Audiencias, PAPA FRANCISCO

Bienaventuranzas: “¿Qué quiere decir hambre y sed de justicia?” reflexiona el Papa

“Sed de bien y de verdad”.

(zenit).- El Papa Francisco, retomando el ciclo de catequesis sobre las Bienaventuranzas, ha centrado su meditación sobre la cuarta beatitud: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados”.

En la mañana del 11 de marzo de 2020, ante la crisis sanitaria provocada por la epidemia del coronavirus que sufre Italia y que ya afecta a más de 100 países, la celebración de la audiencia general ha sido histórica: el Santo Padre, junto a los sacerdotes que han traducido en diferentes idiomas, se han reunido en la Biblioteca del Palacio Apostólico, manteniendo la distancia de seguridad obligada, frente a las cámaras, gracias a las cuales se ha podido seguir en directo –vía streaming—en todo el mundo.

Audiencia General 11 Marzo 2020, vía streaming (Foto: © Vatican Media)

La cuarta bienaventuranza no se refiere a un “deseo genérico” sino a una “exigencia vital y cotidiana de todo ser humano: la necesidad de nutrirse para sobrevivir”, pero “aquí se habla de hambre y sed de justicia”, ha aclarado Francisco.

Justicia que viene de Dios
“¿Qué quiere decir hambre y sed de justicia?” ha reflexionado el Papa. “No es la sed de venganza, tampoco es sólo el dolor de los pobres y de los oprimidos, que Dios conoce bien y que no le es indiferente. Es una justicia más grande que el derecho humano a la equidad, la verdad y la justicia social, más grande también que la perfección personal”.

Según las Bienaventuranzas, “se trata de la justicia que viene de Dios: de esa inquietud, de ese anhelo que está presente en lo más hondo del corazón de toda persona humana, aún en el corazón del más corrupto y alejado del Señor”.

Es la “sed de bien y de verdad, que el mal no puede borrar”, ha indicado el Papa. Es la “sed de Dios, suscitada por el Espíritu Santo, que todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser”, que san Agustín nos recuerda cuando escribe: “para ti nos has hecho, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti”.


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