de vídeo el martes al «Foro Global de Corea para la Paz» (KGFP), un evento anual que el Ministerio de Unificación de Corea del Sur acoge cada año, en el que participan expertos, investigadores y funcionarios gubernamentales de más de veinte países. El tema del KGFP de este año, del 31 de agosto al 2 de septiembre, es «Una nueva visión de las relaciones intercoreanas y de la comunidad: Por la paz, la economía y la vida». Debido a la pandemia, se celebra por Internet.

El martes, el máximo diplomático del Vaticano presentó una extensa ponencia sobre «El papel de las Iglesias en el establecimiento de la paz en la península coreana», en la que ofreció principios, valores e ideales de la tradición de la Iglesia y del Evangelio que pueden ayudar a lograr la paz y la reconciliación en la península.

Acoger, acompañar, escuchar
Según el Papa Pablo VI, los pueblos y las naciones deben encontrarse como hermanos y hermanas, como hijos de Dios, y trabajar juntos para construir el futuro común del género humano, a fin de crear las condiciones para el desarrollo integral de la humanidad basado en la solidaridad. Este proceso, señaló el cardenal Parolin, se favorece con las acciones de acoger, acompañar y escuchar.

El Papa Francisco describe la acogida como cercanía, apertura al diálogo, paciencia y una amabilidad que no condena. Significa hacerles un espacio en nuestras vidas y estar dispuestos a compartir nuestras alegrías y penas, lo que ayuda a construir relaciones auténticas.

Al explicar la necesidad de acompañar, el cardenal Parolin dijo que no puede haber un desarrollo armonioso de la sociedad en todas sus partes si no ponemos en práctica estrategias compartidas en situaciones concretas, que apunten al respeto de la vida humana y de la dignidad de cada uno y al acompañamiento progresivo de las personas.

Escuchar y dialogar
El acto de escuchar o dialogar implica dedicar conscientemente un tiempo y una atención preciosos para descodificar cuidadosamente las señales que recibimos.

El cardenal Parolin dijo que la escucha ayuda a la resolución de conflictos, a la mediación cultural y a la construcción de la paz en comunidades y grupos. Según el Papa Francisco, el diálogo nos ayuda a comprender y apreciar las necesidades de los demás y fomenta en nosotros una actitud de escucha y apertura a los puntos de vista válidos del interlocutor.

El cardenal Parolin sostuvo que el diálogo es un gran signo de respeto, ya que ayuda a las personas a comprender y apreciar las necesidades de los demás. El diálogo se convierte en una expresión de caridad, ya que puede ayudarnos a buscar y compartir el bien común sin ignorar las diferencias y sin hacer prevalecer nuestra posición sobre la de los demás.

Oración ecuménica por la reunificación de las dos Coreas el 15 de agosto
Con respecto a una nueva visión de las relaciones en la península coreana, el cardenal de 66 años destacó la figura del Papa Juan XXIII, que siempre hizo hincapié en los valores universales que unen a las personas. Siempre buscó la bondad presente en cada persona y sociedad, y estableció un diálogo basado en el respeto y el reconocimiento mutuos que superó la estrechez de miras que creaba divisiones. Creer que hay bondad en cada persona, le llevó a buscar primero lo que une que lo que divide. Esta es la base del diálogo, dijo el Cardenal Parolin, y esto es lo que permitió al Papa Juan XXIII ayudar a resolver pacíficamente la crisis de los misiles en Cuba.

Paz, justicia y caridad
Según el Concilio Vaticano II, explicó el cardenal Parolin, la paz es más que la ausencia de guerra o el equilibrio de poder entre fuerzas opuestas. No puede haber paz si no se salvaguarda el bienestar de las personas y si no se comparten entre sí las riquezas de sus mentes y sus talentos libremente y con un espíritu de confianza mutua. Así pues, la paz es también fruto del amor, porque el amor va más allá de lo que la justicia puede conseguir.

También podríamos decir que la paz es amistad y benevolencia. Según Confucio, señaló el cardenal, la benevolencia significa no imponer a los demás lo que no se desea para uno mismo, un principio cercano al precepto cristiano: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22,39).

Citando al Papa Juan Pablo II, el Cardenal Parolin dijo que para que la verdadera paz se establezca en el mundo, la justicia debe encontrar su realización en la caridad, es decir, en el amor. Por eso recordó que el perdón es necesario para resolver los problemas de las personas y de los pueblos. Sólo una humanidad en la que reine la «civilización del amor» podrá disfrutar de una paz auténtica y duradera.

La amistad
Según el Papa Francisco, la amistad tiene también una dimensión social basada en la solidaridad y la reciprocidad.

A esto se refería cuando, en medio de los estragos de Covid-19 en una Plaza de San Pedro desierta el 27 de marzo de 2020, dijo que todos estamos en la misma barca, frágiles y desorientados, pero que todos nos necesitamos, ya que nadie se salva solo.

En su encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, Fratelli tutti, el Papa Francisco describe el diálogo como acercarse, hablar, escuchar, mirar, llegar a conocerse y entenderse, y encontrar un terreno común. Este tipo de diálogos por parte de muchas personas generosas, dice el Papa, mantiene unidas a las familias y a las comunidades, sin que se produzcan titulares.

Para concluir, el cardenal Parolin dijo a la KGFP que, para una auténtica paz en el mundo, la justicia debe encontrar su realización en la caridad y las personas deben buscar más lo que les une que lo que les divide. Insistiendo en la necesidad de la amistad y la fraternidad en el mundo, el Papa Pablo VI dijo que debemos ver en los demás no a un extraño, un rival, una molestia, un adversario o un enemigo, sino a seres humanos como nosotros, dignos de respeto, estima, ayuda y amor.

Vatican News
Imagen: Cardenal Pietro Parolin (Foto de Archivo)