Domingo 3 de Adviento.Domingo Gaudete (Domingo de Regocijo)

Es el Tercer Domingo de Adviento, llamado así por la primera palabra del Introito de la Misa (Gaudete, es decir, Regocíjense).

El Tiempo de Adviento se originó como un ayuno de cuarenta días en preparación para la Navidad, comenzando el día después de la fiesta de San Martín (12 de noviembre), de aquí que a menudo se le llamara también la "Cuaresma de San Martín" – nombre por el que el Adviento fue conocido desde el siglo V. No se puede datar antes del siglo quinto el ayuno del Adviento, porque no hay evidencia de que se observara la Navidad el 25 de diciembre antes de finales del siglo cuarto. (Duchesne, "Origines du culte chrétien", Paris, 1889), y la preparación para una fiesta no puede haber sido anterior a la fiesta misma.

En el siglo IX, la duración del Adviento se redujo a cuatro semanas, encontrándose en una carta de San Nicolás I (858-867) a los búlgaros la primera alusión a un Tiempo más corto, y hacia el siglo XII el ayuno había sido ya reemplazado por una simple abstinencia. San Gregorio el Grande fue el primero en redactar un Oficio para el Adviento, y el Sacramentario Gregoriano es el más antiguo en proveer Misas propias para los domingos de Adviento. En ambos se hacen provisiones para cinco domingos, pero hacia el siglo X el número usual eran cuatro, aunque algunas iglesias de Francia observaban cinco domingos incluso en el siglo XIII. No obstante todas estas modificaciones sin embargo, el Adviento preservó muchas de las características de los tiempos penitenciales lo que lo hace una especie de contraparte con la Cuaresma, correspondiendo así el tercer domingo de Adviento, o el del medio, con el domingo de la mitad de la cuaresma o Domingo de Laetare (Alegría). En este Domingo de Laetare, el órgano y las flores, prohibidos durante el resto de la estación, podían ser usados; se permitió el uso de vestimentas color rosa en lugar del púrpura (o negro como en un inicio); el diácono y el subdiácono reasumieron el uso del dalmático y de la túnica en la Misa principal, y los cardenales usaban color rosa en lugar del púrpura. Todas esta marcas características continuaron usándose y son la disciplina actual de la Iglesia Latina. El Domingo de Gaudete por lo tanto, hace un alto, como el Domingo del Laetare, a medio camino a través de un Tiempo que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor.

Adviento 2

De las "estaciones" que se mantienen en Roma para representar los cuatro domingos de Adviento, la correspondiente a la basílica Vaticana se le asigna al Gaudete, ya que es el más importante de los cuatro domingos. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría.

El Domingo de Gaudete está marcado por un Nuevo Invitatorio, la Iglesia no invita ya a los fieles a meramente adorar "al Señor que va a venir", sino que les llama a una liturgia de alegría porque "el Señor está ahora aquí y al alcance de la mano". Las lecturas de Nocturnas, correspondientes a la Profecía de Isaías, describen la venida del Señor y las bendiciones que resultan de ello, y las antífonas de las Vísperas hacen eco de las promesas proféticas. La alegría de la espera se enfatiza por las constantes Aleluyas tanto en el Oficio como en la Misa a través de todo el Tiempo de Adviento. En la Misa, el Introito "Gaudete in Domino temper" resalta lo mismo, y da el nombre al día. La Epístola nos incita a regocijarnos y nos urge a prepararnos para encontrarnos con el Salvador a través de oraciones y súplicas y de acciones de gracia, mientras que el Evangelio de San Juan Bautista nos advierte que el Cordero de Dios está ahora entre nosotros, aunque parezca que no Le conocemos.

El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo, y los ejercicios penitenciales, que han sido adecuados para ese espíritu, son suspendidos en el Domingo de Gaudete para simbolizar la alegría y el regocijo por la Redención Prometida, las cuales nunca deben estar ausentes del corazón del fiel.

G. CYPRIAN ALSTON
Transcrito por Joseph P. Thomas
Traducido por Dr. Raúl Toledo [El Salvador]

 

El Arzobispo de Madrid bendecirá personalmente a cada familia en la Catedral de la Almudena

 La alegría del Evangelio de la Familia es el lema con el que se celebrará la Jornada de la Sagrada Familia el domingo 28 de diciembre. En esta Jornada, el Arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro Sierra, bendecirá personalmente a cada familia que se acerque por la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

El programa de actos comenzará el sábado 27 de diciembre, a las 19,00 horas, con la Exposición del Santísimo en la Cripta de la Catedral. Durante 24 horas, distintos grupos, parroquias y movimientos de la diócesis, así como los fieles en general, se turnarán para orar ante el Santísimo por la familia y sus necesidades.

Al día siguiente, domingo 28 de diciembre, la Catedral de Santa María la Real de la Almudena permanecerá abierta desde las 10,00 de la mañana, para acoger a todas las familias, movimientos, grupos, parroquias, asociaciones… que deseen peregrinar al templo catedralicio para ser bendecidos personalmente por el prelado diocesano. Hasta las 19,00 horas, en la Catedral, habrá acogida y bendición de cada familia por el Arzobispo diocesano, y recogida de una ofrenda para las familias más necesitadas. Al mismo tiempo, aquellos coros parroquiales o de grupos y movimientos que lo deseen, podrán acercarse al altar de la Virgen de la Almudena para entonar sus villancicos y recitar sus oraciones, pidiendo por la familia.

Esta actividad quedará en suspenso a las 12,00 horas, momento en el que dará comienzo en el Altar mayor del templo catedral la Misa solemne, presidida por Mons. Carlos Osoro, y concelebrada por sus Obispos auxiliares. Al finalizar la misma, se reanudará la bendición de las familias por parte de su pastor, mientras los niños podrán disfrutar con distintas actividades infantiles. Entre otras, serán obsequiados con un chocolate en la Plaza de la Almudena.

Las ofrendas -materiales y económicas- que se depositen, durante todo la jornada, a los pies del altar de la Virgen de la Almudena, junto a la imagen de San José, irán destinadas a aquellas familias que se encuentran en riesgo de exclusión.

A las 19,00 horas del día 28 dará comienzo el rezo de Vísperas, bendición con el Santísimo Sacramento y una bendición especial a los novios que quieran sumarse a esta Fiesta de la Sagrada Familia. Y, para concluir, concierto de Navidad a cargo del Coro y la Orquesta de la JMJ hasta las 20,00 horas.

Programa:
Jornada de la Sagrada Familia – 28 de diciembre de 2014
"La alegría del Evangelio de la familia"

–  24 Horas de Adoración al Santísimo Sacramento por la Familia  
      * Cripta de la Santa Iglesia Catedral de la Almudena. Desde las 19,00 horas del sábado 27 hasta las 19,00 horas del domingo 28

Santa Misa presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Carlos Osoro Sierra, Arzobispo de Madrid 
      * S. I. Catedral de la Almudena. 12,00 horas

Vísperas, Bendición del Santísimo Sacramento y Bendición de los Novios 
     * S. I. Catedral de la Almudena, 19,00 horas

Concierto de Navidad 
     * Orquesta Sinfónica y Coro de la JMJ, 20,00 horas

A  partir de las 10,00 horas del domingo 28 y hasta las 19,00 horas 
    * Acogida y Bendición de cada familia por parte del Sr. Arzobispo 
 
   * Recogida de una ofrenda para las familias más necesitadas

Como María, acoger la gracia y corresponder con la fe

Ciudad del Vaticano, 8 diciembre 2014 (VIS).-''Todo es don gratuito de Dios, todo es gracia, todo es don de su amor por nosotros''. Este, dijo el Papa, es el mensaje de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, asomándose a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus a mediodía con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

 

Francisco explicó que en la Anunciación el arcángel Gabriel llama a María ''llena de gracia'' porque ''en ella no hay espacio para el pecado; Dios la eligió desde siempre como madre de Jesús, y la guardó de la culpa original. María corresponde a la gracia y se abandona a ella diciendo al Ángel: ''Hágase en mí según tu palabra''. ''No dijo: ''Yo haré según tu palabra''. No, sino: ''Hágase en mí'', puntualizó el Pontífice. Y el Verbo se hizo carne en su seno. También a nosotros se nos pide que escuchemos a Dios que nos habla y que acojamos su voluntad; según la lógica evangélica nada es más operoso y fecundo que escuchar y acoger la Palabra del Señor''.

 

La actitud de María de Nazaret ''nos muestra que el ser viene antes del hacer, y que es necesario dejar hacer a Dios para ser verdaderamente como Él nos quiere. El es quien obra tantas maravillas en nosotros. María es receptiva, pero no pasiva. Así como a nivel físico recibe la potencia del Espíritu Santo pero después da carne y sangre al Hijo de Dios que se forma en Ella, de igual manera en el plano espiritual, acoge la gracia y corresponde a ella con la fe. Este misterio de la acogida de la gracia, que en María, por un privilegio único, no tenía el obstáculo del pecado, es una posibilidad para todos… Así como Santa Isabel saluda a María como ''bendita entre las mujeres'', también nosotros hemos sido desde siempre ''bendecidos'', es decir amados y, por tanto, ''elegidos antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados''. María fue guardada, mientras nosotros hemos sido salvados gracias al Bautismo y a la fe. Pero todos, tanto ella como nosotros, por medio de Cristo''.

 

''Frente al amor, a la misericordia, a la gracia divina derramada en nuestros corazones, la consecuencia es una sola: la gratuidad. Ninguno de nosotros puede comprar la salvación. La salvación es un don gratuito del Señor, un don gratuito de Dios que viene a nosotros, y habita en nosotros. Así como hemos recibido gratuitamente, del mismo modo gratuitamente hemos sido llamados a dar; a imitación de María, que, inmediatamente después de haber acogido el anuncio del Ángel, va a compartir el don de la fecundidad con su pariente Isabel. Porque si todo nos ha sido dado, todo debe ser devuelto. ¿Cómo? Dejando que el Espíritu Santo haga de nosotros un don para los demás. El Espíritu es don para nosotros. Y nosotros, con la fuerza del Espíritu, debemos ser dones para los demás; que nos permita llegar a ser instrumentos de acogida, de reconciliación, instrumentos de perdón''.

 

''Si nuestra existencia se deja transformar por la gracia del Señor -terminó Francisco- no podremos retener para nosotros la luz que viene de su rostro, sino que la dejaremos pasar para que ilumine a los demás''

»Sed mensajeros del consuelo del Señor»

Ciudad del Vaticano, 7 de diciembre 2014 (VIS).-El Santo Padre, puntual como cada domingo, se ha asomado a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Antes del rezo mariano, Francisco ha hablado del segundo momento del Tiempo de Adviento ''un tiempo increíble que despierta en nosotros la expectativa del regreso de Cristo y el recuerdo de su venida histórica. Es la invitación del Señor expresada por el profeta Isaías: ''Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios''.

 

''El profeta -ha continuado- invita a quien lo escucha, incluidos nosotros hoy, a difundir entre la gente este mensaje de esperanza: que el Señor nos consuela. Y a dejar espacio al consuelo que viene del Señor. Pero no podemos ser mensajeros del consuelo de Dios , si primero nosotros no experimentamos la alegría de ser consolados y amados por Él. Esto ocurre especialmente cuando escuchamos su Palabra, el Evangelio, que tenemos que llevar en el bolsillo… cuando permanecemos en oración silenciosa en su presencia, cuando nos encontramos con él en la Eucaristía o en el sacramento del perdón''.

 

El Papa ha recordado a los angustiados por el sufrimiento, la injusticia y la opresión; y a los que son esclavos del dinero, del poder, del éxito y la mundanidad. ''¡Pobrecillos! -ha dicho- Tienen consuelos amañados, ¡no el verdadero consuelo del Señor! Todos estamos llamados a consolar a nuestros hermanos, dando testimonio de que sólo Dios puede eliminar las causas de los dramas existenciales y espirituales''.

 

Con estas palabras, antes de finalizar, el Pontífice ha animado a todos a dejarse consolar por el Señor y a encomendar a la Virgen María ''camino que Dios se ha preparado para venir al mundo'', la espera de la salvación y la paz para todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 

El rastrillo de Cáritas, un triunfo de la solidaridad

Los rastrillos de Cáritas celebrados en la Parroquia de Santa María  son cada vez más exitosos. La predisposición de ayuda, tanto en la donación de objetos como en el voluntariado para atender las distintas secciones,  se incrementa con el tiempo. También el número de personas que acuden a realizar compras. En el último rastrillo celebrado los días 22 y 23 del pasado mes de noviembre, la recaudación supero los 15 mil euros destinados a realizar acciones sociales que benefician a los que menos tienen. El próximo rastrillo está previsto para el mes de junio, pero ya se nota el movimiento de las numerosas personas que entregan desinteresadamente su tiempo para que todo esté correctamente organizado. En el rastrillo se pueden encontrar, a buenos precios: juguetes, zapatos, libros, ropa de señora y de caballero, artículos de decoración, muchas bagatelas, y una excelente oferta culinaria. Nuestra felicitación y nuestro agradecimiento a quienes hacen posible estos rastrillos. Son héroes anónimos para quienes se benefician de su largueza.

Galería de fotos

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Miles de Scouts repartirán luz por la paz desde Madrid

 Bajo el lema «La llamada – da la llama», el Movimiento Scout Católico (Scouts MSC) celebra un año más el evento central de reparto de la Luz de la Paz de Belén. El encuentro, presidido por el nuevo arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, gira en torno a la recepción y entrega de la llama con un mensaje de paz, amor y esperanza, símbolo de unidad y compromiso en la construcción de un mundo mejor.

Encendida en la Basílica de la Natividad de Belén, la luz viajará a Viena, donde se entregará el sábado 13 de diciembre. Scouts madrileños y canarios desplazados a la capital austriaca, en representación de Scouts MSC, recogerán la llama para llevarla al día siguiente a la catedral de La Almudena.

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Alrededor de 3.000 personas, entre niños, niñas, jóvenes y adultos procedentes de distintas ciudades españolas, se reunirán en el templo en una ceremonia multitudinaria que comenzará a las 17 horas. Uno de los momentos más significativos de la eucaristía será la llegada de la llama encendida en Viena, que iluminará cientos de velas y candiles. Éstos permitirán su posterior reparto en las delegaciones de Scouts MSC, parroquias, hospitales, residencias de ancianos, hogares y otros espacios. Scouts MSC participa en esta iniciativa nacida en Austria, que tantos kilómetros ha recorrido, desde 1999. En ella, un niño visita cada año la gruta del nacimiento de Jesús, en Belén, enciende una llama y la lleva a Viena. Una vez en la capital, se realiza una celebración ecuménica a la que acuden delegaciones scouts de distintos países europeos, así como asociaciones y organizaciones sociales reunidas con un mismo fin: transmitir ese símbolo de paz a toda la sociedad.

Con 54 años de historia, 27.000 scouts, 5.500 educadores voluntarios, 12.000 familias, 400 grupos y presencia en todas las comunidades autónomas, Scouts MSC es el mayor movimiento de educación en el tiempo libre para infancia y juventud de España. Además, forma parte de la Organización Mundial del Movimiento Scout, que cuenta con más de 40 millones de miembros en todo el mundo.

 

28 de diciembre, Jornada de la Sagrada Familia

El papa Francisco ha regalado a la Iglesia la exhortación apostólica Evangelii gaudium, donde nos ofrece preciosas indicaciones para la tarea pastoral de la Iglesia en los años venideros. En ella nos recuerda que «la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos».

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A partir de esta afirmación del papa surge una pregunta fundamental: siendo esto así, ¿cómo evangelizar y cómo anunciar el evangelio de la familia donde reina una concepción antropológica que conforma la cultura dominante y que transforman la concepción y el sentido del amor, de la sexualidad y de la corporeidad?

Frente a esta concepción, el Evangelio anuncia la buena noticia de que es posible conocer el amor verdadero, un amor que se muestra como vocación, como camino hacia una plenitud, que colma el corazón humano y lo hace libre y feliz.

Vocación al amor, centro del Evangelio de la Familia

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Para vivir el amor verdadero debemos preguntarnos acerca del origen de este amor. De esta cuestión se desprenden otras como dónde descubrir la verdad del amor o de qué amor se ha servido Dios para mostrar su amor y quién es el origen del amor y de la vocación al amor de todo hombre. La respuesta solo la podemos encontrar en el misterio de Dios. Descubrir un amor que nos precede, un amor que es más grande que nuestros deseos, un amor mayor que nosotros mismos, lleva a comprender que necesitamos aprender a amar. Este aprender a amar consiste, en primer lugar, en recibir el amor, en acogerlo, en experimentarlo y hacerlo propio. Esto permite eliminar toda concepción emotivista o voluntarista del amor: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (Jn 4, 16).

La verdad del amor se descubre en la unión del hombre y la mujer.Con la creación del ser humano se descubre cómo el amor de Dios se hace realidad en la vida humana, y cómo la diferencia sexual es una realidad originaria que nos muestra la dimensión comunional del amor. 1 Francisco, Evangelii gaudium, n. 66. 2 Cf. Conferencia Episcopal Española, La verdad del amor humano, orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 48. Esta unidad dual es fecunda en la unidad de los cónyuges y en la generación de los hijos.

Dios se ha servido del amor esponsal para revelar su amor. La transformación del amor humano en el amor de Dios no es algo circunstancial. Es tan permanente y exclusivo como la unión de Cristo con la Iglesia. Cristo, «por medio del sacramento del matrimonio (…) permanece con ellos (los esposos), para que (…), con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo ha amado a su Iglesia y se entregó por ella»

Por tanto, «la vocación al amor es la que nos ha señalado el camino por el que Dios revela al hombre su plan de salvación. Es en la conjunción original de los distintos amores en la familia —amor conyugal, paterno filial, fraternal, de abuelos y nietos, etc.— como la vocación al amor encuentra el cauce humano de manifestarse y desarrollarse conformando la auténtica identidad del hombre, hijo o hija, esposo o esposa, padre o madre, hermano o hermana».

La alegría del Evangelio de la Familia
La verdad del Evangelio sobre el amor humano y la bondad y belleza de toda vida humana se convierte, de este modo, en fuente de alegría permanente. El mismo «Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar»

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Así, la misión de los padres es insustituible y, como no cabe opción a delegar la transmisión de la vida ni de la fe, tampoco cabe la posibilidad de que la verdad del bien que es la familia para un hijo se les pueda comunicar de otra forma que no sea viviendo en un hogar como comunión de amor; de ahí la enorme responsabilidad de los padres, en primer lugar, de procurar que eso  sea así y, en segundo lugar, de las instituciones públicas de favorecer las condiciones mínimas para poder llevar a cabo esa tarea dotando de la tutela, ayuda y protección necesarias para la estabilidad y seguridad de las familias. Esa alegría de la vida en familia forma parte de la naturaleza misma del ser humano, debido a su inherente vocación al amor y a la felicidad.

Con respecto a la transmisión de la fe es esencial que esta sea una fe viva, testimonial y alegre, traspasada por la esperanza y la caridad. Sin esos elementos, la persona en general, y el niño en particular, difícilmente podrá experimentar y hacer suyo que el mensaje que le comunican en su hogar y en la vivencia de la parroquia encierra una verdad auténtica; a lo sumo podrá llevarle a repetir frases vacías, comportamientos miméticos que acepta sin comprender y sin hacerlos vida; no le llevará a vivir con alegría, sobre todo cuando otros mensajes, en distinto sentido, lleguen a sus oídos, a sus corazones, que terminarán por anular la experiencia de la causa profunda y vital de dicha alegría.

Nadie en la comunidad eclesial puede desentenderse de esta misión. Todos hemos recibido una vocación al amor. Todos estamos llamados a ser testigos de un amor nuevo, de una gran alegría, que será el fermento de una cultura renovada, que pasa por la defensa del amor y de la vida como bienes básicos y comunes a la humanidad.

En esta fiesta de la Sagrada Familia pidamos la gracia de experimentar la alegría del evangelio de la familia y ser testigos de esta alegría en los hogares, en la Iglesia y en el conjunto de la sociedad, de modo particular allí donde las diversas pobrezas materiales, sociales o espirituales precisan de un anuncio convincente de esperanza y salvación.

Mario Iceta Gavicagogeascoa (Obispo de Bilbao, Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida), Francisco Gil Hellín (Arzobispo de Burgos), Juan Antonio Reig Plà (Obispo de Alcalá de Henares), Gerardo Melgar Viciosa (Obispo de Osma-Soria), José Mazuelos Pérez (Obispo de Jerez de la Frontera), Carlos Manuel Escribano Subías (Obispo de Teruel y Albarracín), Juan Antonio Aznárez Cobo (Obispo Auxiliar de Pamplona y Tudela)

Orar en familia en Navidad

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25 de diciembre. Navidad

La familia se reúne ante el pesebre que se ha construido en un lugar digno de la casa

Un lector (alguien de la familia) dice:
Nos ha amanecido un día sagrado; venid naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.

Quien proclama el evangelio dice:
Escuchemos el santo evangelio según san Juan (Jn 1, 1-18).
«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Este estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

Delante del belén se puede cantar un villancico.
(“Dime Niño”, “El tamborilero”, “Noche de Paz”…).

Un niño o el más joven pueden hacer esta oración:
Jesús, te damos gracias porque has venido a nosotros, porque te has hecho hombre.
Hemos adornado nuestra casa en tu honor. Ayúdanos a que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibirte.

Se concluye la oración.

28 de diciembre: La Sagrada Familia

La familia se reúne ante el pesebre que se ha construido en un lugar digno de la casa.

Durante este día se puede fijar el momento para, delante de las imágenes de Jesús, María y José, rezar un misterio del Rosario.

Quien proclama el evangelio dice:
Escuchemos el santo Evangelio según san Mateo: (Mt 2, 13-15.19-23)
«Cuando ellos se retiraron, el ángel se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: “De Egipto llamé a mi hijo”. Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno

Misterio: el nacimiento del Niño Jesús.

Intención: queremos ofrecer este misterio por todas las familias para que, siguiendo el modelo de María y José, acojamos al Niño en nuestras familias.

Padrenuestro

– Dios te salve, María (10 veces)

– Gloria al Padre

Delante del belén, se puede cantar un villancico.
(“Dime Niño”, “El tamborilero”, “Noche de Paz”…)

Un niño o el más joven pueden hacer esta oración:
Jesús, te damos gracias porque has venido a nosotros, porque te has hecho hombre. Hemos adornado nuestra casa en tu honor. Ayúdanos a que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibirte.

Se concluye la oración

1 de enero. María, madre de Dios

La familia se reúne ante el pesebre que se ha construido en un lugar digno de la casa.

Quien proclama el evangelio dice:
Escuchemos el santo evangelio según san Lucas (Lc 2, 16-21).
«Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho».

El padre o la madre:
María, Madre de Dios y Madre nuestra, te ofrecemos este año que hoy estrenamos. Te pedimos que en él recibamos las continuas bendiciones de tu Hijo, nuestro Dios y Señor, y que seamos testigos vivos de fe por la santidad de nuestras obras.

Todos:
Bajo tu protección nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh, Virgen gloriosa y bendita!

Delante del belén se puede cantar un villancico.
(“Dime Niño”, “El tamborilero”, “Noche de Paz”…)

Un niño o el más joven puede hacer esta oración:
Jesús, te damos gracias porque has venido a nosotros, porque te has hecho hombre. Hemos adornado nuestra casa en tu honor. Ayúdanos a que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibirte.

Se concluye la oración

6 de enero. Epifanía del Señor

La familia se reúne ante el pesebre que se ha construido en un lugar digno de la casa.

Quien proclama el evangelio dice:
Escuchemos el santo Evangelio según san Mateo (Mt 2, 1-12)
«De pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra…»

Un niño:
Jesús, amigo y hermano nuestro. Estamos muy contentos hoy. Los Reyes nos han traído muchas cosas y queremos darte las gracias, porque todo lo bueno procede de ti. Te queremos pedir también por lo niños que sufren y pasan más necesidad, para que reciban hoy tu bendición. A ellos y a nosotros enséñanos a ser siempre buenos. Que seamos obedientes con nuestros padres, que te amemos a Ti y a nuestra familia cada día más y podamos darte la alegría de ser cada día mejores. Amén.

Delante del belén se puede cantar un villancico
(“Dime Niño”, “El tamborilero”, “Noche de Paz”…) o realizar unas peticiones.

Un niño o el más joven puede hacer esta oración:
Jesús, te damos gracias porque has venido a nosotros, porque te has hecho hombre. Hemos adornado nuestra casa en tu honor. Ayúdanos a que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibirte.

Se concluye la oración

Homilía en la solemnidad de la Epifanía del Señor

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«“Lumen requirunt lumine”». Esta sugerente expresión de un himno litúrgico de la Epifanía se refiere a la experiencia de los Magos: siguiendo una luz, buscan la Luz. La estrella que aparece en el cielo enciende en su mente y en su corazón una luz que los lleva a buscar la gran Luz de Cristo. Los Magos siguen fielmente aquella luz que los ilumina interiormente y encuentran al Señor.

En este recorrido que hacen los Magos de Oriente está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminados por luces que nos permiten entrever el sendero, hasta encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo. Y todo hombre, como los Magos, tiene a disposición dos grandes “libros” de los que sacar los signos para orientarse en su peregrinación: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras. Lo importante es estar atentos, vigilantes, escuchar a Dios que nos habla, siempre nos habla. Como dice el Salmo, refiriéndose a la Ley del Señor: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, / luz en mi sendero” (Sal 119, 105). Sobre todo, escuchar el Evangelio, leerlo, meditarlo y convertirlo en alimento espiritual nos permite encontrar a Jesús vivo, hacer experiencia de Él y de su amor. (…)

Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. No la veían. En especial, su luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo, la envidia. De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. (…)

Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, y el Evangelio dice que se llenaron de “inmensa alegría” (Mt 2,10). Esa estrella que no se veía en la oscuridad de la mundanidad de aquel palacio.

En esta fiesta de la Epifanía, que nos recuerda la manifestación de Jesús a la humanidad en el rostro de un Niño, sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de “poco calado”, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, poderoso. No nos podemos quedar ahí. Es necesario proteger la fe. Es muy importante en este tiempo: proteger la fe. Tenemos que ir más allá, más allá de la oscuridad, más allá de la atracción de las sirenas, más allá de la mundanidad, más allá de tantas modernidades que existen hoy, ir hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces busquemos la Luz y protejamos la fe».

Francisco
Basílica de San Pedro (6.1.2014

Vigilia de la Inmaculada

Anoche se celebró con éxito la Gran Vigilia de la Inmaculada en rodas las diócesis españolas y diversos países hispanoamericanos. El lema de las mismas fue "María es la Madre de la Esperanza". El Papa Francisco envió el tradicional mensaje de aliento y su bendición apostólica para los asistentes y organizadores.

 La Vigilia de la Inmaculada se celebró anoche en todas las diócesis de España y diversos países de Hispanoamérica. En la capital de España, tuvieron lugar especialmente tres: en la Catedral de la Almudena, en la Basílica de la Merced y en el Santuario de María Auxiliadora. Todas dieron comienzo a las 9 de la noche y, como siempre, en ellas tuvo un fuerte significado la juventud y la familia.

La afluencia de público fue masiva y el fervor vivido en el acto se ha notado sobre todo en los jóvenes que manifestaban su deseo de un mayor compromiso eclesial.

La lectura del mensaje y Bendición que el Papa Francisco dirigió a todos los asistentes, organizadores y colaboradores de estas Vigilias, fue especialmente emotivo.

El lema de este año ha sido: “María es la madre de la esperanza” que es la afirmación que hizo el papa Francisco en la Jornada Mundial de la Vida Contemplativa del año pasado. Con estas Vigilias los organizadores han pretendido hacer una súplica a la Virgen, para que, por su intercesión, los corazones despierten a la esperanza, recuperen la fe y se encuentren con Jesucristo y su Divina Misericordia.

El cartel publicitario de este año corresponde a un detalle del cuadro de la Inmaculada Concepción de Pedro Pablo Rubens, pintado en 1628-1629, que se encuentra en el Museo Nacional del Prado.

La introducción en la Basílica de la Merced fue hecha por el neosacerdote  P. Pablo Abad y la intervención del seglar estuvo a cargo de D. Miguel Julián Viñals, Doctor en Ciencias Químicas y profesor de la Universidad San Pablo CEU de Madrid. En el Santuario de María Auxiliadora intervino en primer lugar el P. Jesús Zurita, Capellán de la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid y las palabras del seglar fueron pronunciadas por D. Florentino Callejo, padre de familia numerosa y Presidente de la Asociación de Hogares de Santa María.

Las tres Vigilias de Madrid culminaron con la celebración de la Eucaristía, presididas, en la Catedral, por el Arzobispo D. Carlos Osoro, en La Merced, por el Obispo Auxiliar D. Juan Antonio Martínez Camino, y en María Auxiliadora, por el también Obispo Auxiliar, D. Fidel Herráez.

Los organizadores de la Gran Vigilia de la Inmaculada insisten en que el éxito de estos actos es debido, en gran parte, a las oraciones y sacrificios de casi 700 conventos de almas contemplativas de toda España.

Estas Vigilias datan del 1947 y fueron impulsadas por el sacerdote jesuita P. Tomás Morales, actualmente en proceso de canonización en Roma, y cada año se van extendiendo con mayor profusión en los distintos ambientes eclesiales.

Mons. Osoro:“Que la Fiesta de la Sagrada Familia sea un acto en el que todos participemos”

“La alegría del Evangelio de la Familia” es el lema con el que se celebrará la Jornada de la Sagrada Familia, el domingo 28 de diciembre.

Con este motivo, el Arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro Sierra, ha mantenido una reunión con los movimientos, asociaciones y Arciprestes de la diócesis para presentar los actos que se celebrarán durante esta Fiesta. Comenzó la intervención manifestando su deseo de que “sea un acto de toda la diócesis, en el que todos participemos”. Y que “todo el mundo sepa que estamos celebrando, durante 24 horas, la alegría y la belleza de la familia”.

Así, el programa de actos, completado con las aportaciones y sugerencias de los presentes, comenzará el sábado 27 de diciembre, a las 19,00 horas, con la Exposición del Santísimo en la Cripta de la Catedral. Durante 24 horas, los distintos grupos, parroquias y movimientos de la diócesis, así como los fieles en general, se turnarán para orar ante el Santísimo por la familia y sus necesidades.

Y el domingo 28 de diciembre, la Catedral de Santa María la Real de la Almudena permanecerá abierta para acoger a todas las familias, movimientos, grupos, parroquias, asociaciones… que deseen pasar por el templo catedralicio para ser bendecidos personalmente por el prelado diocesano. En este sentido, Mons. Carlos Osoro ha manifestado: “Ojalá quede agotado de todas las familias que vengan a la Catedral para ser bendecidas”. A todos se les hará entrega de una estampa con una oración por la familia escrita por el Arzobispo diocesano, y un dibujo diseñado por él mismo.

Entre otros actos, a las 12,00 horas Mons. Osoro presidirá la celebración de una solemne Eucaristía, en el altar mayor de la Catedral.

Además, a los pies del altar de la Virgen de la Almudena se colocará una imagen de San José, donde se podrán depositar todo tipo de ofrendas –económicas y materiales- para las familias que se encuentran en riesgo de exclusión.

Numerosos coros parroquiales y grupos diversos animarán con sus canciones navideñas la fiesta en honor a la Sagrada Familia. Y se desarrollarán actividades infantiles para que los más pequeños disfruten de la jornada.

Para Mons. Osoro, “la Catedral es el lugar donde todos podemos estar, en comunión con el Obispo y con Nuestro Señor. Es la mesa de todos”. Por eso, quiere que el día 28 de diciembre se quede pequeña para albergar a los miles de personas que acudan a celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia. “Queremos que todo el mundo sepa que hay familias, matrimonios, que lo que les une de verdad es el amor en Cristo, por Cristo, desde Cristo y para Cristo”. Así, desde la Catedral de la Almudena, las familias bendecidas por el Arzobispo diocesano serán enviadas a evangelizar el mundo.

La alegría del evangelio de la familia
Nota de los Obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa  de la Vida con motivo de la Jornada de la Sagrada Familia

El papa Francisco ha regalado a la Iglesia la exhortación apostólica Evangelii gaudium, donde nos ofrece preciosas indicaciones para la tarea pastoral de la Iglesia en los años venideros. En ella nos recuerda que «la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos».

A partir de esta afirmación del papa surge una pregunta fundamental: siendo esto así, ¿cómo evangelizar y cómo anunciar el evangelio de la familia donde reina una concepción antropológica que conforma la cultura dominante y que transforman la concepción y el sentido del amor, de la sexualidad y de la corporeidad?

Frente a esta concepción, el Evangelio anuncia la buena noticia de que es posible conocer el amor verdadero, un amor que se muestra como vocación, como camino hacia una plenitud, que colma el corazón humano y lo hace libre y feliz.

Vocación al amor, centro del Evangelio de la Familia
Para vivir el amor verdadero debemos preguntarnos acerca del origen de este amor. De esta cuestión se desprenden otras como dónde descubrir la verdad del amor o de qué amor se ha servido Dios para mostrar su amor y quién es el origen del amor y de la vocación al amor de todo hombre. La respuesta solo la podemos encontrar en el misterio de Dios. Descubrir un amor que nos precede, un amor que es más grande que nuestros deseos, un amor mayor que nosotros mismos, lleva a comprender que necesitamos aprender a amar. Este aprender a amar consiste, en primer lugar, en recibir el amor, en acogerlo, en experimentarlo y hacerlo propio. Esto permite eliminar toda concepción emotivista o voluntarista del amor: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (Jn 4, 16).

La verdad del amor se descubre en la unión del hombre y la mujer.Con la creación del ser humano se descubre cómo el amor de Dios se hace realidad en la vida humana, y cómo la diferencia sexual es una realidad originaria que nos muestra la dimensión comunional del amor. 1 Francisco, Evangelii gaudium, n. 66. 2 Cf. Conferencia Episcopal Española, La verdad del amor humano, orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 48. Esta unidad dual es fecunda en la unidad de los cónyuges y en la generación de los hijos.

Dios se ha servido del amor esponsal para revelar su amor. La transformación del amor humano en el amor de Dios no es algo circunstancial. Es tan permanente y exclusivo como la unión de Cristo con la Iglesia. Cristo, «por medio del sacramento del matrimonio (…) permanece con ellos (los esposos), para que (…), con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo ha amado a su Iglesia y se entregó por ella».

Por tanto, «la vocación al amor es la que nos ha señalado el camino por el que Dios revela al hombre su plan de salvación. Es en la conjunción original de los distintos amores en la familia —amor conyugal, paterno filial, fraternal, de abuelos y nietos, etc.— como la vocación al amor encuentra el cauce humano de manifestarse y desarrollarse conformando la auténtica identidad del hombre, hijo o hija, esposo o esposa, padre o madre, hermano o hermana».

La alegría del Evangelio de la Familia
La verdad del Evangelio sobre el amor humano y la bondad y belleza de toda vida humana se convierte, de este modo, en fuente de alegría permanente. El mismo «Cristo necesita familias para recordar al mundo la dignidad del amor humano y la belleza de la vida familiar»

Así, la misión de los padres es insustituible y, como no cabe opción a delegar la transmisión de la vida ni de la fe, tampoco cabe la posibilidad de que la verdad del bien que es la familia para un hijo se les pueda comunicar de otra forma que no sea viviendo en un hogar como comunión de amor; de ahí la enorme responsabilidad de los padres, en primer lugar, de procurar que eso  sea así y, en segundo lugar, de las instituciones públicas de favorecer las condiciones mínimas para poder llevar a cabo esa tarea dotando de la tutela, ayuda y protección necesarias para la estabilidad y seguridad de las familias. Esa alegría de la vida en familia forma parte de la naturaleza misma del ser humano, debido a su inherente vocación al amor y a la felicidad.

Con respecto a la transmisión de la fe es esencial que esta sea una fe viva, testimonial y alegre, traspasada por la esperanza y la caridad. Sin esos elementos, la persona en general, y el niño en particular, difícilmente podrá experimentar y hacer suyo que el mensaje que le comunican en su hogar y en la vivencia de la parroquia encierra una verdad auténtica; a lo sumo podrá llevarle a repetir frases vacías, comportamientos miméticos que acepta sin comprender y sin hacerlos vida; no le llevará a vivir con alegría, sobre todo cuando otros mensajes, en distinto sentido, lleguen a sus oídos, a sus corazones, que terminarán por anular la experiencia de la causa profunda y vital de dicha alegría.

Nadie en la comunidad eclesial puede desentenderse de esta misión. Todos hemos recibido una vocación al amor. Todos estamos llamados a ser testigos de un amor nuevo, de una gran alegría, que será el fermento de una cultura renovada, que pasa por la defensa del amor y de la vida como bienes básicos y comunes a la humanidad.

En esta fiesta de la Sagrada Familia pidamos la gracia de experimentar la alegría del evangelio de la familia y ser testigos de esta alegría en los hogares, en la Iglesia y en el conjunto de la sociedad, de modo particular allí donde las diversas pobrezas materiales, sociales o espirituales precisan de un anuncio convincente de esperanza y salvación.

Mario Iceta Gavicagogeascoa (Obispo de Bilbao, Presidente de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida), Francisco Gil Hellín (Arzobispo de Burgos), Juan Antonio Reig Plà (Obispo de Alcalá de Henares), Gerardo Melgar Viciosa (Obispo de Osma-Soria), José Mazuelos Pérez (Obispo de Jerez de la Frontera), Carlos Manuel Escribano Subías (Obispo de Teruel y Albarracín), Juan Antonio Aznárez Cobo (Obispo Auxiliar de Pamplona y Tudela)

 

El Papa Francisco recuerda su viaje a Turquía

El Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general del  miércoles 3 de diciembre a su reciente visita a Turquía, tierra muy querida por todos los cristianos, entre otras cosas por ser el lugar de nacimiento del apóstol Pablo, por haber acogido los primeros siete concilios, y por la presencia, cerca de Efeso, de la "casa de María" . Al igual que había pedido a los fieles, antes del viaje, que lo acompañasen con la oración, el Santo Padre los invitó esta vez a rezar para que diera frutos de diálogo, tanto en la relación con los hermanos ortodoxos, como con los musulmanes y en el camino hacia la paz entre los pueblos.

Francisco habló en primer lugar de su encuentro con las autoridades, el viernes 29, para agradecerles la atención y el respeto con que lo acogieron. En un país donde la mayoría de la población es musulmana pero la Constitución sanciona la laicidad del Estado, el Papa, recordó que no es la glorificación de Dios sino su olvido lo que engendra la violencia e insistió ante los responsables de la nación en la importancia de que ''cristianos y musulmanes se comprometan en la solidaridad, la paz y la justicia'' reafirmando la necesidad de que los Estados aseguren a los ciudadanos y las comunidades religiosas la verdadera libertad de culto.

El segundo día, el Papa visitó el Museo de Santa Sofía, la Mezquita Azul y la catedral católica del Espíritu Santo, lugares altamente simbólicos para las diferentes religiones que conviven en Turquía. ''Lo hice -reveló- sintiendo en el corazón, la invocación al Señor, Dios del cielo y de la tierra y Padre misericordioso de toda la humanidad''. El centro de la jornada fue la misa en la catedral a la que asistieron pastores y fieles de los diversos ritos católicos en Turquía, junto con representantes de otras confesiones para invocar juntos al Espíritu Santo, ''que construye la unidad de la Iglesia: la unidad en la fe, la unidad en la caridad, la unidad en la cohesión interna'' para que el Pueblo de Dios, ''en la riqueza de sus tradiciones'' crezca en la apertura y la obediencia a su acción divina''.

La fiesta de San Andrés Apóstol, patrono de la Iglesia de Constantinopla, el día 30, ofreció el contexto ideal para consolidar las relaciones fraternales entre el Obispo de Roma y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I que renovaron el compromiso mutuo de proseguir el camino hacia el restablecimiento de la plena comunión entre católicos y ortodoxos y firmaron una declaración común que representa una etapa significativa de ese camino. El Papa manifestó su alegría por haber participado en la Divina Liturgia y por la doble bendición impartida por ambos al final. ''La oración es la base -afirmó- de cualquier diálogo ecuménico fructífero bajo la guía del Espíritu Santo''.

El último encuentro de Francisco, del que habló con emoción y dolor, fue con un grupo de jóvenes refugiados de las zonas de guerra de Oriente Medio, huéspedes de los Salesianos. ''Fue muy importante para mí conocerlos -dijo- tanto para expresarles mi cercanía y la de la Iglesia, como para poner de relieve el valor de la hospitalidad; un valor con el que Turquía está comprometida''. El Papa agradeció de nuevo al país su labor en en este ámbito y elogió el trabajo de los salesianos con los jóvenes refugiados, para pedir después a todos oraciones por los prófugos y los desplazados internos y para que se remuevan '' las causas de este doloroso flagelo''.

''Que Dios Omnipotente y misericordioso -terminó- siga protegiendo al pueblo turco, a sus gobernantes y a los representantes de las diversas religiones. Ojalá construyan un futuro de paz para que Turquía represente un lugar de convivencia pacífica entre religiones y culturas diversas. Y recemos para que por intercesión de la Virgen María, el Espíritu Santo haga fecundo este viaje apostólico y favorezca en la Iglesia el fervor misionero, para anunciar a todos los pueblos, con respeto y con diálogo fraterno, que el Señor Jesús es verdad, paz y amor''.