Comisión Vaticana COVID-19: La fase de escucha a las iglesias locales “no puede acabar”

Entrevista en exclusiva a Monseñor Segundo Tejado.

(zenit – 1 julio 2020).- Monseñor Segundo Tejado Muñoz es uno de los cuatro subsecretarios del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y lidera el grupo 1, que apoya y escucha a las iglesias locales, de la Comisión Vaticana COVID-19 creada por el Papa Francisco el pasado 20 de marzo de 2020.

En una entrevista en exclusiva a zenit, el sacerdote español explica detenidamente cuál es la misión del grupo que lidera, cómo trabajan conjuntamente con otras realidades eclesiales, y cómo acompañan a las iglesia locales en este proceso de escucha que “no puede acabar”, sino que se convierte en un “vivir juntos, en comunión”, reitera.

Entre los desafíos que persigue la Comisión Vaticana COVID-19, el Papa les ha pedido una reflexión para “preparar el futuro”, algo que según Mons. Tejado, la Iglesia solo puede hacer “poniéndose a la luz del Evangelio” y “viviendo a la luz de la fe los problemas que se viven”.

Así, el presbítero instalado en Roma, revela a zenit que este tiempo de pandemia es “un momento muy privilegiado para la Evangelización, para dar a Cristo como los verdaderos cimientos”, pues “el hombre necesita una roca donde apoyar su vida”.

Entrevista realizada por zenit en exclusiva a monseñor Segundo Tejado, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, responsable del grupo 1 de la Comisión Vaticana COVID-19

Mons. Segundo Tejado saluda al Papa (Foto: (C) Nepal Jesuits)

zenit: “Apoyar y escuchar a las Iglesias locales” es la misión que le ha sido encomendada al grupo 1, ¿cuál es la hoja de ruta que llevan a cabo con cada Iglesia local?

Mons. Segundo Tejado: Principalmente nuestro acometido ha sido escuchar a las iglesias locales, no es una cuestión de hacer proyectos o de proyectar cosas, es una escucha. Nos hemos empezado a mover y a escuchar a capellanes de hospitales, de cárceles… Conferencias episcopales, médicos, enfermeros, responsables de salud en las conferencias episcopales… un poco por regiones, claro. Eso ha sido nuestro trabajo mayor: Escuchar. Y de esta escucha, ir sacando conclusiones, ir buscando como nos tenemos que mover toda la Comisión; sea en el grupo 2, que se encarga del análisis, sea el grupo 3, que se encarga de la relación con los estados… O sea, es una escucha a la Iglesia local y de allí, ir sacando información, sinergias, y colaboración… tengo que decir que ha sido un trabajo muy bonito porque escuchar a las iglesias locales siempre es algo que enriquece muchísimo.

En esta crisis estamos encerrados y, claro, una percepción de lo que está pasando en la Iglesia universal pasa necesariamente por una escucha, no es posible sacar conclusiones desde aquí, desde Roma, encerrados como estábamos en casa –incluso ahora, que tampoco se puede viajar fácilmente– se caía en el riesgo de hacer una cosa más teórica. Esta escucha, a mí por lo menos, me ha gustado mucho, ha sido un trabajo muy duro, todos los días teníamos una o dos teleconferencias, con todos los problemas –imaginaos– en África, en América Latina, de Comisión… Está saliendo, porque todavía estamos en ello.

Por lo tanto, es escuchar, sobre todo, lo que nos ha pedido el Papa a nosotros. No es tanto hacer grandes proyectos. Nos lo dijo el Papa desde el inicio: Nosotros no podemos resolver el problema. Es una emergencia un poco atípica, yo siempre lo digo. No es una emergencia localizada. Aquí estamos hablando del mundo entero, cada uno a su ritmo, porque en algunos sitios ya hemos pasado la primera fase, esencialmente sanitaria, y en otros… están empezando, como en América Latina, o en Asia. Con lo cual, es imposible ayudar a todos.

zenit: Y ahí es donde entra la colaboración de Caritas Internationalis, ¿cómo trabajan conjuntamente con ellos?

Mons. Tejado: Lo que hemos hecho ha sido rápidamente ponernos en contacto con quien es uno de nuestros brazos: La Confederación de Caritas Internationalis y les hemos pedido colaboración en esto. Les hemos pedido que hagan los proyectos, que busquen los fondos, porque para nosotros es un trabajo que nos excede completamente en nuestras capacidades.

Caritas es una confederación que está en todo el mundo, en todas las naciones, en todas las diócesis, en muchísimas las parroquias, y tienen un contacto con la realidad mucho más real.

Con Caritas, con la cual, el Dicasterio del Desarrollo Humano Integral tiene una relación especial, en seguida hemos pedido una colaboración y nosotros hemos ayudado a financiar algunos proyectos –ya hemos ayudado a más de 25 naciones–, proyectos tampoco muy elevados de cantidad, según nuestras posibilidades, y junto con la Caritas, ya hemos dado respuesta a una primerísima emergencia sanitaria.

La respuesta de la Iglesia es una respuesta multiforme, no es solamente lo que hace el Dicasterio o Caritas Internationalis, evidentemente, hay infinidad de organizaciones que están ayudando y que se están moviendo, con el principio de subsidiariedad, cada una en los terrenos y en las naciones con las cuales tienen ya una relación ya sólida. Hay otros fondos, por ejemplo, el fondo de emergencia en las Obras Misionales Pontificias (OMP), que también se ha abierto, desde la Reunión de las Obras para la Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO), o sea, es multiforme la ayuda que está dando.

zenit: En este proceso de escucha, ¿qué aspectos abordan con las iglesias locales?

Mons. Tejado: Hay dos tipos: La fase sanitaria y la fase humanitaria (la fase de los problemas que trae la pandemia). Son como dos fases distintas: la fase sanitaria es la primera, los coloquios van todos en esa dirección, y luego empezó a moverse todo hacia la crisis humanitaria, que en muchos países se va a dar.

Muchos países están en la fase 1, otros ya… en otra fase. Es un poco este movimiento entre los dos momentos, y en este momento estamos. Algunas naciones están todavía en la fase sanitaria, otras ya han pasado a trabajar a través de Cáritas y otras muchas organizaciones a ayudar a gente que está pasándolo mal para comer. Entonces estamos ahí, pasando de un sitio a otro dependiendo de con quien hablamos.

zenit: El grupo que usted dirige se dedica a escuchar y apoyar a las iglesias locales, en un servicio que las hace protagonistas de las situaciones que viven. ¿Cómo debe asumir la Iglesia local la situación? ¿Qué pasos debe dar?

Mons. Tejado: Cada Iglesia es distinta. Lo importante es que cada una se organice según sus propias fuerzas y según su propia idiosincrasia. Las situaciones son muy distintas desde el punto de vista sanitario y desde el punto de vista humanitario. Las situaciones de las iglesias son muy distintas, como presencia en el ámbito sanitario –en algunos países, por ejemplo, se han desarrollado muchísimo la presencia de las congregaciones que se ocupan de la salud, en otras menos…–. Es muy variado, no se puede dar un único criterio y hay que dejarlo un poco a la genialidad de cada Iglesia y a la capacidad de cada Iglesia que tiene de organizarse. No existen esquemas preconcebidos ante esta emergencia tan atípica.

zenit: La Santa Sede informó de que esta comisión se ha creado para cinco años. ¿Cómo están gestionando los plazos? ¿Están trabajando en diferentes fases?

Mons. Tejado: Habrá que ver la realidad como se desarrolla. Lo que el Papa nos pedido es construir un poco la idea para el futuro, porque el futuro está por llegar. Acabamos de empezar esta crisis, ahora llega la crisis humanitaria, la crisis económica, la crisis del trabajo… Y vamos a ver como se desarrolla también esto, todo está por ver. La Iglesia siempre tiene que “alargar la vista” (como se dice aquí), hay que navegar un poco en lo que va sucediendo y darle una respuesta de fe. El Papa nos ha pedido este construir el futuro, esto no es solamente dar ideas, es vivir con las personas, darles una palabra de fe que pueda iluminar lo que pueda venir en cada nación, porque cada nación tendrá unas consecuencias diversas.

¿Cinco años? Bueno, pueden ser cinco, como pueden ser dos, como pueden ser siete… Habrá que irlo decidiendo poco a poco. Nos hemos dado cuatro fases: La primera fase es la escucha; la segunda fase es construir una estrategia para el futuro; la tercera es crear unos planes de acción, después de hacer una estrategia que nace de la iglesia local, y luego hay que buscar propuestas de cosas concretas. Pero repito, dependerá mucho de las naciones, dependerá mucho de la evolución de la misma crisis, pero sí, ya hemos preparado una serie de fases que pueden ayudar a las iglesias locales a que tener también elementos para poder afrontar la crisis.

Aunque la fase de la escucha no acaba nunca. La escucha no puede acabar. Es un “escuchar” y un “acompañar” y un “vivir juntos, en comunión”. Así es como trabaja la Iglesia, no tiene otro método.

zenit: Entre los objetivos que persigue la Comisión Vaticana está “actuar ahora para el futuro” y “mirar al futuro con creatividad”. ¿Cómo puede trabajar la Iglesia por el futuro?

Mons. Tejado: Poniéndose a la luz del Evangelio, yo creo que no hay otra manera, y viviendo a la luz de la fe los problemas que se viven. Solamente el Evangelio podrá dar una respuesta a lo que será, a lo que serán nuestros planes y a lo que será nuestra lectura de la realidad. Yo creo que la Iglesia siempre se puede que poner a la luz del Evangelio para construir el futuro, no hay otro camino. El diálogo con todos, evidentemente, como siempre hacemos, pero a la luz del Evangelio, que es la que tiene que iluminar todo lo que hacemos.

zenit: Dicen que esta crisis está sacando lo mejor y lo peor del ser humano. A nivel antropológico y espiritual, ¿cómo cree que la pandemia cambiará al hombre?

Mons. Tejado: Para mí es pronto para hacer una lectura sobre esto. Yo vivo y trabajo en una parroquia. Cuando termino mi trabajo en la Santa Sede, voy a una parroquia a vivir y trabajar. Hay de todo. Un poco la presencia de Iglesia –por lo menos en la que yo vivo, es muy local, no puedo hablar por todo el mundo—ha aumentado, sí. Hay mucha gente que quiere hablar con un sacerdote, que quiere compartir algunas inquietudes, etc. Sin lugar a dudas, este tiempo ha puesto de nuevo al hombre en su sitio. Existe en el hombre la tendencia a asegurar todo, esto es humano. La técnica, la ciencia, nos ha permitido un poco pensar que las cosas estaba seguras y que el mundo tenía que ir por una cierta dirección, esta pandemia nos ha destruido un poco esta certeza. Entonces el hombre siempre busca una certeza en su vida, porque no puede vivir en una incerteza. El hombre tiene que buscar esta certeza. ¿La va a buscar en Dios? No lo sé. Yo creo que sí, yo tengo fe. Es un momento muy privilegiado para la Evangelización, para dar a Cristo como los verdaderos cimientos. El hombre necesita una roca donde apoyar su vida. Yo sé que esa roca es Jesucristo, lo sé, lo conozco, lo he vivido personalmente. Yo sé que hay muchas personas que están buscando una roca donde construir.

Son ideas, pero creo que es un poco pronto, que tenemos que esperar a que las cosas se asienten, que vuelvan a una cierta normalidad, conocer la reacción de las personas y como Dios va a buscar a las personas, porque siempre las busca. Tenemos que reflexionar sobre esto.

zenit: El Santo Padre les ha encomendado que hagan una reflexión respecto a los “desafíos socioeconómicos del futuro” y que propongan “criterios para afrontarlos”. ¿Es hora de cambiar el modelo socioeconómico?

Mons. Tejado: La Iglesia lo está diciendo desde siempre, que un modelo basado solamente en las finanzas, el Papa lo dice continuamente, el poder del dinero y la especulación no ayuda a la humanidad, y sobre todo, al final los que pagan son siempre los más pobres. Ese modelo tendría que cambiar, no es fácil… Ya empiezan a hacerse las especulaciones también aprovechándose de la COVID-19, siempre hay gente que aprovecha estas situaciones…

Sí, tiene que cambiar. El Papa lleva muchísimo hablando de esto, le ha pedido una reflexión muy seria al segundo grupo de análisis, sobre todo de este tema. Tendría que cambiar en términos de solidaridad entre los países, una distribución justa de las riquezas, una justicia social, una sanidad que llegue a todos… ¡son tantos retos que la humanidad tiene! Creo que esto que estamos viendo nos va ayudar a poner en la luz la Doctrina Social de la Iglesia, hacer un claro en todo esto. La gente está buscando en la Iglesia una respuesta a todo esto, una respuesta que es multilateral, no solamente la dimensión del trabajo, sino también la economía, las finanzas, la salud, la ecología integral… todo esto.


Responsable de la Biblioteca Vaticana: «La Biblioteca está abierta a todo el mundo»

Con 82.000 manuscritos y 1,6 millones de libros impresos, de los que más de 8.000 son incunables, la Biblioteca Apostólica del Vaticano custodia una parte destacada de la memoria editorial de la humanidad. Raffaella Vincenti acaba de ser confirmada por el Papa como responsable de esta biblioteca de bibliotecas

Es uno de los lugares del mundo con más sabiduría y belleza por metro cuadrado. Con 82.000 manuscritos y 1,6 millones de libros impresos, de los que más de 8.000 son incunables (alrededor de 60 en pergamino), decir que la Biblioteca Apostólica del Vaticano custodia una parte destacada de la memoria editorial de la humanidad es casi una redundancia. Fue el Papa Nicolás V quien abrió a los estudiosos su colección privada a mediados del siglo XV, pero el deseo de conservar los textos escritos es una constante en los obispos de Roma. «Nicolás V fue un Pontífice con una gran sensibilidad. Entre 1450 y 1451 permitió a los estudiosos de la época acceder a los manuscritos griegos, latinos y hebreos que había ido recopilando». Un gesto «que puso los cimientos de la Biblioteca del Vaticano tal y como la entendemos hoy. Pero todos los Papas, desde la Edad Media, han ido conservando tanto textos sacros como documentos que testimoniaban el ingenio humano», destaca Raffaella Vincenti, directora de la Biblioteca Apostólica del Vaticano (BAV). Y añade: «Aquí no hay solo biblias o documentos teológicos. Las colecciones de la biblioteca están especializadas en el campo humanístico», resalta.

Para probarlo basta citar que custodia un manuscrito con las ilustraciones de Botticelli a la Divina Comedia; el único ejemplar casi completo que ha llegado hasta nuestros días de La República de Cicerón; un manuscrito de la Ética de Spinoza o el cancionero autógrafo del poeta Francesco Petrarca, del siglo XIV, uno de los volúmenes predilectos de Vincenti, que se ocupa de la Secretaría de la Biblioteca Vaticana desde 2012, pero cuyo cargo ha sido ahora confirmado por el Papa.

La directora de la Biblioteca Apostólica del Vaticano, Raffaella Vincenti,
en el Salón Sistino. (Foto: Victoria Isabel Cardiel C.)

La entrevista se desarrolla en el Salón Sistino, una impresionante aula de 70 metros de largo situada en el patio de Belvedere, dentro de los muros del Vaticano, que hasta finales del siglo XIX usaban los Pontífices como salón de lectura. Un lugar donde la concentración es toda una quimera, porque puedes pasarte horas admirando los frescos de las paredes. La conversación sirve, sobre todo, para eliminar cualquier prejuicio hacia a esta institución cuyos anaqueles conservan textos que superan los 1.200 años de antigüedad. El primer mito desmontado es la leyenda de los libros prohibidos. «A veces nos confunden con el Archivo (Secreto) del Vaticano. Aunque el Papa hizo bien en quitarle ese adjetivo. Es un error garrafal pensar que aquí queremos ocultar al público ciertos documentos». Los únicos que no se pueden consultar son aquellos que, por una cuestión de conservación, «son demasiado delicados. Como el manuscrito original del Cancionero de Petrarca o el Papiro Hanna. Mater Verbi del siglo III, uno de los testimonios más antiguos conservados del texto del Nuevo Testamento, que incluye la versión en griego del padrenuestro según el Evangelio de Lucas». «No es que sean secretos, es que cada vez que se abre y entran en contacto con la luz, se dañan. Por eso en estos casos privilegiamos la consultación de la copia digital, aunque si la investigación así lo requiere, permitimos el acceso», explica Vincenti.

La principal vocación de la biblioteca de los Papas es la combinación de la custodia de su rico patrimonio con el objetivo de ser puente para el mundo académico. «La biblioteca está abierta a todo el mundo. No hay límites de raza o credo. El filtro para acceder está condicionado a la competencia académica del investigador. Se privilegian los doctorandos y los proyectos que tienen que pasar sí o sí por nuestros fondos», afirma Vincenti. Actualmente reciben unos 1.300 estudiosos por año; mucho menos que hace diez años. «La crisis económica hizo estragos en los fondos dedicados a la investigación, y el número de estudiosos se vio drásticamente reducido», lamenta. «La mayoría provienen de Italia. Seguidos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y España en quinto lugar», especifica.

Se puede afirmar que la Biblioteca Apostólica del Vaticano es una biblioteca de bibliotecas. De hecho, a lo largo de los siglos ha ido fagocitando por entero algunas de las bibliotecas más prestigiosas del mundo. Como la biblioteca de la reina Cristina de Suecia, cuyos fondos adquirió la Santa Sede a su muerte en 1689. Lo mismo pasó con la biblioteca de la familia italiana Barberini, una de las sagas aristocráticas más poderosas. La respetada familia Chigi, que da nombre al palacio que acoge al Gobierno de Italia, donó al Vaticano toda su biblioteca en 1923. Y lo mismo hizo tres años después la familia Ferrajoli.
Tal fue la fatiga de los Pontífices para reunir tanta riqueza, que una lápida en el vestíbulo, antes del ingreso al Salón Sistino, amenaza con la excomunión si algún manuscrito es dañado o robado. Aunque para asegurarse de que esto nunca suceda, el Vaticano instaló un férreo sistema de control hace casi una década que registra cada paso de los que entran aquí. «A la biblioteca se accede con una tarjeta microchip que los investigadores reciben en el momento de la inscripción. Además, también los libros impresos cuentan con un microchip en su interior. El control es exhaustivo y forma parte de nuestra función como guardianes de este patrimonio», señala Vincenti, que compagina su trabajo en la biblioteca con la labor docente.

El riesgo de contagio por el coronavirus impuso el cierre de la biblioteca a principios de marzo. Desde el 1 de junio, los investigadores han ido regresando poco a poco a los bancos de las salas de estudio, con un número de lectores reducido en sala y sujeto a las solicitudes de consulta. Lo importante ahora es la tutela de los empleados y de los estudiosos con el respeto de las distancias de seguridad y el uso de mascarillas, guantes y geles desinfectantes. «Hemos adoptado todas las cautelas necesarias. Además de reducir los horarios y limitar los accesos, hemos plastificado las mesas y las sillas porque no podíamos aplicar al mobiliario productos agresivos de limpieza. También hemos instalado paneles de plexiglás», explica la primera mujer en formar parte del Consejo de la biblioteca.

En este contexto, la estrategia de digitalización es básica. Y la Biblioteca Apostólica del Vaticano puede presumir de haber entrado de lleno en la era moderna hace seis años. «En 2014 pusimos en marcha un eficaz proceso de digitalización de manuscritos con la empresa NTT DATA». En este momento, añade, «hemos completado la digitalización de casi 20.000 documentos que ya hemos colgado en la red. Este es un gran logro porque además de llevar el paso a la tecnología, se derriban las barreras económicas y cualquier persona con un ordenador puede consultar estos documentos sin tener que coger un avión», relata. Si bien deja claro que el formato digital nunca puede sustituir al original. Por eso las labores de conservación son fundamentales.

Victoria Isabel Cardiel C.
Roma

COVID-19: “Fátima y la paz”, 103º aniversario de las apariciones a los pastorcillos

Por D. José A. Senovilla, sacerdote.

(zenit – 13 mayo 2020).- Este año, debido a la pandemia mundial del coronavirus, la tradicional peregrinación anual al santuario nacional de Fátima, los días 12 y 13 de mayo, se lleva a cabo sin la participación de los fieles.

Con motivo de la festividad de la Virgen de Fátima, en este 13 de mayo en el que se cumplen 103 años de las apariciones a los pastorcillos, Francisco, Jacinta y Lucía, zenit habla con D. José Antonio Senovilla, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, y autor de la ponencia “Fátima y la paz”, expuesta en el Congreso Mariológico con motivo de los 400 años de Nuestra Señora de la Caridad como patrona de Sanlúcar de Barrameda (España), el 13 de mayo de 2018.

Lucia, Francisco y Jacinta, los tres pastorcitos videntes de Fátima

Tal y como explica D. José Antonio en este texto, a finales del siglo XIX “el mundo sufrió de nuevo cambios muy profundos: cayeron imperios y, con el comienzo del nuevo siglo, vinieron guerras y revoluciones de dimensiones nunca vistas. En medio de aquel clima de depresión y miedo, Dios tuvo a bien enviar de nuevo a nuestra Santa María: Fátima es un diálogo de Dios Padre con sus hijos, a través de  su Hija predilecta, nuestra Madre Bendita”.

Fátima, motivo de esperanza

Procesión de la Virgen de Fátima, Febrero 2020 (Foto: © Mila Rodríguez)

Fátima, continúa, “es un intento de la Reina de la Paz por avisar a sus hijos del daño que son capaces de hacerse a sí mismos si se apartan de su Padre Dios”, pero Fátima es, sobre todo, “un motivo grandioso de esperanza, un abajarse de Dios para dar a los hombres instrumentos de paz y de salvación”.

El sacerdote afirma que los cristianos de nuestra época y, en general, todas las personas “de buena voluntad” presentan dos preocupaciones: “la paz del mundo” y “la salvación de mucha gente buena a la que nadie ha llegado a hablar del infinito poder y querer misericordioso de Dios”.

Rezo del Rosario diariamente

Virgen de Fátima (© Santuario de Fátima)

No obstante, en nuestra ayuda, señala, “ha venido el mensaje de Fátima”, que aporta instrumentos para enfrentar ambas.

Así, la Virgen, en cada una de las apariciones de 1917 pide rezar el Rosario todos los días “pidiendo por la paz del mundo” y esto “¡es un pacto en toda regla!”: “Ella es la Reina de la Paz, si me dice ‘reza el Rosario todos los días por la paz del mundo’, eso significa que si yo asumo el reto, y rezo el Rosario cada día por la paz del mundo, con corazón abierto, en su presencia, Ella conseguirá de Dios esa paz. La Virgen lo promete, y lo cumple. Lo cumple ya desde el principio poniendo fin a aquella Primera Guerra Mundial (Memorias de la Hermana Lucía I, pp.174 y 176)”.

En cuanto a la cuestión de por qué la Virgen pidió el rezo del Rosario todos los días, y no, por ejemplo, la asistencia diaria a Misa, en la consabida exposición se indica que Ella no lo reveló a los niños. Sin embargo, Lucía sí aporta la razón de que hay muchas personas que, aunque lo así lo deseen, no podrían asistir a la Santa Misa, pero el Rosario, lo pueden rezar todos: “La Virgen nos da un arma al alcance de todos: el Rosario es una oración sencilla, capaz de tocar el corazón de un intelectual y el de un analfabeto”.

Salvación de los pecadores

En cuanto a la segunda promesa, la de la salvación de los pecadores, el artículo resalta que en el mundo de hoy muchos viven muy lejos de Dios y de los mandamientos que Él entregó a Moisés “como camino de salvación”.

En este sentido, D. José Antonio recuerda que Dios “no quiere obligarnos a amarle”, “nos creó libres” porque “sin libertad no hay amor” y el Señor “respeta y ama nuestra libertad de un modo tal que a veces  es para nosotros difícil de entender”.

Pero, al mismo tiempo, “la Iglesia siempre ha creído en el poder intercesor de los sacrificios ofrecidos por otros, vivos o difuntos. Cuando la Virgen en Fátima dice que ofrezcamos sacrificios por la salvación de los pecadores, quiere decir que si tú y yo pagamos una especie de rescate, Ella se compromete a ‘conseguir’ de Dios el arrepentimiento de un pecador, quizá en el último y definitivo momento de su vida”.

Sacrificios para salvar almas

Esta es una promesa similar a la de “rezad el Rosario todos los días por la paz del mundo”: ¡es un pacto! Yo ofrezco un sacrificio, y Ella consigue de Dios el milagro”. Entonces, plantea: “¿Qué sacrificios valen para salvar a las almas que están a punto de perderse?: todos”.

El sacrificio no es “solo lo que es costoso: todo lo que hacemos, si no es en sí mismo malo, se puede ofrecer como sacrificio: se puede convertir en algo sagrado (esa sacralidad está en la raíz del sacrificio) y ser un instrumento de salvación de un alma urgentemente necesitada de rescate”, indica el mencionado texto.

Además, se ofrece la oración que la Virgen enseñó a los pastorcillos el 13 de julio para que la rezaran al ofrecer un sacrificio, “que es capaz de cambiar el corazón de quien se atreve a rezarla… de corazón”: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación por los pecados cometidos contra el Corazón Inmaculado de María” (Memorias de la Hermana Lucía I, p. 134).

Carácter profético de Fátima

Finalmente, la ponencia se refiere al carácter profético de Fátima. La Virgen habla de Rusia ya desde la aparición del 17 de julio de 1917, cuando indicó que la guerra iba a acabar: “Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida (en una nota se explica que se trata de la aurora boreal que aconteció en la noche del 25 al 26 de enero de 1938), sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar el mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”.

“Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la Comunión reparadora de los primeros sábados. Si se atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz: si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz…” (Memorias de la Hermana Lucía I, pp. 176-177).

Rusia

Juan Pablo II en Fátima en la capilla de las apariciones
(© Santuario-Fátima)

Pasaron los años y Rusia no era consagrada por los papas como lo había pedido la Virgen, llegó la II Guerra Mundial, “y el mundo y la Iglesia tuvieron que sufrir mucho, como se había anunciado…”.

Finalmente, tras el atentado del 13 de mayo de 1981 a Juan Pablo II, su visita a Fátima y la entrevista que tuvo con Lucía, el entonces pontífice realizó la consagración que la Virgen había pedido. Y, a partir de ese momento, comenzó la caída de la Unión Soviética.

“Algo totalmente imprevisto y sorprendente-, que terminó desapareciendo de un modo increíblemente pacífico en pocos años… (Un camino bajo la mirada de María, Carmelo de Coímbra, Biografía de la Hermana María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado, pp. 217-222)”. “Es el poder intercesor de María. Si nosotros cumplimos nuestra parte…”, apunta don José Antonio en su alocución.

Peregrinos “en la esperanza y la paz”

Ante las tumbas de Francisco y Jacinta de Fátima (Foto: © L’Osservatore Romano)

Por ello, prosigue, “Fátima es algo que el Cielo se toma muy en serio. Fátima es un compromiso. Y un grito de esperanza: ‘dejadme que os ayude… Os doy las armas, para conquistar la paz ‘ Ése es precisamente el lema que eligió el Papa Francisco con motivo de su peregrinación a Fátima en el Centenario de las apariciones: ‘Con María, peregrino en la esperanza y la paz’”.

Igualmente, el sacerdote explica que Fátima constituye “una de esas revelaciones privadas, a las que un católico puede dar su adhesión si quiere… o no: está en su pleno derecho. Pero lo cierto es que Fátima es puro Evangelio: no dice nada que no nos dijera Dios en su Revelación… pero lo dice, en estos momentos difíciles, de un modo muy… maternal”: “Dios siempre está cerca, y a sus hijos en cada época trata de darles las claves para santificarla”.

El mensaje de Fátima ante el coronavirus

Efectivamente, cuenta ahora Senovilla a zenit, “Dios habla a través de los acontecimientos. Su cercanía, y la de su Madre Santísima, es mayor cuando más necesaria resulta a sus hijos. Fátima vino en medio de una crisis mundial sin precedentes. Fátima está muy presente en esta crisis sanitaria mundial, también sin precedentes. Fátima anunció que pronto acabaría aquella Primera Guerra Mundial”.

“Pidamos a la Virgen de Fátima que cuanto antes acabe esta nueva Guerra, contra un enemigo invisible. Y que pronto venga la Paz, esa Paz que la Virgen nos prometió. Adelantar ese momento depende también de nosotros”, describe ante la situación actual de emergencia sanitaria por la COVID-19.

“El futuro está en nuestras manos”

Fátima durante la Pascua 2020 (© Santuario de Fátima)

Y recuerda: “El mensaje de Fátima es plenamente actual: basta abrir el corazón para entender su grandeza y su profundidad. Los recursos sobrenaturales que Fátima nos ofrece (de los que se habla en el texto), son quizá ahora más eficaces que nunca”.

“El futuro está en nuestras manos. Con la especial protección de Nuestra Madre, la Virgen de Fátima, adelantaremos el triunfo del Corazón Inmaculado de María y tendremos Paz”, concluye D. José Antonio.

LARISSA I. LÓPEZ


Jesús Miguel Zamora, secretario general de CONFER: «Los religiosos son de otra pasta y lo están demostrando»

Jesús Miguel Zamora, hermano de La Salle, va a cumplir en menos de dos meses tres años al frente de la secretaría general de CONFER; un tiempo durante el que ha tenido que hacer frente a numerosos desafíos. El último, la pandemia de COVID-19, que ha tenido a los religiosos y religiosas de nuestro país como protagonistas en dos sentidos: han sufrido numerosos fallecimientos, por un lado, y están respondiendo con gran solicitud para paliar los efectos de la enfermedad, tanto a nivel social como espiritual, por otro. «La vida religiosa nunca ha bajado la guardia. Ya esta ahí, aunque ahora las necesidades son acuciantes», reconoce Zamora.

¿Cómo está viviendo la vida religiosa la pandemia?
Con mucha pena por aquellos que han fallecido o por las situaciones problemáticas que se están dando en residencias de religiosos mayores, que no han podido tener a su tiempo los elementos necesarios para su cuidado. Pero también con la esperanza que viene de Aquel que nos ha llamado. La vida religiosa, además, lo está afrontando no solo en lo que les afecta, sino también en el servicio a los demás. Veo a muchos religiosos con ilusión por servir. Son de otra pasta y lo demuestran cuando se presentan situaciones difíciles como esta.

José Miguel Zamora. (Foto: CONFER)

¿Tienen alguna estimación del número de religiosos fallecidos por coronavirus?
Ahora mismo no. Estamos esperando a que se serene la situación para hacerla. Pero son conocidas las situaciones por las que han pasado varias congregaciones. En algunos sitios ha sido sangrante.

¿Qué están haciendo desde CONFER?
Han surgido varias iniciativas. Por ejemplo, el Centro Médico-Psicológico ha ido publicando una serie de vídeos sobre temas como la soledad, el duelo, el acompañamiento… A nivel pastoral, hemos lanzado la campaña en redes sociales #CuarentenaConEsperanza para dar sentido a esta situación. También estamos en contacto con las distintas congregaciones para conocer sus necesidades y ver cómo podemos ayudar. Por otra parte, hay muchísimas iniciativas a pie de calle y que también son CONFER, aunque se organicen desde un ámbito más regional. Se están elaborando mascarillas, poniendo locales y hospitales a disposición de las necesidades, entregando material sanitario, y organizando teléfonos de escucha o acción social…

Aunque su labor no sea demasiado visible, los religiosos están muy implicados en estos momentos, ¿no?
La vida religiosa no ha bajado nunca la guardia. Ya estaba ahí, aunque ahora las necesidades son más acuciantes. Está haciendo lo que siempre ha hecho: ayudar a la gente y ponerse a su disposición. Y lo han hecho tanto en la dimensión pastoral como en la asistencial. Además, los religiosos han estado en lugares tan significativos como el hospital de IFEMA, la morgue del Palacio de Hielo o en la oración del último responso por los fallecidos. La vida religiosa ha estado muy dispersa en muchos sitios, y desde ahí nos hemos sentido Iglesia con otros muchos católicos que no han salido en los periódicos pero que han estado sirviendo en residencias, hospitales… incluso a costa de su propia salud.

Y todavía hay personas que preguntan que dónde está la Iglesia.
Es un poco triste que pase esto; no sé en qué Iglesia están pensando. Hay mucha Iglesia, mucha gente que no sale en los periódicos y sirve en distintos lugares. Y lo hace por su fe. Ahí también está la vida religiosa, cuya labor está como escondida, quizá porque no sabemos vender lo que hacemos. En este sentido, hay un elemento importante, nada desechable, que es el sentido orante de las comunidades.

La importancia de la oración, ¿verdad?
A lo mejor no hace milagros, porque no es un Dios mágico, sino un Dios que nos acompaña y sufre; es el que no baja de la cruz a su Hijo, sino que lo acompaña y sufre con Él.

¿Les animan los reconocimientos de personas como el cardenal Osoro o la presidenta de la Comunidad de Madrid?
Para nosotros es un gran favor, aunque no trabajamos para obtener reconocimiento. Lo que hacemos ahora es nuestro trabajo habitual.

¿Qué mensaje tiene la vida religiosa para la sociedad en este tiempo de pandemia?
Un mensaje de ánimo que nace de Aquel que nos da sentido. Cuando se presentan las dificultades hay que volver la mirada a Jesús, que está vivo, y que nos dice que la vida es mucho más fuerte que la muerte. Nos duelen las situaciones que estamos viviendo –la muerte, la enfermedad, el confinamiento…–, pero por encima de todo eso está Jesús. No podemos dejar pasar sin más esta situación, sino darle sentido. Esta crisis, además, nos está recordando que somos vulnerables, que no tenemos todas las respuestas ni somos los amos del mundo. Una vulnerabilidad que compartimos con otros, en la que nos hacemos fuertes gracias a Jesús. En la fraternidad y en el sentir como propias las necesidades de otros vamos a construir el futuro.

¿Cómo es la situación económica de las comunidades religiosas, sobre todo las que pertenecen a congregaciones más pequeñas?
La situación es muy problemática. Hay comunidades, sobre todo monásticas, que vivían de los que fabricaban y vendían, y eso ha quedado reducido a la nada. No tienen ingresos, pero siguen pagando el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), tienen que comer, mantener la calefacción… En CONFER tenemos desde 2011 un fondo de ayuda a la vida religiosa, a través de la que se dan cantidades para pagar el RETA de religiosos mayores o para actividades formativas. En estos momentos intentamos hacer un esfuerzo e incrementar el número de ayudas. Estamos en contacto con las comunidades y congregaciones para ver las necesidades que tienen. Muchas nos dicen que necesitan comida o material sanitario.

Fran Otero

D. Juan José Segarra: Tras administrar la Unción de los enfermos, “muchos de ellos sanan”

Entrevista al capellán del Hospital Clínico de Valencia.

(zenit – 15 abril 2020).- “Con mucha intensidad emocional y espiritual”, así vive el sacerdote español Juan José Segarra esta situación desgarradora que deja día tras día la pandemia en los hospitales. En su caso, como capellán del Hospital Clínico de Valencia, acompaña a los enfermos, la mayoría de COVID-19, y administra el sacramento del descanso eterno.

“Cada vez que administro la Unción a los enfermos, bien sean los más graves, a personas mayores o enfermos en general, siento la presencia de Cristo conmigo en la habitación”, expresa el párroco de la Santísima Cruz de Alaquàs. “Siento que estoy haciendo algo valioso por esa persona y me siento confirmado en mi fe y en mi sacerdocio”.

Don Juan José fue cooperador de una bellísima historia vivida por un padre y un hijo, ambos enfermos de coronavirus pero ingresados en diferentes hospitales. En el cementerio de Benimaclet se celebró un responso íntimo por el eterno descanso de Salvador padre, presenciado por su hermano, su hija y sus nietas.

El amor de Dios es creativo y ocurrente
Juan José Segarra, amigo de la familia, participó en dicha celebración y la grabó en vídeo. Al día siguiente, 28 de marzo, el sacerdote visitó a Salvador, hijo del fallecido, para atender a su cuidado espiritual y humano, durante su estancia en el hospital.

El capellán le habló de la grabación del entierro, le preguntó si quería verla y Salvador no dudó un instante y dijo: “Sí, quiero despedirme de mi padre”. Durante algo menos de 10 minutos visionó la celebración de despedida de su padre entre lágrimas. “Había silencio y tristeza”, recoge en un artículo la Archidiócesis de Valencia.

El capellán señala con humildad que esta idea “fue una moción del Espíritu Santo. Es una luz que viene a tu alma de forma súbita y se te ocurre la idea”. Y aclara: “No es mérito mío sino de Dios. El amor de Dios es creativo y ocurrente”.

Entrevista completa que el capellán valenciano respondió en exclusiva a zenit.

Don Juan José Segarra, Capellán del Hospital Clínico de Valencia

zenit: ¿Cómo está acompañando espiritualmente a los enfermos COVID-19? ¿Qué necesidades ve en los afectados por la enfermedad? ¿Puede acceder a sus habitaciones sin problema?

D. Juan José Segarra: Estamos acompañando a los enfermos COVID-19 en la medida de las posibilidades que las circunstancias actuales permiten. Las directrices de los hospitales han cambiado y son restrictivas, como es lógico. En estos momentos acudimos a las habitaciones de pacientes COVID-19 cuando nos llaman los familiares o ellos mismos. Tratamos también de prestar toda la atención posible estando presentes de forma permanente en la Capellanía. No faltan nunca nuestras oraciones y la Santa Misa del sacerdote que, celebrada en privado, se ofrece por todos los enfermos, sus familiares, por el personal sanitario y por las almas de los que fallecen.

La necesidad más grande que veo en los afectados por la enfermedad sería la del acompañamiento con presencia física, la del consuelo espiritual directo de forma más asidua. Al estar aislados, sólo tienen contacto con el personal sanitario, que les animan mucho también. Gracias a Dios, la mayoría de ellos pueden conversar por el móvil con sus familiares. Naturalmente, entro en las habitaciones, aunque no tanto como se desearía.

Hasta ahora, la dirección del Hospital Clínico de la ciudad de Valencia, no ha puesto ningún impedimento para acceder a las habitaciones. Lo contrario, la relación es muy buena. Eso sí, nos recuerda siempre que extrememos precauciones. Por otra parte, el personal sanitario, en general, suele ser comprensivo con nuestra labor. No obstante, algo debiéramos hacer para mejorar y crecer en la interrelación del trabajo y comprensión entre la labor de los capellanes de hospital y el personal sanitario en su conjunto.

zenit: ¿Cuántos enfermos de COVID-19 hay en su hospital? ¿Cuántos sacerdotes están ahora allí?

D. Juan José Segarra: No podría determinar la cifra. En estos momentos se nota un poco más de desahogo. Hay menos cantidad de enfermos que padecen COVID-19 y hay un buen número que se va recuperando.

El equipo lo formamos tres sacerdotes y dos religiosas Siervas del Hogar de la Madre, fundadas por el sacerdote Rafael Alonso. En estos momentos, las hermanas no están visitando. Lo hacen los sacerdotes para administrar los sacramentos dado que las visitas son restrictivas. Ellas se encargan de mantener la capilla en perfectas condiciones para que, las personas que se acercan –normalmente el personal sanitario-, puedan tener la tranquilidad de que se cuida su desinfección. Los sacerdotes, una vez realizado y aprendido el protocolo en el Gabinete de Riesgos Laborales para memorizar cómo colocarnos y quitarnos correctamente los EPIS (equipos de protección individual), atendemos el hospital las veinticuatro horas y siete días a la semana. Las hermanas también quedan en la capilla orando por todos y atendiendo a las personas que se acercan administrando la Comunión a los familiares de los enfermos y a todo el personal del Hospital.

zenit: Desgraciadamente, muchas personas están falleciendo por el coronavirus. ¿Cómo procede usted cuando un paciente fallece en su hospital?

D. Juan José Segarra: Cuando tenemos constancia de un enfermo moribundo, le administramos el sacramento de la Unción de los enfermos, junto con la Indulgencia plenaria del Papa concedida para esta situación, y la Recomendación del alma. Ante el fallecimiento de un enfermo, sea o no a causa del coronavirus, ofrecemos la Santa Misa por sus almas, hayamos tenido constancia o no de su fallecimiento. Hayan sido atendidos o no por nosotros, en el memento de los difuntos, durante la Santa Misa, siempre presentamos a todas las personas fallecidas orando por la salvación de sus almas.

zenit: En el marco de la Indulgencia plenaria que el Papa ha concedido a los enfermos de coronavirus y a los asistentes sanitarios y cuidadores que los asisten, se contempla la posibilidad de dar absoluciones colectivas, ¿lo ha hecho en alguna ocasión? En el caso de Valencia, ¿tienen el permiso pertinente del obispo?

D. Juan José Segarra: Efectivamente, las absoluciones colectivas están contempladas por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Sin perder de vista el Concilio de Trento, en donde se declara de modo solemne los tres actos necesarios para una remisión íntegra y perfecta de los pecados, a saber: la contrición, la confesión auricular y la satisfacción; desde la Instrucción de la Sagrada Penitenciaria apostólica el Ordinario del lugar juzga si se dan las condiciones señaladas en dicha Instrucción para impartirlas. Supuesto lo anterior, y dado que el Papa Francisco, el Domingo de Resurrección impartió la Bendición Urbi et Orbi, en la que se concede la Indulgencia, –junto con la propia indulgencia a los enfermos de COVID-19–, hasta el momento en Valencia no hemos recibo ninguna instrucción más.

zenit: Estos días, ¿cómo está viviendo la administración de la Unción de los enfermos? ¿Ha tenido alguna experiencia especial?

D. Juan José Segarra: Con mucha intensidad emocional y espiritual. Emocionalmente, a veces, y de forma espontánea, te pones a llorar sin saber la razón concreta. Un poco por todo, por el sufrimiento de las personas enfermas, de emoción por ver el coraje y gran esfuerzo del personal sanitario, por la frustración que causa no poder hacer más. Espiritualmente también. Cada vez que administro la Unción a los enfermos, bien sean los más graves, a personas mayores o enfermos en general, siento la presencia de Cristo conmigo en la habitación. Siento que estoy haciendo algo valioso por esa persona y me siento confirmado en mi fe y en mi sacerdocio.

Como experiencia especial diría que, además de notar la presencia de Cristo intensamente, también he visto como, después de administrar la Unción de los enfermos, muchos de ellos sanan. Ya sabemos que el sacramento no es un rito de magia, pero es verdaderamente eficaz respecto de la sanación del cuerpo, junto con el perdón de los pecados de toda la vida pasada de la persona que lo recibe. Tanto es así, que me gustaría que alguien haga lo mismo por mí, llegado el caso. De hecho, así lo he dejado por escrito a mis superiores, en caso de que yo no pudiese solicitarlo y para que no dependa nunca, ni siquiera puntualmente, de la persona responsable de mi asistencia médica del hospital en la que estuviere ingresado y pudiese poner algún impedimento a la hora de que entrasen en mi habitación para administrarme el Sacramento.

zenit: En esta situación, ¿se ha encontrado con personas que previamente no se identificaran con la fe cristiana o fueran no creyentes, y al verlo a usted allí, se hayan querido acercar a Dios a través de usted?

D. Juan José Segarra: Efectivamente, así ha sido. Tampoco ha salido a colación en ese momento si la persona se identificaba o no con la fe cristiana o fuera no creyente. Pero la muerte da miedo, asusta. Esta enfermedad nos pone delante nuestra fragilidad y contingencia. Ante esto, muchas personas se abren a Dios. Y Dios, a través de sus sacerdotes que administran los Sacramentos, está siempre esperando para dar ese abrazo a sus hijos como la parábola del Padre Misericordioso. Desde luego que, si te ven, te solicitan. De ahí la absoluta necesidad de la presencia permanente de un sacerdote en la capellanía.

zenit: A finales de marzo, varios medios de comunicación publicaron la historia de Salvador padre y Salvador hijo, de la que usted fue cooperador. Al participar en el entierro de Salvador padre, al que asistieron varios familiares, excepto Salvador hijo, usted grabó la ceremonia que luego ofreció verla a Salvador hijo. ¿Cómo se le ocurrió la idea?

D. Juan José Segarra: Fue una moción del Espíritu Santo. Es una luz que viene a tu alma de forma súbita y se te ocurre la idea. No es mérito mío sino de Dios. El amor de Dios es creativo y ocurrente.

La muerte de un padre, sin una despedida, sin un último beso o abrazo, es tremendamente dura. De repente, tu padre o tu madre, un día desaparecen de tu vida sin más. Por eso, y bajo esa moción del Espíritu, entendí que el visionado del responso que se realizó por el papá de Salvador sería una manera de decir adiós a la persona amada. Ante la muerte de un ser querido, la despedida es muy importante para poder cerrar la etapa del duelo. Salvador estaba muy agradecido y se sintió confortado. Le dije también que, en su momento, celebraríamos el funeral convenientemente junto con toda la familia.

zenit: En estas situaciones, el sentimiento de tristeza que sienten los familiares es mayor al no poder despedirse de sus allegados difuntos, ¿cómo consuela usted a estas personas? ¿les propone alguna oración en concreto?

D. Juan José Segarra: Consolar a alguien a quien un familiar, de repente, desaparece de su vida, no es fácil. Aun así, es muy importante el testimonio del mensajero, es decir, del sacerdote o creyente que está consolando al familiar. Somos hombres y mujeres de fe, y ese trasfondo de esperanza que albergamos en nuestra alma se nota.

La oración por antonomasia que les propongo es la Santa Misa, que es lo más grande que un sacerdote puede ofrecer. Además de llevar el consuelo de Dios con nuestro testimonio, también lo hacemos con los sacramentos de la Iglesia, que son eficaces en el alma y en el cuerpo. No somos una especie de “psicólogos espirituales”, sino que, además, administramos los sacramentos que tienen un verdadero efecto en el alma para consolarla como ninguna otra palabra que un ser humano podría pronunciar para animar a alguien.

ROSA DIE ALCOLEA


Cardenal Stella: La pandemia, “una oportunidad propicia” para los sacerdotes

Pensar en ellos con gratitud y afecto.

(zenit – 12 abril 2020).- Para el sacerdote, esta pandemia es “una oportunidad para detenerse, discernir y evaluar el drama que estamos experimentando, como parte de su responsabilidad ministerial”, dijo el cardenal Beniamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero, en un entrevista publicada en L’Osservatore Romano.

El prefecto de la Congregación del Vaticano señaló entre los sacerdotes “un nuevo deseo de evangelización y cuidado pastoral para el pueblo de Dios”. Está encantado con una “creatividad” que “nos acerca a las personas de todos modos”, en particular mediante el uso de las redes sociales y los “medios por los cuales pueden ejercer un ministerio real, especialmente en tiempos de pandemia, permaneciendo cercanos, a pesar de la distancia”.

Refiriéndose al sacrificio y a la dedicación de tantos sacerdotes en este tiempo de contagio, el cardenal Stella expresó el deseo de que después de la pandemia, “pensemos en los sacerdotes con gratitud y afecto similares a aquellos con los que tanta gente habla hoy de los médicos, las enfermeras, los profesionales de la salud y la policía que están presentes en el terreno hasta el heroísmo”.

HG

Entrevista con el cardenal Stella

Cardenal Stella (Foto: © L’Osservatore Romano)

Este año, debido a la pandemia, la Misa Crismal del Jueves Santo no se celebra en muchas diócesis; se pospone para una fecha posterior. ¿Cómo renovar las promesas sacerdotales en este contexto?
La historia bíblica a menudo nos habla de situaciones de grandes crisis y dramas para el pueblo, en las que incluso el Templo es destruido y donde es imposible practicar el culto. En este sentido, Jeremías tiene palabras de desolación: “Incluso el profeta, incluso el sacerdote, andan errantes por el país y nada saben” (14,18). Y sin embargo, en estas circunstancias aparentemente desesperadas, Dios sugiere otros espacios para alabarlo y servirlo; De esta manera, también nos purifica de algunos de nuestros esquemas pastorales habituales y de ciertas formas que son demasiado externas, que a veces pueden oscurecer la belleza del Evangelio y la frescura del rito litúrgico. Es bien sabido que en la Misa Crismal, llamada así porque el obispo consagra los aceites para el sacramento del Bautismo, la Confirmación, del Orden sagrado y de la Unción de los enfermos, el rito prevee la renovación de las promesas sacerdotales, que explicitan los compromisos tomados el día de la ordenación en lo que concierne a la vida y al ministerio.

Ahora, si estas promesas quieren expresar la identidad profunda del sacerdote, es decir, que no recibe la ordenación para su satisfacción personal, sino que es el signo vivo de Cristo el Buen Pastor que ofrece su vida por sus hermanos, el Jueves Santo, tenemos la oportunidad de renovarlos no solo con nuestros labios y en la oración de la Misa Crismal, sino que esta vez cargando sobre nuestros hombros el inmenso sufrimiento del pueblo cristiano y de la humanidad, ofreciéndonos como intercesores al corazón de Dios. Si bien respetamos las distancias de precaución que se nos solicitan, tenemos muchas posibilidades de expresar nuestra cercanía humana y espiritual y dar testimonio de manera oportuna de la ofrenda de nuestra vida por el rebaño. En el silencio del corazón es una oración auténtica que agrada al Padre y que cae sobre el pueblo de Dios como un bálsamo que suaviza la soledad, el miedo y el mal. Estoy seguro de que en la mañana del Jueves Santo, sufriendo internamente por la ausencia del gesto litúrgico, ningún sacerdote se olvidó de presentarse ante el Señor, renovando con humildad y profundidad las promesas de su ordenación.

¿Cómo pueden los sacerdotes ejercer su ministerio durante este período?
Estoy convencido de que, para el sacerdote, interpelado ante Dios y el pueblo cristiano, esta es una ocasión propicia para detenerse, discernir y evaluar el drama que estamos experimentando, en el marco de su responsabilidad ministerial. Observo que, precisamente en estas semanas, se ha despertado entre los sacerdotes un nuevo deseo de evangelización y de preocupación pastoral por el Pueblo de Dios, por lo que está surgiendo una creatividad que, en todo caso, nos acerca a personas que sienten, y esto nos sorprende gratamente, el “hambre” de la Eucaristía. Quizás nunca como ahora las comunidades hayan percibido en sus corazones una verdadera nostalgia por su iglesia, las reuniones fraternas que tienen lugar allí y especialmente la celebración de la misa, los sacerdotes en particular, gracias al uso de las redes sociales y las numerosas herramientas de comunicación digital, también hemos participado activamente en una serie de iniciativas que se ejecutan a través de la web, buscando ofrecer una rica variedad de mensajes, oraciones, homilías y meditaciones sobre la Palabra de Dios, etc. Estos son los medios por los cuales pueden ejercer un ministerio real, especialmente en tiempos de pandemia, manteniéndose cerca, a pesar de la distancia.

¿Podemos ver modalidades interesantes para el cuidado pastoral?
En respuesta a una situación de gran fatiga y gran sufrimiento, que paralizó nuestras energías y obligó a las personas a un aislamiento forzado, se han activado otras iniciativas pastorales de presencia, no solo virtuales, y están llegando al corazón de los fieles a través de gestos y palabras. En estas novedades creativas, el Espíritu Santo también trabaja y apoya el camino de los creyentes, al momento de cruzar el desierto. Sin embargo, hay un aspecto que no debe pasarse por alto, que requiere atención pastoral especial de los sacerdotes: este momento difícil puede ayudar a las personas a redescubrir la dimensión de la Iglesia doméstica, la belleza de la oración familiar, la importancia de leer el Evangelio en casa. Para ayudar al pueblo cristiano a encontrar la profundidad en su relación con Dios, observo que muchos párrocos, por ejemplo, preparan hojas para las familias similares a las de la Misa, con lecturas dominicales y una breve reflexión, también se les ofrece una señal para poner en el centro de la mesa, un gesto cristiano para compartir, la recitación del Padre Nuestro o una oración mariana. También vimos pequeñas ramas de olivo y los dibujos bíblicos de niños exhibidos en el exterior de sus hogares, como una expresión viva de la fe de la familia.

 ¿Cómo puede el sacerdote evitar la tentación, contra la cuáll el Papa ha advertido en los últimos días, “hacer el ‘Don Abbondio’”? (un pequeño párroco vago, de la novela de Manzoni, Los Novios)
Sobre todo, la convicción interna, para todos los sacerdotes, debe ser esta: la suspensión de las liturgias y las distancias de seguridad nunca deben convertirse en una coartada para aislarse o descansar. No tengo dudas de que los sacerdotes fueron tocados por el sacrificio de tantos de sus hermanos que murieron por el contagio; En su sufrimiento y en el aislamiento de los servicios médicos, mirando de cara la eternidad, estos sacerdotes habrán orado y ofrecido sus vidas por sus comunidades, trayendo ante el Señor, en el tormento de la enfermedad, las necesidades materiales y espirituales de su pueblo. Con el corazón, habrán visto los rostros de sus jóvenes que atraviesan una crisis en su fe y de todas las madres angustiadas y sufriendo para soportar el cansancio y la fatiga de sus familias.

Hablando con sacerdotes, me conmovió escuchar la voz quebrada por un sollozo real en el teléfono, debido a la imposibilidad humana de socorrer a los fieles en el drama actual. Por lo tanto, percibí el valor de la oración intercesora por el pueblo de Dios, tan a menudo enfatizado por el Papa Francisco, como cuando pidió a los sacerdotes que “pelearan con Dios” en beneficio de sus fieles. También reuní la fatiga de los sacerdotes, agotados por hablar con la gente por teléfono, porque perciben la importancia de este apoyo espiritual para tantos corazones desesperados. A diferencia de ‘don Abbondio’ encerrado en su presbiterio, del que habló el Papa, también veo al sacerdote en los bancos de su iglesia, esperando la visita de algunos fieles, listo para dar su bendición y decir una palabra de esperanza y consuelo. Como el Papa nos recomendó al comienzo de esta dolorosa tragedia, imagino que los pastores pudieron en algunos casos llevar la unción de los enfermos o el sagrado viático a una persona moribunda.

Me impresionó mucho el ejemplo de los fieles laicos, médicos o enfermeras, que pudieron demostrar su fe en Jesús resucitado, dibujando en la frente del moribundo la señal de la cruz. Nunca podremos olvidar el gesto de los sacerdotes que pasaron ante los ataúdes de sus fieles con la bendición de la Iglesia, confiando a los difuntos la entrada a la vida eterna con el misericordioso corazón de Dios Padre y portando en su propia persona, en la imposibilidad de hacer lo contrario, la presencia de toda la comunidad. Cualquier buen sacerdote habrá sabido cómo inventar su fórmula, sus gestos, reuniendo el impulso interno de su identidad como pastor y la de la voz del Espíritu Santo que lo empuja a ser activo y vigilante en medio de su pueblo, de acuerdo con las costumbres culturales y litúrgico de cada país. Deseo realmente que en el futuro, cuando salgamos de esta infinita pandemia, pensemos en los sacerdotes con una gratitud y un afecto similares a los que tanta gente habla hoy en día de los médicos, enfermeros, profesionales de la salud y agentes de la ley presentes sobre el terreno hasta el heroísmo.

HÉLÈNE GINABAT


El beso que “cambió la vida” a Philippe Naudin al encontrarse con Francisco

Entrevista de Anne Facérias.

(zenit).- Para los lectores de zenit, Anne Facérias recogió este testimonio al final de la audiencia general del pasado miércoles 19 de febrero de 2020, en la sala Pablo VI del Vaticano, en la que participó como parte del Simposio de la Diaconía de la Belleza.

En su sitio web, Philippe Naudin cuenta cómo, diez días después de su nacimiento, sufrió una meningitis que lo dejó paralizado. A la edad de siete años, en una peregrinación a Lourdes, comenzó a caminar, luego habló y pudo asistir a la escuela.

En este testimonio, cuenta su encuentro con el Papa Francisco, algo que le “cambió la vida”.

Philippe Naudin besando al Papa Francisco (Foto: © Vatican Media)

Anne Facérias: Usted que besó la frente del Papa… ¿quién es?

Philippe Naudin: Soy Philippe Naudin, tengo discapacidad desde que era niño. Nadie me quiere, todos me rechazan pero tengo muchos amigos, ¡esta es mi oportunidad! Empecé desde muy bajo, ahora estoy cerca del Papa. Dios quiere decirme que me ama mucho. Mi foto con el Papa da la vuelta al mundo para dar esperanza a quienes, como yo, no están mimados por la vida.

Anne Facérias: ¿Qué estaba haciendo en Roma?

Philippe Naudin: Formo parte de la Diaconía de la Belleza, un movimiento para artistas en torno al arte y la fe. Compartimos nuestro amor por el Señor juntos y he estado involucrado desde su creación, que llevó a cabo Michaël Lonsdale.

El 11 de febrero de 2020, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, Día Internacional de los Enfermos, recibí una llamada de Anne Facérias, directora de la Diaconía de la Belleza. Ella me invitó a asistir al Simposio en Roma, que organiza cada año alrededor del 18 de febrero para la fiesta del beato Fra Angelico y Santa Bernadette. Dije que sí y vine.

El 19 de febrero todos los participantes del Simposio acudieron a la audiencia papal. Con Anne Facérias, nos colocaron en primera fila a Michaël Lonsdale y Yann Konopka (pianista con discapacidad), y a mí.

Preparamos nuestros corazones para saludar al Papa con una oración muy simple: “Señor, haznos instrumentos de tu paz, que se haga tu voluntad, guíanos en la gracia del Espíritu Santo para transmitir la belleza al mundo”.

Michaël y Anne le dieron al Santo Padre el libro sobre los fundamentos de la Diaconía de la Belleza: “En el camino de la belleza y del amor”, libro de entrevistas entre el cardenal Paul Poupard y Michaël Lonsdale.

Entonces fue mi turno. Me levanté de mi silla y besé al Papa en la frente como si estuviera besando a Jesús. Este beso me cambió la vida.

El Papa me pidió que rezara por él y le respondí: “Sí, no hay problema, hermano. Entre usted y yo, no hay diferencia porque ambos tenemos el mismo corazón para rezarle a nuestro Dios”. Con Anne y Michaël que estaban a mi lado, invitamos al Papa a venir a Lourdes a nuestra casa de artistas de la Diaconía de la Belleza. Él sonrió porque ama mucho a Lourdes y creo que le gustaría venir.

Anne Facérias:  ¿Es esta la primera vez que se encuentra con Francisco?

Philippe Naudin: No, ya había venido a Roma para otro simposio organizado por la Diaconía de la belleza.

Tuvimos una audiencia privada el sábado 24 de febrero de 2018 con Monseñor Le Gall, arzobispo de Toulouse, Don Pietro d ‘Angelo, Michaël Lonsdale, Big Flo y Oli, Filippo Velardi… y diferentes artistas: músicos, poetas, cantantes, pintores, arquitectos, escultores, actores. , bailarines, sean cuales sean nuestras disciplinas, buscamos compartir nuestra búsqueda de la verdad y nuestras pasiones.

Anne Facérias presentó a los 50 participantes y los diversos grupos de la Diaconía al Santo Padre: París, Lyon, Toulouse, Albi, Nantes, Roma, Venecia, Mauricio… Fue un momento bendecido cuando todos se sintieron mediadores entre “tierra” y “Cielo”.

Cuando llegó mi turno, estaba muy conmovido, el Papa me besó y me preguntó tres veces: “Bendíceme, hijo mío”. Así que lo bendije y me dio un rosario que aún tengo y una foto.

Anne Facérias: ¿A qué se dedica en la vida?

Philippe Naudin: Soy actor, pero para mí es muy difícil ganarme la vida, así que estoy “rezando” en Lourdes. Con Daniel Facérias y los amigos de Lourdes (Cité Saint Pierre, Cénaculo, Santuario, ayuntamiento, parroquia) vamos a organizar sesiones y residencias en la casa de nuestros artistas para personas discapacitadas o precarias. Estamos acondicionando la planta baja en una sala de trabajo con un pequeño teatro experimental.

Anne Facérias: Y ahora, ¿cómo va a continuar su camino?

Philippe Naudin: He recibido muchas gracias toda esta semana en Roma. Me gustaría compartir con los demás todo lo que hemos experimentado. Es muy importante evangelizar a través del arte y la belleza.

Me gustaría preparar mi espectáculo futuro que cuenta la vida de dos osos polares “Bouba” y “Boumboum”, que se encontrarán con el Papa. Los dos osos cuentan la historia de mi vida. Puede ir a mi sitio web: philippe-alias-bouba. ¡En esta Cuaresma que comienza, entremos en un camino profundo de oración que nos llevará a la Resurrección, la verdadera Belleza!

ANITA BOURDIN


Cardenal O’Malley, arzobispo de Boston y miembro del Consejo de Cardenales: «Es importante el testimonio de una Iglesia arrepentida»

El capuchino Seán Patrick O’Malley fue nombrado arzobispo de Boston (EE. UU.) en 2003, en plena tormenta por los abusos sexuales en la diócesis. Aparte de reunirse «con cientos de sobrevivientes y sus familias» y establecer «políticas y procedimientos para tratar de asegurar que el mal del abuso sexual no vuelva a ocurrir», su empeño ha sido «reconstruir la Iglesia» y recuperar su empuje evangelizador.

Creado cardenal por Benedicto XVI en 2006, forma parte del Consejo de Cardenales de Francisco y preside la Comisión Pontificia para la Protección de Menores. La semana pasada repasó estas vivencias en las III Jornadas de actualización para sacerdotes de la diócesis de Madrid, celebradas en la Universidad San Dámaso

(Foto: Universidad San Dámaso)

En su intervención dijo que, al llegar a Boston, vio que «la gente esperaba que sacerdotes y líderes de la Iglesia hicieran siempre lo correcto, y la Iglesia los defraudó». ¿Cómo de difícil se vuelve anunciar el Evangelio en un contexto así?
Ha sido muy difícil, pero todos nos damos cuenta de que el contacto personal, el testimonio de una Iglesia arrepentida y deseosa de corregir los errores del pasado y sanar las heridas que hemos causado, es muy importante. Al mismo tiempo, vemos que la alegría de un testimonio, de una vida que refleja los valores del Evangelio, es la mejor invitación a los demás.

¿Cómo se aborda la tarea de reconstruir la Iglesia internamente, como señaló usted, y al mismo tiempo se es fiel al mandato del Señor de anunciar el Evangelio fuera de ella?
En parte, construyendo una comunidad más fuerte, con nuestros fieles y sacerdotes, y también haciendo hincapié en las obras de misericordia de nuestra Iglesia. Estamos aquí para servir a los que sufren, no solo a las víctimas, sino también a los pobres, a los enfermos… Muchas personas, sobre todo jóvenes, se sienten atraídas hacia la Iglesia por ese ministerio de misericordia, de servicio.

Antes la gente venía a la Iglesia, rezaba y luego iba a trabajar con los pobres. Hoy empezamos con el servicio, que luego los acerca a la Iglesia. Todos los jóvenes, aunque muchos no son muy practicantes, tienen un deseo de servicio a los necesitados. En eso descubren la misión de la Iglesia y su propia identidad como miembros de una comunidad que está para hacer presente la misericordia de Cristo en el mundo actual.

A veces parece que sacerdotes, religiosos y laicos hemos ido cada uno por nuestro lado… Sostiene que esto de evangelizar es un «deporte de contacto», pero se debe practicar en equipo, ¿no?
Solo cuando practicamos este deporte en equipo, ganamos [se ríe]. El gran desafío es convertir a la muchedumbre, que es una colección de individuos, con su propia agenda y sus intereses, muchas veces en competición, en comunidad. Para nosotros los cristianos es la familia de Cristo; queremos convertir a todos en nuestros hermanos.

Tenemos parroquias fuertes y tenemos comunidades apostólicas que también aportan a la espiritualidad, la formación, el sentir de vocación, el sentir de evangelización en la diócesis… Nuestros consejos parroquiales son muy activos y aportan mucho, sobre todo con nuestro nuevo plan de evangelización, Discípulos en misión. Estamos tratando de dar más formación e importancia a los laicos para que tengan un papel más significativo en la misión de evangelizar.

¿Le preocupa que algunos se queden solo con una parte del mensaje del Evangelio?
El obispo tiene que ser el director de la orquesta, para que todos toquen el mismo himno y canten en armonía. Siempre hay peligro de cierto separatismo, pero la Iglesia es Iglesia cuando todos estamos trabajando en conjunto, viviendo en comunidad y apreciando los carismas de los demás. Eso es lo que realmente enriquece a nuestra comunidad.

Ahora que empieza la larga carrera presidencial en Estados Unidos, ¿qué le parece cuando se usa la religión casi como arma arrojadiza?
En los Estados Unidos tenemos la tradición de ser un país muy religioso. Para el pueblo americano en general la religión es muy importante en sus vidas y los políticos siempre han hablado de Dios. No es de sorprender que hablen en estos términos; lo que nos preocupa es cuando se vuelve ideología en vez de un sentimiento de fe.

¿Qué voz tiene la Iglesia para los migrantes?
Estamos pasando un momento difícil, porque tenemos muchísimos indocumentados, que están con varios permisos que se caducan y hay mucha incertidumbre, la gente sufre mucho. La Conferencia de Obispos Católicos siempre está tratando de presionar al Gobierno para que resuelva este problema. Estamos muy unidos en este esfuerzo por promover el bienestar de los inmigrantes y conseguir una legislación más humana de inmigración, que podría resolver muchos problemas para mucha gente. Pero ha sido muy difícil. El Congreso está muy polarizado y esperamos que, tal vez después de las elecciones, haya más paz y la oportunidad de hacer progresos en este sentido. Es muy urgente para el país y la Iglesia.

Usted forma parte del Consejo de Cardenales, ¿cómo es trabajar con el Papa?
Es muy fácil. Es un hombre tan bueno, tan abierto, tan humilde… No hay mucha ceremonia cuando uno está con él, se siente con un hermano.

La reforma de la Curia está a punto de llegar a su final, ¿qué balance hace?
El documento simplemente va a ser una descripción de muchas cosas que ya se han hecho. El Santo Padre quiere que la Curia sea más pastoral, en su enfoque más al servicio de las conferencias episcopales del mundo entero; un instrumento de evangelización y de construir comunión entre nosotros.

Mucho del trabajo ya se está realizando, como ocurre con la Comisión Pontificia para la Protección de Menores. El Santo Padre ha hecho de esto una prioridad de su pontificado y ha logrado bastante. Es un gran desafío que requiere mucha educación en el mundo entero, porque en muchas partes ni siquiera han empezado a hablar del problema.

Rodrigo Pinedo

Hermana María: La vocación contemplativa, “misión de vida escondida en la Iglesia”

Religiosa de la Orden de la Visitación.

(zenit – 31 enero. 2020)-. La hermana María describe la misión de las consagradas contemplativas como “las raíces del árbol, que permanecen ocultas”, pero, que, como tales, por medio de la oración, “tratamos que la savia llegue a todo el árbol de la Iglesia y del mundo”.

“Por eso nuestra misión de vida escondida, de amor tanto a Dios como a los hermanos, de vida fraterna en comunidad, sigue siendo actual en el mundo de hoy, pues precisamente de lo que este esté más necesitado sea de la oración”, continúa.

Con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, celebrada por la Iglesia en la Fiesta Litúrgica de la Presentación de Jesús el 2 de febrero, zenit ha entrevistado a la hermana María, religiosa de la Visitación del Monasterio de Sevilla.

Día Mundial de la Vida Consagrada

Fachada del Monasterio de Las Salesas en Sevilla (© Visitandinas de Sevilla)

Sobre el Día de la Vida Consagrada, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica del Vaticano en un artículo publicado en Osservatore Romano, subraya que se trata una jornada de oración por las vocaciones y de acción de gracias al Señor “por el don de tantos consagrados y consagradas que, en tierras de misión o en las dificultades de la vida y del trabajo cotidiano, viviendo en contextos a menudo incluso difíciles, cuidan de los últimos y más frágiles y son testigos y anunciadores de la presencia de Dios en el mundo”.

En esta circunstancia todas las personas consagradas renuevan su compromiso de ser “luz del mundo y sal de la tierra”, de trabajar por la paz y la fraternidad, acogiendo la invitación del Papa a ser “hombres y mujeres que iluminan el futuro”.

Orden de la Visitación de Santa María

La Orden de la Visitación de Santa María es un Instituto Religioso de vida contemplativa fundado por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca Frémyot de Chantal en 1610 en Annecy (Saboya, Francia).

También en el siglo XVII, se produjeron las apariciones a santa Margarita María de Alacoque en Paray-le-Monial, religiosa de la Orden, que junto a su director espiritual, el jesuita san Claudio de la Colombière, impulsaron esta devoción difundiendo los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús.

Año Jubilar

En el año 2020 la familia visitandina, presente tanto en monasterios en España como en Latinoamérica, celebra el primer centenario de la canonización de santa Margarita María de Alacoque. Con motivo del mismo, la Santa Sede concedió un Año Jubilar para todos los conventos de la Orden de la Visitación, en curso desde el 16 de octubre de 2019 hasta el 17 de octubre de 2020.

Las hermanas de la Visitación, también conocidas como salesas, están llamadas a vivir el Santo Evangelio siguiendo los Consejos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, con un espíritu de profundad humildad para con el Señor y de dulzura para con el prójimo, atentas siempre a la renuncia del “hombre viejo” para vivir de la Voluntad Divina.

Guardia de Honor del Sagrado Corazón
En el seno de la Orden nació también en 1863 la Asociación Eucarística Guardia de Honor del Sagrado Corazón (Hora de Presencia al Corazón de Jesús) con el fin de responder a la queja de Jesucristo: “Busqué quien me consolara y no lo hallé”.

De este modo, los asociados de hora en hora, continúan la misión de la primera Guardia de Honor del Calvario (María, san Juan y María Magdalena) comprometiéndose a dedicar una hora de su día a ofrecer al Corazón de Jesús todo lo que haga  durante ese tiempo, sin cambiar su ocupación diaria (trabajo, estudio, deporte, oración, sana diversión…).

Entrevista completa con la Hermana María

zenit: ¿Cómo describiría la misión de las consagradas de clausura en la Iglesia?
Hermana María: ¡Dios sea bendito! Me alegra mucho comenzar con esta pregunta porque para nosotras ha sido difícil aceptar que nos hicieran una entrevista en un medio de comunicación que se lee en todo el mundo.

Nuestra misión en la Iglesia como religiosas contemplativas es esencialmente oculta. Tanto los documentos pontificios como toda la espiritualidad contemplativa a lo largo de la historia nos han definido como “el corazón de la Iglesia”. El corazón siempre está oculto, si en el cuerpo místico de la Iglesia nosotras representamos ese corazón es esencial que estemos ocultas, escondidas, ya que en el momento en el que el corazón sale al exterior, el cuerpo muere.

No obstante, nuestra vida, por ser contemplativa, no significa que no sea apostólica. Al contrario, al vivir de la misma vida de Dios y esa intimidad con el Señor en una entrega que procuramos que sea lo más radical posible, esperamos que Él recoja nuestra oración como un incienso que después disperse por todo el mundo.

También nos comparan con las raíces del árbol, que permanecen ocultas, pero, por medio de la oración, tratamos que la savia llegue a todo el árbol de la Iglesia y del mundo. Por eso nuestra misión de vida escondida, de amor tanto a Dios como a los hermanos, de vida fraterna en comunidad, sigue siendo actual en el mundo de hoy, pues precisamente de lo que este esté más necesitado sea de la oración.

zenit: ¿Cuál es el día a día o la rutina de una religiosa dentro de la Orden de la Visitación?
Realmente la rutina no existe para una religiosa de la Visitación, ya que cada momento o minuto vivido para Dios siempre es nuevo, nunca tiene ese matiz de ser igual que establece la palabra “rutina”.

Nuestros días son muy sencillos, no hay nada llamativo, nada extraordinario. Vivimos alternando la oración con el trabajo y la vida en comunidad. En la oración toma un sentido especialísimo nuestra misión propia en la Iglesia con el rezo de la Liturgia de las Horas, que procuramos realizar de la manera más solemne posible, cantado en la mayoría de las distintas horas, y esto realmente marca el horario de nuestro día.

Vivimos a partir de lo que la Liturgia nos va prescribiendo. Empezamos el día con una hora de oración y la Santa Misa y después el rezo de los laudes. Luego se va alternando, a lo largo del día, el rezo de la mencionada liturgia con el trabajo y la vida fraterna en las reuniones comunitarias, que también son importantes para no perder el espíritu de familia que es tan propio de la Orden de la Visitación.

Los trabajos que realizamos son los corrientes de la vida del monasterio y de cualquier familia: costura, cocina, lavandería, limpieza, arreglos de la casa, atender la sacristía…Estas labores son desempeñadas por todas las hermanas, incluso las más mayores, dentro de sus posibilidades.

Por ejemplo, en la actualidad somos 15 hermanas. Yo soy la sacristana y la hermana que me ayuda tiene 87 años. A pesar de su edad, no deja de venir todos los días a preparar los vasos sagrados para la Santa Misa y a hacer lo mismo con mucho esmero para el día siguiente, siempre pendiente para ayudar en lo que pueda dentro de este oficio.

zenit: ¿Cómo descubrió que el Señor le llamaba para la vida consagrada?

Mi experiencia a la hora de descubrir la vocación se puede resumir en dos elementos. El primero es el deseo que el Señor puso en mi corazón de pertenecerle solo a Él, de ser solo suya, de darle todo.

En segundo lugar, me influyó mucho el mirar al mundo, la necesidad que este tenía de oración. Ver el sufrimiento de las personas, la impotencia que experimentaba al percibir la dura realidad actual y sentir que no podía llegar a todo.

Ante la magnitud de lo que había que hacer, el Señor me hizo ver que en el don total de la persona podía traducirse ese deseo de llegar a todo y a todas partes. Porque el único capaz de ello es Dios, al corazón del hombre solo llega Él. Es decir, que el Señor puede tomar esta entrega de la vida completa como una pequeña gota de agua y llevarla como una lluvia a todo el mundo, a donde sea necesario.

Encontré en la Orden de la Visitación la respuesta a estas dos aspiraciones que Dios había puesto en mi corazón. Además, en concreto, me atrajo muchísimo la importancia que en ella se da a la vida de caridad entre las hermanas, a la dulzura que enseña san Francisco de Sales. Cuando vine a pasar unos días con la comunidad para discernir mi vocación me llamó mucho la atención cómo se trataban las hermanas, cómo se querían sinceramente unas a otras.

Algo que también resultó fundamental en mi vocación fue que nuestra orden estuviese dedicada especialmente a la Santísima Virgen, modelo de toda alma consagrada, y en el Misterio de la Visitación, momento en el que María se hace dócil al Espíritu Santo y, movida por la caridad, canta el Magnificat de alabanza divina. Este misterio de la Visitación, además, encierra el corazón de Jesús oculto en María y el corazón de María lleno del de Jesús.

zenit: ¿Qué aconsejaría a las personas que se plantean su vocación sobre esta opción de vida o a las que pueden considerarla?

Yo les aconsejo simplemente que se pongan delante del Señor, delante de la Eucaristía, a los pies de Jesús crucificado. Que le miren y se dejen mirar por Él, porque creo que no puede haber mayor felicidad en el mundo que pertenecer totalmente a Dios. Cuando nos ponemos delante de Él dispuestos a hacer su voluntad, “no perdemos nada, lo ganamos todo”, como decía Benedicto XVI.

Igualmente, para discernir la vocación les aconsejo que se pongan en contacto con un sacerdote o con una persona consagrada, que les acompañe en el camino de ver la voluntad de Dios en su vida.

Por otro lado, ya que existe la posibilidad en casi todos los monasterios de vivir unos días de experiencia vocacional, a aquellas personas que sientan esa inquietud hacia la vida contemplativa, les animó a acercarse a ellos. De este modo, pueden comprobar por sí mismos cómo vivimos y cuál es nuestra espiritualidad, sea la de la Orden de la Visitación o la de cualquier otra por la que se sientan atraídos.

zenit: ¿Tienen previsto alguna actividad especial para celebrar la Jornada de la Vida Consagrada?
Este día lo vivimos, por supuesto, rezando por la vida consagrada, porque es nuestra misión. En esa jornada, el Señor se mantiene expuesto durante un tiempo más prolongado para que cada una pueda dedicar más espacio a adorarlo, a estar con Él, pues, en definitiva, eso es la vida consagrada, estar con Él.

Además, celebramos la procesión de las velas justo antes de la Misa, en la que participan también los fieles que asisten a la misma. Las hermanas hacemos la procesión por el interior del monasterio hasta llegar al coro y los feligreses van por la parte exterior del mismo, hasta llegar a la iglesia.

Esta comienza en el locutorio, donde el sacerdote bendice las velas de los participantes en la procesión. Durante el recorrido vamos cantando a Cristo “luz de las naciones” porque ese gran día de la luz renovamos nuestra entrega y las velas simbolizan la propia consagración. Los feligreses, por su parte, renuevan su propia fidelidad al Bautismo.

zenit: Su orden fue fundada por san Francisco de Sales y por santa Juana Francisca Frémyot de Chantal, háblenos sobre la influencia del testimonio y escritos de estos santos en la Orden…

La influencia y el testimonio de nuestros santos padres fundadores es muy grande, no solo para la Orden de la Visitación, pues la espiritualidad salesiana se ha ido difundiendo en múltiples congregaciones religiosas que se han inspirado en su espiritualidad de humildad, de dulzura.

Por otro lado, su obra Introducción a la vida devota, aunque se escribiera hace tres siglos, sigue siendo actual y su contenido espiritual y sus enseñanzas son recomendables para cualquier cristiano que quiera vivir en profundidad su fe.

En concreto, en el carisma propio de la Visitación, el ser hijas de san Francisco de Sales, doctor del amor de Dios, consiste en vivir esencialmente de ese amor de Dios, buscar siempre la pureza en amor de Dios y en el amor a los hermanos. Se centra en la humildad para con Dios y la dulzura para con el prójimo, dos virtudes características de nuestro fundador que constituyen la base de nuestra Congregación.

Unido a san Francisco de Sales está nuestra santa madre, Juana Francisca de Chantal, modelo para todos los estados de la vida. Ella fue esposa, madre, viuda y, por último, fundadora de nuestra Orden. En todos esos estados fue un alma santa que solo buscaba a Dios y su vida cambió al encontrarse con san Francisco de Sales.

zenit: En pleno año jubilar por el primer Centenario de la Canonización de Santa Margarita María de Alacoque, hermana de la Visitación ¿cuáles son los frutos que esperan de él?
Este año es muy importante para toda la Orden de la Visitación porque el Señor, al manifestarse a santa Margarita María quiso dar a nuestra orden el don más precioso que podía haberle dado, el de su corazón. Por eso nosotras al celebrar este centenario queremos hacer más nuestro, si cabe, todo este mensaje que el Señor le transmitió a santa Margarita, hacerlo vida y transmitirlo a los demás.

El mensaje que Nuestro Señor le transmitió a santa Margarita sigue siendo hoy plenamente actual. En su principal revelación, Dios le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, solo recibe de la mayoría de ellos ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como de las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de Amor”, refiriéndose a la Eucaristía.

Y continuó, indicándole, “al menos tú, ámame”, un mensaje dirigido a todas las personas que debemos de escuchar cada uno en nuestro interior, tratando de dar al Señor ese amor que espera de nosotros en la Eucaristía, donde Él lo pide, y poniendo el acento en la reparación por ese amor que muchos le niegan.

En definitiva, consiste en estar con Él. Si nos diéramos cuenta del tesoro infinito de la Eucaristía, la maravilla de la presencia de Dios con nosotros, creo que no habría quien pudiera alejarnos del Sagrario.

Esperamos muchos frutos de cada uno de nuestros monasterios, de nuestras hermanas, vivir con mayor profundidad la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y también que otras personas que no conocen este tesoro infinito, se acerquen a él y lleguen a vivir de esa vida de Dios, que es lo más importante y la fuente de la completa felicidad.

Esperamos también que el Señor pueda tocar los corazones de muchas personas que acudan a nuestros monasterios para seguir con esta misión nuestra de dar al Corazón de Jesús al mundo, por medio de la oración y de la vida contemplativa en silencio.

zenit: ¿Qué supone para ustedes la existencia de la Guardia de Honor del Sagrado Corazón?
Para nosotras la Guardia de Honor supone un vínculo muy importante con todas las personas seglares y laicas que participan de la Devoción al Corazón de Jesús y la difunden por el mundo entero. No solo en nuestros monasterios, sino en todos los lugares en los que la Guardia de Honor está presente, aportando esa gloria, amor y reparación al Corazón de Jesús que expresa su lema.

LARISSA I. LÓPEZ


P. José Ignacio Figueroa: Los mayores, “protagonistas de la pastoral de la Iglesia”

I Congreso para Ancianos.

(zenit).- “Los mayores son la Iglesia y por tanto son protagonistas de la pastoral de la Iglesia; los mayores evangelizan, transmiten la fe en la familia, colaboran en miles de tareas… Los mayores son, por fin —como tantas veces ha destacado el Papa Francisco—, un pozo inagotable de experiencias y sabiduría que no debemos descartar”, señala el padre José Ignacio Figueroa en una entrevista concedida a zenit.

José Ignacio Figueroa Seco es sacerdote de la Diócesis de Alcalá de Henares, en Madrid, y en junio de 2018, fue nombrado consiliario general del Movimiento de Apostolado Seglar para Mayores y Jubilados “Vida Ascendente” por la Conferencia Episcopal Española. Es uno de los participantes en el I Congreso Internacional de Pastoral para las Personas Mayores, titulado “La riqueza de los años”, y ha intervenido hoy, 28 de enero de 2020, en la rueda de prensa de presentación del mismo.

Efectivamente, del 29 al 31 de enero de 2020, se celebrará en el Centro de Congresos Augustinianum de Roma este primer congreso destinado a reflexionar en torno a las necesidades pastorales de las personas de mayor edad en la sociedad.

Solicitud del Papa
Este evento, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, surge como respuesta a la solicitud del Papa Francisco, que ha resaltado en numerosas ocasiones el papel de las personas mayores en la transmisión de la fe, en el diálogo con los jóvenes y en la custodia de las raíces de los pueblos.

Frente a la prolongación de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población, el Santo Padre ha reconocido que “la espiritualidad cristiana ha sido tomada por sorpresa” y que es necesaria “una renovada reflexión eclesial” sobre la que define como “la bendición de una larga vida”.

Al mismo tiempo, a estas personas longevas, el Pontífice les ha pedido ser protagonistas de la labor de la Iglesia y “no tirar los remos en la barca” porque “a la vejez debemos inventarla”.

Este primer encuentro internacional, dedicado a la pastoral de las personas mayores, tratará sobre cómo afrontar la cultura del descarte en este grupo de edad concreto, sobre su rol en la familia y sobre su peculiar vocación en la Iglesia. En él se reúnen alrededor de 550 expertos y agentes de pastoral de 60 países de los cinco continentes, que serán recibidos en audiencia por el Papa el viernes 31 de enero.

LARISSA I. LÓPEZ

Entrevista completa
con el padre José Ignacio Figueroa

El Padre José Ignacio Figueroa © P. José Ignacio Figueroa

zenit: Las estadísticas y las previsiones demuestran que la pastoral con personas mayores marcará la vida de la Iglesia en el futuro, pero, ¿cuál es, desde su experiencia, el panorama actual dentro de la Iglesia de este grupo de edad?

P. José Ignacio: En primer lugar, creo que no hemos de hablar de la Iglesia del futuro, sin reconocer que ya, en el presente, los mayores son protagonistas de la pastoral de la Iglesia en su vida cotidiana. Abrimos cada día nuestras parroquias y templos de culto y los encontramos llenos de mayores; son los jubilados los que tienen un enorme protagonismo en tareas como la asistencia social en las Cáritas parroquiales y diocesanas, colaborando en tareas de voluntariado; son los que tienen capacidad para colaborar en la pastoral ordinaria dando catequesis a niños, padres, novios y adultos… Es decir, los mayores no solo son el futuro de la Iglesia porque estamos inmersos en sociedades cada vez más envejecidas, sino que ya en la actualidad asumen una enorme cantidad de tareas eclesiales.

Por otra parte, es preocupante que el progresivo proceso de secularización que sufre nuestra sociedad, también afecte al mundo de los mayores. No podemos dar por supuesto que los mayores están evangelizados. Muchos de ellos lo están y precisamente por eso, después de la jubilación, cuando disponen de más tiempo libre, colaboran en tareas eclesiales, pero somos conscientes de que las nuevas generaciones de personas que llegan a la edad de la jubilación, ya no se han criado en una sociedad donde ser católico era lo normal y vivir los postulados doctrinales y morales que predica la Iglesia católica no es lo habitual en ellos. Precisamente de ellos, en cuanto que son también destinatarios del anuncio de la Salvación ofrecida por Cristo Resucitado, hemos de preocuparnos especialmente.

zenit: ¿Cómo recibió la idea de la celebración de este I Congreso?

P. José Ignacio: “Vida Ascendente”, como movimiento de mayores, llevaba varios años por una parte reclamando a nuestros obispos la preocupación por estructurar, en las diócesis que conforman la Iglesia que peregrina en España, una pastoral específica para y de los mayores, donde estos descubran que la Iglesia está cerca de ellos en un mundo que el Papa Francisco señala que está inmerso en la cultura del descarte y que cuenta con ellos para ser al mismo tiempo testigos de la Buena Noticia de Cristo Resucitado.

Por otra parte, en la Comisión Permanente de “Vida Ascendente” de España había surgido el deseo de compartir con el Santo Padre nuestras preocupaciones y el deseo de dar visibilidad a ese auténtico ejército de jubilados con los que puede contar para desde la cotidianidad de la familia y las comunidades cristianas estar al servicio de la Iglesia.

Pueden entender que, con estas premisas, la noticia del Congreso ha sido una inyección de alegría y de esperanza para los más de 20.000 mayores que forman parte de “Vida Ascendente”.

zenit: Háblenos sobre el Movimiento “Vida Ascendente” en España…

P. José Ignacio: Hace ya más de tres décadas que este movimiento, que nació en las periferias de París en la década de los 50 del pasado siglo, se fue implantando en España. Desde entonces, “Vida Ascendente” se ha ido poniendo en marcha en prácticamente todas las diócesis de nuestro territorio, básicamente teniendo como lugares de encuentro las parroquias, en pequeños grupos que hacen una lectura orante del Evangelio dominical y que, mediante unos sencillos guiones de temas formativos relacionados con la realidad que viven los mayores, comparten experiencias, recuerdos, inquietudes y esperanzas.

Tres son los pilares que conforman la identidad de “Vida Ascendente”: la amistad entre los miembros que surge de la común amistad con Jesucristo; la espiritualidad vivida desde la experiencia de la Palabra compartida y meditada; y el apostolado vivido desde el corazón del movimiento y al servicio de la Iglesia, a la que como miembros y como institución tratamos de servir con fidelidad.

Desde hace unos pocos años, también porque la realidad social de los mayores va cambiando, han empezado a surgir grupos de “Vida Ascendente” en residencias de mayores. Bien porque miembros de “Vida Ascendente” que han conocido el movimiento en sus parroquias han pasado a ser residentes y han puesto en marcha allí grupos del movimiento, o bien porque el propio movimiento se ha puesto a disposición de la residencia para implantar allí nuevos grupos. En la actualidad estamos ahondando en esta realidad y empezando a formar animadores de esos grupos teniendo en cuenta su situación específica.

zenit: ¿Cómo se ha preparado este congreso desde el movimiento?

P. José Ignacio: Por tratarse del primer congreso que se organiza, sencillamente nos hemos puesto al servicio de la organización —el Departamento de Mayores del Dicasterio de los Laicos, la Familia y la Vida— para cuanto fuese necesario y estuviese en nuestra mano. De hecho, la presidenta de “Vida Ascendente Internacional” (Vie Montante International), Monique Bodhuin, impartirá una preciosa ponencia sobre el acompañamiento espiritual a los mayores y yo mismo participo en la rueda de prensa —meeting point— de lanzamiento del congreso.

Por otra parte, hemos hecho un enorme esfuerzo de difusión de esta hermosa iniciativa vaticana para que “Vida Ascendente” en España no se perdiese esta oportunidad, de modo que participamos setenta personas de diversas diócesis de nuestro país que después trataremos de difundir lo que vivamos estos días en Roma.

zenit: ¿Cuáles son las expectativas con respecto a esta primera experiencia?

P. José Ignacio: Sobre todo creo que podríamos resumir en dos palabras el ánimo que traemos los que hemos tenido la suerte de vivir en primera persona este evento: visibilización y difusión.

Se trata en primer lugar de hacer visibles no solo a esos millones de mayores que sufren la aludida cultura del descarte —los que están solos, los que tienen que sostener con su frágiles pensiones de jubilación a sus hijos y nietos, los que son utilizados y en ocasiones maltratados por sus propias familias, los que son ignorados por pertenecer a una generación que no piensa igual, etc. —. Hemos de poner en valor también a todos esos mayores que son transmisores de la fe en la familia, colaboradores y voluntarios en múltiples tareas eclesiales, animadores de otros mayores que se vienen abajo en su nueva situación de jubilación…

En segundo lugar hemos de difundir el interés de la Iglesia por ir poniendo en marcha una pastoral del mayor, en la que los que van por delante de nosotros en la carrera de la vida, no solo son destinatarios de nuestra acción pastoral. Naturalmente, cuando un anciano está solo hay que acompañarle, y cuando está enfermo hay que atenderle y cuando necesita del sosiego de los sacramentos hay que hacérselos llegar.

Pero los mayores no solo necesitan de la Iglesia. Los mayores son la Iglesia y por tanto son protagonistas de la pastoral de la Iglesia; los mayores evangelizan, transmiten la fe en la familia, colaboran en miles de tareas… Los mayores son, por fin —como tantas veces ha destacado el Papa Francisco—, un pozo inagotable de experiencias y sabiduría que no debemos descartar.

zenit: El Papa ha señalado en varias ocasiones que es necesaria una “alianza” entre jóvenes y personas mayores, que se necesitan “abuelos soñadores” que ofrezcan “visiones” a la juventud para que estos tengan esperanza en el futuro, ¿Cómo cree que puede lograrse esta unión entre generaciones?

P. José Ignacio: Precisamente ahondando en esta clave de visibilización, la Iglesia tiene mucho que aportar en este sentido y es muy hermoso que el Santo Padre, al crear este nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, haya querido que el mundo de los mayores no se desligara del de la familia.

Parece que la familia a menudo se reduce, en el mejor de los casos, a padres e hijos, pero los abuelos tienen cada vez más un papel fundamental en la educación y transmisión de la fe en la familia. Una auténtica pastoral familiar no puede estar al margen de la pastoral del mayor.

zenit: ¿Qué puede hacer la comunidad católica en general por los mayores?

P. José Ignacio: La intención del Santo Padre es que en todos los estamentos de la Iglesia —conferencias episcopales, diócesis y parroquias— se vayan creando departamentos de Pastoral del Mayor y, desde la humilde experiencia de este Movimiento, “Vida Ascendente” puede ser —y está dispuesta a hacerlo sin buscar el más mínimo protagonismo— un buen apoyo para acompañar a los mayores en su carrera hacia la meta.