El Papa: el aborto es homicidio, la Iglesia sea cercana y compasiva, no política

El Papa Francisco dialogando con los periodistas en el vuelo de regreso de Eslovaquia, ha hablado del diálogo con las autoridades húngaras, del antisemitismo y de las vacunas, así como también de la comunión a los políticos que aprueban leyes sobre el aborto.

16 de septiembre 2021.- «El aborto es un homicidio» la Iglesia no cambia su posición, pero «cada vez que los Obispos han manejado un problema no como pastores han tomado partido por el lado político». Lo dijo el Papa Francisco dialogando con los periodistas en el vuelo que de Bratislava lo ha llevado a Roma, al final de su Viaje Apostólico a Budapest y Eslovaquia.

István Károly Kuzmányi (Magyar Kurír): Santo Padre le agradecemos por su visita a Budapest, donde citó al Cardenal Mindszenty, que dijo: «Si hay un millón de húngaros que rezan, no tengo miedo del futuro…». ¿Por qué decidió participar después de 21 años en el Congreso Eucarístico de Budapest y cómo ve el cristianismo en Europa?
Algunos pensaban mal de la visita a Budapest, así estaba previsto, pero le prometí a su Presidente que el año que viene o el siguiente podría venir. Son muchos los valores de los húngaros, me llamó la atención el sentido del ecumenismo con una gran profundidad. En general, Europa – siempre lo digo – debe retomar los sueños de sus padres fundadores. La Unión Europea no es una reunión para hacer cosas, hay un espíritu detrás de la UE que soñaron Schumann, Adenauer, De Gasperi. Existe el peligro de que sea sólo una oficina de gestión, y esto no es bueno, tiene que ir directamente a la mística, buscar las raíces de Europa y llevarlas adelante. Y todos los países deben ir adelante. Es cierto que algunos intereses, quizá no europeos, intentan utilizar la Unión Europea para la colonización ideológica, y eso no es bueno. Estuve con ustedes en Transilvania, esa Misa fue hermosa.

Bohumil Petrik (Dennik Standard): La vacunación ha dividido a los cristianos en Eslovaquia. Usted dice que es un acto de amor vacunarse, pero ha habido diferentes enfoques en las diócesis. ¿Cómo podemos reconciliarnos sobre este tema?
Es un poco extraño porque la humanidad tiene una historia de amistad con las vacunas: sarampión, poliomielitis… quizás esta virulencia se deba a la incertidumbre, no sólo de la pandemia. Existe la diversidad de las vacunas y también la fama de algunas vacunas que son un poco más que el agua destilada, esto ha creado un temor. Hay otros que dicen que es un peligro porque dicen que con la vacuna se te mete el virus dentro, incluso en el Colegio de Cardenales hay algunos negacionistas y uno de ellos, pobrecito, está hospitalizado con el virus. La ironía de la vida. No puedo explicarlo bien, algunos dicen que porque las vacunas no están suficientemente probadas. Hay que dejarlo claro: en el Vaticano todos están vacunados, excepto un pequeño grupo que se está estudiando como ayudarlos.

Daniel Verdú Palai (El País): El domingo por la mañana se reunió con Orban y se puede entender algunas de las divergencias. Queríamos preguntarle cómo fue la reunión, si tocaron los temas de los migrantes y qué opina de las leyes sobre los homosexuales que ha promulgado.
Yo recibí la visita, el Presidente vino a verme, tuvo esta cortesía, es la tercera vez que me encuentro con él, y vino con el Primer Ministro y el Viceministro. El Presidente ha hablado. El primer tema ha sido la ecología, de verdad chapeau a ustedes húngaros, la conciencia ecológica que ustedes tienen: me explicó cómo purifican los ríos, cosas que yo no sabía. Luego pregunté por la edad promedio, porque me preocupa el invierno demográfico, en Italia la edad promedio es de 47 años, España creo que es aún peor, muchos pueblos están vacíos o con mucha gente mayor. ¿Cómo se puede resolver esto? El Presidente me explicó la ley que tienen para ayudar a las parejas jóvenes a casarse y tener hijos. Interesante, es una ley bastante parecida a la francesa, pero más desarrollada. Me lo explicaron, allí añadieron algo, el Primer Ministro y el Viceministro sobre cómo era esta ley. Sobre la inmigración, nada. Luego volvimos a la ecología también. La familia, en el sentido de la demografía: se ve que hay muchos jóvenes, muchos niños. También en Eslovaquia hay muchas parejas jóvenes. Ahora el reto es crear puestos de trabajo, para que no salgan a buscarlo afuera. Pero estas han sido las cosas… Ha hablado siempre el Presidente, ambos Ministros añadieron algunos datos. La reunión duró bastante tiempo, unos 40 minutos.

Gerard O’Connell (América): En primer lugar, quería decirle que estamos todos contentos con la operación, que ha dado un resultado espléndido, ¡Usted ha rejuvenecido!
Me han dicho que alguien quería hacerse la operación…. Pero no era una cosa estética.
Usted ha dicho a menudo que todos somos pecadores, y que la Eucaristía no es un premio para los virtuosos, sino una medicina y un alimento para los débiles. Como Usted sabe, en los estados Unidos, tras las últimas elecciones, hubo una discusión entre los Obispos sobre dar la comunión a los políticos que apoyaban las leyes del aborto, y hay Obispos que quieren negar la comunión al Presidente y a otros funcionarios. Otros Obispos están a favor, otros dicen que no hay que usar la Eucaristía como arma. ¿Qué opina y qué aconseja a los Obispos? ¿Y usted, como Obispo, en todos estos años ha negado públicamente la Eucaristía a alguien?
Nunca he negado la Eucaristía a nadie, ¡no sé si alguien ha venido en estas condiciones! Esto como sacerdote. Nunca he sido consciente de tener delante a una persona como la que describes, eso es cierto. La única vez que me ha pasado algo bonito fue cuando fui a celebrar la Misa en una residencia de ancianos, estaba en la sala y dije: ¿quién quiere la comunión? Todos los ancianos levantaron la mano. Una ancianita levantó la mano y tomó la comunión y dijo: «Gracias, soy judía». Y le dije: «¡Lo que te he dado también es judío!». La comunión no es un premio para los perfectos – pensemos en el jansenismo –, la comunión es un don, un regalo, es la presencia de Jesús en la Iglesia y en la comunidad. Entonces, los que no están en la comunidad no pueden comulgar, como esta señora judía, pero el Señor quiso premiarla sin que yo lo supiera. Fuera de la comunidad – excomulgados – porque no están bautizados o se han alejado. El segundo problema, el del aborto: es más que un problema, es un homicidio, quien aborta mata, sin medias palabras. Tomen cualquier libro de embriología para estudiantes de medicina. La tercera semana después de la concepción, todos los órganos ya están ahí, incluso el ADN… es una vida humana, esta vida humana debe ser respetada, ¡este principio es tan claro! A los que no pueden entenderlo, les haría esta pregunta: ¿es correcto matar una vida humana para resolver un problema? ¿Es correcto contratar a un sicario para matar una vida humana? Científicamente es una vida humana. ¿Es correcto sacarlo para resolver un problema? Por eso la Iglesia es tan dura en este tema porque si acepta esto es como si aceptara el homicidio diario. Un Jefe de Estado me decía que el declive demográfico comenzó porque en aquellos años había una ley tan fuerte sobre el aborto que se realizaron seis millones de abortos y esto dejó una caída de los nacimientos en la sociedad de ese país. Ahora vamos a esa persona que no está en la comunidad, no puede comulgar. Y esto no es un castigo, está fuera. Pero el problema no es teológico, es pastoral, cómo gestionamos los Obispos este principio pastoralmente, y si miramos la historia de la Iglesia veremos que cada vez que los Obispos no han gestionado un problema como pastores han tomado partido por el lado político. Pensemos en la noche de San Bartolomé, herejes, sí, degollémoslos a todos…. Pensemos en la cacería de brujas…. en Campo di Fiori a Savonarola. Cuando la Iglesia para defender un principio, lo hace de forma no pastoral, toma partido en el plano político, y así esto ha sido siempre así, basta con mirar la historia. ¿Qué debe hacer el pastor? Ser pastor, no condenar. Sé un pastor, porque es un pastor también para los excomulgados. Pastores con el estilo de Dios, que es cercanía, compasión y ternura. Toda la Biblia lo dice. Un pastor que no sabe ser pastor… No conozco los detalles de los Estados Unidos… ¿Pero si usted es cercano, tierno y das la comunión? Es una hipótesis. El pastor sabe qué hacer en todo momento. Pero si te sales de la pastoral de la Iglesia te conviertes en un político, y eso se ve en todas las condenas no pastorales de la Iglesia… Si dices que puedes dar o no dar, esto es casuística… ¿Recuerdas la tormenta que se armó con Amoris laetitia? ¡Herejía, herejía! Afortunadamente estaba el Cardenal Schoenborn, un gran teólogo, que aclaró las cosas… Son hijos de Dios y necesitan nuestra cercanía pastoral, luego el pastor resuelve las cosas como el Espíritu le indica…

Stefano Maria Paci (Sky Tg 24): Creo que este mensaje que le estoy por anunciar lo considerará como un regalo, me lo pidió de entregárselo Edith Bruck, la escritora judía que visitó en su casa, un largo mensaje firmado «su hermana Edith», en el que le agradece sus gestos y llamamientos contra el antisemitismo durante este viaje.
El antisemitismo está resurgiendo, está de moda, es algo muy, muy feo….
Usted ha hablado de ello con las autoridades húngaras y llegó una resolución de Estrasburgo que invita a reconocer los matrimonios homosexuales. ¿Qué opina sobre esto?
El matrimonio es un sacramento, la Iglesia no tiene poder para cambiar los sacramentos tal y como el Señor los ha instituido. Hay leyes que intentan ayudar a las situaciones de muchas personas que tienen una orientación sexual diferente. Es importante, los Estados tienen la posibilidad de apoyarlos civilmente, darles seguridad de herencia, salud, etc., no solo a los homosexuales, sino a todas las personas que quieran asociarse. Pero el matrimonio es el matrimonio. Esto no significa condenarlos, son nuestros hermanos y hermanas, debemos acompañarlos. Hay leyes civiles, para las viudas, por ejemplo, que quieren asociarse con una ley para tener servicios… existe el PACS francés, pero nada que ver con el matrimonio como sacramento, que es entre un hombre y una mujer. A veces crean confusión. Todos son iguales hermanos y hermanas, el Señor es bueno, quiere la salvación de todos, pero por favor no hagan que la Iglesia niegue su verdad. Muchas personas con orientación homosexual se acercan a la penitencia, piden consejo al sacerdote, la Iglesia les ayuda, pero el sacramento del matrimonio es otra cosa.

Luego el Papa añadió:
He leído una cosa muy bonita sobre uno de ustedes. Se decía que esta periodista está disponible las 24 horas del día para trabajar y que siempre deja que los demás vayan primero y ella detrás, da la palabra a los demás y ella se calla. Esto lo dice Manuel Beltrán, sobre nuestra Eva Fernández, ¡gracias!

Vatican News

Eparca Vasil’: el amplio viaje espiritual del Papa a Eslovaquia

El arzobispo greco-católico se detiene especialmente en el carácter ecuménico del viaje apostólico del Papa Francisco. Desde Eslovaquia, de donde se despidió ayer el Pontífice, se congratula de gestos, palabras, encuentros y liturgias que mostraron el rostro universal de la Iglesia.

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre 2021.- En Eslovaquia, en el corazón de Europa, el viaje apostólico del Papa Francisco ha dejado una fuerte huella ecuménica. El tema de la apertura -el Pontífice se despidió con una invitación a los cristianos a ser tejedores de diálogo en medio del egoísmo- ha marcado los encuentros en esta tierra, entre Oriente y Occidente, así como en Hungría. Unas horas después del final de la visita de Francisco, Monseñor Cyril Vasil’, Eparca greco-católico de Kosiçe, vuelve a recorrer las etapas.

Entrevista con Monseñor Vasil’

¿Qué queda de la visita del Papa para el pueblo eslovaco y la Iglesia eslovaca?
Todo el mundo puede sacar algunas conclusiones de esta visita, encontrar algunos gestos o algunas expresiones en muchos niveles. A nivel social, por ejemplo, su encuentro con los representantes del Estado, con el Presidente de Eslovaquia y con otros representantes del gobierno también tuvo un impacto en la opinión pública, porque se vio que hay una posibilidad de diálogo también con el mundo secular, el mundo político y la fe católica. Ellos también representan el deseo de hacer el bien común. Por ello, el Santo Padre se dirigió tanto al mundo social y político como, durante el encuentro ecuménico, a los obispos y sacerdotes en la catedral de San Martín. Les recordó la forma evangélica de acercarse al mundo actual, con mayor humildad y disposición a aceptar los retos, no con un tono de desafío, sino con la oportunidad de dar testimonio de la fe, la verdad y el Evangelio.


¿Qué se ha llevado de este viaje? Especialmente en referencia al día en Kosiçe, que es su ciudad.
El Santo Padre llegó a Kosiçe y luego se trasladó a Prešov, donde se celebró la Divina Liturgia de San Crisóstomo, celebrada con una devoción que expresa la belleza del rito bizantino y oriental. Fue un hermoso testimonio de la universalidad de la Iglesia.

Por primera vez en la joven historia de Eslovaquia, durante las visitas papales -recordemos también las visitas anteriores de San Juan Pablo II- se celebró la liturgia oriental, la liturgia eucarística que es la máxima expresión de la unidad de la Iglesia.

Tener una liturgia presidida por el Santo Padre, por tantos obispos y arzobispos mayores, metropolitanos y hermanos latinos, fue para nosotros un hermoso testimonio de lo que significa respirar con dos pulmones en la Iglesia católica, porque también existe el «pulmón» oriental.

A continuación, la visita continuó en el barrio habitado principalmente por la comunidad gitana, considerada problemática desde muchos puntos de vista debido a sus características culturales y sociológicas.

El barrio está en la periferia de la ciudad, en el sentido real y material, pero también suele considerarse en la periferia del interés de la mayoría de la sociedad. La visita del Santo Padre fue, por tanto, un mensaje tanto para la comunidad de Eslovaquia como para toda la comunidad gitana, a la que quiso animar sobre todo en sus esfuerzos por lograr una mayor integración. El Santo Padre quiso decir que todos somos bienvenidos en la Iglesia, todos somos hermanos, y este es un mensaje muy importante.

La última celebración en Kosiçe fue un encuentro con los jóvenes en el estadio Lokomotiva, en el que el Santo Padre fue recibido en un ambiente realmente alegre. También allí se habló de testimonios de la vida real: de la preparación al matrimonio, de la castidad prematrimonial, de las dificultades para vivir el sacramento de la Reconciliación.

El Santo Padre se dirigió a los jóvenes, creando un diálogo con la multitud presente al recordarles precisamente esta valentía de seguir opciones difíciles, pero que se basan en la confianza en la Providencia de Dios. No tener miedo a las decisiones, no vivir en la provisionalidad y entonces también seguir un ideal, pero no los sueños e ilusiones que a menudo ofrece la forma mundana de vivir la vida.

El encuentro que tuvo lugar con los jóvenes, también con muchas personas que estaban fuera del estadio, tuvo realmente un ambiente muy alegre.

En lo que respecta a la Divina Liturgia, se prestó especial atención a la Iglesia greco-católica. ¿Hay alguna palabra, algún gesto que le haya llamado la atención a lo largo de todo el viaje apostólico?
Para mí, un recuerdo especialmente grato es que durante la liturgia se expuso el icono de la Madre de Dios del pueblo de Klococov, donde hace 351 años lloraba este icono, en un momento de gran confusión. El icono original ya no se encuentra, este que se exponía es una copia que también peregrinó recientemente desde nuestra diócesis a Roma en la Fiesta de los Santos Pedro y Pablo, cuando se expuso en el altar de la Basílica de San Pedro. Esta vez el Santo Padre vino a devolver la visita que el icono le hizo en Roma y lo coronó de nuevo con dos coronas de plata.

El Santo Padre, después de terminar su oración, comenzó a moverse y de repente se detuvo y volvió a mirar el icono, como si hubiera una oración especial entre ellos o hubiera todavía algo que decirse, antes de irse. Al menos así es como percibí este pequeño gesto, este «matiz espiritual».

Michele Raviart (Vatican News)
Imagen: Santa Misa en el Santuario de Sastin

El Nuncio en Ucrania: el aliento del Papa para un pueblo que sufre

La misión del nuevo nuncio apostólico, Monseñor Visvaldas Kulbokas, en Kiev, Ucrania, comienza el 7 de septiembre. Lituano, 47 años, ha servido en la Secretaría de Estado y en varias representaciones pontificias.. Ayer, antes de partir, se encontró con Francisco: «Un padre que me envía alentándome y bendiciéndome», dijo a los micrófonos de Vatican News.

Ciudad del Vaticano, 3 de septiembre 2021.- De Lituania a Ucrania: los orígenes y luego la experiencia en la Secretaría de Estado serán sin duda una ayuda para afrontar la nueva y delicada misión. Lo dice en una entrevista concedida a Vatican News, monseñor Visvaldas Kulbokas, a quien Francisco nombró nuncio apostólico en Ucrania el pasado mes de junio y que comenzará su misión el 7 de septiembre en Kiev. Nacido en Klaipeda, Lituania, el 14 de mayo de 1974, monseñor Kulbokas entró en el servicio diplomático de la Santa Sede en julio de 2004, y ha trabajado en las Representaciones Pontificias en Líbano, Países Bajos, Federación Rusa y en la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y desde 2020 en la Nunciatura Apostólica en Kenia.

Ayer fue el encuentro con el Papa, un momento que fue todo menos formal -explicó el representante pontificio-, más bien como un saludo entre un «padre y un hijo» que está a punto de partir y al que el progenitor le confía sus «pensamientos y su corazón» para que le lleve a su destino. Fue un momento de alegría», dijo el Nuncio, «me encontré con un Papa joven y enérgico que me expresó sus prioridades para Ucrania, un país al que, como subrayó repetidamente, quiere mucho». Aunque no precisó los detalles de la conversación, monseñor Kulbokas mencionó los que considera los principales retos de la nueva misión, destacando el fuerte aliento recibido de Francisco.

¿Cómo fue su encuentro con el Papa, qué significó para usted?
El Papa me habló de sus visiones, de sus prioridades para Ucrania, subrayando repetidamente que es un país al que ama mucho. También quiso confiarme sus preocupaciones por el gran sufrimiento del pueblo ucraniano, tanto en el pasado como en el presente, dándome su visión de Ucrania. Y es una visión sobre todo de ánimo, porque si el pueblo sufre, si el país sufre, hay que animarlo y no es fácil hacerlo. Así que podría decir que fue un encuentro entre padre e hijo. Cuando el hijo tiene que ir a algún sitio, el padre le dice: «Porta mi corazón, porta mi mente, porta mi voz, represéntala en el país». Y fue un momento muy alegre, muy vivo, también porque me encontré con un Papa muy enérgico: conoce Ucrania desde los 12 años, y fueron sacerdotes ucranianos los que le enseñaron a servir en la misa…

¿Qué retos parecen más pertinentes para esta misión?
Sobre todo la de anunciar a Jesús. Cuando la luz cae sobre Jesús, todo se relativiza, además de lo que el Papa ha subrayado varias veces: la alegría. Los cristianos, empezando por los obispos, los sacerdotes, debemos llevar la alegría. Por supuesto, hay problemas: hay que afrontarlos, pero sin desanimarse tanto. La realidad ucraniana actual está llena de dificultades y problemas, empezando por la guerra, luego las dificultades económicas y sociales, las repercusiones en la vida política y, por último, las dificultades dentro de la Iglesia y entre la Iglesia católica y las demás Iglesias. Por eso, el Papa quiso alentarme diciéndome: ‘Bajo la protección de Jesús y de los santos, realiza tu misión con mucha paz, con mucho corazón, sin perder tu alegría interior’. Así que fue un papá que me envió alentándome y bendiciéndome.

Usted viene de Lituania, que tiene en común con Ucrania un cierto período histórico bajo la ocupación del régimen ateo, cuando la Iglesia fue perseguida: usted es el primero con esta experiencia. ¿Le ayudará esto a comprender mejor las situaciones y contextos de Ucrania?
Estoy seguro que sí. Será necesario trabajar, esforzarse, pero estoy seguro de que mi historia personal, al haber nacido cuando aún formábamos parte de la Unión Soviética -recuerdo que mi padre y mi madre solían ir a Kiev para recibir tratamiento: Kiev, para nosotros, en casa, era casi el mismo país, ¡y por eso ahora si voy a Kiev es mi casa! Por eso, en este sentido, ir a trabajar a un país tan cercano a mi corazón, es mucho más fácil, porque hay mucho más corazón, hay mucha más comprensión -al menos históricamente: no digo que entienda todas las dificultades que hay hoy, pero las históricas, sí. Y seguro que todo esto ayuda mucho.

En su reciente entrevista con nuestra emisora usted pidió que rezáramos, y que rezáramos mucho, porque será necesaria mucha gracia del Espíritu Santo para afrontar todos estos retos…
Yo estoy muy seguro de que la oración, ¿qué nos da? Nos da valor; nos anima a ser creativos. La oración es una fuente inagotable, y este es también un consejo que recibí del Papa: mucha oración, mi oración personal. Pero por eso estoy muy seguro de que también la oración de mis amigos y de los que me escuchan, cuando quieran ofrecer esa oración personal, esa bendición personal, enviándomela espiritualmente a través de los santos, a través de los ángeles, estaré muy, muy agradecido.

Taras Kotsur (Vatican News)
Imagen: Monseñor Visvaldas Kulbokas, Arzobispo de Martana,
Nuncio Apostólico en Ucrania junto al Papa Francisco.

II Seminario Internacional Teología. Mons. Azuaje: Una fe no entendida es una fe débil

Entrevistado por Vatican News, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, comparte reflexiones ante el II Seminario Internacional de Teología, que tendrá lugar a partir del próximo 7 de setiembre. Entre los temas abordados, la importancia de la formación teologal para los cristianos y la de la participación.

3 de septiembre 2021.- «Participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella»: son palabras del Presidente del Episcopado Venezolano y Arzobispo de Maracaibo, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, entrevistado por Vatican News, refiriéndose a la importancia de participar en el II Seminario Internacional de Teología que tendrá lugar bajo el tema: «La Renovación Eclesial en Clave Sinodal y Ministerial», del 7 al 10 de septiembre de 2021, de forma virtual. El pastor señala la necesidad de «entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo». «Nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar», afirma.

En el marco de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y el próximo Sínodo de los Obispos, y con la finalidad de colaborar con los procesos formativos, el Seminario ha sido organizado por el Instituto Nacional de Pastoral de Venezuela (INPAS) de la Conferencia Episcopal Venezolana, la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela (ITER-UCAB) y la Facultad Eclesiástica de la Escuela de Teología y Ministerios de Boston College (STM), con el patrocinio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos/as (CLAR). Se contará con la participación del Cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría del Sínodo de los Obispos, y los dos Subsecretarios, la Hna. Nathalie Becquart XMCJ y Mons. Luis Marín de San Martín OSA. También presente Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, Monseñor Héctor Miguel Cabrejos OFM, Presidente del CELAM y la hermana Gloria Liliana Franco ODN, Presidente de la CLAR.

En el primer seminario, que tuvo lugar en 2019, se abordó el tema de «Reforma de estructuras y conversión de mentalidades en la Iglesia hoy». Monseñor José Luis Azuaje Ayala se refiere, para iniciar, a dicho seminario:
R.- El Papa Francisco desde que dio inicio a su ministerio petrino nos ha invitado a asumir una profunda renovación integral de y en la Iglesia, asumida desde una conversión persona, pastoral y eclesial, lo que implica un cambio de mentalidad en los cristianos con opciones prioritarias: la opción misionera, la opción preferencial por los pobres, la opción por una Iglesia pobre para los pobres; todo ello desde la centralidad en Jesucristo y en la dignidad del ser humano que no vive de forma aislada, sino en plena interrelación con todo lo existente, de allí su propuesta de integralidad porque todo está conectado en la historia.

Para que esto se dé, se necesitan profundas reformas estructurales, que venza la actitud autorreferencial de la Iglesia, al mirarse tantas veces a sí misma en defensa de sus posiciones; lo que contradice el espíritu pastoral del Concilio Vaticano II, por lo que es necesario una Iglesia que deje de contemplarse a sí, para contemplar a Jesús que camina en medio de su pueblo, de tal forma que logre desinstalarse y salir al encuentro de los hombres y mujeres que con sus propias experiencias de vida testimonian el valor de la existencia relacional y la experiencia de la esperanza en situaciones de injusticias.

Cuando hablamos de renovación eclesial, hablamos de la renovación de todos los miembros del pueblo de Dios, de una Iglesia con rostros diversos, con variadas experiencias de vida; no se trata sólo de mover cosas de un lado para otro, sino de desechar y dejar atrás acciones, tradiciones y programas que ya no sirven para la evangelización en el tiempo actual; es decir, superar el “siempre se ha hecho así”, o el “más de lo mismo”, para entrar en la dinámica de proponer nuevas realidades pastorales que den respuestas a los desafíos actuales, principalmente a este momento tan doloroso como es el de la pandemia y el de las injusticias de nuestros pueblos debido a la violencia organizada, la corrupción, la inequidad, el empobrecimiento, el populismo que resquebraja los valores democráticos y a ideologías sectarias que van haciendo presencia en nuestros pueblos.

¿Cuál es la importancia de la formación teologal para todos los cristianos, en particular en el camino sinodal que está por iniciar?
R.- Una fe no entendida es una fe débil, que se queda en los sentimientos, en las emociones y no penetra al ámbito de las decisiones de vida. Reconozco que como humanos necesitamos también los afectos, pero hay que trascender para darle sentido al creer, para poder decir como Pablo, “creí, por eso hablé” (2Cor 4,13), abrir el compás del nutriente cognoscitivo sabiendo que «la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar» (GS, 31); y esto no se improvisa.

En la Iglesia nos hemos quedado cortos en plantear una seria formación teológica a los cristianos, no solo catequética, que es una buena labor, sino que hay que apuntar más allá, a un nivel de formación teologal donde se exprese vivamente la revelación de Dios que ha querido hacer historia compartida con la humanidad, el sentido de la encarnación de un Dios que se ha anonadado, que se hace hombre, que humaniza todo su entorno, que ha servido a los pobres y ha dedicado su vida a liberar de las ataduras del pecado y de las injusticias a hombres y mujeres, que le ha dado sentido a la historia llevándola más allá de lo contingente, abierta a la resurrección.

Este camino comprensivo tenemos que hacerlo todos juntos, de forma sinodal, caminando juntos, sintiéndonos hermanos, dejando distinciones que nos separan y hasta humillan, sabiendo que somos servidores los unos para con los otros en la construcción de un nosotros. Es el momento en el que hay que sacar a relucir los compromisos del pacto de las catacumbas, de aquel otoño del 65, principalmente para el sector jerárquico, porque no es hora de presentar títulos ni de sentirnos salvadores, sino salvados a través de la humildad de la Iglesia, como signo universal de salvación, que se abre a Jesús pobre y servidor de todos. Desde esta base es creíble la palabra de Dios y el testimonio de la Iglesia, caminando juntos, en igualdad de condiciones, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, diáconos y obispos; haciendo que el clericalismo vaya esfumándose, así como las pretensiones de poder de algunos grupos de Iglesia cerrados en sus tradiciones y posesiones. Hay mucho que hacer por delante. Insisto, la imagen que nos motiva es la de Jesucristo pobre y servidor entre los pobres.

¿Puede hablarnos de los temas que abordarán los expositores?
R.- El punto focal a mi entender es que para que se dé una renovación eclesial, es decir, de todo el pueblo de Dios, debemos caminar juntos y asumir como criterio de vida el servicio a todos, sin distinción. El primer servicio de la Iglesia a la humanidad es evangelizar, como bien lo ha expresado San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (n. 14). Esta es una síntesis clara y certera de la misión de la Iglesia que hoy el Papa Francisco propone como un gran sueño, al afirmar: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG,27).

Por eso los temas a reflexionar son de sumo interés en este momento que inicia la preparación del Sínodo de la Sinodalidad y también la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. Estos temas se refieren a la Sinodalidad en América Latina y El Caribe, en una Iglesia laical, asumiendo la participación de los laicos en la gobernanza eclesial que hasta ahora ha sido muy clerical y sin mucha apertura, a pesar de los grandes carismas que están inmersos en el pueblo de Dios, por lo que queda un reto pendiente: la toma de decisiones en la Iglesia, tema que será reflexionado el tercer día. Este seminario nos pondrá a reflexionar también sobre el servicio de nuestras Conferencias episcopales y diócesis en clave sinodal, apuntando siempre a una labor de construcción del reino de Dios que tiene asidero en una Iglesia comunidad de comunidades.

Todo esto se podrá realizar si hay conciencia de la necesidad de que la Iglesia se renueve, haga un giro copernicano y no se mire a sí misma, sino que tenga una actitud de salida, con la participación y corresponsabilidad de todos en un caminar juntos, de forma sinodal, por lo que se hace necesario la reforma del ministerio ordenado fundamentada en la Sagrada Escritura como revelación y en la reflexión teológica; para ello es necesaria la contribución de las universidades y las instancias formativas en la Iglesia, que generen procesos de investigación y reflexión teológico pastoral que implique una toma de conciencia de los cambios pertinentes en una nueva época.
Las contribuciones de este seminario serán, ciertamente, de suma importancia en el camino sinodal convocado por el Papa Francisco y el objetivo del próximo seminario será ofrecer algunas claves teológicas, eclesiológicas y pastorales sobre el significado y la práctica de la sinodalidad.

¿Por qué participar?
R.- Hay que participar para ejercer el principio de la sinodalidad; es decir, caminar todos juntos, manifestar la comunión que debe haber en las instancias eclesiales; pero como estamos en un proceso reflexivo-creativo, para entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo, nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar desde sus propias palabras, cultura, sentidos, comprensiones, para adelantar un cúmulo de proposiciones que ayuden a hacer más viable el mensaje del Evangelio en medio del pueblo de Dios, un pueblo que es sujeto, que evangeliza, que es santo, que es fiel. Hace apenas unos días se cerró el tiempo de escucha hacia la Asamblea Eclesial, fue una experiencia de diálogo, de escucha, de intercambio muy fructífero donde podríamos decir, el pueblo de Dios habló y escuchó.

También participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella. Por ejemplo, en este tiempo de pandemia y de tanto sufrimiento estamos llamados a ejercer la dimensión social de la evangelización para dar sentido al sufrimiento desde la Cruz de Cristo, desde su presencia en medio del pueblo, sufriendo con él y muriendo con él, pero también dando esperanza porque no todo termina en la Cruz, sino que trasciende a la Resurrección.

Participamos porque nos sentimos Iglesia, congregación, sujetos activos. Tiene que pasar el tiempo donde unos decían y otros obedecían, hoy todos compartimos desde el “sensus fidei” nuestra responsabilidad bautismal. Abrirse al otro, acercarnos, hacerlo uno con uno, nos hace más humanos y más hermanos. Una Iglesia en salida no se construye en un escritorio, se construye en la calle, en la vida, en la experiencia cotidiana, en la experiencia espiritual del día al día, sin ritualismos, sino en la humildad de las expresiones de nuestro humilde pueblo, en la práctica de la religiosidad popular, con una mística encarnada en la cotidianidad del pueblo, sobre todo de las periferias. Esto nos da una pauta de conversión: si antes todo iba de las catedrales a las periferias, ahora el camino es a la inversa, de las periferias a las catedrales; por eso el Papa Francisco nos dice que prefiere una Iglesia herida y manchada por salir a la calle y estar en medio de la gente, sirviéndola, particularmente la más pobre, que una Iglesia centrada en sí misma (cf EG 49).

Como conclusión diría que es necesario tener una conversión teologal, es decir, revisar profundamente desde la revelación, la imagen de Dios que tenemos cada uno, para darnos cuenta si es realmente el Dios que Jesús nos reveló; de ahí podemos pasar a una conversión eclesial para darnos cuenta si la Iglesia en la que creemos y servimos es la Iglesia de Jesucristo que hoy se expresa desde el Concilio Vaticano II; para pasar a una conversión pastoral donde nos damos cuenta de nuestra responsabilidad misionera desde el bautismo y no como delegación temporal de cualquier instancia de Iglesia; estar claros y convencidos que no son los otros, sino un nosotros, los sujetos de la evangelización, un nosotros que es pueblo; de esta forma pasamos a la conversión de estructuras porque siempre son elaboraciones para tiempos determinados y se hace necesaria la renovación de las mismas para evitar la autoreferencialidad y la inercia.

“Ojalá este segundo seminario despierte el gusto por sumergirnos en lo que ha estado siempre presente aunque no activado del todo como es la sinodalidad en una Iglesia en salida en nuestra América Latina y El Caribe, sufrida pero siempre esperanzada.”

Imagen: Mons. Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana

Economía de Francisco: «Poner las finanzas al servicio del bien común»

¿Cómo podemos transformar la economía para que sea un instrumento de encuentro, una herramienta de desarrollo y una generadora de oportunidades? Esta es una de las cuestiones que se plantea el movimiento Economía de Francisco integrado por jóvenes de varios países que ponen sus conocimientos e ideas al servicio de un sistema económico más justo y sostenible, tal y como lo pide el Papa Francisco. Vatican News conversó con Agustina Brizuela, politóloga de 26 años y miembro de esta comunidad.

Ciudad del Vaticano, 1 de septiemb re 2021.- Trabajar juntos para sentar las bases de un sistema económico mundial que promueva la inclusión y el desarrollo integral, en lugar de aumentar la brecha de desigualdad entre ricos y pobres, es uno de los valores que promueve el movimiento The Economy of Francesco (en español Economía de Francisco) integrado por jóvenes de varios países que ponen sus conocimientos e ideas al servicio de una economía más justa y sostenible, tal y como lo pide el Papa Francisco.

Y precisamente, del 29 de agosto al 4 de septiembre, se está llevando a cabo en la ciudad italiana de Gubbio la «Escuela de verano» organizada por Economía de Francisco: un evento internacional en el que participan unas 35 personas procedentes de 14 países.

Finanzas y humanidad
Para conocer mejor cuáles son las motivaciones que impulsan la labor de este movimiento, Vatican News habló con Agustina Brizuela, una joven politóloga de 26 años que vive en Buenos Aires, Argentina; trabaja en políticas públicas de innovación digital y forma parte de la comunidad Economía de Francisco desde inicios del año 2020.

«Actualmente me ocupo de coordinar el grupo llamado Finance and Humanity (Finanzas y humanidad) en el que participan varios economistas profesionales y líderes de cambio de todo el mundo», explica Agustina, subrayando que el objetivo es promover varios proyectos, «tanto de intervención social como académicos, para poner las finanzas al servicio del bien común».

La joven argentina es también miembro de la Academia de Economía de Francisco, ya que es estudiante de un Doctorado en Ciencias políticas en el que ha presentado un proyecto de investigación para estudiar cómo las políticas de inclusión digital pueden fomentar relaciones fraternas e inclusivas entre las personas.

Transformar la economía: «ganar con el otro»
Asimismo, Agustina Brizuela hace hincapié en que los valores que caracterizan a esta comunidad de jóvenes que buscan «dar un alma a la economía del mañana», son el encuentro, el cuidado y la fraternidad:
“Desde este punto nos detenemos a analizar la economía de hoy para buscar transformarla en una economía donde no haya que ganarle al otro, sino que se pueda ganar con el otro. Una economía donde el cuidado de la casa común y de los demás sea fundamental”

Todos construimos el sistema económico cada día
Y de ahí surge -continúa argumentando nuestra entrevistada- una pregunta que todos deberíamos plantearnos: ¿Cómo podemos transformar la economía para que sea un instrumento de encuentro, una herramienta de desarrollo y una generadora de oportunidades?
La respuesta es muy compleja y amplia -añade la politóloga argentina- porque podemos pensar en distintos tipos de posibilidades: vincularnos con los espacios de decisión política, hacer presión ante los grandes decisores como lo son las grandes multinacionales y los Estados, o buscar el cambio cultural y la educación con respecto a estos temas. Pero más allá de todas estas tareas hay algo que es esencial: nuestra propia capacidad de agencia a partir de los pequeños lugares que ocupamos en este sistema económico, porque todos nosotros construimos, de alguna forma, la economía».

«Todos somos parte de ella -concluye Agustina- y por tanto, podemos cambiarla a partir de los pequeños roles que ocupamos cada día como productores, consumidores, empleadores y trabajadores».

Sofía Lobos (Vatican News)

El Papa, en la COPE, tras su operación: “Ni se me pasó por la cabeza renunciar”

Francisco es entrevistado por Carlos Herrera en Radio COPE. Por primera vez habla de su intervención médica y también de Afghanistan, China, eutanasia, reforma de la Curia.

Bueno, le debo preguntar en primer lugar, Santo Padre, ¿cómo se encuentra?
Todavía vivo. [Risas]

Su operación reciente, que fue una operación de envergadura, nos dejó una cierta preocupación…
Y sí, estas cosas que nacen de los divertículos… y qué sé yo… por ahí se deforman, se necrosan… pero gracias a Dios fue tomada a tiempo, y ya me ve.

Tengo entendido, además, que la acción de un enfermero fue la que le señaló, la que le alertó en primer lugar.
¡Me salvó la vida! Me dijo: “Usted tiene que operarse”. Había otras opiniones: “No, que con antibiótico…” y él me explicó muy bien. Es enfermero de acá, del servicio sanitario nuestro, del hospital del Vaticano. Hace treinta años que está aquí, un hombre de mucha experiencia. Es la segunda vez en la vida que un enfermero me salva la vida.

¿Cuándo fue la primera?
La primera vez fue en el año 57, cuando pensaban que era una gripe, una epidemia de esas de gripe en el seminario, y me curaba el enfermero del seminario con aspirina. Y para los otros iba bien, pero conmigo no andaba y me llevaron al hospital, y me sacaron agua del pulmón. El médico dijo, no me acuerdo cuánto, digamos un millón de unidades de penicilina y tantas de estreptomicina –eran los únicos antibióticos de la época—y, cuando se fue, la enfermera dijo: “El doble”.

¿Y eso le salvó?
Sí. Porque si no, no hubiera…

Uno de los… no diré de los secretos mejor guardados del Vaticano, pero una de las cuestiones que tradicionalmente más interesa es la salud del Papa.
Sí, evidentemente.

No ha habido ninguna sorpresa, estaba todo programado…
Estaba todo programado y se avisó… Después del Ángelus me fui directamente, eso sería casi a la una, y se avisó a las 15.30h, cuando ya estaba en los preliminares.

Usted ha dicho, Santidad, que “mala hierba nunca muere”…
Así es, así es, y eso vale para mí también, vale para todos.

¿Los médicos [sic] le han prohibido algo, hay algún ultimátum? ¿Hay algo que Su Santidad no pueda hacer y a lo que no esté dispuesto?
No entiendo.

¿Algo le han prohibido los médicos?
PF: ¡Ah, los médicos! Perdón, le había entendido “los medios”.

[Risas] Bueno, los medios ya sabe que también tienen tentaciones. Pero los médicos en este caso.
Ahora puedo comer de todo, cosa que antes con los divertículos no se podía. Puedo comer de todo. Todavía tengo las medicinas posoperatorias, porque el cerebro tiene que registrar que tiene 33 centímetros menos de intestino. Y todo me lo maneja el cerebro, el cerebro maneja todo nuestro cuerpo, y le lleva tiempo registrarlo. Pero vida normal, llevo una vida totalmente normal.

Come lo que quiere…
Lo que quiero.

Camina, hace esfuerzo…
Hoy toda la mañana en audiencias, toda la mañana.

Ahora se va a un viaje a Eslovaquia y a Hungría. Tengo entendido que es el 34º viaje de su Pontificado.
No me acuerdo bien del número, pero debe de ser.

¿El programa va a ser igual de intenso? Yo creo que a los papas, Santidad, les hacen hacer una auténtica yincana. Yo siempre me he preguntado por qué los papas no van dos días más y reparten el trabajo en dos días más, porque son de las 24 horas 18 aproximadamente haciendo cosas. ¿Va a tener que medir más sus fuerzas después de la operación o no?
Quizás en este primer viaje un poco más, porque uno tiene que reponerse del todo, ¿no?, pero al final va a ser igual que los otros, ya lo va a ver. [Ríe]

¿Teme Su Santidad que una de las cosas más insistentes con las que los medios, esencialmente italianos, le distinguen a usted, Santo Padre, es que cuando se pone en duda la salud del Papa muchos piensan o insisten en el viejo argumento de la renuncia, el me voy a casa, no puedo más…? Es una constante permanente, yo creo, en su vida como Papa, ¿no?
Sí, incluso me dijeron que la semana pasada estuvo de moda eso. Eva [Fernández] me dijo eso, incluso me lo dijo con una expresión argentina muy linda, y yo le dije que no tenía idea porque yo leo un solo diario acá en la mañana, el diario de Roma. Lo leo porque me gusta el modo de titular que tiene, lo leo rápido y punto, no entro en el juego. Televisión no veo. Y recibo, sí, el informe más o menos de las noticias del día, pero de eso me enteré mucho después, algunos días después, que había una cosa de que yo renunciaba. Siempre que un Papa está enfermo corre brisa o huracán de cónclave. [Risas].

¿Cómo ha sido el confinamiento del Papa? El tiempo en el que hemos estado confinados en casa. ¿Qué ha hecho el Papa durante el confinamiento?
Primero aguantarme a mí mismo, ¿no?, que no es fácil. Es una ciencia que todavía tengo que terminar de aprender. Es difícil aguantarse a sí mismo.

Lleva mucha costumbre, lleva muchos años…
Sí, pero es difícil. Uno a veces es caprichoso consigo mismo, y quiere que las cosas salgan en automático. Después empecé a retomar las cosas de a poco y, hoy día, estoy llevando vida normal. Esta mañana, toda la mañana de audiencias; hoy es la segunda audiencia de la tarde (empecé a las 15.30h) y sigo adelante.

Aunque la meta de su próximo viaje es a Eslovaquia, muchos van a estar pendientes de su encuentro con el primer ministro de Hungría, Víctor Orban, con quien no comparte algunos puntos de su programa de gobierno, especialmente lo relativo al cierre de fronteras. ¿Qué le gustaría decirle si tuviese la ocasión de encontrarse con él a solas?
Yo no sé si me voy a encontrar con él. Sé que autoridades van a venir a saludarme. Yo no voy al centro de Budapest, sino al lugar del Congreso [Eucarístico], y hay un salón donde me reuniré con los obispos y ahí recibiré a las autoridades que vengan. No sé quién vendrá. Al presidente lo conozco porque estuvo en la misa en Transilvania, esa parte de Rumanía donde se habla en húngaro, una misa preciosa en húngaro, y vino con un ministro. Creo que no era Orban… porque al final de la misa se saluda formalmente… yo no sé quién vendrá…

Y una de las cosas que yo tengo es no andar con libreto: cuando estoy delante de una persona la miro a los ojos y dejo que salgan las cosas. Ni se me ocurre pensar en qué le voy a decir en el caso de estar con él, son una serie de futuribles que a mí no me ayudan. Me gusta lo concreto; lo futurible te enreda, te hace mal.

El nuevo mapa político que afronta Afganistán, Su Santidad lo sigue de cerca. Se ha dejado a su suerte al país tras muchos años de ocupación militar. ¿El Vaticano puede mover hilos diplomáticos para intentar que no haya represalias contra la población, para tantas otras cosas?
Sí. Y, de hecho, estoy seguro de que la Secretaría de Estado lo está haciendo porque el nivel diplomático del Secretario de Estado es muy alto y el de su equipo, también el de Relaciones con las Naciones. Realmente el cardenal Parolin es el mejor diplomático que yo he conocido. Diplomático que suma, no de esos que restan, que siempre busca, un hombre de acuerdo. Estoy seguro que está ayudando o al menos ofreciéndose. Es una situación difícil. Yo creo que como pastor debo llamar a los cristianos a una oración especial en este momento. Es verdad que vivimos en un mundo de guerras, (piense en Yemen, por ejemplo). Pero esto es algo muy especial, tiene otro significado. Y yo voy a tratar de pedir lo que pide siempre la Iglesia en los momentos de mayor dificultad y de crisis: más oración y ayuno. Oración, penitencia y ayuno, que es lo que en los momentos de crisis se pide. Y respecto al hecho de 20 años de ocupación y después se deja, yo recordé otros hechos históricos, pero me tocó una cosa que dijo la canciller Merkel, que es una de las grandes figuras de la política mundial, en Moscú, el pasado 20 [de agosto]. Traduzco. Espero que la traducción sea correcta: “Es necesario poner fin a la política irresponsable de intervenir desde fuera y de construir en otros países la democracia, ignorando las tradiciones de los pueblos”. Lapidaria. Creo que esto dice mucho, que cada uno lo interprete. Pero ahí me sentí con una sabiduría delante de esto que dijo esta mujer.

El hecho de que Occidente renuncie, fundamentalmente la coalición que encabeza EE.UU. y la propia UE… ¿al Santo Padre le desalienta o cree que es el camino adecuado? ¿Hay que dejarles a su suerte?
Son tres cosas distintas. El hecho de renunciar es lícito. El eco que tiene en mí es otra cosa. Y lo tercero, usted dijo “dejarlos a su suerte”; yo diría el modo de cómo renunciar, el modo en cómo se negocia una salida, ¿no es cierto? Por lo que se ve, aquí no se tuvieron en cuenta –parece, no quiero juzgar–, todas las eventualidades. No sé si habrá una revisión o no, pero ciertamente hubo mucho engaño de parte quizás de las nuevas autoridades. Digo engaño o mucha ingenuidad, no entiendo. Pero yo aquí vería el modo. Y esto de la señora Merkel creo que subraya.

El Papa yo me imagino que se puede permitir desengaños como cualquier cristiano. ¿Cuál ha sido el mayor desengaño como Santo Padre que ha tenido, Santidad?
Tuve varios. Tuve varios desengaños en la vida y eso es bueno porque los desengaños te hacen aterrizar de emergencia. Son aterrizajes de emergencia en la vida. Y el asunto está en levantarse. Hay una canción alpina que a mí me dice mucho: “En el arte de ascender lo que importa no es no caer, sino no permanecer caído’. Y vos, delante de un desengaño, tenés dos caminos: o te quedas ahí diciendo que esto no va –como dice el tango: “Dale que va, que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar”– o me levanto y apuesto de nuevo. Y creo que delante de una guerra, delante de una derrota, hasta de un desengaño propio o un fracaso propio o el propio pecado, hay que levantarse y no permanecer caído.

El diablo siempre se dice que está encantado de que la gente crea que no existe. ¿El diablo también corretea por el Vaticano?
[Ríe] El diablo corretea por todos los lados, pero yo a quien le tengo más miedo son a los diablos educados. Esos que te tocan el timbre, que te piden permiso, que entran en tu casa, que se hacen amigos…

¿Pero Jesús nunca habló de eso?
¡Sí que habló! Sí que habló. Cuando dice esto: cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, cuando alguien se convierte o cambia de vida, va y empieza a dar vueltas por ahí, en lugares áridos, se aburre… y después de un tiempo dice “voy a volver para ver cómo está aquello”, y ve la casa toda ordenada, toda cambiada. Entonces busca a siete peores que él y entra con otra actitud. Por eso digo que son los diablos educados, los que tocan el timbre. La ingenuidad de esta persona lo deja entrar y el fin de ese hombre es peor que el principio, dice el Señor. Tengo pavor a los diablos educados. Son los peores, y uno se engaña mucho. Uno se engaña mucho.

En marzo se van a cumplir nueve años del inicio de su Pontificado, que no ha sido aquel pontificado breve de 4-5 años que dijo Su Santidad. ¿Se encuentra satisfecho de los cambios emprendidos o le queda alguna cosa pendiente que quisiera rematar de forma inminente? Es decir, ¿tiene la sensación de que Dios le ha dado un tiempo extra por algo?
Evidentemente que a mí el nombramiento me agarró por sorpresa porque vine con una valijita. Porque yo acá tenía la sotana. Me habían regalado una cuando me hicieron cardenal y la dejé en casa de unas monjas para no tener que… Yo pertenecía a cinco o seis congregaciones acá y entonces tenía que viajar, para no venir con eso… Vine como siempre. Y dejé preparadas las homilías de la Semana Santa allá en el obispado. Es decir, me agarró por sorpresa. Pero no hay nada mío inventado, lo que hice desde el principio es procurar poner en marcha lo que los cardenales dijimos en las reuniones precónclave para el próximo Papa: el próximo Papa tiene que hacer esto, esto, esto, esto. Y esto es lo que yo empecé a poner en marcha. Creo que quedan varias cosas por hacer todavía, pero no hay nada inventado por mí. Yo estoy obedeciendo a lo que se marcó en aquel momento. Quizás algunos no se daban cuenta de lo que estaban diciendo o pensaban que no era tan grave, pero algunos temas provocan escozor, es verdad. Pero no hay una originalidad mía en el plan. Y mi proyecto de trabajo, ‘Evangelii Gaudium’, es una cosa en la que traté de resumir lo que los cardenales dijimos en ese momento.

Es decir, cuando salió usted de Buenos Aires, ¿en ningún momento contempló la posibilidad de que no iba a volver?
No, para nada. Para nada. Si tuve que atrasar cosas para allá esenciales. Por la edad mismo no se me ocurrió. Cuando no se te ocurren cosas, no más. Pero yo lo único que hice fue tratar de resumir todo; pedí las actas de esas reuniones –en que yo estaba presente, pero para no olvidarme– y poner en marcha eso.

Uno de los últimos terremotos en el Vaticano, al menos en los medios, es el macroproceso por corrupción en el que está imputado el cardenal Becciu. Él asegura que va a quedar demostrada su inocencia. Desde fuera da la impresión de que la reforma de las finanzas vaticanas es como ese caracol que trepa por el pozo y cada vez que avanza un metro retrocede dos. ¿Hay esperanza? ¿Cómo cree que acabará este asunto? En todos los organismos la corrupción es un pecado inherente, inevitable, pero ¿en qué manera puede ser evitable dentro del Vaticano?
Hay que poner todos los medios para evitarlo, pero es una historia vieja. Mirando hacia atrás, tenemos la historia de Marcinkus, que la recordamos bien; la historia de Danzi, la historia de Szoka…Es una enfermedad en la que se recae. Creo que hoy día se ha progresado en la consolidación de la justicia del Estado Vaticano. Desde hace tres años se fue avanzando de tal manera que la justicia fuera más independiente, con los medios técnicos, incluso con declaración de testigos grabados, las cosas técnicas actuales, nombramientos de jueces nuevos, del ministerio público nuevo… y esto fue llevando adelante las cosas. Y ayudó. La estructura ayudó a enfrentar esta situación que parecía que no iba a existir nunca. Y todo empezó con dos denuncias de personas que trabajan en el Vaticano y que en sus funciones vieron una irregularidad. Hicieron una denuncia y me preguntaron qué se hace. Yo les dije: si quieren ir adelante tienen que presentarlo al fiscal. Era un poco desafiante la cosa, pero eran dos personas de bien, estaban un poco acobardadas y entonces como para darles ánimos metí mi firma debajo de la de ellos. Para decir: este es el camino, no le tengo miedo a la transparencia ni a la verdad. A veces duele, y mucho, pero la verdad es lo que nos hace libres. Así que esto fue simplemente. Ahora, que de aquí a algunos años aparezca otro… Esperemos que estos pasos que estamos dando en la justicia vaticana ayuden a que cada vez menos sucedan estos hechos que… Sí, usted usó la palabra corrupción y en este caso obviamente que, al menos en la primera vista, parece que la hay.

¿Qué teme más, que [Becciu] sea declarado culpable o inocente, habida cuenta que usted mismo dio permiso para llevarle a juicio?
Él va a juicio según la legislación vaticana. En una época, los jueces de los cardenales no eran los jueces de Estado como hoy día sino el jefe del Estado. Yo quiero de todo corazón que sea inocente. Además, fue un colaborador mío y me ayudó mucho. Es una persona a la que tengo cierta estima como persona, o sea que mi deseo es que salga bien. Pero es una manera afectiva de la presunción de inocencia, vamos. Además de la presunción de inocencia, tengo ganas de que salga bien. Ahora, la justicia es la que va a decidir.

No sé si el Papa Francisco es muy de dar un puñetazo con fuerza encima en la mesa. ¿Quizá el último golpe sobre la mesa ha sido el documento pontificio en el que se limita la celebración de las ‘misas tridentinas’? Y le pido además que le explique a mi audiencia qué es la ‘misa tridentina’, qué tiene la misa tridentina que no sea preceptiva.
Yo no soy de dar golpes sobre la mesa, no me sale. Más bien soy tímido. La historia de ‘Traditionis custodes’ es larga. Cuando primero San Juan Pablo II –y después Benedicto ya más claramente con ‘Summorum Pontificum’–, hizo esta posibilidad de que se pudiera celebrar con el misal de Juan XXIII (anterior al de Pablo VI, que es el postconciliar) para aquellos que no se sentían bien con la liturgia actual, que tenían una cierta nostalgia… me pareció de las cosas pastorales más bellas y humanas de Benedicto XVI, que es un hombre de una humanidad exquisita. Y así empezó. Ese fue el motivo. A los tres años él decía que había que hacer una evaluación. Se hizo una evaluación y parecía que todo andaba bien. Y andaba bien. De esa evaluación a ahora pasaron diez años (o sea, trece desde la promulgación) y el año pasado vimos con los responsables del Culto y de la Doctrina de la Fe que convenía hacer otra evaluación a todos los obispos del mundo. Y se hizo. Llevó todo el año. Después se estudió la cosa y, en base a eso, la inquietud que más aparecía era que una cosa hecha para ayudar pastoralmente a quienes han vivido una experiencia anterior, se fuera transformando en ideología. O sea, una cosa pastoral a ideología. Entonces había que reaccionar con normas claras. Normas claras que pusieran un límite a aquellos que no habían vivido esa experiencia. Porque parecía que estaba de moda en algunos lados que sacerdotes jóvenes “ah, no, yo quiero…” y por ahí no saben latín, no saben lo que dice. Y por otro lado, apoyar y consolidar lo de ‘Summorum Pontificum’. Hice más o menos el esquema, lo hice estudiar y trabajé, y trabajé mucho, con gente tradicionalista de buen sentido. Y salió ese cuidado pastoral que hay que tener, con algunos límites pero buenos. Por ejemplo, que la proclamación de la Palabra sea en un idioma que todos lo entiendan; si no, es reírse de la Palabra de Dios. Pequeñas cositas. Pero sí, el límite es muy claro. Después de este motu proprio, un sacerdote que quiera celebrar no está en las condiciones de los otros –que era por nostalgia, por deseo, etc– y ahí sí tiene que pedir permiso a Roma. Una especie de permiso de bi-ritualismo, que solamente lo da Roma. [Como] un sacerdote que celebra en rito oriental y rito latino, es bi-ritual pero con permiso de Roma. O sea, hasta el día de hoy, los anteriores siguen pero un poco ordenados. Más aún, pidiendo que haya un sacerdote que esté encargado no solamente de la liturgia sino de la vida espiritual de esa comunidad. Si usted lee bien la carta y lee bien el decreto, va a ver que simplemente es reordenar constructivamente, con cuidado pastoral y evitar un exceso a quienes no están…

¿Le quita el sueño a Su Santidad el camino sinodal que ha iniciado la Iglesia Católica Alemana?
Sobre eso, yo me permití mandar una carta. Una carta que la hice yo solo en castellano. Un mes me llevó hacer eso, entre rezar y pensar. Y se la mandé en su momento: original en castellano y traducción al alemán. Y ahí expreso todo lo que siento sobre el sínodo alemán. Ahí está todo.

No es una protesta nueva la del sínodo alemán… se repite la historia…
Sí, pero no me pondría tampoco demasiado trágico. En muchos obispos con los que hablé no hay mala voluntad. Es un deseo pastoral, pero que por ahí no tiene en cuenta algunas cosas que yo explico en la carta que hay que tener en cuenta.

Hay cosas que están instaladas en el imaginario popular. Una de ellas, de la que más se habla, es de la crisis del teatro. Su Santidad sabe que el teatro está en crisis desde que Su Santidad y yo habíamos nacido. Otra de las cosas es la reforma de la curia. Permanentemente se dice “hay que reformar la curia”, pero la curia parece irreformable. Es como una selva espinosa en la que es imposible entrar, o eso se dice desde fuera. ¿Sigue soñando el Papa con una Iglesia muy distinta de la que ve ahora?
Bueno, si usted ve desde el principio que se empezó a poner en marcha lo que dijeron los cardenales en el precónclave hasta ahora, la reforma está andando paso a paso y bien. El primer documento que marca la línea, tratando de reasumir lo de los cardenales, es ‘Evangelii Gaudium’. Que ahí hay un problema en ‘Evangelii Gaudium’ que yo lo quisiera señalar, que es el problema de la predicación. Someter a los fieles a largas clases de teología, de filosofía o de moralismo, que no es la predicación cristiana. Ahí en la ‘Evangelii Gaudium’ pido una reforma seria de la predicación. Algunos hacen, otros no entienden… Por poner un punto, ¿no? Pero ‘Evangelii Gaudium’ trata de resumir en general como actitudes lo de los cardenales en el precónclave. Y respecto a la constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’ que se está trabajando en esto, y el último paso es que yo la lea –debo leerla porque la tengo que firmar y la tengo que leer palabra por palabra–, no va a tener nada de nuevo de lo que se está viendo ahora. Quizás algún detalle, algún cambio de dicasterios que se juntan, dos o tres dicasterios más, pero ya está anunciado: por ejemplo, Educación se va a juntar con Cultura. ‘Propaganda Fide’ se va a juntar con el dicasterio de la ‘Nueva Evangelización’. Está anunciado. No va a haber nada nuevo respecto a lo que se prometió que se iba a hacer. Algunos me dicen: “¿Cuándo saldrá la constitución apostólica de la reforma de la Iglesia, para ver la novedad?”. No. No va a haber nada nuevo. Si hay nuevo, son pequeñas cositas de ajuste. Está en su última parte, que se atrasó con esto de mi enfermedad. Se está cocinando a fuego lento, de tal manera que tome todo esto. Tenga claro que la reforma no será otra cosa que poner en marcha lo de los cardenales, lo que pedimos en el precónclave, y que se está viendo. Se está viendo.

En la primera visita al departamento de comunicación del Vaticano, el Santo Padre mostró su preocupación porque el mensaje no estaba llegando donde debería. Los números de audiencia eran escasos. ¿Eso era un rapapolvo en toda regla?
A mí me causó gracia la reacción. Yo dije dos cosas. Primero, una pregunta: ¿cuánta gente lee el L’Osservatore Romano? No dije si lo leían mucho o poco. Una pregunta. Creo que es lícito preguntar, ¿no? Y la segunda pregunta, que más bien fue un tema, [la hice] cuando después de haber visto todo el nuevo trabajo de unión, el nuevo organigrama, la funcionalización, hablé de la enfermedad de los organigramas, que da a una realidad un valor más funcional que real. Y digo: con toda esta funcionalidad, que es para que funcione bien, no [hay que] caer en el funcionalismo. Que el funcionalismo es el culto a los organigramas prescindiendo de la realidad. Estas dos cosas que dije parece que alguno no las entendió o por ahí a alguno no le gustó, o no sé qué, y la interpretó como un rapapolvo. Es una cosa normal, es una pregunta y una advertencia. Sí… Por ahí alguno se sintió en orsay y…. Creo que el dicasterio promete mucho, es el dicasterio que tiene más presupuesto en la Curia en este momento, que tiene a la cabeza un laico –espero que pronto haya otros que tengan a la cabeza un laico o una laica– y que está despegando con nuevas reformas. L’Osservatore Romano, al que yo llamo “el Diario del Partido”, ha progresado muchísimo y es una maravilla cómo está haciendo los esfuerzos culturales que está haciendo.

Hace años me impresionó una cosa que contó, Santidad, cuando años atrás por las calles de Buenos Aires unos padres gritaron a su hijo que no se le acercara porque usted iba vestido de cura y podría ser un pederasta.
Tal cual.

Aún parece haber dudas sobre todos los sacerdotes que durante esta pandemia, por ejemplo, han demostrado que se dejan la piel con los últimos. ¿Los obispos de todos los países están haciendo los deberes que usted les mandó cuando les convocó a Roma para que dejen de existir pederastas entre sus filas?
Antes de contestar a su pregunta quiero rendir homenaje a un hombre que empezó a hablar de esto con coraje, aunque era una piedra en el zapato, en la organización, mucho antes de que se hiciera la organización sobre este tema, que es el cardenal O’Malley. A él le tocó arreglar el asunto en Boston y no fue nada fácil. Se han dado pasos muy claros sobre esto, ¿no es cierto? La Comisión de Defensa de Menores, que fue invención del cardenal O’Malley, hoy día está funcionando y ahora debo renovar a la mitad de la gente porque cada tres años se renueva la mitad. Gente de primera agua de varios países distintos con problemas de estos. Y creo que se juegan bien. Creo que es clave en esto las estadísticas que di a los periodistas en el encuentro de los presidentes de Conferencias Episcopales, por un lado, y después el discurso final que tuve al finalizar la misa en ese encuentro. —Que alguno dijo “al fin y al cabo el Papa dijo que es un problema de todos, le echó la culpa al diablo y se lavó las manos”. Eso fue el comentario de un medio–. Que le eché la culpa al diablo, sí. Como incitador de esto. Pero se la eché cuando hablé de la pedopornografía. Dije que abusar a un chico para filmar un acto pedopornográfico es demoniaco. No se explica sin la presencia del demonio. Eso sí lo dije. Bueno, ahí en ese discurso un poco marqué todo, unido a las estadísticas. Creo que las cosas se están haciendo bien. De hecho, se ha progresado y cada vez se progresa más. Ahora, es un problema mundial y grave. Yo me pregunto a veces cómo ciertos gobiernos permiten la producción de pedopornografía. Que no digan que no se sabe. Hoy en día con los servicios de inteligencia se sabe todo. Un gobierno sabe quién en su país produce pedopornografía. Para mí esta es de las cosas más monstruosas que he visto.

Hace tiempo confesaba, Santidad, que hace unos años las cuestiones ecológicas no le interesaban nada. Ahora ha mudado Su Santidad porque es uno de los líderes mundiales que más hablan de este asunto, de los abusos cometidos contra la Tierra. ¿La opción ecológica le ha generado enemigos? ¿Estará usted en Glasgow para la COP26? Son dos preguntas en una.
Voy a hacer historia: [La V Conferencia General del CELAM en] Aparecida creo que fue en el 2007 si no me equivoco. Se me pierden un poco las fechas. En Aparecida yo oía que los obispos brasileños hablaban de conservar la naturaleza, el problema ecológico, la Amazonía… Insistían, insistían, insistían, y yo me preguntaba qué tenía que ver eso con la evangelización. Sentía yo eso. No tenía ni la más pálida idea. Estoy hablando de 2007. Eso me chocó. Cuando volví a Buenos Aires me empecé a interesar, y lentamente fui entendiendo algo. Ya estando aquí, ¿eh? Yo soy un convertido en esto. Y ahí entendí más. Y de alguna manera me di cuenta de que tenía que hacer algo y ahí me vino la idea de escribir algo como magisterio porque la Iglesia delante de esto… así como yo era, como decimos en Argentina, un salame que no entendía nada de esto, hay tanta gente de buena voluntad que no entiende… Entonces, dar unas catequesis sobre esto. Convoqué a un grupo de científicos que me expusieran los problemas reales, no las hipótesis, lo real. Me hicieron un lindo catálogo y con razón. Se lo pasé a teólogos que reflexionaron sobre eso. Y así se fue gestando ‘Laudato Si’.
Una anécdota linda: cuando fui a Estrasburgo, el presidente Hollande mandó a recibirme y a despedirme a la ministra del Ambiente, que en aquel momento era la señora Ségolène Royal. Y en la conversación que tuve con ella, me dijo “¿Es verdad que usted está escribiendo algo?”, la ministra del Ambiente entendía. Y yo le dije: “Sí, estoy en esto”. “Por favor, publíquelo antes de [la cumbre de] París porque necesitamos apoyos”. Volví de Estrasburgo y aceleré. Y salió antes del encuentro de París. Que el encuentro de París para mí fue el summum en tomar conciencia mundial. ¿Después qué pasó? Entró el miedo. Y, lentamente, en los encuentros posteriores fueron retrocediendo. Espero que Glasgow ahora levante un poco la mira y nos ponga más en línea.

¿Pero estará Su Santidad?
Sí, en principio el programa es que vaya. Todo depende de cómo me sienta en ese momento. Pero, de hecho, ya se está preparando mi discurso, y el programa es estar.

Hablemos de China si le parece, Santidad… Dentro de sus propias filas hay quienes insisten en que no debería renovar el acuerdo que el Vaticano ha firmado con ese país porque pone en peligro su autoridad moral. ¿Tiene la sensación de que hay mucha gente queriéndole marcar el camino al Papa?
Yo también cuando era laico raso y cura me encantaba marcarle el camino al obispo, es una tentación hasta yo diría lícita si se hace con buena voluntad. Lo de China no es fácil, pero yo estoy convencido de que no se debe renunciar al diálogo. Te pueden engañar en el diálogo, puedes equivocarte, todo eso… pero es el camino. La cerrazón nunca es camino. Lo que se ha logrado hasta ahora en China fue al menos dialogar… alguna cosa concreta como nombramiento de nuevos obispos, lentamente… Pero también son pasos que pueden ser cuestionables y los resultados por un lado o por el otro. Para mí la figura clave de todo esto y que me ayuda y me inspira es el cardenal Casaroli. Casaroli fue el hombre al que Juan XXIII le encargó tender puentes con Centroeuropa. Hay un libro muy lindo, ‘El martirio de la paciencia’, donde él cuenta un poco sus experiencias allí. O se cuentan las experiencias de él, el que compiló todo. Y era pasito pequeño tras pasito pequeño, creando puentes. A veces teniendo que dialogar al aire libre o con la canilla abierta en momentos difíciles. Lentamente, lentamente, fue logrando reservas de las relaciones diplomáticas que en el fondo suponían nombramiento de nuevos obispos y cuidado del pueblo fiel de Dios. Hoy en día, de alguna manera tenemos que seguir esos caminos de diálogo pasito a pasito en las situaciones más conflictivas. Mi experiencia en el diálogo con el Islam, por ejemplo, con el Gran Imán de Al-Tayeb fue muy positiva en esto, y se lo agradezco mucho. Fue como el germen de ‘Fratelli Tutti’ después. Pero dialogar, dialogar siempre o estar dispuestos a dialogar. Hay una cosa muy linda. La última vez que se encontró San Juan Pablo II con Casaroli, le fue a informar por dónde iban las cosas… (Casaroli iba todos los fines de semana a un penal de menores. Creo que era Casal del Marmo, no estoy seguro. Y estaba con los chicos e iba de sotana como un cura. Nadie sabía… Algunos no sabían quién era)… Y cuando se despidieron y ya estaba en la puerta Casaroli, San Juan Pablo II lo llamó y le dijo: “Eminencia, ¿sigue yendo donde aquellos muchachos?” “Sí, sí”. “No los deje nunca”. El testamento de un papa santo a un diplomático muy capaz: seguí por este camino de la diplomacia, pero no te olvides que sos cura, como lo estás haciendo. Esto para mí es inspirador.
Santidad, en España se ha legalizado la eutanasia, en función de lo que llaman el “derecho a una muerte digna”. Pero eso es un silogismo falaz, porque la Iglesia no defiende el sufrimiento encarnizado, sino la dignidad hasta el final.

¿Hasta dónde el hombre tiene poder real sobre su vida? ¿Qué cree el Papa?
Situémonos. Estamos viviendo una cultura del descarte. Lo que no sirve se descarta. Los viejos son material descartable: molestan. No todos, pero vamos, en el inconsciente colectivo de la cultura del descarte, los viejos… los enfermos más terminales, también; los chicos no queridos, también, y se los manda al remitente antes de que nazcan…

O sea, hay una cultura…
Después, miremos las periferias, pensemos en las grandes periferias asiáticas, por ejemplo, para irnos lejos y no pensar que uno está hablando de cosas de acá. El descarte de pueblos enteros. Piense en los rohingyas, descartados, gitaneando por el mundo. Pobrecitos. O sea, se descartan. No sirven, no van, no sirven.
Esa cultura del descarte nos ha signado. Y signa a los jóvenes y a los viejos. Influye mucho sobre uno de los dramas de la cultura actual europea. En Italia la edad media es 47 años. En España creo que es mayor. O sea, la pirámide se ha invertido. Es el invierno demográfico en el nacimiento, en el que haya más casos de aborto. La cultura demográfica está en pérdida porque se mira el provecho. Se mira al de adelante… ¡y a veces usando la compasión!: “que no sufra en el caso de…” La Iglesia lo que pide es ayudar a morir con dignidad. Eso siempre lo ha hecho.
Y respecto al caso del aborto, a mí no me gusta entrar en discusiones que si hasta aquí se puede, que hasta allí no se puede, pero digo esto: cualquier manual de embriología de los que le dan a un estudiante de Medicina en la Facultad dice que a la tercera semana de la concepción, a veces antes de que la madre se dé cuenta [de que está embarazada], ya están perfilados todos los órganos en el embrión, incluso el ADN. Es una vida. Una vida humana. Algunos dicen: “No es persona”. ¡Es una vida humana! Entonces, delante de una vida humana yo me hago dos preguntas: ¿Es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema?, ¿es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema? Y con estas dos preguntas que se resuelvan los casos de eliminación de gente –por un lado o por el otro– porque son un peso para la sociedad.
Yo quisiera recordar algo que en casa nos contaban. Que una familia muy buena con varios hijos y el abuelo vivía con ellos, pero el abuelo se va poniendo viejo y en la mesa comenzaba a babearse. Entonces, el papá no podía invitar gente por vergüenza de su padre. Entonces se le ocurrió poner una linda mesa en la cocina y explicó a la familia que desde el día siguiente el abuelo iba a comer en la cocina y así podían invitar gente. Y así fue. A la semana, llega a casa y encuentra a su hijito de 8 años, 9 años, uno de los hijos, jugando con maderas, clavos, martillos, y le dice: “¿Qué estás haciendo?” “Estoy haciendo una mesita, papá”. “¿Para qué?” “Para vos, para cuando seas viejo”. O sea, lo que se siembra con el descarte, se va a recibir después.

Santidad, vámonos a otro escenario. En la sociedad española, usted sabe que se han producido algunas fracciones y algunas fracturas concretas. El referéndum en Cataluña llevó a una situación particularmente delicada. Y usted ha dicho que el soberanismo es una exageración que siempre acaba mal. ¿Qué actitud cree que debemos adoptar ante un planteamiento de ruptura?
Yo diría mirar la historia. En la historia hubo casos de independencia. Son países de Europa que hoy en día están incluso en proceso de independencia. Mira el Kosovo y toda esa zona que se están rehaciendo. Son hechos históricos que están caracterizados por una serie de particularidades. En el caso de España, son ustedes los españoles los que tienen que juzgar, dando bien su actitud. Pero para mí, lo más clave en este momento en cualquier país que tiene este tipo de problemas, es preguntarme si se han reconciliado con la propia historia. Yo no sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo la historia del siglo pasado. Y, si no lo está, creo que tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia, lo cual no quiere decir claudicar de las posturas propias, sino entrar en un proceso de diálogo y de reconciliación; y, sobre todo, huir de las ideologías, que son las que impiden cualquier proceso de reconciliación. Además, las ideologías destruyen. Unidad nacional es una expresión fascinante, es verdad, la unidad nacional, pero nunca se valorará sin la reconciliación básica de los pueblos. Y creo que en esto cualquier gobierno, sea del signo que sea, tiene que hacerse cargo de la reconciliación y ver cómo llevan adelante la historia como hermanos y no como enemigos o al menos con ese inconsciente deshonesto que me hace juzgar a otro como enemigo histórico.

Bueno, España vivió un proceso de reconciliación muy intenso y admirable en el mundo entero en la década de los setenta del siglo pasado. El problema es que el revisionismo histórico haya pretendido inutilizar aquella reconciliación admirable en el mundo que fue la Transición española, que yo me imagino que ustedes la conocieron en Argentina y no será extraña para el Papa. El nacionalismo, el soberanismo ha sembrado Europa de muertos y de inmigrantes. Y eso me lleva a preguntarle: ante la inmigración provocada por diversos fenómenos en el que estamos ahora mismo inmersos, ¿qué postura tomamos? ¿Qué pasa cuando el número de los que piden acogida supera las posibilidades de acogida de un país? ¿No debe haber fronteras? ¿Todos en cualquier parte, donde queramos y como queramos? ¿Los estados tienen derecho a poner sus rígidas normas o menos rígidas?
Mi respuesta sería esto: primero, delante a los migrantes cuatro actitudes: acoger, proteger, promover e integrar. Voy a la última: si uno acoge y los deja ahí sueltos en casa y no los integra son un peligro, porque se sienten extraños. Piense usted en la tragedia de Zaventem. Quienes hicieron ese acto de terrorismo eran belgas, eran hijos de inmigrantes no integrados, guetizados. Yo tengo que lograr que el migrante se integre y para esto este paso de, no solo acogerlos, sino protegerlos y promoverlos, educarlos, etcétera. Segundo (más hacia su pregunta): los países tienen que ser muy honestos consigo mismos y ver cuántos pueden aceptar y hasta qué número, y ahí es importante el diálogo entre las naciones. Hoy día, el problema migratorio no lo resuelve un país solo y es importante dialogar, y ver “yo puedo hasta aquí…”, “me da el cuero”, o no; “hasta aquí las estructuras de integración valen, no valen”, etcétera. Estoy pensando en un país que a los pocos días de llegar un migrante ya recibía un sueldo para ir a la escuela a aprender la lengua, y después se le conseguía trabajo y se le iba integrando. Esto fue durante la época de la integración de la inmigración por las dictaduras militares de Sudamérica: Argentina, Chile, Uruguay. Estoy hablando de Suecia. Suecia fue un ejemplo en estos cuatro pasos de acoger, proteger, promover e integrar.

Y después también hay una realidad ante los migrantes, ya me referí a ella, pero la repito: la realidad del invierno demográfico. Italia tiene pueblos casi vacíos.

Y España también
“No, nosotros nos preparamos” ¿Qué esperás, quedarte sin nadie? Es una realidad. O sea, la migración es una ayuda en la medida en la que se cumplan nuestros pasos de integración. Esa es mi postura. Pero eso sí, un país tiene que ser muy honesto y decir: “hasta aquí puedo”.

El próximo año se van a cumplir cuarenta años de aquel discurso de San Juan Pablo II sobre la identidad europea. Yo le quiero preguntar por los lugares a donde puede ir el Papa siempre que su salud y su buen aspecto le permitan. No sé si Haití, no sé si su tierra, no sé si Santiago [de Compostela]. [Fue allí] cuando dijo Juan Pablo II “vuelve a encontrarte, sé tú misma, descubre tus orígenes”. Sería un magnífico recuerdo recordarlo junto a usted aprovechando el Año Santo Xacobeo…
Al presidente de la Xunta de Galicia le prometí pensar el asunto. O sea, no lo saqué de una eventual agenda. Para mí la unidad de Europa en este momento es un desafío. O Europa continúa perfeccionando y mejorando en la Unión Europea, o se desintegra. La UE es una visión de hombres grandes —Schumann, Adenauer…— que la vieron. Yo creo que dije seis discursos sobre la unidad de Europa. Dos en Estrasburgo, uno cuando me dieron el Premio Carlo Magno y ahí el discurso que dijo el alcalde de Aquisgrán yo lo recomiendo porque es una maravilla de criticidad sobre el problema de la UE. Pero no podemos renunciar. Uno de los momentos más felices que tuve fue en uno de los discursos, cuando vinieron todos —o jefes de Estado o jefes de gobierno— de la UE. No faltaba ninguno y nos sacamos una foto en la Capilla Sixtina. Esto no me lo olvido. No podemos ir atrás. Fue un momento de crisis y reaccionó bien la UE ante la crisis. Pese a las discusiones, reaccionó bien. Tenemos que hacer lo posible por salvar esa herencia. Es un legado y es una tarea.

Santidad, claro, si yo no le pregunto cuándo vendrá el Papa a España, pues me dirán “cómo no le has preguntado al Santo Padre…” Yo me atrevo a sugerirle que Su Santidad no conocerá la Semana Santa hasta que no venga un Martes Santo a Sevilla a ver a la Virgen de la Candelaria. ¿No tiene siquiera curiosidad?
Mucha. Mucha. Pero mi opción hasta ahora de viaje a Europa son los países chicos. Primero fue Albania y luego todos los países eran pequeños. Ahora está en programa Eslovaquia, después Chipre, Grecia y Malta. Quise tomar esa opción: primero a los países más chicos. Fui a Estrasburgo pero no fui a Francia. A Estrasburgo fui por la UE. Y, si voy a Santiago, voy a Santiago pero no a España, que quede claro.

Al Camino de Europa.
Al Camino de Europa. Una Europa. Pero eso está por decidir todavía.

¿Hay algo por lo que Papa haya llorado en el último año, aparte de la pandemia, o el Papa no es de lágrima fácil?
Yo no soy de lágrima fácil, pero de vez en cuando me viene esa tristeza frente a algunas cosas, que yo tengo mucho cuidado de no confundirla con una melancolía a lo Paul Verlaine: aquel “Les sanglots longs, de l’automne, blessent mon coeur”. No, no. No quiero que se confunda con eso. A momentos, viendo ciertas cosas, me tocan el corazón y… y eso me sucede a veces.

Se le ha calificado como “el Papa pop” o “el Papa Superman”, que sé que no le gusta además. ¿Quién es en realidad Francisco, cómo le gustaría que le recordaran?
Como lo que soy: un pecador que trata de hacer el bien.
Bueno, somos dos pecadores en esta mesa entonces…
Somos dos.

Pero usted tiene más mano allí arriba. [Ríe] Siempre me ha llamado la atención su relación con el escritor Jorge Luis Borges. ¿Por qué le hacía tanto caso a ese joven jesuita?
Yo no sé por qué. Yo me acerqué a él porque era muy amigo de su secretaria. Y después una simpatía… Yo no era cura cuando lo conocí. Tendría 25 o 26 años cuando le conocí, y enseñaba en Santa Fe como jesuita, en esos tres años que enseñamos en colegio los jesuitas, y le invité a venir a hablar a mis alumnos de Literatura. Y vino, y tuvo su curso… Yo no sé por qué. Pero era un hombre muy bueno. Muy bueno

Le hemos oído mucho hablar de su abuela paterna, de la abuela Rosa, pero le hemos escuchado menos hablar de su madre, o quizás directamente no le hemos escuchado…
Ahí lo que sucede son dos factores. Somos cinco hermanos muy abueleros todos. Dios nos ha conservado los abuelos hasta grandes. El primer abuelo, el más lejos de todos, yo lo perdí cuando tenía 16 años y la última abuela cuando yo era provincial de los jesuitas. O sea que los abuelos nos acompañaron. En casa había además una costumbre, las vacaciones las pasábamos los cuatro mayores, porque la menor vino seis años después, las vacaciones las pasábamos con los abuelos, así papá y mamá descansaban un poco. Era divertido. Hay mucho de esa cosa abuelera. De la abuela Rosa lo que yo cuento son las mismas anécdotas de siempre, algunas son muy divertidas. De la otra abuela también cuento anécdotas, como la lección que me dio el día de la muerte de Prokófiev, sobre el esfuerzo en la vida. Cuando yo le pregunté a ella cómo habrá hecho ese hombre para llegar. Yo era un adolescente. Y de mamá sí, también recuerdo muchas cosas que también las digo. Pero por ahí llama la atención más lo de la abuela porque me repito con algunas cosas curiosas de la abuela, algunas irrepetibles por carta, por programas de radio… algunos dichos que nos enseñaron mucho. Pero, aparte de que éramos muy abueleros, los domingos a casa de los abuelos y después a la cancha a ver al San Lorenzo. Pero los abuelos incidieron mucho en nuestra vida.
No ha vuelto a ver San Lorenzo porque no quiere ver la televisión desde hace años…
Sí. Yo hice una promesa el 16 de julio de 1990. Sentí que el Señor me pedía eso, porque estábamos en comunidad viendo una cosa que terminó chabacana, desagradable, mal. Yo quedé mal. Era un 15 de julio a la noche. Y al día siguiente, en la oración, le prometí al Señor no verla. Evidentemente, cuando asume un presidente lo veo, cuando hay un accidente aéreo, lo veo, esas cosas… pero no soy adicto a ello.

No ha visto la Copa América, por ejemplo.
No. Para nada.

Hay una vieja leyenda que dice que algún Papa se ha escapado del Vaticano. ¿Francisco ha realizado alguna escapada que hasta ahora no haya sabido nadie?
No. El que se escapaba a esquiar era San Juan Pablo II. A una hora y pico había una pista de esquí, y él lo tenía en el alma. Y hacía bien en escaparse, iba cubierto. Pero un día mientras él estaba en la cola para subir y un chico le dijo: “¡El Papa!”. No sé cómo lo descubrió. Y se volvió enseguida, y procuró tomar más precauciones. Las casas de familias donde yo he ido a visitar, que recuerde, son tres: un medio convento de las teresianas donde quise visitar a la profesora Mara, ya de 90 años, una gran mujer que enseñó en la Universidad de la Sapienza y después enseñó en el Agustinianum, y quise ir a celebrarle misa. Después, a dar las condolencias probablemente a mi mejor amigo, un periodista acá italiano, a la casa de él. Y la tercera casa que visité fue la de Edith Bruck, la señora, 90 años cumplió ahora, que estuvo en el campo de concentración. Húngara ella. Judía. Esto fue este año al principio o el año pasado, no recuerdo bien. Son las tres únicas casas a las que fui de escondido, y después se supo. Me encantaría andar por la calle, me encantaría, pero me tengo que privar, porque no podría caminar diez metros.

¿Ha tenido alguna vez la tentación de vestirse de civil…
No, para nada. No. No.

…con un gorro y unas gafas?
[Ríe] No, no, para nada.

¿Cómo combate la nostalgia el Papa francisco, quién le cocina los palitos de anís o lo que desayunaba siempre en La Puerto Rico?
La nostalgia mía trato que no sea de tipo melancólico, otoñal, aunque una cosa linda del otoño argentino, de Buenos Aires, eran los días nublados, de mucha niebla, donde no se veía a diez metros desde la ventana, y yo escuchando a Piazzola. Eso sí un poco lo extraño, pero Roma tiene sus días de niebla también. Nostalgia, no. Ganas de ir de una parroquia a otra caminando, sí; pero nostalgia, no.

¿Se acabó la etapa de dolores de cabeza por palabras que se le iban de más o que le atribuían que se le iban de más y que tenían consecuencias con cosas que usted no contaba?
El peligro siempre está. Una palabra puede ser interpretada de un lado o de otro, ¿no es cierto? Eso son cosas que suceden. Y qué sé yo… ¡Yo no sé de dónde han sacado la semana pasada que yo iba a presentar mi renuncia! ¿Qué palabra habrán tomado en mi patria? De ahí salió la noticia. Y dicen que fue un revuelo, cuando a mí ni se me pasó por la cabeza. Delante de interpretaciones que nacen un poco distorsionadas de alguna palabra mía yo me callo, porque aclarar es peor.

¿Se habla mucho de fútbol aquí en Santa Marta?
Sí, del fútbol italiano. Estoy aprendiendo a conocer un poco las cosas. Se habla mucho de fútbol, sí.

¿Qué tal jugador de fútbol era usted, Santidad?
Yo era un palo. Me llamaban ‘el pata dura’, por eso me metían siempre al arco, ahí me defendía más o menos bien.

Nuestro programa ‘Tiempo de juego’, nuestros compañeros, cuando les decía que iba a venir a ver al Papa, “por favor, que te diga el papa qué piensa del fichaje de Messi, se ha ido a Francia”. ¿Qué se le antoja de todo el mundo de fútbol, lo sigue de cerca?
Yo escribí una pastoral sobre el deporte. Una pastoral que no era una pastoral. En dos pasos. Primero fue el artículo que publicó la Gazzetta dello Sport el 2 de enero de este año y en base a eso se hizo después –lo corregí yo– la pastoral. Un artículo entrevista. Yo digo solo esto: para ser un buen futbolista hay que tener dos cosas: saber trabajar en equipo y no ser como decimos en Buenos Aires en nuestro argot, uno que se ‘morfa’ la pelota, sino siempre en equipo. Y segundo, no perder el espíritu amateur. Cuando en el deporte se pierde ese espíritu de amateur se empieza a comercializar demasiado. Y hay hombres que han sabido no dejarse manchar por esto y derivar sus ganancias y todo para obras de bien y fundaciones. Pero trabajar en equipo, que es una escuela de equipo el deporte, y no perder el espíritu de amateur.

Santidad, le agradezco mucho esta hora inolvidable que ha dado a los oyentes de COPE.
Un saludo grande a los que están escuchando y les pido que recen por mí para que el Señor me siga protegiendo y cuidando, porque si me deja solo soy un desastre.

Normalmente es usted el que nos lo diría pero hoy somos nosotros: que Dios le bendiga
Igualmente a todos ustedes, que Dios les bendiga. Gracias.

Gracias.

Vatican News
Imagen: El Papa Francisco en coloquio con Carlos Herrera de COPE
(Foto: Cope)

Afganistán, Riccardi: el ayuno y la oración que pide el Papa, «rebelarse» contra la guerra

El fundador de Sant’Egidio comentó el llamamiento lanzado por Francisco durante el Ángelus a los creyentes y por el país herido por los atentados y la huida de civiles: «Se reza demasiado poco por la paz en las iglesias. Si los pequeños grupos pueden sembrar el terror, los pequeños grupos pueden sembrar la paz».

Ciudad del Vaticano,m 31 de agosto 2021.- “»Hago un llamamiento a todos para que intensifiquen la oración y practiquen el ayuno. Oración y ayuno, oración y penitencia, este es el momento de hacerlo. Lo digo en serio, intensificar la oración y practicar el ayuno, pidiendo al Señor misericordia y perdón».”

Con la mirada puesta en el drama de Afganistán, herido por los recientes atentados y la huida desesperada de cientos de personas, Francisco, desde el Palacio Apostólico para el rezo del Ángelus y desde la ventana virtual y aún más amplia de su cuenta de Twitter @Pontifex, volvió a pedir a los fieles del mundo que se reúnan en oración y ayunen. Ya en otras ocasiones durante su pontificado, ante tragedias humanitarias, el Papa ha pedido este tipo de «acción» por parte de los fieles.

Oración y ayuno ante las tragedias humanitarias
Lo hizo el 7 de septiembre de 2013, cuando en la Plaza de San Pedro reunió a miles de personas, católicas y no catàolicas, para rezar, con antorchas y banderas, por la atormentada Siria, al borde de una posible guerra feroz, tras el ataque a civiles con gas venenoso. Con igual vigor, Francisco había pedido en 2017 rezar y ayunar por Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, azotados por el hambre, la explotación, la emigración y la violencia. Se ha celebrado una gran vigilia en la Basílica Vaticana, acompañada de marchas y manifestaciones. En ese momento, el Papa invitó a los cristianos de otras Iglesias y a los seguidores de otras religiones a unirse al evento, «de la manera que consideren más apropiada, pero todos juntos».

La misma fórmula se utilizó para invitar a los hermanos de otras confesiones a la gran jornada por el Líbano, convocada para el 4 de septiembre de 2020, cuando el mundo luchaba por recuperarse de la devastadora primera oleada de la pandemia del Covid y, exactamente un mes antes, había asistido atónito a la devastadora explosión en el puerto de Beirut.

Vigilia de oración por Siria en la Plaza de San Pedro, 7 septiembre 2013

Riccardi: deberíamos rezar un Rosario diario por los países en guerra
También en esa ocasión, el Papa pidió oración y ayuno. Dos prácticas que podrían parecer -incluso a los ojos de algunos de los mismos creyentes- obsoletas o anacrónicas ante el mar de necesidades que provienen de estos territorios desgarrados en sus bases sociales y políticas. «Pero rezar y ayunar no son en absoluto prácticas anacrónicas, y mucho menos espiritualistas», dice Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, comentando la iniciativa del Pontífice con Vatican News. «Por el contrario, creo que rezamos demasiado poco por la paz en nuestras iglesias. Los domingos apenas escuchamos oraciones por Afganistán o, por ejemplo, por el norte de Mozambique con 800.000 refugiados, o por tantas guerras olvidadas. Rezamos poco por la paz, mientras que deberíamos tener en nuestras manos cada día un Rosario con los nombres de todos los países en guerra para rezar por ellos. La oración es una fuerza. Giorgio La Pira decía: Creo en el poder histórico de la oración. Aquí, la oración, en cierta medida, se convierte en la forma de proteger a los que no pueden ser protegidos, confiándolos a la mano paternal de Dios».

Entrevista con Andrea Riccardi

No es la primera vez que el Papa, ante tragedias humanitarias, llama a los creyentes y a otras personas a reunirse en oración universal. En estas situaciones de emergencia, en las que el trabajo a realizar es enorme, ¿por qué, en su opinión, la urgencia de lanzar estas -por así decirlo- «maratones» de oración y ayuno?
Ante guerras lejanas, ante situaciones que no sabemos cómo resolver, parece que no podemos hacer nada, se crea una sensación de impotencia, y entonces de la sensación de impotencia surge la indiferencia. Lo que el Papa llamó en su discurso sobre Lampedusa una «globalización de la indiferencia». En el mundo global, de hecho, lo vemos todo, nos llegan imágenes y noticias de todo, pero luego nos quedamos indiferentes porque sentimos que no podemos hacer nada: ¿qué puedo hacer yo, un pequeño hombre o mujer, frente a Afganistán si los propios Estados Unidos no saben qué hacer? En cambio, creo que, en este mundo global, cada hombre y cada mujer pueden hacer algo. Si los pequeños grupos pueden sembrar el terror, los pequeños grupos pueden sembrar la paz. Y pueden hacerlo a través de la oración que, junto con el ayuno, que también es desprendimiento de la vida cotidiana, es una «revuelta» contra la guerra, así como una invocación al Señor, el Señor de la historia, para que abra caminos de paz y suscite, a través de su espíritu, la buena voluntad de los hombres, de los poderosos, de las instituciones.

El Papa siempre ha invitado a hermanos y hermanas de otras confesiones religiosas a unirse a él. ¿Qué valor pueden tener estas iniciativas del Papa para los no católicos?
Estuve presente en Bari en el encuentro por la paz en julio de 2018 con los patriarcas y jefes de las Iglesias de Oriente Medio y lo que me llamó mucho la atención, porque el Papa invitó a los cristianos a la unidad de la oración. Una imagen puramente evangélica. El acuerdo entre «hermanos» puede mover, puede abrir una historia de paz. Karl Barth, un teólogo protestante, nada fácil para el intimismo religioso, solía decir que nuestra oración puede cambiar la voluntad de Dios, dirigir la historia de la que Dios es Señor de una manera nueva. Por supuesto, esto implica a todos los creyentes, incluso a los de otras religiones, porque la paz es un valor de todas las religiones. La paz es el nombre de Dios: lo es en el catolicismo, en el islam, en las religiones orientales o, si pienso en el gran patrimonio común como los salmos, en el judaísmo. Es el Espíritu de Asís, la invitación a la oración por la paz, ese avance revolucionario y decisivo introducido en 1986 por Juan Pablo II: rezar juntos por los demás, no contra los demás.

Ayer por la mañana fue recibido en audiencia privada por el Papa. ¿Hablaron de la situación en Afganistán? ¿Compartió el Papa alguna preocupación o pensamiento con usted?
El Papa está profundamente preocupado por Afganistán, sigue la situación día a día, pero no ha abandonado el sueño y la visión -y ya hemos hablado de ello- de construir un nuevo mundo postcovid, en el que la solidaridad social vaya de la mano de la solidaridad internacional. Fratelli Tutti es la Carta Magna y el espíritu con el que se construye esta sociedad postcovid.

Vivimos con demasiadas emociones ligadas a las noticias, olvidando a menudo que estamos realmente en una fase histórica de grandes cambios, en la que urge construir un mundo diferente al anterior. Y ahora nos enfrentamos a un drama como el de Afganistán, que exige una solidaridad espiritual y concreta en la acogida.

Preguntémonos: ¿qué tipo de sociedad queremos construir? ¿Las sociedades de los muros y el miedo o las sociedades de la esperanza y la acogida? Esperanza y acogida que se alimentan de la oración. Porque rezar nos hace audaces y también capaces de pensar en nuevas fórmulas de convivencia.

Salvatore Cernuzio (Vatican News)
Imagen de portada: El Papa durante la vigilia de oración por Siria el 7 septiembre 2013

Economía de Francisco. Juan Manuel Gil: superar el enfoque del beneficio económico

A pocos días del inicio de la I Escuela Internacional de Verano, promovida por la Economía de Francisco, del 29 de agosto al 4 de septiembre, en Gubbio, Italia, dialogamos con el profesor colombiano Juan Manuel Gil, sobre la investigación que esta desarrollando basado en la correlación entre “identidad personal, liderazgo transformacional y la lógica de la efectuación para conseguir el bien común”.

Ciudad del Vaticano, 27 de agosto 2021.- “Si queremos que la economía sea inclusiva e integral, tenemos que cambiar de enfoque, no solo pensar desde un enfoque financiero centrado en el beneficio económico, sino desde un enfoque que ponga al centro a la persona, donde la empresa sea expresión de la identidad personal del emprendedor y se busque el bien común a través de empresas sostenibles”, lo dijo Juan Manuel Gil Barragán, Profesor Asociado de Negocios Internacionales de la Universidad EAN (Escuela de Administración de Negocios) Colombia, Research Fellow de la Academia de la Economía de Francisco y participante en la I Escuela Internacional de Verano, organizado por la Economía de Francisco, del 29 de agosto al 4 de septiembre, en Gubbio, Italia.

¿Cómo llegaste a participar en la Economía de Francisco?
De la “teoría de efectuación” a la Doctrina Social
El Profesor Juan Manuel Gil después de haber realizado su doctorado en la Universidad Politécnica de Valencia, España, sobre la aplicación de la “teoría de efectuación”, que se centra en la motivación por la cual un emprendedor crea una empresa y se basa en tres conceptos principales – el primero, es que uno crea una empresa partiendo de quién soy yo, es decir, desde la dignidad, desde la identidad de la persona; segundo, es quién conozco, que tiene que ver con la comunidad y la fraternidad; y tercero, que es de lo que yo se – vio que tenia relación con dos principios de la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, el “quien soy” con la dignidad y la identidad de la persona y el “quién conozco” con la comunidad y fraternidad. Conocimientos que se ampliaron después de haber leído la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco.

El salto hacia la Economía de Francisco
Asimismo, el Investigador colombiano explica como llegó a formar parte de esta iniciativa que ha lanzado el Santo Padre, desde sus primeros contactos en noviembre de 2019, con la convocatoria al I Evento de la Economía de Francisco que se desarrollaría entre el 26 y 28 de marzo de 2020, Evento que no se realizó de modo presencial a causa de las medidas restrictivas del Covid-19, y solo fue realizado de modo virtual. “Esta iniciativa que estaba lanzando el Papa Francisco – explica Juan Manuel Gil – me pareció una excelente oportunidad para vincular mi tema de investigación formal y doctoral a temas de la Doctrina Social de la Iglesia, en esta experiencia vi que hay mucha gente que piensa de modo similar a lo que yo pensaba, como un llamado a todos a buscar el bien común”.

¿Cuál es el proyecto que estas realizando?
El capital espiritual y liderazgo transformacional

R.- “Mi primera vinculación con la Economía de Francisco arrancó con una Villa que se llama “Negocios en transición”, que tiene que ver con temas de emprendimiento, generación de valor, de sostenibilidad empresarial. Pero, no fue sino hasta julio de este año, que mi compromiso arranca a incrementarse más y lo hago a través de la investigación. Mi proyecto de investigación consiste en tratar de desarrollar esta teoría de efectuación, cómo sirve de base para entender como los emprendimientos se desarrollan y, además, como pueden llegar a perseguir el bien común, que son los dos principios o los objetivos que se busca con la Economía de Francisco. Más puntualmente estoy trabajando en dos cosas. La primera, digamos que ya están los resultados, van a salir publicados probablemente en octubre, en una edición especial que está sacando la revista Journal of Management Spirituality and Religion, en un especial que están sacando sobre la Economía Francisco. Ahí mi pregunta era: si un emprendedor que tiene capital espiritual, es decir, si en las prioridades del emprendedor, su compromiso y su forma de ver y entender, de relacionarse con el mundo, se rigen por su fe, eso se llama capital espiritual, así el emprendedor vive una vida coherente con su fe y además, si su forma de liderar también se basa en tratar de alentar, de inspirar, de motivar, a que el equipo de trabajo del emprendedor trabaje bajo esa misma identidad, y como puedo transmitir esa identidad del bien común con mi equipo de trabajo. Entonces, lo que encontré con esa primera investigación es que, efectivamente la hipótesis se comprobó y al final es que si un emprendedor que tiene capital espiritual, que tiene liderazgo transformacional, que usa la lógica de efectuación, si genera empresas más sostenibles que aquellos emprendedores que no tienen estás características y eso pues pensando desde un enfoque muy grande a entender la identidad del quién soy, quién es el emprendedor”.

Identidad social y empresas sostenibles
R.- “Una segunda etapa que estoy desarrollando ahora, es cómo ampliar la investigación con una mirada desde el punto de vista de la identidad social. Digamos que esto en la literatura ya esta desarrollada, al final nos dicen que hay tres tipos de identidades: la darwiniana, en la cual el emprendedor por sus características propias solo piensa en la plata, crean empresa, porque quiero generar rendimientos económicos para mí; otra es aquella de la identidad comunitaria, y es yo género empresa porque mi principal interés es generar una solución o un producto nuevo que sirva a la demanda de la comunidad, para ayudar a aquellos con los que yo me entiendo mejor; y la identidad misionera que lo que quiere realmente de fondo es cambiar el mundo, entonces enfoca más eso en problemas que van más allá de su pequeña comunidad, de sus fines, sino que realmente quieren genera un impacto. Entonces, lo que ahora estoy investigando es si un emprendedor que tiene identidad darwiniana o comunitaria o misionera junto con liderazgo transformacional y la efectuación, cuál de estas combinaciones hace que las empresas sean más o menos sostenibles. Por ahora solo tengo resultados preliminares, todavía no podría decir cuales son los resultados finales.

¿Qué desafíos impiden realizar una economía inclusiva e integral?
El desafío de hacer empresa sólo por el beneficio económico

R.- “Creo que el principal desafío, el más grande, para poder lograr una economía inclusiva e integral es que muchas veces hay un énfasis muy grande cuando se crea la empresa, se piensa únicamente en el retorno económico, es decir, en general se busca crear empresa para que yo tenga mejores ingresos y muchas veces se para ahí. Pero hay otras áreas que son importantísimas también para la creación de empresa, por ejemplo, entender como esa empresa no solo me genera recursos a mí sino que debería ser también la expresión de mi identidad personal como emprendedor, que también esa empresa se convierte en el legado que yo le voy a dejar al mundo, que va muchísimo más allá de lo financiero. Esto supondría un reto para la política pública que en los diferentes países especialmente dentro de nuestro continente se están desarrollando porque yo sigo viendo que hay un énfasis muy grande en ayudar, pero sólo desde el enfoque financiero. Esto es un reto para los que estamos en la Academia, para nosotros, desde la educación, desde la formación, para que mostremos que hay otras alternativas que también generan impactos positivos y generan cosas muy buenas tanto para la sociedad, para cambiar el mundo y especialmente para el emprendedor, que es quien lo estaría haciendo”.

¿Qué hacer para poner al centro de la economía a la persona?
Poner al centro de la economía a la persona

R.- “Al final desde mi experiencia, desde lo que yo he visto en la investigación, veo que hay una gran diferencia entre los emprendedores que sólo piensan que su enfoque principal es generar recursos para la empresa y los emprendedores que dicen yo quiero montar empresa y mi empresa está también fundamentada en poner en el centro a los demás, en poner en el centro a la persona y la gran diferencia que yo veo es que estos segundos, cuyo propósito de verdad se centra en la persona, en la sociedad, son personas plenas, que yo las veo felices y veo que su vida tiene un sentido. Entonces, van más allá de esta labor empresarial y de verdad logran transformar sus propias vidas, las de sus empleados, las de sus proveedores, etc., yo esto lo he visto”.

Por ello, les diría a los jóvenes que, si ellos quieren vivir su vida de una forma más plena, de una forma más feliz, de una forma más trascendental, que tanto sus emprendimientos o sus proyectos de vida incluyan siempre a la persona en el centro, porque de esta manera vamos a cambiar el mundo. Creo que, si podemos cambiar el mundo, creo que tenemos muchas ganas, nuestros jóvenes del Continente están muy conscientes de los problemas que hay, y lo que necesitan de pronto es una guía, una ayuda, de demostrarles un camino diferente que los puede llevar a que afectivamente ellos solucionen estos problemas y que los llene a ellos también.

Renato Martinez (Vatican News)
Imagen: Juan Manuel Gil Barragán, profesor asociado de Negocios Internacionales
de la Universidad EAN Colombia, Research Fellow de la Academia de Francisco

Hollerich: «Occidente ha dado a Afganistán sueños pero no ayuda»

El presidente de la Comece interviene sobre la grave crisis del país de Asia central, para recordar a la comunidad internacional su deber de ayudar a un pueblo abandonado. «Hay que hacer todo lo posible para salvaguardar la vida de estas personas».

Ciudad del Vaticano, 27 de agosto 2021.- Occidente es culpable de haber dado sueños y esperanzas al pueblo afgano, que ahora han desaparecido. Las palabras del cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo y presidente de Comece, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea, son dramáticas y tristes. El purpurado estigmatiza la geopolítica adoptada en Afganistán por Estados Unidos y critica la actitud de la política europea, que tiende a exportar valores que luego no aplica y que ahora impide la posibilidad de corredores humanitarios para los refugiados afganos.

Eminencia, ¿cómo ven los obispos europeos la actitud cerrada de muchos países de Europa hacia la apertura de corredores humanitarios para las personas que huyen de Afganistán?
Duele ver la actitud de estos, digamos, hombres y mujeres de la política, porque hay un drama humano y es culpa nuestra, es culpa de la política de Occidente, que primero dio la esperanza a muchas mujeres, pero también a muchos jóvenes: la esperanza de tener un mundo mejor, con educación y libertad, y si das estos sueños también debes hacer algo para ayudar a realizarlos después, es normal.

Europa siempre habla de altos valores, un poco como un maestro del mundo, pero cuando se necesita, cuando es necesario vivir estos valores, entonces no estamos ahí y esto dará una imagen terrible de Europa a la gente que pasa necesidad.

Según la Comece, ¿cuáles fueron los factores determinantes de la debacle internacional en Afganistán, que vuelve a estar en manos de los talibanes?
Tendría que ir a ver lo que han dicho los analistas políticos, pero creo que antes había un compromiso, que era un compromiso sobre una presencia en Afganistán, pero no con todas las fuerzas posibles, para preparar al ejército afgano, para que este pudiera hacerse cargo de la situación, pero está claro que no funcionó. Quizás no se tomaron las medidas necesarias contra la corrupción en ese país, quizás no se conocían realmente todos los vínculos políticos, pero la política, en Afganistán, era también una política geoestratégica y creo que ahora Estados Unidos quiere dirigir todos sus esfuerzos hacia Asia. Creo que tal vez, a veces, esta geopolítica debe ser implementada, en general, sin embargo, se debe hacer todo lo posible para dialogar con los pueblos, para entender lo que quieren, se deben buscar y encontrar compromisos para salvaguardar las vidas humanas, las vidas de las personas que viven en estos países.

¿Es correcto, oportuno, abrir un diálogo con los talibanes en este momento?
Es difícil responder correctamente, se necesitaría mucha información, que no tengo. Pero, en general, creo que Dios actúa en cada hombre, que hay algo bueno en cada hombre, por lo que siempre se puede, digamos, atreverse a dialogar. Pero esto es más bien una actitud cristiana, católica, de ver que el Espíritu Santo está actuando en todo el mundo.

Francesca Sabatinelli (Vatican News)
Imagen: El cardenal Hollerich declara que hay que hacer todo lo posible para ayudar al pueblo afgano

Padre Scalese: si se dan las condiciones, volveremos a Kabul

El padre Giovanni Scalese, único sacerdote en Kabul, lleva casi siete años en Afganistán. Es un barnabita que concluye una presencia en el país asiático que comenzó hace cien años a instancias del Papa Pío XI. Hoy se encuentra en Italia, repatriado como miles de personas que se vieron obligadas a huir tras la llegada de los talibanes al poder. Cuenta su historia después de estos últimos días agitados.

Ciudad del Vaticano, 27 de agosto 2021.- Nos había pedido que rezáramos por Afganistán lanzando un llamamiento a través de los micrófonos de Radio Vaticano al comienzo de la llegada de los talibanes. Hoy vuelve a hablarnos en un escenario completamente cambiado. El padre Giovanni Scalese, superior de la Missio sui iuris en Afganistán, único sacerdote católico presente en el país, ha regresado a Italia y, con él, el personal católico, como las monjas de varias congregaciones que hasta ahora han llevado a cabo su silenciosa pero fructífera labor de servicio y cuidado de los más frágiles.

En el corazón de Kabul, fue durante mucho tiempo custodio de toda la comunidad católica y compartió años de grandes dificultades relacionadas con la seguridad y al Covid. No hay ninguna motivación política en la presencia católica en Kabul, sino sólo de servicio. Estos fueron los acuerdos originales hace cien años, y así ha sido. Por eso, repite el padre Scalese, «si se nos da la oportunidad de volver, por qué no: no nos corresponde decidir quién debe gobernar el país». Y luego la encomienda con voz emocionada: «María, que ha velado por nosotros hasta ahora, tendrá la misma protección maternal para el pueblo afgano y para una nación que le hemos consagrado».

¿Pensó alguna vez el padre Scalese que tendría que abandonar Afganistán de esta manera? ¿Y cuáles son sus sentimientos hoy?.
Ciertamente, nadie imaginaba tener que abandonar el país de esta manera. Podría haber pensado que después de siete años hubiera sido predecible tener un reemplazo, pero no de esta manera, pensé de una manera más normal. Pero la vida también nos depara estas sorpresas…. Lo que más siento en este momento es la satisfacción de que todo ha salido bien, de que hemos conseguido llegar con las hermanas y los niños, y de que todos estamos bien. Damos gracias al Señor por ello. Lamentamos haber tenido que dejar un país muy necesitado y no poder continuar con nuestro servicio. Esperamos que todo se resuelva en poco tiempo y que se den las condiciones para poder reanudar el trabajo que la Iglesia realizaba en Afganistán.

¿Cómo era su vida como sacerdote en Afganistán? Usted representó a la Santa Sede en el contexto de la embajada italiana, en un Estado confesional, con la capilla como único punto de referencia para los religiosos y los fieles. ¿Qué realidad ha vivido?
Estuve a cargo de la misión católica en Afganistán, pero fueron años muy difíciles porque la misión no podía llevarse a cabo de forma pacífica. El hecho mismo de no poder salir de la embajada, no porque alguien lo impidiera, sino porque no había condiciones de seguridad para hacerlo, y luego, en los dos últimos años, a las razones de seguridad se sumaron las razones sanitarias que llevaron a un encierro total incluso en la embajada y los fieles no pudieron ni siquiera acudir a misa. Así que fueron años difíciles y ciertamente estuve presente, pero no pude llevar a cabo una labor pastoral como en otros tiempos. Las hermanas, por su parte, pudieron llevar a cabo su labor social y caritativa hasta el final, y ahora, lamentablemente, también ellas han tenido que interrumpirlo todo y lo sentimos mucho. Sin embargo, esperamos poder reanudar pronto.

En los años transcurridos, podemos hablar de «semillas» dejadas por las acciones, si no se puede hablar de «evangelización»…
Es difícil hablar de evangelización directa, está prohibida por los acuerdos de hace un siglo cuando se permitía la presencia de un sacerdote católico y una iglesia dentro de la Embajada. Hablamos de la evangelización indirecta, del testimonio de la Iglesia no sólo con un sacerdote sino con los religiosos. Antes de la presencia de las Hermanas de la Madre Teresa y de las religiosas de la ONG Pro Bambini de Kabul, de hecho, no podemos olvidar los sesenta años de presencia de las Hermanitas de Jesús que después de tanto tiempo tuvieron que dejar su trabajo.También entonces era sólo una presencia y un testimonio, pero uno extremadamente importante y fructífero.

En las imágenes de estos días, la huida de las mujeres, de las familias jóvenes, de los padres y de los niños: ¿qué significa esto para los que se quedan y para el Afganistán del futuro?
Naturalmente, nos alegramos de que muchos se hayan puesto a salvo. Esperamos que en Italia y en otros países puedan integrarse, pero ciertamente para Afganistán es un empobrecimiento, también porque son personas preparadas, con notables aptitudes de las que ahora tendrá que prescindir el país. Esperemos bien, esperemos que puedan ser sustituidos por otros, pero ciertamente la sociedad se empobrecerá.

El cambio que vemos hoy es aterrador. Ya se están cumpliendo muchas previsiones, como los atentados terroristas y la violencia. ¿Qué es lo que más teme para el país que dejó atrás y qué es lo que espera?
Se teme que se produzca una violenta degeneración, también debido a la injerencia exterior. En cambio, la esperanza es que pueda haber una colaboración interna entre los distintos componentes de la sociedad afgana, que puedan llegar a un acuerdo, colaborar entre sí y reconstruir un país atormentado por 40 años de guerra.

¿Cuál es el futuro de la Iglesia y de la presencia católica?
Estoy esperando a ver cómo evoluciona la situación: si en algún momento vemos que podemos retomar nuestras actividades, por qué no… No estuvimos ni estaremos en Afganistán por razones políticas, no nos corresponde decidir quién va a gobernar Afganistán: si se nos permite realizar nuestro servicio, estaremos disponibles.

¿Hay alguna experiencia que lleve consigo y en la que piense ahora que está lejos de Kabul?
En este momento me resulta difícil centrarme en el pasado, pero quizás el momento más importante de estos siete años fue el acto de consagración al Corazón Inmaculado de María que hicimos el 13 de octubre de 2017, al final del centenario de Fátima.

Consagramos a la Virgen la misión y juntos a Afganistán. Así que estoy profundamente convencido de que la Virgen velará por este país como ha velado por nosotros, tanto que todos hemos conseguido salvarnos. Así que confío en que se ejerza la misma protección maternal sobre el pueblo afgano.

Gabriella Ceraso (Vatican News)
Imagen: Evacuación en Afganistán
(Foto: AFP)