El Papa al mundo del trabajo: «Enfrentemos la crisis buscando el bien común»

A través de un video mensaje el Papa Francisco pide a la Organización Internacional del Trabajo (OIL) y a las autoridades competentes, que busquen soluciones para salir de la actual crisis laboral «buscando el bien común», dando prioridad, a la hora de dar respuestas concretas, «a los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo» y que todavía se ven afectados por la pandemia del Covid-19.

Ciudad del Vaticano, 17 de junio 2021.- El jueves 17 de junio, el Papa Francisco envió un video mensaje a la Organización Internacional del Trabajo (OIL) que está celebrando su cumbre anual en Ginebra, en un momento crucial de la historia social y económica en el que el mundo se enfrenta a grandes desafíos, especialmente en el marco de la actual pandemia.

En su mensaje, el Santo Padre destaca la «labor encomiable» que ha desarrollado la OIL a través de sus informes, en los últimos meses poniendo especial atención en las personas más vulnerables.

Ante la crisis «tomar decisiones cuidadosas»
Durante la persistente crisis, «deberíamos seguir ejerciendo un especial cuidado del bien común» -afirma el Pontífice- indicando que muchos de los trastornos posibles y previstos «aún no se han manifestado, por lo tanto, se requerirán decisiones cuidadosas».

El Papa analiza el fuerte impacto causado por la disminución de las horas de trabajo en los últimos años, un hecho que se ha traducido «tanto en pérdidas de empleo como en una reducción de la jornada laboral de los que conservan su trabajo», y subraya las tremendas dificultades que han tenido las empresas para salir adelante, «algunas corriendo el riesgo de quiebra total o parcial», ya que en este 2020 se ha producido «una pérdida de empleo sin precedentes».

Los riesgos del consumismo y la cultura del descarte
Por otra parte, teniendo en cuenta las prisas por volver a una mayor actividad económica al final de la pandemia del Covid-19, el Santo Padre pone en guardia sobre los riesgos de caer nuevamente «en las pasadas fijaciones del beneficio, el aislacionismo y el nacionalismo», así como en «el consumismo ciego y la negación de las claras evidencias que apuntan a la discriminación de nuestros hermanos y hermanas considerados «desechables» en nuestra sociedad».

Generar trabajo digno y humano
Por ello, Francisco invita a hacer frente a este panorama global buscando soluciones que ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo «fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva, y que promueva el bien común», logrando, en definitiva, que el trabajo sea verdadera y esencialmente humano.

Recordando el papel fundamental que desempeñan la Organización Internacional del Trabajo y su Conferencia como promotores del diálogo constructivo, el Papa pide que se dé prioridad, a la hora de dar respuestas concretas, «a los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo» y que todavía se ven afectados por la pandemia del Covid-19.

“Los trabajadores poco cualificados, los jornaleros, los del sector informal, los trabajadores migrantes y refugiados, los que realizan lo que se suele denominar el trabajo de las tres dimensiones: peligroso, sucio y degradante. Muchos migrantes y trabajadores vulnerables junto con sus familias, normalmente quedan excluidos del acceso a programas nacionales de promoción de la salud, prevención de enfermedades, tratamiento y atención, así como de los planes de protección financiera y de los servicios psicosociales”

No dejar de lado a los más vulnerables
Asimismo, el Pontífice hace hincapié en que la falta de medidas de protección social frente al impacto del COVID-19 «ha provocado un aumento de la pobreza, el desempleo, el subempleo, el incremento de la informalidad del trabajo, el retraso en la incorporación de los jóvenes al mercado laboral, el aumento del trabajo infantil», sumado a la «vulnerabilidad al tráfico de personas, la inseguridad alimentaria y una mayor exposición a la infección entre poblaciones como los enfermos y los ancianos».

Al respecto, Francisco comparte algunas preocupaciones y observaciones clave, destacando, en primer lugar, que la misión esencial de la Iglesia «es apelar a todos a trabajar conjuntamente, con los gobiernos, las organizaciones multilaterales, la sociedad civil y también las organizaciones de carácter religioso, con el fin de cuidar el bien común y garantizar la participación de todos en este empeño», sin dejar de lado a los más vulnerables «los jóvenes, los migrantes, las comunidades indígenas, los pobres».

En segundo lugar -continúa el Papa- también es esencial para la misión de la Iglesia garantizar que todos obtengan la protección que necesitan según sus vulnerabilidades: enfermedad, edad, discapacidades, desplazamiento, marginación o dependencia.

Por último, el Santo Padre puntualiza que debe garantizarse la protección de los trabajadores mediante el respeto de sus derechos esenciales, incluido el derecho de la sindicalización: «Sindicarse es un derecho», dice Francisco y añade:
“La actual pandemia nos ha recordado que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren. Todos somos frágiles y, al mismo tiempo, todos de gran valor. Ojalá nos estremezca profundamente lo que esta ocurriendo a nuestro alrededor. Ha llegado el momento de eliminar las desigualdades, de curar la injusticia que está minando la salud de toda la familia humana”.

Elementos para entender correctamente el trabajo
Con el objetivo de promover esta acción común, para el Papa «es necesario entender correctamente el trabajo», y en ese sentido propone dos elementos:

El primer elemento para la correcta comprensión del trabajo -afirma Francisco- nos llama a focalizar la atención necesaria en todas las formas de trabajo, incluyendo las formas de empleo no estándar: «El trabajo va más allá de lo que tradicionalmente se ha conocido como empleo formal, y el Programa de Trabajo Decente debe incluir todas las formas de trabajo».


El segundo elemento -explica el Obispo de Roma- es recordar que el trabajo es una relación, por lo tanto tiene que incorporar la dimensión del cuidado, porque ninguna relación puede sobrevivir sin cuidado: «Un trabajo que no cuida, que destruye la creación, que pone en peligro la supervivencia de las generaciones futuras, no es respetuoso con la dignidad de los trabajadores y no puede considerarse decente».

Dirigentes: «Inspírense en la caridad política»
En este contexto, el Santo Padre pide a los participantes de la 109 Conferencia Internacional del Trabajo que respondan al desafío al que nos enfrentamos: «Su responsabilidad es grande, pero aún es más grande el bien que pueden lograr».
También solicita a los dirigentes políticos y a quienes trabajan en los gobiernos que se inspiren siempre en esa forma de amor que es la caridad política: «Un acto de caridad igualmente indispensable es el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria”.

Empresarios: «Produzcan riqueza al servicio de todos»
En el video, el Papa alienta a los empresarios a que no olviden su verdadera vocación: producir riqueza al servicio de todos.

«La actividad empresarial es esencialmente una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos», asevera el Santo Padre recordando – como ya lo hizo en su encíclica Fratelli Tutti- que junto al derecho de propiedad privada, «existe el derecho previo y precedente de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso».

«La propiedad privada -reitera- es un derecho secundario, que depende del derecho primario, que es la destinación universal de los bienes».

Dos desafíos para los sindicalistas
Además, el Pontífice invita a los sindicalistas y a los dirigentes de las asociaciones de trabajadores a que se enfoquen en las situaciones concretas de los barrios y de las comunidades en las que actúan, haciendo frente a dos desafíos trascendentales:
“El primer desafío es la profecía, y está relacionada con la propia naturaleza de los sindicatos, su vocación más genuina. Los sindicatos son una expresión del perfil profético de la sociedad. Los sindicatos nacen y renacen cada vez que, como los profetas bíblicos, dan voz a los que no la tienen, denuncian, desnudan a los poderosos que pisotean los derechos de los trabajadores más vulnerables”

El segundo desafío -especifica Francisco- es la innovación: «Los profetas son centinelas que vigilan desde su puesto de observación. También los sindicatos deben vigilar los muros de la ciudad del trabajo, como un guardia que vigila y protege a los que están dentro de la ciudad del trabajo, pero que también vigila y protege a los que están fuera de los muros».

La Iglesia camina al lado de los trabajadores
Finalmente, el Papa asegura a la Organización Internacional del Trabajo y a los participantes de esta Conferencia Internacional del Trabajo que la Iglesia los apoya y camina a su lado: «La Iglesia pone a disposición sus recursos, empezando por sus recursos espirituales y su Doctrina Social. La pandemia nos ha enseñado que todos estamos en el mismo barco y que sólo juntos podremos salir de la crisis», concluye.

Sofía Lobos (Vatican News)

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 20.6.2021: Domingo XII del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
Palabras del Santo Padre Francisco

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

MOMENTO EXTRAORDINARIO DE ORACIÓN EN TIEMPOS DE EPIDEMIA
PRESIDIDO POR EL SANTO PADRE FRANCISCO,
Atrio de la Baslica de San Pedro
27 de marzo de 2020

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Job 38, 1.8-11

El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: “Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas”?»

SALMO RESPONSORIAL
Sal 106,23-24.25-26.28-29.30-31
R/. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R/.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el marco. R/.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R/.

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
en gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

COMENTARIO
En medio de la tempestad

El miedo llamó a mi puerta.
La fe fue a abrir.
No había nadie.
(M Luther King)

Se ve que a Jesús no le gustan las barcas paradas, amarradas. No tiene afición a los puertos. Ni a quedarse siempre en el mismo sitio. Le interesa la otra orilla (pagana), las periferias existenciales (Papa Fran-cisco). Y empuja a sus discípulos al mar.

A nosotros se nos da bien «subirnos a la barca»:
Iniciamos un proyecto, una empresa, una relación de pareja, un camino de oración, una comunidad cristiana, unos estudios, un programa de formación en la fe…

Pero con frecuencia nos quedamos amarrados en el puerto contemplando el mar, y las gaviotas, el cielo y el horizonte… O sí, tal vez nos montamos en la barca, pero dispuestos a dar un salto a tierra firme tan pronto como se agiten un poco las olas o nos dé el viento en la cara.

Sin embargo, la palabra del Señor Jesús ha sonado hoy muy clara: ¡PASEMOS A LA OTRA ORI-LLA!
Nos sentimos tranquilos y seguros cuando creemos dominar la situación. Cuando conocemos la barca y la manejamos con soltura y seguridad. Y así procuramos apañarnos por nuestra cuenta, con nuestros propios recursos. Preferimos no tener que contar con nadie, no pedir ayuda. Tampoco al Señor…

Los discípulos, avezados pescadores del Lago, son los que manejan la barca. Ya han navegado muchas veces, «ya saben». Les da tranquilidad ver que hay otras barcas alrededor, haciendo lo mismo que ellos. Seguramente se sienten tranquilos porque llevan a Jesús a bordo. «No vamos solos», se dicen. Y como no le necesitan (¡qué nos va a decir él!), el Maestro se despreocupa. Y se les queda dormido. Va con ellos en la barca. Pero… como si no fuera.

El caso es que en todo mar (en todo proyecto, en todo viaje…), siempre es posible la tormenta. Y se agitaron las olas, se oscureció el sol, el viento les sacudía… ¡también por dentro! Pero como hemos dejado que el Señor se duerma… ¡ahora no nos atrevemos a despertarlo!

El Señor suele embarcarse con nosotros, porque quiere llevarnos más lejos:

  • Cuando te casaste en la Iglesia, él aceptó estar a bordo. Cuando te bautizaste, te confir-maste, él se subió a bordo.
  • Cuando comenzaste tus estudios o tu trabajo profesional… él quería viajar contigo.
  • Cada vez que le pides perdón y te reconoces pecador, le estás invitando a subirse de nue-vo a bordo.
  • Cuando te reúnes con otros para contruir la comunidad cristiana, él hace tiempo que está ya en cubierta.
  • Cada vez que te acercas a él en la oración y le dices «aquí me tienes, ¿qué quieres de mí?» Pues quiere que vayas más allá de lo que te planteas.
  • Cuando quieres amar y servir con él y entregarte a fondo perdido, es porque él va a bordo.
    Pero si no contamos con él, si no le preguntamos nada, si no cuenta en nuestros planes… Pues se quedará dormido

Y entonces, nerviosos y asustados le damos un grito: «Maestro. ¿No te importa que perezca-mos?». ¿No te importa que nos vayamos a pique?

Hasta le echamos la culpa. La barca la llevábamos nosotros, nos habíamos olvidado de él, y ahora…

¡Él tiene la culpa de que nos hayamos metido en la tormenta y de nuestro miedo! Haz algo, ¡calma la tormenta! ¿No fuiste tú quien nos mandó que fuéramos a la otra orilla? Si nos hubiéramos que-dado en el muelle, seguros, sin arriesgarnos…

Para sorpresa de los discípulos, es él quien les reprocha: «Pero, vamos a ver: ¿No voy con voso-tros en la barca? ¡Pues fíate! ¿Por qué no confías? ¿Es que no tienes fe?» (Lo opuesto a la fe es… el miedo).

Algo que podemos aprender de esta escena evangélica es que tenerle en nuestra barca, no significa que estemos seguros «a pesar de la tempestad», sino que todo marcha bien ‘en medio’ de la borrasca, que sólo se llega a la otra orilla venciendo las borrascas.

Que no podemos quedarnos donde siempre, en lo seguro, en lo ya conocido…

Como nos ha dicho hoy San Pablo: «El que vive con Cristo, es una creatura nueva. «Lo viejo» ha pasado, ha llegado lo nuevo».

Tener fe, por tanto, no significa dar por hecho que él calmará todas las tormentas. Tener fe signifi-ca confiar en que en medio de la tormenta ÉL VA CONMIGO.

Tener fe es no tener miedo a hundirse, porque Él va a bordo. Cristo murió por todos, para que los que vivimos, ya no vivamos para nosotros mismos, sino para el que murió y resucitó por nosotros.

Por eso, que no sea el miedo quien nos apremie: sino que nos apremie el amor de Cristo.

Tener fe no es esperar que él calme la tormenta (aunque algunas veces lo haga), sino ir fiados del Padre, y saber que la tormenta nos dará pericia, nos hará fuertes y podremos llegar a otro puerto al que Él nos conduce, a esa otra «orilla» que no conocemos, a esos que no son de los nuestros, a esas periferias que no le interesan a nadie… ¡Pero a él sí! y necesita (¡nosexige!) que vayamos con él.

Y al final de todas nuestras travesías tormentosas, él nos esperará «en la Otra Orilla»

A partir de un texto de Dolores Aleixandre
Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
Imágenes de José María Morillo y Jorge Cocco Santangelo

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 4, 35-41)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

El escenario es el lago o mar de Galilea; no se trata de un mar grande, pero sí que es suficiente para que, en días de borrasca, las aguas se agiten hasta el punto de poder hundir las pequeñas barcas que trabajan allí.

Es una travesía corta esta vez; Jesús con sus discípulos están en medio del Lago. Jesús duerme y el pánico se desata: “¿No te importa que perezcamos?”. Jesús interviene y el mar se calma. La pregunta sigue al estupor: “¿quién es este?” No se trata de un milagro ‘antinatural`, ni tampoco poner en cuestión la verdad del Evangelio. Jesús está presente en la vida; los discípulos están faenando. Las tormentas son reales (no es un adorno ni un recurso literario); pueden hacer hundir la barca; forman parte de nuestro día a día.

Jesús parece que duerme como si no le importara, pero él está ahí. Es la presencia silenciosa, pero atenta, de Jesús con los suyos. Comparte nuestra barca. Ante la súplica reiterada, Jesús actúa. La pregunta por él, por su misterio, no es una actividad intelectual, teórica, sino vital: ¿quién es este que ha “salvado” mi vida? ¿Quién es este que está conmigo y se preocupa por mí? La autoridad soberana de Jesús disipa todos los miedos.

En el texto del Evangelio de hoy, Jesús responde al reproche de sus discípulos con un signo (calma la tempestad); pero ese signo remite a una realidad más profunda: va revelando a sus discípulos su autoridad, primero ante los fenómenos naturales y luego la autoridad de su Palabra. Pidamos al Señor que, en medio de nuestras tormentas vitales, sociales, política, económicas, eclesiales, nos permita nutrir nuestras relaciones interpersonales, compartiendo sobre todo nuestra fe en Él.

Textos Equipo Eucaristía.

Para orar a lo largo de la semana:

Cantar de los Cantares 7, 11-14; 8, 6-7
Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión.
Ven, amado mío, salgamos al campo: entre los cipreses;
amanezcamos entre las viñas; veremos si las vides han brotado,
si se abren las yemas, si florecen los granados;
Grábame como sello en tu corazón, grábame en tu brazo,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo.
Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor
ni anegarle los ríos.

Homilía del 20.6.2021, Domingo 12 del Tiempo Ordinario (B): «La tempestad calmada»

Santo evangelio según san Marcos 4, 35-40
¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

La tempestad calmada

Si la semana pasada Jesús nos contaba parábolas contra el desánimo, en esta nos enseña a enfrentarnos con situaciones extremas. El desánimo, decíamos, es una enfermedad del alma, que se desinfla y se queda sin fuerzas, y siente la tentación de bajar los brazos y dejar de luchar. Pero hay situaciones que nos superan sin remedio, por más que luchemos y pongamos todo nuestro empeño y nuestra mejor voluntad, hasta el punto de amenazar, no ya sólo el sentido de nuestra existencia, sino esa existencia misma. Una tormenta en medio del mar es, tal vez, la imagen perfecta de esta situación. Los elementos se desatan, se produce una situación de caos absoluto, en el que perdemos por completo el control, y nos encontramos en peligro de muerte inminente. Y cuando las propias fuerzas fallan de este modo estrepitoso, sólo queda el recurso de pedir auxilio, en último término, de encomendarnos a Dios. Pero, precisamente entonces, no es raro chocarse con el silencio de Dios. Aquel que podría salvarnos parece estar ausente, o dormido, en todo caso, indiferente a lo desesperado de nuestro apuro.

Y la cosa se agrava si tenemos en cuenta que es precisamente él el que nos ha embarcado en esta singladura. Podríamos habernos quedado tranquilamente en nuestra orilla, en nuestras pequeñas y cotidianas preocupaciones, en nuestras seguridades, pero ha sido él quien nos ha dicho (incluso mandado) “vamos a la otra orilla”.

Frente a toda comprensión de la fe como acomodación o pasividad, continuamente nos encontramos con esta llamada a ponernos en pie y salir de nuestra orilla: de nuestras seguridades, de nuestros hábitos, de nuestros prejuicios. Así como Dios llamó a Abraham a salir de su tierra (Gn 12, 1), al pueblo de Israel, de la esclavitud de Egipto (cf. Ex 3, 7-8), a los discípulos a abandonar de sus redes (Mc 1, 16-18), también a nosotros nos invita a “pasar a la otra orilla”, a ir más allá, a no quedarnos parados, contentos (o descontentos) en nuestro pequeño mundo, nos llama a correr el riesgo de estar en camino, incluso afrontando peligros que pueden amenazarnos y hasta poner en peligro nuestra vida.

Lo que no podemos a veces entender es que quien nos ha embarcado en esta peligrosa singladura, complicándonos así la existencia, después parezca desentenderse de nosotros cuando esas amenazas escapan por completo de nuestro control. Así suena el grito desesperado de los discípulos: “¿Es que no te importa que nos hundamos?”

Podemos experimentar el huracán en diversas circunstancias de nuestra vida, que no podemos controlar, y en las que todos nuestros esfuerzos parecen inútiles. Puede ser una grave enfermedad, para la que no estábamos preparados, o una crisis familiar, o una situación laboral extrema. Hay veces en que nos parece que el mundo se hunde a nuestros pies, no alcanzamos a descubrir la salida, y, encima, nuestros gritos angustiados en forma de oración parecen caer en el vacío: Dios no escucha, parece ausente o dormido.

La imagen de la barca zarandeada por la tempestad ha sido entendida las más de las veces como una parábola de la Iglesia. En su singladura no siempre navega por una mar en calma, ni con el viento a favor, aunque también haya períodos así, en que goza del favor o el aplauso social. También Jesús vivió esos momentos, como cuando le decían “todo lo ha hecho bien” (Mc 7, 37); y lo mismo la iglesia en diversos momentos de su historia, desde sus orígenes: “gozaban del favor de todo el pueblo” (Hch 2, 47). Son situaciones que hay que agradecer, en las que hay que trabajar todo lo posible, pero en los que hay que estar vigilante, para evitar acomodarse y adocenarse, incapacitándonos para pasar a la otra orilla. Porque en el camino de la fe no es posible pararse, ni hacer pactos con el entorno que pueden traicionar la radicalidad evangélica. Ser cristiano significa, de un modo u otro, caminar contra corriente. De ahí que frecuentemente se alcen vientos contrarios y tormentas: inquinas y odios contra la fe cristiana y contra la Iglesia (ridiculizaciones, descalificaciones, odios y abierto rechazo), que se pueden traducir en huracanes, en persecuciones cruentas cuando ser creyente pone en peligro la vida.

En estas ocasiones, surge con fuerza el interrogante: ¿dónde está Dios? ¿Qué hace para defender a los suyos? No sólo los cristianos, es claro, pueden experimentar estos momentos de tempestad. Espontáneamente nos vienen la mente los numerosos holocaustos que han ensangrentado el siglo XX. El más recordado (pero no el único), el holocausto judío a manos de los nazis, suscitó explícitamente este interrogante sobre la presencia o ausencia de Dios en nuestro mundo, en Auschwitz y después de Auschwitz.

El evangelio de hoy dice que Jesús, en medio de la tempestad, dormía en popa sobre un almohadón. ¿Cómo se puede dormir en una situación así? El sueño de Jesús nos habla de una presencia silente, inactiva, que no reacciona ante el peligro. En realidad, esa escena del Cristo dormido en el fondo de la nave (en popa) es una imagen de su muerte. También Jesús ha experimentado la tormenta y el huracán amenazante, incluso sabemos que, humanamente, ha sucumbido a él.

La fe, de hecho, no es un seguro de vida. Esas versiones del cristianismo, tan presente en ciertas sectas de mucho éxito en algunos países americanos, pero que también se pueden encontrar entre nosotros los católicos, y que pretenden que la fe cristiana es garantía de éxito (social, económico, profesional) en este mundo, son, en realidad una estafa. Eso es una forma de “juzgar a Cristo según la carne”, como dice Pablo, tanto como esa otra forma que consiste en perseguirlo y negarlo. Para no juzgar a Cristo según la carne es preciso “pasar a la otra orilla”, que es la orilla de la fe, que implica hacer la travesía peligrosa, en la que hay que estar dispuestos a asumir riesgos. Y Jesús no es como el capitán Araña, que embarca a los demás y él se queda en tierra. Jesús dormido en la barca es un signo de que ha asumido del todo nuestra condición, de que en situaciones extremas y dolorosas, en aquellas en las que nos preguntamos dónde se encuentra Dios, Él está ahí presente, sufriendo, padeciendo, muriendo con los que sufren, padecen y mueren. Cristo también fue gaseado en Auschwitz. El aparente silencio de Dios es, en realidad, la respuesta más elocuente: Él ha elegido el lugar de las víctimas.

Pero Jesús ha sucumbido a la tempestad para mostrarnos que tiene poder para calmarla: ha asumido la condición humana hasta la muerte, para vencer a la muerte en la resurrección.

Jesús nos enseña a mantener la calma cuando los elementos se desatan, a no caer en el pánico ni en la desesperación, a afrontar estas situaciones difíciles con la fortaleza de la fe. Esto vale para nuestra vida personal, y también para la Iglesia. Cuando parece que esa navecilla está a punto de hundirse, hemos de tener la confianza de saber que Jesús vive en su Iglesia y la guía.

En tiempos algo turbulentos por diversos motivos, en que nos parece que la Iglesia se va a pique, y en los que además se recrudecen las persecuciones contra los cristianos, Jesús nos llama a pasar a la otra orilla, a dar el paso de la fe. Ser gentes de fe significa abandonar nuestra instalación, embarcarnos, asumir riesgos, afrontar tempestades manteniendo la calma, sin miedo, con el valor y la serenidad que nos da esa fe. Sólo así podremos suscitar en nuestros contemporáneos (amigos y enemigos, pero a los que Dios también se dirige por medio de nosotros, de nuestro testimonio) la gran pregunta que cierra el Evangelio de hoy: “¿Quién es este?”

Si nos hemos embarcado y estamos en camino a la otra orilla, nuestra vida de discípulos se convierte en una respuesta a ese interrogante: Este, al que los vientos y las aguas obedecen, es el Cristo, el Hijo de Dios, el que calma la tempestad y nos salva del pecado y de la muerte.

Desde San Petersburgo (Rusia)
José María Vegas, cmf.
Sacerdote claretiano y filósofo

Día del Niño Africano, cuando la educación es vida

El aniversario se celebra cada 16 de junio, en recuerdo de la masacre de Soweto, en 1976, cuando los jóvenes salieron a la calle para exigir una educación de calidad. La africanista Anna Pozzi: «En comparación con el siglo pasado, se han dado pasos importantes, pero queda mucho por hacer».

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El «Día del Niño Africano» conmemora la marcha que tuvo lugar en 1976 en Soweto (Sudáfrica), en la que miles de escolares salieron a la calle para protestar contra la escasa calidad de la educación de los negros bajo el régimen del apartheid. Los jóvenes también se manifestaron para exigir que se les permita estudiar en sus lenguas maternas. El régimen ordenó disparar contra los manifestantes, masacrando a cientos de chicos y chicas. En las dos semanas de enfrentamientos que siguieron, un millar de personas resultaron heridas y al menos un centenar murieron. Para honrar su memoria, desde 1991, cada 16 de junio se celebra un día – primero por la Organización para la Unidad Africana (OUA) y luego también por las Naciones Unidas – para llamar la atención sobre las condiciones de vida de los niños y jóvenes del continente. La jornada ha llegado a su 31ª edición.

El estudio, un derecho jamás adquirido
«Algunas de las reivindicaciones que los estudiantes de entonces hicieron con fuerza respecto al derecho a la educación, siguen estando muy presentes hoy en día en muchos Estados africanos». Lo afirma la africanista Anna Pozzi en una entrevista con Radio Vaticano – Vatican News.

«Hay que decir que en Sudáfrica se han dado muchos pasos adelante en comparación con el día que hoy conmemoramos -continúa-, basta pensar que en el país se reconocen 11 lenguas oficiales, mientras que en aquella época los jóvenes tenían que estudiar sólo en la lengua hablada por los blancos, principalmente el afrikáans». El derecho a la educación es, por tanto, «una hipoteca sobre el futuro de este continente y sigue siendo una cuestión central que nos obliga a no considerarlo jamás como un derecho adquirido».

Los efectos de la pandemia
Por segundo año, el Día del Niño Africano se celebra en un momento de pandemia. «El Covid-19 – especifica Pozzi – ha tenido enormes repercusiones y no sólo desde el punto de vista sanitario. La educación y la economía han pagado un alto precio, el coronavirus ha mostrado fragilidades ya presentes en el continente, acentuándolas y a veces haciéndolas dramáticas. El acceso a la atención sanitaria para cualquier tipo de enfermedad se ha visto dificultado por la pandemia, «por lo que hoy en día -añade- los niños mueren mucho más si se ven afectados por la malaria y la neumonía y la desnutrición ha aumentado». Citando el caso de Uganda, la académica explica además cómo el reciente cierre ha provocado también el cierre de escuelas y el consiguiente bloqueo de comedores. «En algunos casos, no esporádicos», señala, «esa comida proporcionada al alumno se convierte en una comida segura que no puede ser sustituida».

Matrimonios forzados
Con la pandemia, también han aumentado los matrimonios forzados y los embarazos precoces. «Se trata de un gran problema que hay que frenar y que, en cambio, ha ido en aumento en el último año», denuncia la experta africanista. «Conocí a una mujer en Malawi que lleva años luchando por ganar esta batalla, permitiendo el acceso de niñas muy jóvenes a la educación. Es una jefa de aldea, así que tiene un papel importante y está en primera línea contra este fenómeno porque, como dicen en África, la educación de una niña es la educación de una aldea, de una comunidad, de un país».

Educación y trabajo infantil
La cuestión del derecho a la educación es aún más actual a la vista de las dramáticas cifras sobre el trabajo infantil publicadas el mes pasado. Tras una tendencia a la baja que duró dos décadas, la lacra del trabajo infantil ha vuelto a crecer a nivel mundial en 2020, según denuncian la Organización Internacional del Trabajo y Unicef, en un informe titulado «Trabajo infantil: estimaciones mundiales para 2020, tendencias y camino a seguir» publicado con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el pasado 12 de junio. Según los datos recogidos en la investigación, el número de niños que trabajan se ha elevado a 160 millones en todo el mundo, lo que supone un aumento del 5% respecto a hace cuatro años. El África subsahariana es la zona donde más ha aumentado el número de niños explotados laboralmente.

El llamamiento del Papa
Tras la oración mariana del Ángelus del domingo 13 de junio, el Papa lanzó un enérgico llamamiento para luchar contra la lacra del trabajo infantil y restablecer el derecho de los niños a jugar y estudiar. Estas fueron las palabras de Francisco:

Ayer se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. No es posible cerrar los ojos ante la explotación de los niños, privados del derecho de jugar, de estudiar y de soñar. Según los datos estimados por la Organización Internacional del Trabajo, los niños explotados hoy para trabajar son más de 150 millones: ¡una tragedia! 150 millones: más o menos como todos los habitantes de España, Francia e Italia juntos. ¡Esto sucede hoy! Tantos niños padecen esto: son explotados para el trabajo infantil. Renovemos todos juntos el esfuerzo para eliminar esta esclavitud de nuestros tiempos.

Andrea De Angelis (Vatican News)
Imagen: La escolarización, un derecho muy a menudo negado a los niños africanos

El Papa recibe en audiencia a Monseñor Cabrejos, presidente del CELAM

Tal como informa el Episcopado peruano a través de un comunicado, el encuentro se realizó este 16 de junio en el Palacio Apostólico de la Santa Sede. Durante las conversaciones el Papa Francisco expresó a Monseñor Cabrejos su ilusión y alegría ante la próxima realización de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, cuyo Proceso de Escucha ya se ha puesto en marcha en las 22 conferencias episcopales del continente.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El Papa Francisco recibió este 16 de junio en audiencia privada en el Vaticano a Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.

Tal como informa el Episcopado peruano a través de un comunicado, el encuentro se realizó en el Palacio Apostólico de la Santa Sede. En un ambiente de fraternidad, Monseñor Cabrejos llevó al Santo Padre el afectuoso saludo de todo el pueblo peruano, así como el del pueblo latinoamericano y caribeño.

Durante la reunión, el presidente del CELAM compartió con el Pontífice la aprobación del Proceso de Renovación y Reestructuración del Consejo Episcopal Latinoamericano que se llevó a cabo durante la 38ª Asamblea General de este organismo, organizada recientemente de manera virtual y presencial en la Arquidiócesis de Trujillo.

Por su parte, el Papa expresó a Monseñor Cabrejos su ilusión y alegría ante la próxima realización de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, cuyo Proceso de Escucha ya se ha puesto en marcha en las 22 conferencias episcopales del continente.

Finalmente, el prelado manifestó a Francisco el importante apoyo que ha ofrecido (y sigue ofreciendo) la Iglesia peruana a todo el pueblo en el marco de la actual pandemia del Covid-19.

Sínodo: «Escuchar a todos, incluso a los que no vienen a la Iglesia»

Monseñor Zbigņevs Stankevičs, arzobispo metropolitano de Riga, en Letonia, habla sobre los encuentros entre la Secretaría General del Sínodo y los episcopados del mundo que se están celebrando en estos días: «En otoño empezaremos con el nuevo itinerario, utilizaremos un lenguaje no filosófico ni teológico, sino más práctico y comprensible», afirma.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- Una Iglesia en camino debe implicar a todo el Pueblo de Dios, pero también a todas las realidades sociales, incluso a las más alejadas, para promover un diálogo constructivo dentro del proceso sinodal, que necesariamente deberá recoger las peticiones de todos. Así lo declaró a Vatican News monseñor Zbigņevs Stankevičs, arzobispo metropolitano de Riga, en Letonia, quien en estos días participa en los encuentros entre la Secretaría General del Sínodo y los obispos de todos los continentes.

Excelencia, ¿cuáles son los puntos más destacados del debate de estos días?
En primer lugar, sabemos que el próximo 17 de octubre debemos abrir oficialmente el proceso sinodal en nuestras diócesis. En septiembre recibiremos de la Secretaría General del Sínodo unas preguntas que, según nos dijo el cardenal Grech, serán pocas, precisas y comprensibles.

No serán formuladas en lenguaje filosófico o teológico, sino más práctico y comprensible, popular. Estas cuestiones serán analizadas en nuestras diócesis y crearemos un equipo, en el que debe estar el obispo, al menos un sacerdote, una persona consagrada, una familia, un laico y un joven, porque este Sínodo quiere escuchar a toda la Iglesia. San Benito escribe en la Regla monástica que Dios puede hablar a menudo incluso a través del hermano más pequeño.

Volviendo al discurso de ayer, el cardenal Grech dijo que es importante escuchar también a los que no vienen a la iglesia, o a quienes no vienen a menudo. Y pensé que también sería útil escuchar a una persona totalmente seglar, que ni siquiera viene a la iglesia, incluso a un ateo, para saber cómo percibe a la Iglesia y cuáles son las razones que le llevan a no estar atento a nuestro mensaje. Creo que este camino sinodal planteará preguntas serias y será realmente una respuesta a la invitación del Concilio Vaticano II, donde está escrito que la tarea de la Iglesia, la tarea de los cristianos, es ante todo saber leer los signos de los tiempos y encontrar respuestas a partir del Evangelio.

¿Cómo enriquece este procedimiento al proceso sinodal?
Este proceso se desarrollará en tres etapas. Antes, normalmente nos enviaban las líneas guía y luego las iglesias locales encontraban sugerencias y respuestas para enviarlas a la Secretaría General del Sínodo, pero ahora habrá, digamos, momentos distintos: a nivel diocesano será un proceso que realmente implicará no sólo, por ejemplo, al obispo y a sus asesores. Ahora los temas tendrán que pasar por el pueblo de Dios. Este proceso se llevará a cabo en el cuerpo de la Iglesia a nivel de las diócesis, luego estará el nivel de las conferencias episcopales donde se volverá a poner todo junto para reformular y optimizar el material recogido. Luego, finalmente, el nivel continental y, la última etapa, el nivel de la Iglesia universal, en el que todos los prelados se reúnen en el Vaticano.

Así que se trata de escuchar atentamente al pueblo de Dios…
Sí, demuestra que la Iglesia es realmente el pueblo de Dios. Los obispos y los sacerdotes son también el pueblo de Dios, con una función y una vocación particular, pero también ellos son el pueblo de Dios y debemos escucharlos.

Giancarlo La Vella (Vatican News)

Catequesis sobre la Oración. El Papa: del corazón humano a la misericordia de Dios

Con la Audiencia General de este 16 de junio, se cierra el ciclo iniciado el 6 de mayo de 2020. Las reflexiones del Papa Francisco representan casi una «encíclica» sobre la oración y trazan un itinerario sobre la relación que todo ser humano puede establecer con el Señor. Una guía razonada para recorrer el camino con la voz del Pontífice.

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración se divide en 38 etapas. El último, el 16 de junio, concluye un denso recorrido en el que se entrelazan páginas de la Biblia con el camino del pueblo de Dios, testimonios de los santos con «miradas» a la vida cotidiana. La oración, nos recuerda el Papa, es una relación, un diálogo, un «encuentro entre el yo y el tú».

1.- El misterio de la oración
Era el miércoles 6 de mayo de 2020. El mundo está sacudido por la difícil situación mundial provocada por la pandemia. Durante la Audiencia General, en la Biblioteca del Palacio Apostólico, el Papa Francisco se detiene en el «misterio de la oración». «Hoy -subraya el Pontífice- iniciamos un nuevo ciclo de catequesis sobre el tema de la oración.

La oración es el aliento de la fe, es su expresión más propia. El Papa recuerda la historia de Bartimeo, un personaje del Evangelio. Es ciego y se sienta a mendigar al lado del camino. Se da cuenta por la multitud de que Jesús no está lejos y grita: «¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!».

Más fuerte que cualquier argumento en contra, en el corazón del hombre hay una voz que clama. Todos tenemos esa voz interior. Una voz que sale espontáneamente, sin que nadie se lo ordene, una voz que cuestiona el sentido de nuestro camino aquí abajo, especialmente cuando nos encontramos en la oscuridad: «¡Jesús, ten piedad de mí! Jesús, ten piedad de mí». Esta es una hermosa oración.

2.- La oración del cristiano
El 13 de mayo de 2020, el Papa reflexionó sobre las características de la oración cristiana. «La oración del cristiano -recuerda el Pontífice durante la catequesis- entra en relación con el Dios del rostro más tierno, que no quiere infundir ningún miedo a los hombres». «Dios es el amigo, el aliado, el cónyuge. En la oración se puede establecer una relación de confianza con Él».

La oración -subraya el Papa- es de todos y «nace en el secreto de nosotros mismos, en ese lugar interior que los autores espirituales suelen llamar el corazón».

La oración es un impulso, es una invocación que va más allá de nosotros mismos: algo que nace en lo más profundo de nuestra persona y llega, porque siente la nostalgia de un encuentro. Esa nostalgia que es más que una necesidad, más que una necesidad: es un camino. La oración es la voz de un «yo» que va a tientas, que procede a tientas, en busca de un «tú». El encuentro entre el «yo» y el «tú» no se puede hacer con calculadoras: es un encuentro humano y muchas veces procedemos a tientas para encontrar el «tú» que mi «yo» está buscando.

3.- El misterio de la Creación
En su tercera Audiencia General dedicada a la oración, el 20 de mayo de 2020, el Papa Francisco destacó que el misterio de la Creación debe generar en nosotros un canto de alabanza. La oración, dice, «es la primera fuerza de la esperanza».

«La belleza y el misterio de la Creación -subraya Francisco- generan en el corazón del hombre la primera moción que suscita la oración.

La oración del hombre está estrechamente ligada al sentimiento de asombro. La grandeza del hombre es infinitesimal en comparación con las dimensiones del universo. Sus mayores logros parecen muy poco… Pero el hombre no es nada. En la oración se afirma poderosamente el sentimiento de misericordia. Nada existe por casualidad: el secreto del universo está en la mirada benévola que alguien encuentra en nuestros ojos.

4.- La oración del justo
En la Audiencia General del 27 de mayo de 2020, el Papa Francisco recordó que mientras el mal se extiende como un incendio, la oración de los justos es capaz de devolver la esperanza y es «una cadena de vida.»

«La oración abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón, tantas veces de piedra, en un corazón humano». La señal de la cruz, subrayó el Papa, es la primera oración.

La oración es una cadena de vida, siempre: tantos hombres y mujeres que rezan, siembran vida. La oración siembra vida, la pequeòa oración: por eso es tan importante enseñar a los niños a rezar. Me duele cuando encuentro niños que no saben hacer la señal de la cruz. Hay que enseñarles a hacer bien la señal de la cruz, porque es la primera oración. Es importante que los niños aprendan a rezar. Luego, tal vez, se olviden, tomen otro camino; pero las primeras oraciones aprendidas de niño permanecen en el corazón, porque son una semilla de vida, la semilla del diálogo con Dios.

5.- La oración de Abraham
El Papa dedica la Audiencia General del 3 de junio de 2020 a la oración de Abraham. Del Patriarca, afirma Francisco, hay que aprender a rezar con fe, «a dialogar hasta discutir con Dios».

«Hay una voz -recuerda el Papa- que de repente resuena en la vida de Abraham. Una voz que le invita a emprender un viaje que parece absurdo: una voz que le insta a desarraigarse de su tierra, de las raíces de su familia, para ir hacia un nuevo futuro, un futuro diferente».

Y Abraham se pone en marcha. Escucha la voz de Dios y confía en su palabra. Esto es importante: confía en la palabra de Dios. Y con su partida nace una nueva forma de concebir la relación con Dios; por eso el patriarca Abraham está presente en las grandes tradiciones espirituales judías, cristianas e islámicas como el hombre perfecto de Dios, capaz de someterse a Él, incluso cuando su voluntad resulta ardua, si no incluso incomprensible. Abraham es, pues, el hombre de la Palabra. Cuando Dios habla, el hombre se convierte en el receptor de esa Palabra y su vida en el lugar donde ésta pide encarnarse.

6.- La oración de Jacob
En la Audiencia General del 10 de junio de 2020, el Papa continúa su reflexión sobre la oración hablando de la figura de Jacob que «lucha con Dios» una noche entera y sale cambiado: de ser un hombre astuto «impermeable a la gracia», se descubre frágil y envuelto por la misericordia divina.

«Jacob -recuerda Francisco- no tiene nada que presentar a Dios sino su fragilidad y su impotencia, incluso sus pecados. Y es este Jacob quien recibe la bendición de Dios.

Jacob, antes, estaba seguro de sí mismo, confiaba en su propia astucia. Era un hombre impermeable a la gracia, refractario a la misericordia; no sabía lo que era la misericordia. «¡Aquí estoy, yo mando!», no creía que necesitara piedad. Pero Dios salvó lo que estaba perdido. Le hizo ver que era limitado, que era un pecador que necesitaba misericordia, y lo salvó.

7.- La oración de Moisés
En la Audiencia General del 17 de junio de 2020, el Papa recorre la vida de Moisés. «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de todas sus fragilidades, pertenece siempre a Dios.» «Moisés -subraya Francisco- nos incita a rezar con el mismo ardor que Jesús, a interceder por el mundo, a recordar que éste, a pesar de toda su fragilidad, pertenece siempre a Dios.»

La Escritura, recuerda el Papa, representa habitualmente a Moisés «con las manos extendidas hacia arriba, hacia Dios, casi como para hacer de puente con su propia persona entre el cielo y la tierra».

Incluso en los momentos más difíciles, incluso el día en que el pueblo repudió a Dios y a sí mismo como su guía para hacerse un becerro de oro, Moisés no tuvo ganas de dejar de lado a su pueblo. Son mi gente. Son su gente. Son mi gente. No niega a Dios ni al pueblo. Y le dice a Dios: «Este pueblo ha cometido un gran pecado: se ha hecho un dios de oro. Pero ahora, si quieres perdonar su pecado…. Si no, bórrame de tu libro que has escrito». (Ex 32:31-32). Moisés no hace un trueque con el pueblo. Él es el puente, el intercesor. Ambos, el pueblo y Dios, y él está en el medio. No vende a su gente para hacer carrera. No es un escalador, es un intercesor: por su pueblo, por su carne, por su historia, por su gente y por Dios que lo llamó. Él es el puente.

8.- La oración de David
Es una fuerte exhortación a la oración en cualquier circunstancia la que el Papa dirige en la Audiencia General del 24 de junio de 2020 siguiendo los pasos de la figura de David. «La oración nos da nobleza: es capaz de asegurar una relación con Dios, que es el verdadero Compañero de viaje del hombre, en medio de las miles de adversidades de la vida, buenas o malas».

En la vida de David -subraya el Papa- hay un hilo rojo «que da unidad a todo lo que sucede: su oración».

David el santo, reza; David el pecador, reza; David el perseguido, reza; David el perseguidor, reza; David la víctima, reza. Incluso David, el verdugo, reza. Este es el hilo rojo de su vida. Un hombre de oración. Esa es la voz que nunca se apaga: tanto si adopta los tonos del júbilo, como los del lamento, es siempre la misma oración, sólo cambia la melodía. Y así David nos enseña a dejar que todo entre en diálogo con Dios: la alegría como la culpa, el amor como el sufrimiento, la amistad como la enfermedad. Todo puede convertirse en una palabra dirigida al «Tú» que siempre nos escucha.

9.- La oración de Elías
Con la Audiencia General del 7 de octubre de 2020 el Papa Francisco retoma sus catequesis sobre la oración, interrumpidas por aquellas sobre el cuidado de la creación. Las palabras del Pontífice giran en torno a «uno de los personajes más convincentes de toda la Sagrada Escritura: el profeta Elías». «Cuánta necesidad -dice Francisco- tenemos de creyentes, de cristianos celosos, que actúen frente a las personas que tienen responsabilidad de liderazgo con la valentía de Elías, para decir: ‘¡Esto no se debe hacer! Esto es un asesinato».

La historia de Elías, recuerda el Papa, «parece escrita para todos nosotros».

Algunas noches podemos sentirnos inútiles y solos. Es entonces cuando la oración vendrá a llamar a la puerta de nuestro corazón. Todos podemos recoger un trozo del manto de Elías, como su discípulo Eliseo recogió la mitad de su manto. Y aunque hayamos hecho algo malo, o nos sintamos amenazados y con miedo, si volvemos a Dios con la oración, la serenidad y la paz volverán como por milagro. Esto es lo que nos enseña el ejemplo de Elías.

10 y 11.- La oración de los Salmos
En la Audiencia General del 14 de octubre de 2020, el Papa dedicó su catequesis al Libro de los Salmos, el libro que enseña a rezar. En los Salmos, subraya Francisco, «el creyente encuentra una respuesta».

Quien reza -recuerda el Papa- no se engaña: sabe que tantas cuestiones de la vida aquí abajo quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada una batalla, habrá otras que nos esperan. Sin embargo, si se nos escucha, todo se hace más llevadero».

Lo peor que puede pasar es sufrir en el abandono, sin ser recordado. La oración nos salva de esto. Porque puede ocurrir, y a menudo, que no entendamos los planes de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: se elevan hasta Aquel que tiene un corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y muere. Te diré algo: me hace bien, en los malos momentos, pensar en las lágrimas de Jesús, cuando lloró mirando a Jerusalén, cuando lloró ante la tumba de Lázaro. Dios lloró por mí, Dios llora, llora por nuestras penas.

En la catequesis de la Audiencia General del 21 de octubre de 2020, el Pontífice concluyó su reflexión sobre los Salmos subrayando que el Salterio nos enseña a invocar a Dios por nosotros, pero también por nuestros hermanos y por el mundo. Atraer la atención del Santo Padre, durante la catequesis, es en particular el llanto de un niño. «Es la voz -afirmó el Papa- que atrae la ternura de Dios» hacia nosotros y con nosotros.

12.- Jesús, el hombre de la oración
En la Audiencia General del 28 de octubre de 2020 el itinerario de la catequesis sobre la oración, después de haber pasado por el Antiguo Testamento, llega a Jesús. «El comienzo de su misión pública -recuerda Francisco- tiene lugar con su bautismo en el río Jordán». «Si nos parece que la vida ha sido completamente inútil -añade el Papa-, debemos suplicar en ese instante que la oración de Jesús se convierta también en la nuestra.

Jesús, subraya el Pontífice, «reza con nosotros». Y al rezar, «abre la puerta del cielo, y de esa brecha desciende el Espíritu Santo».

En el torbellino de la vida y del mundo que vendrá a condenarlo, incluso en las experiencias más duras y tristes que tendrá que soportar, incluso cuando experimenta que no tiene dónde reclinar la cabeza (cf. Mt 8,20), incluso cuando el odio y la persecución se desatan a su alrededor, Jesús nunca se queda sin el refugio de una morada: habita eternamente en el Padre. Esta es la grandeza única de la oración de Jesús: el Espíritu Santo toma posesión de su persona y la voz del Padre atestigua que él es el amado, el Hijo en el que se refleja plenamente.

13.- Jesús Maestro de Oración
En su Audiencia General del 4 de noviembre de 2020, el Papa Francisco insta a redescubrir a Jesucristo como maestro de oración. El Pontífice subraya que «toda persona necesita un espacio para sí misma, donde pueda cultivar su vida interior, donde las acciones encuentren sentido». «Durante su vida pública», añade, «Jesús recurre constantemente al poder de la oración.

«La oración de Jesús -recuerda el Papa- es el lugar donde se percibe que todo viene de Dios y vuelve a Él.

A veces los seres humanos nos creemos dueños de todo, o por el contrario perdemos toda la autoestima, vamos de un lado a otro. La oración nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación. Y la oración de Jesús es finalmente el abandono en las manos del Padre, como Jesús en el Huerto de los Olivos, en aquella angustia: «Padre, si es posible…, pero hágase tu voluntad». Abandono en las manos del Padre. Es hermoso cuando estamos agitados, un poco preocupados, y el Espíritu Santo nos transforma por dentro y nos lleva a este abandono en las manos del Padre: Padre, que se haga tu voluntad.

14.- Oración perseverante
«Continuamos la catequesis sobre la oración. Alguien me dijo: Hablas demasiado de la oración. No es necesario. Sí, es necesario. Porque si no rezamos, no tendremos fuerzas para seguir adelante en la vida. La oración es como el oxígeno de la vida». «La oración es atraer sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos lleva adelante. Por eso hablo tanto de la oración». Con estas palabras se abre la catequesis del 11 de noviembre de 2020. «El cristiano que reza -subraya el Papa- no teme nada.

«Jesús -recuerda el Papa- dio un ejemplo de oración continua, practicada con perseverancia.

Cristo lo es todo para nosotros, incluso en nuestra vida de oración. San Agustín lo dijo con una expresión iluminadora, que también encontramos en el Catecismo: Jesús «reza por nosotros como nuestro sacerdote; reza en nosotros como nuestra cabeza; es rezado por nosotros como nuestro Dios. Reconozcamos, pues, en Él nuestra voz, y en nosotros la suya». Por eso, el cristiano que reza no teme nada; se confía al Espíritu Santo, que nos ha sido dado como don y que reza en nosotros, suscitando la oración. Que el mismo Espíritu Santo, Maestro de la oración, nos enseñe el camino de la oración.

15.- La Virgen María, una mujer que reza
En la Audiencia General del 18 de noviembre de 2020, el Papa reflexionó sobre María, sobre su estilo al dirigirse a Dios con un corazón humilde: «Señor, lo que quieras, cuando quieras y como quieras».

«Todo lo que le sucede a María -subrayó Francisco- acaba teniendo un reflejo en lo más profundo de su corazón: los días llenos de alegría, así como los momentos más oscuros, en los que también ella se esfuerza por comprender por qué caminos debe pasar la Redención.

Alguien ha comparado el corazón de María con una perla de incomparable esplendor, formada y pulida por la paciente aceptación de la voluntad de Dios a través de los misterios de Jesús meditados en la oración. ¡Qué maravilla si nosotros también pudiéramos parecernos un poco a nuestra Madre! Con un corazón abierto a la Palabra de Dios, con un corazón silencioso, con un corazón obediente, con un corazón que sabe recibir la Palabra de Dios y la deja crecer como una semilla para el bien de la Iglesia.

16.- La oración de la Iglesia naciente
En la Audiencia General del 25 de noviembre de 2020, el Papa se detuvo en la primera comunidad cristiana descrita en los Hechos de los Apóstoles. Una comunidad que vive y «persevera en la oración». «La Iglesia -afirma- es obra del Espíritu Santo».

«La vida de la Iglesia primitiva -recuerda el Papa- está jalonada por una continua sucesión de celebraciones, convocatorias, tiempos de oración tanto comunitaria como personal. Y es el Espíritu el que da fuerza a los predicadores que se ponen en marcha, y que por amor a Jesús surcan los mares, afrontan los peligros, se someten a la humillación».

Dios da amor, Dios pide amor. Esta es la raíz mística de toda la vida creyente. Los primeros cristianos en la oración, pero también nosotros, que llegamos varios siglos después, vivimos la misma experiencia. El Espíritu lo anima todo. Y todo cristiano que no tenga miedo de dedicar tiempo a la oración puede hacer suyas las palabras del apóstol Pablo: «Esta vida que vivo en el cuerpo, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20). (Gálatas 2:20). La oración te hace consciente de ello. Sólo en el silencio de la adoración experimentamos la plena verdad de estas palabras. Debemos retomar el sentido de la adoración. Adorar, adorar a Dios, adorar a Jesús, adorar al Espíritu. El Padre, el Hijo y el Espíritu: adorar. En silencio.

17.- La bendición
En la catequesis del 2 de diciembre de 2020 el Papa Francisco se detiene en una dimensión esencial de la oración: la bendición. «En los relatos de la creación -recuerda el Pontífice- Dios bendice continuamente la vida, siempre. Bendice a los animales, bendice al hombre y a la mujer, y finalmente bendice el sábado, el día de descanso y disfrute de toda la creación. Es Dios quien bendice». Francisco insta a no maldecir, sino a bendecir.

«No podemos sólo bendecir -dice el Papa- a este Dios que nos bendice, debemos bendecir todo en Él, a todos los hombres, bendecir a Dios y bendecir a los hermanos, bendecir al mundo: ésta es la raíz de la mansedumbre cristiana, la capacidad de sentirse bendecido y la capacidad de bendecir.

Este mundo necesita bendiciones y nosotros podemos dar y recibir bendiciones. El Padre nos ama. Y lo único que nos queda es la alegría de bendecirle y la alegría de agradecerle, y de aprender de Él a no maldecir, sino a bendecir. Y aquí sólo una palabra para la gente que está acostumbrada a maldecir, la gente que siempre tiene en su boca, incluso en su corazón, una palabra fea, una maldición. Cada uno de nosotros puede pensar: ¿tengo esta costumbre de maldecir así? Y pedir al Señor la gracia de cambiar este hábito porque tenemos un corazón bendito y de un corazón bendito no puede salir una maldición. Que el Señor nos enseñe a no maldecir sino a bendecir.

18.- Oración de petición
No debemos escandalizarnos si sentimos la necesidad de rezar, no nos avergoncemos. Y, sobre todo, cuando estamos necesitados, pide…. Este es uno de los pasajes centrales de la catequesis del 9 de diciembre de 2020 centrada en la «oración de petición». La alabanza y la súplica, subraya el Papa, son los dos elementos que tienen cabida en la oración cristiana.

«Incluso nuestras preguntas balbuceantes, aquellas que permanecen en lo más profundo de nuestro corazón, que incluso nos avergüenza expresar -añade Francisco-, el Padre las escucha y quiere darnos el Espíritu Santo, que anima toda oración y lo transforma todo.

Es una cuestión de paciencia, siempre, de aguantar la espera. Estamos en el tiempo de Adviento, un tiempo típicamente de espera de la Navidad. Estamos esperando. Esto se puede ver bien. Pero toda nuestra vida está también en la espera. Y la oración siempre espera, porque sabemos que el Señor responderá. Incluso la muerte tiembla cuando un cristiano reza, porque sabe que todo orante tiene un aliado más fuerte que él: el Señor Resucitado. La muerte ya ha sido derrotada en Cristo, y llegará el día en que todo será definitivo, y ella ya no se burlará de nuestra vida y nuestra felicidad.

19.- Oración de intercesión
Es la oración de intercesión que centra la reflexión del Papa Francisco en la Audiencia General del 16 de diciembre de 2020. Francisco se detiene en la oración de intercesión. «La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. Quien no ama finge que ora, o cree que ora, pero no ora, porque le falta el espíritu mismo que es el amor». La oración -dice el Pontífice- sólo se hace con espíritu de amor. El que no ama finge que reza, o cree que reza, pero no reza, porque le falta el mismo espíritu que es el amor».

«Tratemos -subrayó el Santo Padre- de ser hombres y mujeres que hagan suyas las alegrías y los sufrimientos, las esperanzas y las angustias de la humanidad, en la oración de intercesión».

La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, intercediendo por los demás. En particular, es el deber de todos los que tienen un papel de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidades… Como Abraham y Moisés, a veces deben «defender» ante Dios a las personas que les han sido confiadas. En realidad, se trata de mirarlas con los ojos y el corazón de Dios, con su propia e invencible compasión y ternura. Orar con ternura por los demás.

20.- Oración de agradecimiento
«No dejemos de dar las gracias: si somos portadores de gratitud, incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para darle un poco de esperanza. Todo está unido y vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está». En su audiencia general del 30 de diciembre de 2020, el Papa Francisco centró su catequesis en la oración de acción de gracias e instó a cultivar la «alegría» alimentada por la «alegría del encuentro con Jesús.» «El diablo, en cambio, después de habernos engañado, siempre nos deja tristes y solos».

«Si somos portadores de gratitud», dice el Papa, «incluso el mundo se vuelve mejor, quizá sólo un poco, pero eso es suficiente para transmitirle un poco de esperanza». El mundo necesita esperanza.

Y con la gratitud, con esta actitud de dar las gracias, transmitimos un poco de esperanza. Todo está unido, todo está vinculado, y cada uno puede hacer su parte donde está. El camino de la felicidad es el que describe San Pablo al final de una de sus cartas: «Orad sin cesar, dad gracias en todo, porque ésta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis el Espíritu» (1T 5,17-19). No apaguen el Espíritu, ¡un hermoso programa de vida! No apagar el Espíritu dentro de nosotros nos lleva a la gratitud.

21.- Oración de alabanza
Es la oración de alabanza en el centro de la catequesis del Papa Francisco en la audiencia general del 13 de enero de 2021 el Papa Francisco subraya la importancia de alabar a Dios incluso en los momentos oscuros de la vida.
«Jesús -añade Francisco- alaba al Padre porque prefiere a los pequeños. «Es lo que Él mismo experimenta, predicando en las aldeas: los «doctos» y los «sabios» permanecen recelosos y cerrados, hacen cálculos; mientras que los «pequeños» se abren y acogen el mensaje.»

También nosotros debemos alegrarnos y alabar a Dios porque la gente humilde y sencilla acepta el Evangelio. Me alegro cuando veo a estas personas sencillas, a estas personas humildes que peregrinan, que van a rezar, que cantan, que alaban, personas que quizás carecen de muchas cosas, pero su humildad les lleva a alabar a Dios. En el futuro del mundo y en las esperanzas de la Iglesia están siempre los «pequeños»: aquellos que no se consideran mejores que los demás, que son conscientes de sus límites y de sus pecados, que no quieren dominar sobre los demás, que, en Dios Padre, se reconocen como hermanos.

22.- Oración con las Sagradas Escrituras
En la Audiencia General del 27 de enero de 2021, el Papa se detuvo en la oración que se puede hacer «a partir de un pasaje de la Biblia». «Las palabras de la Sagrada Escritura no fueron escritas para quedar aprisionadas en el papiro, el pergamino o el papel, sino para ser recibidas por una persona que reza, haciéndolas brotar en su propio corazón.» «La Biblia -explica el pontífice- no está escrita para una humanidad genérica, sino para nosotros, para mí, para ti, para hombres y mujeres de carne y hueso, hombres y mujeres que tienen nombre y apellido, como yo, como tú.
«La Palabra de Dios -añade el Santo Padre- se hace carne en quien la acoge en la oración.

En algún texto antiguo surge la intuición de que los cristianos se identifican tanto con la Palabra que, aunque quemaran todas las Biblias del mundo, podrían salvar el «molde» de la misma por la huella que ha dejado en la vida de los santos. Esta es una hermosa expresión. La vida cristiana es una obra, al mismo tiempo, de obediencia y de creatividad. Un buen cristiano debe ser obediente, pero también debe ser creativo. Obediente, porque escucha la Palabra de Dios; creativo, porque tiene el Espíritu Santo en su interior que le impulsa a practicarla, a llevarla a cabo.

23.- Rezar en la liturgia
La Audiencia General del 3 de febrero de 2021 está dedicada a la oración en la liturgia «Un cristianismo sin liturgia, me atrevería a decir que quizás – subraya Francisco – es un cristianismo sin Cristo. Sin el Cristo total. Incluso en el rito más escueto, como el que algunos cristianos han celebrado y celebran en lugares de reclusión, o en el escondite de una casa en tiempos de persecución, Cristo se hace verdaderamente presente y se entrega a sus fieles.»

«La oración del cristiano hace suya la presencia sacramental de Jesús». Francisco también recuerda el vínculo entre la oración y la liturgia.

La vida está llamada a convertirse en culto a Dios, pero esto no puede ocurrir sin la oración, especialmente la litúrgica. Este pensamiento nos ayuda a todos cuando vamos a misa: voy a rezar en comunidad, voy a rezar con Cristo que está presente. Cuando vamos a la celebración de un bautismo, por ejemplo, es Cristo allí, presente, quien bautiza. «Pero, padre, esto es una idea, una forma de decir»: no, no es una forma de decir. Cristo está presente y en la liturgia rezas con Cristo que está a tu lado.

24.- Rezar en la vida cotidiana
La oración diaria es el tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del 10 de febrero de 2021. «La oración tiene lugar en la actualidad. Jesús viene a nuestro encuentro hoy, este hoy que estamos viviendo. Y es la oración la que transforma este hoy en gracia, o mejor dicho, nos transforma a nosotros: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar».

«La oración -dice el Santo Padre- nos ayuda a amar a los demás, a pesar de sus errores y pecados.

La persona es siempre más importante que sus acciones, y Jesús no juzgó al mundo, sino que lo salvó. Es una vida fea la de aquellas personas que siempre están juzgando a los demás, siempre condenando, juzgando: es una vida fea, infeliz. Jesús vino a salvarnos: abre tu corazón, perdona, justifica a los demás, comprende, tú también acércate a los demás, ten compasión, ten ternura como Jesús. Es necesario amar a todas y cada una de las personas, recordando en la oración que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva en sí un fragmento del misterio de Dios.

25 y 26.- La oración y la Trinidad
«¿Por qué el hombre debe ser amado por Dios?». En la audiencia general del 3 de marzo, 2021 Francisco plantea esta y otras preguntas cruciales. ¿Qué Dios está dispuesto a morir por la humanidad? ¿Qué Dios ama siempre y con paciencia, sin esperar ser correspondido? ¿Qué clase de Dios acepta la tremenda falta de gratitud de un hijo que pide su herencia por adelantado y se va de casa despilfarrando todo?.

«Gracias a Jesucristo -afirma el Papa- la oración nos abre de par en par a la Trinidad -al Padre, al Hijo y al Espíritu- al inmenso mar de Dios que es Amor».

Es Jesús quien nos abrió el Cielo y nos proyectó a una relación con Dios. Fue Él quien lo hizo: nos abrió esta relación con el Dios Trino: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es lo que afirma el apóstol Juan al concluir el prólogo de su Evangelio: «A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que es Dios y está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado» (1,18). Jesús nos ha revelado la identidad, esta identidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En su Audiencia General del 17 de marzo de 2021, el Papa Francisco completa su catequesis sobre la oración como relación con la Santísima Trinidad, particularmente con el Espíritu Santo. «El primer don de toda existencia cristiana -dice el Santo Padre- es el Espíritu Santo. No es uno de los muchos dones, sino el don fundamental. El Espíritu es el don que Jesús prometió enviarnos. Sin el Espíritu no hay relación con Cristo y con el Padre».

27.- Orar en comunión con María
En la Audiencia General del 24 de marzo de 2021 el Papa se detiene en la oración en comunión con la Madre de Jesús. «María -subraya el Pontífice- estuvo y está presente en los días de la pandemia, cerca de las personas que desgraciadamente terminaron su camino terrenal en una condición de aislamiento, sin el consuelo de la cercanía de sus seres queridos. María está siempre ahí, a nuestro lado, con su ternura maternal».

Las oraciones dirigidas a María, afirma Francisco, «no son en vano».

Mujer del «sí», que aceptó de buen grado la invitación del Ángel, también responde a nuestras súplicas, escucha nuestras voces, incluso las que permanecen cerradas en el corazón, que no tienen fuerza para salir pero que Dios conoce mejor que nosotros. Los escucha como una madre. Como y más que cualquier buena madre, María nos defiende en los peligros, se preocupa por nosotros, incluso cuando nos enredamos en nuestras cosas y perdemos el sentido de la orientación, y ponemos en peligro no sólo nuestra salud sino nuestra salvación. María está ahí, rezando por nosotros, rezando por los que no rezan. Para rezar con nosotros. ¿Por qué? Porque es nuestra Madre.

28.- Orar en comunión con los santos
«Cuando rezamos, nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa tras nosotros». El Papa Francisco pronunció estas palabras en su audiencia general del 7 de abril de 2021. «El primer modo -dice el Papa- de afrontar un momento de angustia es pedir a nuestros hermanos, a los santos, sobre todo, que recen por nosotros. El nombre que se nos da en el bautismo no es una etiqueta ni una decoración. No se trata más que de «echarnos una mano» en la vida, de echarnos una mano para obtener de Dios las gracias que más necesitamos».

«Cuando rezamos -subraya el Papa- nunca lo hacemos solos: aunque no pensemos en ello, estamos inmersos en un majestuoso río de invocaciones que nos precede y continúa después de nosotros.

En las oraciones que encontramos en la Biblia, y que a menudo resuenan en la liturgia, hay un rastro de historias antiguas, de liberaciones prodigiosas, de deportaciones y exilios tristes, de retornos conmovedores, de alabanzas que fluyen ante las maravillas de la creación… Y así estas voces se transmiten de generación en generación, en un continuo entrelazamiento entre la experiencia personal y la del pueblo y la humanidad a la que pertenecemos. Nadie puede desprenderse de su propia historia, de la historia de su propio pueblo; siempre llevamos esta herencia en nuestras costumbres y también en nuestras oraciones.

29.- La Iglesia como maestra de oración
«La Iglesia es una gran escuela de oración. Muchos de nosotros aprendimos a rezar nuestras primeras oraciones sentados en las rodillas de nuestros padres o abuelos. Tal vez apreciamos el recuerdo de nuestra madre y nuestro padre, que nos enseñaron a recitar oraciones antes de dormir». El Papa Francisco pronunció estas palabras al centrar su catequesis del 14 de abril de 2021 en el tema: la Iglesia maestra de la oración. «Todo en la Iglesia -añade- nace en la oración, y todo crece gracias a la oración.

El Papa señala también una tarea esencial de la Iglesia: «rezar y educar para rezar».

Transmitir de generación en generación la lámpara de la fe con el aceite de la oración. La lámpara de la fe que ilumina, que dispone las cosas tal como son, pero que sólo puede encenderse con el aceite de la oración. Si no, se apaga. Sin la luz de esta lámpara, no podríamos ver el camino para evangelizar, es más, no podríamos ver el camino para creer bien; no podríamos ver los rostros de los hermanos para acercarnos y servir; no podríamos iluminar la sala donde nos reunimos en comunidad… Sin fe, todo se derrumba; y sin oración, la fe se apaga.

30.- Oración vocal
En la catequesis de la Audiencia General del 21 de abril de 2021, el Papa reflexiona sobre el valor de la oración vocal. «No caigamos en el orgullo de despreciar la oración vocal», porque «despierta hasta el más adormecido de los corazones».

«La oración -recuerda el Pontífice- es diálogo con Dios; y toda criatura, en cierto sentido, «dialoga» con Dios».
En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía…. El Verbo divino se hace carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración. Las palabras son nuestras criaturas, pero también son nuestras madres, y en cierta medida nos dan forma. Las palabras de una oración nos llevan a salvo a través de un valle oscuro, dirigiéndonos a verdes praderas llenas de agua, haciéndonos festejar ante los ojos de un enemigo, como nos enseña a recitar el salmo.

31.- Meditación
En la Audiencia General del 28 de abril de 2021, el Papa se detuvo en «esa forma de oración que es la meditación». «Para un cristiano ‘meditar’ -afirma el Santo Padre- es buscar una síntesis: significa ponerse ante la gran página de la Revelación para tratar de hacerla nuestra, asumiéndola completamente.»

«No hay página del Evangelio -añade el Papa- en la que no haya lugar para nosotros».

Meditar, para nosotros los cristianos, es una manera de encontrarnos con Jesús. Y así, sólo así, encontrarnos de nuevo. Y esto no es un repliegue sobre nosotros mismos, no: ir a Jesús y desde Jesús encontrarnos con nosotros mismos, curados, resucitados, fuertes por la gracia de Jesús. Y conocer a Jesús, salvador de todos, incluso de mí. Y esto gracias a la guía del Espíritu Santo.

32.- Oración contemplativa
En la catequesis del 5 de mayo de 2021, el Papa se detiene en la oración de contemplación. «Ser contemplativo no depende de los ojos, sino del corazón. Y aquí entra en juego la oración, como acto de fe y de amor, como «aliento» de nuestra relación con Dios». «La oración -afirma Francisco- purifica el corazón y, con ella, ilumina también la mirada, permitiendo captar la realidad desde otro punto de vista.

El Papa recuerda también que «la dimensión contemplativa del ser humano -que todavía no es la oración contemplativa- es un poco como la «sal» de la vida: da sabor, da gusto a nuestros días.

Se puede contemplar viendo salir el sol por la mañana, o los árboles que se cubren de verde en primavera; se puede contemplar escuchando música o el canto de los pájaros, leyendo un libro, ante una obra de arte o esa obra maestra que es el rostro humano… Carlo Maria Martini, enviado como obispo a Milán, tituló su primera carta pastoral «La dimensión contemplativa de la vida»: De hecho, quienes viven en una gran ciudad, donde todo -podemos decir- es artificial, donde todo es funcional, corren el riesgo de perder la capacidad de contemplación. Contemplar no es ante todo una forma de hacer, sino que es una forma de ser: ser contemplativo.

33.- La batalla de la oración
En la Audiencia General del 12 de mayo de 2021 El Papa vuelve a presidir la Audiencia General en presencia de los fieles. Sus palabras resuenan, entre los rostros de peregrinos de varios países del mundo, desde el Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico. «Estoy contento de filmar esta reunión cara a cara, porque te digo una cosa: no es agradable hablar delante de la nada, delante de una cámara». Dirigiéndose a los fieles y peregrinos, se detiene en el combate de la oración. Hablando con distancia, volvió a un episodio ocurrido en Argentina. Recordó la historia de una familia. A un padre le dijeron que su hija estaba gravemente enferma a causa de una infección. Según los médicos, no podría pasar la noche. El hombre, llorando, deja a su mujer y a su hija en el hospital. Se sube a un tren y se dirige a la Basílica de Luján donde pasa la noche en oración. Una vez en casa, le dicen que su hija se ha curado inexplicablemente. «La Virgen lo escuchó». «La oración -subrayó el Papa recordando este episodio- obra milagros.

«Siempre -añade el Pontífice- es necesario combatir en la oración para pedir la gracia».

La oración es un combate y el Señor está siempre con nosotros. Si en un momento de ceguera no somos capaces de ver su presencia, tendremos éxito en el futuro. También nos ocurrirá repetir la misma frase que dijo un día el patriarca Jacob: «Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía» (Gn 28,16). Al final de nuestra vida, mirando hacia atrás, también nosotros podremos decir: «Pensé que estaba solo, pero no: Jesús estaba conmigo». Todos podremos decir esto.

34.- Distracciones, aridez, pereza
En la Audiencia General del 19 de mayo de 2021, el Papa reflexionó sobre su experiencia de oración. Y recuerda «algunas dificultades muy comunes». Se detiene especialmente en la distracción, la aridez y la pereza. «Orar», dice, «no es fácil: hay muchas dificultades que se presentan en la oración. Hay que conocerlos, identificarlos y superarlos». «Hay que aprender a caminar siempre». «El verdadero progreso en la vida espiritual -subraya- no consiste en multiplicar los éxtasis, sino en ser capaz de perseverar en los momentos difíciles.

El Papa Francisco también nos insta a dirigir la oración del «por qué» al Padre, como hace un niño con su papá.
No olvides la oración del «¿por qué?»: es la oración que hacen los niños cuando empiezan a no entender las cosas y los psicólogos la llaman «la edad de los porqués», porque el niño pregunta a su padre: «Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…? Papá, ¿por qué…?». Pero cuidado: el niño no escucha la respuesta del papá. El padre empieza a responder y el niño viene con otro por qué. Sólo quiere atraer la mirada de su padre hacia él; y cuando nos enfadamos un poco con Dios y empezamos a decir por qué, estamos atrayendo el corazón de nuestro Padre hacia nuestra miseria, hacia nuestra dificultad, hacia nuestra vida.

35.- La certeza de ser escuchado
La catequesis del 26 de mayo de 2021 gira en torno a un tema: la certeza de ser escuchado. El Pontífice exhorta a tener la «humilde paciencia de esperar la gracia del Señor, de esperar el último día». «El mal -dice- es señor del penúltimo día: en el último día -afirma el Papa- hay resurrección. «Muchas veces, el penúltimo día es muy malo, porque el sufrimiento humano es malo. Pero el Señor está ahí y en el último día lo resuelve todo».

«Cuando rezamos -explicó el Pontífice- debemos ser humildes: ésta es la primera actitud para ir a rezar.
Cuando oramos debemos ser humildes, para que nuestras palabras sean realmente oraciones y no un vaniloquio que Dios rechaza. También podemos rezar por razones equivocadas: por ejemplo, para derrotar al enemigo en la guerra, sin preguntarnos qué piensa Dios de esa guerra. Es fácil escribir en una pancarta «Dios está con nosotros»; muchos están ansiosos por asegurar que Dios está con ellos, pero pocos se molestan en comprobar si realmente están con Dios. En la oración, es Dios quien debe convertirnos; no somos nosotros quienes debemos convertir a Dios. Es la humildad. Voy a rezar, pero Tú, Señor, convierte mi corazón para pedir lo que es conveniente, para pedir lo que será mejor para mi salud espiritual.

36.- Jesús, modelo y alma de toda oración
«Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros intentos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí». El Papa Francisco en su audiencia general del 2 de junio de 2021 destacó que «el amor y la oración de Jesús por cada uno de nosotros no cesa, es más, se hace más intensa y estamos en el centro de su oración.»

«Lo que sostiene a cada uno de nosotros en la vida -dice el Pontífice- es la oración de Jesús por cada uno de nosotros.
Aunque nuestras oraciones fueran sólo tartamudeantes, si se vieran comprometidas por una fe vacilante, nunca debemos dejar de confiar en Él, yo no sé rezar, pero Él reza por mí. Apoyadas en la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones descansan en alas de águila y se elevan al cielo. No lo olvides: Jesús está rezando por mí – ¿Ahora? – Ahora. En el momento de la prueba, en el momento del pecado, incluso en ese momento, Jesús con tanto amor está rezando por mí.

37.- Perseverar en el amor
En la penúltima catequesis sobre la oración, el Papa Francisco, en la Audiencia General del 9 de junio de 2021, reflexiona sobre la perseverancia en la oración. «Es una invitación, más aún, un mandato que nos viene de la Sagrada Escritura. El itinerario espiritual del peregrino ruso comienza cuando encuentra una frase de San Pablo en la Primera Carta a los Tesalonicenses: «Orad sin cesar, dad gracias en todo» (5,17-18). Las palabras del Apóstol impresionaron al hombre y se preguntó cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en tantos momentos diferentes, que no siempre permiten concentrarse». «A partir de esta pregunta comienza su búsqueda, que le llevará a descubrir lo que se llama la oración del corazón. Consiste en repetir con fe: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!».

«Una oración que nos aleja de la concreción de la vida -afirma el Pontífice- se convierte en espiritualismo, o peor, en ritualismo».

Recordemos que Jesús, después de haber mostrado su gloria a los discípulos en el monte Tabor, no quiso prolongar aquel momento de éxtasis, sino que bajó con ellos del monte y reanudó el camino cotidiano. Porque esa experiencia debía permanecer en sus corazones como luz y fuerza para su fe; también como luz y fuerza para los días que estaban por venir: los de la Pasión. Así, los tiempos dedicados a estar con Dios revitalizan la fe, que nos ayuda en la concreción de la vida, y la fe, a su vez, alimenta la oración, sin interrupción. En esta circularidad entre fe, vida y oración, se mantiene vivo el fuego del amor cristiano que Dios espera de nosotros.

El ciclo de catequesis del Papa Francisco sobre la oración concluyó el miércoles 16 de junio. Después de algo más de un año, completa un camino de oración que comenzó el 6 de mayo de 2020. Una oportunidad para meditar en la oración, para acoger la voz del Padre en el corazón.

Amedeo Lomonaco (Vatican News)

Última catequesis sobre la oración: en Jesús encontramos salvación total

El Papa Francisco termina hoy su ciclo de catequesis sobre la oración cristiana durante la audiencia general en el patio de San Dámaso y exhorta a tener el valor y la esperanza de sentir la presencia de Cristo en nosotros: que nuestra vida sea «para dar gloria a Dios».

Ciudad del Vaticano, 16 de junio 2021.- Después de varios meses en los que el Pontífice ha reflexionado sobre la oración cristiana, Francisco recuerda hoy, en su última catequesis sobre este tema, cómo la oración es una de las características más evidentes de la vida de Jesús: “Jesús rezaba y rezaba tanto – ha dicho el Papa – y durante su misión, Jesús se sumerge en ella, porque el diálogo con el Padre es el núcleo incandescente de toda su existencia”.

De hecho – continúa el Papa – “los Evangelios testimonian cómo la oración de Jesús se hizo todavía más intensa y frecuente en la hora de su pasión y muerte”, asegurando que estos sucesos culminantes constituyen el núcleo central de la predicación cristiana, el kerygma: “esas últimas horas vividas por Jesús en Jerusalén son el corazón del Evangelio no solo porque a esta narración los evangelistas reservan, en proporción, un espacio mayor, sino también porque el evento de la muerte y resurrección arroja luz sobre todo el resto de la historia de Jesús”.

Jesús no ofrece salvación episódica, sino la salvación total
Francisco después ha explicado que Jesús no fue “un filántropo” que se hizo cargo de los sufrimientos y de las enfermedades humanas: “fue y es mucho más” dice el Papa. “En Él no hay solamente bondad: hay algo más, está la salvación, y no una salvación episódica – la que me salva de una enfermedad o de un momento de desánimo – sino la salvación total”.

La oración de Jesús es intensa, constante y única
Después, el Papa enumera una serie de acontecimientos en los que vemos a Jesús rezando: “Son las horas decisivas de la pasión y de la muerte, en las que vemos una oración intensa, única y que se convierte en el modelo de nuestra oración” asegura el Papa.

“Él reza de forma dramática en el huerto del Getsemaní, asaltado por una angustia mortal. Reza también en la cruz, envuelto en tinieblas por el silencio de Dios. Es la oración más audaz, porque en la cruz Jesús es el intercesor absoluto: reza por los otros, por todos, también por aquellos que lo condenan, sin que nadie, excepto un pobre malhechor, se ponga de su lado. Todos estaban en contra de Él o eran indiferentes. Sólo ese malhechor reconoció el poder. En medio del drama, en el dolor atroz del alma y del cuerpo, Jesús reza con las palabras de los salmos; con los pobres del mundo, especialmente con los olvidados por todos. Sintió el abandono; y rezó”.

Al final, en la cruz “se cumple el don del Padre – dice el Papa – que ofrece el amor, es decir, se cumple nuestra salvación”.

Jesús nunca nos abandona, siempre reza por nosotros
Al final de su reflexión, Francisco recuerda que incluso en el más doloroso de nuestros sufrimientos, “nunca estamos solos” y “la oración de Jesús está con nosotros para que su palabra nos ayude a avanzar”.

“Recordad – dice el Papa – la gracia de que nosotros no solamente rezamos, sino que, por así decir, hemos sido “rezados”, ya somos acogidos en el diálogo de Jesús con el Padre, en la comunión del Espíritu Santo”. Y no olvidemos – prosigue – que “Jesús reza por mí, incluso en los peores momentos”.

La exhortación final del Pontífice es a “tener coraje y esperanza para sentir fuertemente la oración de Jesús y seguir adelante: que nuestra vida sea un dar gloria a Dios sabiendo que Él reza por mí”.

Mireia Bonilla (Vatican News)

Consejo Mundial de Iglesias comparte esperanza de paz en encuentro Biden-Putin

En vísperas de la cumbre de los presidentes de Rusia y EEUU, los líderes religiosos rezan porque tenga frutos de esperanza y de paz frente a las tensiones geopolíticas y los desafíos del mundo para abordar los impactos sociales y económicos de la pandemia y el cambio climático.

Ciudad del Vaticano, 15 de junio 2021.- El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) dirige una carta abierta y se une en oración, con motivo del encuentro entre los presidentes del Estados Unidos (EEUU) y Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin, que tendrá lugar, mañana 16 de junio, en Ginebra, donde se encuentra la sede de la organización religiosa. Firmada por el secretario general del CMI, Rev. Ioan Sauca la misiva expresa las esperanzas de paz de los líderes religiosos en vísperas de esta primera cumbre donde se tratarán temas que van desde la estabilidad estratégica y la lucha contra la pandemia, hasta asuntos como la cibercriminalidad, la crisis de Ucrania y los derechos humanos.

«Aun luchando por superar la pandemia de COVID-19, el mundo enfrenta desafíos mayores en el futuro para abordar los impactos sociales y económicos más amplios de la pandemia y para enfrentar la amenaza existencial que representa la aceleración del cambio climático a la intrincada red de la vida en nuestro planeta», afirma el rev. Sauca en la carta publicada en el portal de CMI. El líder religioso también señala el “espectro” persistente y una vez más creciente de un conflicto nuclear catastrófico, particularmente en el contexto de la disminución de la cooperación en el control de armas y el aumento de las tensiones geopolíticas.

El secretario general del CMI subraya que, como líderes de dos naciones, con sus historias particulares y roles actuales en los asuntos mundiales, tienen la responsabilidad especial de reducir las tensiones y lograr una relación estable y predecible, a fin de mejorar, en lugar de disminuir, las perspectivas de una cooperación mundial eficaz para abordar las múltiples y complejas crisis que enfrenta el mundo hoy.

Desde su sede en Ginebra, donde se llevará a cabo la cumbre de Biden y Putin, el CMI asegura las a oraciones de todos sus miembros alrededor del por los signos de esperanza de su encuentro. “Oramos para que el Dios de la vida y la paz los inspire y los guíe en esta tarea esencial, por el bien de sus propios pueblos, por nuestra comunidad humana interdependiente y por la creación única y preciosa de Dios”, escribe el líder de la Iglesia ortodoxa en Rumania.

El CMI también compartió una oración por los presidentes Biden y Putin, así como por todos los líderes de todas las naciones del mundo. “Que los guíes por los caminos de la paz y la justicia”, dice la oración. Pide además que conceda sabiduría a todos los que tienen autoridad para que, a medida que gobiernan, seamos librados del pecado que resulta de la guerra y la violencia». Y añade: «Que esta reunión y otras similares, pongan fin al mal que se está infligiendo unos a otros de diversas formas».

Alina Tufani (Vatican News)
Foto de archivo (AFP)

Cardenal Sako: recuperar la convivencia perdida siguiendo el camino de la fraternidad

El Patriarca caldeo subraya cómo la convivencia y la promoción de los valores de tolerancia y respeto no deben reducirse a meros «eslóganes» y recuerda que en Iraq, las antiguas civilizaciones y minorías siempre han convivido pacíficamente en el pasado.

Ciudad del Vaticano, 15 de junio 2021.- Rechazar toda forma de fundamentalismo; educar en los valores de la tolerancia en la familia y en la escuela; promover una sana educación religiosa en las mezquitas e iglesias; reformar el sistema jurídico para garantizar la plena ciudadanía a todos; ofrecer una información correcta, equilibrada y profesional. Esta es la manera de recuperar la «convivencia perdida» y la armonía que siempre ha caracterizado a la sociedad iraquí desde la antigüedad. Así lo afirma el cardenal Louis Raphael Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, en una reflexión publicada ayer en la página web del Patriarcado.

Además, el Patriarca caldeo subraya cómo la convivencia y la promoción de los valores de moderación, tolerancia y respeto no deben reducirse a meros «eslóganes», sino que son el resultado de un proceso educativo e institucional, recordando que en Irak, cuna de las antiguas civilizaciones mesopotámicas, Árabes, kurdos, turcomanos, musulmanes, cristianos, sabeos y yazidíes y otras minorías han convivido pacíficamente en el pasado «porque sentían que pertenecían a una sola tierra y tenían lazos de parentesco, lengua y fe a pesar de la diferencia de religión». «Hoy», observa, «los iraquíes lamentan aquellos tiempos, porque sienten que la mentalidad de cuota, la exclusión religiosa, sectaria y étnica y el caos político han destruido su sociedad y han puesto en peligro el futuro de su país, y querrían recuperar esa convivencia perdida».

Para ello, el cardenal Sako invita a «aprovechar» el feliz resultado de la visita del Papa Francisco a Iraq el pasado mes de marzo. Sus discursos sobre la unidad de los hermanos en la diversidad -dice-, los llamamientos a la paz y a no matar en nombre de la religión, que se suman al Documento sobre la Hermandad Humana firmado el 4 de febrero de 2019 en Abu Dhabi con el jeque de Al-Azhar Ahmed Al-Tayeb, pero también las palabras del Gran Ayatolá Ali al-Sistani durante el histórico encuentro del 6 de marzo son la base desde la que reconstruir esta convivencia en armonía en la sociedad iraquí.

Para que esto sea posible, es necesario en primer lugar renunciar al fundamentalismo en todas sus formas, que -subraya la nota- no es una vuelta a los orígenes, sino que se ha convertido en una ideología «fanática y extremista». «El fundamentalismo utiliza la religión como tapadera de intereses políticos y financieros, rechaza el pluralismo e incita a la eliminación del otro y es «ajeno a la naturaleza de los iraquíes y a su civilización, caracterizada por el pluralismo y la aceptación respetuosa del otro». Por eso hay que combatirlo con un mensaje religioso de signo contrario. En este sentido, es fundamental el papel de la familia y la escuela en la educación de los jóvenes en la tolerancia, el respeto a la fe de los demás y los valores de libertad, justicia e igualdad recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No menos importante es el papel de los medios de comunicación, llamados a ofrecer una información equilibrada, correcta y profesional. A continuación, el cardenal subraya la importancia central de una «sana educación espiritual en las mezquitas e iglesias»: los líderes religiosos deben destacar la riqueza de la diversidad religiosa, social y cultural de la sociedad iraquí. «Hay -señala- versículos de la Biblia y del Corán que apoyan esta visión de convivencia, tolerancia, amor y solidaridad.

A la luz del carácter multiétnico y multirreligioso de la sociedad iraquí, el Patriarca caldeo vuelve a pedir, por último, una reforma de la legislación del país, con especial referencia al estatuto personal y a la libertad de creencia, para garantizar una ciudadanía plena y efectiva a todos los iraquíes, independientemente de su filiación religiosa, étnica y cultural. De hecho, la nueva Constitución de 2005 garantiza formalmente el respeto a la libertad de culto, pero el Islam sigue siendo una religión privilegiada en detrimento de las minorías, que de hecho son discriminadas, incluso en el acceso a los cargos públicos.

Lisa Zengarini (Vatican News)
Imagen: Cardenal Sako