Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 19.9.2021, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“El que acoge a un niño me acoge a mí” 

¿Dónde está el niño que fuiste un día antes de pecar? En tus ojos solo brillaba lo que Dios había dejado en ti. En realidad ese niño está dentro de ti, aunque sepultado por tu pecado. Por eso, solo Dios lo ve y lo añora, porque lo ama. Te propongo dos tareas: desentierra a ese niño que sepultaste con una vida pecaminosa y recupera la inocencia. Acoge al niño que hay dentro de ti y veras la vida distinta. La segunda tarea es más difícil: mira como mira Dios. El siempre busca al niño que hay dentro de cada persona. Búscalo tú también aunque te caiga mal esa persona o te haya dañado. Así también tu podrás amarlos y añorarlos como lo hace Dios.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20

Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»

SALMO
Sal 53,3-4.5.6 y 8
R/. El Señor sostiene mi vida

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R/.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó – «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: – «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: – «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

COMENTARIO
Pequeño como un niño

El Evangelio de este domingo nos presenta de nuevo a Jesús de camino a solas con los Doce: “No quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos”. Esta circunstancia y el hecho de ser ya la segunda vez que enseña lo mismo revela la importancia de su enseñanza que se resume así: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán y, una vez muerto, después de tres días, resucitará”. Tres acciones; pero el acento recae sobre la tercera: “Resucitará”. Este es el punto que hacía incomprensibles sus palabras: “Los discípulos no entendían lo que les decía y temían preguntarle”.

Ellos creían ciertamente que Jesús iba a resucitar, pe-ro “en el último día”. El problema es que Jesús había dicho claramente: “Después de tres días”. Si le hubieran preguntado, habrían corrido la misma suerte que Marta, la hermana de Lázaro. Cuando Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”, ella sabía que Jesús se refería a la resurrección de su hermano ¡ahora! Pero temió enfrentar este tema y lo evadió: “Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día” (Jn 11,23ss). Por eso Jesús la enfrenta: “Yo soy la resurrección”, y le pregunta: “¿Crees esto?”. Ella responde: “Sí, Señor”. Pero responde así porque teme ahondar; en realidad, sigue sin creer. En efecto, cuando Jesús ordena retirar la piedra del sepulcro, ella insinúa la imprudencia de esa orden: “Señor, ya huele; es el cuarto día”. Entonces Jesús la reprende: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”. Es que ella no creía. Esto es lo que ocurre a los apóstoles: no creen y por eso temen pedir aclaración. La fe verdadera no teme a la razón; la fe procura entender y pide aclaración. Los apóstoles, en cambio, querían entender primero y después creer. Pero este callejón no tiene salida. No entendían; y temen preguntar, pues temen disentir.

La segunda parte del Evangelio nos revela cuál era la preocupación de los Doce: “Por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor”. No había acuerdo sobre este punto, como ocurre a menudo entre los hombres. Por eso para establecer las jerarquías humanas hay que competir y someterse a concursos. Estos concursos establecen grandezas relativas, que rigen sólo entre los hombres, jerarquías basadas en el poder. La jerarquía que Jesús va a establecer es la verdadera, es la que vale ante Dios: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Ser el primero ante el mundo y ser servido por todos requiere mucho esfuerzo, pues todos disputan este lugar. En cambio, ser el último y el servidor de todos nadie lo disputa. Este puesto está disponible, pero nadie lo desea. Y, sin embargo, el que ocupa este puesto es el mayor en absoluto. Este es el puesto que ocupó la Virgen María; es el puesto que se disputan los santos. Es el puesto que Jesús se reservó para sí: “Tomó la condición de esclavo” (Fil 2,7).

Con un gesto expresivo Jesús quiere demostrar hasta qué punto él se ha hecho el último: “Tomando un niño lo puso en medio de ellos”. Y se identificó con él: “El que reciba a un niño como éste, a mí me recibe”. Equivale a decir: Este es el puesto que yo he tomado; este es el puesto que deben tomar mis discípulos.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(
Mc 9, 30-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La segunda gran sección del evangelio de Marcos está centrada en la futura crucifixión de Jesús, en su fracaso histórico, que conlleva una novedosa (y para algunos, escandalosa) interpretación de lo que significa ser Mesías.

En esta parte, el principal empeño de Jesús va a ser instruir a los Doce sobre ello, una empresa en la que tendrá poco éxito.

En el texto de este domingo tenemos el segundo anuncio de la pasión. A este anuncio le sigue una escena de incomprensión muy seria y grave. Jesús anticipa su futura entrega y muerte; describe de manera indirecta que el servicio y el colocarse en último lugar forman parte indisoluble de su identidad y misión, algo que lógicamente debe afectar a sus seguidores, que han decidido vivir como él.

Sin embargo, los discípulos están a otras cosas, luchando entre sí por ocupar los primeros puestos. Jesús, con enorme paciencia, los instruye poniendo un ejemplo. Toma un niño, lo abraza y enseña a los Doce que el Evangelio tiene que ver con los niños, es decir, con los que en el mundo antiguo ocupaban los estratos más bajos de la escala social.

Jesús invierte las lógicas humanas habituales. Los discípulos discuten sobre quién de ellos es el mayor; Jesús los invita a ser los menores.

Textos: Equipo Eucaristía

PLEGARIA DE LA SEMANA
Haznos de los tuyos, Señor

Una y otra vez queremos oírlo de tus labios, Señor, y dejar que nos cale bien hondo: “El que quiera ser el primero, sea el último y servidor de todos”, Y escucharlo, interiorizarlo y vivirlo. Porque tu Palabra es vida y salvación, es sabiduría y camino de plenitud.

Seguidores de ti, Jesús Maestro, caminamos hacia un buen final. Y resulta que este final no es final, porque nunca llegamos, y cuando llegamos no se acaba, es plenitud, es vida. No caminamos hacia el final, sino en Buenas Manos, en compañía, en relación.

Caminamos porque la vida tiene sentido, orientación y presencia. El sentido que sólo tú, Señor nos vas dando encada momento, en cada encuentro con los hermanos, en cada situación que vivimos. Este es el mejor sentido: ser último y servidor, porque desde arriba nadie puede servir, ni ayudar, ni crecer en fraternidad.

Haznos de los tuyos, Señor. Haznos partícipes de tu justicia y sabiduría. Y ayúdanos porque tu nombre es bueno, eres nuestro auxilio y salvación. Que así sea.

                                                                                                                                              Ángel María Lahuerta Millas

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 12.9.2021, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”

El contenido de esta profesión de fe constituye el tema central de la fe cristiana: reconocer que Jesús es el “Mesías”, término hebreo que corresponde al griego “Cristos” y significa ungido o consagrado, es decir, elegido para realizar la misión de hacer presente en la tierra el reino de Dios –o sea el poder misericordioso y salvador de Dios que es Amor–. Los profetas del Antiguo Tes-tamento habían anunciado la promesa de un Salvador que sería ungido por Dios mismo como liberador del pueblo de Israel después de las experiencias dolorosas del destierro y de la opresión sufrida durante las distintas dominaciones extranjeras. Por eso existía en tiempo de Jesús la espe-ranza en un Mesías guerrero que recobraría el poder político derrotando al imperio romano. Y esta es precisamente la razón por la cual Jesús, después de ser reconocido por Pedro como el Cristo o Mesías, “les prohibió que se lo dijeran a otros”: para que no se confundiera su misión con la de un líder político. Este tipo de liderazgo era el que anhelaban muchos, por lo cual no les cabía en la cabeza a los discípulos de Jesús que Él les hablara de su pasión y muerte, aunque agregara la resurrección. Y por eso mismo Pedro se resiste a aceptar este anuncio.

Las palabras de Jesús ante la reacción de Pedro parecen a primera vista muy duras al llamarlo “Sa-tanás”, palabra proveniente del hebreo que significa adversario y corresponde al grie-go diábolos, es decir, el que se opone a la voluntad de Dios. Pero lo que quiere decir este apelati-vo es que, al resistirse Pedro a aceptar la pasión y muerte de Aquel a quien acababa de reconocer como el Mesías, ya no estaba siendo inspirado por Dios –o por el buen espíritu–, sino movido espíritu del mal, a cuyas tentaciones había tenido que enfrentarse Jesús en el desierto inmediata-mente antes del comienzo de su vida pública.

“Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz …”
Esta exhortación de Jesús es diametralmente contraria a la tentación de una vida sin esfuerzo y un éxito fácil. Por eso, si queremos ser de verdad seguidores de Cristo, tenemos que identificarnos con Él: salir cada cual de sí mismo renunciando a toda forma de egoísmo, para ponerse al servicio del Reino de Dios, reino de justicia, de amor y de paz, hasta las últimas consecuencias.

En la primera lectura, el libro que lleva el nombre de Isaías (50, 5-9) anuncia al Mesías no como un rey terreno que domina, sino como el servidor sufriente que se somete al dolor sin oponer re-sistencia. Los textos proféticos del libro de Isaías que, como este, son llamados “poemas del sier-vo de Yahvé” o del servidor de Dios, nos ofrecen un relato anticipado de la pasión redentora del Mesías prometido, la misma que Jesús les anuncia a sus discípulos inmediatamente después de la profesión de fe de Pedro.

Ahora bien, la pasión de Jesucristo y su muerte en la cruz no son presentadas por los Evangelios para que las contemplemos pasivamente, sino para que nos identifiquemos con Aquél que dio su vida por toda la humanidad, y nos dispongamos también a realizar el Reino de Dios mediante una actitud de servicio, a imagen y semejanza del mismo Jesús, quien diría más adelante también a sus discípulos después del segundo y del tercer anuncio de su pasión: “el Hijo del hombre –como solía llamase Él a sí mismo– no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10, 45).

“¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras?”
Expresar nuestra fe en Jesu-Cristo implica demostrarla con las obras. Esta relación indisoluble entre el reconocimiento de Jesús y la realización de sus enseñanzas es precisamente la que nos plantea la segunda lectura, tomada de la Carta de Santiago (2, 14-18). El ejemplo que ilustra este planteamiento es muy claro: ante la situación de quien carece de ropa y alimento, no basta con decir “que les vaya bien, vístanse y aliméntense”, sino que es preciso hacer algo para ayudar a resolver el problema.

¿Cómo es nuestra relación entre la fe por la que reconocemos a Jesús como el Cristo, y las obras con las que podemos mostrar que este reconocimiento es sincero? En definitiva, lo que cuenta son las obras. Por eso dice Santiago: “muéstrame tu fe sin las obras, que yo, con las obras, te probaré mi fe”. En la eternidad nos llevaremos sorpresas. Muchos que recitaban el Credo, pero sin llevar a la práctica lo que significa, no habrán logrado la felicidad. En cambio, quienes realizaron con sus obras más que con sus palabras lo que significa creer en Dios, que es creer en el Amor, alcanzarán la salvación prometida a quienes renunciaron al egoísmo para promover una sociedad más justa y más solidaria con los que sufren. Y por lo mismo, muchos ateos o agnósticos, si sus obras fueron acordes con la voluntad de Dios que es voluntad de Amor, lograrán le felicidad eterna. Porque quienes niegan a Dios o dudan de su existencia, lo que suelen rechazar es una falsa imagen de Él; pero si sus obras son rectas, cumplen de hecho la voluntad de Dios, aunque no profesen con pala-bras un credo religioso.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

SALMO
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R/.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.» R/.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

COMENTARIO
¿Quién es Jesús para mí?

En el esquema literario que se ha planteado Marcos, justamente en la mitad de su Evangelio, sitúa la escena que acabamos de escuchar. Jesús ya sabe que su tarea misionera tiene «fecha de cadu-cidad», pues va notando las distintas reacciones a su presencia y a su mensaje. Y decide hacer como un «balance general», planteando a los discípulos una pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? Que es algo así como si les preguntara: «¿Vosotros pensáis que la gente se está enterando de algo?».

Yo tengo la impresión de que esta pregunta le importa menos a Jesús que la siguiente: «¿Y voso-tros?». Y tengo esa impresión porque Jesús tiene una inquietud lógica: «El día que yo falte, estos serán los que me tomen el relevo. ¿Qué contarán a las gentes? ¿Qué les dirán de mí?». En defini-tiva: ¿Qué han comprendido de mí?.

Por una parte, cabría esperar que quienes pasan tanto tiempo con Jesús en público y en privado… se hayan enterado mejor que «la gente» de la identidad y las pretensiones de Jesús. Pero ya he-mos visto que…¡no! Precisamente Pedro, en el nombre de los Doce, dejar ver que sus intereses, ideas, proyectos y pretensiones… condicionan su percepción. Suele decirse que no vemos las co-sas como son, sino como somos nosotros. Y Pedro ha dado una «definición» correcta sobre Jesús, sí. Pero el contenido de la definición, lo que se esconde detrás de sus palabras… está bastante lejos de los planes de Jesús, provocando que el Maestro se enfade.

Es decir: que los que nos consideramos «cercanos», compañeros, y discípulos de Jesús tenemos el serio peligro de no captar el auténtico proyecto, las pretensiones, la identidad de Jesús de Naza-reth… y sin embargo estar convencidos de que estamos en la verdad.

Al meditar esta escena evangélica… esta vez he sentido una llamada a dar mi respuesta personal a esta pregunta. Da un cierto pudor, pero la fe siempre ha sido un asunto de compartir, de contrastar, de vivirla con otros. Parafraseando a San Agustín: «Soy sacerdote para vosotros, y soy cristiano con vosotros». Y como cristiano, sin pretender dar lecciones, y tomando nota de la metedura de pata de Pedro… os comparto algunas cosas de las que digo y vivo:

     Þ Lo primero de todo es la convicción de que no lo conozco bien todavía, soy siempre un aprendiz, un buscador. Si nunca se puede decir de otra persona «te conozco de sobra», ni siquiera de uno mismo, mucho menos se puede decir del Señor.  Me ha ayudado el estudio bíblico y teoló-gico, claro. Y lo que enseña la Iglesia. Pero sobre todo me ha ayudado mi caminar cada día, mi pro-pia experiencia personal... y los cuestionamientos y experiencias personales de los herma-nos. Escuchar, confesar, acompañar, dialogar con personas muy distintas le hace a uno repensar, revisar, replantear cosas que parecían asentadas y claras.

Recuerdo a un grupo de matrimonios con los que me reunía para tratar temas, experiencias e in-quietudes sobre la fe y la vida. No pocas veces querían saber mi opinión sobre lo que se estaba tratando, y me preguntaban. Y yo empezaba a responder… Un amigo del grupo solía darme una patada por debajo de la mesa, y me decía: No te hemos preguntado lo que «piensas» tú, o la Iglesia o lo que dice el Catecismo. Te preguntamos «¿esto cómo lo vives tú?». «Nos ayuda más saber tu vivencia (aunque sea pobre y limitada) que las ideas».. Y… ¡a menudo me costaba responder! Uno se pone en el rol de cura y tiene salidas y respuestas para todo. Pero si uno tiene que hablar desde sí mismo… Aprendí mucho de esas «patadas» por debajo de la mesa.

     Þ Me marcó mucho la experiencia del Apóstol San Pablo. Una frase que encontré en una de sus Cartas en los comienzos de mi formación como seminarista se me grabó muy dentro: «Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en mí... y vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí». Sentí que había ahí una clave «para mí». Era el reto de descubrir una Presencia interior que me acompaña y que quiere ir tomando posesión de todos los aspectos de mi vida... de modo que Él pueda actuar a través de mí. Se trata de una tarea interminable, para toda la vida. Y en ese «por mí» había un ofrecimiento generoso e incondicional suyo que aguardaba mi respuesta de amor y entrega. Él había entrado en mi vida, me llamaba y me acompaña desde en-tonces, aunque queden ámbitos de mi vida de los que aún no ha logrado apropiarse.

     Þ Mi trabajo pastoral y educativo me llevó a descubrir a Jesús como «el hombre de los en-cuentros». Esa capacidad que él tenía de acoger, sanar, reintegrar, defender, valorar, animar, com-prender, salir a buscar... a tantos como se cruzaban en el camino. La vida con sentido, la vida feliz, tiene que ver con el irse «llenando el corazón de nombres» (P. Casaldáliga) ... y dejando un poco de ti en el corazón de otros.

     Þ Me he sentido no pocas veces comprendido y perdonado por él, cuando yo me hacía mil reproches y me sentía culpable de caer en las mismas cosas una y otra vez. Y eso me ha enseñado a ayudar a los demás a que no se machaquen por sus errores y pecados, a que no se juzguen con tanta dureza, a ofrecerles de su parte misericordia, y animarles a encontrar caminos nuevos, sanar heridas.... Es que lo importante no es que seamos «perfectos», sino que, con imperfecciones in-cluidas, nos empeñemos en el amor... que es el centro del Evangelio.

Þ Me encanta poder sentarme con él a la Mesa de la Acción de Gracias y sentirme de su familia, de sus discípulos, hermanarme con los que la comparten conmigo, orar con ellos, por ellos y desde ellos. Y sobre todo recordar que yo también tengo que ser pan que se parte, cuer-po/persona que se entrega, renovando en las Eucaristías ese «Cristo vive en mí» que tan grabado se me quedó.

     Þ El Jesús que yo vivo y «digo» con mi vida es un creador de comunidad. Él no quiso reco-rrer su camino misionero en solitario, y dedicó mucha atención y esfuerzos a crear «gru-po/comunidad» de hermanos. Este es para mí hoy un gran reto, pues nuestra cultura y nuestra vivencia del seguimiento de Jesús es a menudo demasiado solitaria, individualista, «por libre», cada uno como puede. Y me resulta muy difícil. No me falta la inquietud por buscar a quienes deseen, necesiten, busquen compartir vida y fe con otros. No sé cuáles serían hoy los caminos más ade-cuados para convocar, ilusionar, contagiar ganas de construir comunidades de fe y vida. Y le sigo dando vueltas, porque pocas veces lo he conseguido.

     Þ Para más decir, el pasado viernes, con motivo de nuestro Capítulo General, el Papa Fran-cisco nos hizo estas recomendaciones:

Que es importante pensar en una vida de oración y contemplación que nos permita hablar, como amigos, cara a cara con el Señor y contemplar el Espejo, que es Cristo, para que nos convirtamos en espejo para los demás”. Nos advirtió del enorme riesgo que supone la mundanidad espiritual y en la necesidad de guardar el sentido del humor. Que nuestra mi-sión debe ser desde la cercanía y la proximidad. «No os olvidéis cuál es el estilo de Dios: proximidad, compasión y ternura. Así actuó Dios desde que eligió a su pueblo hasta el día de hoy. Y también nos ha pedido no ser pasivos ante los dramas que viven muchos de nuestros contemporáneos, sino que nos juguemos el tipo en la lucha por la dignidad huma-na, y por el respeto por los derechos fundamentales de la persona. Que seamos hombres de la esperanza que no conoce miedos, porque en nuestra fragilidad se manifiesta la fuerza de Dios.

Totalmente de acuerdo. Se ve que nos conoce bien. Y creo que estas palabras no son exclusivas para los Claretianos.
En fin, estas son algunas de las cosas que digo sobre «Jesús». Incompletas, imperfectas, con dudas, con dolor, no siempre con coherencia, y más veces son deseos que hechos. Pero siempre ilusionado y dispuesto a seguir aprendiendo y madurando. Ojalá que el Señor nunca me tenga que dar un tirón de orejas, como a Pedro, por pretender tenerlo claro, o encerrarle o adaptar-lo a mis esquemas es intereses particulares. Y convencido de que hoy más que nunca necesitamos compartir fe, vida, oración, camino… porque Jesús no sobra en este siglo XXI. Puede que sobren palabras, inercias, modos más propios de otros tiempos…. pero no sobra Jesucristo ni sobran los testimonios personales sobre Jesús, esas«obras» de las que hablaba hoy el apóstol Santiago.

         Y os dejo una tarea (de comienzo de curso): QUE CADA UNO RESPONDA A ESTA PREGUNTA DEL MAESTRO. Le interesa, le importa. Aunque cueste. ¡Y vaya si cuesta! A mí hoy me ha costado!

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 8, 27-36)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este fragmento de Marcos forma parte de la sección central del conjunto de la obra. Tiene una función literaria y teológica muy importante ya que a partir de aquí el evangelio da un giro rotundo. Si la primera parte está fundamentalmente dedicada a exponer el éxito de la misión de Jesús, en lo que sigue el capítulo 8 el centro lo va a ocupar la peculiar manera en la que Jesús entiende su mesianismo: asumiendo las resistencias humanas, el rechazo y el conflicto que suscita en muchos su evangelio; un mesianismo, por tanto, que no será glorioso ni exitoso en el plano político y social, sino todo lo contrario.

Los anuncios de la pasión, de los cuales tenemos en el texto de hoy el primero, están destinados precisamente a instruir a los discípulos sobre el difícil destino de Jesús.

Pedro no acepta la visión que tiene Jesús de su mesianismo, y se atreve incluso a recriminar al Maestro. Jesús reacciona con contundencia. La expresión “ponte detrás de mí” remite a la escena de la llamada a los primeros discípulos (Mc 1, 17-20).

La vocación de Pedro debe ser renovada a la luz del horizonte de fracaso y de muerte que se presenta. Debe aceptar el camino elegido por Jesús, dispuesto a entregar la propia vida por ser fiel al proyecto de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

PLEGARIA PARA LA SEMANA
Jesús de Nazaret

¿Cómo dejarte ser solo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz desnudas,
contradicción y paz. ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada.

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

                                       Pedro Casaldáliga

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 5.9.2021, Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“ Todo lo ha hecho bien;

hace oír a los sordos y hablar a los mudos ”

Cada vez que nos reunimos para la celebración de nuedtra fe en el día del Señor lo hacemos con el convencimiento de que Él se hace presente en medio de nostros ofreciéndonos el alimento eucarístico de su misma pre-sencia sacramental, y el poder y la fuerza de su Palabra que viene a ger-minar en cada uno de nosotros para transformar nuestras vidas.

La Palabra que hoy nos ofrece la Liturgia Eucarística de este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a la esperanza, a no dejarnos vencer por el miedo, a mirar y a acoger con predilección a los más humildes y sencillos, a admirarnos y asombrarnos con la bondad que el Señor Jesucristo mues-tra hacia cuantos padecen enfermedad o sufrimiento.
Acojamos con gratitud este hermoso mensaje, dejemos que fructifique en nosotos y cambie nuestra vida, para que, encendidos en fe y en esperanza, atento a aliviar de su dolor a los que sufren, seamos en y con el Señor Je-sucristo motivo de gozo para otros muchos. Así contribuiremos, de forma callada y eficaz, a que el mañana de nuestra historia sea un poco mejor, quizás, para todos.

Fr. César Valero Bajo O.P.
Convento de Santa Sabina (Roma)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Decid a los cobardes de corazón. «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantar. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

SALMO
Sal 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: – «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: – «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

COMENTARIO
¡Todo lo ha hecho bien!

Los milagros obrados por Jesús contienen significados que van más allá de la curación de una enfermedad o de la superación de una incapacidad física. Me-ditemos sobre el sentido trascendente del que nos narra hoy el Evangelio.

Jesús nos invita al silencio a solas con Él para ser transformados
Lo primero que resalta en el relato es cómo Jesús, ante la petición que le hacen para que sane a aquel hombre sordo y tartamudo, lo aparta de la gente. Esto quiere decir que necesitamos espa-cios y momentos de silencio interior para que el Señor, en un encuentro “a solas” con Él que vie-ne “en persona”, como dice la profecía de Isaías (35, 4-7), nos disponga para escuchar su mensa-je.

Qué difícil es escuchar en medio del ruido ensordecedor de las grandes ciudades, cuyo ritmo acelerado impide encontrar espacios o momentos de silencio para oír la voz del Señor que nos habla de múltiples formas, muchas veces desapercibidas. Por eso es necesario un esfuerzo cons-tante para percibir lo que Dios nos dice y disponernos así también a escuchar a las personas que nos rodean, especialmente a las más necesitadas, que no encuentran quién las escuche a causa de su pobreza o sus limitaciones, y que suelen ser discriminadas como lo dice la palabra de Dios en la Carta de Santiago (2, 1-5).

Jesús abre nuestros oídos para que podamos escuchar
Todos necesitamos que Dios abra nuestros oídos interiores para poder escucharlo. La imposición de las manos realizada por Jesús al obrar el milagro, significa la comunicación del Espíritu Santo, que nos hace posible oír, comprender, acoger y poner en práctica lo que Dios nos dice a través de su Palabra, de los acontecimientos cotidianos, de las personas que nos aman y del clamor de nues-tros hermanos que sufren.

En las familias, en el ámbito del trabajo o en cualquier otra circunstancia, es preciso que Jesús nos disponga a una auténtica comunicación que, como condición necesaria para la convivencia en paz, supone y exige la disposición de cada persona a escuchar a las demás en un clima de diálogo.

Jesús nos hace posible comunicar su Buena Noticia
Jesús no solamente abre los oídos sino también hace posible hablar. La Palabra de Dios que escu-chamos no podemos dejarla sólo para nosotros mismos; debemos comunicarla, dando así testimo-nio de lo que el Señor ha obrado en nosotros. Él quiere comunicarnos su Espíritu, no sólo para que podamos percibir y comprender sus enseñanzas, sino además para que nos movamos a com-partirlas.

El Evangelio dice que Jesús les mandó a quienes presenciaron el milagro que no se lo contaran a nadie. Es lo que los estudiosos de los evangelios llaman el “secreto mesiánico”, cuya razón era evitar las falsas interpretaciones de los hechos de Jesús como prodigios espectaculares con los que él supuestamente buscaría un liderazgo o un poder terrenales, acorde con la idea común entonces de un mesías político que devolvería a los israelitas el esplendor de los tiempos de los reyes David y Salomón diez siglos atrás. Pero lo que Él buscaba era todo lo contrario: manifestar el amor mise-ricordioso y sanador de Dios en favor los pobres, los excluidos, y de todos los que se reconocie-ran necesitados de salvación.

Animémonos pues a hablar de Dios. Pero no sólo con palabras, sino expresando con nuestra ale-gría que Aquél que “todo lo hizo bien” sigue actuando a través de nuestra disposición a colaborar con Él para hacer de este mundo un lugar donde se realice el amor compasivo a todos, empezan-do por los más necesitados.

Gabriel Jaime Pérez, SJ
Ciudad del Vaticano

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 7, 31-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La escena de Marcos presenta a Jesús recorriendo las aldeas limítrofes de Galilea. Tiro y Sidón son de cultura fenicia, mientras que la Decápolis es una zona de influencia helenística.

No queda claro si la persona que le presentan es un judío o un pagano. Por el contrario entendemos que se trata de una persona que no pertenece al pueblo de Israel.

La lectura que podemos hacer es doble: por una parte Jesús lleva a cumplimiento las esperanzas de restauración que el profeta Isaías, si bien no es una restauración política (un nuevo reino de Judá), sino humana, de personas: sordos y mudos recuperan el habla, la expresión, la comunicación.

Por otra parte se puede entender que unos personajes paganos, tanto el sordomudo como los que le acompañan, proclaman la acción liberadora de Jesús. El evangelio retomará una y otra vez esta aparente contradicción: los destinatarios del Evangelio se cierran, los paganos son con frecuencia los que bendicen el nombre de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana
PLEGARIA

Los sordos oyen, los ciegos ven,
los cojos andan, los lisiados saltan
y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
Cosas que suceden y no vemos.

Personas en paro que no se levantan.
Denuncias que hacen y no escuchamos.
Nosotros quietos por el miedo
a perder lo que tenemos.

Apostemos por ser capaces de ver,
de escuchar, caminar y dar saltos
por la alegría de vivir en comunidad.

Y a los pobres anunciaremos buenas noticias,
cuando para ellos se conviertan
en unas mejores condiciones para sus vidas.

                                    Álvaro Frank

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 29.8.2021, Domingo XXII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Francisco

A los fariseos que, como otros muchos judíos de entonces, no comían sin haber hecho las abluciones y observaban muchas tradiciones sobre la limpieza de los objetos, Jesús les dijo categóricamente: “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”.

Por tanto, ¿en qué consiste la felicidad que sale de un corazón puro? Por la lista que hace Jesús de los males que vuelven al hombre impuro, vemos que se trata sobre todo de algo que tiene que ver con el campo de nuestras relaciones. Cada uno tiene que aprender a descubrir lo que puede «contaminar» su corazón, formarse una conciencia recta y sensible, capaz de “discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto”. Si hemos de estar atentos y cuidar adecuadamente la creación, para que el aire, el agua, los alimentos no estén contaminados, mucho más tenemos que cuidar la pureza de lo más precioso que tenemos: nuestros corazones y nuestras relaciones. Esta «ecología humana» nos ayudará a respirar el aire puro que proviene de las cosas bellas, del amor verdadero, de la santidad.

(Mensaje para la Jornada de la Juventud 2015,
S.S. Francisco, 17 de febrero de 2015).

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Deuteronomio 4,1-2.6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo: – «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando ten-gan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.” Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

SALMO
Sal 14,2-3a.3bc-4ab.5
R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 1, 17-18.21b-22.27

Mis queridos hermanos: Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra. Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas. Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio

según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: – «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no si-guen la tradición de los mayores?» El les contestó: – «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escri-to: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: – «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codi-cias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

COMENTARIO
A vueltas con las leyes y tradiciones

“Las instituciones, las leyes, los modos de pensar y sentir heredados del pasado ya no siempre parecen adaptarse bien al actual estado de cosas.” (Gaudium et Spes 7)

Cuando Dios sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, del sometimiento a los caprichos del poderoso y endiosado Faraón, para enseñarles a ser libres, y a convivir en fraternidad y justicia, les ofreció una «carta de la libertad», lo que se llamó los «Diez Mandamientos». Una especie de «Constitución» básica que garantizaba esa libertad y esa convivencia justa y sana, y que tenía como fin primordial el bien del pueblo. Ese era el deseo y el proyecto de Dios.

No hará falta decir que Dios nunca «dictó» literalmente cada una de esas normas, ni las escribió con su dedo en unas tablas de piedra… sino que Moisés y los Ancianos, con la ayuda de Dios, y con la experiencia de los conflictos vividos durante aquella larga peregrinación por el desierto… acertó a recoger en aquellas diez claves lo que ayudaba a que se hiciera posible y se cumpliese esa voluntad de Dios: un pueblo libre, responsable y unido. En ese sentido se puede decir con toda verdad que eran «diez palabras de Dios», porque el Dios de Israel es el que va hablando en la historia, en los acontecimientos… leídos desde la fe.

Cuando las circunstancias sociales cambiaron y tuvieron que enfrentar la dura realidad de cada día… se presentaron nuevas situaciones. y muchas dudas sobre lo que era o no correcto hacer en cada caso. Las autoridades religiosas del pueblo se encargaron de concretar y aterrizar aquellas diez normas generales con otras leyes auxiliares: prohibiciones, leyes, ritos, mandatos etc. La Biblia recoge cómo fueron evolucionando y adaptándose muchos de aquellos preceptos, según lo iban requiriendo las nuevas circunstancias y la maduración cultural de Israel.

Sin embargo, este proceso tan humano y tan necesario… se convirtió en un problema cuando todos aquellos preceptos humanos (lo que el Evangelio llama la «tradición de los mayores») se empezaron a poner a la misma altura que los Mandamientos, sacralizándolos y convirtiéndolos en «intocables».

Esto trajo consigo algunas consecuencias:

  • Quienes interpretaban y actualizaban las leyes se convirtieron en «portavoces» de Dios y de su voluntad a pesar de que el segundo mandamiento manda: «no tomarás el nombre de Dios en vano», es decir, no te servirás de la autoridad de Dios (el Nombre) para imponer cosas que no son de Dios.
  • Y es que en no pocas ocasiones, aquellas «adaptaciones» no eran según la mentalidad de Dios… sino conforme a otros intereses, que llegaron a dejar la auténtica voluntad de Dios en segundo plano. «Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
  • Y además empezó a extenderse la «mentalidad de mínimos» (lo mínimo que hay que hacer, y lo que hay que evitar para «estar en regla con Dios»), numerosas minucias para «cumplir» lo que correspondía a un buen israelita. Así la relación personal y social con Dios quedaba convertida en normas y prohibiciones… Tantas, que sólo estaban al alcance de unos pocos selectos que podían dedicarse a estudiarlas y aprenderlas, de manera que otros muchos quedaban casi «excluidos» de la buena relación con Dios.

A Jesús le entristece y le enfada esa mentalidad rígida y legalista, y que usen el Nombre de Dios y las tradiciones de los mayores para atacarle personalmente y descalificarle. Les reprocha que cumplan escrupulosamente mil condiciones para participar en los ritos religiosos… pero su culto estaba vacío, pues el corazón (el centro espiritual de la persona, la conciencia, las opciones de vida) estaba muy lejos de Dios. Era un culto separado de la vida, que no tocaba/cambiaba la vida, simples ceremoniales aunque fueran tan solemnes… como si eso fuera lo que a Dios le importara más. Y no era eso lo importante. A Dios le importa el pobre, el huérfano, la viuda, el emigrante… la justicia, la misericordia (Segunda Lectura de hoy). Jesús les reclama contar con la propia conciencia y el estilo de vida (el corazón), como criterios de moralidad. Y no las normas externas ni los cumplimientos mínimos, ni las prácticas religiosas.

Intentando trasladar a nuestra realidad eclesial de hoy la escena del Evangelio… pues también tenemos muchas tradiciones, normas, ritos, obligaciones, mandatos… Son necesarios por nuestra condición humana. Pero:

  • No se puede identificar «lo que siempre ha sido así» con la voluntad de Dios. Las leyes humanas y eclesiásticas no son «sagradas», y tienen que adaptarse continuamente, buscando siempre el bien y la dignidad del ser humano. “Las instituciones, las leyes, los modos de pensar y sentir heredados del pasado ya no siempre parecen adaptarse bien al actual estado de cosas.” (Gaudium et Spes 7, Vaticano II).
  • No se pueden confundir las «mediaciones» con lo esencial. A veces pierde uno la paciencia cuando algunos defienden y confunden como algo «fundamental e intocable, que siempre se ha hecho así» con la voluntad de Dios, o la fidelidad a la Iglesia/fe: que si se comulga en la mano o en la boca, que si hay que arrodillarse o ponerse de pie, que si estas palabras las dice solo el cura o también las pueden decir los fieles, que si comemos carne en cuaresma o la sustituimos por una buena merluza fresca, que sea más importante faltar a misa un domingo que faltarle el respeto a tu pareja o pagar en dinero negro a un trabajador… Que si no he podido comulgar porque me faltaban 10 minutos para cumplir el ayuno eucarístico, que si los seglares no son dignos para dar la comunión, que si tocar la Eucaristía con las manos (al comulgar) es una falta de respeto a Dios… Uuuuuffffff
    • Una persona de fe puede no ser fiel a todo lo que esa misma fe le reclama, y sin embargo puede sentirse cerca de Dios y creerse con más dignidad que los demás. Pero hay maneras de vivir la fe que facilitan la apertura del corazón a los hermanos, y esa será la garantía de una auténtica apertura a Dios. (Fratelli tutti, 74). Para orientar adecuadamente los actos de las distintas virtudes morales, es necesario considerar también en qué medida estos realizan un dinamismo de apertura y unión hacia otras personas (Fratelli tutti, 91) • Otra cosa que nos impide avanzar en el conocimiento de Jesús, en la pertenencia de Jesús es la rigidez: la rigidez de corazón. También la rigidez en la interpretación de la Ley. Jesús reprocha a los fariseos, los doctores de la ley por esta rigidez. Que no es la fidelidad: la fidelidad es siempre un don para Dios; la rigidez es una seguridad para mí mismo. Rigidez. Esto nos aleja de la sabiduría de Jesús; te quita la libertad. Y muchos pastores hacen crecer esta rigidez en las almas de los fieles, y esta rigidez no nos deja entrar por la puerta de Jesús». (JBergoglio. en Santa Marta, 5 de mayo de 2020).

No se pueden confundir las tradiciones eclesiales y las normas eclesiásticas… con la voluntad de Dios. Pretenden orientar, ayudar, pero todas esas cosas no son «Dios». Y si se cambian no afectan a lo esencial de la fe cristiana. Decía el gran San Agustín: «En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad».

  • Lo de «doctores tiene la santa madre Iglesia», o «lo que diga el padre, o el Papa o el Obispo, o el Catecismo… se queda corto para los cristianos maduros. Hay que «recuperar el corazón», como indicaba Jesús, la propia conciencia, la responsabilidad personal, sin dejarlas cómodamente en las manos de otros. Sí que nos pueden orientar/ayudar para formarnos, para discernir, para buscar la verdad, lo moralmente bueno… pero la decisión y la responsabilidad es nuestra.
  • La fe tiene que ser vivida en las circunstancias culturales de hoy, no de otra época. Y por eso conviene hacer las adaptaciones que sean necesarias. Las Tradiciones y la Memoria merecen un gran respeto, pero no pueden ser la razón para «momificar» nuestra fe, nuestro culto, nuestras creencias. Creo que el gran poeta uruguayo Eduardo Galeano lo decía muy bien:
    A orillas de otro mar, un alfarero se retira en sus años últimos años. Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan: ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia. Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge sus pedacitos y los incorpora a su arcilla.

Benditos pedacitos. Y bendita la ayuda de nuestro Alfarero, que no se va nunca del todo…. y nos ayuda a hacer las mejores vasijas para cada momento de la historia.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen inferior Agustín de la Torre

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 22.8.2021, Domingo XXI del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Francisco

A veces, se escucha sobre la santa misa esta objeción: “¿Para qué sirve la misa? Yo voy a la iglesia cuando me apetece, y rezo mejor en soledad”. Pero la eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. Nosotros decimos, para entender bien, que la eucaristía es “memorial”, o sea, un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros.

La eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y a los hermanos.

(Ángelus de S.S. Francisco, 16 de agosto de 2015)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Josué 24,1-2a.15-17.18b

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: – «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.» El pueblo respondió: – «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

SALMO
Sal 33,2-3.16-17.18-19.20-21.22-23
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.


Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra fe sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará. R/.

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,21-32

Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 6,60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: -«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: -«¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: – «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: – «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: – «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

COMENTARIO
¿También vosotros queréis marcharos?

♠ Contexto de la primera lectura. Según el parecer de los entendidos sólo dos de las tribus de Israel (Efraim y Manasés) hicieron el recorrido del desierto (éxodo), desde Egipto, tal como lo tenemos recogido en los libros sagrados. Otras tribus habrían llegado por diversos medios hasta la Tierra Prometida. A todas ellas las ha convocado Josué en el santuario de Siquem, para que tomen una decisión importante: ¿Están dispuestos a participar de su misma fe, la que han ido descubriendo y puficando por el desierto? ¿Quieren dejarse proteger por el Dios del Sinaí, dar un sentido a sus vidas desde Él, desde sus leyes y valores?

Josué es un hombre valiente, y respeta profundamente la libertad de sus hermanos: «Escoged a quien servir, a los dioses falsos o al Dios que nos ha salvado de la esclavitud, el Dios de la libertad». Y él es el primero en pronunciarse: «Yo y toda mi casa serviremos al Señor».

           ♠ Últimamente no está de moda creer. Nuestra manera de comportarnos está muy lejos de la de Josué. Por una parte nos ha entrado una especie de complejo de llamarnos cristianos. El entorno social nos está haciendo creer que ser cristiano es una cosa trasnochada, es ir contra corriente, no es moderno o progresista…  Por otra parte, un cierto número de personas han optado por vivir sin Dios, o tal vez sea mejor decir por servir a otros dioses más cómodos, inventados por nosotros mismos, dioses a la carta que tranquilizan conciencias, dioses de los que acordarse cuando haga falta. «Algo debe haber«, dicen algunos. «No necesito a Dios, son cosas del pasado«, dicen otros. Y algunos siguen creyendo, pero sin saber muy bien en qué, sin saber explicarse demasiado en qué consiste lo de «ser creyente». Y se autodefinen como «creyentes no practicantes» (dos conceptos, por cierto, incompatibles entre sí).

          ♠ Los que todavía creen. Sin embargo, hay otros que aún se mantienen. A menudo desconcertados porque los amigos, los parientes, los compañeros de trabajo ya no creen. Y lo llevan un poco a escondidas. Llegan a cansarse o desmotivarse para hacer el bien, defender el verdad y la justicia, y el amor no es criterio de sus opciones… al ver cómo los «valores» a su alrededor son otros. Y, casi sin darse cuenta, van poco a poco perdiendo su identidad cristiana.

Pero, ¿qué es eso de la fe? Se han dado definiciones muy abstractas como lo de «creer lo que no vimos», o «cumplir los mandamiento de Dios y de la Iglesia», o «practicar una serie de ritos, obligaciones y cultos». Ciertamente que estas definiciones están alejadas de la experiencia de Israel.  Si nos fijamos en las palabras de Josué en la primera lectura:»Serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios«.  Está proclamando sobre todo un estilo de vida: Creer es servir al Señor, es escucharle y poner en práctica sus mandatos.

            ♠ El fragmento del Evangelio de  hoy es la conclusión del discurso del Pan de Vida, que venimos meditando estos últimos domingos. Es el último de los siete discursos de Jesús, en los que ha ido explicando a modo de una larga catequesis el sentido de la Eucaristía, en la que no han faltado frases bien exigentes y de denuncia: «Vosotros estáis conmigo porque habéis llenado el estómago, no porque os interese mi mensaje», «si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis la vida eterna»

Claro que Jesús no estaba hablando en este momento de «comulgar», tal como lo entendemos nosotros  ahora, aunque nos ayude a darle su auténtico sentido. En su Última Cena, antes de darles a comer su carne y sangre, les pidió: «Haced esto en memoria mía«, es decir: Convertíos vosotros mismos en pan para que otros se alimenten, haceos migas por los demás; sed capaces de derramar vuestra vida como el vino de este cáliz; sed capaces de ir hasta la muerte por poner en práctica la tarea del Padre para hacer un mundo mejor… En una palabra: sed como yo. Este es el significado y la condición para comulgar realmente, con verdad: vivir como él, totalmente para Dios y para los hombres. Hace mucho más explícita y comprometida la opción de Josué.

          Y a esto se refería cuando hablaba de una Alianza nueva y eterna: participar en la Eucaristía cada vez es sellar una Alianza Nueva con Dios, por la cual nos comprometemos a acoger su amor, recibir su perdón y a asumir hasta la muerte el estilo de vida de Jesús, resumido en el mandamiento del amor: Amar como él… hasta la cruz.

 ♠ Aquí tenemos, por tanto, la clave de lo que es «tener fe»: haber hecho una opción de vida, por la que nos iremos configurando, identificando, haciendo nuestro el estilo de vida de Jesús: sus palabras, sus preferidos, su modo de situarse ante el poder, el dinero, la política, la injusticia, la pobreza, etc. Por tanto no se puede «creer» sin poner en práctica, sin «hacer», sin irse transformando (convirtiendo). Ciertamente que la cosa es bien difícil y exigente. Dice Jesús: «sin mí no podéis hacer nada», Por eso lo necesitamos como Pan de Vida, para tener vida en nosotros. Por eso comulgamos los que hemos querido sellar esa Alianza de Vida con él.

           Jesús no se andaba con paños calientes.  «Muchos discípulos de Jesús se echaron atrás y no volvieron a ir con él«. Les parecía demasiado exigente, se escandalizan… ¡y se van!. Está claro que habían «comprendido» lo que suponía ser discípulo. No tengo tan claro que bastantes de los que hoy se echan atrás sea por este mismo motivo. Me parece más bien que muchos ni siquiera han llegado a enterarse de lo que significa «creer», y «dejan» lo que nunca asumieron.

              Hoy Jesús nos plantea a nosotros la misma pregunta que a sus discípulos: ¿También vosotros queréis marcharos?. Nos coloca ante una alternativa: la valentía de decirle que no y ser coherentes con ese no… o hacer nuestras las palabras de Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? En tus palabras hay vida eterna y nosotros creemos«. 

           Y Pedro fue coherente, como el resto de sus compañeros, y tantos otros después de ellos, ¡hasta derramar su sangre! No era fácil creer entonces: las arenas del circo, los leones, la cárcel, las palizas, lapidaciones… Y tampoco es fácil creer hoy, porque no es fácil vivir una vida con sentido, una vida de entrega, una vida de exigencias. Pero entonces ¿a quién iremos? ¿quién guiará nuestros pasos? ¿quién nos ofrecerá una vida que merezca la pena?

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 
Imagen de José María Morillo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 6, 60-69)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Concluye el largo texto dedicado por Juan al “Pan de vida”. Se inicia con un relato, el de la “Multiplicación de los Panes”; culmina con una toma de decisiones.

Muchos deciden romper definitivamente con Jesús. Los “doce”, con Pedro a la cabeza, símbolo e imagen de comunidad eclesial, lo confiesan. El discurso sobre el alimento (maná-pan), sobre la fe (creéis o dudáis), sobre la vida (que acaba o eterna), ha sido conducido magistralmente hasta la toma de una decisión: comer la carne y beber la sangre de Jesús, esto es, creer en él y compartir su vida y su muerte, o rechazarlo.

La pregunta final de Jesús se puede leer en continuidad con la que hace Josué al pueblo de Israel antes de entrar en la Tierra Prometida. ¿Con quién estáis? ¿Con quién queréis seguir vuestro camino? Las tribus reunidas deciden seguir a YhWh; en el caso de Jesús unos lo rechazan, otros (Pedro con los Doce) lo confiesan como el único “que tiene palabras de vida eterna” y le siguen.

La escena refleja lo que, sin duda, fue una realidad tanto en la vida de Jesús mismo como en las primeras comunidades. El seguimiento de Jesús no está exento de dificultades, incluso llegando al abandono de aquellos que en un primer momento habían decidido seguirle con todas las consecuencias.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana

PLEGARIA

Santísima Trinidad, alabada y glorificada seas! Padre Eterno, acojo tu amor, pues por él deseo dejarme conducir y dominar.

Señor, acepto mis sufrimientos, mi debilidad y mi pobreza, mis preocupaciones, mi pequeñez, mis límites y mi impotencia.

Esta ofrenda la deposito en ese océano de amor infinito que es Tu Sagrado Corazón, para dejar que me transformes y me purifiques en lo más profundo de mi ser.

Con humildad, te doy mi consentimiento para que actúes en mí  y así sirva como un instrumento de amor entre tus manos.

Mantenme dócil a Tu divina voluntad, en la confianza, la paciencia, la dulzura y la bondad.

Corta todas las ataduras que me impiden pertenecerte, y permanecer en la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Señor, te digo sí, de manera incondicional e irrevocable a todo lo que ocurra en este día, sabiendo que tú siempre estás aquí, ami lado y en mí, en compañía de Tu Santa Madre, arropándome con vuestro amor infinitamente tierno.

¡Con alegría te digo sí!, a fin de que Tú puedas abrir una multitud de corazones a Tu amor y a la conversión, y así cambiar la faz de la humanidad construyendo un nuevo mundo.

w.w.w. Les choisis de Jés

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 15.8.2021, Domingo de la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora

INTRODUCCIÓN
“¡Dichosa tú por haber creído!»

El Misal de la comunidad que yo utilizo tiene como introducción al evangelio de hoy, las siguientes palabras: “El Magnificat es un cántico resurreccional, porque anuncia que Dios destroza los planes destructores de los que oprimen al mundo y explotan a la humanidad. La fe en la Asunción de María es esencialmente un compromiso a favor del cambio radical de una estructuras empecatadas”. Estas pistas para interpretar el texto bíblico, bien orientadas en mi opinión, nos sugieren que este cántico de María, ubicado en el contexto de la visita que hace a su prima Isabel, es un reflejo del proyecto que Dios tiene sobre toda la humanidad y del cual María se hace mensajera.

Este pasaje nos habla de una María humilde, servicial, disponible para ayudar a quien lo necesita. Todas estas características son señales de su fe. Por eso Isabel, llena del Espíritu Santo dijo, a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se movió de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tu por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!”

La respuesta de María es un canto de alabanza al Dios de la vida que ha venido a proponernos un nuevo orden en el que los humildes serán dichosos y puestos en lo alto, los orgullosos verán frustrados sus planes, los reyes serán derribados de sus tronos y despedidos con las manos vacías los que lo tienen todo, mientras lo hambrientos serán saciados. Este nuevo orden señala el destino hacia el cual caminamos con pasos vacilantes en medio de las vicisitudes de esta historia. María nos señala el rumbo y camina, junto a su Hijo, delante de toda la Iglesia.

Soñar con un mundo distinto que, efectivamente, responda a los planes de Dios sobre la humanidad, es una necesidad vital para los seres humanos. Recuerdo muy bien una canción que solíamos entonar de pequeños: “Había una vez, un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado… todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés…”. La fiesta de hoy es una invitación a mirar hacia el futuro con esperanza y con la confianza puesta en Dios que nos ha llamado a participar de su vida divina en plenitud. Cosa que no podemos esperar alcanzar después de esta vida, sino que tenemos que comenzar a construir desde esta. Es bueno recordar aquellas palabras de Gustavo Flaubert: “Si nos acostumbramos a mirar al cielo, nos nacerán alas”.

Pidamos, entonces, que la fe en la Asunción de la Virgen María se traduzca en nosotros en un compromiso a favor del cambio radical de unas estructuras empecatadas en medio de las cuales vivimos y con las cuales nos podemos acostumbrar. Que la Virgen María, que le enseñó a Jesús a soñar en un mundo nuevo, nos anime a nosotros en la lucha por la construcción de una sociedad, de una familia, de una humanidad más parecida al sueño de Dios.

Hermann Rodríguez Osorio, SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

SALMO
Sal 44,10bc.11-12ab.16
R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R/.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.» María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

COMENTARIO
La mujer luchadora. Asunción

Hace ya bastantes años cantábamos: «¿Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor. Le rinden honor la música, la luz, el mármol, la palabra y el color? ¿Quién será la mujer radiante como el sol, vestida de resplandor, la luna a sus pies, el cielo en derredor y ángeles cantándole su amor…?». ¿Quién es esta mujer con la que Dios quiso contar de manera tan especial, y a la que ha querido tener tan cerca de él, eternamente en su compañía?

De muchas formas nos la han presentado a lo largo de la historia, Por nombrar algunas:

  • la mujer dócil, callada, sufriente, quizá un poco pasiva y conformada
  • la mujer Virgen junto a su esposo José, o la Madre de Jesús
  • la mujer orante que guardaba la Palabra en el corazón
  • la mujer concebida sin pecado
  • la mujer de los milagros y de las apariciones a niños y pastores…
  • la mujer coronada de estrellas, rodeada de ángeles, sobre las nubes…
  • la madre de la Iglesia…
    Detrás de cada una de ellas hay un rostro, un perfil, un modo de entender a las mujeres y su presencia en la sociedad y en la Iglesia. Unas están más cercanas que otras a lo que nos dice el Nuevo Testamento, que siempre ha de ser nuestro punto y criterio de referencia para hablar de María.

La fiesta de hoy nos la presenta de una forma a la que estamos poco acostumbrados. La 1ª lectura nos ha hablado de una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas y con un niño entre los brazos, que un dragón le pretende arrebatar.

Dice la Wikipedia sobre los dragones:
La palabra dragón deriva del griego drákon: «serpiente, dragón», que a su vez viene de un verbo que significa «mirar fijamente», y que se aplicaba a la mirada de las serpientes y las águilas. Por tanto el término haría alusión al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Pronto se empezó a usar para referirse a aquellas criaturas que aparecen en cuentos, leyendas y mitos. La cultura occidental ha imaginado a los dragones como reptiles gigantes con alas, inspirándose en las serpientes, cocodrilos y caimanes, y añadiendo rasgos de otros (alas, cuernos y garras) o fantásticos (aliento de fuego).

En fin: los aficionados a los videojuegos podrían hablarnos mucho de estos personajes. Así pues: el dragón da miedo, hipnotiza, envuelve con su fuego y destruye.

Pero el autor de este escrito, con este género literario difícil para nosotros, NO está hablando de figuras mitológicas o fantásticas, sino de enemigos muy concretos y reales para la comunidad cristiana, para la sociedad, y para las personas. Dragones que pueden destruir la fe, la convivencia comunitaria, la dignidad humana… e incluso la propia vida. Para identificarlos bastaría con acudir a las circunstancias concretas históricas en las que redacta este texto, y sabremos que se refiere sobre todo al Imperio Romano que ha comenzado a perseguir a las comunidades cristianas. Por otro lado, las Cartas de Pablo describen otros «dragones» que viven al acecho dentro de sus comunidades, y que amenazan con apagar el mensaje y la presencia viva de Cristo. Y por fin, cada cual podría poner nombre a sus propios dragones personales.

La mujer del Apocalipsis está representando, en primer lugar, a la comunidad cristiana fiel, a la Iglesia LUCHANDO contra ese Dragón. Muchos escritos anteriores de la Escritura ya habían usado este símbolo de «la Mujer» para referirse/representar al Pueblo de Israel, la Hija de Sión. Y puede simbolizar también a cada creyente. Es decir: aquí estás tú, aquí está la Iglesia, aquí está tu Comunidad Cristiana, con Dios entre tus manos, queriendo que reine en tu vida y en nuestro mundo, pero… hay quienes se empeñan en arrebatárnoslo. Bastante tiempo después, esta mujer será identificada con la Virgen María… pero en cuanto «Madre de la Iglesia», del Nuevo Pueblo de Dios. Precisamente es el título preferido por el Concilio Vaticano II para referirse a ella.

El Papa Pablo VI redactó un bellísimo escrito sobre el Culto a la Virgen María, y en él encontramos:
María es «una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio: situaciones todas estas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad» (Marialis Cultus 37, Pablo VI).

Es decir: que María tuvo que experimentar numerosas luchas y dificultades, muy similares a las que viven muchos hombres y mujeres de hoy, y lo hizo como mujer fuerte, luchadora, peregrina de la fe… que nos marca los caminos a los creyentes de hoy. Es una referencia imprescindible para nuestra Iglesia de hoy, en tantos lugares, y de tantos modos «perseguida», en tantos hermanos sufriente y necesitada.

Para nosotros es muy conveniente poner nombre HOY a estos dragones que acechan a la Iglesia y su misión, a la sociedad y a nuestra fe y entrega personales. Según nuestro relato tienen mucho poder (las 7 cabezas y los 10 cuernos es lo que significan en este género literario) y capacidad y recursos para hacernos mucho daño. Por ejemplo:

  • Pueden ser las autoridades de la comunidad cristiana o de la sociedad civil, cuando no están a la altura, no cumplen con sus responsabilidades como pastores o líderes, y escandalizan, se corrompen, ocultan la verdad, «compran» a los que han de difundir u ocultar sus vergüenza, o usan su poder para el propio beneficio
  • Puede ser ese ritmo de vida vertiginoso que no nos deja espacio para el cuidado de la vida interior, la reflexión, el silencio, la lectura, la revisión de vida, el diálogo calmado…
  • La falta de conciencia y de esfuerzo por parte de todos para frenar la destrucción del planeta, el cambio climático, y que favorece enormemente la difusión de todo tipo de enfermedades
  • El descuido y el descarte de los más débiles de nuestra sociedad… Parece que no nos importa gran cosa (no veo yo mucha «reacción») que se nos estén estropeando millones de vacunas en la Países ricos… cuando en tantos otros apenas han podido empezar a usarlas…
  • Una crisis económica en la que no pocos practican el «sálvese quien pueda», mientras se multiplica el hambre, el paro, las diferencias entre ricos y pobres…
  • No pretendo ser exhaustivo… Cada cual puede matizar y completar la lista.

El Evangelio, por su lado, nos ha presentado a María en clave política y de compromiso social. Reza y canta a Dios porque
dispersa a los soberbios de corazón
derriba de sus tronos (o poltronas) a los poderosos
a los ricos los echa de su lado, dejándolos sin nada
y se pone de parte de los humildes y hambrientos…

Es la Mujer que forma parte de los que quieren cambiar la sociedad desde Dios y con Dios, de los que no están de acuerdo con este modelo social que desde hace mucho tiempo hace aguas. Y se pone de parte de esas minorías tan numerosas y tan absolutamente ignoradas. Y se aparta de todos los que sólo van a lo suyo, y a preocuparse de los suyos: Los poderosos, los soberbios de corazón, los ricos… Porque así es y actúa «Dios mi Salvador». Es la mujer del cambio, de la revolución, la que quiere globalizar la justicia, los derechos humanos, la riqueza, la paz, el alimento, el trabajo digno para todos… La mujer que, según recibe la visita del Ángel, SALE, se pone en camino, se mueve.

No estamos acostumbrados a este rostro de María. Pero es esta Mujer, la que ha hecho vida la Palabra de la Escritura, la que ha sido elevada (Asunción) por Dios a la gloria. En esta fiesta, Dios nos pone en clave de lucha contra los Dragones exteriores e interiores, contra esa sociedad sin Dios-Padre-Madre, que no reconoce en cada hombre a un hermano. Nos sacude para que nuestra fe sea agente de cambio, más comunitaria, más cercana a los que están peor, y mucho menos preocupada y encerrada en sí misma. Pero también es un chorro de ESPERANZA, ¡tan necesario con la que está cayendo!: La esperanza de que la victoria final (el cielo) da sentido a nuestra lucha en la tierra. La primera lectura nos ha avisado de que necesitaremos refugiarnos en el silencio y el desierto, para hacernos más fuertes, para alimentarnos del Pan y la Palabra, para orar, para revisar-nos, para estar más en comunión con Dios…

Hoy desde el cielo, Dios y la Mujer María nos invitan a mirar con otros ojos a la tierra, a la sociedad, a la Iglesia/Comunidad y a nosotros mismos de manera más comprometida, más valiente, más vital, más esperanzada… para que se haga la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo. Así en la Iglesia como en la Mujer Vestida de Sol.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Lc 1, 39-56)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Entre todas las mujeres de Israel, María destaca por su “obediencia filial y humilde” La obediencia bíblica no debe ser entendida en sentido “patrón-asalariado”, “jefe-empleado”, o “dueño-jornalero”. En la dinámica de filiación que atraviesa la Escritura y que se hace realidad en el Nuevo Testamento, María es la “mujer que escucha” con fidelidad a la vez que con libertad.

La libertad que le permite decir sí a Dios y a la humanidad que hace que no se envanezca o reivindique sus derechos ante él. De María no brota la exigencia por sus méritos, sino la alabanza de Dios porque se ha fijado en ella.

El misterio de la Anunciación sigue siendo un misterio. A los ojos humanos es “increíble”; a los ojos de la fe es “dejar a Dios que haga”, sin ponerles condiciones, obstáculos o reservas.

La victoria de María no es triunfalismo, sino exaltación de su humildad y de su obediencia filial.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana

PLEGARIA: DECIR TU NOMBRE, MARÍA

Decir tu nombre, María,
es decir que la pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte
puede ser también tu Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

AMEN

Pedro Casaldáliga

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 8.8.2021, Domingo XIX del Tiempo Ordinario B

INTRODUCCIÓN
Atraídos por el Padre hacia Jesús

Según el relato de Juan, Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar. Conocen a sus padres. ¿Cómo puede decir que viene de Dios?

A nadie nos puede sorprender su reacción. ¿Es razonable creer en Jesucristo? ¿Cómo podemos creer que en ese hombre concreto, nacido poco antes de morir Herodes el Grande y conocido por su actividad profética en la Galilea de los años treinta, se ha encarnado el Misterio insondable de Dios?

Jesús no responde a sus objeciones. Va directamente a la raíz de su incredulidad: «No sigáis murmurando». Es un error resistirse a la novedad radical de su persona obstinándose en pensar que ya saben todo acerca de su verdadera identidad. Les indicará el camino que pueden seguir.

Jesús presupone que nadie puede creer en él si no se siente atraído por su persona. Es cierto. Tal vez, desde nuestra cultura, lo entendemos hoy mejor. No nos resulta fácil creer en doctrinas o ideologías. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.

Pero Jesús les advierte de algo muy importante: «Nadie puede aceptarme si el Padre, que me ha enviado, no se lo concede». La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias.

Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús. Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: «Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí».

La afirmación de Jesús resulta revolucionaria para aquellos judíos. La tradición bíblica decía que el ser humano escucha en su corazón la llamada de Dios a cumplir fielmente la Ley. El profeta Jeremías había proclamado así la promesa de Dios: «Yo pondré mi Ley dentro de vosotros y la escribiré en vuestro corazón».

Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es solo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios. Si en lo íntimo de nuestro ser nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús.

José Antonio Pagola

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes 19,4-8

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: – «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: – «¡Levántate, come!» Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo:

– «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.» Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

SALMO
Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9
R/.
 Gustad y ved qué bueno es el Señor

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno, es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2

Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: – «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo: – «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

COMENTARIO
Pan para el camino

Ø Con frecuencia se ha comparado la vida con un camino, un viaje: Hay un punto de partida, una meta, un equipaje, unas etapas, unos compañeros, un montón de imprevistos… Los que han hecho alguna vez el Camino de Santiago o alguna otra peregrinación lo saben muy bien.

+ Israel fue un pueblo que se forjó en un largo camino, con muchas dificultades. Y caminando tuvo ocasión de ir conociendo a Dios y purificando su imagen, acogiendo muchos dones, enfrentando tentaciones… Y aprendiendo también a caminar «con otros». Así lo quiso Dios.

+ Por un camino de huida, el profeta Elías necesitó pan y agua, cuando se sentía derrotado y a punto de abandonarlo todo.

+ En los comienzos del «camino» (que así se autodenominaban los primeros cristianos), y también en nuestros comienzos del camino de la fe, recibimos el don del Espíritu, que nos «selló» como propiedad de Dios (2 lectura). Y recibimos el Pan de Vida para «ser todos discípulos de Dios». 

Son los medios que Dios y su Hijo ofrecen a los que caminan, a los que se ponen en marcha, para los que se mueven, para los que no se conforman en donde están, para los que buscan, aunque sea tientas o equivocadamente… Precisamente porque el camino es difícil, y no pocas veces agotador. 

 Ø  EL CAMINO ESTÁ SALPICADO POR LAS CRISIS

– Elías podría presentarnos una larga y bien detallada descripción de su hartazgo, cabreo, decepción, cansancio existencial y estrés por intentar hacer las cosas como «creía» que Dios se las había pedido, tal como él entendía o se imagina a Dios… Equivocándose completamente. Le faltó «discernimiento». Digamos que actuó en nombre de Dios… pero sin contar debidamente con Él.

– Las primeras comunidades (muy parecidas a las nuestras) nos podrían describir lo complicada que fue la convivencia entre hermanos, y el amor al prójimo, sobre todo al más cercano. La Carta a los Efesios tiene que advertirles sobre la ira, los enfados, los insultos, la maldad (que es una palabra «fina» para describir la mala leche que tenían algunos «hermanos»)…

– Tampoco a Jesús le faltaron las dificultades. En la escena de hoy, se topa con un buen grupo de murmuradores y escandalizados por lo que acaba de decir. Resulta que Dios quiso hacerse cercano («carne», como lo llama este Evangelio), y compartir, y enseñarnos a aceptar y enfrentar la debilidad, los conflictos, las dificultades… Quería también purificar su «pobre» concepto de Dios, atado a ritos, leyes y lugares «sagrados», para que lo encontraran en la vida cotidiana, y sobre todo en el otro. Pero las mentes cerradas y la obsesión por las tradiciones de siempre no le impedían abrirles caminos:¡Tú que vas a ser un enviado de Dios, si sabemos perfectamente quién es tu familia y cuál tu pueblo! ¡Quién te crees que eres para cambiarnos nada!

 Ø LO DE MURMURAR ES MUY HABITUAL

– El profeta Elías murmura de su pueblo, que ni le hace caso ni le apoya; murmura de la reina Jezabel a la que intentaba convertir un poco por la fuerza, y sobre todo murmura de Dios por meterle en semejantes berenjenales. Cuando las cosas no salen conforme a nuestros planes, protestamos, nos quejamos, echamos culpas a quien sea. Incluso a Dios. 

– Las comunidades cristianas -los bautizados- también eran dadas a murmurar de sus prójimos, ponerles verdes porque eran como eran y no como debieran ser. Murmuraron de Pedro, de Pablo y de cualquiera que intentara ayudarlas a responder a Dios (lo que llamamos «corrección fraterna»). Les dice a los de Éfeso:  Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros. La amargura, la ira, los enfados e insultos, la maldad, la falta de perdón… no son rasgos de un «hijo de Dios». El hermano no era visto como un compañero de camino, sino como un obstáculo que les hacía tropezar.

 Ø AL CAMINAR … LO NORMAL ES «CANSARSE»

– Por una parte está el peso mismo del camino, que se deja sentir en nuestras piernas. Todos hemos pasado momentos en los que no teníamos ganas de ir a ningún sitio; las metas nos resultaban inalcanzables, y nos tentaba dejarlas. Así que nos sentamos junto a cualquier retama a ver pasar los días y los acontecimientos, dándole vueltas a todo, repartiendo culpas, y masticando la amargura.

– Por otra parte, en el camino siempre ocurren imprevistos, no salen las cosas como habíamos calculado. No conseguimos ponernos de acuerdo con los compañeros de viaje, y saltan chispas y puede que algún que otro incendio.

– También está el peso de las propias limitaciones: ya no puedo más, no sé si me habré equivocado, siempre estoy igual, siempre caigo en lo mismo, parece que no avanzo, que no salgo de esto…

– Y está el cansancio de las personas, sobre todo de ciertas personas. Fácilmente, cuanto más cercanas, más nos cansan… Hay que reconocer que algunas personas nos ponen muy difícil caminar con ellas….

– O el cansancio por el ambiente que nos rodea, los espejismos, las tentaciones, los malos ejemplos, las injusticias, las tantas malas noticias de cada día…

Nos pasa entonces como a Elías: «Ya es demasiado», «¡basta ya!»

 Ø ¿Y CUÁL ES LA TERAPIA QUE OFRECE DIOS?

Menos mal que Dios no abandona a Elías con su cansancio, aunque buena parte del mismo sea por su propia culpa. El ángel de Dios le recuerda que EL CAMINO ES SUPERIOR A SUS FUERZAS y le pone delante un pan, una jarra de agua y una propuesta: Levántate, come y sigue caminando. Tendrá que aprender a discernir: Que Dios no es lo que él se pensaba, y sus planes y caminos no eran los de Dios. Tendrá que dejar de mirar para atrás y a tener una esperanza. Y a contar con el pan de Dios (como el maná del desierto que Israel necesitó para llegar a su meta).

Sólo el que camina se cansa. Sólo el que no se acomoda, el que no se deja llevar, el que intenta superarse cada día, el que busca la voluntad de Dios… necesita el Pan de Dios. Los demás no lo necesitan. Comulgamos para echarnos a andar. Comulgar implica moverse, encontrar fuerzas en Dios para hacer su voluntad.

Para los cristianos Jesús se ha presentado/revelado a sí mismo diciendo: «Yo soy el Pan Vivo bajado del cielo». Y también se revelará un poco más adelante: «Yo soy el camino». Es decir: Dios nos ofrece Pan y Camino (con mayúsculas) O también: Jesús nos ofrece el pan para el camino y se ofrece como Pan para el camino.

Tendremos que seguir sus pasos, recorrer sus mismos caminos. Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera en el empeño, para que tenga vida eterna. Y al añadir «para la vida del mundo» está subrayando que nuestro camino y nuestro pan tienen una ineludible dimensión social, un compromiso con el mundo y su vida.

Así que concluyo con las palabras de Dios a Elías: «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo». ¡Y tanto!

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

El largo discurso del “Pan de Vida” (Juan 6), que nosotros llemos poco a poco, se traza sobre la trama de la “fe-increencia” y del “verdadero alimento”. El primer tema ya ha sido preparado en los versículos anteriores, cuando Jesús les echa en cara a sus interlocutores que lo buscan y siguen no porque comprendan el “signo” de la multiplicación (signo de revelación de la voluntad de Dios), sino porque les interesa.

Ahora la incredulidad se hace patente en que le echan en cara que conocen a su familia. Jesús revela al Padre y revela quién es él, pero ellos se niegan a aceptarlo. Unido de esta forma inseparable aparece el “alimento” que sacia y da la vida.

Juan recoge una y otra vez la tradición judía: Jesús se presenta, como Dios en el Sinaí, con el título personal “Yo soy”. Por otra parte el pueblo se alimentó en la travesía del de “maná”, si bien se trataba de un “pan sin cuerpo”, esto es, insuficiente, transitorio, incapaz de alimentar.

Jesús se propone  sí mismo como el que “alimenta”, “sacia” y consigue la “vida eterna”. Pero hay que creer en él”.  En el largo discurso del “Pan de vida”, argumentando en espiral, retomando una y otra vez los disctintos aspectos de los dos temas de fondo, Juan pide que el lector, o escuchante, de este discurso vaya tomando sus propias decisiones. La fe es siempre una “escucha” y una “decisión”.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana

PLEGARIA

El corazón, tantas veces encogido en la fatiga, busca un rostro sonriente, una palabra cálida, una expresión de ternura y un aliento cercano de quien lo entiende y se aproxima, dejando su itinerario, a quien está tentado de no seguir. Hay quienes tienen vocación de capataces y se detienen, sin acercarse, a lanzar improperios e insultos al que está sentado en la vereda sin dar pasos, como es su obligación, sin ir hacia adelante y avanzar. No entienden la situación del encogido que adopta, en expresión corporal, la realidad de su mundo interior y anímico.

La vida, muchas veces, nos cansa. Nos marca el alma con signos de caídas, soledades, fracasos y desorientaciones. Las palabras duras suenan como pedradas despectivas en el rostro. Los silencios marginadores son estruendos desconcertantes y disonantes en los oídos sedientos del rumor del cariño y de la paz. Los gestos de “ahí te pudras” son veneno arrojado al hambriento de muerte. Y el corazón se encoge hasta casi dejar de latir en la tristeza existencial del que añora el vacío.

  • Seños, desde ese corazón muchos te buscan. No saben si eres Tú a quien algunos llamamos Padre. Entre tú y nosotros está la posibilidad de que ese corazón escuche lo que anhela, encuentre lo que busca y viva de otro modo.
  • Haznos como el ángel de Elías. Encárganos de tu Palabra viva. Entréganos tu Pan compartido. Danos un corazón capaz de tu ternura y mándanos al mundo con tu encargo.

                                                           AMÉN

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 1.8.2021, Domingo XVIII del Tiempo Ordinario B

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Benedicto XVI

«Que creáis en el que Él ha enviado…Este es el Misterio de la fe». Con esta expresión, pronunciada inmediatamente después de las palabras de la consagración, el sacerdote proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana. En efecto, la Eucaristía es “misterio de la fe” por excelencia: «es el compendio y la suma de nuestra fe». La fe de la Iglesia es esencialmente fe eucarística y se alimenta de modo particular en la mesa de la Eucaristía. La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida eclesial. La fe que suscita el anuncio de la Palabra de Dios se alimenta y crece en el encuentro de gracia con el Señor resucitado que se produce en los sacramentos: «La fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe». Por eso, el Sacramento del altar está siempre en el centro de la vida eclesial; «gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo». Cuanto más viva es la fe eucarística en el Pueblo de Dios, tanto más profunda es su participación en la vida eclesial a través de la adhesión consciente a la misión que Cristo ha confiado a sus discípulos.

(Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, n. 6.)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: -«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.» El Señor dijo a Moisés: – «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: “Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios.”» Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: – «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: – «Es el pan que el Señor os da de comer.»

SALMO
Sal 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54
R. El Señor les dio un trigo celeste.

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R/.

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste. R/.

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,17. 20-24

Hermanos: Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaum en busca de Jesús., Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: – «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: – «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: – «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: – «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: – «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.”» Jesús les replicó: – «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: – «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: – «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

COMENTARIO
EL PAN DE VIDA Y DE LA LIBERTAD

La primera lectura nos presenta una de las ocasiones en que el proyecto de ser un pueblo libre en una tierra libre, guiados por el Dios que escuchó su clamor cuando eran esclavos… es puesto en cuestión ante las dificultades que se encuentran en el camino. No es fácil ser libre, ser libres jun-tos, y con una estructuras/leyes que aseguren esa libertad.
Vivimos en un país libre (escribo desde España). Es lo que se suele decir. Hemos ido ganando muchas cuotas de libertad en muchos ámbitos: laborales, sociales, políticos, económicos, persona-les… Aunque también vemos últimamente algunos retrocesos y cuestionamientos sobre ciertos logros en igualdad, respeto, derechos humanos… Pero resulta que, realidad, no somos tan libres.

  • Vivimos muy pendientes y condicionados por la opinión de los demás, y nos cuesta mucho ser nosotros mismos.
  • Nos vemos enredados en una sociedad de consumo, que necesita multiplicar nuestras ne-cesidades, aun a costa de esquilmar el planeta. Nunca tenemos suficiente, y nos puede la ansiedad de tener/comprar, visitar, viajar, acumular, probar… de un modo compulsivo y ab-surdo, derrochando y malgastando, sin valorar y cuidar, en cambio, lo que es realmente im-portante… y a los que necesitan todo para poder simplemente vivir.
  • Esta sociedad de la comunicación y de las redes sociales nunca como ahora nos había condicionado y «engañado» con las falsas noticias, los bulos, la información que se esconde (o se impide investigar con la fuerza de los votos la gestión política, los dineros en negro, las adjudicaciones a dedo, las comisiones ilegales…), porque como se destape el asunto…
  • Los mensajes políticos se lanzan, se adaptan o se esconden a golpe de lo que revelan las encuestas, y si ayer dije «X», es que me interpretaron mal, o las circunstancias han cambia-do… La confusión de valores, la desinformación y la manipulación mediática no son nunca una ayuda para nuestra libertad. Al contrario. Ya lo dijo Jesús: La verdad os hará libres…
  • Por otro lado se nos multiplican los miedos: miedo al emigrante que «nos invade». Miedo a que ganen el poder los que no son de los nuestros. Miedo a perder el puesto de trabajo que parecía tan seguro. Miedo a perder la salud, o a no ser bien atendidos si no tenemos un se-guro privado. A no tener una jubilación suficiente… El miedo provocado no es un ingredien-te compatible con la libertad.
  • También nos «atan» nuestra historia y heridas personales, las relaciones que se han roto, o que no somos capaces de romper, los errores cometidos, las etiquetas que nos han puesto…

La Revolución Francesa colocó la «libertad» en un altar (junto a otras dos, formando una auténtica trinidad indivisible: igualdad y fraternidad). Pero estamos lejos de aquellos ideales. Habría que empezar por ponernos de acuerdo en lo que realmente significa esta «mágica» palabra. Nadie  puede apropiarse de ella, como bandera o estandarte, dando a entender que «los otros» nos la quitarían. Cuando la política se dedica a dividir en «buenos y malos» deja de ser política. 

Tiene que ir de la mano de la responsabilidad, y estar al alcance de todos, y no solo de los que están mejor económicamente, pues cuando se carece de lo básico no hay libertad (por eso acabaron así los israelitas en Egipto).

Precisamente el libro del Éxodo nos muestra cómo la libertad por la que Dios opta consiste en «liberar» del trabajo esclavo, de la falta de medios de subsistencia, del manejo del Faraón y sus leyes abusivas… aunque tengan el estómago lleno y les permitan ciertas «libertades» para que estén contentos y no se quejen (hoy diríamos: toros, fútbol, culebrones familiares, conciertos, «Sálvame», «Supervivientes», «First of Dates»…). Aquella libertad planteada por Dios exigía aprender a ser un pueblo unido y justo.  Por eso es tan necesario lo que nos ha pedido San Pablo: «despojaos del hombre viejo», de las «ideas vacías», renovar la mente y el espíritu

El maná y las codornices que vienen «del cielo» fueron la ayuda necesaria de Dios para poder caminar y vencer las dificultades. Precisamente cesarán cuando entren en la Tierra Prometida.

Cuando Jesús se presenta a sí mismo como el verdadero pan del cielo que nos da su Padre, y que baja para dar vida al mundo… nos está llamando a la libertad, a la fraternidad, a la comunión. Nos falta mucho «éxodo» para ser libres y necesitamos mucho ese Pan que nos ha ofrecido el Padre para construir la «civilización del amor». Cuando el sacerdote ponga en tus manos el Maná Euca-rístico…. ya sabes que es para ponerte en camino, salir de tantas ataduras, despojarte del hombre viejo, corrompido por sus apetencias seductoras; para renovarte en la mente y en el espíritu y ser revestidos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. «Señor, danos siempre de este Pan».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Siguiendo el ciclo litúrgico, este año no hemos leído el relato de la multiplicación de los panes según san Juan, porque hemos celebrado en España una fiesta propia, la solemnidad del Santiago Apóstol. Esto hace que la lectura del evangelio de este domingo comience sin su texto previo, de referencia.

La multiplicación de los panes el el “cuarto signo” que revela a Jesús. Antes de que comience el discurso de Jesús sobre el verdadero pan, Juan recoge un “quinto signo”, el de la tempestad calmada en el lago, que sólo aparentemente desvía la atención.

La escena se sitúa en el lago, cerca de Cafarnaúm. La gente, que “ha visto” el signo y “ha comido” hasta saciarse, “busca” a Jesús. Cuando lo encuentran quieren disimular: ¿cómo has llegado aquí?, pero Jesús desenmascara sus verdaderas intenciones: “me buscáis” no porque “habéis visto el signo”, sino “porque os habéis saciado”.

La actitud de los que le siguen denota un interés evidente y a la vez una falta de fe no tan evidente. Jesús afronta esto último: el signo debe llevar a la fe “para que creáis”. La referencia al maná de Moisés es sólo una excusa fácil de desmontar. Moisés les procuró un “pan pasajero”; Jesús les da “un pan de vida”.

Textos Equipo Eucaristía.

Para la semana
PLEGARIA

No es un deseo o capricho, es una necesidad básica y fundamental que ahora la convertimos en plegaria:

• ¡Señor, necesitamos que seas nuestro pan para la vida! Que no nos falte nunca, Señor, este alimento, que nos falte nunca la Eucaristía ni tu Palabra. En definitiva, que nunca nos faltes tú, Señor.
• No queremos simplemente subsistir, no queremos seguir viviendo sin más. No queremos asistir indiferentes a la sucesión de los días y los años. Queremos vivir plenamente esta vida que es un regalo del cielo.
• Sabemos que es un trozo del camino, una etapa en este recorrido que nos conducirá un día, ojalá, hasta ti. No queremos tener prosperidad o adversidad sin ti, Señor. Lo que sea, contigo.
• Sabemos que el alimento de salvación se nos da, es un regalo, pero también lo tenemos que buscar,
• Ayúdanos, Señor, a ser activos y decididos en la búsqueda de este alimento que nos da la vida en plenitud. Ayúdanos a buscarte cada día en nuestra vida. ¡Danos. Señor, cada día el pan del cielo!

AMÉN

Rubén Ruiz Silleras

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 25.7.2021, Domingo XVII del Tiempo Ordinario: Solemnidad del Apóstol Santiago

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Francisco

Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en ‘el poder’. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder.

Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder.
Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del es-tupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal.
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Esta fue también la propuesta del diablo a Jesús en las tentaciones. Una la del pan, la otra la del espectáculo: Vamos a hacer un gran espectáculo, así todas las personas van a creer en ti. Y la tercera, la apostasía, es decir, la adoración de los ídolos. Y esta es una tentación diaria de los cristianos, nuestra, de todos los que son de la Iglesia: la tentación no del poder, de la potencia del Espíritu, sino la tentación del poder mundano.

(Cf S.S. Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta)

DIOS NOS HABLA

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Se-ñor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en me-dio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un ma-dero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Salmo
Sal 66, 2-3. 5. 7-8
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra. R.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Hermanos:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevan-do siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros. ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
¿«Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y lla-mándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre voso-tros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

COMENTARIO
Santiago apóstol, testigo y mártir

Mi nombre es «Jacob» en hebreo. Jacobo en griego o latín. Y varía según vuestras diferentes len-guas: Jacob, Jacobo, Jakob, Sant-Iago, Yago, Thiago, Santiago, Jacques, James, Giacomo, Diego, Jaime…

No me confundáis con Santiago el hijo de Alfeo, otro de los Doce apóstoles, al que Marcos llama “el menor”. Ni tampoco con Santiago “el hermano del Señor”, como le llama Pablo de Tarso. Éste ni siquiera fue de nuestro grupo de los Doce. Yo soy Santiago “el hermano de Juan”, “el hijo de Zebedeo”. Llamadme “Santiago, el mayor” o “Santiago, el peregrino” si preferís.

Soy judío de Galilea, nací en la orilla norte del lago. En la cercana ciudad de Cafarnaúm teníamos nuestra barca. Mi hermano Juan y yo trabajábamos en la industria pesquera de mi padre Zebedeo, asociados con otros dos hermanos: Pedro y Andrés.

Cuando aquel maestro de Nazareth nos dijo “seguidme”, lo dejamos todo… aún hoy no me explico bien por qué, pues no nos dio ninguna explicación. Pero es cierto que sentí un fuerte impulso del corazón y muchas ganas de «cambiar de aires», de rutinas, de olor a pescado… En la vida hay que saber arriesgarse algunas veces. Y en la fe, sin riesgo, aventura, y «cambios»… no hay realmente seguimiento.

Mayor fue mi sorpresa cuando Jesús me llamó por mi nombre para formar parte de un grupo especial de DOCE y entonces sí que nos dejó muy clara su finalidad:

  1. Para que fuéramos su grupo de acompañamiento, algo así como sus más estrechos colaboradores “para que estuviéramos con Él” (Mc 3,14). Estar con él. Eso es ser discípulo.
  2. Para que lleváramos su mensaje, nosotros seríamos los primeros anunciadores del Reino, nos llamaba “para enviarnos a anunciar, dar testimonio” (Mc 3,14). Testigos de lo que vivimos. Eso es ser discípulo.
  3. Para que encarnáramos y simbolizáramos el nuevo Pueblo de Dios, como las doce tribus del antiguo Israel “para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt 18,38). Una nueva comunidad fraterna, siempre somos discípulos «con otros», en comunidad.

Yo fui muy importante entre los DOCE, no hay más que fijarse en las cuatro listas de apóstoles que se conservan en el NT: Yo estoy siempre en el segundo puesto (después de Pedro) o en el tercero (después de Andrés o Juan). Con PEDRO y mi hermano JUAN, fui del grupo de los TRES ÍNTIMOS de Jesús.

PEDRO, JUAN Y YO … fuimos testigos excepcionales de los momentos más importantes de Jesús. Destaco tres:

• Primer momento: la resurrección de la niña Tabita (Gacela). Allí comprendimos el PODER de Jesús sobre la muerte, y que su REINO era un reino de vida.

• Segundo momento: Testigos del destello de su divinidad en el monte Tabor, y vimos su GLORIA, en la Transfiguración: que era realmente DIOS, a pesar de su humilde aspecto.

• Tercer momento: fuimos testigos de su angustia ante la muerte, en el Huerto de los Olivos, profundamente HUMANO.

Los tres momentos juntos revelan el misterio de Jesús en su totalidad.

A mi hermano Juan y a mí Jesús nos puso un sobrenombre: «Boanerges». Nos resultó un sobrenombre extraño. Marcos hizo una traducción aproximada: «hijos del trueno». Y ¿por qué “HIJOS DEL TRUENO”? No creáis que tenía algo que ver con nuestro carácter impetuoso, apasionados, exaltado, autoritario… Jesús no se preocupaba de la psicología, miraba más adentro… y sabía que no ahorrábamos esfuerzos en la misión encomendada ni calculábamos riesgos en la aventura del Reino.

Os presento tres situaciones en las que nuestro ímpetu fue tan exagerado que los Hijos del Trueno metimos la pata:

§ El exorcista desconocido (Mc 9,38-40). Mi hermano Juan increpó duramente a un desconocido, que expulsaba demonios, sin ser de los nuestros. Fue una metedura de pata. Cómo nos gusta controlar al otro, y poner etiquetas, y dividir el mundo en «nosotros», y «los otros» a los que tenemos que controlar. Cuidado con esto, que la reprensión de Jesús vale para todos los suyos.

§ El rechazo samaritano (Lc 9,52-56). Otro día fue todavía peor: mi hermano Juan y yo pedimos fuego del cielo para acabar con una aldea samaritana que se había negado a recibirnos. La agresividad, la venganza, el «te vas a enterar»… Estas cosas no construyen Reino: otra dura reprimenda de Jesús nos lo hizo ver.

§ La petición de los primeros puestos (Mc 10, 35-41). Tal vez la mayor metedura de pata fue nuestra ambición de conseguir los primeros puestos. Nos gustan lo títulos, las ven-tajas, el ser importantes y considerados, sentirnos por encima de los demás…. Me da vergüenza recordarlo. No habíamos entendido nada del proyecto de Jesús. El resultado fue que los otros Diez se enfadaron con nosotros. ¡Qué bien hacéis en procurar recuperar la «sinodalidad» de los comienzos y en desclericalizar la Iglesia! Servir al Reino, servir al que sufre, «rebajarse»…

Pues a pesar de nuestro arrojo, cuando Jesús fue prendido en el huerto, le dejamos completamente solo; huimos todos deprisa y fuimos a refugiarnos en el Cenáculo, cerrando las puertas a cal y canto. Jesús nos tuvo que enseñar la humildad, el servicio, la valentía de resistir a la violencia sin violencias… Aprendimos a reconocer y aceptar nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestra imperfección. ¡Todo esto fue fundamental (de «fundamento») cuando nos tocó construir la comunidad cristiana…!

Esto ocurrió después, el primer día de la semana, cuando Jesús Resucitado se presentó en medio de nosotros, y sopló mientras nos decía: “recibid el Espíritu Santo, como el Padre me envió os envío yo” , y nos lanzamos a anunciar por todas partes la Buena Noticia de la Resurrección.

Herodes Agripa I, queriendo contentar a los judíos, molestos con el éxito de nuestra predicación, decidió dar un escarmiento a nuestra comunidad cristiana …y en los años 41-44, me hizo decapitar. Pero no os quedéis en mi muerte … que yo, en Jesús, también he resucitado. Venid a mi encuen-tro… os invito a hacer mi camino, como tantos peregrinos, a través de los siglos…
… En SANTIAGO de COMPOSTELA me encontráis, esperando vuestro abrazo, yo que soy amigo y testigo de Jesús, como vosotros y con vosotros. Y no olvidéis nunca que ser persona y ser discí-pulo significa siempre caminar. Porque Jesús quiso ser EL CAMINO.

Este relato, resumido y «casi» tal cual es de José Antonio González García,
Profesor de N.T. en el Instituto Teológico Compostelano

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, son los discípulos llamados “a primera hora” después de la llamada de los hermanos Simón Pedro y Andrés.

Santiago forma parte del grupo “íntimo” de Jesús, que le acompaña en los momentos más importantes de su vida. Los textos citan a “Pedro, Santiago y Juan”.

Ahora aparece una nueva figura, la madre de los dos hermanos que pide lo “lógico” en una mentalidad con parámetros humanos. Pide lo mejor para sus hijos. Nada que objetar. El tema de fondo, el que importa, es que la madre de los Zebedeos, y debemos entender también que sus hijos no están entendiendo a Jesús.

Ellos piensan con criterios humanos, incluso políticos (reparto del poder en el futuro reino donde Jesús “gobernará”).
Jesús explica que en su Reino todo tiene otra perspectiva: los grandes y los primeros son los que sirven, los que se ponen al servicio. No es sólo una frase ingeniosa, sino un estilo de vida.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana

Presentamos al Señor nuestra oración, nuestras ilusiones y esperanzas.

• Por la Iglesia universal, para que no ceda nunca a la tentación de buscar los puestos de honor en los poderes terrenales.

• Por la Iglesia española, por todos sus ministros, religiosos, religiosas y caicos, para que sigan fieles a la predicación que inició Santiago.

• Por todos y cada uno de los miembros de nuestra comunidad parroquial; para que seamos grandes en la humildad y en el servicio

• Jesús Buen Pastor: Para tus pasos seguir enséñame a comprender que siempre el mayor poder es el poder de servir.

• Quiero en la carga y el cargo sufrir y morir de amor, y si tú quieres. Señor, beber tu cáliz amargo.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 18.7.2021: Domingo XVI del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

El calor nos invita a las vacaciones, las desgracias ajenas (naturales, como en Alemania y Bélgica, o políticas, como en Cuba) reclaman respuestas de ayuda y solidaridad. Encontramos en el Evangelio de este domingo una curiosa convergencia de esas dos dimensiones: Jesús invita a sus discípulos a descansar, pero no deja de acoger a los que le buscan necesitados de ayuda. El breve texto de Marcos presenta una paradójica síntesis de dimensiones que no siempre son fáciles de conjugar en la vida cotidiana. El Evangelio se muestra como una verdadera escuela de vida, como una fuente de sabiduría que nos ayuda a vivir con armonía esas dimensiones diversas, necesarias, pero con frecuencia, en tensión.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6

Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor–. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: – «A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones –oráculo del Señor–. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá –oráculo del Señor–. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.»

SALMO
Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18

Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: -«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

COMENTARIO
“La Mirada de Jesús”

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se le adelanta corriendo por la orilla. Cuan-do llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Je-sús?
Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas».

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque hayan interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada, Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: andan «como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los letrados de la Ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles muchas cosas». Con calma, sin prisas, se dedica paciente-mente a enseñarles la Buena Noticia de Dios. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda bus-cando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan el mensaje de Jesús.

José Antonio Pagola

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Las palabras de Jesús no son duras, lejanas y estereotipadas como las de los fariseos. Tampoco son como las de los predicadores de catástrofes. Son palabras que llevan luz y que sanan. A la vuelta de la misión Jesús les invita a sus apóstoles a retirarse a descansar. Sin embargo, Marcos nos cuenta cómo le seguían buscando por tierra y mar. Más allá de una imagen idílica se trasluce una imagen de una necesidad profunda por parte de la gente y una constatación: Jesús da respuesta a los deseos más profundos de las personas.

Sobresale el verbo “compadecerse”, que la traducción suaviza con “sintió lástima”. El griego habla de “compadecerse”, de “sublevarse”, de que las “entrañas se le conmovieron”. Tiene que ver con la conmoción, como si un movimiento interior se tratara. La razón que da Marcos es que la gente iba descarriada “como ovejas sin pastor”.

La imagen del pastor y de las ovejas no sólo es apreciada por la Biblia, sino fuertemente significativa: Dios es el pastor que se desvive por su pueblo Israel. Dios envía pastores a quienes encarga de su rebaño y sólo encuentra que le devuelven maltratos y esterilidad. En san Juan, Jesús se propone a sí mismo como “buen pastor”.

El evangelio de hoy sugiere muchas preguntas: ¿Por qué la gente buscaba a Jesús y por qué a nosotros, cristianos de hoy, no nos buscan? ¿Cuál era la situación de desamparo de la gente y cuál es hoy nuestra situación de desamparo? ¿Qué mensaje transmitimos a la gente que busca una respuesta en el evangelio? ¿El evangelio es reposo y descanso para las personas contemporáneas nuestras que viven desorientadas, cansadas?

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana
PLEGARIA

• Si me siento cansado por la tarea de cada día, por querer dar testimonio de tu Amor, quiero escuchar: “Venid vosotros solos a un lugar desierto a descansar un poco” (Mc 6, 30-31).

• Si me siento cansado de trabajar, y de que casi no veo ningún resultado, quiero rezar: “Me abandonan las fuerzas…, mi pena no se aparta de mí. No me abandones, Señor” (Salmo 37).

• Si me siento cansado y no encuentro la luz, quiero estar seguro: “Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas” (Salmo 17).

• En Ti, Jesús Buen Pastor, queremos encontrar descanso. Queremos escuchar ahora y siempre: eres un empleado bueno y fiel. Pasa a la fiesta de tu Señor” (Mt 25, 23).