El Papa: el aborto es homicidio, la Iglesia sea cercana y compasiva, no política

El Papa Francisco dialogando con los periodistas en el vuelo de regreso de Eslovaquia, ha hablado del diálogo con las autoridades húngaras, del antisemitismo y de las vacunas, así como también de la comunión a los políticos que aprueban leyes sobre el aborto.

16 de septiembre 2021.- «El aborto es un homicidio» la Iglesia no cambia su posición, pero «cada vez que los Obispos han manejado un problema no como pastores han tomado partido por el lado político». Lo dijo el Papa Francisco dialogando con los periodistas en el vuelo que de Bratislava lo ha llevado a Roma, al final de su Viaje Apostólico a Budapest y Eslovaquia.

István Károly Kuzmányi (Magyar Kurír): Santo Padre le agradecemos por su visita a Budapest, donde citó al Cardenal Mindszenty, que dijo: «Si hay un millón de húngaros que rezan, no tengo miedo del futuro…». ¿Por qué decidió participar después de 21 años en el Congreso Eucarístico de Budapest y cómo ve el cristianismo en Europa?
Algunos pensaban mal de la visita a Budapest, así estaba previsto, pero le prometí a su Presidente que el año que viene o el siguiente podría venir. Son muchos los valores de los húngaros, me llamó la atención el sentido del ecumenismo con una gran profundidad. En general, Europa – siempre lo digo – debe retomar los sueños de sus padres fundadores. La Unión Europea no es una reunión para hacer cosas, hay un espíritu detrás de la UE que soñaron Schumann, Adenauer, De Gasperi. Existe el peligro de que sea sólo una oficina de gestión, y esto no es bueno, tiene que ir directamente a la mística, buscar las raíces de Europa y llevarlas adelante. Y todos los países deben ir adelante. Es cierto que algunos intereses, quizá no europeos, intentan utilizar la Unión Europea para la colonización ideológica, y eso no es bueno. Estuve con ustedes en Transilvania, esa Misa fue hermosa.

Bohumil Petrik (Dennik Standard): La vacunación ha dividido a los cristianos en Eslovaquia. Usted dice que es un acto de amor vacunarse, pero ha habido diferentes enfoques en las diócesis. ¿Cómo podemos reconciliarnos sobre este tema?
Es un poco extraño porque la humanidad tiene una historia de amistad con las vacunas: sarampión, poliomielitis… quizás esta virulencia se deba a la incertidumbre, no sólo de la pandemia. Existe la diversidad de las vacunas y también la fama de algunas vacunas que son un poco más que el agua destilada, esto ha creado un temor. Hay otros que dicen que es un peligro porque dicen que con la vacuna se te mete el virus dentro, incluso en el Colegio de Cardenales hay algunos negacionistas y uno de ellos, pobrecito, está hospitalizado con el virus. La ironía de la vida. No puedo explicarlo bien, algunos dicen que porque las vacunas no están suficientemente probadas. Hay que dejarlo claro: en el Vaticano todos están vacunados, excepto un pequeño grupo que se está estudiando como ayudarlos.

Daniel Verdú Palai (El País): El domingo por la mañana se reunió con Orban y se puede entender algunas de las divergencias. Queríamos preguntarle cómo fue la reunión, si tocaron los temas de los migrantes y qué opina de las leyes sobre los homosexuales que ha promulgado.
Yo recibí la visita, el Presidente vino a verme, tuvo esta cortesía, es la tercera vez que me encuentro con él, y vino con el Primer Ministro y el Viceministro. El Presidente ha hablado. El primer tema ha sido la ecología, de verdad chapeau a ustedes húngaros, la conciencia ecológica que ustedes tienen: me explicó cómo purifican los ríos, cosas que yo no sabía. Luego pregunté por la edad promedio, porque me preocupa el invierno demográfico, en Italia la edad promedio es de 47 años, España creo que es aún peor, muchos pueblos están vacíos o con mucha gente mayor. ¿Cómo se puede resolver esto? El Presidente me explicó la ley que tienen para ayudar a las parejas jóvenes a casarse y tener hijos. Interesante, es una ley bastante parecida a la francesa, pero más desarrollada. Me lo explicaron, allí añadieron algo, el Primer Ministro y el Viceministro sobre cómo era esta ley. Sobre la inmigración, nada. Luego volvimos a la ecología también. La familia, en el sentido de la demografía: se ve que hay muchos jóvenes, muchos niños. También en Eslovaquia hay muchas parejas jóvenes. Ahora el reto es crear puestos de trabajo, para que no salgan a buscarlo afuera. Pero estas han sido las cosas… Ha hablado siempre el Presidente, ambos Ministros añadieron algunos datos. La reunión duró bastante tiempo, unos 40 minutos.

Gerard O’Connell (América): En primer lugar, quería decirle que estamos todos contentos con la operación, que ha dado un resultado espléndido, ¡Usted ha rejuvenecido!
Me han dicho que alguien quería hacerse la operación…. Pero no era una cosa estética.
Usted ha dicho a menudo que todos somos pecadores, y que la Eucaristía no es un premio para los virtuosos, sino una medicina y un alimento para los débiles. Como Usted sabe, en los estados Unidos, tras las últimas elecciones, hubo una discusión entre los Obispos sobre dar la comunión a los políticos que apoyaban las leyes del aborto, y hay Obispos que quieren negar la comunión al Presidente y a otros funcionarios. Otros Obispos están a favor, otros dicen que no hay que usar la Eucaristía como arma. ¿Qué opina y qué aconseja a los Obispos? ¿Y usted, como Obispo, en todos estos años ha negado públicamente la Eucaristía a alguien?
Nunca he negado la Eucaristía a nadie, ¡no sé si alguien ha venido en estas condiciones! Esto como sacerdote. Nunca he sido consciente de tener delante a una persona como la que describes, eso es cierto. La única vez que me ha pasado algo bonito fue cuando fui a celebrar la Misa en una residencia de ancianos, estaba en la sala y dije: ¿quién quiere la comunión? Todos los ancianos levantaron la mano. Una ancianita levantó la mano y tomó la comunión y dijo: «Gracias, soy judía». Y le dije: «¡Lo que te he dado también es judío!». La comunión no es un premio para los perfectos – pensemos en el jansenismo –, la comunión es un don, un regalo, es la presencia de Jesús en la Iglesia y en la comunidad. Entonces, los que no están en la comunidad no pueden comulgar, como esta señora judía, pero el Señor quiso premiarla sin que yo lo supiera. Fuera de la comunidad – excomulgados – porque no están bautizados o se han alejado. El segundo problema, el del aborto: es más que un problema, es un homicidio, quien aborta mata, sin medias palabras. Tomen cualquier libro de embriología para estudiantes de medicina. La tercera semana después de la concepción, todos los órganos ya están ahí, incluso el ADN… es una vida humana, esta vida humana debe ser respetada, ¡este principio es tan claro! A los que no pueden entenderlo, les haría esta pregunta: ¿es correcto matar una vida humana para resolver un problema? ¿Es correcto contratar a un sicario para matar una vida humana? Científicamente es una vida humana. ¿Es correcto sacarlo para resolver un problema? Por eso la Iglesia es tan dura en este tema porque si acepta esto es como si aceptara el homicidio diario. Un Jefe de Estado me decía que el declive demográfico comenzó porque en aquellos años había una ley tan fuerte sobre el aborto que se realizaron seis millones de abortos y esto dejó una caída de los nacimientos en la sociedad de ese país. Ahora vamos a esa persona que no está en la comunidad, no puede comulgar. Y esto no es un castigo, está fuera. Pero el problema no es teológico, es pastoral, cómo gestionamos los Obispos este principio pastoralmente, y si miramos la historia de la Iglesia veremos que cada vez que los Obispos no han gestionado un problema como pastores han tomado partido por el lado político. Pensemos en la noche de San Bartolomé, herejes, sí, degollémoslos a todos…. Pensemos en la cacería de brujas…. en Campo di Fiori a Savonarola. Cuando la Iglesia para defender un principio, lo hace de forma no pastoral, toma partido en el plano político, y así esto ha sido siempre así, basta con mirar la historia. ¿Qué debe hacer el pastor? Ser pastor, no condenar. Sé un pastor, porque es un pastor también para los excomulgados. Pastores con el estilo de Dios, que es cercanía, compasión y ternura. Toda la Biblia lo dice. Un pastor que no sabe ser pastor… No conozco los detalles de los Estados Unidos… ¿Pero si usted es cercano, tierno y das la comunión? Es una hipótesis. El pastor sabe qué hacer en todo momento. Pero si te sales de la pastoral de la Iglesia te conviertes en un político, y eso se ve en todas las condenas no pastorales de la Iglesia… Si dices que puedes dar o no dar, esto es casuística… ¿Recuerdas la tormenta que se armó con Amoris laetitia? ¡Herejía, herejía! Afortunadamente estaba el Cardenal Schoenborn, un gran teólogo, que aclaró las cosas… Son hijos de Dios y necesitan nuestra cercanía pastoral, luego el pastor resuelve las cosas como el Espíritu le indica…

Stefano Maria Paci (Sky Tg 24): Creo que este mensaje que le estoy por anunciar lo considerará como un regalo, me lo pidió de entregárselo Edith Bruck, la escritora judía que visitó en su casa, un largo mensaje firmado «su hermana Edith», en el que le agradece sus gestos y llamamientos contra el antisemitismo durante este viaje.
El antisemitismo está resurgiendo, está de moda, es algo muy, muy feo….
Usted ha hablado de ello con las autoridades húngaras y llegó una resolución de Estrasburgo que invita a reconocer los matrimonios homosexuales. ¿Qué opina sobre esto?
El matrimonio es un sacramento, la Iglesia no tiene poder para cambiar los sacramentos tal y como el Señor los ha instituido. Hay leyes que intentan ayudar a las situaciones de muchas personas que tienen una orientación sexual diferente. Es importante, los Estados tienen la posibilidad de apoyarlos civilmente, darles seguridad de herencia, salud, etc., no solo a los homosexuales, sino a todas las personas que quieran asociarse. Pero el matrimonio es el matrimonio. Esto no significa condenarlos, son nuestros hermanos y hermanas, debemos acompañarlos. Hay leyes civiles, para las viudas, por ejemplo, que quieren asociarse con una ley para tener servicios… existe el PACS francés, pero nada que ver con el matrimonio como sacramento, que es entre un hombre y una mujer. A veces crean confusión. Todos son iguales hermanos y hermanas, el Señor es bueno, quiere la salvación de todos, pero por favor no hagan que la Iglesia niegue su verdad. Muchas personas con orientación homosexual se acercan a la penitencia, piden consejo al sacerdote, la Iglesia les ayuda, pero el sacramento del matrimonio es otra cosa.

Luego el Papa añadió:
He leído una cosa muy bonita sobre uno de ustedes. Se decía que esta periodista está disponible las 24 horas del día para trabajar y que siempre deja que los demás vayan primero y ella detrás, da la palabra a los demás y ella se calla. Esto lo dice Manuel Beltrán, sobre nuestra Eva Fernández, ¡gracias!

Vatican News

Eparca Vasil’: el amplio viaje espiritual del Papa a Eslovaquia

El arzobispo greco-católico se detiene especialmente en el carácter ecuménico del viaje apostólico del Papa Francisco. Desde Eslovaquia, de donde se despidió ayer el Pontífice, se congratula de gestos, palabras, encuentros y liturgias que mostraron el rostro universal de la Iglesia.

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre 2021.- En Eslovaquia, en el corazón de Europa, el viaje apostólico del Papa Francisco ha dejado una fuerte huella ecuménica. El tema de la apertura -el Pontífice se despidió con una invitación a los cristianos a ser tejedores de diálogo en medio del egoísmo- ha marcado los encuentros en esta tierra, entre Oriente y Occidente, así como en Hungría. Unas horas después del final de la visita de Francisco, Monseñor Cyril Vasil’, Eparca greco-católico de Kosiçe, vuelve a recorrer las etapas.

Entrevista con Monseñor Vasil’

¿Qué queda de la visita del Papa para el pueblo eslovaco y la Iglesia eslovaca?
Todo el mundo puede sacar algunas conclusiones de esta visita, encontrar algunos gestos o algunas expresiones en muchos niveles. A nivel social, por ejemplo, su encuentro con los representantes del Estado, con el Presidente de Eslovaquia y con otros representantes del gobierno también tuvo un impacto en la opinión pública, porque se vio que hay una posibilidad de diálogo también con el mundo secular, el mundo político y la fe católica. Ellos también representan el deseo de hacer el bien común. Por ello, el Santo Padre se dirigió tanto al mundo social y político como, durante el encuentro ecuménico, a los obispos y sacerdotes en la catedral de San Martín. Les recordó la forma evangélica de acercarse al mundo actual, con mayor humildad y disposición a aceptar los retos, no con un tono de desafío, sino con la oportunidad de dar testimonio de la fe, la verdad y el Evangelio.


¿Qué se ha llevado de este viaje? Especialmente en referencia al día en Kosiçe, que es su ciudad.
El Santo Padre llegó a Kosiçe y luego se trasladó a Prešov, donde se celebró la Divina Liturgia de San Crisóstomo, celebrada con una devoción que expresa la belleza del rito bizantino y oriental. Fue un hermoso testimonio de la universalidad de la Iglesia.

Por primera vez en la joven historia de Eslovaquia, durante las visitas papales -recordemos también las visitas anteriores de San Juan Pablo II- se celebró la liturgia oriental, la liturgia eucarística que es la máxima expresión de la unidad de la Iglesia.

Tener una liturgia presidida por el Santo Padre, por tantos obispos y arzobispos mayores, metropolitanos y hermanos latinos, fue para nosotros un hermoso testimonio de lo que significa respirar con dos pulmones en la Iglesia católica, porque también existe el «pulmón» oriental.

A continuación, la visita continuó en el barrio habitado principalmente por la comunidad gitana, considerada problemática desde muchos puntos de vista debido a sus características culturales y sociológicas.

El barrio está en la periferia de la ciudad, en el sentido real y material, pero también suele considerarse en la periferia del interés de la mayoría de la sociedad. La visita del Santo Padre fue, por tanto, un mensaje tanto para la comunidad de Eslovaquia como para toda la comunidad gitana, a la que quiso animar sobre todo en sus esfuerzos por lograr una mayor integración. El Santo Padre quiso decir que todos somos bienvenidos en la Iglesia, todos somos hermanos, y este es un mensaje muy importante.

La última celebración en Kosiçe fue un encuentro con los jóvenes en el estadio Lokomotiva, en el que el Santo Padre fue recibido en un ambiente realmente alegre. También allí se habló de testimonios de la vida real: de la preparación al matrimonio, de la castidad prematrimonial, de las dificultades para vivir el sacramento de la Reconciliación.

El Santo Padre se dirigió a los jóvenes, creando un diálogo con la multitud presente al recordarles precisamente esta valentía de seguir opciones difíciles, pero que se basan en la confianza en la Providencia de Dios. No tener miedo a las decisiones, no vivir en la provisionalidad y entonces también seguir un ideal, pero no los sueños e ilusiones que a menudo ofrece la forma mundana de vivir la vida.

El encuentro que tuvo lugar con los jóvenes, también con muchas personas que estaban fuera del estadio, tuvo realmente un ambiente muy alegre.

En lo que respecta a la Divina Liturgia, se prestó especial atención a la Iglesia greco-católica. ¿Hay alguna palabra, algún gesto que le haya llamado la atención a lo largo de todo el viaje apostólico?
Para mí, un recuerdo especialmente grato es que durante la liturgia se expuso el icono de la Madre de Dios del pueblo de Klococov, donde hace 351 años lloraba este icono, en un momento de gran confusión. El icono original ya no se encuentra, este que se exponía es una copia que también peregrinó recientemente desde nuestra diócesis a Roma en la Fiesta de los Santos Pedro y Pablo, cuando se expuso en el altar de la Basílica de San Pedro. Esta vez el Santo Padre vino a devolver la visita que el icono le hizo en Roma y lo coronó de nuevo con dos coronas de plata.

El Santo Padre, después de terminar su oración, comenzó a moverse y de repente se detuvo y volvió a mirar el icono, como si hubiera una oración especial entre ellos o hubiera todavía algo que decirse, antes de irse. Al menos así es como percibí este pequeño gesto, este «matiz espiritual».

Michele Raviart (Vatican News)
Imagen: Santa Misa en el Santuario de Sastin

Una nueva mirada a la confesión, sacramento de la alegría

Al centro del perdón está Dios que nos abraza, no la lista de pecados y nuestra humillación.

La confesión es un «sacramento de la alegría», incluso una «fiesta», en el cielo y en la tierra. El martes 14 de septiembre, en el estadio de Kosice, fue como si el Papa Francisco mirara a los ojos de cada uno de los jóvenes que habían venido a recibirle para invitarlos a vivir el sacramento de la penitencia de una manera nueva. Y lo que el Sucesor de Pedro les dijo fue un consuelo no solo para los presentes, sino para todos los que siguieron el encuentro por televisión o por la web, o incluso simplemente leyeron el discurso papal. Lo que ha cambiado no es el sacramento, poco recurrido hoy en día. Lo que Francisco propuso fue una visión completamente diferente de la confesión en comparación con la experiencia vivida por tantos cristianos y bajo cierto legado dejado por la historia.

En primer lugar, el Papa advirtió que en el sacramento está «el remedio» para los momentos de la vida en que «estamos decaídos». Y a Petra, una joven que le preguntó cómo podían sus contemporáneos «superar los obstáculos en el camino hacia la misericordia de Dios», le respondió con otra interrogación: «Si te pregunto: ¿en qué piensas cuando te confiesas? Estoy casi seguro de la respuesta: en los pecados. Pero, ¿son los pecados realmente el centro de la confesión? ¿Quiere Dios que te acerques a Él pensando en ti, en tus pecados, o en Él?».

El camino cristiano, había dicho Francisco dos días antes en Budapest, comienza con un paso atrás, con apartarse del centro de la vida para dejar espacio a Dios. Este mismo criterio, esta misma perspectiva aplicada a la confesión puede provocar una pequeña-gran revolución copernicana en la vida de cada uno: en el centro del sacramento de la penitencia ya no estoy yo, humillado con una lista de pecados -quizá siempre los mismos- que hay que contar con dificultad al sacerdote. En el centro está el encuentro con Dios que acoge, abraza, perdona y levanta.

«No se acude a la confesión -explicó el Papa a los jóvenes- como personas castigadas que tienen que humillarse, sino como niños que corren a recibir el abrazo del Padre. Y el Padre nos levanta en cada situación, perdona cada pecado. Escuchen bien esto: ¡Dios siempre perdona! ¿Han comprendido? Dios perdona siempre «. No se va a un juez para ajustar cuentas, sino «a Jesús que me ama y me sana».

Francisco aconsejó a los sacerdotes «sentirse» en el lugar de Dios: «Que se sientan en el lugar de Dios Padre que siempre perdona y abraza y acoge. Demos a Dios el primer lugar en la confesión. Si Dios, si Él es el protagonista, todo se vuelve hermoso y confesar se convierte en el Sacramento de la alegría. Sí, de la alegría: no del miedo y del juicio, sino de la alegría».

La nueva mirada al sacramento de la penitencia que propone el Papa nos pide, por tanto, que no permanezcamos presos de la vergüenza por nuestros pecados -vergüenza que «es algo bueno»-, sino que la superemos porque «Dios nunca se avergüenza de ti. Él te ama justo ahí, donde te avergüenzas de ti mismo. Y te ama siempre”. A los que todavía no pueden perdonarse creyendo que ni siquiera Dios puede hacerlo «porque siempre caeré en los mismos pecados», Francisco les dice: «Dios ¿cuándo se ofende? ¿cuándo vas a pedirle perdón? No, nunca. Dios sufre cuando pensamos que no puede perdonarnos, porque es como decirle: ‘Eres débil en el amor’… En cambio, Dios se alegra de perdonarnos, cada vez. Cuando nos levanta cree en nosotros como la primera vez, no se desanima. Somos nosotros los que nos desanimamos, no Él. No ve pecadores a los que etiquetar, sino hijos a los que amar. No ve personas equivocadas, sino hijos amados, tal vez heridos, y entonces tiene aún más compasión y ternura. Y cada vez que nos confesamos -no lo olviden nunca- hay fiesta en el Cielo. ¡Que sea lo mismo en la tierra!”.

De la vergüenza a la fiesta, de la humillación a la alegría. No es el Papa Francisco, sino el Evangelio, donde leemos acerca de aquel padre que espera ansioso a su hijo pecador, mirando continuamente el horizonte, e incluso antes de que tenga tiempo de humillarse, detallando todas sus faltas, lo abraza, lo levanta y hace fiesta con él y por él.

Andrea Tornielli
Imagen: Confesiones en la Plaza de San Pedro
(Foto de archivo)

El Papa a los sacerdotes ancianos: la vejez no es una enfermedad

Francisco envía un mensaje a los sacerdotes que participan en la Jornada de Fraternidad con los obispos lombardos: «No son sólo objeto de asistencia, sino protagonistas activos de la comunidad». «Recen por mí, que estoy un poco viejo y un poco enfermo, pero no tanto». Misa con el arzobispo Delpini, una oración por los sacerdotes muertos en Italia a causa de la pandemia de Covid.

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre 2021.- La vejez no es una enfermedad, sino un privilegio. En una carta a los sacerdotes ancianos y enfermos de Lombardía, el Papa afirma: «Están viviendo una estación, la vejez, que no es una enfermedad sino un privilegio», el privilegio de » asemejarse a Jesús que sufre». El grupo de sacerdotes se ha reunido hoy en Caravaggio, con motivo del Día de la Fraternidad, junto con los obispos de la región. La carta del Papa les fue entregada por el obispo emérito de Mantua, monseñor Roberto Busti.

La enfermedad también es un privilegio
También quien está enfermo, escribe el Papa en su texto, «vive un privilegio» que es el de asemejarse a Jesús «que sufre, y llevar la cruz precisamente como Él». Por eso, la comunidad que atiende a los enfermos «está firmemente arraigada en Jesús». En esta comunidad, los sacerdotes ancianos no son sólo «objetos de asistencia» sino «protagonistas activos», asegura el Papa, porque son «portadores de sueños cargados de memoria y, por tanto, muy importantes para las generaciones más jóvenes».

«Recen por mí, que estoy un poco viejo y un poco enfermo»
«De ustedes viene la linfa para florecer en la vida cristiana y en el ministerio», dice el Papa en las últimas líneas de su carta. Concluye con la habitual petición de oración por él, acompañada de una broma referida a su salud tras la operación de colon del pasado mes de julio: » Les pido, por favor, que recen por mí, que estoy un poco viejo y un poco enfermo, ¡pero no tanto!».

Oración por los sacerdotes muertos de Covid
La Jornada de la Fraternidad, informa la Iglesia de Milán, tuvo lugar con ocasión del habitual encuentro de la Conferencia Episcopal de Lombardía y fue promovida por Unitalsi Lombarda y Cel, con la colaboración organizativa de la Fondazione Opera Aiuto Fraterno. Una procesión de los sacerdotes presentes introdujo el encuentro, al que siguió una misa en el santuario de Santa María del Fonte, presidida por el arzobispo de Milán, monseñor Mario Delpini, y los demás obispos lombardos. Por expreso deseo de Delpini, se rezó en memoria de todos los sacerdotes lombardos víctimas de la pandemia del Covid-19. De los casi 300 sacerdotes muertos en Italia, 92 eran lombardos.

Salvatore Cernuzio (Vatican News)

Ocho consejos del Papa para una buena vida en Asociación, Movimiento o Comunidad

El Papa Francisco se reúne con los moderadores de Asociaciones de fieles, Movimientos Eclesiales y Muevas Comunidades, reunidos en Roma para reflexionar sobre “la responsabilidad del gobierno en las asociaciones de laicos” y les da algunos consejos útiles para responder a los desafíos y los cambios como verdaderos cristianos.

Ciudad del Vaticano, 16 de septiembre 2021.- “La pertenencia a una asociación, a un movimiento o a una comunidad, sobre todo si se refieren a un carisma, no debe encerrarnos en un «barril de hierro», hacernos sentir seguros, como si no fuera necesario responder a los desafíos y a los cambios”. Ha sido uno de los varios consejos que hoy el Papa Francisco ha querido dar a los moderadores de Asociaciones de fieles, Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades que se han reunido con el Pontífice esta mañana en el Aula del Sínodo en el Vaticano.

Hoy el Papa Francisco se ha encontrado con unos 80 moderadores de diferentes Asociaciones de fieles, Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades que se encuentran reunidos gracias a un evento organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, para reflexionar sobre el tema: “La responsabilidad del Gobierno en las Asociaciones de laicos: un servicio eclesial”. Lo primero que ha hecho el Santo Padre es agradecerles por varios motivos: En primer lugar, por su compromiso en vivir y testimoniar el Evangelio en las realidades ordinarias de la vida y especialmente en los países más pobres, “donde muchos de vosotros estáis presentes” ha dicho el Papa. En segundo lugar, les ha dado las gracias “porque no han parado durante la pandemia”: “no habéis dejado de aportar vuestra solidaridad, vuestra ayuda, vuestro testimonio evangélico incluso en los meses más duros, cuando los contagios eran muy altos. Habéis sido testigos de esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos escapar: la pertenencia como hermanos”.

Tras los agradecimientos, el Pontífice ha citado uno a uno algunos consejos útiles para la vida en comunidad, movimiento o asociación:

Todos los bautizados tienen la tarea de evangelizar
El primer consejo del Papa ha sido que «debemos entender que la evangelización es un mandato que viene del Bautismo» y el Bautismo «nos hace sacerdotes juntos, en el sacerdocio de Cristo». De hecho, el Papa asegura que no hay que esperar a que venga el sacerdote, el cura a evangelizar, el misionero: «Sí, lo hacen muy bien, pero los bautizados tienen la tarea de evangelizar. Y ustedes han despertado esto con sus movimientos. Y esto es muy bueno».

¡Un Evangelio sofisticado, no es Evangelio!
Después, el Papa ha citado a la Madre Teresa para hablar sobre la tentación del ateísmo cuando llega en la oración: «La pobre Madre Teresa sufrió tanto porque es una venganza del diablo que vayamos allí, a las periferias donde está Jesús, donde nació Jesús, ¿no? Preferimos un Evangelio sofisticado, un Evangelio destilado. Y esto no es el Evangelio». Por tanto, el consejo del Papa es que el Evangelio es esto, aquellos que, estando en las periferias existenciales de nuestras sociedades, experimentan en carne propia el abandono y la soledad, y sufren muchas necesidades materiales y pobreza moral y espiritual. «Nos hará bien a todos recordar cada día no sólo la pobreza de los demás, sino también, y sobre todo, la nuestra» ha dicho Francisco.

Sentir la responsabilidad de construir el futuro del pueblo de Dios
Otro de los consejos del Papa ha sido que recuerden siempre que construir el futuro no significa dejar el presente que estamos viviendo: “Como miembros de asociaciones de fieles, movimientos eclesiales internacionales y otras comunidades, tenéis la responsabilidad de construir el futuro del Santo Pueblo fiel de Dios, pero debéis recordar siempre que construir el futuro no significa dejar el presente que estamos viviendo. Por el contrario, hay que preparar el futuro aquí y ahora, en la cocina. aprendiendo a escuchar y a discernir el tiempo presente con honestidad y valentía, y con una disposición al encuentro constante con el Señor y a una constante conversión personal”. De hecho – ha dicho el Papa – si no se lleva a cabo esta actitud, se corre el riesgo “de vivir en un «mundo paralelo», destilado, lejos de los verdaderos desafíos de la sociedad, de la cultura y de todas las personas que viven a tu lado y que esperan tu testimonio cristiano”.

Aceptar cambiar modos anticuados y métodos de Apostolado que ya no son eficaces
“La pertenencia a una asociación, a un movimiento o a una comunidad, sobre todo si se refieren a un carisma, no debe encerrarnos en un «barril de hierro», hacernos sentir seguros, como si no fuera necesario responder a los desafíos y a los cambios”. El Papa Francisco recuerda a los moderadores que todos los cristianos estamos siempre en movimiento, siempre en conversión, siempre discerniendo para hacer la voluntad de Dios y es por ello – puntualiza – “que el carisma al que pertenecemos debe ser profundizado cada vez más, y debemos reflexionar juntos para encarnarlo en las nuevas situaciones que vivimos”.

Pero, ¿cómo se consigue esto? El consejo del Papa es que tengamos “una gran docilidad y humildad, para reconocer nuestros límites y aceptar cambiar modos de hacer y de pensar anticuados, o métodos de apostolado que ya no son eficaces, o formas de organización de la vida interna que han resultado inadecuadas o incluso perjudiciales”.

El camino del Evangelio no es un viaje turístico
«En ocasiones, nos encontramos con algunos laicos que confunden el camino con un viaje turístico o confunden el camino con un girar siempre sobre si mismo, sin poder avanzar». El Papa Francisco también advierte que «el camino del Evangelio no es un viaje turístico. Es un reto: cada paso es un reto y cada paso es una llamada de Dios, cada paso es – como decimos en mi país – poner la carne en el asador». El Santo Padre aconseja pues que debemos estar siempre en movimiento, siempre en conversión, siempre discerniendo para hacer la voluntad de Dios y pensar que somos «lo nuevo» en la Iglesia «es una tentación que le ocurre muy a menudo a las nuevas congregaciones o movimientos».

Las tareas de gobierno que se os encomiendan no son otra cosa que una llamada a servir
El sexto consejo del Pontífice esta relacionado con el ejercicio de la gobernanza en el seno de las asociaciones y los movimientos. Se trata de un tema especialmente interesante para el Papa – ha dicho – “sobre todo teniendo en cuenta los casos de abusos de diversa índole que se han producido en estos grupos y que siempre tienen su origen en el abuso de poder”. Por tanto, el consejo del Papa es aceptar que: “en las tareas de gobierno que se os encomiendan en los grupos de laicos a los que pertenecéis no son otra cosa que una llamada a servir”.

Pero, ¿qué significa para un cristiano servir? El Papa señala dos obstáculos que un cristiano puede encontrar en su camino y que le impiden convertirse en un verdadero servidor de Dios y de los demás: el «deseo de poder» y la “deslealtad”.

Rotación en los puestos de gobierno
En cuanto a ese «deseo de poder», el Papa pone el ejemplo de Jesús: “Él nos enseñó que el que manda debe hacerse como el que sirve y que, si alguno quiere ser el primero, que sea el servidor de todos». Pues, tal y como advierte el Santo Padre, “nuestro deseo de poder se puede expresar de muchas maneras en la vida de la Iglesia; por ejemplo, cuando creemos, en virtud del papel que tenemos, que tenemos que tomar decisiones sobre todos los aspectos de la vida de nuestra asociación, diócesis, parroquia, congregación. Delegamos en otros las tareas y responsabilidades de ciertas áreas, ¡pero sólo en teoría! Sin embargo, en la práctica, la delegación en los demás se ve vaciada por el afán de estar en todas partes”. Es por ello que el Papa recuerda que esta voluntad de poder anula toda forma de subsidiariedad y es una mala manera de «disciplinar», por tanto, su consejo es: “prever una rotación en los puestos de gobierno y una representación de todos los miembros en vuestras elecciones”.

No se puede servir al Señor y a otras cosas: esto es doble juego
Por ultimo, Francisco advierte de otro obstáculo para el verdadero servicio cristiano: la deslealtad. “Lo encontramos cuando alguien quiere servir al Señor, pero también sirve a otras cosas que no son el Señor. E dietro a altre cose, sempre ci sono i soldi, no? ¡Es un poco como jugar un doble juego! Decimos con palabras que queremos servir a Dios y a los demás, pero en los hechos servimos a nuestro ego, y nos entregamos a nuestro deseo de aparentar, de obtener reconocimiento, aprecio… No olvidemos que el verdadero servicio es gratuito e incondicional, no conoce cálculos ni exigencias”, dice el Papa.

Por ello, el ultimo consejo del Papa es: “en el desempeño de la función de gobierno que se nos ha confiado, aprendamos a ser verdaderos servidores del Señor y de nuestros hermanos, aprendamos a decir «somos siervos inútiles» y tengamos presente esta expresión de humildad, de docilidad a la voluntad de Dios, que tanto bien hace a la Iglesia y recuerda la actitud adecuada para trabajar en ella: el servicio humilde, del que Jesús nos dio ejemplo, lavando los pies a los discípulos”.

Mireia Bonilla (Vatican News)
Imagen: Consejos útiles del Papa para responder a los desafíos y los cambios como verdaderos cristianos. (@VaticanMedia)

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 19.9.2021, Domingo XXV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“El que acoge a un niño me acoge a mí” 

¿Dónde está el niño que fuiste un día antes de pecar? En tus ojos solo brillaba lo que Dios había dejado en ti. En realidad ese niño está dentro de ti, aunque sepultado por tu pecado. Por eso, solo Dios lo ve y lo añora, porque lo ama. Te propongo dos tareas: desentierra a ese niño que sepultaste con una vida pecaminosa y recupera la inocencia. Acoge al niño que hay dentro de ti y veras la vida distinta. La segunda tarea es más difícil: mira como mira Dios. El siempre busca al niño que hay dentro de cada persona. Búscalo tú también aunque te caiga mal esa persona o te haya dañado. Así también tu podrás amarlos y añorarlos como lo hace Dios.

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20

Se dijeron los impíos: «Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»

SALMO
Sal 53,3-4.5.6 y 8
R/. El Señor sostiene mi vida

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R/.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3

Queridos hermanos: Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia. ¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra. No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó – «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: – «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: – «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

COMENTARIO
Pequeño como un niño

El Evangelio de este domingo nos presenta de nuevo a Jesús de camino a solas con los Doce: “No quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos”. Esta circunstancia y el hecho de ser ya la segunda vez que enseña lo mismo revela la importancia de su enseñanza que se resume así: “El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán y, una vez muerto, después de tres días, resucitará”. Tres acciones; pero el acento recae sobre la tercera: “Resucitará”. Este es el punto que hacía incomprensibles sus palabras: “Los discípulos no entendían lo que les decía y temían preguntarle”.

Ellos creían ciertamente que Jesús iba a resucitar, pe-ro “en el último día”. El problema es que Jesús había dicho claramente: “Después de tres días”. Si le hubieran preguntado, habrían corrido la misma suerte que Marta, la hermana de Lázaro. Cuando Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”, ella sabía que Jesús se refería a la resurrección de su hermano ¡ahora! Pero temió enfrentar este tema y lo evadió: “Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día” (Jn 11,23ss). Por eso Jesús la enfrenta: “Yo soy la resurrección”, y le pregunta: “¿Crees esto?”. Ella responde: “Sí, Señor”. Pero responde así porque teme ahondar; en realidad, sigue sin creer. En efecto, cuando Jesús ordena retirar la piedra del sepulcro, ella insinúa la imprudencia de esa orden: “Señor, ya huele; es el cuarto día”. Entonces Jesús la reprende: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”. Es que ella no creía. Esto es lo que ocurre a los apóstoles: no creen y por eso temen pedir aclaración. La fe verdadera no teme a la razón; la fe procura entender y pide aclaración. Los apóstoles, en cambio, querían entender primero y después creer. Pero este callejón no tiene salida. No entendían; y temen preguntar, pues temen disentir.

La segunda parte del Evangelio nos revela cuál era la preocupación de los Doce: “Por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor”. No había acuerdo sobre este punto, como ocurre a menudo entre los hombres. Por eso para establecer las jerarquías humanas hay que competir y someterse a concursos. Estos concursos establecen grandezas relativas, que rigen sólo entre los hombres, jerarquías basadas en el poder. La jerarquía que Jesús va a establecer es la verdadera, es la que vale ante Dios: “Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos”. Ser el primero ante el mundo y ser servido por todos requiere mucho esfuerzo, pues todos disputan este lugar. En cambio, ser el último y el servidor de todos nadie lo disputa. Este puesto está disponible, pero nadie lo desea. Y, sin embargo, el que ocupa este puesto es el mayor en absoluto. Este es el puesto que ocupó la Virgen María; es el puesto que se disputan los santos. Es el puesto que Jesús se reservó para sí: “Tomó la condición de esclavo” (Fil 2,7).

Con un gesto expresivo Jesús quiere demostrar hasta qué punto él se ha hecho el último: “Tomando un niño lo puso en medio de ellos”. Y se identificó con él: “El que reciba a un niño como éste, a mí me recibe”. Equivale a decir: Este es el puesto que yo he tomado; este es el puesto que deben tomar mis discípulos.

Felipe Bacarreza Rodriguez
Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile)

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(
Mc 9, 30-37)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

La segunda gran sección del evangelio de Marcos está centrada en la futura crucifixión de Jesús, en su fracaso histórico, que conlleva una novedosa (y para algunos, escandalosa) interpretación de lo que significa ser Mesías.

En esta parte, el principal empeño de Jesús va a ser instruir a los Doce sobre ello, una empresa en la que tendrá poco éxito.

En el texto de este domingo tenemos el segundo anuncio de la pasión. A este anuncio le sigue una escena de incomprensión muy seria y grave. Jesús anticipa su futura entrega y muerte; describe de manera indirecta que el servicio y el colocarse en último lugar forman parte indisoluble de su identidad y misión, algo que lógicamente debe afectar a sus seguidores, que han decidido vivir como él.

Sin embargo, los discípulos están a otras cosas, luchando entre sí por ocupar los primeros puestos. Jesús, con enorme paciencia, los instruye poniendo un ejemplo. Toma un niño, lo abraza y enseña a los Doce que el Evangelio tiene que ver con los niños, es decir, con los que en el mundo antiguo ocupaban los estratos más bajos de la escala social.

Jesús invierte las lógicas humanas habituales. Los discípulos discuten sobre quién de ellos es el mayor; Jesús los invita a ser los menores.

Textos: Equipo Eucaristía

PLEGARIA DE LA SEMANA
Haznos de los tuyos, Señor

Una y otra vez queremos oírlo de tus labios, Señor, y dejar que nos cale bien hondo: “El que quiera ser el primero, sea el último y servidor de todos”, Y escucharlo, interiorizarlo y vivirlo. Porque tu Palabra es vida y salvación, es sabiduría y camino de plenitud.

Seguidores de ti, Jesús Maestro, caminamos hacia un buen final. Y resulta que este final no es final, porque nunca llegamos, y cuando llegamos no se acaba, es plenitud, es vida. No caminamos hacia el final, sino en Buenas Manos, en compañía, en relación.

Caminamos porque la vida tiene sentido, orientación y presencia. El sentido que sólo tú, Señor nos vas dando encada momento, en cada encuentro con los hermanos, en cada situación que vivimos. Este es el mejor sentido: ser último y servidor, porque desde arriba nadie puede servir, ni ayudar, ni crecer en fraternidad.

Haznos de los tuyos, Señor. Haznos partícipes de tu justicia y sabiduría. Y ayúdanos porque tu nombre es bueno, eres nuestro auxilio y salvación. Que así sea.

                                                                                                                                              Ángel María Lahuerta Millas

Homilía del 19 de septiembre 2021, Domingo 25 del Tiempo Ordinario B: » La cruz elegida y la elección del servicio»

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 30-37
El Hijo del hombre va a ser entregado
Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó – «¿De qué discutíais por el camino?» Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: – «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: – «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

LA CRUZ ELEGIDA Y LA ELECCIÓN DEL SERVICIO

Jesús continúa con sus discípulos la enseñanza sobre la cruz que había iniciado en Cesárea de Filipo. La incomprensión y oposición que esta enseñanza provoca hace que Jesús la limite exclusivamente a los más cercanos y que evite el encuentro con las masas. En verdad, el mensaje de la cruz sólo puede ser comprendido en el trato personal con el Maestro y, aún así, entenderlo y, sobre todo, aceptarlo no es cosa fácil. Y más si nos damos cuenta de que la cruz no es sólo la aceptación resignada de males que no podemos evitar, sino también un destino elegido. Esta es la clave que nos ofrece la primera lectura. Como un eco de los poemas del siervo de Yahvé del segundo Isaías (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-7; 50, 4-9; 52, 13-15. 53, 10) este texto nos habla de la persecución del justo, que, en un dramático crescendo, llega hasta la condena a una muerte ignominiosa. Existen, de hecho, formas pasivas de presencia de la cruz que no podemos ni debemos buscar, como la enfermedad o la pobreza. Son males indeseables que, cuando resultan inevitables, hemos de tratar de sobrellevar, descubriendo en ellos un sentido que nos une a la cruz de Jesucristo. Pero, en la medida en que podamos evitarlos, debemos hacerlo, respecto de nosotros mismos, procurándonos con honestidad la salud y los medios de una vida digna; y también respecto de los demás, ayudando según nuestras posibilidades a los que sufren a causa de cualquier necesidad material. Jesús mismo alivia el hambre y la enfermedad de los que sufren, enseñándonos con ello que también nosotros debemos ayudar a los que padecen a superar sus males.

En cambio, el texto de la Sabiduría nos habla de una forma de sufrimiento que procede de la propia coherencia de vida, del compromiso con la verdad y la justicia, de la fidelidad a la propia conciencia y a Dios. No es raro que esta fidelidad y coherencia se atraigan la enemistad de algunos, del ambiente dominante que nos rodea, que no puede soportar un comportamiento que, por sí mismo, y aun sin pretenderlo, es una denuncia que pone al descubierto la inmoralidad entorno. La consecuencia de esta coherencia suele ser el rechazo y la persecución, en ocasiones incruenta (ridiculizar, difamar, hacer el vacío…), pero que a veces también llega hasta el derramamiento de sangre. Se trata así de acallar la voz incómoda del profeta, presionándola para que se amolde a formas de maldad socialmente aceptadas. Y, ante esta presión, el perseguido tiene que hacer una elección. Puede ceder y evitar la persecución adaptándose, y renunciando así a su propia conciencia, a sus convicciones morales o religiosas. Pero, a diferencia de las otras cruces, que en lo posible deben ser evitadas, aquí la única opción válida es la de aceptar la persecución para mantenerse fiel a uno mismo, al bien, la verdad, la justicia y la fe. Es decir, esta forma de cruz, si se presenta, ha de ser expresamente elegida, y siempre debemos estar en la disposición de cargar con ella. Así hay que entender este caminar lúcido y libre de Jesús hacia Jerusalén, donde sabe que le espera un proceso injusto y una muerte ignominiosa.

Y ese es el sentido de las palabras con las que Jesús cerraba el evangelio de la semana pasada: “el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. Estas palabras nos ayudan a comprender que elegir esta forma de cruz no tiene nada que ver con una especie de masoquismo espiritual, ni de heroísmo trágico. El anuncio de la pasión va acompañado de la profecía de la resurrección. El mensaje de la cruz es un mensaje pascual, que sin ocultar el rostro terrible y amenazante de la muerte, y una muerte de cruz (es decir, atroz e injusta), habla también del triunfo final del bien, de la justicia y de la vida.

La instrucción a los discípulos, que de momento son incapaces de entender, significa que quien sigue a Jesús ha de aceptar no sólo el hecho de su trágico final, sino la disposición a vivir del mismo modo que él, con la misma coherencia y con las consecuencias negativas que pueden sobrevenir, como el único camino de salvación verdadera. Es una instrucción de vital importancia porque, como se ve en el texto de hoy, mientras Jesús les habla de su próxima pasión, ellos están preocupados por el éxito en este mundo, por alcanzar posiciones de prestigio y poder, que incluso se disputan entre sí. Se puede decir que, al menos de momento, están en ondas completamente distintas. Pero Jesús no desespera por ello. Al contrario, toma pie en esa discusión de los apóstoles para introducirlos en la sabiduría de la cruz por la vía pedagógica del espíritu de servicio.

Frente a la lógica del poder, que busca el reconocimiento, la fama, la riqueza, el ser servido, Jesús propone otra forma de primacía: por un lado, hacerse servidor. No se trata de adoptar un espíritu servil, sino de hacer una libre elección. El servicio realizado libremente es parte de la esencia del amor. Pero, para ello, hay que dejar a un lado las actitudes arrogantes y autosuficientes. Y aquí entra en juego la enseñanza sobre los niños. Estos eran en la cultura del momento el prototipo de la insignificancia social. Jesús toma un niño y lo abraza, y lo señala como “el primero” y el más importante. Es claro que para los apóstoles el más importante era Jesús, al que confesaban como Mesías e Hijo de Dios. Pues bien, Jesús les dice que para acogerle a él, el más importante, tienen que acoger a los que, según los parámetros sociales, carecen de importancia, como ese niño, del que hace sacramento de su persona; y acogiéndole a él en los más pequeños acogen al mismo Dios. El verdadero camino de seguimiento de Jesús, que conduce a la salvación y a la vida, es el camino de la pequeñez (como la “infancia espiritual” de santa Teresa de Lisieux), del servicio y de la cruz.

La carta de Santiago nos da un cumplido ejemplo de esta sabiduría de la cruz. Cuando uno elige “ser importante”, “el más importante”, surge inmediatamente el conflicto, la envidia, la rivalidad, el desorden y toda clase de males. Esto es lo que sucede cuando uno pretende ante todo dar satisfacción a sus pasiones, poniendo a su servicio a los demás y las cosas más sagradas. Como atestigua Santiago, esto puede pasar incluso en el seno de la comunidad cristiana. Lo que indica hasta qué punto muchos creyentes siguen y seguimos sin entender ni aceptar el camino de la cruz y del servicio que nos propone Jesús. Y si esto es así, ¿qué testimonio pueden (podemos) dar? ¿Cómo anunciar el evangelio de Jesucristo, del amor y de la paz, si vivimos en contradicción con la enseñanza de nuestro Maestro? Cuando tal sucede, ¿no estamos volviendo sosa la sal y escondiendo la luz bajo el celemín? (cf. Mt 5, 13-16). Una fe vivida de modo tan incoherente hace estéril nuestra vida y vacía nuestra oración. Pero, no lo olvidemos, los discípulos tampoco entendieron enseguida las enseñanzas de Jesús. Igual que ellos, también nosotros estamos en camino, y tenemos la posibilidad de volvernos a la escucha de la Palabra, que es el mismo Cristo, y que nos comunica la sabiduría que viene de arriba, con sus actitudes de paz, comprensión, tolerancia y misericordia, y que da frutos de justicia y buenas obras, de servicio constante y sincero. Esta es la consecuencia de la escucha, acogida y comprensión de la Palabra del Señor, de la sabiduría de la cruz: convertirnos en mensajeros y agentes de paz, en servidores, primero en la propia comunidad cristiana y, después, en el mundo entero.

Desde San Petersburgo (Rusia)
José María Vegas, cmf
Sacerdote claretiano y filósofo

Hoja Parroquial de Santa María de Majadahonda. Eucaristía del 12.9.2021, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

INTRODUCCIÓN
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Pedro le contestó: “Tú eres el Mesías”

El contenido de esta profesión de fe constituye el tema central de la fe cristiana: reconocer que Jesús es el “Mesías”, término hebreo que corresponde al griego “Cristos” y significa ungido o consagrado, es decir, elegido para realizar la misión de hacer presente en la tierra el reino de Dios –o sea el poder misericordioso y salvador de Dios que es Amor–. Los profetas del Antiguo Tes-tamento habían anunciado la promesa de un Salvador que sería ungido por Dios mismo como liberador del pueblo de Israel después de las experiencias dolorosas del destierro y de la opresión sufrida durante las distintas dominaciones extranjeras. Por eso existía en tiempo de Jesús la espe-ranza en un Mesías guerrero que recobraría el poder político derrotando al imperio romano. Y esta es precisamente la razón por la cual Jesús, después de ser reconocido por Pedro como el Cristo o Mesías, “les prohibió que se lo dijeran a otros”: para que no se confundiera su misión con la de un líder político. Este tipo de liderazgo era el que anhelaban muchos, por lo cual no les cabía en la cabeza a los discípulos de Jesús que Él les hablara de su pasión y muerte, aunque agregara la resurrección. Y por eso mismo Pedro se resiste a aceptar este anuncio.

Las palabras de Jesús ante la reacción de Pedro parecen a primera vista muy duras al llamarlo “Sa-tanás”, palabra proveniente del hebreo que significa adversario y corresponde al grie-go diábolos, es decir, el que se opone a la voluntad de Dios. Pero lo que quiere decir este apelati-vo es que, al resistirse Pedro a aceptar la pasión y muerte de Aquel a quien acababa de reconocer como el Mesías, ya no estaba siendo inspirado por Dios –o por el buen espíritu–, sino movido espíritu del mal, a cuyas tentaciones había tenido que enfrentarse Jesús en el desierto inmediata-mente antes del comienzo de su vida pública.

“Si alguien quiere venir conmigo, renuncie a sí mismo, cargue su cruz …”
Esta exhortación de Jesús es diametralmente contraria a la tentación de una vida sin esfuerzo y un éxito fácil. Por eso, si queremos ser de verdad seguidores de Cristo, tenemos que identificarnos con Él: salir cada cual de sí mismo renunciando a toda forma de egoísmo, para ponerse al servicio del Reino de Dios, reino de justicia, de amor y de paz, hasta las últimas consecuencias.

En la primera lectura, el libro que lleva el nombre de Isaías (50, 5-9) anuncia al Mesías no como un rey terreno que domina, sino como el servidor sufriente que se somete al dolor sin oponer re-sistencia. Los textos proféticos del libro de Isaías que, como este, son llamados “poemas del sier-vo de Yahvé” o del servidor de Dios, nos ofrecen un relato anticipado de la pasión redentora del Mesías prometido, la misma que Jesús les anuncia a sus discípulos inmediatamente después de la profesión de fe de Pedro.

Ahora bien, la pasión de Jesucristo y su muerte en la cruz no son presentadas por los Evangelios para que las contemplemos pasivamente, sino para que nos identifiquemos con Aquél que dio su vida por toda la humanidad, y nos dispongamos también a realizar el Reino de Dios mediante una actitud de servicio, a imagen y semejanza del mismo Jesús, quien diría más adelante también a sus discípulos después del segundo y del tercer anuncio de su pasión: “el Hijo del hombre –como solía llamase Él a sí mismo– no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10, 45).

“¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras?”
Expresar nuestra fe en Jesu-Cristo implica demostrarla con las obras. Esta relación indisoluble entre el reconocimiento de Jesús y la realización de sus enseñanzas es precisamente la que nos plantea la segunda lectura, tomada de la Carta de Santiago (2, 14-18). El ejemplo que ilustra este planteamiento es muy claro: ante la situación de quien carece de ropa y alimento, no basta con decir “que les vaya bien, vístanse y aliméntense”, sino que es preciso hacer algo para ayudar a resolver el problema.

¿Cómo es nuestra relación entre la fe por la que reconocemos a Jesús como el Cristo, y las obras con las que podemos mostrar que este reconocimiento es sincero? En definitiva, lo que cuenta son las obras. Por eso dice Santiago: “muéstrame tu fe sin las obras, que yo, con las obras, te probaré mi fe”. En la eternidad nos llevaremos sorpresas. Muchos que recitaban el Credo, pero sin llevar a la práctica lo que significa, no habrán logrado la felicidad. En cambio, quienes realizaron con sus obras más que con sus palabras lo que significa creer en Dios, que es creer en el Amor, alcanzarán la salvación prometida a quienes renunciaron al egoísmo para promover una sociedad más justa y más solidaria con los que sufren. Y por lo mismo, muchos ateos o agnósticos, si sus obras fueron acordes con la voluntad de Dios que es voluntad de Amor, lograrán le felicidad eterna. Porque quienes niegan a Dios o dudan de su existencia, lo que suelen rechazar es una falsa imagen de Él; pero si sus obras son rectas, cumplen de hecho la voluntad de Dios, aunque no profesen con pala-bras un credo religioso.

Gabriel Jaime Pérez, SJ

DIOS NOS HABLA

PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

SALMO
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R/.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.» R/.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R/.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

COMENTARIO
¿Quién es Jesús para mí?

En el esquema literario que se ha planteado Marcos, justamente en la mitad de su Evangelio, sitúa la escena que acabamos de escuchar. Jesús ya sabe que su tarea misionera tiene «fecha de cadu-cidad», pues va notando las distintas reacciones a su presencia y a su mensaje. Y decide hacer como un «balance general», planteando a los discípulos una pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? Que es algo así como si les preguntara: «¿Vosotros pensáis que la gente se está enterando de algo?».

Yo tengo la impresión de que esta pregunta le importa menos a Jesús que la siguiente: «¿Y voso-tros?». Y tengo esa impresión porque Jesús tiene una inquietud lógica: «El día que yo falte, estos serán los que me tomen el relevo. ¿Qué contarán a las gentes? ¿Qué les dirán de mí?». En defini-tiva: ¿Qué han comprendido de mí?.

Por una parte, cabría esperar que quienes pasan tanto tiempo con Jesús en público y en privado… se hayan enterado mejor que «la gente» de la identidad y las pretensiones de Jesús. Pero ya he-mos visto que…¡no! Precisamente Pedro, en el nombre de los Doce, dejar ver que sus intereses, ideas, proyectos y pretensiones… condicionan su percepción. Suele decirse que no vemos las co-sas como son, sino como somos nosotros. Y Pedro ha dado una «definición» correcta sobre Jesús, sí. Pero el contenido de la definición, lo que se esconde detrás de sus palabras… está bastante lejos de los planes de Jesús, provocando que el Maestro se enfade.

Es decir: que los que nos consideramos «cercanos», compañeros, y discípulos de Jesús tenemos el serio peligro de no captar el auténtico proyecto, las pretensiones, la identidad de Jesús de Naza-reth… y sin embargo estar convencidos de que estamos en la verdad.

Al meditar esta escena evangélica… esta vez he sentido una llamada a dar mi respuesta personal a esta pregunta. Da un cierto pudor, pero la fe siempre ha sido un asunto de compartir, de contrastar, de vivirla con otros. Parafraseando a San Agustín: «Soy sacerdote para vosotros, y soy cristiano con vosotros». Y como cristiano, sin pretender dar lecciones, y tomando nota de la metedura de pata de Pedro… os comparto algunas cosas de las que digo y vivo:

     Þ Lo primero de todo es la convicción de que no lo conozco bien todavía, soy siempre un aprendiz, un buscador. Si nunca se puede decir de otra persona «te conozco de sobra», ni siquiera de uno mismo, mucho menos se puede decir del Señor.  Me ha ayudado el estudio bíblico y teoló-gico, claro. Y lo que enseña la Iglesia. Pero sobre todo me ha ayudado mi caminar cada día, mi pro-pia experiencia personal... y los cuestionamientos y experiencias personales de los herma-nos. Escuchar, confesar, acompañar, dialogar con personas muy distintas le hace a uno repensar, revisar, replantear cosas que parecían asentadas y claras.

Recuerdo a un grupo de matrimonios con los que me reunía para tratar temas, experiencias e in-quietudes sobre la fe y la vida. No pocas veces querían saber mi opinión sobre lo que se estaba tratando, y me preguntaban. Y yo empezaba a responder… Un amigo del grupo solía darme una patada por debajo de la mesa, y me decía: No te hemos preguntado lo que «piensas» tú, o la Iglesia o lo que dice el Catecismo. Te preguntamos «¿esto cómo lo vives tú?». «Nos ayuda más saber tu vivencia (aunque sea pobre y limitada) que las ideas».. Y… ¡a menudo me costaba responder! Uno se pone en el rol de cura y tiene salidas y respuestas para todo. Pero si uno tiene que hablar desde sí mismo… Aprendí mucho de esas «patadas» por debajo de la mesa.

     Þ Me marcó mucho la experiencia del Apóstol San Pablo. Una frase que encontré en una de sus Cartas en los comienzos de mi formación como seminarista se me grabó muy dentro: «Ya no soy yo el que vive, sino que es Cristo quien vive en mí... y vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí». Sentí que había ahí una clave «para mí». Era el reto de descubrir una Presencia interior que me acompaña y que quiere ir tomando posesión de todos los aspectos de mi vida... de modo que Él pueda actuar a través de mí. Se trata de una tarea interminable, para toda la vida. Y en ese «por mí» había un ofrecimiento generoso e incondicional suyo que aguardaba mi respuesta de amor y entrega. Él había entrado en mi vida, me llamaba y me acompaña desde en-tonces, aunque queden ámbitos de mi vida de los que aún no ha logrado apropiarse.

     Þ Mi trabajo pastoral y educativo me llevó a descubrir a Jesús como «el hombre de los en-cuentros». Esa capacidad que él tenía de acoger, sanar, reintegrar, defender, valorar, animar, com-prender, salir a buscar... a tantos como se cruzaban en el camino. La vida con sentido, la vida feliz, tiene que ver con el irse «llenando el corazón de nombres» (P. Casaldáliga) ... y dejando un poco de ti en el corazón de otros.

     Þ Me he sentido no pocas veces comprendido y perdonado por él, cuando yo me hacía mil reproches y me sentía culpable de caer en las mismas cosas una y otra vez. Y eso me ha enseñado a ayudar a los demás a que no se machaquen por sus errores y pecados, a que no se juzguen con tanta dureza, a ofrecerles de su parte misericordia, y animarles a encontrar caminos nuevos, sanar heridas.... Es que lo importante no es que seamos «perfectos», sino que, con imperfecciones in-cluidas, nos empeñemos en el amor... que es el centro del Evangelio.

Þ Me encanta poder sentarme con él a la Mesa de la Acción de Gracias y sentirme de su familia, de sus discípulos, hermanarme con los que la comparten conmigo, orar con ellos, por ellos y desde ellos. Y sobre todo recordar que yo también tengo que ser pan que se parte, cuer-po/persona que se entrega, renovando en las Eucaristías ese «Cristo vive en mí» que tan grabado se me quedó.

     Þ El Jesús que yo vivo y «digo» con mi vida es un creador de comunidad. Él no quiso reco-rrer su camino misionero en solitario, y dedicó mucha atención y esfuerzos a crear «gru-po/comunidad» de hermanos. Este es para mí hoy un gran reto, pues nuestra cultura y nuestra vivencia del seguimiento de Jesús es a menudo demasiado solitaria, individualista, «por libre», cada uno como puede. Y me resulta muy difícil. No me falta la inquietud por buscar a quienes deseen, necesiten, busquen compartir vida y fe con otros. No sé cuáles serían hoy los caminos más ade-cuados para convocar, ilusionar, contagiar ganas de construir comunidades de fe y vida. Y le sigo dando vueltas, porque pocas veces lo he conseguido.

     Þ Para más decir, el pasado viernes, con motivo de nuestro Capítulo General, el Papa Fran-cisco nos hizo estas recomendaciones:

Que es importante pensar en una vida de oración y contemplación que nos permita hablar, como amigos, cara a cara con el Señor y contemplar el Espejo, que es Cristo, para que nos convirtamos en espejo para los demás”. Nos advirtió del enorme riesgo que supone la mundanidad espiritual y en la necesidad de guardar el sentido del humor. Que nuestra mi-sión debe ser desde la cercanía y la proximidad. «No os olvidéis cuál es el estilo de Dios: proximidad, compasión y ternura. Así actuó Dios desde que eligió a su pueblo hasta el día de hoy. Y también nos ha pedido no ser pasivos ante los dramas que viven muchos de nuestros contemporáneos, sino que nos juguemos el tipo en la lucha por la dignidad huma-na, y por el respeto por los derechos fundamentales de la persona. Que seamos hombres de la esperanza que no conoce miedos, porque en nuestra fragilidad se manifiesta la fuerza de Dios.

Totalmente de acuerdo. Se ve que nos conoce bien. Y creo que estas palabras no son exclusivas para los Claretianos.
En fin, estas son algunas de las cosas que digo sobre «Jesús». Incompletas, imperfectas, con dudas, con dolor, no siempre con coherencia, y más veces son deseos que hechos. Pero siempre ilusionado y dispuesto a seguir aprendiendo y madurando. Ojalá que el Señor nunca me tenga que dar un tirón de orejas, como a Pedro, por pretender tenerlo claro, o encerrarle o adaptar-lo a mis esquemas es intereses particulares. Y convencido de que hoy más que nunca necesitamos compartir fe, vida, oración, camino… porque Jesús no sobra en este siglo XXI. Puede que sobren palabras, inercias, modos más propios de otros tiempos…. pero no sobra Jesucristo ni sobran los testimonios personales sobre Jesús, esas«obras» de las que hablaba hoy el apóstol Santiago.

         Y os dejo una tarea (de comienzo de curso): QUE CADA UNO RESPONDA A ESTA PREGUNTA DEL MAESTRO. Le interesa, le importa. Aunque cueste. ¡Y vaya si cuesta! A mí hoy me ha costado!

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
(Mc 8, 27-36)
POR JOSÉ FERNANDO LÓPEZ DE HARO
Párroco de Santa María

Este fragmento de Marcos forma parte de la sección central del conjunto de la obra. Tiene una función literaria y teológica muy importante ya que a partir de aquí el evangelio da un giro rotundo. Si la primera parte está fundamentalmente dedicada a exponer el éxito de la misión de Jesús, en lo que sigue el capítulo 8 el centro lo va a ocupar la peculiar manera en la que Jesús entiende su mesianismo: asumiendo las resistencias humanas, el rechazo y el conflicto que suscita en muchos su evangelio; un mesianismo, por tanto, que no será glorioso ni exitoso en el plano político y social, sino todo lo contrario.

Los anuncios de la pasión, de los cuales tenemos en el texto de hoy el primero, están destinados precisamente a instruir a los discípulos sobre el difícil destino de Jesús.

Pedro no acepta la visión que tiene Jesús de su mesianismo, y se atreve incluso a recriminar al Maestro. Jesús reacciona con contundencia. La expresión “ponte detrás de mí” remite a la escena de la llamada a los primeros discípulos (Mc 1, 17-20).

La vocación de Pedro debe ser renovada a la luz del horizonte de fracaso y de muerte que se presenta. Debe aceptar el camino elegido por Jesús, dispuesto a entregar la propia vida por ser fiel al proyecto de Dios.

Textos Equipo Eucaristía

PLEGARIA PARA LA SEMANA
Jesús de Nazaret

¿Cómo dejarte ser solo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz desnudas,
contradicción y paz. ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada.

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

                                       Pedro Casaldáliga

Homilía del 12 de septiembre 2021, Domingo 24 del Tiempo Ordinario B: «Preguntas peligrosas»

SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 8, 27-35
Tú eres el Mesías… El Hijo del hombre tiene que padecer mucho

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

PREGUNTAS PELIGROSAS

No es difícil imaginar las muchas conversaciones que Jesús sostenía con sus discípulos “por el camino”. Muchas tendrían que ver con el sentido de su vida y su misión y, al hilo de los acontecimientos, con la aclaración de su identidad (rabino, maestro, profeta…), y con la relación que los que le seguían tenían o habían de tener con él. En su pedagogía, Jesús iba revelando quién era él realmente en la medida en que los discípulos podían entender. Caminando por las aldeas de Cesárea de Felipe, lejos de las masas de Galilea y de las hostilidades de Judea, Jesús dirige a sus apóstoles, a los más cercanos, una pregunta decisiva y peligrosa. Al principio la plantea en relación con “la gente”, esto es, pregunta por las opiniones que sobre él corrían por ahí. Hay que reconocer que las opiniones respecto de Jesús eran entonces (y suelen ser hoy también) bastante positivas: se le identifica con los referentes más relevantes de la historia de Israel: un profeta, y no un profeta cualquiera, sino Elías, o Juan el Bautista. Hoy se escuchan otras opiniones, en general también favorables, que lo identifican con un maestro de moral, o un luchador en favor de la igualdad y la justicia, un utópico del amor, un pacifista…, es decir, con referentes que, en opinión de esas gentes, tienen una coloración positiva. Pero a esa pregunta no es posible responder sólo con una mera opinión. Cuando Jesús se dirige a sus apóstoles (y, en ellos, a cada uno de nosotros) está pidiendo que nos definamos, que tomemos postura, una postura que afecta a nuestra vida entera. La respuesta correcta a esa pregunta no es una opinión, sino, como en el caso de Pedro hoy, una confesión: Tú eres el Mesías. No sólo un profeta, ni siquiera un gran profeta, sino aquel de quien hablaron todos los profetas, al que el Pueblo de Israel esperaba, el que había de cumplir todas las antiguas promesas.

Podemos estar de acuerdo en que la respuesta de Pedro es más que una opinión, que es una confesión y una confesión correcta, una confesión que muchos de nosotros estamos dispuestos a formular en esos mismos términos, pues profesamos la misma fe que Pedro y reconocemos en Jesús de Nazaret al Hijo de Dios, al Dios con nosotros, al salvador del mundo y de los hombres. Pero, ¿por qué decimos que esa pregunta es peligrosa? ¿Qué peligro hay en confesar a Jesús?.

Nos enfrentamos aquí con una cuestión decisiva en la recta comprensión del cristianismo (no sé si de toda religión, pero, desde luego, sí del cristianismo).

Hablando de opiniones, hay una muy extendida según la cual la actitud religiosa (y la cristiana) procede del miedo (a la muerte, a la responsabilidad, a la dureza del mundo…), y es una especie de refugio para débiles. Pero si leemos atentamente las lecturas de hoy nos tenemos que convencer justamente de lo contrario. Vayamos al texto de Isaías. Hace falta mucho valor para escuchar la Palabra de Dios. En modo alguno se trata de un refugio o de una huída: hay que tener mucho valor para escuchar y acoger una Palabra que nos desafía, nos exige, nos llama a adoptar posturas arriesgadas, a enfrentarnos con enemistades, persecuciones, injurias. El siervo de Yahvé que habla en este pasaje no es uno que huya, que busque refugios contra la intemperie… Al revés, es uno que vive al raso, en espacio abierto, y que por afrontar el desafío de la Palabra de Dios está dispuesto a todo.

También Santiago, siempre tan conciso y directo, nos da un buen ejemplo al respecto. A veces se ha pretendido enfrentar al Santiago de las obras con el Pablo de la justificación por la sola fe. Pero esa confrontación no tiene sentido. Implica, en primer lugar, desconocer las múltiples exhortaciones paulinas a una vida acorde con la fe: por la fe nos convertimos en nuevas criaturas, y esa novedad no puede no reflejarse en un concreto modo de vida. En esto el acuerdo se da no sólo entre Pablo y Santiago, sino también con Juan (y el mandamiento del amor) y los evangelistas sinópticos, como Mateo en su descripción del Juicio final por las obras de misericordia (cf. Mt 25, 31-46). Santiago nos reta a no separar la fe de la vida, y a que la fe se refleje realmente en la vida. Y eso no se hace con buenas palabras, sino con obras que tocan la carne de los necesitados. Como vemos, la Palabra, no sólo no es un refugio contra la intemperie, sino que nos manda salir a esa intemperie a remediar las necesidades de los que viven y sufren en ella.

Todo lo anterior lo confirma el texto del Evangelio, el diálogo en el camino, allá en Cesárea de Felipe. La fe confesada, hemos dicho, no es una opinión, sino el fruto de una experiencia de seguimiento, es decir, el resultado de un camino recorrido en contacto con Jesús. Decir que la fe es una gracia no niega lo anterior, pues el seguimiento es ya una gracia, fruto de una llamada gratuita. Y el que, como Pedro, confiesa a Jesús al llegar a este punto del camino se encuentra con sorpresas incómodas, con revelaciones peligrosas e inesperadas. Que Jesús es el Mesías lo podemos entender en el sentido de que es Rey, de que tiene poder, de que junto a él el pan está asegurado, y también, por tanto, el éxito, el favor de Dios. Pero hete aquí que Jesús, una vez que lo hemos confesado, nos dice que su mesianismo no es triunfante, hecho de poder y de éxito, sino, al contrario, que es un mesianismo de cruz, de sufrimiento y de muerte. Y no es fácil aceptar esta revelación, esta palabra dura y desencarnada. Basta que miremos la reacción de Pedro, que se puede interpretar así: sí, creo en ti, pero no acepto la cruz. Y esto no es una mera posición teórica. A diferencia de Pedro, para nosotros, aceptar la cruz como acontecimiento pasado puede resultar relativamente fácil. Pero el problema es cuando la cruz aparece en concreto en nuestra vida, con rostros inesperados, en situaciones imprevistas, o también en aspectos de la cotidianidad que se nos antojan inasumibles. También ahí, nosotros, como Pedro, nos ponemos a increpar a Jesús, eso sí, con la mejor intención: indulgentes para con Cristo, pero en el fondo, indulgentes para con nosotros mismos. Y entonces las palabras de Jesús se vuelven más duras y desafiantes: nos dicen que nosotros, creyentes sinceros y confesantes, estamos convirtiéndonos en los enemigos de Dios que, como Satanás, luchan contra Él, lo tientan, proponiéndole un camino mesiánico más fácil.

Ante la inevitable presencia de la cruz en la vida humana, también en la nuestra, Jesús nos llama una vez más a tener coraje, a no huir, a no pararnos al borde del camino, llorando nuestra mala suerte, nuestras penas y desgracias. Con frecuencia la cruz se convierte para nosotros en la excusa perfecta para no caminar, para no salir al encuentro del necesitado, para no amar. Decimos algo parecido a esto: “yo quisiera ser un buen cristiano, incluso ser santo, pero… soy pobre, estoy enfermo, los que me rodean me molestan en mi empeño, me siento débil, me asaltan muchas tentaciones…” Nos sentamos al borde del camino y lloramos por la cruz que nos ha tocado en suerte (en mala suerte, se entiende). Entonces escuchamos la voz de Jesús que nos dice, “deja de lamentarte, toma la cruz y camina, muévete, no hagas de todas esas cosas (que yo he tomado sobre mí) malas excusas para no amar”.

Porque es verdad que el amor nos lleva, como a Jesús, a asumir incomodidades y sinsabores, a estar dispuestos a dar la vida, a perder, a aceptar la cruz. No es cosa de cobardes ni de débiles, sino de fuertes y de valientes. Y si sentimos que, de hecho, nos faltan las fuerzas y el valor, tenemos que tener el coraje de mirar a Cristo, sabiendo que tomamos la cruz para seguirle a Él, en quien creemos, con la confianza de que la aparente derrota de la cruz es la victoria del amor sobre el pecado, la debilidad y la muerte, es el verdadero camino de la salvación. En las palabras de Jesús que cierran el Evangelio de hoy resuenan estas otras del Evangelio de Juan: “En el mundo tendréis tribulación. Pero tened valor, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Desde San Petersburgo (Rusia)
José María Vegas, cmf
Sacerdote claretiano y filósofo

Haití: Asesinado el padre André Sylvestre. Cuidaba a los niños huérfanos

El sacerdote, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia en Robillard, Cabo Haitiano, una de las ciudades más pobladas de Haití, habría sido asesinado durante un intento de robo.

Ciudad del Vaticano, 8 de septiembre 2021.- El padre André Sylvestre tenía 70 años. El párroco de Nuestra Señora de la Misericordia en Robillard, en Cabo Haitiano, fue probablemente víctima de una de las bandas de delincuentes que tienen secuestrada a Haití en los últimos meses, grupos armados que han proliferado especialmente tras el reciente y desastroso terremoto que causó muerte y destrucción en un país ya muy debilitado por un terremoto anterior y una crisis política que parece no tener salida. El padre André, que fue tiroteado mientras estaba en la calle, fue víctima de dos jóvenes que le dispararon desde una moto y luego le quitaron lo que llevaba. El intento no tuvo éxito debido a la multitud que rodeó inmediatamente al sacerdote herido de muerte. Fue trasladado de urgencia al hospital, donde el padre Sylvestre murió inmediatamente después de ser ingresado.

El padre Sylvestre celebrando la Eucaristía

Una vida dedicada a los jóvenes huérfanos y a los pobres
Por desgracia, el crimen ha interrumpido drásticamente la labor del padre André Sylvestre, que dirigía un orfanato y estaba muy cerca de los sin techo, a los que ayudaba a diario con obras de caridad. Ya en abril pasado, un grupo de cinco sacerdotes, dos monjas y siete laicos fueron secuestrados. Este fue uno de los primeros episodios que expusieron el empeoramiento de la situación social en Haití.

Imagen: Padre André Sylvestre