El Papa abraza a refugiados y personas sin hogar

Alegría y emoción esta tarde en el Atrio del Aula Pablo VI, donde el Papa habló a un centenar de personas invitadas a ver el documental «Francisco».

Ciudad del Vaticano, 7 de septiembre 2021.- Más de 100 refugiados y personas sin hogar asistieron esta noche a la proyección de la película «Francisco» en el Aula Nueva del Sínodo, entre ellos dos familias de refugiados de Afganistán recientemente evacuados de Kabul. El acto fue organizado por la Fundación Laudato si’ y por el director Evgeny Afineevsky, que dirigió su saludo personal a los asistentes, recordando la historia migratoria de su familia, originaria de Rusia, que luego huyó a Israel y finalmente se instaló en Estados Unidos.

La proyección tuvo lugar en un ambiente de fuerte emoción para los presentes, que encarnaban las tragedias de más de 30 pueblos, víctimas de guerras, emergencias medioambientales y persecuciones. Una tensión que se diluyó al final de la película cuando el Papa Francisco abrazó personalmente a los refugiados en el atrio del Aula Pablo VI.

En un ambiente informal y de gran afecto, cada persona, cada grupo familiar, pudo recibir unas palabras de consuelo directamente del Papa, en medio del asombro de los más pequeños, incrédulos al encontrar frente a ellos al protagonista de la película que acababan de ver.

El encuentro con los 20 refugiados afganos recién escapados del caos del aeropuerto de Kabul fue muy intenso. El Papa -como precisó un comunicado del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni- dirigió “palabras de afecto y consuelo». Entre ellos había cuatro hermanos de entre 20 y 14 años, que llegaron a Italia gracias al apoyo de la Comunidad de San Egidio. Fueron confiados a un tío que fue expatriado desde hace unos años y que tuvo que abandonar a sus padres, atrapados en campos de refugiados en Irán.

Bismillah, el mayor de los cuatro, contó a Vatican News lo importante que fue para ellos sentirse acogidos, escuchados y comprendidos por el Papa Francisco y cómo su presencia esta tarde fue importante para darles una nueva esperanza para el futuro.
Al final del encuentro, los refugiados, en un ambiente festivo y de gran empatía, acompañaron al Papa Francisco hasta el coche que le esperaba fuera del Aula Pablo VI para llevarle de vuelta a la Casa Santa Marta. Los organizadores repartieron luego paquetes de alimentos para todos.

Stefano Leszczynski (Vatican News)
Imagen: El encuentro del Santo Padre con las personas sin hogar y refugiados afganos,
tras la proyección del film-documentario «Francesco», el lunes 6 de setiembre

Mensaje conjunto del Papa, el Patriarca Bartolomé I y el Arzobispo Welby

Tiempo de la Creación. El Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se unen por primera vez en un llamamiento urgente por el futuro del planeta.

7 de septiembre 2021.- Por primera vez, los líderes de la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Comunión Anglicana advierten conjuntamente acerca de la urgencia de la sostenibilidad del medio ambiente, su impacto en la pobreza y la importancia de la cooperación mundial.

Elección de la vida
El Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I y el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby, instan a todos a desempeñar su papel en la «elección de la vida» para el futuro del planeta.

En una declaración conjunta, los líderes cristianos han pedido a la gente que rece, en este tiempo cristiano de la Creación, por los líderes mundiales antes de la COP26 de noviembre. En la declaración se lee:
«Hacemos un llamamiento a todos, sea cual sea su creencia o visión del mundo, para que se esfuercen por escuchar el clamor de la tierra y de los pobres, examinando su comportamiento y comprometiéndose a hacer sacrificios significativos por el bien de la tierra que Dios nos ha dado».

En la declaración conjunta los firmantes hacen una clara advertencia:
«Hoy estamos pagando el precio… Mañana podría ser peor».

Y concluyen afirmando:
«Este es un momento crítico. El futuro de nuestros hijos y el de nuestra casa común dependen de ello».

Los tres líderes cristianos aluden a la injusticia y a la desigualdad. De hecho, refiriéndose a la injusticia ante la que estamos, escriben:
“La pérdida de la biodiversidad, la degradación del medio ambiente y el cambio climático son las consecuencias inevitables de nuestras acciones, ya que hemos consumido con avidez más recursos de la tierra de los que el planeta puede soportar. Pero también nos enfrentamos a una profunda injusticia: las personas que soportan las consecuencias más catastróficas de estos abusos son las más pobres del planeta y las que menos responsabilidad han tenido en su provocación”

Economías justas y sostenibles
La declaración hace un llamamiento a la gente para que se rece:

  • Por los líderes mundiales antes de la COP26.
  • Por las personas, para que hagan sacrificios significativos por el bien del planeta, trabajando juntos y asumiendo la responsabilidad de cómo utilizamos nuestros recursos.
  • Y por los que tienen responsabilidades de largo alcance, para que elijan los beneficios centrados en las personas y lideren la transición hacia economías justas y sostenibles.

Vatican News

«Nuestra misión común»: reunión regional sobre la protección de la infancia

Desde principios de 2017, la profesora Hanna Suchocka, junto con otros miembros de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, se ha ocupado de organizar un encuentro regional sobre la protección de los menores para Europa Central y Oriental, que se celebrará en septiembre en Varsovia. Nos habla del origen de esta iniciativa.

La Comisión Pontificia para la Protección de los Menores fue creada en 2014 como órgano consultivo al servicio del Santo Padre. La tarea de la Comisión es «proponer al Santo Padre iniciativas destinadas a promover la responsabilidad en las Iglesias particulares para la protección de todos los menores y adultos vulnerables» (Estatuto, Art. 1). Desde el principio, la principal preocupación de la Comisión ha sido encontrar la mejor manera de proteger a los niños y ayudar al Papa y a la Iglesia a lograr este objetivo. Sin embargo, el papel de la Comisión nunca ha sido asumir la responsabilidad de los casos individuales de abuso (que son responsabilidad de una autoridad judicial o de un tribunal).

Pronto se vio que, en muchos casos, el comportamiento de autodefensa de la Iglesia la hundía cada vez más en una situación peligrosa, causando más daños. El resentimiento más profundo ha sido causado por quienes, en posición de autoridad, han querido proteger la reputación individual y han tratado de evitar los escándalos encubriendo a los abusadores, reubicándolos y provocando así nuevos abusos contra los niños en lugar de protegerlos. La Comisión respaldó principios generales fundamentales como la credibilidad, la transparencia, la responsabilidad y la rendición de cuentas. Quien es responsable de otros debe rendir cuentas, de forma transparente, sobre la forma en que utiliza su autoridad; no se permite la autorregulación a puerta cerrada, incluida la gestión de los aspectos profesionales de las funciones de pastoral, enseñanza, asesoramiento y participación en la comunidad.

En el primer período, la Comisión Pontificia puso en marcha varias actividades e iniciativas que abordaban cuestiones generales como el secreto pontificio y la obligación de informar. Al mismo tiempo, se pusieron en marcha varias iniciativas a nivel local. La atención se centra principalmente en zonas donde ya se hablaba mucho de abusos, como Chile. La Comisión participa en la organización de varios proyectos y conferencias, como la Conferencia Latinoamericana de Protección de Menores en 2017, organizada conjuntamente por la Comisión Pontificia y la Arquidiócesis de Bogotá con la participación de CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos), CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), colegios católicos, entidades gubernamentales, ONG internacionales y locales, medios de comunicación internacionales e Iglesias de otras confesiones cristianas; o comprobar la condición de la protección en la educación y la formación en las escuelas católicas, con proyectos piloto lanzados en Sudáfrica, Colombia, India, Filipinas y Tonga.

Europa Central y Oriental
En esta primera fase, Europa Central y Oriental quedó fuera del campo de interés principal de la Comisión. Aunque en un principio parecía que las iglesias de esa región se habían librado de estos problemas, lamentablemente, más tarde se hizo evidente que no era así.

La idea -o más bien la necesidad- de organizar una conferencia para esta zona geográfica surgió a finales de 2017, antes de la Cumbre Internacional celebrada en el Vaticano. La conferencia «Nuestra misión común de salvaguardar a los niños de Dios» se había programado inicialmente para febrero de 2019 y luego se pospuso a 2020 debido al Encuentro que quería el Papa Francisco en el Vaticano, en el mismo febrero de 2019. Lamentablemente, la pandemia (de Covid-19) no permitió organizarla en ese momento, y por eso la Comisión aprobó finalmente la fecha de septiembre de 2021 para celebrar esta Conferencia.

Ya en 2017 se hizo evidente que el fenómeno de los abusos sexuales tenía un alcance mucho mayor (de lo que se pensaba) en los países de Europa Central y Oriental y que no se limitaba a un solo país. Por esta razón, la Comisión Pontificia comprendió la importancia de organizar esta conferencia a un nivel regional más amplio. Además, precisamente por la importancia de la Iglesia polaca, pero también por el número de casos que han salido a la luz en el país, se decidió celebrar la conferencia en Varsovia, pero que no se centrara únicamente en la situación de Polonia.

En esta región hay diferentes países, diferentes situaciones religiosas y diferentes comunidades eclesiásticas. A pesar de estas diferencias, el problema del abuso sexual infantil existe a diferentes niveles en toda la región. Para poder hacer frente a los desafíos, es necesario un intercambio de experiencias entre las iglesias de toda la región. En la lucha contra la lacra de los abusos sexuales a menores y en cumplimiento de su objetivo estatutario de promover las responsabilidades de las Iglesias locales, la Comisión Pontificia expresa su solidaridad con las Iglesias de Europa Central y Oriental en sus esfuerzos por prevenir y afrontar el mal de la traición a los jóvenes en su región. Una forma de expresar esta solidaridad es ofrecer oportunidades para que los líderes de las iglesias se reúnan y aprendan unos de otros y de aquellos que tienen una experiencia particular y/o se han enfrentado a las realidades de la crisis en un espíritu de comunión y determinación para garantizar que la Iglesia sea un lugar seguro para los jóvenes. Otro objetivo de la Conferencia es la prevención.

A la Conferencia «Nuestra misión común» asistirán representantes de casi todos los países de la región de Europa Central y Oriental: Polonia, Eslovaquia, República Checa, Ucrania, Rumanía, Croacia, Bielorrusia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Letonia, Estonia, Rusia, Serbia, Montenegro, Kosovo, Macedonia del Norte, Moldavia, Albania, Bulgaria y Alemania (con Renovabis). De cada país participarán personas designadas por sus respectivas Conferencias Episcopales, incluyendo coordinadores o delegados de la Conferencia y representantes de las congregaciones religiosas.

El Motu proprio «Vos estis lux mundi» del Papa Francisco de 2019, que establece el procedimiento de convocatoria de las autoridades eclesiales, es el documento en el que se basa esta Conferencia.

La situación evoluciona de forma dinámica
Las circunstancias han cambiado desde la creación de la Comisión. En la mayoría de las Iglesias locales se pueden distinguir dos fases: la primera, cuando se toma conciencia de que algunos sacerdotes han abusado de menores; la segunda, cuando se hace evidente que la jerarquía eclesiástica ha fracasado gravemente en responder a las denuncias recibidas. La estrecha sucesión de eventos en 2018, con acusaciones que involucran a líderes de alto perfil en la Iglesia -como el cardenal Theodore McCarrick- y la negligencia de las autoridades eclesiásticas en el tratamiento de las denuncias han tenido un gran impacto negativo en la opinión pública con respecto a la credibilidad y la confianza en el liderazgo de la Iglesia. La interpretación de la ley en cuanto a la responsabilidad de un superior por las acciones de un subordinado ha cambiado: esto significa que ahora es posible responsabilizar a una persona jurídica eclesiástica por el daño causado por el abuso sexual de un sacerdote, incluso si esto no ocurrió «en el curso de» cualquier desempeño de un deber canónico por el sacerdote, como la enseñanza de la religión o la administración de los sacramentos. En el contexto de la jurisdicción eclesial, el Papa Francisco ha decidido que, si los obispos fallan en sus deberes, deben rendir cuentas. Esta crisis exige una reflexión teológica y canónica sobre la responsabilidad de un obispo diocesano para garantizar la prevención, la intervención, la justicia y la reparación.

En los países de Europa Central y del Este hay una creciente conciencia social e institucional de los problemas derivados del abuso sexual infantil. La Iglesia (local) también está tomando conciencia de este problema. Sigue existiendo una arraigada mentalidad de secretismo y desconfianza, herencia del pasado comunista. Es muy importante que esto se tenga en cuenta en la conferencia.

Francisco, la prof. Hanna Suchocka y otros miembros de la Comisión para la Tutela de Menores
Los principales objetivos de la Conferencia:

  • El intercambio de experiencias y la reflexión para conocer cómo las Iglesias de Europa Central y del Este se enfrentan al fenómeno de los abusos sexuales a menores;
  • Inspirar a las autoridades de la Iglesia para que asuman las responsabilidades necesarias para abordar adecuadamente los abusos a menores con una respuesta adecuada a los delitos cometidos por miembros del clero y a los errores graves cometidos por las autoridades de la Iglesia, junto con un fuerte compromiso con la prevención;
  • promover una mejor comprensión en los países de Europa Central y Oriental de la posición de la Santa Sede sobre los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero;
  • promover una mejor comprensión en las instituciones de la Santa Sede de la necesidad de las Iglesias de Europa Central y Oriental de una ayuda especial para hacer frente al fenómeno de los abusos sexuales por parte de los sacerdotes;
  • crear una plataforma de colaboración e intercambio regular entre los países de Europa Central y Oriental;
  • promover la comunicación entre las autoridades eclesiásticas y los fieles y la sociedad civil en los países de Europa Central y Oriental;
  • creación de un grupo de trabajo que sirva de plataforma para futuros intercambios periódicos y de colaboración en la construcción de entornos seguros para los niños.

El principio, no el final
Desde el principio, todos los miembros de la Comisión compartieron la clara convicción de que los ámbitos de buenas prácticas debían incluir los programas de formación y educación. En todo esto, uno de los aspectos cruciales es la garantía del derecho a la información. La información existente es insuficiente: en particular, hay lagunas en el ámbito jurídico. Entre muchas iniciativas, el reconocimiento de la verdad y la justicia como un derecho de las víctimas es de gran importancia, y por ello deben reconocerse unas normas mínimas del derecho a la información. No hay ninguna iglesia local, independientemente del lugar del mundo en el que se encuentre, que sea inmune a las consecuencias de la tragedia de los abusos sexuales a menores. Hay que aprender las lecciones de responsabilidad y transparencia de otras jurisdicciones. El tema del derecho a la información está en pañales y será necesario un estudio largo y profundo para analizar su funcionamiento, pero también para intercambiar experiencias.

Esto demuestra claramente que esta conferencia es el principio y no el final de esta actividad y pretende ser el inicio de iniciativas y acciones conjuntas.

La profesora Hanna Suchocka es catedrática de Derecho Constitucional y experta en derechos humanos en la Universidad de Poznan (Polonia). Fue Primera Ministra de la República de Polonia de 1992 a 1993 y Embajadora del país ante la Santa Sede de 2001 a 2013. En 2018, fue nombrada de nuevo por el Papa Francisco como miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores.

Profesora Hanna Suchocka
Imagen: El papa Francisco y la prof. Hanna Suchocka
(Foto de Archivo)

El Papa: en Budapest y Eslovaquia para rezar en el corazón de Europa

La peregrinación a Hungría y Eslovaquia que comenzará el próximo domingo es recordada por el Papa al final del Ángelus, el día en que se inaugura el Congreso Eucarístico en Budapest. Los buenos deseos del Papa a la comunidad judía que dentro de pocos días celebrará Año Nuevo judío «Rosh Ha-Shanah». También el recuerdo de la Madre Teresa de Calcuta, en el día de su memoria y la bendición a la Legión de María, que hoy celebra su centenario.

Ciudad del Vaticano, 5 de septiembre 2021.- Falta una semana para la llegada del Papa a Budapest, pero el corazón de Francisco ya está en Hungría, donde llegará el próximo domingo y donde hoy comienza el 52º Congreso Eucarístico Internacional. En el Ángelus recordó que clausurará este importante acontecimiento para la Iglesia y que después proseguirá hacia Eslovaquia. Una peregrinación -afirma- que concluirá «el miércoles siguiente con la gran celebración de Nuestra Señora de los Dolores, Patrona de ese país». Serán, pues, “días marcados por la adoración y la oración en el corazón de Europa”.

Europa es testigo del anuncio del Señor
Francisco saluda a los organizadores del viaje, agradece a los que le esperan y a los que desea sinceramente encontrar:
Pido a todos que me acompañen con la oración y confío las visitas que realizaré a la intercesión de tantos heroicos confesores de la Fe, que dieron testimonio del Evangelio en aquellos lugares en medio hostilidades y persecuciones. Que ayuden a Europa a dar testimonio, también hoy, no tanto con palabras, sino sobre todo con hechos, con obras de misericordia y de acogida, de la Buena Noticia del Señor, que nos ama y nos salva.
Los mejores deseos para la comunidad judía.

El Papa recordó también que en los próximos días llega el Año Nuevo judío «Rosh Ha-Shanah», y luego las dos fiestas: «Yom Kippur» y «Sukkot».

Extiendo de corazón mis buenos deseos a todos los hermanos y hermanas de religión judía. Que el nuevo año sea rico en frutos, paz y bondad, para todos los que caminan fielmente en la Ley del Señor.

El centenario de la Legión de María
En el saludar a los peregrinos presentes en la plaza, los buenos deseos del Papa se dirigieron luego Legión de María, que celebra su centenario:
Que Dios los bendiga y que la Virgen los cuide.

Memoria de Santa Teresa de Calcuta
Por último, Francisco recuerda la memoria de Santa Teresa de Calcuta, «para todos Madre Teresa».

Hoy se conmemora a Santa Teresa de Calcuta, conocida por todos como Madre Teresa. ¡Un gran aplauso! Saludo a todas las Misioneras de la Caridad, comprometidas en todo el mundo en un servicio a menudo heroico, y pienso en particular en las Hermanas del Don de María, aquí en el Vaticano.

Imagen: Congreso Eucarístico Internacional en Budapest

Ángelus del Papa. Hay una sordera interior que es peor que la física: la del corazón

Todos tenemos oídos, pero muchas veces no logramos escuchar. Atrapados en nuestras prisas, con mil cosas que decir y hacer, no encontramos tiempo para detenernos a escuchar a quien nos habla. Corremos el riesgo de volvernos impermeables a todo y de no dar cabida a quienes necesitan ser escuchados. Comentando el Evangelio del día, el Santo Padre invitó a abrirnos a la Palabra de Dios y a la escucha de nuestro prójimo.

Ciudad del Vaticano, 5 de septiembre 2021.– “Jesús es la Palabra: si no nos detenemos a escucharlo, pasa de largo. Pero si dedicamos tiempo al Evangelio, encontraremos un secreto para nuestra salud espiritual”. Fueron palabras del Papa Francisco, quien, como cada domingo se asomó a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano para rezar junto con los fieles la oración mariana del Ángelus. Al comentar el Evangelio del día (Mc 7, 31-37), que en el XXIII domingo del Tiempo Ordinario presenta a Jesús que obra la curación de una persona sordomuda, el Santo Padre animó en este día, para nuestra salud espiritual, a dedicar más tiempo al Evangelio: cada día un poco de silencio y de escucha, – dijo – algunas palabras inútiles de menos y algunas Palabras más de Dios. Pero, además, refiriéndose a modo de ejemplo a nuestra vida familiar, invitó a fijarse en las veces que “se habla sin escuchar primero, repitiendo los propios estribillos siempre iguales”. Y afirmó que el renacimiento de un diálogo a menudo no viene de las palabras, sino del silencio, del no obcecarse, de volver a empezar con paciencia a escuchar a la otra persona, sus afanes, lo que lleva dentro. “La curación del corazón – aseguró – comienza con la escucha.

¡Ábrete!
Lo que llama la atención en el relato – comenzó diciendo el Papa – es la forma en que el Señor realiza este signo prodigioso: toma al sordomudo a un lado, le pone los dedos en las orejas y con la saliva le toca la lengua, luego mira hacia el cielo, suspira y dice: «Efatá», es decir, «¡Ábrete!» (cfr. v. 34)”.

En otras curaciones de enfermedades igualmente graves, como la parálisis o la lepra, Jesús no hace tantos gestos. ¿Por qué hace todo esto ahora, aunque sólo se le ha pedido que imponga su mano sobre el enfermo (cf. v. 32)? ¿Por qué hace este gesto? Quizás porque la condición de esa persona tiene un valor simbólico particular y tiene algo que decirnos a todos. ¿De qué se trata? Se trata de la sordera. El hombre no podía hablar porque no podía oír. De hecho, Jesús, para curar la causa de su malestar, primero le pone los dedos en los oídos.

Primero escuchar, luego responder
“Todos tenemos orejas, pero muchas veces no logramos escuchar”, continuó diciendo Francisco. De hecho, hay una sordera interior, que hoy podemos pedir a Jesús que toque y sane. Se trata de una sordera que “es peor que aquella física” porque es “la sordera del corazón”:
Atrapados en nuestras prisas, con mil cosas que decir y hacer, no encontramos tiempo para detenernos a escuchar a quien nos habla. Corremos el riesgo de volvernos impermeables a todo y de no dar cabida a quienes necesitan ser escuchados: pienso en los niños, en los jóvenes, en los ancianos, en muchos que no necesitan tanto palabras y sermones, sino ser escuchados. Preguntémonos: ¿cómo va mi escucha? ¿Me dejo tocar por la vida de las personas, sé dedicar tiempo a los que están cerca de mí, para escucharla? Esto es para todos nosotros, pero en modo particular, para los sacerdotes, la gente: el sacerdote debe escuchar a la gente, no ir de prisa. Escuchar y ver cómo los puede ayudar, pero después de haber escuchado. Y todos nosotros: primero escuchar, y luego responder.

“La curación del corazón comienza con la escucha”
Así, como escribimos en la introducción y repetimos, el Santo Padre invitó a pensar en la vida familiar: “¡cuántas veces se habla sin escuchar primero, repitiendo los propios estribillos siempre iguales!”.

Incapaces de escuchar, decimos siempre las mismas cosas, o no dejamos que el otro termine de hablar, de expresarse, y nosotros lo interrumpimos. El renacimiento de un diálogo a menudo no viene de las palabras, sino del silencio, del no obcecarse, de volver a empezar con paciencia a escuchar a la otra persona, sus afanes, lo que lleva dentro. La curación del corazón comienza con la escucha. Escuchar. Y esto, sana el corazón. “Pero, padre hay gente aburrida que siempre dice las mismas cosas” ¡Escúchalo! Y luego cuando terminará de habla; di tu palabra, pero escucha todo.

¿Nos acordamos de ponernos a la escucha del Señor?
“Lo mismo vale para el Señor”, prosiguió Francisco:
Hacemos bien en inundarle con peticiones, pero haríamos mejor en escucharle primero. Jesús lo pide. En el Evangelio, cuando le preguntan cuál es el primer mandamiento, responde: «Escucha, Israel». Luego añade el primer mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón […] y a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12,28-31). Pero en primer lugar dice: «Escucha Israel», escucha tú. ¿Nos acordamos ponernos a la escucha del Señor? Somos cristianos, pero quizás, entre las miles de palabras que escuchamos cada día, no encontramos unos segundos para dejar que resuenen en nosotros unas palabras del Evangelio. Jesús es la Palabra: si no nos detenemos a escucharlo, pasa de largo. ¡Si no nos detenemos para escuchar a Jesús, pasa de largo! San Agustin decía: «tengo miedo del Señor cuando pasa”, pero el miedo era que pasase, sin escucharlo.

El «secreto» para nuestra salud espiritual
Y así llegó el Obispo de Roma a decirnos el “secreto” para nuestra salud espiritual, que encontramos “si dedicamos tiempo al Evangelio”:
He aquí la medicina: cada día un poco de silencio y de escucha, algunas palabras inútiles de menos y algunas Palabras más de Dios. Escuchemos hoy, como el día de nuestro bautismo, las palabras de Jesús: «Efatá, ábrete». Jesús, deseo abrirme a tu Palabra, abrirme a la escucha. Sana mi corazón de la cerrazón, la prisa y la impaciencia.

En la conclusión, y antes de elevar al cielo la oración mariana, pidió “que la Virgen María, abierta a la escucha de la Palabra, que se hizo carne en ella, nos ayude cada día a escuchar a su Hijo en el Evangelio y a nuestros hermanos con un corazón dócil, con corazón paciente y con corazón atento».

Palabras del Papa y saludos tras el Ángelus
Tras el Ángelus, en primer lugar Francisco celebró la beatificación de Fray Mamerto Esquiú, ayer, en Argentina. Inmediatamente después, elevó su oración por toda la población afgana: por los que se han quedado, por los que están en tránsito y por los que están en los países de acogida. También dirigió su mirada y su oración a la población de los Estados Unidos de América afectada por un fuerte huracán en los últimos días. Seguidamente Francisco dirigió sus buenos deseos a la comunidad judía que dentro de pocos días celebrará Año Nuevo judío «Rosh Ha-Shanah». Luego hizo presente la peregrinación a Hungría y Eslovaquia que comenzará el próximo domingo con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico que inicia hoy en Budapest. Además, en la memoria del pontífice, Santa Teresa de Calcuta en su día y, por último, la bendición a la Legión de María, que hoy celebra su centenario.

Parolin en Madrid: la cultura del encuentro para ir mas allá de la emergencia

El Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin inaugura el II Encuentro Internacional de católicos con responsabilidades políticas, que se está celebrando en Madrid este fin de semana. Recordando el reto de la pandemia, el cardenal ha pedido que las decisiones se orienten al bien común y miren siempre a la persona.

Está claro que la pandemia, «los contagios, las víctimas, los tratamientos y las vacunas no son problemas locales», sino que conciernen «al mundo entero y a las relaciones entre los pueblos». Por tanto, la acción diplomática es «necesaria para pedir a las instituciones locales o a los parlamentos y gobiernos nacionales que establezcan estrategias y protocolos comunes, y para motivar la creación de acuerdos entre Estados». Así lo ha manifestado el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, al inaugurar hoy, sábado 4 de septiembre, los trabajos del II Encuentro Internacional de Católicos con Responsabilidades Políticas, que se celebra en Madrid, del viernes 3 al domingo 5.

Promovido por la archidiócesis de la capital española y la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos, con la colaboración de la Fundación Konrad Adenauer, el evento fue una oportunidad para reflexionar sobre el tema «Una cultura del encuentro en la vida política al servicio de nuestros pueblos».

El cardenal Parolin señaló en su discurso -dedicado específicamente a la «Cultura del encuentro y la amistad social en un mundo en crisis»- que la situación actual ofrece la oportunidad de reflexionar sobre cómo podemos trabajar para contribuir a la construcción del bien común. Un objetivo, pero quizás sería mejor decir «un deber para quienes tienen responsabilidades, que ciertamente no es nuevo» y que hoy se sintetiza en la necesidad de «salir de una crisis profunda y difícil de interpretar, que requiere sobre todo el fortalecimiento de los equilibrios sociales, de las economías, de la estructura de los países y de la capacidad de los gobiernos». El cardenal subrayó la necesidad de «una dimensión antropológica bien fundada en la acción política y en la acción de los políticos, que ponga a la persona en el centro, una idea exacta de la justicia que se reconozca como reguladora social», y una estrategia coherente de acción que, «desde la comunidad política local o nacional, sea capaz de actuar hasta la dimensión internacional». Esto significa considerar «la cultura del encuentro y la amistad social en su verdadero sentido y acción, no como meras declaraciones, sino como principios fundamentales, criterios orientadores e instrumentos de acción». Esta combinación, dijo el Secretario de Estado, permite al político basar su servicio «no en la oposición, sino orientarse hacia el bien común y utilizar el método del diálogo, el encuentro y la reconciliación».

No hay que olvidar, añadió el cardenal, que «en la vida de un país, en las relaciones interpersonales que se desarrollan en su seno, esta configuración puede convertirse en una reacción incontrolada cuando las visiones de conjunto y los objetivos comunes se ven fragmentados por actitudes y acciones sin justicia». La cuestión, por tanto, es cómo prevenir los conflictos a todos los niveles, «oposiciones continuas, relaciones cada vez más débiles, hasta realidades extremas como la pobreza, la guerra, la violación de los derechos fundamentales, la exclusión y la marginación».

En los últimos tiempos, estas situaciones «han alterado significativamente la vida social, hasta el punto de relativizar o incluso eliminar principios, normas y estructuras que constituyen puntos de referencia para la gobernanza y el funcionamiento de nuestros Estados, además de influir en la actuación de la propia comunidad internacional». Ante estas dinámicas, que «condicionan los proyectos y las respuestas a la crisis», conviene «promover la convivencia ordenada entre los seres humanos, para que nadie quede solo o abandonado». Aunque, admitió Parolin, esta búsqueda no está exenta de dificultades, «dado el surgimiento de continuas tensiones o intentos de dividir el tejido social en función de su patrimonio, sus posibilidades o su utilidad».

Ciertamente, señaló el cardenal, «al observar la dimensión global o, más técnicamente, interdependiente que caracteriza a la vida contemporánea», queda claro hasta qué punto «implica una pluralidad de participantes cuya imagen abigarrada ya no se limita a las configuraciones tradicionales», sino que concierne a todos. Por ello, el político debe saber «orientar su atención hacia las llamadas decisiones globales que, ante la crisis actual, se presentan como un medio para garantizar la estabilidad del orden social», aunque «la voluntad y el comportamiento de los individuos o de los grupos tiendan a menudo a limitar su alcance».

Las respuestas a la crisis, en otras palabras, «se configuran a una escala más amplia y con una visión a medio y largo plazo, y no se reducen a decisiones dictadas por la necesidad o impuestas por mecanismos cuya validez y efectos se basan en la resolución de emergencias y no en la continuidad». Si las medidas adoptadas o los programas elaborados por los gobiernos y los legisladores no son «el resultado de una política buena, eficaz y compartida, siguen siendo parciales o en gran medida exclusivos». No se trata simplemente de «reorientar los recursos de gasto hacia programas de desarrollo» que, de forma orgánica y continua, «puedan garantizar la plena realización de las personas y los pueblos, su crecimiento y el cumplimiento de las aspiraciones que surgen de su dignidad y forman parte de su identidad». La lucha contra la pobreza, «la superación de las pandemias, la construcción de instituciones dinámicas son retos que no necesitan respuestas, sino que hay que gobernar, porque afectan a la familia humana en su conjunto y a su futuro».

Esto requiere que el ejercicio de la autoridad «no coincida con una visión personal, partidista o nacional», sino «con un sistema organizado de personas e ideas compartidas y posibles», capaz de «asegurar el bien común global, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos elementales», en una dimensión que trasciende las fronteras, «no sólo del territorio sino sobre todo del corazón».

Quienes se enfrentan a diario con la vida de las sociedades y con «el funcionamiento de las instituciones y los conflictos sociales», y por tanto están llamados «a responder a retos cada vez más variados y complejos», deben ser conscientes de que «la amistad social y la cultura del encuentro pueden construir un camino capaz de superar la concepción funcional» que actualmente parece «animar todos los aspectos de la realidad social, con seres humanos tratados a menudo como objetos». Al mismo tiempo, la amistad y el encuentro son «un estilo de gobierno, una llamada a la responsabilidad en los distintos niveles y funciones de gobierno». Un «itinerario interesante y factible, que pide al cristiano que se enfrente constantemente a su conciencia y no sólo a sus capacidades».

En esencia, precisamente en esta fase histórica que busca exorcizar «el dolor, la incertidumbre, el miedo y la conciencia de los propios límites que ha despertado la pandemia», ha llegado el momento de «repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia».

Osservatore Romano
Imagen: Discurso del cardenal Parolin en Madrid

Alegría en el Cielo y en la tierra por la beatificación de Fray Mamerto Esquiú

La localidad de San José de Piedra Blanca, en la Provincia de Catamarca, República Argentina, se vistió de fiesta para celebrar la elevación a la gloria de los altares del nuevo beato, en una emotiva ceremonia que fue presidida por el Legado del Papa, el cardenal Luis Héctor Villalba.

4 de septiembre 2021.- Todo un pueblo se alza pidiendo tu intercesión: es el clamor que subió a los cielos desde Catamarca,en la República Argentina, pero en nombre de los fieles de todo el país, pidiendo al nuevo Beato Mamerto Esquiú, que por su intercesión se superen todos los obstáculos que afectan la nación argentina. En el sábado 4 de setiembre el cardenal Luis Héctor Villalba, Legado del Papa, presidió la Santa Misa con el Rito de Beatificación en la localidad de San José de Piedra Blanca. Obispos de todo el país acudieron a concelebrar y celebrar al nuevo Beato que fue elevado al honor de los altares en una ceremonia llena de fe, esperanza y alegría. Precedió la celebración la llegada al altar de la Virgen del Valle, Patrona de Catamarca. Monseñor Luis Urbanc, pastor de la diócesis realizó la petición de la inscripción del beato, y el vice-postulador de la causa, Fray Marcelo Méndez, presentó la biografía del nuevo beato y S.E. el cardenal Luis Héctor Villalba procedió a la lectura de la Carta Apostólica con la cual el Santo Padre Francisco inscribió en el libro de los beatos al hasta hoy venerable Siervo de Dios Fray Mamerto Esquiú. Tras el Rito, el descubrimiento de la imagen del nuevo beato y la procesión de las reliquias al altar, en medio de cantos colmos de alegría y devoción.

En la homilía de la Santa Misa, acompañada con los cantos entonados por el coro Cantus Nova y el Coro de la Catedral Basílica y Santuario del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Valle, el Cardenal Luis H. Villalba, arzobispo Emérito de Tucumán, saludó a todos con afecto, en particular Mons. Luis Urbanc, Pastor de la Diócesis de Catamarca, a Mons. Carlos Ñañez, Arzobispo de Córdoba, donde fuera también Obispo Fray Mamerto Esquiú, al Nuncio Apostólico Mons. Miroslaw Adamczyk, al Episcopado, así como al Padre Provincial de la Orden Franciscana de Hermanos Menores. Un saludo afectuoso que extendió a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, consagradas, a las autoridades presentes y a todo el Pueblo de Dios.

Doy gracias al Señor, – dijo el purpurado – porque en nombre del Santo Padre Francisco, cuyo saludo afectuoso y cuya bendición les traigo, tengo la alegría de presidir esta celebración eucarística y proclamar beato a Mamerto Esquiú.

Alegría en el Cielo y en la tierra
“¡Alegrémonos en el Señor! Hoy es un día de fiesta. Hoy es un día de gozo. Grande es la alegría en el Cielo y en la tierra por la beatificación de Mamerto Esquiú”, comenzó diciendo, adentrándose en la homilía tratando de abarcar a toda la Iglesia que en Argentina da gracias a Dios por el nuevo beato. “El gozo – aseguró el cardenal – proviene del hecho de que un miembro de la Iglesia, un hombre de nuestra patria, un hermano nuestro, es reconocido beato, honrado e invocado como tal”.

Beato quiere decir «ciudadano del cielo»
Mamerto Esquiú como religioso, como sacerdote, como obispo “es un modelo a imitar”, afirmó, es «un intercesor en favor nuestro”. “La Iglesia nos dice, al beatificarlo, que lo podemos invocar y a él podemos orar, pues ya participa de la felicidad eterna”.

El Señor nos invita a elevar nuestra mirada hacia lo alto
Fray Mamerto Esquiú buscó ser santo
“Los santos, los beatos son nuestros maestros, nuestros modelos, nuestros amigos, nuestros protectores” hizo presente el Legado pontificio, quien, tras recorrer la vida de Fray Mamerto Esquiú, se refirió a algunos rasgos del sacerdote y pastor que “buscó ser santo”:

Buscó, sobre todo, hacer la voluntad de Dios. Lo que importa, decía, es hacer a todo trance la voluntad de Dios. Construyó su vida de santidad sobre Jesucristo. Su meta era conocer y amar a Jesús para grabar su imagen en su alma.

Iluminó el orden temporal con la luz del Evangelio
Mamerto Esquiú también fue un sacerdote de profunda oración, que tenía un gran amor a la Santísima Virgen María y a San José, añadió el cardenal. “Fue un Obispo misionero que se dedicó a visitar todas las comunidades de su extensa diócesis”, y también “fue un Obispo Pastor, que se destacaba por su humildad, por su pobreza y por la austeridad de su vida”. Esquiú “fue un pastor que se entregó a los pobres al estilo de San Francisco. Era infatigable en la asistencia a los enfermos y en la administración de los sacramentos”.

El beato Mamerto Esquiú es reconocido como uno de las grandes figuras de nuestro país por su patriotismo ejemplar. Iluminó el orden temporal con la luz del Evangelio, defendiendo y promoviendo la dignidad humana, la paz y la justicia.

Dios es santo y quiere que su pueblo sea santo
“El cristiano está llamado a ser en la tierra la imagen viviente de la santidad divina” recordó también el prelado, afirmando que “no hay más que una vocación definitiva”, es decir, “la de ser santos”.
La santidad no es una excepción en la vida cristiana, es un llamado para cada uno de nosotros.

“¿Cómo puede ser santo el hombre?”, fue la pregunta que planteó luego, a lo que respondió:
Dios santifica al hombre, comunicándole su vida divina. Dios lo hace participar de su santidad, de su vida. El hombre se torna santo por su comunión de vida con Dios. La santidad es un don, un regalo. La santidad se nos confiere por el bautismo y los otros sacramentos por los cuales se nos infunde la gracia, que nos hace santos, hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina.

La santidad no es pasiva
Pero la santidad – precisó inmediatamente después– no es sólo don, sino también un deber:
El pecado nos debería disgustar como una mancha en un vestido blanco
“Estar en gracia de Dios – puntualizó el también emérito de Tucumán – lo es todo para nosotros. Tenemos que tener siempre una gran preocupación por vivir en gracia de Dios. Nos debería disgustar como una mancha en un vestido blanco, por muy pequeña que sea. Tenemos que tener una profunda estima por la gracia de Dios y un gran deseo de vivir en gracia de Dios. La gracia es de por sí exigente y no deberíamos tolerar ni el más mínimo pecado” (…).

Realizar la santidad es vivir en la sencillez de lo cotidiano la fe, la esperanza y la caridad.

Al finalizar su homilía invitó a los fieles a meditar sobre la vida del fraile catamarqueño y a seguir su ejemplo y oró para que la Virgen María, Reina de los Santos, suscite en el pueblo cristiano, hombres y mujeres santos. “Que el beato Esquiú nos alcance esta gracia”.

Por intercesión del Beato se superen los obstáculos del País
Monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca, dirigió su saludo colmo de gratitud a todos y, en modo particular, a la Familia Pacheco Paz que recibió el favor de Dios curando a su pequeña Ema por intercesión del querido beato. A todos los que participan en esta fiesta de genuina fe de forma virtual o presencial les dijo:
Es sabido que lo central es el don que estamos recibiendo en estos momentos históricos de nuestra Patria e Iglesia que peregrina en Argentina, y nada ni nadie puede venir a opacar este regalo celestial: ¡Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú es Beato! Ruego e invito a todos a rogar a Dios por intercesión de nuestro comprovinciano, que nuestra Patria supere con caridad cristiana todos los obstáculos que la siguen sumiendo en esclavitudes, arbitrariedades, enfrentamientos, injusticias y mezquindades que no permiten avistar un futuro de paz, progreso, inclusión, trabajo, respeto, unidad y amistad, como soñaba el beato Mamerto Esquiú.

Imagen: La develación de la imagen del Beato

UNICEF: Más de medio millón de niños en peligro tras el terremoto

Unos 540.000 niños del suroeste de Haití, afectado por el terremoto, se enfrentan ahora a la posible reaparición de enfermedades relacionadas con el agua, según UNICEF.

3 de septiembre 2021.- Unos 540.000 niños del suroeste de Haití, afectado por el terremoto, se enfrentan ahora a la posible reaparición de enfermedades relacionadas con el agua, según UNICEF. Las graves condiciones en el suroeste de Haití, donde más de medio millón de niños carecen de acceso a refugio, agua potable y saneamiento, están aumentando rápidamente la amenaza de infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarreicas, cólera y paludismo.

Amenaza que aumenta día tras día
Según Bruno Maes, representante de UNICEF en Haití:
“Las vidas de miles de niños y familias afectadas por el terremoto están ahora en peligro, precisamente porque no tienen acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene”

Y añade que «el cólera no se ha reportado en Haití desde febrero de 2019, sin embargo, sin una acción urgente y más firme, la reaparición del cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua es una amenaza real que aumenta día a día».

Daños causados por el terremoto
“Antes del terremoto, sólo más de la mitad de los centros de salud de los tres departamentos más afectados por el seísmo tenían acceso básico a los servicios de agua. Tras el terremoto, casi el 60% de los habitantes de los tres departamentos más afectados no tienen acceso al agua potable. Miles de personas cuyas viviendas se han derrumbado no tienen acceso a servicios sanitarios, en parte debido a los daños causados por el terremoto”

Con la Dirección Nacional de Agua y Saneamiento (DINEPA) y los socios de la sociedad civil, UNICEF está mejorando el acceso al agua, el saneamiento y la higiene de las familias afectadas: Aproximadamente 73.600 personas tienen acceso al agua potable a través de sistemas de transporte de agua, seis plantas de tratamiento de agua y veintidós bolsas.

Más de 35.200 personas se beneficiaron de la distribución de unos 7.000 kits de higiene, que incluían productos para el tratamiento del agua en el hogar, jabón, recipientes para el agua, dispositivos para lavarse las manos y toallas sanitarias.

“Una semana después de que el terremoto devastara Haití, UNICEF envió más de 65.000 tabletas de purificación de agua, 41 bolsas, tres unidades de tratamiento de agua y kits de higiene doméstica. UNICEF ya ha encargado otros 31.200 kits de higiene. UNICEF, el único organismo de las Naciones Unidas que ha suministrado agua potable a la población afectada, se propone llegar a 500.000 personas con agua y saneamiento. Nuestros esfuerzos por suministrar más agua potable no están a la altura de las graves necesidades de todas las zonas afectadas”

Así lo afirmó Maes, quien agregó: «La impaciencia y a veces la frustración crecen en algunas comunidades haitianas, y eso es comprensible. Pero obstaculizar las operaciones de socorro no ayudará. En los últimos días, se han suspendido temporalmente varias distribuciones de kits de higiene esenciales debido a las tensiones sobre el terreno”.

“Junto con las limitaciones financieras, la inseguridad está ralentizando actualmente nuestras actividades para salvar vidas sobre el terreno”.

Llamamiento humanitario de UNICEF
UNICEF hace un llamamiento a las autoridades locales para que garanticen las condiciones de seguridad de las organizaciones humanitarias y aumenten la asistencia a las comunidades afectadas por el terremoto. El terremoto del 14 de agosto en Haití agravó aún más una situación humanitaria ya de por sí difícil, caracterizada por la persistente inestabilidad política, la crisis socioeconómica y el aumento de la inseguridad alimentaria y la malnutrición, la violencia relacionada con las bandas y los desplazamientos internos, la pandemia del Covid-19 y la afluencia migratoria haitiano-dominicana.

Se ha recibido menos del 1% de la financiación solicitada
Además del llamamiento de 48,8 millones de dólares lanzado para 2021, UNICEF hace ahora un llamamiento humanitario de 73,3 millones de dólares para la infancia, con el fin de ampliar sus intervenciones en respuesta al terremoto y ayudar a los desplazados internos. Hasta ahora, se ha recibido menos del 1% de esta financiación solicitada.

Se necesitan con urgencia fondos adicionales
UNICEF hace un llamamiento a la comunidad internacional para que proporcione urgentemente fondos adicionales para la respuesta humanitaria y para prevenir la aparición de enfermedades transmitidas por el agua en Haití tras el terremoto.

El Nuncio en Ucrania: el aliento del Papa para un pueblo que sufre

La misión del nuevo nuncio apostólico, Monseñor Visvaldas Kulbokas, en Kiev, Ucrania, comienza el 7 de septiembre. Lituano, 47 años, ha servido en la Secretaría de Estado y en varias representaciones pontificias.. Ayer, antes de partir, se encontró con Francisco: «Un padre que me envía alentándome y bendiciéndome», dijo a los micrófonos de Vatican News.

Ciudad del Vaticano, 3 de septiembre 2021.- De Lituania a Ucrania: los orígenes y luego la experiencia en la Secretaría de Estado serán sin duda una ayuda para afrontar la nueva y delicada misión. Lo dice en una entrevista concedida a Vatican News, monseñor Visvaldas Kulbokas, a quien Francisco nombró nuncio apostólico en Ucrania el pasado mes de junio y que comenzará su misión el 7 de septiembre en Kiev. Nacido en Klaipeda, Lituania, el 14 de mayo de 1974, monseñor Kulbokas entró en el servicio diplomático de la Santa Sede en julio de 2004, y ha trabajado en las Representaciones Pontificias en Líbano, Países Bajos, Federación Rusa y en la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y desde 2020 en la Nunciatura Apostólica en Kenia.

Ayer fue el encuentro con el Papa, un momento que fue todo menos formal -explicó el representante pontificio-, más bien como un saludo entre un «padre y un hijo» que está a punto de partir y al que el progenitor le confía sus «pensamientos y su corazón» para que le lleve a su destino. Fue un momento de alegría», dijo el Nuncio, «me encontré con un Papa joven y enérgico que me expresó sus prioridades para Ucrania, un país al que, como subrayó repetidamente, quiere mucho». Aunque no precisó los detalles de la conversación, monseñor Kulbokas mencionó los que considera los principales retos de la nueva misión, destacando el fuerte aliento recibido de Francisco.

¿Cómo fue su encuentro con el Papa, qué significó para usted?
El Papa me habló de sus visiones, de sus prioridades para Ucrania, subrayando repetidamente que es un país al que ama mucho. También quiso confiarme sus preocupaciones por el gran sufrimiento del pueblo ucraniano, tanto en el pasado como en el presente, dándome su visión de Ucrania. Y es una visión sobre todo de ánimo, porque si el pueblo sufre, si el país sufre, hay que animarlo y no es fácil hacerlo. Así que podría decir que fue un encuentro entre padre e hijo. Cuando el hijo tiene que ir a algún sitio, el padre le dice: «Porta mi corazón, porta mi mente, porta mi voz, represéntala en el país». Y fue un momento muy alegre, muy vivo, también porque me encontré con un Papa muy enérgico: conoce Ucrania desde los 12 años, y fueron sacerdotes ucranianos los que le enseñaron a servir en la misa…

¿Qué retos parecen más pertinentes para esta misión?
Sobre todo la de anunciar a Jesús. Cuando la luz cae sobre Jesús, todo se relativiza, además de lo que el Papa ha subrayado varias veces: la alegría. Los cristianos, empezando por los obispos, los sacerdotes, debemos llevar la alegría. Por supuesto, hay problemas: hay que afrontarlos, pero sin desanimarse tanto. La realidad ucraniana actual está llena de dificultades y problemas, empezando por la guerra, luego las dificultades económicas y sociales, las repercusiones en la vida política y, por último, las dificultades dentro de la Iglesia y entre la Iglesia católica y las demás Iglesias. Por eso, el Papa quiso alentarme diciéndome: ‘Bajo la protección de Jesús y de los santos, realiza tu misión con mucha paz, con mucho corazón, sin perder tu alegría interior’. Así que fue un papá que me envió alentándome y bendiciéndome.

Usted viene de Lituania, que tiene en común con Ucrania un cierto período histórico bajo la ocupación del régimen ateo, cuando la Iglesia fue perseguida: usted es el primero con esta experiencia. ¿Le ayudará esto a comprender mejor las situaciones y contextos de Ucrania?
Estoy seguro que sí. Será necesario trabajar, esforzarse, pero estoy seguro de que mi historia personal, al haber nacido cuando aún formábamos parte de la Unión Soviética -recuerdo que mi padre y mi madre solían ir a Kiev para recibir tratamiento: Kiev, para nosotros, en casa, era casi el mismo país, ¡y por eso ahora si voy a Kiev es mi casa! Por eso, en este sentido, ir a trabajar a un país tan cercano a mi corazón, es mucho más fácil, porque hay mucho más corazón, hay mucha más comprensión -al menos históricamente: no digo que entienda todas las dificultades que hay hoy, pero las históricas, sí. Y seguro que todo esto ayuda mucho.

En su reciente entrevista con nuestra emisora usted pidió que rezáramos, y que rezáramos mucho, porque será necesaria mucha gracia del Espíritu Santo para afrontar todos estos retos…
Yo estoy muy seguro de que la oración, ¿qué nos da? Nos da valor; nos anima a ser creativos. La oración es una fuente inagotable, y este es también un consejo que recibí del Papa: mucha oración, mi oración personal. Pero por eso estoy muy seguro de que también la oración de mis amigos y de los que me escuchan, cuando quieran ofrecer esa oración personal, esa bendición personal, enviándomela espiritualmente a través de los santos, a través de los ángeles, estaré muy, muy agradecido.

Taras Kotsur (Vatican News)
Imagen: Monseñor Visvaldas Kulbokas, Arzobispo de Martana,
Nuncio Apostólico en Ucrania junto al Papa Francisco.

II Seminario Internacional Teología. Mons. Azuaje: Una fe no entendida es una fe débil

Entrevistado por Vatican News, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, comparte reflexiones ante el II Seminario Internacional de Teología, que tendrá lugar a partir del próximo 7 de setiembre. Entre los temas abordados, la importancia de la formación teologal para los cristianos y la de la participación.

3 de septiembre 2021.- «Participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella»: son palabras del Presidente del Episcopado Venezolano y Arzobispo de Maracaibo, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, entrevistado por Vatican News, refiriéndose a la importancia de participar en el II Seminario Internacional de Teología que tendrá lugar bajo el tema: «La Renovación Eclesial en Clave Sinodal y Ministerial», del 7 al 10 de septiembre de 2021, de forma virtual. El pastor señala la necesidad de «entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo». «Nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar», afirma.

En el marco de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y el próximo Sínodo de los Obispos, y con la finalidad de colaborar con los procesos formativos, el Seminario ha sido organizado por el Instituto Nacional de Pastoral de Venezuela (INPAS) de la Conferencia Episcopal Venezolana, la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela (ITER-UCAB) y la Facultad Eclesiástica de la Escuela de Teología y Ministerios de Boston College (STM), con el patrocinio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos/as (CLAR). Se contará con la participación del Cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría del Sínodo de los Obispos, y los dos Subsecretarios, la Hna. Nathalie Becquart XMCJ y Mons. Luis Marín de San Martín OSA. También presente Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, Monseñor Héctor Miguel Cabrejos OFM, Presidente del CELAM y la hermana Gloria Liliana Franco ODN, Presidente de la CLAR.

En el primer seminario, que tuvo lugar en 2019, se abordó el tema de «Reforma de estructuras y conversión de mentalidades en la Iglesia hoy». Monseñor José Luis Azuaje Ayala se refiere, para iniciar, a dicho seminario:
R.- El Papa Francisco desde que dio inicio a su ministerio petrino nos ha invitado a asumir una profunda renovación integral de y en la Iglesia, asumida desde una conversión persona, pastoral y eclesial, lo que implica un cambio de mentalidad en los cristianos con opciones prioritarias: la opción misionera, la opción preferencial por los pobres, la opción por una Iglesia pobre para los pobres; todo ello desde la centralidad en Jesucristo y en la dignidad del ser humano que no vive de forma aislada, sino en plena interrelación con todo lo existente, de allí su propuesta de integralidad porque todo está conectado en la historia.

Para que esto se dé, se necesitan profundas reformas estructurales, que venza la actitud autorreferencial de la Iglesia, al mirarse tantas veces a sí misma en defensa de sus posiciones; lo que contradice el espíritu pastoral del Concilio Vaticano II, por lo que es necesario una Iglesia que deje de contemplarse a sí, para contemplar a Jesús que camina en medio de su pueblo, de tal forma que logre desinstalarse y salir al encuentro de los hombres y mujeres que con sus propias experiencias de vida testimonian el valor de la existencia relacional y la experiencia de la esperanza en situaciones de injusticias.

Cuando hablamos de renovación eclesial, hablamos de la renovación de todos los miembros del pueblo de Dios, de una Iglesia con rostros diversos, con variadas experiencias de vida; no se trata sólo de mover cosas de un lado para otro, sino de desechar y dejar atrás acciones, tradiciones y programas que ya no sirven para la evangelización en el tiempo actual; es decir, superar el “siempre se ha hecho así”, o el “más de lo mismo”, para entrar en la dinámica de proponer nuevas realidades pastorales que den respuestas a los desafíos actuales, principalmente a este momento tan doloroso como es el de la pandemia y el de las injusticias de nuestros pueblos debido a la violencia organizada, la corrupción, la inequidad, el empobrecimiento, el populismo que resquebraja los valores democráticos y a ideologías sectarias que van haciendo presencia en nuestros pueblos.

¿Cuál es la importancia de la formación teologal para todos los cristianos, en particular en el camino sinodal que está por iniciar?
R.- Una fe no entendida es una fe débil, que se queda en los sentimientos, en las emociones y no penetra al ámbito de las decisiones de vida. Reconozco que como humanos necesitamos también los afectos, pero hay que trascender para darle sentido al creer, para poder decir como Pablo, “creí, por eso hablé” (2Cor 4,13), abrir el compás del nutriente cognoscitivo sabiendo que «la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar» (GS, 31); y esto no se improvisa.

En la Iglesia nos hemos quedado cortos en plantear una seria formación teológica a los cristianos, no solo catequética, que es una buena labor, sino que hay que apuntar más allá, a un nivel de formación teologal donde se exprese vivamente la revelación de Dios que ha querido hacer historia compartida con la humanidad, el sentido de la encarnación de un Dios que se ha anonadado, que se hace hombre, que humaniza todo su entorno, que ha servido a los pobres y ha dedicado su vida a liberar de las ataduras del pecado y de las injusticias a hombres y mujeres, que le ha dado sentido a la historia llevándola más allá de lo contingente, abierta a la resurrección.

Este camino comprensivo tenemos que hacerlo todos juntos, de forma sinodal, caminando juntos, sintiéndonos hermanos, dejando distinciones que nos separan y hasta humillan, sabiendo que somos servidores los unos para con los otros en la construcción de un nosotros. Es el momento en el que hay que sacar a relucir los compromisos del pacto de las catacumbas, de aquel otoño del 65, principalmente para el sector jerárquico, porque no es hora de presentar títulos ni de sentirnos salvadores, sino salvados a través de la humildad de la Iglesia, como signo universal de salvación, que se abre a Jesús pobre y servidor de todos. Desde esta base es creíble la palabra de Dios y el testimonio de la Iglesia, caminando juntos, en igualdad de condiciones, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, diáconos y obispos; haciendo que el clericalismo vaya esfumándose, así como las pretensiones de poder de algunos grupos de Iglesia cerrados en sus tradiciones y posesiones. Hay mucho que hacer por delante. Insisto, la imagen que nos motiva es la de Jesucristo pobre y servidor entre los pobres.

¿Puede hablarnos de los temas que abordarán los expositores?
R.- El punto focal a mi entender es que para que se dé una renovación eclesial, es decir, de todo el pueblo de Dios, debemos caminar juntos y asumir como criterio de vida el servicio a todos, sin distinción. El primer servicio de la Iglesia a la humanidad es evangelizar, como bien lo ha expresado San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (n. 14). Esta es una síntesis clara y certera de la misión de la Iglesia que hoy el Papa Francisco propone como un gran sueño, al afirmar: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG,27).

Por eso los temas a reflexionar son de sumo interés en este momento que inicia la preparación del Sínodo de la Sinodalidad y también la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. Estos temas se refieren a la Sinodalidad en América Latina y El Caribe, en una Iglesia laical, asumiendo la participación de los laicos en la gobernanza eclesial que hasta ahora ha sido muy clerical y sin mucha apertura, a pesar de los grandes carismas que están inmersos en el pueblo de Dios, por lo que queda un reto pendiente: la toma de decisiones en la Iglesia, tema que será reflexionado el tercer día. Este seminario nos pondrá a reflexionar también sobre el servicio de nuestras Conferencias episcopales y diócesis en clave sinodal, apuntando siempre a una labor de construcción del reino de Dios que tiene asidero en una Iglesia comunidad de comunidades.

Todo esto se podrá realizar si hay conciencia de la necesidad de que la Iglesia se renueve, haga un giro copernicano y no se mire a sí misma, sino que tenga una actitud de salida, con la participación y corresponsabilidad de todos en un caminar juntos, de forma sinodal, por lo que se hace necesario la reforma del ministerio ordenado fundamentada en la Sagrada Escritura como revelación y en la reflexión teológica; para ello es necesaria la contribución de las universidades y las instancias formativas en la Iglesia, que generen procesos de investigación y reflexión teológico pastoral que implique una toma de conciencia de los cambios pertinentes en una nueva época.
Las contribuciones de este seminario serán, ciertamente, de suma importancia en el camino sinodal convocado por el Papa Francisco y el objetivo del próximo seminario será ofrecer algunas claves teológicas, eclesiológicas y pastorales sobre el significado y la práctica de la sinodalidad.

¿Por qué participar?
R.- Hay que participar para ejercer el principio de la sinodalidad; es decir, caminar todos juntos, manifestar la comunión que debe haber en las instancias eclesiales; pero como estamos en un proceso reflexivo-creativo, para entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo, nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar desde sus propias palabras, cultura, sentidos, comprensiones, para adelantar un cúmulo de proposiciones que ayuden a hacer más viable el mensaje del Evangelio en medio del pueblo de Dios, un pueblo que es sujeto, que evangeliza, que es santo, que es fiel. Hace apenas unos días se cerró el tiempo de escucha hacia la Asamblea Eclesial, fue una experiencia de diálogo, de escucha, de intercambio muy fructífero donde podríamos decir, el pueblo de Dios habló y escuchó.

También participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella. Por ejemplo, en este tiempo de pandemia y de tanto sufrimiento estamos llamados a ejercer la dimensión social de la evangelización para dar sentido al sufrimiento desde la Cruz de Cristo, desde su presencia en medio del pueblo, sufriendo con él y muriendo con él, pero también dando esperanza porque no todo termina en la Cruz, sino que trasciende a la Resurrección.

Participamos porque nos sentimos Iglesia, congregación, sujetos activos. Tiene que pasar el tiempo donde unos decían y otros obedecían, hoy todos compartimos desde el “sensus fidei” nuestra responsabilidad bautismal. Abrirse al otro, acercarnos, hacerlo uno con uno, nos hace más humanos y más hermanos. Una Iglesia en salida no se construye en un escritorio, se construye en la calle, en la vida, en la experiencia cotidiana, en la experiencia espiritual del día al día, sin ritualismos, sino en la humildad de las expresiones de nuestro humilde pueblo, en la práctica de la religiosidad popular, con una mística encarnada en la cotidianidad del pueblo, sobre todo de las periferias. Esto nos da una pauta de conversión: si antes todo iba de las catedrales a las periferias, ahora el camino es a la inversa, de las periferias a las catedrales; por eso el Papa Francisco nos dice que prefiere una Iglesia herida y manchada por salir a la calle y estar en medio de la gente, sirviéndola, particularmente la más pobre, que una Iglesia centrada en sí misma (cf EG 49).

Como conclusión diría que es necesario tener una conversión teologal, es decir, revisar profundamente desde la revelación, la imagen de Dios que tenemos cada uno, para darnos cuenta si es realmente el Dios que Jesús nos reveló; de ahí podemos pasar a una conversión eclesial para darnos cuenta si la Iglesia en la que creemos y servimos es la Iglesia de Jesucristo que hoy se expresa desde el Concilio Vaticano II; para pasar a una conversión pastoral donde nos damos cuenta de nuestra responsabilidad misionera desde el bautismo y no como delegación temporal de cualquier instancia de Iglesia; estar claros y convencidos que no son los otros, sino un nosotros, los sujetos de la evangelización, un nosotros que es pueblo; de esta forma pasamos a la conversión de estructuras porque siempre son elaboraciones para tiempos determinados y se hace necesaria la renovación de las mismas para evitar la autoreferencialidad y la inercia.

“Ojalá este segundo seminario despierte el gusto por sumergirnos en lo que ha estado siempre presente aunque no activado del todo como es la sinodalidad en una Iglesia en salida en nuestra América Latina y El Caribe, sufrida pero siempre esperanzada.”

Imagen: Mons. Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana