Grech: la Iglesia es sinodal porque es una comunión

Entrevista con el Secretario del Sínodo: «La sinodalidad es la forma que realiza la participación de todo el Pueblo de Dios en la misión».

Incluso durante el periodo veraniego, los Dicasterios Vaticanos siguen prestando sus servicios. Pero hay un grupo de trabajo que desde algunas semanas esta en el ojo del huracán. Es aquella de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, llamada a elaborar el documento preparatorio y a ayudar a las Iglesias locales en un nuevo camino, que el Papa Francisco quiere que sea verdaderamente participativo desde abajo. Hablamos de ello con el Cardenal Mario Grech, Secretario del Sínodo.

Eminencia, ¿cómo van los trabajos preparatorios?
¡Para hacer un sínodo hay que ser un sínodo! Antes de la publicación del documento sobre el proceso sinodal, escuchamos a los Presidentes de todas las asambleas de las Conferencias Episcopales Continentales junto con el Presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos de América y el Presidente de la Conferencia Episcopal de Canadá. Luego, inmediatamente después de la publicación del documento, invitamos a los Presidentes de todas las Conferencias Episcopales, a sus consejos permanentes y a los Secretarios Generales a una conversación fraternal durante la cual tuvieron la oportunidad de comentar, hacer sugerencias y también formular preguntas. En total, celebramos ocho reuniones divididas por idiomas. Se celebraron otras dos reuniones de consulta con los Patriarcas de Oriente y con los Arzobispos Mayores. Además, aceptamos la invitación de las Conferencias Episcopales de Brasil, Burundi y las Antillas, que nos pidieron que nos reuniéramos con ellos específicamente».

¿Cómo fueron estos primeros encuentros?
Debo decir que ha sido un ejercicio de colegialidad episcopal muy apreciado y fructífero. Con este enfoque hemos querido transmitir el mensaje de que la participación sinodal de todos es importante incluso en esta fase de lanzamiento del proyecto. Hemos emprendido un enfoque similar con la Curia, mediante conversaciones con varios Dicasterios. Hemos creado cuatro comisiones para apoyar el trabajo previo al Sínodo: una para el estudio teológico, otra para ayudarnos a crecer como Iglesia en la espiritualidad de la comunión, una tercera para la metodología y, finalmente, una cuarta que se centrará en la comunicación.

¿Qué se puede decir sobre la situación de los trabajos a propósito del tema específico del próximo Sínodo?
Conozco el mar y sé que para un viaje largo en barco hay que prepararlo todo cuidadosamente. El cuidado que estamos poniendo en la redacción del documento preparatorio forma parte de esta cuidadosa preparación. Por supuesto, también hay que ponerse de acuerdo sobre el motivo del viaje. El Santo Padre ha asignado a la XVI Asamblea Ordinaria el tema de la sinodalidad. Ciertamente es un tema complejo, porque habla de comunión, participación y misión: pero son aspectos de la sinodalidad y de una «Iglesia constitutivamente sinodal», como dijo en su discurso con motivo del 50º aniversario de la institución del Sínodo. «Para una Iglesia sinodal»: es hacia eso debemos avanzar, o mejor dicho, hacia eso nos pide el Espíritu.

El Papa ha subrayado repetidamente la importancia de la sinodalidad. ¿Por qué?
Me gustaría despejar el campo de un malentendido. Muchos piensan que la sinodalidad es un «proyecto favorito» del Papa. Espero que ninguno de nosotros comparta esta opinión. En las diversas reuniones preparatorias quedó claro que la sinodalidad era la forma y el estilo de la Iglesia primitiva: el documento preparatorio lo pone claramente de manifiesto; y destaca cómo el Vaticano II, con el movimiento de «vuelta a las fuentes» – el Ressourcement –, quiso recuperar ese modelo de Iglesia, sin renunciar a ninguna de las grandes adquisiciones de la Iglesia del segundo milenio. Si queremos ser fieles a la Tradición – y el Concilio debe ser considerado como la etapa más reciente de la Tradición – debemos recorrer con valentía este camino de la Iglesia sinodal. La sinodalidad es la categoría que mejor engloba todos los temas del Concilio, que en el periodo postconciliar se han opuesto a menudo. Pienso sobre todo en la categoría eclesiológica de pueblo de Dios, que desgraciadamente se ha contrapuesto a la de la jerarquía, insistiendo en una Iglesia «desde abajo», democrática, e instrumentalizando la participación como reivindicación, no muy lejos de la de los sindicatos.

¿Qué riesgos, cree usted, que conlleva esta interpretación?
Esta interpretación asusta a muchos. Pero no hay que fijarse en las interpretaciones, sobre todo si quieren dividir: hay que fijarse en el Concilio, y en los logros que ha aportado, recomponiendo el aspecto meramente jurídico, jerárquico e institucional de la eclesiología con el aspecto más espiritual, teológico e histórico-salvífico. El pueblo de Dios del Vaticano II es el pueblo peregrino hacia el Reino. ¡Esa categoría permitió recuperar la totalidad del bautizado como sujeto activo en la vida de la Iglesia! Y no lo hizo negando la función de los pastores, o del Papa, sino colocándolos como principio de unidad de los bautizados: el Obispo en su Iglesia, el Papa en la Iglesia universal. La Iglesia es comunión, reafirmó el Sínodo de 1985, iniciando la conocida eclesiología de comunión. La Iglesia es constitutivamente sinodal, estamos llamados a decir «nosotros». Las dos afirmaciones no son contradictorias, sino que una completa a la otra: la Iglesia-comunión, si su sujeto – ¡y no puede tener otro! – el pueblo de Dios, es una Iglesia sinodal. Porque la sinodalidad es la forma que realiza la participación de todo el pueblo de Dios y de todos en el pueblo de Dios, cada uno según su condición y función, en la vida y misión de la Iglesia. Y lo consigue a través de la relación entre el sensus fidei del Pueblo de Dios – como forma de participación en la función profética de Cristo indicada en Lumen Gentium 12 – y la función de discernimiento de los pastores.

La centralidad del Pueblo de Dios parece a veces luchar por ser comprendida y compartida en la experiencia concreta. ¿Por qué?
Tal vez debamos confesar que tenemos una clara – y quizá incluso querida, en el sentido de que la afirmamos y defendemos de buen grado – función jerárquica y magisterial. No tanto la del sensus fidei. Pero para comprender su importancia basta con subrayar el tema del bautismo, y cómo el sacramento del renacimiento no sólo permite vivir en Cristo, sino que también injerta inmediatamente en la Iglesia, como miembros del cuerpo. El documento preparatorio subraya bien todo esto. Si sabemos reconocer el valor del sensus fidei y mover al pueblo de Dios a tomar conciencia de esta capacidad dada en el bautismo, habremos emprendido el verdadero camino de la sinodalidad. Porque habremos plantado no sólo la semilla de la comunión, sino también la de la participación. Por el bautismo, todos los bautizados participan en la función profética, sacerdotal y real de Cristo. Por eso, escuchando al pueblo de Dios – para eso está la consulta en las Iglesias particulares – sabemos que podemos oír lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Esto no significa que sea el pueblo de Dios el que determine el camino de la Iglesia. A la función profética de todo el pueblo de Dios (incluidos los pastores) corresponde la tarea de discernimiento de los pastores: de lo que dice el pueblo de Dios, los pastores deben captar lo que el Espíritu quiere decir a la Iglesia. Pero es a partir de la escucha del pueblo de Dios que debe comenzar el discernimiento.

Hay quienes dicen estar asustados por la cantidad de trabajo que el proceso sinodal supondrá para las Iglesias locales. ¿No temen el riesgo de complicar la vida ordinaria de la Iglesia?
En realidad, no se trata de un proceso que complique la vida de la Iglesia. Porque sin saber lo que el Espíritu dice a la Iglesia, podríamos estar actuando en el vacío e incluso, sin saberlo, en contra del Espíritu. Una vez redescubierta la dimensión «pneumatológica» de la Iglesia, no podemos dejar de adoptar el dinamismo del discernimiento profético, que subyace en el proceso sinodal. Esto es especialmente cierto cuando pensamos en el tercero de los términos implicados: la misión. El Sínodo de los Jóvenes habló de la sinodalidad misionera. La sinodalidad es para la misión, es escuchar cómo la Iglesia se hace a sí misma viviendo, testimoniando y llevando el Evangelio. Todos los términos propuestos por el título están vinculados: ¡se mantienen o caen juntos! Pidamos también convertirnos profundamente a la sinodalidad: significa convertirnos a Cristo y a su Espíritu, dejando la primacía a Dios.

ANDREA TORNIELLI
(Vatican News)

El Papa: Tras la pandemia, necesitamos nuevos ojos para mirar la realidad

Así lo dice Francisco en la entrevista realizada por Monseñor Dario Viganò y publicada en su último libro: «La mirada: puerta del corazón. El neorrealismo entre memoria y actualidad» (Effatà editorial). El Pontífice nos invita a redescubrir, a través del cine, la educación de la mirada pura y la importancia de preservar la memoria a través de las imágenes. Compartimos una síntesis de la entrevista realizada por el autor al Papa Francisco en la apertura del libro.

En su magisterio se refiere a menudo al cine: a veces le oímos mencionar tal o cual película. ¿De dónde viene esta particular relación con el cine?
Mi cultura cinematográfica se la debo sobre todo a mis padres. Cuando era niño, iba a menudo al cine local, donde proyectaban tres películas seguidas. Es uno de los mejores recuerdos de mi infancia: mis padres me enseñaron a disfrutar del arte en sus distintas formas. Los sábados, por ejemplo, mi madre, mis hermanos y yo escuchábamos las óperas que se emitían en Radio del Estado (ahora Radio Nacional). Nos hacía sentarnos junto al aparato y, antes de que empezara la emisión, nos contaba el argumento de la ópera. Cuando estaba a punto de comenzar algún aria importante, nos advertía: «Estén atentos, es una canción muy bonita». Era algo maravilloso. Luego estaban las películas en el cine, para las que mis padres aplicaban el mismo método: como hacían con las óperas, nos las explicaban para que nos orientáramos.

Y fue en este contexto donde nació su relación con el neorrealismo italiano…
Sí, entre las películas que mis padres querían que conociéramos estaban las del neorrealismo. Entre los diez y los doce años, creo que vi todas las películas con Anna Magnani y Aldo Fabrizi, incluida «Roma ciudad abierta», de Roberto Rossellini, que me gustó mucho. Para nosotros, los niños de Argentina, esas películas fueron muy importantes, porque nos hicieron comprender profundamente la gran tragedia de la guerra mundial. En Buenos Aires, conocimos la guerra sobre todo a través de los muchos migrantes que llegaron: italianos, polacos, alemanes… Sus historias nos abrieron los ojos a un drama que no conocíamos directamente, pero también fue gracias al cine que adquirimos una profunda conciencia de sus efectos.

Usted ha definido a menudo el cine neorrealista como una «catequesis de la humanidad» o una «escuela de humanismo». Son expresiones muy finas con las que atribuye un valor universal a esta cinematografía. ¿Dónde está la relevancia de estas películas?
Las películas del neorrealismo formaron nuestros corazones y aún pueden hacerlo. Diría más aún: esas películas nos enseñaron a mirar la realidad con otros ojos. Aprecio mucho que este libro recoja este aspecto fundamental: el valor universal de ese cine y su relevancia como herramienta importante para ayudarnos a renovar nuestra visión del mundo. ¡Qué necesidad tenemos hoy de aprender a mirar!

La difícil situación que vivimos, profundamente marcada por la pandemia, genera preocupación, miedo, desánimo: por eso necesitamos ojos capaces de atravesar la oscuridad de la noche, de levantar la mirada más allá del muro para otear el horizonte. Hoy es tan importante una catequesis de la mirada, una pedagogía para nuestros ojos que a menudo son incapaces de contemplar en medio de la oscuridad la «gran luz» (Is 9,1) que Jesús viene a traer. Una mística de nuestro tiempo, Simone Weil, escribe: «La compasión y la gratitud descienden de Dios, y cuando se dan a través de una mirada, Dios está presente en el punto en que las miradas se encuentran». Por ello, la reflexión sobre la mirada se abre a la trascendencia. Qué maravilloso sería redescubrir a través del cine la importancia de la educación en la mirada pura. Justo como ha hecho el neorrealismo.

Además de proporcionar una pedagogía de la mirada, el cine, en general, también tiene un gran valor social…
El cine fue y es un gran instrumento de agregación. Especialmente en la Italia de la posguerra, contribuyó de manera excepcional a la reconstrucción del tejido social con tantos momentos de agregación. Cuántas plazas, cuántos cines, cuántos oratorios, animados por personas que, al ver una película, trasladaron esperanzas y expectativas. Y a partir de ahí recomenzaban, con un suspiro de alivio, en las ansiedades y dificultades de la vida cotidiana.

También fue un momento educativo y formativo, para reconectar relaciones consumidas por las tragedias vividas. Incluso hoy, mirando más allá de las dificultades del momento, el cine puede mantener esta capacidad de agregación o, mejor aún, de construcción de comunidad. Sin comunión, la agregación carece de alma.

Pero, ¿cómo puede este cine enseñarnos a mirar?
El cine neorrealista es una mirada que provoca la conciencia. I bambini ci guardano (Los niños nos miran) es una película de 1943 de Vittorio De Sica que me gusta citar a menudo porque es muy hermosa y rica en significado. En muchas películas, la mirada neorrealista ha sido la mirada de los niños sobre el mundo: una mirada pura, capaz de captarlo todo, una mirada clara a través de la cual podemos identificar inmediata y claramente el bien y el mal. Recuerdo las palabras de mi hermano Jerónimo, arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda Grecia, a propósito de una de las realidades más duras de nuestro tiempo: «Quien ve los ojos de los niños que encontramos en los campos de refugiados es capaz de reconocer inmediatamente, en su totalidad, la ‘quiebra’ de la humanidad» (Discurso en el campo de refugiados de Moria, Lesbos, 16 de abril de 2016).

En muchas ocasiones y en muchos países diferentes, mis ojos se han encontrado con los de niños, pobres y ricos, sanos y enfermos, alegres y sufrientes. Ser mirado a través de los ojos de los niños es una experiencia que todos conocemos, que nos llega a lo más profundo del corazón y nos obliga a hacer un examen de conciencia. El cine neorrealista ha universalizado esta mirada de los niños: su mirada, que es mucho más que un simple punto de vista, nos interroga aún más hoy, cuando la pandemia parece multiplicar las bancarrotas de la humanidad.

El neorrealismo también puede verse como un gran proceso de construcción de una memoria colectiva, que de otro modo habría quedado enterrada en los escombros de la guerra. ¿Qué valor tiene para usted el cine en la dinámica entre historia y memoria? ¿Y qué importancia tiene conservar esta «memoria a través de las imágenes»?
Es una cuestión decisiva para el futuro. En mi experiencia como pastor, he recurrido varias veces a la «memoria en imágenes»: en Amoris laetitia, me refiero a la película El festín de Babette [en el nº 129, ed], de Gabriel Axel (1987), para explicar la importancia de la «alegría que produce el deleite de los demás»; en Fratelli tutti hay tres referencias [en el nº 48-203-281, ed] a la película Papa Francisco – Un hombre de palabra, de Wim Wenders (2018). El cine enseña a crear y conservar la memoria, a través de una mirada capaz de traducir y descifrar el mensaje. Pienso también en la densidad de la memoria que las imágenes de la «Statio Orbis» del 27 de marzo de 2020 han sedimentado en el corazón de muchas personas.

En este sentido, también para la Iglesia, la dinámica historia-memoria encuentra un importante punto de referencia en el cine. Veamos el neorrealismo: el arte del cine consiguió iluminar la trama de los hechos para revelar su significado profundo. Esta es otra razón por la que es importante volver a esas películas no con nostalgia, sino con un compromiso con el futuro.

Hacer más por parte de la Iglesia significa, en primer lugar, no dispersar el patrimonio de fuentes audiovisuales, o tal vez poder prever algo que se sitúe al lado de las grandes instituciones vaticanas del Archivo y la Biblioteca Apostólica…
Pienso en una institución que funcione como un Archivo Central para la conservación permanente, ordenada según criterios científicos, de los fondos audiovisuales históricos de los organismos de la Santa Sede y de la Iglesia universal. Podríamos llamarla Medioteca, junto al Archivo y la Biblioteca, para la recogida y custodia del patrimonio de fuentes históricas audiovisuales de alto nivel religioso, artístico y humano.

Monseñor Dario Viganò (Vatican News)

Entrevista al P. Suárez: construir una patria donde todos los cubanos podamos aportar

El sacerdote Ariel Suárez, Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Cubana, responde a las preguntas formuladas por Vatican News sobre el momento actual que vive la isla de Cuba.

Ciudad del Vaticano, 15 de julio 2021.- Primeras concesiones del gobierno cubano. Tras las fuertes protestas callejeras de los últimos días, con enfrentamientos y detenciones, el gobierno intenta frenar la ira de la población permitiendo la entrada libre de productos de primera necesidad en la isla. La disposición entrará en vigor el próximo lunes y será válida hasta el 31 de diciembre de 2021, según anunció el presidente del Gobierno, Manuel Marrero.

La entrevista al padre Ariel Suárez describe la tensa situación actual en Cuba: » construir una Patria donde todos los cubanos sintamos que podamos aportar, incluso y a partir de nuestras diferencias”.

El padre Ariel Suárez expresa sus impresiones sobre lo que se vive en la isla desde el pasado domingo, cuando se dieron manifestaciones que mostraban el descontento de una parte de la población en cuanto a la situación económica y social, que se ha visto agravada por la pandemia.
AS: El domingo se sucedieron en algunos pueblos y ciudades del país diversas manifestaciones públicas para expresar insatisfacción y pesar por la situación económica y social que se ha ido agravando en los últimos tiempos en nuestro país, por la pandemia de la Covid 19 y factores internos y externos que han hecho cada vez más dura la vida del pueblo cubano. Esta situación tan prolongada como triste ha estado reclamando, desde hace mucho tiempo, porque se produzcan cambios que ofrezcan a nuestro pueblo una vida más digna, próspera y feliz.

Algunas de esas manifestaciones tuvieron desenlaces lamentables por enfrentamientos entre los grupos de cubanos que se manifestaban y las autoridades policiales y otros grupos de cubanos que se sintieron autorizados a confrontarlos con violencia. Incluso en algunos lugares se vivieron actos de destrucción de negocios y tiendas. Creo que hubiera sido muy importante desde el primer instante, por parte de las máximas autoridades del país, un llamamiento claro al diálogo, a la escucha recíproca entre todos los cubanos y al rechazo de toda violencia como método para solucionar los problemas de la nación.

Esa ausencia ha generado en los días sucesivos al domingo mucha angustia y tristeza en gran parte del pueblo, pues no se percibe un espíritu de sanación de lo ocurrido y de mirada esperanzadora hacia un futuro aglutinador de todos los cubanos, sino más incertidumbre y dolor, pues se han ido produciendo detenciones de personas, aumentando así las heridas en la familia cubana. Al mismo tiempo, es alentador que otras voces con influjo dentro de la sociedad como líderes religiosos, artistas e intelectuales, han venido cada vez más insistiendo en el respeto de todas las personas, y han manifestado públicamente su deseo y compromiso para construir una Patria donde todos los cubanos sintamos que podamos aportar, incluso y a partir de nuestras diferencias.

Los obispos en el comunicado difundido hace dos días llamaban al diálogo, a no endurecer posiciones y a buscar soluciones concretas a los problemas que viven los ciudadanos. ¿Qué acciones se pueden impulsar como Iglesia y como ciudadanos para hacer posible los contenidos de ese llamado?
AS: El comunicado de los Obispos cubanos, al estar dirigido a todos los cubanos de buena voluntad, no usa un lenguaje teológico, pero es la Revelación cristiana la base y la fuente inspiradora que lo sustenta. De ahí que, para cualquier mejora de la vida social y económica en Cuba, hay que comenzar por un cambio de mentalidad, de actitudes, que es lo que podría generar el cambio en las acciones y gestos. Eso es a lo que invita el documento episcopal, básicamente. Y para esto, la Iglesia desde los inicios, no cuenta con otra fuerza que la del Espíritu Santo, que es el que cambia los corazones. Por eso, al contestar a su pregunta, casi que me siento interpelado para pedirme a mí y a toda la Iglesia, ponernos en oración y pedirle al Espíritu del Señor que cambie nuestros corazones. Y nos haga capaces de reconocer a cada cubano como hermano y hermana. Y nos conceda la audacia y la valentía de buscar juntos las soluciones que necesitamos, sin desacreditarnos ni excluirnos por tener posiciones y puntos de vista diversos.

En este empeño, obviamente, las autoridades del país, tienen una responsabilidad no menor. Pero igualmente algunos grupos dentro de la sociedad que tienen otros modos de concebir el modelo de Nación que les gustaría. Me duele que se consideren adversarios irreconciliables y que, en la práctica, sea imposible cualquier diálogo entre ellos, porque todos consideran que no tienen nada que hablar con los otros, sino solamente eliminarse recíprocamente. Esto es un empobrecimiento y una enfermedad del alma de un pueblo. Y solamente el Espíritu Santo puede sanar una herida tan profunda y grave.

La Iglesia no puede cansarse de recordar que necesitamos un pueblo sano y reconciliado por el amor, aunque este lenguaje sea criticado o incomprendido por aquellos que prefieran la confrontación, o les convenga para sus intereses de parte. Pero es importante destacar que Cuba es más grande que todas sus partes y que ninguna parte debe hablar y actuar por la totalidad. Y no creo equivocarme si le dijera que aquí estoy bebiendo del Magisterio del Papa Francisco en «La Alegría del Evangelio» y en «Fratelli tutti». Y también de los padres fundadores de nuestra cultura como el padre Félix Varela y José Martí.

¿Cómo vive la población las expresiones de violencia y la muerte de un ciudadano en particular?
El pueblo cubano es naturalmente afectuoso y amistoso. La violencia y la muerte de cualquier compatriota nos entristece profundamente. También de los que han fallecido víctimas de la Covid 19 y de aquellos que se han contagiado por cuidarlos y tratar de ofrecerles alivio y salud, entre los que ha habido algunos miembros del personal sanitario. Estoy convencido de que todos anhelamos vivir en paz y poder estar contentos y felices en nuestra tierra. No se olvide que la patrona de Cuba, tan amada por los cubanos, es la Virgen de la Caridad, que significa Virgen del Amor. Cuando falta el amor entre nosotros, no somos hijos de nuestra Madre, no somos hermanos. Y justo lo que deseamos es vivir como hermanos. Es lo que pedimos en el estribillo del canto más popular a la Virgen de la Caridad: «todos tus hijos, a ti clamamos. Virgen Mambisa, ¡que seamos hermanos!»

Imagen: Cuba (Foto: AFP)

La Iglesia eslovaca espera al Papa: alentará nuestra fe

Tras la confirmación de la visita de Francisco a Bratislava y otras tres ciudades eslovacas, del 12 al 15 de septiembre, habla el portavoz de los obispos locales, el padre Kramara. «Es una gran alegría, viene a animar nuestra fe debilitada por el consumismo y el individualismo». En el Santuario Mariano de Šaštin el Papa participará en la peregrinación nacional que los eslovacos defendieron con ahínco durante el comunismo.

Ciudad del Vaticano, 9 de julio 2021.- El domingo 4 de julio, al final del Ángelus, el Papa Francisco confirmó lo que ya había anticipado en marzo durante el viaje que le trajo de vuelta a Roma desde Iraq: del 12 al 15 de septiembre visitará Eslovaquia. El Papa explicó que el día 12 por la mañana, antes de ir a Bratislava, estará en Budapest, Hungría, para concelebrar la misa de clausura del Congreso Eucarístico Internacional y luego, a partir de la tarde, pasará tres días en la joven república de Europa Central y Oriental. El anunciado por Francisco será el segundo viaje apostólico en 2021 y la cuarta visita de un Pontífice a Eslovaquia después de los tres viajes de Juan Pablo II, que fue a Bratislava en 1990 y luego visitó la República Eslovaca independiente en 1995 y 2003. Don Martin Kramara, portavoz de la Conferencia Episcopal Eslovaca, habló con Radio Vaticano sobre las reacciones a esta confirmación y las expectativas de la Iglesia eslovaca ante el viaje.

Debo decir que todos estábamos ya entusiasmados cuando escuchamos las palabras del Santo Padre en el vuelo de regreso de Iraq, cuando habló de una posible visita a Bratislava. Ya estábamos muy contentos entonces, pero cuando recibimos la confirmación, en el Ángelus del 4 de julio, fue un momento realmente entusiasmante… Estaba comentando las palabras del Papa para nuestra televisión católica y debo decir que estaba tan emocionado que no podía traducir… Luego, las reacciones de la presidenta de la República, la señora Zuzana Čaputová, que inmediatamente expresó su gran alegría, porque el Estado eslovaco también se prepara para recibir al Papa con gran felicidad. Pero el presidente de la Conferencia Episcopal Eslovaca, monseñor Stanislav Zvolenský, también reaccionó inmediatamente, diciendo que para toda la Iglesia es un momento extraordinario. Naturalmente, es un anuncio que trae a la memoria las visitas de San Juan Pablo II, que fueron un gran estímulo para todo el país. Con la misma alegría recibiremos hoy al Santo Padre Francisco, no vemos la hora.

¿Esperaban la visita de Francisco?
Como es sabido, somos un país con un territorio pequeño y sólo en 1993 nos separamos, de forma pacífica, de Checoslovaquia y la República Checa. Luego, con el tiempo, se creó nuestra Conferencia Episcopal y tuvimos una organización eclesial autónoma como Eslovaquia. Podría decir que precisamente por ser un país pequeño no esperábamos este anuncio. En varias ocasiones, de hecho, nuestros obispos habían invitado al Santo Padre y a menudo nuestros fieles nos preguntaban cuándo vendría el Papa Francisco. Pero les contestamos que el Papa tenía otras cosas que hacer, muchos compromisos más importantes que nosotros que afrontar. Les dijimos que no podíamos esperar demasiado su visita. Por eso, cuando el Santo Padre anunció el viaje fue realmente una gran sorpresa, una gran alegría, porque realmente necesitamos aliento para nuestra fe.

¿Cuáles son los principales desafíos de la Iglesia eslovaca en la actualidad?
Uno de los grandes desafíos que tenemos que afrontar, tras la caída del comunismo, es naturalmente la secularización. El período de persecuciones, sufrido durante cuarenta años de comunismo, en el que la Iglesia estuvo sometida a una gran presión, ya es lejano. Para nosotros fue un momento muy difícil, pero al mismo tiempo la gente sintió una fuerte necesidad de permanecer fiel al Evangelio y al Santo Padre, de combatir por su fe. Hoy que, paradójicamente, por fin hay libertad y nos estamos enriqueciendo desde el punto de vista material, en cierto sentido es más difícil explicar a los jóvenes por qué es importante mantener nuestras raíces, mantener nuestra fe, vivir según la fe, sin correr sólo detrás de las cosas materiales y, por tanto, no tener el consumismo como prioridad. Así que el primer reto para nosotros es precisamente la secularización y el consumismo.

Tenemos una gran necesidad de ser alentados en la fe. Luego está el desafío del individualismo, la tendencia a olvidar a los débiles. Por desgracia, cuando mejoramos nuestras condiciones económicas se tiende a olvidar a los débiles, a los que se quedan atrás. Se trata de una advertencia importante y oportuna que el Santo Padre repite muchas veces: no debemos olvidar a los que quedan atrás. Aunque nos encontremos en una situación de desarrollo, debemos tratar de mirar a nuestro hermano y hermana que están en dificultades, y este es también el mensaje de Fratelli tutti. Por supuesto, siempre traducimos al eslovaco las encíclicas, las exhortaciones y todos los documentos del Pontífice y tratamos de distribuirlos y hablar de ellos con la gente. Pero una cosa es hablar de un documento y otra muy distinta es la llegada del Papa en persona que nos hablará cara a cara. Así que, también en este sentido, esperamos un aliento para nuestra fe, por el bien común, para no olvidar a los que se han quedado atrás.

Según se ha anunciado, el Papa visitará no sólo Bratislava, sino también otras tres ciudades…
Naturalmente, la visita comenzará desde Bratislava, que es la capital, pero también la sede de nuestra metrópoli occidental. Porque en Eslovaquia hay dos metrópolis católicas latinas: la de Bratislava y la oriental de Košice. Así que este será el segundo lugar de la visita del Santo Padre. Luego está la metrópoli bizantina, o greco-católica, como la llamamos nosotros, que está en Prešov y que será el tercer lugar visitado por el Papa, que viene a encontrarse no sólo con los latinos sino también con los bizantinos.

Pero después de Bratislava, Košice y Prešov, Francisco visitará un santuario muy importante para nosotros: el de Šaštin, en la parte occidental de Eslovaquia, donde cada año, el 15 de septiembre, tiene lugar la gran peregrinación nacional con motivo de la fiesta de la Virgen de los Dolores. De hecho, cuando nuestros obispos se enteraron de que el Papa vendría después del Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, que se clausura el 12 de septiembre, esperaban realmente que pudiera participar en esta peregrinación tan importante para nosotros, y Francisco aceptó. En esta ocasión los eslovacos van a rezar a la Virgen de los Siete Dolores, como la llamamos, y es una peregrinación muy importante que la Iglesia eslovaca llevó a cabo con valentía incluso durante el comunismo, a pesar de que el régimen totalitario estaba muy en contra e intentó cancelarla, como canceló todas las órdenes religiosas, pero sin conseguirlo. La peregrinación anual a Šaštin se mantiene hoy en día y se hará el próximo 15 de septiembre, cuando también participará el Papa Francisco.

Fabio Colagrande (Vatican News)
Imagen: Bratislava, capital de Eslovaquia

Entrevista a Carlos Ballbé: «He visto a Dios en el hockey»

8 de Julio de 202.- Exjugador profesional de hockey –incluso participó en los Juegos Olímpicos de Londres–, periodista y sacerdote, Litus, como todos lo conocen, será el coordinador de la recién impulsada Pastoral del Deporte en la Conferencia Episcopal Española.

¿Cómo acaba un deportista de élite siendo sacerdote?
Siempre he sido creyente. Incoherente, pero fe he tenido. Al terminar el colegio quería ser reportero de guerra. En ese momento, mi vida era el deporte y el periodismo. Pero a raíz de la muerte de mi abuela me tomé las cosas más en serio. Y con ese cambio me empezaron a ir muy bien las cosas. Llegué con mi club, el Atlètic Terrassa, a la final de la Copa de Europa, que perdimos, y me llamó la Selección Española para preparar los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín. Era 2007 y tenía 22 años.

No podía pedir más…
Ese verano, antes de concentrarme con la selección, me fui a Mallorca a descansar. Cogí la mononucleosis y estuve tres semanas en cama. Ya no podía reengancharme al equipo. Sentía un gran vacío a pesar de tener todo lo que quería en mi vida. No sabía qué me pasaba. Hablé con un sacerdote y me propuso peregrinar a Medjugorje. Ya había ido dos veces y no me apetecía mucho. Pero, al final, fui la tercera semana de agosto de 2007. En una de las adoraciones –yo no era de rezar mucho–, me quedé aparte y ahí se fue recolocando todo. Contaba mis planes a Dios y, al mismo tiempo, me daba cuenta de que no me llenaban. Y sentí una llamada a entregarme al Señor, aunque no pensaba en el sacerdocio.

¿Qué pasó a la vuelta?
Hablé de nuevo con el cura y le planteé que quería despejar la incógnita, pero que no quería entrar en un seminario. Me propuso irme a una casa en Pamplona para gente que se lo está pensando y estuve allí un año. Sí me pidió que no dejase el hockey. «Si Dios te ha encontrado en el hockey, Dios está en el hockey. No lo abandones», me dijo. Además, si tenía tan claro que no iba a ser sacerdote, no había por qué tirar la carrera. Jugué mientras en un equipo en San Sebastián.

Y entras en el seminario, pero no dejas el hockey.
Me llamaron de mi club de Tarrasa y me dijeron que lo que estaba haciendo en Pamplona lo podía continuar en Barcelona. El único motivo por el que entré en el seminario fue porque podía seguir jugando al hockey con mi club y mis amigos. El hockey ha salvado mi vocación, he visto a Dios en el hockey. Todo lo que he conseguido ha sido gracias al seminario y al club, porque me permitieron compaginarlo. La idea era hacer cuatro años y dejarlo los dos últimos cursos.

Pero…
En 2011, la selección española me dio la opción de optar a una plaza para los Juegos Olímpicos de Londres. Ese año viví fuera del seminario –teníamos viajes– y estudié Teología a distancia. Fue uno de los mejores de mi vida, pues pude combinar mi pasión, el hockey, con lo que da sentido a mi vida, Dios. Lo único que pedí fue poder ir a Misa los sábados por la tarde o los domingos. Y lo hice.

¿Cómo vive un seminarista los Juegos Olímpicos?
Lo disfruté mucho. Había una zona con espacio para las distintas religiones. Pude estar en unos Juegos Olímpicos, comulgar cada día y conocer a católicos y creyentes de otras confesiones

Creo que le costó contar a sus amigos que daba el paso al sacerdocio, ¿no?
No me costó, sino que no me atreví. Les envié un correo electrónico. Les decía que no podía contárselo a la cara porque tenía miedo a que me rechazaran o que no lo entendieran. Y fue todo lo contrario.

¿Se puede evangelizar con el deporte?
Nadie puede decir que no. Yo lo he vivido, Dios me ha encontrado en el hockey. Se puede educar a las personas y si el chaval se lo pasa bien, disfruta y aprende, es mucho más fácil hablarle de Dios.

Además de deportista y sacerdote, también es periodista. Y en su foto de perfil de WhatsApp tiene a Miguel Gil, reportero asesinado en el año 2000 en Sierra Leona. ¿Por qué?
Toda la vida he querido ser periodista, pero deportivo. Estudié en el colegio Viaró y Miguel había hecho los dos últimos cursos allí. Cuando falleció yo estaba en el centro. Al año, un sacerdote le dijo a mi madre que como quería ser periodista tenía que leer Los ojos de la guerra [se relata su muerte]. Cuando lo leí, me dije que quería ser como él.

¿Conoce a la familia?
Hace dos años, a través de un amigo, me puse en contacto con su madre, y nos vemos de vez en cuando. Hace unos días y le dije que me iba a África a hacer de Miguel Gil.

¿África?
Me voy tres semanas a República Centroafricana con Juan José Aguirre, obispo de Bangassou. Voy a ayudar y, si puedo, haré un reportaje con el móvil.

Apuesta vaticana

La Santa Sede trabaja en la Pastoral del Deporte desde 2004, cuando Juan Pablo II creó la sección Iglesia y Deporte, ahora dentro del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que dirige el español Santiago Pérez de Camino. Desde entonces, se ha publicado el documento Dar lo mejor de uno mismo –que ofrece líneas de actuación para conferencias episcopales, diócesis, movimientos…– y creado Athletica Vaticana. «El deporte es un medio de preevangelización. Tenemos que lograr que en las Iglesias locales no se pierda de vista», afirma Pérez de Camino.

Fran Otero (Alfa y Omega)
Imagen: ‘Litus’, como lo conoce todo el mundo,
está al frente del nuevo departamento de Pastoral del Deporte de la CEE.
(Foto cedida por Carlos Ballbé)

Entrevista a Joseba Segura: «Ser cura rural es lo más evangélico que he hecho en mi vida»

4 de Julio de 2021.- Tras una amplia trayectoria, doce años como misionero incluidos, el nuevo obispo de Bilbao asume el cargo con el reto de favorecer la experiencia de Dios entre la gente.

Iba a estudiar Economía, pero se cruzó la vocación.
Había decidido estudiar Economía en La Comercial de Deusto, pero en el curso de COU vino a dar su testimonio el entonces rector del seminario, Juan María Uriarte. Al final, preguntó si había alguno dispuesto a pensarse entrar en el seminario. Algunos levantamos la mano. Tras dos meses de discernimiento, entré.

Al final, realizó un posgraduado en Economía, pero en Estados Unidos.
Con 30 y pico años tuve que competir con chavales ya graduados. Estuve muchos meses estudiando matemáticas para economistas y me preguntaba qué hacía yo allí.

¿Y qué hizo a la vuelta?
Tuve la oportunidad de crear un banco, Fiare, que empezó en Bilbao. Lo arranqué visitando comunidades religiosas y pidiendo 3.000 euros a cada una para tener un capital básico. Convencí a diez y lo lanzamos. No quería que fuera un banco de la Iglesia, sino proponer la idea subsidiariamente. Luego, ante la imposibilidad de conseguir licencia bancaria, se llegó a un acuerdo con Banca Popolare Etica y funcionamos con la suya. No hay otra entidad que ofrezca el mismo tipo de servicio y la transparencia completa en sus inversiones.

¿Por qué el interés por las finanzas?
En la Iglesia, en el tema financiero, había un agujero enorme. Hablamos de condiciones laborales justas, pero seguíamos invirtiendo el dinero donde lo hacían todos los demás y sin hacernos ninguna pregunta. Era un mundo donde la doctrina social de la Iglesia no estaba aterrizada. Fiare es una cosa pequeña, diferente, y que muestra que se pueden hacer las cosas de manera distinta.

En 2005 se fue a Ecuador. ¿Siempre había querido ser misionero?
En la Iglesia del País Vasco ha habido una conciencia muy fuerte con las misiones y, de hecho, se le encargaron varios territorios, entre ellos una zona de Ecuador. Fueron los obispos ecuatorianos, tras dar una charla allí, los que pidieron que fuera para desarrollar la Cáritas nacional. Y dije que sí.

¿Cómo fue la experiencia pastoral?
Siempre tuve una parroquia y, de hecho, creamos una nueva en el norte de Quito. También estuve en Riobamba, donde me tocó dirigir un hospital que pertenecía a la diócesis. Allí, fue la primera y única vez en mi vida que he sido cura en una zona rural. Había una parroquia central y varias comunidades pequeñas, a las que podía tardar en llegar unas cuatro horas. Iba con una mochila, limpiaba un pupitre de la escuelita que convertía en altar, y celebraba la Eucaristía. Es lo más evangélico que he hecho en mi vida. Todo lo que ha venido después, los oropeles y el obispado, será un servicio muy importante, pero donde yo he tenido la certeza de que estaba el Evangelio puro era allí.

De vuelta a Bilbao y a la actualidad. ¿Cuál es el reto principal de la Iglesia?
Esta Iglesia tiene una profunda tradición de compromiso social. Eso está asegurado. El reto es la experiencia de Dios. Si no hay experiencia de Dios, si no hay comunidad que ora, no va a haber nada. El gran interrogante es qué vamos a ser capaces de sembrar en un momento en el que esa experiencia y la oración están en profunda crisis.

¿Cómo llegar a los jóvenes?
Hay un cambio cultural tan grande que tenemos una dificultad en transmitir la riqueza del Evangelio a los jóvenes. Hay que hacer todo lo que se pueda para experimentar con flexibilidad y que puedan recibir lo mismo que nosotros.

Todavía está muy presente el dolor generado por ETA. ¿Qué queda por hacer en materia de reconciliación?
Es muy difícil de justificar el sufrimiento que ETA generó al utilizar la violencia. Como parte de nuestra historia, tiene que ser una memoria viva, una memoria que no podemos olvidar por respeto a las personas que fallecieron y a las familias. La tarea de reconciliación sigue siendo viva y difícil. Algunos consideran con razón que, en algunos momentos, la Iglesia no estuvo a la altura de las circunstancias a la hora de denunciar. Sin embargo, hay muchas iniciativas, como Gesto por la Paz, que surgieron de matriz eclesial, y tuvimos que aguantar insultos del otro lado en manifestaciones cuando mucha gente todavía no tenía conciencia. La historia de la Iglesia es, en este sentido, bastante compleja y las versiones simplistas son injustas.

¿Cuál debe ser su papel ahora?
En la medida que somos presencia social significativa, tenemos que seguir apostando por el diálogo, por el respeto al sufrimiento de las personas, por la posibilidad de encuentros restaurativos y por acercarnos a las familias de las víctimas.

Bio
• Nació en Bilbao el 10 de mayo de 1958
• Fue ordenado sacerdote el 4 de enero de 1985
• Entre 1992 y 1996 realizó un Máster en Economía en el Boston College
• Entre 2006 y 2017 estuvo en Ecuador como misionero
• El 12 de febrero de 2019 fue nombrado obispo auxiliar de Bilbao y ordenado ese mismo año
• Este año, el 11 de mayo, el Papa lo designó obispo de Bilbao

Fran Otero (Alfa y Omega)
Imagen: A su vuelta de Ecuador, en 2017, Joseba Segura se compró una bici eléctrica para moverse por Bilbao.
(Foto: Diócesis de Bilbao)

Entrevista a Laura Moreno: «La JMJ dejó en Madrid una Iglesia capaz de movilizarse en pos de una propuesta de encuentro y de misión»

El próximo mes de agosto se celebra el décimo aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011. En este contexto, la Delegación de Jóvenes de la diócesis ha organizado una serie de actos conmemorativos que arrancaron este miércoles, 23 de junio, con el encuentro Seguimos firmes en la fe. Memoria y envío. Laura Moreno, delegada episcopal de Jóvenes, explica qué supuso la JMJ de hace diez años y cómo se preparan los jóvenes de la diócesis para la JMJ Lisboa 2023.

¿Dónde estaba usted en la JMJ 2011?
Formaba parte del equipo de dirección del colegio mayor Padre Poveda, que había sido puesto a disposición de la organización de la JMJ de Madrid. Se dispuso que acogiéramos a unos 40 obispos de distintas diócesis del mundo y fue una muy buena experiencia. Organizamos también una performance sobre san Pedro Poveda como parte de los actos previos a los propios días de la JMJ.

¿Qué recuerda de aquella experiencia? ¿Cómo le alcanzó Benedicto XVI?
Son muchos los recuerdos y muy vivos. Como toda Jornada Mundial de la Juventud, fue un acontecimiento que desborda los márgenes de lo ordinario, todo se vuelve exuberante, y es precisamente en esos márgenes donde la fuerza de una Iglesia joven, en su expresión de catolicidad y alegría, deja huella. Recuerdo las calles de Madrid invadidas por una multitud de jóvenes alegres, que transmitían un mensaje de paz, de convivencia y de acogida.

Guardo gratitud al Papa Benedicto XVI por haber mantenido las JMJ iniciadas por san Juan Pablo II. Supo acercarse a los jóvenes con mensajes significativos. Recuerdo su ternura con enfermos y discapacitados en el Instituto San José y algunas de sus palabras que siguen siendo muy actuales, sobre todo en este momento de pandemia y ante leyes que priman la muerte en lugar de la vida: «Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado, también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana».

¿Qué huella cree que dejó la JMJ en Madrid?
La de una Iglesia capaz de acoger con generosidad y de movilizarse en pos de una propuesta de encuentro y de misión. Y la experiencia para muchos jóvenes que sintieron sus vidas marcadas por el encuentro con Dios en ese contexto.

¿Y en la pastoral juvenil?
Un acontecimiento que desborda como una JMJ deja muchos frutos en la vida de las personas, confirma vocaciones a un seguimiento mayor de Jesucristo, incluso en el ministerio sacerdotal, religioso o de compromiso laical. Creo que esa es la huella principal en la pastoral con jóvenes.

Esta semana han organizado un acto conmemorativo, ¿cómo se ha vivido?
Con gratitud por el reencuentro entre algunas personas que formaron parte de la organización de la JMJ de Madrid y con la mente y el corazón puestos en seguir apostando por procesos pastorales que favorezcan que la fe arraigue en la vida de muchos jóvenes. Por eso elegimos como lema de este primer encuentro Seguimos firmes en la fe. Memoria y envío. La Iglesia mira al pasado con conciencia de presente y de futuro.

¿Qué más actividades hay previstas para estos próximos meses?
En los días en los que tuvo lugar la JMJ de Madrid en 2011, del 15 al 21 de agosto, realizaremos una campaña en redes sociales compartiendo testimonios. Se está realizando un libro que mostrará la huella que dejó en la vida de algunas personas; se presentará a finales del mes de septiembre, con una intervención del Coro y orquesta de la JMJ. El 1 de octubre, en la explanada de la catedral de la Almudena, se invitará a que los jóvenes de la archidiócesis inicien el camino hacia Lisboa, sede la próxima JMJ, haciendo peregrinar una réplica de la cruz de las JMJ por las ocho vicarías.

El acto fue también de envío, ¿cómo va la preparación de Lisboa?
Exactamente, el cardenal Carlos Osoro envió a un grupo de jóvenes presentes a que iniciaran el camino de preparación hacia la JMJ de Lisboa en 2023. El 1 de octubre, en la cita mensual del arzobispo con los jóvenes, daremos inicio a un proceso pastoral, con claves formativas, espirituales y de compromiso, que será ofrecido a las comunidades parroquiales, movimientos, asociaciones y colegios con el lema Joven, levántate, ponte en camino, que conecta con la invitación al Camino de Santiago y Encuentro Europeo de Jóvenes en el verano de 2022 y posteriormente Lisboa. Incluye el impulso que significa el jubileo de san Ignacio y su experiencia de conversión.

Infomadrid / R. Pinedo

Emmanuel: estos tiempos no son muy diferentes a aquellos de los primeros cristianos

Entrevista con el Metropolitano de Calcedonia, jefe de la delegación del Patriarcado de Constantinopla para la celebración de los Santos Pedro y Pablo: «Anunciar el Evangelio en el mundo no es una cuestión de estrategia. Me temo que estamos pensando más en la supervivencia del cristianismo que en compartir la buena noticia de Cristo resucitado».

Ciudad del Vaticano, 28 de junio 2021.- «Me temo que estamos pensando más en la supervivencia del cristianismo que en compartir la buena noticia de Cristo resucitado». El Metropolitano Emmanuel dejó Francia hace unos meses para asumir la titularidad de la Iglesia de Calcedonia, convirtiéndose en el número dos de la jerarquía del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla. Es el enviado del Patriarca Bartolomé a la celebración de los Santos Pedro y Pablo.
En esta entrevista con los medios de comunicación del Vaticano hace un balance del camino ecuménico, reflexiona sobre las últimas encíclicas del Papa Francisco y sobre el tema de la evangelización recuerda: «El problema no es la globalización, sino nuestra relación con el mundo.

«Eminencia, en diferentes partes del mundo las Iglesias luchan por anunciar el Evangelio y transmitir la fe. ¿Qué respuestas debemos dar a los retos del mundo globalizado?
Anunciar el Evangelio en el mundo no es una cuestión de estrategia. Me temo que estamos pensando más en la supervivencia del cristianismo que en compartir la buena noticia de Cristo resucitado. De hecho, vemos cómo la posmodernidad desafía sistemáticamente toda forma de institución. Nuestras Iglesias no son inmunes a esta dimensión de la secularización contemporánea. Este fenómeno de desencanto es real y toca el corazón mismo de nuestra misión como cristianos, como nos invita Cristo: «Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,18-20).

Esta conclusión del Evangelio según el Santo Apóstol Mateo subraya claramente cómo transmitir la fe en Cristo a los que tienen dudas. Cristo es el alfa y el omega de nuestra misión. Está presente al mismo tiempo en el camino a través del cual se transmite la fe, y al final de este viaje espiritual. Por tanto, no hay otra respuesta que revestirse de Cristo (Rm 13,14), es decir, vivir en lo más íntimo del corazón el misterio de la muerte y resurrección del Señor antes de ofrecerlo y consagrarlo para la vida del mundo. Sí, en algunas partes del mundo los cristianos son perseguidos por su fe.

Sí, en algunas partes del mundo la secularización está marginando al cristianismo. Pero nada de lo que estamos viviendo hoy es significativamente diferente de lo que las primeras comunidades cristianas tuvieron que pasar durante trescientos años de persecución activa. Revisar la literatura de aquella época es de gran importancia para nosotros hoy. El problema no es la globalización, sino nuestra relación con el mundo. «Estar en el mundo, sin ser del mundo», como nos invita el texto de la Carta a Diogneto.

Dos recientes documentos magisteriales del Obispo de Roma han abierto posibilidades de encuentro y confrontación con otras religiones y no creyentes sobre temas importantes para nuestro futuro: ¿cómo pueden la encíclica Laudato si’ y la encíclica Fratelli tutti ayudar a los cristianos a preparar un futuro mejor?
Veo en los dos documentos que usted cita una gran oportunidad de diálogo y acercamiento. Pero me gustaría destacar aquí la importancia de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé, tanto en lo que respecta a la protección del medio ambiente como a ese espíritu de solidaridad que nos anima a todos como cristianos. De hecho, durante sus 30 años de pontificado al frente del Patriarcado Ecuménico, el Patriarca Ecuménico subrayó repetidamente la interdependencia entre la preservación de la naturaleza y el cuidado de los demás.

Esta lectura espiritual del mundo desmonta nuestras certezas y nos hace conscientes de la responsabilidad de los cristianos de acoger con gratitud el mundo, su creación y a quienes lo componen. A él le debemos esta síntesis casi sacramental. Toda la creación se convierte en un sacramento, un misterio en el que se revela la presencia salvadora de Dios, que sólo puede realizarse en un gesto de sacrificio, ofreciendo a Dios lo que Dios nos ha ofrecido.

El Patriarca Ecuménico Bartolomé ha declarado a este respecto: «El respeto y el cuidado de la creación son parte integrante de nuestra fe, la base de nuestra vida en la Iglesia y como Iglesia». Por lo tanto, veo en estos dos textos del Papa Francisco una oportunidad para el diálogo, pero sobre todo para la cooperación ecuménica. La unidad de los cristianos consiste en proteger el medio ambiente y cuidar de los demás.

Usted tiene una gran experiencia en el diálogo interreligioso, especialmente entre cristianos y musulmanes. ¿Qué pasos hay que dar para un mayor entendimiento mutuo frente al fundamentalismo y el mal uso de la religión para justificar el odio y la violencia?
La cuestión del fundamentalismo y el extremismo religioso no es reciente, y mucho menos se limita a una sola religión. Muchos estudios tienden a desentrañar las raíces de la violencia en su contexto religioso. Me temo que la religión se ha convertido en un culpable ideal que ofrece cierta legitimidad al odio al otro. Permítanme citar una expresión de la Declaración de Berna de 1992, que el Patriarca Ecuménico ha articulado repetidamente en sus diversos mensajes: «Un crimen en nombre de la religión es un crimen contra la religión». Detrás de esta expresión se revela una concepción muy particular de la religión, libre de quienes desean desviarla para obtener beneficios políticos.

Mis años de experiencia en el campo del diálogo interreligioso me han demostrado que el énfasis no está en la religión sino en la necesidad de diálogo entre religiones. El diálogo es la única arma capaz de desactivar los abusos del fundamentalismo y el extremismo. La Encíclica del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa reunido en Creta en junio de 2016 abunda en este sentido: «Un diálogo interreligioso franco contribuye al desarrollo de la confianza mutua en la promoción de la paz y la reconciliación. La Iglesia lucha por hacer más tangible la paz de lo alto en la tierra. La verdadera paz no se consigue con la fuerza de las armas, sino sólo con el amor que no busca su propio interés (I Cor 13,5). El bálsamo de la fe debe servir para vendar y curar las viejas heridas de los demás, no para reavivar nuevos focos de odio» (par. 17).

La Iglesia católica está emprendiendo un camino sinodal dedicado precisamente a la sinodalidad, con nuevas formas de implicación y participación de las Iglesias locales. El documento de Rávena hablaba de la sinodalidad y de la forma de entender el primado: en su opinión, ¿en qué punto se encuentra el camino ecuménico en estas cuestiones?
El camino sinodal de la Iglesia católica, que se debe a la influencia directa de Su Santidad el Papa Francisco, habla con fuerza a la Iglesia ortodoxa. En este sentido, esperamos las conclusiones del próximo Sínodo de los Obispos en 2023, que se centrará en el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Me atrevo a ver en la elección de este tema uno de los frutos de nuestras relaciones ecuménicas.

De hecho, no es ciertamente una coincidencia que los documentos más recientes de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa hayan tratado, desde Chieti en 2016, la articulación entre sinodalidad y primacía. Dejo que sea el propio documento el que arroje la luz necesaria al respecto: «A lo largo del primer milenio», nos dice el documento de Chieti, «la Iglesia de Oriente y Occidente estuvo unida en la conservación de la fe apostólica, en la continuidad de la sucesión apostólica de los obispos, en el desarrollo de estructuras de sinodalidad inseparablemente ligadas al primado y en la comprensión de la autoridad como un servicio (diaconía) de amor. Aunque la unidad entre Oriente y Occidente se veía a veces perturbada, los obispos de Oriente y Occidente eran conscientes de que pertenecían a la única Iglesia» (par. 20).

En 2025 se celebrará el 1700 aniversario del Concilio de Nicea, y ese año coincidirá con las fechas de la Pascua para los cristianos. ¿Cómo debemos preparar este aniversario?
Como se sabe, fue en el Concilio de Nicea donde se estableció la fórmula para calcular la fecha de la Pascua. La fecha de la Pascua se sigue calculando según este método, aunque se basa en dos calendarios diferentes: el gregoriano para la Iglesia católica y el juliano para la ortodoxa. Y las fechas pueden coincidir o diferir hasta en cinco semanas. La cuestión de la celebración común de la Pascua se impone gradualmente como una cuestión ecuménica de primer orden.

En efecto, ¿cómo podemos dar testimonio de la verdad del misterio que está en el corazón del testimonio del cristianismo si seguimos divididos en esta cuestión? Creo que el Jubileo que está a la vuelta de la esquina debe invitarnos a reflexionar sobre nuestras prácticas litúrgicas con respeto a la integridad del Cuerpo de Cristo. Para la Iglesia Ortodoxa, las cuestiones del calendario siguen siendo espinosas y la historia nos ha demostrado que pueden conducir al cisma. Incluso el contexto pan-ortodoxo preconciliar fue incapaz de tratarlos sin generar fenómenos de polarización menos teológicos y más identitarios. Celebrar la Pascua en el mismo domingo en todo el mundo cristiano sobre esta base histórica conciliar sería un poderoso mensaje de testimonio y reconciliación.

Andrea Tornielli (Vatican News)

Entrevista a Sassoli: aliento del Papa para defender a los más débiles

Vatican News entrevista al presidente del Parlamento Europeo recibido en audiencia por el Papa Francisco: «La Unión Europea se compromete a la construcción de algunas fábricas en África para permitir que las dosis de vacunas lleguen a los países que lo necesitan especialmente en este momento».

Ciudad del Vaticano, 26 de junio 2021.- Un estímulo para defender a toda persona, especialmente a los más débiles: este es el mensaje que ha recibido hoy el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, durante su encuentro con el Papa Francisco en el Vaticano. Después de ver al Pontífice, Sassoli concedió una entrevista a Vatican News.

Presidente Sassoli, ¿qué ha surgido de este encuentro, qué le queda de esta reunión?
Un fuerte estímulo para defender a la persona donde quiera que esté, en cualquier condición que se encuentre. La defensa de la persona humana como medida de todas las cosas. Creo que este es el mensaje del Santo Padre. Y, por supuesto, un estímulo para que la Unión Europea sea un instrumento de defensa de los más débiles, de los migrantes, de las personas con dificultades, de todos los que se sienten excluidos. Y en el espíritu de Europa en este momento, de los instrumentos que hemos puesto en marcha, está exactamente todo esto. Debemos reducir las desigualdades y crear una protección especialmente para los más vulnerables.

Resulta llamativo que en el último Consejo Europeo el tema de los migrantes haya tenido diez minutos de debate. Y todavía no hay una decisión sobre el tema de las reubicaciones… Sigue faltando unidad en este tema, ¿qué puede decir?
Siento mucha frustración, porque llevo mucho tiempo luchando para que, ante todo, Europa demuestre su humanidad en el rescate de personas en el mar, y también pedí en el último Consejo que se estudiara una iniciativa de la Unión precisamente para el rescate de personas en el mar.

¿Cómo podemos pensar en pedir que se respeten los derechos de las personas en todos los continentes y fuera de Europa si luego somos incapaces de rescatar a hombres, mujeres y niños? Estamos hablando de unos pocos miles de personas, no de millones. Por eso creo que en este empeño, que es una batalla política de primer orden, hay una gran sintonía en este momento con el talante y los ánimos que vienen del Santo Padre.

La pandemia, las vacunas: el Parlamento Europeo se ha pronunciado a favor de la liberalización, mientras que la Comisión Europea muestra una posición diferente, contraria…
En primer lugar, estamos muy orgullosos de que, desde el 1 de enero, el cuarenta por ciento de nuestra producción haya sido destinada fuera de la Unión Europea. No todo el mundo lo hizo; no lo hizo Estados Unidos, no lo hizo China, no lo hicieron otras potencias. La Unión Europea lo ha hecho.

Esto ni siquiera ha creado un escándalo, porque estamos convencidos de que la seguridad de los demás es nuestra seguridad. Tenemos que hacer más. Y hemos pedido una reflexión sobre las licencias y las patentes porque debe quedar claro que todo lo que sea útil para tener más oferta de vacunas debe ponerse en el campo. En estos momentos, la Unión Europea se ha comprometido a crear una serie de fábricas en África para poder suministrar dosis de vacunas a los países que más las necesitan en estos momentos. No partimos de cero; debemos, por supuesto, hacer más.

Otro tema que tiene mucho que ver con la centralidad de la persona: la resolución no vinculante aprobada el jueves 24 de junio por los eurodiputados sobre salud y derechos reproductivos y sexuales, en la que el aborto figura entre los derechos y se define como un servicio médico esencial. El Papa Francisco ha pronunciado palabras claras y contundentes en defensa de la vida humana, y en su visita a Estrasburgo en noviembre de 2014 advirtió del riesgo de malinterpretar el concepto de derechos…
Esta resolución, que no es vinculante porque no es un acto legislativo, es una recomendación para que todos los países tengan de alguna manera una legislación similar. ¿Similar a qué? Por ejemplo, a la legislación italiana, que pone a la mujer en condiciones de elegir, pero también de seguridad. Y creo que este es el verdadero tema de esa recomendación. Creo que hay un poco de instrumentalización que debemos dejar de lado. Hemos visto que muchos países se comportan de manera diferente y creo que algunas experiencias como la italiana pueden ser útiles para ellos también.

Hablemos de la Laudato si’. Nunca antes, ni siquiera en los pasillos de la Comisión Europea ni en el Europarlamento, se había producido un debate tan intenso sobre una Encíclica: se ha hablado de ella durante semanas y meses…
Agradecí al Santo Padre porque sus encíclicas están en el origen de la reflexión que todas las familias políticas de Europa han hecho para dar vida al «green deal europeo», es decir, a esta gran posibilidad que tiene la Unión Europea de ser la primera de la clase en la defensa del planeta.

Creo que en el origen de la reflexión del Santo Padre hay una reflexión que golpea a todos. Sus encíclicas son continuamente citadas por todos los que intervienen. ¿Sobre qué cosa? Sobre la necesidad de tomar nota de que el planeta es la casa común, que hay que protegerlo y, al mismo tiempo, en la casa común necesitamos más igualdad, porque la última encíclica del Papa es una indicación muy política para nosotros.

Casa común, fraternidad humana. ¿Cuáles son en definitiva, según su sensibilidad, las palabras fuertes de Francisco que pueden ser más útiles para los desafíos que enfrenta Europa?
Sin duda, las personas y la comunidad. Las personas y la comunidad nos devuelven a una reflexión de aquella época en la que en los años 30, ante una Europa en llamas, muchos intelectuales católicos empezaron a delinear y que hoy podemos considerar un punto de referencia importante, porque las personas y la comunidad son las referencias del personalismo cristiano. Creo que en esto hay mucha conexión entre los mensajes del Santo Padre y esa experiencia.

Le hice un pequeño regalo al Papa Francisco: la primera edición de «L’attesa della povera gente» de Giorgio La Pira, de 1951, un librito muy pobre, pero lleno de significados; la persona y las comunidades en el centro de nuestra acción, con un espíritu de atención sobre todo natural hacia los que sufren. Hoy en día, en nuestras sociedades vemos cómo las clases medias se empobrecen, cómo aumenta la pobreza y la precariedad. Creo que los esfuerzos de recuperación no tendrán éxito si no limamos estas desigualdades.

Un paso atrás en la historia: el 13 de junio de 1957, cuando se iniciaba la aventura de la construcción europea, Pío XII, reunido con algunos representantes del movimiento europeo de la época, aplaudió una Europa unida en torno a ciertos valores, recomendando que no fueran sólo valores económicos; invitó a evitar el riesgo de un repliegue egoísta del continente y pidió que se mirara a África…
Creo que todavía estamos dentro de esa reflexión, que no hemos llegado a las conclusiones que en 1957 nuestros padres fundadores, y también la Santa Sede, esperaban. Debemos continuar. La historia de la Unión Europea es una historia de éxito, pero desde luego no es una historia que termina aquí, como tampoco termina aquí la respuesta a la crisis, porque no podemos conformarnos con lo que hemos hecho -que es muy importante-; debemos continuar porque la crisis está entrando en todas las familias, en todos los lugares de trabajo. Tenemos que continuar porque la crisis está entrando en todas las familias, en todos los lugares de trabajo.

Necesitamos una Europa que sepa hablar con una sola voz, naturalmente dentro del pluralismo y las múltiples sensibilidades que expresa el espacio europeo. Pero en este momento nos estamos dando cuenta, y creo que los ciudadanos también, de que una Europa más fuerte es una Europa más útil también para ellos, para su seguridad, para la respuesta a sus problemas. Al final, estos 15 meses de pandemia nos lo han demostrado.

Los datos que llegan, incluso en este último periodo, nos dicen que el 70% de los ciudadanos quieren más competencias para la Unión Europea. Piense en lo que esto significa en comparación con el comienzo de la legislatura, cuando el campo europeo estaba dividido entre Europa sí y Europa no, cuando muchos querían que Europa se disolviera, y cuando muchos actores de todo el mundo apostaban por las divisiones en Europa. Creo que, con respecto a los instrumentos que se han puesto en marcha, hay una conciencia que también está cambiando muchos de los estados de ánimo de nuestras opiniones públicas.

Fausta Speranza (Vatican News)

Entrevista al arzobispo Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén: «Tierra Santa necesita acciones y no declaraciones»

La 94ª asamblea plenaria de la Roaco concluyó centrándose en la situación de Oriente Medio. El Patriarca Latino de Jerusalén pide que se abandone la vía de la retórica en favor de gestos concretos: «El objetivo es reconstruir la confianza de la gente cambiando la realidad de los pequeños contextos en los que actuamos».

Ciudad del Vaticano, 25 de junio 2021.- «En Tierra Santa, desde hace décadas, un conflicto político, que cada vez adquiere más connotaciones religiosas, provoca profundas laceraciones en las familias y en la vida de las personas. Si queremos dar un futuro a Tierra Santa, tenemos que reconstruir la confianza entre las personas que viven allí». A su regreso de la 94ª asamblea plenaria de la ROACO (Reunión de las Obras de Ayuda de las Iglesias Orientales), que concluyó ayer en Roma, el arzobispo Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, hace un balance de los trabajos de la asamblea, que se centró en la situación de todo Oriente Medio y de países como Etiopía, Armenia y Georgia. «El balance de la ROACO es siempre positivo porque en esta asamblea se toman decisiones muy concretas», explica el Patriarca.

¿Qué problemas y qué esperanzas se han puesto de manifiesto?
Siempre partimos de un análisis sociopolítico que, desgraciadamente, es muy negativo, no sólo para Tierra Santa sino para todas las regiones en las que el aspecto político provoca divisiones, luchas de poder, corrupción. Posteriormente, se examinó la vida de la Iglesia dentro de todas estas situaciones: junto a los muchos problemas, encontramos diferentes formas de resiliencia, una actitud activa y proactiva, que se puede ver en los muchos proyectos concretos que la ROACO ha analizado.

En su mensaje de ayer en la plenaria de la Roaco, el Papa Francisco dijo que en Tierra Santa hay que reconstruir las personas antes que los edificios… ¿Cómo se puede hacer esto, cuál es el camino a seguir?
En primer lugar, hay que evitar una cosa: las declaraciones. Hemos tenido miles de ellas y no han cambiado nada. Para reconstruir la confianza, tenemos que hacer gestos concretos sobre el terreno, gestos que puedan cambiar realmente la vida de la gente. La retórica no es útil.

El Papa nos ha instado repetidamente a tomar como referencia su encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, Fratelli tutti.

¿Puede ser realmente un instrumento útil para pacificar la situación en Tierra Santa?
Sí. Aquí hay diferentes pueblos y religiones que, en la base, tienen la idea de que para construir su propio futuro hay que evitar las relaciones con los demás. Fratelli tutti, en cambio, nos recuerda que todos somos hermanos y que el futuro es el mismo para todos, nos une y debemos construirlo juntos.

¿Cómo puede la Iglesia católica llevar adelante el proyecto de reconciliación para Tierra Santa?
El primer paso es no suponer que podemos cambiar el mundo. Lo que sí podemos hacer es cambiar la realidad en los pequeños contextos en los que trabajamos, a través del encuentro con personas de todas las creencias y culturas. Hay que mostrar un estilo abierto y cordial, pero sin ser renunciadores.

Federico Piana (Vatican News)