Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 9.5.2021: «VI Domingo de Pascua»

INTRODUCCIÓN

Todas las diversas dimensiones de la experiencia del Resucitado se resumen en el mandamiento del amor. Vivir en el primer día de la semana, día de la nueva creación, y ver al Señor en la comunidad, la Eucaristía, los pastores… y unirse a Él como los sarmientos a la vid, todo eso significa aceptar, acoger y transmitir el Amor que es Dios y que Dios nos da en Jesucristo. Y el Amor no es ni un mero sentimiento, ni, en el otro extremo, una norma moral. El Amor es un don que recibimos con la vida y, de manera renovada, con la Vida nueva de la Resurrección, es la misma Vida de Dios que se ha acercado a nosotros en la humanidad de Jesucristo. Experimentamos el peso del amor en múltiples momentos, porque amar de verdad no es cosa sencilla ni fácil: el que trata de amar se tropieza con el misterio de la Cruz, con sus propios límites, con los límites ajenos. Al final, para amar hay que creer, y además tomar decisiones. Como se dice en Encuentro matrimonial, «amar es una decisión». Dios ha tomado ya la decisión y ha dado el paso. Hoy Jesús, que en virtud de ese amor se ha hecho amigo nuestro, nos invita a darlo nosotros. 

J.M.V. (Sacerdote)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 10,25-26.34-35.44-48

Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo: «Levántate, que soy un hombre como tú.» Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.» Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles. Pedro añadió: «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?» Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 97,1.2-3ab.3cd-4
R/. 
El Señor revela a las naciones su salvación

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-10

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. 

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 15,9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

COMENTARIO
Dios es amor

La primera gran palabra que existió jamás, y origen de todas las palabras bellas y de todas las cosas buenas es «amor».

En el principio fue el Amor de Dios. Y como el Amor es comunicación y expresión, el Amor se puso a hablar y a cambiarlo todo: fue vencido el caos, el desorden, la oscuridad, y creó la luz, la vida, el equilibrio, el paraíso… y al ser humano para que recibiese todo lo que él era y daba, y lo hizo capaz de entregarse, dialogar, fundirse y amar. Y como todo era fruto del Amor, todo era muy bueno. El Amor sigue diciendo muchas veces «hágase», y lo hace todo bueno, vital, luminoso, humano.

Cuando decimos que Dios «es» amor, estamos diciendo que Dios «ama», que está hecho de amor, que sólo sabe y sólo puede amar, y que todo lo que hace es por amor, para hacer crecer el amor, para sostener el amor, para hacer posible el amor.  El amor es lo que está detrás y antes de mi nacimiento. Él me amó y quiso que yo existiera. Y el amor será el abrazo final que recibiré cuando se acabe mi existir. Y entre el nacimiento y el descanso eterno, el amor es la «fórmula secreta» para llenar de sentido la vida y hacerla fecunda.

Si esta es la «definición» de Dios, quiere decir que donde está Dios, allí hay amor. Por tanto, todo el que se acerque a Dios tiene que amar, porque el amor lo empapa y lo envuelve y sale siempre hacia afuera, se expande, se multiplica, se contagia.

Cuanto más cerca está uno de Dios, más tiene que notarse por su amor; todo el que es tocado por Dios, aunque no se haya dado cuenta, aunque diga que no cree en Dios, se habrá contagiado de amor y esto vale para todos y para siempre… porque nada ni nadie existe sin el amor de Dios.

Nadie puede decir con verdad que ha visto a Dios, que conoce a Dios,  que cree en Dios, que ama a Dios, que ha comulgado el sacramento del amor, que ha hablado con Dios… si su corazón está frío, duro, violento, egoísta, si es individualista, si su corazón hace distinciones, si ama selectivamente, si ama exigiendo correspondencia, si ama poseyendo y dominando, si ama absorbiendo o aislando, si ama con celos, controlando.

«Dios es amor» quiere decir también que donde hay amor allí está Dios.

Si encuentras señales de amor auténtico, estás rastreando las huellas de Dios. Donde hay personas que se ayudan, se perdonan, se unen, se comprometen entre sí y en favor de los otros, es que están movidas -aunque quizá no lo sepan- por el Espíritu de Dios, que es el Amor de Dios derramado en nuestros corazones. 

Es cierto que la palabra «amor», tan corta, tan sencilla pero tan rica, se usa sin mucha precisión, sin respeto, vaciándola de contenido, confundiéndola con otras cosas.

Y acabamos por llamar «amor» a casi cualquier cosa. Y luego vienen los desengaños. Salpicamos la palabra con nuestro barro y llegamos a decir «amor» a lo que es puro egoísmo, manipulación, dominio, atracción física, deseo o sentimentalismo, dependencia, necesidad…. Por eso es importante y necesario que cuando hablemos de amor o queramos llamar a algo «amor»  miremos al que más sabe de amor: A Dios Padre en Jesucristo por el Espíritu.

• El auténtico amor es LIBERADOR.

No soporta ver al otro enredado, sin dignidad, esclavo, limitado, usado, disminuido.

Y entonces se pone a romper cadenas y a plantar cara a cualquier faraón que pretenda aprovecharse.

Así se presentó Dios a Moisés en la zarza, y a ello dedicó Jesús toda su vida.

• El auténtico amor es DIALOGANTE.

Cuando el otro se ha equivocado, ha fallado, ha metido «la pataza», se esconde, se escapa….

Cuando el otro piensa distinto, cuando tiene sus propios criterios… Sabe salir a buscarlo allá donde esté escondido, deprimido, avergonzado, sufriente,

y pregunta, echando un punte: «¿Dónde estás? ¿qué te ha pasado?»…  para procurar restaurar la comunión, tender puentes, hacer posible el encuentro.

• El auténtico amor REVELA LA PROPIA INTIMIDAD, se atreve a confiar lo más secreto.

Ahí tenemos a Jesús «desvelando» a sus discípulos su entrañable relación con el Padre: «A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». El silencio, la oración, las inquietudes, los sueños, las lágrimas, los miedos, el discernimiento cuando hace falta tomar decisiones… también son compartidos.

• El auténtico amor es SACRIFICIO. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó lo que más quería, su Hijo único», para hacer posible el amor entre nosotros. 

Cuando el amor es verdadero y limpio, es capaz incluso de quitarse de en medio para no ser un obstáculo: «te quiero tanto, que te quiero feliz… aunque sea sin mí». «Me importas más tú que yo mismo». «Seré feliz si tú lo eres, aunque me cueste y me duela no estar contigo». Esto lo saben muy bien los padres y madres. Pero también todos los que entienden lo que es un auténtico amor.

Y «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». Es la máxima renuncia a los propios y justos deseos o intereses personales. Con tal de hacer posible la felicidad del otro, quien ama está dispuesto a la máxima renuncia: renunciar a uno mismo y al otro. Así es Dios, así lo hizo Jesús. Así lo debemos hacer también nosotros. Y de ese modo, el auténtico amor SE MULTIPLICA y crece. 

Me resulta muy significativo que Jesús, después de esa «declaración» amorosa hacia sus discípulos, después de llamarles «amigos», de revelarles su intimidad, y todo lo demás, no reclama amor hacia sí mismo. Habría sido lógico oírle decir: «Amadme así también vosotros». Pero no: la prueba de que le amamos a él, de que hemos acogido y valorado su amor… es el amor que nos tengamos entre nosotros. Sorprendente exigencia. La señal de que amamos a alguien (incluido Dios), es que creamos alrededor comunión, comunidad, fraternidad. Sentimos la necesidad de que también los que estén a nuestro alrededor se amen y se sientan amados. Todavía más: que cualquier hombre o mujer se sienta amado, y con más razón aquellos que andan escasos o más necesitados de amor: los enfermos, los hambrientos, los que viven sin dignidad, los fracasados en la vida, los que no pueden estar en su tierra, los sometidos, los enfermos, los mayores, los emigrantes sin recursos…

«Oséase»: que es imprescindible recordar y saborear a menudo que Dios es Smor y todo lo que ha hecho por nosotros por amor… para que nosotros, que fuimos hechos a su imagen y semejanza, pongamos el amor por delante, sobre todo con obras, con hechos: ¡Hay tanto que amar! ¡Y podemos amar tanto más! Permaneciendo a tiro de su inmerecido Amor. Su Amor es el que hace posible el nuestro.

San Antonio M. Claret

Hermano mío: yo te amo. Yo te quiero por mil razones:
Yo te amo porque Dios quiere que te ame y me ha hecho tu hermano.
Te amo porque Dios me lo manda. Te amo porque Dios te ama.
Te amo porque Dios te ha creado a su imagen y para el cielo.
Te amo porque Dios derramó su sangre para darte la vida.
Te amo por lo mucho que Jesucristo ha hecho y sufrido por ti.
Y como prueba del amor que te tengo haré y sufriré por ti
todas las penas y trabajos, incluso la muerte si fuera necesario.
Te amo porque era amado de María, mi queridísima Madre.
Te amo, y por amor te enseñaré de qué males te debieras apartar,
qué virtudes debes desarrollar, y te acompañaré
por los caminos de las obras buenas y del cielo.
(San Antonio M Claret)

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de 
José María Morillo y M Cerezo cmf

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 2.5.2021: «V Domingo de Pascua»

INICIO
Palabras del Santo Padre

«La vida cristiana es permanecer en mí«. Permanecer. Y utiliza aquí la imagen de la vid, ya que los sarmientos permanecen en la vid. Y este permanecer no es un permanecer pasivo, un dormirse en el Señor: esto sería quizás un ‘sueño beatífico’, pero no es eso. Este permanecer es un permanecer activo, y es también un permanecer recíproco (…) Es cierto, los sarmientos sin la vid no pueden hacer nada pues la savia no les llegaría, necesitan la savia de la vid para crecer y dar frutos; pero también el árbol, la vid necesita de los sarmientos, porque los frutos no están unidos directamente a la vid, sino mediante los sarmientos. Es una necesidad recíproca, es un mutuo permanecerse para dar fruto.

Francisco
(Homilía en Santa Marta, 13 de mayo de 2020)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso. La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 21,26b-27.28.30.31-32
R/. 
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan 3,18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

COMENTARIO
Creer y dar frutos 

No hay sarmientos sin vid: quedan reducidos a unos palos secos, que dicen que son estupendos para asar chuletas o preparar una paella, o calentarse con una buena fogata. Y poco más. Tampoco hay vino sin uvas, en número suficiente. Con una sola uva no hacemos nada. Ni siquiera con un racimo. Por lo tanto: Si nosotros somos los sarmientos, y Cristo es la vid, sin estar unidos a él no podemos hacer nada. Nos quedamos «secos». Y estando unidos a él y al resto de los sarmientos… debiéramos dar frutos suficientes como para poder tener buen vino. La afirmación de Jesús es: «Yo soy la vid, vosotros (en plural) los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis (en plural de nuevo) hacer nada». Es un mensaje referido especialmente a la comunidad de seguidores. Estas sencillas afirmaciones, no necesitan que les demos muchas vueltas: se comprenden muy bien. Otra cosa es que seamos coherentes con ellas.

En cuanto al fruto abundante al que se refiere Jesús (y ya que él es el grano enterrado que da mucho «fruto«) tiene que ver con una vida entregada, como la suya, y con el Reino… que es descrito con palabras como «justicia, paz, servicio, misericordia, compromiso con el pobre, el enfermo, el emigrante…, acogida, libertad, perdón, fraternidad…». Palabras todas ellas relacionadas y referidas a los otros. Aunque hay que tener cuidado con las «palabras» porque, como advierte hoy la carta de Juan: no nos quedemos en las palabras, en las creencias, en las ideas, en los discursos, en las grandes afirmaciones, no amemos de «boquilla», sino con obras, con hechos. O sea: dando frutos. «Este es su mandamientos: «que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó». Creer en Jesucristo es amar, amarnos.

Estamos, pues, ante un punto central: ¿Qué aporta la fe realmente a nuestra vida?¿En qué consiste para nosotros «tener fe»?

    § La fe no se juega en el terreno de los sentimientos: «Ya no siento nada… debo estar perdiendo la fe», dicen algunos. No hay duda de que la fe toca el corazón, se siente, se experimenta, se disfruta, a veces duele… Pero sería un error reducirla a sentimientos y aún peor a  «sentimentalismo»: tendría fe si me emociono, si se me saltan las lágrimas, si «siento algo» cuando comulgo, etc. La fe -como el amor auténtico- es una actitud responsable y razonada, una decisión personal, un compromiso: haya o no haya sentimientos. 

    § La fe no es tampoco una opinión. Cada creyente tiene la responsabilidad de aceptar a Dios en su vida, e ir madurando y profundizando lo que supone ser discípulo de Jesús hoy, en sus circunstancias personales y sociales concretas. Cada cual vive su fe de un modo personal, único e intransferible. Pero no significa caer en el subjetivismo: «yo tengo mis propias ideas y creo lo que a mí me parece». La fe no es un «menú» que yo elijo con lo que me apetece, lo que me viene bien, lo que está de acuerdo con mis opciones previas, y la vivo con los que tienen ideas parecidas a las mías… pero dejando a un lado lo que no me gusta, no me encaja o no me viene bien. No puedo hacerme un dios a mi imagen y semejanza, ni puedo construirme una fe sin los otros, sin contrastar y discernir honestamente, para ir purificando y madurando lo que fuera necesario. No puedo ignorar o rechazar a los «distintos» por el simple hecho de serlo, ni estar siempre a la defensiva y con el impermeable puesto para todo lo que no vaya conmigo. Eso es más propio de las sectas, o quizá de los partidos políticos, pero no del cristiano. Como dice san Pablo, el criterio principal ha de ser el «bien común», la construcción del Cuerpo de Cristo.

    § La fe no es simple costumbre o tradición recibida de los padres, y que a menudo se queda en  cumplir con ciertos ritos y obligaciones religiosas. Eso puede ser un comienzo, un buen comienzo… pero después hay que personalizar, madurar, aplicarlo a la propia vida, trabajar y buscar el encuentro personal con Dios, responder a la propia vocación.  Traducirlo en «obras», para que sea la fe de/en Jesús. 

    § La fe no se reduce a una especie de «tranquilizante», que me ayudaría a sentirme bien, o evadirme de la realidad en ciertos momentos. Creer en Dios es, sin duda, fuente de paz, consuelo y serenidad, pero la fe no es sólo un «agarradero» para los momentos críticos: «yo cuando me encuentro en apuros acudo a la Virgen o a San Antonio que es muy milagrero». Creer es el mejor estímulo para luchar, trabajar y vivir de manera digna y responsable, un impulso para levantarse y salir adelante cuando las cosas vienen mal. Para comprometerse y transformar la realidad. A Jesús su tarea misionera le trajo muchas complicaciones, y acudía al Padre no tanto para sacarle favores (o «mercedes», como se decía antes), cuanto para preguntarle cuál era en cada momento su voluntad y para contar con su fuerza.

    § La fe no es simplemente un conjunto de recetas morales, o autoexigencias con las que podamos estar en orden delante de Dios. Es muy limitada la fe que se centra en corregir los defectos, fallos y debilidades personales, donde el yo y mi propia perfección son el centro de mi examen de conciencia y de mis propósitos… El AMOR es lo que debe ocupar el centro, mi entrega, mi servicio, mi compromiso en favor del Reino. Cierto que cometemos errores, que estamos condicionados por defectos y hábitos que nos cuesta mucho corregir. Y nos cuesta liberarnos de la idea de que por eso Dios nos rechaza y nos condena, del mismo moco como nos condena nuestro corazón/conciencia. Muy luminoso lo que nos decía la Carta de Juan: si nos comprometemos con un amor práctico al hermano, ya no tenemos que tener miedo de nuestras miserias, de nuestra fragilidad y ni siquiera del juicio severo de nuestra conciencia; de lo que ésta pueda reprocharnos. Podemos tranquilizarnos, porque “Dios es más grande que nuestro conciencia” (v. 20).

El amor a los hermanos, la justicia, el trabajar por la comunión, el construir un mundo mejor para todos son los frutos que el Señor espera de sus sarmientos. Que dejemos de mirarnos tanto a nosotros mismos, y nos preocupemos de producir las «uvas» PARA QUE COMAN/BEBAN OTROS, para alegrar y hacer mejor la vida de los otros. La obra de Jesús fue vivir entregándose. Y su «savia» en nosotros tiene que producir lo mismo, aunque el sarmiento pueda ser feo, imperfecto o estar muy retorcido por la vida.  Si permanecemos unidos a la vid… daremos frutos, que es lo que al Labrador le importa.

La verdadera fe tiene, sobre todo, tres grandes pilares, según nos enseñan las lecturas de hoy:

♠   La Palabra de Jesús, que permanece en nosotros y nos va«limpiando», podando, purificando para que aumenten los frutos de Amor. «Si mis palabras permanecen en vosotros…». Por tanto en encuentro frecuente con la Palabra en nuestras celebraciones y en nuestra vida espiritual.

♠   La Eucaristía, como el medio excepcional para estar en comunión con él, para recibir su savia. Es decir: que la Eucaristía es importante y necesaria. Imprescindible. No como algo obligatorio con lo que «cumplir» los días de precepto, sino como la fuerza que necesitamos para amar y entregarnos «por Cristo, con él y en él». «Comulgar» no es simplemente «comer» un trozo de Pan. Sino ir haciendo de mi vida un «pan» que se parte, se reparte y se entrega, «en memoria suya».  Es identificarme con el Señor, y permitirle que se entregue hoy a través de mí.

♠   Y en tercer lugar la Comunidad. La comunión con la vid es al mismo tiempo, inseparablemente, comunión con el resto de los sarmientos. La Eucaristía no es un alimento privado, para mí, para mi devoción, para mis necesidades individuales, para hacer yo mis rezos a solas. La Eucaristía es una comida fraterna. Si la consecuencia de mi «comulgar» no me lleva a implicarme con la comunidad de hermanos, sino me lleva a sentir la necesidad de caminar con ellos… será otra cosa distinta a lo que quiso el Señor: «Tomad, comed y sed uno», «Tomad, comed y amaos como yo», «Tomad, comed y lavaos los pies unos a otros».

Al final, lo que «permanece» es el Amor, que es lo que nos mantiene vivos.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de 
José María Morillo y Félix Hernández, op

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 15, 1-8
)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Amigos todos…!

“Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos…”

Son muchos los textos bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, que recurren a las imágenes de la vid y del viñador. Aquí, el cuarto evangelio hace también uso de ellas, pero con un sentido muy particular, ya que están al servicio de su propia idea de quién es Jesús y quiénes son sus discípulos.

La imagen resalta la unidad entre Jesús y sus seguidores. Todos ellos forman una misma cosa, la vid, de cuyo cuidado está a cargo Dios, el Padre. Esta es su función especial y comprende dos tareas. La primera de ellas, en el caso de los sarmientos que dan fruto, la limpieza. La segunda, la poda cuando algún sarmiento no produce el fruto que cabía esperar de él.

Y ¿qué quiere decir aquí Juan cuando habla de los frutos? ¿En qué consisten dichos frutos? Encontramos la respuesta en las misma palabras dichas de Jesús: dar fruto es amar. El propio evangelio lo corrobora: el amor mutuo, el amor a los hermanos como el único mandamiento se menciona nuevamente justo a continuación de esta metáfora de la vid y los sarmientos.

Para la oración de esta semana:

  • Queremos dar gracias a Dios por estar unidos a Él de una forma especial, gracias a nuestra parroquia y a todas las personas que la componen. En ellos vemos un signo de amor, un signo de que otro mundo es posible.
  • También damos las gracias a tantas personas en el mundo que se han movido y se mueven por se amor a los más necesitados y por su unión con Jesús: misioneros, sacerdotes, catequistas animadores, padres, profesores, cuidadores… En ellos vemos el rostro de Jesús resucitado, que nos invita a amar de verdad, a comprometer nuestra vida por el Evangelio.

¡A… Dios, amigos!

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 25.4.2021: «IV Domingo de Pascua»

INTRODUCCIÓN

Algún conocido mío me ha comentado alguna vez que no le gusta mucho la imagen del buen pastor, no tanto por el pastor mismo, sino porque lo de las ovejas, que consideraba que es un animal tonto de solemnidad. Los que somos urbanitas impenitentes, no caemos en la cuenta de estos matices que les resultan tan vivos a los que han crecido en el campo y conocen el percal. De hecho, no nos gusta que nos traten como si fuéramos un rebaño (pese a que ahora le haya dado por hablar de la inmunidad «de rebaño»). 

A lo mejor con esa imagen Jesús quería decirnos que no somos tan listos como nos creemos. Aunque lo más probable es que, más que rebajar nuestra capacidad intelectual, nos estuviera invitando a agudizar nuestra mente para discernir al buen pastor de los mercenarios que con tanta frecuencia tratan de sustituirlo, prometiendo lo que no pueden dar. Porque, de un modo u otro, todos necesitamos referentes, por más autónomos que seamos. Y es fácil caer en la ilusión de encontrarlos en personas que, en el fondo, son mercenarios, que nos usan para sus fines, en vez de servirnos de guía y ejemplo. No hablo de política (sólo), también en las relaciones de amistad, en los negocios, en la familia podemos caer en muchas trampas. 

En la imagen del «buen pastor» no deja de estar presente la dimensión personal, que Jesús subraya con fuerza, al hablar del conocimiento y reconocimiento mutuo. Los especialistas dicen, además, que Jesús no es sólo el «Buen» pastor, sino también (a tenor del texto de Juan), el pastor «Hermoso», que atrae con su figura. De hecho, Juan 10, 11 usa el adjetivo καλὀς «bello». Y es que en el lenguaje griego la bondad y la belleza eran intercambiables. También hoy solemos decir cosas como «te parece bonito lo que has hecho?», o, «es una bella persona». Jesús es un pastor bueno, porque es hermoso: no nos guía a la fuerza y con violencia, sino atrayéndonos con su persona, con su ejemplo, a campos abiertos, a la libertad y dispuesto a perder su belleza para defendernos. Si la imagen de las ovejas no nos acaba de gustar, mirando al Buen Pastor, fascinados por su belleza, comprendemos que (metafóricamente) podemos ser ovejas, pero no borregos. 

José María Vegas
Sacerdote

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
rLectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido en nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29
R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R/.

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aun no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 10,11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

COMENTARIO
«Yo soy el buen pastor»

Hoy celebramos el domingo del Buen Pastor. En primer lugar, la actitud de las ovejas ha de ser la de escuchar la voz del pastor y seguirlo. Escuchar con atención, ser dóciles a su palabra, seguirlo con una decisión que compromete a toda la existencia: el entendimiento, el corazón, todas las fuerzas y toda la acción, siguiendo sus pasos.

Por su parte, Jesús, el Buen Pastor, conoce a sus ovejas y les da la vida eterna, de tal manera que no se perderán nunca y, además, nadie las quitará de su mano. Cristo es el verdadero Buen Pastor que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10,11), por nosotros, inmolándose en la cruz. Él conoce a sus ovejas y sus ovejas le conocen a Él, como el Padre le conoce y Él conoce al Padre. No se trata de un conocimiento superficial y externo, ni tan sólo un conocimiento intelectual; se trata de una relación personal profunda, un conocimiento integral, del corazón, que acaba transformándose en amistad, porque ésta es la consecuencia lógica de la relación de quien ama y de quien es amado; de quien sabe que puede confiar plenamente.

Es Dios Padre quien le ha confiado el cuidado de sus ovejas. Todo es fruto del amor de Dios Padre entregado a su Hijo Jesucristo. Jesús cumple la misión que le ha encomendado su Padre, que es la cura de sus ovejas, con una fidelidad que no permitirá que nadie se las arrebate de su mano, con un amor que le lleva a dar la vida por ellas, en comunión con el Padre porque «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10,30).

Es aquí precisamente donde radica la fuente de nuestra esperanza: en Cristo Buen Pastor a quien queremos seguir y la voz del cual escuchamos porque sabemos que sólo en Él se encuentra la vida eterna. Aquí encontramos la fuerza ante las dificultades de la vida, nosotros, que somos un rebaño débil y que estamos sometidos a diversas tribulaciones.

Mons. José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 10, 11-18)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Amigos todos…!

“Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas… Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen.”

San Juan recoge en este capítulo 10 el tema bíblico, bien conocido, de los pastores de Israel, unos buenos y otros bandidos, que jalonan la historia de salvación. El cuarto evangelista engarza, uno tras otro, con maestría, una serie de temas: El Buen Pastor da la vida; la relación entre las ovejas y el pastor es de mutuo conocimiento; el Buen Pastor se preocupa también por otras ovejas; el fin último es reunir en un solo rebaño todas las ovejas, bajo la guía y cuidado de un solo pastor.

¿Cómo situar a Jesús entre los pastores de la historia salvífica? Jesús es el Buen Pastor que entrega su vida amorosamente, que lo hace por mandato del Padre y en comunión con él, que sabe que su misión está abierta a todos, y que lo hace en libertad. En efecto, la muerte de Jesús no se puede entender como una “sentencia de muerte”, sino como una decisión generosa y libre.

Toda la vida de Jesús fue una entrega amorosa. La celebración de la Pascua sigue siendo una celebración de la Vida que brota del amor y de la fidelidad por ambas partes: del Padre con Jesús y de Jesús con el Padre.

Hoy es un día especial para pedir al Señor que nos dé las vocaciones sacerdotales y consagradas que la Iglesia necesita para seguir evangelizando y creciendo en la unidad.

Para la oración de esta semana:

  • Que los pastores de la Iglesia, a quienes ha sido confiada, dediquen todo su empeño, su buen hacer, sus esfuerzos y sus desvelos.
  • Que todo el Pueblo de Dios trabaje unido a sus pastores en la extensión del Reino y en el anuncio del Evangelio.
  • Que las personas cansadas. Desorientadas, abatidas, empobrecidas y debilitadas, encuentren en otros hermanos el rostro y las manos de Jesús Buen Pastor.
  • Que aquellos por los que nadie reza, o no son tenidos en cuenta por los grandes y poderosos de este mundo, estén siempre presentes para el Señor.

¡A… Dios, amigos!

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 18.4.2021: «III Domingo de Pascua»

INTRODUCCIÓN

En el Evangelio de este Domingo leemos el texto que sigue al relato de los discípulos de Emaús, y nos presenta el momento en el cual los discípulos regresan a Jerusalén para contarle a los demás que el Señor se les había presentado en el camino y que lo reconocieron al partir el pan.

Dice el Evangelio que el Señor se apareció en medio de ellos y los saludó deseándoles la paz. Recordemos que en la antigüedad, los lugareños le preguntaban a los pueblos que les visitaban si venían en paz o con intenciones de guerra. Los soldados romanos decían si vis pacem para bellum, si quieres la paz prepárate para la guerra. Este tipo de paz, fruto de la violencia y de la muerte, no es aquella que predica el Resucitado. 

La Paz que ofrece nuestro Señor, no necesita de violencia o de mentiras. La Paz que nos ofrece nuestro Salvador es fruto del perdón y de la reconciliación. Es más. Nuestro Señor no le pide a sus discípulos que salgan de la habitación a buscar a sus verdugos y traidores, todo lo contrario, le pide a sus discípulos, y por medio de ellos a nosotros, ir a predicar la conversión para el perdón de los pecados. 

Deseo que la Paz del Resucitado, esté con todos ustedes. 

Francisco Díaz SJ  

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente: «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo. Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos. Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 4,2.7.9
R/. 
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

Escúchame cuando te invoco,
Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración. R/.

Hay muchos que dicen:
«¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro
ha huido de nosotros?» R/.

En paz me acuesto
y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor,
me haces vivir tranquilo. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 24,35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.» Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.» Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

COMENTARIO
“¿Por qué tenéis esas dudas en vuestro corazón?

El texto evangélico de este domingo nos presenta a los discípulos llenos de dudas, ante la repentina presencia de Jesús resucitado .»Pero Jesús les dijo: –¿Por qué estáis asustados? ¿Por qué tenéis estas dudas en vuestro corazón? … Les enseñó las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo…». Parece que Jesús se asombra ante la reacción de sus amigos.

Ante esta pregunta de Jesús, muchos hombres y mujeres de hoy desplegarían una larga lista de motivos para dudar, para no terminar de creer. La situación sanitaria que estamos pasando ha servido para que algunos profundicen, retomen, fortalezcan y renueven su fe. Pero también se han multiplicado los hermanos que se han ido llenando de dudas, o dicen estar perdiendo la fe, como consecuencia de su desconcierto ante la falta de respuesta de Dios, o por haberse alejado temporalmente de la práctica religiosa… y no saber cómo recuperarla, e incluso… si realmente la necesitan para algo.

Ciertamente que ya pasaron los tiempos de «creer a ciegas». El haber sentado en un trono a la razón y la ciencia, y el no ser ya (si es que alguna vez lo fue) la fe algo generalizado en el ambiente social, e incluso que se mire con recelo, sospecha y hasta rechazo a quienes se dicen llamar creyentes… El haber confundido las prácticas religiosas y las tradiciones sociales con la auténtica fe… han puesto las cosas más difíciles a eso de ser creyentes.

El escepticismo, la incredulidad, la desconfianza, las dudas respecto a la «identidad» de aquel que se les aparecía, son rasgos del camino lento y fatigoso que irían conduciendo a los apóstoles hacia la fe. La realidad de la resurrección les parecía demasiado bella como para ser verdad. A veces los apóstoles tuvieron la impresión de tener delante a un fantasma; otras veces, como en el lago de Tiberíades, no «reconocieron» en el Resucitado al Maestro al que habían seguido por los caminos de Palestina. O aquellos dos de Emaús del Evangelio de hoy, que no se dieron cuenta de quién era aquel peregrino hasta la Fracción del Pan. Incluso después de su última manifestación antes de la Ascensión sobre un monte de Galilea –nos cuenta el evangelista Mateo– “algunos dudaron” (Mt 28, 17).

Sus dudas, persistentes incluso después de tantas señales dadas por el Señor, prueban, ante todo, que los apóstoles no eran unos ingenuos. Y además, muestran que la fe no es un rendirse sin más ante la evidencia, ya que el Señor no quiere «imponerse», sino que es la respuesta libre a una llamada. Existen razones respetables para rechazarla, y el hecho de que haya incrédulos prueba que Dios actúa de manera muy discreta, que respeta la libertad humana.

Por eso, lo primero podemos afirmar que la fe no es nunca una certeza absoluta. Que lo normal es tener dudas.  Nadie, que de verdad se haya arriesgado a creer, puede decir que alguna vez no lo han sorprendido las dudas frente a las verdades que confiesa y y que han formado parte de su vida. Según vamos avanzando en la vida y vamos acumulando experiencias, aparecen unas dudas y otras. La biografía de grandes creyentes de nuestra historia así nos lo muestran. Recordemos cómo San Juan de la Cruz hablaba de la «noche oscura del alma». O cómo Madre Teresa de Calcuta confesaba haber tenido dudas terribles durante muchísimos años. O Unamuno (entre otros muchos) en permanente lucha entre el creer y el no creer, que dejar como epitafio : «Méteme Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar. Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo».

Las dudas no se pueden confundir con la falta de fe. La acompañan y empujan a madurar y buscar. Sólo quien duda, avanza. No pocas veces el problema está más bien en nuestras falsas ideas y expectativas sobre Dios. Como los de Emaús es que «nosotros esperábamos, creíamos…» y resulta que la cosa se les había quedado en nada.

En segundo lugar: no todas las dudas tienen el mismo peso. Hay dudas sobre aspectos centrales y esenciales de la fe y otras que no. Por ejemplo: dudar de la resurrección del Señor, de que Él esté vivo en medio de nosotros, o de su presencia en la Eucaristía, o las verdades recogidas en el Credo son cuestiones fundamentales… Pero no es raro que el problema esté más bien en las explicaciones que nos dieron o en el  lenguaje utilizado… que tal vez ya no nos valen. Hay cristianos que pretenden que las catequesis que recibieron en su infancia, o las explicaciones más o menos acertadas de las homilías, o de un cura o catequista en concreto… tienen que valerles para siempre y para todo. Y también decir que no pocos confunden sus dudas sobre la Iglesia, la moral o ciertas tradiciones… con la propia fe. 

Quiero recoger apenas algunas sencillas pistas que podemos aprovechar de los relatos de san Lucas:  

– «Hablar de estas cosas». Jesús se hace presente cuando sus discípulos se están contando mutuamente sus experiencias (estas cosas), no sus ideas.  Comparten, expresan, dialogan, contrastan, reflexionan e interpretan lo que les ha pasado, lo que no entienden. Buscan juntos. La fe cristiana es comunitaria. Y en estos tiempos es muy conveniente buscar alguien experimentado que nos acompañe en nuestros caminos de fe.

– La paz del Resucitado. Cuando las cosas están confusas, cuando hay miedos, cuando perdemos las referencias… la presencia del Resucitado pacifica (aunque también nos pueda dejar «inquietos»). Es un signo de que él anda por medio y nos permite identificarlo. Me gusta decir que «Dios no nos saca las castañas del fuego» (como esperaban los dos de Emaús y tantos otros), sino que «nos ayuda a no quemarnos con las castañas», a enfrentar las dificultades sin venirnos abajo. Es necesario, por tanto, dirigirnos a él para pedirle la paz, la serenidad, la luz que necesitamos…. Los Sacramentos son medios especialmente favorables para encontrar luz, fuerza y paz.

– A Jesús le gusta hacerse presente en medio de nuestras cosas cotidianas. «¿Tenéis ahí algo que comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado». Con demasiada frecuencia nuestra oración no intenta descubrir a Jesús o invitarle a nuestras cosas de cada día: comer, trabajar, compartir, la amistad y los diálogos… La oración y la vida cotidiana andan demasiado a menudo por cauces distintos. Por eso invita a los discípulos a ir a Galilea (donde compartieron la vida): «allí me veréis». 

 – Comprender las Escrituras. Lucas insiste en que no podemos «entender» a Jesús si desconocemos las Escrituras. No se trata sólo (aunque también ayuda) de tener unos mínimos conocimientos de su lectura e interpretación (esta es tarea pendiente de buena parte de los cristianos). Sino de aprender a poner en relación lo que estamos viviendo con la Palabra escrita. Aquello que dice tan bellamente un Salmo: «Lámpara es tu Palabra, Señor, para mis pasos, luz en mi sendero».

Muchos de nosotros tendremos que seguir creyendo a tientas, entre dudas y búsquedas  permanentes, pero sin asustarnos ni huir de ellas. Y si acaso gritaremos, como aquel padre que pedía la curación de su hijo:“¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!” (Mc 9,24).

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de José María Morillo


Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 11.4.2021: «II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia»

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa

Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza. «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Así dice el Resucitado a los discípulos, y soplando sobre ellos, añade: «Recibid el Espíritu Santo». Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo; pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de «proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista»; de «poner en libertad a los oprimidos» y de «proclamar el año de gracia del Señor». 

(Benedicto XVI, 11 de octubre de 2012)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-35

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 117,2-4.16ab-18.22-24
R/. 
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5,1-6

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según San Juan 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

COMENTARIO
Tú también te llamas Tomás

Juan 20, 19-31. Pascua. Con la fe, nuestra vida será inmensamente dichosa, serena, sencilla y feliz. ¡Con Cristo resucitado!

Hace tiempo tuve la oportunidad de asistir, en Roma, a una exposición de la obra pictórica de Caravaggio. Y de entre todos los cuadros, verdaderamente geniales, recuerdo uno que me llamó mucho la atención: la profesión de fe del apóstol Tomás ante Cristo resucitado. Nuestro Señor, vuelto a la vida después del Viernes Santo, se aparece en el Cenáculo a sus discípulos, con los signos evidentes de la crucifixión en sus manos y en sus pies. Y en esta pintura, Jesús resucitado muestra a Tomás su costado abierto por la lanza del soldado, invitándolo a meter su mano en el pecho traspasado. El apóstol, totalmente fuera de sí, acerca su dedo y su mirada confundida para contemplar de cerca las señales de la pasión de su Maestro y comprobar, de esta manera, la veracidad de su resurrección.

Personalmente, cuando yo leo el Evangelio de este domingo, me parece excesiva y empedernida la incredulidad de Tomás: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos -dice-, ni no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no creeré». ¡Demasiadas condiciones y exigencias para dar el paso de la fe!

Y, sin embargo, nuestro Señor, con su infinita bondad y comprensión, como siempre, condesciende con su apóstol incrédulo. Él no estaba obligado a complacer las exigencias y el capricho de su apóstol, pero lo hace para darle más elementos para creer. Le presenta las manos, los pies, el costado, y permite incluso que meta su dedo en la herida de su corazón. ¡A ver si así termina de convencerse! Ante la evidencia de los signos y la gran misericordia de su Maestro, Tomás queda rendido y conquistado, y concluye con una hermosísima profesión de fe, proclamando la divinidad de Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».

Esta fe, aunque grandiosa en su profesión, está muy lejos de ser perfecta, al haber sido precedida de tantas evidencias. Pero el Señor acepta, igualmente, su acto de fe y aprovecha para felicitar y bendecir a todos aquellos que creerían en Él sin haberlo visto.

Nosotros, como Tomás, somos duros, pragmáticos, rebeldes. Tomás es un perfecto representante del hombre de nuestro tiempo. De todos los tiempos. De cada uno de nosotros. ¡Cuántas pruebas exigimos para creer! ¡Cuántas resistencias interiores y cuánto empedernimiento antes de doblegar nuestra cabeza y nuestro corazón ante nuestro Señor! Exigimos tener todas las pruebas y evidencias en la mano para dar un paso hacia adelante. Si no, como Tomás, ¡no creemos! Como se dice vulgarmente, “no damos un paso sin huarache”.

Creemos a nuestros padres porque son nuestros padres y porque sabemos que ellos no nos pueden engañar; creemos al médico en el diagnóstico de una enfermedad, aun cuando no estamos seguros de que acertará; creemos a los científicos o a los investigadores porque saben más que nosotros y respetamos su competencia respectiva, aunque muchas veces se equivocan. Y, sin embargo, nos sentimos con el derecho y la desfachatez de oponernos a Dios cuando no entendemos por qué Él hace las cosas de un determinado modo… ¿Verdad que somos ridículos y tontos?

Nosotros nos comportamos muchas veces como el bueno de Tomás. Tal vez su incredulidad y escepticismo eran fruto de la crisis tan profunda en la que había caído. ¡En sólo tres días habían ocurrido cosas tan trágicas, tan duras y contradictorias que le habían destrozado totalmente el alma! Su Maestro había sido arrestado, condenado a muerte, maltratado de una manera bestial, colgado de una cruz y asesinado. Y ahora le vienen con que ha resucitado… ¡Demasiado bello para ser verdad! Seguramente habría pensado que con esas cosas no se juega y les pide que lo dejen en paz. Había sido tan amarga su desilusión como para dar crédito a esas noticias que le contaban ahora sus amigos…

A nosotros también nos pasa muchas veces lo mismo. Nos sentimos tan decepcionados, tan golpeados por la vida y tan desilusionados de las cosas como para creer que Cristo ha resucitado y realmente vive en nosotros. Nos parece una utopía, una ilusión fantástica o un sueño demasiado bonito para que sea verdad. Y, como Tomás, exigimos también nosotros demasiadas pruebas para creer.

Nuestra incredulidad es también fruto de la mentalidad materialista, mecanicista y fatuamente cientificista de la educación técnica y pragmática del mundo moderno, que se resiste a todo lo que no es empíricamente verificable. Exactamente igual que Tomás.

Pero la fe es, por definición, creer lo que no vemos y dar el libre asentimiento de nuestra mente, de nuestro corazón y de nuestra voluntad, a la palabra de Dios y a las promesas de Cristo, aun sin ver nada, confiados sólo en la autoridad de Dios, que nos revela su misterio de salvación. Esto nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica. Es lo que aprendimos desde niños. Es lo que nos dice también el capítulo 11 de la carta a los Hebreos. Y, sin embargo, ¡cuánto nos cuesta a veces confiar en Cristo sin condiciones!

Pero sólo Cristo resucitado tiene palabras de vida eterna y el poder de darnos esa vida eterna que nos promete. ¡Porque es Dios verdadero y para Él no hay nada imposible!

Acordémonos, pues, del apóstol Tomás y de la promesa de Cristo: «Dichosos los que crean sin haber visto». La fe es un don de Dios que transforma totalmente la existencia y la visión de las cosas.

P. Sergio A. Córdova LC
Fuente: Catholic.net

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 20,19-31 )
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Amigos todos…!

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros…”

Este texto evangélico tiene dos partes, unidas entre sí por la figura de Tomás. Narra ambos episodios, que se producen con una semana de diferencia. Resalta el tema de la paz, que aparece aquí concentrada de una manera no frecuente en Juan: se menciona tres veces, del total de seis que aparece en el evangelio. Juan habla de paz en lugares donde habla también de la turbación, la tribulación y el miedo que sienten los discípulos ante el rechazo que suscitan sus opciones de vida como seguidores de Jesús.

Las opciones libres y novedosas suelen hacer surgir una fuerte oposición, que en Juan se designa habitualmente “mundo”. La oposición hace surgir temores en los creyentes, pero estos temores no tienen, sin embargo, la última palabra (cf. “¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” 1 Jn 5, 3).

Los discípulos son capaces de encontrar, a pesar de todo y en medio de todo, la paz, como un regalo. Como regalo es también la alegría por descubrir al Resucitado. Estamos ante la paradoja del Evangelio, ante un misterio hecho de contrarios: turbación y paz, duelo y alegría, muerte y vida.

Este segundo domingo de Pascua, fiesta también de la Divina Misericordia, nos presenta un horizonte de esperanza. Nuestra parroquia de Santa María pone su mirada y su corazón en el Señor, presente en medio de nosotros, que muestra sus heridas, fruto del amor que se entrega sin medida.

Y para la oración en esta 2ª semana de Pascua:

  • Damos gracias a Dios por ayudar a la Iglesia a seguir en marcha, a ser testigo de su Amor, a ser cada día un testimonio de vida.
  • Damos gracias también porque, aunque nosotros a veces dudemos como Tomás, Dios nunca ha dejado de confiar en nosotros, de darnos todo su amor, de animarnos cada día.
  • Y damos gracias a la Iglesia, a los sacerdotes, catequistas y animadores de todas las acciones, que día a día hacen posible que la Palabra de Dios sea visible en medio de nosotros.

¡A… Dios, amigos!

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 4.4.2021: «Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor»

INTRODUCCIÓN

Domingo muy temprano. María Magdalena va camino del sepulcro. Triste, decepcionada. Con ganas de poder ungir al Maestro. Pero al llegar, vio quitada la losa que cerraba el sepulcro. Se va corriendo a comunicárselo a los apóstoles: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y Juan corren a ver lo sucedido. Llegan al sepulcro y ven las vendas y el sudario con que habían envuelto al Señor. Tras la sorpresa inicial, ahora empiezan a entender la escritura: “que él había de resucitar de entre los muertos”. Magdalena vio, Pedro vio, Juan vio. Vieron y creyeron. ¡Ha resucitado!

Hoy el Señor sigue resucitando dentro de cada uno de nosotros. Necesitamos ver. Necesitamos encontrar al Resucitado. Todos estamos invitados a buscarlo, a reconocerlo, a creer en él. También nosotros necesitamos ver algo que nos ayude. María Magdalena, Pedro y Juan cambiarán totalmente sus vidas a partir esta experiencia. Pero cuando el Resucitado se aparece al grupo les dirá: “Dichosos los que crean sin haber visto” Sin haber visto al resucitado, pero sí a las señales que nos deja. En primer lugar el cambio producido en los primeros testigos. Y ahora en los muchos que, también con su vida, se convierten en señal de su presencia. Él está vivo y en medio de nuestras vidas. Son muchos los creyentes que en este día siguen desde sus casas la celebración de la Pascua. Han visto. Han creído.

Pedro, Juan, Magdalena y los demás fueron los primeros. A nosotros nos toca continuar siendo su presencia. Nos cuenta san Juan que dos discípulos preguntaron a Jesús: Maestro, ¿dónde vives?, y él respondió: venid y lo veréis”. Si alguien viniera a nosotros ¿vería una señal de su presencia en el mundo?

Que en este día sintamos la alegría de saberlo vivo en nuestras vidas. ¡Feliz pascua de resurrección!

Juan Ramón Gómez Pascual, cmf

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: – «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 117, 1-2. l6ab-17. 22-23
R. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría

y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: – «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.» Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

COMENTARIO
La experiencia del Resucitado

Es bien llamativo que el Resucitado elija a unas mujeres para su primera aparición. Anoche en la Vigilia, la versión de san Marcos nos hablaba de unas cuantas mujeres camino del sepulcro. Y hoy Juan nos presenta la aparición a María Magdalena. El caso es que el Resucitado no se ha presentado ni a Pilato para darle un tirón de orejas por irresponsable y corrupto. Ni mucho menos al gran César de Roma. Tampoco al todopoderoso Sanhedrín o a las autoridades del Templo, que lo habían condenado en Nombre de Dios y su sagrada Ley. Ni siquiera a aquellos Doce discípulos «varones» con los que tanto tiempo había pasado. Fue como una pequeña broma del Resucitado. 

Las mujeres, que en aquella época de la sociedad judía, no pintaban nada, no contaban para nada, tenían  al menos dos cosas a su favor: querían a Jesús con toda su alma. Tanto, que se pusieron en camino sin preocuparse de pedir que las acompañara algún hombre para retirar la enorme piedra a la entrada del sepulcro. Y lo segundo: no tienen miedo de dar la cara, de que otros se enteren de que ellas sí le conocían, que  sí habían estado con él, y aun muerto y despreciado, siguen queriéndole. Valentía y amor.

Después de ellas, poco a poco, los discípulos y demás apóstoles irán teniendo experiencias parecidas. Pero no penséis que la experiencia de resurrección fue de golpe y porrazo, todos a la vez, todos el mismo día. Ni tampoco creyeron todos inmediatamente. La versión de Juan dice que el discípulo amado «vio y creyó», pero de Pedro no lo dice. La tumba vacía no fue suficiente para él. 

A lo largo de semanas, meses y hasta de años (pensad en San Pablo), los que conocieron a Jesús (y alguno que no le conoció en persona) fueron experimentando que estaba vivo, y que eso alteraba totalmente sus vidas. Ya no podían seguir como hasta ahora. Si Él estaba vivo después de haber muerto, significaba que todo su mensaje, todo su estilo, toda su vida habían sido ratificadas por el Padre que lo resucita. Nunca olvidemos que el Resucitado es un Crucificado, y que lo fue por unos hombres muy concretos y unas motivaciones muy concretas: Porque Jesús había hecho determinadas opciones, se había enfrentado con ciertas mentalidades, había denunciado muchas cosas… Y entonces, al ser resucitado, es como si el Padre estampase su firma sobre la vida y testamento vital de Jesús… ¡Por lo tanto valía la pena tomarlo en serio! Con nadie más había actuado Dios tan clara y definitivamente. Había mucho que replantear y cambiar.

Hace unos días, me comentaba alguien: «el Jueves Santo es el día más importante de la Semana Santa». Y mirando la religiosidad popular, parece que los Nazarenos, las coronas de espinas, el Santo Sepulcro, los latigazos y las Dolorosas se llevan la parte del león, y podrían darnos la impresión de que el Viernes es el día más significativo. Pero no. Si las cosas fueran así, estaríamos haciendo «memoria» de la enésima muerte injusta de un inocente en manos de los poderosos. Y la «memoria» es importante, claro que sí. Pero por sí misma no resuelve nada. Sacaríamos la conclusión de que ganan los de siempre, sin que Dios haga absolutamente nada al respecto.

Menos mal que no es así. La resurrección de Jesús significa que sólo una vida planteada, vivida y ofrecida/entregada desde el amor… tiene sentido, es más poderosa que la muerte. Y por tanto, no es indiferente cómo sea el estilo de vida personal de cada uno. Hay vidas que se «pierden», se desperdician, se condenan. Y otras que están en las manos de Dios, Señor de la Historia y de la Vida, para ser llevadas a la plenitud («Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»).

El sepulcro vacío y la ausencia del cadáver del Maestro… no demuestran nada. Los primeros «remisos» en creer que el Señor estaba vivo fueron los propios discípulos. Lo que les contasen las mujeres (y sobre todo ellas) u otros ttestigos… no era suficiente. La fe no es creer lo que otros han vivido, o nos han contado, sino tener nuestra PROPIA EXPERIENCIA PERSONAL, habernos encontrado con él, experimentar que está vivo y me salva. Este el centro de nuestra fe. 

Algunas sencillas pistas que podrían facilitar esta experiencia, atendiendo a la experiencia de los primeros discípulos:

     ♠ En primer lugar sienten a Jesús como uno de ellos cuanto están reunidos «en su nombre». Es decir, en la COMUNIDAD. Por libre no hay nada que hacer. Hay que estar entre los suyos, con los  suyos y aceptar  ser de los suyos.

     ♠ En segundo lugar, la EUCARISTÍA. Cuando hacen lo mismo que él hizo, parten el pan, beben la copa y se comprometen a vivir su mismo estilo de vida, él se les hace presente. Con el paso del tiempo, algunos podrán llegar a decir con san Pablo: «Ya no soy yo el que está vivo, sino que es Cristo quien vive en mí». Cada discípulo de Jesús se irá transformando en otro Cristo que seguirá haciendo las mismas cosas que hizo entonces.

     ♠ En tercer lugar, CUANDO ORAN, dejándose cuestionar por lo que Jesús había dicho y hecho. Cuando escuchan con el corazón, como María, y no sólo con la cabeza, para llevarlo a la vida. Cuando preguntan a las Escrituras: Señor, ¿qué tengo que hacer para entrar en el Reino? ¿cuál es tu voluntad sobre mí?. Cuando se van atreviendo a hacer suyas las oraciones que otros hicieron antes y fueron escuchados: Si quieres, puedes curarme; Señor, que vea; Señor, mi hija está muy enferma; Soy un pecador, he pecado contra el cielo y contra ti» y tantas otras.

      ♠ Y también, cuando impulsados por la misericordia, reconocen al Señor en aquellos con los que especialmente él se quiso identificarse: Quien acoge a uno de estos niños, a mí me acoge; y el que dé de comer al hambriento, de beber al sediento, el que viste al desnudo, el que hace compañía al enfermo, el que acoge a un refugiado … a él se lo hacemos. Ahí le seguimos encontrando.

Os decía antes que la experiencia de que Cristo había resucitado fue poco a poco. Y también los apóstoles fueron cambiando, haciéndose hombres nuevos, poco a poco. Por eso la Iglesia celebra este día de Pascua durante 50 días, como diciendo: ya irás resucitando. Y aún más: el último empujón resucitador, el que abrirá nuestras puertas cerradas, nuestros corazones de piedra nos lo dará el Espíritu del Resucitado, el Espíritu Santo.

Por eso: oremos con insistencia durante todo este tiempo pascual, deseando resucitar, deseando que el Señor nos resucite (no es cosa de nuestra voluntad) y repitamos a menudo: ¡Ven, Espíritu Santo! Una de las mejores oraciones posibles.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf 
Imagen de José María Morillo y Rose Datoc 

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 20, 1-9)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Amigos todos…!

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro”.

El evangelio de hoy narra una escena que funciona como “puerta” de las siguientes. Primero la tumba vacía, luego la aparición a María Magdalena, más tarde a los discípulos y por fin a Tomás, quien se resiste a creer.

María Magdalena es la primera en ir el domingo por la mañana y se encuentra con que la losa está quitada. ¿Qué ha pasado? Va a a comunidad a comunicárselo y acuden Pedro (cabeza de la comunidad) y el discípulo amado, Juan. El texto juega con el verbo “correr” (por tres veces), indicando prisa, nerviosismo ante la incertidumbre, rapidez para conocer lo sucedido…

Más tarde juega con los verbos “ver” y “entrar”. Juan ve las vendas en el suelo, pero espera a Pedro sin entrar. Pedro entra, ve las vendas y el sudario en un sitio aparte.

En un tercer momento, el discípulo amado entra , ve y cree. Es el paso ala fe. Tanto la tumba vacía como las vendas no prueban nada. El sudario enrollado es signo de esmero, de cuidado, de que no ha sido algo rápido y atolondrado; pero sigue sin probar nada.

La intervención de Dios trastocas sus expectativas: donde esperaban ver un cadáver se encuentran con la novedad de Dios. La comunidad, con Pedro, dan el paso a la fe. La resurrección de Jesús no se puede ni describir, ni apreciar por el ojo humano; su nueva presencia es gradual, pasando progresivamente de la tumba vacía hasta la presencia de Jesús resucitado resucitado en medio de la comunidad,

El encuentro con Jesús es gradual, pasa por etapas y ambigüedades, pero sólo si es verdadero encuentro es fundamento de la fe.

Ideas para la oración de esta semana de Pascua:

  • Para que nuestra alegría no nos aleje de quienes nos necesitan y seamos sensibles y solidarios con más dedicación.
  • Para que la libertad que estrenamos en nuestro interior nos mueva a un esfuerzo mayor por hacer posible una vida mejor.
  • Para que quienes se sienten atrapados en la culpa y, por eso, indignos de una relación estrecha con Dios entiendan que, desde hoy, Dios es de Todos y para todos.
  • Para que quienes lloran, sufren, se ven solos, o rechazados, o discriminados,o pecadores, sepan que Dios los quiere especialmente.

¡Feliz Octava de Pascua de 2021!

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 28.3.2021, Domingo de Ramos

INTRODUCCIÓN
«Reaccionemos ante la Cruz de Jesús»

El Domingo de Ramos nos permite la lectura continuada de dos capítulos del Evangelio de Marcos. Siendo objetivos, la alegría de los discípulos se pone a prueba ante el relato del sufrimiento, condena y muerte de nuestro Maestro Jesús.

Recordemos que el Evangelio de Marcos se dirige a las comunidades que habían sufrido persecución bajo la época de Nerón y, como consecuencia lógica, muchos negaron su fe y la abandonaron. Otros, a pesar del peligro y de sus propias inseguridades, resistieron la persecución y perseveraron sin que vieran resultados favorables inmediatos.El Evangelio retrata a estos personajes y sus decisiones, sus actos de fe y sus frustraciones. Así vemos una mujer que, sin hacer caso de los comentarios en su contra, derrama sobre Jesús un frasco de perfume, ungiéndolo, es decir, preparándolo para su destino. Pero no todos los discípulos comprendieron la misión de Jesús como la mujer. Judas Iscariote, sentado a la mesa, vende y traiciona a su Maestro. Tenemos a Pedro, quien a pesar de prometer que daría la vida por su Señor, en el momento en que debía hacerlo, lo niega y lo abandona. 

Tan variadas son las reacciones de los discípulos que vendría bien realizar una lectura atenta y pausada de este Evangelio para contemplar las escenas, identificarnos con la tristeza de los discípulos, comprender el temor e impotencia de unos, la valentía y la fe de otros. Es probable que nuestro camino de fe, al igual que los discípulos, esté plagado de miedo y vergüenza, o de esperanza y confianza en el Señor a pesar de las adversidades.

El Domingo de Ramos nos invita a reaccionar ante la cruz de Jesús porque, en ella se esconde la más grande esperanza de todos los tiempos. 

Francisco Díaz SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del Profeta Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.

SALMO RESPONSORIAL
Sal. 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R/.- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R/.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R/.

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
al contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

EVANGELIO
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 14, 1–15, 47

Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.
Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.
C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),
C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.
C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

COMENTARIO
“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”

Con del Domingo de Ramos, comienza, para la Iglesia, la semana mayor que culminará en la Vigilia Pascual-Domingo de Resurrección.

El Domingo de Ramos, con la procesión de los ramos o las palmas por la ciudad –si la pandemia lo permite-, la Iglesia conmemora su peregrinación hacia la Pascua de Resurrección.

La “doble” celebración de este día –procesión y eucaristía- reviste por un lado un ambiente festivo con la aclamación de la realiza de Cristo “Hosanna en las alturas”; (procesión de ramos), y, por otro, un ambiente de muerte “crucifícalo”, (Liturgia de la Palabra de la Eucaristía).

Si en el primer evangelio se puede escuchar y sentir a todos los perdonados, curados, sanados y amados por Cristo; en el “crucifícalo” del segundo evangelio se escuchar la voz de los que quieren, (y quizá no pueden), apartar a Dios del mundo.

Quienes se unen en corifeo con la chuma del “crucifícalo”, no se percatan que, a la vuelta de una semana, la resurrección de Cristo será una realidad. Realidad visible, no solo en la naturaleza, por el nuevo crecimiento de la vida en primavera, sino porque la muerte ya no tiene lugar en este mundo: el Viviente ya no muere más, vive para siempre –Pascua Florida.

En un mundo “tan tolerante”, donde el hablar de Dios es signo retrógrado y de infantilidad intelectual, los seguidores del Resucitado tienen (tenemos) que salir a los distintos areópagos a proclamar que la vida, la resurrección, es una realidad espiritual incontestable.

Debe ser esta Santa Semana tiempo para que el cristiano confronte su proyecto de vida con el de Cristo. El asumir los triunfos y alegrías, las tristezas y las esperanzas propias, y de los demás –cirineos-, para que sean transformadas y resurgidas por y en la resurrección de Cristo en la Vigilia Pascual de la Noche Santa.

Fr. Carlos Recas Mora O.P.
Convento del Santísimo Rosario (Madrid)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Marcos 14, 1–15, 47
)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos! …

“Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos. El centurión, que estaba enfrente, al ver que había expirado, dijo: -Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios-”.

Si somos observadores, podemos ver con facilidad cómo el relato de la Pasión ocupa un espacio desproporcionado en los cuatro evangelios. La vida de Jesús, su misión pública (sin contar los relatos de la infancia) ocupa menor espacio que los últimos días de su vida. Esta desproporción narrativa responde, sin duda, a una intencionalidad: los últimos días de Jesús son clave para desentrañar su identidad.

San Marcos se mueve en esta misma línea. Si a lo largo de su evangelio hay una pregunta que aparece de forma diversa pero permanente, ¿quién es Jesús?, en la Pasión la volvemos a oír en boca del sumo sacerdote: ¿eres tú el Mesías? En el centro teológico y narrativo de Marcos, Jesús se lo había preguntado a los discípulos y Pedro le había confesado como el Cristo de Dios.

En este Domingo de Ramos 2021, situémonos al lado de Jesús y, en su pasión y muerte, pongamos la pasión y muerte de la Iglesia y de toda la Humanidad. Y comencemos esta Semana Santa, que Dios nos ha concedido vivir, en clima de profunda oración:

  • Deseemos que toda la comunidad cristiana, a ejemplo de Jesús, seamos buenos compañeros de camino, sepamos consolar y ser servidores de la humanidad, especialmente de los más pobres.
  • Acojamos la vida de tantos cristianos que, a ejemplo de Jesús, se despojan de sí mismos y van regalando cada día lo mejor de su persona. Deseemos para ellos, y para nosotros, que nunca les falte el aliento, que nunca les falte la fe y el amor.
  • Pongamos los ojos en todas las víctimas de nuestro mundo, que cada día vive la pasión en sus múltiples pobrezas: en la violencia de hermanos contra hermanos, de pueblos contra pueblos, en la indiferencia ante los dramas de tantas personas y tantos colectivos.
  • Tengamos presentes a todas las personas, de cerca y de lejos, fallecidas como consecuencia de la pandemia ocasionada por el coronavirus. Tengamos presente a todos los enfermos y a todas las familias.

¡Piadosa y feliz Pascua del Señor, año 2021!

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 21.3.2021, V Domingo de Cuaresma

INTRODUCCIÓN

El quinto domingo de Cuaresma calienta motores para la Semana Santa que ya está a la vuelta de la esquina. El tema de este domingo es la muerte y la vida. En el ciclo A leemos la resurrección de Lázaro. En este ciclo B se habla de «unos griegos», que querían ver a Jesús. La respuesta de Jesús cuando le llega la petición de los griegos por medio de los apóstoles Felipe y Andrés, es, como suele suceder en el Evangelio de Juan, salir por peteneras, al menos aparentemente. Pero esa respuesta de Jesús tiene mucha miga. Y nos habla de la vida y de la muerte, de la suya y de la nuestra. Es una invitación a tomarnos las cosas muy en serio. Sólo así, desde la seriedad de la vida, con sus alegrías y sus penas, podremos entrar en el misterio de la Semana Santa y contemplar hasta el final y con pleno sentido esa realidad de muerte y de vida que nos salva

José María Vegas
Sacerdote 

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del profeta Jeremías 31,31-34

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: “Reconoce al Señor.” Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 50
R/. 
Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: “Señor, quisiéramos ver a Jesús.” Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.” Entonces vino una voz del cielo: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.” La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: “Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.” Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

COMENTARIO
Una entrega hasta la muerte

Unos griegos, que probablemente se preparaban para entrar en el judaísmo, o al menos simpatizantes de los judíos, ya que están allí «para celebrar la fiesta», buscan a Jesús. Jerusalem está en sus fiestas grandes. Pero no es la fiesta lo que buscan (al menos no sólo la fiesta), o hacer negocios, o distraerse… Aun en medio del jolgorio, no dejan de ser personas inquietas, que necesitan respuestas. Representan a tantos hombres y mujeres que, de un modo u otro, buscan a Dios, aunque le pongan distintos nombres: felicidad, sentido para la vida, razones para luchar, algo que les llene el corazón, que les ayude a superar las dificultades, los sufrimientos, el fracaso, la muerte… Y son gentes de toda edad, clase y condición. Porque el hombre -todo hombre- es siempre un inquieto buscador… aunque a veces acuda a pozos equivocados, o diga que no busca nada…

Estos griegos han oído hablar de Jesús, y deciden acercarse a uno de sus discípulos para preguntarle. Siempre es más fácil, para conocer o encontrarse con Jesús, acercarse a un discípulo. Entonces y hoy. Los griegos eligen a Felipe, que tiene nombre griego. Es más fácil que nos oriente alguien cercano, que huela a oveja, que se manche como nosotros, que tenga dudas como nosotros, que haya tenido que buscar un poco a tientas, como hacemos nosotros. No es fácil que encontremos la respuesta que necesitamos en alguien con títulos, o con cargos eclesiásticos, o en esos que enseguida abren el saco de las respuestas, sin antes haber escuchado, ni acogido, ni entendido… 

Probablemente Felipe se sintió en aprietos, porque ese «queremos ver a Jesús» que le plantean no es un simple «dónde está, quién es». Es lógico pensar que quienes han visto a Jesús, quienes han compartido su compañía, quienes se han dejado transformar por él, quienes han hablado en la intimidad con él, quienes lo siguen… debieran (debiéramos) ser capaces de dar una respuesta adecuada: «¿Qué debemos hacer para que Jesús nos atienda, para poder conversar o estar con él?»  Yo no sé lo que les habrías respondido tú.

Los pasos de Felipe son muy significativos. No les sienta a su lado para charlar con ellos. Ni tampoco improvisa un discurso sobre quién es Jesús, o las cosas que él les ha ido contando, cuando han estado con él. Lo primero que hace es ir a buscar a otro Apóstol. Felipe aprendió desde el principio de su propia vocación lo que significa ser Comunidad. Y por eso, evita el protagonismo y el tomar iniciativas por su cuenta. Es una buena señal de que conoce a Cristo y ha sido transformado por él. Necesita consultar a otro hermano, apoyarse en él. Y lo siguiente es ir a contárselo a Jesús. Necesitan que el propio Jesús les oriente aclare lo que deben responder. Podemos decir, entonces, que es imposible «mostrar a Jesús», orientar hacia el encuentro con él, sin haberse encontrado antes con Jesús. Dicho en plata: no podemos hablar «de» Jesús, sin antes haber hablado «con» Jesús.

La respuesta de Jesús a Felipe y Andrés sorprende: A los griegos les gustaba mucho filosofar, razonar, discutir, argumentar. Pero Jesús no entra en ese juego. No les da «explicaciones», discursos ni razonamientos, y menos se mete en discusiones. Jesús les habla de su propia entrega hasta la muerte. Les pone su vida por delante y les «muestra» que el amor a uno mismo y el dejarse enredar y absorber por las cosas de este mundo es un camino de infecundidad, de vacío. Es como si Jesús les dijera: ¿Que quién soy yo? ¿que de qué voy? Pues soy una persona que se entrega, que se desvive, que se ofrece, que se sacrifica… hasta la muerte. Yo no me busco a mí mismo, no tengo más objetivo en mi vida que entregarme al Padre, entregándome a los hombres. Cuando ponemos por delante lo que me apetece, lo que me conviene, lo que me interesa, lo mío, mi prestigio, mi proyectos, mi éxito, etc… nos metemos en un camino sin salida.  Hay que empezar por renunciar a uno mismo: El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. Ha escrito el Papa Francisco: 

«Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. Ni siquiera llega a reconocer a fondo su propia verdad si no es en el encuentro con los otros: Sólo me comunico realmente conmigo mismo en la medida en que me comunico con el otro. Esto explica por qué nadie puede experimentar el valor de vivir sin rostros concretos a quienes amar. Aquí hay un secreto de la verdadera existencia humana, porque la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad. Por el contrario, no hay vida cuando pretendemos pertenecer sólo a nosotros mismos y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte. Desde la intimidad de cada corazón, el amor crea vínculos y amplía la existencia cuando saca a la persona de sí misma hacia el otro. Hechos para el amor, hay en cada uno de nosotros una ley de éxtasis: salir de sí mismo para hallar en otro un crecimiento de su ser. Por ello en cualquier caso el hombre tiene que llevar a cabo esta empresa: salir de sí mismo. (Papa Francisco, Fratelli Tutti 87-88).

Así que Jesús les hace una propuesta/reto: Ponerse a su servicio, para estar donde él está: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor.» ¿Y dónde está Jesús? Su casa la dejó hace tiempo. Y ya no tiene ni dónde reclinar la cabeza. Él está en los caminos de los hombres, especialmente en el de los que sufren y menos cuentan, para compartir con ellos su sufrimiento, para luchar por ellos contra las causas de su sufrimiento. Sus palabras son también  una promesa de futuro: estar con él en la gloria. Estaréis conmigo en la gloria.

El Señor no esconde ni disimula que su respuesta es enormemente exigente: les invita a vivir de otra forma, -una forma arriesgada e incluso peligrosa-. Y nombra  al Príncipe de este mundo, con el que tiene que pelearse y echar fuera. ¿Y quién es este personaje? Pues tiene muchas caras, muchos nombres, muchos recursos y muchos servidores. Y es muy poderoso. 

+ El Príncipe de este mundo se sirve de la violencia y de los violentos, le encanta crear enfrentamientos y divisiones: entre buenos y malos; los de nuestro país y los de fuera; los de una raza y los de otra; los de un partido o sindicato , y los otros; los de una religión y los de otra… Le viene bien todo lo que haga ver al otro como enemigo y destruya la fraternidad.

+ Se le da muy bien manipular la verdad, y puede conseguir que un Justo como Jesús sea visto como blasfemo y peligroso, para que acaben con él. Le vienen muy bien los grandes medios de comunicación, las concentraciones de masas, las redes, los bulos, la falta de transparencia, etc.

Resumiendo: es todo lo que destruye al hombre y su relación fraterna con los otros hombres, impidiéndole así ser aquello para lo que Dios lo ha creado.

Y con el Príncipe de este mundo se enfrentó Jesús, y espera que los suyos le demos también la batalla. Al llegar «su hora», Jesús pareció sucumbir y perder ante su impresionante poder. Pero el Padre estaba de su parte y le glorificó. Fue suya la victoria final. Fue elevado en lo alto como un estandarte de victoria sobre la mentira, la injusticia, la violencia, la traición, el politiqueo, la manipulación religiosa, etc. atrayéndonos a todos hacia él. Desde entonces la historia humana ha quedado alterada, transformada. Dios Padre ha revelado lo que realmente es valioso, de parte de quién está Él, dónde se encuentran la verdad y la vida, y cuál es el camino para llegar a ellas. 

Por tanto, el mejor «argumento» que podemos ofrecer nosotros a quienes hoy nos piden: «quisiéramos ver a Jesús» es la entrega de nuestra vida y la lucha contra el Príncipe de este mundo. Para ello, aprendamos de Jesús a pedir la ayuda del Padre para esta batalla: «Padre, glorifica tu nombre», que tu nombre sea santificado, que sea tuyo el triunfo. 

El mundo, los buscadores de Dios, necesitan también hoy que Andrés, Felipe, tú y yo, y todos los demás tengamos «algo» y Alguien que mostrar, que ofrecer.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imagen de José María Morillo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 12,20-33)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos! …

“En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”.

Este pasaje tiene las características propias de las escenas de vocación del cuarto evangelio (unos discípulos son mediación para que otros se encuentren personalmente con Jesús) y está en una sección clave dentro de la obra: el tránsito entre el libro de los signos y el libro de la hora, en el que se relata el lavatorio de los pies, la larga despedida de Jesús de los discípulos y finalmente la pasión.

Es así, una sección en la que está muy presente el tema de la crucifixión, ya próxima. Los griegos que habían subido a adorar la fiesta eran posiblemente judíos de la diáspora llegados a Jerusalén con motivo de la Pascua, quizá pertenecientes al grupo llamado “temerosos de Dios”, cercanos al judaísmo pero sin circuncidar. Felipe, al ser de Betsaida, era también un hombre cercano al mundo gentil.

Jesús anticipa su muerte aludiendo a la glorificación y usando imágenes del mundo natural: el grano de trigo que, para dar fruto, debe morir. Tanto la mención de la gloria como esta última metáfora enseñan que la crucifixión de Jesús desembocará en vida. Su destino no es el sepulcro. Su muerte será fecunda. Esta es también la enseñanza sobre el odio de la propia vida, que señala cuál es, no sólo el camino de Jesús, sino también el del discípulo.

La vida de las personas hoy está muy fragmentada y habitualmente estresada. Esto hace necesario el buscar un tiempo largo para hacer una parada que nos ayude a revisarnos, reunir los fragmentos y alcanzar la paz con nosotros mismos, con los demás y con lo que el Padre Dios nos está invitando a vivir.

Todo ello nos motiva a unirnos a los hombres y mujeres que buscan en sus vidas una realización del proyecto de Jesús, de su glorificación, para la vida del mundo. Por eso, entramos en clima de oración para la semana:

* Que todas las personas que celebramos en la Pascua el proyecto de Jesús lo hagamos llegar a todos los rincones de planeta. Oremos.

*  Que todas las vidas que enterramos en la tierra no se queden en la muerte, sino que aporten vida nueva a los que aquí quedamos. Oremos.

*  Que sepamos ponernos al lado de las personas que carecen de lo necesario para vivir dignamente. Oremos.

* Que todo lo que ha sido sembrado en las personas que se reúnen en su nombre y nos quieren dé fruto abundante.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 14.3.2021, IV Domingo de Cuaresma

INTRODUCCIÓN
Dios ama el mundo

No es una frase más. Palabras que se podrían eliminar del evangelio sin que nada importante cambiara. Es la afirmación que recoge el núcleo esencial de la fe cristiana. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». Este amor de Dios es el origen y el fundamento de nuestra esperanza.

«Dios ama el mundo». Lo ama tal como es. Inacabado e incierto. Lleno de conflictos y contradicciones. Capaz de lo mejor y de lo peor. Este mundo no recorre su camino solo, perdido y desamparado. Dios lo envuelve con su amor por los cuatro costados. Esto tiene consecuencias de la máxima importancia.

Primero. Jesús es, antes que nada, el «regalo» que Dios ha hecho al mundo, no solo a los cristianos. Los investigadores pueden discutir sin fin sobre muchos aspectos de su figura histórica. Los teólogos pueden seguir desarrollando sus teorías más ingeniosas. Solo quien se acerca a Jesús como el gran regalo de Dios puede ir descubriendo en él, con emoción y gozo, la cercanía de Dios a todo ser humano.

Segundo. La razón de ser de la Iglesia, lo único que justifica su presencia en el mundo, es recordar el amor de Dios. Lo ha subrayado muchas veces el Vaticano II: la Iglesia «es enviada por Cristo a manifestar y comunicar el amor de Dios a todos los hombres». Nada hay más importante. Lo primero es comunicar ese amor de Dios a todo ser humano.

Tercero. Según el evangelista, Dios hace al mundo ese gran regalo que es Jesús, «no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». Es peligroso hacer de la denuncia y la condena del mundo moderno todo un programa pastoral. Solo con el corazón lleno de amor a todos podemos llamarnos unos a otros a la conversión. Si las personas se sienten condenadas por Dios, no les estamos transmitiendo el mensaje de Jesús, sino otra cosa: tal vez nuestro resentimiento y enojo.

Cuarto. En estos momentos en que todo parece confuso, incierto y desalentador, nada nos impide a cada uno introducir un poco de amor en el mundo. Es lo que hizo Jesús. No hay que esperar a nada. ¿Por qué no va a haber en estos momentos hombres y mujeres buenos que introducen en el mundo amor, amistad, compasión, justicia, sensibilidad y ayuda a los que sufren…? Estos construyen la Iglesia de Jesús, la Iglesia del amor.

José Antonio Pagola

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de las Crónicas 36,14-16.19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.» En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia: “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!”»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 136,1-2.3.4.5.6
R/. 
Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.

Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2,4-10

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

EVANGELIO  
Lectura del santo evangelio según san Juan 3,14-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

COMENTARIO
Nicodemo fue a ver a Jesús de noche

Meditación orante

    • Habla Jesús:

    Vino a verme un doctor de la ley, que ocupa un escaño en el Sanhedrín. Se llama Nicodemo. Viene hasta Betania de noche. 

    Precisamente de noche dio comienzo la historia de la salvación del pueblo esclavo en Egipto, con una cena.

La noche era el tiempo más adecuado -según la tradición judía- para estudiar la Ley.

De noche muchos hombres y mujeres dejan su casa para distraerse, para divertirse, para encontrarse, para romper la monotonía… No siempre lo consiguen.

De noche, miles de samaritanas venden sus cuerpos junto a sus pozos vacíos, luchando por no perder del todo su dignidad. Casi nunca lo logran.

De noche, muchos padres y madres se mueven inquietos y desvelados en sus camas, preocupados por sus hijos que salieron de casa, para saber cuándo vuelven…

Pero es más dura la noche interior

Es de noche cuando se nos muere alguien que nos importa, como mi amigo Lázaro, o mi padre José.

Es de noche cuando hay que tomar decisiones difíciles en solitario, como me ocurriría en el Huerto de los Olivos.

Es de noche cuando un buen amigo, como Judas, te la juega. 

Es de noche cuando nada de lo que hacemos o proyectamos… termina de llenarnos el corazón.

De noche, miles de personas anónimas buscan una luz para sus vidas, una verdad para caminar, un sentido para vivir, una esperanza en que apoyarse. Llevan dentro la noche. Sin saberlo, buscan a Dios.

    • Como Nicodemo. Es un buscador, un corazón inquieto que no se conforma con su oscuridad. Y viene a verme de noche, como es de noche dentro de él. Brilla la blancura de su túnica mientras camino a su lado y apenas alcanzo a ver sus ojos.  Le da vergüenza que alguien se entere de que ha venido a buscarme.

Caminamos largo rato en silencio. Escucho el latido del corazón de aquel hombre justo, pero extraviado. Se esconde detrás de la noche, y sus preguntas todavía no se atreven a salir. Busco sus ojos, porque he visto lo que hay en su corazón y quiero que lo deje salir para que pueda entrarle la luz de una mañana nueva.

    • “Maestro -me dice por fin- nos han llegado voces de Galilea que hablan de ti, de los signos prodigiosos que realizas. 

Te he visto esta mañana en el Templo y he escuchado tus palabras. Sé que tú vienes de Dios. ¿Quién puede decir las cosas que tú dices, o hacer las cosas que tú haces si Dios no está con él? ¿Pero cuál es, o dónde está ese reino que tú vas anunciando?”

    • De momento no respondo a su pregunta. Prefiero hacerle una invitación:

– Nicodemo, yo te digo que el reino de Dios está en medio de nosotros, ya del todo al descubierto. Pero nadie lo puede ver si no nace de nuevo.

– ¿Cómo puede renacer el hombre siendo ya viejo?, me pregunta asombrado. Es imposible que vuelva a entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo.

– ¡Los razonamientos de los hombres! ¡Qué lógicos son nuestros razonamientos! Todo lo clasifican, lo ordenan, ponen reglas, sacan conclusiones para todas las ocasiones, y con ello levantan un muro donde el misterio, la sorpresa, la novedad de Dios no les cabe.

No es razonable el amor de Dios. 

No es razonable su Hijo se haya hecho hombre.

No es razonable que ame tanto a los hombres, que les entregue a su único Hijo.

No es razonable que el Hijo de Dios termine elevado en una cruz.

Y no es razonable que, a pesar e todo, les perdone.

    En el fondo, tiene miedo a pisar terrenos desconocidos, que no controla, no tiene ganas de atravesar sus tinieblas y se escuda con sus razonamientos… Este visitante nocturno cree que lo sabe todo sobre Dios, lo tiene “etiquetado”. Está convencido de que con sus rezos, sus prácticas religiosas, con cumplir la Ley y todos sus mandamientos, ya está todo hecho. Es lo que aprendió desde pequeño. Y por eso se ha estancado. Le falta dejarse llevar por el Espíritu, por el amor, por la novedad de Dios, que hace siempre nuevas todas las cosas, y dejarse de tantas leyes y cumplimientos.

   •  – Nicodemo, Nicodemo, no te escondas. Yo estoy lleno del Espíritu del Señor, que es todo luz, y tengo que denunciar a Israel sus errores, todas sus deformaciones, todos sus prejuicios, todas sus culpas.

    El Espíritu me empuja a estar cerca de los pobres, de los esclavos, de los prisioneros, de los ciegos, de los enfermos… Me empuja a crear fraternidad, acoger, amar. He venido para traer la fraternidad y la amistad del Padre para ti, Nicodemo, para nuestro pueblo, para los hombres de todas las naciones…

    Le oigo murmurar: “¿Cómo puede ser eso?”. Sigue encerrado en sus seguridades, parece incapaz de abrirse a la verdad, de mirarse sinceramente, de reconocer que está buscando, que siente dentro un vacío.

    • – No te extrañes de que te haya dicho que tenéis que nacer de nuevo. Que tenéis que renovar totalmente el corazón, las ideas, el estilo de vida, vuestra relación con Dios. ¿No recuerdas lo que decía el profeta Ezequiel: 

«Os rociaré con agua pura y seréis purificados, os daré un corazón nuevo, pondré en vosotros un espíritu nuevo?»

Necesitas comprender que Dios es rico en misericordia y que quiere levantar y sacar al hombre de sus pecados, de sus violencias, de su empeño por marginar a otros hombres, de creer que se puede manejar a Dios. Que Dios no quiere otra cosa que la vida eterna para todos, que no quiere juzgar, sino salvar. Sólo quienes se empeñen en hacer las obras de las tinieblas, rechazando mis palabras y a mí mismo… quedan condenados. Porque el poder del amor es muy grande, infinito… Pero nada puede con quien se cierra al Amor. 

Por eso te digo que nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace del Agua y del Espíritu.

¿Es que no oyes la voz del Espíritu que te sopla dentro, como el día de la creación sopló sobre Adán?

¡Claro que oyes su voz!, pero no sabes de dónde viene ni adónde va, y a ti te cuesta dejarte llevar, fiarte, abrirte a lo nuevo. No pareces un «hijo de Abraham», el peregrino de Dios. La amistad de Dios te rodea y ahora te está esperando a ti en medio de tu noche. Y quien te habla es testigo de ello.

Y Pero Nicodemo sigue repitiéndose “¿cómo puede ser?

Y se aleja a toda prisa, cada vez más envuelto en sus preguntas y sus dudas. Le grito a sus espaldas, mientras se marcha, que tanto ha amado Dios al mundo que envió a su Hijo para salvarlo… 

Pero ya estaba lejos y creo que no me habrá oído. Le veo alejarse, pero queda su voz, y sus mil preguntas vacías,  que otras voces repetirán durante siglos:“¿cómo puede ser? ¿cómo puede ser?”.

Yo sé que acabará abriéndose a la luz. Perderá sus miedos y me defenderá ante los Sumos Sacerdotes y pagará de su bolsillo una tumba para mi entierro.

    •  Rezo por ti al Padre, Nicodemo, rezo por todos vosotros, hombres justos,  pero perdidos entre tantas preguntas, pidiendo que os quite el miedo a renacer, que os dé ojos de niño para comenzar de nuevo  y que os dejéis sorprender por la ternura de Dios…

Porque el que realiza la verdad se acerca a la luz,  para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
a partir de un texto de S. Jacomuzzi
Imagen de 
José María Morillo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 3,14-21
)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos! …

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”.

El evangelio de este domingo nos retrotrae al episodio de las serpientes en el recorrido del pueblo de Israel por el desierto (Números 21, 4-9). Ante la impaciencia y la queja del pueblo de Israel, el Señor envía unas serpientes que atacan a los israelitas y con las que mueren mucha gente. El pueblo, una vez más se arrepiente de la falta de confianza en el Señor y clama a Moisés para que interceda por su pueblo. La oración de Moisés arranca la misericordia de Dios y el Señor le propone que haga una serpiente de bronce y la coloque en un estandarte; los mordidos de serpiente al mirarla querrán sanos y salvarán la vida.

Juan en su relato del evangelio traspasa esta experiencia del libro de los Números al mismo Jesús, “que tiene que ser elevado, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna”. Aquel que en Jesús ya tiene la vida eterna, expresión muy propia de Juan que no apunta sólo a ´la otra vida`, sino a vivir ya desde ahora en este mundo la vida que Dios nos ha regalado de ser sus hijos y hermanos de todos, aunque luego después la vivamos en plenitud en ´el más allá`.

¿Y cuál ha sido la causa de este regalo del Señor? Pues ni más ni menos que este amor al mundo a quien Dios ama tanto y a quien le ha entregado a su Hijo para que sea el gran revelador del proyecto salvador que el Padre tiene para nosotros. Dios ama a este mundo con un amor sin medida. Por ello, no ha enviado a su Hijo para juzgarlo, sino para que se salve por él. El juicio del que habla el evangelio no viene dado por algo exterior al propio ser humano, ni siquiera al mismo Dios, sino que radica en la propia opción que realiza cada ser humano de creer que Jesús, palabra definitiva del Padre, nos trae su proyecto salvífico.

En medio de la situación que vive nuestro mundo, el Señor, al igual que el siervo de Yahvé, nos da una lengua de discípulo, para saber dar al abatido una palabra de aliento (Isaías 50. 4). Somos llamados y enviados a ser tejedores de esperanza con los demás, a descubrir los horizontes para señalar los caminos, a hondear banderas portadoras del sentido de la vida, a abrir cauces de fraternidad que devuelvan al ser humano las luces y sueños para los que fue creado.

Queremos dar gracias a Dios por el regalo de este cuarto domingo de Cuaresma. Y seguir al papa Francisco que en su encíclica Fratelli tutti nos invita a un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia adelante.

Todo ello nos motiva a celebrar con gozo la Eucaristía del domingo y hacer hueco en la semana para presentar nuestra oración:

* Te pedimos, Señor por la Iglesia, para que no se deje arrastrar por el mal, para que sea siempre autentica seguidora de Jesús.

*  Por la presencia de los cristianos en todos los ambientes, para que no tengamos miedo de decirnos creyentes y serlo.

*  Por nuestra parroquia que se prepara para la celebración de la muerte y resurrección de Jesús, para que seamos testigos debida y esperanza.

* Por todos los niños, jóvenes y mayores de nuestra comunidad, para que seamos fieles a las enseñanzas de Jesús y nuestra vida sea digna y fiel a Él. Gracias…

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 7.3.2021, III Domingo de Cuaresma

INTRODUCCIÓN
Hacia la Luz de la Resurrección

Tras el desierto, que nos pone a prueba, y la montaña, en la que vemos la luz, la cuaresma nos encamina al templo, el espacio sagrado. Pero lo que debía ser lugar de encuentro con Dios, nos lo encontramos invadido de otros intereses, bien mundanos, que dificultan, incluso impiden, ese encuentro que veníamos buscando. 

Es una experiencia que hacemos con frecuencia con la Iglesia. Buscamos en ella la experiencia de Dios, un espacio de santidad y pureza, y nos encontramos con conflictos, envidias, chismes… La imagen de Jesús en el Templo no relata sólo un episodio puntual de la biografía de Cristo, sino una realidad que, como amenaza, nos afecta siempre.

El templo es la Iglesia, formada por seres humanos, con todas sus limitaciones y miserias. Pero esto no es una invitación a la resignación. Jesús entra y purifica. La purificación es un proceso difícil, puede ser traumático, pero es necesario. Pero el templo somos también cada uno de nosotros, templos del Espíritu Santo. También ahí hay que realizar esa purificación, dejar que Jesús la lleve a cabo. Sólo así estaremos avanzando en el camino cuaresmal hacia la purificación por el misterio de la Cruz y hacia la luz de la Resurrección. 

José María Vegas, cmf.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA 
Lectura del libro del Éxodo 20,1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

SALMO RESPONSORIAL 
Sal 18,8.9.10.11
R/. 
Señor, tú tienes palabras de vida eterna

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor
es fiel e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor
es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados –judíos o griegos–, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

COMENTARIO
La purificación del templo

Se pueden decir muchas cosas sobre la necesidad de la existencia de un mercado cercano al templo de Jerusalén, en el que se podían adquirir animales para el sacrificio y cambiar monedas para presentar la ofrenda. Pero, aquel mercado parce que había ido ocupando el espacio del templo. Y tras el gesto de Jesús podemos intuir también que se había producido una cierta falsificación del verdadero culto. Por eso dice Jesús “Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

La Cuaresma es tiempo de purificación y también de encuentro con el Señor. La imagen de Jesús expulsando el mercado del templo nos recuerda la necesidad que también nosotros tenemos de renovar nuestro corazón. Limpieza que sólo puede ser realizada plenamente por Cristo. Señaló el Papa Francisco: “¿Vosotros sabéis cuál es el látigo de Jesús para limpiar nuestra alma? La misericordia. Abrid el corazón a la misericordia de Jesús. Decid: “Jesús, mira cuánta suciedad. Ven, limpia. Limpia con tu misericordia, con tus palabras dulces; limpia con tus caricias”.

En el gesto del Señor se nos descubre también su corzón. Los discípulos recuerdan un texto: “el celo de tu casa me devora”. También los judíos piden una explicación, como si intuyeran que detrás del gesto de Jesús se escondía algo más grande. También nosotros descubriremos en la cruz como Jesús lleva hasta el extremo el celo que hoy le impulsa a purificar el templo. Su amor le devorará consumando el verdadero sacrificio del que eran imagen los que se ofrecían en el templo. También entonces se cumplirá lo que hoy anuncia: “destruid este templo, y en tres días lo levantaré”. Vendrá la realidad nueva y, a través de su humanidad resucitada, tendremos acceso a Dios Padre. La figura del antiguo templo deja paso a la realidad nueva.

En este tiempo de Cuaresma, la escena nos lleva a fijarnos en lo esencial de nuestra relación con Cristo. Por el bautismo tenemos acceso a Dios a través de Jesús. Es un buen día para pensar si nuestra vida religiosa pasa por el encuentro personal con Jesús. Jesús nos llama a la purificación interior y a descubrir el verdadero culto que es el que encontramos en él. Su cuerpo es el nuevo templo. Jesús se ofrecerá en la cruz por todos nosotros y su entrega amorosa nos reconciliará con el Padre. Esa nueva realidad es la que ha de mover nuestra vida. Todo lo que después la acompañe no será superfluo si nos acerca más a él o nos ayuda a seguirlo mejor.

Dios nos ha abierto su La para que entremos en lo más profundo de su amor y nos da la fuerza para que nuestro culto no quede reducido a lo ritual sino que se extienda a toda nuestra vida mediante la vivencia de la caridad. El celo (amor) con el que Jesús purifica el templo es el mismo que nos da a nosotros, para que nosotros ardamos en su amor y nuestra vida sea una ofrenda agradable a Dios.

San Pablo nos lo recuerda en la segunda lectura. Por encima de cualesquier signo o sabiduría nos dice el apóstol que continuamente hemos de buscar a Cristo crucificado. Casi sin darnos cuenta buscamos de continuo señales que garanticen nuestra fe (como el signo que le piden a Jesús), o queremos encontrar seguridad en una pretendida sabiduría religiosa. San Pablo nos dice que miremos a Jesús crucificado y que allí descubriremos la fuerza y la sabiduría de Dios. Continuamente hemos de ser limpiados por el Señor para descubrir un amor que siempre es más grande de lo que imaginamos. Ese amor que se nos muestra en Jesús crucificado.

Archidiócesis de Madrid

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(San Juan 2,13-25)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO 
Párroco de Santa María

¡Hola, amigos todos! …

“Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesus subió a Jerusalén… y echó a los vendedores y cambistas del templo, diciendo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

El episodio de Jesús en el templo es narrado por los cuatro evangelios. La característica principal de la versión de Juan es que está contado, no al final de la obra, como pórtico del relato de la Pasión, sino al inicio del ministerio público de Jesus. Lógicamente, esto influye en el significado que tiene la escena en el conjunto.

Mientras que en los evangelios sinópticos constituye el detonante de la Pasión, en el cuarto evangelio es uno de los varios acontecimientos que, ya desde el inicio de la obra, van adelantando a los lectores que el ministerio de Jesús acabará con una muerte injusta.

El Templo de Jerusalén había sido convertido en un negocio para que los peregrinos no tuvieran que llevar la ofrenda desde sus lugares de origen. Con el signo del látigo, Jesús da un sentido nuevo del templo; “En tres días lo levantaré”. Él hablaba del templo de su cuerpo.

Con la Resurrección de Cristo Jesús, el acceso a Dios Padre será. Es, Él mismo. El evangelista convierte el Templo de Jerusalén, único lugar donde se podían ofrecer sacrificios expiatorios de pecados, en el Cuerpo de Jesús Resucitado. De esta forma, el acceso a Dios Padre pasa por la relación personal y amorosa de Cristo Jesús.

Queremos dar gracias a Dios por el regalo de este tercer domingo de Cuaresma. Damos gracias también porque no es el Templo en sí mismo sino la realidad propia del mismo Cristo Jesús que,  a través de su Pasión y Resurrección, nos comunica el mensaje de conversión y amor de Dios con todos nosotros, de su valentía, de fidelidad. Y por último damos gracias por este tiempo de Cuaresma, de cambio, de mejora, de aprovechar mejor nuestro tiempo… Estamos aprendiendo a vivir, a sentir, a amar… Gracias. 

Celebrada la Eucaristía del domingo, seguimos viviendo la fe. Como los discípulos, también nosotros “bajamos de la montaña” para seguir los pasos del Maestro en nuestra familia, en nuestros trabajos y en nuestro entorno.

 Todo ello nos motiva para orar en la semana:

* Que la santa Iglesia siempre tenga clara su misión en el mundo, que es anunciar con palabras y obras el Reino de Dios.

* Que los mandamientos de vida que Dios nos dio, los tengamos siempre presentes para que tengamos vida en abundancia.

* Que los niños, jóvenes y mayores en nuestra comunidad parroquial, consideremos siempre a Cristo Jesús como el verdadero Templo de Dios.