Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 25.7.2021, Domingo XVII del Tiempo Ordinario: Solemnidad del Apóstol Santiago

INTRODUCCIÓN
Meditación del Papa Francisco

Existe el riesgo de no entender la verdadera misión del Señor: esto sucede cuando se aprovecha de Jesús, pensando en ‘el poder’. Esta actitud se repite en los evangelios. Muchos siguen a Jesús por interés. Incluso entre sus apóstoles: los hijos de Zebedeo querían ser, uno, primer ministro y el otro, ministro de economía, querían el poder.

Esa gracia de llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia, se vuelve oscura, se pierde y se convierte en querer algo del poder.
Siempre existió esa tentación del poder y de la hipocresía, de pasar del es-tupor religioso que Jesús nos da cuando nos encuentra, a querer sacar una ventaja personal.
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Esta fue también la propuesta del diablo a Jesús en las tentaciones. Una la del pan, la otra la del espectáculo: Vamos a hacer un gran espectáculo, así todas las personas van a creer en ti. Y la tercera, la apostasía, es decir, la adoración de los ídolos. Y esta es una tentación diaria de los cristianos, nuestra, de todos los que son de la Iglesia: la tentación no del poder, de la potencia del Espíritu, sino la tentación del poder mundano.

(Cf S.S. Francisco, 20 de abril de 2015, Santa Marta)

DIOS NOS HABLA

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Se-ñor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en me-dio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un ma-dero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Salmo
Sal 66, 2-3. 5. 7-8
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra. R.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Hermanos:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevan-do siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros. ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
¿«Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y lla-mándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre voso-tros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

COMENTARIO
Santiago apóstol, testigo y mártir

Mi nombre es «Jacob» en hebreo. Jacobo en griego o latín. Y varía según vuestras diferentes len-guas: Jacob, Jacobo, Jakob, Sant-Iago, Yago, Thiago, Santiago, Jacques, James, Giacomo, Diego, Jaime…

No me confundáis con Santiago el hijo de Alfeo, otro de los Doce apóstoles, al que Marcos llama “el menor”. Ni tampoco con Santiago “el hermano del Señor”, como le llama Pablo de Tarso. Éste ni siquiera fue de nuestro grupo de los Doce. Yo soy Santiago “el hermano de Juan”, “el hijo de Zebedeo”. Llamadme “Santiago, el mayor” o “Santiago, el peregrino” si preferís.

Soy judío de Galilea, nací en la orilla norte del lago. En la cercana ciudad de Cafarnaúm teníamos nuestra barca. Mi hermano Juan y yo trabajábamos en la industria pesquera de mi padre Zebedeo, asociados con otros dos hermanos: Pedro y Andrés.

Cuando aquel maestro de Nazareth nos dijo “seguidme”, lo dejamos todo… aún hoy no me explico bien por qué, pues no nos dio ninguna explicación. Pero es cierto que sentí un fuerte impulso del corazón y muchas ganas de «cambiar de aires», de rutinas, de olor a pescado… En la vida hay que saber arriesgarse algunas veces. Y en la fe, sin riesgo, aventura, y «cambios»… no hay realmente seguimiento.

Mayor fue mi sorpresa cuando Jesús me llamó por mi nombre para formar parte de un grupo especial de DOCE y entonces sí que nos dejó muy clara su finalidad:

  1. Para que fuéramos su grupo de acompañamiento, algo así como sus más estrechos colaboradores “para que estuviéramos con Él” (Mc 3,14). Estar con él. Eso es ser discípulo.
  2. Para que lleváramos su mensaje, nosotros seríamos los primeros anunciadores del Reino, nos llamaba “para enviarnos a anunciar, dar testimonio” (Mc 3,14). Testigos de lo que vivimos. Eso es ser discípulo.
  3. Para que encarnáramos y simbolizáramos el nuevo Pueblo de Dios, como las doce tribus del antiguo Israel “para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt 18,38). Una nueva comunidad fraterna, siempre somos discípulos «con otros», en comunidad.

Yo fui muy importante entre los DOCE, no hay más que fijarse en las cuatro listas de apóstoles que se conservan en el NT: Yo estoy siempre en el segundo puesto (después de Pedro) o en el tercero (después de Andrés o Juan). Con PEDRO y mi hermano JUAN, fui del grupo de los TRES ÍNTIMOS de Jesús.

PEDRO, JUAN Y YO … fuimos testigos excepcionales de los momentos más importantes de Jesús. Destaco tres:

• Primer momento: la resurrección de la niña Tabita (Gacela). Allí comprendimos el PODER de Jesús sobre la muerte, y que su REINO era un reino de vida.

• Segundo momento: Testigos del destello de su divinidad en el monte Tabor, y vimos su GLORIA, en la Transfiguración: que era realmente DIOS, a pesar de su humilde aspecto.

• Tercer momento: fuimos testigos de su angustia ante la muerte, en el Huerto de los Olivos, profundamente HUMANO.

Los tres momentos juntos revelan el misterio de Jesús en su totalidad.

A mi hermano Juan y a mí Jesús nos puso un sobrenombre: «Boanerges». Nos resultó un sobrenombre extraño. Marcos hizo una traducción aproximada: «hijos del trueno». Y ¿por qué “HIJOS DEL TRUENO”? No creáis que tenía algo que ver con nuestro carácter impetuoso, apasionados, exaltado, autoritario… Jesús no se preocupaba de la psicología, miraba más adentro… y sabía que no ahorrábamos esfuerzos en la misión encomendada ni calculábamos riesgos en la aventura del Reino.

Os presento tres situaciones en las que nuestro ímpetu fue tan exagerado que los Hijos del Trueno metimos la pata:

§ El exorcista desconocido (Mc 9,38-40). Mi hermano Juan increpó duramente a un desconocido, que expulsaba demonios, sin ser de los nuestros. Fue una metedura de pata. Cómo nos gusta controlar al otro, y poner etiquetas, y dividir el mundo en «nosotros», y «los otros» a los que tenemos que controlar. Cuidado con esto, que la reprensión de Jesús vale para todos los suyos.

§ El rechazo samaritano (Lc 9,52-56). Otro día fue todavía peor: mi hermano Juan y yo pedimos fuego del cielo para acabar con una aldea samaritana que se había negado a recibirnos. La agresividad, la venganza, el «te vas a enterar»… Estas cosas no construyen Reino: otra dura reprimenda de Jesús nos lo hizo ver.

§ La petición de los primeros puestos (Mc 10, 35-41). Tal vez la mayor metedura de pata fue nuestra ambición de conseguir los primeros puestos. Nos gustan lo títulos, las ven-tajas, el ser importantes y considerados, sentirnos por encima de los demás…. Me da vergüenza recordarlo. No habíamos entendido nada del proyecto de Jesús. El resultado fue que los otros Diez se enfadaron con nosotros. ¡Qué bien hacéis en procurar recuperar la «sinodalidad» de los comienzos y en desclericalizar la Iglesia! Servir al Reino, servir al que sufre, «rebajarse»…

Pues a pesar de nuestro arrojo, cuando Jesús fue prendido en el huerto, le dejamos completamente solo; huimos todos deprisa y fuimos a refugiarnos en el Cenáculo, cerrando las puertas a cal y canto. Jesús nos tuvo que enseñar la humildad, el servicio, la valentía de resistir a la violencia sin violencias… Aprendimos a reconocer y aceptar nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestra imperfección. ¡Todo esto fue fundamental (de «fundamento») cuando nos tocó construir la comunidad cristiana…!

Esto ocurrió después, el primer día de la semana, cuando Jesús Resucitado se presentó en medio de nosotros, y sopló mientras nos decía: “recibid el Espíritu Santo, como el Padre me envió os envío yo” , y nos lanzamos a anunciar por todas partes la Buena Noticia de la Resurrección.

Herodes Agripa I, queriendo contentar a los judíos, molestos con el éxito de nuestra predicación, decidió dar un escarmiento a nuestra comunidad cristiana …y en los años 41-44, me hizo decapitar. Pero no os quedéis en mi muerte … que yo, en Jesús, también he resucitado. Venid a mi encuen-tro… os invito a hacer mi camino, como tantos peregrinos, a través de los siglos…
… En SANTIAGO de COMPOSTELA me encontráis, esperando vuestro abrazo, yo que soy amigo y testigo de Jesús, como vosotros y con vosotros. Y no olvidéis nunca que ser persona y ser discí-pulo significa siempre caminar. Porque Jesús quiso ser EL CAMINO.

Este relato, resumido y «casi» tal cual es de José Antonio González García,
Profesor de N.T. en el Instituto Teológico Compostelano

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, son los discípulos llamados “a primera hora” después de la llamada de los hermanos Simón Pedro y Andrés.

Santiago forma parte del grupo “íntimo” de Jesús, que le acompaña en los momentos más importantes de su vida. Los textos citan a “Pedro, Santiago y Juan”.

Ahora aparece una nueva figura, la madre de los dos hermanos que pide lo “lógico” en una mentalidad con parámetros humanos. Pide lo mejor para sus hijos. Nada que objetar. El tema de fondo, el que importa, es que la madre de los Zebedeos, y debemos entender también que sus hijos no están entendiendo a Jesús.

Ellos piensan con criterios humanos, incluso políticos (reparto del poder en el futuro reino donde Jesús “gobernará”).
Jesús explica que en su Reino todo tiene otra perspectiva: los grandes y los primeros son los que sirven, los que se ponen al servicio. No es sólo una frase ingeniosa, sino un estilo de vida.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana

Presentamos al Señor nuestra oración, nuestras ilusiones y esperanzas.

• Por la Iglesia universal, para que no ceda nunca a la tentación de buscar los puestos de honor en los poderes terrenales.

• Por la Iglesia española, por todos sus ministros, religiosos, religiosas y caicos, para que sigan fieles a la predicación que inició Santiago.

• Por todos y cada uno de los miembros de nuestra comunidad parroquial; para que seamos grandes en la humildad y en el servicio

• Jesús Buen Pastor: Para tus pasos seguir enséñame a comprender que siempre el mayor poder es el poder de servir.

• Quiero en la carga y el cargo sufrir y morir de amor, y si tú quieres. Señor, beber tu cáliz amargo.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 18.7.2021: Domingo XVI del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

El calor nos invita a las vacaciones, las desgracias ajenas (naturales, como en Alemania y Bélgica, o políticas, como en Cuba) reclaman respuestas de ayuda y solidaridad. Encontramos en el Evangelio de este domingo una curiosa convergencia de esas dos dimensiones: Jesús invita a sus discípulos a descansar, pero no deja de acoger a los que le buscan necesitados de ayuda. El breve texto de Marcos presenta una paradójica síntesis de dimensiones que no siempre son fáciles de conjugar en la vida cotidiana. El Evangelio se muestra como una verdadera escuela de vida, como una fuente de sabiduría que nos ayuda a vivir con armonía esas dimensiones diversas, necesarias, pero con frecuencia, en tensión.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6

Ay de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo del Señor–. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel: – «A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis; pues yo os tomaré cuentas, por la maldad de vuestras acciones –oráculo del Señor–. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé, y las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá –oráculo del Señor–. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: El-Señor-nuestra-justicia.»

SALMO
Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18

Hermanos: Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: -«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

COMENTARIO
“La Mirada de Jesús”

Marcos describe con todo detalle la situación. Jesús se dirige en barca con sus discípulos hacia un lugar tranquilo y retirado. Quiere escucharlos con calma, pues han vuelto cansados de su primera correría evangelizadora y desean compartir su experiencia con el Profeta que los ha enviado.

El propósito de Jesús queda frustrado. La gente descubre su intención y se le adelanta corriendo por la orilla. Cuan-do llegan al lugar, se encuentran con una multitud venida de todas las aldeas del entorno. ¿Cómo reaccionará Je-sús?
Marcos describe gráficamente su actuación: los discípulos han de aprender cómo han de tratar a la gente; en las comunidades cristianas se ha de recordar cómo era Jesús con esas personas perdidas en el anonimato, de las que nadie se preocupa. «Al desembarcar, Jesús vio un gran gentío, sintió compasión de ellos, pues eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas».

Lo primero que destaca el evangelista es la mirada de Jesús. No se irrita porque hayan interrumpido sus planes. Los mira detenidamente y se conmueve. Nunca le molesta la gente. Su corazón intuye la desorientación y el abandono en que se encuentran los campesinos de aquellas aldeas.

En la Iglesia hemos de aprender a mirar a la gente como la miraba Jesús: captando el sufrimiento, la soledad, el desconcierto o el abandono que sufren muchos. La compasión no brota de la atención a las normas o el recuerdo de nuestras obligaciones. Se despierta en nosotros cuando miramos atentamente a los que sufren.

Desde esa mirada, Jesús descubre la necesidad más profunda de aquellas gentes: andan «como ovejas sin pastor». La enseñanza que reciben de los letrados de la Ley no les ofrece el alimento que necesitan. Viven sin que nadie cuide realmente de ellas. No tienen un pastor que las guíe y las defienda.

Movido por su compasión, Jesús «se pone a enseñarles muchas cosas». Con calma, sin prisas, se dedica paciente-mente a enseñarles la Buena Noticia de Dios. No lo hace por obligación. No piensa en sí mismo. Les comunica la Palabra de Dios, conmovido por la necesidad que tienen de un pastor.

No podemos permanecer indiferentes ante tanta gente que, dentro de nuestras comunidades cristianas, anda bus-cando un alimento más sólido que el que recibe. No hemos de aceptar como normal la desorientación religiosa dentro de la Iglesia. Hemos de reaccionar de manera lúcida y responsable. No pocos cristianos buscan ser mejor alimentados. Necesitan pastores que les transmitan el mensaje de Jesús.

José Antonio Pagola

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 30-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Las palabras de Jesús no son duras, lejanas y estereotipadas como las de los fariseos. Tampoco son como las de los predicadores de catástrofes. Son palabras que llevan luz y que sanan. A la vuelta de la misión Jesús les invita a sus apóstoles a retirarse a descansar. Sin embargo, Marcos nos cuenta cómo le seguían buscando por tierra y mar. Más allá de una imagen idílica se trasluce una imagen de una necesidad profunda por parte de la gente y una constatación: Jesús da respuesta a los deseos más profundos de las personas.

Sobresale el verbo “compadecerse”, que la traducción suaviza con “sintió lástima”. El griego habla de “compadecerse”, de “sublevarse”, de que las “entrañas se le conmovieron”. Tiene que ver con la conmoción, como si un movimiento interior se tratara. La razón que da Marcos es que la gente iba descarriada “como ovejas sin pastor”.

La imagen del pastor y de las ovejas no sólo es apreciada por la Biblia, sino fuertemente significativa: Dios es el pastor que se desvive por su pueblo Israel. Dios envía pastores a quienes encarga de su rebaño y sólo encuentra que le devuelven maltratos y esterilidad. En san Juan, Jesús se propone a sí mismo como “buen pastor”.

El evangelio de hoy sugiere muchas preguntas: ¿Por qué la gente buscaba a Jesús y por qué a nosotros, cristianos de hoy, no nos buscan? ¿Cuál era la situación de desamparo de la gente y cuál es hoy nuestra situación de desamparo? ¿Qué mensaje transmitimos a la gente que busca una respuesta en el evangelio? ¿El evangelio es reposo y descanso para las personas contemporáneas nuestras que viven desorientadas, cansadas?

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana
PLEGARIA

• Si me siento cansado por la tarea de cada día, por querer dar testimonio de tu Amor, quiero escuchar: “Venid vosotros solos a un lugar desierto a descansar un poco” (Mc 6, 30-31).

• Si me siento cansado de trabajar, y de que casi no veo ningún resultado, quiero rezar: “Me abandonan las fuerzas…, mi pena no se aparta de mí. No me abandones, Señor” (Salmo 37).

• Si me siento cansado y no encuentro la luz, quiero estar seguro: “Señor, tú eres mi lámpara; Dios mío, tú alumbras mis tinieblas” (Salmo 17).

• En Ti, Jesús Buen Pastor, queremos encontrar descanso. Queremos escuchar ahora y siempre: eres un empleado bueno y fiel. Pasa a la fiesta de tu Señor” (Mt 25, 23).

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 11.7.2021: Domingo XV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN

En estas fechas en que muchos se ponen en camino por las vacaciones (pese a las restricciones que nos sigue imponiendo la pandemia), el Evangelio de este domingo nos recuerda que la vida misma y, en especial, la vida cristiana, es un camino. Podemos pasarnos toda la vida en el mismo sitio, pero, de todos modos, debemos estar en camino, abiertos a lo nuevo, a los demás, a las múltiples llamadas que nos hace la vida y entre las que podemos discernir la voz de Dios. Jesús nos da instrucciones para el camino: más que una doctrina, nos ilustra en las actitudes que deben acompañarnos en esta aventura vital: ligeros de equipaje, en comunidad, abiertos todos, dispuestos, sobre todo, a hacer el bien. Si nos tomáramos en serio estos sencillos consejos, cambiaría la faz de la tierra.

J.M. Vegas, cmf

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amós: – «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.» Respondió Amós: – «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel.”»

SALMO
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: – «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

COMENTARIO
Enviados de dos en dos

«Los envió de dos en dos», de James Tissot (1886-1896). Museo de Brooklyn, Nueva York

Iniciamos una nueva etapa en la misión de Jesús, en la cual envía a los Doce a su primera tarea. En el nombre de Jesucristo anunciarán el Reino de Dios a través de la predicación, la expulsión de demonios y la curación de enfermos. En este punto se pone de manifiesto una novedad: se trata de una iniciativa sin paralelo en el Antiguo Testamento, puesto que los profetas eran llamados por el Señor, pero, a su vez, ellos no elegían discípulos para enviarlos a predicar. ¿Cuál es, entonces, el sentido de esta novedad? Desde luego, sería erróneo afirmar que Jesús busca colaboradores por necesidad. Más bien, ha querido implicar a personas concretas en esta tarea, para así hacerlas partícipes no solamente de una misión, sino también de su misma existencia. En efecto, no se trata de conocidos de Jesús, a los cuales un determinado día encarga una tarea precisa; la misión nace desde un hondo conocimiento mutuo previo entre Jesús y sus discípulos más allegados. De este modo surge el mandato apostólico. De hecho, apóstol significa enviado.

La identidad de la misión
Marcos incide en que los Doce salieron «a predicar la conversión». Esta concreción del contenido del anuncio apostólico no sirve únicamente para conocer sin más que los discípulos invitaban a los pecadores a un cambio radical de vida. El evangelista trata, sin duda, de subrayar también el estrecho vínculo entre el inicio del ministerio apostólico y el comienzo del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús, que había tenido lugar con las palabras «convertíos y creed en el Evangelio» (Cf. Mc 1, 15). Con ello, se pone de relieve no solo una continuidad en la misión, sino además la idéntica misión. Junto con la predicación, Marcos afirma que «echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban». No basta, por tanto, con anunciar el Evangelio. El cometido apostólico requiere realizar determinadas acciones que pongan de manifiesto que el Reino de Dios ha llegado. Uno de los aspectos que hoy destaca es que Jesús «los fue enviando de dos en dos», conforme a la costumbre habitual entre los judíos. El anuncio en grupos de dos concuerda con una tradición anterior, pero también es un estímulo y ayuda para la evangelización.

Pocas cosas materiales son necesarias para comenzar: un bastón, sandalias y ni siquiera túnica de repuesto. El desprendimiento caracteriza la disposición de quien se encamina a la misión. Los apóstoles no deben estar apegados a los bienes materiales ni a las comodidades. Por eso, este pasaje del Evangelio es claro en la presentación de un panorama bastante austero para quien es llamado a esta tarea en la Iglesia. El Señor quiere fomentar en sus discípulos el desapego no solo de los bienes materiales, sino de los propios intereses, ya que quien vive preocupado por sí mismo se incapacita para transmitir el amor de Dios a los demás. La llamada a vivir de esta manera es, en definitiva, una concreción del «bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Cf. Mt 5, 3).

Dispuestos a sufrir contrariedades
El relato que escuchamos refleja ilusión, optimismo y éxito, dado que se insiste en la gran cantidad de exorcismos y curaciones que los apóstoles realizan. No obstante, Jesús no garantiza la aceptación incondicional hacia quienes hablen y actúen en su nombre. La primera lectura de este domingo manifiesta, en el caso del profeta Amós, que los enviados de Dios no reciben a menudo una buena acogida; el mismo Señor fue rechazado en múltiples ocasiones, y la vida de la Iglesia testimonia las incontables muestras de rechazo que a lo largo de los siglos han sufrido quienes han hablado y actuado en nombre de Dios. El Evangelio nos ayuda, naturalmente, a ser conscientes de la posibilidad del rechazo pero, ante todo, trata de ofrecernos ánimo y esperanza en una encomienda que, por su misma naturaleza, transmite la salvación de Dios a los hombres, más allá de las circunstancias específicas de tiempo o de lugar con las que a lo largo de la historia se encuentren quienes son enviados por la Iglesia en el nombre del Señor.

Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia de Madrid

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 7-13)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Jesús tiene urgencia por anunciar y hacer presente el Reino de Dios. No se trata de que su palabra se reduzca sólo a los que pueden oírle por cercanía física o porque pasa por allí. El Reino de Dios, su noticia y presencia, tiene que extenderse. Para eso hacen falta “misioneros”, dándole a esta palabra el sentido más bíblico posible.

Los “misioneros” participan de la misma misión de Jesús. No son “predicadores profesionales” a quienes no les importa el mensaje sino sólo el beneficio que puedan obtener, ni “teóricos” que discuten sobre la opción de vida de otros. Precisamente porque comparten la misión de Jesús viven pobremente como él, piden la acogida humilde como él, sanan como él y anuncian la conversión como él.

Además de ser un relato que nos lleva al Jesús histórico, predicador y sanador, anunciador del Evangelio del Padre y de la conversión, nos dice cómo ser hoy discípulo. Evidentemente, la misión específica y determinada consagrada en un modo de vida misionero no es para todos los discípulos, pero sí que es para todos los cristianos el enunciar sin medias tintas a Jesús y vivir desde el Evangelio.

El Evangelio nos lleva a conocer mejor al Jesús de la historia, y nos agrada, pero la fuerza actual del Evangelio está en que hoy hagamos nosotros presentes de forma real esta misma misión.

Textos Equipo Eucaristía

Para orar durante la semana

Señor…

• Nos envías de dos en dos, en comunidad. Te pedimos por todas las comunidades cristianas y por la Iglesia universal. Ayúdanos a descubrir y vivir la comunión en la diversidad y pluralidad de personas.

• Nos quieres ligeros de equipaje. Enséñanos a vivir, a cada uno de los cristianos y a toda la comunidad eclesial, con un estilo de vida desapegado de las cosas y del poder, un estilo de vida austero y solidario.

• Nos das autoridad sobre los “espíritus inmundos”. Te pedimos por todas las personas, colectivos e instituciones que se esfuerzan para que toda la sociedad crezca en humanidad, en justicia social.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 4.7.2021: Domingo XIV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
El escándalo del profeta

Éste puede ser el título emblemático (tiene un significado que va más allá del episodio), que resume el contenido de los textos bíblicos que se leen en la eucaristía de este domingo decimocuarto ordinario. El mensaje profético siempre es embarazante, excéntrico respecto de la normalidad bienpensante, y piedra de escándalo para muchos.

La primera experiencia escandalizante es la de Ezequiel (primera lectura). Se narra la vocación de este profeta en clave de meditación sobre la dramaticidad de la misión profética en un mundo incomprensivo y hostil. El profeta es un mártir en el doble sentido de “testimonio” y de “hombre inmolado”. Israel es un pueblo testarudo y obstinado, pero que no podrá hacer callar ni ignorar la voz del profeta, que habla con firmeza de parte de Dios.

En la segunda lectura escuchamos un trozo de la carta a los Corintios, que es una autobiografía de San Pablo, apóstol contestado, incomprendido y rechazado. Su ministerio pasa por muchas pruebas y se desarrolla en medio de debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades. De igual suerte, el cristiano, que en todo momento debe ser profeta de la fe y del amor en un mundo en el que la incredulidad y el egoísmo avanzan con fuerza esterilizante, ha de estar dispuesto a superar la debilidad congénita del pecado y la humillación del rechazo.

El punto culminante es la narración evangélica del rechazo de Jesús en su patria. Al retornar a Nazaret después de haber iniciado su ministerio público, lo hace no como el simple carpintero de meses anteriores, sino como maestro que habla con autoridad y llama a la fe auténtica. La escena se desarrolla en la sinagoga, centro local del culto y de la oración. Podemos imaginarnos la expectativa y curiosidad de los nazaretanos. El resultado fue una nueva sabiduría, y una imposición de manos curativa sobre los enfermos que circundaban la sinagoga. Jesús no fué escuchado en su patria entonces, ni ahora su evangelio es bien recibido e interpretado, porque el hombre prefiere seguir viviendo en la tiniebla en vez de en la luz, que presenta la novedad de Dios, el cambio de mentalidad y de vida.

Andrés Pardo
Archidiócesis de Madrid

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, oí que me decía: – «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: “Esto dice el Señor.” Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

SALMO
Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4
R. Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R/.

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R/.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: – «De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: – «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

COMENTARIO
Nadie es profeta en su tierra
Señor, ¿a quien iremos sino a ti? Tú solo tienes palabras de vida eterna….

Jesús nos ha advertido muchas veces que debemos ser personas de fe, y que la fe es la llave que abre todos los tesoros de su Corazón.

En el Evangelio nos va a decir lo mismo, pero de una manera del todo inesperada. Diríamos que lo va a hacer presentándonos un cuadro a contra luz.

Quiere llevar el mensaje de la salvación a un puesto muy querido –¡y tan querido, como es su pueblo de Nazaret!–, pero la incredulidad de sus paisanos va a cerrar todas las puertas a la generosidad de ese su Corazón, tan delicado y sensible.

Jesús llegó a Nazaret acompañado de sus discípulos. El carpintero de antes, el trabajador de los campos, el muchacho bueno y amigo de todos, viene ahora como una persona importante, pues su enseñanza, sus milagros, su fama por toda Palestina hacen de Él un personaje fuera de serie. Jesús, sin embargo, sigue tan humilde y sencillo como antes.

Al llegar el sábado se presenta en la sinagoga como lo había hecho siempre. Aunque ahora lo hace no para escuchar, sino para tomar la palabra y enseñar. Y lo hace tan bien, con tanta gracia y sabiduría, que todos se quedan pasmados.

Vienen entonces los comentarios obligados.

Para unos, este Jesús es algo extraordinario:

  • ¿De dónde tanto conocimiento? ¡Pero, cómo domina la Escritura! Y esos milagros que dicen ha hecho en Cafarnaúm y en otras partes… Dios está seguramente con Él.

Otros, sin embargo, se escandalizan y siembran la cizaña entre el auditorio:

  • Pero, ¿no es éste el carpintero, el hijo de María? ¿Y no están entre nosotros todos sus parientes? ¿Cómo le vamos a hacer caso?

Jesús se ve aquí como un signo de contradicción. Unos que sí, otros que no… Y con cara triste les asegura a sus paisanos:

  • Un profeta no es despreciado sino en su patria, entre sus parientes y en su propia casa.

Así y todo, aún se dignó imponer la mano sobre algunos enfermos y curarlos, porque el corazón le traicionaba siempre. Pero también manifestó sus sentimientos íntimos:

  • Me maravilla vuestra incredulidad. Quisiera haberos ayudado más, pero no puedo ante vuestra falta de fe…

Y no tuvo Jesús más remedio que asumir semejante fracaso y marcharse a predicar por los otros pueblos y aldeas.

Al leer este pasaje del Evangelio nos topamos con el problema de la incredulidad y del rechazo de Dios, que es un pecado tan frecuentemente denunciado en la Biblia.

Israel sintió siempre la tentación de volverse a los dioses de los paganos, dejando al Dios que los había sacado de Egipto. Rompían la alianza y se prostituían ante cualquier altar levantado en las colinas a los ídolos de los extranjeros. No escarmentaban con los castigos de Dios, castigos siempre amorosos para apartarlos de esos cultos idolátricos.

Ahora va a ser peor. Ahora rechazan a Dios que se les presenta en Jesucristo. A pesar de los milagros que hace, a pesar de su enseñanza tan bella, a pesar de todo, no creen en Jesús, se escandalizan de Él, y se lo echan bien lejos…

Todo esto, por sus apariencias humildes. Venían de decirse:
Que venga un Cristo fulgurante, y le haremos caso.
Que detenga el sol como Josué, y creeremos en Él.
Que eche bien lejos a los romanos, y lo aceptaremos.
Que someta las naciones de los gentiles a Israel, y entonces sabremos que es el Mesías, el que queremos y esperamos…

Esto pensaban y esto querían los dirigentes del pueblo.

Pero como Jesús no hacía nada de esto, y aseguraba que el Reino de Dios tan esperado era una cosa tan diferente, se vio rechazado como Mesías. Hasta que pudo decir Él mismo sobre la Jerusalén incrédula:

  • ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que son enviados a ti! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajos las alas, y tú no has querido!…

Esta podría ser nuestra situación, como pueblos y como personas. Pero Dios no quiera que nos suceda algo semejante. Podremos tener nuestras debilidades, colectivas como personales, pero eso de rechazar a Jesucristo, ¡no!…

La fe en Jesucristo y en su Iglesia no la perderemos. A veces se nos presentarán con apariencias humildes y exigentes, cuando nos hablen de puntos de la Ley de Dios que el mundo rechaza. Nosotros, con la gracia de Dios, queremos permanecer fieles y seremos dóciles al Magisterio de nuestros Pastores, que vienen y nos enseñan como enviados del mismo Dios.

¡Señor Jesucristo! Aunque hoy te ves rechazado por muchos, nosotros te acogemos como el Enviado de Dios y como el Salvador. Nuestra respuesta será siempre la de Pedro: -Señor, ¿a quien iremos sino a ti? Tú solo tienes palabras de vida eterna.

Pedro García,
Misionero Claretiano
Fuente: Catholic.net

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Marcos 6, 1-6)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Después de regresar del bautismo junto al Jordán, Jesús se marcha de Nazaret al comenzar su misión. Se va del pueblecito de las colinas de la Baja Galilea, a otro pueblo, Cafarnaúm, este a las orillas del lago. La actividad de Jesús en los primeros capítulos de Marcos se desenvuelve en torno al lago.

Toda la primera parte del evangelio de san Marcos, hasta el capítulo octavo, cuando en Cesarea de Filipo el mismo Jesús les pregunta a sus discípulos quién es, es como una catequesis que el lector del evangelio se debe hacer. En esta primera parte, encontramos el breve relato de hoy, Jesús vuelve a su ciudad, a Nazaret. Los suyos lo conocen bien, pues es un pueblo pequeño, le han visto crecer y madurar. Pero los habitantes de Nazaret no están dispuestos a creer en él.

La pregunta en este caso es “¿de dónde saca todo eso?” Jesús responde con las famosas palabras que han pasado a la cultura de la humanidad: sólo entre los suyos se desprecia a un profeta. Jesús es mucho más que un profeta, pero ni siquiera esta primera aproximación a la figura profética de la vida de Jesús, en continuidad con toda la tradición bíblica, es aceptable para sus paisanos.

El paso a la fe no es lógico según las normas humanas. La fe tiene un momento de entrega, de aceptación, de profundidad, de lucidez, de claridad que todos no están dispuestos a tener.

Textos Equipo Eucaristía.

Para orar en la semana

Señor…

• Concédenos a todas las personas de la tierra el convertirla en un hogar sin puertas ni barreras para que podamos entrar y salir buscando lo mejor para todos.

• Ayúdanos a salir de nuestras cosas y de nuestras casas para para participar con nuestros grupos en la construcción de la casa común en las que no haya personas que sobran.

• Recógenos de las márgenes del camino de la vida junto a las personas hermanas heridas y apartadas de los bienes de la tierra.

• Muéstranos el camino de la fraternidad y de la solidaridad que muchas personas han comenzado a ir marcando con su estilo de vida.

• Oramos por los que no tienen para vivir, por los que pasan cualquier tipo de necesidad, por los más débiles de nuestra sociedad.

• Oramos por aquellos que no cuentan para nadie, por quienes nadie ora, por los olvidados y descartados.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 27.6.2021: Domingo XIII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“Talitha qumi”

Resurrección de la hija de Jairo (Vasily Polenov)

Estamos llamados a vivir. Creados a imagen y semejanza de Dios, estamos destinados a la vida eterna. Dios nos quiere junto a si. Esta es la divina vo-luntad que choca constantemente con la condición ineludible de habernos creado libres.
Dios pone todo de su parte, hasta su propio Hijo, para que alcancemos el amor y la felicidad en plenitud. Son nuestras decisiones las que nos apartan o nos unen a Dios.

Para que haya libre decisión tienen que haber distintas opciones. Una de ellas no viene de Dios y, aparentemente, ofrece salud cuando, en verdad, genera enfermedad y muerte.
Todos hemos experimentado, a uno u otro nivel, las consecuencias de nuestras decisiones, pero ¡he aquí el Evangelio!: nadie está perdido, aún enfermo o muerto en vida, si confía en el Señor y,“levantándose”, compar-te su gozo con los hermanos.

D. Amadeo Romá Bo O.P.
Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella.

Salmo
Sal. 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
R: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?»» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

COMENTARIO
Una curación y una resurrección

El evangelio de este domingo ofrece dos relatos entrelazados entre sí –una curación y una resurrección–, que nos muestran a Jesús como fuente de vida, como Aquel que da la vida a quien se abandona con fe en sus bra-zos y confía en su palabra.

Primero, el evangelista narra el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que suplica a Jesús que vaya a su casa porque su hija se está muriendo. Jesús accede a la súplica con el gesto de ponerse en camino. En el trayecto hace una parada para sanar a una mujer que desde hacía doce años padecía flujos de sangre y se cura tocando el manto de Jesús. Reanudando su marcha hacia la casa de Jairo, llega la noticia de que la niña ha muerto. Pero Jesús le dice: “No temas. Solamente ten fe” (v.36).
Los dos protagonistas de los relatos, el padre de la muchacha y la mujer enferma, presentan dos aspectos co-munes, la necesidad de ser curados y la fe-confianza en Jesús. Se trata de dos requisitos fundamentales para ser sanados y acceder al corazón de Jesús.

Hoy el Señor nos hace una doble invitación. Por un lado, nos exhorta a que nos preguntemos de qué cosas tenemos necesidad de ser curados: pecados, dependencias, problemas, etc. Jesús, el Señor, cada domingo se hace el encontradizo en la Eucaristía para que confiemos en Él, fuente de vida, y así escuchar sus palabras: “Yo te digo: ¡Levántate!”. Por otro lado, nos invita a vivir en la certeza de la resurrección. Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, donde reina la vida.

Miguel Ángel Criado
Sacerdote y profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 5, 21-43)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este texto de Marcos es una buena muestra de cómo debemos leer este evangelio. Marcos gusta de una construcción especial del relato: primero introduce una narración que deja abierta, luego cambia por completo de personajes y de acción, y por último recupera la narración primera y la concluye, pero dándole coherencia a las tres partes.
Esto es muy frecuente en Marcos, y hoy estamos ante un buen ejemplo. Es una pequeña historia de mujeres, de fe, de situaciones vitales ante Dios. Una niña, hija del jefe de la sinagoga, muere. Una mujer adulta con flujos de sangre tiene riesgo de muerte y está muerta en vida, porque es “impura” para sus correligionarios.

Jesús es la vida, transmite vida, se enfrenta a quienes condenan en vida, da vida. En ambos casos juega un papel fundamental la fe. Jairo suplica a Jesús y confía en que la va a sanar; la mujer no se atreve a dirigirse a él, por eso sólo quiere tocar su manto.

En ambos casos los espectadores, la gente, son un obstáculo. La gente impedía a la mujer acercarse a Jesús; los que salen al encuentro de Jesús de la casa de Jairo deciden que no hay que molestar más al maestro y luego se ríen de Jesús cuando dice que la niña duerme.

La resurrección de la hija de Jairo (Museo del Prado)

En ambos casos, la fe es imprescindible. Jesús revela el corazón de Dios cuando sana a la mujer, cuando devuelve a la vida a la niña. Es un texto revelador del misterio de Jesús, pero hay que tener fe.

Textos Equipo Eucaristía.

Para orar a lo largo de la semana
• Oramos por la Iglesia, Pueblo Santo de Dios, para que anuncie sin miedo la buena noticia del Evangelio.
• Oramos por los que tienen responsabilidades sobre los demás, para que la ejerzan siempre con sencillez y pensando en los más necesitados.
• Oramos por los que no tienen para vivir, por los que pasan cualquier tipo de necesidad, por los más débiles de nuestra sociedad.
• Oramos por aquellos que no cuentan para nadie, por quienes nadie ora, por los olvidados y descartados.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 20.6.2021: Domingo XII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Palabras del Santo Padre Francisco

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

MOMENTO EXTRAORDINARIO DE ORACIÓN EN TIEMPOS DE EPIDEMIA
PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE FRANCISCO,
Atrio de la Baslica de San Pedro
27 de marzo de 2020

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Job 38, 1.8-11

El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: “Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas”?»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 106,23-24.25-26.28-29.30-31
R/. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R/.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el marco. R/.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R/.

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
en gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

COMENTARIO
En medio de la tempestad

El miedo llamó a mi puerta.
La fe fue a abrir.
No había nadie.
(M Luther King)

Se ve que a Jesús no le gustan las barcas paradas, amarradas. No tiene afición a los puertos. Ni a quedarse siempre en el mismo sitio. Le interesa la otra orilla (pagana), las periferias existenciales (Papa Fran-cisco). Y empuja a sus discípulos al mar.

A nosotros se nos da bien «subirnos a la barca»:
Iniciamos un proyecto, una empresa, una relación de pareja, un camino de oración, una comunidad cristiana, unos estudios, un programa de formación en la fe…

Pero con frecuencia nos quedamos amarrados en el puerto contemplando el mar, y las gaviotas, el cielo y el horizonte… O sí, tal vez nos montamos en la barca, pero dispuestos a dar un salto a tierra firme tan pronto como se agiten un poco las olas o nos dé el viento en la cara.

Sin embargo, la palabra del Señor Jesús ha sonado hoy muy clara: ¡PASEMOS A LA OTRA ORI-LLA!
Nos sentimos tranquilos y seguros cuando creemos dominar la situación. Cuando conocemos la barca y la manejamos con soltura y seguridad. Y así procuramos apañarnos por nuestra cuenta, con nuestros propios recursos. Preferimos no tener que contar con nadie, no pedir ayuda. Tampoco al Señor…

Los discípulos, avezados pescadores del Lago, son los que manejan la barca. Ya han navegado muchas veces, «ya saben». Les da tranquilidad ver que hay otras barcas alrededor, haciendo lo mismo que ellos. Seguramente se sienten tranquilos porque llevan a Jesús a bordo. «No vamos solos», se dicen. Y como no le necesitan (¡qué nos va a decir él!), el Maestro se despreocupa. Y se les queda dormido. Va con ellos en la barca. Pero… como si no fuera.

El caso es que en todo mar (en todo proyecto, en todo viaje…), siempre es posible la tormenta. Y se agitaron las olas, se oscureció el sol, el viento les sacudía… ¡también por dentro! Pero como hemos dejado que el Señor se duerma… ¡ahora no nos atrevemos a despertarlo!

El Señor suele embarcarse con nosotros, porque quiere llevarnos más lejos:

  • Cuando te casaste en la Iglesia, él aceptó estar a bordo. Cuando te bautizaste, te confir-maste, él se subió a bordo.
  • Cuando comenzaste tus estudios o tu trabajo profesional… él quería viajar contigo.
  • Cada vez que le pides perdón y te reconoces pecador, le estás invitando a subirse de nue-vo a bordo.
  • Cuando te reúnes con otros para contruir la comunidad cristiana, él hace tiempo que está ya en cubierta.
  • Cada vez que te acercas a él en la oración y le dices «aquí me tienes, ¿qué quieres de mí?» Pues quiere que vayas más allá de lo que te planteas.
  • Cuando quieres amar y servir con él y entregarte a fondo perdido, es porque él va a bordo.
    Pero si no contamos con él, si no le preguntamos nada, si no cuenta en nuestros planes… Pues se quedará dormido

Y entonces, nerviosos y asustados le damos un grito: «Maestro. ¿No te importa que perezca-mos?». ¿No te importa que nos vayamos a pique?

Hasta le echamos la culpa. La barca la llevábamos nosotros, nos habíamos olvidado de él, y ahora…

¡Él tiene la culpa de que nos hayamos metido en la tormenta y de nuestro miedo! Haz algo, ¡calma la tormenta! ¿No fuiste tú quien nos mandó que fuéramos a la otra orilla? Si nos hubiéramos que-dado en el muelle, seguros, sin arriesgarnos…

Para sorpresa de los discípulos, es él quien les reprocha: «Pero, vamos a ver: ¿No voy con voso-tros en la barca? ¡Pues fíate! ¿Por qué no confías? ¿Es que no tienes fe?» (Lo opuesto a la fe es… el miedo).

Algo que podemos aprender de esta escena evangélica es que tenerle en nuestra barca, no significa que estemos seguros «a pesar de la tempestad», sino que todo marcha bien ‘en medio’ de la borrasca, que sólo se llega a la otra orilla venciendo las borrascas.

Que no podemos quedarnos donde siempre, en lo seguro, en lo ya conocido…

Como nos ha dicho hoy San Pablo: «El que vive con Cristo, es una creatura nueva. «Lo viejo» ha pasado, ha llegado lo nuevo».

Tener fe, por tanto, no significa dar por hecho que él calmará todas las tormentas. Tener fe signifi-ca confiar en que en medio de la tormenta ÉL VA CONMIGO.

Tener fe es no tener miedo a hundirse, porque Él va a bordo. Cristo murió por todos, para que los que vivimos, ya no vivamos para nosotros mismos, sino para el que murió y resucitó por nosotros.

Por eso, que no sea el miedo quien nos apremie: sino que nos apremie el amor de Cristo.

Tener fe no es esperar que él calme la tormenta (aunque algunas veces lo haga), sino ir fiados del Padre, y saber que la tormenta nos dará pericia, nos hará fuertes y podremos llegar a otro puerto al que Él nos conduce, a esa otra «orilla» que no conocemos, a esos que no son de los nuestros, a esas periferias que no le interesan a nadie… ¡Pero a él sí! y necesita (¡nosexige!) que vayamos con él.

Y al final de todas nuestras travesías tormentosas, él nos esperará «en la Otra Orilla»

A partir de un texto de Dolores Aleixandre
Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imágenes de José María Morillo y Jorge Cocco Santangelo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 4, 35-41)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

El escenario es el lago o mar de Galilea; no se trata de un mar grande, pero sí que es suficiente para que, en días de borrasca, las aguas se agiten hasta el punto de poder hundir las pequeñas barcas que trabajan allí.

Es una travesía corta esta vez; Jesús con sus discípulos están en medio del Lago. Jesús duerme y el pánico se desata: “¿No te importa que perezcamos?”. Jesús interviene y el mar se calma. La pregunta sigue al estupor: “¿quién es este?” No se trata de un milagro ‘antinatural`, ni tampoco poner en cuestión la verdad del Evangelio. Jesús está presente en la vida; los discípulos están faenando. Las tormentas son reales (no es un adorno ni un recurso literario); pueden hacer hundir la barca; forman parte de nuestro día a día.

Jesús parece que duerme como si no le importara, pero él está ahí. Es la presencia silenciosa, pero atenta, de Jesús con los suyos. Comparte nuestra barca. Ante la súplica reiterada, Jesús actúa. La pregunta por él, por su misterio, no es una actividad intelectual, teórica, sino vital: ¿quién es este que ha “salvado” mi vida? ¿Quién es este que está conmigo y se preocupa por mí? La autoridad soberana de Jesús disipa todos los miedos.

En el texto del Evangelio de hoy, Jesús responde al reproche de sus discípulos con un signo (calma la tempestad); pero ese signo remite a una realidad más profunda: va revelando a sus discípulos su autoridad, primero ante los fenómenos naturales y luego la autoridad de su Palabra. Pidamos al Señor que, en medio de nuestras tormentas vitales, sociales, política, económicas, eclesiales, nos permita nutrir nuestras relaciones interpersonales, compartiendo sobre todo nuestra fe en Él.

Textos Equipo Eucaristía.

Para orar a lo largo de la semana:

Cantar de los Cantares 7, 11-14; 8, 6-7
Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión.
Ven, amado mío, salgamos al campo: entre los cipreses;
amanezcamos entre las viñas; veremos si las vides han brotado,
si se abren las yemas, si florecen los granados;
Grábame como sello en tu corazón, grábame en tu brazo,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo.
Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor
ni anegarle los ríos.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 13.6.2021: Domingo XI del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
La semilla que crece

El evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves: la de la semilla que germina y crece por sí, y la del grano de mostaza.

A través de estas imágenes tomadas del mundo rural, Jesús presenta la eficacia de la palabra de Dios y las exigencias de su Reino, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro empeño en la historia.00:19

En la primera parábola centra atención sobre el hecho que la semilla echa-da en la tierra, prende y se desarrolla por sí misma, sea que el campesino duerma o esté despierto. Él confía en la potencia interna de la misma semi-lla y en la fertilidad del terreno.

En el lenguaje evangélico la semilla es símbolo de la palabra de Dios, cuya fecundidad es invocada por esta parábola. Así como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así la Palabra obra con la potencia de Dios en el co-razón de quien la escucha. Dios ha confiado su Palabra a nuestra tierra, o sea a cada uno de nosotros, con nuestra concreta humanidad.

Podemos tener confianza, porque la palabra de Dios es palabra creadora, destinada a volverse ‘el grano lleno en la espiga’. Esta parábola si es acogi-da, trae seguramente sus frutos, porque Dios mismo la hace germinar y madurar a través de caminos que no siempre podemos verificar y de una manera que no conocemos. Y de una manera que no sabemos.

Todo esto nos hace entender que es siempre Dios quien hace crecer su Reino. Por esto rezamos tanto, ‘Qué venga tu Reino’. Es él quien lo hace crecer, el hombre es su humilde colaborador, que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera con paciencia los frutos.

La palabra de Dios hace crecer, da vida. Y aquí quiero recordarles la impor-tancia de tener el Evangelio, la Biblia al alcance de mano. El Evangelio pe-queño en la cartera, en el bolsillo, de nutrirnos cada día con esta palabra viva de Dios. Leer cada día un párrafo del Evangelio o un párrafo de la Bi-blia. Por favor no se olviden nunca de esto, porque esta es la fuerza que hace germinar en nosotros la vida del Reino de Dios.

(Homilía de S.S. Francisco, 14 de junio de 2015)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del Profeta Ezequiel 17,22-24

Esto dice el Señor Dios: – Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 91,2-3.13-14.15-16
R/. Es bueno darte gracias, Señor

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R/.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R/.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta de San Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”. Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

COMENTARIO
El Reino: Crecimiento y contraste

La liturgia de hoy nos propone dos breves parábolas de Jesús: la de la semilla que crece por sí misma y la del grano de mostaza (cf. Mc 4, 26-34). A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso.

En la primera parábola la atención se centra en el dinamismo de la siembra: la semilla que se echa en la tierra, tanto si el agricultor duerme como si está despierto, brota y crece por sí misma. El hombre siembra con la confianza de que su trabajo no será infructuoso. Lo que sostiene al agricultor en su trabajo diario es precisamente la confianza en la fuerza de la semilla y en la bondad de la tierra. Esta parábola se refiere al misterio de la creación y de la redención, de la obra fecunda de Dios en la historia. Él es el Señor del Reino; el hombre es su humilde colaborador, que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera pacientemente sus frutos. La cosecha final nos hace pensar en la intervención conclusiva de Dios al final de los tiempos, cuando él realizará plenamente su reino. Ahora es el tiempo de la siembra, y el Señor asegura su crecimiento. Todo cristiano, por tanto, sabe bien que debe hacer todo lo que esté a su alcance, pero que el resultado final depende de Dios: esta convicción lo sostiene en el trabajo diario, especialmente en las situaciones difíciles. A este propósito escribe san Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» (cf. Pedro de Ribadeneira, Vida de san Ignacio de Loyola).

La segunda parábola utiliza también la imagen de la siembra. Aquí, sin embargo, se trata de una semilla específica, el grano de mostaza, considerada la más pequeña de todas las semillas. Pero, a pesar de su pequeñez, está llena de vida, y al partirse nace un brote capaz de romper el terreno, de salir a la luz del sol y de crecer hasta llegar a ser «más alta que las demás hortalizas» (cf. Mc 4, 32): la debilidad es la fuerza de la semilla, el partirse es su potencia. Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por los que no confían sólo en su propia fuerza, sino en la del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; y, sin embargo,

Precisamente a través de ellos irrumpe la fuerza de Cristo y transforma aquello que es aparentemente insignificante.
La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios. Que la Virgen María, que acogió como «tierra buena» la semilla de la Palabra divina, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.

Benedicto XVI
Ángelus (17-06-2012)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 4, 26-34)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Comenzamos por el final: Jesús les expone la Palabra, “acomodándose a su entender”. Jesús es un maestro atípico, pues lejos de insistir en los preceptos de la Ley de Moisés, les explica la voluntad de Dios de forma sencilla. La intención de Jesús no es ahondar en la Ley mosaica, sino que la buena noticia del Reino llegue a todos, empezando por los más sencillos.

Las parábolas son el medio más claro que encuentra Jesús: ejemplos tomados de la vida ordinaria, del campo que todos ven y conocen. En este caso dos parábolas breves y muy claras: la semilla germina, crece, día y noche, y va madurando. Todo crecimiento necesita tiempo y espera; no hay que precipitarse porque se provoca la ruina. Dios nos enseña a ser pacientes, a esperar.

La segunda parábola también tiene que ver con el crecimiento y la sabiduría de la espera: no hay que despreciar lo pequeño, lo nimio, lo aparentemente insignificante. La fuerza de Dios se manifiesta con frecuencia allí donde nosotros no vemos nada, o pensamos que no tiene “futuro”. Son los caminos de Dios. De Él tenemos que aprender.

Damos gracias a Dios y buscamos un compromiso personal, familiar y comunitario que nos ayude a crecer en la acogida de su voluntad en medio de los acontecimientos de la vida.

Textos Equipo Eucaristía.

Para orar durante la semana:
LO QUE QUIERO SER

Quiero ser pastor que vele por los suyos;
árbol frondoso que dé sombra al cansado;
fuente donde beba el sediento.

Quiero ser canción que inunde los silencios;
libro que descubra horizontes remotos;
poema que deshiele un corazón frío;
papel que donde se pueda escribir una historia.

Quiero ser risa en los espacios tristes,
y semilla que prende en el terreno yermo.
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…

Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito, carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor, eso quiero ser.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del domingo 6.6.2021: «Solemnidad del Corpus Christi»

INTRODUCCIÓN
“ Mi Cuerpo…mi Sangre: ¡tomad! ”

Hoy es la Solemnidad del Corpus Christi, uno de los días más gozosos y fes-tivos del calendario litúrgico. Celebrando con amor la Eucaristía y adorando con fervor el Cuerpo del Señor, la Iglesia manifiesta este domingo su fe en la presencia real y verdadera de Jesús en este “sacramento admirable”. La Eucaristía es el sacramento del inmenso amor del Señor en el que se con-memora su Pascua salvadora; es el Sacramento que vivifica, alimenta y fortalece nuestra existencia cristiana. Vivir de la Eucaristía y vivir la Euca-ristía, con todo lo que ello implica, es el compromiso que renovamos en es-te hermoso día “que reluce más que el sol”, como rezara el refrán popular.

En este Año Jubilar del VIII Centenario de la muerte de Santo Domingo, destacamos la impronta dominicana de esta fiesta. Santo Tomás de Aquino compuso, a instancias del Papa, los himnos litúrgicos de este día. En su ela-boración, el “Doctor Eucarístico” no solo despliega su genio teológico y lite-rario, sino, sobre todo, su profunda vivencia del misterio eucarístico. De Santo Domingo, los cronistas nos dicen que se preparaba largamente para la Eucaristía y que en la celebración de la misma abundaba en lágrimas. La Orden tiene concedido poder celebrar Corpus propio. En la espiritualidad dominicana la Eucaristía es un elemento clave, pues en ella el predicador vive el Amor que anuncia después como Buena Nueva. Honremos a Cristo, “Pan de la Vida”, y digámosle como aquellos del evangelio: “Señor, danos siempre de ese Pan”.

Fray Juan Carlos González del Cerro O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Jerez de la Frontera)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: – «Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: – «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: – «Ésta es la sangre de la afianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 115
R/. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: – «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: – «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: – «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: – «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

COMENTARIO
Invitados a la mesa de Dios

A veces nos vienen ganas de haber nacido en tiempos de. Jesús. Quisiéramos verlo con nuestros propios ojos, escuchar su voz, tocarlo con nuestras manos. En tales momentos olvidamos que Jesús todavía sigue estando presente entre nosotros. Porque su Encarnación continúa en los sacramentos.

Los sacramentos son el cuerpo, la carne, la voz de Jesús, perpetuados para nosotros. Así Él se ha hecho el más cercano, el más accesible, el más realmente presente. Lo podemos tocar, ver y escuchar durante toda nuestra vida, ahora mismo y siempre que queramos. Él se entrega a nosotros, se nos da, se pone en nuestras manos.
En cada Eucaristía podemos oír: “Esto es mi Cuerpo”, “este es el cáliz de mi sangre”, podernos verlo y hasta comerlo.

Cuando nos sentimos solos, encerrados en nosotros mismos, tristes, pesimistas – entonces basta venir junto a Él, saciarnos con Él, y nuestra alma conocerá de nuevo la gracia, la alegría, la paciencia, el amor.
Cuando nos falta la fe, alimentémonos con la fe en él y sorprendidos notaremos, cómo empieza a nacer en nosotros una nueva fe que no viene de nosotros.

Cuando hemos perdido la esperanza, comamos, recibamos la esperanza de Él y sentiremos cómo se despierta en nosotros una esperanza renovada.

Cuando no tenemos ni amor ni caridad, acerquémonos a su mesa para que Él cambie nuestro corazón y nuestra entrega al darnos su alimento celestial.

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”. Al haber comido ese cuerpo sobrenatural ya no somos los mismos. Otro se ha puesto a vivir en nuestro lugar. El mismo Jesús nos abre a Dios, a nosotros mismos, a los demás.

En su corazón podemos encontrarnos con cada hombre: con nuestros padres, con los hijos, con el cónyuge, con todos los que amamos, e incluso con nuestros muertos. A todos ellos los podemos encontrar en la misa, en una buena comunión. Y la gracia, como un río, circulará de nosotros hacia ellos y de ellos hacia nosotros.

Así se desarrolla y se profundiza la vinculación y la unidad entre todos nosotros, los que formamos la Familia de Dios. Como el pan sobre el altar está compuesto de muchos granos de trigo, y el vino de muchos granos de uva, así también nosotros, en la comunión, nos convertimos en un solo cuerpo, en el cuerpo de Cristo, en el cuerpo de los hijos de Dios.

¿Cómo nos preparamos para la Eucaristía? Deberíamos buscar más el silencio, la serenidad y la paz interior, alejarnos del ruido del mundo, abrir el corazón….

¿Qué significa la Eucaristía para nosotros? Es un Memorial de la Última Cena, el sacrificio de la cruz, una acción de gracias, un banquete, una presencia real de Jesucristo.

¿Cuáles son las distintas actitudes interiores que hemos de asumir durante la Eucaristía?

  • Arrepentimiento y penitencia, en el acto de penitencia antes de la comunión.
  • Confianza, expresada por medio de las peticiones y del Padre Nuestro.
  • Gratitud y alabanza, expresadas en el Gloria, en el prefacio y en el silencio de comunión.
  • Ofrecimiento y entrega, mediante el ofertorio, la consagración y la comunión.
  • Amor fraternal, expresado en el momento de la paz, el Padre Nuestro y la comunión.
  • Fe, profesada mediante el rezo del credo.
  • Apertura y disponibilidad expresadas en las lecturas y la comunión.

¡Qué esta fiesta del SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO, que esta Eucaristía que estamos celebrando, que nuestra comunión de hoy, sean, realmente, un paso decisivo hacia el Señor, escondido aquí bajo las formas del pan y del vino!

¡Qué así sea!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Padre Nicolás Schwizer
Instituto de los Padres de Schoenstatt

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 14, 12-16. 22-26)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

El Cuerpo y la Sangre de Cristo
Según los evangelios sinópticos, cuya cronología es diferente de la del evangelio de Juan, la última cena de Jesús con sus discípulos, fue una cena pascual.

En la versión de Marcos, los gestos de Jesús durante esta cena están divididos en dos grandes partes (y no coinciden con lo que cabría esperar de una cena pascual al uso): una centrada en el pan (se bendice, se reparte y se interpreta el gesto, identificando el pan con su cuerpo) y otra centrada en el vino (igualmente, se bendice, se reparte y se interpreta el gesto, identificando el vino con su sangre). Al final, Jesús dice que no beberá vino otra vez hasta que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios. Jesús anticipa, por tanto, de manera explícita su ya cercana muerte.

El texto litúrgico que comentamos omite algunos versículos centrales. En ellos se describe el inicio de la comida de Jesús con los Doce y se indica que, durante el transcurso de la misma, Jesús predice la traición de Judas. Así, el evangelio presenta a Jesús como alguien que ha ofrecido su mesa a quien sabe que lo va a entregar a la muerte. Y no sólo eso, después lo entregará, como a los demás, un trozo de pan, símbolo de su cuerpo, y la copa de vino que todos comparten.

Nuestra historia cristiana brota de una tradición anterior que recoge la riqueza simbólica que nutre nuestras celebraciones, En su centro, siempre, la vida, Con sus posibilidades y amenazas, con sus anhelos y angustias, sus esperanzas y desánimos. Si siempre hubo una víctima, ahora, la víctima es la expresión de un Amor inexpresable que se ofrece para evitar todas las muertes, liberar a todos de la amenaza y del miedo y unirlos en la celebración del compromiso existencial por la vida y un mundo más humano, más pacífico, más solidario y más compartido. Para nosotros, ahí, está Cristo.

EUCARISTÍA. evd. 2021

Para orar durante la semana:
Te pedimos, Señor:
• Que los creyentes veamos el significado de nuestro banquete religioso que nos invita a ser profundamente humanos.

• Que los que carecen del pan material de cada día y no tienen seguro el alimento que permite el sostenimiento de su cuerpo vean colmados sus anhelos.

• Que los que no pueden beber el vino de la amistad y la solidaridad nos sientan cercanos con ayudas eficientes.

• Que nuestros ojos se esfuercen en descubrirte presente en los signos de nuestra vida y seamos signos vivos de tu presencia.

• Que el trocito de harina de trigo y las gotas de vino que están en el centro de nuestra celebración, Cuerpo y Sangre de Cristo, sean un rayo de esperanza para todos.

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del domingo 30.5.2021: « Solemnidad de la Santísima Trinidad»

INTRODUCCIÓN
Palabras del Santo Padre

La solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo del cual provenimos y hacia el cual vamos, nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros según el modelo de la comunión divina. No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros. Esto significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; […] En una pa-labra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más fami-lia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios que habita en nosotros.

Francisco
ÁNGELUS, 31 de mayo de 2015

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Deuteronomio 4,32-34.39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22.
R: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos,
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

COMENTARIO
Para que seas feliz

Adoración a la Trinidad (Alberto Durero)

El ciclo litúrgico culmina el tiempo pascual en la solemnidad de la Santísima Trinidad; de modo simultáneo, la celebración de Dios trino centra el inicio del tiempo ordinario. Un acierto pedagógico que favorece la com-prensión de Dios como origen y meta de nuestro peregrinar creyente, co-mo esencia y presencia en nuestro ser; amor que se dona en la diversidad.

La referencia trinitaria la desvela el mismo Jesús y se asume en las prime-ras comunidades cristianas. Si bien esta fiesta litúrgica se incorporó tardíamente al calendario romano en el año 1331, en la iglesia hispánica de los siglos V al VII ya se enseñaba con aguda profundidad la fe trinitaria y resulta conmovedor que el VI el concilio de Toledo afirmase: “Dios es uno solo, pero no solitario”

La liturgia de este día invita a celebrar al abrigo de los textos bíblicos, el gozo de Dios en sí, su amor desbordado y su armonía en la diferencia. La fiesta de Dios trino nos abre a la experiencia de gestar misericordia después de haber sido mirados por ella; al sentimiento desarmado por la bondad, la luz y la ternura; a descubrir la verdad que convierte la propia existencia en auténtica revelación.

La realidad que Dios es nos desconcierta, no tanto por incomprensible cuanto por inabarcable. Dios nos busca y nos incorpora a su mismo movimiento de éxtasis, nos adentra en nuestra raíz de la que brota lo que hacemos. Fluir en esa corriente conlleva el abandono de las ansias de control, la liberación del yugo que supone la autoreferencia, el aprendizaje de la alegría que surge de la acogida, escucha y compasión que nos transforman

Sor Miria de Jesús Gómez O.P.
Monasterio Santísima Trinidad Orihuela

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(san Mateo 28,16-20)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Recogiendo los ecos de la Pascua del Señor y de la efusión del Espíritu en Pentecostés, celebramos un año más la solemnidad de la Santísima Trinidad y, con ella, la Jornada Pro orantibus 2021. Este es un año más, pero no un año cualquiera.

Estamos atravesando una situación global que ha trastocado fuertemente nuestras vidas. La crisis sanitaria que se desató a principios de 2020 y las consecuencias de todo tipo derivadas de la misma han sembrado nuestra cotidianidad de muerte, enfermedad, pobreza, desempleo, miedo, distancia y soledad. La nuestra y la de muchas personas vulnerables a lo largo y ancho del planeta que lo son hoy aún más, si cabe.

La vida contemplativa sufre cuando el mundo sufre porque su apartarse del mundo para buscar a Dios es una de las formas más bellas de acercarse a él a través de Él. La suya es una historia de cercanía con Cristo y con el dolor humano en lo que uno y otro -el Señor y el ser humano sediento de salvación- se requieren y se encuentran cada día a través de la búsqueda y la contemplación sagrada del rostro del Padre. Así lo recordó el papa Francisco en 2016 en la constitución apostólica Vultum Dei quaerere sobre la vida contemplativa:

“La vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta historia se despliega, día tras día, a través de la apasionada búsqueda del rostro de Dios en la relación íntima con él. A Cristo Señor, que ´nos amó primero(1 Jn 4, 19) y ´se entregó por nosotros (Ef 5, 2), vosotras mujeres contemplativas, respondéis con la ofrenda de toda vuestra vida, viviendo en él y para él, ´para alabanza de su gloria` (Ef 1, 12). En esta dinámica de contemplación vosotras sois la voz de la Iglesia que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda la humanidad y con vuestra plegaria sois colaboradoras del mismo Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable”. (Obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada).

Para orar durante la semana:

• Danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana. Inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado.

• Ayúdanos amostrarnos disponibles ante quien se siente solo y desamparado.

• Ayúdanos a mostrarnos disponibles. Ante quien se siente explotado y deprimido.

• Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

• Que quienes te buscamos sepamos discernir los signos de los tiempos y cercamos en fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en el amor las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas de todos los seres humanos, y así les mostraremos tu camino de reconciliación, de perdón, de paz….

(Tomado de las plegarias eucarísticas Vb y Vc)

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 23.5.2021: «Solemnidad de Pentecostés»

INTRODUCCIÓN
El espíritu de la verdad

Ábside de la Capilla de la Iglesia de Santa Anastasia de Verona (Italia).
Escena de Pentecostés de Angelo di Giovanni

El evangelio de este domingo está entresacado de Juan 15 y 16, capítulos de densa y expresiva teología joánica, que se ha puesto en boca de Jesús en el momento de la despedida de la última cena con sus discí-pulos. Habla del Espíritu que les ha prometido como «el Defensor» y el que les llevará a la experiencia de la verdad. Cuando se habla así, no se quiere proponer una verdad metafísica, sino la verdad de la vida. Sin duda que quiere decir que se trata de la verdad de Dios y de la verdad de los hombres. El concepto verdad en la Biblia es algo dinámico, algo que está en el corazón de Jesús y de los discípulos y, consiguientemente, en el corazón de Dios. El corazón es la sede de todos los sentimientos. Por lo mismo, si el Espíritu nos lleva-rá a la verdad plena, total, germinal, se nos ofrece la posibilidad de entrar en el misterio del Dios de la sal-vación, de entrar en su corazón y en sus sentimientos. Por ello, sin el Espíritu, pues, no encontraremos al Dios vivo de verdad.

El Espíritu es el “defensor” también del Hijo. Todo lo que él, según San Juan, nos ha revelado de Dios, del padre vendrá confirmado por el Espíritu. Efectivamente, el Jesús joánico es muy atrevido en todos los órdenes y sus afirmaciones sobre las relaciones entre Jesús y Dios, el Padre, deben ser confirmadas por un testigo cualificado. No se habla de que el Espíritu sea el continuador de la obra reveladora de Jesús y de su verdad, pero es eso lo que se quiere decir con la expresión “recibirá de mí lo que os irá comunicando”. No puede ser de otra manera; cuando Jesús ya no esté entre los suyos, su Espíritu, el de Dios, el del Padre continuará la tarea de que no muera la verdad que Jesús ha traído al mundo.

Fray Miguel de Burgos Núñez
Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2,1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 103,1ab.24ac.29bc-30.31.34
R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,3b-7.12-13

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequia,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

COMENTARIO
Es la hora del Espíritu
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Después de vivir un tiempo pascual muy particular (por la pandemia que nos con-tinúa afectando y la situación particular de orden público), tenemos la oportunidad de celebrar alegremente la manifestación del Espíritu Santo en Pentecostés.

El evangelio nos manifiesta que Jesús se hace presente en la comunidad a pesar de las circunstancias propias y los sentimientos de temor que llevan a los discípulos a buscar el encierro, también nosotros en ocasiones (de manera particular en este tiempo de pandemia) tendemos a perder la esperanza, nos sentimos derrotados y abatidos, olvidando que Jesús sale a nuestro encuentro, que no nos deja solos, nos muestra sus heridas y nos regala la paz como fruto de su resurrección.

Hoy continúan existiendo señales de sufrimiento de Dios por la humanidad a causa de la guerra, el hambre, las injusticias, la corrupción, las enfermedades, los enfrentamientos entre hermanos, etc.

De Jesús resucitado recibimos la misión de evangelizar, como vivencia y compromiso de nuestro bautismo, así somos enviados como Él ha sido enviado por el Padre.

Jesús sopla sobre los discípulos, les regala el aliento creador y vivificador de su Espíritu que les lleva a compartir y experimentar la misericordia de Dios. La donación del Espíritu Santo hace de los discípulos personas nuevas y recreadas, los libera de su vieja condición de encerrados y los prepara para asumir nuevos desafíos.

Jesús envía a los suyos pero no los deja solos, sino que les entrega el Espíritu para que puedan llevar a cabo su misión; sin el Espíritu la comunidad no se habría puesto en marcha, no habría superado sus miedos. El envío que Jesús realiza a los discípulos conlleva algo más, la tarea de la reconciliación universal.

Jesús vuelve al Padre, pero no nos abandona, nos regala la manifestación de su Espíritu, de esta manera, acompañados constantemente por el Espíritu no nos sentiremos solos y sostenidos por Él estamos llamados a ser testimonio en medio del mundo.

Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, quien es el protagonista silencioso pero eficaz de toda la historia de la salvación. Desde la primera página de la Biblia hasta la última el Espíritu Santo lo llena todo, lo penetra todo, lo invade todo. Pentecostés es la celebración del nacimiento de la Iglesia, como comunidad que se fortalece en Cristo resucitado.

En Pentecostés el Espíritu es el que lleva a cumplimiento la misión de Jesús y da comienzo a la comunidad cristiana, la Iglesia.

Recibimos el Espíritu de Jesús para abrir las puertas y llenarnos del viento fresco y del fuego que quema, que transforma, que recrea.

Recibimos el Espíritu Santo para compartir y experimentar el perdón.

Recibimos el Espíritu Santo para cantar las proezas de Dios, porque Él nos da valentía.

Recibimos el Espíritu Santo para vivir la unidad, (no la uniformidad); somos sostenidos con la gracia de sus frutos y dones.

Recibimos el Espíritu Santo para dejarnos conducir por Él.

Recibimos el Espíritu Santo para ser instrumentos de su amor, gracia y misericordia.

Momento de reflexión
• Se dice con frecuencia que el Espíritu Santo es el gran desconocido y olvidado, ¿qué experiencia tienes de su acción en tu vida?
• El Espíritu Santo es el aliento vital del Resucitado que actúa en nosotros, su presencia no se ve, pero ¿de qué manera debería notarse en la vida de los creyentes?
• También hoy los cristianos vivimos con miedos y encerrados, ¿será que nos resistimos a dejarnos mover por el Espíritu? ¿En qué sentido debería cambiar esta situación para hacernos más dóciles a su acción?

Momento de oración
Nuestra oración comunitaria y personal, Padre de todos, es hoy de bendición, acción de gracias, alabanza y gozo por los signos de la presencia de tu Espíritu en el mundo.
Perdona Señor, nuestra ineficacia de cristianos cobardes y danos la fuerza de tu Espíritu para anunciar hoy a Cristo como esperanza de la humanidad y verdad que vence la mentira, como paz y libertad que fundamenta la dignidad humana, como vida que supera la muerte, el desamor y la opresión, como amor y fraternidad que derrotan al odio y la violencia, como única liberación, capaz de crear personas libres que aman.
¡Ven Espíritu divino! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego perenne del tu amor. Amén

P. Fabio Edilson Cárdenas, C.Ss.R.

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 15, 26-27; 16, 12-15)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

¡Amigos todos…!
“Cuando venga el Paráclito que os enviaré desde el Padre… él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio….”

Es propio de Juan la presentación del Espíritu como Paráclito, esto es, la fuerza de Dios que consuela, conforta y defiende en las adversidades. Y lo hace en la sección del evangelio conocida como discursos de despedida, parte en la que Jesús instruye a los suyos sobre cómo tienen que afrontar el futuro en su ausencia.

En esta sección se retrotraen aspectos propios del tiempo pospascual. Es decir, lo que aparece como predicción del futuro y promesa es más bien una exhortación para el tiempo presente de la audiencia del evangelio.

Jesús afirma que el Espíritu Paráclito dará testimonio de él, al igual que lo harán los discípulos. Este es un tema central aquí. La función del Espíritu es contribuir a que los discípulos profundicen en las enseñanzas que ya habían recibido de Jesús durante su vida y descubran su sentido para el tiempo que les toca vivir.

Dicho con otras palabras, el Espíritu es quien da luz para poder interpretar el Evangelio en todo tiempo. Las palabras dichas por Jesús en el pasado no son letra muerta, sino letra viva y constantemente actualizada.

Para orar durante la semana: Envíanos, Señor, tu Espíritu.

• Que la Iglesia, guiada por el Espíritu de Dios, sea una familia acogedora de todos los hombres sin distinción.

• Que todas las comunidades y parroquias cristianas sepan poner sus carismas al servicio de la unidad del Pueblo de Dios.

• Que los que buscan a Dios con toda sinceridad reconozcan su rostro entre las personas que sufren y les presten su ayuda y comprensión.

• Que todas las víctimas de la pandemia que padecemos recobren la salud y puedan volver a las tareas habituales de su vida.

• Que todos nosotros nos dejemos guiar por la acción del Espíritu Paráclito y seamos anunciadores del Reino de Dios.

¡Amigos… alabad conmigo a Dios!