Alegría en el Cielo y en la tierra por la beatificación de Fray Mamerto Esquiú

La localidad de San José de Piedra Blanca, en la Provincia de Catamarca, República Argentina, se vistió de fiesta para celebrar la elevación a la gloria de los altares del nuevo beato, en una emotiva ceremonia que fue presidida por el Legado del Papa, el cardenal Luis Héctor Villalba.

4 de septiembre 2021.- Todo un pueblo se alza pidiendo tu intercesión: es el clamor que subió a los cielos desde Catamarca,en la República Argentina, pero en nombre de los fieles de todo el país, pidiendo al nuevo Beato Mamerto Esquiú, que por su intercesión se superen todos los obstáculos que afectan la nación argentina. En el sábado 4 de setiembre el cardenal Luis Héctor Villalba, Legado del Papa, presidió la Santa Misa con el Rito de Beatificación en la localidad de San José de Piedra Blanca. Obispos de todo el país acudieron a concelebrar y celebrar al nuevo Beato que fue elevado al honor de los altares en una ceremonia llena de fe, esperanza y alegría. Precedió la celebración la llegada al altar de la Virgen del Valle, Patrona de Catamarca. Monseñor Luis Urbanc, pastor de la diócesis realizó la petición de la inscripción del beato, y el vice-postulador de la causa, Fray Marcelo Méndez, presentó la biografía del nuevo beato y S.E. el cardenal Luis Héctor Villalba procedió a la lectura de la Carta Apostólica con la cual el Santo Padre Francisco inscribió en el libro de los beatos al hasta hoy venerable Siervo de Dios Fray Mamerto Esquiú. Tras el Rito, el descubrimiento de la imagen del nuevo beato y la procesión de las reliquias al altar, en medio de cantos colmos de alegría y devoción.

En la homilía de la Santa Misa, acompañada con los cantos entonados por el coro Cantus Nova y el Coro de la Catedral Basílica y Santuario del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Valle, el Cardenal Luis H. Villalba, arzobispo Emérito de Tucumán, saludó a todos con afecto, en particular Mons. Luis Urbanc, Pastor de la Diócesis de Catamarca, a Mons. Carlos Ñañez, Arzobispo de Córdoba, donde fuera también Obispo Fray Mamerto Esquiú, al Nuncio Apostólico Mons. Miroslaw Adamczyk, al Episcopado, así como al Padre Provincial de la Orden Franciscana de Hermanos Menores. Un saludo afectuoso que extendió a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, consagradas, a las autoridades presentes y a todo el Pueblo de Dios.

Doy gracias al Señor, – dijo el purpurado – porque en nombre del Santo Padre Francisco, cuyo saludo afectuoso y cuya bendición les traigo, tengo la alegría de presidir esta celebración eucarística y proclamar beato a Mamerto Esquiú.

Alegría en el Cielo y en la tierra
“¡Alegrémonos en el Señor! Hoy es un día de fiesta. Hoy es un día de gozo. Grande es la alegría en el Cielo y en la tierra por la beatificación de Mamerto Esquiú”, comenzó diciendo, adentrándose en la homilía tratando de abarcar a toda la Iglesia que en Argentina da gracias a Dios por el nuevo beato. “El gozo – aseguró el cardenal – proviene del hecho de que un miembro de la Iglesia, un hombre de nuestra patria, un hermano nuestro, es reconocido beato, honrado e invocado como tal”.

Beato quiere decir «ciudadano del cielo»
Mamerto Esquiú como religioso, como sacerdote, como obispo “es un modelo a imitar”, afirmó, es «un intercesor en favor nuestro”. “La Iglesia nos dice, al beatificarlo, que lo podemos invocar y a él podemos orar, pues ya participa de la felicidad eterna”.

El Señor nos invita a elevar nuestra mirada hacia lo alto
Fray Mamerto Esquiú buscó ser santo
“Los santos, los beatos son nuestros maestros, nuestros modelos, nuestros amigos, nuestros protectores” hizo presente el Legado pontificio, quien, tras recorrer la vida de Fray Mamerto Esquiú, se refirió a algunos rasgos del sacerdote y pastor que “buscó ser santo”:

Buscó, sobre todo, hacer la voluntad de Dios. Lo que importa, decía, es hacer a todo trance la voluntad de Dios. Construyó su vida de santidad sobre Jesucristo. Su meta era conocer y amar a Jesús para grabar su imagen en su alma.

Iluminó el orden temporal con la luz del Evangelio
Mamerto Esquiú también fue un sacerdote de profunda oración, que tenía un gran amor a la Santísima Virgen María y a San José, añadió el cardenal. “Fue un Obispo misionero que se dedicó a visitar todas las comunidades de su extensa diócesis”, y también “fue un Obispo Pastor, que se destacaba por su humildad, por su pobreza y por la austeridad de su vida”. Esquiú “fue un pastor que se entregó a los pobres al estilo de San Francisco. Era infatigable en la asistencia a los enfermos y en la administración de los sacramentos”.

El beato Mamerto Esquiú es reconocido como uno de las grandes figuras de nuestro país por su patriotismo ejemplar. Iluminó el orden temporal con la luz del Evangelio, defendiendo y promoviendo la dignidad humana, la paz y la justicia.

Dios es santo y quiere que su pueblo sea santo
“El cristiano está llamado a ser en la tierra la imagen viviente de la santidad divina” recordó también el prelado, afirmando que “no hay más que una vocación definitiva”, es decir, “la de ser santos”.
La santidad no es una excepción en la vida cristiana, es un llamado para cada uno de nosotros.

“¿Cómo puede ser santo el hombre?”, fue la pregunta que planteó luego, a lo que respondió:
Dios santifica al hombre, comunicándole su vida divina. Dios lo hace participar de su santidad, de su vida. El hombre se torna santo por su comunión de vida con Dios. La santidad es un don, un regalo. La santidad se nos confiere por el bautismo y los otros sacramentos por los cuales se nos infunde la gracia, que nos hace santos, hijos de Dios, partícipes de la naturaleza divina.

La santidad no es pasiva
Pero la santidad – precisó inmediatamente después– no es sólo don, sino también un deber:
El pecado nos debería disgustar como una mancha en un vestido blanco
“Estar en gracia de Dios – puntualizó el también emérito de Tucumán – lo es todo para nosotros. Tenemos que tener siempre una gran preocupación por vivir en gracia de Dios. Nos debería disgustar como una mancha en un vestido blanco, por muy pequeña que sea. Tenemos que tener una profunda estima por la gracia de Dios y un gran deseo de vivir en gracia de Dios. La gracia es de por sí exigente y no deberíamos tolerar ni el más mínimo pecado” (…).

Realizar la santidad es vivir en la sencillez de lo cotidiano la fe, la esperanza y la caridad.

Al finalizar su homilía invitó a los fieles a meditar sobre la vida del fraile catamarqueño y a seguir su ejemplo y oró para que la Virgen María, Reina de los Santos, suscite en el pueblo cristiano, hombres y mujeres santos. “Que el beato Esquiú nos alcance esta gracia”.

Por intercesión del Beato se superen los obstáculos del País
Monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca, dirigió su saludo colmo de gratitud a todos y, en modo particular, a la Familia Pacheco Paz que recibió el favor de Dios curando a su pequeña Ema por intercesión del querido beato. A todos los que participan en esta fiesta de genuina fe de forma virtual o presencial les dijo:
Es sabido que lo central es el don que estamos recibiendo en estos momentos históricos de nuestra Patria e Iglesia que peregrina en Argentina, y nada ni nadie puede venir a opacar este regalo celestial: ¡Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú es Beato! Ruego e invito a todos a rogar a Dios por intercesión de nuestro comprovinciano, que nuestra Patria supere con caridad cristiana todos los obstáculos que la siguen sumiendo en esclavitudes, arbitrariedades, enfrentamientos, injusticias y mezquindades que no permiten avistar un futuro de paz, progreso, inclusión, trabajo, respeto, unidad y amistad, como soñaba el beato Mamerto Esquiú.

Imagen: La develación de la imagen del Beato

UNICEF: Más de medio millón de niños en peligro tras el terremoto

Unos 540.000 niños del suroeste de Haití, afectado por el terremoto, se enfrentan ahora a la posible reaparición de enfermedades relacionadas con el agua, según UNICEF.

3 de septiembre 2021.- Unos 540.000 niños del suroeste de Haití, afectado por el terremoto, se enfrentan ahora a la posible reaparición de enfermedades relacionadas con el agua, según UNICEF. Las graves condiciones en el suroeste de Haití, donde más de medio millón de niños carecen de acceso a refugio, agua potable y saneamiento, están aumentando rápidamente la amenaza de infecciones respiratorias agudas, enfermedades diarreicas, cólera y paludismo.

Amenaza que aumenta día tras día
Según Bruno Maes, representante de UNICEF en Haití:
“Las vidas de miles de niños y familias afectadas por el terremoto están ahora en peligro, precisamente porque no tienen acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene”

Y añade que «el cólera no se ha reportado en Haití desde febrero de 2019, sin embargo, sin una acción urgente y más firme, la reaparición del cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua es una amenaza real que aumenta día a día».

Daños causados por el terremoto
“Antes del terremoto, sólo más de la mitad de los centros de salud de los tres departamentos más afectados por el seísmo tenían acceso básico a los servicios de agua. Tras el terremoto, casi el 60% de los habitantes de los tres departamentos más afectados no tienen acceso al agua potable. Miles de personas cuyas viviendas se han derrumbado no tienen acceso a servicios sanitarios, en parte debido a los daños causados por el terremoto”

Con la Dirección Nacional de Agua y Saneamiento (DINEPA) y los socios de la sociedad civil, UNICEF está mejorando el acceso al agua, el saneamiento y la higiene de las familias afectadas: Aproximadamente 73.600 personas tienen acceso al agua potable a través de sistemas de transporte de agua, seis plantas de tratamiento de agua y veintidós bolsas.

Más de 35.200 personas se beneficiaron de la distribución de unos 7.000 kits de higiene, que incluían productos para el tratamiento del agua en el hogar, jabón, recipientes para el agua, dispositivos para lavarse las manos y toallas sanitarias.

“Una semana después de que el terremoto devastara Haití, UNICEF envió más de 65.000 tabletas de purificación de agua, 41 bolsas, tres unidades de tratamiento de agua y kits de higiene doméstica. UNICEF ya ha encargado otros 31.200 kits de higiene. UNICEF, el único organismo de las Naciones Unidas que ha suministrado agua potable a la población afectada, se propone llegar a 500.000 personas con agua y saneamiento. Nuestros esfuerzos por suministrar más agua potable no están a la altura de las graves necesidades de todas las zonas afectadas”

Así lo afirmó Maes, quien agregó: «La impaciencia y a veces la frustración crecen en algunas comunidades haitianas, y eso es comprensible. Pero obstaculizar las operaciones de socorro no ayudará. En los últimos días, se han suspendido temporalmente varias distribuciones de kits de higiene esenciales debido a las tensiones sobre el terreno”.

“Junto con las limitaciones financieras, la inseguridad está ralentizando actualmente nuestras actividades para salvar vidas sobre el terreno”.

Llamamiento humanitario de UNICEF
UNICEF hace un llamamiento a las autoridades locales para que garanticen las condiciones de seguridad de las organizaciones humanitarias y aumenten la asistencia a las comunidades afectadas por el terremoto. El terremoto del 14 de agosto en Haití agravó aún más una situación humanitaria ya de por sí difícil, caracterizada por la persistente inestabilidad política, la crisis socioeconómica y el aumento de la inseguridad alimentaria y la malnutrición, la violencia relacionada con las bandas y los desplazamientos internos, la pandemia del Covid-19 y la afluencia migratoria haitiano-dominicana.

Se ha recibido menos del 1% de la financiación solicitada
Además del llamamiento de 48,8 millones de dólares lanzado para 2021, UNICEF hace ahora un llamamiento humanitario de 73,3 millones de dólares para la infancia, con el fin de ampliar sus intervenciones en respuesta al terremoto y ayudar a los desplazados internos. Hasta ahora, se ha recibido menos del 1% de esta financiación solicitada.

Se necesitan con urgencia fondos adicionales
UNICEF hace un llamamiento a la comunidad internacional para que proporcione urgentemente fondos adicionales para la respuesta humanitaria y para prevenir la aparición de enfermedades transmitidas por el agua en Haití tras el terremoto.

El Nuncio en Ucrania: el aliento del Papa para un pueblo que sufre

La misión del nuevo nuncio apostólico, Monseñor Visvaldas Kulbokas, en Kiev, Ucrania, comienza el 7 de septiembre. Lituano, 47 años, ha servido en la Secretaría de Estado y en varias representaciones pontificias.. Ayer, antes de partir, se encontró con Francisco: «Un padre que me envía alentándome y bendiciéndome», dijo a los micrófonos de Vatican News.

Ciudad del Vaticano, 3 de septiembre 2021.- De Lituania a Ucrania: los orígenes y luego la experiencia en la Secretaría de Estado serán sin duda una ayuda para afrontar la nueva y delicada misión. Lo dice en una entrevista concedida a Vatican News, monseñor Visvaldas Kulbokas, a quien Francisco nombró nuncio apostólico en Ucrania el pasado mes de junio y que comenzará su misión el 7 de septiembre en Kiev. Nacido en Klaipeda, Lituania, el 14 de mayo de 1974, monseñor Kulbokas entró en el servicio diplomático de la Santa Sede en julio de 2004, y ha trabajado en las Representaciones Pontificias en Líbano, Países Bajos, Federación Rusa y en la Sección de Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, y desde 2020 en la Nunciatura Apostólica en Kenia.

Ayer fue el encuentro con el Papa, un momento que fue todo menos formal -explicó el representante pontificio-, más bien como un saludo entre un «padre y un hijo» que está a punto de partir y al que el progenitor le confía sus «pensamientos y su corazón» para que le lleve a su destino. Fue un momento de alegría», dijo el Nuncio, «me encontré con un Papa joven y enérgico que me expresó sus prioridades para Ucrania, un país al que, como subrayó repetidamente, quiere mucho». Aunque no precisó los detalles de la conversación, monseñor Kulbokas mencionó los que considera los principales retos de la nueva misión, destacando el fuerte aliento recibido de Francisco.

¿Cómo fue su encuentro con el Papa, qué significó para usted?
El Papa me habló de sus visiones, de sus prioridades para Ucrania, subrayando repetidamente que es un país al que ama mucho. También quiso confiarme sus preocupaciones por el gran sufrimiento del pueblo ucraniano, tanto en el pasado como en el presente, dándome su visión de Ucrania. Y es una visión sobre todo de ánimo, porque si el pueblo sufre, si el país sufre, hay que animarlo y no es fácil hacerlo. Así que podría decir que fue un encuentro entre padre e hijo. Cuando el hijo tiene que ir a algún sitio, el padre le dice: «Porta mi corazón, porta mi mente, porta mi voz, represéntala en el país». Y fue un momento muy alegre, muy vivo, también porque me encontré con un Papa muy enérgico: conoce Ucrania desde los 12 años, y fueron sacerdotes ucranianos los que le enseñaron a servir en la misa…

¿Qué retos parecen más pertinentes para esta misión?
Sobre todo la de anunciar a Jesús. Cuando la luz cae sobre Jesús, todo se relativiza, además de lo que el Papa ha subrayado varias veces: la alegría. Los cristianos, empezando por los obispos, los sacerdotes, debemos llevar la alegría. Por supuesto, hay problemas: hay que afrontarlos, pero sin desanimarse tanto. La realidad ucraniana actual está llena de dificultades y problemas, empezando por la guerra, luego las dificultades económicas y sociales, las repercusiones en la vida política y, por último, las dificultades dentro de la Iglesia y entre la Iglesia católica y las demás Iglesias. Por eso, el Papa quiso alentarme diciéndome: ‘Bajo la protección de Jesús y de los santos, realiza tu misión con mucha paz, con mucho corazón, sin perder tu alegría interior’. Así que fue un papá que me envió alentándome y bendiciéndome.

Usted viene de Lituania, que tiene en común con Ucrania un cierto período histórico bajo la ocupación del régimen ateo, cuando la Iglesia fue perseguida: usted es el primero con esta experiencia. ¿Le ayudará esto a comprender mejor las situaciones y contextos de Ucrania?
Estoy seguro que sí. Será necesario trabajar, esforzarse, pero estoy seguro de que mi historia personal, al haber nacido cuando aún formábamos parte de la Unión Soviética -recuerdo que mi padre y mi madre solían ir a Kiev para recibir tratamiento: Kiev, para nosotros, en casa, era casi el mismo país, ¡y por eso ahora si voy a Kiev es mi casa! Por eso, en este sentido, ir a trabajar a un país tan cercano a mi corazón, es mucho más fácil, porque hay mucho más corazón, hay mucha más comprensión -al menos históricamente: no digo que entienda todas las dificultades que hay hoy, pero las históricas, sí. Y seguro que todo esto ayuda mucho.

En su reciente entrevista con nuestra emisora usted pidió que rezáramos, y que rezáramos mucho, porque será necesaria mucha gracia del Espíritu Santo para afrontar todos estos retos…
Yo estoy muy seguro de que la oración, ¿qué nos da? Nos da valor; nos anima a ser creativos. La oración es una fuente inagotable, y este es también un consejo que recibí del Papa: mucha oración, mi oración personal. Pero por eso estoy muy seguro de que también la oración de mis amigos y de los que me escuchan, cuando quieran ofrecer esa oración personal, esa bendición personal, enviándomela espiritualmente a través de los santos, a través de los ángeles, estaré muy, muy agradecido.

Taras Kotsur (Vatican News)
Imagen: Monseñor Visvaldas Kulbokas, Arzobispo de Martana,
Nuncio Apostólico en Ucrania junto al Papa Francisco.

II Seminario Internacional Teología. Mons. Azuaje: Una fe no entendida es una fe débil

Entrevistado por Vatican News, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, comparte reflexiones ante el II Seminario Internacional de Teología, que tendrá lugar a partir del próximo 7 de setiembre. Entre los temas abordados, la importancia de la formación teologal para los cristianos y la de la participación.

3 de septiembre 2021.- «Participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella»: son palabras del Presidente del Episcopado Venezolano y Arzobispo de Maracaibo, Monseñor José Luis Azuaje Ayala, entrevistado por Vatican News, refiriéndose a la importancia de participar en el II Seminario Internacional de Teología que tendrá lugar bajo el tema: «La Renovación Eclesial en Clave Sinodal y Ministerial», del 7 al 10 de septiembre de 2021, de forma virtual. El pastor señala la necesidad de «entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo». «Nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar», afirma.

En el marco de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y el próximo Sínodo de los Obispos, y con la finalidad de colaborar con los procesos formativos, el Seminario ha sido organizado por el Instituto Nacional de Pastoral de Venezuela (INPAS) de la Conferencia Episcopal Venezolana, la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela (ITER-UCAB) y la Facultad Eclesiástica de la Escuela de Teología y Ministerios de Boston College (STM), con el patrocinio del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos/as (CLAR). Se contará con la participación del Cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría del Sínodo de los Obispos, y los dos Subsecretarios, la Hna. Nathalie Becquart XMCJ y Mons. Luis Marín de San Martín OSA. También presente Mons. José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, Monseñor Héctor Miguel Cabrejos OFM, Presidente del CELAM y la hermana Gloria Liliana Franco ODN, Presidente de la CLAR.

En el primer seminario, que tuvo lugar en 2019, se abordó el tema de «Reforma de estructuras y conversión de mentalidades en la Iglesia hoy». Monseñor José Luis Azuaje Ayala se refiere, para iniciar, a dicho seminario:
R.- El Papa Francisco desde que dio inicio a su ministerio petrino nos ha invitado a asumir una profunda renovación integral de y en la Iglesia, asumida desde una conversión persona, pastoral y eclesial, lo que implica un cambio de mentalidad en los cristianos con opciones prioritarias: la opción misionera, la opción preferencial por los pobres, la opción por una Iglesia pobre para los pobres; todo ello desde la centralidad en Jesucristo y en la dignidad del ser humano que no vive de forma aislada, sino en plena interrelación con todo lo existente, de allí su propuesta de integralidad porque todo está conectado en la historia.

Para que esto se dé, se necesitan profundas reformas estructurales, que venza la actitud autorreferencial de la Iglesia, al mirarse tantas veces a sí misma en defensa de sus posiciones; lo que contradice el espíritu pastoral del Concilio Vaticano II, por lo que es necesario una Iglesia que deje de contemplarse a sí, para contemplar a Jesús que camina en medio de su pueblo, de tal forma que logre desinstalarse y salir al encuentro de los hombres y mujeres que con sus propias experiencias de vida testimonian el valor de la existencia relacional y la experiencia de la esperanza en situaciones de injusticias.

Cuando hablamos de renovación eclesial, hablamos de la renovación de todos los miembros del pueblo de Dios, de una Iglesia con rostros diversos, con variadas experiencias de vida; no se trata sólo de mover cosas de un lado para otro, sino de desechar y dejar atrás acciones, tradiciones y programas que ya no sirven para la evangelización en el tiempo actual; es decir, superar el “siempre se ha hecho así”, o el “más de lo mismo”, para entrar en la dinámica de proponer nuevas realidades pastorales que den respuestas a los desafíos actuales, principalmente a este momento tan doloroso como es el de la pandemia y el de las injusticias de nuestros pueblos debido a la violencia organizada, la corrupción, la inequidad, el empobrecimiento, el populismo que resquebraja los valores democráticos y a ideologías sectarias que van haciendo presencia en nuestros pueblos.

¿Cuál es la importancia de la formación teologal para todos los cristianos, en particular en el camino sinodal que está por iniciar?
R.- Una fe no entendida es una fe débil, que se queda en los sentimientos, en las emociones y no penetra al ámbito de las decisiones de vida. Reconozco que como humanos necesitamos también los afectos, pero hay que trascender para darle sentido al creer, para poder decir como Pablo, “creí, por eso hablé” (2Cor 4,13), abrir el compás del nutriente cognoscitivo sabiendo que «la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar» (GS, 31); y esto no se improvisa.

En la Iglesia nos hemos quedado cortos en plantear una seria formación teológica a los cristianos, no solo catequética, que es una buena labor, sino que hay que apuntar más allá, a un nivel de formación teologal donde se exprese vivamente la revelación de Dios que ha querido hacer historia compartida con la humanidad, el sentido de la encarnación de un Dios que se ha anonadado, que se hace hombre, que humaniza todo su entorno, que ha servido a los pobres y ha dedicado su vida a liberar de las ataduras del pecado y de las injusticias a hombres y mujeres, que le ha dado sentido a la historia llevándola más allá de lo contingente, abierta a la resurrección.

Este camino comprensivo tenemos que hacerlo todos juntos, de forma sinodal, caminando juntos, sintiéndonos hermanos, dejando distinciones que nos separan y hasta humillan, sabiendo que somos servidores los unos para con los otros en la construcción de un nosotros. Es el momento en el que hay que sacar a relucir los compromisos del pacto de las catacumbas, de aquel otoño del 65, principalmente para el sector jerárquico, porque no es hora de presentar títulos ni de sentirnos salvadores, sino salvados a través de la humildad de la Iglesia, como signo universal de salvación, que se abre a Jesús pobre y servidor de todos. Desde esta base es creíble la palabra de Dios y el testimonio de la Iglesia, caminando juntos, en igualdad de condiciones, laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, diáconos y obispos; haciendo que el clericalismo vaya esfumándose, así como las pretensiones de poder de algunos grupos de Iglesia cerrados en sus tradiciones y posesiones. Hay mucho que hacer por delante. Insisto, la imagen que nos motiva es la de Jesucristo pobre y servidor entre los pobres.

¿Puede hablarnos de los temas que abordarán los expositores?
R.- El punto focal a mi entender es que para que se dé una renovación eclesial, es decir, de todo el pueblo de Dios, debemos caminar juntos y asumir como criterio de vida el servicio a todos, sin distinción. El primer servicio de la Iglesia a la humanidad es evangelizar, como bien lo ha expresado San Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa” (n. 14). Esta es una síntesis clara y certera de la misión de la Iglesia que hoy el Papa Francisco propone como un gran sueño, al afirmar: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG,27).

Por eso los temas a reflexionar son de sumo interés en este momento que inicia la preparación del Sínodo de la Sinodalidad y también la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. Estos temas se refieren a la Sinodalidad en América Latina y El Caribe, en una Iglesia laical, asumiendo la participación de los laicos en la gobernanza eclesial que hasta ahora ha sido muy clerical y sin mucha apertura, a pesar de los grandes carismas que están inmersos en el pueblo de Dios, por lo que queda un reto pendiente: la toma de decisiones en la Iglesia, tema que será reflexionado el tercer día. Este seminario nos pondrá a reflexionar también sobre el servicio de nuestras Conferencias episcopales y diócesis en clave sinodal, apuntando siempre a una labor de construcción del reino de Dios que tiene asidero en una Iglesia comunidad de comunidades.

Todo esto se podrá realizar si hay conciencia de la necesidad de que la Iglesia se renueve, haga un giro copernicano y no se mire a sí misma, sino que tenga una actitud de salida, con la participación y corresponsabilidad de todos en un caminar juntos, de forma sinodal, por lo que se hace necesario la reforma del ministerio ordenado fundamentada en la Sagrada Escritura como revelación y en la reflexión teológica; para ello es necesaria la contribución de las universidades y las instancias formativas en la Iglesia, que generen procesos de investigación y reflexión teológico pastoral que implique una toma de conciencia de los cambios pertinentes en una nueva época.
Las contribuciones de este seminario serán, ciertamente, de suma importancia en el camino sinodal convocado por el Papa Francisco y el objetivo del próximo seminario será ofrecer algunas claves teológicas, eclesiológicas y pastorales sobre el significado y la práctica de la sinodalidad.

¿Por qué participar?
R.- Hay que participar para ejercer el principio de la sinodalidad; es decir, caminar todos juntos, manifestar la comunión que debe haber en las instancias eclesiales; pero como estamos en un proceso reflexivo-creativo, para entender de qué se trata el futuro que tendremos y cómo cada uno puede contribuir a crearlo, nadie se puede sentir excluido, la palabra no la tienen los expositores profesionales y especialistas, sino el Espíritu Santo en cada bautizado que tiene siempre algo que decir, algo que aportar desde sus propias palabras, cultura, sentidos, comprensiones, para adelantar un cúmulo de proposiciones que ayuden a hacer más viable el mensaje del Evangelio en medio del pueblo de Dios, un pueblo que es sujeto, que evangeliza, que es santo, que es fiel. Hace apenas unos días se cerró el tiempo de escucha hacia la Asamblea Eclesial, fue una experiencia de diálogo, de escucha, de intercambio muy fructífero donde podríamos decir, el pueblo de Dios habló y escuchó.

También participamos para cambiar. No podemos salir iguales, todo aquello que edifica y que es compartido en la comunión de la Iglesia nos hace avanzar en las responsabilidades asumidas en ella. Por ejemplo, en este tiempo de pandemia y de tanto sufrimiento estamos llamados a ejercer la dimensión social de la evangelización para dar sentido al sufrimiento desde la Cruz de Cristo, desde su presencia en medio del pueblo, sufriendo con él y muriendo con él, pero también dando esperanza porque no todo termina en la Cruz, sino que trasciende a la Resurrección.

Participamos porque nos sentimos Iglesia, congregación, sujetos activos. Tiene que pasar el tiempo donde unos decían y otros obedecían, hoy todos compartimos desde el “sensus fidei” nuestra responsabilidad bautismal. Abrirse al otro, acercarnos, hacerlo uno con uno, nos hace más humanos y más hermanos. Una Iglesia en salida no se construye en un escritorio, se construye en la calle, en la vida, en la experiencia cotidiana, en la experiencia espiritual del día al día, sin ritualismos, sino en la humildad de las expresiones de nuestro humilde pueblo, en la práctica de la religiosidad popular, con una mística encarnada en la cotidianidad del pueblo, sobre todo de las periferias. Esto nos da una pauta de conversión: si antes todo iba de las catedrales a las periferias, ahora el camino es a la inversa, de las periferias a las catedrales; por eso el Papa Francisco nos dice que prefiere una Iglesia herida y manchada por salir a la calle y estar en medio de la gente, sirviéndola, particularmente la más pobre, que una Iglesia centrada en sí misma (cf EG 49).

Como conclusión diría que es necesario tener una conversión teologal, es decir, revisar profundamente desde la revelación, la imagen de Dios que tenemos cada uno, para darnos cuenta si es realmente el Dios que Jesús nos reveló; de ahí podemos pasar a una conversión eclesial para darnos cuenta si la Iglesia en la que creemos y servimos es la Iglesia de Jesucristo que hoy se expresa desde el Concilio Vaticano II; para pasar a una conversión pastoral donde nos damos cuenta de nuestra responsabilidad misionera desde el bautismo y no como delegación temporal de cualquier instancia de Iglesia; estar claros y convencidos que no son los otros, sino un nosotros, los sujetos de la evangelización, un nosotros que es pueblo; de esta forma pasamos a la conversión de estructuras porque siempre son elaboraciones para tiempos determinados y se hace necesaria la renovación de las mismas para evitar la autoreferencialidad y la inercia.

“Ojalá este segundo seminario despierte el gusto por sumergirnos en lo que ha estado siempre presente aunque no activado del todo como es la sinodalidad en una Iglesia en salida en nuestra América Latina y El Caribe, sufrida pero siempre esperanzada.”

Imagen: Mons. Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 5.9.2021, Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“ Todo lo ha hecho bien;

hace oír a los sordos y hablar a los mudos ”

Cada vez que nos reunimos para la celebración de nuedtra fe en el día del Señor lo hacemos con el convencimiento de que Él se hace presente en medio de nostros ofreciéndonos el alimento eucarístico de su misma pre-sencia sacramental, y el poder y la fuerza de su Palabra que viene a ger-minar en cada uno de nosotros para transformar nuestras vidas.

La Palabra que hoy nos ofrece la Liturgia Eucarística de este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a la esperanza, a no dejarnos vencer por el miedo, a mirar y a acoger con predilección a los más humildes y sencillos, a admirarnos y asombrarnos con la bondad que el Señor Jesucristo mues-tra hacia cuantos padecen enfermedad o sufrimiento.
Acojamos con gratitud este hermoso mensaje, dejemos que fructifique en nosotos y cambie nuestra vida, para que, encendidos en fe y en esperanza, atento a aliviar de su dolor a los que sufren, seamos en y con el Señor Je-sucristo motivo de gozo para otros muchos. Así contribuiremos, de forma callada y eficaz, a que el mañana de nuestra historia sea un poco mejor, quizás, para todos.

Fr. César Valero Bajo O.P.
Convento de Santa Sabina (Roma)

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Decid a los cobardes de corazón. «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantar. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

SALMO
Sal 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: – «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: – «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

COMENTARIO
¡Todo lo ha hecho bien!

Los milagros obrados por Jesús contienen significados que van más allá de la curación de una enfermedad o de la superación de una incapacidad física. Me-ditemos sobre el sentido trascendente del que nos narra hoy el Evangelio.

Jesús nos invita al silencio a solas con Él para ser transformados
Lo primero que resalta en el relato es cómo Jesús, ante la petición que le hacen para que sane a aquel hombre sordo y tartamudo, lo aparta de la gente. Esto quiere decir que necesitamos espa-cios y momentos de silencio interior para que el Señor, en un encuentro “a solas” con Él que vie-ne “en persona”, como dice la profecía de Isaías (35, 4-7), nos disponga para escuchar su mensa-je.

Qué difícil es escuchar en medio del ruido ensordecedor de las grandes ciudades, cuyo ritmo acelerado impide encontrar espacios o momentos de silencio para oír la voz del Señor que nos habla de múltiples formas, muchas veces desapercibidas. Por eso es necesario un esfuerzo cons-tante para percibir lo que Dios nos dice y disponernos así también a escuchar a las personas que nos rodean, especialmente a las más necesitadas, que no encuentran quién las escuche a causa de su pobreza o sus limitaciones, y que suelen ser discriminadas como lo dice la palabra de Dios en la Carta de Santiago (2, 1-5).

Jesús abre nuestros oídos para que podamos escuchar
Todos necesitamos que Dios abra nuestros oídos interiores para poder escucharlo. La imposición de las manos realizada por Jesús al obrar el milagro, significa la comunicación del Espíritu Santo, que nos hace posible oír, comprender, acoger y poner en práctica lo que Dios nos dice a través de su Palabra, de los acontecimientos cotidianos, de las personas que nos aman y del clamor de nues-tros hermanos que sufren.

En las familias, en el ámbito del trabajo o en cualquier otra circunstancia, es preciso que Jesús nos disponga a una auténtica comunicación que, como condición necesaria para la convivencia en paz, supone y exige la disposición de cada persona a escuchar a las demás en un clima de diálogo.

Jesús nos hace posible comunicar su Buena Noticia
Jesús no solamente abre los oídos sino también hace posible hablar. La Palabra de Dios que escu-chamos no podemos dejarla sólo para nosotros mismos; debemos comunicarla, dando así testimo-nio de lo que el Señor ha obrado en nosotros. Él quiere comunicarnos su Espíritu, no sólo para que podamos percibir y comprender sus enseñanzas, sino además para que nos movamos a com-partirlas.

El Evangelio dice que Jesús les mandó a quienes presenciaron el milagro que no se lo contaran a nadie. Es lo que los estudiosos de los evangelios llaman el “secreto mesiánico”, cuya razón era evitar las falsas interpretaciones de los hechos de Jesús como prodigios espectaculares con los que él supuestamente buscaría un liderazgo o un poder terrenales, acorde con la idea común entonces de un mesías político que devolvería a los israelitas el esplendor de los tiempos de los reyes David y Salomón diez siglos atrás. Pero lo que Él buscaba era todo lo contrario: manifestar el amor mise-ricordioso y sanador de Dios en favor los pobres, los excluidos, y de todos los que se reconocie-ran necesitados de salvación.

Animémonos pues a hablar de Dios. Pero no sólo con palabras, sino expresando con nuestra ale-gría que Aquél que “todo lo hizo bien” sigue actuando a través de nuestra disposición a colaborar con Él para hacer de este mundo un lugar donde se realice el amor compasivo a todos, empezan-do por los más necesitados.

Gabriel Jaime Pérez, SJ
Ciudad del Vaticano

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 7, 31-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La escena de Marcos presenta a Jesús recorriendo las aldeas limítrofes de Galilea. Tiro y Sidón son de cultura fenicia, mientras que la Decápolis es una zona de influencia helenística.

No queda claro si la persona que le presentan es un judío o un pagano. Por el contrario entendemos que se trata de una persona que no pertenece al pueblo de Israel.

La lectura que podemos hacer es doble: por una parte Jesús lleva a cumplimiento las esperanzas de restauración que el profeta Isaías, si bien no es una restauración política (un nuevo reino de Judá), sino humana, de personas: sordos y mudos recuperan el habla, la expresión, la comunicación.

Por otra parte se puede entender que unos personajes paganos, tanto el sordomudo como los que le acompañan, proclaman la acción liberadora de Jesús. El evangelio retomará una y otra vez esta aparente contradicción: los destinatarios del Evangelio se cierran, los paganos son con frecuencia los que bendicen el nombre de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

Para la semana
PLEGARIA

Los sordos oyen, los ciegos ven,
los cojos andan, los lisiados saltan
y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
Cosas que suceden y no vemos.

Personas en paro que no se levantan.
Denuncias que hacen y no escuchamos.
Nosotros quietos por el miedo
a perder lo que tenemos.

Apostemos por ser capaces de ver,
de escuchar, caminar y dar saltos
por la alegría de vivir en comunidad.

Y a los pobres anunciaremos buenas noticias,
cuando para ellos se conviertan
en unas mejores condiciones para sus vidas.

                                    Álvaro Frank

Homilía del 5 de septiembre 2021, Domingo 23 del Tiempo Ordinario B: «Effetá»

Santo evangelio según san Marcos 7, 31-37
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: – «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: – «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Effetá

La ceguera, la sordera, cualquier género de invalidez física son formas extremas de la limitación propia de nuestra condición humana. Además de estas carencias, adosadas directamente a nuestro cuerpo, también nos limita con frecuencia la hostilidad del ambiente natural, como la aridez de la tierra que nos niega sus frutos. Unos más, otros menos, todos sentimos y experimentamos esas limitaciones y es normal que, cuando aprietan, imaginemos la salvación como la superación de aquello que nos impide vivir en plenitud: ver, oír, hablar, movernos, el desierto que florece como un vergel. Es normal, pero no es suficiente. La película “Los descendientes”, protagonizada por George Clooney en 2011, empieza recordándonos que unas condiciones naturales, sociales y humanas aparentemente envidiables (gente “guapa” y sana que vive en Hawái con un buen nivel de vida) ni garantizan la felicidad ni evitan los sufrimientos a que se ven sometidos todos los seres humanos. Si todo el problema de la felicidad y la plenitud humana se ciñeran a la superación de las limitaciones físicas, la salvación sería cuestión exclusivamente técnica, confiada al adecuado progreso de la medicina, y de las ciencias que nos permiten dominar la naturaleza física. Que esto es insuficiente lo entendemos enseguida al considerar el problema siempre pendiente de la muerte, pero también el problema moral de la justicia, de la distribución de los bienes producidos, al que las soluciones puramente técnicas por sí solas no son capaces de responder.

Por eso, esas desgracias extremas como la ceguera, la sordera (y la mudez) o la parálisis son en el lenguaje bíblico signos sacramentales de otros males más profundos que amenazan la existencia humana de manera radical: males morales y religiosos, como el pecado y el alejamiento de Dios, fuente de todo bien. Se trata de ese “Mal”, con mayúsculas, del que pedimos a Dios que nos libre en la oración del Padre nuestro. Y, en consecuencia, los bienes reales representados por la eliminación de las limitaciones y carencias físicas son también indicadores de otros bienes más altos, de la salvación del pecado y la muerte, del Bien supremo, que el ser humano encuentra en la comunión con Dios.

Esta comunión con Dios (y en Él, con todos los demás seres humanos y con la creación entera) es lo que ha venido a traernos Jesús. La anuncia con sus palabras, pero, además, la hace visible liberando al hombre de sus dolencias. Jesús cura enfermedades de manera milagrosa con la fuerza de su palabra. Pero él no es un médico, ni siquiera un taumaturgo. No ejerce su poder benéfico y sanador para sorprender ni para suscitar admiración o promover adhesiones. Con estas acciones manifiesta la fuerza salvadora de su palabra, la efectiva presencia en nuestro mundo del Reino de Dios, el cumplimiento de las antiguas profecías, que inaugura los tiempos mesiánicos. Podemos, pues, entender estos milagros como acciones simbólicas que nos avisan de la voluntad salvífica de Dios que opera de manera real y efectiva por medio de Cristo.

El relato de hoy, de la curación del sordomudo, nos da indicaciones preciosas sobre la salvación que Dios nos ofrece en Jesucristo. En primer lugar, su carácter abierto, incondicional y universal: la curación tiene lugar fuera de los límites de Israel, en territorio pagano, igual que la de la hija de la mujer fenicia (cf. Mc 7, 24); en este caso ni siquiera se nos da noticia de la fe ni de la pertenencia religiosa de ese hombre. Aunque la expresión curativa de Jesús, “Effetá” (Ephphatha, una forma del imperativo hippataj, “¡Sea abierto!”), que es un término arameo de origen hebreo, puede reivindicar que la salvación, abierta a todos, de hecho “viene de los judíos” (cf. Jn 4, 22), en definitiva, de ese Resto de Israel, que es el mismo Jesús. En segundo lugar, la acción curativa no sólo no busca, sino que evita la publicidad, para obviar malas comprensiones, precisamente, médicas o taumatúrgicas: el peligro de quedarse sólo en el bienestar material (y reducir a esto la salvación), o de provocar una fe interesada. La salvación que ofrece Jesús se debe aceptar sólo por la fe y la acogida de su palabra, y no por posibles ventajas que se puedan obtener.

Jesús, en efecto, al abrir los oídos y la boca del sordomudo está realizando una acción salvífica que llama a ese hombre, y a todos los que la contemplan (a todos nosotros), a abrir los oídos a la Palabra de Dios y la boca a su alabanza.

Ahora estamos en grado de entender mejor el carácter simbólico de las curaciones físicas como expresión de la salvación. No se trata de una mera instrumentalización del sufrimiento físico al servicio de metas “espirituales”. Lo simbólico es la esencia del sacramento: lo que une realidades separadas, a Dios con el hombre, el cielo y la tierra, el espíritu y el cuerpo. Si en la curación física Jesús realiza una acción sacramental que remite a la curación del corazón, herido por el pecado y exiliado de Dios, aquel que ha sido curado por dentro de esta manera se abre a las necesidades concretas de los demás. Y es que si nuestras necesidades, limitaciones y sufrimientos tienden a encerrarnos en nosotros mismos en un movimiento egoísta (bastante tenemos con nuestros propios problemas, solemos decir), la curación que opera Jesús toca nuestro interior, transforma el corazón de manera que podemos empezar a “ver” a los demás con ojos nuevos, a “escuchar” sus gemidos, y acercarnos a ellos para aliviar sus necesidades concretas, incluidas las físicas. Esta concreción es otro de los rasgos sobresalientes en el relato del evangelio de hoy: Jesús, apartándolo de la multitud, busca el encuentro con el enfermo, lo toca allí donde duele, al tocarlo tan de cerca, se hace partícipe de su sufrimiento, le dirige una palabra personal.

Nosotros mismos, si hemos experimentado de alguna forma el poder sanador de Jesús, tenemos que aprender a participar de ese poder, que nos da fuerzas para salir de la cerrazón de nuestros territorios e ir, más allá de nuestras fronteras, al encuentro de los hermanos que sufren, tocándolos y sanando sus enfermedades en la medida de nuestras posibilidades. Aquí el milagro es ya la capacidad de salir de sí. La ayuda concreta podrá realizarse de manera natural, por medio de los adelantos técnicos y científicos (como la medicina, que también entra en el designio de Dios), o de otros (la contribución económica, el voluntariado, la consagración a Dios y al servicio de los demás…). Pero lo importante es que, en la concreción del encuentro, de la capacidad de compadecer y de la ayuda fraterna, estaremos haciendo presente en nuestro mundo el Reino de Dios, la humanidad nueva, al mismo Cristo que la encarna y realiza. En el Evangelio de Marcos hasta los tiempos verbales son significativos: usa el presente, diciéndonos que la salvación no es una vaga promesa de futuro, ni un lejano recuerdo de algo pasado, sino algo de hoy, que está ya sucediendo.

Un ejemplo muy concreto de todo esto nos lo ofrece hoy la carta de Santiago. Este apóstol no se distingue por las sutilezas teológicas, sino precisamente por lo directo de sus expresiones. Quien ha sido curado por Jesús no puede juzgar por apariencias externas ni, en consecuencia, discriminar a los seres humanos por su estatus social o por su aspecto. Pero tenemos que reconocer que sus palabras de hoy son un aldabonazo a nuestra conciencia, pues la mayoría de nosotros seguimos ateniéndonos a esos criterios del viejo mundo, seguimos ciegos para las riquezas de la fe y la herencia del reino. Caigamos en la cuenta de que lo que dice Santiago se puede entender en sentido amplio: los vestidos lujosos o los andrajos por los que discriminamos, respetando a unos y despreciando a otros, pueden ser también de tipo ideológico, cultural, nacional o racial: son fronteras que Jesús, con su ejemplo, nos invita a traspasar. Todos debemos examinarnos al respecto, para, una vez reconocidos los prejuicios que nos impiden reconocer en el otro a un hermano nuestro, acudir a Jesús y pedirle que, una vez más, nos cure, nos abra los ojos, los oídos, la boca y el corazón, para que podamos alabar a Dios, proclamando y testimoniando que “todo lo ha hecho bien”, como Dios en el principio de la creación del mundo, y que nosotros podemos participar de ese mismo poder creador y sanador haciendo el bien al necesitado.

Desde San Petersburgo (Rusia)
José María Vegas, cmf
Sacerdote claretiano y filósofo

700 km a pie para conocer al Papa Francisco

El párroco de la pequeña iglesia de San Michele Arcangelo en Donnici, Calabria, en el sur de Italia, se reunió con el Papa Francisco durante la audiencia general del miércoles 1 de septiembre. Un encuentro fruto de un largo viaje: el padre Santo Borrelli recorrió 700 km para llegar al Vaticano.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- El párroco de la pequeña iglesia de San Michele Arcangelo en Donnici, en Calabria al sur de Italia, se reunió con el Papa Francisco durante la audiencia general del miércoles 1 de septiembre. Un encuentro fruto de un largo viaje: el padre Santo Borrelli recorrió 700 km para llegar al Vaticano.

“Esta mañana ha ocurrido algo maravilloso, he podido abrazar al Papa Francisco y, sobre todo, captar su mirada”
La alegría del padre Santo Borrelli es la recompensa del largo viaje que emprendió a pie para encontrarse con el Pontífice.

Su viaje comenzó el 8 de agosto. Desde el pueblo de Donnici, en Calabria, en el calor sofocante del verano italiano, el padre Santo Borrelli recorrió 700 km.

“Quería experimentar la fatiga y el malestar para compartirlos. Porque si no se comparten, no se pueden entender”
Así lo manifestó a la edición italiana de Vatican News, a lo que añadió:
“En la fuerza de la debilidad, podemos captar la belleza de la vida y devolver la esperanza”.

Camino de penitencia
«Es un camino de penitencia», dijo, un camino “empedrado de encuentros”. El más bonito, confesó, fue cuando llegó al Aula Pablo VI del Vaticano Martina, una mujer que se encontraba en silla de ruedas tras dar a luz a su hijo.

Todo el mundo en el camino me dijo que se necesita valor para recorrer tantos kilómetros. Y siempre he dicho que hace falta valor para vivir, para superar la ira, las preguntas. Por eso pienso que el caminante es el que intenta aprender a vivir y que participa en el sufrimiento y lo transforma, pasando del sufrimiento a la ofrenda.

Volver a poner el Evangelio en el centro
El sacerdote calabrés dijo convencido: «Los sacerdotes somos quizá demasiado formales, demasiado rígidos y estamos demasiado condicionados por muchas cosas”. Su viaje fue una oportunidad para volver a poner el Evangelio en el centro.

Vatican News
El Papa Francisco y el padre Santo Borrelli, durante la audiencia general del 1 de septiembre de 2021,
en el Aula Pablo VI del Vaticano
(Foto: Vatican Media)

Comece y Cec: oración, solidaridad y acción urgente por Afganistán

Una nota de los obispos europeos arroja luz sobre la difícil situación del país. La invitación es a dejar de lado la retórica y ofrecer esperanza y atención a los que tienen dificultades. En cuanto a la cuestión de los refugiados, los obispos piden la apertura de corredores humanitarios, pero también una profunda reflexión sobre el fracaso de la guerra.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- «Es hora de mostrar humanidad en medio de la crueldad a la que se enfrentan los afganos, de demostrar que los valores de la Unión Europea (UE) no son una retórica vacía, sino principios rectores prácticos que conducen a acciones basadas en normas éticas, más allá de las meras consideraciones políticas o económicas»: este es uno de los contundentes pasajes de la declaración conjunta hecha pública hoy, 2 de septiembre, por la Comece (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea) y la Cec (Conferencia de Iglesias Europeas). Firmada por sus respectivos presidentes, el cardenal Jean-Claude Hollerich y el reverendo Christian Krieger, la declaración reflexiona sobre la dramática situación en Kabul tras la vuelta al poder de los talibanes. De ahí el llamamiento «a la oración, la solidaridad y la acción urgente», especialmente para «proteger a los más vulnerables».

Trabajar por la paz
Las Iglesias europeas se declaran «profundamente conmocionadas» y «particularmente preocupadas» por el «sufrimiento y la impotencia» que experimenta la población afgana, especialmente la que aún no ha sido evacuada, y expresan su «profunda solidaridad con las mujeres, las niñas, los niños y las personas con discapacidad». Por ello, se pide a todas las partes que «trabajen incansablemente por la paz a través del diálogo y el respeto al Estado de Derecho y a los derechos humanos fundamentales de todos», mientras que se pide a la comunidad internacional que «proteja a las personas que están siendo oprimidas y cuyas vidas corren peligro». Entre ellos figuran «defensores de los derechos humanos, periodistas, artistas y miembros de minorías étnicas y sexuales, así como cristianos y otras comunidades religiosas». También se pide protección y seguridad para los trabajadores humanitarios.

Atención a los más vulnerables
Comece y la CEC recomiendan a la UE que sea cuidadosa a la hora de distribuir la ayuda, para que ésta llegue «de forma rápida y segura a la población afgana, especialmente a la más vulnerable, sin discriminaciones ni obstáculos administrativos innecesarios», gracias también a la labor de «las redes locales de confianza, incluidos los actores de la sociedad civil y de la Iglesia, que siguen presentes en el país y en la región, prestando servicios humanitarios y sociales esenciales». El pensamiento de las Iglesias europeas se dirige también a la «considerable afluencia de refugiados afganos» en los países vecinos y más allá: en esta perspectiva, se insta a la UE a «liderar los esfuerzos de solidaridad de la comunidad internacional para ayudar a los afganos que huyen de la violencia y el terror». En la práctica, se tratará de «crear corredores humanitarios para sacar a los refugiados de Afganistán» y garantizarles una residencia segura dentro de la propia Unión, poniendo así fin a las deportaciones. La declaración conjunta reitera que «no hay que confundir a los refugiados afganos con los emigrantes económicos». Por lo tanto, las decisiones sobre su estancia deberán tomarse sobre la base de «los valores fundamentales de la UE y el compromiso adquirido con el Convenio Europeo de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra».

El fracaso de la guerra
Al mismo tiempo, Comece y la CEC piden a la comunidad internacional «que reflexione profundamente sobre el fracaso de la guerra, extrayendo lecciones para las políticas exterior, de seguridad, comercial y de desarrollo». Para la UE, en particular, esto significará reorientarse hacia «la promoción de la seguridad y el desarrollo humano integral como objetivos estratégicos fundamentales» para un proyecto europeo que apunta «a la paz y la reconciliación». Condenando, por último, «el terrorismo en todas sus formas y expresiones», las Iglesias europeas piden a todos los fieles que recen por Afganistán, para que «encuentre la estabilidad y la paz, según el respeto de la dignidad humana de todos».

Isabella Piro (Vatican News)
Imagen: Pueblo afgano intentando salir del país.


El Papa a la Fundación Arché: “gracias por crear historias y rostros bonitos”

Los miembros de la Fundación italiana Arché junto a su fundador, el padre Giuseppe Bettoni, se reúnen con el Pontífice en la Sala Clementina del Vaticano.

Ciudad del Vaticano, 2 de septiembre 2021.- Pasado mañana la Fundación Arché inaugurará una casa en Roma que albergará una nueva comunidad. Ha sido este el motivo principal por el que el Papa se ha reunido con los miembros de dicha fundación esta mañana en la Sala Clementina del Vaticano. “Que sea un lugar donde se viva el estilo de Dios, que es cercanía, ternura y compasión. Y que la estructura esté siempre al servicio de las personas, no al revés” ha sido el deseo que el Santo Padre ha expresado a sus miembros, a la vez que daba sus agradecimientos por dicha obra, tanto por parte suya, como por parte de la diócesis de Roma.

Entre los agradecimientos, Francisco se ha dirigido al fundador, Don Giuseppe Bettoni, para elogiar su trabajo durante estos treinta años, desde que comenzó su compromiso de acoger a las madres con hijos: “Lo has llamado «Arché», que recuerda el origen, el principio, y sabemos que en el principio está el Amor, el amor de Dios. Todo lo que es vida, todo lo que es bello, bueno y verdadero viene de ahí, de Dios que es amor, como la vida humana viene del corazón y del vientre de una madre, y como Jesús, que es el Amor hecho carne, vino del corazón y del vientre de una madre” ha dicho el Papa.

Un signo de esperanza
“En esta lógica – ha continuado el Santo Padre – al principio están los rostros: para ustedes son los rostros de esas madres y niños que han acogido y ayudado a liberarse de las ataduras de la violencia y el maltrato. Incluso las mujeres migrantes que llevan en sus carnes experiencias dramáticas”. Es por ello que el Papa describe a las comunidades de acogida de la fundación como un signo de esperanza: “en primer lugar para estas mujeres y sus hijos, pero también son un signo de esperanza para vosotros mismos al compartir vuestras vidas con ellos; y para los voluntarios, los jóvenes, las parejas jóvenes que en estas comunidades experimentan el servicio no sólo para los pobres – una cosa muy buena – pero mas bueno es con los pobres”.

El icono de una Madre y un Niño
“El icono de la Madre y el Hijo es tan familiar para nosotros los cristianos, y para ustedes no se ha quedado sólo en una imagen bonita: la han traducido en una experiencia concreta, hecha de historias y rostros concretos” ha asegurado el Papa. De hecho – ha concluido – “esto significa ciertamente problemas, dificultades, penurias… Pero al mismo tiempo significa alegría, la alegría de ver que el compartir abre caminos de libertad, renacimiento y dignidad”.

Mireia Bonilla (Vatican News)
Imagen: El Papa con algunas madres y niños de la Fundación Arché
(Foto: Vatican Media)

El Papa: Pablo alerta sobre una religiosidad basada sólo en cumplir preceptos

Este primer día del mes de septiembre, el Papa Francisco celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI. “El apóstol dirige a los gálatas preguntas, en el intento de sacudir sus conciencias”, afirmó Francisco durante la catequesis.

Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre 2021.- El Papa Francisco continuó en la catequesis con “la explicación de la Carta de San Pablo a los Gálatas”. Relacionando las anteriores catequesis, el Obispo de Roma dijo: “En las catequesis precedentes hemos visto cómo el apóstol Pablo muestra a los primeros cristianos de Galacia el peligro de dejar el camino que han iniciado a recorrer acogiendo el Evangelio. De hecho, el riesgo es el de caer en el formalismo y renegar la nueva dignidad que han recibido”.

Interpela a los gálatas sobre sus elecciones
Francisco afirma que hoy se trata de reflexionar sobre la segunda parte de la Carta a los Gálatas. En la primera, Pablo “ha hablado de su vida y de su vocación: de cómo la gracia de Dios ha transformado su existencia, poniéndola completamente al servicio de la evangelización”. En este segundo momento, “interpela directamente a los Gálatas: les pone delante de las elecciones que han realizado y de su condición actual, que podría anular la experiencia de gracia vivida”.

El Pontífice subraya que esta interpelación no viene acompañada de expresiones corteses, sino de términos genéricos como: “gálatas” o “insensatos” y afirma:
Son insensatos porque no se dan cuenta que el peligro es el de perder el tesoro valioso, la belleza de la novedad de Cristo. La maravilla y la tristeza del Apóstol son evidentes. No sin amargura, él provoca a esos cristianos para recordar el primer anuncio realizado por él, con el cual les ha ofrecido la posibilidad de adquirir una libertad hasta ese momento inesperada.

Preguntas para sacudir conciencias
“El apóstol dirige a los gálatas preguntas, en el intento de sacudir sus conciencias”, éstas, indica el Papa son “interrogantes retóricos”, porque, los gálatas saben que “la palabra que habían escuchado de Pablo se concentraba sobre el amor de Dios, manifestándose plenamente en la muerte y resurrección de Jesús”.

“El intento de Pablo, afirma Francisco, es poner en un aprieto a los cristianos para que se den cuenta de lo que hay en juego y no se dejen encantar por la voz de las sirenas que quieren llevarlos a una religiosidad basada únicamente en la observancia escrupulosa de preceptos”.

Los Gálatas habían hecho la experiencia de la acción del Espíritu Santo
“Al comienzo de su llegada a la fe, estaba la iniciativa de Dios, no de los hombres. El Espíritu Santo había sido el protagonista de su experiencia; ponerlo ahora en segundo plano para dar la primacía a las propias obras sería de insensatos. La santidad viene del Espíritu Santo y es la gratuidad de la redención de Jesús: esto nos justifica”, subraya Francisco.

¿Y nosotros, cómo vivimos la fe?
“San Pablo nos invita también a nosotros a reflexionar sobre cómo vivimos la fe”, insiste el Papa y nos cuestiona:
¿El amor de Cristo crucificado y resucitado permanece en el centro de nuestra vida cotidiana como fuente de salvación, o nos conformamos con alguna formalidad religiosa para tener la conciencia tranquila? ¿Estamos apegados al tesoro valioso, a la belleza de la novedad de Cristo, o preferimos algo que en el momento nos atrae, pero después nos deja un vacío dentro?

Seguidamente, Francisco insiste sobre este punto: “Lo efímero llama a menudo a la puerta de nuestras jornadas, pero es una triste ilusión, que nos hace caer en la superficialidad e impide discernir sobre qué vale la pena vivir realmente”.
El Papa finaliza su alocución subrayando que “no obstante todas las dificultades que nosotros podemos poner a sus acciones, Dios no nos abandona, sino que permanece con nosotros con su amor misericordioso. Pidamos la sabiduría de darnos cuenta siempre de esta realidad”.