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Crónica del 22º viaje apostólico internacional del Papa. Primera etapa: Chile

(ZENIT).- El Papa Francisco ya viaja hacia Santiago de Chile. El Santo Padre ha llegado al aeropuerto de Fiumicino a las 8:12 horas, y a las 8:15 h. subió al avión de Alitalia, que lo llevará al país latinoamericano.

Antes de trasladarse al aeropuerto, el Santo Padre ha encomendado el viaje a la Virgen María en la Basílica de Santa María la Mayor, como tiene por costumbre cada vez que realiza un viaje apostólico.

Este es el viaje más largo del pontificado de Francisco hasta la fecha. Su Santidad tiene por delante 30.000 kilómetros entre Chile y Perú, son los 8º y 9º países de América Latina que visitará.

Está previsto que el avión aterrice a las 20:10 horas (00:10 h. en Roma) en el aeropuerto internacional de Santiago de Chile, donde le recibirán con una ceremonia de bienvenida.

El Santo Padre va a bordo de un avión ‘Boeing 777-200’ (B772), en el vuelo AZA4000, que recorrerá 11.905 kilómetros, a una velocidad de 887 kilómetros por hora.

En torno a las 21 horas (1 hora en Roma) llegará a la nunciatura apostólica de Santiago de Chile, donde pernoctará hasta el jueves, 18 de enero.

“Los frutos de la Guerra”

En el avión, el Pontífice ha repartido a los periodistas una estampa con una fotografía acompañada de una única frase: “Los frutos de la Guerra”.

Al lado de la fotografía, un texto que describe: un niño que espera su turno en el crematorio para su hermano muerto en la espalda. Es la foto que tomó un fotógrafo americano Joseph Roger O´Donnell después del bombardeo atómico en Nagasaki. La tristeza del niño solo se expresa en sus labios mordidos y rezumados de sangre”.

El Santo Padre Francisco visitará en Chile las ciudades de Santiago, Iquique y Temuco. Desde allí partirá hacia Perú el jueves, 18 de enero, donde visitará las ciudades de Lima, Trujillo y Puerto Maldonado.

Esta mañana ha empezado el 22° viaje apostólico internacional del Santo Padre Francisco con destino a Chile y Perú.El avión en que viaja el Santo Padre (un B777 de Alitalia) ha despegado del aeropuerto internacional  de Roma-Fiumicino a las 8.30 El aterrizaje en el aeropuerto internacional de Santiago de Chile está previsto a las 20.10 locales (00.10 hora de Roma).

Telegrama al Presidente de la República Italiana
Mientras dejaba el territorio italiano con rumbo a Chile y Perú, el Santo Padre ha enviado al Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, un telegrama, como es habitual.

En el mensaje, el Papa envía un saludo “deferente” al Presidente italiano que acompaña con “férvidos deseos de bienestar espiritual, civil y social del pueblo italiano” y la bendición apostólica al país, al salir de Roma con destino a Chile y Perú “para sostener la misión de la Iglesia local y llevar un mensaje de esperanza”, ha señalado el Santo Padre.

Rosa Die Alcolea
Imagen: El Papa monta en el avión que le llevará a Chile
(© L’Osservatore Romano)

“¡Francisco, amigo, Chile está contigo!”: Santiago recibe al Papa

El Papa Francisco saluda a Michelle Bachelet, Presidenta de Chile (© Iglesia de Santiago)

(ZENIT).- Al grito de “¡Esta es la juventud del Papa!”, “¡Francisco, amigo, Chile está contigo!” o “¡Se nota, se siente, el Papa está presente!”, los chilenos han recibido al Santo Padre en la calles de Santiago, capital del país.

Casi con una hora de adelanto, el Santo Padre llegó al aeropuerto de Santiago de Chile pasadas las 19 horas (23 horas en Roma), para comenzar su 22º viaje apostólico internacional, a Chile y a Perú, que durará hasta el 21 de enero.

Ceremonia de bienvenida
Mons. Ivo Scapolo, Nuncio Apostólico en Chile, subió al avión a dar la bienvenida al Pontífice, quien bajó lentamente la escalinata. Ya en suelo chileno, el Santo Padre fue saludado por Michelle Bachelet, Presidenta de país, por el Cardenal Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago, y por Mons. Santiago Silva, Presidente de la Conferencia Episcopal.

El momento más emotivo –apunta el Arzobispado de Santiago– fue la interpretación de un villancico navideño por parte de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana, cantado por la niña Constanza Wilson, a quien el Papa abrazó y le regaló un rosario.

Durante la ceremonia de bienvenida Francisco se salió un par de veces del protocolo para saludar personalmente a algunas de las personas allí presentes, señala el Arzobispado de Santiago.

Obispo de los pobres
Desde el aeropuerto, Francisco se trasladó a la parroquia de San Luis Beltrán donde ha visitado la tumba del Obispo de los pobres: Enrique Alvear.

En el lugar le esperaban cientos de vecinos de Pudahuel saludándolo con afecto y emoción. Junto al Cardenal Ricardo Ezzati y al P. Julio Larrondo, el Papa se acercó luego a la tumba de D. Enrique Alvear, el Obispo de los Pobres que hoy se encuentra en proceso de canonización en El Vaticano.

Nunciatura apostólica
Después, se ha dirigido a la nunciatura apostólica en el papa móvil, un jeep blanco blindado, acompañado de algunos sacerdotes y miembros de seguridad.

Al paso de Francisco por las calles de la capital chilena, saludando y bendiciendo a los fieles, se oían muchos cantos y gritos de entusiasmo de todos los chilenos que recibían con alegría al Papa.

Con una gran sonrisa y repartiendo saludos y bendiciones, el Papa Francisco llegó a la nunciatura apostólica de Santiago a las 20:45 horas (00:45 horas en Roma).

Allí le esperaban numerosas familias, jóvenes, niños, mayores… muchos vestían las camisetas amarillas que se han preparado para el viaje y ondeaban las banderitas con el logo de la visita apostólica.

Un coro de niños y otro de niñas acompañaban el momento de la entrada de Francisco en la nunciatura, donde pernoctará los días 15, 16 y 17 de enero de 2018.

Rosa Die Alcolea

Francisco: “Debemos destruir las armas nucleares”

“Tengo miedo de una guerra nuclear. Estamos al límite”
El Papa Francisco en el vuelo papal a Chile (© Iglesia de Santiago)

(ZENIT).- El Papa Francisco repartió a los periodistas en el vuelo papal a Chile una fotografía tomada en Nagasaki después del lanzamiento de la bomba atómica en 1945, de un niño en fila para el horno crematorio que lleva a su pequeño hermano sobre los hombros.

El Santo Padre explicó a los periodistas: “Esta imagen la he encontrado por casualidad y fue tomada en 1945. Me he conmovido cuando la he visto esto y he querido escribir: el fruto de la guerra. He querido imprimirla y darla porque una imagen conmueve más que mil palabras”.

Después el Papa ha pasado a saludar a los periodistas uno a uno y le han preguntado si tenía miedo de una guerra nuclear: “Si, tengo miedo de verdad. Estamos al límite, basta un incidente. No se puede precipitar la situación. Debemos destruir las armas nucleares”, informa el Arzobispado de Santiago.

Rosa Die Alcolea

Chile: Mensajes de esperanza de Francisco en los momentos difíciles

Relación del Santo Padre con Chile
Inicios de la vida sacerdotal del Papa (© Iglesia de Santiago)

(ZENIT).- “Para mí no será un viaje difícil. Tengo muchos amigos y conozco bien Chile”,  señaló el Papa Francisco a la prensa en el vuelo hacia Chile, hoy, 15 de enero de 2018.

A solo horas de llegar al aeropuerto de Santiago, el Arzobispado de Chile relata los recuerdos del Papa en Chile durante los años 60′ y algunos de sus mensajes para el país.

Inicios de su vida sacerdotal
El Arzobispado de Santiago relata la relación del Papa Francisco con Chile: ha estado presente desde los inicios de su vida sacerdotal, fue en la orden Jesuita, específicamente en la casa de retiro de San Alberto Hurtado, donde en sus primeros años de formación como sacerdote profundizó sus estudios de historia, literatura, latín y griego.

El periodista Javier Cámara, cercano al Papa, visitó a fines de octubre el país –informa la Iglesia de Santiago– y dio a conocer un mail que intercambió con Francisco sobre los recuerdos que tiene de Chile. De este mensaje destaca su aprecio a la formación recibida en la Compañía de Jesús y la respuesta que vio en sus hermanos tras el sismo 9.5 de Valdivia:

“Quizá lo que más me dio el año de juniorado fue una marcada apertura al humanismo. Y esto no sólo por los estudios clásicos que hice, sino por el modo cómo estaba encarnada la formación. El equipo de formadores ayudaba a crecer en el conocimiento (intelectual, afectivo y de belleza) de la realidad. El horizonte se ampliaba y la espiritualidad ignaciana era vivida con una gran riqueza humana y espiritual. La dirección espiritual era muy bien cuidada y armonizaba el conjunto”, destacando los cursos dictados por el P. José Donoso: “Eran de mucha categoría. Esto me marcó notablemente”.

“Ese año, 1960, también viví de modo muy cercano la tragedia del terremoto. Buena parte de mis compañeros se desplazaron al sur para ayudar. Esto indica la capacidad que tenía la formación que se nos daba para asumir los hechos de la vida e integrarlos en nuestra vida apostólica y religiosa. Los superiores sabían armonizar todos los aspectos”, destacó el Pontífice.

Mensajes de aliento para Chile
El Santo Padre “se ha hecho presente con mensajes de esperanza, en las grandes catástrofes y momentos difíciles de Chile”. Sin ir más lejos, en septiembre de 2015, envió fuerza y señaló estar unido en oración con los familiares de las víctimas del terremoto de 8,4 grados Richter que afectó a Chile y que tuvo su epicentro en Canela, Cuarta Región, narra el Arzobispado de Santiago.

En enero de 2017 apoyó a quienes sufrieron los embates de los incendios forestales que afectaron a gran parte del país: “Elevo oraciones para que el Señor conceda fortaleza y consuelo a los damnificados por las deflagraciones e inspire en todos sentimientos de solidaridad, para que en estos momentos tan difíciles colaboren eficazmente, con generosidad y caridad, a atenuar el dolor y superar las adversidades”.

En el contexto de la Visita Ad Limina que realizan los obispos de Chile en el Vaticano en febrero de 2017, el Papa Francisco lanzó un mensaje a través de un vídeo a los sacerdotes y comunidades parroquiales de Santiago –que enfrentan contextos de tráfico de drogas y violencia– a “luchar contra las mafias que imponen la droga”.

El Pontífice dirigió estas palabras a los sacerdotes chilenos: “Mis hermanos sacerdotes que trabajan en la frontera de la droga-dependencia y tienen que luchar por prevenir a los chicos, por sacar a los chicos y luchar contra las mafias que imponen la droga. Que el Señor los acompañe, a veces pienso que están en el Huerto de los Olivos. No dejen de rezar, que Dios los bendiga”.

Misa en Santiago de Chile: “¿Quieres paz? Trabaja por la paz”

Homilía del Papa en la Misa del parque O´Higgins
Francisco ha dedicado su homilía a la paz y las bienaventuranzas (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT).- “¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz”, ha exhortado el Santo Padre.

El Papa Francisco ha reflexionado a partir del pasaje de las bienaventuranzas del Evangelio, en la Misa celebrada hoy, 16 de enero de 2018, en el parque O´Higgins de Santiago de Chile.

“La bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros”, anuncia Francisco en la Misa que preside el segundo día en Santiago de Chile.

Así, el Papa ha recordado una frase del Cardenal chileno Raúl Silva Henríquez: «“Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre».

“Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división. De esta manera”, ha señalado el Sumo Pontífice.

RD

Homilía del Papa Francisco

«Al ver a la multitud» (Mt 5,1). En estas primeras palabras del Evangelio encontramos la actitud con la que Jesús quiere salir a nuestro encuentro, la misma actitud con la que Dios siempre ha sorprendido a su pueblo (cf. Ex 3,7). La primera actitud de Jesús es ver, es mirar el rostro de los suyos. Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús… son los rostros, son personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir.

Al ver a la multitud, Jesús encuentra el rostro de la gente que lo seguía y lo más lindo es ver que ellos, a su vez, encuentran en la mirada de Jesús el eco de sus búsquedas y anhelos. De ese encuentro nace este elenco de bienaventuranzas que son el horizonte hacia el cual somos invitados y desafiados a caminar. Las bienaventuranzas no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estadísticas de lo que acontece. No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un «clic», en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando «se te mueve el piso» o «se inundan los sueños» y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar.

¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón apela Jesús; para ese corazón son las bienaventuranzas!

Las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la «palabrería barata» de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza «es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa» (Pablo Neruda, El habitante y su esperanza, 5).

Jesús, al decirle bienaventurado al pobre, al que ha llorado, al afligido, al paciente, al que ha perdonado… viene a extirpar la inmovilidad paralizante del que cree que las cosas no pueden cambiar, del que ha dejado de creer en el poder transformador de Dios Padre y en sus hermanos, especialmente en sus hermanos más frágiles, en sus hermanos descartados. Jesús, al proclamar las bienaventuranzas viene a sacudir esa postración negativa llamada resignación que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los demás; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Esa resignación que nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos los ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros.

Las bienaventuranzas son ese nuevo día para todos aquellos que siguen apostando al futuro, que siguen soñando, que siguen dejándose tocar e impulsar por el Espíritu de Dios.

Qué bien nos hace pensar que Jesús desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decirnos: bienaventurados… Sí, bienaventurado vos y vos; bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Espíritu de Dios y luchan y trabajan por ese nuevo día, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el reino de los cielos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

Frente a la resignación que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división. De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz.

No puedo dejar de evocar a ese gran pastor que tuvo Santiago cuando en un Te Deum decía: «“Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre» (Card. Raúl Silva Henríquez, Homilía en el Te Deum Ecuménico, 18 septiembre 1977).

¡Sembrar la paz a golpe de proximidad (gran aplauso al Papa), a golpe de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar. El trabajador de la paz sabe que muchas veces es necesario vencer grandes o sutiles mezquindades y ambiciones, que nacen de pretender crecer y «darse un nombre», de tener prestigio a costa de otros. El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como decía san Alberto Hurtado: «Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien» (el Papa recibe un gran aplauso) (Meditación radial, abril 1944).

Construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.

Encomendémonos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Cristóbal cuida y acompaña esta ciudad. Que ella nos ayude a vivir y a desear el espíritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

© Librería Editorial Vaticano

Santiago de Chile: 400.000 personas participan en la Eucaristía del Papa

El Papa ha coronado la imagen de la Virgen del Carmen
El Papa Francisco preside la Misa en Santiago de Chile (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT).- Más de 400.000 personas, según ha indicado Vatican News, han participado en la primera Misa que celebra el Papa Francisco en Chile, 8º país de América Latina que visita.

La Eucaristía ha sido celebrada en el parque O´Higgins, el segundo más grande de la capital de Chile. Según indican en Vatican News, cuenta con una extensión de más de 70 mil metros cuadrados.

Francisco ha coronado la bendita imagen de la Virgen del Carmen y la del Niño Jesús que le acompañaba durante la celebración de la Misa.

En el centro del gran altar preparado para la ceremonia, de color blanco y austero, presidía el enorme crucifijo con la figura de Cristo, y a la derecha, las imágenes de la Virgen del Carmen y el Niño Jesús. También se podían ver las imágenes de los santos chilenos: Santa Teresa de los Andes y San Alberto Hurtado.

Miles de fieles de Chile y de otros países cercanos, como Argentina, ondeaban los banderines y escuchaban al Santo Padre en el inmenso parque O´Higgins, gracias a las pantallas y altavoces colocados por todo el recinto.

Asimismo, en la Misa ha sido muy visible el logo de esta visita apostólica, que lleva por lema: “Mi paz os doy”. En este icono, hay 3 elementos principales: La cruz; dos referencias al Papa, que son su firma y el color amarillo del Vaticano; y 3 referencias a Chile: el mapa, el nombre y los colores de su bandera.

Para el momento del ofertorio, han participado un grupo de jóvenes chilenos vestidos con los trajes típicos de las diferentes regiones del país, caracterizados por sus colores y vivos tejidos.

Al final de la Eucaristía, el Arzobispo de Chile ha dirigido al Pontífice unas palabras de gratitud por la visita a Chile.

Rosa Die Alcolea

Chile: Francisco invita a los obispos a recuperar la “conciencia de ser pueblo”

Discurso a los obispos chilenos
El Papa se ha dirigido a los obispos chilenos. (Vatican News)

(ZENIT).- “La conciencia de ser pueblo, de ser pueblo de Dios”, es la idea que ha retomado el Papa Francisco del encuentro que tuvo en Roma con los obispos de Chile, en la última visita ad limina, celebrada en febrero de 2017.

A las 18:15 horas (22:15 h. en Roma), el Santo Padre Francisco se ha encontrado con cerca de 50 obispos de Chile, en la Sacristía de la Catedral de Santiago. Después del saludo del Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Santiago Silva Retamales, el Papa ha pronunciado un discurso.

“Digámoslo claro –ha advertido Francisco– los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados”, y ha indicado que “La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro”.

«El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cf. Lumen gentium, 9-14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados», ha recordado el Papa a los obispos chilenos.

Así, el Pontífice ha pedido que velen contra esta tentación, especialmente en los seminarios y en todo el proceso formativo, y ha reconocido estar preocupado por la formación que reciben los seminaristas en este aspecto.

Al término del encuentro, esperaban al Santo Padre 10 delegados de iglesias no católicas y religiones no cristianas, y después el Papa se ha trasladado en coche al Santuario de San Alberto Hurtado, donde se ha encontrado con sacerdotes jesuitas.

Rosa Die Alcolea

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos:

Agradezco las palabras que el Presidente de la Conferencia Episcopal me ha dirigido en nombre de todos ustedes.

En primer lugar, quiero saludar a Mons. Bernardino Piñera Carvallo, que este año cumplirá 60 años de obispo (es el obispo más anciano del mundo, tanto en edad como en años de episcopado), y que ha vivido cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Hermosa memoria viviente.

Dentro de poco se cumplirá un año de su visita ad limina, ahora me tocó a mí venir a visitarlos y me alegra que este encuentro sea después de haber estado con el «mundo consagrado». Ya que una de nuestras principales tareas consiste precisamente en estar cerca de nuestros consagrados, de nuestros presbíteros. Si el pastor anda disperso, las ovejas también se dispersarán y quedarán al alcance de cualquier lobo. Hermanos, ¡la paternidad del obispo con su presbiterio! Una paternidad que no es ni paternalismo ni abuso de autoridad. Un don a pedir. Estén cerca de sus curas al estilo de san José. Una paternidad que ayuda a crecer y a desarrollar los carismas que el Espíritu ha querido derramar en sus respectivos presbiterios.

Sé que tenemos poco tiempo para este «saludo», pero me gustaría retomar algunos puntos del encuentro que tuvimos en Roma y que puedo resumir en la siguiente frase: la conciencia de ser pueblo.

Uno de los problemas que enfrentan nuestras sociedades hoy en día es el sentimiento de orfandad, es decir, sentir que no pertenecen a nadie. Este sentir «postmoderno» se puede colar en nosotros y en nuestro clero; entonces empezamos a creer que no pertenecemos a nadie, nos olvidamos de que somos parte del santo Pueblo fiel de Dios y que la Iglesia no es ni será nunca de una élite de consagrados, sacerdotes u obispos. No podremos sostener nuestra vida, nuestra vocación o ministerio sin esta conciencia de ser Pueblo. Olvidarnos de esto —como expresé a la Comisión para América Latina— «acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal y comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado».[1] La falta de conciencia de pertenecer al Pueblo de Dios como servidores, y no como dueños, nos puede llevar a una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar: el clericalismo, que resulta una caricatura de la vocación recibida.

La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro. Digámoslo claro, los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como «loros» lo que decimos. «El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cf. Lumen gentium, 9-14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados».[2]

Velemos, por favor, contra esta tentación, especialmente en los seminarios y en todo el proceso formativo. Los seminarios deben poner el énfasis en que los futuros sacerdotes sean capaces de servir al santo Pueblo fiel de Dios, reconociendo la diversidad de culturas y renunciando a la tentación de cualquier forma de clericalismo. El sacerdote es ministro de Jesucristo: protagonista que se hace presente en todo el Pueblo de Dios. Los sacerdotes del mañana deben formarse mirando al mañana: su ministerio se desarrollará en un mundo secularizado y, por lo tanto, nos exige a nosotros pastores discernir cómo prepararlos para desarrollar su misión en ese escenario concreto y no en nuestros «mundos o estados ideales». Una misión que se da en unidad fraternal con todo el Pueblo de Dios. Codo a codo, impulsando y estimulando al laicado en un clima de discernimiento y sinodalidad, dos características esenciales en el sacerdote del mañana. No al clericalismo y a mundos ideales que sólo entran en nuestros esquemas pero que no tocan la vida de nadie.

Y aquí, pedir, pedir al Espíritu Santo el don de soñar y trabajar por una opción misionera y profética que sea capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización de Chile más que para una autopreservación eclesiástica. No le tengamos miedo a despojarnos de lo que nos aparte del mandato misionero.[3]

Hermanos, encomendémonos a la protección maternal de María, Madre de Chile. Recemos juntos por nuestros presbiterios, por nuestros consagrados; recemos por el santo Pueblo fiel de Dios.

[1] Carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (21 marzo 2016).
[2] Ibíd.
[3] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 27.

© Librería Editorial Vaticano

Chile: “Conciencia de ser hombres y mujeres perdonados, fuente de nuestra alegría”

Francisco a religiosos, consagrados y seminaristas 
Encuentro del Papa con religiosos, consagrados y seminaristas en Santiago de Chile (© L’Osservatore Romano)

Encuentro con consagrados y seminaristas: Amar a una Iglesia herida y renovar nuestro “sí”

(ZENIT – 16 enero 2018).- “¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús?”, ha preguntado el Papa Francisco a cada uno de los presentes.

“Somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría”, ha anunciado el Santo Padre a los religiosos, consagrados y seminaristas congregados en la Catedral de Santiago de Chile, en el encuentro celebrado a las 17:15 horas (21:15 h. en Roma), el martes 16 de enero de 2018.

En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.

“Selfie vocacional”
Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande –ha aclarado el Papa– “No existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer!”, ha dicho.

El Papa ha recordado que “una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo”, frase que los presentes en el templo han aplaudido sonoramente.

“Pastores que sepan tender una mano”
Francisco ha denunciado que ve con “cierta preocupación” que existen comunidades que “viven arrastradas más por la desesperación de estar en cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse y salir a tocar la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel”.

Así, el Sumo Pontífice ha señalado que “el Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús, ayuden a salir de ese círculo de «masticar» la desolación que envenena el alma”.

RD

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra poder compartir este encuentro con ustedes. Me gustó la manera con la que el Card. Ezzati los iba presentando: aquí están… las consagradas, los consagrados, los presbíteros, los diáconos permanentes, los seminaristas. Me vino a la memoria el día de nuestra ordenación o consagración cuando, después de la presentación, decíamos: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.

Y para ello, creo que nos puede ayudar partir del pasaje del Evangelio que escuchamos y compartir tres momentos de Pedro y de la primera comunidad: Pedro/la comunidad abatida, Pedro/la comunidad misericordiada, y Pedro/la comunidad transfigurada. Juego con este binomio Pedro-comunidad ya que la vivencia de los apóstoles siempre tiene este doble aspecto, uno personal y uno comunitario. Van de la mano y no los podemos separar. Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe la selfie vocacional. La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡qué le vamos a hacer!

  1. Pedro abatido

Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos, ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos.

Recompongamos la escena. Habían matado a Jesús; algunas mujeres decían que estaba vivo (cf. Lc 24,22-24). Si bien habían visto a Jesús Resucitado, el acontecimiento es tan fuerte que los discípulos necesitarán tiempo para comprender lo sucedido. Comprensión que les llegará en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo. La irrupción del Resucitado llevará tiempo para calar en el corazón de los suyos.

Los discípulos vuelven a su tierra. Van a hacer lo que sabían hacer: pescar. No estaban todos, sólo algunos. ¿Divididos, fragmentados? No lo sabemos. Lo que nos dice la Escritura es que los que estaban no pescaron nada. Tienen las redes vacías.

Pero había otro vacío que pesaba inconscientemente sobre ellos: el desconcierto y la turbación por la muerte de su Maestro. Ya no está, fue crucificado. Pero no sólo Él estaba crucificado, sino que ellos también, ya que la muerte de Jesús puso en evidencia un torbellino de conflictos en el corazón de sus amigos. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás huyeron y se escondieron. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se marchó. En cuestión de días todo se vino abajo. Son las horas del desconcierto y la turbación en la vida del discípulo. En los momentos «en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etc., es levantada por acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Existen varias tentaciones propias de este tiempo: discutir ideas, no darle la debida atención al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores… y creo que la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación».[1] Sí, quedarse rumiando la desolación.

Como nos decía el Card. Ezzati, «la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción».

Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuanto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza. Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo.

Me gustaría añadir además otro aspecto importante. Nuestras sociedades están cambiando. El Chile de hoy es muy distinto al que conocí en tiempo de mi juventud, cuando me formaba. Están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias. A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante. Que la promesa es de ayer, pero para mañana. Y podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros.

Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se nos presenta. La realidad personal, comunitaria y social. Las redes —dicen los discípulos— están vacías, y podemos comprender los sentimientos que esto genera. Vuelven a casa sin grandes aventuras que contar, vuelven a casa con las manos vacías, vuelven a casa abatidos.

¿Qué quedó de esos discípulos fuertes, animados, airosos, que se sentían elegidos y que habían dejado todo para seguir a Jesús? (cf. Mc 1,16-20); ¿qué quedó de esos discípulos seguros de sí, que irían a prisión y hasta darían la vida por su Maestro (cf. Lc 22,33), que para defenderlo querían mandar fuego sobre la tierra (cf. Lc 9,54), por el que desenvainarían la espada y darían batalla? (cf. Lc 22,49-51); ¿qué quedó del Pedro que increpaba a su Maestro acerca de cómo tendría que llevar adelante su vida? (cf. Mc 8,31-33).

  1. Pedro misericordiado

Es la hora de la verdad en la vida de la primera comunidad. Es la hora en la que Pedro se confrontó con parte de sí mismo. Con la parte de su verdad que muchas veces no quería ver. Hizo experiencia de su limitación, de su fragilidad, de su ser pecador. Pedro el temperamental, el jefe impulsivo y salvador, con una buena dosis de autosuficiencia y exceso de confianza en sí mismo y en sus posibilidades, tuvo que someterse a su debilidad y pecado. Él era tan pecador como los otros, era tan necesitado como los otros, era tan frágil como los otros. Pedro falló a quien juró cuidar. Hora crucial en la vida de Pedro.

Como discípulos, como Iglesia, nos puede pasar lo mismo: hay momentos en los que nos confrontamos no con nuestras glorias, sino con nuestra debilidad. Horas cruciales en la vida de los discípulos, pero en esa hora es también donde nace el apóstol. Dejemos que el texto nos lleve de la mano.

«Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» (Jn 21,15).

Después de comer, Jesús invita a Pedro a dar un paseo y la única palabra es una pregunta, una pregunta de amor: ¿Me amas? Jesús no va al reproche ni a la condena. Lo único que quiere hacer es salvar a Pedro. Lo quiere salvar del peligro de quedarse encerrado en su pecado, de que quede «masticando» la desolación fruto de su limitación; del peligro de claudicar, por sus limitaciones, de todo lo bueno que había vivido con Jesús. Jesús lo quiere salvar del encierro y del aislamiento. Lo quiere salvar de esa actitud destructiva que es victimizarse o, al contrario, caer en un «da todo lo mismo» y que al final termina aguando cualquier compromiso en el más perjudicial relativismo. Quiere liberarlo de tomar a quien se le opone como si fuese un enemigo, o no aceptar con serenidad las contradicciones o las críticas. Quiere liberarlo de la tristeza y especialmente del mal humor. Con esa pregunta, Jesús invita a Pedro a que escuche su corazón y aprenda a discernir. Ya que «no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Jesús quiere evitar que Pedro se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado»,[2] como nos puede pasar en estas situaciones.

Jesús interrogó a Pedro sobre su amor e insistió en él hasta que este pudo darle una respuesta realista: «Sí, Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Así Jesús lo confirma en la misión. Así lo vuelve definitivamente su apóstol.

¿Qué es lo que fortalece a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene a nosotros apóstoles? Una sola cosa: «Fuimos tratados con misericordia» (1 Tm 1,12-16). «En medio de nuestros pecados, límites, miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. Cada uno de nosotros podría hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia».[3] No estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los «mortales». Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. (Gran aplauso al Papa) Y esa es la fuente de nuestra alegría. Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección. Es quien, al estilo de Jesús, no va a encontrar a sus hermanos con el reproche y la condena.

Jesucristo no se presenta a los suyos sin llagas; precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular o esconder nuestras llagas. Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo. (Aplauso de los presentes)

La conciencia de tener llagas nos libera; sí, nos libera de volvernos autorreferenciales, de creernos superiores. Nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado».[4]

En Jesús, nuestras llagas son resucitadas. Nos hacen solidarios; nos ayudan a derribar los muros que nos encierran en una actitud elitista para estimularnos a tender puentes e ir a encontrarnos con tantos sedientos del mismo amor misericordioso que sólo Cristo nos puede brindar. «¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de nuestra frente».[5] Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse y salir a tocar la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel. (Gran aplauso al Santo Padre)

Qué cuestionadora reflexión la de ese santo chileno que advertía: «Serán, pues, métodos falsos todos lo que sean impuestos por uniformidad; todos los que pretendan dirigirnos a Dios haciéndonos olvidar de nuestros hermanos; todos los que nos hagan cerrar los ojos sobre el universo, en lugar de enseñarnos a abrirlos para elevar todo al Creador de todo ser; todos los que nos hagan egoístas y nos replieguen sobre nosotros mismos».[6]

El Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús, ayuden a salir de ese círculo de «masticar» la desolación que envenena el alma.

  1. Pedro transfigurado

Jesús invita a Pedro a discernir y así comienzan a cobrar fuerza muchos acontecimientos de la vida de Pedro, como el gesto profético del lavatorio de los pies. Pedro, el que se resistía a dejarse lavar los pies, comenzaba a comprender que la verdadera grandeza pasa por hacerse pequeño y servidor.[7]

¡Qué pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada de su pecado, no tiene miedo de salir a servir a una humanidad herida.

Pedro experimentó en su carne la herida no sólo del pecado, sino de sus propios límites y flaquezas. Pero descubrió en Jesús que sus heridas pueden ser camino de Resurrección. Conocer a Pedro abatido para conocer a Pedro transfigurado es la invitación a pasar de ser una Iglesia de abatidos desolados a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de ponerse al servicio de su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo… (cf. Mt 25,35). Un servicio que no se identifica con asistencialismo o paternalismo, sino con conversión de corazón. El problema no está en darle de comer al pobre, vestir al desnudo, acompañar al enfermo, sino en considerar que el pobre, el desnudo, el enfermo, el preso, el desalojado tienen la dignidad para sentarse en nuestras mesas, de sentirse «en casa» entre nosotros, de sentirse familia. Ese es el signo de que el Reino de los Cielos está entre nosotros. Es el signo de una Iglesia que fue herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y convertida en profética por vocación.

Renovar la profecía es renovar nuestro compromiso de no esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino crear las condiciones para que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús. No se aman las situaciones ni las comunidades ideales, se aman las personas.

El reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites, lejos de alejarnos de nuestro Señor nos permite volver a Jesús sabiendo que «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece… Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual»[8]. Qué bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón.

Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a casa armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo:

«La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días… la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesucristo, el Evangelio, el pan, la eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».

¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús?

Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto.

Por favor, no se olviden de rezar por mí.

[1] Jorge Mario Bergoglio, Las cartas de la tribulación, 9, ed. Diego de Torres, Buenos Aires (1987).
[2] Cf. ibíd.
[3] Videomensaje al CELAM en ocasión del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el Continente americano (27 agosto 2016).
[4] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 94.
[5] Ibíd., 96.
[6] San Alberto Hurtado, Discurso a jóvenes de la Acción Católica (1943).
[7] «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35).
[8] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11.

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Francisco a las mujeres en prisión de Chile: “Gesten el futuro”

Más de 600 mujeres internas han recibido al Papa
El Papa visita el Centro Penitenciario Femenino de Santiago (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 16 enero 2018).- “Nadie puede ser privado de la dignidad, vosotras sois privadas de la libertad”, ha dicho el Papa Francisco a las mujeres en prisión de Santiago de Chile.

Francisco ha visitado este martes, 16 de enero de 2018, el Centro Penitenciario Femenino de Santiago en Santiago de Chile, en el segundo día de su viaje apostólico a Chile y a Perú, donde le recibían más de 600 mujeres, muchas de ellas con sus hijos.

El gimnasio del Centro Penitenciario estaba decorado con tiras de colores, banderines y cajitas con “rosarios de la paz”. Los responsables de la Pastoral Penitenciaria han explicado al Papa que en cada tirita hay escrita una frase que él ha dicho en los centros penitenciarios, en sus viajes.

Tras el saludo de la hermana Nelly León, de la Pastoral Penitenciaria, y de la interna Janeth Zurita, las mujeres en prisión han cantado al Santo Padre el himno “Pastor con olor a oveja”, compuesto por ellas mismas, inspiradas en las enseñanzas y mensajes de Francisco.

“Gestar vida”

El Papa les ha dedicado unas palabras a las mujeres en prisión, en su discurso a enumerado dos ideas: madres e hijos.

Su Santidad ha dicho a las madres: “Muchas de ustedes son madres y saben qué significa gestar la vida. Han sabido «cargar» en su seno una vida y la gestaron. La maternidad nunca es ni será un problema, es un don, uno de los regalos más maravillosos que puedan tener. Hoy tienen un desafío muy parecido: se trata también de gestar vida. Hoy se les pide que gesten el futuro”.

“Mirar el horizonte”
Queridas hermanas, ha anunciado el Papa: “Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor –aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto– siempre dará fruto y se verá recompensado”.

De los hijos, el Santo Padre ha dicho: “ellos son fuerza, son esperanza, son estímulo. Son el recuerdo vivo de que la vida se construye para delante y no hacia atrás”. En este sentido, ha indicado a las mujeres: “Hoy estás privada de libertad, pero eso no significa que esta situación sea el fin. De ninguna manera. Siempre mirar el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad”.

“Dios está de nuestra parte”

La hermana Nelly León, de la Congregación del Buen Pastor, ha dirigido unas palabras al Papa ha agradecido al Santo Padre su visita: “En este gimnasio somos un poco más de 600 mujeres; pero hoy estas mujeres representan aquí, junto a usted, los casi 50 mil hombres y mujeres privados de libertad en Chile. Todos y todas hemos querido estar aquí para darle la bienvenida y agradecerle su presencia. Como usted verá, en las paredes de este lugar hay cientos de rostros, imágenes y palabras que provienen desde las varias cárceles de Chile; desde las cárceles de Arica hasta la de Porvenir”.

“Desde esta cárcel –ha expresado la hermana Nelly– testimoniamos la certeza que la vida triunfa sobre la muerte, el bien sobre el mal, la rectitud del corazón a la aridez del egoísmo. Dios está de nuestra parte, de parte de los pobres y marginados de esta tierra; y por eso su presencia; Santo Padre, nos viene a confirmar el camino que hacemos desde la cárcel a la libertad, desde el dolor hacia la alegría”.

“Gracias Papa querido. Todos y todas le pedimos su bendición”, ha concluido su saludo la religiosa chilena Nelly León.

“Pedimos perdón a todos los que herimos”
Janeth Zurita ha dado la bienvenida al Papa en nombre de todos los hombres y mujeres privados de libertad en Chile, y en particular de las mujeres de este Centro, “lugar de privación de libertad, pero no de sueños y esperanzas”.

Papa Francisco, ha dicho Janeth, “pedimos perdón a todos los que herimos con nuestro delito. Sabemos que Dios nos perdona, pero pedimos que la sociedad también nos perdone”.

La interna chilena Janeth Zurita ha compartido con el Santo Padre su preocupación: “Papa amigo, nuestros hijos son los que más sufren por nuestros errores. Con nuestra privación de libertad sus sueños se les truncan y este es un profundo dolor para nosotras”.

La chilena reclusa ha pedido al Santo Padre que tenga presente en sus oraciones a sus hijos y a ellas; y le ha pedido “que le diga a Dios que tenga misericordia de nuestros niños y niñas ya que ellos también cumplen una condena siendo inocentes”, ha pedido.

“Muchas de nosotras conocimos aquí la ternura y misericordia de Dios a través de los capellanes, agentes de pastoral y voluntarias. Todos ellos que, sin esperar nada a cambio, llegan semana a semana a compartir la fe y la gracia de Jesús que nos levanta de la tristeza”, ha manifestado la reclusa.

Rosa Die Alcolea

Chile: “Mirar adelante, generar procesos de reinserción”

Discurso del Papa a las mujeres en prisión 
El Papa visita el Centro Penitenciario Femenino de Santiago (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 16 enero 2018).- “Mirar adelante, generar procesos de reinserción”. Este tiene que ser el sueño de ustedes: la reinserción, ha dicho el Papa Francisco a las mujeres del Centro Penitenciario Femenino de Santiago de Chile.

El Papa ha llegado al Centro Penitenciario las 16 horas (20 h, en Roma), y ha sido recibido por el responsable de los capellanía, el jefe de la estructura carcelaria, y 5 capellanes. También, mujeres con sus hijos en brazos han saludado con gran entusiasmo al Santo Padre a su entrada en el recinto.

“La sociedad tiene la obligación, obligación de reinsertarlas a todas. Cuando digo reinsertarlas, digo reinsertarlas a cada una, cada una con el proceso personal de reinserción, una por un camino, otra por otro, una más tiempo, otra menos tiempo, pero es una persona que está en camino hacia la reinserción. Y eso métanselo en la cabeza y exíjanlo. Esto es generar un proceso”, ha asegurado el Santo Padre.

RD

Discurso del Papa Francisco

Queridas hermanas y hermanos:

Gracias, gracias, gracias por lo que hicieron y gracias por la oportunidad que me dan para visitarlas. Para mí es importante compartir este tiempo con ustedes y poder estar más cerca de tantos hermanos nuestros que hoy están privados de la libertad. Gracias, Hna. Nelly, por sus palabras y especialmente por testimoniar que la vida triunfa siempre sobre la muerte, siempre. Gracias, Janeth, por animarte a compartir con todos nosotros tus dolores y ese valiente pedido de perdón. ¡Cuánto tenemos que aprender de esa actitud tuya llena de coraje y humildad! Te cito: «Pedimos perdón a todos los que herimos con nuestros delitos». Gracias por recordarnos esa actitud sin la cual nos deshumanizamos, todos tenemos que pedir perdón, yo primero, todos, eso los humaniza. Sin esta actitud de pedir perdón perdemos la conciencia de que nos equivocamos y que nos podemos equivocar y que cada día estamos invitados a volver a empezar, de una u otra manera.

También ahora me viene al corazón la frase de Jesús: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra» (Jn 8,7). ¡La conocéis bien! ¿Y saben qué suelo hacer yo en los sermones cuando hablo de que todos tenemos algo adentro o por debilidad, o porque siempre caemos, o lo tenemos muy escondido? Le digo a la gente: “A ver, todos somos pecadores, todos tenemos pecados. No sé, ¿acá hay alguno que no tiene pecados?. Levante la mano”. Ninguno se anima a levantar la mano. Él nos invita, Jesús, a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos, para ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado, para ayudarnos a salir adelante.

Cuando ingresaba, me esperaban las madres con sus hijos. Ellos me dieron la bienvenida, que bien se puede expresar en dos palabras: madre e hijos.

Madre: muchas de ustedes son madres y saben qué significa gestar la vida. Han sabido «cargar» en su seno una vida y la gestaron. La maternidad nunca es ni será un problema, es un don, es uno de los regalos más maravillosos que puedan tener. Y hoy tienen un desafío muy parecido: se trata también de gestar vida. Hoy a ustedes se les pide que gesten el futuro. Que lo hagan crecer, que lo ayuden a desarrollarse. No solamente por ustedes, sino por sus hijos y por la sociedad toda. Ustedes, las mujeres, tienen una capacidad increíble de poder adaptarse a las situaciones y salir adelante. Quisiera hoy apelar a esa capacidad de gestar futuro, capacidad de gestar futuro que vive en cada una de ustedes. Esa capacidad que les permite luchar contra los tantos determinismos «cosificadores», es decir, que transforman a las personas en cosas, que terminan matando la esperanza. Ninguno de nosotros es cosa, todos somos personas y como personas tenemos esa dimensión de esperanza. No nos dejemos “cosificar”: No soy un número, no soy el detenido número tal, soy fulano de tal que gesta esperanza, porque quiere parir esperanza.

Estar privadas de la libertad, como bien nos decías, Janeth, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas. Es verdad, es muy duro, es doloroso, pero no quiere decir perder la esperanza, no quiere decir dejar de soñar. Ser privado de la libertad no es lo mismo que el estar privado de la dignidad, no, no es lo mismo. La dignidad no se toca a nadie, se cuida, se custodia, se acaricia. Nadie puede ser privado de la dignidad. Ustedes están privadas de la libertad. De ahí que es necesario luchar contra todo tipo de corsé, de etiqueta que diga que no se puede cambiar, o que no vale la pena, o que todo da lo mismo. Como dice el tango argentino: “dale que va, que todo es igual, que allá en el horno nos vamos a encontrar…”. No es todo lo mismo, no es todo lo mismo. Queridas hermanas, ¡no! Todo no da lo mismo. Cada esfuerzo que se haga por luchar por un mañana mejor —aunque muchas veces pareciera que cae en saco roto— siempre dará fruto y se verá recompensado.

La segunda palabra es hijos: ellos son fuerza, son esperanza, son estímulo. Son el recuerdo vivo de que la vida se construye para delante y no hacia atrás. Hoy estás privada de libertad, eso no significa que esta situación sea el fin. De ninguna manera. Siempre mirar el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad. Una condena sin futuro no es una condena humana, es una tortura. Toda pena que uno está llevando adelante para pagar una deuda con la sociedad tiene que tener horizonte, es decir, el horizonte de reinsertarme de nuevo y prepararme para la reinserción. Eso exíjanlo a ustedes mismas y a la sociedad. Miren siempre el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción de la vida corriente de la sociedad. Por eso, celebro e invito a intensificar todos los esfuerzos posibles para que los proyectos como el Espacio Mandela y la Fundación Mujer Levántate puedan crecer y robustecerse.

El nombre de la Fundación me hace recordar ese pasaje evangélico donde muchos se burlaban de Jesús por decir que la hija del jefe de la sinagoga no estaba muerta, sino dormida. Se burlaban, se reían de él. Frente a la burla, la actitud de Jesús es paradigmática; entrando donde la chica estaba, la tomó de la mano y le dijo: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!» (Mc 5,41). Para todos estaba muerta, para Jesús no. Ese tipo de iniciativas son signo vivo de que este ese Jesús que entra en la vida de cada uno de nosotros, que va más allá de toda burla, que no da ninguna batalla por perdida con tal de tomarnos las manos e invitarnos a levantarnos. Qué bueno que haya cristianos, que haya personas de buena voluntad, que haya personas de cualquier creencia, de cualquier opción religiosa en la vida o no religiosa pero de buena voluntad que sigan las huellas de Jesús y se animen a entrar y a ser signo de esa mano tendida que levanta. Yo te lo pido, ¡levántate! Siempre levantando.

Todos sabemos que muchas veces, lamentablemente, la pena de la cárcel puede ser pensada o reducida a un castigo, sin ofrecer medios adecuados para generar procesos. Es lo que les decía yo sobre la esperanza, es mirar adelante, generar procesos de reinserción. Este tiene que ser el sueño de ustedes: la reinserción. Y si es larga llevar este camino, hacer lo mejor posible para que sea más corta, pero siempre reinserción. La sociedad tiene la obligación, obligación de reinsertarlas a todas. Cuando digo reinsertarlas, digo reinsertarlas a cada una, cada una con el proceso personal de reinserción, una por un camino, otra por otro, una más tiempo, otra menos tiempo, pero es una persona que está en camino hacia la reinserción. Y eso métanselo en la cabeza y exíjanlo. Esto es generar un proceso. En cambio, estos espacios que promueven programas de capacitación laboral y acompañamiento para recomponer vínculos son signo de esperanza y de futuro. Ayudemos a que crezcan. La seguridad pública no hay que reducirla sólo a medidas de mayor control sino, y sobre todo, edificarla con medidas de prevención, con trabajo, educación y mayor comunidad.

Quiero decir que con estos pensamientos quiero bendecir a todos ustedes y también saludar a los agentes de pastoral, a los voluntarios, a los profesionales y, de manera especial, a los funcionarios de Gendarmería y a sus familias. Rezo por ustedes. Ustedes tienen una tarea delicada, una tarea compleja, y por eso los invito, a ustedes, a las autoridades a que puedan también darles, a ustedes las condiciones necesarias para desarrollar su trabajo con dignidad. Dignidad que genera dignidad. La dignidad se contagia, se contagia más que la gripe, la dignidad se contagia, la dignidad genera dignidad.

A María, ella que es Madre y para la cual somos hijos —ustedes son sus hijas—, le pedimos que interceda por ustedes, por cada uno de sus hijos, por las personas que tienen en el corazón, y los cubra con su manto. Y, por favor, les pido que recen por mí porque lo necesito. Gracias.

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Chile: Seguir trabajando para que la democracia sea “lugar de encuentro de todos”

Discurso del Papa al gobierno y autoridades
Discurso del Papa Francisco al gobierno, autoridades y cuerpo diplomático de Chile (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 16 enero 2018).- “Tienen ustedes un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos”, ha exhortado el Papa Francisco a los autoridades chilenas.

El Santo Padre ha ofrecido un discurso a la Presidenta Michelle Bachelet, a los miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático, a los representantes de la sociedad civil y a las autoridades del país, esta mañana, 16 de enero de 2018, a las 8:30 horas (12:30 h. en Roma), en el Palacio de la Moneda, en Santiago.

El Papa les ha felicitado por ser un país que ha destacado en las últimas décadas “por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso”, y ha afirmado que las recientes elecciones políticas “fueron una manifestación de la solidez y madurez cívica que han alcanzado”, a la vez que ha recordado el 200 aniversario de la declaración de la independencia.

En este sentido, el Pontífice ha animado a seguir adelante: “Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún” y ha asegurado que “el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día”.

Francisco ha hecho hincapié en que “es preciso escuchar”; ha exhortado a escuchar a los parados, a los pueblos originarios, a los migrantes, a los jóvenes, a los ancianos, y a los niños.

“Es justo pedir perdón”
Y aquí el Papa se ha detenido para expresar “el dolor y la vergüenza” que siente ante el “daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia” y ha manifestado unión sus hermanos en el episcopado, “ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir” ha indicado.

Asimismo, el Papa ha invitado a prestar una preferencial atención a nuestra casa común, a escuchar a nuestra casa común.

RD

Discurso del Papa Francisco

Señora Presidenta,
miembros del Gobierno de la República y del Cuerpo Diplomático,
representantes de la sociedad civil,
distinguidas autoridades,
señoras y señores:

Es para mí una alegría poder estar nuevamente en suelo latinoamericano y comenzar esta visita por esta querida tierra chilena que ha sabido hospedarme y formarme en mi juventud; quisiera que este tiempo con ustedes fuera también un tiempo de gratitud por tanto bien recibido. Me viene a la memoria esa estrofa de vuestro himno nacional: «Puro, Chile, es tu cielo azulado, / puras brisas te cruzan también, / y tu campo de flores bordado/ es la copia feliz del Edén», un verdadero canto de alabanza por la tierra que habitan, llena de promesas y desafíos; pero especialmente preñada de futuro.

Gracias señora Presidenta por las palabras de bienvenida que me ha dirigido. En usted quiero saludar y abrazar al pueblo chileno desde el extremo norte de la región de Arica y Parinacota hasta el archipiélago sur «y a su desenfreno de penínsulas y canales».[1] La diversidad y riqueza geográfica que poseen nos permite vislumbrar la riqueza de esa polifonía cultural que los caracteriza.

Agradezco la presencia de los miembros del gobierno; los Presidentes del Senado, de la Cámara de Diputados y de la Corte Suprema, así como las demás autoridades del Estado y sus colaboradores. Saludo al Presidente electo aquí presente, señor Sebastián Piñera Echenique, que ha recibido recientemente el mandato del pueblo chileno de gobernar los destinos del País los próximos cuatro años.

Chile se ha destacado en las últimas décadas por el desarrollo de una democracia que le ha permitido un sostenido progreso. Las recientes elecciones políticas fueron una manifestación de la solidez y madurez cívica que han alcanzado, lo cual adquiere un relieve particular este año en el que se conmemoran los 200 años de la declaración de la independencia. Momento particularmente importante, ya que marcó su destino como pueblo, fundamentado en la libertad y en el derecho, que ha debido también enfrentar diversos períodos turbulentos pero que logró —no sin dolor— superar. De esta forma supieron ustedes consolidar y robustecer el sueño de sus padres fundadores.

En este sentido, recuerdo las emblemáticas palabras del Card. Silva Henríquez cuando en un Te Deum afirmaba: «Nosotros —todos— somos constructores de la obra más bella: la patria. La patria terrena que prefigura y prepara la patria sin fronteras. Esa patria no comienza hoy, con nosotros; pero no puede crecer y fructificar sin nosotros. Por eso la recibimos con respeto, con gratitud, como una tarea que hace muchos años comenzaba, como un legado que nos enorgullece y compromete a la vez». [2]

Cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos.

Tienen ustedes, por tanto, un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aquí las palabras de san Alberto Hurtado: «Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir».[3] Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades.

Tal capacidad de escucha adquiere gran valor en esta nación donde su pluralidad étnica, cultural e histórica exige ser custodiada de todo intento de parcialización o supremacía y que pone en juego la capacidad que tengamos para deponer dogmatismos exclusivistas en una sana apertura al bien común —que si no tiene un carácter comunitario nunca será un bien—. Es preciso escuchar: escuchar a los parados, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; a los pueblos originarios, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación. Escuchar a los migrantes, que llaman a las puertas de este país en busca de mejora y, a su vez, con la fuerza y la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos. Escuchar a los jóvenes, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. Escuchar a los ancianos, con su sabiduría tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar. Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir.

Con esta capacidad de escucha somos invitados —hoy de manera especial— a prestar una preferencial atención a nuestra casa común, escuchar a nuestra casa común: fomentar una cultura que sepa cuidar la tierra y para ello no conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecológicos y ambientales que se presentan; en esto se requiere la audacia de ofrecer «una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» [4] que privilegia la irrupción del poder económico en contra de los sistemas naturales y, por lo tanto, del bien común de nuestros pueblos. La sabiduría de los pueblos originarios puede ser un gran aporte. De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que dé la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean. Chile tiene en sus raíces una sabiduría capaz de ayudar a trascender la concepción meramente consumista de la existencia para adquirir una actitud sapiencial frente al futuro.

El alma de la chilenía [ya dijo la presienta que es desconfiada (risas)] es vocación a ser, esa terca voluntad de existir. [5] Vocación a la que todos están convocados y en la que nadie puede sentirse excluido o prescindible. Vocación que reclama una opción radical por la vida, especialmente en todas las formas en la que ésta se vea amenazada.

Agradezco una vez más la invitación de poder venir a encontrarme con ustedes, de encontrarme con el alma de este pueblo; y ruego para que la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, siga acompañando y gestando sueños en esta bendita nación.

[1] Gabriela Mistral, Elogios de la tierra de Chile.
[2] Homilía en el Te Deum Ecuménico (4 noviembre 1970).
[3] Te Deum (septiembre 1948).
[4] Carta enc. Laudato si’, 111.
[5] Cf. Gabriela Mistral, Breve descripción de Chile, en Anales de la Universidad de Chile (14), 1934.

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Santiago de Chile: Reciben al Papa con himnos y alegría en el Palacio de la Moneda

Segundo día del Papa en Chile
Llegada del Papa al Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile © L’Osservatore Romano

(ZENIT – 16 enero 2018).- El Papa Francisco se ha encontrado esta mañana, 16 de enero de 2018, con Michelle Bachelet, Presidenta de la República de Chile, y con las autoridades civiles y diplomáticas en el Palacio de la Moneda, en Santiago de Chile.

El Santo Padre ha llegado al Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno, a las 8:20 horas (12:20 h. en Roma), y ha entrado con la Presidenta al interior del edificio, tras ser recibido con los honores militares correspondientes y los himnos de Chile y del Vaticano.

Al entrar, Francisco ha saludado a algunos niños que le ofrecían regalos y sonrisas, y saludaba cortésmente a todos con la mano. Así, al llegar al Patio de los Cañones del Palacio, el Pontífice ha estrechado la mano de diferentes representantes de la política y sociedad civil del país.

Finalmente, al llegar al Patio de los Naranjos, el Papa Francisco ha ofrecido un discurso a las autoridades políticas, civiles y diplomáticas, en el que les ha invitado a seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos”.

Asimismo, el Papa les ha recordado que “es preciso escuchar” y ha exhortado a escuchar a los parados, a los pueblos originarios, a los migrantes, a los jóvenes, a los ancianos, a los niños, y a “nuestra casa común”.

Papa amigo de Chile
La presidente Michelle Bachelet, antes del discurso del Papa, ha pronunciado unas palabras de bienvenida y gratitud al Pontífice, manifestando una apertura del corazón del país al Santo Padre, a quien ha llamado “amigo”.

En sus palabras, la Presidenta ha recordado la visita de S. Juan Pablo II a Chile, que tuvo lugar entre el 1 y el 6 de abril de 1987, y ha agradecido al Papa sus encíclicas y enseñanzas, y su implicación por la lucha y el respeto de los derechos humanos.

Después del encuentro, el Papa Francisco y la Presidenta de la República han entrado al Palacio de la Moneda y han mantenido una conversación privada en el Salón Azul.

Misa en el parque O´Higgins
Con el encuentro del Papa con la presidenta y las autoridades civiles y diplomáticas del país ha comenzado la segunda jornada del Santo Padre en Chile, martes, 16 de enero de 2018.

La visita apostólica continuará con la Misa que el Papa celebrará a las 10:30 horas (14:30 horas en Roma) en el parque O´Higgins, en la que se espera una gran multitud de chilenos y fieles proveniente de Argentina y países cercanos.

Más tarde, el Santo Padre visitará un centro penitenciario de mujeres y se encontrará en la Catedral de Santiago con sacerdotes, religiosos y religiosas, consagrados y consagradas, y seminaristas. También verá a sus hermanos obispos de Chile en la Sacristía del Catedral y terminará la jornada con el encuentro privado con jesuitas en el Santuario de S. Alberto Hurtado.

Rosa Die Alcolea

Mons. Santiago Silva: “Queremos que los desafíos se conviertan en oportunidades”

Saludo del Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
Mons. Santiago Silva saluda al Santo Padre Francisco. (Vatican News)

(ZENIT – 16 enero 2018).- “El caminar de la Iglesia en Chile no ha sido fácil. Dificultades internas y los desafíos propios de una sociedad en evolución, que anhela ser globalizada y pluralista, nos plantea retos nunca antes afrontados. Queremos que estos desafíos se conviertan en oportunidades”.

Mons. Santiago Silva Retamales, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, y Obispo Castrense de Chile ha manifestado su gratitud y cercanía al Papa Francisco esta tarde, en el encuentro con cerca de 50 obispos chilenos, en la Sacristía de la Catedral de Santiago.

“Como miembros de este «hogar» llamado Chile, como discípulos de Jesús y como sus pastores, nuestro empeño constante es contribuir en la formación de un país más justo, fraternal, libre y respetuoso de toda persona”, ha declarado el Obispo Castrense de Chile.

Al terminar el discurso del Papa, Mons. Santiago Silva le ha entregado un regalo al Papa con motivo de esta visita apostólica, la 8ª a América Latina: le ha obsequiado con un cruz dorada.

RD

Saludo de Mons. Santiago Silva Retamales

Querido Santo Padre:

Lo recibimos con inmenso cariño y esperanza. Lo recibimos como a padre y hermano con quien anhelamos compartir nuestra vida, fe y misión.

El caminar de la Iglesia en Chile no ha sido fácil. Dificultades internas y los desafíos propios de una sociedad en evolución, que anhela ser globalizada y pluralista, nos plantea retos nunca antes afrontados.

Queremos que estos desafíos se conviertan en oportunidades, pero tenemos que ser capaces de replantear nuestro modo de ser discípulos misioneros de Jesús en estos contextos nuevos. Deseamos ser una Iglesia en salida que “Escucha, Anuncia y Sirve”, como nos propusimos en las Orientaciones Pastorales Nacionales 2014–2020.

En nuestra labor pastoral hemos descubierto con admiración «las semillas del Verbo» en el corazón de cada ciudadano, semillas que generan el anhelo profundo de que Chile se transforme en «un hogar para todos», casa común particularmente para pobres y postergados, hogar donde sea protegida y compartida la vida en todas sus formas y aquellas relaciones que nos humanizan (cfr. Carta pastoral del Comité Permanente, «Chile, un hogar para todos», octubre 2017).

Como miembros de este «hogar» llamado Chile, como discípulos de Jesús y como sus pastores, nuestro empeño constante es contribuir en la formación de un país más justo, fraternal, libre y respetuoso de toda persona.

Nos hemos propuesto prolongar su visita a nuestro país y su mensaje con un Congreso o Año Eucarístico Nacional que se vivirá, en cada Iglesia particular, a partir de marzo hasta noviembre de este año. Así, contemplando a Jesús eucaristía, buscamos proyectar los frutos de su visita pastoral, los que sintetizamos en lo que el Resucitado ofrece cuando promete a sus discípulos: «Mi paz les doy» (Jn 14,27).

Gracias por su presencia. Gracias por reflejarnos, como Vicario de Cristo, el rostro del Resucitado que, en el caminar de nuestra Iglesia y como país, nos explica las Escrituras, parte el Pan con nosotros y nos confirma como comunidad, tal como el Señor hizo con los de Emaús (Lc 24,13-35).

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Misa en Temuco, Chile: “Señor, haznos artesanos de unidad”

Homilía de Francisco en el Aeródromo de Maquehue
El Papa Francisco celebra la Misa por el progreso de los pueblos en Temuco (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 17 enero 2018).- “Nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad”.

Son palabras del Papa Francisco en la homilía que ha ofrecido a las 150.000 personas que han participado en la “Misa por el progreso de los pueblos”, celebrada en el Aeródromo de Maquehue, en Temuco, capital de La Araucanía (sur de Chile), en la mañana de este miércoles 17 de enero de 2018.

Francisco ha comenzado su reflexión con unas palabras en lengua mapuche: «Mari, Mari» (Buenos días); «Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes), y ha recordado a “todos los que sufrieron y murieron” en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos, y ha pedido “por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias”.

Solidaridad para tejer la unidad
El Santo Padre ha señalado de la importancia de la “unidad” al pueblo chileno: “La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos. Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia”.

“La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin”, ha anunciado Francisco.

Cultura del reconocimiento mutuo
En primer lugar –ha explicado–“Debemos estar atentos a la elaboración de ‘bellos’ acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí —y necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan `borrando con el codo, lo escrito con la mano´. Esto también es violencia, porque frustra la esperanza”, ha advertido el Pontífice.

Es imprescindible defender –en segundo lugar– que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas.

“La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”, ha asegurado el Papa. “La violencia –ha continuado– termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos `no a la violencia que destruye´, en ninguna de sus dos formas”.

Rosa Die Alcolea

Homilía del Papa Francisco

«Mari, Mari» (Buenos días)
«Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes) (Lc 24,36).

Doy gracias a Dios por permitirme visitar esta linda parte de nuestro continente, la Araucanía: Tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias —el quinto elogio realizado por Gabriela Mistral a esta tierra chilena—,[1] sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida. Este paisaje nos eleva a Dios y es fácil ver su mano en cada criatura. Multitud de generaciones de hombres y mujeres han amado y aman este suelo con celosa gratitud. Y quiero detenerme y saludar de manera especial a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua y atacameños, y tantos otros.

Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; pero si nos acercamos a su suelo, lo escucharemos cantar: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar».[2]

En este contexto de acción de gracias por esta tierra y por su gente, pero también de pena y dolor, celebramos la Eucaristía. Y lo hacemos en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias. La entrega de Jesús en la cruz carga con todo el pecado y el dolor de nuestros pueblos, un dolor para ser redimido.

En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn 17,21). En una hora crucial de su vida se detiene a pedir por la unidad. Su corazón sabe que una de las peores amenazas que golpea y golpeará a los suyos y a la humanidad toda será la división y el enfrentamiento, el avasallamiento de unos sobre otros. ¡Cuántas lágrimas derramadas! Hoy nos queremos agarrar a esta oración de Jesús, queremos entrar con Él en este huerto de dolor, también con nuestros dolores, para pedirle al Padre con Jesús: que también nosotros seamos uno; no permitas que nos gane el enfrentamiento ni la división.

Esta unidad clamada por Jesús es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos. Y es necesario estar atentos a posibles tentaciones que pueden aparecer y «contaminar desde la raíz» este don que Dios nos quiere regalar y con el que nos invita a ser auténticos protagonistas de la historia.

  1. Los falsos sinónimos

Una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad. Jesús no le pide a su Padre que todos sean iguales, idénticos; ya que la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizadora. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás. La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o inferiores. Un bello «chamal» requiere de tejedores que sepan el arte de armonizar los diferentes materiales y colores; que sepan darle tiempo a cada cosa y a cada etapa. Se podrá imitar industrialmente, pero todos reconoceremos que es una prenda sintéticamente compactada. El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los «talleres» de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes. No es un arte de escritorio, ni tan solo de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar.

La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan sólo «recibir información sobre los demás… sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros».[3] Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad. (Aplauso)

Otra tentación puede venir en la consideración de cuales son las armas de la unidad.

  1. Las armas de la unidad

La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí —y necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan «borrando con el codo, lo escrito con la mano». Esto también es violencia, porque frustra la esperanza (Aplauso)

En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas.

Estas actitudes son como lava de volcán que todo arrasa, todo quema, dejando a su paso sólo esterilidad y desolación. Busquemos, en cambio, el camino de la no violencia activa, «como un estilo de política para la paz».[4] Busquemos, en cambio, y no nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad. Por eso decimos con fuerza: Señor, haznos artesanos de unidad.

Todos nosotros que, en cierta medida, somos pueblo de la tierra (Gn 2,7) estamos llamados al Buen vivir (Küme Mongen) como nos los recuerda la sabiduría ancestral del pueblo Mapuche. ¡Cuánto camino a recorrer, cuánto camino para aprender! Küme Mongen, un anhelo hondo que brota no sólo de nuestros corazones, sino que resuena como un grito, como un canto en toda la creación. Por eso, hermanos, por los hijos de esta tierra, por los hijos de sus hijos digamos con Jesús al Padre: que también nosotros seamos uno; Señor, haznos artesanos de unidad. (Aplausos)

[1] Gabriela Mistral, Elogios de la tierra de Chile.
[2] Violeta Parra, Arauco tiene una pena.
[3] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 246.
[4] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017.

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Francisco da la contraseña a los jóvenes: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”

Discurso a los jóvenes chilenos
El Papa Francisco habla a los jóvenes chilenos (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 17 enero 2018).- “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”, el Papa Francisco ha confiado a los jóvenes chilenos la contraseña para conectarse a la red. “Los que puedan, anótenlo en su teléfono –les ha animado– Repítanla, pero ¡úsenla!”.

“¡Levantemos nuestras cruces!”, “¡Este es el coro del Papa!”, “¡Esta es la juventud del Papa!” y “¡Francisco, amigo, Chile está contigo!” gritaban los jóvenes chilenos en el encuentro con el Papa Francisco en el Santuario de Maipú, en Chile, este miércoles, 17 de enero de 2018.

“Sin conexión, sin la conexión con Jesús, terminamos ahogando nuestras ideas, nuestros sueños, nuestra fe y nos llenamos de mal humor”, ha anunciado el Santo Padre, a los jóvenes que emocionados aplaudían y levantaban sus cruces de colores.

“Vayan con la única promesa que tenemos –ha exhortado el Papa–: en medio del desierto, del camino, de la aventura, siempre habrá «conexión», existirá un «cargador». No estaremos solos. Siempre gozaremos de la compañía de Jesús, de su Madre y de una comunidad”.

“Sean ustedes los jóvenes samaritanos que nunca abandonan a un hombre tirado en el camino”, ha exhortado el Papa a los jóvenes chilenos. Y les ha preguntado: “¿Han dejado tirado a alguien por el camino?”. “Sean ustedes los jóvenes cirineos que ayudan a Cristo a llevar su cruz y se comprometen con el sufrimiento de sus hermanos”, les ha animado.

RD

Discurso del Papa Francisco

Yo también, Ariel, estoy gozoso de estar con ustedes. Gracias por tus palabras de bienvenida en nombre de todos los presentes. Ciertamente estoy agradecido de compartir este tiempo con ustedes que, según leí ahí, “se bajaron del sofá y se pusieron los zapatos”. ¡Gracias! Considero para mí importante encontrarnos y caminar juntos un rato, ¡que nos ayudemos a mirar para adelante! Y creo que también para ustedes es importante. Gracias.

Y me alegra que este encuentro se realice aquí en Maipú. En esta tierra donde, con un abrazo de fraternidad, se fundó la historia de Chile; en este Santuario que se levanta en el cruce de los caminos del Norte y del Sur, que une la nieve y el océano, y hace que el cielo y la tierra tengan un hogar. Hogar para Chile, hogar para ustedes queridos jóvenes, donde la Virgen del Carmen los espera y los recibe con el corazón abierto. Y así como acompañó el nacimiento de esta Nación y acompañó a tantos chilenos a lo largo de estos doscientos años, quiere seguir acompañando los sueños que Dios pone en vuestro corazón: sueños de libertad, sueños de alegría, sueños de un futuro mejor. Esas ganas, como decías vos, Ariel, de «ser protagonistas del cambio». Ser protagonistas. La Virgen del Carmen los acompaña para que sean los protagonistas del Chile que sus corazones sueñan. Y yosé que el corazón de los jóvenes chilenos sueña, y sueña a lo grande, no solo cuando están un poco curaditos, no, siempre sueñan a lo grande, porque de estas tierras han nacido experiencias que se fueron expandiendo y multiplicando a lo largo de diversos países de nuestro continente. ¿Y quiénes las impulsaron? Jóvenes como ustedes que se animaron a vivir la aventura de la fe. Porque la fe provoca en los jóvenes sentimientos de aventura que invita a transitar por paisajes increíbles, paisajes nada fáciles, nada tranquilos… pero a ustedes les gustan las aventuras y los desafíos, excepto a los que no se llegaron a bajar del sofá. ¡Bájenlos rápido!, así podemos seguir, ustedes que son especialistas, y les ponen los zapatos. Es más, se aburren cuando no tienen desafíos que los estimulen. Esto se ve, por ejemplo, cada vez que sucede una catástrofe natural: tienen una capacidad enorme para movilizarse, que habla de la generosidad de los corazones. Gracias.

Y quise empezar por esta referencia a la Patria porque el camino hacia adelante, los sueños que tienen que ser concretados, el mirar siempre hacia el horizonte, se tienen que hacer con los pies en la tierra, y se empieza con los pies en la tierra de la Patria; y si ustedes no aman a su Patria, yo no les creo que lleguen a amar a Jesús y que lleguen a amar a Dios. El amor a la Patria es un amor a la madre, la llamamos Madre Patria porque aquí nacimos, pero ella misma como toda madre nos enseña a caminar y se nos entrega para que la hagamos sobrevivir a otras generaciones. Por eso quise empezar con esta referencia de la Madre, de la Madre Patria. Si no son patriotas –no patrioteros–, patriotas, no van a hacer nada en la vida. Quieran a su tierra, chicas y chicos, quieran a su Chile, den lo mejor de ustedes por su Chile.

En mi trabajo como obispo pude descubrir que hay muchas, pero muchas, buenas ideas en los corazones y en las mentes de los jóvenes. Y eso es verdad, ustedes son inquietos, buscadores, idealistas. ¿Saben quién tiene problemas? El problema lo tenemos los grandes, que cuando escuchamos estos ideales, estas inquietudes de los jóvenes, con cara de sabiondos decimos: “Piensa así porque es joven, ya va a madurar”, o peor,“ya se va a corromper”. Y eso es verdad: detrás del “ya va a madurar”, contra las ilusiones y los sueños se esconde el tácito “ya se va a corromper”. ¡Cuidado con eso! Madurar es crecer y hacer crecer los sueños y hacer crecer las ilusiones; no bajar la guardia y dejarse comprar por dos “chirolas”, eso no es madurar. Así que cuando los grandes pensamos eso, no hagan caso.

Pareciera que en esta “ya va a madurar” de nosotros los grandes, donde parece que les tiráramos una frazada mojada encima para hacerlos callar, se escondiera que madurar es aceptar la injusticia, es creer que nada podemos hacer, que todo siempre fue así: “¿Para qué vamos a cambiar, si siempre fue así, si siempre se hizo así?”. Eso es corrupción. Madurar, la verdadera madurez es llevar adelante los sueños, las ilusiones de ustedes, juntos, confrontándose mutuamente, discutiendo entre ustedes, pero siempre mirando para adelante, no bajando la guardia, no vendiendo esas ilusiones y esas cosas. ¿Está claro? [Responden: ¡Sí!]

Teniendo en cuenta toda estarealidad de los jóvenes es porque se va a realizar lo que… [Se interrumpe porque uno de los presentes se siente mal]Esperemos un minutito que saquen a esta hermana nuestra que se descompuso y la acompañamos con una pequeña oración para que se reponga enseguida. Es por esta realidad de ustedes, los jóvenes, que les quería hacer el anuncio de que he convocado el Sínodo de la fe, del discernimiento en ustedes. Y además el encuentro de jóvenes, porque el Sínodo lo hacemos los obispos: pensamos sobre los jóvenes pero, ya saben, le tengo miedo a los filtros porque a veces las opiniones de los jóvenes para viajar a Roma tienen que hacer varias conexiones y esas propuestas pueden llegar muy filtradas, no por las compañías aéreas sino por los que las transcriben; por eso, antes quiero escuchar a los jóvenes y por eso se hace ese Encuentro de jóvenes, encuentro donde ustedes van a ser los protagonistas, jóvenes de todo el mundo, jóvenes católicos y jóvenes no católicos, jóvenes cristianos y de otras religiones, y jóvenes que no saben si creen o no creen, todos, para escucharlos, para escucharnos directamente, porque es importante que ustedes hablen, que no se dejen callar. A nosotros nos toca el ayudarlos a que sean coherentes con lo que dicen, eso es el trabajo con que los vamos a ayudar. Pero si ustedes no hablan, ¿cómo los vamos a ayudar? Y que hablen con valentía, y que digan lo que sienten. Entonces lo van a poder hacer en esa semana de encuentro previa al Domingo de Ramos, que vendrán delegaciones de jóvenes de todo el mundo, que nos ayudemos a que la Iglesia tenga un rostro joven. Una vez uno, hace poco, me decía: “Yo no sé si hablar de la Santa Madre Iglesia –hablaba de un lugar especial– o de la Santa Abuela Iglesia”. No, no, la Iglesia tiene que tener rostro joven, y eso ustedes tienen que dárnoslo. Pero, claro, un rostro joven real, lleno de vida,no precisamente jovenpor maquillarse con cremas rejuvenecedoras. No, eso no sirve, sino joven porque desde su corazón se deja interpelar, y eso es lo que nosotros, la Santa Madre Iglesia, hoy necesita de ustedes: que nos interpelen. Después prepárense para la respuesta, pero necesitamos que nos interpelen: la Iglesia necesita que ustedes saquen el carnet de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos: “Esto me gusta, este camino me parece que es el que hay que hacer, esto no va, esto no es un puente, es una muralla, etcétera”. Que nos digan lo que sienten, lo que piensan y eso lo elaboren entre ustedes en los grupos de ese encuentro, y después eso irá al Sínodo, donde ciertamente habrá una representación de ustedes, pero el Sínodo lo harán los obispos con la representación de ustedes que recogerá a todos. Así que prepárense para ese encuentro y, para los que vayan a ese encuentro, darles sus ideas, sus inquietudes, lo que vayan sintiendo en el corazón. ¡Cuánto necesita de ustedes la Iglesia, y la Iglesia chilena, que nos «muevan el piso», nos ayuden a estar más cerca de Jesús! Eso es lo que les pedimos, que nos muevan el piso si estamos instalados y nos ayuden a estar más cerca de Jesús. Las preguntas de ustedes, el querer saber de ustedes, querer ser generosos, son exigencias para que estemos más cerca de Jesús. Y todos estamos invitados una y otra vez a estar cerca de Jesús. Si una actividad, si un plan pastoral, si este encuentro, no nos ayuda a estar más cerca de Jesús, perdimos el tiempo, perdimos una tarde, horas de preparación: que nos ayuden a estar más cerca de Jesús. Y eso se lo pedimos a quien nos puede llevar de la mano: miramos a la Madre; cada uno en su corazón le diga con las palabras, a ella que es la primera discípula, que nos ayude a estar más cerca de Jesús, desde el corazón, cada uno.

Y déjenme contarles una anécdota. Charlando un día con un joven le pregunté qué es lo que lo ponía de mal humor. “¿A vos qué te pone de mal humor?” –porque el contexto se daba para hacer esa pregunta. Y él me dijo: «Cuando al celular se le acaba la batería o cuando pierdo la señal de internet». Le pregunté: «¿Por qué?». Me responde: «Padre, es simple, me pierdo todo lo que está pasando, me quedo fuera del mundo, como colgado. En esos momentos, salgo corriendo a buscar un cargador o una red de wifi y la contraseña para volverme a conectar». Esa respuesta me enseñó, me hizo pensar que con la fe nos puede pasar lo mismo. Todos estamos entusiastas, la fe se renueva –que un retiro, que una predicación, que un encuentro, que la visita del Papa–, la fe crece pero después de un tiempo de camino o del «embale» inicial, hay momentos en los que sin darnos cuenta comienza a bajar «nuestro ancho de banda», despacito, y aquel entusiasmo, aquel querer estar conectados con Jesús se empieza a perder, y empezamos a quedarnos sin conexión, sin batería, y entonces nos gana el mal humor, nos volvemos descreídos, tristes, sin fuerza, y todo lo empezamos a ver mal. Al quedarnos sin esta «conexión», que es la que le da vida a nuestros sueños, el corazón empieza a perder fuerza, a quedarse también sin batería y, como dice esa canción: «El ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas».[1] ¿Les pasó esto alguna vez? No, no, cada cual se contesta adentro, no quiero hacer pasar vergüenza a los que no les pasó. A mí me pasó.

Sin conexión, sin la conexión con Jesús, sin esta conexión terminamos ahogando nuestras ideas, ahogando nuestros sueños, ahogando nuestra fe y, claro, nos llenamos de mal humor. De protagonistas —que lo somos y lo queremos ser— podemos llegar a sentir que vale lo mismo hacer algo que no hacerlo: “¿Para qué te vas a gastar? Mirá –el joven pesimista–: Pasála bien, dejá, todas estas cosas sabemos cómo terminan, el mundo no cambia, tomálo con soda y andá para adelante”. Y quedamos desconectados de la realidad y de lo que está pasando en «el mundo». Y quedamos, sentimosque quedamos, «fuera del mundo», en “mi mundito” donde estoy tranquilo, en mi sofá, ahí. Me preocupa cuando, al perder «señal», muchos sienten que no tienen nada que aportar y quedan como perdidos: “Pará, vos tenés algo que dar” – “No, mirá, esto es un desastre, yo trato de estudiar, tener un título, casarme, pero basta, no quiero líos, termina todo mal”. Eso es cuando se pierde la conexión. Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: “Le haces falta a mucha gente y esto pensálo”. Cada uno de ustedes piénselo en su corazón: “Yo le hago falta a mucha gente” Ese pensamiento, como le gustaba decir a Hurtado, «es el consejo del diablo» –“no le hago falta a nadie”–, que quiere hacerte sentir que no vales nada… pero para dejar las cosas como están, por eso te hace sentir que no vales nada, para que nada cambie, porque el único que puede hacer un cambio en la sociedad es el joven, uno de ustedes. Nosotros ya estamos del otro lado. [Otro joven de los presentes se desmaya] Y gracias, entre paréntesis, porque estos desmayos son un signo de lo que están sintiendo muchos de ustedes. ¿Desde qué hora están acá, me lo dicen? [Los jóvenes responden] ¡Gracias! Todos, decía, somos importantes y todos tenemos algo que aportar. Con un “cachitito” de silencio se pregunta cada uno –en serio, mírense en su corazón–: “¿Qué tengo yo para aportar en la vida?”. Y cuántos de ustedes sienten las ganas de decir: “No sé”. ¿No sabés lo que tenés para aportar? Lo tenés adentro y no lo conocés. Apuráte a encontrarlo para aportar. El mundo te necesita, la patria te necesita, la sociedad te necesita, vos tenés algo que aportar, no pierdas la conexión.

Los jóvenes del Evangelio que escuchamos hoy querían esa «señal», buscaban esa señal que los ayudara a mantener vivo el fuego en sus corazones. Esos jóvenes, que estaban ahí con Juan Bautista, querían saber cómo cargar la batería del corazón. Andrés y el otro discípulo —que no dice el nombre, y podemos pensar que ese otro discípulo puede ser cada uno de nosotros— buscaban la contraseña para conectarse con Aquel que es «Camino, Verdad y Vida» (Jn 14,6). A ellos los guió Juan el Bautista. Y creo que ustedes tienen un gran santo que les puede hacer de guía, un santo que iba cantando con su vida: «Contento, Señor, contento». Hurtado tenía una regla de oro, una regla para encender su corazón con ese fuego capaz de mantener viva la alegría. Porque Jesús es ese fuego al cual quien se acerca queda encendido.

Y la contraseña de Hurtado para reconectar, para mantener la señal es muy simple. Seguro que ninguno de ustedes trajo un teléfono, ¿no? Me gustaría que la anotaran en el teléfono, a ver si se animan, yo se las dicto– Hurtado se pregunta –esta es la contraseña–: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Los que pueden, anótenlo: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». «¿Qué haría Cristo en mi lugar, en la escuela, en la universidad, en la calle, en la casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?». Esa es la contraseña, esa es la batería para encender nuestro corazón y encender la fe y encender la chispa en los ojos, que no se les vaya. Eso es ser protagonistas de la historia. Ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y de alegría. Protagonistas de la historia, porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar; en tantos que son «fomes» y esperan que alguien los invite y los desafíe con algo que valga la pena. Ser protagonistas es hacer lo que hizo Jesús. Allí donde estés, con quien te encuentres y a la hora en que te encuentres: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?». ¿Cargaron la contraseña? [Los jóvenes responden: Sí]. Y la única manera de no olvidarse de la contraseña es usarla, si no va a pasar lo que… –claro, esto es de mi época, no de la de ustedes, pero por ahí saben algo–, lo que les pasó a los tres chiflados en aquel film que arman un asalto, un robo, una caja fuerte, todo pensado, todo, y cuando llegan se olvidaron de la contraseña, se olvidaron de la clave. Si no usan la contraseña se la van a olvidar. ¡Cárguenla en el corazón! ¿Cómo era la contraseña? [Responden: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?»] Esa es la contraseña. ¡Repítanla, pero úsenla, úsenla! ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Y hay que usarla todos los días. Llegará el momento que sela van a saber y llegará el día en que, sin darse cuenta, el corazón de cada uno de ustedes latirá como el corazón de Jesús.

No basta con escuchar alguna enseñanza religiosa o aprender una doctrina; lo que queremos es vivir como Jesús vivió: ¿qué haría Cristo en mi lugar? Traducir Jesús a mi vida. Por eso, los jóvenes del Evangelio le preguntan: «Señor, ¿dónde vives?».[2]Lo escuchamos recién: ¿cómo vives? ¿Yo le pregunto a Jesús? Queremos vivir como Jesús, Él sí que hace vibrar el corazón.

Hace vibrar el corazón y te pone en el camino del riesgo. Arriesgarse, correr riesgos. Queridos amigos, sean valientes, salgan «al tiro» al encuentro de sus amigos, de aquellos que no conocen o que están en un momento de dificultad.

Y vayan con la única promesa que tenemos: en medio del desierto, del camino, de la aventura, siempre habrá «conexión», existirá un «cargador». No estaremos solos. Siempre gozaremos de la compañía de Jesús y de su Madre y de una comunidad. Ciertamente una comunidad que no es perfecta, pero eso no significa que no tenga mucho para amar y para dar a los demás. ¿Cómo era la contraseña? [Responden: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?] Está bien, todavía la conservan.

Queridos amigos, queridos jóvenes: «Sean ustedes –se lo pido por favor–, sean ustedes los jóvenes samaritanos que nunca abandonan a nadie tirado en el camino. En el corazón, otra pregunta: “¿Alguna vez abandoné a alguien tirado en el camino? ¿Un pariente, un amigo, amiga…?”. Sean samaritanos, nunca abandonen al hombre tirado en el camino. Sean ustedes los jóvenes cirineos que ayudan a Cristo a llevar su cruz y se comprometen con el sufrimiento de sus hermanos. Sean como Zaqueo, que transformó su enanismo espiritual en grandeza y dejó que Jesús transformara su corazón materialista en un corazón solidario. Sean como la joven Magdalena, apasionada buscadora del amor, que sólo en Jesús encuentra las respuestas que necesita. Tengan el corazón de Pedro, para abandonar las redes junto al lago. Tengan el cariño de Juan, para reposar en Él todos sus afectos. Tengan la disponibilidad de nuestra Madre, la primera discípula, para cantar con gozo y hacer su voluntad».[3]

Queridos amigos, me gustaría quedarme más tiempo. Los que tienen teléfono agárrenlo en la mano, es un signo para no olvidarse de la contraseña. ¿Cuál era la contraseña? [Responden: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?] Así reconectan y no se quedan fuera de banda. Me gustaría quedarme más tiempo. Gracias por el encuentro, gracias por la alegría de ustedes. Gracias, muchas gracias y les pido por favor que no se olviden de rezar por mí.

[1] La Ley, Aquí.
[2] Jn 1,38.
[3] Card. Raúl Silva Henríquez, Mensaje a los jóvenes (7 octubre 1979).

© Librería Editorial Vaticano

 

Pontificia Universidad Católica de Chile: Conocimiento “al servicio de la vida”

Palabras del Papa a la comunidad universitaria 
Discurso en la Pontificia Universidad Católica de Chile (© Vatican Media)

(ZENIT – 17 enero 2018).- “El conocimiento siempre debe sentirse al servicio de la vida y confrontarse con ella para poder seguir progresando” es el mensaje que ha transmitido el Papa Francisco a la comunidad universitaria en Chile.

El Santo Padre ha visitado la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago, a las 19 hora local (23 h. en Roma) este miércoles, 17 de enero de 2018, en su tercer día del viaje apostólico al país, tras encontrarse con los jóvenes en el Santuario Nacional de Maipú.

La comunidad educativa no puede reducirse a aulas y bibliotecas –ha advertido el Pontífice– sino que “debe ser desafiada continuamente a la participación”. Tal diálogo sólo se puede realizar desde una episteme capaz de asumir una lógica plural, es decir, que asuma la “interdisciplinariedad e interdependencia del saber”, ha señalado.

Atención a los pueblos originarios

En este sentido –ha anunciado el Papa– “es indispensable prestar atención a los pueblos originarios con sus tradiciones culturales”, a lo que el auditorio ha respondido con un gran aplauso.

A su llegada ha sido recibido en la entrada principal de la Universidad por el Rector y el Vicerrector que lo acompañan, junto con el Arzobispo de Santiago, el Card. Ricardo Ezzati Andrello, por el patio donde había unos 700 estudiantes y un grupo de niños.

El Papa Francisco ha cruzado el patio donde hay alrededor de 1.200 profesionales del mundo académico chileno y ha entrado por la puerta principal del Salón Fresno, donde estaban unos 500 estudiantes.

 Rosa Die Alcolea

Discurso del Papa Francisco

Señor Gran Canciller, cardenal Ricardo Ezzati,
hermanos en el episcopado,
señor Rector, Doctor Ignacio Sánchez,
distinguidas autoridades universitarias,
queridos profesores, funcionarios,
queridos alumnos:

Siento alegría por estar junto a ustedes en esta Casa de Estudios que, en sus casi 130 años de vida, ha ofrecido un servicio inestimable al país. Agradezco al señor Rector sus palabras de bienvenida en nombre de todos los presentes.

La historia de esta Universidad está entrelazada, en cierto modo, con la historia de Chile. Son miles los hombres y mujeres que, formándose aquí, han cumplido tareas relevantes para el desarrollo de la patria. Quisiera recordar especialmente la figura de san Alberto Hurtado, en este año que se cumplen 100 años desde que comenzó aquí sus estudios. Su vida se vuelve un claro testimonio de cómo la inteligencia, la excelencia académica y la profesionalidad en el quehacer, armonizadas con la fe, la justica y la caridad, lejos de disminuirse, alcanzan una fuerza profética capaz de abrir horizontes e iluminar el sendero, especialmente para los descartados de la sociedad.

En este sentido, quiero retomar sus palabras, señor Rector, cuando afirmaba: «Tenemos importantes desafíos para nuestra patria, que dicen relación con la convivencia nacional y con la capacidad de avanzar en comunidad».

  1. Convivencia nacional

Hablar de desafíos es asumir que hay situaciones que han llegado a un punto que exigen ser repensadas. Lo que hasta ayer podía ser un factor de unidad y cohesión, hoy está reclamando nuevas respuestas. El ritmo acelerado y la implantación casi vertiginosa de algunos procesos y cambios que se imponen en nuestras sociedades nos invitan de manera serena, pero sin demora, a una reflexión que no sea ingenua, utópica y menos aún voluntarista. Lo cual no significa frenar el desarrollo del conocimiento, sino hacer de la Universidad un espacio privilegiado «para practicar la gramática del diálogo que forma encuentro».[1] Ya que «la verdadera sabiduría, [es] producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas».[2]

La convivencia nacional es posible —entre otras cosas— en la medida en que generemos procesos educativos también transformadores, inclusivos y de convivencia. Educar para la convivencia no es solamente adjuntar valores a la labor educativa, sino generar una dinámica de convivencia al interno del propio sistema educativo. No es tanto una cuestión de contenidos sino de enseñar a pensar y a razonar de manera integradora. Lo que los clásicos solían llamar con el nombre de forma mentis.

Y para lograr esto es necesario desarrollar lo que llamaría una alfabetización integradora que sepa acompasar los procesos de transformación que se están produciendo en el seno de nuestras sociedades.

Tal proceso de alfabetización exige trabajar de manera simultánea la integración de los diversos lenguajes que nos constituyen como personas. Es decir, una educación —alfabetización— que integre y armonice el intelecto —la cabeza—, los afectos —el corazón—, y la acción —las manos—. Esto brindará y posibilitará a los estudiantes un crecimiento no sólo armonioso a nivel personal sino, simultáneamente, a nivel social. Urge generar espacios donde la fragmentación no sea el esquema dominante, incluso del pensamiento; para ello es necesario enseñar a pensar lo que se siente y se hace; a sentir lo que se piensa y se hace; a hacer lo que se piensa y se siente. Un dinamismo de capacidades al servicio de la persona y de la sociedad.

La alfabetización, basada en la integración de los distintos lenguajes que nos conforman, irá implicando a los estudiantes en su propio proceso educativo; proceso de cara a los desafíos que el futuro próximo les presentará. El «divorcio» de los saberes y de los lenguajes, el analfabetismo sobre cómo integrar las distintas dimensiones de la vida, lo único que consigue es fragmentación y ruptura social.

En esta sociedad líquida [3] o ligera,[4] como la han querido denominar algunos pensadores, van desapareciendo los puntos de referencia desde donde las personas pueden construirse individual y socialmente. Pareciera que hoy en día la «nube» es el nuevo punto de encuentro, que está marcado por la falta de estabilidad ya que todo se volatiliza y por lo tanto pierde consistencia.

Esta falta de consistencia podría ser una de las razones de la pérdida de conciencia del espacio público. Un espacio que exige un mínimo de trascendencia sobre los intereses privados —vivir más y mejor— para construir sobre cimientos que revelen esa dimensión tan importante de nuestra vida como es el «nosotros». Sin esa conciencia, pero especialmente sin ese sentimiento y, por lo tanto, sin esa experiencia, es y será muy difícil construir la nación, y entonces parecería que lo único importante y válido es aquello que pertenece al individuo, y todo lo que queda fuera de esa jurisdicción se vuelve obsoleto. Una cultura así ha perdido la memoria, ha perdido los ligamentos que sostienen y posibilitan la vida. Sin el «nosotros» de un pueblo, de una familia, de una nación y, al mismo tiempo, sin el nosotros del futuro, de los hijos y del mañana; sin el nosotros de una ciudad que «me» trascienda y sea más rica que los intereses individuales, la vida será no sólo cada vez más fracturada sino más conflictiva y violenta.

La Universidad, en este sentido, tiene el desafío de generar nuevas dinámicas al interno de su propio claustro, que superen toda fragmentación del saber y estimulen a una verdadera universitas.

  1. Avanzar en comunidad

De ahí, el segundo elemento tan importante para esta casa de estudios: la capacidad de avanzar en comunidad.

He sabido con alegría del esfuerzo evangelizador y de la vitalidad alegre de su Pastoral Universitaria, signo de una Iglesia joven, viva y «en salida». Las misiones que realizan todos los años en diversos puntos del País son un punto fuerte y muy enriquecedor. En estas instancias, ustedes logran alargar el horizonte de sus miradas y entran en contacto con diversas situaciones que, más allá del acontecimiento puntual, los dejan movilizados. El «misionero» nunca vuelve igual de la misión; experimenta el paso de Dios en el encuentro con tantos rostros.

Esas experiencias no pueden quedar aisladas del acontecer universitario. Los métodos clásicos de investigación experimentan ciertos límites, más cuando se trata de una cultura como la nuestra que estimula la participación directa e instantánea de los sujetos. La cultura actual exige nuevas formas capaces de incluir a todos los actores que conforman el hecho social y, por lo tanto, educativo. De ahí la importancia de ampliar el concepto de comunidad educativa.

Esta comunidad está desafiada a no quedarse aislada de los modos de conocer; así como tampoco a construir conocimiento al margen de los destinatarios de los mismos. Es necesario que la adquisición de conocimiento sepa generar una interacción entre el aula y la sabiduría de los pueblos que conforman esta bendecida tierra. Una sabiduría cargada de intuiciones, de «olfato», que no se puede obviar a la hora de pensar Chile. Así se producirá esa sinergia tan enriquecedora entre rigor científico e intuición popular. Esta estrecha interacción entre ambos impide el divorcio entre la razón y la acción, entre el pensar y el sentir, entre el conocer y el vivir, entre la profesión y el servicio. El conocimiento siempre debe sentirse al servicio de la vida y confrontarse con ella para poder seguir progresando. De ahí que la comunidad educativa no puede reducirse a aulas y bibliotecas, sino que debe ser desafiada continuamente a la participación. Tal diálogo sólo se puede realizar desde una episteme capaz de asumir una lógica plural, es decir, que asuma la interdisciplinariedad e interdependencia del saber. «En este sentido, es indispensable prestar atención a los pueblos originarios con sus tradiciones culturales. (Gran aplauso) No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios». [5]

La comunidad educativa guarda en sí un sinfín de posibilidades y potencialidades cuando se deja enriquecer e interpelar por todos los actores que configuran el hecho educativo. Esto exige un mayor esfuerzo en la calidad y en la integración. El servicio universitario ha de apuntar siempre a ser de calidad y de excelencia, puestas al servicio de la convivencia nacional. En este sentido, podríamos decir que la Universidad se vuelve un laboratorio para el futuro del país, ya que logra incorporar en su seno la vida y el caminar del pueblo superando toda lógica antagónica y elitista del saber.

Cuenta una antigua tradición cabalística que el origen del mal se encuentra en la escisión producida por el ser humano al comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. De esta forma, el conocimiento adquirió un primado sobre la creación, sometiéndola a sus esquemas y deseos.[6] La tentación latente en todo ámbito académico será la de reducir la Creación a unos esquemas interpretativos, privándola del Misterio propio que ha movido a generaciones enteras a buscar lo justo, bueno, bello y verdadero. Y cuando el profesor, por su sapiencialidad, se convierte en «maestro» es capaz de despertar la capacidad de asombro en nuestros estudiantes. ¡Asombro ante un mundo y un universo a descubrir!

Hoy resulta profética la misión que tienen entre manos. Ustedes son interpelados para generar procesos que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en todo tipo de reduccionismo. Y esta profecía que se nos pide, impulsa a buscar espacios recurrentes de diálogo más que de confrontación; espacios de encuentro más que de división; caminos de amistosa discrepancia, porque se difiere con respeto entre personas que caminan en la búsqueda honesta de avanzar en comunidad hacia una renovada convivencia nacional.

Y si lo piden, no dudo que el Espíritu Santo guiará sus pasos para que esta Casa siga fructificando por el bien del Pueblo de Chile y para la Gloria de Dios.

Les agradezco nuevamente este encuentro, y les pido que no se olviden de rezar por mí.

© Librería Editorial Vaticano

Chile: El Papa escucha los sufrimientos de las víctimas de abuso, ora y “llora” con ellas

Encuentro con víctimas de abuso por parte de sacerdotes
El Papa Francisco en oración (CTV)

(ZENIT – 17 enero 2018).- El Papa Francisco ha recibido a las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes en la Nunciatura Apostólica de Santiago de Chile, este martes 16 de enero de 2018: un encuentro “estrictamente privado” indica Greg Burke, así el Santo Padre “ha escuchado sus sufrimientos, ha orado y llorado con ellos”.

“El Papa Francisco se ha reunido hoy en la Nunciatura Apostólica de Santiago de Chile, después del almuerzo, con un pequeño grupo de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes”, indica el director de la sala de prensa de la Santa Sede en un comunicado emitido a las 0:58 horas de Roma, en italiano y español.

“El encuentro, ha precisado el comunicado, se ha desarrollado de forma estrictamente privado. Nadie más ha estado presente: solo el Papa y las víctimas. Y esto para que puedan contar sus sufrimientos al Papa Francisco, quien los ha escuchado, ha orado y llorado con ellos”.

El tema de los abusos ha estado presente en los discursos del Papa Francisco desde su encuentro con las autoridades del país en el Palacio de La Moneda, este 16 de enero: el Papa Francisco ha expresado su “dolor” y “vergüenza” por los abusos sexuales cometidos por parte de miembros del clero. Ha pedido perdón, ante las autoridades del país.

“Y aquí, ha declarado, no puedo dejar de expresar el dolor y la vergüenza que siento contra el daño irreparable causado a los niños por los ministros de la Iglesia. Quiero unirme a mis hermanos en el episcopado, porque si es justo pedir perdón y de sostener con fuerza a las víctimas, debemos, al mismo tiempo comprometernos para que esto no vuelva a suceder”.

En los últimos 15 años, 80 sacerdotes chilenos –  de los cuales 4 obispos – han sido condenados, lo que ha contribuido a la desconfianza de los católicos hacia el clero. Entre los miembros de la Iglesia involucrados en estos crímenes: Fernando Karadima, de 87 años, declarado culpable de abusos sexuales y psicológicos por el Vaticano en 2011. Fue condenado a retirarse a un monasterio para una vida “de oración y de penitencia”, sin ninguna misión pastoral, mientras que los hechos fueron prescritos para la justicia chilena.

La Fundación Para la Confianza había pedido una reunión con el Papa antes de su viaje, pero Greg Burke había señalado que “los mejores encuentros son los que tienen lugar en privado”: esto es lo que el Papa ha elegido hoy.

El Papa también habló de “este grave y doloroso mal” con los consagrados en la Catedral de Santiago por la tarde, pidiendo la “lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que el Señor nos está diciendo”. “Conozco el dolor que han significado los casos de abusos cometidos con los menores y estoy cerca de ellos, lo que hacen para superar este grave y doloroso mal. Dolor por el mal y el sufrimiento de las víctimas y de sus familias que han visto traicionada su confianza que habían depositado en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor por vosotros, hermanos, que, además del agotamiento debido a vuestra devoción, habéis vivido el sufrimiento que engendra la sospecha y cuestionamiento, habiendo podido provocar en algunos la duda, el miedo y la falta de confianza. Sé que a veces habéis sido insultados en el metro o caminando por la calle, que estar “vestido como un sacerdote” en muchos lugares se “paga caro”. Por eso invito a pedirle a Dios que nos dé la claridad para llamar a la realidad por su nombre, el coraje para pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que el Señor nos está diciendo”.

Anita Bourdin
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

 

Chile: Misa por el progreso de los pueblos en la capital de La Araucanía

Unas 150.000 personas han participado en la Misa
Peregrinos de los pueblos originarios de Chile en la Misa de Temuco (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 17 enero 2018).- “Señor, haznos artesanos de unidad”, es el mensaje que ha repetido el Papa Francisco en su homilía, esta mañana, 17 de enero de 2018, en la “Misa por el progreso de los pueblos”, celebrada en Temuco.

“¡Francisco, amigo, el sur está contigo!” coreaban los peregrinos a la espera del Papa Francisco en el Aeródromo de Maquehue, en torno a las 10 horas (14 horas en Roma), a su llegada de Santiago.

Mons. Héctor Eduardo Vargas, Obispo de Temuco, ha recibido al Santo Padre en el Aeródromo de Maquehue, en Temuco, capital de la Araucanía, al sur del país.

La ceremonia ha estado marcada por la tristeza y el dolor del recuerdo “todos los que sufrieron y murieron” en este aeródromo de Maquehue, por los que el Papa ha pedido un momento de silencio y oración, pero a la vez, por la alegría y el entusiasmo del pueblo chileno, que visiblemente se hacía partícipe de este momento tan importante de acción de gracias junto al Santo Padre.

La Eucaristía ha comenzado con la música tradicional de los pueblos originarios del país latinoamericano: Mapuche, rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua y atacameños, quienes vestían trajes típicos con vivos colores y tocaban instrumentos propios de la zona.

Según las autoridades locales –informa la Santa Sede– han participado unas 150.000 personas en esta “Misa por el progreso de los pueblos” que ha celebrado el Papa Francisco.

Francisco ha comenzado su reflexión con unas palabras en lengua mapuche: «Mari, Mari» (Buenos días); «Küme tünngün ta niemün» (La paz esté con ustedes), y ha recordado a “todos los que sufrieron y murieron” en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos, y ha pedido “por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias”.

Temuco tienen 290.000 habitantes, ha apuntado ‘Vatican News’ , y es la capital de la Aracaunía, donde habitan los indios mapuches, uno de los pueblos originario de Chile.

Después de la celebración de la Santa Misa, el Papa Francisco se ha trasladado a la Casa “Madre de la Santa Cruz”, situada a 10 kilómetros del Aeródromo de Maquehue, para almorzar con algunos habitantes de la Araucanía.

A las 15:30 horas (19:30 h. en Roma), el Santo Padre regresará a Santiago de Chile para asistir al encuentro con los jóvenes en el Santuario de Maipu, que está previsto se celebre a las 17:30 horas (21:30 h. en Roma), y a las 18:30 horas (22:30 h. en Roma), Francisco se dirigirá en automóvil cerrado a la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Rosa Die Alcolea

Mons. Héctor Eduardo Vargas: Gracias por su presencia de Padre y su testimonio de Cristo Pastor

Saludo del Obispo de Temuco, capital de La Aracaunía
El Papa es recibido en Temuco por Mons. Héctor Eduardo Vargas (© L’Osservatore Romano)

(ZENIT – 17 enero 2018).- Mons. Héctor Eduardo Vargas, Obispo de Temuco, ha agradecido al Santo Padre “su presencia de Padre y su testimonio de Cristo Pastor en medio nuestro”, ha dicho en nombre de las diócesis del Sur.

El obispo chileno ha saludado así al Papa Francisco, al terminar la Santa Misa en al Aeródromo de Maquehue, en Temuco, capital de la Araucanía, al sur de Chile, celebrada en la mañana del miércoles 17 de enero de 2018.

“Santo Padre, usted llega hasta la Diócesis de San José de Temuco, una sencilla Iglesia de periferia, que se esfuerza por hacer realidad la sinodalidad, mediante la activa participación y servicio de tantos agentes pastorales laicos y consagrados, que buscan, junto al Pastor, conocer lo que el Espíritu de la verdad quiere decirle a esta porción del Pueblo de Dios”, ha dicho Mons. Vargas.

Así, “nos sentimos llamados a servir y evangelizar en contextos con preocupante porcentaje de desempleo, de persistencia de la pobreza e inequidad, de desintegración familiar, y de serias tensiones políticas, sociales y étnicas”, ha expresado el Obispo de Temuco.

Saludo del Obispo de Temuco

Querido Santo Padre: ¡Bienvenido a la Araucanía! Con enorme alegría, esperanza y en nombre de las diócesis del Sur, le agradezco profundamente su presencia de Padre y su testimonio de Cristo Pastor en medio nuestro. Gracias por venir a confirmarnos en la fe, por ofrecernos el consuelo y el gozo del Evangelio de la paz, del amor y de la misericordia. Lo acoge con cariño una tierra rica en pluriculturalidad, de naturaleza pródiga en belleza, recursos y oportunidades, de mujeres y hombres esforzados y emprendedores, de mayoría religiosamente creyente, de muchas posibilidades para creer y luchar, por un futuro de desarrollo humano más digno, integral y sustentable para todos.

Santo Padre, usted llega hasta la Diócesis de San José de Temuco, una sencilla Iglesia de periferia, que se esfuerza por hacer realidad la sinodalidad, mediante la activa participación y servicio de tantos agentes pastorales laicos y consagrados, que buscan, junto al Pastor, conocer lo que el Espíritu de la verdad quiere decirle a esta porción del Pueblo de Dios. Así, nos sentimos llamados a servir y evangelizar en contextos con preocupante porcentaje de desempleo, de persistencia de la pobreza e inequidad, de desintegración familiar, y de serias tensiones políticas, sociales y étnicas.

Esto último dice relación con la situación actual del Pueblo Mapuche y la deuda histórica que el Estado mantiene con él. Animados por la fe, nos asiste la convicción que solo mediante el diálogo y la irrenunciable búsqueda de acuerdos, es posible iniciar un camino sin retorno hacia la paz por la justicia, tanto para este noble pueblo, como para el resto de la sociedad local en sus legítimas demandas y anhelos. Gracias a Dios, son muchos quienes desean colaborar.

Por ello, desde la experiencia del encuentro con Cristo, nos sentimos llamados a testimoniar la alegría de ser discípulos del Señor, y por haber sido enviados a esta Araucanía con el tesoro del Evangelio, que deseamos llegue a todos quienes están heridos por las adversidades.

Finalmente, queremos testimoniar que María, Madre de Jesucristo y de sus discípulos, siempre nos ha acogido, cuidado de nuestras personas y trabajos, cobijándonos bajo su maternal protección. Con sentimientos de profunda comunión, gratitud y afecto por usted y ministerio, le encomendamos su servicio como Sucesor de Pedro. Nunca nos cansaremos de pedirle como Madre, perfecta discípula y pedagoga de la evangelización, que a todos nos enseñe a ser hijos en su Hijo, y a hacer con fe valiente en estas tierras, lo que Él nos diga (Jn 2,5).

Araucanía, Chile: El Papa almuerza con 11 habitantes de la región

En la Casa “Madre de la Santa Cruz”
El Papa bendice los alimentos que comparte con los chilenos (© Vatican Media)

(ZENIT – 17 enero 2018).- El Papa Francisco ha almorzado hoy, miércoles, 17 de enero de 2018, con ocho representantes de la comunidad Mapuche, con una víctima de la violencia rural de la región, un colono suizo-alemán y un inmigrante haitiano, en la Casa “Madre de la Santa Cruz” y con el Obispo de Temuco, Mons. Héctor Eduardo Vargas.

El encuentro se llevó a cabo en un ambiente “íntimo y fraternal”, apunta ‘Vatican News’. Tras bendecir los alimentos que iban a compartir, degustaron un rico menú compuesto a base de ragout de champiñones, carpaccio de pulpo, pinzas de Jaiba y rissoto de azafrán con verduras salteadas. También hubo espacio para el postre: leche asada.

Debido a la apretada agenda del Pontífice en su tercer día en Chile, el almuerzo no se extendió a más de dos horas, indica el portal informativo del Vaticano.

Antes de abandonar la Casa, el Papa ha estado en la Capilla del Instituto donde se ha encontrado con cerca de 40 personas de la Casa, algún sacerdote anciano y alguna Superiora de la Congregación Religiosa presente en la diócesis.

Al final del encuentro hubo un intercambio de regalos, en el cual el Pontífice entregó al convento un azulejo esmaltado de Nuestra Señora de la Misericordia de Savona.

Los habitantes de La Araucanía con los que comió el Papa son: Sebastián Cayuleo (Comunidad de Boyeco); Rubén Nahuelpán (Buzo mariscador, Comunidad de Nehuentúe); Teresa Hueche (Comunidad de Maquehue); Jaqueline Huircán (Comunidad de Nueva Imperial); Juan Pailahueque (Pequeño agricultor en tierras dadas por el Estado, como reparación); Silvia Llanquileo (Figura religiosa y de salud ancestral de su comunidad De Enoco); Rigoberto Queupul (2° Lonko, figura ancentral en su Comunidad de Conoco; Cultivador de hortalizas y frutales); Patricia Panchillo (Tejedora a telar y artesana de la Comunidad de Cuyimko); Jessica Bascur (Provincia de Malleco ); el colono Alex Hund Diethelm, y Garbens Saint Fort (Migrante haitiano).

Santuario San Alberto Hurtado: El Papa dialoga con los jesuitas y con la comunidad “Hogar de Cristo”

Alberto Hurtado, siempre “contento”
Oración Del Papa ante La Tumba De San Alberto Hurtado (© Vatican Media)

(ZENIT – 17 enero 2018).- En el santuario de S. Alberto Hurtado, jesuita de Chile, el Papa Francisco tuvo un “diálogo profundo y profundo” con los jesuitas y con la comunidad del “Hogar de Cristo” fundada por el jesuita.

Después de reunirse con el clero, las personas consagradas, los obispos y una delegación ecuménica en Santiago de Chile, el Papa Francisco fue en “papamóvil” el martes, 16 de enero de 2018, al santuario de San Alberto Hurtado (1901-1952), beatificado por Juan Pablo II y canonizado por Benedicto XVI.

El Papa Francisco lo citó en particular el 2 de febrero del año pasado citando su famoso “Contento, Señor, contento”, que dijo en las dificultades o los sufrimientos.

El Papa, que hizo su “juniorado” en la Compañía de Jesús en Chile, a principios de los años sesenta, aprendió mucho acerca del fundador de esa época.

Él lo citó muchas veces. Se refugió en su tumba antes de responder las preguntas de los jesuitas en un “diálogo profundo y profundo”, dijo el sacerdote jesuita Antonio Spadaro, quien forma parte de la delegación papal en este viaje.

Luego, el Papa se reunió con la comunidad del Hogar de Cristo, fundada por Hurtado, a quien ofreció una pintura de “Jesús misericordioso”, pintada por la artista eslovaca Terezia Sedlakova Wutzay e inspirada por la pintura de Cracovia, inspirada a su vez por la espiritualidad de Santa Faustina Kowalska.

La reunión fue animada por el jesuita Pablo Walker. Una madre que, con otras parejas, reparte comidas calientes a los más necesitados, ha demostrado la importancia de trabajar juntos: “La Unión crea comunidad… Es más fácil vivir cuando hacemos comunidad”.

El Papa saludó a muchos miembros de la comunidad, incluyendo personas sin hogar, migrantes, ancianos, discapacitados, desempleados… Un grupo de mujeres le ofreció una Biblia que decoraron la custodia.

Entonces el Papa bendijo la comida preparada para la cena: “Dios bendiga las manos que lo hicieron, las manos que lo distribuyen, las manos que lo reciben. Que también es compartir el camino… y un día el cielo”. Luego la asamblea oró y el Papa dio su bendición.

Así terminó la última cita del Papa el día después de su llegada a Chile, en este 22º viaje apostólico.

Anita Bourdin

Chile: El Papa bendice un matrimonio… en pleno vuelo

En el vuelo de Santiago de Iquique
El Papa Francisco casa a dos personas en el vuelo a Iquique (© Vatican Media)

(ZENIT – 18 enero 2018).- Una nueva iniciativa sorpresa del Papa Francisco, en el avión que lo llevó de Santiago a Iquique, Chile, el 18 de enero de 2018: la bendición del matrimonio de un auxiliar de vuelo y una azafata en pleno vuelo. El sacramento del matrimonio es válido, dijo la Santa Sede.

Durante el vuelo de dos horas de la compañía Latam, que cruzó los 1.800 km entre la capital y el norte del país, como parte de su 22º viaje apostólico, el Papa bendijo el matrimonio de una pareja chilena: Paula Podestà Ruiz, de 39 años, y Carlos Ciuffando Elorriaga, de 41, habían estado casados civilmente durante ocho años. En 2010, un terremoto destruyó la iglesia donde tenían la intención de intercambiar sus consentimientos.

Según la prensa a bordo del avión, la pareja le pidió al Papa que bendiga sus anillos de boda. Este último les preguntó si deseaban casarse religiosamente. “Ellos estaban hablando con el Papa. Le dijeron que no se habían casado en la iglesia. El Papa les preguntó si querían casarse inmediatamente. Dijeron “sí”, dice el jesuita Antonio Spadaro, que acompaña al Papa argentino en todos sus viajes.

El Vaticano declara que el acto de matrimonio religioso – escrito en una hoja blanca simple A4 – la pareja, es válido: “Todo es oficial. Hay testigos, hay un documento “, dijo el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke.

Paula Podestà Ruiz y Carlos Ciuffando Elorriaga tienen dos hijos: Rafaella, 6 e Isabella, 3 años.

Anne Kurian

Misa en Iquique: El Papa exhorta a “estar atentos” como María en Caná

Homilía del Papa en la ‘Misa por la integración de los pueblos’
Homilía del Papa Francisco en la Misa celebrada en Iquique, Chile (© Vatican Media)

(ZENIT – 18 enero 2018).- “Iquique es tierra de sueños, tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos, marcharse”, ha recordado el Papa. “Busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad”, ha exhortado.

Homilía del Papa Francisco en la “Misa por la integración de los pueblos”, celebrada en el Campus de Lobito, en Iquique, al norte de Chile, a las 11:30 horas del jueves, 18 de enero de 2018, último día del Santo Padre en el país.

“El Evangelio es una constante invitación a la alegría”, una alegría que se contagia de generación en generación y de la cual somos herederos porque somos cristiano, ha señalado Francisco. “¡Cómo saben ustedes, queridos hermanos del norte chileno a vivir la fe y la vida en clima de fiesta!”, ha indicado.

“Estar atentos”

Así, ha pedido que como María en Caná, “busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar”.

El Papa ha exhortado a “estar atentos”: “Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta”.

“Estemos atentos –ha continuado el Pontífice– frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares”; “Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla»”; “Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias, y como María digamos con fe: no tienen vino, Señor”.

RD

Homilía del Papa Francisco

«Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en la ciudad de Caná de Galilea» (Jn 2,11).

Así termina el Evangelio que hemos escuchado, y que nos muestra la aparición pública de Jesús: nada más y nada menos que en una fiesta. No podría ser de otra forma, ya que el Evangelio es una constante invitación a la alegría. Desde el inicio, el Ángel le dice a María: «Alégrate» (Lc 1,28). Alégrense, le dijo a los pastores; alégrate, le dijo a Isabel, mujer anciana y estéril…; alégrate, le hizo sentir Jesús al ladrón, porque hoy estarás conmigo en el paraíso (cf. Lc 23,43).

El mensaje del Evangelio es fuente de gozo: «Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes, y esa alegría sea plena» (Jn 15,11). Una alegría que se contagia de generación en generación y de la cual somos herederos. Porque somos cristianos.

¡Cómo saben ustedes de esto, queridos hermanos del norte chileno! ¡Cómo saben vivir la fe y la vida en clima de fiesta! Vengo como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe. Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos —que se prolongan hasta por una semana—, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad y espiritualidad popular. Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que ustedes logran vestir a todo el poblado de fiesta. Ustedes saben celebrar cantando y danzando «la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios. Así llegan a engendrar actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción».[1] Cobran vida las palabras del profeta Isaías: «Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque» (32,15). Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta.

En este clima de fiesta, el Evangelio nos presenta la acción de María para que la alegría prevalezca. Ella está atenta a todo lo que pasa a su alrededor y, como buena Madre, no se queda quieta y así logra darse cuenta de que en la fiesta, en la alegría compartida, algo estaba pasando: había algo que estaba por «aguar» la fiesta. Y, acercándose a su Hijo, las únicas palabras que le escuchamos decir son: «No tienen vino» (Jn 2,3).

Y así María anda por nuestros poblados, calles, plazas, casas, hospitales. María es la Virgen de la Tirana; la Virgen Ayquina en Calama; la Virgen de las Peñas en Arica, que anda por todos nuestros entuertos familiares, esos que parecen ahogarnos el corazón para acercarse al oído de Jesús y decirle: mira, «no tienen vino».

Y luego no se queda callada, se acerca a los que servían en la fiesta y les dice: «Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5). María, mujer de pocas palabras, pero bien concretas, también se acerca a cada uno de nosotros a decirnos tan sólo: «Hagan todo lo que Él les diga». Y de este modo se desata el primer milagro de Jesús: hacer sentir a sus amigos que ellos también son parte del milagro. Porque Cristo «vino a este mundo no para hacer una obra solo, sino con nosotros –el milagro lo hace con nosotros–, con todos nosotros, para ser la cabeza de un cuerpo cuyas células vivas somos nosotros, libres y activas».[2] Así hace el milagro Jesús. Con nosotros.

El milagro comienza cuando los servidores acercan los barriles con agua que estaban destinados a la purificación. Así también cada uno de nosotros puede comenzar el milagro, es más, cada uno de nosotros está invitado a ser parte del milagro para otros.

Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas. Gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá.

Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida.

Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31).

Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar; Los tristes de corazón. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir: «no tienen vino». El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos con fe: no tienen vino, Señor.

Como los servidores de la fiesta aportemos lo que tengamos, por poco que parezca. Al igual que ellos, no tengamos miedo a «dar una mano», y que nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia sean parte del baile o la canción que podamos entonarle a nuestro Señor. Aprovechemos también a aprender y a dejarnos impregnar por los valores, la sabiduría y la fe que los inmigrantes traen consigo. Sin cerrarnos a esas «tinajas» llenas de sabiduría e historia que traen quienes siguen arribando a estas tierras. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar.

Y después dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio de nuestro corazón. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva; y a trasmitirle todo lo que hay de nuestra cultura originaria, para enriquecerlo también con lo nuestro, con nuestras tradiciones, con nuestra sabiduría ancestral, para que el que viene encuentre sabiduría y dé sabiduría. Eso es fiesta. Eso es agua convertida en vino. Eso es el milagro que hace Jesús.

Que María, bajo las distintas advocaciones de esta bendecida tierra del norte, siga susurrando al oído de su Hijo Jesús: «no tienen vino», y en nosotros sigan haciéndose carne sus palabras: «hagan todo lo que Él les diga».

[1] Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 48.
[2] San Alberto Hurtado, Meditación Semana Santa 

© Librería Editorial Vaticano

Virgen del Carmen de La Tirana: El Papa la corona en Iquique

150.000 personas han participado en la Misa, en Lobito
El Papa corona a la Virgen del Carmen de La Tirana (© Vatican Media)

(ZENIT – 18 enero 2018).- “¡Bienvenido Francisco, yo te invito a mi casa! ¡Alcemos todos las manos, diciendo: Mi paz les doy!” cantaban los miles de peregrinos en el Campus de Lobito, en Iquique, al recibir al Papa Francisco en el norte del país, último día del Papa en el país.

En la “Misa por la integración de los pueblos”, tercera y última que celebra el Papa en Chile, Francisco ha coronado la imagen de la Virgen del Carmen de La Tirana, como Reina y Madre de Chile. Nuestra Señora del Carmen es Patrona del país, a la que guardan gran devoción en esta zona del norte, región de Tarapacá.

La imagen de la Virgen del Carmen de La Tirana ha sido trasladada a Lobito para la ocasión, a cargo de la Iglesia de Iquique, la Comunidad Custodia del Santuario y la Federación de Bailes Religiosos de La Tirana.

Se trata de la imagen grande de la Virgen del Carmen, la cual no visitaba la ciudad de Iquique desde el año 1999, en aquel entonces con motivo de la preparación para el Jubileo del año 2000.

Encuentro del desierto y el mar

El Campus de Lobito está situado a 20 kilómetros de Iquique al sur, y lidiando con el Océano Pacífico. La ciudad de Iquique cuenta con unos 200.000 habitantes, es capital de la región Tarapacá y de la provincia de Iquique, está ubicada a 1.800 kilómetro de la capital, situada a los pies de Los Andes, en un punto donde el desierto y el mar se encuentran.

Según informan las autoridades chilenas, 150.000 personas han participado en la Misa, la última que celebra el Santo Padre en el país.

Las lecturas del Evangelio han sido proclamadas por fieles chilenos, y el Evangelio ha sido anunciado por un hombre vestido con un traje típico de un pueblo originario de Chile.

Igualmente, las ofrendas han sido entregadas al Papa por un grupo de peregrinos vestidos con coloridos trajes tradicionales de los pueblos originarios de Chile, especialmente del norte.

Saludo del Obispo de Iquique
Mons. Guillermo Patricio Vera Solo ha dado la bienvenida al Santo Padre al norte de Chile, donde “al amanecer, las condiciones de vida áspera, de este lugar recio y seco, forja almas laboriosas y luchadoras”, ha dicho.

“Este desierto está lleno de vida y su gente ha engendrado vida. Esta tierra llena de riquezas, funde a la gente que nació acá con tantos que han ido llegando de distintos lugares, algunos desde muy lejos. Esto nos ha ido enriqueciendo y haciendo madurar como comunidad, y nos está permitiendo vivir con fuerza que todos somos necesarios, sin distinción, y avanzar en una mejor convivencia entre hermanos se hace imprescindible”, ha transmitido al Papa.

El Obispo de Iquique ha descrito la gran devoción a la Virgen del Carmen: “Alabanzas y súplicas que depositamos a los pies de Nuestra Señora del Carmen de la Tirana; como también a san Lorenzo en Tarapacá, visitando a la Virgen en Ayquina en Calama y el santuario de Las Peñas en Arica”.

“El desierto se convierte en territorio sagrado, territorio de conversión”, ha indicado. “Papa Francisco, le agradeceremos esta visita. Chile ha podido rezar con usted. El cariño y las plegarias de los chilenos le acompañarán siempre”.

El Obispo le ha regalado de parte de la Diócesis de Iquique un báculo hecho con cobre que unos mineros extrajeron en la región de Tarapacá y cruz hecha de cristales de sal, que lleva en su centro el mapa de Chile.

“Mira la fe de este pueblo”
Al terminar la Eucaristía, el Papa se ha despedido de Mons. Guillermo Patricio Vera Solo, Obispo de Iquique; de la Presidenta Michelle Bachelet; de los voluntarios que han colaborado en esta visita apostólica; a la comitiva organizadora; y a todos los fieles y peregrinos que han asistido a las celebraciones y le han acogido en Chile.

Asimismo, el Papa ha agradecido la presencia de los hermanos de Bolivia, Argentina y otros países cercanos, bromeando: “No se pongan celosos, Argentina es mi patria”. El Papa ha finalizado con las palabras: “Señor, mira la fe de este pueblo, regálale unidad y paz”.

Rosa Die Alcolea

El Papa socorre a una funcionaria de Carabineros

En su trayecto a la casa de retiros Nuestra Señora de Lourdes
El Papa socorre a una funcionario de Carabineros (© Francisco en Chile)

(ZENIT – 18 enero 2018).- El Papa Francisco socorrió a una funcionaria de Carabineros que se desmayó y cayó del caballo al suelo de forma violenta, informa la plataforma ‘Francisco en Chile’, web de los organizadores de la visita.

En su trayecto a la casa de retiros del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Iquique, el Santo Padre hizo detener el papamóvil al percatarse que una uniformada perdió el control de su caballo y se desplomó.

Visiblemente preocupado, el Sumo Pontífice se acercó para verificar que la mujer se encontrara bien, mientras los equipos de emergencia arribaban para dar los primeros auxilios. Tras comprobar que estaba siendo atendida, Francisco aprovechó de saludar a pie a los peregrinos que estaban cerca y luego siguió su camino.

En su último día en el país, el Santo Padre ofició la Santa Misa en Campus Lobito y luego se trasladó a la Casa de Retiro del Santuario Nuestra Señora Lourdes.

Familiares de víctimas de la dictadura de Pinochet se encuentran con el Papa

La necesaria colaboración de las fuerzas armadas y del gobierno
Hector Marín Rossel, Hermano de un Jóven Víctima de la Dictadura (© Vatican Media)

(ZENIT – 19 enero 2018).- En la Iglesia del Santuario de Iquique, al norte de Chile, ha tenido lugar este jueves 18 de enero de 2018, antes del almuerzo del Papa y a continuación, el encuentro, anunciado del Papa Francisco y de las víctimas de la dictadura de Gustavo Pinochet, indica el Vaticano.

Desean la colaboración del gobierno y de las fuerzas armadas.

Pinochet (1915-2006) gobernó Chile desde el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990, después del referéndum de 1988.

El periodo de la dictadura militar comienza cuando los comandantes de las fuerzas armadas y de la policía derrocan con un golpe de estado al gobierno del presidente Salvador Allende, elegido democráticamente.

La dictadura finaliza después de un referéndum revocatorio perdido por Augusto Pinochet que, después de una breve transición democrática, permite la restauración de la democracia el 11 de marzo de 1990.

En Iquique, en el norte del país, desértico, Augusto Pinochet había autorizado y financiado dos centros secretos de detención y de tortura.

Una carta ha sido entregada al Papa Francisco, en la Casa de Retiros espirituales “Nuestra Señora de Lourdes”, por un familiar de las víctimas de la represión de los años setenta, que alimenta la esperanza de poder encontrar a los familiares detenidos y más tarde “desaparecidos”.

Previamente, el Papa había encontrado también, en la iglesia adyacente, 10 enfermos y 2 miembros de la familia de dos víctimas de la represión de Pinochet que le han entregado también una carta. Ellos también siguen esperando encontrar a los detenidos que convertidos en “desaparecidos”.

“Papa Francisco, pongo en sus manos la esperanza de encontrar a nuestros prisioneros “desaparecidos”, ha dicho Hector Marín Rossel, cuyo hermano, Jorge, fue secuestrado el 28 de septiembre de 1973 y muerto el mismo día en Iquique, a la edad de 19 años.

Hector Marín Rossel es ahora el presidente de la Asociación de familiares de víctimas del régimen y de Detenidos Desaparecidos de Iquique y Pisagua (Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos desaparecidos de Iquique y Pisagua, AFEPI).

Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Rossel ha dicho haber expresado al Papa cuánto aprecia su acción en favor de la promoción y de la defensa de los derechos humanos en Chile.

Hablando después con el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke, el presidente de la AFEPI ha confiado que “el Papa se ha mostrado receptivo” escuchando sus palabras y recibiendo la carta.

En su carta, describe al Papa el compromiso de la asociación para encontrar a los miembros desaparecidos de las familias de Chile.

Ha confiado a la agencia Ansa que esta “cruzada humanitaria” permitirá “obtener la paz espiritual tan necesaria”.

El Obispo Mon. Guillermo Vera Soto, había confirmado el proyecto de encuentro del Papa con los familiares de las víctimas, 28 años después del fin de la dictadura que deja, según Luis Badilla (il Sismografo), de las “heridas abiertas”, a pesar del “trabajo de reconciliación y de pacificación”: Badilla el mismo es chileno. Este encuentro constituirá un “recuerdo indeleble” en los corazones de los chilenos.

Después del almuerzo, el Papa ha ido al aeropuerto de Iquique desde donde ha partido hacia Perú. Ha llegado a la capital, Lima, a las 16h32 (22h32 de Roma).

Desde el viernes por la mañana, el Papa volará a las 8h30 (14h30 de Roma) hacia la ciudad de Puerto Maldonado donde se encontrará con los pueblos de la Amazonía: una piedra de espera en el camino del Sínodo de 2019 sobre la Amazonía.

Anita Bourdin
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

 

Chile: El Papa agradece “de corazón” a los periodistas su servicio

“El servicio de ustedes es generoso, porque han pasado horas aquí”
El Papa Francisco saluda a los periodistas (© Francisco en Chile)

(ZENIT – 18 enero 2018). “Les quiero agardecer el servicio que han prestado. Tanta gente que no puede estar acá y nos está viendo de lejos”, dijo el Papa Francisco a los periodistas, rompiendo el protocolo.

Esta mañana, 18 de enero de 2018, el Santo Padre salió de la Nunciatura apostólico de Santiago de Chile pasadas las 7 horas, en dirección al aeropuerto para tomar el avión que lo llevará hasta Iquique.

Al salir de la Nunciatura, el Papa se ha saltado el protocolo para saludar a los periodistas allí presentes y les ha dicho: “El servicio de ustedes es generoso, porque han pasado horas aquí. ¡Gracias de corazón, que Dios los bendiga!”, informa la página web ‘Francisco en Chile’, organizadores de la visita apostólica.

Así, Francisco les ha deseado: “Dios les de a cada uno de ustedes y a sus familias que más necesiten. Y me voy con un buen recuerdo de ver periodistas que pasan ahí de pie esperando. Sigan así, sirviendo al pueblo ¡Y recen por mí!”, fueron sus palabras antes de volver a subirse al auto para retomar su camino hasta el norte de nuestro país, donde presidirá la última misa masiva en tierra chilena, antes de seguir hacia Perú.

Al irse de Chile para ir a Perú, el Papa desea “paz y prosperidad”

Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Iquique
Salida de Iquique, Chile, a Perú. (Vatican Media)

(ZENIT – 18 enero 2018).- En su despedida de Chile, después de tres días completos en el país, con motivo de su 22º viaje apostólico, el 18 de enero de 2018, el Papa Francisco deseó al país latinoamericano “paz y prosperidad”.

Después de una misa y un almuerzo en Iquique, el Papa se ha unido al aeropuerto internacional “Diego Aracena” de esta ciudad en el norte de Chile, ubicado en el borde del océano y al pie del desierto andino, donde fue recibido por una ceremonia de despedida alrededor de las 16:15 hora local (20:15 en Roma).

El Papa caminó por la alfombra roja con la presidenta chilena Michelle Bachelet. Después de los honores militares y una breve presentación de danzas tradicionales, con trajes típicos chilenos, el Papa subió, solo, las escaleras del avión A321, de la compañía LATAM.

Llegó arriba del todo, y giró una vez más para decir adiós con la mano, antes de entrar en el avión que despegó alrededor de las 16:50 (20:50 hora de Roma). Se espera que en dos horas llegue a Lima, Perú, la segunda etapa de su viaje, a las 17:20 hora local (23:30 h. en Roma).

El Papa Francisco ha invocado “abundantes bendiciones” sobre todos y asegura sus oraciones por “la paz y la prosperidad de la nación”.

Anne Kurian

 

 

 

 

 

 

 

 

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