La ciudad de san Isidro

El cronista árabe Ibn Hayyan atribuye la fundación de Madrid, a mediados del siglo IX, al impulso reorganizador y constructivo en la frontera media de Muhammad. A priori, se perseguía un doble efecto: estabilizar las fronteras septentrionales de al-Ándalus e integrar los territorios insumisos al poder del Estado cordobés. A partir de este momento, una extensa región, equivalente a las actuales provincias de Madrid, Guadalajara y buena parte de Toledo, comenzará a dinamizarse más eficazmente.

Entendemos que la fundación de Madrid debería comprenderse como un paso decisivo en la islamización de una región que aún mantiene una robusta herencia visigoda. De aquel momento contamos con un extraordinario patrimonio monumental, como el primer recinto, identificado como emiral, con un perímetro aproximado de 850 metros y cuatro hectáreas de superficie útil.

Mayrit, transformada en medina por Abd al-Rahman III, en el primer tercio del siglo X, atraería a numerosos colonos, familias que se irían instalando en los espacios extramuros de la almudaina, generando así varios arrabales. El periodo de máxima expansión demográfica y en hectáreas ocupadas se conseguiría a lo largo del siglo XI. El solar habitado estaba dividido en dos extensos barrios separados por el arroyo de San Pedro o vaguada de la calle de Segovia. Uno crece a oriente y al norte de la ciudadela, con el arroyo del Arenal y el barraco de la calle Escalinata como marcas geográficas. El otro, desarrollado alrededor de la colina de San Andrés, con las Vistillas y las cavas de San Francisco y San Miguel como limitadores. Más complicado es conocer el modelo de vivienda usual, aunque por los escasos datos disponibles tendríamos cabañas de postes y residencias en cueva.

Frente a la carencia de estructuras de habitación, otros vestigios son más frecuentes, la mayoría ligados al abastecimiento de agua. Son numerosos los ejemplos de pozos junto a una compleja red de qanats. Curiosamente, uno de estos viajes de agua discurre a pocos metros de la Casa de San Isidro. Tanto por el tamaño de los pozos, como por la distribución de estos en distintas zonas de los arrabales, parece que estamos ante un modelo de granja familiar periurbana dependiente de pequeños propietarios. En cualquier caso, este conjunto contaría con la vivienda principal y otras instalaciones accesorias, como corrales, noria de sangre, alberca y huertos. Es decir, los musulmanes madrileños se dedicaban a la tradicional actividad agropecuaria, con agricultura de secano e irrigada; al pastoreo, pero también producían ciertas manufacturas, como la alfarería o los curtidos. Entre las especies cultivadas han sido identificadas la cebada, el trigo, el centeno, el melón, las coles, el ajo, habas y árboles frutales.

Distinto es el uso de los alrededores de la plaza de la Cebada, anexa a la iglesia de San Andrés, pues aquí se localizaría una extensa maqbara. El cementerio de rito coránico tendrá un prolongado uso hasta principios siglo XVI. En cuanto a los edificios religiosos, Madrid contaría con varias mezquitas: la mayor en la desaparecida iglesia de Santa María, y otras de barrio, como la iglesia de San Nicolás.

Aunque no se han encontrado vestigios que lo certifiquen, la tradición historiográfica insiste en la presencia de un reducido grupo de mozárabes. Dicha comunidad habría estado ubicada en el entorno de las Vistillas. De hecho, aquí fue erigida la parroquia de San Andrés, lugar que custodiaba el arca con los restos de san Isidro

Tras la capitulación de Toledo, en 1085, se pone en marcha una nueva fase historia. Y aquí nos encontramos a Isidro (1082-1172), el labrador, un observador privilegiado que contempla cómo llegan a la villa nuevos colonos. Originarios de la meseta norte se mezclarán con los mozárabes locales y con los pocos musulmanes que habían decidido quedarse en Madrid. Vivir en la frontera durante el siglo XII no será sencillo. Tampoco consolidar la nueva sociedad cristiana surgida en este momento.

Antonio Malalana
Universidad CEU San Pablo
23 de mayo 2021

Carta semanal de Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid: «San Isidro Labrador no fue un superhombre»

Se acerca la fiesta del patrón de Madrid, san Isidro Labrador. Es para mí una gracia inmensa recordaros con este motivo que la meta de nuestra existencia es la que todos los santos han buscado. Lo describe muy bien el apóstol san Juan: «Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es» (1 Jn 3, 2). Qué bien viene escuchar al Señor cuando nos dice: «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15, 14). Sí, san Isidro fue un amigo entrañable del Señor en la vida diaria de familia y trabajo. Abrió las puertas de su vida y de su familia de par en par a Jesucristo; no tuvo miedo y quiso mostrárselo a quienes se acercaban a él. Lo hacía con la fuerza que le venía de Dios. Su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico estuvo acompañado, además, de su gran humanidad.

En el pueblo de Madrid, ¿qué huellas han quedado después de tantos siglos? Sin lugar a dudas han sido tres: la oración, su cercanía a todas las gentes sin distinción y su amor por la justicia y la misericordia. Los testimonios históricos que poseemos nos dicen que san Isidro tenía tiempo para la oración, para hablar con Dios, para comunicarse con Él. Era una prioridad en su vida personal y en su vida familiar. Una tarea diaria tan esencial que nunca la olvidó. Para san Isidro, comunicarse con Dios, escucharlo, era imprescindible; tenía tiempos y momentos precisos y señalados para orar. Por otra parte, se sentía impulsado a vivir en la cercanía a las gentes de su tiempo y del lugar; él no era un hombre separado del pueblo, buscaba a sus vecinos, nunca se escondió de nadie y a todos hacía llegar la experiencia de Aquel en quien creía. Y también vivió con un amor singular por la justicia y la misericordia que siempre van unidas, pues no podemos hallar la una sin la otra.

Qué belleza adquiere la vida de este santo trabajador del campo cuando lo vemos en el marco de su familia, como esposo y padre. Siempre fue en busca del encuentro, del diálogo, de ayudar al otro, de difundir la fe y el amor. Para sus vecinos fue un padre y un esposo ejemplar. Tenemos una herencia que nos legó este santo madrileño: la familia cristiana vivida como lo que es, una iglesia doméstica en la que crece el amor de Dios. ¡Qué testamento más maravilloso para las familias! Os invito a acoger este testamento de san Isidro y a visitar los lugares donde vivió.

Hoy hablamos de la ecología integral, usando palabras del Papa Francisco, y hacemos muy bien. Es verdad que han pasado muchos siglos, pero san Isidro nos enseña a cuidar de lo que es más débil y a preocuparnos por todo lo que tenemos alrededor, buscando y cultivando el sentido profundo que tiene la vida abierta a Dios para no caer en la cómoda cerrazón en uno mismo. San Isidro se abrió a Dios y vio la necesidad de abrirse a cuidar todo lo que Dios había creado: la naturaleza y los hombres. Amaba y era amado por su entrega generosa, por su alegría, por su generosidad, por dejar de pensar solo en sí mismo, por su simplicidad de vida… Y sigue siendo un santo querido y conocido por millones de personas, no solo en España o Iberoamérica, sino en el mundo entero.

San Isidro es un santo que el pueblo hizo grande. Sobre todo, lo admiraban por ser un hombre como los demás, pero que hizo de su familia y de su trabajo un testimonio elocuente de una fe vivida en lo cotidiano y escondido. Vieron en él y en toda su familia una acogida de la gracia que se nos da en Jesucristo, esa que cambia el corazón, que nos hace sentir que Dios es bueno, que nos ama y nos hace sus amigos, que nos elige para formar parte de su pueblo y dar testimonio vivo de Él.

En nuestro patrón podemos ver con claridad lo que a veces no vemos. Creemos en muchas ocasiones que los santos son superhombres, que nacieron perfectos. Pero mirémoslos en su verdad: son hombres como nosotros. La única diferencia es que supieron acoger el amor de Dios y dedicaron su vida a entregar ese amor a los demás.

En esta línea, en este tiempo de pandemia, quiero compartir tres ideas con vosotros los madrileños, cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad:

1. Ser santo no es un privilegio de unos pocos, tú también puedes serlo. Esto quiere decir que asumes tener un rostro, el de Jesucristo, que vive no para sí mismo sino para los demás, sean quienes sean, pues somos hermanos todos. ¿No crees que estas presencias urgen en nuestra sociedad?

2. Pregunta a quienes encuentres por el camino: ¿sabes lo que significa en tu vida estar bautizado? Ni pierdas tú ni hagas perder a nadie esta herencia que da el Bautismo, el privilegio de ser santos, hijos de Dios. Piensa que una sociedad cambia con hombres y mujeres que hacen presente a Dios. ¡Cuántas personas adultas encuentro en Madrid que me piden el Bautismo! Doy gracias a Dios.

3. Acoge el mensaje de san Isidro, que nos dice: «Fíate del Señor». Él nunca defrauda, no decepciona, es un buen amigo y consejero, quita el miedo a ir a contracorriente. Siente la urgencia de ser signo visible del amor mismo de Dios, como esposo o esposa, como hijo, como padre, como amigo, como trabajador, y siempre en comunión con Él y al servicio de los hermanos.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro
Arzobispo de Madrid

Los Institutos de Vida Consagrada de Roma y Madrid celebran 50 años de servicio

El Instituto Claretiano de Teología de la Vida Consagrada (ITVC) de Roma y el Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid (ITVR) están de celebración: cumplen 50 años de servicio dedicados a consolidar y fortalecer la vida consagrada en su misión en todo el mundo.

Ciudad del Vaticano, 11 de mayo 2021.-El Instituto Claretiano de Teología de la Vida Consagrada (ITVC) de Roma y el Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid (ITVR) celebran este año 50 años de servicio dedicados a consolidar y fortalecer la vida consagrada en su misión en todo el mundo.

Los Institutos -se lee en la página web de la Unión de Superiores Generales- recuerdan el fructífero recorrido de estos cincuenta años, dedicados a fortalecer la vida religiosa «en el deseo de conocer a Dios cada vez más profundamente», y se alegran de la continuidad que han tenido estos centros de estudio en otros continentes. Para la ocasión, se han sumado a los saludos el ICLA, Instituto para la Vida Consagrada, en Asia, con sede en Manila, Filipinas; el Instituto de Vida Consagrada, Sanyasa, Bangalore, India; y el recientemente fundado ITVCA, Instituto Teológico de Vida Consagrada de América, en Bogotá, Colombia.

Festejos en Roma y Madrid

Para celebrar este importante aniversario, el ITVC Claretianum de Roma, ha preparado un amplio programa de actividades para el curso 2021-2022 que se llevará a cabo cuando la pandemia esté controlada. Por su parte, el ITVR de Madrid celebrará la 50ª Semana Nacional de los Institutos de Vida Consagrada de manera online, del 17 al 22 de mayo, con un marcado carácter conmemorativo. 

«El primer evento para conmemorar el 50° aniversario serán unas jornadas de reflexión tituladas Consagrados para la vida del mundo», declaró el padre Antonio Bellella, director del instituto: «Será una oportunidad para comprometerse, como personas consagradas, en un diálogo abierto con la cultura y el mundo de hoy».

En el evento de Madrid, organizado en la modalidad virtual, participará un numeroso grupo de ponentes, entre los que se encuentran el Cardenal Joao Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la Hermana Jolanta Kafka RMI, Presidenta de la Unión Internacional de Superiores Generales, y el Superior General de la Compañía de Jesús, Padre Arturo Sosa SJ, Presidente de la Unión de Superiores Generales.

Curiosidades y anécdotas de la devoción a la Almudena

La reseña de esta semana la dedicamos a recoger anécdotas y acontecimientos diversos que muestran lo arraigado de la devoción del pueblo de Madrid a su patrona en circunstancias de lo más variado, con la parroquia de Santa María en el corazón de esa profunda veneración que salpica la vida cotidiana de la Villa y Corte.

10 de mayo 2021.- Un primer ejemplo lo encontramos en las rogativas que el Ayuntamiento dirigía en nombre de sus ciudadanos ante la falta de lluvia. Esos periodos de sequía tenían importantes consecuencias para sus vecinos. Así, en el diario La Época (20 de noviembre de 1857) se refieren a uno de estos episodios: «El Ayuntamiento constitucional de esta Villa, secundando los deseos del gobierno de S.M., y de conformidad con lo dispuesto por su Emma. el señor Cardenal Arzobispo de la diócesis, se reunirá a las once del día de mañana en la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, con el fin de dirigir sus preces al Altísimo implorando su misericordia para que nos liberte de la aflictiva calamidad que nos amenaza por falta de lluvia. Lo que se anuncia al público para conocimiento del vecindario, invitándole concurra a unir sus votos con los de la corporación municipal».

También en otros casos de grave emergencia, como eran los incendios, las grandes tormentas o los vendavales, el toque de las campanas de Santa María servían a los vecinos de Madrid como aviso ante el inminente y grave peligro, y recordatorio de la presencia maternal de su patrona. Así lo comprobamos, por ejemplo, en el noticiario La Esperanza (3 de diciembre de 1867): «En la madrugada de hoy tocaban a fuego las campanas de Santa María. El incendio, según nos dicen, ha quedado extinguido al poco rato, a pesar del fuerte huracán que entonces se dejaba sentir».

Más graves aún eran los casos de pandemias que azotaban de manera regular a la ciudad. Entonces las plegarias y los votos a la Almudena, a san Roque y a san Sebastián no cesaban con la intención de obtener la gracia divina que pusiera fin a esas calamidades. Así, en 1865, tras el fin de la epidemia del cólera se celebraron varias Misas de acción de gracias: «La Junta municipal de socorros del distrito de Palacio, celebra solemne función en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Almudena, hoy 23 del actual, a la diez de la mañana, en acción de gracias por haber desaparecido la epidemia colérica de esta capital, y haber sido aquel distrito de los que menos han tenido que lamentar sus rigores. Se ruega a los vecinos concurran a este acto, con objeto de que unan sus oraciones a la de los individuos de esta junta, y a los fines indicados». (La Correspondencia de España, 23 de noviembre de 1865).

Un mes más tarde, en el diario El Pensamiento Español (16 de diciembre de 1865) se escribía:

La Junta de gobierno de la Archicofradía Sacramental de la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena y Hospital general de esta corte, han acordado que el domingo 17 del corriente, a las diez de la mañana, se celebre la dicha iglesia una solemne misa y Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso por la desaparición del cólera.

Lo que por acuerdo de la expresada junta se hace saber por el presente a fin de que llegando a conocimiento de todos los individuos que componen la referida sacramental, se sirvan asistir con medalla a tan religioso acto.

Incluso, aunque estas catástrofes no tuvieran lugar propiamente en nuestra ciudad, de igual modo la parroquia de Santa María acogía la celebración de Misas y sufragios por los afectados. Ese fue el caso del solemne funeral que se celebró por los fallecidos en el terremoto de Manila el 3 de junio de 1863, en el que las pérdidas humanas y materiales fueron muchas (La Regeneración, 18 de agosto de 1863):«El señor cura ecónomo de la iglesia parroquial de Santa Maria la Real de la Almudena, de esta Corte, clero y dependientes de la misma celebran un solemne funeral el día 21 del presente mes a las nueve de la mañana, por el eterno descanso de los que han fallecido en el terremoto ocurrido en Manila en la desventurada tarde del 3 de junio».

Nos gustaría concluir con un ejemplo, quizá más extraordinario e incluso milagroso, que refleja lo profundamente arraigada que desde siempre ha estado este amor a la patrona, expresado también en la devoción a la medalla de la Virgen de la Almudena. En este caso las crónicas de la época recogen cómo un vecino salió ileso tras ser atropellado, gracias a la intercesión de la Santísima Virgen, pues llevaba consigo una medalla de la Almudena (La Esperanza, 3 de noviembre de 1867): «Pasando el sábado último, a las ocho y media de la noche, por la calle de las Fuentes, un sujeto a quien conocemos, fue atropellado por un coche que le tropezó con la lanza, dejándole caer al suelo. A pesar de que el carruaje pasó por encima de su cuerpo, se levantó sin haber lesión alguna, atribuyendo este notable beneficio a la protección y amparo de la Virgen Santísima, cuya imagen, bajo el título de la Almudena, llevaba al cuello en una medalla, y a la que se encomendó en aquel conflicto, y nos encarga lo hagamos público a fin de recomendar con este ejemplo la devoción a la excelsa Patrona de Madrid».

Y así, años más tarde, una tienda de la calle Mayor se anunciaba en la víspera de Reyes de 1892 regalando una medalla de la Virgen de la Almudena a los niños que se acercaran con sus padres a comprar chocolate (El Imparcial, 5 de enero de 1892): «Regalo de Reyes a los Niños. Comprando un paquete de chocolate de 20 raciones, se regala en este día, una medalla de la Virgen de la Almudena. Regalo un paquete de cada diez, y diez medallas».

Que entre todos continuemos con este fervor y cariño a nuestra patrona ante las diferentes dificultades que acontezcan.

Más entradas de Una ventana a la historia

Museo Catedral de la Almudena

Madrid celebra la fiesta de san Isidro Labrador con un amplio programa de cultos adaptados a la pandemia

El sábado 15 de mayo, la Iglesia conmemora la festividad litúrgica de san Isidro Labrador, patrono de Madrid. Un año más, se ha preparado un amplio programa de cultos que se realizarán respetando los límites de aforo y las normas establecidas por las autoridades sanitarias por la pandemia.

10 de mayo 2021.- Los cultos arrancaron el domingo 9 de mayo, en la ermita del Santo (paseo del Quince de Mayo, 62), donde a las 19:00 horas tuvo lugar la tradicional bendición del agua de la fuente del Santo, que de momento no se distribuirá entre los madrileños. Esta ceremonia se realizó a puerta cerrada debido al reducido espacio del recinto. Según la tradición, este manantial fue creado por san Isidro para su amo, Iván de Vargas. Y ya en el siglo XII, los campesinos madrileños iban a beber el agua que brotaba de la fuente al ser considerada milagrosa.

La real colegiata de San Isidro (Toledo, 37) acogerá a partir del lunes 10 de mayo un quinario organizado por la Real, Muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid en honor a su titular. Desde ese día, y hasta el viernes 14, habrá exposición del Santísimo, rezo del rosario y ejercicio del quinario, a partir de las 19:15 horas, y Misa predicada por Ángel Luis Miralles, párroco del templo, a las 20:00 horas. En la Eucaristía del día 14, que estará animada por el Grupo Alborada, se impondrá la medalla a los nuevos congregantes.

Festividad de san Isidro

El cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, presidirá el día 15, en la colegiata, dos Misas solemnes en honor al patrono de Madrid, a las 11:00 y a las 12:30 horas, animadas por el Grupo Alborada. La última de ellas, con asistencia de autoridades, será emitida en directo por Telemadrid. Ese mismo día, a las 20:00 horas, se podrá asistir a un lucernario mozárabe con adoración al Santísimo. A su término, las imágenes de san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza serán llevadas en procesión por el interior del templo.

La Cuadra de San Isidro (Pretil de Santisteban, 3) permanecerá abierta en esta jornada en horario de 9:00 a 14:00 y de 16:30 a 21:00 horas. Además, habrá Eucaristías a las 13:00 y a las 17:00 horas.

También en la ermita del Santo se celebrarán Misas en honor a su titular a las 8:00, 9:00, 10:00 y 11:00 horas,  aunque el aforo será muy reducido. El cardenal Osoro se acercará a última hora de la mañana a rezar al santo en nombre de todos los madrileños, y tendrá un gesto con la bendición del agua.

Asimismo, en la cercana parroquia de San Fulgencio y San Bernardo, de la que depende la ermita, se conmemorará al santo con las siguientes Eucaristías:

  • Parroquia de San Fulgencio (paseo de San Illán, 9): a las 9:00, 11:00 y 13:00 horas.
  • Capilla de San Bernardo (avda. del Manzanares, 22): a las 12:00 horas.

Por su parte, en el marco del Año Jubilar Josefino, la Vicaría VI y Jóvenes Madrid han organizado un itinerario pastoral y espiritual para jóvenes de Secundaria y Bachillerato con el objetivo de que puedan conocer al santo como varón, padre y esposo. Más información

24 horas con san Isidro
Debido a la pandemia, no se podrá visitar el camarín sepulcral de los santos que se encuentra en la colegiata. Por eso, la Real, Muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid ha hecho posible que desde el 10 al 16 de mayo los fieles devotos puedan orar virtualmente ante el cuerpo incorrupto de san Isidro Labrador y las reliquias de santa María de la Cabeza por el canal de YouTube de la congregación.

Kilos de solidaridad
Con motivo de las fiestas del santo, la congregación ha puesto en marcha la iniciativa Kilos de solidaridad para recoger alimentos no perecederos que irán destinados a beneficio de la Cáritas parroquial. Se podrán entregar desde el 10 hasta el 14 de mayo, en horario de 18:00 a 19:15 horas.

Exposición
Como preparación al IV centenario de la canonización de san Isidro Labrador, que se celebrará en 2022, del 5 al 31 de mayo se puede visitar una exposición sobre el santo (temporal e itinerante) en el Centro Socio-Cultural Francisco Fatou (Manuel Vélez, 10) de Vallecas. El horario de apertura es de 9:00 a 21:00 horas, de lunes a viernes.

Infomadrid

Carta semanal del cardenal arzobispo de Madrid: «Gracias por vuestro ministerio sacerdotal»

¡Cuántas cosas hemos vivido durante la pandemia! Y ahora que se acerca la fiesta de san Juan de Ávila, quiero agradeceros públicamente lo que muchas veces os dije cuando me encontré con vosotros: gracias por vuestro ministerio; habéis estado a la altura que Nuestro Señor nos pide que estemos en todos los momentos de nuestra vida. Unidos a Pedro, hoy Francisco, escuchamos: «apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas».

En este tiempo de dificultades, nunca olvidasteis vuestra entrega total como pastores. Gracias por vuestro ser, estar y hacer en nombre de Cristo, por vuestra completa solidaridad con todos, por repartir, entregar y vivir la misericordia. Qué bien habéis escuchado las palabras Jesús: «Id y enseñad a todas las gentes». Y lo habéis hecho con vuestra vida entregada, estando al lado de todos y no guardándoos para vosotros mismos. Gracias.

En este tiempo, vivir sirviendo y amando a la comunidad cristiana, ponernos al servicio de todos y muy especialmente de los que más necesitaban, ha requerido esfuerzo y creatividad. Pero hoy damos gracias a Dios porque hemos tenido la oportunidad de estar más juntos y dedicarnos a lo más apasionante y que define nuestra vida: anunciar al Señor, entregar su Palabra, dejarnos hacer por ella, experimentar y hacer experimentar su presencia real en medio de nosotros. El plan para resucitar del Papa ha sido ocasión para sentirnos responsables todos, para descubrir que nuestro ministerio constituye por sí solo un programa apasionante: exige una manera de comportarnos, de no favorecer nunca la división, de promover siempre la armonía, la reconciliación, la paz y el entendimiento fraterno.

De la lectura de los escritos de san Juan de Ávila podemos decir, sin dudar, que el Señor que nos ha reunido en la fidelidad y en el servicio a esta Iglesia, pone en nuestro corazón el espíritu del amor mutuo. Es precisamente este amor el que nos empuja a todo el presbiterio diocesano a conocernos y a comunicarnos los dones que el Señor concede a cada uno en la fe. Y es precisamente este intercambio el que nos estimula a valorarnos y querernos más. Así caminamos hacia esa comunidad de amor mutuo, hacia esa comunión sacerdotal que se expresa de manera especial en la Misa Crismal que el obispo celebra con sus presbíteros.

Hay unas palabras que siempre me han impresionado: «¡Ojalá escuchéis hoy su voz!» (Sal 95, 7). Nos llaman a vivir en la escucha de la Palabra de Dios, meditarla, interiorizarla, profundizar en lo que dice en nuestra vida y vivirla. Quizá en ningún momento como en este de la pandemia hemos sentido tanta necesidad de encontrar luz, seguridad, vida y encuentro. Creo que hemos entrado de una manera clara en el camino de la nueva evangelización, como le gustaba decir al Papa san Juan Pablo II, y que luego nos han invitado a recorrer Benedicto XVI y Francisco.

Meditando algunos textos de san Juan de Ávila en estos días y viendo la importancia que tiene la acogida de la Palabra, he recordado dos momentos de mi vida. En primer lugar, he rememorado mi ordenación episcopal, cuando estaba arrodillado y se puso sobre mi cabeza durante un rato largo el libro de los Evangelios. Era la imagen de quien recibe sobre sí mismo e integra en su vida la enseñanza evangélica para después proclamarla a los demás. Hoy le doy las gracias al Señor y vuelvo a pedirle que me ayude en este compromiso que asumí. En segundo lugar, viene a mi mente esa pregunta que, una vez concluida la homilía de vuestra ordenación sacerdotal, os hicieron a todos vosotros, queridos sacerdotes, para que manifestaseis vuestra voluntad de acceder al ministerio sacerdotal y de vivirlo según la Iglesia. Os decía el obispo y así os he dicho a muchos de vosotros que he ordenado aquí en Madrid: «Queridos hijos, antes de entrar en el orden de los presbíteros debéis manifestar ante el pueblo vuestra voluntad de recibir este ministerio». Y entre otras preguntas se os hacía esta: «¿Realizaréis el ministerio de la Palabra, preparando la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría?». Y con todas vuestras fuerzas dijisteis: «Sí, lo haré». Gracias por vuestra coherencia.

En la homilía de mi llegada a la archidiócesis os decía: «Caminemos todos juntos, seamos imagen viva del Pueblo de Dios peregrinando». Os lo sigo diciendo. La vida cristiana tiene siempre una situación de itinerancia. ¡Qué bella ha sido vuestra vida acompañando en estos momentos de pandemia a todos los hombres! ¡Qué belleza tiene la misión del sacerdote! ¡Qué belleza tiene nuestra misión! Tenemos que ser maestros de la fe, heraldos de la Palabra, testigos de Cristo. Jesús resucitado confió a los apóstoles la misión de hacer discípulos a todas las gentes, enseñando a guardar todo lo que Él mismo había mandado. A toda la Iglesia ha encomendado la tarea de predicar el Evangelio a los hombres y esto es algo que durará hasta el final de los tiempos. Es esta convicción la que llena el corazón del apóstol san Pablo: «El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16).

Para todos nosotros el anuncio de Cristo ocupa siempre el primer lugar. El obispo debe ser el primer predicador del Evangelio con la palabra y con el testimonio de vida. Ayudadme a vivirlo así. Y esto mismo incumbe a los presbíteros que, viviendo en comunión con él y entre sí, anunciamos a Jesucristo. Vivimos conscientes de los desafíos que el momento actual lleva consigo y tenemos la valentía de afrontarlos; esa valentía que nos da el mismo Jesucristo y que alienta el Espíritu Santo permanentemente. Tengamos siempre el atrevimiento y el coraje de acercar la Palabra al corazón de todos los hombres.

Queridos hermanos sacerdotes, gracias de corazón por tener la valentía de sumergirnos y acompañar a los cristianos y a todos los hombres para conocer la Verdad. Cristo es el corazón de la evangelización, cuyo programa se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene en cuenta el tiempo y la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz.

Desde el proyecto evangelizador que hemos iniciado en nuestra Iglesia diocesana y que este año tiene una marca: «Quiero entrar en tu casa», os acerco estas convicciones que creo son fundamentales para nuestro ministerio sacerdotal:

1. Bienaventurados si nos urge liberar, iluminar la oscuridad en la que la humanidad va a ciegas. Jesús nos ha mostrado cómo puede suceder esto: «Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32).

2. Bienaventurados si descubrimos la presencia amorosa de Dios a través de su Palabra, esa antorcha que disipa las tinieblas del miedo e ilumina el camino, también en los momentos más difíciles.

3. Bienaventurados si la meditación de la Palabra desemboca en una vida coherente de adhesión a Cristo y a su Iglesia.

4. Bienaventurados si quienes escuchan la Palabra de Dios y se remiten siempre a ella ponen su propia existencia sobre un sólido fundamento: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca» (Mt 7, 24).

5. Bienaventurados si la Escritura no se lee en un clima académico, sino orando y diciendo al Señor: ayúdame a entender tu Palabra, lo que quieres decirme en esta página.

6. Bienaventurados si la Sagrada Escritura nos introduce en la comunión con la familia de Dios. Hay que leerla en la gran compañía del Pueblo de Dios peregrino, es decir, en la Iglesia.

7. Bienaventurados cuando descubrimos que la credibilidad del Evangelio y la eficacia de la labor apostólica dependen, en gran parte, de la unidad de los pastores, llamados a formar un solo presbiterio, sean cuales sean el puesto y las responsabilidades de cada uno. Esto nos lo ha pedido el Señor: «Sed uno».

8. Bienaventurados cuando descubrimos que nuestra misión es la misión de Cristo. ¿Cómo ser sacerdote sin compartir el celo del Buen Pastor? No perdamos nunca de vista para qué hemos sido ordenados: «Sean honrados colaboradores del orden de los obispos, para que, por su predicación y con la gracia del Espíritu Santo, la Palabra del Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres, y llegue hasta los confines del orbe».

Con gran afecto, os bendice en la memoria de san Juan de Ávila,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Dios sigue llamando… pero hay que estar más atento

En torno a la fiesta de san Juan de Ávila, patrono del clero español, la diócesis de Madrid celebra las ordenaciones presbiterales y las bodas de plata y oro sacerdotales.

6 de Mayo de 2021.- «Dios sigue llamando, pero si tengo los auriculares puestos, el móvil en la mano y además una pantalla delante, ¡cualquiera escucha!». Bernabé Rico sí lo hizo y este sábado, 8 de mayo, será ordenado presbítero en la catedral de la Almudena con otros once diáconos. El joven tiene claro que hoy «la gente necesita entender que la vida cristiana no es una cuestión cultural o de ideas, sino fundamentalmente una relación con una persona que está viva». El sacerdote está para «ayudar a suscitar ese encuentro» con Cristo. «Me veo muy llamado a vivir dando razón de mi fe», explica, y en esto tiene que ver su propia historia, la de un chico que creció en una familia cristiana no practicante y que estudió Políticas y Filosofía en la Complutense. «Estoy muy a gusto con gente no creyente», y además «mi ministerio es secular», lo que significa que «estoy en medio del mundo».

Bernabé Rico durante su ordenación diaconal en junio de 2020.
(Foto: Archimadrid / Esteban Bernárdez Yanes)

La etapa de pastoral, que está viviendo en la parroquia San Clemente Román de Villaverde, le está confirmando en la «maravilla» de la vocación sacerdotal: «Dios llama, escoge dentro del pueblo de Dios a una persona, a un varón, para servir a ese mismo pueblo», y por tanto «estamos llamados a estar con la gente». Rico reconoce que «lo que más me gustaría es ser el sacerdote que Dios quiere que sea, ahí estará la autenticidad de mi ministerio». A su vez, se fija en aquellos «sacerdotes que tengan bien claro que antes de ser pastores, son también ovejas, y por tanto, que no miren a las ovejas, a los hermanos, por encima del hombro, sino sabiendo que están a su servicio». Esto, que se contrapone con «cierta mentalidad clerical», está en la raíz misma del ministerio, empezando por la etimológica. «Ministro en griego es diácono, que significa siervo», explica.

(Foto: Begoña Aragoneses)

Cuando sea mayor, este joven desea verse «como un sacerdote más ilusionado, apasionado y feliz que el día de mi ordenación, agradecido a Dios por la historia que habrá hecho conmigo y además como un muy buen amigo, un amigo íntimo del Señor».

«Sacerdote para los demás»
A mitad de camino se encuentra Roberto Rey, párroco de Santa Soledad Torres Acosta y San Pedro Poveda, en Las Tablas. Este 4 de mayo ha cumplido 25 años de sacerdote –se ordenaron diez–, y coincide con Rico en que «hoy hay más ruido, más dispersión, se le escucha menos con todas las tecnologías, internet, las series, el fútbol…». «Hacemos poco silencio, y cuando lo hacemos es para encontrarnos con nosotros mismos y no con Otro, que es el que nos ayuda a dar sentido a nuestra vida».

Perfila a un joven de hoy que «vive más fragmentado», y esto es un cambio de paradigma que también se da «de forma eclesial»: los fieles «se mueven más por carismas que por territorio». «Las vocaciones al sacerdocio surgen donde hay vida, donde se celebra y se comparte la fe, y si las parroquias se quedan simplemente en lo sacramental y no posibilitan esos encuentros personales para compartir vida…». Aunque hace años costaba más, «hoy estamos aprendiendo a integrar movimientos de apostolado seglar y parroquias».

En la vida de Rey fueron determinantes su profesor de Historia en el instituto Ramiro de Maeztu, sacerdote, don Fidel, «que nos proponía a Jesucristo»; un Cursillo de Cristiandad que hizo con 19 años, que supuso un «encuentro personal con Cristo para poner en práctica lo que yo conocía y no hacía», y un encuentro de universitarios con el Papa san Juan Pablo II en Roma en 1988. «Empezó a hablar en español para que yo lo entendiera bien: “Queridos jóvenes, no tengáis miedo de entregar vuestra vida a Cristo porque no estáis solos, contáis con la gracia de Dios”».

Roberto Rey protagonizó la campaña del Día del Seminario de 1998,
aunque él se ordenó en 1996. (Foto cedida por Roberto Rey)

Cuando esto pasó, él en realidad ya había tenido la certeza de que Dios lo llamaba al sacerdocio. «No me apetecía nada y procuré durante un tiempo olvidarme, pero ya estaba grabado a fuego». Así que cuando acabó el encuentro con el Papa, se acercó al cura que acompañaba a su grupo y «le dije que quería ser sacerdote y que ya que estábamos en la central, si había que firmar algún papel o rellenar alguna instancia… Mi desconocimiento de esto era absoluto», bromea.

Después de estos 25 años, Rey asegura que «no puedo ser feliz de otra manera que no sea ejerciendo el ministerio sacerdotal», siendo «sacerdote para los demás», viéndolo como «una invitación que me hace el Señor a descansar en Él». Al principio, reconoce, se puede tener la tentación de contar con los méritos propios, «pero rápido te das cuenta de que la gente te quiere porque quiere a Cristo que está en ti, y eso viene bien para situar también la afectividad del sacerdote, que podía no entenderse bien si uno se buscara a sí mismo y personalizara el ejercicio del ministerio creyendo que es a él a quien siguen. No, es a Cristo a quien siguen».

A su vez, fija la mirada en la evangelización. «El reto sigue siendo que descubran a Cristo», y se refiere el párroco de Las Tablas a aquello que ya hace años decía san Pablo VI, «con nuevo lenguaje, con nuevo ardor, con nuevos métodos» y que hoy está «de rabiosa actualidad». A los que se van a ordenar, les anima a no dejar nunca la dirección espiritual. «Los veo muy necesitados de ser acompañados porque se saben ellos mismos muy frágiles, por la vida que han vivido…». También les recomienda que cuiden a sus familias de sangre y a las que van a tener en las parroquias: «Los van a acoger como hijos; que se dejen querer, que se sepan familia con los laicos». Y también se fija en los sacerdotes mayores, a quienes ve «con admiración»: «Si la Iglesia es lo que es, es por ellos; la han traído a este momento, han cuidado de la viña del Señor. Tenemos que aprender de su fidelidad y cuidarlos más, están muy solos».

«Una aventura maravillosa»
«Los sacerdotes no caemos del cielo con sotana», aunque Manuel Martín de Nicolás, párroco de Nuestra Señora de la Visitación (Las Rozas), que este 20 de mayo cumplirá los 50 años de sacerdote, ya le decía a su abuelo desde muy pequeño: «Abuelo, yo quiero ser cura». «Sí, hijo, y yo seré tu sacristán», le bromeaba él, un hombre «extraordinario» que fue perseguido por sus ideas comunistas y que acabó muriendo en el seno de la Iglesia. A los 12 años, el pequeño Manolo ingresó en el seminario menor de Segovia, en el que entraron 75 chavales, pero «solo nos ordenamos sacerdotes cinco de ellos; cuántas gracias le doy a Dios de que me haya ayudado a perseverar».

En 1968 a su padre lo destinaron como maestro a Madrid desde su San Cristóbal de la Vega (Segovia) natal, y Manuel se incorporó al seminario de la capital. Unos años de posconcilio complicados en los que notó además mucho el cambio con respecto al seminario de Segovia. Fue ordenado en la parroquia Santísimo Cristo de la Victoria, en el barrio de Argüelles –«antes nos ordenábamos en las parroquias»–, por el obispo auxiliar Ricardo Blanco, porque «don Casimiro [Morcillo] se estaba muriendo». De su curso de Madrid recibieron el orden 25 jóvenes a lo largo de dos años, «una cosa muy especial».

Reconoce que, en aquella época, «el ambiente facilitaba mucho poder responder a la vocación; que salga una ahora es un milagro, no porque el Señor no llame, que sigue haciéndolo, pero la respuesta no es igual porque hay tantos inconvenientes o aliciente externos y contrarios que para responder a la vocación hace falta fiarse mucho del Señor, mucha fe y mucha confianza en Él…». Y, sin embargo, «no hay cosa más bonita y más gratificante en este mundo que ser sacerdote». Un servicio a la Iglesia y al hermano 24/7 para el que se «necesita constantemente reconfortarse en la oración, en el contacto y amistad con otros sacerdotes, en saber tener descansos y en el cariño a y de los feligreses». «Hay que invitar al sacerdote a comer y a jugar un partido de tenis», propone, y ríe.

Manuel Martín de Nicolás se encontró con el Papa san Juan Pablo II en Roma en 1982, después de once años de sacerdocio. (Foto cedida por Manuel Martín de Nicolás)

«Memoria agradecida»
«Quisiera que estos 50 años fueran de memoria agradecida», indica. La vida del sacerdote es «cruz y resurrección, Tabor y Calvario, soledad y compañía, alegrías y penas, satisfacciones y sufrimientos, contemplación y acción». De ella, una de las «cosas más bonitas es dar a Dios en forma de consuelo, de esperanza y de médico que cura las heridas, especialmente las afectivas, en los matrimonios, en los jóvenes, en los niños que tanto sufren». Precisamente la familia ocupa toda su atención: «El demonio está especialmente empeñado en destruirla, porque así destruye todo: la psicología, los afectos, la economía… Y el amor, que es la esencia del cristianismo». Y como Dios ha ido suscitando nuevos carismas para ayudarla, todos ellos los ha incorporado. «¡Esta parroquia es de Cristo, no de don Manuel!», y por eso, si hay realidades de Iglesia «con nombre y apellido, con una estructura que funciona, pongo eso, porque el día que yo me vaya seguirán». Adoración Nocturna, Renovación Carismática, Cursillos de Cristiandad, Camino Neocatecumenal, Opus Dei, Emaús, Effetá, COF, Proyecto de Amor Conyugal, Familias de Nazaret… «La Iglesia es como un jardín maravilloso en el que hay todo tipo de flores diferentes».

En la vida de este sacerdote hay otros tres que le marcaron: don Alfredo, «el cura de mi pueblo, el que me llevó al seminario y con quien me iba en moto a visitar a los curas de los otros pueblos»; don Alfonso, su párroco en Cristo de la Victoria, donde hizo su etapa de pastoral, y «que me pidió» para que se quedara en la parroquia una vez ordenado; y José Ramón, «mi paño de lágrimas», con el que actualmente habla y que «me anima, me ayuda, me comprende». Al referirse a los jóvenes que se van a ordenar, exclama: «Qué envidia os tengo, porque sois, como fui yo, un niño mimado de Dios, elegido, consagrado y enviado. Dificultades va a haber muchas, internas y externas; por eso, no dejéis nunca la mano de la Virgen y de san José».

A sus 75 años, el párroco reconoce que tiene «más ilusión» que nunca, «cada día más ganas de llegar a más personas» porque «Dios es la respuesta a las necesidades del hombre de hoy». «Ser sacerdote es una aventura maravillosa: si uno va de safari, cuanto más peligro hay, más ilusión». Así, en esta sociedad secularizada, «la Iglesia y el sacerdote están para recoger a tanto náufrago que anda a la deriva». «La gente necesita a Dios, ¡estamos en el mejor momento!». Y concluye: «El sacerdocio es lo más grande que un ser humano puede experimentar: ¡prestarle al Señor mis voz, mis brazos, mis pies, mi corazón, para que Él hable, camine y ame a tanta gente!».

Begoña Aragoneses
(Alfa y Omega)



El ‘cubo de la Almudena’

Comenzamos el mes de mayo, mes que la Iglesia desde hace siglos consagra de manera especial a la Virgen María. Dedicamos esta Ventana a la historia a mirar a nuestros orígenes, recordando la aparición de la Virgen de la Almudena en los muros de Madrid, un 9 de noviembre, del año 1085, ante el rey Alfonso VI.

3 de mayo 2021.- El hecho de que la Virgen fue encontrada en la muralla de la Cuesta de la Vega, en uno de los cubos del muro, junto al almudí o depósito de trigo, ha sido recogido en los escritos de todos los autores que dedican sus letras a nuestra patrona.

Esta tradición ha quedado materializada en una escultura de piedra, recordando el lugar del hallazgo de la imagen en la muralla. El llamado cubo de la Almudena que, aunque ha ido cambiando ligeramente de ubicación a lo largo del tiempo, siempre se ha localizado en las inmediaciones de la Cuesta de la Vega.

A comienzos del siglo XVIII, en concreto en 1707, existe noticia de que fue derribada la antigua puerta de la Vega, junto con el cubo de la Virgen. En su lugar, se construyó un portillo, en cuya parte superior se colocó una imagen en piedra de Nuestra Señora de la Almudena.

Álvarez de Baena en sus Grandezas de Madrid (1788) al hablar sobre el sitio de la aparición de la Virgen, describe así el lugar: «La única que permanece en el sitio de las primitivas (puertas) de Madrid, es la puerta de la Vega, llamada así por la gran Vega, que se descubre desde ella; mira al poniente sobre el río, en lo antiguo era muy angosta, pero la fábrica que hoy tiene se hizo de nuevo en 1708, es un arco grande, y dos postigos a los lados y sobre él de en medio otro cerrado, donde de la parte del campo hay una Imagen de Nuestra Señora de la Almudena, y de la de Madrid, una lápida en que se dice cuando se labró». La inscripción de la lápida decía lo siguiente:

RÉYNANDO LAS ESPAÑAS DON PHELIPE QUINTO EL ANIMOSO Y DOÑA MARIA LUISA DE SABOYA EN EL AÑO DE 1707. QUE NACIÓ EL PRINCIPE DESEADO DE LAS ASTURIAS LUIS PRIMERO SE DERRIBÓ EL ANTIGUO CUBO EN QUE ESTUBO LA IMAGEN DE LA ALMUDENA OCULTA POR EL TEMOR DE LOS SARRACENOS DESDE AÑO DE 712. HASTA EL DE 1085. EN QUE REYNABA DON ALONSO EL SEXTO DE CASTILLA QUIEN MANDO HACER ROGATIVA, EN TODO EL REYNO POR LAS QUALES FUE APARECIDA COLOCADA DONDE OY SE VENERA. SE HIZO ESTA PORTADA ÁÑO DE 1708. GOVERNANDO CASTILLA, ARAGON, Y MADRID D. FRANCISCO RONQUILLO CAVALLERO DEL ORDEN DE CALATRAVA. CORREGIDOR DE ESTA VILLA D. ALONSO PEREZ DE SAAVEDRA Y NAVA CONDE DE LA JARROSA.

Ya por el año 1829, el Ayuntamiento de Madrid, después de llevar a cabo importantes obras de reparación y adorno, se colocó la primitiva escultura de piedra de la Virgen de la Almudena en una nueva hornacina, acompañada de las siguientes letras: «EN EL AÑO 1085, SE APARECIÓ LA IMAGEN MARÍA SANTÍSIMA DE LA ALMUDENA DENTRO DEL CUBO, QUE HABÍA EN ESTE SITIO. Y PARA MEMORIA DE TAN DICHOSA APARICIÓN, EL EXCMO. AYUNTAMIENTO HA EDIFICADO ESTA OBRA EN EL AÑO 1830». La Virgen aparecía con los atributos propios de la Almudena, adornada con manto labrado (pues hasta finales del siglo XIX, la talla se cubría con vestidos) y corona, y presentaba la media luna a los pies.

Nicolás Sanz Martínez, en su libro La Inmaculada Virgen María de la Almudena (1997), nos ofrece bastantes detalles al respecto. Así, el 6 de marzo de 1829 confirma que un celador de la Policía del cuartel del palacio había denunciado el empobrecido estado del murallón, diciendo que el muro de la Puerta de la Vega donde estaba «colocada una efigie de Nuestra Señora de la Almudena, se hallaba en estado ruinoso y deplorable en sus cimientos». También, el informe del arquitecto Francisco de Mariátegui hacía referencia a que la pared «estaba toda ella socavada por haberse arrancado y extraído la piedra pedernal de que es formada».

De igual modo, el Ayuntamiento recibió el apoyo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que se manifestó a favor de la restauración de la pared: «Debiendo añadirse que conservando aquel punto y efigie de la Virgen de la Almudena, recuerdo de gloria para Madrid y su generosa Protectora, exigen la gratitud igualmente que el decoro público se adorne aquel punto de un modo digno, para conservar en él la sagrada imagen». La obra finalizó el 21 de diciembre de 1830.

20 años después, en 1850, de nuevo debido al lamentable estado de la zona, se tuvieron que llevar a cabo diversas obras de mejora en el entorno de la Cuesta de la Vega. Se revocó parte del murallón, y al nicho de la imagen de la Virgen se le añadieron un enverjado de hierro y dos faroles (El católico, 28 de agosto 1850): «La imagen de Nuestra Señora de la Almudena que existe en un zócalo sobre el camino de la Cuesta de la Vega, y que en estos últimos tiempos ha estado en un completo abandono, hasta el punto de no encendérsele, ni aun de noche, los faroles, ha sido restaurada ahora, quedando rodeada de una reja de hierro para impedir se cometan irreverencias».

Asimismo, como consecuencia de haber estado a la intemperie, la efigie de la Virgen tuvo que ser sustituida por una nueva, también en piedra. La primitiva imagen fue depositada posteriormente en el Museo Arqueológico Nacional.

A finales del siglo XIX, con motivo de las obras de la futura catedral de la Almudena, se construyó un nuevo muro de contención del jardín real, y en esta nueva pared «del que un día sería el gran templo de la Almudena», se instaló el nicho con la escultura de piedra de la Virgen. Si bien, se cambió la inscripción de 1830 por una más escueta: «IMAGEN DE MARÍA SANTÍSIMA DE LA ALMUDENA, OCULTADA EN ESTE SITIO EL AÑO 712 Y DESCUBIERTA MILAGROSAMENTE EN EL DE 1085».

Mientras duraron las obras, el obispo, Ciriaco María Sancha, acordó que la imagen de la Virgen fuera colocada, provisionalmente, en el interior de la cripta de la Almudena, y en allí estuvo hasta 1904, fecha en que volvió a la hornacina del muro, recuperándose el cubo de la Almudena.

Más entradas de Una ventana a la historia

Museo Catedral de la Almudena

El arzobispo preside la Misa de la Pascua del Enfermo, que se podrá seguir por YouTube

La catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá el domingo 9 de mayo, a las 12:00 horas, la Misa de la Pascua del Enfermo. Presidida por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, se celebrará de manera presencial respetando los límites de aforo y las normas establecidas por las autoridades sanitarias y también se podrá seguir en directo a través del canal de YouTube del Arzobispado.

Con esta Eucaristía organizada por la Delegación de la Salud se clausura la Campaña del Enfermo, que se ha desarrollado desde el pasado 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, con el lema Cuidémonos mutuamente y la alusión a las palabras del Señor: «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos» (Mt 23, 8).

Infomadrid

16 zonas básicas y tres localidades de la región, con mayores restricciones de aforo en los templos

La Comunidad de Madrid ha anunciado la ampliación de las restricciones de movilidad a tres nuevas zonas básicas de salud y una localidad a partir del próximo lunes, 26 de abril. Se hará según un criterio de incidencia que se sitúa en el umbral de los 500 casos por cada 100.000 habitantes, tendencia creciente y transmisión comunitaria. En total, 16 zonas básicas de salud y tres localidades tendrán limitaciones de entrada y salida sin causa justificada.

26 de abril 2021.- Las nuevas zonas con restricciones hasta el 9 de mayo son Gandhi (Ciudad Lineal) y General Fanjul (La Latina), en Madrid capital, y el municipio de San Agustín de Guadalix, todas en la diócesis de Madrid. En la diócesis de Getafe se confina perimetralmente la zona de Alcalde Bartolomé González (Móstoles).

Por su parte, se levantan las restricciones en las zonas de Virgen de Begoña (distrito de Fuencarral-El Pardo), Valdebernardo (distrito de Vicálvaro) y Valle de la Oliva (localidad de Majadahonda), en la diócesis de Madrid. Y en la de Alcalá, se desconfinan la zona de San Fernando (San Fernando de Henares) y el municipio de Paracuellos del Jarama.

Mientras, se mantienen los cierres perimetrales hasta el 3 de mayo en:

  • Diócesis de Madrid: Villa de Vallecas (Puente de Vallecas), Silvano (Hortaleza), Barajas (distrito de Barajas), Rejas y Quinta de los Molinos (San Blas-Canillejas), Chopera (Arganzuela), Castelló (Salamanca) y Eloy Gonzalo (Chamartín) en Madrid capital, así como la zona básica de salud de Majadahonda (Majadahonda). Junto a ellas, continúan con restricciones las localidades de Moralzarzal, Manzanares el Real y Villanueva del Pardillo.
  • Diócesis de Getafe: zonas básicas de La Princesa y Barcelona (Móstoles) y zona básica de Las Margaritas (Getafe).

En las zonas perimetradas, los templos no pueden superar un tercio del aforo, mientras que en el resto de la región la limitación es del 50 % del aforo. El toque de queda se mantiene a las 23:00 horas hasta el 9 de mayo, fecha prevista para la finalización del Estado de alarma. Por lo tanto, la actividad en los lugares de culto iniciada con anterioridad a las 22:00 horas puede concluir con posterioridad a la misma siempre que se permita a los asistentes cumplir con el límite horario.

En la web de la Comunidad de Madrid puede consultarse un mapa interactivo con las zonas.

Infomadrid